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Conflictos
ENFOQUE / ORGANIZACIÓN / UNIDAD
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Del porqué el capitalismo es el problema
El desarrollo del capitalismo conduce a:
1. Crímenes de lesa humanidad por apropiación de la naturaleza planetaria
A. La desnutrición de casi la mitad de la humanidad
"La ONU alertó ayer que el hambre aumentó "significativamente" en los últimos dos años: en el mundo ya hay más de 1.000 millones de personas que la padecen, la cifra más alta de la historia y 3.000 millones de desnutridos, esto es: casi la mitad de la población mundial de 6.500 millones.
Los datos fueron difundidos casi al mismo tiempo por la directora del Programa Mundial de Alimentos (PMA), Josette Sheeran, en Londres y el relator especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación, Olivier de Schutter, en un foro en México.
La directora del PMA cifró la cantidad de hambrientos, es decir, personas que no acceden ni a los requerimientos básicos de alimentación, en 1.020 millones, y alertó que el flujo de ayuda humanitaria está en "un mínimo histórico" (...)". Fuente: Clarín/ El Mundo/ 17-9-09
B. La manipulación climática
Silvia Ribeiro (La Jornada), en "El peligroso negocio de la manipulación climática, señala: "La crisis climática se siente ya en todas partes: lluvias abundantes y fuera de temporada, mayores sequías y en lugares donde no las había, más inundaciones, fríos y calores extremos, huracanes más fuertes y en nuevas regiones, pérdida de cosechas, devastación de ecosistemas…
Ante esto, las empresas y gobiernos que han causado el cambio climático impulsan propuestas cada vez más peligrosas, como la geoingeniería o manipulación voluntaria del clima.
Casi ningún gobierno y ninguna industria se plantea cuestionar las causas del calentamiento global: la agricultura industrial (monocultivos agrícolas y de árboles, pecuaria intensiva, uso de agrotóxicos) y el cambio de uso de suelo (incluyendo deforestación, desertificación, crecimiento urbano y carreteras) son los principales factores de cambio climático, seguidos por la industria automovilística y las emisiones de gases de efecto invernadero de las grandes industrias. Pero las propuestas a la mesa son manipulaciones de mercado (como el comercio de carbono, que no reduce un ápice las emisiones pero es un jugoso negocio empresarial); aumentar los monocultivos agrícolas y de árboles (causas principales del cambio climático); y nuevos remedios tecnológicos que tampoco servirán, pero de nuevo, son un negocio para las empresas que tienen las patentes sobre ellos.
La nueva carta del poderoso lobby petrolero, químico y de
agronegocios es la geoingeniería. Estas industrias, sus científicos de alquiler
y el gobierno de Estados Unidos, se han dedicado por décadas a negar que había
cambio climático y por tanto, no había necesidad de recortar las emisiones.
Ahora cambiaron el discurso: reconocen que el cambio climático es grave y hay
que tomar medidas. La solución perfecta
, dicen, es la manipulación del
clima a gran escala. No implica reducir emisiones, ni cambiar los patrones de
producción y consumo –que ellos controlan y son su fuente de lucro–, sino hacer
ingeniería climática para enfriar el planeta, que renovada todo el tiempo,
permitirían incluso aumentar las emisiones, porque se contrarrestan sus
eventuales efectos climáticos. La geoingeniería, agregan, es una solución de
ganar-ganar
: no hay que cambiar nada y crea nuevas fuentes de negocios.
Los gobiernos de las grandes potencias muestran creciente
entusiasmo frente a la perspectiva de no tener que reducir emisiones en sus
fuentes y ya han comenzado a desviar recursos públicos para investigación y
experimentación en geoingeniería. El primero de septiembre, la Sociedad Real
(Academia de Ciencias del Reino Unido) se sumó irresponsablemente al concierto,
publicando un reporte elaborado por un selecto grupo de científicos –la mayoría
involucrados en geoingeniería– que aunque reconoceplan B
.
Entre las propuestas de geoingeniería está la fertilización
de grandes áreas del océano con hierro o urea (para aumentar el plancton,
absorber carbono y bajar la temperatura del mar), lanzar inmensas cantidades de
compuestos sulfatados a la estratosfera creando una sombrilla que tape los rayos
del sol, poner en órbita miles de millones de espejos que reflejen los rayos
solares, manejar y desviar huracanes, inmensas plantaciones de cultivos y
árboles transgénicos para agrocombustibles y sumideros de carbono, enormes
parches de algas transgénicas en el mar para absorber carbono o el llamado
biochar
: quemar cantidades industriales de materia orgánica con pirólisis
para enterrarlo en el suelo.
Cada propuesta en sí misma conlleva enormes riesgos y efectos
secundarios. Por ejemplo, las partículas de sulfato en la estratosfera caerán
luego a la tierra, produciendo la muerte prematura de 500 mil personas; la
manipulación del mar por fertilización o algas transgénicas, desequilibra las
cadenas alimentarias y los ecosistemas marinos; los espejos en el cielo serán
manejados desde la Tierra –¿que tal si deciden usarlos como arma para freír
algún país que moleste a quien controle las computadoras? ¿Dónde irá el reflejo
si hay una caída del sistema
?
Además, todas las propuestas comparten otros impactos. Para que el clima tome nota, necesariamente deben realizarse a megaescala. Una vez puestas en marcha, no hay vuelta atrás. El clima es un sistema global y no hay forma de predecir los impactos que la manipulación climática producirá en otras regiones: los países y poblaciones más vulnerables del Sur –que no contribuyen al caos climático, pero lo sufren– podrían recibir los peores impactos, con más descontrol climático y devastación de sus ecosistemas, afectando más a los pobres, campesinos, indígenas, pescadores artesanales. Tienen además un alto potencial de usos bélicos.
Los que proponen y tiene el dinero para financiar la geoingeniería son los que han causado el cambio climático. Aducen que esperar a un consenso global sobre el tema es demasiado lento para la gravedad de la crisis. ¿De dónde sacan autoridad moral para adjudicarse el control del termostato global?
Serán sólo experimentos
dice la Sociedad Real. Salvo
para quien sufra los impactos, que será una cruda realidad. La geoingeniería no
solucionará nada y aumentará el problema. Lo único razonable es una prohibición
global que impida a los nuevos señores del clima experimentar con todo y todos
los demás".
*Investigadora del Grupo ETC
http://www.jornada.unam.mx/2009/09/12/index.php?section=opinion&article=027a1eco&partner=rss
Fuente: www.rebelion.org /Ecología social/ 15-9-09
2. Modelos agrícolas con características de guerra cultural y de sometimiento de la naturaleza
Edgardo Lander, en "La ciencia neoliberal", señala: "Los conflictos en torno de los modelos agrícolas pueden ser caracterizados propiamente como una guerra cultural y una guerra por el sometimiento de la naturaleza que se libran a escala planetaria. Las grandes corporaciones y sus gobiernos buscan extender no sólo su creciente control sobre la producción y distribución de alimentos en todo el mundo, sino igualmente un modelo productivo único, un modelo fabril de monocultivo que está amenazando en forma simultánea tanto los modos de vida de centenares de millones de agricultores como la diversidad genética que hace posible la vida en el planeta Tierra.
Las confrontaciones acerca de la introducción de los cultivos de la soja transgénica en Brasil ilustran con claridad lo que está en juego en esta guerra global. En los últimos años, las exportaciones agrícolas de Brasil han crecido en forma espectacular. Con un nivel de 30 mil millones de dólares en el año 2003, condujeron al mayor superávit comercial de la historia del país. Esta acelerada expansión es expresión del peso político y económico creciente del agronegocio en la sociedad brasileña y de las decisiones políticas del gobierno de Lula que -dejando atrás la historia del partido al que representa, el PT- ha privilegiado los superávit fiscales y comerciales requeridos para el pago de la deuda externa sobre todo otro objetivo de política pública. (...)
El caso brasileño expresa en forma nítida la oposición entre dos modelos de sociedad, entre dos proyectos de país:
un modelo de libre comercio basado en la expansión sostenida de las exportaciones primarias, condicionado por la presión del pago de la deuda externa y por el peso político y económico creciente de la agroindustria en Brasil y
otro proyecto cuya expresión más clara es el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) cuyas prioridades están en la democratización efectiva de la sociedad, la reforma agraria, la reducción de las profundas desigualdades de la sociedad brasileña, la autonomía, la soberanía alimentaria, así como el rechazo a los transgénicos y la lucha por la preservación de la diversidad genética y la Amazonia.
Se trata igualmente, de dos modelos de
conocimiento radicalmente divergentes. Uno científico, moderno, orientado
principalmente hacia el progreso y las exigencias del control, las
homogeneización -estandarización de la naturaleza y el lucro capitalista. El
otro está enraizado en, y orientado a preservar, prácticas colectivas
comunitarias y solidarias, y con una disposición a convivir con y preservar la
extraordinaria diversidad de la naturaleza (...)".
Fuente: Los desafíos de las emancipaciones
en un contexto militarizado/ coordinado por Ana Esther Ceceña - 1a ed.
-Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales - CLACSO, 2005
3. Control de los pueblos por dominio sobre semillas
Ecoportal.net, en "Controlar las semillas es controlar a los pueblos", introduce: "Con la excusa de contribuir al desarrollo del planeta, un pequeño grupo de empresas controlan a nivel mundial las semillas necesarias para la siembra. Con los transgénicos y sus patentes, tienen la llave de la cadena alimentaria. Mario R. Fernández de Alternativa Latinoamericana, ha investigado el tema.
- ¿En qué consiste la industria de los agronegocios y qué se esconde tras esa supuesta labor de “contribuir al desarrollo en el mundo”?
- En primer lugar, la industria de los agronegocios es una infraestructura productiva mundial de alimentos, controlada por unas pocas corporaciones privadas.
Se basa en algo tan antiguo como la agricultura y la producción de alimentos, algo que forma parte del proceso de desarrollo de la humanidad que pasa de recolectora a domesticadora y productora de alimentos básicos para todos. Por eso se habla de la “privatización” de un bien que es común -“common” en inglés-; una manera de apropiarse unos pocos, de algo que nos pertenece históricamente a toda la humanidad. Es transformar a la agricultura en “industria”.
