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Problemas
Noviembre 2007 |
Mapa de la unidad en diversidad de los de abajo |
PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS
Aclaro, pienso «nación» como la unidad en diversidad de los de abajo de Argentina -y de quienes desean o necesitan trabajar en el país- sin discriminación de tipo alguno. Contrasta esta concepción con la del neo-desarrollismo del gobierno K que continúa y profundiza la llamada descentralización del sector público (programada por el Banco Mundial) que tiende a la fragmentación del país en economías de enclave.
Andrés Soliz Rada nos brinda:
1. Una lógica de «unidad nacional en diversidad»
En “Si quisiéramos sobrevivir”,
manifiesta:
“Si
autonomistas e indigenistas coincidieran en las competencias a las que no puede
renunciar el estado nacional para seguir existiendo como tal, los riesgos de
disgregación que sufre Bolivia se disiparían en gran medida. Esas competencias
irrenunciables son la política exterior, las FFAA y la policía nacional, la
moneda, la planificación económica sobre los recursos naturales, la función
económica social de la tierra (sobre la que hubo consenso), la corte suprema, el
tribunal constitucional y el diseño de políticas educativas globales.
El requisito básico para que este esquema funcione reside en la vigencia de una
estrategia nacional de desarrollo, en la que vean reflejadas sus aspiraciones
las regiones autónomas y los pueblos originarios, razón por la que debe ser
elaborada con su participación directa. Lo anterior dará paso al manejo
coordinado de los recursos naturales, renovables y no renovables, en el que los
departamentos y los pueblos originarios serían partícipes y fiscalizadores de su
cumplimiento.
(…)
La presencia de la corte suprema de justicia y del tribunal constitucional no es
óbice para la vigencia de usos y costumbres comunitarias en municipios o
mancomunidad de municipios indígenas, en los que la aplicación de justicias
comunitarias estará sujeta a recursos de apelación nacional.
Es obvio que en la administración estatal, los ciudadanos y ciudadanas indígenas
deben tener el derecho a usar su lengua materna, en tanto que, por el sistema de
discriminación positiva temporal, en la corte suprema, tribunal constitucional,
FFAA y policía nacional los pueblos originarios tendrán una cuota de
participación, susceptible de lograr un equilibrio equitativo en un país
pluricultural y multilingüe como el nuestro.
El respeto a regiones y culturas tampoco debería interferir la vigencia de
símbolos nacionales (escudo, bandera e himno nacionales) que muestra
el esfuerzo de una sociedad abigarrada como la nuestra que trata, día a día, de
estructurar su viabilidad nacional, enraizada en lo más rescatable de su
historia, en la que no es posible que una parcialidad, indígena o regional, se
imponga a las demás.
El presidente ecuatoriano Rafael Correa (…) ha preferido, en cambio, buscar la
construcción intercultural del estado nacional, que defienda a la sociedad de
traficantes de drogas y de armas, transnacionales y ONG, que están ávidos de
apropiarse de los despojos de nuestros países. a estos enemigos debemos derrotar
para construir nuestro propio proyecto nacional y latinoamericano”.
Fuente: www.izquierdanacional.org/ América-Bolivia/ 7-5-08
2. Una percepción del porqué constituir Estado nacional
En “La lucha por existir”, advierte:
“Cerrar los ojos ante la
sólida conexión entre Bancos, petroleras, paraísos fiscales, transnacionales,
narcos, gobiernos de países imperialistas y grandes ONG es negarse a ver la luz
a medio día, aunque, como dice Walter Graziani, es muy difícil que una persona
entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda. Para que el Nuevo
Orden Mundial pueda pervivir en un mundo en el que se agotan los combustibles
fósiles, la necesidad de liquidar los Estados nacionales de los países semi
coloniales se torna imperiosa. El fraccionamiento de la ex URSS y los Balcanes
simboliza la acción despiadada de las potencias, las que creen que escrúpulos es
una palabra griega.
Algunos se preguntan ¿cuándo EEUU ganará la guerra de Irak?, sin saber que el
Pentágono no desea ganar esa guerra, sino prolongarla hasta que se agoten las
reservas de petróleo en el Golfo Pérsico. Si la lucha liberadora avanza
demasiado, sus estrategas enfrentarán a chiítas y sunitas, a fin tornarlo más
vulnerables. No es casual, en consecuencia, que en la Venezuela de Chavez se
busque el desmembramiento del Estado de Zulia, en el Ecuador de Correa, la
separación de Guayaquil, y en la Bolivia de Evo Morales, la escisión de Tarija y
Santa Cruz, además de Beni y Pando, zonas con petróleo e importante
biodiversidad.
Lo concreto es que los Estados nacionales son el obstáculo principal que el NOM encuentra para acabar de someter a los pueblos latinoamericanos, árabes y africanos. Dividirlos significa atomizar también a las fuerzas populares de cada semicolonia, sin cuyo concurso activo es imposible defender los recursos naturales frente al NOM, que es la alianza entre los países imperialistas, sus transnacionales y sus organismos financieros. (…)
Ha llegado la hora de saber si la in constituida nación boliviana, construida, a pesar de exclusiones, saqueos y continuas y sangrientas confrontaciones internas y guerras internacionales, seguirá existiendo. Cuenta para su pervivencia con hechos históricos heroicos, como la Rebelión de Tupak Katari, la guerra de la independencia, la Revolución de 1952 y la insurrección popular del 17 de octubre de 2003, que provocó la fuga del neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada, así como con la presencia histórica de gobernantes patriotas como Andrés de Santa Cruz, Belzu, Toro, Busch y Villarrel, lo que abre un espacio a la esperanza. Así mismo, tiene en su haber a pensadores como Tamayo, Montenegro, Céspedes, Almaraz y al primer Zavaleta, así como a Marcelo Quiroga Santa Cruz, que contribuyeron a pergeñar una Bolivia que sea parte de la Confederación de Estados Unidos de América Latina. (…)
La bolivianidad está
amenazada por un indigenismo fundamentalista y foráneo, que pretende congelar la
historia, a fin de rescatar realidades de hace 500 años, sin tener en cuenta que
lo indomestizo y lo intercultural han generado realidades dinámicas. (…)
La otra amenaza procede del separatismo, encubierto de autonomismo, a cuya
vanguardia se hallan los terratenientes de Santa Cruz, respaldados por las
petroleras. Bolivia es un país diferente en el mundo por sus culturas indígenas,
de cuyo rescate pleno -y en esto existen rasgos positivos en la Constitución
Política del oficialismo- dependerá la consolidación del Estado nacional, que,
hasta hoy, el imperialismo y sus agentes internos impidieron construir”.
Fuente:
www.izquierdanacional.org/
América-Bolivia/ 3-5-08
¿En qué consisten los desafíos para salir de la
obediencia debida a los grandes capitales y sus gobiernos, estados?
De los análisis sobre Bolivia y el gobierno de Evo Morales, se desprenden:
1. Razones para enfrentamientos irreconciliables
Pablo Cormenzana, en “Bolivia: de la lucha contra el colonialismo español a la lucha contra el fascismo oligárquico”, se refiere a:
“Las
cifras de los explotados:
“Si América Latina es la región más desigual del planeta en cuanto a la
distribución de la riqueza, entonces Bolivia es el país más inequitativo del
mundo. En Latinoamérica el 10% de los más ricos de la población se queda con el
48% del ingreso y el 10% más pobre obtiene apenas el 1,6%, es decir 30 veces
menos. Y en Bolivia ese índice de desigualdad es más alto todavía”.
Para determinar esta desigualdad en la distribución de ingresos se utiliza el
coeficiente Gini que va de 0: distribución perfecta de ingresos, hasta 1:
distribución perfectamente desigual. El coeficiente Gini para Bolivia es de
0,61. De acuerdo con el censo del año 2001 realizado por el Instituto Nacional
de Estadísticas de Bolivia (INE), de la población de 8.274.325, de los cuales
50% eran indígenas, el 63,12 % eran pobres; la mortalidad infantil era del 61,15
por mil, más del doble del promedio de América Latina (26 por mil) y casi 3
veces la de Venezuela.
Otras estadísticas interesantes realizadas por el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) en el año 2003 indicaban que el IDH (índice de desarrollo humano, en el cual se combinan tres dimensiones: salud, educación y nivel de vida) de Bolivia era el más bajo de Sudamérica (Bolivia: 0,653; Argentina: 0,844; Chile: 0,831; Uruguay: 0,834).
La esperanza de vida en Bolivia, también según el PNUD, era la más baja de Sudamérica con una expectativa de vida de 63,30 años mientras en Argentina era de 73,9 años, en Uruguay de 75 años y en Chile de 75,8 años. Bolivia también tenía el PIB per cápita más bajo con U$ 2.300, mientras el de Argentina era de U$ 11.320, el de Chile U$ 9.190 y el de Uruguay U$ 8.400.
De la población económicamente activa (47% de toda la población), según estadísticas realizadas por el INE en el año 2004, el 37,02 % eran campesinos y el 47,63 % proletarios urbanos y rurales. Los salarios e ingresos mensuales de estos trabajadores oscilaban entre el mínimo que era de U$ 65,63 y un máximo de U$ 155 para un promedio de U$ 110. Sólo habría que agregar que la mitad de la población de Bolivia vivía en el año 1989 con el 17% de los ingresos del país y que el 10% más pobre de la población se tuvo que conformar con menos del 0,17% de estos ingresos.
Las cifras de los explotadores: En contraposición con los números anteriores, el 20% de la población más acaudalada se quedaba en el año 1989 con el 55% de los ingresos de Bolivia y en el año 2002, el 10% de la población se apropiaba del 46% del total de los ingresos del país, y ello sin perspectivas de cambiar la tendencia ya que según un estudio de la Unidad de Análisis de Políticas Económicas del gobierno boliviano (Udape), entre 1999 y 2001 los ingresos del 10% más rico de los bolivianos aumentaron 11%, mientras que el 10% más pobre perdió casi 20% de su ingreso.
Estos prósperos burgueses bolivianos, al igual que la mayoría de sus pares latinoamericanos, aunque ganan mucho dinero no se muestran muy dados a reinvertir esta ganancia para aumentar la productividad de sus negocios, prueba de ello es un informe del año 2003 donde se estimaba que el crecimiento del sector manufacturero para ese año iba a ser de 1,50 % con lo cual mantenía una constante baja desde el año 1996.
Para reforzar el carácter improductivo de la burguesía industrial boliviana bastaría agregar que de la capacidad industrial instalada sólo se utiliza aproximadamente la mitad. En el caso de la burguesía rural las cifras son todavía más dramáticas: en el año 2000 el 97% de las tierras cultivables estaba en manos de un 20% de los propietarios rurales relacionados, de una u otra forma, con la “agroexportación”, dejando el restante 3% para repartir entre el 80% de pequeños propietarios.
De estas tierras, robadas en su gran mayoría a las comunidades indígenas, no eran muchas las que estaban tituladas para el año 2004, apenas 6,5 millones de hectáreas estaban en esa condición. La mayoría de las “concesiones” y las “propiedades” mega-fundistas en Bolivia provienen de trámites fraudulentos y acciones dolosas por las que miles y miles de hectáreas de terrenos en toda la geografía nacional han caído gratuitamente en manos inescrupulosas e improductivas que las usan como patrimonio hereditario, garantías bancarias para créditos nunca honrados y simulación de productividad que les permite mantener su irregular situación indefinidamente a través de organizaciones sectoriales muy bien montadas que no sólo sirven para presionar a la sociedad y al gobierno a fin de seguir obteniendo ventajas, no pagar sus deudas y obtener más créditos, sino que además esta posición les permite figurar y acceder a ejercer las propias funciones acosadas”.
Pablo Cormenzana destaca:
“Evo Morales ganó las elecciones presidenciales de Bolivia en diciembre de 2005. Obtuvo el 54 % de los votos con lo cual no necesitó pasar por el filtro del Congreso para asegurarse el triunfo. Era el primer presidente de origen indígena en los 180 años de vida republicana de Bolivia, en la cual este grupo étnico representa más de la mitad de la población.
Pero aún más importante que este dato lo es el hecho que por primera vez en esos 180 años las masas pobres de Bolivia, que representan alrededor del 80% de la población, tuvieron un candidato propio, salido de su seno, uno de ellos al cual llevaron al gobierno.
También habla a las claras del actual nivel de conciencia del pueblo y de la innegable agudización de la lucha de clases en la sociedad boliviana que esto conlleva.
Evo Morales no es un revolucionario radical ni mucho menos, su programa de gobierno no pretende ir más allá de un cierto control por parte del Estado de los recursos naturales y de una democratización de derechos básicos a los cuales todo ser humano debería aspirar como son la salud, la educación, la alimentación, la vivienda, etc. Es más, ni siquiera plantea -en lo inmediato- la construcción de una sociedad socialista, aunque su partido se llame Movimiento al Socialismo, y, en ese sentido, la propuesta realizada por su vicepresidente García Linera habla de un ¿¿capitalismo andino??, que aún no sabemos en qué se diferencia del capitalismo a secas, ya que como dice el dicho: aunque el capitalismo se vista de seda (o de andino en este caso) capitalismo se queda.
Sin embargo, y a pesar de todos estos atenuantes, la oligarquía se ha puesto en pie de guerra. La movilización de las masas y el discurso de Evo, aunque tibio y conciliador en muchos casos, acompañado de medidas como la redacción de una nueva constitución para la República, la nacionalización del gas y el anuncio de una reforma agraria que les tocaría en forma directa varios millones de hectáreas que actualmente se encuentran en su poder, le ha encendido todas las alarmas y ya el fantasma de 1952 ha comenzado a rondar sobre sus cabezas. Si a esto le agregamos el marco de la situación revolucionaria que se vive en todo el continente, el panorama no podría ser peor para la oligarquía. (…)
Golpe blando + fascismo = autonomía = secesión: Empantanado militarmente en el Medio Oriente, lo que le impide por el momento la intervención directa como en otros tiempos, fracasado en Venezuela en el 2002 el viejo y otrora exitoso modelo del golpe de estado, el imperialismo yanqui ha estado echando mano últimamente al golpe blando o revolución de colores, diseñado por Gene Sharp y su Instituto Albert Einstein y que tantos réditos le rindiera en Europa Oriental.
En Bolivia, el esquema del golpe blando adquiere sus propias características producto de la realidad local. El objetivo de luchar contra un “gobierno tiránico”, que acabó con los gobiernos de Ucrania y Georgia, se cambia a uno similar al de Kosovo: luchar primero por la autonomía para luego avanzar hacia la secesión. No es casualidad que el procónsul yanqui que llevó adelante la secesión de Kosovo, Philip S. Goldberg, sea el actual procónsul del imperio en Bolivia. El modelo se adapta perfectamente a la situación que se está presentando en el departamento de Santa Cruz donde la oligarquía cruceñista tiene varias décadas levantando las banderas de la autonomía.
En ese sentido los gringos son muy pragmáticos: si no puedes quedarte con todo, quédate entonces con la mejor tajada, y no hay dudas que los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija conforman el territorio más rico de Bolivia en cuanto a recursos naturales de todo tipo. El otro elemento para completar la ecuación lo aportan las organizaciones nazi fascistas, principalmente la Unión Juvenil Cruceñista, según sus propios datos contarían con unos 140.000 miembros, y, que al igual que los camisas pardas de Mussolini en la Italia de los años 20, constituyen la fuerza de choque de la oligarquía para enfrentar y, sobre todo, amedrentar a los sectores populares que se atraviesen en su arremetida por retomar el poder.
Para los EEUU sería un
negocio redondo ya que le permitiría golpear en el que supuestamente es el
eslabón más débil de los países donde se desarrollan procesos revolucionarios y,
en caso de tener éxito, se haría con las segundas reservas de gas del continente
además de establecer una cabeza de playa en pleno corazón de América del Sur
(…)”.
Fuente:
www.venezuela.elmilitante.org/ 6-6-08
2. Razones para reconstruir al Estado desde los de abajo
Pablo Regalsky (revista Herramienta), en “Grandes oportunidades, grandes peligros en Bolivia. La cuestión civilizatoria”, explica:
“El texto aprobado por la Asamblea Constituyente en Oruro el 9 de diciembre de 2007 es un triunfo importante para los movimientos indígenas, que excede el plano puramente discursivo y de "papel mojado" al que quedan generalmente reducidas las constituciones en América Latina.
Por un lado, lo que plantea el texto del proyecto de Constitución tiene
importancia. Pone en cuestión el sistema liberal de control estatal sobre los
pueblos oprimidos. Coloca nuevamente en el tablero, no sólo nacional sino
mundial, el tema del reconocimiento de los derechos colectivos, el derecho a la
autodeterminación de los pueblos oprimidos, y pone en discusión el sistema
opresivo y homogeneizante del Estado-nación. Además de esto, establece de la
forma más taxativa posible un conjunto de derechos individuales que parece
colocar a Bolivia -al menos en el plano de la teoría- en el puesto más avanzado
de la civilización humana actual.
