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Octubre 2010 |
PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS
La recuperación de la «soberanía alimentaria» nos exige a los de abajo crear nuestra comunicación social e interpersonal que nos relacione al ir emancipándonos de nuestra deformación por el sistema autoritario, racista, patriarcal y neocolonial. Es decir que precisamos asumirla como batalla cultural porque el capitalismo e imperialismo:
1. Desinforma, oculta e invisibiliza la lucha por la soberanía alimentaria
Por eso:
A) Ignoramos la variedad de luchas e interrelaciones que la construyen
GRAIN en “Soberanía Alimentaria y sistema alimentario mundial” señala: "(...)Los sistemas agrícolas tradicionales se han desarrollado en función de principios de cooperación, integración y diálogo con la naturaleza, principios que han dado lugar a sistemas agroecológicos muy complejos. Estos agricultores son custodios de miles de años de investigación y creación que hicieron posible una agricultura tan extraordinaria, basada en la biodiversidad. Esta biodiversidad y cultura agrícola hoy es defendida férreamente por organizaciones campesinas en nombre del patrimonio único que constituye y de su capacidad de producir alimentos para millones de personas sobre el planeta, en el presente y para el futuro.
Todo esto guarda un marcado contraste con la agricultura industrial moderna, basada en la codicia, la exclusión y la destrucción. Se expresa en vastos monocultivos dependientes de unas pocas especies y variedades, impermeables a los cultivos y poblaciones locales.
En una dimensión más amplia
La «soberanía
alimentaria» es una alternativa sólida a la corriente de pensamiento oficial
sobre la producción de alimentos. La lucha por la «soberanía alimentaria»
incorpora temas tan vastos como la reforma agraria, el control territorial, los
mercados locales, la biodiversidad, la autonomía, la cooperación, la deuda, la
salud y muchos otros temas que tienen una importancia fundamental para poder
producir alimentos localmente. La reforma agraria, en especial, es un componente
importante de la «soberanía alimentaría» como redistribución radical de la
tierra, particularmente entre los más pobres y quienes no tienen acceso a ella.
El Movimiento de los Sin Tierra, de Brasil, es un buen ejemplo de cómo la
«soberanía alimentaria» está intrínsecamente ligada a la lucha social de los
millones de pobladores rurales que han sido expulsados de sus tierras y de los
pobres urbanos que nunca tuvieron acceso a la misma y ahora buscan la forma de
recuperar su identidad reclamando la devolución de tierras. Uno de los
principales cuellos de botella de la producción local de alimentos es la
distribución desigual de la tierra. En muchos países del mundo, el 20% de los
terratenientes controlan el 80% de la tierra y esa tierra a menudo es utilizada
para productos básicos (commodities) de exportación, en lugar de alimentos a los
que pueda acceder la población local.
De manera similar, la aplicación de los derechos de los pueblos indígenas a sus territorios es un requisito indispensable para avanzar hacia la «soberanía alimentaria».
La «soberanía alimentaria» también reúne a campesinos y agricultores del Norte y del Sur, una distinción artificial promovida por muchos. Por ejemplo, las redes de semillas de agricultores de Francia se refieren tanto a la soberanía alimentaria como a la lucha de los centros de riqueza de semillas dirigidos por mujeres, en Bangladesh. O, según las palabras de José Bové, dirigente campesino de Francia: "Para los pueblos del Sur, la soberanía alimentaria significa el derecho a protegerse contra las importaciones. Para nosotros, significa lucha contra la ayuda a las exportaciones y contra la agricultura intensiva. No hay contradicción en ambas".
Tal vez aún más importante sea
que la «soberanía alimentaria» permite que diferentes movimientos que
tradicionalmente solían enfrentarse, unan sus luchas.
Los campesinos, los sin tierra, los pescadores tradicionales, los pastores, los
pueblos indígenas… se están acercando cada vez más y creando un acuerdo común de
objetivos y acciones en común.
La «soberanía alimentaria» también ha llegado a los millones de pobladores urbanos que luchan por sobrevivir en las grandes ciudades. La producción de alimentos en huertas familiares o comunitarias no solamente brinda alimentos que la agricultura industrial generalmente no puede ofrecer, sino también un grado de dignidad, cooperación e independencia.
Todos esos pueblos luchan por algo más que la interpretación de Jacques Chirac en Senegal sobre la soberanía alimentaria. A diferencia de Chirac, la soberanía alimentaria implica que el sistema alimentario mundial debería dar un giro de 180 grados. Han sido los campesinos, los pescadores tradicionales, los pastores y los pueblos indígenas quienes han alimentado al mundo desde hace miles de años. Para lograr un mundo sin hambre, un mundo donde todos y todas tengan acceso a alimentos nutritivos producidos localmente, todos ellos necesitan ocupar nuevamente el centro de la escena ”.Fuente: Revista trimestral Biodiversidad de GRAIN y REDES/ enero 2006/ www.grain.org
B) Creemos que los campesinos, pescadores e indígenas son expulsados por ser anacrónicos
PERO: "Muchas de las organizaciones mundiales de agricultores familiares, campesinos sin tierra, trabajadores rurales, comunidades indígenas, jóvenes y mujeres rurales se han unido de manera conjunta en una alianza global llamada la Vía Campesina. De acuerdo con la Vía Campesina, estamos afrontando un conflicto histórico entre dos modelos de desarrollo económico, social y cultural en el mundo rural.
La Vía Campesina se opone al modelo dominante y sus impactos negativos ya mencionados,
a través de un paradigma alternativo conocido como la «soberanía alimentaria».
La «soberanía alimentaria»:
Parte de la idea de los derechos humanos, económicos y sociales que poseen todas las personas; entre los que se incluye el derecho a la alimentación. (Vía Campesina, 2002; Vía Campesina et al., Undateda, Undatedb, 2005). Pero esta idea va más allá, tal como argumenta Jean Ziegler en el Informe Especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, con un corolario sobre el derecho a la tierra, e incluso, el «derecho a producir» de las gentes rurales(Ziegler, 2002, 2004).
Se basa en la idea de que la alimentación de las gentes es un asunto de seguridad nacional –de soberanía, si lo queremos llamar así. Si la población de un país depende para su próxima comida de los caprichos o fluctuaciones de la economía global, de la buena voluntad de una superpotencia, de no usar la comida como un arma, de la incertidumbre y el alto coste de los envíos de larga distancia, entonces ese país no es seguro, ni a escala nacional, ni desde el punto de vista de su seguridad alimentaria.
Va más allá del concepto de seguridad alimentaria, concepto que ha perdido su verdadero significado (Rosset, 2003).
Significa que cada niño, mujer y hombre debe tener la seguridad de obtener suficientes alimentos cada día. Sin embargo. este concepto no dice nada sobre la procedencia de esos alimentos, o de cómo se producen; por ello, las instituciones de Washington podrían argumentar que la comida barata importada de los Estados Unidos es la mejor manera de conseguir la «soberanía alimentaria» para los países pobres, más que produciéndola ellos mismos. Pero las masivas exportaciones baratas y la comida subsidiada coarta la competitividad y autosuficiencia de los agricultores locales, expulsándolos de la tierra, aumentando sus umbrales de pobreza y hambre, y colocando su comida en manos de una economía de pago ‘al contado’, obligándoles a emigrar a los suburbios donde no pueden encontrar ni siquiera unos salarios de subsistencia.
Para conseguir una verdadera seguridad alimentaria, las gentes rurales deben tener acceso a tierras productivas y recibir precios por sus cosechas que les permitan llevar una vida digna (Rosset, 2003; Vía Campesina et al., Undateda, Undatedb, 2005). Sin embargo, esto también implica que no es suficiente con el acceso a la tierra y los recursos productivos. El énfasis actual puesto en las negociaciones del acceso al mercado por las exportaciones, en detrimento de la protección de los mercados de productores domésticos, es un problema crítico.
De acuerdo con la Vía campesina (2002), “la «soberanía alimentaria» da prioridad a los productores locales en el acceso al mercado nacional. Pero los precios establecidos en el mercado internacional, producto de la liberalización agraria, niegan a los productores locales el acceso a sus propios mercados,” y por tanto, violan el derecho a producir, coartando el desarrollo económico local y regional.
Una manera de promover el desarrollo económico local en las áreas rurales sería la creación de circuitos locales de producción y consumo, donde los agricultores familiares puedan vender su producción en las ciudades y pueblos cercanos, así como comprar otros bienes de primera necesidad a los artesanos y comerciantes de esas ciudades. En este sentido un estudio brasileño sobre los asentamientos de la reforma agraria ha demostrado recientemente cómo estos estimulan las economías locales, incluso cuando un país carece de una política real de reforma agraria (Leite, 2004). De esta forma, el dinero circula varias veces en la economía local, generando empleo urbano y haciendo posible que los agricultores puedan sobrevivir. Si por el contrario, todo lo que los campesinos producen se exporta a países lejanos que pagan en el mercado internacional precios más bajos, y todo lo que ellos compran es también importado, entonces todos los beneficios del sistema se extraen de la economía local y sólo pueden contribuir al desarrollo económico en lugares remotos como Wall Street.
La «soberanía alimentaria» por ello pone énfasis en los mercados y economías locales como puntos clave en la lucha contra el hambre y la pobreza (Rosset, 2003). Sólo a través de un cambio en las pautas del desarrollo, abandonando un modelo de agricultura industrial destinada a la exportación, basada en un sistema de libre comercio, de grandes explotaciones, concentración de las propiedades y desplazamiento de las personas, podremos frenar la espiral creciente de pobreza, bajos salarios, migración del campo a la ciudad, y degradación ambiental.
El reparto redistributivo de la tierra y un cambio de 180 grados en la política comercial dominante, podrían suponer esa transformación hacia la agricultura familiar, basada en el núcleo familiar cooperativo, con la capacidad de alimentar a los pobres, llevando a un desarrollo económico más amplio y diversificado, así como a la conservación de la biodiversidad y los recursos productivos (Rosset, 1999, 2001a).
Esto nos lleva de nuevo al argumento de la Vía Campesina del enfrentamiento de los dos modelos existentes en el mundo rural; un conflicto de «modelos económicos de desarrollo». El contraste entre el modelo dominante, basado en la agro-exportación y libre mercado, versus el «modelo de soberanía alimentaria», no puede ser más desolador.
En la práctica, en cada uno de los temas relacionados con la alimentación, la agricultura y la vida rural, las posiciones son bastante contradictorias.
Mientras un modelo ve a los agricultores familiares como un curioso pero ineficiente anacronismo que debería desaparecer con el desarrollo y la modernización (a no ser que algunos de los agricultores permanezcan en Disneylandia- como atracciones para el turismo rural bucólico), el otro modelo los ve como las base de las economías locales, de los mercados internos que permiten a las potencias industriales y económicas de hoy en día como los Estados Unidos, Japón, China y Corea del Sur desarrollarse y ponerse en marcha (Rosset, 1999, 2003).
Con respecto al hambre, un modelo ve el aumento de las exportaciones desde las inmensas plantaciones de los ricos, como la manera de generar las divisas necesarias para importar comida barata destinada a los hambrientos; mientras que el otro modelo ve la conversión de las tierras de cultivo que una vez pertenecieron a los agricultores familiares, campesinos y gentes indígenas para exportar las cosechas, como la fuerza impulsora del crecimiento del hambre y la miseria en el campo.
Por último, mientras el modelo dominante está basado en el monocultivo a gran escala y el uso intensivo de insumos químicos, con cosechas de productos transgénicos, el modelo de soberanía alimentaria, destaca como las prácticas de las grandes explotaciones industriales, acaban destrozando la tierra de las futuras generaciones, y deterioran una mezcla muy rica de conocimiento tradicional y sustentable de prácticas agrarias basadas en la agroecología (Rosset, 2003; Vía Campesina et al.,Undateda, Undatedb, 2005).
En general, este es el porqué del MST (Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra de Brasil, un miembro de la Vía Campesina, que cree que “el enemigo es el modelo” y el objetivo de la protesta es la “mudança do modelo,” o la transición de un modelo a otro.
Este movimiento ve al agro como una pieza clave de esta transición, que sin embargo, en sí misma no es suficiente.
Por ello para conseguir el éxito, se necesita un mayor énfasis político en la «soberanía alimentaria»”.
Fuente: www.viacampesina.org
2. Acostumbra al orden verticalista o al otorgamiento de crédito a autoridades instituidas y a los profesionales prestigiosos
Por eso:
A) No ponemos bajo sospecha la participación de oligopolios agroindustriales y de China
Agro
Argentina (15-05-2010) informa:
“La Presidenta de la Nación,
Cristina Fernández de Kirchner, y el Ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca,
Julián Domínguez, pusieron en marcha hoy el Plan Estratégico Agroalimentario
2010-2016, para garantizar la soberanía alimentaria y el agregado de valor en la
producción.
