Concepto
Octubre 2010

 

 

El concepto de «soberanía alimentaria» fue creado por Vía Campesina que es un movimiento internacional de campesinos y campesinas, pequeños y medianos productores, mujeres rurales, indígenas, gente sin tierra, jóvenes rurales y trabajadores agrícolas. Se refiere a:
-
otros alimentos, unos que la gente cuide, cultive, trabaje, gestione y valore en sus propios espacios, y no los alimentos que producen en gran escala las grandes empresas ligadas a redes de todo tipo de manipulaciones que les agregan nocividad biológica y social con tal de lucrar;
- los derechos de las campesinas que desempeñan un papel esencial en la producción agrícola y en la alimentación;
- el derecho de los pueblos, los países y las uniones de estados, a definir sus políticas agropecuarias y de producción de alimentos sin imponer el 'dumping' a terceros países;
- la organización de la producción y el consumo de alimentos de acuerdo a las necesidades de las comunidades locales otorgando prioridad a la producción y el consumo locales domésticos;
- el derecho de proteger y regular la producción nacional agrícola y ganadera, así como a proteger sus mercados domésticos del dumping de los excedentes agrícolas y de las importaciones a bajos precios de otros países;
- el derecho de los campesinos, de los sin tierra, de los productores rurales a acceder a la tierra, el agua, las semillas y los recursos productivos y servicios públicos adecuados.

 

PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS

 

Planteo

La «soberanía alimentaria» es un concepto clave para facilitar a una creciente mayoría de los de abajo ser protagonista de los análisis acerca de cómo el sistema global agroindustrial y agroalimentario -que domina al país- está destruyendo las posibilidades de vida y trabajo. Pero, sobre todo, la orienta a saber que está en sus manos transformar su sometimiento a políticas socioeconómicas e institucionales que crean las condiciones favorables a los súper negocios de esos oligopolios imperialistas y sus socios locales. La interpela a incorporarse a las luchas de:

 

1. Resistencia popular a sufrir pobreza, marginación y hambre

GRAIN en “Soberanía Alimentaria y sistema alimentario mundial” destaca:“Las raíces de la «soberanía alimentaria» están en la vida y la lucha de los agricultores campesinos, los pescadores y los pueblos indígenas. A diferencia de varios otros términos inventados por intelectuales, autoridades políticas y burócratas, la soberanía alimentaria surge de las luchas campesinas como la necesidad de crear un discurso fuerte, radical y abarcativo acerca de las realidades y necesidades locales, que pueda ser escuchado y comprendido en todo el mundo.

En cierta forma, el concepto fue creado como reacción al (mal) uso creciente de la "seguridad alimentaria". La definición oficial de la seguridad alimentaria, avalada en las Cumbres de la Alimentación y otras conferencias de alto nivel, habla de que todos y todas tengan una cantidad suficiente de buenos alimentos para comer todos los días. Pero no habla acerca de dónde proviene el alimento, quién lo produce, en qué condiciones se ha cultivado. Esto:

La seguridad alimentaria, entendida de esa forma, sólo contribuye a crear más pobreza, marginación y hambre.
El pensamiento que existe detrás de la
«soberanía alimentaria» contrasta con este criterio neoliberal que considera que el comercio internacional resolverá el problema alimentario mundial. Pone su centro en la autonomía local, los mercados locales y la acción comunitaria. Tal vez, entonces, el primer tema a subrayar es que:

La «soberanía alimentaria» es un proceso de resistencia popular y su conceptualización no puede sacarse del contexto de la dinámica de los movimientos sociales que están en el centro de esas luchas.

 

El espacio local en primer lugar
El primer espacio en el cual los campesinos identificaron el poder transformador de la soberanía alimentaria fue, por supuesto, el espacio local. Es allí donde los agricultores tienen sus raíces, y donde crecen las raíces de las semillas que siembran. Es ahí donde la soberanía alimentaria adquiere su dimensión más medular. Es también en ese ámbito que se formulan y elaboran las estrategias y acciones; desde la lucha contra los plaguicidas por las mujeres de Paraguay, hasta las redes de semillas en Francia, España e Italia, y desde las iniciativas de cooperativas campesinas en Uganda hasta el rescate de la medicina tradicional por los pueblos indígenas de Chiapas. Es en los espacios donde las comunidades locales crean autonomía a partir de sus propias necesidades, creencias y tiempos, donde la soberanía alimentaria adquiere su significado real. También adquiere una comprensión común que permite a las comunidades campesinas de distintas partes del mundo apreciar sus diversas luchas e identificarse con ellas.

Por lo tanto, cuando los agricultores de la provincia argentina de Santiago del Estero integrantes del "Movimiento Campesino de Santiago del Estero" (MOCASE) se paran frente a los bulldozers para evitar que arrasen sus campos y que los grandes terratenientes utilicen sus tierras para plantar monocultivos de soja, saben que no solamente están defendiendo su sustento sino también que están resistiendo un modelo de desarrollo en el cual los agricultores campesinos ya no tienen más cabida. El MOCASE fue formado en 1990 para defender a los agricultores locales contra la creciente agresión de los grandes productores de soja, que destruyen sus formas de sustento(…)".


Fuente: revista trimestral Biodiversidad de GRAIN y REDES/ enero 2006/ www.grain.org  

 

2. Afirmación como sujetos colectivos de derechos y de intercambios en beneficio mutuo

¿Qué es la «soberanía alimentaria»?

Por Vía Campesina

¿Qué significa soberanía alimentaria? La soberanía alimentaria es el DERECHO de los pueblos, de sus Países o Uniones de Estados a definir su política agraria y alimentaria, sin dumping frente a países terceros. El derecho de los campesinos a producir alimentos y el derecho de los consumidores a poder decidir lo que quieren consumir y, como y quien se lo produce.

La soberanía alimentaria incluye: Priorizar la producción agrícola local para alimentar a la población, el acceso de los/as campesinos/as y de los sin tierra a la tierra, al agua, a las semillas y al crédito. De ahí la necesidad de reformas agrarias, de la lucha contra los OGM (Organismos Genéticamente modificados), para el libre acceso a las semillas, y de mantener el agua en su calidad de bien público que se reparta de una forma sostenible.

El derecho de los campesinos a producir alimentos y el derecho de los consumidores a poder decidir lo que quieren consumir y, como y quien se lo produce.

El derecho de los Países a protegerse de las importaciones agrícolas y alimentarias demasiado baratas. Unos precios agrícolas ligados a los costes de producción: es posible siempre que los Países o las Uniones tengan el derecho de gravar con impuestos las importaciones demasiado baratas, que se comprometan a favor de una producción campesina sostenible y que controlen la producción en el mercado interior para evitar unos excedentes estructurales. la participación de los pueblos en la definición de política agraria.

