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Octubre 2004 |
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A los pobres (volver)
Sufrir la opresión capitalista deshumaniza
La apropiación oligopólica y planetaria de las capacidades laborales, las ciencias, las tecnologías y los capitales por parte de unas doscientas transnacionales -sólo para su crecimiento lucrativo- destruye las potencialidades humanas y amenaza con la extinción de la especie.
En la realidad de las mayorías observamos:
el trabajo a ocupados, subocupados y desocupados les consume casi el día a lo largo de la semana, los somete a actuar según el rol casi predeterminado por el régimen, los obliga a descuidar sus vínculos familiares, amistosos y sociales (e incluso para conservarlo deben aceptar la prohibición de relacionarse con compañeros) y los estresa por sobrecarga de conflictos, tareas e impotencias para salir del calvario cotidiano;
la autorrealización y el bienestar se han convertido en poco o nada alcanzables por la extrema expoliación del sistema capitalista e imperialista que refleja la notable polarización socioeconómica de la Argentina actual y la marginación de artistas, científicos, médicos, docentes y otros que aman profundamente pero chocan con barreras infranqueables.
A esta realidad de las mayorías de violencia por sufrir despojo de derechos y libertades, el sistema opresor la remacha utilizando los medios de difusión masiva, las convierte en objeto de manipulación mental para que ellas justifiquen y expliquen:
el alto desempleo por el fin del trabajo;
el predominio del trabajo en negro por la condición de país periférico;
el desmantelamiento de lo público por falta de fondos para financiarlo;
la privación de satisfacción de necesidades básicas de toda persona por el natural e indeclinable progreso en la rentabilidad de los concesionarios;
la falta de libertad política por el orden establecido a través de los votos.
Además de extrañarlas de las causas del drama e injusticia social, les coloca anteojeras para que cada cual tenga la imagen sobre sí mismo que se da por normal y se rija por principios discriminatorios en sus relaciones sociales. En efecto, acostumbra a una percepción simplificada y distorsionada de personas o situaciones al caracterizarlas mediante estereotipos.
Las potencialidades de desarrollo social, latinoamericano e internacional no están ejemplificadas en el llamado primer mundo. Entre las razones de esta convicción, menciono:
el modo capitalista de producción desertiza y hunde en catastróficas violencias al mundo;
la mejor calidad de vida de las poblaciones en el capitalismo central se sostiene con los genocidios, el hambre, la miseria, la neoesclavitud y la degradación ambiental en los países condenados al subdesarrollo que representan a la gran mayoría de la humanidad;
el modelo capitalista de bienestar aleja de los valores humanistas que hicieron posible el avance cultural e histórico de los pueblos;
las democracias del capitalismo central no sólo practican terrorismos para enyugar a la mayoría de los países sino, también, ocultan que el dominio de la derecha en su electorado responde a los condicionamientos de la real y efectiva dictadura de las transnacionales.
Con consenso (volver)
Adaptar en la sumisión desde niños
“De acuerdo a cómo se establezcan las relaciones hombre-realidad y hombre-mundo, puede el hombre tener o no condiciones objetivas para el pleno ejercicio de la manera humana de existir”.
El pedagogo brasileño Paulo Freire aclara: “la primera condición para que un ser pueda ejercer un acto comprometido está en que sea capaz de actuar y reflexionar, de tener la conciencia de esta conciencia condicionada”. Si no tiene esta posibilidad de reflexión, su estar en el mundo se reduce a un no poder trascender los límites que le son impuestos por el mismo mundo y por lo tanto:“es un ser inmerso en el mundo, en su estar, a él adaptado y sin tener conciencia de él.
La inmersión del hombre en la realidad, de la cual no puede emerger, ni ‘alejarse’ para admirarla y así transformarla, lo hace un ser ‘fuera’ del tiempo o bajo el tiempo o aún en un tiempo que no es suyo. El tiempo, para un ser tal, ‘sería’ un presente perpetuo, un hoy externo, ahistórico. No puede comprometerse, en lugar de relacionarse con el mundo, el ser inmerso sólo lo contacta”.