Por otro lado, la circunstancia de este triunfo, independientemente del valor
mismo del texto, ha vuelto a colocar a la llamada "derecha" en la defensiva. En
este artículo, además de introducir algunos elementos para apreciar los avances
del texto constitucional y también establecer lo que esto significó en términos
de expresión y a la vez refuerzo a las luchas indígenas campesinas y obreras,
intentaremos dar un breve vistazo a las relaciones de fuerza entre las clases (y
los sistemas sociales) en términos de larga duración.
¿Es un triunfo de los movimientos sociales? Afirmativo, es una derrota política
de una burguesía que se declara en retirada. ¿Es una transformación del Estado?
Negativo, no lo es. ¡Es un programa para la acción! Y es, a la vez, una proclama
civilizacional.
El texto constitucional aprobado en la Asamblea es un texto que desde el punto
de vista leguleyo podría considerarse contradictorio, incluso inaplicable. Bajo
un mismo Estado existirán dos doctrinas jurídicas diferentes que quedarían
territorializadas; una que continúa la tradición constitucional liberal vigente
y cuyo principio fundamental es el respeto irrestricto a la propiedad privada,
la otra -de inspiración indígena- que no desconoce la existencia de esta última
pero no permite el ejercicio irrestricto de los derechos de propiedad privada.
Depende de qué territorio se trate, se aplicaría una u otra doctrina.
Este es un planteamiento de reconocimiento pleno del pluralismo jurídico, lo que
implica esa posibilidad. Las dos realidades jurídicas han existido desde siempre
en Bolivia, existen en la práctica dos jurisdicciones superpuestas, la
estatal-liberal y la indígena-campesina, que se ejercitan a través de dos
sistemas de autoridad paralelas.
El cambio es que hoy el
texto constitucional plantea el reconocimiento abierto de la autoridad indígena
y ya no estarán superpuestas, porque los territorios estarán delimitados en
función del principio de autodeterminación de cada pueblo. Cada pueblo tiene el
derecho a autodefinirse como población indígena, originaria campesina o como
población intercultural. Esto por supuesto es una oportunidad y a la vez,
implica un gran peligro.
¿Qué significa el pluralismo jurídico? Que cada pueblo indígena tiene derecho a
gobernarse en su territorio en el marco de sus propias normas y elegir sus
gobernantes de la forma que ellas lo establezcan. En los hechos significa el
desconocimiento del principio liberal que establece "un individuo-un voto"
y el "derecho" al voto secreto. Desconoce el principio democrático
burgués de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley y que hay una sola
ley para todo ciudadano. Establece la igualdad del derecho colectivo frente al
derecho individual.
En la generalidad de los pueblos indígenas, al igual que en las asambleas
obreras, se toman las decisiones -en ejercicio de la democracia popular- en
asamblea pública, levantando la mano. Muchas veces se realiza de forma nominal:
allí donde están reunidas muchas comunidades, por ejemplo en un congreso
provincial de sindicatos agrarios o en un cabildo o asamblea de ayllus, cada
comunidad delibera aparte y emite su voto a través de su representante en
público. En otros casos las votaciones por mayoría no son determinantes sino que
se subordinan al derecho a la participación equitativa, rigiendo el turno de
rotación: aunque se elije públicamente la autoridad, en realidad rige un acuerdo
de larga duración por el que la autoridad sale necesariamente de un determinado
sector según le toca el turno ejercer la autoridad (lo mismo hace la Unión
Europea con su presidencia). Todas estas normas tienen la finalidad de
establecer el derecho de la mayoría a hacer respetar sus decisiones dentro de un
equilibrio general.
La autoridad indígena originaria campesina ejerce la atribución de aplicar las
normas comunales en su jurisdicción de una manera amplia. Una norma fundamental
de la jurisdicción campesina originaria indígena es la que marca los límites al
ejercicio de la propiedad privada.
El derecho a la posesión de la tierra por parte de una familia que tiene
derechos de herencia sobre ella no implica -desde la normativa consuetudinaria
indígena- el derecho a disponer libremente de ella, no se la puede vender
libremente, no se la puede cultivar o usar de cualquier forma, sino solamente en
función de decisiones comunales específicas y que pueden modificarse de año en
año. Para las empresas capitalistas, lo mismo que para quienes se manejan con
una lógica de acumulación privada, estas normas significan un problema. No es
que se impida la acumulación, como tampoco se excluye al capital, solamente se
lo restringe de una manera que dificulta el proceso de diferenciación social y
la acumulación en pocas manos del poder.
La autoridad indígena, a diferencia de la autoridad del Estado-nación, resume en
sí la capacidad de juzgar así como la capacidad de gobernar. Esto supone que
distintas autoridades, en territorios contiguos, podrían tener criterios
diferentes para juzgar un mismo hecho. La justicia ordinaria, según el texto
aprobado, no puede revisar los fallos de la autoridad indígena. El tribunal
constitucional deberá considerar la jurisdicción indígena en igual jerarquía que
la jurisdicción ordinaria. El tribunal constitucional mismo deberá estar
conformado por igual número de miembros que representan ambas jurisdicciones.
Por supuesto que se plantean preguntas: ¿Es esto viable en un país sometido a la esfera de influencia global del capitalismo, un país donde el capital financiero y el capital petrolero siguen siendo los que tienen las de ganar en el momento de poner las reglas de juego?
(…)”.
Pablo Regalsky, después de describir la situación de Bolivia, señala:
“Está claro que el Estado boliviano no ha modificado su naturaleza colonial. La actual administración, aunque esté dirigida por un movimiento político surgido de un proceso de levantamiento de las masas indígenas, no tiene la capacidad y tampoco la intención de modificar ese carácter colonial.
Por el contrario, existen fuertes sectores no sólo dentro del Estado (las fuerzas armadas, la policía, la iglesia, el poder judicial, una amplia mayoría del poder legislativo, toda la burocracia de la administración del poder ejecutivo, los ministerios, ni que hablar de las prefecturas y los municipios) que resisten cualquier intento de mínima modificación de la actual estructura del Estado.
De hecho, una mayoría del aparato político que conforma el MAS está constituido por alcaldes, concejales, diputados, senadores, ministros, viceministros, y cientos de pequeños burócratas, muchos de ellos provenientes de los partidos de la burguesía como el MNR, ADN, UCS, MBL, etcétera y que se han pasado al carro del MAS.
Con el actual gobierno se agregan los cuadros del MAS que pasan a formar parte del aparato administrativo del Estado. Parte de ese fenómeno es la incorporación de buena cantidad de dirigentes de las organizaciones indígenas y campesinas que se han asimilado a la vieja y esclerosada estructura burocrática del Estado y adoptan cotidianamente el antiguo ceremonial y protocolo de comportamiento burocrático.
Al incorporarse, asumen una actitud de defensa no sólo de sus nuevos pequeños intereses como burócratas que reciben un sueldo del Estado, sino de la misma estructura jerárquica y burocrática a la cual se han asimilado y que les permite gozar de esas pequeñas, a veces pequeñísimas, prebendas. También se puede encontrar ahora dentro de los ministerios y organismos administrativos de Estado a una pequeña nube de profesionales pseudoizquierdistas del PC y otros grupos, incluso ex militantes del POR que no tuvieron empacho en servir de consultores a los gobiernos neoliberales y ahora no saben hacer otra cosa que dar continuidad a las mismas propuestas y políticas que habían desarrollado en gobiernos anteriores.
La reconstrucción de este aparato burocrático actúa como una pesada losa que parece inmovilizar a los movimientos sociales y es un proceso que ocurre a diario, pero a la vez es un proceso totalmente caótico, cada subsecretario toma sus propias iniciativas y a veces en una misma reunión se escuchan posiciones completamente diferentes, pero dentro de un caos armonioso. Las consignas burocráticas, las mismas realidades de un Estado colonial y anticampesino, ahora se las reviste de una ideología pseudoandina, bajo un manto de supuesta reciprocidad y redistribución, que sirve de nuevo manto ideológico a la paz burocrática neo-burguesa vestida de ropaje indígena.
Esta situación se verifica en el caso de la problemática de la tierra. La aprobación de las últimas modificaciones a la ley INRA como resultado de movilizaciones campesinas e indígenas, que debería permitir ahora la reversión de los latifundios improductivos que no cumplen función económico-social, no ha servido para recuperar hasta ahora ni un metro cuadrado de tierra ilegalmente apropiada por los latifundistas.
Primero con la excusa de inundaciones a principios de 2007, y ahora sin necesidad de ninguna excusa, la "revolución agraria" se limita por el momento a prometer la mecanización de la agricultura campesina, una política totalmente inadecuada para los suelos andinos, y que sólo promete agravar la degradación de suelos y la caída de la productividad. En noviembre de 2007 se aprueba el Decreto 29215 que determina la expropiación con pago a precios de mercado de 180.000 hectáreas en el Chaco chuquisaqueño para entregar a las comunidades cautivas guaraníes (…)”.
Fuente: www.rebelion.org/ Bolivia/ 22-6-08
En
consecuencia, nuestra emancipación del sistema opresor no puede ser por
simple toma u ocupación del Estado ni por mera confrontación con el binomio
indisoluble de los factores locales de poder y las corporaciones-estados imperialistas.
Es fundamental desquiciar la conciliación con los expoliadores que está
presente en nosotros –los de abajo- al naturalizar que:
«Nuestras
condiciones de vida y trabajo sean cada vez más precarias e inseguras,
eludimos poner fin a esta injusticia o dilucidar que el maltrato e
infortunio es a
causa del sostenimiento de políticas centradas en privilegiar la acumulación
de riquezas en oligopolios sin riesgos ni gastos; y la transferencia de
fondos públicos sobre todo a los ‘acreedores’.
«Nuestra
representación institucional sea falsa y coactiva, nos mantenemos impotentes
y permitimos la continuidad de las burocracias políticas, sindicales e
intelectuales en su negocio de arreglar de espaldas a
nosotros o embaucarnos de ser los dueños de qué y cómo mejorar nuestra
situación por 'mediar' con los poderes establecidos.
«Nuestra
alternativa política a las variantes de ultraderecha sea el progresismo pese
a que sus varios gobiernos fueron calamitosos en cuanto posibilitaron tanto
la continuidad del neoliberalismo como los éxitos electorales de esas
expresiones desembozadas del poder económico e imperialista.
«Nuestra
visión estereotipada de la militancia social e izquierdista, del reclamo de
derechos y de las capas medias endilgándoles fundamentalismos, extremismos,
etc. y a las últimas ser las culpables de la derechización cuando este
proceso obedece a la etapa capitalista de máxima
concentración-centralización económica.
En Bolivia, la unidad de los movimientos sociales con el gobierno de Evo
Morales en
un
programa
para la acción
y, a la vez, una proclama civilizacional, ejemplifica cómo puede
avanzarse en la ruptura con el acostumbramiento de siglos al Estado
colonial, racista y al dominio oligárquico.
A diferencia del «nuevo desarrollismo» que -como el neoliberalismo de los noventa- privilegia la acumulación de los grandes capitales en el mercado global, la «nación» propia de la diversidad popular será producto y proceso de políticas que hermanen a la diversidad popular de Argentina en forma:
1. Socioeconómica con los de abajo del Norte y la Patagonia
Ya que la situación de marginados y excluidos responde a que “el crecimiento de las actividades económicas regionales ha estado, centralmente, vinculado con el aprovechamiento de ventajas excepcionales (subsidios estatales, créditos blandos, promoción industrial, renta diferencial del suelo). Y esto ha sido prerrogativa de los grandes inversores que supieron y pudieron participar de aquellos sectores productivos que gozaban de preferencias en cada momento histórico”. A esto hay que agregar la continuidad del 'progreso' en forma de multiplicación de las zonas francas y provincias enteras liberadas al reinado de transnacionales y socios locales.
A diferencia del capitalismo (neoliberal o neodesarrollista) Mabel Manzanal sostiene en “Política de «desarrollo regional» para la Argentina” (2001 ):
“Al modelo vigente hay que cambiarlo desde adentro y desde el accionar político de la mayoría de la población de Argentina.
Y ese accionar político se gesta desde la participación y desde una transformación del modelo de solidaridad social (que son nuestras propuestas). (…)
A través de la praxis (que actúa en los espacios que, por descuido o ignorancia, el régimen dominante no ocupa) es posible avanzar en el proceso de descomposición del modelo. (…)
Este modelo -como tantos otros- tiene principio, auge y fin. Ya comenzó la cuenta regresiva pero, al mismo tiempo, no podemos desconocer que el país que nos toca vivir ha sido transformado, es otro.
Es desde esta nueva realidad que tenemos que pensar un modelo de desarrollo que
Ø produzca crecimiento,
Ø redistribuya,
Ø comprometa políticamente a la población, creando capacidades y conciencia sobre la realidad del presente, sus causas y consecuencias”.
Precisa:
“En el contexto de restricciones en los recursos y fuerte polarización social y regional, encarar una «política de desarrollo regional» significa promover instrumentos basados sobre la solidaridad para con los ciudadanos que nacen y viven en las regiones, en las provincias, en las zonas menos desarrolladas y más rezagadas del país. (…)
En otras palabras, (…) la inserción en el proceso de creciente competitividad internacional de un país como la Argentina subdesarrollado y desarticulado y en un marco de continuada restricción de recursos fiscales, obliga a:
a) adoptar conductas colectivas con participación y consenso de las provincias,
b) focalizar el accionar en territorios rezagados o marginales por el predominio de actividades en sectores productivos con menores recursos económicos y tecnológicos y con fuerte presencia de sectores sociales pobres o empobrecidos,
c) diferenciar las acciones según demandas y necesidades locales y según que la oferta productiva sea tecnológica y económicamente viable.
Esto nos lleva a «políticas específicas» que no sólo partan de un profundo conocimiento de cada realidad regional sino que también, y fundamentalmente, se gesten a partir de la participación de los diferentes sectores provinciales interesados en ellas.
Lo cual no es contradictorio con que también importa que dichas políticas se enmarquen en criterios básicos y comunes, resultantes de una única estrategia de desarrollo regional nacional.
Explica:
“Para que una política regional tienda hacia un desarrollo con crecimiento económico, redistribución de ingresos y mejoras sociales, se requiere un diagnóstico previo cuya formulación incorpore:
I.
Indagar las
causas que favorecen el modelo de evolución histórica que han tenido las
economías regionales de la Argentina (similar al operado en el orden nacional)
caracterizado por inversiones sin desarrollos innovadores. (…)
El crecimiento de las actividades económicas regionales ha estado, centralmente,
vinculado con el aprovechamiento de ventajas excepcionales (subsidios estatales,
créditos blandos, promoción industrial, renta diferencial del suelo). Y esto ha
sido prerrogativa de los grandes inversores que supieron y pudieron participar
de aquellos sectores productivos que gozaban de preferencias en cada momento
histórico (…).
II. Reconocer y analizar las características y alcance de las profundas modificaciones operadas recientemente en las economías regionales como resultado de los procesos socioeconómicos de la década de 1990 o sea de las privatizaciones y reestructuraciones de actividades que eran eje del desarrollo en muchas zonas y en sus localidades, los notables incrementos productivos vinculados con inversiones en tierras (por sus bajos precios), los destacables procesos de reconversión productiva para posibilitar la integración con Brasil y el anclaje al MERCOSUR, las grandes inversiones urbanas (shoppings, barrios privados e hipermercados) en las principales ciudades del interior, las importantes inversiones mineras (…).
III. Identificar en las provincias y localidades a los sectores sociales y productivos que lideraron y lograron beneficios extraordinarios con la reestructuración económica operada, para actuar con justicia distributiva en el accionar regional, aplicando con certeza distintos instrumentos como pueden ser los impuestos progresivos (…).
IV. Reconocer las particularidades de la situación socioeconómica y organizacional de los grupos de población que han sufrido una marginación creciente, profundizada en el último lustro como consecuencia de la política económica del período que llevó a muchos de ellos a la desocupación y a la quiebra. Este conocimiento es para promover el fortalecimiento institucional y organizacional de los trabajadores y pequeños y medianos productores y empresarios o para impulsar una política territorial de mayor igualdad social”.
En la elaboración del diagnóstico es fundamental la participación creciente de los sectores provinciales y/o regionales porque desestructurar las limitaciones históricas de estas economías para beneficio de la mayoría de su población exige promover solidaridad y asunción de responsabilidades entre los involucrados directos en los procesos de cambio que se buscan implementar y de las otras provincias y del país en conjunto.
También, “es en las provincias donde se tiene mayor y mejor conocimiento de las necesidades y posibilidades de desarrollo de las áreas y sectores marginales. Por ello, debe reconocerse y aprovecharse la capacidad existente en las mismas provincias para el diagnóstico y para la formulación de propuestas vinculadas con el desarrollo regional”.
Distingue como actividades estratégicas para los procesos de cambio:
Ø “aquéllas con mayor demanda por parte de los pequeños y medianos productores e industriales como actuales y principales fuentes laborales;
Ø aquéllas que generan una dinámica económica con efectos multiplicadores hacia diversas y múltiples actividades económicas (…)”.
