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Noviembre 2011
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En la etapa de superlativa concentración y centralización del capital transnacionalizado, la «reforma agraria integral» consiste en la propiedad de comunidades sobre sus tierras para la autogestión del desarrollo local e integral. Estas nuevas relaciones de poder del trabajo se basan en crear, previamente, democracia directa e indirecta para el autogobierno popular de cada una y de la articulación de todas ellas en país-mundo. Objetivo que parte de socializar o nacionalizar el avance en la afirmación como sujetos colectivos de derechos y autonomía que tiene lugar ante la opresión de los feudos provinciales y el sindicalismo empresario que el Partido Justicialista armó, post dictadura, para beneficio exclusivo del poder económico e imperialista sobre Argentina. El trabajo en la comunicación social es fundamental en ese proceso de encuentro político e ideológico entre los distintos de abajo, de ahí la relevancia que los K dieron a la ley de servicios audiovisuales y CFK da a Tecnópolis para una delegación del destino común en los de arriba que haga posible la continuidad del trabajo en función de enriquecer a la gran patronal. |
PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS
La «reforma agraria integral» se basa en comunidades que se adueñan de sus territorios y los hermanan en:
1. La autogestión y el autogobierno de una economía atenta a las necesidades populares pero cuidando el medioambiente
Un modelo económico centrado en las personas
Por: Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)
Ahora que la alianza
de las potencias industrializadas se ha propuesto revitalizar el sistema
capitalista por medio de sus guerras de conquista a nivel mundial, sobre todo,
al proponerse el control directo de los yacimientos gasíferos y petrolíferos tan
necesarios para su estilo de vida,
es importante que los diversos
movimientos políticos y sociales enfrentados a la hegemonía del capital, tanto
en nuestra América como en el resto del planeta, tengan muy presente
la necesidad urgente de
establecer un modelo económico centrado en las personas y la protección del
medio ambiente más que en la ganancia de grandes capitales.
Por ello es importante que tales movimientos generen un debate que desnude la
perversidad intrínseca del capitalismo, así haya defensores que divulguen la
creencia de una autoregeneración del sistema que luego redundaría en el
bienestar de toda la sociedad.
En este caso, el
actual extremado afán destructor del capitalismo ha reivindicado con creces al
socialismo revolucionario como la alternativa para frenar sus desmanes y
establecer en su lugar algo totalmente diferente que
tenga como su principal
base de sustentación el accionar de las
comunidades organizadas en unidades socioproductivas autónomas, sumadas a una planificación económica de carácter
nacional, de manera que su inserción en el proceso productivo tenga realmente un
efecto transformador, tanto en las relaciones de producción como en las
relaciones de poder, puesto que tal inserción implica también posesionarse de un
papel político activo, participativo y protagónico.
Esto, sin embargo, no es
suficiente. Hace falta romper con los viejos esquemas de la división del
trabajo, así como la propiedad social de los medios de producción donde los
trabajadores tengan la oportunidad de tomar decisiones, tanto en su rol de
ciudadanos como productores. Sin este último elemento cualquier cambio que se
proponga no podría calificarse de socialista o revolucionario. Por consiguiente,
éste representaría un cambio trascendental que marcaría el avance y
consolidación del socialismo revolucionario en contraposición al capitalismo
depredador.
Aún así, es de reconocerse que la construcción de un modelo económico basado en el socialismo revolucionario no resulta nada fácil. Sin embargo, algunas iniciativas -como la propiedad social de los medios de producción- podrían contribuir a ello. Como lo expone Michael Lebowitz en su obra El camino al desarrollo humano, ¿capitalismo o socialismo?, “la propiedad social de los medios de producción es fundamental porque es la única forma de garantizar que nuestra productividad comunal y social sea dirigida hacia el libre desarrollo de todos en lugar de utilizarse para cumplir los objetivos privados de los capitalistas, grupos de personas, o burócratas del Estado”. Lograr este cometido revolucionario envuelve comprender que no se trata de una simple propiedad estatal, como lo anticipan los apologistas del capitalismo en base a la experiencia distorsionada de la URSS, sino trascender el marco tradicional de la democracia representativa, haciéndola participativa y protagónica, un elemento primordial que no puede obviarse a la hora de hablar de socialismo, menos cuando se trata de un nuevo tipo de economía dirigido a satisfacer las necesidades básicas de las mayorías. Fuente: http://www.argenpress.info/2011/10/un-modelo-economico-centrado-en-las.html
2. La recuperación de las semillas nativas y los saberes-quehaceres que relacionan e historian a las comunidades
De un vistazo
y muchas aristas. Semillas ancestrales: las llaves de futuro, en manos de quién
(Biodiversidad | 19 julio 2011 )
Ante la embestida mundial (eso sí, muy legal) contra la posesión, custodia y libre intercambio de semillas ancestrales y, por ende, de los saberes que las han acompañado por lo menos unos 12 mil años, no tenemos sino insistir en que esta posesión, esta custodia y este libre intercambio (junto con sus saberes), son cruciales para el futuro de la humanidad. En esta ocasión, de un vistazo y con muchas aristas presentamos múltiples voces que defienden las semillas o que alertan contra los ataques a las mismas.
Sean técnicas de cacería, métodos de siembra, limpieza, recolección, pesca, hilado, alfarería, cocción, herrería, costura, selección de semillas o su cuidado ancestral, los saberes no son cosas. Son tramados muy complejos de relaciones, muchas de ellas ancestrales, y se entreveran con la comunidad, el colectivo, la región, la circunstancia, la experiencia de donde surgen y donde se les celebra como parte de un todo que pulsa porque está vivo. Pueden asumir formas más abstractas como cosechar agua, equilibrar torrentes, convocar lluvias, recuperar manantiales, curar los suelos, desviar los vientos, curar nostalgias, pérdidas, malos sueños, dar a luz o restañar heridas, pero no podemos cosificarlos, son un proceso vivo en condiciones particulares.
A ese todo los pueblos indígenas del mundo le llaman «territorio»: ahí es donde los saberes encarnan, crecen y se reproducen mediante la crianza mutua, porque son pertinentes al entorno social, natural y sagrado que los creó y sigue creando.
Tratar los saberes como mercancía es hacerlos cosas y tornarlos vacíos y ajenos. Es despojarlos del impulso creativo —y comunitario— de donde surgieron. Los saberes mercantilizados se tornan “conocimientos” enseñados por los “profesores”, certificados grado a grado por los “expertos” en el sistema oficial “educativo”, “económico”, “científico” o “asistencial”, hasta quedar desligados de la comunidad de donde surgieron. Entonces los controladores de empresas y gobiernos a nivel local, nacional y mundial pueden condicionarlos a su antojo y hasta utilizarlos contra la gente que antes les iba dando forma libre.