Este gran negocio comienza en EEUU con los Hermanos Rockefeller y su idea de poner en marcha un proyecto de expansión mundial, de diversificación de sus negocios, de dominio, de poder y por supuesto de dinero. Son ellos los que ponen en marcha la denominada “Revolución Verde” que comienza en los años 50 en México y que luego se completa con su otro proyecto, la llamada “Revolución Genética”.
Para ayudar a toda esta expansión, se ponen en marcha dos argumentos que poco a poco van tomando fuerza:
Uno, problematizar el crecimiento de la población del mundo -una perspectiva que ya había empezado con Malthus-.
Y por otro, la idea de que sólo un sistema de “libre mercado” podría asegurar el alimento a esa creciente población. Otras alternativas, como por ejemplo el comunismo, fueron directamente rechazadas por el mismo Rockefeller, por su ineficacia para conseguir “alimentar al mundo” . El argumento ideológico final era llegar a establecer una conexión entre los Rockefeller y el “desarrollo del mundo”.
"La Revolución Verde ha sido una revolución química llevada adelante por corporaciones petroquímicas que han impuesto el uso de herbicidas y pesticidas a muchos de los países pobres que no tenían posibilidad de comprarlo sin los créditos facilitados por del Banco Mundial".
- ¿Quién controla hoy los alimentos y cómo?
- Fuera de las corporaciones que comercializan los alimentos, como Cargyll que se dedica a los granos, y los especuladores que operan en la Bolsa de valores, el control de los alimentos está realmente en manos de cuatro corporaciones. F. William Engdahl las llama “los cuatro jinetes del apocalipsis de los transgénicos” y son las siguientes: Monsanto Corporation, Du Pont Corporation y su Pioner Hi-Brend International, y Daw Agro Sciences -todas americanas-, y Syngenta, que es suiza. Estas corporaciones utilizan como su mayor arma los transgénicos, o semillas genéticamente modificadas.
El Congreso de los Estados Unidos concedió a estas corporaciones un derecho exclusivo de patente sobre estas semillas, y lo hizo supuestamente para proteger a estas semillas y evitar que fueran contaminadas con DNA (material genético) ajeno al del genoma de la planta -evitando que fueran transformadas o substancialmente alteradas-.
"Durante un tiempo la Unión Europea no permitió transgénicos por cuestiones científicas y de salud, pero en 2006 cambia de opinión".
- ¿Qué papel juega en todo esto el “boom” de las semillas modificadas genéticamente?
- Estas “semillas modificadas” ahora patentadas, son un producto que va al mercado. Las corporaciones dueñas de estas patentes usan estrategias para colocar su producto en el mercado mundial. Engdahl, en su libro “Semillas de destrucción”, explica tres fases estratégicas en la colocación de semillas modificadas genéticamente por parte de las grandes corporaciones. La primera es unirse a..., o comprar compañías locales de cierta importancia. La segunda es asegurarse de obtener patentes locales de técnicas de ingeniería genética sobre variedades, o bancos de semillas relevantes. Finalmente, tienen que vender sus semillas a los agricultores o campesinos, y al hacerlo les hacen firmar un compromiso por el cual no pueden quedarse con semillas de segunda generación sino que comprarán sus semillas para la próxima siembra a la corporación -algo que tendrán que hacer cada año a un elevado coste-. Estas estrategias son las legales, pero también utilizan tácticas ilegales para imponer las semillas genéticamente modificadas a los agricultores, campesinos o países. La coacción directa e indirecta para forzar la compra, o el contrabando, son algunas de ellas.
"La industria de los agronegocios es una infraestructura productiva mundial de alimentos, controlada por unas pocas corporaciones privadas"
- ¿Existen países que no hayan sucumbido a la “invasión” de los transgénicos?
- Probablemente sí, porque el mecanismo que estas corporaciones usan para introducir sus semillas transgénicas de alguna forma depende de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Por lo que, es posible que no todos hayan sucumbido aún a los transgénicos. Pero es difícil saberlo a ciencia cierta. Por ejemplo en 2004, el 56% del poroto -brotes- de soja y el 28% de algodón en el mundo, eran transgénicos. En el Tercer Mundo estas semillas se impusieron fundamentalmente por el nivel de vulnerabilidad que estos países tenían y por la complicidad de sus gobiernos y élites -como fue el caso de Argentina-. Pero en otros lugares se impusieron por la fuerza, como se aplicó en Irak después la invasión, como parte de la terapia de shock económico.
Durante un tiempo la Unión Europea no permitió transgénicos por cuestiones científicas y de salud -se cuestionaban los efectos de estos alimentos sobre la población-; pero en 2006 cambia de opinión. No es fácil saber cuántos transgénicos existen ni en qué países. Por el momento Estados Unidos, Canadá y Argentina son los que tienen el mayor índice de contaminación de granos genéticamente modificados.
- ¿Qué labor ha desempeñado y desempeña en todo esto la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial?
- La OMC ayudó a imponer el marco legal en el que se patentan las semillas transgénicas. El marco legal lo forman los “Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio” (Trade Related Intellectual Property Rights), unas normas que todos los países miembros de la OMC debían aprobar para proteger las patentes de las plantas. Es así como las semillas se transformaron en productos con patente. En el 2003, atendiendo a una demanda de Estados Unidos, Canadá y Argentina (los países más contaminados por los transgénicos), un panel presidido por el juez suizo Christian Haberli falla en contra de la Unión Europea por “no cumplir con sus obligaciones” como miembro de la OMC -lo que podría suponer multas anuales de cientos de millones de dólares-.
Por otro lado, el Banco Mundial desde su creación ha sido un instrumento de dominación de occidente, principalmente de Estados Unidos. Las conexiones de la élite norteamericana con el Directorio del Banco Mundial han ayudado a financiar proyectos para sistemas de riego, presas, etc. elementos necesarios para la puesta en marcha de la “Revolución Verde”. La Revolución Verde ha sido una revolución química llevada adelante por corporaciones petroquímicas que han impuesto el uso de herbicidas y pesticidas a muchos de los países pobres (o en vías de desarrollo, como se los llama), que no tenían posibilidad de comprarlos sin los créditos facilitados por el Banco Mundial.
"Existen estrategias legales pero también ilegales para imponer las semillas genéticamente modificadas a los agricultores, campesinos o países".
- ¿Cómo pueden reaccionar los pueblos ante tanto atropello? ¿Qué hacer?
- El ejemplo de la Unión Europea muestra que es legítimo resistir y que es posible hacerlo aunque sólo sea para detener el proceso y crear una conciencia al respecto de esta imposición de transgénicos -especialmente cuando desconocemos las consecuencias que tienen para la salud y en el marco de la soberanía nacional-.
Vandana Shiva, premio Nobel Alternativa, ha organizado la resistencia campesina en India y ha contribuido al conocimiento sobre los transgénicos. Shiva ha escrito numerosos libros entre ellos “Monocultures of the Mind” (Monoculturas de la Mente), “Earth Democracy. Justice, Sustainability and Peace” (Democracia de la Tierra. Justicia, Sustentabilidad y Paz), “India Dividida. Asedio a la Diversidad y a la Democracia.” Shiva ha creado el movimiento NARDANAYA, http://www.navdanya.org
En Latinoamérica, el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra de Brasil, que es uno de los movimientos más activos y conocidos internacionalmente, ha luchado en contra de los transgénicos a lo largo de más de veinticinco años.
A nivel personal es importante que la gente se informe. Escritores como F. William Engdahl, con su libro “Seeds of Destruction. The Hidden Agenda of Genetic Manipulation” han contribuido a que entendamos la agenda que se nos quiere imponer. Michel Chossudovsky ha mostrado lo que se esconde tras la globalización en su libro “Globalización de la Pobreza y el Nuevo Orden Mundial” (The Globalization of Poverty and the New World Order) edición Siglo XXI. El profesor Chossudovsky también mantiene una web, recientemente premiada con el Premio Internacional de Periodismo por el Mejor Portal de Investigación Internacional: www.globalresearch.ca ".
3. Catástrofes socio-ambientales
Sebastián Korol (REVISTA SUPERFICIE, especial
para ARGENPRESS.info)
se refiere al ciclón en Misiones:
"Cuando en 2005 el
tsunami Katrina barrió con Nueva Orleáns, uno de los pueblos más pobres de los
Estados Unidos, se desató un interesante debate que por estas horas resulta
oportunamente trasladable a la provincia de Misiones a raíz del trágico tornado
de San Pedro: ¿Pueden atribuirse los cada vez más frecuentes y violentos
desastres ambientales a reacciones “naturales” de la madre tierra?
La zona sobre la cual se abatió el ciclón que hasta el momento dejó un saldo de 11 muertos, decenas de heridos y cientos de familias damnificadas, forma parte de la llamada selva paranaense, la eco-región con mayor deforestación de Suramérica.
En nombre del mentado desarrollo foresto industrial, en las últimas décadas Misiones redujo alarmantemente la extensión de su territorio boscoso. Para alimentar las industrias madereras y celulósicas, exóticas y milenarias especies vegetales nativas fueron reemplazadas impunemente por interminables plantaciones de pinos, principalmente de origen estadounidense (elliottii y taeda).
Según estimaciones de distintas organizaciones ecologistas, Misiones ya perdió cerca del 60 por ciento de su selva original y sólo en los últimos veinte años se devastaron más de 250 mil hectáreas de bosques naturales por la tala ilegal y la reconversión de monte nativo a bosques implantados de pinos.
Entre las localidades con mayor depredación figuran San Pedro, San Vicente y Puerto Libertad, que sufrieron cambios radicales en sus ecosistemas naturales.
Este nivel irracional de deforestación contribuye al calentamiento global, que entre otros desastres como inundaciones, sequías, tornados, incendios forestales y terremotos, viene generando en los últimos tiempos ciclones y lluvias torrenciales atípicas en distintas regiones del globo terráqueo.
Un informe de la organización Oxfam Internacional presentado en abril de este año da cuenta de que el número de personas afectadas en el mundo a causa de desastres relacionados con el clima podría aumentar en un 50 por ciento para 2015, hasta alcanzar unos 375 millones de damnificados.
