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Conflictos
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PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS
La «soberanía alimentaria» ha sido propuesta por Vía Campesina como un paradigma de desarrollo en antagonismo irreconciliable con el capitalismo e imperialismo que consiste en:
El negocio de matar de hambre
Es necesario cambiar radicalmente la política alimentaria ¡YA!
Por GRAIN (abril 2008)
Desde hace varios meses, una verdadera tormenta por el alza del costo de los alimentos en todo mundo le ha caído a familias, gobiernos y medios de comunicación. El precio del trigo aumentó 130% en el último año.[1] El del arroz se duplicó en Asia, tan solo en los últimos tres meses,[2] al tiempo que alcanzó aumentos récord en el mercado de futuros de Chicago hace apenas una semana.[3] El aumento en espiral del costo del aceite comestible, de frutas y verduras, sin mencionar los lácteos y la carne, ha provocado una disminución del consumo de los mismos durante casi todo el año 2007. Desde Haití hasta Camerún, pasando por Bangladesh, la gente se ha lanzado a las calles llevada por la rabia de no poder ya comprar alimentos. Hay dirigentes mundiales que reclaman más ayuda alimentaria ante el temor de una agitación política, así como más fondos y tecnología para aumentar la producción agrícola. Mientras, los países exportadores de cereales cierran sus fronteras para proteger sus mercados internos, a la vez que otros se ven forzados a comprar por el pánico a la escasez. ¿Auge de precios? No. ¿Escasez de alimentos? Tampoco. Nos encontramos en medio de un colapso estructural, consecuencia directa de tres décadas de globalización neoliberal.
El sector agrícola tuvo en todo el mundo una producción récord de 2.300 millones de toneladas de granos en 2007, un 4% más que el año anterior. Desde 1961, la producción mundial de cereales se ha triplicado, mientras que la población se ha duplicado. Es cierto que las reservas están en el nivel más bajo de los últimos 30 años.[4] Pero, en resumidas cuentas, se produce suficiente cantidad de alimentos en el mundo. Sin embargo, no llega a quienes los necesitan. La gente consume directamente menos de la mitad de la producción mundial de granos. La mayor parte de esa producción se utiliza para consumo animal y cada vez más para biocombustibles a través de cadenas industriales en gran escala. De hecho, una vez atravesada la fría cortina de las estadísticas, es posible darse cuenta de que algo está fundamentalmente mal con nuestro sistema alimentario. Hemos permitido que los alimentos sean transformados de algo que alimenta a las personas y les asegura el sustento, en una simple mercancía para la especulación y los negocios. La lógica perversa de este sistema ha llegado a un punto crítico. Salta a la vista la manera en que beneficia a los inversionistas por sobre las necesidades alimenticias de la gente.
Las realidades del mercado
Los promotores de las políticas que han dado forma al actual sistema mundial alimentario –y que supuestamente son los responsables de evitar tales catástrofes– han ofrecido una serie de explicaciones sobre la crisis actual que todo el mundo ya ha escuchado una y otra vez: la sequía y otros problemas que afectan las cosechas, aumento de la demanda en China e India donde la gente aparentemente se está alimentando más y mejor, cultivos y tierras que se reconvierten masivamente hacia la producción de agrocombustibles, y demás explicaciones. Agreguen a esto la actuación de los especuladores que inflan los precios, lo cual también está siendo objeto de mayor indagación. Todos estos asuntos, obviamente, contribuyen a la actual crisis alimentaria. Pero no son totalmente responsables de su profundidad.
En ese proceso, las tierras fértiles fueron reconvertidas de la producción de alimentos para abastecimiento de un mercado local a la producción de commodities mundiales para la exportación o cultivos de contra estación y de alto valor para abastecer los supermercados occidentales. Hoy, aproximadamente el 70% de los llamados países en desarrollo son importadores netos de alimentos.[5] Y de las 845 millones de personas con hambre en el mundo, 80% son pequeños agricultores y agricultoras.[6] Si a esto se le agrega la readecuación del crédito y los mercados financieros para crear una enorme industria de la deuda, sin control sobre los inversionistas, la gravedad del problema queda clara.
La política agrícola ha perdido total el contacto con su objetivo más fundamental de alimentar a la gente. El hambre lastima y la gente está desesperada. El Programa mundial de alimentos de Naciones Unidas estima que hay unas 100 millones de personas más que no pueden comer debido al espectacular alza de precios reciente.[7] Esto tiene a los gobiernos buscando frenéticamente cómo protegerse del sistema. Los afortunados que tienen existencias para exportar están retirándose del mercado mundial para separar sus precios internos de los astronómicos precios internacionales. Con el caso del trigo, la prohibición de exportarlo o las restricciones aplicadas en Kazajstán, Rusia, Ucrania y Argentina, significa que un tercio del mercado mundial ha sido clausurado. La situación con el arroz es aún peor. China, Indonesia, Vietnam, Egipto, India y Camboya han prohibido o restringido severamente las exportaciones, dejando unas pocas fuentes de suministro para la exportación, principalmente Tailandia y Estados Unidos. Países como Bangladesh ni siquiera pueden comprar el arroz que hoy necesitan debido al alto precio del mismo.
Después de que el Banco Mundial y el FMI aconsejaran durante años a los países que un mercado liberalizado les aportaría mayor eficiencia en la producción y distribución de alimentos, los países más pobres del mundo se encuentran inmersos en una intensa puja contra especuladores y comerciantes, que están viviendo una verdadera época de bonanza. Los fondos de cobertura y otras fuentes de fondos especulativos están volcando millones de dólares a los commodities, para escapar de los resbaladizos mercados de valores y de la contracción del crédito; con ello alejan aún más las existencias de alimentos del alcance de los sectores pobres.[8]
De acuerdo con algunas estimaciones, los fondos de inversión controlan ahora entre el 50% y el 60% del trigo comercializado en los más grandes mercados mundiales de commodities.[9] Una empresa estima que el monto de dinero especulativo en futuros de commodities –mercados en los que los inversionistas no compran o venden un commodity tangible, como el arroz o el trigo, sino que apuestan a las variaciones del precio– fue menor a US$ 5.000 millones en 2000 y trepó a US$ 175.000 millones en 2007.[10]
Esta situación no es accidental –y sus efectos son insostenibles. Miren a Haití. Pocas décadas atrás se autoabastecía de arroz. Pero las condiciones de los préstamos externos, en particular un programa del FMI de 1994, lo forzó a liberalizar su mercado. Así, desde Estados Unidos comenzó a llegar arroz barato, con el apoyo de subsidios y corrupción, y la producción local fue erradicada.[11] Ahora los precios del arroz aumentaron un 50% desde el año pasado, y el haitiano medio no puede comerlo. Por esta razón están saliendo a las calles o arriesgando sus vidas en un viaje en bote hasta los Estados Unidos. Las protestas por la crisis alimentaria también han estallado en África Occidental, desde Mauritania hasta Burkina Faso. También allí los programas de ajuste estructural y el dumping de la ayuda alimentaria destruyeron una larga historia de producción de arroz de la región, dejando a la gente a merced del mercado internacional. En Asia, el Banco Mundial aseguró reiteradamente a Filipinas, incluso hasta el año pasado, que autoabastecerse de arroz era innecesario, y que el mercado mundial se haría cargo de sus necesidades.[12] En la actualidad el gobierno se encuentra en una situación desesperada. Las reservas nacionales de arroz subsidiado están prácticamente agotadas y no puede completar sus pagos por importaciones debido a que los precios solicitados por los comerciantes son demasiado elevados.
El hambre como asesinato
Nunca como ahora ha resultado tan obvia la cruda verdad sobre quién gana y quién pierde en nuestro sistema alimentario mundial. Analicemos el elemento más básico de la producción de alimentos: la tierra. Podría decirse que el sistema alimentario industrial sufre de una drogodependencia de fertilizantes químicos. Necesita más y más para mantenerse vivo, erosionando suelos con el costo de destruir su potencial de sustentar cultivos alimenticios. Entre 1992 y 2003, la utilización de fertilizantes aumentó un 3% anual en la región Asia-Pacífico, mientras que, como resultado, el rendimiento del principal cultivo al cual se aplicaron, el arroz, sólo creció un 0,7% por año. En el contexto actual de ajustadas existencias de alimentos, la pequeña camarilla de empresas que controlan el mercado mundial de fertilizantes puede cobrar lo que quiera –y eso es exactamente lo que está haciendo. Las ganancias de Mosaic Corporation, empresa de Cargill que controla gran parte de la oferta de potasa y fosfato, aumentaron más del doble el año pasado.[13] La mayor empresa productora de potasa del mundo, Potash Crop, de Canadá, obtuvo más de mil millones de dólares de ganancias, lo que equivale a más de un 70% con relación a 2006.[14] Enfrentados al pánico de la crisis mundial, los gobiernos han comenzado a desesperarse por aumentar sus cosechas, con lo cual le han dado a esas empresas la potestad de subir aún más la apuesta. En abril de 2008, la filial comercial offshore conjunta de Mosaic y Potash aumentó los precios de la potasa en un 40% para los compradores del sudeste asiático y en un 85% para los de América Latina. India tuvo que pagar un 130% más que el año pasado. Pero fue China quien se llevó la peor parte, fustigada con un alza de un 227% en su cuenta de fertilizantes con respecto al año anterior.[15]
Si bien se está haciendo mucho dinero con los fertilizantes, para Cargill es tan solo un negocio secundario. Sus mayores ganancias provienen del comercio mundial de commodities agrícolas, el cual monopoliza en gran parte junto con algunas otras empresas gigantes. El 14 de abril de 2008, Cargill anunció que las ganancias que había obtenido del comercio de commodities en el primer trimestre de 2008 aumentaron un 86% con respecto al mismo periodo del año anterior. “La demanda de alimentos en las economías en desarrollo y de energía en todo el mundo está haciendo crecer la demanda de los productos agrícolas, a la vez que la inversión se ha enfocado en los mercados de commodities”, declaró Greg Page, presidente de Cargill y uno de sus principales ejecutivos. “Los aumentos de los precios están alcanzando nuevas marcas y los mercados son extraordinariamente volátiles. En este contexto, el equipo de Cargill ha realizado un trabajo excepcional midiendo y evaluando el riesgo de los precios y manejando el enorme volumen de granos, semillas oleaginosas y otras commodities que circulan por nuestras cadenas de suministros para clientes de todo el mundo”.[16]
La administración y la evaluación no son tan difíciles para una compañía como Cargill, con su posición casi monopólica y un equipo mundial de analistas que tiene las dimensiones de un organismo de las Naciones Unidas. En realidad, todos los grandes comerciantes de granos están logrando ganancias récord. Bunge, otro gran comerciante de alimentos, en el último trimestre fiscal de 2007 tuvo un aumento en sus ganancias de 245 millones de dólares, o 77%, con respecto al mismo periodo el año anterior. ADM, el segundo mayor comerciante de granos del mundo, experimentó un aumento del 65% en sus ganancias de 2007, llegando a un récord de 2.200 millones de dólares. Charoen Pokphand Foods, de Tailandia, es una importante empresa asiática; para este año anuncia un aumento impresionante de sus ingresos, que calcula en 237%.
Las grandes firmas mundiales procesadoras de alimentos, algunas de las cuales actúan además en la comercialización, también se están llenando los bolsillos. Las ventas mundiales de Nestlé crecieron un 7% el año pasado. “Lo veíamos venir, así que nos protegimos comprando materias primas por anticipado”, dice François-Xavier Perroud, vocero de Nestlé.[17] Los márgenes están subiendo también en Unilever. “Las presiones sobre los commodities han aumentado radicalmente, pero hemos logrado compensarlas con medidas en materia de precios adoptadas oportunamente y con los réditos permanentes que nos han dado nuestros programas de ahorro”, dice Patrick Cescau, miembro del Directorio de Unilever. “No sacrificaremos nuestros márgenes ni nuestra participación en el mercado”.[|8] Las empresas de alimentos no parecen estar sacando su tajada a costa de las grandes empresas de venta al público. El rey de los supermercados del Reino Unido, Tesco, dice que sus ganancias aumentaron un 12,3% con respecto al año anterior, un récord alto. Otros almacenes importantes, como Carrefour de Francia y Wal-Mart de los Estados Unidos, dicen que las ventas de alimentos son el principal factor que contribuye al incremento de sus ganancias.[19] La división mexicana de Wal-Mart, Wal-Mex, que maneja un tercio del total de ventas de alimentos en México, informó de un aumento del 11% en sus ganancias para el primer trimestre de 2008, mientras la gente hace manifestaciones callejeras porque no puede costearse más las tortillas.[20]
Parece que casi todos los actores empresariales de la cadena mundial de alimentos están ganando una fortuna con la crisis alimentaria. A las compañías de semillas y agroquímicas también les está yendo bien. Monsanto, la mayor firma de semillas del mundo, declaró que las ganancias generales aumentaron un 44% en 2007 con respecto al año anterior.[21] DuPont, la compañía mundial de semillas número dos, dijo que sus ganancias por la venta de semillas en 2007 aumentó 19% con relación a 2006, mientras que Syngenta, la empresa número uno de plaguicidas y número tres de semillas, obtuvo un 28% más de ganancias en el primer trimestre de 2008.[22]
Esos récords de ganancias no tienen nada que ver con algún valor nuevo que estén produciendo esas empresas y tampoco son ganancias inesperadas recibidas de algún brusco cambio de la oferta y la demanda. Es un reflejo del poder extremo que esas intermediarias han acumulado con la globalización del sistema alimentario. Íntimamente vinculadas con la formulación de las normas de comercio que rigen el sistema alimentario actual y con un estrecho control de los mercados y de los sistemas financieros cada vez más complejos a través de los cuales opera el comercio mundial, esas empresas están en una posición perfecta para convertir la escasez de alimentos en pingües beneficios. La gente tiene que comer, cualquiera sea el costo.