“Este Plan se propone potenciar el rol de Argentina en el mundo como gran
productora de alimentos”, sostuvo la Presidenta. “El objetivo es agregar
mucho valor en origen, una de las premisas fundamentales que debemos encarar a
través de esta estrategia”, agregó. “En los próximos años habrá una gran
demanda internacional de alimentos, y esto va a colocar a nuestro país en una
posición muy buena en el concierto de las naciones”, dijo la jefa de Estado.
“Estamos ante la posibilidad de de innovar, de incorporar ciencia y
tecnología, conocimiento para generar empleo estable, en blanco, calificado y
bien remunerado”- manifestó- “por eso es importante que los distintos
sectores puedan converger en un Plan Estratégico de cara al Bicentenario".
La mandataria formuló estos conceptos durante un acto que se llevó a cabo esta
mañana en la sede central del Banco Nación, con la presencia de los Ministros de
Economía, Amado Boudou, de Industria y Turismo, Débora Giorgi y de Educación,
Alberto Siglioni. También estuvieron presentes rectores y decanos de las
universidades nacionales, miembros del cuerpo diplomático, legisladores, cámaras
empresariales, autoridades nacionales, provinciales y municipales. Cabe destacar
que participan del Plan Estratégico Agroalimentario 43 universidades nacionales,
150 cámaras empresarias, las 23 provincias del territorio nacional,
organizaciones sociales y rurales, así como también organismos internacionales.
Durante el acto de hoy el Ministro Julián Domínguez subscribió convenios con 35
universidades, así
como también actas de cooperación con los organismos internacionales del
Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), la FAO, y el
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).En este
sentido, ayer el ministro Julián Domínguez encabezó en Parque Norte, Ciudad de
Buenos Aires, una jornada de trabajo que
reunió a más de 800 referentes de los distintos eslabones de la cadena
agroindustrial.
“Estamos absolutamente convencidos de que el Plan Estratégico tiene que ser
federal, con pluralidad de participación de todas las provincias”, sostuvo
Domínguez. “La participación debe ser federal y, en el año del Bicentenario,
venimos a reafirmar esta íntima convicción”, aseguró.
Por otro lado, el titular de Agricultores Federados Argentinos (AFA), Carlos
Trevisi, dijo que “la convocatoria es muy interesante, ya que como dice el
Ministro, tenemos que dejar atrás el pasado, el desencuentro, y caminar juntos
construyendo de cara al futuro”. En este sentido dejó en claro que el plan
pone al productor en un papel principal “algo que estaba haciendo falta desde
hacía ya mucho tiempo”.
En relación a la participación de las provincias, el Ministro de la Producción
de Formosa, Raúl Quintana, sostuvo que “este es un programa que estuvimos
deseando todas las provincias durante mucho tiempo, y que marca de alguna manera
la importancia que tiene esto de que el sector agropecuario y forestal tenga
rango de Ministerio”.
Asimismo, el embajador de
China, Zeng Gang, manifestó que su país “tiene mucho interés en el desarrollo
de este Plan”
y dijo que
“esperamos poder avanzar en mayores cooperaciones internacionales, tanto en
producción como en comercialización, ya que Argentina es un país muy importante
como proveedor de alimentos”.
Finalmente, el presidente de la empresa Sancor, Vicente Bauduco, sostuvo que
“el lanzamiento de este Plan marca un hito en el Bicentenario y nosotros desde
el sector lácteo vamos a acercar propuestas para que el país pueda abastecer al
mercado interno y también exportar”.
El
rol de las universidades
Consultado sobre la participación del sector académico en esta iniciativa, el
decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires,
Alberto Barbieri, consideró que es una convocatoria fundamental para el
desarrollo del país. “La Argentina necesita este tipo de actividades que
reúnan a referentes de la comunidad científica con autoridades nacionales para
poner en marcha un país más inclusivo”, sostuvo.
Por su parte Fernando Rumiano, presidente de la Asociación Universitaria de
Educación Agropecuaria Superior, manifestó que “estamos dispuestos a
participar y aportar en todo lo que sea necesario. Con estos convenios permiten
que las facultades tengan un rol importante en el desarrollo de Planes
Estratégicos”.
En este sentido, la rectora de la Universidad Nacional de Santiago del Estero,
Natividad Nassif, dijo que “nos han convocado a las universidades como
interlocutores válidos, lo cual muestra que vamos a tener un rol activo
desarrollo de este Plan. Esto nos parece un desafío muy importante, y creo que
las facultades agronómicas pueden hace run gran aporte al desarrollo sustentable
y la diversificación productiva” ".
Fuente:
http://agro-argentina.com.ar/noticias/cristina-y-dominguez-presentaron-el-plan-agroalimentario/
B) Caemos otra vez embaucados en esforzarnos para posibilitar la Argentina potencia.
Ante este escenario, el Ministro llamó a “ordenar nuestra fuerza productiva y pensar en un desarrollo sustentable, para que la oportunidad no sea solo de unos pocos, sino de todo el pueblo argentino”.
Frente a directivos de Federación Agraria, Domínguez señaló que “debemos generar políticas diferenciales para aquellos que no son iguales, como los pequeños y medianos productores”. En este sentido, aseguró que “planificar es un gran negocio”, ya que “ordena todos los aspectos de una nación y constituye un valor agregado para el país”.
Al respecto explicó que la planificación permite ordenar todo el dispositivo tecnológico, productivo y administrativo argentino en pos de un mismo objetivo, lo que implica una ventaja competitiva en los mercados mundiales. “Es un concepto de eficiencia tanto para el sector público como para el privado”, sostuvo Domínguez.
El titular de la cartera agropecuaria convocó a todos los actores a formar parte de la construcción colectiva del Plan Estratégico. Afirmó que es necesario desterrar visiones del pasado y realizar aportes, aún cuando expresen desacuerdos. “Nosotros pusimos en marcha este proceso para que pudieran capitalizarse las tradiciones y experiencias más exitosas de cada uno de los actores. El PEA no puede ser el programa de un Gobierno, sino una herramienta que permita despertar la conciencia de la gran oportunidad que tenemos como país”. “Buscamos que el debate sea institucional, y que sea práctico, no importa que seamos diferentes. Necesitamos combinar las mejores energías para que esto sea una experiencia que dé respuesta a todos los sectores”, afirmó Domínguez. “Construir una visión compartida no es acordar estrictamente en todo, sino trabajar en conjunto”, apuntó. A su vez, Domínguez llamó a recuperar las escuelas agrotécnicas, como elemento fundamental para el arraigo territorial de nuestra población en las provincias.“En un país que quiere crecer, los colegios deben ser el lugar de promoción del arraigo a la tierra, planificar y mejorar el sistema productivo. No desaprovechemos la oportunidad”, sostuvo el Ministro.
Estrategia junto a Brasil
Durante el acto estuvieron presentes, el secretario ejecutivo del Ministerio de Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento de la República de Brasil, Gerardo Fontelles, y el Embajador de dicho país, Enio Cordeiro. Domínguez ponderó la presencia de estas autoridades en el Seminario Nacional del PEA y dijo que junto a Brasil “queremos decir al mundo que somos dos grandes productores de alimentos”.
Por su parte, el Secretario Fontelles afirmó: “hemos puesto ambos países, por decisión de nuestros presidentes, a trabajar en la agenda agrícola, como el eje sustantivo del intercambio para los próximos años”. En este sentido, dijo que “la tarea es ardua, pero tenemos la experiencia para compartirla, tenemos desarrollo y un modelo integrado junto al Mercosur que debemos fortalecer”.
Asimismo, el funcionario brasilero expresó que “nuestros países tienen un gran compromiso en apoyar y sostener el desarrollo de la actividad agropecuaria en el cono Sur”, y agregó: “iniciativas como la de hoy, estoy seguro, van a reforzar el papel del Consejo Agropecuario del Sur”. Participan de la jornada, los Ministros y Secretarios de Agricultura provinciales, representantes de 45 universidades y 52 facultades, referentes de organizaciones sociales, sector productivo, empresarial, referentes de las Bolsas de Comercio, autoridades de INTA y Senasa. También se encuentran presentes directivos de la Federación Agraria Argentina (FAA).
Luego de los discursos de Domínguez y Fontelles, se realizó un panel a cargo de los especialistas Rafael Trejos Solórzano, Coordinador del Centro de Análisis Estratégico para la Agricultura (IICA), y Bernardo Kosacoff; director del Centro de Empresa, Competitividad y Desarrollo (CECyD), Universidad de San Andrés. El primero disertó sobre “Escenarios futuros de los mercados agroalimentarios y agroindustriales”, y el segundo, sobre “Dilemas del desarrollo. Las enseñanzas de los países exitosos” ". 1 de septiembre de 2010
http://www.infogranjas.com.ar/index.php/ministerio-de-agricultura-ganaderia-y-pesca/269-noticias/6248-dominguez-debemos-despertar-la-conciencia-de-la-gran-oportunidad-que-tenemos-como-pais-.html
C) No nos preguntamos quién es Julián Domínguez y...
Cuando el
Jefe de Gabinete Aníbal Fernández anunció la creación del Ministerio de
Agricultura y Ganadería(1 de octubre de 2009) advirtió que
comprende todas las áreas que estaban en el ámbito de la Sagpya: Agricultura,
Ganadería, Pesca y Alimentación.
Fue designado Julián Domínguez como ministro
de la nueva cartera, es abogado
y se desempeñaba hasta ese momento como diputado bonaerense por el Frente para
la Victoria. Pero
cumplió funciones en los ministerios de Salud, Interior y en la Jefatura de
Gabinete. En 1999 asumió como ministro de Obras Públicas bonaerense, de la mano
de Ruckauf. En 2002, con la asunción de Duhalde como presidente, fue vicejefe de
Gabinete, detrás de Alfredo Atanasof.
◊Horacio Verbistky agrega:"(...)Julián Domínguez asumió el nuevo ministerio de Agricultura y su primera actividad fue recibir a las cámaras patronales agropecuarias. Les dijo que entendía el rol estatal como regulador y subsidiario y cerró cualquier posibilidad de discutir las retenciones al comercio exterior de oleaginosas, que además de un pilar de la política económica es también un símbolo de la autonomía estatal frente a los intereses corporativos. En todo lo demás la posibilidad de acordar es alta. Como garante de ello actuó un gran empresario de la soja transgénica y pionero de los pools de siembra y los fondos fiduciarios, Eduardo Serantes. Su muda asistencia al encuentro (“una hora de presentación y acuerdo sobre la metodología”) fue acordada por el gobierno con el obispo de San Isidro, Alcides Jorge Pedro Casaretto, a quien Serantes acompaña en la Comisión de Justicia y Paz de la Iglesia Católica y ambos apoyaron con entusiasmo las movilizaciones patronales de 2008 y 2009. El martes el ministro atenderá en el INTA de Castelar, el principal organismo técnico del Estado en la materia, donde es posible que instale su despacho en forma permanente. El miércoles pondrá en funcionamiento junto con el jefe de gabinete Aníbal Fernández la Mesa Agropecuaria Nacional, con participación de los distintos sectores, y el jueves reunirá por primera vez a los ministros de agricultura de todas las provincias en el Consejo Federal, que hace dos años no es convocado. Ese Consejo sesionará cada 30 días en forma rotativa en las distintas provincias. Allí se impulsará que cada ministro organice su propia mesa de trabajo y su Consejo Provincial, con representantes de los municipios. Dentro de diez días será el turno de las 21 universidades nacionales, con las que comenzará a discutir un plan estratégico agropecuario(...)". Fuente: http://www.diariodigitalglobal.com.ar/noticias/noticia.php?PHPSESSID=185ul5775pg6b5qa7ekentum74&cod_noticia=19808&tabla=articulos&cod_seccion=20&cod_subseccion=9
◊Jorge
Rulli,
en su editorial
de Horizonte Sur en la AM 690 (06-10-2010) señala:“(...)Tal
como se sabe, los delincuentes, principalmente los jóvenes delincuentes, se dice
que entran por una puerta y salen por la otra, lo que generalmente no se aclara
es que ello ocurre especialmente cuando trabajaban para la propia policía. Viene
a ser, en todo caso, algo así como la versión más ramplona de las puertas
giratorias que ejercen las empresas como Monsanto con los cargos del Estado.
¿Qué significan las puertas giratorias? Es el caso de un empleado de las
corporaciones cuando es elegido para ocupar altos cargos oficiales y en ellos,
desarrolla la política de la empresa a la que pertenece. Luego, cuando renuncia
o lo dan de baja, cumplida su misión, vuelve a la empresa de la que provino,
siendo recompensado con un puesto gerencial probablemente más importante todavía
que el que tenía, seguramente en calidad de reconocimiento por sus afanes y
servicios… Podría ser el caso del actual Subsecretario de Agricultura Oscar
Solís, que, siendo durante más de trece años un importante ejecutivo de la
empresa de agronegocios Pioneer de los EEUU, retornado al país, para ejercer el
rol de buen ciudadano, le ofrecen uno de los más altos cargos del Ministerio de
Agricultura. Recordemos que, el Ministerio está presidido por la dupla Julián
Domínguez / Eduardo Serantes, este último socio a su vez del Estudio Cazenave,
tal vez la mayor empresa granaria de la Argentina, y además, mano derecha del
Obispo Casaretto en Caritas y en la Pastoral Social. En estos casos también, se
entra una vez más, por una puerta y se sale por la otra, de hecho el señor
subsecretario al que aludíamos, no tiene mayores empachos en reconocer off de
record, que echa de menos su vida en los EE.UU. y que a poco andar se volverá a
su empresa en el país del norte… Sí, en el Estado argentino, son tan comunes las
puertas giratorias como aquellos otros que, recordando al viejo Jauretche,
diríamos que suben al caballo por la izquierda y se bajan por la derecha…".