Especifica:
“Toda política demanda un sistema de planificación y programación. Al respecto vale recordar que “funcionamiento del mercado” no significa ausencia de planificación. Precisamente, en el caso de de las zonas más rezagadas es necesario encarar acciones compensatorias frente al frecuente funcionamiento del mercado a favor de sectores productivos, sociales y ámbitos espaciales con mayor poder económico y político.
Conformar una “política
o programa nacional de desarrollo regional o de
desarrollo institucional-territorial” implica alcanzar acuerdos básicos que
establezcan metas, prioridades temáticas y espaciales y sectores sociales y
productivos beneficiarios, para luego coordinar acciones interinstitucionales en
el orden nacional, provincial y local (…)”.
Fuente: Realidad
Económica Nº 179/ abril-mayo de 2001 /www.iade.org.ar
2. Promotora de autogestión y autogobierno de la diversidad popular en cada lugar del país
“La participación y
gestión de los beneficiarios conforma una valla de contención para los
negociados entre el sector público y el privado y en general, para todo
accionar burocrático, fraudulento y corrupto.
La refundación de la solidaridad social y política a través de las formas
asociativas, las redes, viabilizará la reconstrucción de los derechos ciudadanos
y de las nuevas reglas de convivencia, de justicia y de gestión social y
económica”.
Mabel Manzanal, en “Instituciones y gestión del desarrollo en Argentina” (2002), expresa:
La necesidad de resignificar la política, “o dicho de otro modo, la participación de las mayorías hoy excluidas de las decisiones. Sólo con mayor participación, estos sectores sociales lograrán “poder” para ser reconocidos en la toma de decisiones. A partir de su lucha cotidiana en el juego contradictorio de las fuerzas sociales (que en definitiva definen “la política”) serán el contrapeso de los tradicionales lobbies empresarios, del sector financiero, de los tenedores de deuda.
Es decir, un nuevo modelo institucional no va a surgir por generación espontánea, puede ser dirigido pero también necesita ser conquistado y ello sólo es posible a través de la construcción de otro polo de poder político centrado sobre las mayorías hoy excluidas, con el objetivo de hacer valer los derechos ciudadanos a una vida digna. (…)
De todos modos, movilizar a los sectores sociales mayoritarios en la dirección aquí expuesta demanda nuevas utopías. Creemos, precisamente, que en la descomposición ética del presente está el germen de una salida posible. Y específicamente, consideramos que la transformación institucional es el sendero para dirigirse hacia la recuperación de la ética y de los valores del accionar político en sí mismo.
Avanzar hacia un cambio institucional significa, sin embargo: construir desde la estructura vigente, generando conocimiento, aprendizaje y certidumbre creciente.
La condición es acordar de manera consensuada la aplicación regular, generalizada y democrática de normas y leyes, de gestión y ejecución transparentes, y resultantes de la participación de las mayorías hoy excluidas del conocimiento y de la discusión política y pública.
De todos modos, un nuevo modelo institucional:
Ø Exige, primero, conciencia sobre las limitaciones del anterior porque sólo una vez que se ha reconocido la ilegitimidad institucional del presente, es posible avanzar en la construcción de un sendero de transformación fundado sobre la experiencia, el conocimiento idóneo, el aprendizaje oportuno y las prácticas burocráticas y políticas éticas, austeras y transparentes.
Un desafío en la generación
de conciencia sobre el modelo institucional dominante sería encarar un “un
juicio de responsabilidad institucional” o de “derechos
institucionales”, como se ha hecho con los juicios de derechos humanos
(…)”.
Ø
Establece
“formas, estrategias y objetivos que generen alianzas y articulen e integren el
accionar de aquellos” componentes de la diversidad popular y sus organizaciones
(productivas, gremiales, técnicas, educativas, científicas, sociales)
comprometidos (por acción o decisión) con cambios estructurales hacia el
bienestar socioeconómico de la población y su calidad de vida. “Para ello, como
ya señalamos, son necesarios grados continuados y progresivos de participación,
organización y capacitación de la mayoría de los actores involucrados, con un
accionar centrado en la descentralización democrática de las decisiones y de la
ejecución”.
Ø
Valoriza
el
rol del ámbito local (no para la atracción del capital que cree islas de
modernidad en medio de la pobreza) “como otro instrumento central para el
desarrollo socioeconómico nacional. El contacto cotidiano cara a cara potencia
la posibilidad de un proceso de cambio; además, porque es en este territorio
dónde se dirime el ejercicio de la participación, de la capacitación y de la
organización social que encamina la autogestión del desarrollo local. (…) La
«descentralización» se torna estratégica en la medida que instala la
participación de la población involucrada en las funciones y en las decisiones
del sector público, es decir, que construya la senda hacia el «autogobierno»”
por
interrelaciones sistemáticas de los de abajo con sus representantes revocables y
organizados como colectivos sin prerrogativas de tipo alguno.
“En un contexto de autogestión de los actores locales, el funcionamiento
clientelístico de compensación social de los gobiernos locales y provinciales se
torna inviable. Se conforma paulatinamente otro desarrollo local, aquél
que se levanta desde la participación, la organización y la capacitación
de la población”.
Fuente: Realidad Económica Nº 188/ mayo-junio de 2002 /www.iade.org.ar
En consecuencia:
A diferencia del neo-desarrollismo que fragmenta el país para facilitar el
dominio despótico de quienes acaparan las posibilidades de vida y trabajo,
la construcción de «la nación» por la diversidad popular se basa en un
hermanamiento político, económico, social y cultural mirando al protagonismo
de todos los de abajo en adueñarse del destino común a la vez que en cuidar
por la economía de la naturaleza para prevenir-promover la salud pública y
el patrimonio ecológico de las generaciones futuras.
II.
PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS
Aclaro,
como lo podemos comprobar, el neo-desarrollismo tiende a concretarse en forma de
súper negocios coyunturales de las transnacionales (acaparadoras tanto de la
economía como del territorio) y de sus socios locales por viabilizar el saqueo.
En cambio, el desarrollo como nación se basa en la soberanía de la diversidad
popular para la creación de su calidad de vida y de su hermanamiento con
los otros pueblos planetarios.
Ahora frente al actual crecimiento económico en forma de varios boom como sojero, minero e inmobiliario se formulan alternativas:
1. Reindustrialización con una trama cada vez más compleja
Alfredo
Zaiat
advierte:
“la definición y puja sobre el modo de desarrollo pasa a ocupar en estos momentos un lugar más relevante que un punto más o menos de los indicadores económicos.
El pilar de un modelo no es el superávit fiscal, como repiten los funcionarios del Gobierno para tranquilizar a los representantes de la ortodoxia que no se dejan conquistar por el “populismo austero”, sino que consiste en una herramienta para consolidar un sendero de desarrollo económico integral, estrategia que aún no se ha hecho presente. En el libro Interpretaciones heterodoxas de las crisis económicas en Argentina y sus efectos sociales, Julio César Neffa señala que la debacle de diciembre de 2001 “es una crisis de un modo de desarrollo específico que, sin dar lugar a un cambio de modo de producción (capitalista), introdujo de lleno a la economía en un período incierto de transición”. El investigador del Ceil-Piette del Conicet destaca, en su valioso trabajo, que continúa ese tiempo de incertidumbre porque no se han generado condiciones para transitar hacia una etapa de definición más firme sobre el modelo, pero precisa que para ello se requiere “crear las condiciones y dar lugar a un nuevo régimen de acumulación”. (…)
Los economistas del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (Cenda) en un reciente documento apuntan que “el programa económico basado en una sola medida heterodoxa (tipo de cambio real alto) ya ha rendido todos sus frutos”. Sostienen que “este mecanismo por sí sólo no está en condiciones de resolver las numerosas dificultades y desafíos que presenta el proceso de crecimiento argentino y que hoy amenazan con detenerlo”.
En ese reporte del Cenda se critica la falta de articulación de la política económica. Se menciona que más allá de la columna vertebral del esquema constituido por una paridad cambiaria alta, el resto de sus componentes quedaron librados al juego resultante de las fuerzas de mercado o, en algunos casos, a las intervenciones públicas no muy hábiles, parciales e inefectivas en mercados sensibles. Se observa que esa política “ha sido incapaz de guiar a la economía argentina en el salto desde un proceso de mera expansión a un proceso de transformación estructural basado en una firme industrialización”. “Esta es la verdadera oportunidad que la economía argentina podría estar perdiéndose”, afirma ese grupo de economistas, que de ese modo salen al cruce de la versión de “la oportunidad perdida” de la ortodoxia.
Reconociendo lo que ha aportado esa política para la salida de la crisis y posterior recuperación, plantean la necesidad de implementar ahora “una estrategia nacional de desarrollo con una ampliación sustancial del alcance de las políticas estatales”, agregando que se requiere “construir una senda de crecimiento de largo plazo que haga eje en el aumento de la productividad y la competitividad genuina de la economía nacional”.
Para evitar confusiones entre sus pares, en el documento del Cenda se destaca que la consistencia macroeconómica es un requisito para el desarrollo, pero no su garantía. Exponen con claridad que “la reindustralización de la Argentina debe ser el eje central de esta estrategia de desarrollo”, que implica “un decidido proceso de modernización y complejización creciente de la trama industrial”, y para ello reclaman una planificación estratégica, recordando que esa instancia es clave para el crecimiento de las grandes empresas y naciones desarrolladas pero que parece que es un atributo vedado para los países periféricos.
Frente a la actual encrucijada sobre el modo de desarrollo, y para evitar la receta fácil de la ortodoxia dólar atrasado-tasas altas que brinda resultados presentes ilusorios y fracaso futuro, el camino de salida no es con menos intervención del Estado sino con mayor y más lúcida participación estatal en el proceso económico”. Fuente: Página 12/ Panorama económico/ 23-8-08
2. Democratización radical del control económico y político
Claudio Casparino, en “Nuevos dilemas del desarrollo periférico”, sostiene:
"La profundización de la democracia (su radicalización diríamos hoy), alternativa que parece haber elegido el pueblo venezolano como vía hacia “su” socialismo, a manera de continuidad histórica de la trunca experiencia de Salvador Allende en Chile, surge como condición fundamental para establecer el “control social de las alternativas del desarrollo”.
Pero ¿a qué «desarrollo» nos referimos? Sin algún grado de definición –que intentaremos en forma sucinta-, el concepto resulta por demás contradictorio. Como bien sabemos, desde la economía convencional y los organismos financieros internacionales se entiende por desarrollo a la combinación de un aumento en la renta per cápita en un sendero de convergencia con los niveles registrados en los países centrales, combinado con mejoras en ciertas variables de condiciones de vida de la población e indicadores institucionales. Amartya Sen, mencionado más arriba, incluye la promoción de la libertad y las capacidades de los individuos.
Desde una vertiente crítica, Samir Amin (2003) afirma que “el «concepto de desarrollo» es, por naturaleza, una noción crítica del capitalismo, que no puede reducirse de ningún modo a la idea de crecimiento económico dentro del sistema capitalista y, por esa misma razón, el contenido del desarrollo a que me refiero depende en primer lugar de las fuerzas sociales que lo hacen posible, del contenido del proyecto societario de esas fuerzas”
Aquí sostendremos que una definición de «desarrollo» capaz de generar una alternativa social consistente para nuestras sociedades no puede estar desvinculada de estrategias económicas y políticas que los sectores subalternos sumen en su camino de reivindicaciones, así como del acceso a las herramientas públicas de gestión y regulación(…)".
Fuente: www.redem.buap.mx 2007
¿Por qué la democratización profunda orienta el funcionamiento político
económico hacia la autodeterminación nacional y no, la simple reindustrialización?
De la
urgencia de "plantear una mirada analítica que trascienda la coyuntura y
abarque el conjunto de la realidad económica-social argentina para proponer las
líneas fundamentales de un nuevo perfil de país inscripto en el marco del
progreso" se desprende el imperativo previo de tener:
1. Otra visión de derechos humanos
Leonardo Bleger
y Guillermo Rozenwurcel,
en "Desafíos del futuro inmediato",
comunican:
"En las últimas dos
décadas han cobrado fuerza ciertos enfoques que comparten una visión integral
sobre el proceso de desarrollo -según los cuales - la
defensa, concreción y ampliación de derechos políticos, económicos, sociales y
culturales constituyen el objetivo de desarrollo económico y social. Fundado en
los valores éticos de igualdad y solidaridad, se reconoce la universalidad,
indivisibilidad e interdependencia de ese conjunto de derechos.
La adhesión a esta «concepción del desarrollo» debe materializarse no sólo en las grandes opciones estratégicas sino, también, en cada una de las políticas públicas que las instrumentan ya sean de corto o largo plazo. De lo contrario, se corre el riesgo de que esta adhesión revista un carácter formal y abstracto.
En el corto plazo, es necesario adoptar medidas(...)".
Se refiere a controlar la inflación, pero "un requisito previo a esta estrategia es finalizar con la manipulación de estadísticas (y no sólo de precios) por parte del INDEC. El daño al sistema de estadísticas oficiales afecta profundamente las expectativas, el diseño y los resultados de las políticas públicas y las investigaciones socio-económicas.
También en el plano fiscal existen desafíos considerables. El ritmo de crecimiento de los ingresos fiscales se ha debilitado y la dependencia de los ingresos por retenciones a las exportaciones es creciente. El gasto público se expande por el crecimiento acelerado de los subsidios, cuya eficiencia y efecto distributivo es altamente cuestionable. Adicionalmente, los servicios de la deuda pública crecen a partir del año que viene, en un contexto externo e interno que hará más difícil la obtención de financiamiento (...)".
Al considerar medidas de corto plazo, atienden la equidad distributiva mediante, por un lado, "una reforma impositiva de carácter progresivo, una reducción de los niveles de evasión-exención y una afirmación en el carácter federal del régimen tributario (...)". Por otro lado, mediante el presupuesto participativo que expresan como "mejorar la calidad y eficiencia del gasto público apelando a mecanismos de transparencia, participación y control social (...)". Estos límites de no salir de la economía de mercado se corroboran y consolidan en el enfoque de "un conjunto de tareas coordinadas, que apuntan al mediano y largo plazo".
En efecto, señalan: "es preciso definir un perfil productivo y aplicar un conjunto de acciones para mejorar la productividad sistémica de la economía. Argentina dispone de una privilegiada dotación de recursos naturales y la economía mundial se encuentra en una fase de cambios estructurales que parecen augurar un ciclo largo positivo para los precios de los alimentos y la energía. Por lo tanto, la estrategia de desarrollo argentina debe contemplar una ampliación de las relaciones económicas y financieras con el resto del mundo, preservando su autonomía y otorgando prioridad a la integración con los países del MERCOSUR y América Latina. (...)
La importancia del complejo agroindustrial y su aporte a la generación de valor agregado, empleo y divisas, debe potenciarse multiplicando los eslabonamientos productivos a partir de la expansión de la producción de materias primas agropecuarias. La antinomia agro-industria carece de todo sentido. (...)
Adoptar una estrategia productiva
significa identificar sectores prioritarios, sobre la base de la dotación propia
de factores, los desarrollos ya alcanzados, las realidades y la potencialidad
regional, la capacidad de generar externalidades positivas y las proyecciones de
las demandas del mercado interno y mundial.
La estrategia productiva debe apoyarse y complementarse con la promoción de las
capacidades locales de generación, difusión y aplicación de conocimiento. Ello
requiere elevar los modestos recursos que actualmente se invierten en
Investigación y Desarrollo (...).
Una lista de sectores prioritarios debería incluir el complejo agroindustrial, ciertos insumos industriales difundidos, automotores y autopartes (sobre la base de la complementación regional), determinados bienes de capital, desarrollo de software, servicios informáticos, biotecnología, turismo e industrias culturales".
Fuente: Le Monde diplomatique / el Dipló / agosto 2008
Leonardo Bleger y Guillermo Rozenwurcel mantienen el funcionamiento político-económico y social mirando a atender al mercado que se rige según la maximización lucrativa de las transnacionales; por ejemplo: el complejo agroindustrial, las automotrices y el MERCOSUR.
Pero, además, del imprescindible viraje desde el juego de demanda-oferta del mercado globalizado hacia la resolución de necesidades e intereses de la diversidad popular, es prioritario pasar de ver las personas y grupos sociales como meros beneficiarios de la atención a sus derechos humanos hacia escrutar cómo posibilitar y suscitar que sientan, piensen y actúen componiendo ciudadanías deliberantes y creadoras del bienestar en común y de su optimización creciente.
Al mismo tiempo, en vez de:
las industrias culturales, se trata de compartir e intercambiar la diversidad de culturas que identifican a los de abajo;
la integración mercantil entre los países sudamericanos, se trata de un manejo en perspectiva del continente y de un hermanamiento en solucionar los problemas de los pueblos.
2. Otro paradigma científico-técnico y productivo
Claudio Martyniuk entrevista a Leonardo Boff:
"- ¿Qué balance puede hacer de la difusión de
la Teología de la Liberación en América latina? ¿La lucha contra la opresión
sigue siendo un ideal vigente?