Define: el compromiso
no puede ser acto espectador ni reducirse a gestos de falsa generosidad ni puede
ser unilateral, es dinámico encuentro de hombres solidarios, íntegros y
transformadores de su situación concreta.
Tampoco puede darse si hay
conciencia ingenua.
Es decir, “no es posible el compromiso auténtico
si, al que se piensa comprometido,
la realidad
concreta
se le presenta como si fuera algo dado, estático e inmutable;
la mira y percibe encasillada en compartimentos estancos;
no la ve y no la capta como una totalidad, cuyas parcialidades se hallan en permanente interacción”.
Ejemplifica: un profesional que considera la Reforma Agraria sólo como instrumento jurídico de una sociedad en transformación, al menoscabarla en su complejidad y globalidad, aun cuando la acepte ideológicamente, no puede comprometerse con ella en términos concretos.
Su comprensión de la Reforma
Agraria es mecanicista o sea supone que, para ejecutarla, basta derrumbar una
estructura. Al constatar que no es así, el optimismo inicial (fundamentado en una
conciencia ingenua) desaparece y le echa la culpa al campesino a quien le
atribuye “ingratitud” o “incapacidad” en vez de reflexionar sobre su acción y
elaborar su conciencia crítica.
“La Reforma Agraria como un proceso global no es algo que no existiendo
antes, pasa a existir completa y acabadamente, con la instauración de una
estructura nueva. Se da en el dominio de lo humano.
Las relaciones hombre-realidad
que se verificaban en la estructura anterior, necesariamente dejarán su marca
profunda en la forma de estar siendo el campesino”.
El cambio en las formas de pensar y de
actuar no se da de modo instantáneo.
“Casi siempre, profesionales de buena voluntad, pero ingenuos, se dejan llevar por la tentación de mitificar la técnica y en nombre de lo que llaman ‘no perder tiempo’, intentan, verticalmente, reemplazar los procedimientos empíricos del pueblo por su técnica.
Deformados por su falta de conciencia crítica, no son capaces de ver al hombre en su totalidad, en su quehacer-acción-reflexión que se da siempre en y sobre el mundo. Les resulta más fácil verlo como una ‘olla’ vacía que van llenando con sus ‘depósitos’ técnicos”.
Desconocen que
su compromiso
con el hombre concreto es, ante todo, con la liberación de la persona o sea
no es neutral,
milita por contribuir a la humanización de la sociedad y el mundo.
Todavía más, en América latina, sufre enajenación cultural que le impide
percibir el transplante e importación de técnicas como antagónico al desarrollo de la soberanía popular y nacional;
crear por timidez, inseguridad, miedo de correr riesgos, tendencia a quedarse en formalismos.
“En el momento en que la sociedad se vuelve
sobre sí y se inscribe en la búsqueda difícil de su autenticidad, y comienza a
dar señales inequívocas de preocupación por su proyecto histórico....Huir de
concretar este compromiso es no sólo negarse a sí mismo, sino negar el proyecto
nacional”.
Porque, explica, el
hombre es un ser inacabado en búsqueda
constante de su plenitud en la comunión con otras personas; necesita comunicarse
y “es en la medida en que los
otros también lo son” al decir de Jaspers.
Se afirma en la participación
y responsabilidad histórica. Ama o es sujeto creador de la interrelación e
interacción que transforma en sujeto al otro, próximo o lejano. ¿Cómo?
Responde: el diálogo
es una relación horizontal y se nutre de amor, humildad, esperanza, fe,
confianza. Y cuando los dos polos se ligan así, producen <empatía> entre ambos y
se comunican, se hacen críticos en la búsqueda de algo que se convierte en
estímulo y significación para compartir la praxis de transformación humanista de
la realidad y el mundo en que están insertos.