La imperiosa necesidad de cambiar las políticas
El telón de fondo de esta situación perversa del mercado alimenticio es el sistema financiero mundial, que en este preciso momento se tambalea en su endeble eje. Lo que el año pasado comenzó como una crisis localizada de préstamos hipotecarios en los Estados Unidos, se ha manifestado ahora en una situación en la que se ha tomado conciencia de que los emperadores del sistema financiero mundial no tienen ropas. La economía mundial vive en base a una deuda que nadie puede pagar. Mientras los banqueros centrales y los ejecutivos de Lear Jet tratan de improvisar parches para revertir la desconfianza, el mensaje subliminal es que el sistema está en bancarrota y nadie en el poder quiere tomar las riendas. Ni el FMI, ni el Banco Mundial, y del Grupo de los 8 en junio no esperemos mucho más que el oropel de las relaciones públicas. Es el mismo tema con los alimentos: una elite ideológica ha obligado a nuestros países a abrir drásticamente los mercados y dejar que rija el libre mercado, para que unas pocas megaempresas, inversionistas y especuladores puedan hacer mucho dinero. El neoliberalismo, acompañado de la corrupción galopante que azota a nuestros países y los sistemas comerciales, ha perdido todo viso de legitimidad en tanto ha causado estragos en el centro mismo de nuestras necesidades más básicas: la capacidad de alimentarnos. El ejemplo más aberrante de cuán fuera de lugar están esos ideólogos es que muchos están comenzando a reclamar abiertamente mayor liberalización del comercio como solución a la crisis alimentaria, y llegan incluso a proponer que se cambien las normas de la OMC para impedir que los países impongan restricciones a las exportaciones de alimentos.[23]
El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, intentó convencer al mundo con su exhortación de establecer un “Nuevo Acuerdo” para resolver la crisis alimentaria. Pero el sonsonete de sus relaciones públicas, replicado entusiastamente por otros organismos, representa tan sólo más de lo mismo: más liberalización del comercio, más tecnología y más ayuda. La crisis alimentaria actual es el producto directo de décadas del tipo de políticas que ahora debemos erradicar. Si bien es necesario aplicar medidas inmediatas para bajar los precios de los alimentos y hacer que los alimentos lleguen a quienes los necesitan, también es imperioso dar un giro radical en la política agrícola de manera que los pequeños agricultores de todo el mundo tengan acceso a la tierra y puedan vivir de lo que ella les da.
Necesitamos políticas que apoyen y protejan a los agricultores, pescadores y otros sectores que producen alimentos para sus familias, para los mercados locales y para la gente de las ciudades, en lugar de un mercado de commodities internacional abstracto y un minúsculo clan de ejecutivos de empresas. Y necesitamos fortalecer y promover el uso de tecnologías basadas en el conocimiento y el control de quienes saben cómo hacer crecer los alimentos: las comunidades locales. Dicho de otra manera, necesitamos soberanía alimentaria, ya –del tipo de la que definen y dirigen los propios pequeños agricultores y pescadores.
En todo el mundo ha habido movimientos sociales que han estado luchando durante décadas para promover ese cambio de estrategia; pero en respuesta han sido desoídos y calificados de obsoletos –cuando no a menudo reprimidos violentamente-- por quienes detentan el poder. Si hay algún atisbo de esperanza en esta crisis, es que esta situación pueda revertirse. En algunos países los gobiernos ya están recurriendo a las organizaciones campesinas para trabajar con ellas en la reformulación de sus políticas agrícolas. Otros están comenzando a cuestionar el argumento fundamental de impulsar una mayor libertad de comercio. Los halcones neoliberales que están en la cima de la pirámide de la política alimentaria mundial han perdido la credibilidad que de alguna manera pudieron haber tenido alguna vez. Es hora de que salgan del camino para que las visiones de soberanía alimentaria y reforma agraria, que surgen de las bases, puedan ocupar su lugar y sacarnos de este lío infernal". Fuente: http://www.grain.org/articles/?id=40
La crisis alimentaria actual es el producto directo de décadas del tipo de políticas que ahora debemos erradicar. Desde 1996 Vía Campesina y otras organizaciones de los pueblos planetarios luchan por concretar ese objetivo:
1. En el plano internacional
“Soberanía alimentaria: un derecho para todos”
Desde
8 al 13 de junio de 2002, en Roma, se realizó el
Foro de las ONG/OSC para la Soberanía Alimentaria.
Su
declaración
política
advierte:“El
fracaso desde 1996 y la Nueva Declaración Oficial
Los movimientos sociales de los campesinos, pescadores, pastores, pueblos
indígenas, ambientalistas, organizaciones de mujeres, sindicatos y ONGs
reunidos aquí en Roma
expresamos nuestra frustración colectiva y rechazo ante la Declaración oficial
de la Cumbre Mundial de la Agricultura: cinco años después. Lejos de analizar y
corregir los problemas que han hecho imposible progresar en los últimos cinco
años para eliminar el hambre, este nuevo Plan de Acción combina el error de
“más de la misma medicina” con las prescripciones destructivas que hacen
empeorar la situación.
El Plan de Acción de 1996 no ha fallado por falta de voluntad política y recursos, sino porque apoya políticas que nos llevan al hambre, que sostienen la liberalización económica del Sur y crean una homogeneidad cultural, protegidas por fuerzas militares en caso de fallar el primer grupo de acciones prescritas.
Sólo políticas fundamentalmente diferentes, basadas en la dignidad y los modos de vida de las comunidades, pueden acabar con el hambre. Creemos y afirmamos que esto es posible y es urgente.
Desde 1996 los gobiernos e instituciones internacionales han presidido la globalización y la liberalización que han intensificado las causas estructurales del hambre y la malnutrición. Han forzado la apertura de los mercados al ‘dumping’ de productos agrarios, la privatización de los servicios sociales básicos y las instituciones de soporte económico, así como la privatización y la comercialización de las tierras públicas y comunales, del agua, de los bancos de pesca y de los bosques. Paralelamente testimoniamos el aumento brutal de la represión de los movimientos sociales que resisten al Nuevo Orden Mundial.
Este deseo político ha abierto también sus puertas a la desenfrenada monopolización y concentración de recursos y procesos productivos en manos de unas pocas multinacionales gigantes. La imposición de modelos de producción dependientes del exterior ha destruido el medio ambiente y las formas de vida de nuestras comunidades. Además ha creado una inseguridad alimentaria poniendo como objetivo las ganancias de productividad a corto plazo utilizando tecnologías dañinas como los OGMs. El resultado ha sido el desplazamiento de los pueblos y la migración masiva, la pérdida de empleos que pagan salarios vitales, la destrucción de la tierra y otros recursos de los que dependen los pueblos, un incremento en la polarización entre ricos y pobres al interior de, y entre el Norte y el Sur, un agravamiento de la pobreza alrededor del mundo y el aumento del hambre en la amplia mayoría de naciones.
No se progresará en el objetivo de eliminar el hambre sin invertir estas políticas y tendencias. Pero la actual declaración no ofrece esperanzas de tal cambio. Enfatiza la actual liberalización del comercio, que es la mayor fuerza que mina los medios de vida en todo el mundo, ha diluido el concepto del derecho humano a la alimentación, propone ajustes estructurales neoliberales más radicales en la óptica de los programas del HIPC, recomienda un mayor énfasis en la biotecnología y en la ingeniería genética, y fracasa en el apoyo de reforzar la producción de los pobres para los mercados locales o la redistribución radical del acceso a los recursos productivos, que es fundamental para un real cambio a mejor. En base a este plan de acción, sin un aumento de voluntad política o de los recursos no se llegará a obtener una mayor reducción del hambre o de la pobreza que subyace”. Fuente: http://www.nyeleni2007.org
2. En Colombia donde rige un Estado terrorista
“La imposición violenta de las normas de la transnacionales”
Por Héctor Mondragón (Etnias de Colombia)
“En el mundo de hoy se libra una gran lucha: de una parte se defienden y se busca el reconocimiento de los derechos humanos, derechos colectivos e individuales fundamentales, de otra parte, el gran capital internacional trata de establecer una nueva constitución política mundial que ponga los derechos de los inversionistas, de las empresas transnacionales, por sobre los derechos de la gente. En Colombia eso se hace con violencia.
Si la declaración de derechos humanos y la declaración de derechos sociales, económicos y culturales de Naciones Unidas sentaron la base para el reconocimiento de los derechos de los pueblos y las personas y después de ellas se ha logrado el reconocimiento internacional de los derechos de los pueblos indígenas en el Convenio 169 de la OIT y en la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas de la Asamblea de las Naciones Unidas, el 13 de septiembre de 2007.
Por otra parte las transnacionales gestionan la imposición de sus derechos en la Organización Mundial de Comercio OMC y en los llamados Tratados de Libre Comercio TLC, como el firmado entre Colombia y Estados Unidos y el ya negociado entre Colombia y Canadá.
Las transnacionales son hoy el poder real del mundo y por ello
logran paulatinamente imponer sus leyes si la resistencia masiva de los pueblos no lo impide.
Sabemos que las transnacionales son grandes empresas, pero generalmente cada
gran corporación transnacional no está sola, sino que hace parte de un grupo de
capital en el que unos pocos propietarios controlan un grupo de varias
transnacionales. Unos mismos integrantes de las juntas directivas se cruzan en
varias empresas, porque los grandes accionistas de unas y otras son los mismos.
Para ilustrar lo que esto significa,
basta percatarse de que empresas están ligadas a los dos
grupos de capital más grandes del
mundo.
El grupo del banco Citibank, liga a empresas como la petrolera Chevron-Texaco que explota el gas de la Guajira, habiendo sido la señora Condoleeza Rice, secretaria de Estado del gobierno Bush, gerente en Asia central de esta empresa. Otra empresa de este grupo es la General Dynamics, que produce los helicópteros Black Hawk del Plan Colombia, de la cual fue ejecutivo el ex secretario de defensa de Bush, señor Rumsfeld. También la Halliburton, encargada de la reconstrucción de Iraq, de la cual que ejecutivo el vicepresidente de Estados Unidos. Se puede pasar entonces del negocio de la guerra al de la reconstrucción. También están ligadas al grupo Citibank, la Monsanto que produce el glifosato con que hacen las fumigaciones aéreas y la Philip Morris, que es la dueña de Marlboro y ahora de Coltabaco-Pielroja, accionista de SAP-Miller, ahora dueña de Bavaria y la principal comercializadora del café colombiano.
Un segundo gran grupo de capital está ligado al banco JPMorgan-Chase. Este grupo este grupo está centrado en la petrolera Exxon-Mobil, dueña de Intercor, empresa de la que fue ejecutivo por 36 años nuestro ministro de Minas y Energía que dirige toda la política petrolera y minera. Ligadas con este grupo están la General Electric y la Bechtel, empresa que quiso privatizar el agua en Bolivia. Este grupo es uno de los grandes accionistas y por tanto copropietario junto con transnacionales inglesas y una familia sudafricana, de la minera Anglo Gold, que actualmente opera en numerosos lugares del país, entre ellos en la mina de oro de Cajamarca, la más grande de Colombia.
Como se ve por estos dos ejemplos, se trata de grupos de poder inmenso, por la importancia estratégica y tamaño de las empresas que controlan y por la infiltración que han logrado en los gobiernos de los diferentes países, donde los ejecutivos de las transnacionales copan los principales ministerios y manipulan la política interna y externa. Es así como imponen los TLC que aunque supuestamente son tratados de comercio, solamente en parte se refieren al comercio, pero en lo fundamental apuntan a definir los derechos de las transnacionales. ¿Cuáles son esos derechos?
En primer lugar hay que mencionar la extraterritorialidad. Los TLC estipulan que los litigios de los inversionistas extranjeros con cualquier nacional, persona o comunidad, no sea juzgados por los jueces y las leyes del país, sino por árbitros internacionales, jueces privados, “de acuerdo a las costumbres del comercio internacional”. ¿Dónde quedará entonces la jurisdicción especial indígena vigente en los territorios indígenas?
Los juicios según el derecho propio de los pueblos indígenas, sus autoridades y costumbres no regirán frente a las transnacionales que entren a sus territorios, en vez de los usos y costumbre de los indígenas, regirán los abusos que acostumbran las transnacionales.
En segundo lugar está la que llaman “seguridad jurídica”. Quieren que si un país cambia una ley, le pague a las transnacionales lo que se hubieran ganado si no hubieran cambiado esa ley.
Así como en Bolivia iban a privatizar el agua y el pueblo se levantó y obligó a derogar la privatización, la Bechtel demandó a Bolivia para que le pagara lo que se hubiera ganado si privatizan el agua. La Bechtel perdió la demanda porque Bolivia no ha firmado el TLC.
Pero aquí nos están aprobando una cadena de leyes antes de la vigencia del TLC, para que el TLC las vuelva eternas. Están por ejemplo el Código de MInas y su reforma en curso y la legislación petrolera, ya que Ecopetrol pasó de tener el derecho al 50% de toda explotación, a sólo el 30% con Pastrana, para que aprobaran el Plan Colombia y al nada por ciento con Uribe. También el Estatuto Rural, que legaliza las escrituras fabricadas durante las violencias; prohíbe constituir, ampliar o sanear resguardos indígenas en el Pacífico y la cuenca del Atrato, donde proliferan los megaproyectos, como la carretera del Tapón del Darién, la interconexión eléctrica hacia centro y Norteamérica, el Plan Puebla Panamá, minería de oro y plantaciones ilegales de palma aceitera para producir biodiesel. Además permite a cualquier departamento o municipio hacer la misma prohibición mediante normas de “ordenamiento territorial”. Permite entregar a las empresas indefinida cantidad de tierra en las “zonas de desarrollo empresarial”. La ley 1182 de 2008 sanea la falsa tradición, es decir legaliza las escrituras falsas, completando el cuadro de legalización del despojo de las tierras de los desplazados.
Otra de las leyes nuevas que entrarán al paquete de seguridad jurídica es la ley 1032 que penaliza la violación de la llamada “propiedad intelectual”. Cualquier agricultor que use una semilla patentada sin pagarle regalías a quien la patentó, tiene 4 años de cárcel, casi los mismos que un paramilitar que confiese haber cometido 100 masacres u otros crímenes de lesa humanidad. La propiedad intelectual es otro de los derechos que las transnacionales reclaman, a pesar de desconocer la propiedad intelectual colectiva. Por ejemplo, el maíz cuando los indígenas de México comenzaron a sembrarlo hace más de 7 mil años, era una espiga gruesa. Las mazorcas exuberantes y la gran variedad de maíces cultivados son el resultado 7 mil años de trabajo de colectivo de selección hecho por los agricultores indígenas.
Una transnacional usa ese patrimonio colectivo para obtener una variedad y se apropia de ella, la patenta. Cada vez se impone más leyes en el mundo para que terminemos usando semillas patentadas, prohíben usar semillas no registradas o condicionan los subsidios o créditos a que las semillas sean registradas.
La contaminación aérea y por la polinización extiende las variedades patentadas en detrimento de la diversidad. La tecnología “terminator” hace que las semillas reproducidas sean estériles y haya que comprar nuevamente cada siembra.
Por otra parte los TLC permiten
patentar seres vivos que ya están en la naturaleza o genes.
La “propiedad intelectual” así concebida es el cuarto gran derecho de las transnacionales.