El reconocimiento de los derechos de las campesinas que desempeñan un papel esencial en la producción agrícola y en la alimentación.

¿De dónde procede el concepto de soberanía alimentaria? El concepto de soberanía alimentaria fue desarrollado por Vía Campesina y llevado al debate público con ocasión de la Cumbre Mundial de la Alimentación en 1996, y ofrece una alternativa a las políticas neoliberales. Desde entonces, dicho concepto se ha convertido en un tema mayor del debate agrario internacional, inclusive en el seno de las instancias de las Naciones Unidas. Fue el tema principal del foro ONG paralelo a la cumbre mundial de la alimentación de la FAO de junio del 2002.

Las políticas neoliberales destruyen la soberanía alimentaria Las políticas neoliberales priorizan el comercio internacional, y no la alimentación de los pueblos. No han contribuido en absoluto en la erradicación del hambre en el mundo. Al contrario, han incrementado la dependencia de los pueblos de las importaciones agrícolas, y han reforzado la industrialización de la agricultura, peligrando así el patrimonio genético, cultural y medioambiental de la planeta, así como nuestra salud. Han empujado a centenas de millones de campesinos(as) a abandonar sus prácticas agrícolas tradicionales, al éxodo rural o a la emigración.

Instituciones internacionales como el FMI (Fondo Monetario Internacional), el Banco Mundial y la OMC (Organización Mundial del Comercio) han aplicado estas políticas dictadas por los intereses de las empresas transnacionales y de las grandes potencias. Unos acuerdos internacionales (OMC), regionales (Acuerdo de Libre Comercio para las Américas-ALCA) o bilaterales de "libre" cambio de productos agrícolas permiten a dichas empresas controlar el mercado globalizado de la alimentación. La OMC es una institución totalmente inadecuada para tratar los temas relativos a la alimentación y a la agricultura por lo tanto Vía Campesina quiere la OMC fuera de la agricultura. La plaga de las importaciones a bajos precios: el dumping destruye la producción alimentaria. En el mundo entero, importaciones agrícolas a precios bajos destruyen la economía agrícola local; es el caso de la leche europea importada a la India, del cerdo norteamericano al Caribe, de la carne y de los cereales de la UE a África, de animales a Europa, etc.. Estos productos se exportan a pecios bajos gracias a prácticas de dumping. A petición de los Estados Unidos y de la Unión Europea, la OMC ratificó una nueva práctica de dumping que sustituye las ayudas a la exportación por una fuerte baja de sus precios agrícolas, combinada con unos pagos directos abonados por el Estado. Para conseguir la soberanía alimentaria, es imprescindible parar el Dumping !

La soberanía alimentaria incluye un comercio internacional justo. La «Soberanía Alimentaria» no está en contra de los intercambios, sino de la prioridad dada a las exportaciones: permite garantizar a los pueblos la seguridad alimentaria, a la vez que intercambian con otras regiones unas producciones específicas que constituyen la diversidad de nuestro planeta. Hace falta, bajo la égide de las Naciones Unidas, dotar estos intercambios de un nuevo marco que :

El acceso a los mercados internacionales no es una solución para los campesinos. El problema de los campesinos es antes que nada, la falta de acceso a sus propios mercados locales por unos precios demasiado bajos para sus productos y el dumping a través de la importación que deben enfrentar. El acceso a los mercados internacionales afecta sólo el 10% de la producción mundial ; está controlada por unas empresas transnacionales y por los mas grandes empresas agro-industriales. El ejemplos de los productos tropicales (café, plátanos ....) lo ilustra claramente: benefician un acceso casi libre a los países del Norte y a pesar de eso los campesinos/as del Sur no pueden mejorar su situación.

Las políticas agrícolas deben apoyar una agricultura campesina sostenible en el Norte y en el Sur. Para poner en marcha la soberanía alimentaria, países del Norte y del Sur deben poder apoyar a su agricultura para garantizar el derecho a la alimentación de sus poblaciones, preservar el medio ambiente, desarrollar una agricultura sostenible y protegerse contra el dumping. Deben también ser capaz apoyar su agricultura para cumplir otros intereses públicos que pueden ser diferente en función de los países y sus tradiciones culturales. Pero en la actualidad, los Estados Unidos y la Unión Europea en particular abusan ayudas públicas para reducir sus precios en los mercados internos y para practicar el dumping con sus excedentes en los mercados internacionales, destruyendo la agricultura campesina tanto en el Norte como el Sur.

Son imprescindibles unas alianzas Desde varios años Vía Campesina ha desempeñado un papel motor en el desarrollo de redes internacionales que agrupan movimientos sociales, medioambientales, ONGs de desarrollo, consumidores. De Seattle a Génova y a Porto Alegre, estas redes amplían propuestas y estrategias fundamentales para que cesen las políticas neoliberales y para desarrollar unas políticas solidarias.

¿Qué debemos hacer en concreto ? Entrar en contacto con las organizaciones miembros de Vía Campesina para apoyar iniciativas y acciones locales, nacionales como la ocupación de tierras, iniciativas de producción campesina sostenible, la defensa de las semillas locales, acciones contra los OGMs y el dumping, etc. También es importante llevar este debate a vuestras organizaciones, gobiernos y parlamentos". Fuente: http://www.ecoportal.net/content/view/full/25873 13-02-2004

 

3. Creación de organizaciones autónomas y solidarias entre sí en camino de otros modos de producción y vida

 

LRAN es la Red de Investigación-Acción sobre la Tierra, o el Land Research Action Network que reúne investigadores activistas trabajando en cuestiones de acceso a la tierra y sus recursos, para formar una red entre ellos y con movimientos populares. Da a conocer la Declaración de Wilderswil (Suiza, 6 de septiembre 2007) sobre la Diversidad del ganado de la sociedad civil organizada por la CIP - Comité Internacional de Planificación de ONG/OSC para la Soberanía Alimentaria (con varios participantes de la Vía Campesina):

"Hacia la soberanía alimentaria y los derechos colectivos

Afirmamos que no es posible conservar la diversidad animal sin proteger y reforzar las comunidades locales que la mantienen y la nutren hoy en día. Queremos una actividad ganadera a escala humana. Defendemos un modo de vida que está profundamente asociado a nuestra cultura y espiritualidad, y no enfocado únicamente a la producción. Estamos construyendo nuestras capacidades organizativas para contrarrestar la presión que ejerce el modelo industrial. Adoptamos el marco de la soberanía alimentaria, que ha sido creado por movimientos de campesinos/as y de otros que se enfrentan a problemas similares derivados de la agricultura industrial, y que está empezando a ser reconocido por muchos gobiernos. Continuaremos desarrollando enfoques y tecnologías de investigación que nos permitan ser autónomos y dar a los ganaderos y otros pequeños productores el control de los recursos genéticos y de la cría de ganado. Además, nos organizaremos para conservar nuestras razas únicas.