- La
Teología de la Liberación sigue vigente en aquellas iglesias y grupos que toman
en serio la injusticia social y la opresión que sufren las grandes mayorías. Hoy
es en los movimientos populares, en los círculos bíblicos, de carácter
ecuménico, donde la Teología de la Liberación encuentra su más grande difusión.
Está presente en todo el mundo, en Asia, África, América Latina y en grupos
solidarios del Primer Mundo. Esto se puede comprobar en los foros mundiales de
Teología de la Liberación que se hacen una semana antes de los foros sociales
mundiales, sea en Porto Alegre, en Nairobi y el año próximo en Belem de Brasil.
Su actual preocupación ecológica, ¿cómo se vincula con la teología?
¿Hay un "puente" entre teología y ecología?
La Teología
de la Liberación nació escuchando el grito del oprimido: pobres económicos,
indígenas, afrodescendientes, mujeres. Hoy gritan las aguas, los bosques, los
animales, es toda la Tierra la que grita. Dentro de la opción por los pobres y
contra la pobreza debe ser incluida la Tierra y todos los ecosistemas. La Tierra
es el gran pobre que debe ser liberado junto a sus hijos e hijas condenados. Y
la opción por los pobres es la marca registrada de la Teología de la Liberación.
La mayoría de los problemas ecológicos son causados por las naciones más ricas. ¿Qué pueden hacer los más pobres para preservar el ambiente? La causa principal del clamor ecológico es el tipo de producción y consumo que se impuso desde los países ricos sobre todo el mundo. Este sistema explota las personas, las clases, los países, y la Tierra. La consecuencia la notamos ahora con el calentamiento global que puede poner en riesgo la biodiversidad y, en el límite, a la especie humana. A los pobres les cabe gritar, denunciar y luchar para que se cambie este paradigma tecnocientífico y la cultura productivista y consumista. Caso contrario vamos todos al encuentro de lo peor. No hay un arca de Noé que salve a algunos y deje perecer a los demás. O nos salvamos todos, o perecemos todos. Los pobres son aquéllos que por su situación de explotados ven mejor la perversidad de este sistema contra la vida.
La filosofía de la historia moderna nos legó la idea de un camino de desarrollo infinito. Esta idea se ha encarnado sobre todo en el campo de la producción técnica. ¿Con esta ideología es posible establecer un orden social ecológico? ¿En su caso, qué idea debería sustituirla? Un desarrollo infinito es imposible en un planeta finito y con recursos escasos. Esta idea es una ilusión no totalmente asimilada por los que tienen la conducción del proceso productivo en el mundo. Pero ya se están dando cuenta de que la lógica de este tipo de desarrollo está en contradicción con la lógica de la vida. O cambiamos o la Tierra no va a aguantar. Hay que pasar de una sociedad de producción de productos materiales a otro tipo de sociedad de sustentación de toda vida, y de producción de valores humanos que puedan ser compartidos por todos, porque la Tierra es de todos. Tenemos que producir para atender a las demandas humanas en sintonía con los ciclos de la naturaleza y con sentido de equidad en la distribución de los beneficios y servicios para todos.
En el plano ecológico mental, Ud. le asigna especial relevancia al
costado femenino que tendrían todos los seres humanos, ya que lo asocia a una
ética del cuidado. ¿Qué efectos sociales tendría la extensión de esta actitud
entre los miembros de la familia humana?Somos
herederos de una cultura patriarcal que se ha impuesto en los últimos doce mil
años. Ella ha creado el Estado, las leyes, la burocracia, los ejércitos y la
guerra.
Esta cultura ha dominado a la mujer o la ha hecho invisible en la sociedad. Esto
ha significado una recíproca deshumanización porque el hombre ha reprimido lo
femenino que hay en él y ha forzado a la mujer a reprimir lo masculino que hay
en ella. Cada ser humano es sustentado por estas dos fuerzas constituyentes de
nuestra identidad: lo femenino que responde por la capacidad humana de acogida,
de enternecimiento, de sensibilidad, de cuidado y de sentido de lo simbólico y
de lo espiritual, y por lo masculino que atañe a la racionalidad, al trabajo, a
la superación de obstáculos, al poder y a la utilización de la fuerza. En el
hombre y en la mujer coexisten estas dos dimensiones. Cuando son bien
articuladas y asumidas de forma integradora, componen la excelencia del ser
humano. La mujer es la portadora privilegiada, sin ser exclusiva, de esta
dimensión de lo femenino. Por eso está más cercana a la complejidad, a la vida y
al cuidado que la vida necesita. Hoy se hace urgente rescatar lo femenino para
tratar mejor la naturaleza, respetar las alteridades y salvaguardar la vida
amenazada.
¿Es posible restablecer alguna utopía en nuestra época? ¿Qué rasgos debería tener? Una sociedad no vive sin utopías, es decir, sin un sueño de dignidad, de respeto a la vida y de convivencia pacífica entre las personas y pueblos. Si no tenemos utopías nos empantanamos en los intereses individuales y grupales y perdemos el sentido del bien vivir en común. A mi juicio, la utopía que puede re-encantar a la vida es una relación de reverencia y respeto a toda vida, de sinergia con las fuerzas de la naturaleza, de hospitalidad con todos los seres humanos y de convivencia en la diversidad de culturas, religiones y de visiones de mundo. Una utopía de una Tierra organizada desde una articulación central de valores, principios y poderes que administren los recursos escasos para todos, habitando como una familia en la misma casa común, la Tierra. Esto no es imposible. Efectivamente vamos a construir una sociedad así o posiblemente Gaia, la Tierra viva, no nos va a soportar y va a expulsarnos como una célula cancerígena.
En el mundo hay hambre y aumenta el precio de los alimentos. ¿Debería
existir una ética para moderar el negocio de los productos destinados a
satisfacer las necesidades básicas de los seres humanos?
Yo creo que el hambre de
millones de personas, no a raíz de falta de alimentos sino de la incapacidad de
adquirirlos por la demasiada pobreza, demuestra la ausencia de sensibilidad
delante del sufrimiento de los otros humanos. Somos crueles y sin piedad. Existe
la urgencia de una gobernabilidad central de la humanidad y de la Tierra que
tenga poder para garantizar a los vulnerables el alimento necesario, suficiente
y decente. Comer es un derecho humano fundamental y es un deber de todas las
sociedades y Estados garantizarlo, porque somos hijos e hijas de la Tierra. Creo
que lentamente vamos caminando en esta dirección porque de otra forma no vamos a
mantener la familia unida, sino bifurcarla entre aquéllos que comen y aquéllos
que no comen".
Fuente: Clarín//
Zona // 24 de agosto de 2008
En el cambio
de paradigmas son fundamentales:
la ecología como teoría-práctica impulsora del encuentro de las
distintas ciencias con las culturas populares para el manejo integral del
binomio sociedad-naturaleza en co-evolución;
- el humanismo como ideología que suscite una
comprensión generalizada sobre la obra en mancomún que es la convivencia social,
una interpelación a desempeñar la función social con responsabilidad por
consecuencias de su labor y una comunicación promotora de las reciprocidades
implícitas en hacer posible la fidelidad de representación de las necesidades concretas de
personas o grupos y de una identificación singular por cada quien de los sentidos de
su vida en sociedad.
En consecuencia, la democratización profunda plantea promover la convicción
de que son imprescindibles cambios radicales en todas las actividades y
relaciones sociales para transformar el país en acuerdo con las necesidades
y aspiraciones de nosotros: los de abajo.
Se trata de que debemos asumir el protagonismo creador de la sociedad e
historia en común a partir de posicionarnos en nuestros ámbitos cotidianos
para descubrir sendas hacia entendimientos mutuos y hacia apreciaciones
sobre la riqueza potencial de construcciones conjuntas desde la diversidad
popular.
A diferencia del «nuevo desarrollismo» que, como el neoliberalismo de los noventa, impone emprendimientos generalmente de gran escala para producir hacia el mercado global, la construcción de «la nación» por la diversidad popular le exige hacer posible que una creciente mayoría se incorpore a crear los funcionamientos político, económico, social y cultural en acuerdo con la progresiva optimización de la convivencia hermanada entre los distintos componentes y pueblos planetarios.
Para concretar estos fines democráticos es imprescindible que:
1. La diversidad popular sea autora y beneficiaria de su bienestar
Jorge Graciarena, en "Creación intelectual, estilos alternativos de desarrollo (...)", se refiere a las propuestas alternativas del «otro desarrollo»:
"Sin ser novedosas en la historia del pensamiento social, las propuestas radicales cuestionan de frente la importancia capital atribuida por el desarrollismo a la expansión económica y hacen hincapié principal en la distribución social. Pero no se quedan en esto sino que van más lejos afirmando primariamente la trascendencia humanista del desarrollo, de sus objetivos sociales relativos a la calidad de la vida y a la armonía con el ambiente natural, tanto como al pleno desenvolvimiento de las potencialidades del hombre bajo condiciones de rigurosa y efectiva equidad social.
La idea central de las propuestas del «otro desarrollo» radica en la necesidad de un desarrollo ampliamente participacionista, con el pueblo, como actor principal y beneficiario de sus logros. De ahí que la estrategia propuesta se base en las posibilidades de desarrollo de una sociedad centrada principalmente en su esfuerzo y recursos propios y en asociación igualitaria y autónoma con otras.
Su recurso principal tanto como su
objetivo fundamental consisten -esencialmente- en la promoción de la reserva
potencial de energía y creatividad social que hay en los pueblos (en sus
valores, conocimientos y estilos de vida) cuando son movilizados con un sentido
humano y solidario de justicia social. Por eso, se ha puesto el acento en la
participación y animación popular, en su más amplio sentido: económico, social,
político y cultural y en formas colectivistas de producción, consumo y estilos
de vida, centrados en una convivencia social de tipo comunitario (...)".
Fuente: "Cultura y creación intelectual en
América Latina" coordinador Pablo González Casanova, Ciudad de La Habana,
Ministerio de Cultura-Editorial de Ciencias Sociales, 1978.
Un ejemplo de esa concepción y su puesta en práctica lo brindan Sergio Schneider e Iván G. Peyré Tartaruga al contestar la pregunta "¿Cómo pensar el desarrollo rural a partir del enfoque territorial?":
"Para pensar y analizar los procesos de cambio social que ocurren en los espacios rurales (lo que configura la comprensión sobre el desarrollo rural) se sugiere focalizar dos dimensiones: la dinámica de las formas sociales de trabajo y producción, y los procesos de organización social y participación política.
Es decir, en las investigaciones conducidas sobre el desarrollo rural en el Sur de Brasil se buscó la dimensión cognitiva del territorio a partir del análisis de las formas de generación, apropiación y regulación de las relaciones de poder, identificándose cómo -en un determinado espacio social- la acción política de los actores implica la construcción de mecanismos de mediación que pueden ser relacionados tanto por la participación como por los conflictos. De la dimensión aplicada e instrumental de los enfoques territoriales se incorporó la sugerencia de analizar las dinámicas de reproducción de la agricultura familiar por intermedio de actividades agrícolas y no-agrícolas, del autoconsumo doméstico o de la inserción mercantil, en otras.
En cuanto a la dinámica de las formas sociales de trabajo y producción, se focaliza en especial dos dimensiones que son los mecanismos socio-económicos de reproducción de la agricultura familiar y el lugar geográfico donde transcurren los procesos de cambio social rural.
La dimensión socioeconómica toma como referencia a la unidad de producción familiar y contempla las estrategias que van desde las agrícolas (agregación de valor, procesamiento de la producción propia) hasta las no-agrícolas, como la inserción en mercados de trabajo fuera de la propiedad, que estimulan la pluriactividad.
La dimensión del lugar se refiere al espacio en que transcurre la vida cotidiana de los agricultores y de sus familias que comienza por el espacio de la vivienda y del establecimiento y se extiende a la comunidad local, a los vecinos y llega al pequeño poblado o municipio. Este territorio tiene características importantes la coincidencia espacial entre la unidad productiva y la unidad doméstica y al mismo tiempo, la articulación con lo que Marcel Jollivet (2001) llama "colectividad local", donde se desarrolla su modo de vida. (...)
En lo que se refiere a la dimensión de los procesos de organización social y participación política parece importante retomar la idea de la construcción social y de la emancipación. De hecho, la participación social -en diversos grados y maneras- está vinculada a la posibilidad del surgimiento de procesos de (re)territorialización. Así,
los territorios apropiados o
dominados pueden ser reconocidos y comprendidos a partir de la participación
de los individuos en la realización, por ejemplo, de políticas públicas o de
proyectos sociales realizados por las comunidades correspondientes;
los actores y sujetos de un territorio pueden auxiliar los proyectos y las iniciativas como responsables por su designio. (...)
La participación social puede mejorar la conciencia social de los individuos. Según Martins (2002), el análisis de la conciencia social muestra la interpretación que la víctima, tomando como precondición una situación de adversidad, tiene de su realidad y la posibilidad de proponer soluciones. A pesar de los desencuentros entre conciencia y situación social; es decir, lecturas equivocadas de la realidad social, estos indican problemas a ser resueltos y explicitados, cuando evidentes a la luz, por ejemplo, del aporte técnico-científico.
Entonces, por medio de la conciencia social es que aparecen las autodesignaciones, que son definidoras, consciente e inconscientemente, de acciones y de propósitos y por lo tanto, importantes para cualquier experiencia de modificación de determinada situación.
Cabe resaltar que en una experiencia de inducción de acciones de desarrollo, en esta perspectiva los agentes y gestores no tendrían como objetivos programáticos la comprensión de la conciencia social de las poblaciones. La conciencia social vendría junto a la participación social; en otras palabras, en el proceso de participación auténtica estas relaciones sociales mediatizadas por las autodesignaciones de cada persona, son confrontadas por las diferencias deliberativas (jerarquías objetivas y simbólicas, conocimientos tradicionales o del sentido común, y técnicos) y por lo tanto, la participación está dentro de la conciencia social (...)".
Sergio Schneider e Iván G. Peyré Tartaruga reflexionan:
"El espacio que interesa conocer en esta perspectiva es siempre el espacio demarcado y transformado por la presencia histórica y formativa de la agricultura familiar, que es la forma hegemónica aunque pueda haber otras. En consecuencia, el punto de partida es el agricultor, su familia, su propiedad, su actividad productiva y las redes sociales e institucionales en que está inserto, que pueden ser materiales o intangibles, conectadas a la memoria y las representaciones.
Pero el objetivo es intentar comprender y explicar las dinámicas territoriales que marcan la presencia y la transformación de la agricultura familiar en los espacios rurales, tan diversos y heterogéneos o comprender cómo ocurre el proceso de cambio social de estos agricultores y sus familias. (...)
A partir de
estas indagaciones se puede avanzar para la comprensión de la identidad, si existe el sentimiento de pertenecer a lo local y la comunidad, que no se refiere sólo al lugar pero sí al contexto general de forma más amplia y a través de esa comprensión, se puede llegar a la conciencia social de esos actores, intentar entender cual la concepción que los individuos tienen de la realidad en que viven;
esas relaciones productivas y sociales, se intenta comprender las dinámicas de la agricultura familiar considerando la convergencia de los elementos analíticos del concepto de territorio y de los elementos de las perspectivas de desarrollo (...)".
Fuente: "Desarrollo rural: organizaciones,
instituciones y territorios" compilado por Mabel Manzanal, Guillermo Neiman
y Mario Lattuada.
1ª edición- Buenos Aires: Fund. Centro Integral Comunicación, Cultura y Sociedad
(CICCUS), 2006.
2. La reapropiación de territorios, producciones y ciencias sea obra de nuevas relaciones sociales
Sergio Rodríguez Lascano, director de la revista Rebeldía, en “La reapropiación frente al despojo”, parte de reconocer que:
“La globalización moderna, el neoliberalismo como sistema mundial, debe de entenderse como una nueva guerra de conquista de territorios”, (Subcomandante Marcos, 7 pensamientos en mayo).
Destaca:
“Si analizamos los hechos
fundamentales de la historia de México, en todos ellos nos vamos a encontrar con
la tierra como el hilo conductor que nos permite comprender las rebeliones, las
revueltas y las revoluciones. La lucha por la tierra ha sido el signo de
identidad en la conformación de ese gran sujeto social que es el pueblo
mexicano. Desde la intervención del imperio español, los de arriba han luchado
por generar espacios de acumulación por medio del despojo, para lo cual siempre
han utilizado la ideología del progreso como coartada. El progreso como
mecanismo de saqueo y de eliminación de los lazos comunitarios.
El 6 de enero de 1992, Carlos Salinas de Gortari, adelantándose a lo que sería la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), hizo aprobar una serie de modificaciones al artículo 27 constitucional, con lo cual se buscaba no tan sólo dar por terminado el reparto agrario sino, sobre todo, poner en el mercado a la tierra. Con esto se enterraba la conquista fundamental de la revolución mexicana y se ubicaba a la tierra como una mercancía más que podía venderse o rentarse”.