Que sean una
mercancía los hace propensos de compra-venta. Estar certificados, usarlos como
cosas, los pone a jugar como “propiedad”, en este caso “propiedad intelectual”,
patentable. Al patentarse, son secuestrados del todo, y no pueden ya fluir en su
eterna transformación creativa. El patentamiento es destruirlos como bienes
comunes, es destruir la creatividad social. Porque es absurdo patentar todo el
quehacer de una comunidad o adueñarse de los elementos que hacen la vida de toda
una comunidad, un pueblo, una región. ¿Cómo es posible patentar la cultura de un
pueblo? Pero se hace. Y cuando no se patentan, se menosprecian. La arrogancia
académico-técnica puede considerar esos saberes “superstición, subjetividad,
sentido común, ignorancia”. “El sorprendente tejido saberes de cada
lugar”.Editorial de
Biodiversidad, sustento
y cultura, número 59, enero de 2009.
Es indispensable detenernos un momento en el escenario de la manipulación genética para producir alimentos y hacer una breve comparación con la “manipulación” cultural e ideológica. Ambas son estrategias de colonización del ser humano y de los seres de la naturaleza en tanto las dos responden a la lógica de la homogenización de la identidad. La homogeneización cultural responde a la imposición de la cultura occidental para romper con la diversidad de culturas y lograr una monocultura globalizada que permita una más fácil dominación cultural. La homogenización de los alimentos (y de la biodiversidad) responde a la lógica del monocultivo que hace que un tipo o un número reducido de semillas implica la desaparición de la virtuosa variedad de semillas pre-existentes. La diversidad agrícola genética de tipos de maíz, de papa y de otros vegetales está desapareciendo. Si bien antes cada población tenía una cultura específica y ciertas variedades de alimentos, que eran intercambiadas con otras culturas que ofrecían otras diversidades y variedades de alimentos, ahora la cultura y los alimentos son prácticamente homogéneos en el mundo entero. Así, la biodiversidad desaparece por la incorporación de nuevas tecnologías abocadas a proveer a las élites sociales nuevos modelos de opresión y lucro, y la especie humana pierde su diversidad de identidades. Y considerando que “uno es lo que come” la biotecnología utilizada para abrir mercado no es más que un mecanismo que da mayor viabilidad al proyecto colonizador de mono-cultura y mono-identidad.
Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos, “Los transgénicos: manipulación genética ¿y manipulación cultural? Rebelión, 5 de julio, 2011
3. La construcción del buen vivir por deliberación, decisión y control de los de abajo que, a la vez, son apreciados en su pluralidad cultural e ideológica
El Buen Vivir, clave para una civilización intercultural
Por Isabel Rauber (Rebelión)*
"(...)Del “bienestar” individualista al “vivir bien” o “buen vivir”
Buen Vivir o Vivir Bien, Sumak Kawsay, Ñande Reko, son expresiones propias de Bolivia, Ecuador, Perú, Paraguay... Significan, en primer término, “Vivir bien entre nosotros”. Propugnan una convivencia comunitaria con interculturalidad y sin asimetrías de poder. Como dijo Evo Morales: “No se puede Vivir Bien si los demás viven mal”. Y esta expresión condensa lo central del planteamiento solidario: Se trata de vivir como parte de la comunidad, con protección de ella, en armonía con la naturaleza, “vivir en equilibrio con lo que nos rodea”, y también “Bien contigo y conmigo”, que es diferente del ‘vivir mejor’ occidental, que es individualista, separado de los demás e inclusive a expensas de los demás y separado de la naturaleza.
El Vivir Bien es la expresión cultural que condensa la forma de entender la satisfacción compartida de las necesidades humanas, más allá del ámbito de lo material y económico. A diferencia del concepto occidental de ‘bienestar’, que está limitado al acceso y a la acumulación de bienes materiales, incluye la afectividad, el reconocimiento y el prestigio social. [PND, 2006:11]
En la propuesta y experiencia boliviana actual de apuesta al desarrollo, el Vivir Bien se corresponde con una concepción integral de la sociedad que articula desarrollo y democratización, en la que desarrollo y democracia tienen la misma importancia. Partiendo del reconocimiento de que Bolivia es un país multiétnico y pluricultural, se hace explícito el reconocimiento a los valores de la comunidad y de lo comunitario. Y lo colectivo comunitario se fundamenta como sujeto con capacidad de decisión y de acción, reconociendo en la horizontalidad una ventaja comparativa respecto a las directivas verticales.
La nueva política propone el desarrollo desde el encuentro y la contribución horizontal, y no desde la imposición y el autoritarismo. El encuentro significa la unión, la comunidad, la fiesta del compartir imaginarios urbanos y rurales, el sentido esencial de las relaciones humanas complementarias en un país diverso y comunitario (…)”. * Fragmento del libro: *Dos pasos adelante, uno atrás. Lógicas de ruptura y superación del dominio del capital. Vadell. Caracas, 2010.
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=130725 Otro mundo es posible/ 20-06-2011
En consecuencia, la «reforma agraria integral» requiere de una comunicación social que suscite -entre los diversos de abajo- la lógica de otra economía, de otra sociedad, de otro país-mundo y la confianza en poder concretarlos.
La «reforma agraria integral» confronta con el:
Extractivismo, despojo y violencia
Por Edgar Isch L.(La Línea de Fuego)
"El origen del capitalismo tuvo como uno de sus basamentos aquello que Marx denominara la “acumulación originaria de capital”. En términos muy generales, uno de los procesos que permitieron esta acumulación de capital fue la apropiación de la riqueza social y de los recursos comunes de los pueblos indígenas de América Latina que pasaron a manos de los conquistadores. “La cruz vino en la empuñadura de la espada”, diría Galeano, marcando como la violencia característica de este proceso tuvo también una expresión cultural en la imposición de una cultura extraña y justificadora de la expropiación. Una vez instalado el sistema capitalista, la explotación del hombre por el hombre se presenta fortalecida gracias a otras formas de dominación de una parte de la sociedad sobre otra, como el machismo patriarcal, el etnocentrismo y racismo y otros, que pasan a ser parte de las expresiones de la ideología de las clases dominantes.
La acumulación de pocos es sólo posible gracias a la expropiación de muchos, lo que ratifica que la propiedad privada de medios de producción en manos de algunos, sólo es posible con una mayoría desposeída, carente de las mínimas garantías o, como se señala más reiteradamente. Así funciona el sistema capitalista donde nos dicen que es “natural” que cerca de 1000 millones de seres humanos mueran hoy de hambre a pesar de que se tiene una capacidad global de producción de alimentos casi para el doble de la población actual.