El estudio alerta que el cambio climático junto con la mala gestión del medio ambiente provocan una proliferación de estos desastres y advierte que las personas en situación de pobreza son las que presentan mayor grado de vulnerabilidad.
Resulta absurdo y superficial reducir estas reacciones de la naturaleza a fenómenos ambientales “normales”, mientras se continúa con la tala descontrolada de nuestros montes. La pachamama nos está pasando factura, y la están pagando, como casi siempre, los pobres e inocentes.
Mientras tanto, nuestros gobernantes siguen pronunciando “sentidos” discursos que omiten completamente las verdaderas causas de las tragedias ambientales y sociales que nos aquejan". Fuente: www.argenpress.info / 10-9-09
En síntesis, el capitalismo se desarrolla en acuerdo con la expansión de subsistemas globales de agro negocios, de mega minería, de súper explotación pesquera e hidrocarburífera y de mega emprendimientos comerciales, turísticos e inmobiliarios. No le importa hambrear, ni degradar las condiciones tanto de vida como de trabajo, tampoco desertificar y expulsar, exterminar poblaciones.
La «reforma agraria integral» funda otro modo de producción no sólo agropecuario sino también industrial. Pero exige a la diversidad popular, ante todo, tomar conciencia que es legítimo e imprescindible resistir a la imposición de los mega negocios (agroindustriales, mineros, petroleros, turísticos, pesqueros e inmobiliarios) y que es posible hacerlo aunque sólo sea para detener el proceso e ir creando poder de transformación radical de la economía y la política demográfica para acordarlas con el buen vivir de todos los de abajo.
Del dominio sobre el planeta por el capitalismo
El desarrollo del capitalismo planifica e impone el uso agroindustrial de territorios mediante:
1. El cultivo de los agrocombustibles arrinconando la producción de alimentos
François Houtart (Alai-amlatina), en "El escándalo de los agrocarburantes en los países del Sur", explica: "La idea de extender el cultivo de los agrocarburantes en el mundo y particularmente en los países del Sur es desastrosa. Ella forma parte de una perspectiva global de solución a la crisis energética. En los próximos 50 años tendremos que cambiar de ciclo energético, pasando de la energía fósil, que es cada vez más rara, a otras fuentes de energía. En el corto plazo es más fácil de utilizar lo que es inmediatamente rentable, es decir los agrocarburantes. Esta solución, al reducirse las posibilidades de inversión y al esperar ganancias rápidas, parece la mas requerida a medida que se desarrolla la crisis financiera y económica.
Como siempre, en un proyecto capitalista, se ignora, lo que los economistas llaman, las externalidades, es decir, lo que no entra dentro del cálculo del mercado, para el caso que nos preocupa, los daños ecológicos y sociales. Para contribuir con un porcentaje entre el 25 a 30% de la demanda, a la solución de la crisis energética, se tendrá que utilizar centenas de millones de hectáreas de tierras cultivables para la producción de agroenergía en su mayor parte en el Sur, ya que el Norte no dispone suficientemente de superficie cultivable. Se tendrá, igualmente según ciertas estimaciones, que expulsar de sus tierras al menos 60 millones de campesinos. El precio de estas « externalidades » no pagado por el capital sino por la comunidad y por los individuos, es espantoso.
Los agrocarburantes son producidos bajo la forma de monocultivos, destruyendo la biodiversidad y contaminando los suelos y el agua. Personalmente, he caminado kilómetros en las plantaciones del Choco, en Colombia, y no he visto ni una ave, ni una mariposa, ni un pez en los ríos, a causa del uso de grandes cantidades de productos químicos, como fertilizantes y plaguicidas. Frente a la crisis hídrica que afecta al planeta, la utilización del agua para producir etanol es irracional. En efecto, para obtener un litro de etanol, a partir del maíz, se utiliza entre 1200 y 3400 litros de agua. La caña de azúcar también necesita enormes cantidades de agua. La contaminación de los suelos y el agua llega a niveles hasta ahora nunca conocidos, creando el fenómeno de « mar muerto » en las desembocaduras de los ríos (20 Km² en las desembocadura del Mississippi, en gran medida causado por la extensión del monocultivo de maíz destinado al etanol).
La extensión de estas culturas acarrea una destrucción directa o indirecta (por el desplazamiento de otras actividades agrícolas y ganaderas) de los bosques y selvas que son como pozos de carbono por su capacidad de absorción.
El impacto de los agrocarburantes sobre la crisis alimentaria ha sido comprobado. No solamente su producción entra en conflicto con la producción de alimentos, en un mundo donde, según la FAO, más de mil millones de personas sufren de hambre, sino que también ha sido un elemento importante de la especulación sobre la producción alimentaria de los años 2007 y 2008. Un informe del Banco Mundial afirma que en dos años, el 85% del aumento de los precios de los alimentos que precipitó a más de 100 millones de personas por debajo de la línea de pobreza ( lo que significa hambre), fue influenciado por el desarrollo de la agroenergía. Por esta razón, Jean Ziegler, durante su mandato de Relator Especial de las Naciones unidas por el Derecho a la Alimentación calificó los agrocarburantes de « crimen contra la humanidad » y su sucesor, el belga Olivier De Schutter ha pedido una moratoria de 5 años para su producción.
La extensión del monocultivo significa también la expulsión de muchos campesinos de sus tierras. En la mayoría de los casos, aquello se realiza por la estafa o la violencia. En países como Colombia e Indonesia, se recurre a las Fuerzas armadas y a los paramilitares, quienes no dudan en masacrar a los defensores recalcitrantes de sus tierras. Miles de comunidades autóctonas, en América latina, en Africa y en Asia, son desposeídas de su territorio ancestral. Decenas de millones de campesinos ya han sido desplazados, sobre todo en el Sur, en función del desarrollo de un modo productivista de la producción agrícola y de la concentración de la propiedad de la tierra. El resultado de todo esto es una urbanización salvaje y una presión migratoria tanto interna como internacional.
Es necesario
igualmente anotar que el salario de los trabajadores es bien bajo y las
condiciones de trabajo generalmente infrahumanas a causa de las exigencias de
productividad. La salud de los trabajadores es también afectada gravemente.
Durante la sesión del Tribunal Permanente de los Pueblos sobre las empresas
multinacionales europeas en América latina, realizada paralelamente a la Cumbre
europea-latinoaméricana, en mayo del 2008, en Lima, fueron presentados muchos
casos de niños con mal formación, debido a la utilización de productos químicos
en el monocultivo de plátano, soya, caña de azúcar y de palmeras.
Decir que los agrocarburantes son una solución para el clima, está igualmente a
la moda. Es verdad que la combustión de los motores emite menos anhídrido
carbónico en la atmósfera, pero cuando se considera el ciclo completo de la
producción de la transformación y de la distribución del producto, el balance es
más atenuado. En ciertos casos, se convierte en negativo en relación a la
energía fósil.
Si los agrocarburantes no son una solución para el clima, si no lo son que de una manera marginal, para mitigar la crisis energética, y si ellos acarrean importantes consecuencias negativas, tanto sociales como medio ambientales, tenemos el derecho de preguntarnos porqué ellos tienen tanta preferencia. La razón es que a corto y mediano plazo ellos aumentan de manera considerable y rápidamente la tasa de ganancia del capital.
Es por esto que las empresas multinacionales del petróleo, del automóvil, de la química y del agronegocio, se interesan por el sector. Ellos tienen como socios al capital financiero ( George Soros, por ejemplo), los empresarios y los latifundistas locales, herederos de la oligarquía rural. Entonces, la función real de la agroenergía, es en efecto ayudar a una parte del capital a salir de la crisis y a mantener o eventualmente aumentar su capacidad de acumulación.
En efecto, el «proceso agroenergético» se caracteriza por una sobreexplotación del trabajo, la ignorancia de las externalidades, la transferencias de fondos públicos hacia el privado, todo aquello permitiendo ganancias rápidas, pero también una hegemonía de las compañías multinacionales y una nueva forma de dependencia del Sur con respecto al Norte, todo aquello presentado con la imagen de benefactores de la humanidad ya que producen "energía verde". En lo que concierne a los gobiernos del Sur, ellos ven ahí una fuente de divisas útiles de mantener, entre otros, el nivel de consumo de las clases privilegiadas.
Por lo tanto, la solución es de reducir el consumo, sobretodo del Norte y de
invertir en nuevas tecnologías (solar especialmente). La agroenergía no es un
mal en sí y puede aportar soluciones interesantes a nivel local, a condición de
respetar la biodiversidad, la calidad de los suelos y del agua, la soberanía
alimentaria y la agricultura campesina, es decir, lo contrario de la lógica del
capital. En Ecuador, el Presidente Correa ha tenido el coraje de detener la
explotación del petróleo de la reserva natural del Yasuni. Esperemos que los
gobiernos progresistas de América latina, del África y del Asia, tengan la misma
firmeza.
Resistir en el Norte como en el Sur, a la presión de los poderes
económicos es un problema político y ético. Por lo tanto, denunciar el escándalo
de los agrocarburantes en el Sur se constituye en un deber".
- François Houtart, Ex-catedrático de la Universidad Católica de Lovaina,
fundador del Centro Tricontinental y autor del libro "La Agroenergía-Solución
para el clima o salida de crisis para el capital?", Ruth Casa editorial y
Ediciones Sociales La Habana, 2009
http://alainet.org/active/32913
Ecología social 10-9-09
2. La deforestación y la desertificación aceleradas
En la revista Biodiversidad, sustento y culturas nº 61 (del 21 julio 2009) podemos leer "Plantaciones de árboles en América Latina" que redacta el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM) donde hallamos:
Políticas y actores que promueven los monocultivos de árboles
"La actual expansión de los monocultivos de árboles no es algo que haya ocurrido casualmente porque se le ocurrió a algunos gobiernos. Por el contrario, es el resultado del accionar de un conjunto de actores que se plantearon promover tales plantaciones.
Su origen se remonta a la década de 1950, cuando la FAO se
constituye en el organismo ideólogo del modelo de monocultivos de eucaliptos y
pinos en gran escala (como parte de la llamada Revolución Verde promovida por
ese organismo). La FAO define las plantaciones como “bosques” y desde entonces
dicha definición ha servido a la industria plantadora para disfrazar a sus
destructivos monocultivos bajo el ropaje verde de la “plantación de bosques”.