Presenta:
"La
Otra política agraria
Según han explicado los compañeros del
Ejército Zapatista de Liberación
Nacional, uno de los motivos principales que les permitieron llegar a la
conclusión que era indispensable alzarse en armas, fue la reforma salinista al
artículo
27 de la constitución.
Por eso, mientras todo el mundo dio como un dato inamovible de la realidad que ya no
se podía luchar por la tierra, que se había acabado el reparto agrario, como
producto de la insurrección zapatista se expropiaron latifundios a finqueros
racistas de varias regiones del estado de Chiapas. Las bases de apoyo zapatistas
entraron en posesión de esas tierras y desde entonces las trabajan de manera
comunitaria, rompiendo con la lógica del mercado, rompiendo con la lógica de la
ganancia.
Para alguien como yo, hijo de campesinos pobres de Tlaxcala, cuya madre fue nana
de niños ricos de una hacienda de toros, el significado de la primera reunión
preparatoria de la Otra Campaña fue muy grande, entrar al casco de lo que alguna
vez fue la finca de señores de horca y cuchillo, que ejercían el espantoso
derecho de pernada, todo eso tenía algo de sabor a triunfo, representaba la
evidencia de que era posible generar nuevas relaciones sociales y humanas, daba
sentido específico al combate desde la izquierda por una sociedad más justa, de
alguna manera vengaba los agravios de todos los campesinos mexicanos y de todos
los hijos de los campesinos mexicanos.
Al mismo tiempo al escoger esa tierra recuperada se le mandaba un mensaje a toda
la izquierda mexicana ahí reunida (desgraciadamente no toda lo entendió), que
era posible trabajar con otro horizonte diferente al de la resignación, que era
posible un anticapitalismo que iba más allá de las palabras.
Todo esto resulta intolerable para el poder, para el conjunto de la clase
política, para el conjunto de los señores del dinero. Ellos quieren un
campesinado que se esfuerce por “integrarse” mejor al mercado capitalista,
aunque éste voluble como es, siempre los margina, que haga sus sociedades de
crédito y se olvide de sus hermanos que no tienen tierra, o que venda o rente su
tierra, o mejor aún, que se vaya de ilegal a los Estados Unidos y que mande
remesas en dólares que son lo único que impide que la miseria se haga aún más
terrible en el campo.
Pero no quiere a indígenas-campesinos insumisos que no sólo defienden su tierra sino que se organizan autónomamente y que, además, son las bases de apoyo de un ejército rebelde.
La defensa de las tierras recuperadas es la defensa de la esencia autónoma del zapatismo.
No está por demás recordarlo, pero no hay autonomía en la práctica si no hay territorio.
Si los compañeros del EZLN, producto de su visión, que fusiona la política con
la ética, han mantenido el compromiso y la generosidad de cumplir su palabra con
la Otra campaña y con las comunidades visitadas durante la Otra Campaña con las
cuales se hecho trato, de salir para llevar a cabo la segunda fase, nosotros
tenemos la obligación de no dejar solos a nuestros compañeros bases de apoyo
zapatista que están luchando en contra de esta nueva ofensiva de los señores del
dinero y del poder.
El mantenimiento de la autonomía zapatista es el mejor vehículo para poder
explicar que hay otra cosa, que lo que desde los medios de comunicación se nos
vende como horizonte es apenas una realidad virtual. Que en medio del “desierto
de lo real” hay un vergel donde se expresan esos dos afluentes del torrente zapatista: la ira y la razón.
Acabar con la conversión de la tierra en mercancía, con el despojo de los bienes terrenales, con la ganancia mal habida, es decir con el capitalismo sigue siendo el punto de partida para tomar en nuestras manos el control de nuestro destino, para poder seguir siendo México.
Si es verdad que está modernidad avanza para atrás y estamos volviendo a finales
del siglo XIX y principios del siglo XX, si el porfirismo es la única visión de
futuro que tiene la clase política, si volvemos a ser un país con una economía
de enclave, entonces no está mal volver a la vieja-nueva idea zapatista de que
la tierra es de quien la trabaja.
Y muy probablemente, una vez más, escucharemos el viejo, muy viejo, prejuicio de
los predicadores dominicales de izquierda que frunciendo la nariz dirán: “esa es
una lucha pequeño burguesa”, el campesinado y menos el indígena pueden hacer
revoluciones, ni transformar de manera duradera las relaciones de dominio, a lo
más que pueden aspirar es a ser aliados subordinados de la clase obrera. Y, como
siempre sucede cuando esos señores hablan, la realidad les pasará de lado.
Por lo que vimos durante el recorrido de la Otra, es muy probable que estemos en
los prolegómenos de volver a vivir la lucha por la tierra, como elemento central
de la lucha en contra del capitalismo. No cabe duda que tenía razón el viejo
socialista alemán cuando dijo, parafraseando a Goethe: gris es la teoría, verde
el árbol de la vida.
A lo largo del recorrido de la Otra Campaña, el verde árbol de la vida del campo
mexicano se apareció, nos interpeló, pero de eso hablará el Subcomandante
Insurgente Marcos a continuación".
San Cristóbal de las Casas, de marzo del
2007.
Fuente: www.frentedeprensa.org /Biblioteca
La lucha por la tierra y la vida en un sistema de saqueo y sobreexplotación laboral es un desafío a toda la diversidad popular pero, además, implica cambios radicales en el modo de ser, estar y producir de los científicos, tecnólogos e instituciones correspondientes que son imprescindibles para garantizar el porvenir de la humanidad.
Lilliam Eugenia Gómez Álvarez sintetiza su nota del modo siguiente:
“El desconocimiento de la economía de la naturaleza y de la agroecología, llevado a cabo por el sistema de economía de desarrollo capitalista y afianzado luego por la llamada Revolución Verde realizada a través de la agricultura convencional, han sido la causa de la ruptura con el agroecosistema y los sistemas modificados".
Desarrolla:
a. "La
agroecología alternativa para el manejo de los agro-ecosistemas
Tomando en
consideración los programas innovadores en África, Asia y América Latina, se
considera conveniente un creciente intercambio de esfuerzos de investigación y
extensión agrícola más enfocados en estrategias basadas en conceptos
agroecológicos.
Este enfoque ofrece oportunidades para incrementar la producción de alimentos, no sólo en cantidades sino en múltiplos. Como se ha visto en los estudios de caso, una mejor combinación de cultivo, suelo, agua y manejo de los nutrientes, que integre al ganado o a los peces en los sistemas agrícolas, además de los procesos de manejo ecológico de plagas, logra con frecuencia un incremento de la producción de 50 a 100% o más en una amplia gama de circunstancias, incluso en algunas bastante adversas desde el punto de vista agrícola. Los gobiernos, investigadores, agencias donantes y agricultores- deben saber que son numerosas las alternativas en investigación y desarrollo agrícola que merecen ser investigadas y apoyadas.
Es indudable que si se toman en serio estas alternativas –y se refinan, adaptan y diseminan- se podrá determinar si la población del mundo cubrirá con éxito sus necesidades de nutrición y, al mismo tiempo, mantener un ambiente natural y social apropiado a la vida en siglo XXI. (...)
b.
La reconversión de los sistemas de producción
agrícola
Uno de los
motivos por el cual muchos agricultores realizan una conversión desde un sistema
de producción agrícola convencional de monocultivo, manejado con insumos
agroquímicos, a un sistema mas diversificado con árboles de sombra, o con la
introducción de policultivos, es el de lograr una producción de calidad que sea
estable, poco dependiente de insumos extremos, que al mismo tiempo les permita
bajar los costos de producción y a la vez conservar los recursos naturales de la
finca, tales como suelo, agua y Agro biodiversidad (Altieri l995).
El objetivo final de los investigadores que desarrollan y promueven técnicas de manejo orgánico, es llegar a diseñar agroecosistemas que posean una alta resistencia a plagas y enfermedades, una alta capacidad de reciclaje y de retención de nutrientes y de energía del agroecosistema, así como altos niveles de biodiversidad (Gliessman l998). Un sistema más diversificado, con un suelo rico en materia orgánica y biológicamente activo, se considera un sistema no degradado, robusto y productivo. En otras palabras, se considera que es sostenible o saludable, a un agroecosistema de café, rico en biodiversidad que a partir de una serie de sinergismos subsidia la fertilidad edáfica, la fotoprotección y la productividad del sistema. (Fernández y Muschler l999).
Uno de los desafíos que enfrentan tanto agricultores como extensionistas e investigadores, es el de saber cuando un agroecosistema es saludable, o más bien en que estado de salud se encuentra después de iniciada la conversión a un manejo agroecológico. Investigadores que trabajan en agricultura sostenible, han ideado una serie de indicadores de sostenibilidad para evaluar el estado de los agroecosistemas (Gómez et al. l996, Masera et al. 1999). Algunos indicadores desarrollados, consisten en realizar una serie de observaciones o mediciones a nivel de finca, para ver si el suelo es fértil y conservado y si las plantas están sanas, vigorosas y productivas; en otras palabras, los indicadores sirven para tomarle el pulso al agroecosistema. Para ello es necesario que dichos indicadores sean:
relativamente certeros y fáciles de interpretar
suficientemente sensitivos, poseer un conocimiento complejo, para reflejar cambios ambientales y el impacto de practicas de manejo sobre el suelo y el cultivo
capaces de integrar propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo para poder relacionarse con procesos del ecosistema, como por ejemplo capturar la relación entre diversidad vegetal y estabilidad de poblaciones de plagas y enfermedades (Altieri l994).
Para la reconversión a un agroecosistema, necesitamos tener un dominio en el manejo y la reconstrucción de suelos, para lo que es indispensable saber: lo que es un suelo y que son los suelos tropicales; el conocimiento de las propiedades físicas del suelo, depende naturalmente de las proporciones relativas de los elementos de ese suelo y de la manera como dichos elementos son asociados entre ellos, para formar unidades estructurales. Se denomina textura a la composición elemental de una muestra definida por la proporción relativa de los elementos constituyentes, agrupados en clases o dimensiones luego de haber sido individualizados. (...)
c. Conclusiones
Es necesario
asumir el manejo integral de los
ECOSISTEMAS en todos sus componentes; en este aspecto, lo que hasta
ahora se ha hecho es cambiar tanto a nivel Ministerial como a niveles
Corporativos, algo malo, por algo peor; ya que se busca revalidar o reconvertir
el ecosistema, lo que equivale a mejorar con cataplasmas el dolor causado por
una infección, en lugar de proceder a cortar la infección de raíz; es casi como
lavarse la cara sin lavarse el cuerpo. Por ello es necesario evaluar los daños
causados y realizar las verdaderas innovaciones y cambios de fondo y no hacer
adaptaciones y mejoras para revertir los daños; pues no es esto lo que requiere
el ecosistema intervenido y averiado.
Ello sólo se logrará asumiendo la concepción de la “Economía de la Naturaleza”, que contempla un desarrollo sostenible, sin que se siga perpetuando el modelo de desarrollo capitalista, el cual por su propia naturaleza es insostenible. Se trata de replantear el sistema y de asumir posiciones críticas; ya que ser críticos es la posibilidad de construir diferentes opiniones en una democracia.
Porque sino lo hacemos estaremos condenados a seguir siendo país tercermundista y por consecuencia el basurero del planeta; seremos entonces los receptores de residuos radioactivos, puerta abierta por la apertura que darán todos los países firmantes de la Globalización económica y el TLC. En nuestro país no se ha contemplado aún por ejemplo, el problema de las plagas migrantes en este intercambio, las cuales no han sido previstas, como no lo ha sido tampoco la introducción de los plaguicidas genéricos, ni de otros que en la actualidad tienen entrada libre al país. En Colombia existen plaguicidas mortales sin ningún control; tales actos merecen pronunciamientos y la formación de una corriente de opinión ciudadana, que incida en la toma de decisiones gubernamentales, priorizando los intereses nacionales. El problema de la “Revolución Verde” sigue en pie y a la orden del día con sus monocultivos transgénicos, con la destrucción de la Soberanía y Seguridad Alimentaría del país, que se encuentra al borde de sufrir riesgos sin precedentes.
Para poder llegar al desarrollo de una visión integral del manejo de los ecosistemas, es necesario poder contar con profesionales que tengan un pensamiento complejo, que posean formaciones de biólogo, ingeniero agrónomo, ingeniero forestal, tecnólogo forestal, tecnólogo agropecuario, sociólogos, antropólogos, nutricionistas, que tengan además conocimientos básicos en: ecología, suelos tropicales, zonificación territorial, criterios económicos básicos en políticas económicas, desarrollo sostenible, en La Carta de la Tierra, es decir el conocimiento de la Economía de la Naturaleza.
Es necesario contar con verdaderos funcionarios que tengan una visión holística, pensamiento complejo, mentalidad abierta y universal; será necesario que conozcan los manejos del ambiente desde un enfoque económico, que entiendan las relaciones y dependencias de la especie humana con respecto al ecosistema. En el ámbito personal dichos funcionarios deberán ser humildes para poder discutir, entender la critica y ser capaces de la autocrítica, tener un sentido dialéctico del mundo, que será lo que le dará la universalidad de la concepción de éste, calidades primordiales que un verdadero ecólogo deberá poseer.
En una palabra estamos aún lejos de una noción de soberanía alimentaria. Dicha noción se entiende como el derecho de los pueblos a alimentarse en correspondencia con sus especificidades sociales, económicas, ambientales y culturales. Dentro de un concepto de perspectiva holística del sistema alimentario, donde el alimento sea disponible y autosuficiente. Es decir con posibilidades de su compra en mercados justos, con calidad y cantidad de alimentos sanos y libres de todo tipo de contaminaciones.
La soberanía alimentaria supone un cuidado sostenible de los recursos naturales.
Se podría decir, sin que parezca un atrevimiento, que la soberanía alimentaria será una realidad, el día en que el mundo se libere de los uniformes globalizadores del mundo capitalista neoliberal. El día en que se adopten las medidas políticas para poder lograr una agricultura de manejo de agroecosistemas sostenibles, que permitan a los países no desarrollados asegurar su soberanía alimentaria. Cuando los seres humanos logren comer de acuerdo con el hambre sentida, de una manera sana y en paz con la naturaleza, solo ese día el mundo lograra ser justo y podrá llamarse "civilizado” ".
Fuente: www.ecoportal.net /23-5-08
A diferencia del neo-desarrollismo que, como el neoliberalismo, da por único
e irreversible progreso el del capitalismo central y califica de "países
en vía de desarrollo" a los que están siendo, aceleradamente, hundidos
en impotencia económica, social y humana: el avance hacia «la nación»
con autodeterminación y bienestar de la diversidad popular plantea el
desafío de democratizar real y efectivamente todas las relaciones e
instituciones sociales en la medida que la diversidad popular se reapropia
de ▪su vida cotidiana en sus variadas facetas e interrelaciones para
analizar colectivamente cómo transformarlas en convivencia cada más feliz
para todos; y ▪de los espacios públicos para deliberar y decidir
colectivamente hacia qué país-mundo encaminar los esfuerzos de mancomún.
III.
PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS
Aclaro, a diferencia del capitalismo (sea neoliberal desembozado sea su continuador vergonzante o neo-desarrollista) que tiende a uniformar en función de lo conveniente a las transnacionales, la creación de «la nación» a la plebeya exige de los de abajo descolonizarse y deconstruir sus esquemas cognoscitivos, perceptivos, comunicativos, conductuales...a fin de reapropiarse de la personalidad íntegra de cada cual, de sentidos humanos de su profesión y de la multifacética e interrelacionada vida en una sociedad con autodeterminación.
La realización de esos objetivos reclama:
1. Salir de los moldes instituidos por el capitalismo central
Diego Hurtado precisa: “Durante su primer medio año, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva atravesó un período de organización intentando ganarse un lugar y definir sus incumbencias. Pasado este primer estadio, el problema ahora es comenzar a diseñar las líneas maestras de una política.
El campo de fuerzas es complejo.
Ante todo, no hay una comunidad científica que se
conciba a sí misma como actor político.
Por el contrario, hoy la comunidad científica argentina es "un animal de cien
cabezas". Es clave que el Ministerio pueda contar con este interlocutor. De
lo contrario, las opciones son el autismo o el
corporativismo, es decir, no consensuar o elegir una, tres o cinco de
estas cien cabezas. (...)
En ciencia y tecnología, la dependencia es sistemática pero sobre todo es invisible. Hay una perspectiva que nos dice qué es hacer "ciencia de punta", ciencia prestigiosa. A partir de esta representación, surgida de una agenda ajena a nuestra realidad de país pobre, se premia y se castiga a los científicos argentinos. Desde esa perspectiva, el camino fácil es cruzar "agenda social" con hightech.
Suena bien, es ideológicamente futurista, promete modernidad.
Por otro lado, los problemas socialmente prioritarios -salud, vivienda, educación, potabilización y distribución de agua, electricidad a pequeñas comunidades, etc.- parecen requerir algo diferente. Éste es el tema de fondo, el rostro de la medusa que poco en América latina se animan a mirar.