Otros de los derechos de ellas que pretenden imponer tienen que ver con la privatización de todos los servicios públicos incluida el agua, de las telecomunicaciones y el acceso a los contratos con el estado incluidas todas las entidades territoriales. Aun en lo que se refiere al comercio imponen sus intereses: prohíben que un productor agropecuario venda directamente sus productos en el otro país y, obliga a venderlos a un intermediario comercial, es decir a Philip Morris, Cargill, Dole o cualquier transnacional que haga el verdadero negocio; y exigen máxima apertura a la importación de alimentos, de manera que sus productos altamente subsidiados por los gobiernos de Estados Unidos, Europa o Japón, quiebren a nuestros productores, para que luego suban los precios. México, el primer país donde se sembró el maíz, arruinó a sus productores de maíz, ahora el maíz subió y el alimento nacional, la tortilla de maíz está carísima. A esto lo llamaron la crisis de las tortillas y otros dijeron que México quedó destortillado por el TLC.
Mientras que nos imponen perder la soberanía alimentaria nos imponen también las plantaciones para agrocombustibles, en Colombia caña de azúcar para etanol y palma aceitera para biodiesel.
Nuestra producción en estos renglones no es competitiva internacionalmente, pero es la producción de las grandes propiedades, por lo que se aprueban exenciones de impuestos y leyes para obligar a su consumo interno a la vez que se imponen, mediante las mal llamadas cooperativas de trabajo asociado, salarios miserables y condiciones inhumanas para los trabajadores corteros de caña y recolectores de semilla de palma. Los afrocolombianos en el Pacífico son despojados para imponer estas plantaciones; en el norte del Cauca la tierra que iba a ser adquirida para la reparación integral al pueblo Nasa por la masacre de El Nilo, fue arrendada por un ingenio de etanol del grupo Ardila Lülle.
Mientras se nos obliga a consumir agrocombustibles caros, se llevan barata la gasolina cuyo costo de producción en Colombia, es la mitad del costo de producción del etanol.
No es cierto que en Colombia los agrocombustibles eviten que se contamine la atmósfera con el consumo de gasolina, pues la gasolina colombiana supuestamente ahorrada, se consume en Estados Unidos o Europa, cuya atmósfera es la misma que se está calentando alrededor del plantea.
Se quedan pues con los
territorios, con el petróleo, con los minerales, con la biodiversidad, con el
agua. Pero hay una riqueza más que perdemos y que les interesa demasiado.
Nosotros mismos, nuestros cuerpos, nuestra vida, porque si se sobrevivimos sin
territorio no tendremos más remedio que ser su mano de obra barata o su cerebro
de obra para producir ganancias para las transnacionales, incluso como migrantes
ilegales sin derechos, como muchos indígenas mexicano en Estados Unidos ahora.
La mano de obra barata la imponen también con las leyes laborales.
Lo hacen en todo el mundo. Ese es otro “derecho” de las transnacionales”.
Héctor Mondragón prosigue:“en Colombia esos derechos de las transnacionales se han impuesto a costa de los derechos de la gente y se están imponiendo, matando la gente, con masacres, con asesinatos de los líderes por los actores armados, con desplazamiento forzado. Así le han quitado a los campesinos y a los asalariados sus derechos.
Las reformas laborales, las privatizaciones, el desconocimiento formal de la condición de trabajador mediante sistemas como las “cooperativas de trabajo asociado” o los “contratos de servicios”, la planilla unificada que arranca los pocos ingresos de los trabajadores “independientes” para los fondos de pensiones, la desaparición de la contratación colectiva y el derecho laboral han sido impuestas matando sindicalistas. “Este año sólo han matado 30” dice Uribe, porque otros años para esta época ya habían matado 100. Y llegará el día que ya no maten sindicalistas porque los habrán exterminado. La mitad de los asesinados este año son maestros, porque los maestros son uno de los pocos grupos del país que aun tienen derechos reconocidos en la ley. El otro sector cuyos derechos están vigentes, no sólo en la ley sino en la Constitución y le Convenio 169 de la OIT son los indígenas, por eso se ha concentrado durante los gobiernos de Uribe el ataque contra los indígenas.
Entre el 2002 y el 2006 fueron asesinados por motivos políticos o sociales 146 indígenas cada año. Es n récord, pues el promedio histórico, muy alto, era de 60 indígenas por año y durante el gobierno Pastrana se había elevado a 134. Según el Sistema de información de CECOIN la mayoría de los asesinatos durante este cuatrienio, como durante el anterior, fueron ejecutados por grupos armados ilegales.
Los paramilitares fueron responsables de 238 (257 en el cuatrienio anterior) y los guerrilleros de 151 (igual número que en el cuatrienio anterior). La fuerza pública fue responsable de 62 de los asesinatos entre 2002 y 2006, cuando había sido responsable de 26 casos en el período anterior. A partir del año 2007, aunque se reduce el número total de asesinatos y violaciones de derechos humanos, pero se aumenta desproporcionadamente el porcentaje de violaciones cometidas por la fuerza pública, que de acuerdo con el Sistema de Información sobre Derechos Humanos de la ONIC (SINDHO) ya alcanzaba el 38% de los casos en 2007 y llega al 72,2% durante lo que va corrido del 2008, cuando 103 mil indígenas han sido objeto de actos violatorios de derechos humanos. La crisis de derechos humanos que viven los pueblos indígenas significa la base para despojarlos de los derechos que después de 5 siglos de resistencia, los indígenas lograron que fueran reconocidos en 1991.
Tras la ola de violaciones de asesinatos, desapariciones, desplazamientos forzados y otras violaciones de derechos humanos de los indígenas, fue aprobado en 2007 el Estatuto Rural que es el golpe más duro dado a los derechos de los pueblos indígenas desde que el gobierno de Turbay quiso imponer su Estatuto Indígena. Es desde luego un Estatuto inconstitucional, pero si e ha impuesto hasta ahora es mediante sangre y fuego contra los indígenas.
Así como defendiendo los intereses de las transnacionales y de los parapolíticos latifundistas fue aprobado el Estatuto Rural, Ley 1152 de 2007, y se paralizan los procesos de adquisición de tierras o mejoras para indígenas, así mismo el gobierno colombiano fue el único gobierno latinoamericano que no votó a favor de la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas de Naciones Unidas, la cual tuvo el voto en contra de Estados Unidos y Canadá, precisamente los dos gobiernos que han acordado sendos TLC con Uribe.
Si permitimos que la violencia contra los indígenas siga, si no la detenemos con la resistencia civil, masiva, pacífica y decidida, con la solidaridad internacional, van también a desconocer los derechos fundamentales de los pueblos indígenas. No lo podemos permitir.
Por el contrario, con esta organización, con esta espiritualidad y con esta decisión vamos a lograr que con los pueblos indígenas se levanten también los demás sectores, las demás víctimas de las transnacionales y de los poderes locales, de manera que la defensa de los derechos indígenas sea la mejor forma de restaurar los derechos de todas las gentes ahora despojadas. Termino recordando el ejemplo de un joven Nasa, Rafael Coicué, líder muy activo de su pueblo, que perdió a su hermano en la masacre de Nilo en 1991 y ahora perdió su ojo por un ataque del ESMAD. Los Nasa liberan la Madre Tierra, no solamente para ellos sino para que todos tengamos un planeta vivo, una mare que nos de alimento y libertad”. Fuente: http://www.biodiversidadla.org/ 6-8-08
3. En el año 2010
La Vía Campesina exige a la FAO apoyar las verdaderas soluciones de la crisis alimentaria
Del 11 al 16 de octubre, tendrá lugar la sesión plenaria del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de la FAO. Representantes del movimiento campesino internacional, La Vía Campesina, estarán presentes junto con otros actores de la sociedad civil para exigir verdaderas soluciones a la permanente crisis alimentaria mundial, al igual que medidas concretas para abordar los problemas de especulación con productos básicos alimentarios y el acaparamiento de tierras.
Durante el foro de las Organizaciones de la Sociedad Civil, que tendrá lugar del 8 al 10 de octubre, también en Roma, las organizaciones de base discutirán las propuestas que luego presentarán ante los gobiernos. Gracias a la reforma del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) de la FAO, ahora se consulta de manera más permanente a la sociedad civil. Sin embargo, la FAO aún no garantiza la total participación de los productore/as alimentario/as a pequeña escala. En este momento, nuestras políticas alimentarias son controladas por los puntos de vista de los países donantes ricos, instituciones antidemocráticas como el Banco Mundial y multinacionales del sector agro con presupuestos de lobby exorbitantes.
El programa del CSA muestra el creciente interés que tiene el gran capital en los productos agrícolas y alimentarios a través del acaparamiento de tierras, a menudo para agrocombustibles y la especulación con productos básicos alimentarios. La especulación financiera ha sido y sigue siendo ampliamente reconocida como la principal causa de la crisis alimentaria de 2007-2008 y, por esta razón, debería atajarse de manera eficaz a nivel regional o internacional si en realidad queremos evitar que vuelva a suceder. También se deberían adoptar mecanismos para regular los mercados agrícolas, contrario a lo que la Organización Mundial del Comercio y los diferentes Tratados de Libre Comercio promueven. Además, la búsqueda global de adquisiciones masivas de tierras agrícolas no fortalece en absoluto a los productores locales y sólo empeora su acceso a la tierra y, por consiguiente, debe ser detenida inmediatamente.
La FAO puede convertirse en un
espacio para aplicar la soberanía alimentaria, pero debería ofrecer soluciones
reales y escuchar las voces de los campesinos y campesinas y no dar legitimidad
a procesos impulsados por la búsqueda de beneficios de las multinacionales".
La Vía Campesina
www.viacampesina.org
Fuente: www.ecoportal.net/ 06-10-10
En consecuencia, la «soberanía alimentaria» implica la rabia digna contra el capitalismo e imperialismo que produce más de 1.000 millones de personas con hambre. A partir de 2008 la pobreza y la desnutrición han vuelto a aumentar. Sólo para el año 2010, 64 millones de personas suplementarias serán arrojados a la extrema pobreza. No es por escasez de alimentos sino que es por la lógica perversa de este sistema a beneficio exclusivo de los grandes capitales y despreocupado por atender a las necesidades alimenticias de los de abajo. Durante el proceso de las últimas décadas, las tierras fértiles fueron reconvertidas de la producción de alimentos hacia el abastecimiento de un mercado local en producción de commodities mundiales para la exportación o cultivos de contra estación y de alto valor para abastecer los supermercados occidentales. De resultas, hoy, aproximadamente el 70% de los llamados países en desarrollo son importadores netos de alimentos. La Argentina avanza hacia esta situación de sometimiento al imperialismo colectivo. Ya el 50% de sus tierras fértiles están invadidas y ocupadas por el modelo de soja transgénica, con la consiguiente destrucción de su soberanía alimentaria.
El gobierno K agrava esta realidad catastrófica con la promoción de los agrocombustibles y la producción de soja transgénica para China. Sin embargo, usa su concentración de grandes medios para manipular la opinión pública de suerte que haya amplio consenso para continuar con la contrarreforma agraria y recolonización del país.
La «soberanía alimentaria» se basa en la Memoria, Verdad y Justicia respecto a la participación protagónica de las distintas comunidades locales, nacionales, regionales, planetarias con sus diversas formas culturales y productivas que construyeron las grandes extensiones de ecosistemas ricos en variedad de seres vivos y por tanto, de mayor equilibrio ecológico. Se concreta por:
1. Lucha de descolonización y de reconstitución de los territorios
"Los monocultivos de árboles en América Latina –
cómo, para qué, para quiénes"
Por Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
"Los territorios de lo que hoy constituye América Latina suelen revestir dos características a los ojos de las grandes empresas y conglomerados comerciales: abarcan grandes superficies y son fuente de codiciadas mercancías: madera, palma aceitera, cultivos comerciales, carne, lana, materia prima para agrocombustibles, recursos genéticos, tierra, agua. Son un imán para el gran capital.
Las grandes extensiones de ricos ecosistemas biodiversos – selva, monte, bosque, pampa, serranía, altiplano, sabana – han sido la base territorial en la que proliferaron las diversas formas culturales y productivas de las comunidades de la región. Y lo que los grandes comerciantes ven como mercancías han sido los elementos constitutivos de la milenaria tradición agraria de muchos pueblos, cuyos vestigios dan testimonio del nivel que alcanzaron sus avanzados conocimientos.
Hoy, igual que hace más de 500 años, el colonialismo sigue vigente, con otras formas, con otros nombres. Los barcos que ayer partían de los puertos latinoamericanos con la plata, el oro, el cacao, el caucho, hoy son enormes cargueros que se llevan nuestra agua y nuestro suelo en los rolos, los chips, la celulosa, el aceite de palma. Se llevan también, de manera sofisticada, nuestra atmósfera para venderla en el mercado de carbono. Se llevan, en definitiva, a precio de mercado, el futuro de las próximas generaciones.
El modelo actual de globalización de los mercados se asienta en una estructura de subordinación – de los países del sur con respecto a los del norte, de los grupos que venden su fuerza de trabajo con respecto a los propietarios del capital, de las minorías étnicas con respecto a las hegemónicas, del sexo femenino con respecto al masculino. Esa subordinación ha sido funcional a la formación de un capital excedentario en los grupos dominantes, a costa de numerosas desigualdades intrínsecas y penurias para los grupos subordinados.
Es en el marco de la expansión de ese capital acumulado que la globalización se configura como una plataforma ideal para la apropiación y mercantilización creciente de la naturaleza por parte de grupos empresariales cada vez más concentrados. Las formas productivas asumen escalas cada vez mayores, cada vez más uniformes, para mercados cada vez más grandes y convenientemente uniformizados. El consumo se convierte en la base y el motor de la economía, y las políticas sociales muchas veces sirven para introducir las mejoras necesarias que permitan mantener el sistema e incluso sumar más consumidores a los mercados. Como parte de esa expansión, los monocultivos a gran escala de árboles foráneos desembarcan en el continente en la década de 1950, en un proceso de ocupación y apropiación de la tierra y el agua y a expensas de los ecosistemas y comunidades locales.
No se trata de un proyecto aislado sino que está inserto en el modelo de la “Revolución Verde” promovida por la FAO, que consolida la industrialización de la agricultura. Se suman luego el Banco Mundial, el FMI, el BID, procesos de Naciones Unidas sobre bosques (IPF, IFF, UNFF), agencias bilaterales como GTZ y JICA, empresas consultoras como Jaakko Poyry. A través de mecanismos de préstamo, subsidio, extensión, capacitación, propaganda, estos actores logran instalar sus argumentos en ámbitos científicos y académicos e incidir en las políticas de Estado de varios países que, aplicando modelos bastante similares, promovieron en América Latina las plantaciones forestales con destino a la exportación.
