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Noviembre 2004 |
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Inhibe el análisis (volver)
Asesina y se justifica aduciendo ausencia de Estado que garantice solución adecuada a su problema.
Realiza un crimen, o varios, sin reflexionar sobre su deber de persona y ciudadano.
Tampoco se ha liberado de la concepción capitalista que privilegia la propiedad privada sobre la vida humana o su criterio personal sobre los principios básicos de la convivencia social.
Su conducta intensifica la violencia e impunidad de una sociedad dominada por la minúscula minoría que se arroga el derecho de acaparar todos los recursos sin importarle originar catástrofes sociales, desaparición de pueblos enteros, degradación humana y destrucción planetaria.
Pero, a la vez, su comportamiento lo hunde en situación de acosado. Soslaya su deber de respetarse a sí mismo, de obrar con autonomía y de defender, ante todo, la convivencia popular.
Ese “deber” se expresa en los trabajadores desocupados que se reúnen y se encuentran hasta con sus propias familias. Se organizan para resistir ser expulsados de la sociedad y cortan el tránsito, se movilizan en procura de trabajo genuino y respuestas inmediatas a la indigencia en que se hallan, no por ellos, sino por el sistema de enriquecimiento a costa de la pobreza y exclusión social.
Reconocen sus derechos humanos y luchan por conseguirlos. Comienzan por afectar los intereses de los grandes grupos económicos. Sin embargo, éstos son protegidos por el Estado y es el Gobierno que lo conduce contra quienes reclaman satisfacción de necesidades básicas para sus familias.
En vez del desarrollo nacional mirando por la vida de todos y cada uno, el gobierno de Kirchner responde a los dictados del FMI que representa a los Estados imperialistas con liderazgo norteamericano.
De manera que la justicia social es sustituida por la judialización o criminalización de los pobres en condición de desocupados, subocupados, superexplotados y jubilados.
La justicia social fundamenta la convivencia pacífica por construir la igualdad de oportunidades para la plena realización de toda persona o familia.
Es cierto que no es tarea política inmediata por la inmersión de la mayoría en la opresión y por la extrema privatización de los medios para vivir.
Pero sí es posible conquistar la libertad política de:
Favorece la derecha (volver)
La persona está y se realiza en interrelación con sus circunstancias de vida. Pero, a la par, es quien las puede transformar si no se limita a vivir y se asocia, identificándose política e ideológicamente, para concretar derechos e ideales.
Por eso, sólo puede creer que se aísla. Ni quien está –alejado de poblados- en tierras marginales, se libra de la voracidad capitalista e imperialista. De ahí que desentenderse de los dramas e injusticias sociales es entregarse a ser víctima del sistema capitalista que se expande a costa de una creciente exclusión social. Más aún, su indiferencia es el apoyo tácito a los opresores.
El sistema capitalista e imperialista convierte a Argentina en colonia inhóspita y hostil para las mayorías. De modo que éstas se hallan inmersas en sobrevivir sea como sea. Es la visión superficial.
Porque, pese a tantas demoliciones e incertidumbres de proyectos del desarrollo social, se multiplican cauces que confluyen –subterráneamente- en la necesidad general de expresar y luchar por la particularidad humana de cada cual (o de sus minigrupos) que, por tender a entablar comunicación social, se solidariza con democratizar y humanizar la sociedad, el país, el mundo.
La lucha cultural e ideológica entre las clases dominantes y las oprimidas se despliega encarnizadamente.
Existen muchísimos mecanismos que quitan fondos públicos, censuran y menosprecian a los sectores populares.
A pesar de tan descomunal poder en contra, la gran mayoría de los adolescentes y jóvenes junto con un importante número de personas pertenecientes a generaciones mayores, se esmeran en sus actividades creativas e investigadoras, en sus responsabilidades profesionales y en sus militancias tanto sociales como políticas.
En consecuencia, ese hundimiento masivo en las catastróficas condiciones de vida no es total, prevalece la esperanza. De ahí la ilusión en Kirchner y la voluntad de cada cual, cada familia, cada colectivo en seguir con su actividad, su conducta, su dignidad sin concesiones a las presiones corruptoras.