La ciencia local competitiva mantiene una dependencia estructural con instituciones de países avanzados. Esto hace que los criterios de calidad y competitividad queden desconectados de las necesidades propias. La ausencia histórica de políticas públicas robustas y de largo plazo reforzaron esta dependencia. El resultado concreto es una ciencia aislada, fragmentada y poco "útil".
En este punto, el nuevo ministerio enfrenta una bifurcación de caminos, que es también su oportunidad histórica: seguir la huella o inventar. El primer camino es como proponerse seguir a una Ferrari con un Ford T. Son las recetas de organismos internacionales, espejitos como el "Modo 2".
Del otro lado, del camino alternativo, ya tuvimos a científicos y tecnólogos argentinos como Jorge Sábato, Óscar Varsavsky o Amílcar Herrera, para citar sólo a los "clásicos", que mostraron que se puede definir de otra manera el lugar de la ciencia y la tecnología en Argentina. Muchas experiencias exitosas surgieron de la convicción de que la fórmula es, como dice la socióloga Hebe Vessuri, "o inventamos o erramos".
Decidir a favor de este último camino significa tomar como punto de partida una lectura precisa de la propia realidad: el problema del conocimiento comienza con la capacidad de autoconocimiento. La Agencia Nacional de Promoción, al avanzar sobre el diseño de programas de financiamiento fundados en diagnósticos de necesidades, vacancias y prioridades, dio un primer paso técnico importante en esta dirección.
Le toca al Ministerio de Ciencia definir el lugar político del conocimiento y orientar los recursos científicos del país en esa dirección. En toda esta ecuación, el sector productivo aparece como el gran enigma. Su escasa tendencia a la innovación, su hábito de importar tecnología, su debilidad frente a las empresas transnacionales plantean una tarea ardua.
En el sector de pequeñas empresas, en la diversidad regional y en las llamadas tecnologías sociales parece haber caminos promisorios.
Finalmente, sobre los recursos para financiar ciencia y tecnología desde el sector público, existe un reclamo creciente al que habría que responder: ¿por qué razón la ciencia se debe financiar con préstamos internacionales en tiempos de superávit?
Tenemos tradiciones ricas en ciencias biomédicas y en ciencias sociales, institutos tecnológicos para el agro y la industria, medio siglo de desarrollo nuclear, un plan espacial, algunas empresas de base tecnológica. Y universidades con sectores de excelencia.
Tenemos muchas piezas de un gran rompecabezas. Hoy, la ciencia y la tecnología en la Argentina es un problema 100% político. En segunda instancia es un problema de recursos humanos, fuga de cerebros y porcentaje del PBI".
Fuente: Clarín// Opinión// 28-8-08
2. Apreciar culturas que el capitalismo arrasa
Diego Domínguez, en "Trashumantes: la resistencia como vitalidad" explica:
"La forma de vida que se caracteriza como «nomadismo estacional» y llamamos trashumancia se transforma pero, a la vez, se mantiene y reproduce. Como práctica, o bien como estrategia de vida, «la trashumancia» en la Argentina no ha permanecido inalterada; se ha modificado a la par de los cambios en los procesos sociales más generales que la envuelven y atraviesan. Incluso ha sido desmantelada en gran medida.
Sin embargo, también permanece y es
sostenida allí donde se realizaba históricamente. Con diferencias
significativas, según región y población de que se trate, aún hoy se registran
trashumantes en la provincias de Neuquén, Mendoza, San Juan, Catamarca, La
Rioja, Salta, Jujuy.
Aquí nos interesa puntualmente la trashumancia que realizan las familias de
campesinos kollas de la zona de Finca San Andrés en el noreste de la provincia
de Salta; más de 300 familias, organizadas en cuatro comunidades, que habitan
unas 129 mil hectáreas caracterizadas por una amplia variación de pisos
ecológicos, desde pastizales alto-andinos hasta selvas frías de montaña. (...)
Estrategia trashumante
La «trashumancia» -en términos generales- implica un movimiento continuo en un espacio discontinuo (Pérez-Figueras et al., 2002).
Siendo que en este movimiento lo que se traslada con las familias es la hacienda, particularmente bovina, ovina o caprina nos encontramos frente a lo que se llama la trashumancia ganadera.
Decimos entonces que se trata de un traslado cíclico y estacional de la hacienda que vincula espacios productivos entre pisos ecológicos, cuya expresión espacial e institucional se traduce en la formación de unidades territoriales funcionales donde se gestionan los recursos naturales (Vacaflores el al., 2003).
Pueden agregársele a lo anterior dos elementos: la importancia de las vías pecuarias en la estructuración del espacio trashumante y la articulación de esta actividad localmente situada con procesos más amplios. Así lo sugieren definiciones de la trashumancia que hacen hincapié en factores estructurales internos y externos de esa práctica.
En estos casos, la «trashumancia» aparece como la forma de organizar el espacio, campos de invernada, campos de veranada y rutas pecuarias ("huellas"), mediatizados por el trabajo y por la manera en que se lleva a cabo su articulación con el mercado (Bendini et al., 1993).
Lo que esta perspectiva permite es comprender la trashumancia de modo complejo, como la construcción de una particular forma de territorialidad, en la cual se combinan cosmovisiones no modernas con instituciones sociales del Estado-Nación y prácticas productivas autosuficientes con aquéllas anudadas al intercambio capitalista.
En síntesis, podemos destacar que la definición de trashumancia involucra un conjunto de dimensiones entrelazadas:
Una actividad productiva particular, que es a la vez una forma de vida específica.
Una organización del espacio y de sus usos, que le da unidad funcional.
Un movimiento recurrente, que establece un circuito anual sobre vías o rutas pecuarias.
Un traslado de ganado continuo, que logra conformar "migraciones domesticadas".
Un manejo altitudinal de los recursos naturales, o control vertical de la oferta ecológica.
Un ciclo estacional que estructura el tiempo y el espacio entre zonas de veranada y de invernada.
Una base familiar para el trabajo, que consolida unidades domésticas de producción.
Una estrategia de vida flexible que es readaptada en nuevas condiciones socioeconómicas.
En la zona que toma este trabajo, la trashumancia asume todas estas características, lo que permite dar cuenta de la complejidad que conlleva, la vitalidad de sus hacedores y de su permanencia en el tiempo a pesar de las transformaciones que a nivel macro la han influido (...)".
Fuente: El campo argentino en la encrucijada: estrategias y resistencias sociales, ecos en la ciudad.
Norma Giarraca y Miguel Teubal (coordinadores)- 1ª edición- Buenos Aires: Alianza Editorial, 2005.
¿Cómo implicar las distintas culturas de Argentina en la conformación de la
unidad de voluntad política que transforme todo el país en acuerdo con las
necesidades e intereses populares?
Del imperativo de que la diversidad popular cree su unidad de voluntad política se deriva la importancia de entablar una verdadera comunicación social con los objetivos de:
1. Descubrir -e involucrarse en- la reciprocidad contextual de toda actividad
Diego Domínguez, en "Trashumantes: la resistencia como vitalidad" destaca:
"Aunque la familia es el eje de la estrategia de vida, es necesario admitir que se encuentra fuertemente entrelazada por múltiples instituciones a las otras familias.
Esta densidad relacional no sólo está anclada por vínculos de parentesco sino que, sobre todo, se sostiene en la existencia de mecanismos de reciprocidad extendidos en el tiempo y el espacio. (...)
La «trashumancia» instala relaciones solidarias en la medida en que vincula en un mismo circuito a las familias trashumantes y las obliga a compartir animales de carga, refugios, viviendas, traslados, siembras y cosechas, herramientas, etc. En estos términos, la «trashumancia» se sostiene en la producción y reproducción de lazos de reciprocidad y solidaridad que transcurren en una extensa y diversificada área geográfica.
Para terminar de caracterizar la «trashumancia» en Finca San Andrés, es necesario señalar que también expresa un horizonte simbólico específico, un modo de entablar el diálogo con el mundo, una forma de conocimiento fundado en el uso. Es decir, los campesinos trashumantes ejercitan un conocimiento materializado y práctico que les permite sustentarse y producirse en el mundo, en un mundo significado por ellos.
La «trashumancia» compone lo que se ha llamado «conocimiento local»: "un modo de conciencia centrado en un lugar, una forma de dotar de significado al mundo específico de ese lugar" (Escobar, 2000). Es decir, no sólo implica una actividad práctica (experimento vivo) y un modelo del mundo (organizador de la experiencia) sino que es también un conocimiento situado, es un modelo local de interacción con el hábitat.
Finca San Andrés es ese
lugar en el cual los campesinos kollas ejercitan técnicas y procedimientos que
expresan su capacidad de controlar la variedad de pisos ecológicos y ciertos
grados de sustentabilidad de los recursos (máximo aprovechamiento con mínimo
impacto).
De este modo vemos que las técnicas y los saberes prácticos se imbrican con los
procesos de toma de decisiones en el diálogo de un grupo humano con el hábitat
que ocupa. Es decir, las formas de conocimiento son, en este sentido, también
prácticas políticas pues comprenden elecciones e interpretaciones asumidas por
los campesinos en el proceso de su reproducción material y simbólica. (...)
Para el caso de la
recolección de miel, se requiere todo un conjunto combinado de prácticas,
saberes y taxonomías
propias (...) que evidencian cierto manejo de la diversidad biológica de la
zona. Sucede algo similar con las taxonomías para la selección de las semillas o
la hacienda que les permite mantener cierto control sobre los procesos de
mejoramiento agropecuario (...)".
Fuente: El campo argentino en la encrucijada:
estrategias y resistencias sociales, ecos en la ciudad.
Norma Giarraca y Miguel Teubal (coordinadores)- 1ª edición- Buenos Aires: Alianza Editorial, 2005.
2. Humanizar la sociedad partiendo de elaborar conjuntamente conocimientos y decisiones
Silvana Buján,
en “La construcción de sentido y de criterios de verdad para la legitimación
de prácticas insustentables”, aclara:
“Basándonos
en el modelo de
sociedad jerarquizada, en la que ciertos grupos cercanos al poder deciden por
sobre los otros y poseen capacidad de manejo de objetos en mayor
grado que los que se hallan estructuralmente más abajo en la pirámide social,
podemos incluir aquí una idea en estrecha relación a esta división entre
naturaleza y cultura: ¿qué sucede cuando el status-quo piramidal de la
sociedad actual -descripta precisamente por miembros de su cúspide minoritaria-
instala dentro del mundo de lo natural esta jerarquización y su consiguiente
superioridad, como un dato, un hecho de la naturaleza, por tanto,
incuestionable?
No es una idea extraña a la historia humana. El nazismo hizo creer a toda una nación el status superior de una raza. Este pensamiento puede rastrearse en las épocas monárquicas, en donde el rey era “naturalmente” superior de nacimiento. Hoy, ese lugar de legitimación como superioridad no se busca en la pertenencia a una nación o a una raza. Ni refiere ya a aspectos divinos. La clave está en la institución “ciencia”. La que legitima, la que hace que alguien de delantal blanco pueda dar las explicaciones más diversas como incuestionables. El saber es el valor, y la legitimidad del saber está soldada a la legitimidad del legitimador.
En estos períodos, la nueva burguesía y los cambios económicos producidos por la primera Revolución Industrial, hacían que las miradas de interpretación trasladaran las leyes de las Ciencias Naturales al orden social y a la política, como es el caso del racionalismo cartesiano deductivo, con el inductivismo newtoniano que tratará de demostrar geométricamente o empíricamente el orden social. (…)
Horkhaimer se preguntará qué pasa cuando la vida social se mira desde la racionalidad instrumental, sin dar lugar para la crítica, cayendo en el autoritarismo, en la legitimación por pura proximidad al mundo luminoso de las ciencias estatuidas como Verdades por aquéllos que se hallan jerárquicamente más arriba en la pirámide social.
La relación Ciencia y poder es antigua. Un momento en la historia del último siglo estrecha y evidencia ese lazo: el Proyecto Manhattan. Luego, se disolverá el comité que había sido creado con científicos, precisamente porque no eran políticos. Esta relación señala que las etapas del lazo entre política y ciencia han sido diferentes en cada época. Durante los años 50 y 60 fueron de política para la ciencia, en donde se promocionaba que la ciencia no debiera estar manejada por el estado, y que si bien utilizará recursos de éste, ha de ser independiente; luego, los 60 y 70 se caracterizaron por una política de la ciencia, en la que se potenció el desarrollo tecnológico, la planificación y las redes de relaciones de poder con la ciencia se empezaron a tejer sólidamente. La Ciencia debería resolver todos los problemas. La Ciencia se volvía buena y pertinente.
Luego de los 80, se hablará de la ciencia en la política, porque formará parte de las grandes cuestiones políticas de Estado instalada en la mesa de concertaciones. La sociedad entonces se someterá a ser mera espectadora de la producción de los medios de destrucción, y el perfeccionamiento del despilfarro. (...) Entonces, la razón tecnológica fue virando hasta transformarse en única razón. (...)
Una Ciencia que siempre tuvo pretensiones de neutralidad, incuestionada y pertinente a la hora de justificar emprendimientos tales como el uso energético de la fisión nuclear (que se revisará en este capítulo), las mega represas hidroeléctricas, el desviado de cursos hídricos, la tala indiscriminada, la emisión de gases de efecto invernadero, el vertido de residuos al mar, la introducción de eventos biotecnológicos con impactos no evaluados (…)”.
Silvana Buján
interroga sobre cuál es la función de los comunicadores
divulgadores científicos:
“Cada vez que se
habla de la
“realidad de las cosas”
se habla de una
construcción sociocultural que nos permite
comunicarnos con el resto de los mortales en esta gran creencia de que sabemos
de qué está hablando el interlocutor cuando nos habla. Sólo es posible
entenderse con los demás si existe un acuerdo previo en los usos de las formas
expresivas, esquemas conceptuales, ubicación del Otro como receptor legítimo.
Sin estos requisitos no habrá realidad, no por que no sucedan las cosas, sino
porque lo que llamamos realidad es simplemente una instancia cognoscible a
partir de la puesta en común de esos acuerdos.
Los comunicadores especializados tenemos la preocupación de divulgar lo que pasa en la cocina de las ciencias hacia el exterior de ellas, logrando que se nos comprenda. ¿Cómo atravesar las dificultades y ofrecer información de fácil comprensión? ¿Cómo "traducir" desde las Ciencias de la Comunicación y el Periodismo científico, el discurso de las ciencias duras, y hacerlo relacionarse con la gente que quiere saber de qué se trata? Desde una narración, ¿explicar un teorema?
El discurso platónico con que se inauguró la ciencia no fue precisamente científico. Las ciencias no pueden “saber y hacer saber” sin acudir al relato, a la narración, a alguien que explica a otro, que cuenta, que refiere. La comunicación a través de la narración resulta así condición sine-qua-non de toda formación social. El mismo juego de la ciencia presupone temporalidad, pasado, camino a seguir, contextualización de presente: El relato de la Epopeya del Conocimiento.
Sin perder de vista el ejemplo cinematográfico citado anteriormente, si el lector esperaba un texto en el que habláramos de la posibilidad de la comunicación cabal, amargo será su desengaño. Es humanamente imposible lograr una recepción homogénea entre seres diferentes, cuyas psicologías, historias de vida, percepciones, adiestramientos, lenguaje y saberes son bien diferentes unos de otros.
Como objetivo de máxima, los comunicadores (y cualquier persona) podemos aspirar a poner en evidencia estas cosas, y a acercar a mayor cantidad de receptores la mayor cantidad de información, en la esperanza de que sea decodificada y comprendida con cierto arreglo a nuestra voluntad”.
Silvana Buján plantea: “En las ciencias, un enunciado científico tendrá validez de Saber, solamente si se sitúa en el contexto en que se ha generado, e inserto en una trama de saberes, podrá ser entendido por el resto de la sociedad.
La ciencia no puede evitar que sus enunciados se relacionen con el tiempo, el ámbito, la historia, la reflexión humana, ya que no existen acontecimientos aislados ni puros. La ciencia evoluciona al ir dando cuenta de los problemas y desafíos de cada época.
(El filósofo Francoise Lyotard dirá que si la humanidad debe ser el héroe de la libertad, todos los pueblos tienen derecho a las ciencias, y si el sujeto social ya no es el sujeto del saber científico, será que lo impiden los sacerdotes y los tiranos.)
La tarea colectiva más grande que hoy enfrenta la humanidad concierne a los problemas de riesgo ambiental global, y a los de equidad entre los pueblos. Para ella, es menester romper con las divisiones históricas entre ciencias duras y blandas. En este tiempo de crisis, cabe la pregunta acerca de si la misma ciencia que nos llevó a los problemas, nos podrá sacar de ellos. Los problemas ambientales globales tienen rasgos comunes, son complejos y variables. Y devienen de un paradigma de apropiación del mundo, que impide por sus propias características, otro modo distinto de pensar la relación del ser humano, con la naturaleza.