Según la FAO, entre 2000 y 2005 la superficie de plantaciones forestales creció unos 2,8 millones de hectáreas anuales (1) y los datos de 2009 indican que en América Latina y el Caribe hay 12,5 millones de hectáreas de monocultivos forestales – categoría que no incluye la palma aceitera. Para 2020 se proyecta un aumento que llevaría las plantaciones forestales a 17,3 millones de hectáreas. Es así que la región se posiciona como “líder en plantaciones forestales de alta productividad” destacando especialmente Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, con el 78% de las plantaciones de ese tipo. Las plantaciones altamente productivas hacen referencia aquí en especial a las variedades que se han seleccionado de manera de obtener un rápido crecimiento, dentro de las que predominan eucaliptos (65% de las plantaciones de Brasil, 80% de las de Uruguay) y pinos (49% de las áreas de plantaciones en la Argentina, 78% de las de Chile). Más allá del papel dominante de estos países, en casi toda la región existen también vastas superficies de plantaciones forestales.
Madera para celulosa
Hasta el presente la mayor parte de las plantaciones de variedades de eucaliptos y pinos de rápido crecimiento tiene como destino la producción de celulosa para papel, una actividad industrial muy contaminante y exigente en materia de agua y energía (este rubro es el 5º consumidor industrial mundial de energía). Por supuesto que nadie puede negar las ventajas que ha traído a la humanidad la fabricación industrial del papel, que a mediados de 1800 permitió su abaratamiento y la divulgación de la lectura y la escritura. Pero actualmente, la producción de papel ha excedido en mucho su uso asociado al acceso a la educación, a pesar de lo cual este simbolismo se utiliza con enorme fuerza para reforzar la necesidad de producir más y más papel. Sin embargo, en términos de los usos de papel, el empaque supera por lejos a los usos vinculados a la educación, la información y las comunicaciones, a lo que se suman muchos otros artículos y productos propios de la era del consumo descartable. Esto demuestra la falsedad de la premisa de que a mayor consumo de papel, mayor nivel de educación. Basta comparar el indicador de consumo de papel y cartón con los indicadores de escolaridad. De eso resulta que, por ejemplo, Cuba, con un consumo muchísimo menor de papel que Estados Unidos, Finlandia o Chile, registra sin embargo una tasa de acceso a la educación terciaria que está por encima de Chile y Estados Unidos.
De última, las desigualdades del consumo coinciden con las desigualdades intrínsecas del actual modelo dominado por los intereses empresariales. Pero en todo caso señalan que ese consumo desmedido no es necesario a los efectos de las necesidades del desarrollo humano.
Por otro lado, en el punto de inicio de la cadena forestal celulósica, los monocultivos forestales llegaron y siguen llegando a los territorios latinoamericanos con el argumento de que “contribuyen al desarrollo”. Sin embargo, en un caso emblemático como el chileno, en que la forestación fue y sigue siendo promovida fuertemente desde el Estado en desmedro del bosque nativo, un artículo de la organización CODEFF señala que los censos de población prueban que “las comunas con mayor superficie cubierta por plantaciones, son las que han desplazado una mayor proporción de campesinos hacia las zonas urbanas, generando importantes niveles de pobreza.”
La tala indiscriminada de especies nativas para plantar especies exóticas como el eucalipto no solamente ha llevado a la destrucción de especies animales y vegetales endémicas de la zona sino que también ha provocado alteraciones en el sistema hídrico. Así lo señaló Bernardo Zentilli, presidente de CODEFF, indicando que la modificación del equilibrio acuífero ha generado grandes crecidas en invierno y esteros secos en verano, lo que ha disminuido la tierra cultivable.
Por su parte, el mismo artículo cita a la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN), la cual denuncia que: “entre 1978 y 1987 unas 50 mil hectáreas de bosque nativo desaparecieron en dos de las principales regiones forestales del país (VII y VIII), así como también casi la tercera parte de los bosques de la costa de la VIII región que fueron sustituidas por plantaciones de pinos. La actualización del Catastro de Recursos Vegetacionales Nativos en la Región de Los Ríos, indica que en la última década más de 20.000 hectáreas de Bosque Nativo fueron sustituidas por plantaciones forestales exóticas.”
El fruto de la discordia - la palma aceitera
La palma aceitera proviene de África y ha sido largamente utilizada para obtener aceite. Últimamente su producción se ha destinado a usos industriales y más recientemente se ha expandido de manera explosiva promovida frente a la crisis climática como una alternativa supuestamente “ecológica” para seguir alimentando el actual modelo de producción y consumo insustentable que está en la raíz del problema y sin embargo permanece incuestionado.
En América Latina el cultivo extensivo adopta el modelo de grandes extensiones de monocultivo con desplazamiento forzoso de las poblaciones autóctonas, combinado con casos en que los campesinos ponen el trabajo y en muchos casos la tierra. Por otra parte, las nuevas plantaciones de palma suelen implantarse en zonas de bosque húmedo tropical, las cuales son arrasadas, drenadas, fertilizadas, plantadas y posteriormente rociadas de continuo con potentes herbicidas que, junto con los fertilizantes químicos, pasan al suelo contaminando las fuentes de agua. Este manejo impide que se puedan plantar otros cultivos, lesionando así la soberanía alimentaria de las comunidades locales. A su vez, para maximizar la cantidad de aceite por fruto o por planta, se seca la tierra mediante canales de drenaje que desecan lagunas, caños y cualquier tipo de humedal cercano a los cultivos, afectando la flora y la fauna.
El cultivo de la palma aceitera crece aceleradamente en otras zonas tropicales propicias de la región. En México las plantaciones entran a sangre y fuego en la Selva Lacandona; en Perú, los habitantes de la amazonía claman que ¡La selva no se vende! ¡la selva se defiende! y se enfrentan al grupo palmicultor Romero; en Guatemala, la palma se expande en un contexto de desalojos y compras forzadas de tierras a comunidades empobrecidas que tienen que emigrar a otros lugares; en Honduras, campesinos e integrantes del Movimiento Unificado Campesino del Aguán (MUCA) fueron brutalmente reprimidos por tropas del ejército y la policía en apoyo al terrateniente y palmicultor Miguel Facussé Barjum, conocido como “el palmero de la muerte”; en Nicaragua las plantaciones de palma son el nuevo negocio de la United Brands, otrora United Fruit, un nombre ligado a un largo historial de manipulación política y social; en Costa Rica la palma se ha ido consolidado.
Uno de los casos emblemáticos en la producción de palma aceitera es Colombia, con más de de 360.000 hectáreas de monocultivos de palma aceitera y el anuncio del ex presidente Uribe de llegar a los 6 millones de hectáreas. Su producción, financiada principalmente por el Banco Mundial, se ha fundado en el despojo de tierras colectivas de comunidades locales. Asesinatos, destrucción de viviendas y enseres, desplazamiento masivo, bloqueos económicos, hostigamientos continuos, amenazas, maltrato continuado por parte del ejército nacional y de paramilitares al servicio de las empresas, son el sustento de ese progreso, como lo denuncia la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. En el caso del Bajo Atrato, la expansión de la palma se ha cimentado en el despojo de 15 caseríos en el Curvaradó de más de 25 mil hectáreas y en el Cacarica de 20 mil hectáreas y 4 caseríos, que fueron titulados colectivamente por gobiernos anteriores.
Los trabajadores de las plantaciones de palma trabajan en condiciones de esclavitud. La vigilancia por hombres armados durante las jornadas de trabajo y el pago en vales a canjear por comida en las tiendas de los empresarios, sin que el trabajador cobre el sueldo en dinero y disponga libremente de él, son el rostro oculto de la supuesta “energía limpia” que ofrecería el agrocombustible obtenido de la palma aceitera. Indupalma es una de las empresas palmeras líder en el sector colombiano. Una de las estrategias que utilizó para expandirse, siguiendo el modelo de Malasia, fue la creación de alianzas con los campesinos para la producción en cultivos en fincas pequeñas si bien siempre vinculado al gran capital. Cuando en 1995 Indupalma propuso al sindicato Sintrainudpalma la formación de alianzas, el sindicato se negó. Los paramilitares asesinaron a 4 de sus dirigentes y desaparecieron a otro.
Cosméticos para maquillar las plantaciones
Frente a las fuertes críticas que ha recibido la expansión de los monocultivos de palma aceitera en todo el mundo por sus graves impactos ambientales y socioeconómicos y por la violación de los derechos humanos, el sector ha reaccionado procurando maquillar su imagen de “verde”. Ha surgido así la llamada Mesa Redonda para la Producción Sostenible de Aceite de Palma (RSPO por sus siglas en inglés), dirigida principalmente a los consumidores europeos y norteamericanos.
En ese mismo sentido se ha promovido en Colombia también el programa de la “palma campesina”, que busca involucrar el cultivo de palma dentro del sistema productivo agroalimentario. La organización colombiana Grupo Semillas cuestiona su sustentabilidad a largo plazo, porque “se debe no solo evaluar si el cultivo es viable y rentable para el agricultor, sino también quién finalmente controlará todo el proceso”.
En el Chocó Biogeográfico las organizaciones afrocolombianas e indígenas, en una reunión convocada por la organización conservacionista WWF para promocionar la “palma sostenible”, plantearon su rechazo a involucrarse no solo al modelo productivo industrial de la palma aceitera sino también a la iniciativa de la “palma sostenible”, por sus graves impactos que suponen la lesión de sus derechos, en especial sus derechos ancestrales al territorio, la pérdida de autonomía y de sus prácticas tradicionales de producción, el menoscabo de su cultura y de las expresiones de diversidad.
Por su parte, las plantaciones de eucaliptos también tienen un cosmético que va en su ayuda. El FSC es el principal sistema de certificación que ha dado su sello para avalar plantaciones forestales altamente destructivas en la región. En el Estado de Bahía, Brasil, la empresa forestal Veracel (con capitales de la sueco-finlandesa Stora Enso y la brasileña Aracruz Cellulose), tiene más de 100.000 has de plantaciones de eucaliptos. Veracel ha despojado de su tierra a la mayoría de los indígenas de las comunidades Pataxó y Tupinambá, utiliza grandes cantidades del hormiguicida Sulfluramida prohibido por el FSC, y ha sido multada por matar una gran cantidad de árboles indígenas con herbicidas, por deforestar y por plantar muy cercano a parques nacionales. A pesar de eso ha obtenido el sello FSC.
Todos estos intentos apuntan a darle una buena cara al negocio. Pero el mayor error es tratar de mostrar como sustentable algo que es inherentemente insustentable: un producto obtenido de monocultivos a gran escala de árboles en su mayoría exóticos, que generan graves impactos sobre el agua, el suelo, la fauna y flora silvestres, los bosques, los medios de vida y la salud humana, y provocan el desplazamiento de personas y la violación de los derechos humanos.
La criminalización de la protesta social
En muchos países latinoamericanos, los movimientos o procesos populares que luchan contra la pérdida de sus territorios, el agua, el bosque, sus medios de vida por el avance de las plantaciones, sean eucaliptos, pinos, palma, caucho, etc., deben enfrentar lo que se ha dado en llamar la “criminalización” de la resistencia. Se trata de una estrategia dirigida a calificar los actos de resistencia como delitos, llevando un conflicto intrínsecamente social al campo judicial y penal. Las empresas, en este caso forestales o palmicultoras, cuentan con el poder punitivo del Estado para neutralizar la protesta.
Respetados y reconocidos líderes sociales, personas que defienden legítimamente su identidad, formas de vida y formas de producción, terminan siendo perseguidos, encarcelados, enjuiciados y hasta asesinados. Se combina la represión con el uso formal de la legalidad para penalizar a los actores sociales que se oponen a políticas y modelos productivos que, en aras del lucro, conspiran en definitiva contra la supervivencia misma del planeta.
En Chile, las cárceles albergan decenas de presos políticos mapuche que defienden su territorio contra el avance de los monocultivos de eucaliptos y pinos. La mayoría terminan siendo juzgados por la legislación antiterrorista que subsiste desde la época del tirano Pinochet. A pesar de eso, la resistencia continúa en la cárcel, con huelgas de hambre y ayunos, mientras la represión se extiende a los familiares. En Colombia, en la región del Chocó, los afrocolombianos y organizaciones de derechos humanos, como en este momento Justicia y Paz, enfrentan las amenazas y la violencia militar y paramilitar para la implementación del agronegocio de la palma aceitera y la extensión ganadera. En Honduras, la lucha social de los campesinos de Bajo Aguán, en defensa de sus derechos sobre las tierras que les fueron robadas para la producción extensiva de palma aceitera, dejó un trágico saldo de numerosos heridos y muertos que se suma a la escalada represiva que vive Honduras desde el golpe de Estado de junio de 2009.
La dimensión de género
La expansión de los monocultivos de árboles tiene, como los demás megaproyectos antisociales, una especial dimensión de género en cuanto a sus impactos. Como lo ilustra una declaración de mujeres sobre los impactos de la expansión de los monocultivos de árboles exóticos sobre la pradera, pronunciada en 2009 en cuestionamiento al Congreso Forestal Mundial celebrado en Argentina, las plantaciones de eucalipto han generado “situaciones de miedo, de violencia y de acoso sexual. Muchas mujeres relatan que tienen miedo de circular solas cerca de las plantaciones, debido a la presencia de personas ajenas a la comunidad. Eso hace que el derecho de las mujeres a ir y venir esté cercenado, favoreciendo cambios de hábitos y costumbres. Además de eso, muchas han vivido situaciones de acoso sexual por parte de dichos trabajadores. Eso, sin dudas, ha significado un retroceso en la independencia y autonomía de las trabajadoras, contribuyendo con un mayor desempoderamiento femenino”.
La declaración hace referencia a otros impactos acelerados que pueden incidir en la desestructuración del entramado social y familiar e incitar a situaciones como la prostitución, la proliferación de enfermedades de transmisión sexual, el consumo de drogas, los cambios en los hábitos alimenticios, “como generalmente ocurre en diferentes lugares luego de la llegada de emprendimientos de este porte. Infelizmente, estos impactos no son contabilizados ni estudiados por los entes públicos”. Las mujeres concluyen diciendo que “resistiremos y seguiremos en lucha mientras sea preciso, no solamente contra el avance de los monocultivos de árboles exóticos y de los megaproyectos de las empresas de celulosa y papel, sino contra los procesos de mercantilización de la vida de los seres y de desempoderamiento de las mujeres. Nosotras, las mujeres, tenemos el potencial de hacer que ‘lo nuevo suceda’ y lo estamos haciendo”.
En Brasil, cada 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, las mujeres campesinas, indígenas, negras, del Movimiento Sin Tierra y de Vía Campesina, se han convertido en estandarte de lucha contra el avance de los eucaliptos de empresas de celulosa como Stora Enso, Votorantin/Fíbria, Suzano, Veracel. Las mujeres denuncian el hambre que traen esos ejércitos clonados con forma de eucaliptos, que se apropian de las tierras de los pueblos indígenas, las comunidades locales, las familias campesinas, despojándolos de su identidad, de sus saberes, de su capacidad de producir y consumir alimentos saludables, en la cantidad necesaria y de acuerdo con su cultura.