En las décadas siguientes entran a tallar otros actores —el Banco Mundial, FMI, BID, procesos de Naciones Unidas relacionados con los bosques como el panel intergubernamental sobre bosques, con su foro sobre bosques (conocidos por sus siglas en inglés, IPF, IFF, UNFF), agencias bilaterales como GTZ y JICA, empresas consultoras como la finlandesa Jaakko Poyry— que aportan argumentos, conocimientos técnicos, investigaciones y financiamiento para convencer a los gobiernos de las bondades del modelo.
Como resultado de esas influencias externas, los gobiernos del Sur terminaron conformando políticas de Estado de promoción de las plantaciones forestales, ya definidas y en gran medida calcadas en la mayoría de los países —con leves variantes—, teniendo como destino los mercados de exportación.
Según las condiciones de cada país, las políticas de Estado
adoptaron diversas formas de promoción, desde subsidios directos (tales como
exenciones de impuestos, reintegro parcial del costo de plantación) e indirectos
(créditos blandos a largo plazo, construcción de infraestructura,
investigación). Al mismo tiempo, los Estados se hicieron responsables de
asegurar —sin costo para las empresas— el control social y, siempre que fuera
necesaria, la represión de la oposición local. No es casual que el gran impulso
a la “forestación” tuviera lugar en Chile durante la dictadura de Pinochet en
los años setenta y en Brasil bajo la dictadura militar de los sesenta.
Nuevos mecanismos de promoción.
Como si los estímulos existentes a la promoción de plantaciones no fueran
suficientes, la Convención sobre Cambio Climático de Naciones Unidas se ha
convertido en otro actor importante en la promoción de la “forestación” a gran
escala, en la medida que habilita a los países industrializados a “compensar”
sus emisiones de dióxido de carbono mediante el establecimiento de plantaciones
forestales en países no industrializados. El mecanismo de mercado de los “bonos
de carbono” se constituye así en un nuevo subsidio para las plantaciones de
árboles.
A su vez, «el nuevo negocio de los agro-combustibles» constituye otro aliciente para la promoción de la “forestación” a gran escala, creando una nueva boca de mercado para cultivos de árboles, como el eucalipto, para la producción de etanol celulósico. Vinculado en particular a esto último, en una veintena de países se está trabajando en la manipulación genética de árboles y microorganismos para hacer económicamente rentable la producción de etanol celulósico a partir de la manipulación genética, a pesar de los graves peligros de estas tecnologías para los ecosistemas nativos. En nuestra región, tales ensayos están siendo llevados a cabo —con apoyo gubernamental— por grandes empresas nacionales y extranjeras en Brasil y Chile.
La certificación como mecanismo de engaño. A raíz de las numerosas denuncias acerca de los impactos de las plantaciones forestales, algunos mercados del Norte comenzaron a exigir garantías de que los productos importados hubiesen sido producidos de manera social y ambientalmente sustentable. La respuesta de las empresas forestales fue apelar a la certificación voluntaria de sus plantaciones en base a dos esquemas: el FSC (Forest Stewardship Council) y el PEFC (Programme for the Endorsement of Forest Certification). Bajo este último esquema se desarrolló un sello en Brasil (Cerflor) y otro en Chile (Certfor). En ambos casos se nota la falla original en el uso de las palabra “floresta” o “forest” (bosque) en los propios nombres de los esquemas, incluido el término “forestación”. Es decir, que para estos esquemas de certificación las plantaciones son “bosques”. A partir de esa y otras muchas fallas, en estos momentos existen amplias áreas de plantaciones certificadas en nuestra región —todas ellas han sigo duramente cuestionadas y catalogadas como un mecanismo para engañar a los consumidores escondiendo el carácter destructivo de las mismas.
Plantaciones de palma aceitera
Durante las últimas décadas, el cultivo de la palma aceitera —también llamada palma africana— se ha venido expandiendo en forma acelerada en un número creciente de países del Sur, entre los que se cuentan muchos de nuestra región. Estas plantaciones están causando graves problemas para las poblaciones y el medio ambiente locales, llegando en muchos casos a desembocar en conflictos sociales y violaciones de los derechos humanos.
Si bien los dos principales productores mundiales se encuentran en Asia (Malasia e Indonesia), el cultivo de palma está creciendo aceleradamente en América Latina, con plantaciones en México y Centroamérica (Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá), o en Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Surinam y Venezuela. La única razón por la que no se ha extendido hasta el Cono Sur ha sido la limitante climática, que no hace posible su cultivo en esa zona.
Un monocultivo que impacta a la gente y el ambiente. A medida que el área plantada aumenta, se incrementan en igual medida los impactos ambientales y sociales que el cultivo provoca.
Uno de los principales impactos es la apropiación de amplias áreas de tierras hasta entonces en posesión de poblaciones indígenas, afrodescendientes o campesinas, que de ellas obtenían sus medios de vida. Es común que esto genere procesos de resistencia ante ese despojo, normalmente enfrentados con el aparato represivo del Estado y de las propias empresas palmicultoras. A la violación del derecho a la tierra se suma entonces la violación de una larga cadena de derechos humanos, incluido el derecho a la vida, como se constatado en particular en Colombia.
En casi todos los casos los monocultivos industriales de palma aceitera se instalan en áreas boscosas. Se puede generalizar que tras toda plantación industrial de palma aceitera hay un proceso de deforestación más o menos importante.
Las obras de drenaje del terreno tienen impactos sobre el agua, problema que se magnifica con el vertido de agrotóxicos y los procesos erosivos resultantes del desbroce del terreno. Todo ello resulta en procesos de contaminación y sedimentación, que tiene consecuencias sobre las especies acuáticas que allí habitan y por ende sobre las poblaciones locales que se abastecen de agua y alimentos de la misma.
Explotación y contaminación industrial. A la pérdida de las fuentes tradicionales de trabajo se suman las malas condiciones de trabajo en las plantaciones, donde a la peligrosidad se suma el uso generalizado de agrotóxicos, que impacta en primer lugar sobre los trabajadores (muchas veces mujeres).
Además, las industrias procesadoras impactan la calidad de las aguas por la liberación de grandes cantidades de efluentes —por cada tonelada de aceite se generan 2.5 toneladas de efluentes— que en muchos casos contaminan los cursos de agua por no cumplir con los requisitos legales en cuanto a su tratamiento.
Los motores del avance de la palma Pese a todos los impactos constatados, el cultivo de palma aceitera continúa expandiéndose en más y más países. La razón es que constituye una inversión muy rentable para el sector empresarial —nacional o extranjero— que invierte en esa actividad. La rentabilidad surge de la combinación de mano de obra barata, tierra a bajo precio, inexistencia de controles laborales y ambientales efectivos, disponibilidad de financiamiento y apoyos, el corto periodo que media entre la plantación y el inicio de la cosecha y un mercado en expansión, en particular en los países del Norte.
Se trata de un cultivo orientado a la exportación, lo que explica el apoyo de los gobiernos y de organismos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, de bancos privados que se benefician económicamente invirtiendo en el sector.
A los destinos tradicionales de la palma aceitera (cosméticos, jabones, alimentos), se ha sumado recientemente el del uso de su aceite para producir biodiesel, lo que significa un nuevo aliciente a la expansión de plantaciones.(...) Fuente: http://www.grain.org/biodiversidad/?id=439
3. La invasión forestal de Argentina
Darío
Aranda (COPENOA) nos aclara:
"Organizaciones sociales advierten sobre los riesgos del monocultivo de árboles
para la industria de la celulosa y aserraderos: concentración de tierras,
pérdida de biodiversidad y desalojos campesinos e indígenas. Algo parecido a lo
que ocurrió con la soja. Una legislación generosa incentiva su avance.
Verdes, prolijos y en línea. Son como un ejército en
formación. El norte de Misiones está invadido por árboles que parecen clonados,
miles de hectáreas de pinos, el cultivo más popular de la provincia, materia
prima básica para plantas de celulosa y aserraderos. Impulsada por los gobiernos
y el sector empresarial, la siembra masiva de árboles es un fenómeno en
crecimiento, pero con consecuencias silenciadas: pérdida de biodiversidad y
desalojo compulsivo de campesinos e indígenas. “Es un avance como el de la soja,
que expulsa pobladores ancestrales, arrasa la vegetación nativa, utiliza agrotóxicos y exprime territorios con el único fin de obtener dinero. Es que las
forestales no siembran bosques, siembran monocultivo industrial”, sostiene el
Consejo Asesor Indígena (CAI), una de las organizaciones que se han declarado en
alerta por el avance forestal en la Patagonia, con conflictos crecientes en Río
Negro y Neuquén. En la última década, la forestación intensiva duplicó su
producción y la superficie sembrada, al abrigo de una generosa ley –aprobada
durante el menemismo y prorrogada luego– que otorga subsidios a las compañías,
devolución de IVA y exención de Ingresos Brutos, entre otras ventajas. En
definitiva, una industria de bajo perfil y alta rentabilidad. Industria poderosa.
Las estadísticas de la Secretaría de Agricultura de Nación muestran que en 1999,
primer año de vigencia de ley forestal 25.080, se extrajeron 4,7 millones de
toneladas de “madera de bosque implantado”. En 2006, el último registro
disponible, el tonelaje aumentó a 7,9 millón. Misiones es la provincia maderera
por excelencia, con el 59 por ciento, seguida de lejos por Entre Ríos con el 11
por ciento, Buenos Aires y Corrientes con el 8 por ciento. Río Negro y Neuquén
son jugadores menores, pero en ascenso. Neuquén extraía en 1999 sólo 22.000
toneladas. En 2006 ya lo triplicaba: 69.000 toneladas. En cuanto al pino, la
estrella forestal, Río Negro exhibe un crecimiento notable: en el 2000 extraía
seis mil toneladas. En 2006 ya había duplicado la cifra: 13.000 toneladas.
“Mesopotamia y Patagonia son los polos productivos del país”, explican desde la
Asociación Forestal Argentina (AFOA), entidad que reúne a las grandes y medianas
empresas del sector.