Nos comprometemos a luchar por nuestras tierras, territorios y pastos; nuestras rutas migratorias, incluyendo las transfronterizas; crearemos lazos con otros movimientos sociales con objetivos similares, y continuaremos trabajando por la solidaridad internacional. Lucharemos por los derechos de los ganaderos, que incluyen el derecho a la tierra, al agua, a los servicios veterinarios y a otros tipos de servicios, a la cultura, a la educación y formación, al acceso a mercados locales, al acceso a la información y toma de decisiones. Todos estos derechos son esenciales para crear sistemas de producción ganadera realmente sostenibles. Nos comprometemos a encontrar modos de compartir con pastores, indígenas, pequeños granjeros y ganaderos y otros productores de alimentos el acceso justo, aunque controlado, a la tierra y otros recursos.

La propiedad, el conocimiento y la innovación dentro de la comunidad suelen tener una naturaleza colectiva. Por lo tanto, el conocimiento y la biodiversidad locales sólo pueden ser protegidos y fomentados a través de los derechos colectivos. El conocimiento colectivo está estrechamente ligado a la identidad cultural, a ecosistemas particulares y a la biodiversidad, y no puede ser disociado de ninguno de estos tres aspectos. Cualquier definición o implementación de los derechos de los ganaderos debe tener esto muy en cuenta. Es evidente que los derechos de los ganaderos no son compatibles con los sistemas de derechos de propiedad intelectual, porque éstos últimos permiten un control de monopolio privado y exclusivo. No debe haber patentes u otras formas de derechos de propiedad intelectual sobre la biodiversidad y el conocimiento relacionado con ésta.

Los estados deben reconocer el derecho consuetudinario, los territorios, las tradiciones, las costumbres y las instituciones de las comunidades locales y grupos indígenas, lo cual constituye el reconocimiento a la autodeterminación y autonomía de estos pueblos. Los gobiernos deben aceptar y garantizar los derechos colectivos y el control de la comunidad sobre los recursos naturales, incluyendo los pastizales comunales y las vías pecuarias, el agua y las razas de ganado. Los gobiernos también deben comprometerse a crear una legislación internacional vinculante que obligue a los estados a garantizar el respeto a estas leyes".

Fuente: http://www.landaction.org/  27 de noviembre de 2007

En consecuencia, el concepto de «soberanía alimentaria» encamina a los de abajo en la construcción de la democracia producto de sus: deliberación sobre problemas fundamentales al destino común; toma de decisiones respecto a cómo organizarse para la representatividad de soluciones en beneficio mutuo; planificación de lineamientos básicos del funcionamiento socioeconómico; control y administración de las puestas en práctica; y creación de cambios en conformidad tanto con las particularidades de cada contexto cultural como con las reciprocidades que se van estableciendo entre la diversidad popular.

 

 

Ideología

La «soberanía alimentaria» es un concepto clave para la libertad de expresión de los que no son reconocidos en sus derechos para justificar su exclusión social, su condena a la precarización laboral y su ser objeto de discriminación, de manipulación o de subordinación-explotación sexual. En “Soberanía alimentaria: Tierra, Semillas y Alimento por la Marcha Mundial de las Mujeres” se pone de manifiesto como desde problemas y derechos particulares –en este caso de las mujeres- se llega a praxis en procura del bienestar común. Explican sobre cómo conciben:

1. El derecho a la alimentación

 “Antes que los movimientos afirmasen el principio de «soberanía alimentaria», el problema social e internacional de la alimentación solamente era discutido en términos de emergencia, en caso de guerras, catástrofes o pobreza: se hablaba de Seguridad Alimentaria, lo que significa el acceso individual a los alimentos en situación de carencia, siendo estos producidos o comprados. Pero el foco estaba siempre en la compra y en las llamadas ayudas alimentarias internacionales, que imponen un hábito alimentario, como en el caso de la harina de trigo y de la leche en polvo en los años ‘60, así como usando a la población como conejito de indias, como en el caso de la distribución de maíz transgénico en los últimos años.

El derecho a la alimentación tiene una dimensión social y también una dimensión individual. Muchas veces al interior de las familias la comida no está bien distribuida. El preconcepto de que las niñas y las mujeres son más frágiles o que no realizan trabajos considerados pesados es usado como justificación para que ellas coman menos o coman las peores partes.

La garantía del derecho a la alimentación pasa por priorizar la producción local para la alimentación de la población y para asegurar el acceso de las campesinas y de las sin-tierra a la tierra, al agua, a las semillas y al crédito. Pasa también por tener en cuenta el trabajo invisible que las mujeres realizan en la preparación y distribución de los alimentos. Pero no en el sentido que le dan organizaciones como el Banco Mundial, sobrecargando a las mujeres y responsabilizando sólo a ellas por la salud y bienestar de las familias en un contexto donde Estado y empresas disminuyen remuneraciones y derecho de las trabajadoras y trabajadores. Nuestro camino es reconocer que la sustentabilidad de la vida humana, en la cual la alimentación es una parte fundamental, debe estar en el centro de la economía y de la organización de la sociedad".

 

2. El ejercicio de la verdadera democracia

 

"Para que haya Soberanía Alimentaria es imprescindible:

­ Hacer la Reforma Agraria

En todo el mundo, la tierra está muy concentrada. Las mujeres tienen, además, menor acceso a la tierra. A pesar de que en muchos países las hijas tienen por ley tanto derecho como los hijos a heredar la tierra, y que las mujeres son ‘copropietarias’ (propietarias de la mitad de los bienes constituidos durante el casamiento o unión estable) y herederas del marido o compañero, la costumbre excluye a las mujeres de ese derecho. E incluso si las mujeres son legalmente copropietarias de un establecimiento, muchas veces ellas no pueden decidir sobre cómo usar esta tierra, qué plantar o criar. (…) Para asegurar el acceso de las mujeres a la tierra tenemos que ampliar la conciencia sobre este derecho y retomar contextos políticos de Reformas Agrarias masivas con amplia distribución de tierras y límites al tamaño de la propiedad.
Es necesario garantizarles a los pueblos indígenas y a las poblaciones tradicionales el derecho a la integridad de sus territorios.
Y también fortalecer a las mujeres de estos pueblos y a su contribución en las decisiones de sus pueblos sobre cómo vivir y relacionarse con su territorio.