El modelo de racionalidad científica tal vez no resulte apropiado para el abordaje de estas problemáticas, siendo menester que la ciencia dura "se derrame" y fusione transdisciplinariamente con las ciencias sociales, en la búsqueda – a estas alturas de la humanidad, desesperada- de nuevos paradigmas que posibiliten soluciones integrales.
Así como el derecho actual reconoce nuestras obligaciones con respecto a las generaciones futuras, a las otras especies y al ambiente, la ciencia también se expande en una transición profunda y veloz de la que no podemos medir resultados.
Y a la luz de estos cambios vertiginosos, surge ante los ojos una suerte de doble ciencia: aquélla que promueve el bienestar presente y futuro, y aquélla que, financiada e inscripta en ámbitos corporativos, promueve ventajas comparativas inmediatas, ocultando o echando un manto de duda sobre los impactos que a futuro podrían resultar en el ambiente y en la salud de las personas, de sus creaciones y patentes. ¿Cómo es que no se ve, que no se conoce, que no se sospecha de estos riesgos, por demás altos?
El Vehículo (el lenguaje)
Cuenta Todorov que
cuando los indios americanos en el período de la conquista confrontaron con una
lengua desconocida, los dioses se les volvieron inteligibles, perdiéndose la
comunicación, y poniéndolos en franca inferioridad. Ello, dice el filósofo
búlgaro, fue el punto de partida del sometimiento. Para Occidente la lengua
diferente es igual a mudez, a incapacidad de habla, y deviene en la
descalificación del otro como interlocutor y como ser humano. En los indios la
tradición oral es la identidad misma de la sociedad. Los escribas españoles
hablaron en sus crónicas DE LOS indios, pero no A LOS INDIOS, ya que no los
reconocen como sujeto receptor...
Muchas veces se ha señalado que escribir en "difícil" puede responder a propósitos de contra información. Cuando se exigen explicaciones más precisas sobre ciertos desarrollos tecnológicos y sus impactos en el ambiente, es probable que hallemos una profusión de papers y trabajos de gran profundidad, pero que a los ojos del lector general, son poco eficaces.
A lo largo de los últimos años, en Argentina el discurso ambiental oficial ha sido consecuente con la lógica capitalista, más atenta a utilizar expresiones como “desarrollo”, “avance de las ciencias”, “el bienestar común” que a ejecutar un real desarrollo sustentable.
Los nuevos movimientos sociales han puesto en evidencia enormes y múltiples pasivos ambientales acumulados por décadas, imposibles de disimular al ser percibidos por una sociedad que comienza a tomar conciencia de la dimensión ambiental, y a tomar estado público y mediático.
Durante los años 90, la entonces responsable de la cartera ambiental en el país, se rodeó de un equipo de científicos y especialistas en una amplia variedad de temas ambientales, que respondían hábilmente a cada reclamo, con un fuerte asesoramiento legal que protegía sistemáticamente a los responsables de los desastres ambientales, amigos del poder político de turno. De ese modo, la industria petrolera, la minera, la agro-tecnología, las usinas hidroeléctricas, disimulaban u ocultaban sus fuertes impactos ambientales. No es algo nuevo: en cada período de gobierno existen funcionarios funcionales al poder empresario e industrial, que ocultan minuciosamente los pasivos ambientales de sus “socios”.
Los medios masivos de
comunicación, fuertemente respaldados, entre otras, por grandes empresas
químicas, petroquímicas y de agronegocios se volcaron a promover las bondades de
un sistema de consumo insustentable, y a entronizar en la cúspide de la
protección ambiental, a sus auspiciantes.
Petroleras devenidas protectoras de la naturaleza; agroquímicas multinacionales
promoviendo el bienestar del país a página completa. El discurso de estas
empresas y de los gobiernos que permiten sus andanzas contaminantes se apropió
de la terminología nacida en el ecologismo, vaciando su sentido original, y
buscando legitimar ante las personas, sus prácticas insostenibles. Una legión de
científicos contratados por esas mismas empresas, ofrecían la mitad de la
biblioteca para que se justifique lo injustificable.
Pero la granada estalló en las manos y el maquillaje verde se fisuró: pueblos enteros, madres de víctimas de la contaminación, gente que ya no tenía nada más que perder, ponía en evidencia un sistema productivo descontrolado que marchaba a espaldas de una legislación obsoleta o en el mejor de los casos, incumplida.
El principio del milenio halló una Argentina reclamadora, con un nuevo corpus legal de respaldo, y alguna injerencia sobre ciertas decisiones. Se multiplicaron los reclamos, las causas penales. Empezaron a develarse los pasivos ambientales que se ocultaban cuidadosamente debajo de un discurso prolijo que aseveraba que todo estaba en orden y bajo control. Residuos radiactivos abandonados a cielo abierto; enterramientos clandestinos de tóxicos; venta y uso de químicos prohibidos; centenares de derrames de hidrocarburos abandonados a su suerte en mar y tierra, aparecieron de la nada en una sociedad que despertó a estas realidades, cuando los discursos se rompieron y dejaron ver detrás.
Hubo y hay intentos desesperados por parte de las empresas y los gobiernos de disimular y ocultar con el discurso, ese difícil panorama que se pone en evidencia. Y surgen análisis que instalan en la categoría de daños colaterales del progreso a esos desmanejos. Sin embargo, comienzan las demandas personalizadas a directivos y funcionarios, que han incumplido con sus deberes o violado la legislación vigente.
¿Qué percibimos con esto? Que durante décadas, el poder político y económico funcionó como el español para Todorov: las personas se hallaban ante un discurso incomprensible, legitimado por la institución científica, y cuando podían decodificar algún mensaje sencillo, éste hablaba de los beneficios del progreso y de las maravillas del desarrollo.
El periodismo científico independiente, sumado a las nuevas herramientas de acceso a la justicia, generaron que ese “nadie” víctima del impacto del modelo productivo (que no comprende porque no sabe, y para el que la ciencia es casi una cuestión de fe) despierte y actúe individual y masivamente reclamando y rechazando el incumplimiento de aquel discurso resemantizado para la ocasión.
Esquel, Gualeguaychú, Ezeiza, Andalgalá, San Juan, contraencuentro Iguazú, son masivas puestas en escena de los sentidos reales de esos discursos vaciados: la profunda huella de la entrega nacional a los agronegocios; los leoninos y contaminantes sistemas mineros; la industria petrolera controlada por nadie; la industria nuclear que se controla a sí misma.
Urge a los intelectuales del movimiento ecologista, una revisión de estos procesos y una reformulación de estrategias que resemanticen el lenguaje y desenmascaren el maquillaje verde y la perversa alianza entre empresas y poder político, cuya primacía ha llevado a la crisis ambiental.
Solamente de ese modo se podrá buscar una salida diferente
a las mejoras pulsantes en función de estallidos sociales.
Un cambio proveniente de una percepción distinta de la naturaleza y sus
recursos. Un nuevo modo de consumo, una reubicación de las necesidades básicas
atentas a satisfactores reales y no a necesidades ficticias compelidas a través
del discurso. (…)
Podríamos aquí seguir ampliando y enumerando casos puntuales. Pero el objetivo de este trabajo es evidenciar que así como en este caso de la energía nuclear, en tantos otros (minería, biotecnología, mega represas, uso de químicos peligrosos, etc.) el discurso que envuelve la promoción de esas prácticas y materiales, es un discurso que vela el real peligro potencial de las mismas.
Un discurso preparado por esa mitad de la biblioteca que insiste en sostener que la ciencia es independiente de sus contextos de descubrimiento y de aplicación. Una ciencia que pretende sostener ese aislamiento. Una ciencia, en fin, hija de su tiempo.
El ecologismo pugna por
instalar un nuevo discurso crítico ante los procesos insustentables que han
llevado a la civilización a la crisis, pero a la vez, que de cuenta de las
prácticas de desarrollo que aseguren la permanencia de la especie en el planeta,
y de todas las demás especies, pues la pérdida de una sola de ellas, nos
empobrece como humanidad".
Fuente:
www.ecoportal.net/
25-4-08
En consecuencia, la implicación de las distintas culturas y singularidades
depende de crear la comunicación interpelante de una creciente mayoría de
los de abajo que:
libere sus opiniones e ideas al situarlos en la órbita de su cotidianeidad
conflictiva;
resignifique la política como construcción colectiva de la convivencia en
beneficio mutuo y hermanamiento con todos los pueblos y los oprimidos
planetarios;
dialogue a través de
un doble proceso, uno que entable la reciprocidad de los vínculos entre la
diversidad popular tanto de Argentina como de América latina y otro que
elabore conjuntamente contenidos y sentidos de
sociedad-país-continente-mundo por reflexión crítica sobre los cambios
concretos a realizar con la lógica centrada en desarrollar la igualdad de
oportunidades de vivir dignamente para todos los de abajo.
A diferencia del «nuevo desarrollismo» que, como el neoliberalismo de los noventa, nos hace endiosar las versiones de las ciencias, filosofías, tecnologías, artes e industrias que convienen a los oligopolios globales, la «nación» será creada por la diversidad popular si:
1. Revoluciona sus expresiones filosóficas, culturales, informativas y comunicativas
Porque proyectar otra sociedad, otro país y otro mundo plantea vincularse con una creciente mayoría de los de abajo elaborando conjuntamente, por ejemplo, los contenidos y sentidos de una reforma agraria integral, de la producción agropecuaria e industrial y del bienestar social.
Al respecto, Enric Mompó (Rebelión), en "Antropocentrismo y modernidad", advierte:
"El proyecto del crecimiento capitalista sólo puede sostenerse a través de la filosofía antropocentrista, que justifica esos desmanes en nombre del progreso.
Uno de los mitos más consolidado e indiscutido de nuestro tiempo es el del progreso. En los siglos XVIII y XIX fue identificado acríticamente con la revolución industrial, de la misma forma que hoy se lo equipara a la ciencia y la técnica bajo el capitalismo. Nada más lejos de nuestra intención negar que la revolución industrial supuso en su momento un “progreso”, ni que hoy los nuevos avances científicos y tecnológicos abren importantes posibilidades para mejorar las condiciones de vida de la humanidad. La ciencia y la técnica no son neutrales. A lo largo de la historia casi siempre han estado al servicio del poder y pocas veces han coincidido con los de la mayoría.
La idea de “progreso” tiene diferentes interpretaciones a menudo antagónicas. Después del hundimiento de la URSS y sus satélites se pretendió identificarlo con la globalización. Pero el triunfalismo de sus entusiastas es prematuro e injustificado. En gran parte del mundo ha resultado un fiasco que ha hecho retroceder la calidad de vida de la población en regiones y continentes enteros. El progreso del que hablan no es más que el aumento de sus cuentas de beneficios. La globalización ha dejado en ruinas la mayor parte de África y ha hundido en la miseria a millones de personas en América Latina y Asia. Los pobres en Europa y Norteamérica aumentan y el poder adquisitivo de los salarios disminuye. La crisis energética se agrava y muchos de los recursos minerales muestran síntomas de agotamiento, la degradación de los ecosistemas, la extinción de las especies, el cambio climático, el agujero en la capa de ozono son secuelas de la visión del progreso que existe en nuestra sociedad.
En el pasado existía la idea de que los recursos naturales “crecían” y eran inagotables. La capacidad de depredación feudal o esclavista era infinitamente menor que en la actualidad. Sin embargo los estragos de la explotación incontrolada de la naturaleza convirtieron imperios en ruinas. Grandes territorios fueron deforestados, sin permitir su recuperación, para construir ciudades y flotas de guerra o mercantiles, y numerosas especies fueron exterminadas por su piel, o por el simple capricho de su caza.
El capitalismo heredó las viejas supersticiones medievales: el antropocentrismo, la inagotabilidad de los recursos y la de que a través de su explotación su futuro era infinito. La nueva magia, disfrazada de ciencia y tecnología, defendía que las posibilidades de reproducción del capital eran eternas, y que la humanidad había llegado al final de su historia. Los descubrimientos y los inventos ampliaron las posibilidades de mejorar la vida de la población. Pero el “progreso” tenía características contradictorias. Se ampliaban las áreas de cultivo y aumentaba la producción de alimentos, pero se esquilmaba la tierra hasta agotarla. El propietario exprimía sus frutos sin dejar que se recuperara. Cuando la producción cayó en picada, Gran Bretaña importó guano y fosfatos de los países coloniales. Territorios de los USA, colonizados después del exterminio de los indios para aplicar la agricultura intensiva, hoy son extensos eriales semidesérticos. Todo en nombre de un progreso antropocentrista (eurocéntrico) que exterminaba sin la menor impudicia, a especies y pueblos enteros.
Para alcanzar el paraíso capitalista había que crecer, crecer y crecer, y para eso hacía falta expoliar los recursos de la naturaleza y explotar a los trabajadores más y más. De nuevo el ¡creced y multiplicaos y dominad la Tierra! surge con una intensidad especialmente siniestra. El progreso no puede, no debe detenerse jamás. La naturaleza y sus recursos (inagotables gracias a la ciencia) están al servicio del hombre. Siglos de codicia infinita nos llevan al desastre. Pero ese negro horizonte ya no es una advertencia de un puñado de iluminados, sino que cada vez es más evidente para todos.
“De ahí que muchos naturalistas hayan sostenido que el exterminio de especies constituye un empobrecimiento espiritual e intelectual para la humanidad. Un mundo sin otros compañeros terrestres no sería sólo un lugar más peligroso, sino también mucho más solitario y desolado. ¿Qué será del espíritu humano cuando hayan desaparecido las criaturas animadas que hemos invocado durante milenios en nuestras tradiciones culturales más ilustres? El poder de los sueños humanos está vinculado a la multiformidad de los animales. Con la desaparición de los sueños se agotan también la imaginación y la creatividad de las personas”, como afirma el escritor Elías Canetti.
Pero si no queremos atenernos a las razones sentimentales o estéticas y buscamos razones “prácticas”, la extinción de cada especie constituye una pérdida irreparable. La pérdida de la biodiversidad nos empobrece a todos. El 40% de las recetas médicas prescritas y más de la mitad de los medicamentos elaborados por la industria farmacéutica se obtienen de productos naturales. Cada especie que desaparece puede ser la pérdida de una medicina contra el cáncer o cualquier otra enfermedad.
El crecimiento ilimitado ha desembocado en una penosa situación: dos tercios de la humanidad viven en la pobreza, la naturaleza se encuentra en franco retroceso, desertificación creciente, el fin de la era del petróleo y del gas natural. A pesar de todo, charlatanes, miopes y malintencionados, insisten en que la solución a los males de la humanidad está en… crecer más todavía. Cuanto más se crece, lo único que realmente mejora son los beneficios de las multinacionales. Añadir el prefijo “eco”, al capitalismo, o pintarlo de verde, no cambia nada. Es una burla, destinada a los tontos y a los que quieren ser engañados. Miden el progreso de la humanidad sólo con los criterios de la rentabilidad y las leyes del “libre mercado”.
Luchar contra la comida basura, por una educación que enseñe a comer de forma sana y no compulsiva es atentar contra los sagrados intereses de las grandes corporaciones. Por eso las multinacionales se gastan millones de dólares en descubrir el gen de la obesidad. Los empresarios saben que hay un mercado, una legión de obesos esperando ansiosos el milagro de la ciencia. Necesitan una sociedad neurótica y esclava de sus productos.
Las empresas invierten fortunas en descubrir fármacos que contengan el SIDA, pero se niegan a que los países pobres fabriquen genéricos, porque perjudica su monopolio. No importa que millones de personas mueran cada año, la cuestión es que no se puede ir contra el “libre mercado”. Algunos altos ejecutivos de la industria farmacéutica declararon que la libertad para fabricar genéricos era perjudicial para todos, porque desincentivaba la inversión y la investigación. Sin comentarios.
La ciencia oficial presenta
los transgénicos como una especie de cuerno de la abundancia que acabará
definitivamente con el hambre y los grandes males que azotan a la humanidad. Sin
embargo desde su aparición y comercialización surgen nuevos
“problemas” que lo
desmienten.
Empobrecen la
biodiversidad, esclavizan a los campesinos y salvo excepciones no dan los
resultados esperados. En algunos casos incluso se han revelado como peligrosos
para los consumidores. ¿Quiere esto decir que estamos en contra de la
modificación artificial de organismos? No, el hombre lleva haciéndolo desde hace
miles de años, con el cruce e hibridación de los animales y vegetales
domésticos, con efectos muy beneficiosos. Lo que denunciamos es la ingerencia
del capital. A los inversores lo único que les importa son los beneficios. Una
investigación seria y exhaustiva no hace más que retrasar la comercialización
del producto, y lo que es peor, después del gasto podría aconsejar que fuera
retirado del mercado. La multinacional Mosanto no está preocupada por el
bienestar de los campesinos. Lo que pretende es obligarlos a comprar sus
productos. Por esta razón las semillas comercializadas son estériles. Si quieren
una nueva cosecha tendrán que volver a comprarle semillas. El concepto
“progreso” es
poliédrico y confuso. Para las multinacionales significa aumentar
su margen de beneficios y mantener su monopolio sobre la ciencia y la técnica,
para los pobres y oprimidos de la Tierra, socializarlas.