La implantación industrial de árboles tiene como fin, casi en su totalidad, las
fábricas de celulosa y los aserraderos. “En 2007 se exportó por mil millones de
dólares”, detalla el vocero de AFOA, Jorge Barros, y explica que el país cuenta
con 1,2 millón de hectáreas de monocultivo forestal, de las cuales la mitad fue
sembrada en la última década, al abrigo de la 25.080. El objetivo, a diez años,
es llegar a los tres millones de hectáreas, 150 veces la superficie de la Ciudad
de Buenos Aires.
Consultado sobre los efectos sociales de la avanzada forestal, Barros no dudó.
“En la Argentina no hay campesinos. La Argentina tiene pequeños productores,
pero no campesinos. Y hay muy pocos indígenas. ¿Conflictos? Pudo existir alguno
puntual, pero son la excepción.”
Según la Secretaría de Agricultura, en la Argentina habitan 220 mil familias
campesinas. El Instituto Nacional de Asuntos Indígenas reconoce en la actualidad
a 24 pueblos originarios. Provincia modelo.
Organizaciones sociales, movimientos campesinos y pueblos originarios advertían a fines de la década del ‘90 sobre el corrimiento de la frontera agropecuaria, de la mano del monocultivo de soja, y alertaban también sobre las consecuencias sociales, económicas y sanitarias. Fueron sistemáticamente desoídos. Recién el año pasado –conflicto por las retenciones mediante–, el Gobierno reconoció el avance del monocultivo y sus efectos nocivos. En la actualidad, alertan sobre el avance forestal.
La comunidad guaraní Alecrín cuenta con 14.300 hectáreas. Está ubicada en el
municipio de San Pedro, 170 kilómetros al sur de Puerto Iguazú. La empresa
forestal Harriet ingresó en 2007 a territorio indígena, volteó bosque nativo,
alambró, contaminó el pozo de agua y arrasó la chacra de la comunidad y hasta el
cementerio. Tenía como objetivo talar el bosque nativo y luego sembrar pinos.
Misiones creció al abrigo de la actividad agropecuaria familiar (yerba mate, té
y tabaco). Había grandes plantaciones y se trabajaba para un patrón, pero
también subsistía el pequeño colono que comercializaba su producción. Esa
historia comenzó a cambiar hace tres décadas por la desregulación en la
producción (las grandes empresas fijaron precios tan bajos que los colonos no
podían subsistir, perdieron sus chacras y emigraron a los cordones urbanos) y,
por otro lado, la provincia mutó el perfil productivo, impulsó el turismo, la
energía hidroeléctrica (con las cuestionadas represas) y los negocios
forestales.
Misiones cuenta con tres plantas de celulosa (Alto Paraná, Puerto Piray y Papel
Misionero). En los primeros eslabones de su cadena productiva, cultivo de
árboles y extracción, participan contratistas que suelen hacer punta en el
avance sobre tierras de familias rurales. El resultado es la concentración de
tierras por parte de privados.
Según el último Censo Nacional Agropecuario, en la provincia existen 27.000
explotaciones agropecuarias. Sólo 161 de ellas (el 0,6 por ciento del total)
poseen el 44 por ciento de la tierra de Misiones (917.000 hectáreas). En la
última década y en la zona de las pasteras (noroeste), descendió un 27 por
ciento la cantidad de pequeñas chacras. “La producción forestal artificial nos
pone frente a un modelo de monocultivo y concentración. Con su lógica de
maximización del beneficio en el menor plazo posible, el sector forestal no
respeta las normas de preservación, produce despoblación de las zonas y
exterminio de gran parte de los recursos naturales”, afirma Raúl Gorriti,
ingeniero agrónomo e integrante de la Red de Agricultura Orgánica (RAOM).
Ilustrativo de la concentración de tierras es el caso de la Papelera Alto
Paraná, propietaria del diez por ciento del suelo provincial, 233 mil hectáreas.
Patagonia forestal
La Empresa Forestal Rionegrina (Emforsa) y la Corporación Forestal Neuquina (Corfone),
ambas compañías con participación mayoritaria de los gobiernos provinciales, son
las que encabezan el corrimiento de la frontera forestal patagónica.
“Las forestaciones con pinos no son bosques, son plantaciones industriales como
lo es la soja”, denuncia la comunidad mapuche José Manuel Pichún, a quince
kilómetros de El Bolsón, en pleno conflicto con Emforsa. Pese a que la comunidad
habita el lugar desde fines del siglo XIX, la Dirección de Bosques de Río Negro
ingresó a territorio ancestral en 1987, alambró y comenzó la siembra de pinos en
250 hectáreas comunitarias. Le sucedieron decenas de reclamos administrativos
que nunca obtuvieron respuesta. La comunidad, que jamás abandonó el lugar,
siempre reivindicó su derecho sobre el territorio. En mayo último, cuando un
integrante de la comunidad extraía leña, se reavivó el conflicto. Fue denunciado
por “robo” en su propia tierra.
“Cansados de soportar tanto atropello e injusticia, la comunidad Pichún decidió
reafirmar la posesión que usurpa la empresa forestal”, explicó la organización
en un comunicado el 18 de junio pasado. Se negaron a retirar sus animales y
comenzaron la construcción de una vivienda en el corazón del pinar. Y fueron por
más: ahora la comunidad exige que la empresa estatal se retire definitivamente
de sus hectáreas.
El Consejo Asesor Indígena (CAI), donde participa la comunidad Pichún, apuntó al
fondo del asunto. “Sabemos que la plantación de pinos, especies exóticas de
estos lugares, está fomentada por el Estado y los organismos financieros
internacionales. Otorgan subsidios y beneficios fiscales por hectárea plantada,
armando engranajes de especulación y extracción de beneficios económicos de la
naturaleza. No permitiremos que nuestro territorio sea parte de ese control y
saqueo.”
Convenios internacionales de rango constitucional (el 169 de la OIT), la
Constitución Nacional y legislaciones provinciales son muy claras. Toda
actividad que se desarrolle en territorio indígena debe contar con el visto
bueno de las comunidades afectadas.
La empresa Emforsa no respondió las preguntas de este diario. Derivó las
consultas a la Dirección de Bosques, que tampoco respondió los llamados.
En Neuquén, la compañía Corfone planifica sembrar 3500 hectáreas durante 2009 y
tiene como meta –para el corto plazo– llegar a las 10 mil hectáreas anuales.
Desde la empresa no respondieron los llamados de este diario, pero en
declaraciones a medios provinciales el presidente de Corfone y subsecretario de
Desarrollo Económico de la provincia, Javier Van Houtte, explicó que apuestan a
forestar 300 mil hectáreas en toda la provincia.
La Sociedad Rural de Neuquén es una aliada en esa cruzada.
“La provincia cuenta
con 1,2 millón de hectáreas para la actividad. Y cabe destacar que el 40 por
ciento son tierras fiscales”, festeja en una publicidad corporativa.
Lo que Sociedad Rural y gobierno neuquino consideran tierras fiscales son, en
gran parte, parcelas de pequeños campesinos y comunidades indígenas. En toda la
zona se practica la ganadería trashumante, que consiste en el desplazamiento de
animales según la estación del año. Durante los meses fríos (invernada) el
ganado permanece en las tierras bajas. En los períodos cálidos (veranada) los
animales son trasladados a las zonas de cerros, donde los pastos son abundantes
y sirven de buena alimentación. El arreo de animales demanda días, hasta
semanas, a cientos de kilómetros de distancia. Los conflictos suelen producirse
en las zonas de veranada y en los caminos de arreo.
“Es parte de una política para el despojo del territorio indígena”,resume Relmú Ñamku, de la Confederación Mapuche de Neuquén. La Mesa Campesina del Norte Neuquino amplía: “Extender la superficie implantada fue uno de los ejes de la campaña del actual gobernador, que proponía quintuplicar la superficie forestada. En términos de espacio es una avanzada directa con los campos de veranada de campesinos y mapuches”, explica Diego Solana, integrante de la Mesa. El dirigente advierte que Corfone ingresa a tierras de familias rurales “por las buenas”, entrega materiales para el cierre de campos (postes, alambres) a cambio de que le cedan temporalmente una porción de tierras para forestación. “Una vez adentro, no la abandona más, y comienza a avanzar. Estos ‘acuerdos’ se repiten en todo el norte provincial, y luego sobrevienen los conflictos donde la empresa quiere echar las familias.” Argentina, capital forestal.
Las grandes empresas del sector alaban las facilidades que el Gobierno otorga a
la industria forestal. Por esa sintonía entre el sector privado y estatal no
sorprendió que Buenos Aires sea, en octubre próximo, la sede del
XIII Congreso
Forestal Mundial, el evento internacional más importante del sector, organizado
cada seis años y clave para negocios a gran escala.
A pesar de las críticas que recaen sobre la industria forestal –consecuencias
sociales y ambientales–, el Congreso Forestal Mundial cuenta con el apoyo del
Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) y de Parques Nacionales. Las
máximas autoridades del evento internacional son Carlos Cheppi, secretario de
Agricultura, y Homero Bibiloni, el secretario de Ambiente de Nación".
Fuente:
www.argenpress.info
/ 3-8-09
4. El embaucamiento de las poblaciones
El Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM) propone:
"Desenmascaremos algunos engaños sobre los monocultivos de árboles
Los monocultivos de árboles a gran escala tienen graves impactos sociales y ambientales. Esto lo saben muy bien las empresas plantadoras. Por eso hacen grandes esfuerzos publicitarios para convencer a la gente de lo contrario. Es muy importante entonces conocer la falsedad de los argumentos manejados por las empresas y oponernos a la instalación de tales plantaciones.
DICEN QUE “las plantaciones son bosques”. Éste es el punto de partida de la propaganda en favor de las plantaciones. Nos quieren convencer de que si los bosques son social y ambientalmente necesarios, entonces las plantaciones también lo serán. Pero una plantación no es un bosque y lo único que tienen en común es que en ambos predominan los árboles.
Un bosque contiene numerosas especies de árboles y arbustos de todas las edades, muchas otras especies vegetales —en el suelo y sobre los propios árboles y arbustos (trepadoras, epífitas, parásitas, etcétera) y una enorme variedad de especies de fauna, que encuentran allí abrigo, alimentos y posibilidades de reproducción.