El objetivo permanente del sistema es la
acumulación de capital en pocas manos y esto es posible gracias a la explotación
del trabajo humano. Pero, para ampliar la explotación a los trabajadores se
requiere que éstos queden únicamente con su fuerza de trabajo y para ello, desde
el inicio capitalismo, se les ha quitado sus tierras, sus recursos y
herramientas. Es
por ello que resurgen continuamente formas para expropiar a las mayorías de los
bienes comunes, lo que es llamado por David Harvey como “acumulación por
desposesión”. Esta reforma de acumulación repite lo sucedido
en acumulación originaria en medida de que el territorio de pleno desarrollo
capitalista se va ampliando y se van destruyendo las formas campesinas y
comunitarias de producción para dar paso a los mecanismos modernos de
explotación de los trabajadores.
En sentido amplio,
entre esas formas de quitar a la mayoría los bienes comunes,
están las privatizaciones de los servicios públicos, los salvatajes bancarios
usando dineros públicos y el extractivismo. Al igual que en el pasado, la
violencia directa y la simbólica están presentes para que esa acumulación pueda
hacerse realidad. Nadie puede entregar lo poco que tiene y que garantiza el
futuro de su familia, si no es por la presencia de mecanismos violentos que
garanticen la acumulación por desposesión".
Pero poner fin a
esta
acumulación de capital en pocas manos que -a la
vez de monopolizar- desertifica, convoca a suscitar otra lectura de la realidad
que impuso el kirchnerismo para convencer a las poblaciones y los trabajadores
de involucrarse en el extractivismo. Con ese objetivo, veamos qué
explica
Edgar Isch L. sobre:
1. Extractivismo, extracción y uso
Cuando hablamos de extractivismo nos referimos a una matriz productiva que forma
parte de un modelo de desarrollo basado en la economía primaria, esto es, una
economía dirigida a entregar materias primas a las industrias de otros países y,
por tanto, convertir al país en dependiente del mercado internacional. El extractivismo es además la apropiación de grandes volúmenes de recursos
naturales (ya sean petroleros, mineros o también de la acuacultura y agricultura
intensivas y de exportación), que se exportan prácticamente sin haber recibido
ningún proceso transformador y con momentos de alza o decaída dependiendo de los
intereses de las corporaciones transnacionales.
Entender al extractivismo de esa manera es necesario para diferenciar con la
extracción de determinados recursos de la naturaleza, protegiéndola y al mismo
tiempo respondiendo a necesidades concretas de los pueblos donde esos recursos
están asentados. En el Ecuador, desde la historia de los pueblos originarios,
existió extracción limitada, pequeña, artesanal, de recursos minerales, pero eso
de ninguna manera puede ser usado para decir que hemos sido un “país minero”,
pues esa utilización de recursos no afectaba el hecho de que las formas
esenciales de producción estaban basadas en la agricultura, animales
domesticados, la caza y la pesca.
Entonces,
extraer no siempre es sinónimo de extractivismo. La forma de extraer
nos dirá si esta fue respetando y sosteniendo los ecosistemas y si su uso se
realizó con sentido de equidad o todo lo contrario.
Sin embargo,
el extractivismo está ligado a la inequidad y a la ampliación de la misma y, la
ambición por extraer inmensas cantidades de recursos en poco tiempo, generan
daños enormes a la naturaleza. Un ejemplo a considerar y totalmente distinto a
lo que se hizo en el antiguo territorio del Ecuador de nuestros días en relación
con los minerales antes del siglo XX, es el hecho de que Europa tiene minas que
empezaron a ser explotadas de manera intensiva en el período del imperio romano
y que, a pesar del tiempo transcurrido, siguen siendo fuente de alta y peligrosa
contaminación.
Esto desbarata la mentira gubernamental de que quien se opone a la minería metálica a gran escala se opone a todo uso de los minerales. No sólo que es un absurdo explicable tan sólo por la pretensión de decir que el desarrollo está ligado a la producción minera y que quien se opone desea regresar al pasado, sino que demuestra las falacias en el discurso gubernamental permanentemente utilizado.
2. El precio y las cosas
Un logro de la economía capitalista en las
últimas décadas ha sido convertir en mercancía cosas que nunca fueron
consideradas como tales porque no tienen trabajo humano incorporado. Sin embargo, han logrado poner precio al agua, incluyendo al
agua de lluvia como de una manera indirecta se lo hizo con la privatización del
agua en Cochabamba-Bolivia, precio a los átomos de un elemento químico en el
mercado de carbono, a las funciones ambientales que pasaron a ser consideradas
“servicios ambientales” con un dueño y otro usuario, entre otros.
Esto sin tomar en cuenta absurdos mayores como la patente sobre la luz del sol
en España, la venta de terrenos en la luna o las patentes sobre seres vivos de
América Latina y sobre los usos ancestrales que fueron producto de un
aprendizaje colectivo de los pueblos indígenas.
Cuando a un capitalista, como los que dirigen el Estado ecuatoriano, se le
plantea la oposición a la minería a gran escala, siempre dirá el valor del
mineral estimado y demandará que se le diga de qué otra actividad se puede
obtener más dinero que ese. Lo que en esa lógica no pueden entender es que el
valor de cambio comercial corresponde a las mercancías reales y que en otros
casos es mucho más importante el valor de uso que nos habla de la utilidad y de
valoraciones no económicas a las cosas.
¿Qué precio se puede poner al aire que respiramos? ¿Qué precio tienen ecosistemas únicos que si desaparecen significan una pérdida definitiva y múltiple? En nuestras ciudades muchos entienden aquello cuando se les pregunta si dejarían destruir la catedral del centro histórico en caso de que bajo ellos se encuentre oro o petróleo. Sin embargo, las lagunas y cascadas sagradas de los pueblos indígenas son ignoradas desde el poder, a pesar de que nuestra constitución señala que somos un país multinacional.
Pero algo más que no tiene posibilidades reales de tener precio es el futuro, es
decir la vida de las próximas generaciones.
Los proyectos mineros planteados
tienen una vida estimada que difícilmente pasará de los 20 años, tras lo cual
sólo quedará tierra y agua contaminadas. La conservación de la biodiversidad por
el contrario permitirá tener condiciones de vida por muchísimos años y en
condiciones mucho mejores, indispensables para hacer realidad el Sumak Kawsay.
Vale recordar que el Encuentro de los Pueblos por la Vida
realizado en Ecuador en 2007 ya señalaba con certeza que:
“no existe un solo ejemplo a
lo largo y ancho del mundo en el que, luego de la explotación minera de las
transnacionales, las poblaciones tengan el ansiado progreso, hayan elevado su
calidad de vida, exista la remediación ambiental prometida; todo lo contrario,
lo único que queda son las migajas de pequeñas donaciones, mayor empobrecimiento
ambiental y humano”.