En el capitalismo antropocéntrico, progreso es torturar animales en los laboratorios para fabricar perfumes y armamento; arrancarle la piel a una criatura para venderla en forma de abrigo; o encerrar a decenas de miles de gallinas en cajones de por vida, atiborrarlas de hormonas y sustancias químicas para que puedan poner millones de huevos envenenados, destinados al mercado. La sensibilidad frente al dolor ajeno (humano o no); la consideración de que todos los seres tiene el derecho inalienable a vivir como lo que son, todo es sacrificado en el altar de la rentabilidad, la competencia y el beneficio, que honran al dios capital. Las razones que permiten depredar sin escrúpulos la naturaleza son las mismas que llevan a “flexibilizar” las plantillas de las empresas y congelar los salarios. Son dos caras de la misma moneda.
No estamos contra el progreso. Pero defendemos otra clase de progreso, donde el centro de la cuestión no sea el antropocentrismo del capital, sino el ser humano como parte inseparable de la naturaleza. La humanidad y la naturaleza no son antagónicas, son complementarias. El progreso sólo puede darse respetando a ambos. El “¡someted la Tierra”! tiene que ser sustituido por un “¡administrad responsablemente la Tierra!”. La ciencia y la técnica no son las culpables del desbarajuste actual, tampoco lo es el ser humano en abstracto. La primera opción nos condena a un reaccionarismo estéril, la segunda a la impotencia (si el problema es el ser humano no se puede hacer nada). Las causas están en la naturaleza del capitalismo. Éste es el que debe ser superado.
La ciencia y la técnica
socializadas y libres de sus cadenas, son instrumentos que pueden ayudarnos a la
regeneración del planeta y a su futura preservación, de la misma forma que
pueden ayudarnos a crear una sociedad más libre, solidaria y humana. Nuestro
proceso de independencia de la naturaleza no nos coloca por encima de ésta.
Somos la naturaleza hecha conciencia. Podemos aprovechar sus recursos
renovables, pero sin agotarlos, dándoles tiempo para que se recuperen, o
racionalizando su consumo en el caso de que no puedan reponerse. La ciencia nos
da a conocer las leyes que rigen el universo. Gracias a ello podemos construir
una relación estable con el entorno sin necesidad de declararle la guerra, ni
esquilmarlo. Tal como observó Bacon:
“Sólo podemos
mandar sobre la naturaleza obedeciéndola”
(...)".
Fuente: www.rebelion.org./Opinión/ 4-5-08
¿Qué significa revolucionar pensamientos e ideas, praxis y organización, métodos de comunicación e información? En principio implica cuestionar y emanciparse de la hegemonía política de los Kirchner que se basa en simulacros de rupturas con el neoliberalismo al perfeccionarlo (privatización petrolera, des-endeudamiento, persistencia de las AFJP y de las leyes dictatoriales, anulación de la movilidad jubilatoria, etc.) por adecuar su modelo al actual contexto-proceso sociohistórico e internacional.
2. Organiza su poder de derrotar al sistema opresor-represor
Porque proyectar otra sociedad, otro país y otro mundo plantea, al mismo tiempo, situarse en la lucha de clases que las dominantes conducen -a través del gobierno K- hacia la desarticulación y la cooptación de los de abajo. Pero cuando esto fracasa, el gobierno de Cristina Fernández (como el de su marido) mediante sus expresiones provinciales judicializa a quienes dirigen, se organizan, resisten, se yerguen en sus reivindicaciones y si la criminalización no alcanza, implanta la militarización del conflicto.
Silvia Ribeiro (La Jornada), en “Los señores feudales del siglo XXI”, relata:
"En junio de 2008, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, de Brasil (MST), denunció la existencia de un informe secreto contra ese grupo, elaborado a iniciativa de la Brigada Militar de Río Grande do Sul (cuerpo militar en funciones policiales), con un par de fiscales de alquiler como fachada. Este documento fue “aprobado” en diciembre 2007 por el Consejo del Ministerio Público de ese estado, a partir del cual esas instituciones deciden trabajar para lograr la “declaración de ilegalidad” y posterior “disolución” del MST, uno de los movimientos sociales más relevantes de América Latina. El MST se fundó en 1985 en ese mismo estado, y actualmente tiene millones de miembros en todo Brasil. Según Leandro Scalabrim, abogado defensor, “estamos frente a la mayor conspiración cívico-militar desde el fin de la dictadura”.
Detrás de esta conspiración represiva, en pacto con los latifundistas históricos de Río Grande do Sul, militares y el gobierno títere de la gobernadora Yeda Crusius, están las grandes empresas trasnacionales de monocultivos industriales de árboles y cereales, como Stora Enso, Aracruz Celulose, Votorantim, Bunge, Cargill y ADM. Aunque se aprovechan de alianzas con los sectores más rancios y explotadores del estado, estas empresas son ahora las más beneficiadas de la represión a los movimientos sociales. Es público que Stora Enso, Aracruz y Votorantim entregaron cientos de miles de dólares para la campaña de la actual gobernadora, hasta entonces desconocida, ahora acusada de varios actos de corrupción.
Las trasnacionales forestales están ocupando agresivamente las mismas tierras que podrían ser desapropiadas por las autoridades para entregar a los Sin Tierra, según las leyes de reforma agraria, o sea, los grandes latifundios con tierras improductivas. Argumentan que al instalar miles de hectáreas de eucaliptos la tierra está “produciendo”. Pero esos monocultivos, además de ser ganancia sólo para las trasnacionales y producir papel inútil, después de ser talados dos o tres veces en 20 años, dejan la tierra muerta, sin nutrientes, agotada y llena de troncos talados que ya nunca volverán a crecer ni permitirán que ninguna otra cosa crezca. No están haciendo producir la tierra, sino matándola para que nadie más la tenga.
El informe, que iba a ser secreto, tiene las características típicas de las dictaduras militares del continente: es completamente falso. Entre otras falacias, acusa al MST de estar conectado con las FARC de Colombia, de que sus escuelas –que educan a nivel secundario y terciario a miles de hijos de campesinos– son centros de entrenamiento de guerrilleros y de que la lucha por la tierra, que llevan desde hace más de dos décadas y que logró 650 mil familias asentadas en tierras desapropiadas legalmente a enormes latifundios improductivos, no es más que una cobertura para otras actividades. ¡Vaya cobertura!
El MST ha venido sufriendo en los últimos dos años un recrudecimiento violento de los ataques y represión contra las acciones legítimas (y garantizadas por el derecho nacional e internacional de protesta), como movilizaciones, marchas y campamentos, que realiza con el fin de obligar al gobierno a cumplir con la ley de reforma agraria.
Las represiones más violentas que han sufrido se inscriben en la nueva estrategia tomada por la Brigada Militar a partir del informe citado. En ese marco se inició en marzo de 2008 un proceso penal contra varios integrantes del MST, acusados de lo que serían “delitos” según la Ley de Seguridad Nacional, una norma de la dictadura. En julio 2008, el reconocido abogado Nilo Batista presentó en nombre de los acusados un recurso para que se desestimara el proceso legal contra ellos por basarse en una ley caduca. Un juez federal negó el recurso, y la parodia de proceso “legal” ya comenzó.
Esto es gravísimo porque significa luz verde para usar la Ley de Seguridad Nacional de la dictadura no sólo contra el MST, sino contra todas los movimientos y formas de protesta social en Brasil. Si este proceso continúa, Lula se convertirá en otro “gobierno popular” que usa leyes de la dictadura contra los movimientos. Así sucedió en Chile contra los indígenas mapuches, quienes protestan –incluso con huelgas de hambre de 112 días– por la invasión de sus tierras con monocultivos de las empresas Celulosa Arauco y Mininco del Grupo CMPC.
A punta de leyes amañadas y
represión gubernamental contra indígenas y campesinos avanzan los desiertos
verdes. Si los dejamos,
estos nuevos señores feudales nos ilegalizarán a todos". *
Investigadora del Grupo ET
http://www.mst.org.br/mst/pagina.php?cd=5556
Fuente: www.rebelion.org
/Brasil / 31-8-08
¿Qué significa organizarse para el avance y arraigo de, por ejemplo, la reforma agraria hacia la soberanía alimentaria? En principio implica el hermanamiento entre quienes están en asentamientos precarios, han sido despojados de su territorio y quienes luchan contra el desalojo de sus tierras. Es tomar conciencia de su situación actual de desposeídos y violados en sus derechos humanos pero, a la vez, con la voluntad de las organizaciones de los piqueteros de: trabajo, dignidad y cambio social.
3. Recapacita que los Kirchner representan al contubernio de monopolios locales con globales
Porque
proyectar otra sociedad, otro país y otro mundo plantea, al mismo tiempo,
socializar la convicción en que «la nación» con soberanía y autodeterminación
exige hacerse cargo de esas responsabilidades de autogestión y autogobierno para
erradicar los arreglos de espaldas a la diversidad popular.
Red Eco, en su informe
"La cultura
del terror",
comienza
con las siguientes reflexiones de
Eduardo Galeano (El
libro de los abrazos):
"El colonialismo visible te mutila sin disimulo: te prohibe decir, te prohibe hacer, te prohibe ser. El colonialismo invisible, en cambio te convence de que la servidumbre es tu destino y la impotencia tu naturaleza: te convence de que no se puede decir, no se puede hacer, no se puede ser".
"A principios de julio de este año (2007), luego de pasar
velozmente por las dos cámaras del Congreso Nacional, fue promulgada en el país
nuestra
Ley Antiterrorista.
Son ocho artículos que modifican el Código Penal y extienden las facultades de
la Unidad de Información Financiera (UFI), con el objetivo de incorporar a
nuestra legislación la confusa figura de asociación ilícita terrorista.
A partir de su sanción, el Estado está habilitado para perseguir y procesar, con
ley en mano, a cualquier organización política o social que se manifieste en
contra de las acciones del gobierno o que pretenda ejercer presión sobre sus
organismos. La
norma, disfrazada de ley antiterrorista, es un instrumento estratégico para el
control de la protesta social, sancionada bajo presión y por orden del Grupo de
Acción Financiera Internacional. (GAFI)
El GAFI es un organismo supranacional creado en 1989 en París, en la Reunión
Cumbre del Grupo de los 7. Este grupo prevé dos sanciones para los países que no
legislen en materia de financiamiento del terrorismo según las normas
internacionales: declarar públicamente que los países deben tener cuidado con
realizar operaciones financieras que provengan o sean destinadas a esos país. Y
el siguiente paso es la expulsión del país del seno de dicho grupo.
Para Argentina el plazo se vencía el 23 de junio de 2007. Por eso, si bien el
Poder Ejecutivo envió el proyecto de ley de modificación del Código Penal a
fines de diciembre de 2006, los legisladores lo aprobaron en mayo de 2007 y el 5
de julio fue publicado en el Boletín Oficial.
Ni el Poder Ejecutivo ni los legisladores nacionales inventaron algo nuevo.
Tomaron casi textualmente las definiciones que, pasando por las Naciones Unidas, Estados Unidos estableció sobre quiénes son terroristas, cuáles son los actos terroristas, y qué es una organización terrorista.
La idea de
Estados Unidos
sobre el terrorismo como enemigo de la humanidad no surgió a
partir del atentando contra las Torres Gemelas.
En 1996, Estados Unidos sancionó el Anti-Terrorism & Effective Death Penalty Act,
modificando su primera definición de terrorismo, plasmada en el
Acta de Inmigración y Nacionalidad ,
que regula la entrada de inmigrantes al país.
Después del atentado a las Torres Gemelas, una nueva norma avanzó sobre la
definición del terrorismo, la USA Patriotic Act.
El Acta del 96, cuyo propósito es frenar el financiamiento de organizaciones
terroristas, amplía además las facultades de la Secretaría de Estado.
Esta norma define que cualquiera que cometa actos contra la seguridad nacional
es considerado terrorista. Pero si se tiene paciencia y se sigue leyendo, se
encontrará que
define seguridad nacional como la defensa, seguridad e intereses económicos de
Estados Unidos. O sea que quien ataca de casi cualquier forma los
intereses económicos de Estados Unidos puede ser considerado un terrorista.
La
Patriotic Act, entre otras cosas, amplía las facultades del presidente,
de la justicia militar, y de las autoridades policiales. Confiere a las
autoridades federales atribuciones amplias para vigilar e interceptar
comunicaciones, y tipifica nuevos delitos y establece nuevas penas aplicables a
terroristas nacionales e internacionales.
Bajo la conjunción de estas normas, cualquiera puede ser señalado a discreción
por el presidente norteamericano como presunto terrorista, o sospechoso de tener
relaciones con organizaciones probablemente terroristas, o aparentemente
vinculadas a actividades que podrían tener como objetivo financiar actos
terroristas. Dentro de Estados Unidos, puede ser juzgado por un tribunal
militar, sin derecho a apelación.
Cuando las Naciones Unidas adoptan el Convenio Internacional para la represión
de la financiación del terrorismo (*4), Estados Unidos ya había definido lo que
considera financiamiento de organizaciones terrorista en el Acta de Inmigración
y en el Acta de 1996.
Estados Unidos marcó el rumbo una vez más dentro de la ONU. Por su política
belicista e imperial, por el papel que juega dentro de Naciones Unidas y por ser
uno de los cinco países con derecho a veto en el Consejo de Seguridad, se podría
pensar que ha sido quien introdujo este debate para que la ONU comprometiera al
planeta en su propagandizada batalla contra el terrorismo.
Para comenzar habría que decir que para los países existen normas
internacionales que jurídicamente son vinculantes y otras que no lo son.
Entre las primeras se encuentran las Resoluciones del Consejo de Seguridad de la
Naciones Unidas y las Convenciones Internacionales de la ONU. Entre las segundas
se encuentran las que se establecen entre grupos de países que actúan en forma
conjunta. Ejemplo de esto son las Recomendaciones Especiales del GAFI.
Sin embargo, en materia de financiamiento del terrorismo, todas las normas
resultan en la práctica vinculantes y han sido tomadas por los países que han
redactado nuevas legislaciones o han modificado sus códigos penales para
incorporar a él la figura de terrorismo.
Nos estamos refiriendo a:
El Convenio
Internacional para la represión de la financiación del terrorismo.
La Resolución Nº 1373 del Consejo de Seguridad de la ONU.
Las
Recomendaciones Especiales del GAFI sobre la financiación del terrorismo
El Departamento Jurídico del Fondo Monetario Internacional
(FMI) elaboró el
Manual para la redacción de leyes de Represión
del financiamiento del terrorismo.
Este Manual tiene el objetivo de “orientar” desde lo jurídico a todos los países
del mundo para elaborar leyes que repriman el financiamiento del terrorismo. Es
un “servicio” que el Departamento Jurídico del FMI brinda a los países miembros
de esta institución.
Los letrados del organismo financiero se encargan de aclarar en el Prefacio del
Manual que “Las opiniones aquí vertidas son las del Departamento Jurídico del
FMI y no deben atribuirse a los Directores Ejecutivos ni a la Gerencia de la
institución”.
Sin embargo, como parte de ese mismo texto introductorio afirman que a partir de
2001, el FMI ha participado en “gestiones encaminadas a reprimir el
financiamiento del terrorismo”.
Sin distinguir el nivel gerencial, del ejecutivo y del legal del organismo,
agrega que el “FMI puede ayudar a evaluar la puesta en práctica de normas
internacionales relativas al marco para la lucha contra el lavado de dinero y el
financiamiento del terrorismo adoptado por los países miembros y brindar
asistencia técnica mediante asesoramiento”.
¿Qué significa no delegar en los Kirchner la soberanía política e independencia económica de Argentina? Implica tener en cuenta que han ratificado la abdicación total de las mismas a favor del apoderamiento imperialista de empresas y recursos estratégicos, del sistema agroalimentario, el comercio exterior, el territorio y el sistema financiero; también mantienen la subordinación del funcionamiento económico y del gasto social al pago de la ilegal e ilegítima deuda pública externa.
A diferencia del neodesarrollismo que como todo capitalismo -máxime hoy que
ese sistema está mundializado- inculca e impone una cultura o estilo de vida
coherente con la dinámica del consumo y la producción a beneficio exclusivo
de quienes monopolizan el mercado global, el avance hacia «la nación»
mediante la constitución del frente
cultural-político (que no se quede en decidir objetivos generales y
declaraciones de principios) se da como congregación de esfuerzos alrededor
de tareas concretas en procura de un lenguaje común con origen y desarrollo
en el análisis conjunto de la diversidad popular de:
Ø conceptos, enfoques,
metodologías, prácticas de nuestra cotidianeidad para descolonizarlos y
crearlos por síntesis interculturales de la visión en perspectiva e integral
de cada realidad local, provincial y del país en el continente, el mundo;
Ø
manipulaciones de nuestros miedos e incertidumbres (por políticas
encubridoras del Estado autoritario mediante simulacro de atención a 'la
seguridad ciudadana') para superar tanto las intimidaciones como los
aislamientos así inducidos mediante militancia contra toda injusticia
social.