En cambio, una plantación se compone de una o pocas especies de árboles de rápido crecimiento (generalmente exóticos), plantados en bloques homogéneos de la misma edad, donde se impide el desarrollo de la vegetación local y la fauna no encuentra alimento alguno.
Los bosques están habitados por comunidades humanas que allí aseguran su supervivencia. Las plantaciones no albergan a comunidad alguna. Al contrario: las expulsan, privándolas de sus medios de vida.
En las regiones afectadas por las plantaciones, las comunidades locales tienen todo eso muy claro y a partir de su propia experiencia describen las plantaciones como “desiertos verdes”, “bosques muertos que matan todo”, “bosques del silencio”, “milicos plantados”, “árboles egoístas”, definiciones mucho más ajustadas a la realidad.
Toda lucha contra el avance de estos monocultivos parte del hecho de que “las plantaciones no son bosques”.
DICEN QUE “Las plantaciones generan empleo”. Este argumento se utiliza mucho para conquistar a las poblaciones locales. Pero es una afirmación es totalmente falsa.
Las grandes plantaciones generan muy pocos empleos, en general de muy baja calidad, casi todos de carácter temporal, con bajos salarios y en condiciones de trabajo donde prima la mala alimentación, el alojamiento inadecuado y el incumplimiento de la legislación laboral vigente. Son frecuentes los accidentes y las enfermedades laborales.
Además, en muchos países las plantaciones tienden a privar de sus anteriores fuentes de trabajo a los previos ocupantes de la tierra. Es común que estas plantaciones se instalen en tierras destinadas a la agricultura de subsistencia, por lo que incluso llegan a implicar que las fuentes de ocupación disminuyan en vez de aumentar, ya que los empleos generados son menos que los que se pierden. Cuando su instalación implica la previa destrucción del bosque, los pobladores locales se ven privados de las ocupaciones y fuentes de ingreso que dependen de los recursos provistos por el bosque. En casi todos los casos, con las plantaciones se expulsa a la población local, en particular hacia los cinturones de miseria de las ciudades.
En todos los países, de todas las actividades capaces de generar empleo a nivel rural la actividad plantadora es generalmente la peor opción —en cantidad y en calidad de empleos. Pese a ello, las empresas plantadoras y los gobiernos continúan difundiendo la falsedad de que las plantaciones generan empleo. A modo de ejemplo, en el Plan Nacional de Forestación de Perú (cuyo objetivo es promover las plantaciones) se afirma que las plantaciones generan un empleo directo cada 4 hectáreas. Para demostrar lo absurdo de tal cifra, basta decir que la Sociedad de Productores Forestales del Uruguay (que también sostiene que la forestación genera empleo) afirma que la forestación genera un empleo directo cada 70 hectáreas.
DICEN QUE “las plantaciones son mucho más productivas que los bosques”. El argumento puede parecer convincente a partir del rápido crecimiento de los árboles en una plantación de pinos o eucaliptos. Pero depende de qué se entiende por “productivo” y a quién beneficia esa producción.
Una plantación comercial produce un gran volumen de madera para industria por hectárea y por año. Pero eso es todo: el beneficiario directo de lo producido es la empresa propietaria de la plantación.
Un bosque en cambio no sólo produce madera para el mercado, sino que su producción abarca otros tipos de árboles, vegetales, animales, frutas, hongos, miel, forraje, abono, leña, maderas para usos locales, fibras vegetales y medicinas generando además servicios de conservación de suelos, biodiversidad, recursos hídricos, microclima.
Cuando se sostiene que las plantaciones son mucho más productivas que los bosques, únicamente se compara el volumen de madera para industria que se puede extraer de ambos y en esa comparación la plantación parece superior. Pero si se compara la totalidad de bienes y servicios provistos por la plantación y el bosque, resulta evidente que este último es mucho más productivo que la plantación. Es más, en muchos aspectos la producción de la plantación es nula (por ejemplo en alimentos, medicinas o forraje) e incluso puede ser negativa, cuando afecta otros recursos como el agua, la biodiversidad o el suelo.
Lo anterior resulta muy claro para aquellas poblaciones locales que sufren los efectos de la implantación de extensos monocultivos forestales, pues sufren la pérdida de la mayor parte de los recursos que hasta entonces habían asegurado su supervivencia. Para ellos, la productividad de estas plantaciones es negativa.
DICEN QUE “las plantaciones forestales mejoran el medio ambiente”. Al ser disfrazadas como “bosques”, se dice que cumplen las mismas funciones que éstos: que protegen y mejoran los suelos, regulan el ciclo del agua y conservan las plantas y animales locales. Nada de eso es cierto.
En materia de suelos, las plantaciones provocan erosión, pérdida de nutrientes, cambios en la estructura física y composición química del suelo y compactación. Es decir: los suelos resultan empobrecidos, en muchos casos de modo irreversible.
El agua, vital elemento, es afectada en cantidad y en calidad. A nivel de cuenca, el volumen de agua disponible disminuye drásticamente luego de la instalación de plantaciones. Ello se debe a varios factores, pero el principal es el elevado consumo de agua de estas especies. Para crecer, los árboles llevan los nutrientes del suelo hasta las hojas, donde se produce la fotosíntesis. El vehículo para llevar los nutrientes hasta la hoja es el agua. Para crecer más, necesitan más nutrientes, lo que implica mayor uso de agua para transportarlos hasta las hojas. Dado que se trata de grandes plantaciones creciendo a un ritmo muy rápido, los impactos sobre el agua se vuelven cada vez más graves, y llegan a desaparecer humedales, manantiales, pozos y hasta cursos de agua. La calidad del agua también se ve afectada por la erosión y por el uso generalizado de agroquímicos que la contaminan.
Los impactos de las plantaciones sobre la flora (plantas, arbustos, árboles) y fauna (animales, aves, insectos) son muy graves. Los ecosistemas locales (bosques, praderas, páramos) son destruidos y sustituidos por plantaciones de una sola especie, normalmente exótica (pinos, eucaliptos, melinas, teca). Las pocas especies de vegetales que logran sobrevivir son eliminadas con herbicidas. Para la mayor parte de las especies de la fauna local, las plantaciones son desiertos alimenticios, por lo que también desaparecen. Las pocas especies que logran adaptarse son exterminadas (en caso de que afecten la plantación) o se convierten en plagas que afectan a las producciones agropecuarias aledañas.
DICEN QUE “las plantaciones sirven para aliviar la presión sobre los bosques”. Alegan que al haber más madera disponible a partir de las plantaciones, se traducirá en una menor extracción de madera de los bosques nativos. Eso puede parecer lógico pero se ha constatado que las plantaciones son en general un factor más de deforestación porque:
• En muchos países, las plantaciones se instalan eliminando antes el bosque existente.
• En muchos casos, sustituir el bosque con la plantación determina la migración (voluntaria o forzada) de los pobladores de la región, que se ven obligados a ingresar a otras áreas boscosas donde inician un proceso de deforestación para poder atender a sus necesidades básicas. En esos casos es doble la deforestación generada por la plantación.
• La madera producida en plantaciones de ningún modo sustituye las valiosas especies del bosque tropical: ambas tienen mercados distintos. En tanto que la mayor parte de la madera de plantaciones se destina a la producción de papel y productos de madera de baja calidad, la madera extraída de los bosques (en particular tropicales) es transformada en productos de alta calidad.
• Se pasa por alto que la extracción maderera no es la única causa de deforestación. Numerosas áreas de bosques son eliminadas para destinar el suelo a cultivos de exportación (como la soja) o a ganadería extensiva; otras desaparecen bajo gigantescas represas hidroeléctricas; los manglares son eliminados para destinar el área a la producción industrial del camarón, la explotación petrolera y minera destruyen amplias áreas boscosas. Ninguno de estos procesos destructivos guarda relación alguna con la mayor o menor área destinada a monocultivos forestales, por lo que resulta claramente falso que puedan “aliviar la presión” sobre los bosques.
El área boscosa del continente sigue disminuyendo pese al avance de las plantaciones forestales en muchos países de la región, lo que demuestra que el pretendido alivio de la presión sobre los bosques no es más que publicidad interesada.
DICEN QUE “las plantaciones son necesarias para que todos podamos usar papel”. El uso de papel vinculado a la alfabetización, la enseñanza y el acceso a información escrita es utilizado por las empresas para justificar sus extensas plantaciones de pinos y eucaliptos destinadas a la producción de celulosa y papel. Sin embargo, gran parte de la madera y celulosa producidas en América Latina no están destinadas a producir papel para abastecer a la población de la región, sino a la producción y consumo de papel y cartón en Europa, Norteamérica y Asia.
De América Latina se exportan troncos, astillas (“chips”) y celulosa para su industrialización en esos destinos. Allí, cerca de 50% del papel y cartón producidos se destinan a embalaje y envoltura, y sólo un tercio se destina a papeles de escritura e impresión. De ese 30% gran parte se destina a producir impresos publicitarios y sólo un pequeño porcentaje termina en materiales de educación o difusión.
A eso se suma el uso excesivo de papel y cartón en los países con altos niveles de consumo. Mientras Estados Unidos, Finlandia y Japón tienen un consumo anual de papel per cápita de más de 300, 330 y 250 kilos respectivamente, países exportadores de celulosa como Chile, Brasil y Uruguay muestran un consumo per cápita de 64, 39 y 36 kilos respectivamente.
En suma, no sólo las plantaciones no proporcionan más papel a América Latina, sino que en gran medida sirven para alimentar un consumo de papel excesivo y socialmente innecesario.
DICEN QUE “las plantaciones permiten aprovechar y mejorar tierras degradadas”. Este argumento es absolutamente falso, ya que las plantaciones comerciales a gran escala nunca se instalan en tierras degradadas. La razón es muy sencilla: en tales tipos de suelos los árboles no crecen bien, y plantar allí no resulta rentable. Si realmente se quisiera restaurar ecosistemas degradados lo peor que se podría hacer sería plantar árboles como éstos que, impactan negativamente suelos, agua, flora y fauna.
La realidad es que los gobiernos —en alianza con las empresas— definen determinadas áreas como “degradadas” (y a veces simplemente como “ociosas” o “subutilizadas”) para justificar su apropiación y destinarlas a plantaciones. No es casualidad que precisamente en tales áreas los árboles crezcan muy bien y que su ubicación geográfica permita hacer rentable la inversión (fácil acceso, cercanía a puertos o centros industriales).