Su lucha es contra el agronegocio y por la soberanía alimentaria. Pero eso no les impide denunciar que a esa opresión se suman las diferencias de género, la situación de desigualdad de la mujer que la hace cargar casi exclusivamente con la responsabilidad de los hijos, que establece diferencias de retribución frente a los hombres por el mismo trabajo, que muchas veces las hace blanco del acoso sexual y que lamentablemente en ocasiones las convierte en víctimas de la violencia física incluso por hombres de la propia familia.
El negocio del cambio climático
Nada se salva del afán mercantilista. La crisis climática se ha convertido en otro negocio en que las falsas soluciones promovidas por organismos internacionales como el Banco Mundial y el mismo Protocolo de Kyoto sirven de plataforma para la expansión de los monocultivos de árboles. A través de los sumideros de carbono – parte de los Mecanismos de Desarrollo Limpio – o del sistema REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación) – dentro del cual las plantaciones de árboles a gran escala podrían concebirse como una forma de “incrementar las reservas de carbono forestal” y recibir así financiamiento – las empresas encuentran nuevos “mercados” y la forestación se escabulle disfrazada muchas veces de bosque, para apostar fuerte en el mercado de carbono.
En Colombia, el Convenio Marco de Concertación para una Producción más Limpia, de 1995, habilitó a las empresas palmícolas a participar en el negocio mundial de los sumideros de carbono creado en el marco del Protocolo de Kyoto. Los incentivos y beneficios tributarios otorgados por el gobierno para el desarrollo de tecnologías que permitan capturar gas metano del ambiente permitirían a los empresarios obtener una ganancia adicional en un nuevo nicho de mercado – el del carbono.
También Ecuador promueve la plantación de 1 millón de hectáreas de monocultivos forestales para la venta de certificados de reducción de emisiones (CER) en el mercado mundial de carbono, a través del Plan nacional de forestación y reforestación del programa Proforestal.
El negocio de la forestación sirve a otras empresas fuera del rubro: la empresa Nestlé Waters Francia quiere compensar mediante proyectos de reforestación el equivalente a su emisión anual de carbono en la producción del agua mineral Vittel en Francia y Bélgica. Para ello financiará la plantación de 350.000 árboles en la Amazonía boliviana y otro proyecto de plantaciones en la selva de Perú, con la idea de renovar el mismo número de árboles todos los años.
En Brasil, la empresa siderúrgica y forestal Plantar S.A. Reflorestamentos tiene plantaciones a gran escala de eucaliptos en el estado de Minas Gerais. A pesar de que esos árboles son utilizados para su negocio de fabricación de hierro en lingotes, de que se ha apropiado de tierras afectando el agua y el suelo así como el rico bioma nativo del Cerrado, y de que se trata de una industria muy contaminante, la empresa ha intentado reiteradamente recibir financiación del MDL para financiar sus plantaciones de eucaliptos. Alega que esa energía sería menos contaminante que el uso de carbón. No obstante, se trata de un ardid comercial para ganar por todos los lados posibles, ya que la empresa nunca utilizó carbón".
El Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales concluye:
"Hacia otro modelo
El modelo en gran escala de plantaciones de monocultivos de árboles es incompatible con la natural manifestación diversa de la vida. Es artificial, es destructivo, es contaminante.
Los pueblos de los países de América Latina han sabido tejer redes sociales para denunciar los impactos de los monocultivos de árboles. Tal es el caso de la Red Latinoamericana contra los Monocultivos de Arboles (RECOMA), una red descentralizada de organizaciones latinoamericanas que coordina acciones, impulsa el apoyo a las luchas locales y a alternativas social y ambientalmente adecuadas a las distintas realidades, realiza intercambios horizontales entre países.
Muchas otras iniciativas van en esa dirección, como la experiencia de las familias quilombolas de Espíritu Santo, Brasil, quienes, en medio del eucaliptal, encuentran caminos para sobrevivir y luchar por la reconquista de sus recursos naturales y patrimonio genético. Las comunidades reelaboran prácticas tradicionales y adaptan técnicas de manejo, abren canales de comercialización en las ferias locales y regionales y promueven continuos intercambios inter-comunitarios de semillas y prácticas agrícolas.
La búsqueda de otra senda de producción, comercialización y consumo que nos aleje del actual proceso de exterminio se ha vuelto un imperativo, y las comunidades en resistencia son los agentes de cambio que pueden conducirnos hacia allí, creando soberanía local, construyendo soberanía alimentaria. Habrá que seguir trabajando para lograr el cambio de rumbo necesario".
Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Contenido/Documentos/21_de_septiembre_Dia_Internacional_contra_los_Monocultivos_de_Arboles22. Ejercicio de los pueblos de su producción agrícola y de su sistema alimentario
Por Ing. Agr. Fernando Queirós Armand Ugón (Alternativa Europea)
RAP-AL/Muchas preguntas y pocas respuestas
"(...)Soberanía alimentaria
Como resultado de la aplicación de los principios agroecológicos se logra transitar hacia la soberanía alimentaria de un país.
Antes de la colonización todas las culturas del mundo eran alimentariamente soberanas, o sea, producían lo que consumían. Con la colonización las mejores tierras de los países del Sur, las que antes producían alimentos para las poblaciones locales, se convirtieron en plataformas de exportación; se destinaron a producir alimentos para mercados lejanos.
La soberanía alimentaria es el derecho de todos los pueblos a poder definir su propio sistema de producción, distribución y consumo de alimentos. Es el derecho de los pueblos rurales a tener acceso a la tierra, a poder producir para sus propios mercados locales y nacionales, a no ser excluidos de esos mercados por la importación de mercaderías provenientes de las empresas transnacionales. Y también es el derecho de los consumidores a tener acceso a alimentos sanos, accesibles, culturalmente apropiados con la gastronomía, la historia culinaria de su país y producidos localmente.
Como resultado de la aplicación de los principios agroecológicos se logra transitar hacia la soberanía alimentaria de un país.
Si un país no es capaz de alimentar a su propia gente, si depende del mercado mundial para la próxima comida, se coloca en una situación profundamente vulnerable frente a la buena voluntad de las superpotencias o las fluctuaciones del mercado. Por eso se utiliza el concepto de “soberanía”.
La soberanía alimentaria y la sustentabilidad están entre las más importantes prioridades, antes que las políticas de comercio.
En este contexto, ¿quién decide lo que comemos? La respuesta es clara: un puñado de transnacionales de la industria agroalimentaria que, con el beneplácito de gobiernos e instituciones internacionales, acaban imponiendo sus intereses privados por encima de las necesidades colectivas. Ante esta situación, nuestra seguridad alimentaria está gravemente amenazada.
“Un pueblo que no logra producir sus propios alimentos es un pueblo esclavo, dependiente… política, económica e ideológicamente”.
Un cambio hacia la agroecología
Urge hacer un cambio de la actual tecnología en la producción, hacia una agricultura con base en los principios de la agroecología, sana y sustentable, una producción agrícola que parta del respeto y del equilibrio con las condiciones naturales, la cultura local y los saberes tradicionales.
Está demostrado que los sistemas de producción agroecológicos pueden ser hasta más productivos, resisten mejor las sequías y los cambios climáticos y que por su bajo uso de insumos externos son más sustentables económica, ambiental y socialmente. Ya no es posible sostener el lujo de consumir alimentos cuyos precios estén vinculados al petróleo, ni mucho menos dañar la productividad futura de los suelos por medio de la agricultura convencional-industrial, con grandes extensiones de monocultivos mecanizados y llenos de venenos y transgénicos.
La producción natural ha alimentado al mundo durante miles de años, y sin ayuda del gobierno. Porque, ya está bien claro, la agricultura convencional no es rentable. Está sostenida o subsidiada por fondos públicos. Los agricultores químicos o convencionales no sobrevivirían sin las ayudas gubernamentales (subsidios), si no véase lo que está pasando con la lechería, la ganadería, la horticultura, etc.
Rediseñar el sistema alimentario hacia formas más equitativas y viables para agricultores y consumidores requerirá cambios radicales en las directrices políticas y económicas que determinan qué, cómo, dónde y para quién se produce.
Está claro que se necesita un paradigma alternativo de desarrollo agrícola, uno que propicie formas de agricultura ecológica, sustentable y socialmente justa.
Rediseñar el sistema alimentario hacia formas más equitativas y viables para agricultores y consumidores requerirá cambios radicales en las directrices políticas y económicas que determinan qué, cómo, dónde y para quién se produce. El concepto de soberanía alimentaria debiera transformarse en política agraria clave, ya que constituye la única alternativa viable a un sistema alimentario que depende de importaciones tanto de alimentos como de insumos y tecnología foránea y cara. La función de la agricultura debe ser alimentar a la población, no la especulación monetaria. Por encima del beneficio empresarial está el derecho de las personas a la alimentación.
El país está hoy ante una encrucijada y tiene que elegir entre dependencia o soberanía alimentaria, entre biodiversidad o transgénicos, entre alimentos sanos y energéticos o contaminados con venenos, entre productores agropecuarios o agronegocios empresariales y entre soberanía territorial o extranjerización de la tierra. En definitiva, entre una producción ambientalmente sustentable y socialmente equitativa o un modelo agroexportador industrial que ya ha demostrado ser social y ambientalmente destructivo.
Las respuestas a la crisis de alimentos, del clima, de energía y la financiera no serán dadas por la vía del mercado, sino por la construcción de un nuevo paradigma donde el uso racional de los recursos naturales pase a tener la centralidad en el futuro de la civilización.
En ese sentido, la agricultura familiar de base agroecológica tiene las condiciones para dar las respuestas consistentes y sustentables a los dilemas de la civilización. El modelo de agricultura industrial o convencional que hace uso del paquete tecnológico solamente profundizará dicha crisis.
Se ha convertido al mundo entero en una mercancía, y lo que no tiene valor comercial no sirve, no importa y es exterminado. Pero, como dijo el jefe indio Noah Sealth: “El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que haga con la trama se lo hará a sí mismo”.
5 Abril, 2010 Fuente: http://alternativaeuropeainforma.site50.net/?p=84
En consecuencia, la «soberanía alimentaria» implica lucha de clases contra la mercantilización creciente de la naturaleza por parte de grupos empresariales cada vez más concentrados. Las formas productivas asumen escalas cada vez mayores, cada vez más uniformes, para mercados cada vez más grandes y convenientemente uniformizados. El consumo se convierte en la base y el motor de la economía, y las políticas sociales muchas veces sirven para introducir las mejoras necesarias que permitan mantener el sistema e incluso sumar más consumidores a los mercados. Como parte de esa expansión, los monocultivos a gran escala de árboles foráneos desembarcan en el continente en la década de 1950, en un proceso de ocupación y apropiación de la tierra y el agua y a expensas de los ecosistemas y comunidades locales.
No se trata de un proyecto aislado sino que está inserto en el modelo de la “Revolución Verde” promovida por la FAO, que consolida la industrialización de la agricultura. Se suman luego el Banco Mundial, el FMI, el BID, procesos de Naciones Unidas sobre bosques (IPF, IFF, UNFF), agencias bilaterales como GTZ y JICA, empresas consultoras como Jaakko Poyry. A través de mecanismos de préstamo, subsidio, extensión, capacitación, propaganda, estos actores logran instalar sus argumentos en ámbitos científicos y académicos e incidir en las políticas de Estado de varios países que, aplicando modelos bastante similares, promovieron en América Latina las plantaciones forestales con destino a la exportación.
¿quién decide lo que comemos? La respuesta es clara: un puñado de transnacionales de la industria agroalimentaria que, con el beneplácito de gobiernos e instituciones internacionales, acaban imponiendo sus intereses privados por encima de las necesidades colectivas.
Frente a esta concepción mercantil, oligopólica e imperialista urge hacer un cambio de la actual tecnología en la producción, hacia una agricultura con base en los principios de la agroecología, salud pública y justicia social. Implica una producción agrícola que parta del respeto y del equilibrio con las condiciones naturales, la cultura local y los saberes tradicionales. Los sistemas de producción agroecológicos pueden ser hasta más productivos, resisten mejor las sequías y los cambios climáticos y que por su bajo uso de insumos externos son más sustentables económica, ambiental y socialmente. Ya no es posible sostener el lujo de consumir alimentos cuyos precios estén vinculados al petróleo, ni mucho menos dañar la productividad futura de los suelos por medio de la agricultura convencional-industrial, con grandes extensiones de monocultivos mecanizados y llenos de venenos y transgénicos.
La «soberanía alimentaria» significa lucha anticapitalista y antiimperialista mediante reconocimiento mutuo entre los componentes populares y los pueblos en:
1. Los distintos procesos de lucha para enfrentar al imperialismo colectivo con democracia participativa
V Congreso de la CLOC
Fortalecer la lucha latinoamericana frente a la contraofensiva del Imperio
"En el marco del análisis de contexto internacional, la dirigenta del Movimiento Sin Tierra y también integrante de la Comisión Política del V Congreso de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC), Itelvina Massioli remarcó que este encuentro en la mitad del mundo, en Ecuador, es el resultado de un gran proceso de articulación, resaltando la importancia de poder reconocerse en los distintos procesos de lucha, como también destacar la gran participación de jóvenes que viene a oxigenar el movimiento y posibilita nuevos liderazgos de hombres y mujeres en el continente.
Itelvina Massioli, puso en el debate, en la reflexión del V Congreso de la CLOC, una lectura colectiva sobre los últimos hechos acontecidos en el continente. Según manifestó, nos encontramos viviendo un nuevo siglo de la lucha en nuestro continente “Partimos comprendiendo que las victorias electorales de la izquierda progresista en el continente, en 1998 con Chávez, creó una nueva correlación de fuerzas en América Latina. Con los demás gobiernos progresistas podemos hacer un balance crítico de la acumulación de fuerzas y sus limitaciones”.
A partir de 1988, la derecha latinoamericana comienza una evaluación en este proceso de derrotas electorales e inicia una contraofensiva buscando recuperar los espacios perdidos, que se puede analizar en tres aspectos. Primero en términos económicos, Itelvina Massioli señala: “la élite latinoamericana intenta mantener sus tasas de ganancia, el lucro, y en base a eso todo lo transforma en mercancía. Por eso tenemos esta consigna en nuestro Congreso, porque hemos vivido en nuestra vida diaria lo que es el saqueo del capital. Nuestro continente ofrece las mejores condiciones para la acumulación del capital, hemos visto un acaparamiento de la naturaleza, las empresas transnacionales han acaparado el agua, la energía, la biodiversidad”.