3. La violencia es parte del extractivismo
Hemos dicho ya que el extractivismo permite la acumulación por desposesión y que
para expropiar a pueblos enteros de sus bienes y patrimonios, la violencia
siempre está presente. Ésa es una violencia ejercida tanto desde las empresas
transnacionales como desde el Estado mientras que, cualquier expresión de
resistencia es atacada, judicializada y reprimida. ¿Ha visto un ecuatoriano que
para reprimir a las grandes empresas evasoras de impuestos se movilicen tantos
policías y militares como los que acompañaron al Presidente Correa en
Quimsacocha? La violencia y la represión tienen un sello de clase que permiten
observar al servicio de quien está el Estado administrado por los impulsadores
del extractivismo.
El seguimiento de conflictos en Perú evidencia que más del 70% son conflictos
por problemáticas socio ambientales, en gran medida resultado de las actuaciones
de empresas mineras se han destruido el ambiente ya han causado enormes efectos
en la salud de los habitantes, principalmente los niños. Pero la resistencia a
las mineras recorre todo el mundo, incluso en los casos en los cuales han tenido
vinculación con el origen de guerras civiles y entre Estados.
Esto plantea que el papel de las transnacionales mineras no es otro sino el de ser parte del violento reparto del mundo por parte de las potencias imperialistas. El estadounidense George Kanande se atrevería incluso a decir: “tenemos que proteger nuestros recursos, los de Estados Unidos, el hecho de que estén en otros países es un accidente”, demostrando como el extractivismo somete a los países a los intereses imperialistas, destruye su soberanía y desprecia las necesidades y anhelos de sus pueblos. Se trata también de la justificación de una violencia de escala internacional ligada a la presencia de las transnacionales extractivas.
En ese sentido, no hay diferencia si las empresas vienen de Canadá, Estados Unidos, Europa o China. Se trata de una misma lógica de destrucción de la naturaleza para que garantizar la acumulación de las riquezas en pocas manos, oprimiendo a las mayorías dentro y fuera de las fronteras nacionales.
Los reiterados actos de violencia oficial para impulsar la minería a gran escala
no son, por tanto, casos aislados ni el resultado de la manera de actuar de un
funcionario, por alto que sea su cargo. Se trata de la expresión de una alianza
entre un gobierno derechizado y las empresas transnacionales para impulsar sus
intereses comunes sin importar el costo que esto tenga para las poblaciones.
Así, creen ellos, que traerán el “desarrollo”, nombre que le han dado a la
modernización capitalista dentro de sus afanes de orientar un
neo-institucionalismo con visos desarrollistas que se apoye tanto en expresiones
paternalistas como en la criminalización de la protesta social.
Fuente original:
http://lalineadefuego.info/2011/10/27/extractivismo-despojo-y-violencia-por-edgar-isch/
Fuente:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=138384 Economía/
30-10-2011
En consecuencia, la «reforma agraria integral» requiere de una comunicación social que expanda el cuestionamiento a la lectura dominante en Argentina que fragmenta la realidad social o nacional sea al considerar como asignaturas pendientes del modelo CFK, por ejemplo, la megaminería a cielo abierto; sea al desarticular a los de abajo en sus luchas reivindicativas.
La «reforma agraria integral» interpelará a las grandes mayorías cuando la comunicación social las ayude a reflexionar sobre la ocupación territorial y el trabajo en función de oligopolios.
A. En octubre 2007, Andrés Barreda y bajo el título de "Los Agrocombustibles no resuelven nada –Estados Unidos es adicto al petróleo" aclara sobre:
1. La falsa clasificación de energías en limpias y su imposición sobre la vida y el trabajo de comunidades
El contexto global en que se inscribe la iniciativa estadounidense de cambio de patrón energético nos hace recordar que esta iniciativa se lanza cuando, a inicios de 2007, Bush declara que llegó el momento de hacer frente al calentamiento global con energías limpias. Y una de ellas son los biocombustibles. Otra de las energías “limpias” que menciona es la energía nuclear. Es sabido que Bechtel es una de las principales empresas con plantas de energía nuclear y que el propio padre de Bush es accionista de Bechtel.
En el plan de nuevas alternativas energéticas hablan también de presas hidroeléctricas, lo que es curioso porque en Estados Unidos existe un trabajo de monitoreo de International Rivers Network, que ha denunciado sus fallas y efectos nocivos. Se espera que en 2020 el 80% de las hidroeléctricas se habrán desmantelado al haber alcanzado su periodo de vida útil que es de 50 ó 60 años, a lo sumo.
Se sabe que todas las presas que se construyeron desde el fin de la segunda guerra mundial habrán desplazado unos 80 millones de personas, y toda la destrucción ambiental que se registra cuando se construyen las presas es nada si se lo compara con la destrucción que generan cuando se desmantelan. Entonces vuelven a inundar tierras, liberan los sedimentos que acumularon mercurio en el fondo de las presas, e inundan las zonas campesinas que se poblaron después de las cortinas de las presas.
Es curioso que Bush
diga que van a hacer más presas cuando en Estados Unidos nadie quiere más
hidroeléctricas. ¿Dónde las van a hacer si en Estados Unidos ya no? Tampoco hay un clima
social como para aceptar plantas de energía nuclear. Entonces, cuando
hablan de biocombustibles o de energía nuclear o de presas hidroeléctricas se
trata de iniciativas ambientalmente muy problemáticas, que se basan en un patrón
de consumo de energía que en sí mismo es muy problemático y en una geopolítica
de producción de energía muy virulenta que no explicitan, por lo que nosotros
debemos investigarla y confrontarla.
En cuanto a los biocombustibles lo que hay que considerar es que ellos no plantean la sustitución de 100% de los tanques de los vehículos automotores. Para empezar, el etanol no sirve en regiones donde hay que subir y bajar montañas, ya que pierde mucha capacidad de potencia en el ascenso.
En Estados Unidos, el etanol se liberó en 2002 y en las gasolineras hay dos modalidades. Una es 85% etanol y 15% gasolina convencional, o lo contrario: 85% gasolina y 15% etanol. En la Unión Europea la intención es solamente sustituir una pequeña parte del tanque de gasolina con etanol. Si se llenara 100% del tanque de un automóvil con etanol, la emisión de CO2 bajaría un 80%, lo cual es mucho. Pero no les interesa sustituir al 100%. En realidad tratan de sustituir más o menos 15%; depende del país y otros factores. Si sustituimos 50%, disminuyen 40% las emisiones de CO2. Sustituyendo 25%, reducimos el 20%. Entonces 15% reduce menos del 10% de emisiones de CO2, según diversos cálculos.