Para los pobladores locales es claro que esas tierras no están degradadas y tampoco son “ociosas” o “subutilizadas”. Dependen total o parcialmente de ellas para asegurar su supervivencia. Allí establecen sus cultivos, crían animales y se abastecen de frutos, fibras, plantas medicinales, caza, pesca y muchos otros productos que satisfacen gran parte de sus necesidades.
DICEN QUE “las plantaciones de árboles brindan oportunidades a las mujeres”. La experiencia muestra que, lejos de brindar oportunidades, las plantaciones impactan de manera diferenciada a las mujeres y en muchos casos sus impactos incluso son más graves que los sufridos por los hombres.
Por lo general las mujeres están a cargo de las tareas vinculadas a la provisión de alimentos, agua, leña y del cuidado de la salud de las familias. Con la llegada de las plantaciones el ecosistema que les proveía de todos estos elementos es destruido para dar paso a los monocultivos. Las mujeres se enfrentan a grandes dificultades para continuar con estas tareas. En ciertos casos ya no disponen de tierras para producir alimentos. Ahora el agua escasea por el gran consumo de las plantaciones y está contaminada por el uso intensivo de agrotóxicos. La destrucción del bosque implica que ya no consiguen leña ni plantas medicinales para atender su salud y la de sus familias. Todo esto aumenta la carga de trabajo de las mujeres, ya que tienen que destinar más tiempo y esfuerzo para conseguir alimentos, agua, leña, plantas medicinales. A todo ello se suma el aumento de la violencia hacia la mujer —otro factor fuertemente asociado a la llegada de las plantaciones de árboles a las comunidades. Las razones de este aumento son diversas, como por ejemplo el aumento del alcoholismo o la llegada de personas ajenas a la comunidad para trabajar en las plantaciones, en su casi totalidad hombres.
La mayor cantidad de los empleos generados por las empresas están destinados a los hombres. En los pocos casos en que las mujeres consiguen empleos, éstas son contratadas para realizar tareas vinculadas a la aplicación de agrotóxicos o en viveros forestales, donde tienen que cumplir largas jornadas de trabajo, expuestas continuamente a sustancias altamente peligrosas y con magros salarios.
En resumen, que las plantaciones empeoran la situación de las mujeres.
Mentiras sobre la palma aceitera. Los monocultivos de palma aceitera (también llamada palma africana) tienen impactos muy similares a los de eucaliptos y pinos, por lo que casi todo lo dicho es también aplicable a las grandes plantaciones de palma.
Los empresarios palmeros (y los gobiernos que los apoyan) también cuentan con un discurso publicitario plagado de falsedades sobre “las bondades” que tales plantaciones conllevan.
Las siguientes son algunas de las perlas de ese collar, incluidas en los planes del gobierno mexicano para impulsar esta actividad, pero que se repiten en todos los países donde se la quiere implementar*:
• Que la palma se impulsa en zonas devastadas por actividades improductivas como la ganadería y que han dañado al medio ambiente.
• Que es importante la reconversión productiva, hacer más competitivo al campo y sus productores.
• Que impulsa la reforestación.
• Que genera empleos.
• Que genera un cordón para proteger la biodiversidad de las selvas.
• Que son “bosques protectores de los ecosistemas”
• Que previenen la erosión.
• Que recupera los suelos y las cuencas hidrológicas para retener la humedad
• Que no daña el medio ambiente.
• Que produce más oxígeno.
• Que puede insertarse en el mercado para vender servicios ambientales
• Que genera combustible ecológico.
Pero en todas las regiones en las que ya existen monocultivos de palma se ha constatado:
• Que destruyen bosques y otros ecosistemas locales.
• Que afectan gravemente a la biodiversidad, por la destrucción de ecosistemas y por el uso indiscriminado de agrotóxicos.
• Que destruyen y contaminan los recursos hídricos.
• Que los plantadores se apropian de amplias áreas de tierras, expulsando —a menudo por la fuerza— a las poblaciones locales
• Que los empleos que generan son pocos, mal pagados, con malas y a menudo peligrosas condiciones de trabajo
• Que los agrotóxicos utilizados afectan la salud de los trabajadores y los pobladores locales.
Visto lo anterior, de todos los argumentos esgrimidos por el sector palmero el único que puede generar confusión es el referido a la producción de un tipo de combustible “ecológico”, por lo que vale la pena analizarlo.
En efecto, los combustibles fósiles son una de las principales causas del cambio climático, por lo que sustituirlos por otras fuentes de energía parecería ser parte de la solución. Entre estas nuevas fuentes, una de las más promocionadas es la palma aceitera, con cuyo aceite ya se está produciendo biodiesel. Esto significa nuevos alicientes a la expansión de plantaciones, ahora bajo un manto “ecológico”.
Sin embargo, ésta es una de las peores opciones posibles. Con los niveles actuales de consumo de combustible por parte de los países industrializados, promover los llamados “biocombustibles” (que van de la palma aceitera a la caña de azúcar y los eucaliptos) significará sustituir la producción de alimentos por cultivos destinados a producir energía. En el caso de la palma aceitera, serían millones de hectáreas en los países tropicales, porque es sólo allí donde puede crecer. En esas regiones ya hay escasez de alimentos, por lo que la “solución” para los países del Norte significaría más hambre en los países del Sur.
Plantar palma aceitera ni siquiera tiene sentido desde el punto de vista climático. Las zonas donde se desarrolla son ecosistemas de bosques que, desde el punto de vista estrictamente climático constituyen enormes reservorios de carbono. La ocupación de esas áreas por las empresas palmicultoras implica destruir el bosque, con la consiguiente emisión de enormes cantidades de gases de efecto invernadero que agravan el cambio climático.
El discurso “ecológico” intenta esconder el verdadero problema: el encarecimiento de los combustibles fósiles y la búsqueda de alternativas más baratas. La palma aceitera es uno de los candidatos favoritos, dado que su producción por hectárea es muy alta y sus costos de producción muy bajos, por lo que se espera que pueda competir con el petróleo. Pero esos “bajos” costos son en realidad altísimos a nivel local, dado que se basan en expulsar a la población rural, explotar trabajo, reprimir a las comunidades locales, promover corrupción en las adjudicaciones de tierras y destrucción ambiental.
El discurso del combustible “ecológico” es una mentira más del largo collar de falsedades del empresariado palmicultor.
DICEN MUCHAS otras cosas a menudo apoyadas por supuestos “expertos” privados o gubernamentales, pero lo cierto es que país tras país se comprueba lo falso de todos los argumentos esgrimidos para promover las plantaciones, sean de árboles o de palma. Por más argumentos que inventen, los monocultivos de árboles a gran escala ya demostraron ser social y ambientalmente nefastos en todas las regiones del mundo donde se han instalado. Basta escuchar a los verdaderos expertos —las poblaciones locales afectadas por las plantaciones— para entenderlo". Fuente: http://www.grain.org/biodiversidad/?id=451 /2-9-09
En síntesis, el capitalismo toma posesión del planeta y sobre todo, de los continentes habitados por pueblos que menosprecia clasificándolos como subdesarrollados para sobreexplotar tanto a los trabajadores como a la naturaleza.
Por el contrario, la «reforma agraria integral» pone fin a los latifundios y al régimen de propiedad monopólica que les da derecho a desertificar los territorios o a expulsar las poblaciones, someterlas a sus abusos y atropellos. Pero desalambra para establecer el binomio de la sociedad con la naturaleza según el buen vivir y no para distribuir tierras a usarlas sin un acuerdo decidido entre todos los de abajo a lo largo y ancho del país.
De la diversidad popular contra el capitalismo
El capitalismo ha hecho madurar el descubrimiento creciente sobre que sus democracias, su organización económica y mundial, su progreso científico-técnico: están contra los pueblos y los derechos de los distintos componentes de estos últimos.
Países hermanos ejemplifican:
1. Un enfoque de la imprescindible unidad popular
Patricio Guzman
(Correo Semanal), en
"Unidad Popular: La necesaria
lucha por terminar con el capitalismo", sostiene:
"36 años después del golpe de estado de 1973,
estamos frente a una situación social muy similar a la que teníamos pocos años
antes de la llegada de la Unidad Popular al gobierno y a la vez, totalmente
distinta a la que hemos tenido en las últimas dos décadas, de supuesta
democracia. Hoy está en pleno desarrollo una crisis económica que esta afectando
a amplios sectores de la clase trabajadora, de pobladores y jóvenes.
Por primera vez en muchos años,
el hambre nuevamente está en el horizonte de
miles de familias obreras que dependen de un salario miserable. La cesantía, las
rebajas de salarios, el alza de los alimentos, una educación y salud convertidos
en mercancía, esta creando un profundo malestar en amplios sectores de la
población, que lamentablemente todavía no ven alternativa para ponerle fin a
esta situación de injusticias.
36 años después de que sectores importantes de las direcciones sindicales y
militantes de la izquierda fueron asesinados, seguimos siendo incapaces de dar
vuelta la hoja y empezar a reconstruir las organizaciones que necesitamos los
trabajadores para ponerle fin a este sistema. La falta de un partido de los
trabajadores salta a la vista, hoy no existe ningún partido que represente los
intereses de los asalariados.
La mejor forma de recordar a los que cayeron asesinados el 11 de septiembre de
1973, es levantando sus banderas y retomando su lucha por construir un país mas
justo, equitativo y solidario.
A 36 años del golpe de 1973. Los trabajadores y jóvenes debemos pasar a la
ofensiva.
Este 11 de septiembre de 2009, nos encuentra en
una situación política totalmente distinta a la que habíamos tenido en los
últimos años. Después de casi cuatro décadas los trabajadores chilenos se han
empezado a movilizar para defender sus derechos, este es precisamente el mejor
homenaje que se les puede rendir a todos los trabajadores que fueron asesinados
bajo la dictadura, precisamente por defender esos mismos derechos.
Es necesario dejar de lamentarnos, es hora de pasar a la ofensiva.