Este es un periodo, que los analistas políticos han definido como la “recolonización del mundo” que se aprecia con la imposición de los Tratados de Libre Comercio (TLC) y el IIRSA en nuestro continente. Está claro para nosotros. En este periodo, las corporaciones y los grupos financieros detentan el poder en el continente. Por eso, la CLOC declara en este V Congreso, a las multinacionales como enemigas de la humanidad. Al respecto, la dirigenta destacó las palabras del presidente Evo Morales en la inauguración del Congreso, “por eso es importante lo que dijo Evo Morales. Planeta o muerte. Esa es una lucha enorme de enfrentamiento de los movimientos continentales”.
El Segundo aspecto es político, en esta ofensiva de la derecha por la toma del poder, que se ve en casos como Chile, donde triunfa en las últimas elecciones presidenciales el empresario de derecha Sebastián Piñera, significa el regreso de la extrema derecha al poder, que también lo vemos en ejemplos como Colombia y México. Este componente político viene acompañado de una fase militar. La ofensiva militar es parte de la estrategia del imperio para retomar espacios en el continente, reflejado en casos como Honduras, que ha recibido la solidaridad de todo el continente, la militarización en Haití y la asonada de golpe en Ecuador; por su parte Venezuela, Bolivia y Paraguay son países que viven con la constante amenaza de un golpe de Estado.
“No podemos dejar de comprender la estrategia norteamericana del imperio, sabemos que está detrás de todo esto. Los EE.UU. perdieron terreno ideológico, político y económico en la región y en el mundo, pero su fuerza militar es incomparable. Les interesa llevar toda disputa en el terreno militar. Todos entendemos que detrás de los golpes y los intentos, están los intereses políticos y económicos de EE.UU. para dividir los movimientos sociales y desestabilizar los gobiernos progresistas, por ello existe una reactivación de la IV Flota”, señaló la integrante de la comisión política del V Congreso de la CLOC.
El tercer elemento en la evaluación de la campaña ideológica desatada por el imperio, a través de los medios de comunicación, que hoy cumplen un rol fundamental en los cambios culturales de los pueblos y en la pérdida de identidad “los medios están llevando a cabo todo tipo de terrorismo ideológico frente a los procesos políticos más avanzados, Bolivia, Cuba, Venezuela, contra cualquier proceso social de cambio. Sobre nuestra lucha de movimientos sociales han criminalizado los movimientos y la pobreza. Ellos han cumplido un papel determinante” afirma Itelvina.
Si el imperio ha lanzado una campaña para criminalizar las luchas de los movimientos sociales, es una señal que los movimientos están activos y existe un temor frente a las luchas que se articulan en el continente. Por otra parte los medios de comunicación masivos, han logrado generar la estrategia de convertir todos los desastres, todos los dramas humanos, en un espectáculo, como es el caso de los trabajadores mineros en Chile, donde nadie discute las causas de la precarización del trabajo. Si bien los pueblos del mundo se alegran de poder llevar adelante el rescate, Itelvina Massioli afirma, “estamos contentos de sacar a nuestros compañeros de ahí. Pero la sociedad del espectáculo hace que los grandes medios de comunicación transformen el sufrimiento y miseria de los trabajadores, en otro show más, que son parte de esta sociedad de consumo y frivolidad”.
Los desafíos planteados para este V Congreso son políticos y orgánicos. Al respecto, la dirigente de MST manifiesta: “En cuanto a los desafíos políticos, está la internacionalización del capital en el continente y el mundo, el proceso de ofensiva del modelo neoliberal del imperio, y hace falta mucha claridad para señalar que el socialismo es nuestro proyecto estratégico. Por ello, es preciso avanzar en la construcción de alianzas que permitan la construcción del proyecto popular; este Congreso debe discutir cómo la CLOC-VC se involucra en el proceso del ALBA como estrategia para acumular fuerzas”.
La dirigenta campesina enfatizó en la necesidad de hacer un camino de construcción para romper la democracia representativa y construir una participativa; según ella es necesario romper el verticalismo, multiplicar la participación, las tareas y el ejercicio de la democracia desde las organizaciones, bajo los valores socialistas, recuperando un parámetro de acción de los dirigentes y militantes, y agrega: “frente a la situación en nuestro continente, se precisa avanzar en la formación de cuadros, que dominen el conocimiento científico para interpretar y transformar la realidad. Hemos dado pasos importantes, tenemos una red de formación como son los IALAs, hay mucho por avanzar. No es sólo comunicación, es política, estrategia para disputar la batalla de ideas”.
Otro de los desafíos político-organizativos, es la necesidad de fortalecer y avanzar en el trabajo con la juventud del campo y la ciudad. Hoy se constata que se cuenta con una juventud que ha perdido la rebeldía en esta sociedad de consumo. Otro elemento es la organización y participación política de las mujeres, como sujetas políticas del proceso. También es necesario según lo manifestado por Itelvina Massioli “acompañar los procesos más avanzados en el continente, con una mirada crítica; pero no podemos dejar que el imperio siga dando golpes, dividiendo, impidiendo la construcción de los procesos populares”.
Recuperar la solidaridad internacional como un valor, como un principio político, tener mayores espacios de participación democrática, resignificar el rol de las comunicaciones al interior de las organizaciones, dar la batalla frente a esta contraofensiva de la derecha más recalcitrante, fortalecer lo político y lo orgánico, y dar respuestas contundentes y articuladas desde todo el continente, son parte del debate y la reflexión de este V Congreso de la CLOC, y también parte de los desafíos que enfrenta para el nuevo periodo de construcción y luchas".
13/10/2010
2. La defensa del maíz y la agricultura campesina e indígena para erradicar el control territorial de los hambreadores y desertificadores
Un vistazo y muchas aristas
Por la revista Biodiversidad, sustento y culturas (enero 2007 n º 51-4) de GRAIN
"Presentamos un resumen de reflexiones y prácticas provenientes de muchos ámbitos, que nos ayudan a entender un poco los obstáculos por remontar. Los textos fueron extraídos de la separata que Biodiversidad, Sustento y Culturas elaboró en octubre de 2006 como un compendio de lo volcado en números anteriores. Sirvan estos fragmentos para hacer memoria, afilar la discusión y promover la lectura de un documento que será importante en Nyéléni 2007.
La OMC y los diversos tratados multilaterales, bilaterales o regionales, tienen fundamentalmente por objetivo legalizar y garantizar la reproducción del capital de las corporaciones a escala internacional, el control político necesario en todos los sectores y en forma principal en el sector agrario, vinculado al control territorial y de los recursos naturales. (Andrés Barreda, “Los objetivos del Plan Puebla Panamá”. En Economía Política del Plan Puebla Panamá. Editorial Itaca, México, 2002.)
Los objetivos centrales de la nueva estrategia corporativa. Levantar restricciones producto del monocultivo; asegurar y aumentar los mercados de plaguicidas y semillas; reclamar derechos de propiedad y obtener rentas del acto de sembrar; avanzar en la estrategia de mayor integración y control de las cadenas agroalimentarias. Entre los pilares básicos están los derechos de propiedad intelectual (dpi) mediante patentes sobre organismos vivos existentes o “mejorados” genéticamente para que los ciudadanos, entre ellos los agricultores, no tengan posibilidad de decidir; definir qué ciencia es válida mediante el reduccionismo genético; impulsar una definición estrecha de bioseguridad; controlar la agenda de investigación agrícola.
La biotecnología refuerza así la tendencia dominante a que los pequeños productores, campesinos y pueblos indígenas pierdan el control, que ya tienen acotado, de la capacidad de decidir. Al ser una tecnología que atenta contra la pequeña producción incide en forma fundamental en la recreación de la biodiversidad cultivada dado que históricamente ha sido una tarea que han llevado adelante campesinos, pueblos indígenas y pequeños agricultores, sectores de las sociedades en donde la biodiversidad y las semillas son esencia de cultura y sustento. Hoy la gran paradoja en el campo latinoamericano es que siendo sociedades predominantemente agrarias, y siendo los países netos exportadores de alimentos, los niveles de pobreza y alimentos insuficientes son mayores en la población rural.
En América Latina las denominadas reformas estructurales a favor de los intereses de las grandes empresas transnacionales y de la hegemonía norteamericana están teniendo un profundo impacto en la sustentabilidad en sus cuatro dimensiones: social, aumentando las desigualdades en el acceso a los recursos y la exclusión de la ciudad y el campo; ecológica, degradando y destruyendo ecosistemas y diversidad biológica y cultural; económica, donde las “necesidades del mercado” antogonizan con las necesidades humanas; y política, incrementando la concentración del poder en la toma de decisiones. (Biodiversidad, “Estrategias corporativas agroindustriales en América Latina”.)
El control social no siempre es ejecutado
a través de
la opresión y la violencia directa del Estado, sino cada vez más por medidas y
manejos económicos.
De
haber continuado África con su trayectoria de desarrollo sin la influencia de
los europeos, bien podría no enfrentar la crisis de hambre que hoy enfrenta.
Europa occidental estableció una relación que aseguró la transferencia de
riquezas de África a Europa, que ha perdurado desde entonces. Las tarifas
comerciales y los subsidios son manifestaciones modernas de las desigualdades
que comenzaron con el colonialismo. Este derrame del Sur al Norte fue en 1992 de
619 200 millones de dólares. En términos de agricultura,
“el colonialismo destruyó las pautas culturales de producción mediante las
cuales las sociedades tradicionales satisfacían anteriormente las necesidades de
las personas”.
(Martin Khor, “South-North Resource Flows and their Implication for
Sustainable Development”. Third World Resurgence, núm. 46, 1994.)
El maíz es el logro agronómico más importante de la historia de la humanidad: de un simple “pasto” (el teocintle) los pueblos campesinos indígenas de Mesoamérica crearon una planta con gran valor nutricional, de enorme versatilidad para su cultivo en muchos ecosistemas diferentes y para multiplicidad de usos. No se reproduce en forma silvestre, es un cultivo ligado para siempre a sus creadores a los que según los mitos fundantes de las culturas mesoamericanas, también creó, en un camino de cuidados recíprocos. (Silvia Ribeiro, “El día en que muera el sol”, Seedling, julio de 2005.)
–Está
bien defender el maíz...
–Pero defenderlo implica que los suelos puedan reconstituirse...
–Entonces hay que cancelar los agroquímicos que lo han deteriorado, es decir, volvamos a las siembras sin químicos...
–Pero entonces debemos propiciar que no haya tampoco deslaves ni erosión...
–Está bien, para eso debemos reequilibrar el agua...
–Está bien, pero eso implica entonces cuidar los bosques, para que detengan la erosión, propicien las lluvias, refresquen con oxígeno la región...
–Sí pero para eso debemos defender nuestro territorio y para hacerlo es necesario emprender acciones en pos de nuestros derechos agrarios y de pueblo...
–Sí pero eso implica un trabajo de organización comunal real, donde quienes sean representantes, de veras obedezcan el mandato de la comunidad.
–Eso a la vez implica entonces reforzar el papel de las asambleas comunitarias, ya no sólo comunales, cerrando la brecha entre las autoridades tradicionales y las agrarias, algo que los gobiernos intentaron siempre separar.
–Entonces se hace necesario tener maíz, para que quienes asuman un cargo no se vean en la necesidad de trabajar en otras cosas, y al mismo tiempo sigan anclados a la tierra, como campesinos en igualdad de circunstancias que el resto de los comuneros.
Para el pueblo wixárika, existe una especie de círculo mágico que arroja una propuesta de integralidad donde nada de lo que hagan puede estar desvinculado. Y entonces proponen una reconstitución integral de las comunidades, enfatizando la organización comunitaria y el cultivo del maíz como corazón de una resistencia y por ende la posibilidad de una autonomía, ejerciendo plenamente su territorio en todos los planos, desde el más geográfico hasta el sagrado, pasando por la riqueza de las relaciones humanas y con todo, por que todo está vivo. (En defensa del maíz [y el futuro], una autogestión invisible, irc, mayo de 2004.)
Es inaceptable que la FAO respalde
la necesidad de propiedad intelectual de las corporaciones. Esto implica el
apoyo de la FAO a la biopiratería corporativa, puesto que
los recursos genéticos que las
corporaciones buscan patentar provienen del trabajo de mejoramiento que han
hecho los agricultores durante miles de años.
La contaminación genética está dañando el corazón mismo de los centros mundiales de diversidad de los cultivos. La FAO deja este hecho de lado sin prácticamente mencionarlo. Para los pueblos que crearon la agricultura esto constituye una agresión contra su vida, contra los cultivos que crearon y nutrieron y contra su soberanía alimentaria. Durante varias décadas la FAO ha conducido un debate internacional en torno a la erosión genética. Con el advenimiento de la ingeniería genética, la amenaza de erosión se ha incrementado. Como institución normativa intergubernamental para los recursos genéticos, la FAO debería estar desarrollando políticas para prevenir la erosión genética y tomar acciones frente a sus implicaciones negativas a nivel global. (Fragmento del rechazo al Informe 2004 de la FAO , “Biotecnología: ¿respondiendo a las necesidades de los pobres?”, firmado por 650 movimientos y organizaciones de la sociedad civil y 850 individuos de todo el mundo.)
Terminator, la Tecnología de Protección de Genes
o de
restricción del uso genético es un invento que acota la vida desde lo más
íntimo, y desde allí, desde ese núcleo invisible,
busca asegurar la destrucción de
la autonomía campesina.
¿Cuál autonomía campesina? La que contundentemente y sin alardes resuelve la
vida de 1.400 millones de personas, la cuarta parte de la humanidad. La
humanidad que cuida la tierra, que resguarda la diversidad de plantas y
animales, que asegura el fluir infinito del agua, que tiene la posibilidad de
producir sus alimentos, es decir, ser dueños de su existencia sin rendir cuentas
a las transnacionales. La humanidad que produce al menos el 20 por ciento de
toda la comida del mundo. El ciclo agrícola campesino, ejercicio de una relación
sin intermediarios entre la comunidad y el territorio y sus frutos, que incluye
no solamente los “insumos agrícolas” sino también las celebraciones, las
enseñanzas, las historias, el emparentarse y resolver en colectivo, es el botín
que codician los vendedores de Terminator. No para suplantar a los agricultores
sobre la parcela, sino para transformarlos irreversiblemente en cualquiera de
los tipos de esclavos modernos, en el campo y en la ciudad, de cuya sangre se
alimenta el capital. (Verónica Villa, “Guerra biológica contra los
campesinos”, Ojarasca 107, La Jornada, marzo de 2006.)
Los intentos por certificar las semillas
como orgánicas son un paso más en el intento de apropiación de las semillas de
los agricultores para continuar creando monopolios y apropiándose de la base del
sustento de la humanidad. Resulta absurdo e inaceptable que las grandes
corporaciones de las semillas participen ahora en la certificación orgánica de
las mismas cuando han sido ellas quienes han contaminado las semillas locales en
diversas partes del mundo con sus semillas transgénicas y han hecho esfuerzos
extraordinarios por dificultar la agricultura orgánica, especialmente entre
campesinos.