Reducir en una cantidad tan pequeña las emisiones de CO2 tiene que ver fundamentalmente con los problemas estructurales de la industria automotriz mundial. Las asociaciones automovilísticas del mundo reconocen que en el planeta circulan más de 800 millones de automóviles, casi mil millones. Somos 6 300 millones de habitantes en el mundo. Anualmente se producen 80 millones de autos de los cuales el mercado internacional tiene capacidad de consumir más o menos 60 millones. El problema que enfrenta la industria automotriz es que hay una sobreproducción fenomenal, en parte ocasionada por la dinámica normal de cualquier país desarrollado, una crisis de sobreproducción con las consecuencias normales; hay sobreacumulación y las tasas de ganancia están bajando.
A esta crisis la subraya la irrupción de China, de India y Europa Central en el mercado mundial de automóviles. Hay numerosas empresas automotrices, no de la escala de las grandes gigantes —Toyota o General Motors, Ford o Volkswagen— pero son muy fuertes. Los chinos tienen sólo cinco empresas automotrices, que crecen y que no van competir mucho con las otras porque abastecen al propio mercado chino. A eso se suman otras empresas del mundo que complican la sobreproducción de autos. Las consecuencias están a la vista: todas las automotrices estadounidenses viven una crisis fuerte que las obliga a reducir personal permanentemente con lo que pierden competitividad frente a las industrias automotrices asiáticas y japonesas.
2. La catastrófica industrialización del capitalismo por cimentarse en las automotrices
El tema es grave porque la industria automotriz —aunque haya habido mucha automatización y muchos cambios—, sigue siendo el corazón de toda la industria metalmecánica y de la industria general del planeta. Si se consultan las listas de cuáles son las empresas que están a la cabeza en el mundo, además de Wall Mart están todas las grandes petroleras y las grandes productoras de automóviles. Son la base no tanto del empleo, pues son muy automatizadas, pero sí de la demanda de otros productos industriales. Toda la industria minera del mundo gira en torno de la industria automotriz, y lo mismo con relación a la producción de plásticos.
Hoy las toneladas que se producen de plástico superan en el mercado mundial a las toneladas de metal producidas, para abasto de todo tipo de valores de uso. La industria automotriz cada vez demanda más plástico y muchísimo vidrio. Entonces petróleo y automóviles son el eje de las cadenas industriales. No es casual que el laboratorio de la nueva ola de globalización productiva mediante las fábricas mundiales fuera la industria automotriz.
Desde los años ochenta, ahí se globalizaron las fábricas por primera vez: no en la industria textil, ni en la aviación, ni en la naviera. Ahí se introdujeron los principales autómatas productivos que redujeron brutalmente el tiempo de producción para elaborar cada auto, de cuarenta horas que tardaba elaborar un automóvil la bajaron a ocho, a cinco horas en la actualidad. La industria automotriz es realmente el centro de la industria mundial y entonces, esta producción de millones de automóviles es el centro del problema.
Al decir que el desarrollo de la industria automotriz es la ama y señora de la acumulación de capital global, hay que mirar el espacio donde se consumen los vehículos automotores. Ésta es una de las pequeñas causas del calentamiento global. Nada más producen 80 millones de autos al año y se sobreproducen 20 millones. Lo que los poderosos necesitan ahora no es regular el calentamiento global, ése no es el problema. Lo que requieren es mantener en alto la tasa de crecimiento de la industria automotriz. Grave no es que se derrita el casquete polar del norte, sino que del petróleo que existe en el planeta, la mitad que se produjo hace 400 millones de años, ya se acabó. Queda la otra mitad. En 150 años de uso de petróleo se acabó la mitad.
En la idea de mantener las tasas de crecimiento industrial y urbano, la dinámica actual el planeta, se calcula que la otra mitad de reservas petroleras sirven para 30 años más. Porque la idea que tienen las empresas es mantener en alto la demanda del petróleo, no dejarlo ahí en el subsuelo y desperdiciarlo. Se trata de meterlo en la dinámica de la acumulación global pero, pues sí, quemarlo de manera ecológica. Que se pueda quemar cumpliendo los Protocolos de Kyoto o algún nuevo protocolo que se inventen.
Ésta es la marranada de Bush con el invento de los biocombustibles. Es regular un poco, maquillar luego de tantos años diciendo que no había calentamiento global, ahora que ya es insostenible seguirlo negando. Se han pasado los últimos ocho años corrompiendo científicos, para que hagan lobby, informes y declaraciones en todos los paneles internacionales, lo que provocó que ya hayan sido todos expulsados de las asociaciones y academias de ciencia por la magnitud de las manipulaciones y mentiras que montaron. Entonces se comienza a impulsar el etanol para reducir las emisiones de co2 y suplantar el mtb (MetilTributil-Éter) que produce cáncer resolviendo, según ellos, el desprestigio que ha generado el mtb como regulador del octanaje de los tanques de gasolina, sin frenar el crecimiento de la industria automotriz global.
El verdadero peligro sigue siendo la industria automotriz y el patrón petrolero y no se hace nada por regular la fuente del calentamiento global que es el transporte mundial. No sólo es un problema de la ciudad —por supuesto que ahí se concentra. Se distribuye en todo el planeta y tiene que ver con la locura: no sólo son los vehículos automotores, es la red de aviones —una que va creciendo brutalmente y tiene también líos de sobreproducción.
Es también la brutal cantidad de petróleo que tiran los barcos por uso de oleocombustible, cuando navegan por el planeta; la contaminación de todas las redes de transporte, desbocadas con esta revolución intermodal que las multiplica y las integra como autómata global.
Las redes de comunicación también generan un problema de contaminación que tiene que ver con el desarrollo sin límite de todas las ciudades en todo el planeta en una dinámica de urbanización brutal que no sólo genera calentamiento global sino la destrucción del ciclo del agua.
En realidad el tema de los biocombustibles es la típica manipulación de un problema de fondo que no están resolviendo: es la crisis general del patrón tecnológico con el que emprendieron el proceso de globalización. No podemos pelear sólo contra los agrocombustibles que por supuesto entrañan todos los peligros señalados: ellos mismos contribuyen más al calentamiento global, no lo detienen e introducen un problema que no había —la alianza entre la industria automotriz y agroindustria que también se encuentra en crisis de sobreproducción. Estados Unidos no sabía dónde colocar sus excedentes de maíz hasta que comenzó a inventar en 2002 la producción de etanol con base en maíz. Y comenzó la euforia en la bolsa de valores de Chicago por el alza en los precios del maíz.