 

-Agro-ecología
Garantizar el derecho de las campesinas a producir alimentos y el derecho de las consumidoras a poder decidir lo que quieren consumir, conscientes de cómo se producen los alimentos. Una contra-reforma agraria ocurre todos los días. Muchas campesinas y campesinos dejan el trabajo en la tierra porque están endeudados y no tienen cómo competir con los grandes del agro-negocio. Hace muchos años que los gobiernos incentivan un modelo de producción agrícola industrial basado en la compra de insumos (semillas, adobos, venenos) con créditos subsidiados y en el monocultivo (plantación de una única planta en todo el establecimiento agrícola).

Este modelo es contrario a la manera de ser de campesinas y campesinos, que combinan varios tipos de cultivo y cría, que usan sus propias semillas seleccionadas por la resistencia y por el gusto que poseen y que no separan lo que es para auto-consumo y lo que es para venta. Esta manera de ser fue considerada atrasada y combatida por empresas y gobiernos.

Pero muchas campesinas y campesinos resisten. Hoy estas maneras de producir que aproximan la agricultura a la naturaleza son reconocidas en sectores de la universidad, órganos públicos, está en la base del trabajo de muchas ONGs y son conocidas como «agro-ecología». Las mujeres se identifican con esta forma de producir porque muchas de las tareas que realizan en la producción y en el cuidado son consideradas importantes para la vida de la familia y de la comunidad, y ellas tienen más posibilidades de experimentar y ser creativas y autónomas. Las mujeres que viven en la ciudad son también responsables por la alimentación de la familia y componen la mayoría de las profesionales del área. Ellas trabajan durante todo el día en un empleo formal o informal, en el cuidado de la casa, de la familia y de la comunidad. Cansadas y sin tener con quien compartir el trabajo de compra y preparación de los alimentos, aún insatisfechas, terminan comprando alimentos industrializados. El padrón alimentario actual es muy malo para la salud. Pero para reverlos tenemos que cambiar la forma en la cual la sociedad se organiza: reducir las jornadas de trabajo, facilitar el transporte público y compartir el trabajo doméstico entre las personas que conviven.

 

-Semillas transgénicas, ¡no!

Impedir a las empresas que impongan la propiedad intelectual sobre las formas de vida y comercialicen transgénicos ( alimentos genéticamente modificados). Garantizar el derecho a usar, escoger, almacenar e intercambiar libremente semillas y especies. La radicalización de este modelo de agricultura industrial es la manipulación genética de semillas para que éstas resistan a los herbicidas producidos por las mismas empresas o para que funcionen como insecticidas. Son semillas transgénicas. Ya son comercializadas en varios países semillas de maíz, soja y algodón transgénico. Un derivado de la soja, la lecitina de soja, es muy usada como estabilizador en los alimentos industrializados. Por eso encontramos tantos alimentos que contienen transgénicos, incluso si no están con una etiqueta que lo indique. Nadie sabe exactamente lo que un alimento transgénico puede causar. Ya fueron conocidos casos de alergias o resistencia a antibióticos. Pero ya se sabe que las semillas transgénicas contaminan otras variedades de planta de esa misma especie, contaminando la naturaleza. Las empresas que venden semillas quieren garantizar que van a recibir la ganancia de la venta y que los agricultores comprarán semillas todos los años. Por eso éstas imponen leyes y reglas que limitan el intercambio de semillas campesinas a casos excepcionales.
En la agricultura campesina son las mujeres las que más comúnmente elijen las semillas, guardan, intercambian con las compañeras. Son ellas las que están siempre queriéndose llevar una semilla, una muda, para probar en casa, para ver si crece. En este nuevo orden esta simple acción es una desobediencia civil.

 

-Derecho al agua  
Mantener el agua como un bien público es un derecho, distribuido y utilizado de forma igualitaria y sustentable.
El agua es un bien esencial para el bienestar de las personas y de la producción. En todo el mundo el acceso al agua es muy mal dividido. En áreas rurales es común que en una gran propiedad privada haya una fuente de agua o un aljibe, pero las mujeres que viven en los alrededores tienen que caminar kilómetros y kilómetros para conseguir agua. Como en la mayoría de las sociedades la responsabilidad de preparar la comida y de lavar la ropa es sólo de las mujeres, su trabajo disminuye mucho si ellas tienen una fuente de agua cerca. Comienzan a aumentar iniciativas como la construcción de cisternas para guardar agua de lluvia. Pero todavía predomina la idea de que son necesarias grandes obras, como enormes represas y transposición de ríos. Además, en los grandes proyectos siempre se piensa primero en el uso del agua para el agro negocio o sus empresas y por último (si sobra) en el consumo y en el bienestar de las personas. En la ola de privatización y de mercantilización de la naturaleza se expande la idea de que la forma de economizar agua sería cobrarla. Existen dos grandes empresas transnacionales que controlan el mercado del agua en el mundo, Suez y Vivendi. Ellas están metidas en muchos negocios: saneamiento y distribución del agua, explotación de fuentes de agua como si fueran minas. Donde ellas actúan los contratos son siempre perjudiciales al pueblo y a los gobiernos nacionales. Ya hubo grandes movilizaciones contra la privatización del agua y contra estas empresas en Cochabamba, en Bolivia, en Uruguay y en Argentina. Antes se decía que a nadie se le niega un vaso de agua. Pero ahora tenemos que comprar agua para beber. El mercado de agua embotellada es muy lucrativo, y controlado por pocas empresas como Nestlé o Danone.

 

-La Agricultura no es una mercadería  
Garantizar la capacidad de los países de hacer políticas para proteger a las personas que producen y consumen, oponerse a las importaciones agrícolas y el dumping, y estar a favor de una producción campesina sustentable.

La Organización Mundial del Comercio y los Tratados de Libre Comercio (que Estados Unidos está imponiendo a los países de las Américas) tratan a la agricultura como una mercadería. Además, el Acuerdo sobre Agricultura favorece a la agricultura industrial y subsidiada de Estados Unidos y la Unión Europea que vende sus productos a precios abajo del costo de producción para los países del Sur. Se consolida así una división internacional del trabajo en la cual los países del Sur exportan productos con uso intensivo del trabajo y recursos naturales. Ésta es también una división sexual del trabajo. Las mujeres constituyen la mayoría de los asalariados en la producción de flores, frutas y legumbres exóticas, limpieza de castañas y peces, exportados casi integralmente para países del Norte.