Esta iniciativa es especialmente peligrosa en el momento que se impulsan concertadamente otras iniciativas destinadas a ilegalizar las semillas campesinas. (Red por una América Latina Libre de Transgénicos, Redallt.)
Hay que rechazar la certificación.
Crear alternativas, pero fundamentalmente establecer la palabra de la familia
agricultora y del consenso veredal o de la organización campesina como fuente
primaria de credibilidad...Sin
excepción, todos los cuerpos legales que han sido aprobados o están en proyecto
incluyen la creación o expansión de un sistema u organismo nacional de semillas,
al que asignan autoridad sobre todo lo relacionado con la certificación y
registro de semillas (“obtentores”) y comercializadores de semillas. En
la mayoría de los casos, la ley también entrega a este organismo nacional la
capacidad de decisión sobre la liberación de cultivos transgénicos, aunque no de
manera exclusiva. En al práctica los nuevos sistemas o institutos de semillas
tienen la atribución de decidir qué se aceptará como semilla y quiénes podrán
actuar como productores y comercializadotes de ellas. Pero inmediatamente
después las mismas leyes o reglamentaciones establecen que la nueva institución
deberá transferir al menos parte de sus atribuciones fiscalizadoras y
certificadoras a entes privados, bajo el único requisito de que éstos cuenten
con capacidades técnicas y de infraestructura que el ejercicio de atribuciones
delegadas puedan requerir... Toda semilla deberá ser fiscalizada, insisten. Las
semillas que no cumplan con las normas quedarán fuera de la ley.
En la mayoría de los casos será ilegal utilizar semilla no registrada; en algunos países será ilegal incluso transportar semillas que no hayan sido registradas o que no cumplan con los estándares de certificación, aun cuando se intercambie como semilla ni certificada. (Mario Mejía Gutiérrez, “La certificación como instrumento de dominación”.)
La situación de guerra impacta porque uno de los primeros efectos que tiene es romper todos los tejidos sociales, especialmente en el campo, pues donde más se sufre y donde más se vive la guerra es ahí. Los grupos indígenas y campesinos, las comunidades negras, son los más afectados por el desplazamiento forzado que los obliga a salir de sus territorios. En los últimos diez años han sido desplazadas casi tres millones de personas de los territorios locales y las más golpeadas son las comunidades campesinas e indígenas. Esto tiene impactos muy grandes en la seguridad alimentaria, en la pérdida de biodiversidad. Cuando una comunidad o una familia es desplazada lo primero que pierde son sus recursos locales, en especial sus semillas, sus animales y muchas de sus variedades locales. Sobre todo en territorios donde ya vienen siendo amenazadas por el modelo de la Revolución Verde y por todas las otras políticas globales y nacionales.Muchos no pueden regresar a sus territorios, muchas de estas variedades se han perdido y eso afecta los sistemas productivos, el conocimiento tradicional y la totalidad de la biodiversidad. (Germán Vélez, Grupo Semillas de Colombia.)
En nuestras comunidades el maíz se siembra
y será poco, pero para nosotros es suficiente porque nos dura un año. Si el maíz
dura un año la gente tiene para comer, no tiene tantas preocupaciones. Los
maíces nativos son resistentes a los temporales malos que llegan a nuestras
comunidades. Los maíces híbridos o transgénicos no creo que nos puedan resistir
un año. Hay prácticas en algunas comunidades donde se ha llegado a recoger hasta
ocho toneladas por hectárea, pero a los tres meses ese maíz está hecho polvo.
Ese maíz está diseñado para venderlo. El maíz de nuestras comunidades no es para
venderlo; es para consumirlo nosotros, es para resistir, para que nosotros
comamos. (Aldo González, comisariado de bienes comunales de Guelatao,
Oaxaca.)
La curadora de semillas
es parte del sistema de abastecimiento de semillas de las comunidades: su papel
es de una especialista tradicional. Las curadoras no son multiplicadoras de
semillas. Su objetivo es mantener la diversidad de plantas, no la producción
masiva de semillas como hacen los multiplicadores.
“Una curadora es la guardiana de las semillas ya que protege plantas que le han sido encargadas por personas que le han traspasado ese conocimiento, sobre todo en lo que se refiere a medicina y alimentación, y comparte estos conocimientos como las plantas y semillas con otros para asegurar la continuidad de éstas en la tierra entregando responsablemente a personas que sí la van a conservar y mantener para que perduren en el tiempo.” Sus principios son:
1. Ella sabe que lo que la naturaleza nos da es para descubrirla, cuidarla, mantenerla y compartirla.
2. Es la guardiana de las semillas ya que protege plantas que le fueran encargadas por personas que le han traspasado ese conocimiento, sobre todo en los referente a medicina y alimentación.
3. Comparte estos saberes como las plantas y semillas con otros para asegurar su continuidad en la tierra, entregando responsablemente a personas que sí la van a conservar y mantener para que perduren.
4. Conoce el significado y uso de las plantas que conserva.
5. Mejora la calidad de sus semillas, reproduce, cosecha, selecciona y almacena con sabiduría y conocimiento que ha ido adquiriendo.
6. Se relaciona profundamente con ellas; es una vinculación en torno a los ciclos de la vida.
7. Trabaja con amor y cariño con sus plantas y semillas para que den buenos frutos.
8. Es solidaria ya que sabe que le fue heredado un saber a través del compartir y por tanto tiene valores morales que están presentes en compartir y no en coleccionar.
9. Sabe que su misión es la continuación de la vida en la tierra.
(Resumen de los Talleres de Formación de Curadoras de Semillas en el sur de Chile, Cultura de Semillas, y Mejoramiento Participativo. Red de Conservación de la Biodiversidad Campesina/cbdc-Network.)
Fuente: http://www.grain.org/biodiversidad/?id=337
3. La construcción de otro mundo posible por ver la crisis integral del capitalismo e imperialismo y al G-20 descargándola sobre los pueblos
Movimientos y organizaciones sociales del mundo entero se movilizan para protestar contra la cumbre del G-20
Por ATTAC-Acordem
"20 Países no deben decidir el futuro del Mundo entero.
Por el cambio de sistema, construyamos Otro Mundo.
Que la crisis no la sigan pagando los pueblos.
El terremoto financiero de finales de 2008, última expresión de una crisis integral del capitalismo neoliberal (que incluye la crisis climática, de los precios de los alimentos, la crisis energética y de falta de empleo y persistente pobreza), continúa diseminándose por el mundo con su rostro trágico para los pueblos de los países ricos y pobres del planeta.
Los poderes mundiales reaccionaron a la crisis inmediatamente, articulando sus esfuerzos para salvar el sistema que, como muestra claramente la crisis, es responsable por el aumento de desigualdades y pobreza en el mundo. Los líderes de los países más poderosos, que se reunían en el G8, resolvieron dar una nueva configuración al G20 al invitar los Jefes y Jefas de Estado de este grupo restringido conformado por las economías grandes y “emergentes”, para unirse con ellos y los ministros de finanzas durante las Cumbres del G20. Autoproclamándose como el “nuevo foro para la gobernabilidad económica mundial”, el G20 renovado busca afirmarse como centro del poder global, dándole la espalda a los demás 172 países que integran la ONU que, no por casualidad, son principalmente los más pobres del mundo.
La inclusión de los países “emergentes” del Sur Global no es una señal del altruismo del G8 que desea consultar y juntar las manos con los países en desarrollo; más bien representa un cambio de táctica. El G8 decidió invitar a estos países en desarrollo a participar de su club exclusivo con el fin de; 1) obstaculizar el avance en la creación de las alianzas sur-sur y silenciar los cuestionamientos al modelo liberal, 2) devolverle al G8 un poco de su legitimidad menguante y 3) acceder a las divisas que se acumulaban en esos países llamados emergentes. Al acceder a las divisas de los países del sur global, los ‘antiguos’ poderes del G8 lograron salvar temporalmente el sistema financiero del colapso y resucitar al moribundo FMI y otras instituciones financieras internacionales, que vuelven ahora a la carga con sus programas de ajuste estructural, ya no sólo en el Sur, sino también en el Norte.
En tanto, inclusión no significa igualdad en la participación. Como se puede ver, el poder real de toma de decisiones permaneció en el ‘antiguo’ G8 y sus corporaciones. Además, expansión no significa legitimidad. El G20 es tan ilegítimo y anti-democrático como el G8. Es una entidad no elegida y no representativa, que no representa ni debe representar, ni tomar decisiones sobre los rumbos económicos y políticos del mundo entero.
Y como en el caso del G8, el objetivo real del G20 no es resolver la crisis, sino revitalizar el régimen neoliberal. Las medidas “activas”, supuestamente orientadas a salvar al conjunto de las economías en crisis revelan la verdadera agenda e intereses del G20. Ideas introducidas en el debate inicialmente (sobre todo las propuestas de impuestos a las transacciones financieras y control a los paraísos fiscales) han sido substituidas por presiones para impulsar políticas de austeridad fiscal, mayor liberalización comercial y de las inversiones, la promoción de nuevos negocios y más especulación financiera, a través de las falsas soluciones de mercado para la crisis climática, sobre todo el mercado de carbono. Aún más, sus reformas financieras no imponen ningún control real y democrático de las operaciones de los bancos o transnacionales.
Contra todas las evidencias de un modelo fallido, que no sólo ha hundido a millones de personas del mundo entero en la pobreza, sino que contribuye diariamente a la destrucción de las bases mismas de la vida del planeta, los gobiernos del G20 persisten en fomentar el continuismo.
O aún peor, el G20 – que surgió inicialmente para contener la crisis – ahora busca transformarse en el espacio de poder político, en el cual se pretende definir los rumbos de la economía mundial y la gobernabilidad, ampliando cada día más su agenda para abarcar temas climáticos, de subsidios a los combustibles fósiles e inclusive de la asistencia internacional, sin hacer nada sustantivo en estas áreas. Con las negociaciones estancadas en la Organización Mundial del Comercio (OMC), es evidente que dichos países están enfocando sus esfuerzos en el G20, ya que éste se vuelve cada vez más el centro de debate y de toma de decisiones sobre el orden económico mundial.
Nuestras demandas
Nosotros, movimientos y organizaciones sociales, debemos detener la agenda del G20 y este proceso antidemocrático, mientras seguimos construyendo desde abajo alternativas social y ecológicamente sostenibles y democráticas. Exigimos:
- un cambio de modelo económico, lo que implica poner fin al neo-liberalismo y avanzar hacia un nuevo modelo, basado en un cambio sistémico y para el beneficio y bienestar de todos los pueblos del mundo (y no el lucro de las empresas), incluyendo la adopción de estrategias económicas audaces para crear empleos decentes, así como una nueva arquitectura financiera internacional;
- un alto a las “soluciones” de mercado para el cambio climático y al antidemocrático Acuerdo de Copenhague (un claro retroceso frente a los aspectos positivos del Protocolo de Kyoto) y la adopción inmediata de cambios profundos en el sistema de producción, distribución y consumo;
- el fin del sistema global de alimentación, basado en la especulación de precios por parte de las empresas de agronegocios y que éste sea remplazado por un sistema de producción y distribución de alimentos que apoye a los pequeños agricultores y promueva la soberanía allimentaria;
- la suspensión de todas las negociaciones comerciales en curso actualmente en la OMC y de los acuerdos bilaterales o birregionales de comercio e inversión, hasta que se concluya un nuevo acuerdo internacional sobre reglas comerciales y de inversión centradas en un desarrollo verdaderamente justo y sostenible para beneficio de todos y todas.
Los movimientos que luchan por alternativas democráticas y por justicia social y climática deben unirse para exigir cambios reales y denunciar el G20, que representa una amenaza a los pueblos del mundo y un blanco emergente en la disputa por el poder mundial.
¡Movilización ya!
Participemos en la Semana de Acciones Colectivas de los Pueblos en Seúl, del 6 al 12 de noviembre de 2010
El Comité de Preparación de la Respuesta de los Pueblos al G20 – una coalición amplia de sindicatos, movimientos sociales y ONGs progresistas coreanas, creado para responder a la Cumbre del G20 en Seúl – está llamando a los movimientos sociales del mundo entero a unirnos en torno a la Semana de Acciones colectivas en Seúl, que se celebrará del 6 al 12 de noviembre de 2010. Durante esta semana de acción las principales actividades serán: (...)
TODOS A SEÚL, DETENGAMOS LA AGENDA CORPORATIVA DEL G20!!
POR EL FIN DEL CONTINUISMO Y EL CAMBIO DEL SISTEMA!!
Lista inicial de adhesiones:
Fuente original: http://www.acordem.org/2010/10/03/llamado-a-los-movimientos-y-organizaciones-sociales-del-mundo-entero-a-protestar-frente-a-la-cumbre-del-g-20-en-seul/
Fuente: http://www.rebelion.org /Mundo/ 06-10-2010
4. El derrumbe de la internacionalización y financiarización del capital mediante desmonopolización del poder hacer y dirigir
Declaración de la Asamblea de los movimientos sociales IV Foro Social Mundial de las Migraciones en Quito (8-12 de octubre 2010), 11 de octubre
“Pueblos en Movimiento por una Ciudadanía Universal:
derrumbando el modelo, construyendo actores”.
(Propuesta para la discusión)
1. El actual escenario internacional atraviesa por una crisis estructural del modelo civilizatorio capitalista, neoliberal y patriarcal.
2. Este modelo está comandado por las grandes corporaciones multinacionales y algunos gobiernos que se mueven en el marco de la internacionalización y la financiarización del capital que -en su afán de acumulación desmedida- profundizan la degradación ambiental y la precarización laboral. Este proceso implica la agudización del desarrollo desigual y de las asimetrías al interior de los países y entre los países y regiones, con el incremento de la inequidad y la exclusión social, la discriminación, el racismo y la xenofobia.
3. Esta creciente discriminación étnica, racial y de género reflejo de las emergentes políticas de criminalización de las mujeres y hombres migrantes de todas las edades que han ido avanzando en una creciente militarización de las fronteras, externalización y regionalización tiene su cara más cruda en los recientes acontecimientos de expulsión del pueblo rom de Francia, en los constantes rechazos en la Valla de Melilla, en la Ley Arizona, los miles de muertos en las diferentes fronteras del mundo, los miles de desplazados climáticos anuales de Bangladesh y la masacre de los 72 migrantes en Tamaulipas, México.