Y tienen otra crisis: una de legitimidad en la innovación tecnológica. La oleada de nuevas tecnologías (de la ingeniería genética a la nanotecnología, o la geoingeniería, estos nuevos dispositivos que se inventan las empresas de punta) acumula una cantidad enorme de imprevistos (técnicos, ambientales) que se suman en una lógica de caos muy, muy enorme (...).
Andrés Barreda es economista, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México y director del Centro de Análisis Social, Información y Formación Popular con sede en México.
Andrés Barreda | 12 octubre 2007 | Biodiversidad - Oct 2007
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B.En febrero 2008, Esther Vivas y bajo el título de "La distribución moderna: la invasión de los supermercados" (25/02/08) señala una herramienta fundamental de acumulación capitalista que oculta:
Nuestros hábitos alimentarios y de consumo han sufrido, en los últimos años, una profunda transformación. La aparición de los supermercados, hipermercados, cadenas de descuento, autoservicios… (lo que se ha venido en llamar distribución moderna) han contribuido a la mercantilización del qué, el cómo y el dónde compramos supeditando la alimentación, la agricultura y el consumo a la lógica del capital y del mercado.
1. Un modelo depredador
Desde la apertura del primer supermercado en el Estado español en el año 1957, este modelo de distribución y venta se ha ido generalizando, especialmente a lo largo los años 80 y 90, llegando a ejercer a día de hoy un monopolio absoluto de la distribución alimentaria. En la actualidad, cinco grandes cadenas controlan la distribución de más de la mitad de los alimentos que se compran en el Estado español sumando un total del 55% de la cuota de mercado: Carrefour controla un 23,7% de la cuota, Mercadona un 16%, Eroski un 7,4%, Alcampo un 6,1% y el Corte Inglés un 2,3%. Además, si sumamos a éstos la distribución realizada por las dos principales centrales de compra mayoristas (Euromadi e IFA), llegamos a la conclusión de que sólo siete empresas controlan el 75% de la distribución de alimentos (García y G. Rivera, 2007).
Nunca el mercado de la distribución de alimentos había estado en tan pocas manos, pero no solo eso. Más del 80% de la compra de alimentos se realiza en supermercados, hipermercados… y el 55% de estas compras se llevan a cabo en tan solo cinco grandes cadenas: Mercadona, Carrefour (que incluye a Dia y Champion), Alcampo, Eroski y el Corte Inglés (que incluye Open Cor) (García y G. Rivera, 2007). En consecuencia, el consumidor cada vez tiene menos puertas de acceso a los alimentos y el productor cada vez tiene menos opciones para llegar al consumidor. El poder de venta a los consumidores y el poder de compra a los distribuidores, por parte de unas pocas empresas, es total.
Esto es lo que se ha venido en llamar la teoría del embudo: millones de consumidores por un lado y miles de campesinos por el otro y tan solo unas pocas empresas controlan la cadena de distribución de alimentos. A nivel europeo, por poner un ejemplo, se contabilizan unos 160 millones de consumidores en un extremo de la cadena alimentaria y unos 3 millones de productores en el otro, en medio unas 110 centrales y grupos de compra /2 monopolizan el sector (Vorley, 2003). Este modelo de distribución moderna tiene graves consecuencias no solo en el agricultor y en el consumidor, sino también en el lugar y en el modo de trabajo, en el medio ambiente, en el comercio local, en el modelo de consumo, en los países del Sur.
2. Agricultura industrial y alimentos viajeros
Como hemos señalado, el modelo de distribución moderna tiene graves impactos en el agricultor. No en vano en los diez últimos años en el Estado español han desaparecido casi diez explotaciones agrarias al día y la población campesina activa se ha reducido al 5,6% del total. Con estas cifras, en los próximos quince años, el Estado español tendrá que importar el 80% de los alimentos necesarios para alimentar a su población (Fundació Terra, 2006). Pero aquí no terminan las consecuencias para el agricultor, en el año 2005 el Índice de Precios al Consumo (IPC) de la alimentación subió un 4,2% sin embargo los precios de venta de los productos agrícolas disminuyeron. Esto provocó un descenso de la renta agraria en un 12%, llegándose a situar en un 65% de la renta general (García, 2007).
La distribución moderna determina un modelo de agricultura y de campesinado donde las producciones familiares no tienen cabida, a la vez que promueve una agricultura industrial, intensiva e insostenible. La situación de monopolio ha llevado a que el agricultor cada vez cobre menos por su producto y el consumidor pague más, siendo la gran distribución quien se lleva la diferencia. De este modo, los precios en origen de los productos agrícolas han llegado a multiplicarse hasta por once en destino, existiendo una diferencia media de 390% entre el precio en origen y el precio en destino (COAG, 2007). Se calcula que más del 60% del beneficio final del precio del producto se concentra en la distribución moderna.
Esta lógica de sometimiento del agricultor es extensible a otros proveedores. La situación de monopolio de la distribución moderna le permite establecer unas reglas comerciales que asfixian a sus suministradores, quienes a su vez se ven obligados a autoexplotarse o a explotar a sus trabajadores, siempre en busca de la maximización de los beneficios, en una cadena de explotación de mayor a menor. La ganadora, sin duda, es siempre la distribución moderna única vía de entrada al consumidor. La mercantilización de la agricultura conduce a una “deslocalización alimentaria” sin precedentes con alimentos que recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestras mesas y que conlleva graves consecuencias medioambientales. Se calcula que en la actualidad, la mayor parte de los alimentos viajan entre 2.500 y 4.000 kilómetros antes de ser consumidos, un 25% más que en 1980. Nos encontramos antes una situación totalmente insostenible donde, por ejemplo, la energía utilizada para mandar unas lechugas de Almería a Holanda es tres veces superior a la utilizada para cultivarlas (Fundació Terra, 2006).
Nuestra alimentación se basa en el consumo de alimentos cada vez más lejanos con la consiguiente pérdida de información sobre el origen y el modo de producción de los mismos. Según el estudio británico Eating oil: food suply in a changing climate (Jones, 2001) una comida dominical típica británica realizada con fresas de California, brócoli de Guatemala, arándanos de Nueva Zelanda, ternera de Australia, patatas de Italia, habichuelas de Tailandia y zanahorias de Sudáfrica genera 650 veces más emisiones de carbono, debido al transporte, que si la misma comida hubiese sido realizada con alimentos cultivados localmente. Una práctica irracional, ya que muchos de los alimentos importados se producen localmente. Gran Bretaña importa grandes cantidades de leche, cerdo, cordero y otros productos básicos, a pesar de que exporta cantidades similares de los mismos (Halweil, 2003).