Eduardo Buzzi, en el Congreso de la Federación Agraria Argentina, señala:
“hay un país mejor y posible, pero hace falta que tengamos disposición para construirlo”.
Contribuiremos a un país mejor -más digno- donde estemos todos incluidos, si
§ somos capaces de mirar más en profundidad a los problemas del país que desde el individualismo y la televisión;
§ nos metemos y comprometemos, en participar activamente, con las organizaciones sociales o políticas.
Sin embargo, en los sectores populares predomina un sentimiento de no poder transformar la realidad nacional desde el llano.
Es la creencia (infiltrada por el sistema) en que al pueblo no le queda otra que ser convidado de piedra y expoliado frente a la descomunal e impertérrita fortaleza del Estado de oligopolios.
En diciembre de 2001, se comprobó cómo el protagonismo popular puede llevar a cabo cambios sociales. Ese proceso no sólo dejó experiencias imborrables.
Sigue y “echa raíces entre los de abajo. Se multiplica incesantemente en organizaciones, tendencias y facciones de todo tamaño y de muy variadas orientaciones teóricas”.
Jorge
Beinstein (en Enfoques Alternativos de septiembre 2004) define que así la izquierda
protagoniza el descontento y las aspiraciones populares.
“Es su forma
específica y plural de crecer y consolidarse”.
Los sectores populares se asocian para constituir sociedades que representan a sus necesidades e intereses. Sin saberlo aplican el arte y la ciencia de ir creando poder de autogobierno que es la política. Pero, los poderes establecidos perciben y procuran arrasar esos comienzos de nueva sociedad.
De ahí el desafío de los de abajo de nacionalizar la lucha política:
§ contra la represión, la militarización, la judicialización de la protesta social y la construcción del apartheid como metodologías del sistema de mantener a las mayorías privadas de derechos, humilladas y desposeídas hasta de voz;
§ por la organización en defensa, y puesta en práctica, de la dignidad humana de todos los habitantes del país que es sostener y multiplicar la deliberación pública sobre los asuntos estatales y sociales para ir “contra la transformación del Estado y sus órganos de servidores de la sociedad en amos de la sociedad” al decir de Federico Engels.
Más aún, el desafío confronta con el sistema mundial mirando por
Se requiere otro modo de producción, progreso y sociedad que el del sistema capitalista.
Las clases dominantes están encandiladas por su omnipotencia y se aíslan de la realidad objetiva que es la naturaleza con sus leyes independientes de la sociedad. Pero la sociedad está incluida en la naturaleza. En efecto, así como el hombre es un ser biológico, sus necesidades se satisfacen con recursos naturales.
En la Argentina, hay una diversidad popular con conciencia que lucha por sus derechos y por soluciones a sus problemas más perentorios. Se organiza para que se realicen y a medida que choca con el gobierno-Estado, comprende el imperativo de solidarizarse en contra del avance (dirigido por el último) hacia el apartheid de los pobres e indigentes.
Pero le hace falta conciencia (o ideología independiente de la impuesta por el sistema) sobre cómo desarrollar soberanía popular y nacional; cómo participar con lo mejor de cada colectivo y con autonomía; cómo diseñar la Argentina que cuide por la calidad de vida de todos sus habitantes e incorpore de modo protagónico todas las minorías, localidades, provincias y regiones confraternales entre sí y con el continente, el mundo.
Debe ser una percepción desde las artes, las ciencias, las filosofías, las religiones, las profesiones que hayan elaborado una concepción de izquierda que significa el compromiso apasionado y firme con la opción por la sociedad y el mundo según la autodeterminación de los pueblos, la dignidad humana de toda persona y la demolición del sistema expoliador. También se está creando.
Borra las experiencias (volver)
1) La colisión de derechos entre sectores populares (como el corte de ruta o calle y el paro en hospitales o escuelas) se debe a que el gobierno-Estado se dedica sólo hacer grandes negocios con el poder económico e imperial y a erradicar la protesta social.
El gobierno y el Estado deben garantizar los derechos de todos por igual. Desde l975 las políticas públicas promovieron la pobreza y el desempleo de una creciente mayoría. Es un deber prioritario del gobierno de Kirchner de poner fin a este crecimiento.