Fuente:
http://horizontesurblog.blogspot.com/2010/10/editorial-de-horizonte-sur-en-la-am-690.html
En consecuencia, los de abajo podremos encaminar la «soberanía alimentaria» mediante comunicación que deconstruya la percepción, la lógica y la ideología dominantes que las grandes mayorías han interiorizado como si fuesen las convenientes a sus personas y sociedades. Es decir, debido a condicionamiento mental por el capitalismo e imperialismo, resulta insuficiente explicar qué es la «soberanía alimentaria», cómo realizarla, cuál es la importancia de la praxis campesina e indígena y cómo depende del protagonismo de todos nosotros si afirmamos nuestra condición de sujetos colectivos de derechos y nos unimos para transformar nuestra situación de expoliados en convivencia autónoma. Porque este esclarecimiento e información chocará con la cerrazón a escuchar otra interpretación de la realidad agroalimentaria y agroindustrial que la dada por el gobierno K o por la oposición de ultraderecha, máxime cuando la gobernabilidad del sistema de saqueo es defendida por ambos bandos mediante bloqueo a la deliberación pública de los de abajo sobre cómo erradicar la pobreza, el hambre, la precarización laboral y el desmantelamiento de la infraestructura socioeconómica.
Incluso el matrimonio Kirchner, así como ha logrado convencer de seguir delegando en la democracia representativa del poder económico e imperialista, hoy se apropia del término «soberanía alimentaria» para ocultar al plan de expansión y profundización de los agronegocios a beneficio de Monsanto pero mucho más de ADM, Cargill, Bunge y Dreyfus que dominan todos los eslabones de la cadena agroalimentaria y agroindustrial.
La recuperación de la «soberanía alimentaria» nos exige a los de abajo crear nuestra comunicación social e interpersonal en lucha por:
1. La emancipación del capitalismo e imperialismo que enriquece a poderes concentrados empobreciéndonos
La revista Biodiversidad, sustento y culturas (nº 51-4 enero 2007), en "Un vistazo y muchas aristas", dice:"Presentamos un resumen de reflexiones y prácticas provenientes de muchos ámbitos, que nos ayudan a entender un poco los obstáculos por remontar. Los textos fueron extraídos de la separata que Biodiversidad, Sustento y Culturas elaboró en octubre de 2006 como un compendio de lo volcado en números anteriores. Sirvan estos fragmentos para hacer memoria, afilar la discusión y promover la lectura de un documento que será importante en Nyéléni 2007.
Un
concepto libertario.
Los tiranos igual que los conquistadores, a lo largo de la historia, entendieron
que la subyugación de los pueblos pasa por destruir sus sistemas alimentarios.
Parte importante de las guerras de dominación fue destruir los cultivos, las
huertas, las semillas, los sitios de almacenamiento y las rutas de intercambio
entre pescadores y agricultores.
La soberanía alimentaria, como un concepto político libertario fue propuesto por Vía Campesina en la Primera Cumbre de la Alimentación en 1996. Hoy, es un principio de lucha para las organizaciones campesinas: “Soberanía Alimentaria es el derecho de lo pueblos a producir, intercambiar y consumir alimentos de acuerdo a prácticas definidas por valores, saberes, creencias y rituales pertenecientes a su cultura, accediendo a alimentos sanos y nutritivos sin ningún tipo de obstáculo o presión política, económica o militar”. (Separata Ya es tiempo de soberanía alimentaria, presentación.)
Los intereses de una minoría.
El G20
(anteriormente G21), si bien es un contrapeso político a Estados Unidos y la
Unión Europea, muy necesario, representa principalmente los intereses de los
exportadores en el Sur, pero no defiende los intereses de la gran mayoría de
agricultores y campesinos que producen para los mercados nacionales. El G20
representa los intereses de una pequeña minoría de su población que controla la
agricultura de exportación y las empresas agroindustriales. Por esta razón,
ellos también exigen la abolición de los subsidios que “distorsionan el
comercio” y más acceso a los mercados, en el Norte y en el Sur, sin
reconocer que el principal problema es la predominancia de las exportaciones y
de los intereses de las corporaciones.
El verdadero conflicto —en torno a los alimentos, la agricultura, la pesca, las fuentes de trabajo, el medio ambiente y el acceso a los recursos— no es entre el Norte y el Sur, sino entre ricos y pobres. Es un conflicto que gira en torno a los diferentes modelos de producción agrícola y desarrollo rural, un conflicto que está presente tanto en el Norte como en el Sur.
La soberanía alimentaria de los pueblos es una alternativa a la situación actual. Una auténtica respuesta socialmente adecuada a la actual crisis en la alimentación y la agricultura reside en el marco que ofrece la Soberanía Alimentaria de los Pueblos. Desde una perspectiva amplia del desarrollo económico nacional y local, es mucho más importante hacer frente a la pobreza y al hambre, gestionar los recursos en forma sustentable y producir en primer lugar para los mercados locales antes que exportar. (Vía Campesina, 8 de diciembre, 2003.)
Somos gente de maíz.
Y lo somos a contracorriente, en lucha continua con los vientos dominantes.
Los saberes
campesinos e indígenas sobre el maíz han sido continuamente despreciados,
reprimidos y olvidados.
Se ha provocado la extinción de innumerables variedades nativas de maíz, que
eran el fruto de la paciente experimentación de nuestros antepasados. Se indujo
a muchos campesinos a la vergonzosa dependencia de los híbridos. Una y otra vez,
con diversas políticas, se ha buscado que abandonemos el cultivo de maíz. Se
quiere que en lugar de producirlo en nuestra tierra y con nuestras manos se
importe de Estados Unidos, donde se siembra para los puercos y para la
industria, no para la gente.
No rechazamos la experimentación. La hemos practicado por miles de años. Nos interesa el cambio, pero no el que lleva a formas de cultivo que destruyen en vez de conservar. Rechazamos la acción comercial, obsesionada con la ganancia. Destruye la tierra, debilita el tejido social y cultural de nuestros pueblos y trastorna la relación entre las personas. Luchamos por conservar los maíces que durante miles de años se han acomodado a vivir en los climas, alturas y suelos de nuestras tierras y comparten el espíritu de nuestras comunidades. (Declaración del foro paralelo al Simposio sobre Maíz y Biodiversidad, los Efectos del Maíz Transgénico en México, organizado por la Comisión de Cooperación Ambiental del tlcan, 10 de marzo de 2004.)
Reafirmamos: la permanencia de la agricultura campesina
es fundamental para la eliminación de la pobreza, el hambre, el desempleo y la
marginación.
Daremos especial prioridad al derecho de los campesinos del mundo entero a
exigir políticas públicas al servicio de una agricultura campesina sustentable.
Seguiremos nuestra lucha por una auténtica reforma agraria, la defensa de
nuestras semillas y la soberanía alimentaria. (Declaración cuarta Conferencia
Vía Campesina, Itaici, São Paulo, Brasil, 14-19 de junio de 2004.)
Las mujeres del campo,
como protagonistas en la construcción de otro mundo posible, nos proponemos
defender, fortalecer y ampliar nuestras organizaciones y movimientos, continuar
luchando contra el modelo neoliberal; contra el libre comercio; por la soberanía
alimentaria; por la tierra y territorio; por reformas agrarias integrales; por
la defensa de nuestras semillas como patrimonio de los pueblos; por la soberanía
económica de las mujeres y la igualdad de género; y por la soberanía de nuestros
pueblos”. (Segunda Asamblea Internacional de Mujeres Rurales)".
2. La afirmación de prácticas, teorías y sentimientos que posibilitan el «buen vivir»
"Lo urgente es mantener vivas bolsas activas y creativas de resistencia: mantener vivos los recursos y el conocimiento, permitir que evolucionen activamente en contacto con los pueblos, las comunidades y la naturaleza, no en bancos de semillas o en jardines botánicos, ni en comunidades empobrecidas en los alrededores de las ciudades, lejos del lugar de origen. Estas bolsas de resistencia las podemos catalogar en tres áreas, aunque objetivamente existen integrados en una única realidad:
a. Territoriales o ecosistémicas: el quehacer agrícola se da en el espacio físico, del cual es inseparable. Lo que llamamos agricultura está íntimamente ligado a sistemas naturales, con su fauna y flora, que son modificados para hacerlos productivos de acuerdo a las necesidades humanas. Esto son los agroecosistemas: cuencas, bosques (distintos tipos), praderas, costas, ríos. A través de la vida en estos lugares las comunidades y pueblos desarrollan sistemas culturales que son inseparables de la gestión de los recursos.
b. Biológicas: flora y fauna silvestre, plantas medicinales, cultivos y semillas (frutales, hortalizas, cereales), árboles, microorganismos, insectos.
c. Culturales: tecnologías, conocimientos, cosmovisiones, idiomas, rituales, costumbres.
Se
trata de pensar en estas bolsas de resistencia como semillas para el futuro,
semillas de esperanza para los nuevos tiempos. Para crear y gestar estas
semillas, hace falta construir lo que desde hace algunos años se viene llamando
la soberanía alimentaria...
La soberanía alimentaria exige:
El rescate y control de las semillas y el conocimiento, la agricultura y la alimentación por parte de los agricultores y las agricultoras: qué, quién, cómo, para qué se produce.
La revalorización de los sistemas integrados de manejo de los recursos naturales y el conocimiento de las comunidades y pueblos locales, las cosmovisiones que integran todos los ámbitos de la realidad.
El rescate de valores como la solidaridad, la equidad, y la justicia.
Una evolución —no queremos revoluciones que fracturan la evolución del conocimiento y la experiencia— hacia lo que llamamos agroecología, una agricultura socialmente justa, ecológicamente sensible, económicamente rentable. Una evolución que parte de los saberes de las comunidades y pueblos e integre a través de estrategias participativas el intercambio entre agricultor y agricultor y la participación paritaria de los técnicos.
A partir de una toma de conciencia ecológica dar prioridad al manejo sustentable de los recursos naturales en todas las estrategias de desarrollo: hay que tener en cuenta a las generaciones futuras.
Promover desde nuestros lugares de inserción políticas públicas que favorezcan la seguridad alimentaria en primer lugar, y la soberanía alimentaria como el marco más amplio en el cual desarrollemos nuestra vidas como agricultores, consumidores y miembros de la sociedad civil. (Nelson Álvarez, “Cultivando y compartiendo nuestras semillas”, Rosario, Argentina, 25 de junio de 2004)".
3. Ejercicio de la soberanía por los pueblos que significa autoorganización para concretar sus derechos
"Los “pobres no son pobres por ser vagos o porque sus gobiernos sean corruptos”. Son pobres porque otros se han apropiado de su riqueza, destruyendo su capacidad para crearla. Las riquezas acumuladas por Europa se basaron en las riquezas arrebatadas a Asia, África y Latinoamérica. Sin la destrucción de la rica industria textil de la India, sin la aparición del comercio de especias, sin el genocidio de las tribus indígenas americanas, sin la esclavitud africana, la revolución industrial no habría creado nuevas riquezas para Europa o Estados Unidos. Fue la violenta absorción de los recursos del Tercer Mundo y de sus mercados lo que creó la riqueza en el Norte, pero simultáneamente creó la pobreza en el Sur.
Dos mitos económicos facilitan el separar dos procesos ligados íntimamente: el crecimiento de la opulencia y el crecimiento de la pobreza. En primer lugar, se ve el crecimiento sólo como crecimiento del capital. Lo que ya no se percibe es la destrucción de la naturaleza y de la economía de subsistencia de la gente que crea este crecimiento. Las dos “externalidades” del crecimiento, creadas simultáneamente —la destrucción medioambiental y la creación de la pobreza— son vinculadas luego, incidentalmente, no a los procesos de crecimiento, sino entre sí. Se afirma que la pobreza crea destrucción medioambiental. Y se ofrece la enfermedad como remedio: el crecimiento resolverá los problemas de la pobreza y la crisis medioambiental, a los que inicialmente dio lugar.
El segundo mito que separa la opulencia de la pobreza es suponer que si produces lo que consumes es que no produces. Ésta es la base en que se trazan los límites de la producción para las contabilidades nacionales que miden el crecimiento económico. Ambos mitos contribuyen a la mistificación del crecimiento y del consumismo, pero también ocultan los procesos reales que crean la pobreza. (Vandana Shiva, “How to end Poverty”, ZMagazine, 11 de mayo de 2005.)