Este modelo acaba con la agricultura campesina e indígena. No es casual que las mayores luchas de resistencia contra estos tratados hayan sido llevadas a cabo por campesinas y campesinos y pueblos indígenas.

Las mujeres son presentadas por instituciones como el Banco Mundial como las ganadoras de este modelo porque ellas pasan a tener un salario propio. Sin embargo, las condiciones de trabajo son pésimas y la mayoría sólo encuentra trabajo cuando es joven y en períodos cortos del año. Ganan en base a la productividad y por eso trabajan intensamente, pues es con este rendimiento que vivirán durante todo el año".

 

3. La lucha contra el poder de las transnacionales


"Los tratados de libre comercio y las instituciones financieras multilaterales actúan para garantizar el interés de las grandes empresas transnacionales que actúan controlando desde la producción de semillas hasta la comercialización de los alimentos procesados.
En 2005 las 10 principales empresas productoras de semillas controlaban casi 50% del mercado, siendo la mayor de ellas Monsanto. Las empresas productoras de semillas ‘mejoradas’ o transgénicas y los agro-tóxicos son viejas conocidas de las mujeres. Muchas de ellas como Novartis y Bayer también producen hormonas sintéticas y anticonceptivos inyectables o por implante colonizando los cuerpos de las mujeres, de la misma manera que colonizan nuestros territorios.


La venta minorista de alimentos es cada vez más realizada por grandes supermercados. Los 10 mayores controlan 24% del mercado mundial. El primero, es la empresa estadounidense Wall Mart que controla 8% del mercado. Wall Mart compra sus productos en cualquier parte del mundo donde obtenga más ventajas, donde los productos sean más baratos por la explotación del medio ambiente y del trabajo de las mujeres. Es conocido por imponer un padrón de relaciones de trabajo: sin derechos, sin vacaciones, sin reglamentación de la jornada laboral. En 2003, 110 vendedoras de 184 Wall Mart diferentes de 30 estados en Estados Unidos se presentaron ante la justicia contra la empresa denunciando su discriminación en el pago de salarios y promociones.

Por la Soberanía Alimentaria y por la Reforma Agraria luchamos contra el poder de las transnacionales y por el derecho de los pueblos a comer, cultivar, distribuir y preparar los alimentos con autonomía, cómo decidir, sin deberle nada a nadie. En las políticas de libre comercio la alimentación es apenas una mercadería más y no un derecho. Las mujeres producen entre 60% y 80% de los alimentos en los países pobres y la mitad de la producción mundial de alimentos. Luchar contra la opresión y la explotación de las mujeres es fundamental en las luchas campesinas por la soberanía alimentaria. Luchar por la soberanía alimentaria es fundamental en las luchas de las mujeres por autonomía, por compartir responsabilidades y tareas y por la sustentabilidad de la vida humana”.
Fuente: http://www.nyeleni2007.org /6-11-06

En consecuencia, el concepto de «soberanía alimentaria» ayuda a pasar del uso de consignas a la facilitación de una visión integral de: -situaciones e identidades de los autores de hacerla realidad concreta que los arraigue en sujetos decisivos del presente-futuro en común; -diferencias y contradicciones entre los de abajo que sean apreciadas como herramientas para convertir la cotidianeidad en convivencia cada vez más plena; -relaciones nuevas a establecer entre la diversidad popular que haga al viraje desde el predominio del 'Mercado' al de la Vida para erradicar tanto el régimen latifundista como el capitalista de propiedad monopólica sobre los bienes comunes; y -lucha contra el poder económico e imperialista de las transnacionales asumiendo la variedad de las situaciones de quienes sufren su opresión para la articulación social con potencial suficiente a imponerles expulsión.


 

Premisas e hipótesis

La «soberanía alimentaria» es un concepto clave para que una creciente mayoría se comprometa en emprender la emancipación del sistema capitalista de agronegocios que se rige sólo atendiendo los intereses lucrativos de oligopolios globales y sus socios locales llegando al extremo de condenar a una creciente mayoría de la población mundial al hambre, muerte y desnutrición.

 

 

1. Cambio radical en la producción actual de alimentos

 

Editorial de la revista Biodiversidad, sustento y culturas (nº 57 de julio 2008)

Por GRAIN
"Apenas en marzo pasado, un tanto tarde, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y otros organismos internacionales comenzaron a divulgar la existencia de una crisis alimentaria mundial. Pero los precios de los alimentos —lácteos, carne y en especial cereales— se dispararon sin control todo 2007. La gente intentó gestionar la crisis y se apretó el cinturón hasta que no tuvo otra que salir a las calles a exigirle medidas a sus gobiernos. A principios de 2008 estallaron revueltas populares en unos cuarenta países. Las élites políticas del mundo se amedrentaron.

Sabemos cuáles son las causas de tal crisis (entre ellas que el comercio de alimentos está sometido a especulación extrema). Unos intentamos entender el momento y a otros no les conviene entender. La crisis alimentaria se expande. Habrá cien millones de nuevos hambrientos. Hay gobiernos que se pelean por encontrar o manejar reservas de granos. Hay riesgo de una crisis mundial más extrema y dramática.

En respuesta, los sacerdotes del Banco Mundial, de la Organización Mundial de Comercio y del Fondo Monetario Internacional, los directorios de las empresas y la mayoría de los gobiernos y sus equipos asesores nos proponen continuar por el camino de la industrialización de la agricultura, la liberalización del comercio y la inversión mientras, casi en secreto y poco a poco, declaran ilegales los métodos, prácticas y relaciones agrícolas que hicieron posible producir comida durante los pasados 10 mil años. Además, prosiguen la apropiación de más y más territorios con sus tierras y sus aguas, rompen los equilibrios, devastan zonas enteras (lo que dificulta aún más que la gente asuma la solución en sus manos) y expulsan más personas a los cinturones urbanos de miseria y hambre. Es tiempo de un cambio profundo que nos saque de la crisis alimentaria y del nudo enorme de crisis que padecemos por la globalización neoliberal: cambio climático, devastación general (biológica y social), marginación extrema, privatización de los ámbitos comunes, expulsión del campo, urbanización salvaje, delincuencia como opción desesperada. (…)

 

Enfrentados a la insolvencia de ideas y sistemas, no hay otro camino creíble que reconstruir desde los cimientos y emprender cambios radicales. En lo ideal, los campesinos, los indígenas, responsables de cuidar semillas, relaciones y procesos que hoy todavía permiten producir la mayor parte de los alimentos consumidos en todo el mundo, deberían ser quienes fijen el rumbo.