Pero, Julio Blanck (Clarín 8/l0/04) señala:
“el tema piquetero perdió peso, como problema candente en la agenda del Gobierno”. ¿Por qué? Es un triunfo táctico del Gobierno ante la protesta piquetera. ... “Poca gente, algo de ruido, esfuerzo por conservar la liturgia piquetera. Y, sobre todo, menos alteración del pulso habitual de la Ciudad y de los que trabajan, estudian y circulan por ella”.
El gobierno no sólo elimina la función del poder legislativo y une el poder judicial con las fuerzas de seguridad e inteligencia para la eficiencia represora-terrorista sino que se apropia de lo público y transforma al ciudadano en súbdito por negarle el derecho de movilizarse para peticionar y el de libertad política en general.
Blanck continúa: “El presidente Kirchner pasó el área de Seguridad a la órbita del Ministerio del Interior para darle contenido y control político de la mano de Aníbal Fernández.
También varió de plano la conducta preventiva: legiones policiales y vallados kilométricos empezaron a ocupar el paisaje que antes se había cedido sin disputa.
Y se acentuó el apoyo material y político a los grupos más afines al Gobierno, para enhebrar una cadena de apoyos que hasta plasmaron en un frente piquetero kirchnerista con declarada pretensión electoral”.
“Los piqueteros hicieron otro buen aporte a su propia segregación, al desnudar sus pretensiones político-partidarias...”.
El gobierno de Kirchner practica clientelismo y como
2) “La autoorganización del campo popular es la precondición de su poder y el movimiento político revolucionario debe contribuir a ella”. ¿Cómo? “debe incorporar las reivindicaciones de los distintos sectores populares en su ‘programa’ y a sus representaciones sociales al nivel de decisión ‘duro’”.
Para aclarar Miguel Mazzeo (en Periferias n º 8, segundo semestre 2000) explica:
“Las luchas sociales o reivindicativas (y las experiencias organizativas que generan)
Define “lo político como
§ la instancia que encauza las luchas particulares y las prácticas contrahegemónicas hacia un horizonte trascendente y evita que la lucha reivindicativa termine una vez conseguido su objetivo o frustre;
§ el acto de desmalezar el camino de la realidad;
§ los propósitos comunes o las ceremonias unánimes;
§ lo que pone en movimiento al conjunto más allá de las luchas aisladas”.
A su vez Daniel Campione (Periferias n º 8) manifiesta que
“sigue vacante la construcción de una articulación política para todas las iniciativas populares que se forman en torno de diferentes cuestiones particulares y evolucionan en muchos casos hacia un cuestionamiento global del sistema económico, social y cultural”.
“Ese papel sólo lo puede cumplir una organización horizontalista, plural y democrática. Aclara:
Un objetivo inicial de los esfuerzos de rearticulación organizativa y política de las fuerzas que favorezcan -desde ‘abajo’- la lucha contra el gran capital y la acción democratizadora, consiste en: impulsar la política de calles y de masas; cuestionar la política de <espacios cerrados> que se desenvuelve en ámbitos de negociación ocultos a la mirada popular, o en <simulacros> realizados mayormente en estudios televisivos o radiales”.
“Se requiere entonces un enorme esfuerzo para
· avanzar hacia la rediscusión de las grandes orientaciones, la reivindicación de la militancia, y el combate contra el poder tecnocrático de expertos y funcionarios, que suele ser la otra cara del poder económico;
· volver la política a las calles y a las organizaciones populares;
· sacudir un conformismo hecho de resignación e individualismo.
Si no hay espacio para discutir las grandes líneas de las políticas públicas, todo lo que queda es debatir los ritmos y las modalidades de detalle, en la aplicación de políticas predefinidas, impuestas autoritariamente como las únicas factibles.
Las luchas políticas se vacían de contenido y se cierra el horizonte de la transformación social.
Y el conjunto constituye una invitación a retraerse en lo privado, en el individualismo exacerbado, en la resignación, en un empobrecimiento de las posibilidades vitales.
La ‘negación’ activa de estas condiciones imperantes es el objetivo de la batalla cotidiana contra la sacralización de una realidad de desigualdad e injusticia”.