La soberanía alimentaria
es el
derecho de los pueblos, comunidades y países a definir sus propias políticas
agrícolas, pastoriles, laborales, de pesca, alimentarias y agrarias
que sean ecológica, social, económica y culturalmente apropiadas a sus
circunstancias exclusivas. Esto incluye el derecho real a la alimentación y a la
producción de alimentos, lo que significa que todos los pueblos tienen el
derecho de tener alimentos y recursos para la producción de alimentos seguros,
nutritivos y culturalmente apropiados, así como la capacidad de mantenerse a sí
mismos y a sus sociedades. (Declaración política del Foro de ong/osc para la
Soberanía Alimentaria. Roma, junio de 2002.)
La autonomía local
es
un concepto central de la soberanía alimentaria. Las mujeres de ubinig
[organización de Bangladesh] están convencidas de que la pérdida de semillas en
los hogares significa también la pérdida de poder para la mujer. La dependencia
del mercado externo para las semillas les quita trabajo y poder, y las desplaza
del control del corazón del sistema agrícola. Lo que afecta a la supervivencia
de las mujeres como agricultoras afecta también a la supervivencia de la
agricultura campesina en general...
Es en los espacios donde las comunidades locales crean autonomía a partir de sus propias necesidades, creencias y tiempos, donde la soberanía alimentaria adquiere su significado real... una comprensión común que permite a las comunidades campesinas de distintas partes del mundo apreciar sus diversas luchas e identificarse con ellas.
La soberanía alimentaria es una alternativa sólida a la corriente de pensamiento oficial sobre la producción de alimentos. La lucha por la soberanía alimentaria incorpora temas tan vastos como la reforma agraria, el control territorial, los mercados locales, la biodiversidad, la autonomía, la cooperación, la deuda, la salud y muchos otros temas que tienen una importancia fundamental para poder producir alimentos localmente. (Editorial de grain, Seedling, abril de 2005)". Fuente: http://www.grain.org/biodiversidad/?id=337
Que la recuperación de la «soberanía alimentaria» nos exige a los de abajo crear nuestra comunicación social e interpersonal lo explica la:
IV Asamblea de la Articulación de Mujeres del Campo, CLOC-Vía Campesina, Declaración de Quito
Al compás de las luchas históricas de los pueblos y de sus movimientos sociales, América Latina ha emprendido un inédito camino de cambios, de desarrollo de pensamiento propio, de fortalecimiento del proyecto socialista, de construcción del Buen Vivir / Vivir Bien, que se cristaliza ya en procesos de transición que apuestan por la descolonización y por profundas transformaciones, que lleven hacia sociedades de igualdad, justicias y soberanías, así como de armonía entre seres humanos y naturaleza.
Para las mujeres del campo de nuestra América, reunidas en la mitad del mundo, el reconocimiento de los derechos de la Pachamama (Madre Tierra) y de nuestros deberes frente a ella, la afirmación de la diversidad económica y productiva, la prioridad de la reproducción de la vida y no la del capital, constituyen una significativa concreción de las reivindicaciones históricas de las campesinas, indígenas y afrodescendientes.
Pero a la vez que nos congratulamos con estos avances, que resultan de nuestras luchas y resistencias, reafirmamos nuestra voluntad de continuar luchando para que la propuesta feminista continúe contribuyendo a definir los cambios socialistas que anhelamos, por los que lucharemos sin cesar hasta que las fuerzas combinadas del capitalismo y del patriarcado sean parte del pasado.
Del mismo modo, nos comprometemos a continuar luchando por la Soberanía Alimentaria, por nuestras formas de vida, por las agriculturas campesinas y por modos distributivos de reciprocidad, que se desarrollen en convivencia con la naturaleza, en cuyo seno hemos desplegado el ejercicio creativo de la agricultura, de la hibridación de semillas, de la creación alimentaria y de cuidados integrales, y de otros conocimientos, gracias a los cuales hemos alimentado al mundo.
Rechazamos enérgicamente las visiones capitalistas que se imponen en el agro, que privatizan la tierra y el agua e imponen dinámicas empresariales que aniquilan la vida campesina. Nos oponemos a que la transnacionalización de la producción alimentaria y la lógica de la acumulación de ganancias para el capital, continúe actuando como el objetivo de la humanidad y subsuma nuestras vidas a sus intereses.
Queremos transitar de una visión de distribución normada por el ´libre comercio’ hacia una de reciprocidades, complementariedades y cooperación, tal como nuestras organizaciones han venido proponiendo en sus países, pero también en el proceso de integración regional -la ALBA y la UNASUR-, que es un eje clave para encaminar nuestras aspiraciones socialistas y antipatriarcales.
La América Latina que queremos es una que se construya de relaciones armoniosas y de interdependencia entre seres humanos, constituidos como iguales, que encaminen su accionar a la luz de la sostenibilidad de la vida.
La América Latina que aspiramos construir es una de convivencia solidaria entre pueblos y culturas diversos, descolonizada, sin machismo ni racismo.
Queremos una América Latina comunicada, que reconozca y se reconozca en la diversidad de formas de expresión y comunicación de nuestros pueblos, con medios de comunicación en los que se expresen las iniciativas de nuestros movimientos sociales y las propuestas políticas de cambio. Rechazamos la arremetida ideológica capitalista y sexista que imponen los medios de comunicación corporativos, que se han convertido en voceros de los intereses del capital y de la derecha.
Queremos una región y un mundo libres de todas las manifestaciones de violencia, sea esta sexista, patriarcal, capitalista o imperialista.
La América Latina y el Caribe que queremos es un territorio de paz, desmilitarizado, sin bases militares foráneas, libre de las prácticas imperialistas de control, sin criminalización ni persecución política de la organización, de la protesta y de la pobreza.
Rechazamos y condenamos las amenazas imperialistas y los intentos golpistas contra los procesos de cambio, como sucedió en la República Bolivariana de Venezuela, en el Estado Plurinacional de Bolivia, en Ecuador, y como se impuso en Honduras. Rechazamos todo intento de injerencia e interferencia en nuestros países y en las decisiones de sus pueblos, como se expresa en el bloqueo impuesto a Cuba, por más de 50 años, por el gobierno de Estados Unidos.
Nosotras, las mujeres del campo provenientes de 19 países, levantamos nuestras voces al unísono en defensa de la Madre Tierra como un todo y por una reforma agraria integral que garantice el acceso de las mujeres a la tierra. Levantamos nuestras voces en defensa de la Soberanía Alimentaria, de la producción y distribución basadas en economías solidarias y comunitarias, no en los esquemas capitalistas injustos y depredadores.
Nos mantendremos alerta hasta que nuestra América Latina y el mundo sean libres de la opresión del capital y del patriarcado.
Sin feminismo no hay socialismo
Contra el saqueo del capital y del imperio, América lucha!
Por la tierra y la soberanía de nuestros pueblos, América lucha!
Mujeres del Campo luchando por la soberanía popular, por la justicia, la vida y la igualdad!
En consecuencia, los de abajo podremos encaminar la «soberanía alimentaria» mediante comunicación que:
Nos sitúe en el meollo de la violencia, injusticia e inseguridad resultante del sometimiento de todos a un funcionamiento socioeconómico mirando a la creciente acumulación de ganancias de los poderes establecidos con Estado genocida.
Nos suscite deseos de reconocer los saberes campesinos e indígenas y nos interpele a confiar en que podemos construir reciprocidades, complementariedades y cooperación para una convivencia solidaria entre pueblos y culturas diversos, descolonizada, sin machismo ni racismo.
La recuperación de la «soberanía alimentaria» exige que una creciente mayoría de nosotros establezca comunicación social con objetivos como:
1. Situarnos en que estamos todos necesitados de poner fin a la agricultura transgénica
Al respecto Diego Ignacio Domínguez y Pablo Sabatino se refieren a las: "profundas transformaciones que se produjeron durante la década del noventa en la sociedad argentina en general; y, en los mundos rurales, estas adquirieron aspectos específicos. En Argentina se ha consolidado un modelo agropecuario consecuente con las políticas neoliberales que estuvieron en auge en esos años. Un modelo de producción y distribución de alimentos orientado al exterior, insumo-dependiente, basado en la producción a gran escala y en el desarrollo de un monocultivo transgénico, como lo es la soja" y desarrollan aspectos del tema en el capítulo La muerte que viene en el viento del libro Los señores de la soja.
Pero veamos qué dice María Elizabeth Bravo al introducir el libro "Los señores de la soja: la agricultura transgénica en América Latina". Señala: "La soja ha fortalecido el agronegocio argentino, y ha significado una importante fuente de ingresos para el gobierno; pero para las organizaciones indígenas y campesinas la soja “ha devastado bosques, desalojado comunidades campesinas e indígenas, contaminado suelos y aguas, y aumentado los precios de los alimentos en el mercado interno” (Movimiento Nacional Campesino Indígena, 2008) (…)"
Aclara: "Hablar de cultivos transgénicos significa en gran medida hablar de soja, porque la soja RR , o soja con resistencia al herbicida glifosato, es el cultivo transgénico más extendido en el mundo. Y significa además hablar del Cono Sur, que es la zona de mayor expansión de este cultivo. Al referirse al modelo agrícola que se ha impuesto en Argentina, el manifiesto del Movimiento Nacional Campesino Indígena señala que “su símbolo actual es la soja transgénica”. Este manifiesto pone en evidencia la naturaleza agroexportadora, sojera y oligopólica, en manos de los pools de siembra, del agro argentino, que se potenció en la segunda mitad de la década del noventa con la introducción de la soja transgénica. Eran días en los que se negociaba el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad. Estados Unidos y Argentina despuntaban como exportadores de soja transgénica. Como aliados y a la vez competidores, ambos crearon el llamado “Grupo de Miami”, a fin de convertir al Protocolo en un instrumento internacional para facilitar el comercio de commodities transgénicos. A pesar del profundo debilitamiento que este grupo dejó en el contenido del Protocolo, ninguno de sus miembros lo ha ratificado3. Hoy, todos los países del Cono Sur han apostado a la soja transgénica. Sus gobiernos forman un fuerte bloque en las negociaciones del Protocolo de Cartagena y hablan en nombre de los sectores que se han beneficiado con la bonanza sojera. (…)
Los voceros gubernamentales del Protocolo de Cartagena no toman en cuenta los impactos sociales y ambientales que se han generado debido a la masiva expansión de soja transgénica en sus países, y tampoco consideran que las verdaderas ganancias de la soja no se quedan en manos de empresarios nacionales, sino de empresas transnacionales. El comercio mun dial de soja La soja es el cultivo oleaginoso que más se produce y que tiene mayor participación en el mercado mundial. De un total de 402 millones de toneladas de oleaginosas producidas anualmente en el mundo, 233 millones de toneladas son de soja, es decir, el 58% de la producción mundial de oleaginosas. La expansión de la soja en el mundo se debe al gran impulso que ha dado el gobierno de Estados Unidos a su sector sojero, agrupado en la Asociación Americana de Soja (ASA )4, creada para promover el comercio de soja en Estados Unidos y el resto del mundo. (…)
La soja en el Cono Sur Desde 2002-2003 las exportaciones procedentes del Cono Sur superaron a las de Estados Unidos. Argentina es el primer exportador mundial de aceite de soja (exporta más de 4 millones de toneladas métricas al año), seguido por Brasil (2,718 millones de toneladas métricas al año) y Estados Unidos (425 mil toneladas métricas al año). Aunque la Unión Europea importa soja como materia prima (ver Cuadro 2), procesa la soja importada y la exporta como aceite (USDA-FAS , 2007b). Argentina es también el primer exportador de harina de soja (19 millones de toneladas métricas al año), seguida por Brasil (14,792 millones de toneladas métricas) y Estados Unidos (4,690 millones de toneladas métricas) (USDA-FAS , 2007b). Estos niveles de exportación se alcanzaron a costa de la sustitución de ecosistemas naturales y de la de otros cultivos, y también a costa del desplazamiento de comunidades indígenas y campesinas. (…)
Frente al costo social y ambiental de la soja transgénica es necesario preguntarse para qué y para quién se produce la soja. Cuando empezaron a promocionarse los cultivos transgénicos, sus promotores decían que, independientemente de sus impactos, estos se justifican porque son una solución para el hambre en el mundo. Sin embargo, la realidad es que el 88% de la soja que se comercializa a nivel mundial se utiliza para la producción de aceite. Con los residuos se hace pasta de soja que es usada como forraje. (…)
Aunque Brasil tiene un área mayor de cultivos de soja, las exportaciones de Argentina de aceite y harina de soja son mayores, porque Brasil exporta su soja transformada en carne de pollo y puerco, pues estos animales se alimentan esencialmente de soja. Brasil es el primer productor de carne vacuna en el mundo. Su producción en 2007 fue de 9,470 millones de toneladas métricas, seguido por China con 7,850 millones de toneladas métricas (USDA-FAS , 2007a). Es al mismo tiempo el primer exportador mundial (1 millón de toneladas métricas en 2007), seguido por Australia, India y Canadá. Brasil es el tercer exportador mundial de puerco, antecedido por la Unión Europea y Canadá; y seguido por China y Chile. Brasil es también el primer exportador de pollo a nivel mundial: junto con Estados Unidos exportan el 80% de la producción de pollo del mundo. Es para sostener a estos sectores que el Cono Sur se ha convertido en un gran campo de soja transgénica. (…)
A quién beneficia el comercio de soja Independientemente de dónde se siembre la soja, a lo largo de la cadena productiva son empresas estadounidenses o europeas las que se benefician del negocio de esta oleaginosa (Bravo, 2005: 118). Algunas proyecciones hechas por el USDA sugieren que en los próximos años la industria sojera estadounidense estará más orientada a su mercado doméstico, mientras que el Cono Sur tendrá cada vez mayor participación en el mercado mundial. Esto no significa que las empresas estadounidenses dejarán de beneficiarse. En la cadena de producción y comercialización de la soja, cada eslabón beneficia a intereses económicos estadounidenses. Universalmente se identifica a la empresa biotecnológica Monsanto como la gran ganadora de la implantación de la biotecnología en el agro: ella es la propietaria de la patente de la soja RR , del gen RR y de la marca Round up, con la que vende el herbicida glifosato. Monsanto controla, a nivel mundial, el 91% de las semillas de soja transgénica. En algunos países no vende semillas. Como portadora de la patente, “licencia sus genes” a las empresas semilleras. (…)
Por su parte, se calcula que en el año 2006 el consumo de glifosato fue de 130 millones de litros. No es extraño, por lo tanto, que se afirme que el Protocolo de Cartagena es un acuerdo internacional que fue desarrollado para favorecer sólo a una empresa: la Monsanto. Sin embargo, hay otro grupo de empresas que lucran muchísimo más que Monsanto con el negocio de la soja transgénica, y que ejercen una fuerte presión en las negociaciones del Protocolo, mediante representantes de los gobiernos productores de soja.