Pero los alimentos viajeros no sólo conllevan una contaminación medioambiental creciente, sino que inducen a la uniformización y estandarización productiva. Por poner un ejemplo, si hasta hace pocos años en determinadas regiones de Europa existían hasta centenares de variedades distintas de manzanas, hoy en día en un supermercado tan solo se podrán encontrar como mucho diez variedades en todo el año. Esto ha conducido al abandono del cultivo de variedades autóctonas en favor de aquellas que tienen una mayor demanda por parte de la gran distribución, por sus características de color, tamaño, etc. Una situación que se podría aplicar a muchos otros alimentos como el maíz, el tomate, la patata… donde el criterio mercantil y productivo ha primado por encima del ecológico y sostenible. La aparente diversidad publicitada por los supermercados no es nada más que una ficción.
Pero este modelo de distribución comercial moderna conlleva también consecuencias negativas para quienes forman parte de su plantilla laboral. Los trabajadores de estos centros comerciales están sometidos a una estricta organización laboral neotaylorista caracterizada por ritmos de trabajo intensos, tareas repetitivas y rutinarias y con poca autonomía de decisión. Una situación que comporta la aparición de agotamiento, estrés y enfermedades laborales propias del sector como dolores crónicos de espalda y cervicales (Barranco, 2007).
En lo que respecta
a las condiciones contractuales, priman las tablas salariales bajas y se
introduce la “flexibilidad numérica” que permite a la empresa contar con
un grupo de trabajadores temporales, con jornadas flexibles, que son utilizados
para ajustar el número de personal a cada momento de la producción. Estas
jornadas y horarios atípicos generan en los trabajadores afectados serias
dificultades para conciliar su vida laboral con la social y familiar perdiendo
incluso el control sobre su tiempo de “no trabajo” al no contar con un
horario estable (Barranco, 2007).
Además, en estos centros se lleva a cabo una política anti-sindical, intentándose evitar la creación de sindicatos de trabajadores a través de prácticas ilegales, dificultando el derecho a reunión, presionando psicológicamente a los trabajadores que están en las listas sindicales, discriminando laboralmente a quienes son sindicalistas o a través de la creación de sindicatos amarillos controlados por la patronal y que tiene por objetivo evitar la creación de sindicatos de trabajadores.
Una de las cadenas de distribución moderna que suma más abusos laborales a nivel mundial es Wal-Mart, el gigante del sector y la multinacional con un mayor número de trabajadores en todo el mundo. Wal-Mart tiene una política de gestión de la mano de obra basada en el pago de salarios muy bajos (un 20% inferiores a la media en el sector en Estados Unidos), y una feroz estrategia antisindical que ha conseguido abortar virtualmente casi todos los intentos de sindicalización en sus establecimientos en América del Norte (Antentas, 2007).
3. Adiós al comercio local
Desde los años 80 y en contraposición al auge de la distribución moderna, el comercio tradicional de alimentos ha sufrido una erosión constante e imparable llegando a ser a día de hoy casi residual. Si en el año 1998 existían en el Estado español 95 mil tiendas, en el 2004 esta cifra se había reducido a 25 mil (García y G. Rivera, 2007).
Algunos estudios han analizado el impacto de la distribución moderna en el ámbito local. Tomando el caso de Wal-Mart, en 1997, la Iowa State University hizo público un informe donde evidenciaba el impacto de este gigante de la distribución en la región. En un período de doce años habían cerrado el 50% de las tiendas de venta al detalle (50% tiendas de ropa, 42% de variedades y 30% de informática).
En la misma línea, un estudio de Neumark et al (2007) concluía que por cada puesto de trabajo creado por Wal-Mart en un municipio se destruían 1,5 puestos de trabajo en los negocios preexistentes.
Hay que tener en cuenta que el pequeño comercio forma parte de la economía y de la comunidad local y contribuye a reforzarla. En este sentido, un trabajo realizado por Friends of the Earth (La Trobe, 2002) afirmaba que un 50% de las ganancias de estos establecimientos retornaban a la comunidad, normalmente a través de la compra de productos locales, salarios de los trabajadores y dinero gastado en otros negocios, mientras que los supermercados retornaban tan solo un escuálido 5%.
Otro de los impactos de la gran distribución en las comunidades tiene que ver con la accesibilidad. La creciente desaparición del pequeño comercio ha generado problemas de acceso a los alimentos por parte de aquellos sectores con menores recursos económicos, gente mayor y quienes no tienen coche. La generalización de grandes centros comerciales en las afueras de las ciudades y el consiguiente cierre de comercios locales (especialmente evidente en los países anglosajones) ha hecho que aquellos que no tenían disponibilidad de transporte privado o con dificultades de movilidad hayan quedado al margen del sistema de distribución de alimentos.
Un estudio de Friends of the Earth (2005) sobre los hábitos de compra en Gran Bretaña señalaba que había una mayor inclinación a la compra de alimentos en pequeños establecimientos en zonas urbanas con menores ingresos económicos. En consecuencia, cuando éstos cerraban eran, precisamente, las poblaciones más desfavorecidas quienes se quedaban sin medios para acceder a los alimentos.
Esta situación ha contribuido a la aparición de los llamados “desiertos alimentarios”, zonas urbanas con crecientes dificultades para acceder a alimentos frescos y saludables, especialmente en áreas urbanas empobrecidas, donde la desaparición del pequeño comercio local ha dejado sin abastecimiento a las poblaciones locales.
Según señalaba el periódico británico The Observer 26/08/2007), cuatro millones de personas en Gran Bretaña, especialmente entre las familias más pobres, no pueden acceder a una dieta saludable.
Más allá del cierre de comercios locales, otro de los impactos de la generalización de las grandes superficies se da a nivel medioambiental, no sólo por la creciente comercialización de alimentos producidos a miles de kilómetros de distancia de donde son vendidos y consumidos (con el consiguiente uso del transporte aéreo y de emisiones de gas de efecto invernadero) sino por el aumento del uso del coche para llegar a estas grandes superficies. Según el gobierno británico (The Observer, 26/08/2007), uno de cada diez viajes en coche en el Reino Unido son realizados para ir a comprar comida con el consiguiente coste en emisiones de dióxido de carbono, problemas de tráfico, ruidos, accidentes y embotellamientos.
Además, hay que
tener en cuenta el excesivo uso del packaging por parte de estas cadenas. Los
envases y embalajes constituyen una cuarta parte de la basura doméstica y un 70%
de los mismos está relacionado con el embalaje de los alimentos (INCPEN, 2001).
Las políticas de envasado impuestas por los supermercados son responsables de
esta situación con unas normativas inflexibles que apuestan por el uso
sistemático del empaquetado. Un estudio realizado en Austria permitió observar
que los compradores que acudían a cooperativas de consumo generaban un 75% menos
de residuos que los que compraban en supermercados (Erzeuger Verbraucher
Initiative, 1992).