4. La migración forzada es una consecuencia del proceso de reestructuración capitalista que entraña una creciente monopolización de la producción, los servicios y el comercio globales. Estas migraciones masivas se deben a la violencia de conflictos y catástrofes, la trata de personas y el tráfico ilícito de migrantes y al despojo, la exclusión y el desempleo.
Crisis global y flujos migratorios
5. Se trata de una crisis multidimensional del capitalismo: económica, financiera, energética, ambiental y alimentaria. Esta crisis representa el fracaso de la globalización neoliberal, especialmente en su dimensión financiera, con graves consecuencias sociales y ambientales para el conjunto de la humanidad.
6. En los países de origen, la crisis ha significado de inmediato una reducción en los flujos migratorios, una caída en las remesas y lo más importante, refuta el falso paradigma del desarrollo basado en la migración internacional y las remesas, promovido en los últimos años por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, como una forma de justificar las políticas de ajuste estructural y la desaparición de las políticas nacionales de desarrollo económico y social como prioridad de los gobiernos.
7. Las economías del sur global (África, Asia y América Latina), antes de la crisis experimentaron un importante crecimiento económico basado en la exportación de materias primas, reafirmando el papel histórico de estos países como proveedores de recursos naturales y energéticos. Este crecimiento trajo consigo la expulsión de millones de personas, sin opciones de un verdadero proceso de desarrollo económico y social integral.
8. El modelo funcionó para el gran capital industrial y financiero mientras las economías receptoras estaban en condiciones de absorber esta inmensa corriente migratoria, pero ahora, cuando la crisis persiste y en el norte se prioriza restablecer la rentabilidad de las grandes corporaciones, se evidencia más que nunca la falta de sustentabilidad del modelo, que pone en peligro la vida, la reproducción de la vida, la existencia misma de la humanidad y del planeta.
9. En relación con lo anterior, el cambio climático (resultado de la degradación ambiental provocada por el desarrollo capitalista) se impone hoy día como una cruda realidad, trayendo consigo transformaciones dramáticas en los ecosistemas y en la vida de millones de personas, trayendo consigo más migraciones y afectando especialmente a los habitantes de las zonas rurales, costeras y urbano-marginales, convertidos ahora en los nuevos migrantes y refugiados climáticos, con particular impacto sobre los países económicamente dependientes. Esta situación se ve agravada por el desarrollo de megaproyecctos como represas, carreteras, minería y agronegocios, generando así mayores desplazamientos especialmente de los pueblos indígenas, afrodescendientes y campesinos.
Derechos humanos y migraciones
10. En las diferentes etapas del ciclo económico mundial, la constante es una sistemática violación de los derechos humanos de las personas migrantes, refugiadas y desplazadas en los países de origen, de tránsito y destino. Esto implica el desafío de garantizar la vida de todos los migrantes mediante el diseño e implementación de políticas públicas (en los ámbitos social, económico, migratorio) que pongan en el centro de su concepción a las personas e incorporen la perspectiva de derechos humanos, de género y diversidad cultural, lo cual implica participación efectiva de las y los migrantes, rendición de cuentas, igualdad y no discriminación, mecanismos de exigibilidad, justiciabilidad y no regresividad.
11. Defendemos el derecho al arraigo como resultado del cumplimiento de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, la libre movilidad humana y el retorno, el derecho a migrar, a no migrar y a no ser desplazados y desplazadas y el derecho a la paz. Frente al hecho de que las fronteras se han convertido en espacios de no derechos nos pronunciamos por una nueva convención en las NNUU que garantice el respeto de los derechos humanos en todas las fronteras del mundo.
12. Las guerras internacionales, los conflictos armados internos, las violaciones masivas al derecho internacional humanitario y a los derechos humanos siguen provocando desplazamientos forzados y flujos de refugiados en busca de protección que afecta la vida de millones de personas. Los gobiernos niegan la magnitud de la crisis e imponen modelos de seguridad y militarización de las fronteras en detrimento de los derechos de las personas en situación de desplazamiento y refugio.
13. Es necesario desarrollar mayor conocimiento respecto de la situación de las diversas formas de migración, con especial énfasis en las mujeres migrantes y en las niñas, niños, adolescentes y jóvenes, y generar indicadores que den cuenta de la realización y cobertura de los derechos humanos de todas las personas migrantes, refugiadas y desplazadas en las distintas regiones y países, así como que den cuenta de la contribución de las personas migrantes, refugiadas y desplazadas en los países de destino y los costos para los países de origen.
Diversidad, convivencia y transformaciones socio-culturales
14. Reconocemos que las migraciones internacionales, en la actualidad, plantean grandes retos con relación a la diversidad cultural, la interculturalidad, la multiculturalidad y la construcción de identidades. Partimos del reconocimiento de que no hay ni puede haber jerarquías entre las distintas culturas, sino relaciones de complementariedad y solidaridad que potencien los saberes de todos los pueblos involucrados en el dinámico proceso de las migraciones.
15. En este sentido, destaca el hecho de que los Estados en los países de origen y destino, en la gran mayoría de los casos, es poco lo que hacen para el desarrollo de políticas que favorezcan nuevas formas de convivencia y reconocimiento de la diversidad, siendo que ese vacío es ocupado por organizaciones de la sociedad civil y asociaciones de migrantes que asumen la implementación de programas de apoyo y soporte orientados a esta población. Cabe indicar que en este marco, por ejemplo, las familias transnacionales no cuentan con políticas claras por parte de los gobiernos para favorecer por un lado su reunificación y por otro procesos que aseguren su plena participación en las sociedades de acogida y en sus países de origen.
16. Es muy importante considerar las cuestiones de género, etnia, generacional, clase, diversidad religiosa y diversidad sexual, al pensar e implementar políticas orientadas a la población migrante. Estas últimas no pueden dar un trato igual a colectivos y a individuos con características específicas. Determinados colectivos, como las mujeres, las niñas, niños, adolescentes y jóvenes, la población afrodescendiente e indígena, la población con prácticas y orientaciones sexuales diversas, las personas con discapacidades, entre otros, sufren más fuertemente la discriminación y la xenofobia, por lo que es indispensable adecuar las políticas al reconocimiento de estas diferencias, como forma de superar en la práctica sus consecuencias nefastas.
Nuevas formas de esclavitud, explotación humana y servidumbre
17. En el contexto de la globalización, de aperturas aceleradas de las economías nacionales, desmantelamiento y privatización de las estructuras estatales, la industria del crimen crecientemente controla la trata de personas y el tráfico ilícito de migrantes, como un nuevo espacio de valorización de sus actividades, produciendo nuevas formas de esclavitud, explotación humana y servidumbre en los diferentes corredores migratorios mundiales. Esto obliga a los diferentes Estados nacionales a garantizar la protección de las personas migrantes, refugiadas y desplazadas (especialmente las mujeres, niñas, niños, adolescentes y jóvenes), respeto a las convenciones internacionales, colaboración internacional entre los países para garantizar lo anterior y combate y sanción a las redes internacionales de crimen organizado.
18. La feminización creciente de los flujos migratorios mundiales, se explica en gran medida por la incorporación de las mujeres a las cadenas globales de cuidado en los países de destino, bajo una fuerte precarización laboral que conlleva todo un proceso de degradación personal y con graves impactos familiares en las comunidades de origen, configurando una de las nuevas formas de servidumbre del siglo XXI. Con relación a la trata con fines de explotación sexual, en muchos países para la protección de las víctimas se aplican las leyes de migración y no las leyes de protección recomendadas por el protocolo de Palermo.
19. Demandamos la eliminación de los llamados programas de trabajadores/as temporales, huéspedes o invitados, que configuran una forma de esclavitud legal, bajo las nuevas modalidades de convenios que le dan curso legal a la explotación de la fuerza de trabajo, violando todos los derechos laborales, sociales y políticos de los y las migrantes, con la complascencia tanto de las autoridades de los países expulsores como las de los países de destino.
Propuestas, demandas y desafíos
20. Con relación al papel que le cabe a un proceso como el FSMM, el reto de construir un nuevo paradigma civilizatorio que asegure una relación armónica entre los derechos de los seres humanos y los de la Madre Tierra, y que a su vez permita pensar y definir nuevas políticas sobre desarrollo y migración, requiere transitar de la visión de foros como eventos, hacia una perspectiva de procesos de aprendizaje y colaboración mundial de los actores que permita el fortalecimiento de las organizaciones de migrantes en los ámbitos de toma de decisiones, el fortalecimiento de redes para enfrentar los impactos del modelo en crisis y la construcción del nuevo modelo.
21. Este desafío implica, además, la construcción de poderes locales, regionales, nacionales y mundiales, que permitan gradualmente ir ganando espacio en la definición de agendas públicas, programas y proyectos de desarrollo con un enfoque de derechos plenos para todos los habitantes del planeta: la construcción colectiva de una Ciudadanía Universal, con el fortalecimiento de las organizaciones de migrantes y sus comunidades de origen como los nuevos agentes de la transformación social.
22. Nuevos modelos de desarrollo con una visión integral de derechos humanos deberá articular a las migraciones como un elemento que tiene impactos positivos y costos y que obligan a generar políticas públicas de desarrollo alternativo que potencien los primeros y reduzcan los segundos. Las organizaciones de migrantes que han adquirido un creciente protagonismo social y político en sus países de origen y en los de destino, con diversas iniciativas solidarias de desarrollo local e incidencia política, podrán actuar como un aliado estratégico de sus propias comunidades de origen en la realización de las nuevas estrategias de desarrollo.
23. Otro de los retos en la dinámica de construcción y fortalecimiento de nuevos actores, consiste en la incorporación de la visión de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes, para lo cual se requiere de estrategias y mecanismos adecuados que aseguren incorporar sus propuestas y una participación efectiva en el proceso.
24. Exigimos el respeto irrestricto de los derechos humanos de las personas migrantes y el cierre inmediato de todos los centros de internación y detención a lo largo del mundo. Así como la supresión de las crecientes redadas y deportaciones de cientos de miles de migrantes en los países de tránsito y destino.
25. Denunciamos el enfoque delincuencial y criminalizador de los medios de comunicación masiva sobre las personas migrantes, que incitan a la xenofobia y al racismo. Exigimos una información objetiva y fundamentada.
26. El FSMM reitera su vocación de solidaridad y apoyo a las causas de todos los pueblos del mundo, muy especialmente a la causa del pueblo palestino para garantizar su derecho al retorno y en su condena a las políticas racistas del gobierno israelí. Asimismo apoyamos la causa de los pueblos saharaui, kurdo y de todos aquellos pueblos que sufren la violencia, la expulsión y el desplazamiento por razones económicas o políticas en todos los continentes, entre los casos más críticos el de Colombia, Sudán, Irak.
27. Favorecer el desarrollo de alianzas con otros actores sociales, sindicatos e instituciones académicas progresistas.
28. Exigimos la firma y ratificación de la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y sus familias, así como de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, a todos los estados que no lo han hecho; la elaboración de los informes periódicos y su efectiva aplicación por los estados parte. Asimismo, recomendamos la generación de informes alternativos por parte de la sociedad civil.
29. Exigimos que en el marco de las Naciones Unidas se materialice un organismo para las migraciones desde la perspectiva de los derechos humanos.
30. Exigimos la anulación de los acuerdos y cláusulas de readmisión y cese de acuerdos de este tipo entre Europa y terceros países y entre terceros países entre sí, así como la protección de las personas migrantes que están siendo expulsadas con la aplicación de estos acuerdos.
31. Reafirmamos nuestro compromiso con la construcción colectiva de un nuevo modelo civilizatorio que privilegie la vida, la integración de los pueblos, la armonía entre las mujeres, los hombres y la naturaleza y garantice la reproducción y sostenibilidad de la humanidad y la Madre Tierra para los siguientes milenios.
POR UN MUNDO CON DERECHOS, PARA TODAS LAS PERSONAS, EN TODO LUGAR Y EN TODO MOMENTO … DERRUMBANDO EL MODELO, CONSTRUYENDO ACTORES.
11 de octubre de 2010
Quito, Ecuador
Fuente: www.fsmm2010.ec
En consecuencia, la «soberanía alimentaria» es destruida por las políticas del capitalismo e imperialismo que priorizan el comercio internacional, y no la alimentación de los pueblos. No han contribuido en absoluto en la erradicación del hambre en el mundo. Al contrario, han incrementado la dependencia de los pueblos de las importaciones agrícolas, y han reforzado la industrialización de la agricultura, peligrando así el patrimonio genético, cultural y medioambiental de la planeta, así como nuestra salud. Han empujado a centenas de millones de campesinos(as) a abandonar sus prácticas agrícolas tradicionales, al éxodo rural o a la emigración.
Los campesinos tienen el derecho a producir alimentos básicos esenciales para sus países y controlar el mercado de sus productos. Los precios de los alimentos en los mercados nacionales e internacionales deben ser regulados y deben reflejar el verdadero costo de producción de los mismos. Esto asegurará que las familias campesinas tengan ingresos adecuados. No es aceptable que la comercialización de los alimentos continúe, teniendo como base la explotación económica de los campesinos más vulnerables y la degradación a fondo del medio ambiente. Asimismo, no es aceptable que las decisiones de comercialización y producción sean en gran parte dictadas por la necesidad de divisas extranjeras para cubrir cargas de deudas altas. Estas deudas colocan una carga desproporcionada en los ciudadanos rurales. Exigimos sean condonadas estas deudas.El aumento del hambre y la desnutrición no es por desabastecimiento sino por los precios tan altos por especulación, agroexportación y expansión de agrocombustibles. Aumentar la producción no resolverá esta cuestión, si significa aumentar los costos de producción o si dicha producción, a fin de cuentas, es controlada, acaparada y mediatizada desde sus orígenes por las grandes agroempresas. ¿De qué nos sirven todos los silos atiborrados de cereales si tienden a ser transgénicos, están plagados de agroquímicos y los controlan los especuladores?
El país está hoy ante una encrucijada y tiene que elegir entre dependencia o soberanía alimentaria, entre biodiversidad o transgénicos, entre alimentos sanos y energéticos o contaminados con venenos, entre productores agropecuarios o agronegocios empresariales y entre soberanía territorial o extranjerización de la tierra. En definitiva, entre una producción ambientalmente sustentable y socialmente equitativa o un modelo agroexportador industrial que ya ha demostrado ser social y ambientalmente destructivo.
Las respuestas a la crisis de alimentos, del clima, de energía y la financiera no serán dadas por la vía del mercado, sino por la construcción de un nuevo paradigma donde el uso racional de los bienes comunes pase a tener la centralidad en el futuro de la civilización. En ese sentido, la agricultura familiar de base agroecológica tiene las condiciones para dar las respuestas consistentes y sustentables a los dilemas de la civilización.
Urge la batalla cultural contra el modelo de agricultura industrial o convencional que profundizará más aún las gravísimas consecuencias sociales y ambientales.