Los verdaderos zares de la soja: ADM, Cargill , Bunge y Dreyfus Indistintamente del país donde se la produzca, cuatro empresas son las que verdaderamente se benefician del negocio de la soja8. Tres son estadounidenses: ADM, Bunge y Cargill; y una es francesa, Louis Dreyfus. Ellas controlan el 43% de la elaboración de aceite en Brasil y el 80% en la Unión Europea, y el 75% del mercado de soja en Estados Unidos. La ADM es una importante receptora de subsidios corporativos en Estados Unidos, y es una de las principales financistas de las campañas electorales de los dos partidos políticos dominantes de su país. Está involucrada en toda la cadena productiva de la soja: procesa todos los derivados de la soja; es importadora, exportadora y la más importante fabricante de lecitina de soja. Controla una inmensa red de silos y elevadores en todo el mundo. Bunge es la mayor procesadora de aceite de soja a nivel mundial, con intereses en el Cono Sur, América del Norte y Europa. Es la más grande importadora de productos derivados de la soja en Asia, y la principal proveedora de harina en el Medio Oriente. Bunge compra, procesa y vende productos alimenticios para el consumo humano y animal, granos y semillas. Cargill tiene su propio control en la cadena alimenticia, con operaciones en 23 países. Controla el 40% de las exportaciones de maíz en los Estados Unidos, el 33% de las exportaciones de soja, y el 20% de las de trigo. En Argentina, las empresas ADM, Cargill, Bunge y Dreyfus controlan el 78% de las exportaciones de trigo, el 79% de maíz, el 71% de harina de soja, el 95% de aceite de soja y el 97% de aceite de girasol. En el año 2002, sólo ADM manejó el 11% de las exportaciones de trigo y el 9% de las de maíz en ese país. (…)
La última frontera: los agrocombustibles. A mediados de la década del noventa, los cultivos transgénicos fueron promocionados con el argumento de que aliviarían el hambre en el mundo; pero aunque sabemos que están destinados a la alimentación animal y al mercado mundial de aceites, y que los excedentes son colocados como ayuda alimentaria cuando estos no pueden ser colocados en el mercado internacional, hoy el argumento es que los transgénicos van a ayudar a solucionar el problema del calentamiento global, a través de la producción de agrocombustibles. (…) Brasil podría duplicar su producción de biodiesel llegando a las 770 mil toneladas, el 90% de las cuales provendría del aceite de soja18. Esto significa que Brasil reducirá sus exportaciones de soja (de 2,49 millones en 2007 a 2,3 millones en 2008) para destinarla al biodiesel; mientras que la producción de biodiesel de soja en Argentina podría ser de 900 mil toneladas (Gudynas, 2007: 6)(…)".
María Elizabeth Bravo finaliza:"Tristemente hemos visto también que los excedentes de soja transgénica, rechazados por los consumidores de países opulentos, son colocados a través de programas de ayuda alimentaria en los países más pobres de América Latina y de otros continentes, lo que en definitiva beneficia a los mismos grupos económicos. Mientras tanto, empezamos a transitar un peligro aún mayor con la promoción de los agrocombustibles. Y es a estos grupos de poder a los que los gobiernos del Cono Sur representan en espacios como las negociaciones del Protocolo de Cartagena, debilitando la posibilidad de alcanzar una posición latinoamericana soberana. Todo esto ocurre mientras las comunidades locales son expuestas a baños de glifosato, o son desplazadas para ceder el paso a la soja. Es necesario señalar que, ante la crisis rural argentina, las empresas transnacionales que por más de una década han lucrado con la producción de soja permanecen en silencio. Pero quisiera terminar con optimismo, retomando el Manifiesto del Movimiento Nacional Campesino Indígena (2008) proclamado frente a la crisis rural argentina: Esta es una oportunidad para redefinir las estrategias de desarrollo en función de la agricultura campesina indígena, el pequeño agricultor que vive en su predio, el trabajador rural. Esa estrategia debe contar como actores fundamentales a las organizaciones campesinas y los pueblos originarios. Las problemáticas presentadas son algunas de las cuestiones que aborda y analiza esta publicación". Fuente: libro Los señores de la soja: la agricultura transgénica en América Latina-1a ed,-Buenos Aires: Fundación Centro de Integración, Comunicación, Cultura y Sociedad -CICCUS; Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales -CLACSO, 2010.
2. Romper con nuestro acostumbramiento al capitalismo
"En busca de la Soberanía Alimentaria. Apuntes para un cambio paradigmático en el modelo de producción, comercialización y consumo alimentario" es un artículo de Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos que ilustra senderos a andar por nuestra comunicación social. En efecto, comienza reflexionando: "A medida que corre el tiempo y avanza la sociedad “moderna”, también se desenvuelven procesos de involución del ser humano cada vez más alarmantes. La unidad del ser humano con la naturaleza y el medio ambiente en general se hace más frágil. En consecuencia, el ser humano se aleja del seno de la madre-padre tierra y asume un modo de producción irrespetuoso de la tierra y del ser humano mismo. En este contexto, la producción de alimentos deja de ser una actividad íntima, deja de ser un proceso a partir del cual el ser humano se complementa con la semilla, la tierra, el sol, el agua, las herramientas y todos los seres que intervienen en el proceso de producción del alimento y, también, de producción del propio ser humano. La cercanía sentimental entre el alimento y el ser humano asume un nuevo rostro: la confrontación, la pugna, la extrañeza. El alimento se convierte en un extraño. Si bien antes el ser humano era una unidad con el alimento, era pariente del alimento en una relación complementaria en la que ambos se producían y autoproducían en consenso, en identidad, en equilibrio y complementación, ahora no sabemos qué comemos y, correspondientemente, no sabemos qué somos.
Cotejo de las visiones filosóficas que engloban el proceso de producción de alimentos
El desarrollo y todo su tracto discursivo y práctico, ha afianzado, apoyado y sustentado la forma de producción de los alimentos en un proceso de no unidad del ser humano con el medio ambiente. Ha sido tan eficaz la propuesta del desarrollo que, en muchos casos, cuando hablamos de medio ambiente, no consideramos que el ser humano sea parte de él. Se habla de ser humano y medio ambiente como dos cosas separadas, cuando en realidad son lo mismo: el ser humano es medio ambiente.
Este proceso creciente y viciado de no unidad, se agarra de la mano del rotundo antropocentrismo que lleva al ser humano a considerarse el único ser con capacidad de autodeterminación, concepto que se refuerza con la idea de que la potencia de la racionalidad, y la habilidad de usar el lenguaje para la autorreflexión, es privativa de la especie homo sapiens. Con esto no se le reconoce a la naturaleza su derecho a la autodeterminación, lo cual muy poco le importa a ella en tanto se autorregula en un proceso en el que el ser humano puede hasta desaparecer. Pensemos en un maremoto o cualquier desastre natural, en el cual la naturaleza recobra su equilibrio a pesar de todo intento del ser humano por dominarla.
El antropocentrismo tiene dos caras: 1) aquélla que se apiada de la naturaleza y pretende protegerla, paternalmente, de la voracidad angurrienta del ser humano y 2) aquélla que pretende poseer a la naturaleza hasta quitarle sus entrañas. Ambas se cierran a escuchar la voz de la naturaleza que habla, pide y avisa. Ambas no quieren asumir que la naturaleza tiene y ejerce el derecho de ser en, por y para sí misma.
En este panorama, la producción de alimentos es desoladora. La forma de vida para la que la producción de alimentos consistía en un fluir equilibrado y complementario con los procesos naturales de la vida, ahora ha languidecido y ha sido reemplazada por aquélla que aduce que a la tierra hay que aprovecharla al máximo desde una visión que reta a la naturaleza para domarla y, de ese modo, otorgarle al ser humano antropocéntrico la satisfacción de sentirse el único ser que no está sujeto a los designios naturales. Con esto se permite afianzar la dicotomía naturaleza/cultura como un arma ideológica y práctica que pretende separar al hombre de la naturaleza y nos hace creer que “nosotros, los seres humanos, no somos animales” por ejemplo.
Desde la primera perspectiva de producción de alimentos, el ser humano no solamente criaba a los animales, las plantas y a la vida, sino que se dejaba criar por ellos en una relación sin jerarquías. En este entendido, la partición naturaleza/cultura que ahora sustenta el antropocentrismo no existía o no era concebida como una realidad. La cultura era “aquello que hacemos todos junto a todos”, siendo “todos” cualquier ser de la realidad, es decir, los seres humanos, las plantas, las piedras, el viento, el sol, el agua, la tierra, los microorganismos, etc.
Actualmente, el principal objetivo de la producción de alimentos es el mercado: la venta de productos. Ya ni siquiera se trata de beneficiar al ser humano (antropocentrismo), el proceso de producción está supeditado, únicamente, a las mejores posibilidades de acumular dinero y capital, y no así, ofrecer una vida sana y equilibrada. Aunque no podemos negar que el antropocentrismo conlleva, sí o sí, la autodestrucción del propio ser humano, por más que intente protegerlo; el antropocentrismo y la lógica del gran capital son una unidad indivisible.
Por todo lo antedicho, es crucial que la soberanía alimentaria se analice en unidad con una reflexión filosófica que dilucide la esencia que rige la práctica de la alimentación. Como ya apuntábamos, la propuesta agrícola que deviene de los troncos paradigmáticos eurocéntricos, se enmarca en la filosofía de no unidad del ser humano con la realidad. Dicha filosofía se edifica a partir de una escisión primera (yo/mundo), a partir de la cual surgen todas las demás particiones como ser: naturaleza-cultura, sujeto-objeto, vivo-muerto, mente-cuerpo, materia-espíritu. Todas estas particiones sustentan la propuesta utilitarista que ve a todos los seres de la tierra y la realidad como recursos que pueden alimentar el consumo humano y el consumo del gran capital, pero es la dicotomía naturaleza-cultura la que mejor la refleja. La cultura se restringe únicamente al ser humano, como la capacidad que éste tiene para transformar la naturaleza y utilizarla para su desenvolvimiento, mediante la razón y el cerebro. En cambio, la naturaleza y, contenida en ella, los animales, los vegetales y otros “recursos”, no son concebidos como hacedores de cultura. La cultura le otorga al ser humano “libertad” en el entendido de que no está determinado por la evolución natural (recordemos que los seres humanos somos producto de la naturaleza). El hombre logra escabullirse del mundo programático de la biología por medio de la mente, la conciencia y la cultura [1].
La práctica mercantilista de la producción de alimentos
La práctica mercantilista de alimentos se basa en una lógica de producción con fines de satisfacer al mercado. La perspectiva no reside en buscar una alimentación sana y conforme a las exigencias de conformar un ser humano integral, saludable, equilibrado con su medio social y natural, con la capacidad de vivir con sabiduría y no solamente con conocimiento, sino que, por el contrario, reside en alimentar las tendencias del mercado sin importar que estas impliquen la destrucción del medio ambiente y del ser humano mismo. Las exigencias de certificación, por ejemplo, están más sujetas a los parámetros de marketing y publicidad que a aquellos referidos a la protección del medio ambiente. No es casualidad que la deforestación y la erosión de tierras es un proceso creciente. En Bolivia, nada más, se deforesta un millón de hectáreas cada tres años.