Son ellos quienes tienen propuestas no sólo para remontar la crisis sino para que haya un futuro. Pero es necesario que las instituciones financieras internacionales y los organismos mundiales de desarrollo dejen de tener el poder que detentan actualmente.

Muchos grupos y organizaciones locales, nacionales e internacionales de diversos estratos sociales, rurales y urbanos, ya nos exhortan enérgicamente a renovar estrategias, buscar soluciones, recuperar saberes y tradiciones, emprender relaciones diferentes entre nosotros y con la naturaleza. Resaltan tres ejes cruciales interrelacionados: tierra, mercados y la agricultura misma.

Es central el acceso de los campesinos a la tierra. Por todo el mundo, los gobiernos y las empresas insisten en el círculo vicioso de la agricultura de plantaciones en gran escala, que desplaza campesinos y desmantela su producción local de alimentos, impone un modelo agrícola orientado a exportar que crece la dependencia de las importaciones lo que mina el resto de los sistemas de producción alimentaria que urgen para salir del atolladero.

Con el aumento de precios de los productos básicos de exportación y el nuevo mercado de agrocombustibles, la especulación y la apropiación de tierras crece muy rápido. Apropiarse tierras se vuelve oficial: Japón compró 12 millones de hectáreas en el sudeste asiático, China y América Latina, para producir alimentos destinados a Japón, lo que significa que sus cultivos en el extranjero tienen ahora el triple de espacio que en su propio territorio. (…)

La tierra [y hoy con mayor visión panorámica el territorio] siempre ha sido una demanda central de los campesinos, los pescadores tradicionales, los trabajadores rurales y los pueblos indígenas. Emprender una reforma agraria radical es una de las medidas más urgentes para que la gente pueda tener la capacidad de alimentarse a sí misma y a sus comunidades —lo que sin duda revertiría la expansión de los barrios urbanos marginados, un elemento central de la crisis alimentaria.
Ya es hora de tomar en serio y poner en práctica las propuestas de las organizaciones campesinas. Si no valoramos la enorme urgencia de producir nuestros propios alimentos, sea en el campo o en la ciudad, el suicidio planetario en que están embarcados los especuladores (para los que un billete fácil es más importante que el hecho de que haya gente sin mañana) nos arrastrará sin miramientos.

Durante décadas, el BM y el FMI impusieron a los países pobres políticas para liberalizar el comercio y realizar “ajustes estructurales”.
Esas prescripciones fueron reforzadas al establecerse la OMC a mediados de los noventa y ahora con el aluvión de tratados bilaterales de libre comercio e inversión. Esto, más otras medidas, provocan el despiadado desmantelamiento de aranceles y otras herramientas que los países en desarrollo crearon para proteger su producción agrícola local. Los países son obligados a abrir sus mercados a la agroindustria mundial y a los alimentos subvencionados que los países ricos exportan. Las tierras fértiles dejan de servir a los mercados locales de alimentos por producir cultivos de exportación mundiales o cultivos fuera de estación, de alto valor para los supermercados de las grandes urbes. Numerosos países pobres se vuelven importadores netos de alimentos.

Uno de los aspectos más inmorales de la crisis alimentaria es el lucro espectacular que el mercado ha permitido que tengan las grandes agroempresas y los especuladores. Son pocos los agricultores que perciben algún beneficio por el aumento de los precios. En el primer trimestre de 2008, mientras el hambre cundía en países ricos y pobres, las empresas obtuvieron ganancias sin precedentes en todos los eslabones de la cadena alimentaria —agroquímicos, semillas, transporte, procesado, comercio.

La mitad del trigo comercializado en la bolsa de Chicago está controlada por fondos de inversión. En la bolsa de futuros agrícolas de Tailandia, la especulación sobre el arroz ha triplicado, en un año, el número promedio de contratos diarios y los fondos de cobertura y otras especulaciones representan la mitad de los contratos diarios. Toda esta actividad especulativa está haciendo subir los precios por las nubes. Toda burbuja es inestable y está destinada a explotar, con resultados imprevisibles. Los gobiernos y los organismos internacionales, con pocas excepciones, difícilmente hablan de estas maniobras ni hay la pretensión visible de lidiar con ellas.

En contraste, los sindicatos y las organizaciones de agricultores insisten en una regulación y control adecuados, en especial porque los productores y los consumidores son los grupos más afectados. En sus reclamos de «soberanía alimentaria», los movimientos sociales nos urgen a dar prioridad a los mercados locales y regionales poniendo freno al dominio de los mercados internacionales y las empresas que los controlan; suspender o desmantelar el Acuerdo sobre Agricultura de la OMC; mejorar la distribución de los recursos; establecer reservas estratégicas nacionales; alentar nuevos tipos de competencia que inhiban la formación de monopolios; investigar la especulación en los mercados de básicos y adoptar medidas para controlarla.

Luego está la agricultura misma. La crisis alimentaria le da pretextos a los proponentes de la vieja Revolución Verde para pedir más de los mismos paquetes verticalistas y homogenizantes de semillas, fertilizantes y agroquímicos.

No es por desabastecimiento sino por los precios tan altos que tanta gente se ha perjudicado. Aumentar la producción no resolverá esta cuestión, si significa aumentar los costos de producción o si dicha producción, a fin de cuentas, es controlada, acaparada y mediatizada desde sus orígenes por las grandes agroempresas. ¿De qué nos sirven todos los silos atiborrados de cereales si tienden a ser transgénicos, están plagados de agroquímicos y los controlan los especuladores? (Así parece quejarse el Grupo ETC en su más reciente informe. Y su queja es pertinente en extremo.)

Son necesarios entonces otros alimentos, unos que la gente cuide, cultive, trabaje, gestione y valore en sus propios espacios, y no los alimentos que producen en gran escala las grandes empresas ligadas a redes de todo tipo de manipulaciones que les agregan nocividad biológica y social con tal de lucrar.

Las variedades de alto rendimiento de alimentos básicos por las que tanto entusiasmo tienen el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (cgiar), la FAO y la mayoría de los ministerios agrícolas, requieren más agrotóxicos basados en petroquímica, los cuales han sufrido tales alzas de precios que los colocan fuera del alcance de numerosos agricultores. Y los agroquímicos son una de las causas principales de los gases con efecto de invernadero. Es la agricultura industrial, sobre todo, la responsable de esos agrotóxicos. Echar más en suelos ya agotados, como predican los militantes de la Revolución Verde, no hará sino extremar el caos climático y la destrucción de la vida de los suelos.