Los trabajadores y sus dirigentes sindicales, fueron asesinados por defender sus intereses, por el deseo de tener una vida digna, lo mismo ocurrió con cientos de dirigentes mapuche que fueron asesinados por la misma razón por la que se están movilizando hoy, lo mismo ocurre con los dirigentes estudiantiles asesinados y los pobladores ¿entonces por qué sólo se recuerda el hecho mismo del asesinato? Y no el por que fueron asesinados ¿por qué hay sectores interesados en sacarle el contenido de fondo, la razón del ensañamiento de la dictadura con ellos?
Si de verdad queremos recordar a los compañeros caídos bajo el régimen militar, tenemos que levantar las banderas de lucha de esos compañeros, ya no basta con llorar y lamentarnos, debemos pasar a la ofensiva y terminar con la tarea que ellos dejaron inconclusa.
¿Por qué la violencia de los jóvenes en las movilizaciones?
Los cínicos de siempre rasgan vestiduras cada vez
que hay una movilización "esto es un atentado a la democracia"
"son unos
delincuentes" y estupideces por el estilo. Alguien se ha detenido a preguntarse
¿por qué los jóvenes reaccionan o actúan de forma violenta? ¿Que es lo que esta
mal con esta sociedad? También están los que dicen que estos jóvenes ni siquiera
habían nacido para el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 y por lo
tanto no sufrieron los efectos de la dictadura, algo que es totalmente falso.
Los jóvenes que hoy tienen menos de 30 años son los que más han sufrido por los
efectos de la dictadura. Las cifras más altas de desempleo se da entre estos
jóvenes, los que tienen trabajo son los peor pagados y los que más sufren por
los malos tratos por parte de los empresarios. La educación para ellos deja de
ser un derecho, como si lo fue para la generación anterior a la dictadura, ahora
esta es una mercancía más que se transa en el mercado y si no tienes para
pagarla, te jodiste. La herencia de la dictadura para ellos es súper concreta,
no tienen derecho a estudiar, no tienen trabajo y por supuesto no tienen ninguna
confianza en el futuro, dado que no le ofrece nada. Son ellos los que día a día
sufren la violencia del sistema impuesto por la dictadura y los empresarios y
defendido con uñas y dientes por la Concertación.
Por otro lado, los jóvenes tienen muy claro que la supuesta democracia que
existe en Chile, no le entrega canales reales de participación, por eso no se
han inscrito para votar, lo menos que se puede decir de la democracia chilena es
que es una democracia fraudulenta, que sólo esta ahí para asegurar la
continuidad de los privilegios de "la clase política". Los mismos diputados que
ganan 12 millones de pesos mensuales, consideran que el sueldo mínimo de 165.000
pesos mensuales es demasiado para un trabajador joven, así que han dictado leyes
para hacerlo aun más paupérrimo para ellos.
Esta es la violencia que sufren
todos los días estos jóvenes que salen a las calles a demostrar su rabia,
frustración y descontento.
Ellos no se sienten representados para nada por los partidos que hoy están en el
gobierno, todavía menos por la oposición de derecha que sólo reciben el
desprecio más absoluto en las nuevas generaciones.
Por otro lado ven a los dirigentes del Partido Comunista, un partido que
supuestamente debería representar algo distinto, ansiosos por ser parte de toda
la farsa dejada por la dictadura, mendigando patéticamente a la Concertación y
la derecha uno o dos "puestecitos en el Parlamento".
Ante la falta de canales de expresión para la juventud, la solución que ellos
ven en este cuadro político es declararse antisistemico y salir a enfrentarse
con la policía, romper sucursales bancarias y locales emblemáticos de las
transnacionales ¿Están equivocados en su accionar? Si lo están ¿Pero podemos
culparlos y criminalizarlos? Claramente NO, el problema no son ellos, es el
sistema que les deja como único camino para ser escuchados reaccionar de esta
manera.
Debemos recuperar todos nuestros derechos.
Todos los hechos violentos ocurridos durante las movilizaciones de este año y los anteriores, nos están demostrando que debemos cambiar la forma y el contenido de recordar a los caídos el 11 de septiembre de 1973.
Los derechos humanos no podemos reducirlos a los
asesinatos, esta claro que debemos exigir "verdad y justicia", pero también
debemos reclamar nuestros derechos económicos, sociales y políticos. Debemos
exigir nuestro derecho a un salario digno, a educación de calidad, salud digna,
viviendas adecuadas. Todos estos derechos estaban medianamente garantizados
antes de la llegada de la dictadura, de hecho la principal tarea de la dictadura
fue abolirlos y convertirlos en una mercancía más del mercado.
Pero hoy por suerte están soplando nuevos vientos, los trabajadores están
retomando la senda de nuestros compañeros asesinados por la dictadura, están
empezando a exigir nuestro derecho al trabajo, a un salario digno, a una
jubilación justa y seguridad social en todos los aspectos de nuestra vida.
También debemos luchar por el derecho a formar sindicatos, negociación colectiva
y por rama de producción y el derecho a huelga sin ningún tipo de restricción,
el actual código laboral debe ser eliminado y debemos recuperar los derechos que
teníamos hasta la llegada del régimen militar.
Tenemos que terminar con la Constitución de 1980.
La Constitución de la dictadura sigue plenamente
vigente, la única diferencia es que ahora aparece firmada por el "compañero"
Ricardo Lagos, esta constitución sólo consagra los derechos de los ricos, de los
empresarios de este país y no de la mayoría de la población que son los
trabajadores y sus familias.
Si sólo se apunta al sistema electoral binominal, nada va a cambiar, por que el
problema de fondo es la actual constitución, si se integran dos o tres diputados
de "izquierda" sólo se estará legitimando esta democracia fraudulenta y el
sistema económico ilegitimo y criminal, que ella consagra y los trabajadores
seguiremos sufriendo las consecuencias.
Es necesario terminar con la ideología neoliberal
y con el sistema capitalista que sólo engendra miseria y violencia. Es necesario
construir una sociedad más justa, más humana, que termine con el lucro de unos
pocos y piense en el conjunto de la población, en otras palabras, una sociedad
socialista democrática.
Para lograr lo anterior tenemos que empezar por construir un instrumento
político de la clase trabajadora. Hoy es más evidente que nunca, que necesitamos
construir un partido revolucionario de los trabajadores, que este dispuesto a
encabezar las luchas para lograr los objetivos del movimiento de los pueblos y
los trabajadores.
Cada vez que demos un paso en pos de estos objetivos, estaremos rindiendo un
justo homenaje a todos los luchadores de la clase trabajadora caídos el 11 de
septiembre de 1973 y su lucha no habrá sido en vano".
Fuente: www.rebelion.org /Chile/ 20-9-09
2. Una puesta en práctica de la unidad popular
"La Directora de Investigación Científica de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Leticia Salomón, sostiene que nadie previó la amplia oposición al derrocamiento del presidente Manuel Zelaya, producido el 28 de junio de 2009. Ahora, después de más de dos meses, el país está en gran medida aislado de la comunidad internacional y diversos sectores de la sociedad hondureña siguen protestando a diario en las calles. Como resultado de ello, Salomón estima que los costos para los conspiradores golpistas se han convertido en una carga demasiado pesada. (...)
Errores de cálculo
En otras palabras, todo el mundo quedó sorprendido por la oposición que surgió el mismo día de la expulsión. Y nadie calculó los costos adicionales que la presión interna y externa para revertir el golpe de Estado tendría sobre los intereses económicos, políticos y militares, con el derrocamiento de Zelaya, indica Salomón; al punto que ella considera que los costos para los partidarios del golpe han aumentado más allá de lo tolerable; y no sólo financieramente.
En cuanto a los militares, cuya legitimidad en los últimos años -dice- rivalizaba con la de la Iglesia, Salomón vislumbra que todo su futuro podría estar en peligro, sobre todo como consecuencia de su responsabilidad en graves violaciones de derechos humanos desde el golpe de Estado.
Por un lado, la eventualidad de que EEUU reconozca que hubo un golpe amenaza las aspiraciones de los nuevos oficiales o los oficiales más jóvenes en la institución, cuyo sueño ”es salir a los EEUU, participar en las actividades de la OEA o la ONU”. Ella considera que es principalmente la cúpula militar “que está empecinada” con el golpe, y “más por dignidad propia que por otra cosa”.
Pero considerando las graves violaciones de los derechos humanos que los militares y la policía han contribuido a perpetrar contra la oposición al golpe, que califica de absolutamente “inadmisible”, ella anticipa que se buscará reducir seriamente su papel, pues: “si esto lo hacen públicamente cuando había gente filmando, a la vista de todo el mundo, entonces obliga a trasladar la mirada hacia el interior de la policía y los militares”. Le lleva a considerar si será necesario “pensar en su reducción al mínimo aceptable o a su eliminación”, como en Costa Rica.
En el plano político, comenta, “Ya la legitimidad de los partidos políticos estaba por el suelo. Pero con esto, el rechazo a los dos partidos tradicionales ha crecido en una forma increíble en el país. Pueden hacer campaña, pero la campaña va dirigida más bien al ámbito urbano; en el ámbito rural no aceptan ninguna campaña. Te montan campañas, son expertos en montar campañas trayendo gente de otro lado, pero están los militares cuidándolos y protegiéndolos”.
La oposición al golpe de Estado rechaza la realización de elecciones sin el regreso del Presidente Zelaya, argumentando que éstas “legitimarían efectivamente la violencia militar”. A ello se añade ahora el anuncio de EE.UU. de que no reconocerá los resultados de las elecciones en las condiciones actuales, por lo cual la presión sobre estos políticos sigue en aumento.
Es más, según Salomón, la presión social no se acabará con las elecciones.
Ella atribuye la fuerza de la oposición actual al golpe de Estado a su capacidad de encontrar un terreno común entre los diversos sectores a través de esta misma oposición, más que en la adhesión a un partido o ideología en particular, y cree que se prolongará más allá del período actual. Con un sentido de esperanza, declara, “No importa quién gane las elecciones de noviembre. El próximo gobierno tendrá que lidiar con una fuerza social de envergadura que está en este momento, si quiere mantener una mínima gobernabilidad en el país”.
- Jennifer Moore, periodista canadiense independiente, reportó desde Honduras para ALAI y FEDAEPS.
Fuente: http://www.dariovive.org/ LatinoAméricAhora/18-9-09