Además, son pocas las grandes empresas que manejan el mercado de productos alimenticios a nivel mundial. Tenemos a Nestlé, Kraft, General Foods, Arcor, Danone y otras, como las grandes proveedoras de alimentos básicos, los cuales son distribuidos en centros comerciales enormes que quitan espacio y hacen desaparecer al mercado minorista que tiene gran importancia en los países del tercer mundo, todavía. Entre algunos de estos distribuidores tenemos a Carrefour, Walmart, Sainsbury, Jumbo, Makro y otros.
El desplazamiento de los mercados minoristas por las grandes distribuidoras es más grave de lo que parece. En primer lugar, el mercado minorista da trabajo a varias personas, en cambio, los grandes mercados aludidos, son mecanizados y se caracterizan por ofrecer el denominado “autoservice” o auto-servicio, hecho que reduce la oferta de trabajos en el área, considerablemente. En segundo lugar, los mercados minoristas crean cadenas de distribución, producción y comercialización que además de permitir complejos y ricos procesos de interacción y complementación social, producen trabajos. En tercer lugar, los mercados minoristas son lugares en los que se venden variedades de productos, no necesariamente con requisitos de uniformización y certificación, hecho que abre posibilidades a distintos modos de producción, y no solo al monocultivo, entre otras cosas. Con esto, se establecen en espacios de manutención y transmisión de distintas culturas de producción y alimentación.
En el Foro Mundial por la Soberanía Alimentaria realizado en Malí-África el año 2007, se sostuvo que existen 20 empresas transnacionales que controlan toda la cadena de producción alimenticia. Esto incluye semillas, herbicidas, comercio agrícola, agroindustrias y comercio internacional [2].
Es decir, la lógica de producción, oferta y consumo de alimentos que convida la lógica capitalista de mercado, es restrictiva de otras visiones que suelen ser más equilibradas con la diversidad de identidad cultural que existe en el mundo. No se trata de “integrar” la cultura de producción local a los parámetros de mercado, que es lo que el paradigma de desarrollo propone. Si bien esta integración pretende lograrse a partir de un discurso de comercio justo que respeta la interculturalidad de visiones y modos de producción, en la realidad la visión que prevalece es la de mercado con todos sus aditivos: monocultivos, conservantes, fertilizantes, pérdida de la diversidad biológica y cultural, producción a gran escala, mecanización del área rural, y un largo etcétera. Es decir, la propuesta es monocultural e impositiva, no intercultural. Asimismo, la lógica integradora consiste precisamente en disolver otras visiones de producción integrándolas a la lógica mercantilista que estamos analizando.
Como mencionamos, las grandes transnacionales referidas controlan todos los sectores de la cadena de producción, por lo que es difícil que en el marco de la lógica impositiva y de acumulación de capital que ellas manejan, permitan que otras visiones tengan cabida. Esto implicaría que posibiliten distribuir más equitativamente las ganancias de la venta de productos y también romper con el paradigma mercantilista, y no es esa precisamente la intención de la acumulación de capital.
La soberanía alimentaria es un tema de seguridad y soberanía nacional, mientras que las transnacionales responden a los caprichos del mercado internacional, manejado por ellas, para alimentar a la población mundial, llegando incluso a util
izar a los alimentos como instrumentos de presión internacional [3]. Entonces, es muy difícil lograr una producción, distribución y consumo soberano de alimentos".
3. Aprender a responsabilizarnos por nuestra sociedad en conjunto y en sus individualidades
Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos profundizan: "la «soberanía alimentaria» no se refiere únicamente a la producción de alimentos para quitar el hambre a la población, sino que también implica asegurar a la población que está consumiendo alimentos óptimos para la salud biológica, mental y espiritual del ser humano, en este sentido, es preciso incidir en un cambio paradigmático en la forma en que se produce el alimento, la forma en que se distribuye, la forma en la que se intercambia, la forma en la que se consume el alimento y, también, la forma en la que el consumidor se relaciona con el proceso de producción del alimento:
La forma en que se produce el alimento
Si un país no puede decidir sobre la forma de producción de sus alimentos, entonces está muy lejos de tener soberanía alimentaria. En este sentido, es crucial tomar en cuenta que la clave está en quien tiene el control del proceso laboral. Si un estado nacional le da este control a las lógicas y tecnologías de alto-insumo-externo, entonces los agricultores pierden el control sobre el trabajo, los fertilizantes, semillas y procesos de post-producción. De igual modo, no permiten la autodeterminación de diferentes identidades de producción, en tanto los agricultores se estancan en una sola lógica: la del monocultivo. Con esto se matan otras prácticas de producción agrícola.
Un tema de extrema importancia son los transgénicos. Con los organismos genéticamente modificados (OGMs), el proceso histórico ha adquirido una nueva forma de colonización de la agricultura en manos del gran capital [4] el cual, a través de grandes transnacionales, tiene el control del germoplasma. Como ya lo recomiendan varios, el control sobre nuestras semillas es el primer paso hacia la soberanía alimentaria, debido a que las grandes transnacionales que venden semillas transgénicas como Monsanto, Dupont, Syngenta, Bayer, Dow, Basf, inundan a los agricultores de estas semillas, cambiando su lógica de producción. Estas semillas no pueden ser reutilizadas en otra siembra, a diferencia de las semillas tradicionales que pueden conservarse y reproducirse. Estas transnacionales, a partir del proceso de ablación, insertan un gen de esterilidad a estas semillas para que no se puedan reproducir, y con eso obligan al agricultor a comprar constantemente semillas transgénicas. Es por demás evidente que los agricultores no pueden vender estas semillas a otros, pues podrían meterse en graves conflictos legales con todas las de perder, ya que las normas internacionales protegen a los grandes.
Asimismo, tenemos otros componentes que cambian la lógica de producción de los agricultores tradicionales, como son los fertilizantes y los pesticidas. Los pesticidas por ejemplo, son extremadamente dañinos para la tierra y el equilibrio ecológico en general. Recordando las palabras de Tatiana Gonzáles [5] “los pesticidas matan los microorganismos que regulan el nitrógeno de la tierra”. A partir de este comentario, consideramos pertinente asumir y reconocer que existen dos propuestas de producción de alimentos. Una es la que siente la unidad del ser humano con la realidad y concibe que no existe separación entre los seres de la realidad. Es decir, no hay el “yo” separado del “otro”, sino que “yo soy el otro”, sea este “otro” cualquier ser de la realidad (animal, vegetal, mineral, el viento, el agua, etc.). Por otro lado, tenemos otra propuesta que asume que el ser humano está separado de la realidad, así como que todos los seres de la realidad están separados, aniquilando cualquier posibilidad de complementación entre ellos. Esta postura es la denominada mercantilista, capitalista, dominante, etc.
La forma en que se produce el alimento, está relacionada, además, con la variedad o diversidad de productos alimenticios. Es sólo a partir de la biodiversidad de alimentos que los seres humanos pueden mantener en sí mismos, una identidad diversa. Cada ser humano presenta en su estructura sanguínea y genética una especificidad que lo hace diferente de otro ser humano. Esto implica que, por ejemplo, no todos los seres humanos metabolizan de la misma forma una específica variedad de papa, por decir alguna cosa. La papa, así como el ser humano, tiene distintas variedades. Es así que cada una de las variedades de papa se complementa con cada una de las variedades de ser humano.
Es por este motivo que la identidad depende de lo que se come. Si todas las personas comen lo mismo, entonces están atentando contra la especificidad de identidad individual. De este modo, al matar la diversidad de alimentos, también se mata la autodeterminación específica de cada persona. Si una estructura sanguínea específica no encuentra complementación con los alimentos que come, entonces empieza a generar procesos de involución en su metabolismo que llevan a ese individuo a presentar cuadros de enfermedad, así como que empieza a matar sus distintas potencias humanas. Por ejemplo, la coca es un alimento que no sirve únicamente para calmar el hambre, quitar el cansancio, proporcionar de calcio al cuerpo, etc., sino que también estimula el desenvolvimiento de la hipófisis.
En este sentido, la tendencia de la lógica dominante de producción de alimentos de matar las variedades de alimentos y optar por el monocultivo, se corresponde con una lógica de homogeneización de la identidad del ser humano, matando su capacidad de autodeterminarse. Se trata de una forma muy eficaz de recolonización.
El modelo dominante, en este contexto, ve en las exportaciones la forma de generar divisas necesarias para importar alimentos baratos que evitan el hambre, nada más. No pretende estimular la formación integral de cada ser humano a partir de una buena alimentación. Simplemente pretende calmar el hambre, mientras desestabiliza la estructura biológica y la salud del ser humano.
Acabamos de expresar el trasfondo de la dicotomía alimento-remedio que se sustenta en la separación entre lo que se considera como alimento y lo que se considera como remedio. Mediante esta separación, se ha avalado un proceso de creación de enfermedades que devienen de que se come cualquier cosa, sin buscar la complementación con la comida. No se come lo que es saludable para el cuerpo, la mente y el espíritu.
La forma en que se distribuye el alimento
Lo cierto es que la forma de distribución y venta de cualquier producto está empapada de una visión filosófica del mundo, aquella que concibe que existen mercancías. A pesar de que ya casi ha desaparecido, aún persiste la visión que concibe a todo ser como un “ser vivo”, hecho que cambia bastante la concepción moderna de mercancía. Esta forma de ver el mundo se constituye en una propuesta de relacionamiento del ser humano con el alimento, en la que la forma de distribución del alimento tendría que adicionar diversos factores, como ser: no se podrían vender alimentos que no son buenos para la salud por dos motivos, 1) no respeta la propia identidad del alimento en tanto no se ha producido en una relación complementaria y equilibrada entre el productor y los seres que participan en el proceso de producción, y 2) no respeta la identidad del consumidor en tanto no se complementa y equilibra con su salud. Es decir, estamos hablando de una visión en la que el alimento es considerado un ser con su propio derecho a existir en equilibrio con el medio ambiente (en el cual está incluido el ser humano).
Por su parte, la lógica de mercado es irrespetuosa con cualquier tipo de equilibrio tanto con el alimento, como con el ser humano y el medio ambiente en general. Las reglas del mercado internacional proponen que los productos de los agricultores locales se vendan a precios internacionales, es decir, precios bajos, mientras que los productos importados tienen precios altos, hecho que quita a los productores locales las posibilidades para producir y vender sus alimentos en condiciones justas. Por otro lado, no respetan la exigencia de producir alimentos ecológicos y equilibrados para la salud del ser humano y la tierra en general.
En cuanto a la producción ecológica de alimentos tenemos un dato importante: no consiste precisamente en una forma de producción respetuosa de la diversidad cultural. Por ejemplo, supongamos que un productor de tomate ecológico que está cumpliendo con requisitos de certificación internacional en determinado momento del ciclo productivo se quede sin semilla y requiera de la ayuda de su vecino para abastecerse de acuerdo a la lógica comunitaria de ayuda. Si el vecino no cumple con las estipulaciones de la certificación, entonces no podrá servirle de ayuda. De este modo se mata una lógica comunitaria de intercambio de semillas. Esto quiere decir que la producción ecológica está, también, mediada por parámetros internacionales de producción que en muchos casos no se corresponden con las lógicas productivas locales. Es importante, por lo tanto, asumir una posición reflexiva al respecto.
La forma en que se consume el alimento.
Como ya apuntamos anteriormente, cada ser humano consiste en una específica estructura sanguínea y genética que lo hace diferente de otros seres humanos. Así también, cada especie de alimentos, en su semejanza, se constituye en infinitas individualidades diferentes. Esto implica que si un ser humano realiza la misma dieta de otro, no quiere decir, precisamente, que va a obtener los mismos resultados. Buscar la complementación con los alimentos es una forma de consumirlos pues cambia la lógica de comer solo para saciar el hambre, a comer para autodesenvolver la propia identidad específica de cada ser humano al complementarse con los alimentos equivalentes con su estructura sanguínea.
En cuanto al especto social, tenemos que las costumbres de consumo del alimento están rompiendo cada vez más con la preparación del mismo. Las comidas pre-hechas son la regla común. Esto imposibilita al ser humano relacionarse con el alimento, compenetrarse con él a la hora de prepararlo. De ese modo, la forma de preparación de la comida es dudosa.Sobre los valores sociales tenemos que las prácticas de reunión familiar y la sobremesa a la hora de comer está desapareciendo por las distancias entre las fuentes de trabajo y hogares y los horarios de trabajo que dejan progresivamente, menos tiempo de espacio familiar".
4. Virar del derecho de acaparamiento por unos pocos al derecho de desalambrar, desmercantilizar...
Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos destacan:
"El impacto de los derechos de propiedad intelectual en la soberanía alimentaria
Gestar, actualmente, una política de soberanía alimentaria ya no es simplemente una disposición soberana de un pueblo o nación. Dentro del contexto actual la Dr. Vandana Shiva hace énfasis en el desgaste paulatino de las prácticas de soberanía de un país, añadiendo que “la estructura de gobernabilidad que se está gestando, es la de tener gobiernos sin derechos, pero con excesivas responsabilidades en el campo de la seguridad alimentaria, por un lado, y por otro, organizaciones internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial de Comercio con derechos absolutos, y sin responsabilidad” [6].