Hay estudios científicos que demuestran que los métodos campesinos pueden ser más productivos y sustentables que la agricultura industrial. Con el debido apoyo, esos sistemas agrícolas locales basados en los saberes indígenas, enfocados en conservar suelos saludables y fértiles, organizados en torno a una utilización amplia de la biodiversidad disponible localmente, nos muestran formas de salir de la crisis alimentaria. Es vital entonces:

Es claro que quienes no somos del gobierno ni del sector empresarial necesitamos unirnos más que nunca para construir nuevas confianzas y frentes de acción, no solamente para encontrar soluciones a los problemas inmediatos de la crisis alimentaria sino para construir soluciones de largo plazo —sobre todo buscando un cambio en las relaciones entre quienes gobiernan y quienes son gobernados, que ponga en primer lugar las necesidades de los sectores pobres rurales y urbanos, y el cuidado radical de nuestro futuro común. Nuestros sistemas agrícolas y alimentarios deben ser más justos, más ecológicos y verdaderamente efectivos si han de alimentar a los pueblos. Ya no podemos esperar o confiar en soluciones prefabricadas. Debemos crear esos sistemas más justos ahora, colectivamente”. Fuente: www.grain.org/ Biodiversidad de julio de 2008

 

2.  Propuesta sólida para otro sistema socioeconómico

 

La Vía Campesina fijó su posición mediante el folleto titulado:Soberanía Alimentaria: un Futuro sin Hambre” en la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria y en el Forum de Organizaciones No Gubernamentales durante noviembre de  1996, en Roma (Italia).

Con este documento se propuso contribuir “al debate al interior de las organizaciones campesinas para ir consensuando posiciones y, al final, construir una propuesta alternativa sólida frente a las políticas de ajuste estructural en el sector agrícola que, hoy en día, excluyen y discriminan a los pequeños y medianos productores y productoras del mundo”.

 

En Soberanía Alimentaria: un Futuro sin Hambre” alega:La alimentación es un derecho humano básico
Este derecho únicamente se puede asegurar en un sistema donde la soberanía alimentaria esté garantizada. Soberanía alimentaria es el derecho de cada nación para mantener y desarrollar su propia capacidad para producir los alimentos básicos de los pueblos, respetando la diversidad productiva y cultural. Tenemos el derecho a producir nuestros propios alimentos en nuestro propio territorio de manera autónoma. La soberanía alimentaria es una precondición para la seguridad alimentaria genuina.

Nosotros, LA VIA CAMPESINA, rechazamos las condiciones económicas y políticas que destruyen nuestros medios de ganarnos la vida, nuestras comunidades y nuestro medio ambiente natural.

 

La liberalización del comercio y sus políticas económicas de ajuste estructural han globalizado el hambre y la pobreza en el mundo y están destruyendo la capacidad productiva local y las sociedades rurales. Esta agenda corporativa no toma en cuenta la seguridad alimentaria de los pueblos. Es un sistema económico inequitativo que amenaza tanto a la naturaleza como a la gente, con el único fin de generar ganancias para unas cuantas personas y transnacionales. A los campesinos y pequeños productores se les niega el acceso y control de la tierra, el agua, las semillas y los recursos naturales.

Nuestra respuesta a esta situación, crecientemente hostil para los campesinos y pequeños productores alrededor del mundo, es desafiar colectivamente estas condiciones y desarrollar alternativas.

 

Estamos resueltos a crear economías rurales que se basen en el respeto hacia nosotros mismos y a la tierra, en la soberanía alimentaria y en el comercio justo. Las mujeres juegan un papel central en la soberanía alimentaria del hogar y de la comunidad; por lo tanto tienen el derecho de acceder a los recursos para la producción de alimentos, tierra, crédito, capital, tecnología, educación y servicios sociales, y una oportunidad igual para desarrollar y utilizar sus habilidades.

 

Estamos convencidos que el problema global de inseguridad alimentaria puede y debe ser resuelto.
La soberanía alimentaría sólo se puede lograr a través de la solidaridad y la voluntad política para implementar alternativas. La seguridad alimentaria a largo plazo depende de los que producen alimentos y cuidan del medio ambiente natural. Como los administradores de los recursos de producción de alimentos, sostenemos los siguientes principios como marco fundamental necesario para lograr la seguridad alimentaría:


Alimentación: Un Derecho Humano

La alimentación es un derecho humano básico, todos y cada uno deben tener acceso a alimentos sanos, nutritivos y culturalmente apropiados, en cantidad y calidad suficientes para llevar una vida sana completa dignidad humana. Cada nación debe declarar el derecho de acceder a los alimentos como un derecho constitucional y garantizar el desarrollo del sector primario para asegurar la realización completa de este derecho fundamental.

 
Reforma Agraria para la Soberanía Alimentaria

Demandamos una auténtica Reforma Agraria que garantice a los sin tierra y familias campesinas -especialmente a las mujeres- la tenencia y el control de la tierra que trabajan y la devolución de los territorios a los pueblos indígenas.
El derecho a la tierra debe estar libre de discriminación basada en género, religión, raza, clase social o ideología; la tierra pertenece a quienes la trabajan. Las familias campesinas, especialmente las mujeres, deben tener acceso a la tierra productiva, crédito, tecnología, mercados y servicios de extensión. Los gobiernos deben establecer y apoyar sistemas descentralizados de crédito rural que prioricen la producción de alimentos para el consumo doméstico y asegurar la soberanía alimentaría. Se debe usar la capacidad de producción en vez de la tierra como seguridad para garantizar el crédito.
Se debe valorar económica y socialmente el trabajo de producción de alimentos y el cuidado de la tierra para motivar a la juventud a que permanezca en las comunidades rurales como ciudadanos productivos. Los gobiernos deben hacer inversiones a largo plazo de los recursos públicos en el desarrollo rural para asegurar la infraestructura social, ecológicamente adaptada.


Soberanía alimentaria: Preservando los recursos naturales

La soberanía alimentaria requiere del cuidado y uso sostenible de los recursos naturales, especialmente de la tierra, el agua y las semillas. Nosotros, los que trabajamos la tierra, debemos tener el derecho de practicar el manejo sostenible de los recursos naturales y preservar la diversidad biológica. Esto se puede hacer únicamente desde una base económica fuerte con seguridad en la tenencia de la tierra, suelos saludables y uso reducido de productos agroquímicos. La sostenibilidad a largo plazo exige un cambio de la dependencia en los químicos y en los monocultivos de exportación y modelos de producción intensivos industrializados. Se requieren sistemas diversificados, naturales y equilibrados. Los recursos genéticos son el resultado de milenios de años de evolución y pertenecen a toda la humanidad. Ellos representan el trabajo cuidadoso y el conocimiento de muchas generaciones de pueblos rurales e indígenas. Patentar y comercializar recursos genéticos por parte de compañías privadas y transnacionales debe ser prohibido. El acuerdo del Derecho de Propiedad Intelectual de la Organización Mundial del Comercio es inaceptable. Las comunidades campesinas tienen el derecho de usar libremente y proteger los recursos genéticos diversos, incluyendo las semillas, las cuales han sido desarrolladas por estas mismas comunidades a través de la historia. Esta es la base para lograr la soberanía alimentaria.