Intrínsicamente a la supra-estructura mundial y la generación cada vez más compleja de reglas de comercio mundial que tienen como objetivo el mejor control de las reglas del mercado y la manutención de las asimetrías geopolíticas que plagan el ordenamiento social, económico y político internacional, la Organización Mundial del Comercio emergió como la agencia económica más importante del mundo, tanto así que tiene la potestad de reestructurar los ordenamientos legislativos internos de los países miembros, para permitir la introducción de medidas liberales que perjudican las posibilidades de autodeterminación de los mismos.
En este contexto, la soberanía alimentaria se presenta como una meta mucho más difícil de concretizar de lo que parece. La imposición de reglas internacionales deja poco espacio a las posibilidades de autodeterminación de cada nación. Por su parte, en el interior de cada una de las naciones existen iniciativas que no coadyuvan al proceso de soberanía nacional. Son estas fuerzas las que avalan el afianzamiento de las políticas internacionales que se mueven en un escenario de guerra interimperialista por recursos naturales y territorios en todo el planeta. Por lo tanto, la búsqueda de una verdadera autonomía nacional, acompañada de inmunidad, no injerencia, autodeterminación y soberanía, debe iniciarse en el interior de cada país.
En el marco del escenario internacional al que acabamos de aludir, se encuentra la “señora Propiedad Intelectual” como un instrumento que refleja y acelera la lógica mercantilista y capitalista que no solo le quita su autodeterminación a cada ser de la realidad –eso ya se ha venido haciendo desde hace mucho– sino que lo convierte en un objeto cien por ciento manipulable y ultrajable por aquellos que tienen el poder. La propiedad intelectual desposee a la naturaleza de su último vestigio de tener cierta identidad de ser vivo, al convertirla en totalmente privatizable. Esto ya lo había vislumbrado el mismo Marx cuando decía que habría un tiempo en que todo sería mercancía. Aunque esto ya ha sido superado por la historia si consideramos que todo se ha convertido en capital constante y variable, incluso el ser humano, sus órganos y sus recursos genéticos. Ya, en la actualidad, somos testigos del robo de recursos genéticos humanos, especialmente de las comunidades indígenas menos tocadas por la modernización. Pronto escucharemos de la propiedad intelectual de éstos recursos genéticos.
Sobre la Propiedad Intelectual
La propiedad intelectual es un recurso legal que le da a un individuo o una institución la potestad de sentirse dueño de un recurso específico (puede ser un recurso natural, un recurso genético, una idea, un objeto, un invento, etc.). Son formas de propiedad intelectual las siguientes: patente, marca registrada, modelo de utilidad, derecho de autor, secretos comerciales y derechos de obtentor sobre variedades vegetales.
La propiedad intelectual permite al propietario sancionar legal y económicamente a un individuo, a una colectividad e incluso a una nación, en caso de no respetarla. Esto implica que, por ejemplo, una comunidad indígena del Amazonas que realiza rituales, curaciones y otras actividades con un vegetal llamado ayahuasca, no puede vender o hacer ningún tipo de negocio con este producto debido a que ha sido patentado en 1987, mediante el “Plant Patent Act” de los Estados de 1930 [7].
Históricamente, el registro de propiedad intelectual tuvo por objeto compensar a los autores de una invención a manera de promover la actividad creativa en torno al desarrollo. Tristemente hoy constituye un mecanismo de protección a la inversión, principalmente de empresas transnacionales; es más, dentro de la apresurada imposición de tratados bilaterales y multilaterales que caracterizan esta nueva etapa de competitividad inter-imperial, se estipulan cláusulas sobre propiedad intelectual que pretenden que los países en desarrollo respeten las patentes y otras formas de propiedad intelectual que han sido realizadas en los países desarrollados muchas veces, valga la aclaración, por vías de la biopiratería. Esto significa, por ejemplo, que si Bolivia quiere vender una variedad de quinua que se produce en el altiplano de dicho país, y ésta ha sido patentada por algún país europeo, por decir algo, entonces ya no podrá vender su propio producto, a no ser que le pague al propietario (o ladrón, mejor dicho), por usar su propiedad. De este modo, no solo se niega la procedencia ancestral de la quinua, sino también la ciencia y sabiduría originaria por tres motivos: 1) a pesar de que se desvaloriza el conocimiento originario, denominándolo como saber local y descalificándolo ante la supremacía de la ciencia occidental, el sistema capitalista se alimenta de él utilizando sus productos para venderlos, 2) al obtener la propiedad del mismo, le quita a los productores locales la posibilidad de producir y vender con sus propias lógicas, y 3) no respeta otras lógicas que no conciben que la vida pueda patentarse.
Es así que los tratados bilaterales y multilaterales, los cuales van más allá de lo que la OMC hizo –destruir la soberanía nacional–, ofrecen a los países en desarrollo la apertura de los mercados del primer mundo como una gran oportunidad, cuando en realidad la ventaja verdadera la tienen los países desarrollados, ya que son ellos quienes controlan la cadena productiva y, por ende, deciden los precios y patrones de comercialización, con lo cual, dichos tratados representan, más que otra cosa, un eslabón más para asegurar el control monopólico sobre la producción, comercialización y consumo a nivel mundial [8]. A esto podemos agregar lo que ya mencionamos párrafos arriba: que mayormente, las grandes empresas alimenticias (Nestlé, Kraft, General Foods, Arcor, Danone y otras) son las proveedoras de alimentos básicos que sustentan los monopolios de abasto alimentario y centralizan no solo la venta de productos alimenticios, sino también la cultura alimentaria; es decir, deciden qué es lo que se debe comer y cómo comerlo.
Debemos tomar en cuenta que el sistema de patentes conlleva todo un historial que recoge los valores y el punto de vista europeo del capitalismo. Las bases filosóficas de la patente derivan de una circunstancia en la cual Filippo Brunelleschi exitosamente manipuló al estado-ciudad de Florencia en la época medieval, exactamente en el año 1421, al anunciar la invención de un buque fortificado de hierro llamado el “Badalona” y arguyendo que éste llevaría el mármol, cruzando el lago Arno para la ahora famosa catedral de Florencia. Él decidió no darle acceso al público a este invento, mientras ellos no garanticen que únicamente él podría comercializar estos buques. Éste es la primera patente registrada en la historia [9].
El sistema de patentes fue parte del sistema de colonialismo que justificó la hipótesis de la superioridad racial y la inferioridad de los “salvajes y primitivos” africanos, asiáticos, americanos, etc. Fue un sistema que justificó el colonialismo económico que sirvió para desposeer y robar, además de servir para redimir y civilizar al salvaje para justificar la empresa colonialista de la adquisición de tierras y la desculturización de la gente, considerada por los europeos como retrógrados y primitivos [10].
Mgbeoji [11] apunta que uno de los misterios académicos acerca de la historia de las leyes de las patentes, es que nadie quiere tocar el tema de la naturaleza cultural de la misma. La verdad es que las patentes son colonialistas en tanto asumen una visión europea y establecen mecanismos que la benefician. Se trata de una imposición violenta de normas legales e instituciones sobre la gente y la cultura conquistada.
Hoy en día, parte importante del sistema de patentes, valores, normas o instituciones similares a las europeas, es la de internalizar en las sociedades colonizadas la idea de que al asumir estos sistemas, se convierten en merecedores de ser parte del grupo selecto de países desarrollados y sociedades civilizadas. Parte de la colonización europea ha consistido en difundir la falsa verdad de que las sociedades colonizadas eran cultural, científica y legalmente una tábula rasa [12]. Esto permite, hasta hoy en día, el robo sin precedentes de toda la sabiduría tradicional de las culturas no occidentales, considerada como misticismo, magia, imaginación, etc., con el justificativo de que la ciencia le estaría dando valor y rigor de conocimiento.
En este sentido, las patentes significan una forma más de negar la sabiduría originaria [13]. Las patentes se alimentan de esta sabiduría negándole su validez para, a partir de esta negación, darse la descarada posibilidad de aseverarla con el conocimiento científico. Cuán insolente es pretender hacer esto. Los Mayas conocieron el “cero”, los Incas manejaron un conocimiento astronómico superior a la ciencia occidental, los Asháninca del Perú y todos los pueblos originarios conocían sobre el ADN hace milenios, etc.; eso es ciencia. Buscar que la ciencia valide esos conocimientos, es un hecho monstruoso de la univalencia y asimetría de las relaciones interculturales. Es un hecho que demuestra que el discurso de la interculturalidad es una forma más de engañar a la gente y de lavar la conciencia de los procesos de recolonización que se agudizan cada vez más en todo el orbe del planeta.
En el marco de la propiedad intelectual recién explicada, la soberanía alimentaria encuentra una traba más. En tanto la búsqueda de patentes está estrictamente relacionada con el dominio privado de recursos genéticos y alimentos de importancia alimenticia y con prometedoras posibilidades de venta a nivel mundial, entonces los productores locales que no tienen las posibilidades de patentar sus productos corren el peligro de perder el control sobre ellos".
5. Asumir la creciente desigualdad como producto del capitalismo e imperialismo
Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos señalan:
"La práctica del Dumping y sus efectos sobre la soberanía alimentaría
Como ejemplo inicial para entender la relación entre la soberanía alimentaria y las relaciones comerciales entre los diferentes países o bloques de países, tenemos la referencia de lo que fue el TLCAN firmado entre México, Estados Unidos y Canadá. Supuestamente iba a sacar a los países en desarrollo del pozo económico en el que habían vivido desde principios de los 80, pero en realidad los efectos han sido muy desfavorables para México. Específicamente en el sector agrario, donde México tenía una ventaja comparativa por su mano de obra barata, sus tierras fértiles, prácticas ecológicas y comunitarias de producción, etc., son las exportaciones de Estados Unidos las que han excedido con creces a las exportaciones mexicanas [14].
Esto ha significado lo siguiente para México: 1) un incremento de las importaciones de maíz desde la puesta en marcha del TLCAN en 1994, con la secuela de la caída de los precios internos del maíz en más de un 70 por ciento. 2) El trastorno de los precios del maíz ha ocasionado que las mujeres salgan de los hogares obligadas a trabajar fuera para conseguir otros ingresos, con lo que ya no tiene tiempo para preparar y cocinar las tortillas. Esto ha llevado a las familias a comprar tortillas de maíz elaboradas por grandes empresas que muchas veces utilizan maíz importado [15]; asimismo, el consumo de maíz transgénico ha aumentado. Estas prácticas desestructuran las costumbres de consumo alimentario, y sus efectos sociales van de la mano con la desbiologización del ser humano, inherente al consumo de maíz transgénico. 3) También ha irrumpido en la no utilización de semillas oriundas o criollas, procedentes de prácticas de crianza tradicionales, las cuales han sido reemplazadas por semillas transgénicas que la empresa Monsanto vende con el respaldo del plan “kilo por kilo”, auspiciado por instituciones gubernamentales. Este plan consiste en una campaña utilizada para que los campesinos intercambien un kilo de semillas criollas por un kilo de semillas híbridas altamente dependientes de fertilizantes y químicos y que son estériles, creando un círculo de dependencia anual de los campesinos hacia la misma empresa [16] ya que los productores tradicionales se ven despojados de la opción de guardar sus semillas para la próxima temporada de siembra. Este hecho implica, además, la muerte de prácticas culturales regidas por los procesos de intercambio de semillas entre campesinos.
La política agrícola norteamericana, amparada en la presión política de Estados Unidos sobre la OMC y la subvención que brinda a su sector agrícola, ha significado una avanzada recolonizadora que tiene como principio último la total dependencia alimentaria de los países en desarrollo y la aniquilación del sector agrícola pequeño. Tomando en consideración el contexto global de los intereses internacionales, la política agraria norteamericana ha sido premeditadamente realizada para generar excedentes para la exportación. Dicha práctica está predispuesta a producir cosechas de costo artificialmente bajo para destruir los medios de vida de los pequeños productores en los países en desarrollo.
En el caso boliviano, por ejemplo, un tratado bilateral con Europa, Estados Unidos, u otros que pretenden imponer los parámetros para la expansión de su propia industria alimentaria, implicaría el desabastecimiento de los mercados locales y minoristas, y su reemplazo por las grandes cadenas de mercados de venta de alimentos, los cuales se restringen a las reglas del mercado mundial y no compatibilizan con las prácticas tradicionales de venta de alimentos, tan característica de Bolivia. Como apuntamos anteriormente, este reemplazo implicaría una menor oferta de trabajos, así como el aniquilamiento de lógicas de producción y consumo de alimentos, obligando a las prácticas alimentarias de nuestro país a depender de las reglas del mercado mundial.
Sobre la presión que ejerce Norteamérica sobre la OMC es imposible obviar que el Farm Act (Ley Agraria) de Mayo del 2002 de Estados Unidos procura fortificar el nexo existente entre el gobierno federal y la producción agrícola, promoviendo medidas como 1) los pagos “contracíclicos” (counter cyclical payments), que resguardan a los productores contra las fluctuaciones en los precios del mercado y, 2) presentar al Departamento de Agricultura datos actualizados sobre las extensiones y rendimiento de sus cultivos. Estos dos elementos favorecen el aumento de la producción, ya que, mientras los datos muestren que existe más producción y mejor rendimiento de los cultivos, mayores subsidios el Estado otorgará a los productores, hecho que conllevará la reducción de los precios para promover procesos de dumping. Esto, por lo tanto, involucra un conglomerado de factores que distorsionan parámetros de comercio, a pesar que la OMC no lo reconozca así [17].
Un elemento fundamental de la fachada mediante la cual EEUU disfraza sus subsidios desleales es como los resguarda dentro de los parámetros de aquellos reconocidos por la OMC como Caja Verde (aquellos que se consideran con un “nulo” o “mínimo” efecto distorsionante sobre la producción y el comercio). La OMC ha encasillado a la mitad de la ayuda nacional norteamericana en el 2001 dentro del parámetro legal que no se sujeta a ninguna restricción internacional, dándole la libertad de realizar todo tipo de subvenciones a su sector agrícola y permitiendo procesos de distorsión de las reglas de producción y comercio a nivel mundial. Es así que en 2000 el gobierno norteamericano subvencionó su sector agrícola con 10.100 millones de dólares, diez veces más que el presupuesto total de México para la agricultura y, además, debemos agregar los subsidios ocultos por demás conocidos que se otorgan como subsidios a la exportación o Supplier Credit Garantee Program (SCGP) que tiene por objetivo incrementar la cuota de mercado de los EE.UU. y competir con las exportaciones agrarias de otros países. Éstos y una amalgama más de programas de subsidios crean para el sector agrícola norteamericano y específicamente los grandes agroindustriales, tal cúmulo de dinero que no existe ningún país en desarrollo que pueda competir con sus precios ilusorios [18].
Ante este tipo de políticas y presión que ejercen los tratados comerciales de liberalización, los grandes beneficiarios han sido las grandes compañías agrícolas, específicamente Cargill y Archer Daniels Midland (ADM) que, contrariamente al mito de que las subvenciones ayudan al sector de agricultores americanos pequeños, ha dado la espalda a la pobreza rural existente en EE.UU. creando nuevas formas de ganancias extraordinarias para los grandes productores y los intereses corporativos agroindustriales".
6. Poner en discusión la agroindustria por comparación con propuestas de soberanía alimentaria
Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos explican:
"La agroindustria y el mito del desarrollo
El modelo de la modernidad se caracteriza por lo siguiente: que el progreso avance en una dirección en la que lo menos desarrollado debe llegar a un estado más desarrollado de agricultura. Por ende, la tarea de los países subdesarrollados es alcanzar a los países desarrollados acelerando el proceso de la modernidad, esquema ideológico que surge de la revolución verde, la cual promovió los siguientes criterios: 1) ir de la heterogeneidad a la homogeneidad; 2) ir de la pequeña escala a la gran escala; 3) ir de la dependencia de la naturaleza a la dominación de la naturaleza; 4) de la superstición a la ciencia; 5) de la producción de alimentos a la producción de mercancías [19].
Tampoco podemos obviar que los modelos de producción a partir de la revolución verde han dado cabida a una intensa ola migratoria hacia las urbes, y las consecuencias de la sobrepoblación urbana (desbiologización, des-socialización). Ejemplo de este modelo de reapropiación de las tierras: en los Estados Unidos, el número de granjas cayó de 6.7 millones en 1930, a los 1.9 millones actuales, siendo solamente 100,000 relevantes para el 60% de la producción [20], lo que demuestra que el modelo de desarrollo avanza agrandando las brechas entre aquellos que detentan cada vez más y aquellos que tienen cada vez menos. Es esa la tendencia del progreso y el desarrollo. Asimismo, existen otros aspectos bastante perjudiciales de esta tendencia, específicamente dentro del paradigma del crecimiento agrícola:
“(…) Todo problema que surge solamente puede ser resuelto mediante los problemas que lo crearon: la inversión.
Socava la capacidad productiva debido a la erosión, compactación, salinización, acidificación, y la pérdida de oligoelementos.
Creciente vulnerabilidad a las plagas, enfermedades, el clima, incertidumbre económica y los disturbios políticos.
Reducción de la biodiversidad, intoxicación de trabajadores, consumidores, atmósfera y ecosistema.
Reducción del valor nutricional y del sabor de la comida a favor de la cantidad de producción, resistencia al transporte y largo tiempo en cámaras.
Desplazamiento de poblaciones y potenciación de la diferencia de clases en el medio rural, minando los sistemas tradicionales de cooperación.
Reducción de la independencia de los agricultores” [21].
Pero no solamente se
reduce la independencia de los agricultores, también se mina la independencia y
soberanía de países enteros.
Sobre la revalorización de los modelos de producción originarios. Ejes para una propuesta de soberanía alimentaria
Considerando la imperativa construcción de una política de soberanía alimentaria, Richard Levins, asesor científico en la Cuba socialista, propuso que es necesario velar por ciertos criterios:
a) Defensa de la soberanía nacional contra posibles vertidos o chantajes políticos basados en un bloqueo económico; b) Contribuir al equilibrio internacional de los salarios; c) Reducción de la vulnerabilidad de los pueblos a las epidemias; d) Protección de los recursos acuíferos y su calidad; e) Protección del medio ambiente en general contra escurrimientos, eutrofización, voltatilización de nitritos, polvo atmosférico; f) Mantenimiento de una comunidad ecológica de enemigos naturales de las plagas y enfermedades de las plantas de cultivo; g) Preservación de nuestra capacidad productiva frente a la erosión, la salinización, la acidificación, compactación; h) Protección de la salud de los agricultores y consumidores; i) Potenciar el empleo, los ingresos para agricultura y vida rural.
Levins aporta un elemento fundamental al ilustrar la experiencia de Cuba en lo referente a la agricultura. En lugar de concentrarse en granjas especializadas, se ha convenido en desarrollar granjas mixtas que producen fruta, hortalizas, plátanos y otros, de manera combinada. Esta variedad permite un proceso de complementación y complementariedad entre los distintos seres que conviven en la chacra del siguiente modo, por decir uno de miles ejemplos: “las plantas de maíz pueden ofrecer sombra a las lechugas y alejar a los gusanos de la fruta de los pimientos, y, cuando están secas, pueden proteger los nidos de hormigas entomófagas. Las charcas que mantienen el agua para el regadío pueden también criar peces, incluyendo algunos que se alimentan de las larvas de mosquito” [22].
En la actualidad, Cuba está en el proceso de convertir casi la mitad de sus campos de caña de azúcar en granjas mixtas que proporcionan empleos de forma más o menos uniforme durante todo el año, proveen de diversos alimentos para hacer frente a las plagas y desastres climáticos y combinan cultivos de alto y bajo valor para mantener tanto la nutrición como los ingresos. También, en el entorno urbano, la producción mestiza de granjas, provee de alimentos frescos, reduce la densidad urbana, incrementa las zonas verdes y proporciona zonas de interacción social.
Es importante realizar una reflexión en torno a la política agraria cubana. Cuba, debido a su situación geopolítica, ha tenido que encontrar mecanismos de independencia nacional respecto a otros países. Ese episodio le ha permitido generar procesos de soberanía agraria, entre otras. En este contexto, consideramos que Bolivia debe velar por generar mecanismos parecidos de independencia, que vayan de acuerdo con la visión de sus diferentes sectores culturales.
Si bien la realidad cubana y la boliviana son bastantes diferentes y que la experiencia cubana se ha encontrado con serios problemas económicos, de medio ambiente y otros que son los que, precisamente, la han llevado a buscar nuevos paradigmas agrícolas, es importante prestarnos parte de sus iniciativas para cambiar la devastadora lógica agroindustrial que se está afianzando en nuestro país y que no nos permite tener soberanía alimentaria. Es preciso buscar experiencias que en algunos de sus elementos, puedan complementarse con la realidad boliviana. Además, debemos tomar en cuenta que la experiencia cubana está supeditada al campesinado y no así a la lógica indígena de producción. Cuba, en general, se circunscribe dentro de los parámetros occidentales de desarrollo y productividad. Por esa razón, no podemos tomar su experiencia al 100% sin tomar en cuenta que en Bolivia hay una visión de desarrollo que no es occidental.
En este marco, un elemento esencial que Bolivia debe vislumbrar a la hora de pensar en construir una política de soberanía alimentaria, está relacionado con la visión filosófica y cultural originaria (aquella diferente a la posición filosófica y cultural de la sociedad estatal o nacional). En Bolivia existen dos marcos civilizacionales, aquél que deviene de la tradición europea-occidental y aquél que se afianza en la sabiduría que detentaron los originarios de América. Si bien la segunda ha sido venida abajo, persiste y, por lo mismo, debe ser considerada, por primera vez en el marco de la historia, de forma complementaria con la visión occidental.
De ese modo, consideramos crucial, en el marco de la inter-intraculturalidad, incluir en la formulación como en la aplicación de la política de soberanía alimentaria, distintas visiones filosóficas sobre el alimento, su producción, distribución y preparación, en complementariedad, sin imposiciones. En el caso boliviano, esto significa que la sabiduría originaria de unidad del ser humano con la chacra, la tierra y el alimento, debe considerarse no solamente como una forma de producir, preparar y distribuir el alimento, sino que también implica proponer que se constituyan en marcos constitutivos de las políticas de educación. Con el término “constitutivos” no nos referimos únicamente a que en los espacios educativos se enseñe qué es y en qué consiste esta forma de producción, venta y aprovechamiento de los alimentos, sino que planteamos que se constituya en un eje filosófico y metodológico que construya la propia organización de los centros educativos, sus metodologías de enseñanza y su malla curricular.
Si bien a muchos se les viene a la mente lo indígena cuando escuchan hablar de lo originario, no es esa la figura que estamos intentando transmitir. La propuesta que denominamos originaria deviene de un sentimiento, una filosofía, un paradigma y un modo de existencia que asume la unidad del ser con la realidad, a diferencia de la propuesta que reconoce que el ser está en no unidad con la realidad. Esta última es la que se conoce con el nombre de capitalista, occidental, mercantilista, moderna, posmoderna, e incluso socialista, comunista o todo derivativo de la filosofía que parte de la partición ser humano/realidad y sus inminentes dicotomías como materia/espíritu, naturaleza/cultura, ser humano/naturaleza, etc. En este entendido, lo originario y su planteamiento de unidad no se remite únicamente a un grupo cultural (sea indígena u otro), sino a toda persona que la asuma como un modo de vida. A pesar que muchos indígenas transmiten más claramente este sentimiento de unidad del ser con la tierra y la realidad, muchos otros ya han asumido la propuesta de separación y no unidad, y los rasgos culturales que presentan, se constituyen en folklore. Es decir, su propuesta filosófica ya ha asumido la separación del ser con la realidad, por lo que se les consideraría como parte de la propuesta de la No Unidad.
Hablar de complementar las filosofías de Unidad y No Unidad, no es instar a una confrontación racial entre indígenas y no indígenas, como muchos suelen creer. La Unidad o No Unidad pueden expresarse en cualquier persona de este mundo. En este sentido, apuntamos a superar todo etnocentrismo y afianzar un verdadero sentimiento de complementariedad y complementación, reconociendo que a pesar de las diferencias culturales y biológicas, también todos somos semejantes cultural y biológicamente".
Jueves 16 de agosto de 2007, Fuente: http://www.revistapueblos.org/spip.php?article627
En consecuencia, los de abajo podremos encaminar la «soberanía alimentaria» mediante comunicación que instale la batalla cultural por concretar:
La desmitificación del crecimiento económico gracias a súper explotación de los trabajadores y de la naturaleza que ejemplifica el modelo de producción y distribución de alimentos orientado al exterior, insumo-dependiente, basado en la producción a gran escala y en el desarrollo de un monocultivo transgénico, como lo es la soja cuya expansión “ha devastado bosques, desalojado comunidades campesinas e indígenas, contaminado suelos y aguas, y aumentado los precios de los alimentos en el mercado interno” (Movimiento Nacional Campesino Indígena, 2008).
El desenmascaramiento de los poderes corporativos (las estadounidenses ADM, Cargill , Bunge y la francesa Dreyfus) que se benefician del negocio de la soja transgénica en cualquier lugar del mundo mediante control-dirección todos los eslabones de la cadena productiva-comercial.
La comparación problematizadora del desarrollo de agronegocios con el implícito en la «soberanía alimentaria» y comprobación de la incompatibilidad entre ambos.
La construcción conjunta de reflexión crítica y de encuentros dialógicos que revolucionen las relaciones sociales e interpersonales para poner fin: -a la verticalidad de instituciones por creación de las reciprocidades inherentes a la autodeterminación popular; -a los prejuicios y los estereotipos conque se representan a los distintos componentes populares y los pueblos latinoamericanos.