 

Soberanía Alimentaria: Reorganizando el comercio de alimentos. Los alimentos son, en primer lugar, una fuente de nutrición y únicamente en segundo lugar un artículo comercial.
Las políticas agrícolas nacionales deben darle prioridad a la producción para el consumo doméstico y la autosuficiencia alimentaria. Los alimentos de exportación no deben desplazar a la producción local ni desplomar los precios. Esto significa que el dumping por productos subsidiados para la exportación de alimentos debe cesar.
Los campesinos tienen el derecho a producir alimentos básicos esenciales para sus países y controlar el mercado de sus productos. Los precios de los alimentos en los mercados nacionales e internacionales deben ser regulados y deben reflejar el verdadero costo de producción de los mismos. Esto asegurará que las familias campesinas tengan ingresos adecuados. No es aceptable que la comercialización de los alimentos continúe, teniendo como base la explotación económica de la gente más vulnerable ---campesinos pobres, con bajos sueldos--- y la degradación a fondo del medio ambiente. Asimismo, no es aceptable que las decisiones de comercialización y producción sean en gran parte dictadas por la necesidad de divisas extranjeras para cubrir cargas de deudas altas.
Estas deudas colocan una carga desproporcionada en los ciudadanos rurales. Exigimos sean condonadas estas deudas.

 

 Soberanía Alimentaria: Eliminar la globalización del hambre
La soberanía alimentaria es socavada por las instituciones multilaterales y por el capital financiero especulativo. El control creciente de las compañías multinacionales sobre las políticas agrícolas del mundo ha estado propiciado por las políticas económicas de las instituciones multilaterales como la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Exigimos regulación y establecimiento de impuestos al capital especulativo y que sea implementado un estricto control mediante un código de conducta para las transnacionales.

 

Paz Social: Condición de Soberanía Alimentaría
Todos tenemos el derecho a la libertad sin violencia. Los alimentos no deben ser utilizados como un arma, el incremento de los niveles de pobreza y marginalización en el campo, junto a la opresión creciente de minorías étnicas y pueblos indígenas, agravan las situaciones de injusticia y desesperación El desplazamiento actual, la urbanización forzada y la represión a los campesinos no se puede tolerar. Denunciamos la creciente discriminación racial en las áreas rurales.
 

Soberanía Alimentaria: Control democrático.
Los campesinos y pequeños productores deben tener una intervención directa en la formulación de políticas agrarias en todos los niveles. Esto incluye la actual Cumbre Mundial sobre Alimentación de la cual estamos excluidos. Las Naciones Unidas y organizaciones relacionadas tienen que democratizarse para asegurar que esto se realice. Todos tenemos el derecho a la información certera y honesta y a un proceso de toma de decisiones abierto y democrático. Estos derechos son la base de buenos cuerpos de dirección, de responsabilidad de igual participación directa y activa en la toma de decisiones sobre asuntos alimentarios y rurales”.
Fuente: http://www.nyeleni2007.org

 

 

En consecuencia, el concepto de «soberanía alimentaria» es creado por Vía Campesina en un proceso de resistencia de los movimientos sociales mundiales al capitalismo e imperialismo cuyo crecimiento económico se basa en condenar a una creciente mayoría de la humanidad a pobreza, marginación y hambre.

El pensamiento que existe detrás de la «soberanía alimentaria» contrasta con la «seguridad alimentaria» avalada por las Cumbres de la Alimentación y otras conferencias de alto nivel. La «seguridad alimentaria» habla de que todos y todas tengan una cantidad suficiente de buenos alimentos para comer todos los días. Pero no habla acerca de dónde proviene el alimento, quién lo produce, en qué condiciones se ha cultivado. Considera que el comercio internacional resolverá el problema alimentario mundial lo cual:

  • permite que los exportadores de alimentos del Norte y del Sur argumenten que la mejor manera de que los países pobres logren la seguridad alimentaria es importando alimentos baratos, en lugar de tratar de producirlos por sí mismos;

  • vuelve a esos países más dependientes del mercado internacional;

  • expulsa de sus tierras a los campesinos que no pueden competir con las importaciones subsidiadas y que terminan en las ciudades en búsqueda de empleos que no existen.

En contraposición, la «soberanía alimentaria» pone su centro en la autonomía local, los mercados locales y la acción comunitaria. Es en el espacio local donde adquiere su dimensión más medular. Es donde los campesinos tienen sus raíces,  donde crecen las semillas que siembran y donde identifican el poder transformador de la soberanía alimentaria. También en ese ámbito se formulan y elaboran las estrategias y acciones.

Pero, además, el concepto de soberanía alimentaria fue desarrollado por Vía Campesina mediante:

-Debate público durante la Cumbre Mundial de la Alimentación en 1996 y planteo de una alternativa a las políticas del capitalismo e imperialismo. De modo que ha conseguido convertirlo en tema ineludible para la deliberación agraria internacional e inclusive lo instaló en el seno de las instancias de Naciones Unidas y como tema principal del foro ONG paralelo a la cumbre mundial de la alimentación de la FAO de junio del 2002.

-Lucha de clases contra  el FMI (Fondo Monetario Internacional), el Banco Mundial y la OMC (Organización Mundial del Comercio) que han aplicado políticas dictadas por los intereses de las empresas transnacionales y de las grandes potencias. Lucha contra los acuerdos internacionales (OMC), regionales (Acuerdo de Libre Comercio para las Américas-ALCA) o bilaterales de "libre" cambio de productos agrícolas que permiten a dichas empresas controlar el mercado globalizado de la alimentación. Quiere sacar la agricultura de la OMC porque ésta conduce la práctica imperialista de importaciones a bajos precios o el dumping que destruye la producción alimentaria y la economía agrícola local y ha ratificado una nueva práctica de dumping que establece una fuerte baja de precios agrícolas en reemplazo de las ayudas a la exportación y la combina con pagos directos abonados por el Estado.

El concepto de «soberanía alimentaria» contiene principios y formas de reorganizar el comercio de alimentos partiendo de que los alimentos son, en primer lugar, una fuente de nutrición y únicamente en segundo lugar un artículo comercial.