Frente a los impactos negativos que les son atribuidos, la distribución moderna diseña una estrategia de lavado de imagen con tintes verdes y solidarios. Es así como en los últimos años han proliferado en los estantes de sus establecimientos productos ecológicos y de comercio justo.
Una estrategia que ha despertado las críticas de un sector del movimiento por un comercio justo y del consumo ecológico.
En el Estado español cadenas comerciales como Carrefour, Alcampo y Eroski son algunas de las grandes distribuidoras que más esfuerzos han dedicado a dotarse de una imagen “equitativa y responsable” a partir de la comercialización de productos de comercio justo y ecológicos. Pero a pesar de la introducción de estos productos en sus lineales, las prácticas comerciales de estas cadenas no han cambiado. El comercio justo y ecológico es utilizado como un instrumento de limpieza de imagen, tras el cual se esconden graves impactos en el medio ambiente, en la comunidad, en los derechos de los trabajadores, en el comercio local, etc (Vivas, 2007).
La mayoría de las grandes cadenas de distribución cuentan con fundaciones propias o se integran en otras impulsadas desde el sector empresarial, con el objetivo de promover una imagen “socialmente responsable”. El gigante de la gran distribución, Wal-Mart, cuenta con la Wal-Mart Foundation, desde donde financia, prioritariamente, actividades en el ámbito local. Casualmente es en este ámbito donde su imagen está más deteriorada, debido a unas prácticas antisindicales y desleales en la fijación de los precios de los productos que acaban con el pequeño comercio y precarizan la mano de obra.
En la misma línea podríamos citar el ejemplo de otras grandes cadenas como Carrefour con la Fundación Solidaria Carrefour-Norte o Alcampo que no cuenta con una fundación propia pero forma parte de la Fundación Empresa y Sociedad, a la que pertenecen otras multinacionales de brillante expediente “solidario” como BBVA, Nike, Novartis, Telefónica, Iberdrola, Inditex, La Caixa, El Corte Inglés, Sol Melià, Repsol YPF y Unión Fenosa, por citar sólo algunas. (...)
5. La neocolonización del Sur
Hemos visto los impactos negativos de la distribución moderna en muchos y diversos ámbitos, la estrategia de ésta para hacer frente a las críticas y los intentos, limitados, de control por parte de los estados, pero la voracidad de la gran distribución no tiene límites. Con la saturación de los mercados en el norte y una creciente clase media en el Sur, la distribución moderna mira hacia nuevas cuotas de mercado. Países de Asia, América Latina y África, especialmente India y China, se han convertido en nuevos objetivos estratégicos. Se trata de mercados vírgenes donde la mayoría de la población se abastece en los mercados locales y prácticamente no existe un comercio al menor organizado y tecnificado. En la India, por ejemplo, el 95% del mercado al detalle se encuentra en manos de pequeños negocios familiares, sin acceso a la tecnología digital, y éstos suman un total de ventas de unos 250 mil millones de dólares (Poston, 2006). Los beneficios potenciales en estos continentes son enormes.
Como señalaba el informe de la FAO El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2004, América Latina y Asia han sido las regiones del planeta que han experimentado una mayor inversión por parte de las corporaciones alimentarias multinacionales.
De 1988 a 1997, las ventas de alimentos a través de los supermercados se duplicó con creces tanto en América Latina como en Asia oriental y sur-oriental.
En los países más
grandes y ricos de América Latina, la cuota de ventas de los supermercados pasó
de un 15%-20% en 1990 al 60% en el 2000. En Asia, el auge de los supermercados
empezó más tarde, pero despegó de forma todavía más rápida. En tan sólo dos
años, de 1999 al 2001, la proporción de alimentos elaborados y envasados
vendidos por los supermercados en las zonas urbanas de China aumentó en más del
50%. En tan solo veinte años, de 1980 al 2001, las cinco cadenas de
supermercados más grandes del mundo ampliaron el número de países en que
operaban en al menos
un 270%. En la actualidad, las cadenas más grandes controlan del 65 al 95% de
las ventas que se realizan en los supermercados en América Latina (FAO, 2004).El
rápido aumento y la creciente concentración de los supermercados tienen
profundas repercusiones en la seguridad alimentaria y en el bienestar
nutricional de las personas situadas en ambos extremos de la cadena, desde los
agricultores que deben adaptarse a los requisitos y normas impuestas por unos
mercados en continua evolución hasta los consumidores de las zonas urbanas que
cada vez dependen más de los alimentos distribuidos por estas cadenas (FAO,
2004).
Pero algunos de estos países no se lo están poniendo fácil. Éste es el caso de la India con políticas tradicionalmente proteccionistas en materia de comercio al detalle, aunque recientemente el gobierno indio parece haber llevado a cabo una cierta apertura del mercado a los inversionistas extranjeros permitiendo que empresas de otros países y de una sola marca (Mc Donalds, Marks & Spencer, Ikea…) posean el 51% de algunos negocios.
Sin embargo, las multinacionales de la distribución moderna se encuentran con una legislación adversa para establecerse en la región. Como afirmaba el ministro de comercio e industria indio, Kamal Nath: “permitir la entrada a los grandes grupos internacionales multimarca como el estadounidense Wal-Mart, el británico Tesco y el francés Carrefour sería ir demasiado lejos (…) Necesitamos encontrar un modelo que no desplace a nuestros vendedores minoristas existentes” (Poston, 2006). De todos modos, estas cadenas optan por negociar con grandes conglomerados de la distribución minorista india para poder acceder a los mercados internos.
1. Algunas alternativas
Pero frente a este modelo comercial, ¿qué alternativas se plantean? En primer lugar, es necesario llevar a cabo un consumo responsable y consumir en función de lo que realmente necesitamos. La lógica del sistema capitalista se basa en la producción generalizada de mercancías y para que estas mercancías sean vendidas desarrolla un modelo consumista que parte de la creación artificial de necesidades y la obsolescencia planificada de los productos.
Cada vez
consideramos que para ser felices debemos de consumir más. Pero si todo el mundo
consumiese como un ciudadano estadounidense serían necesarios cinco planetas
tierra para satisfacer las necesidades de consumo de la población mundial
(Tello, 2004). Se trata de un modelo
totalmente insostenible.
En segundo lugar, podemos encontrar alternativas a la compra en grandes cadenas de distribución a través de los circuitos cortos y de proximidad: tiendas de barrio, mercados, colmados. Se trata de un modelo comercial enraizado en el territorio y la comunidad, que fortalece el tejido social barrial y aporta recursos económicos al mismo, si bien es importante no caer en idealizaciones simplificadas sobre el pequeño comercio como a veces se hace. Es necesario informarse de donde provienen los productos y alimentos que allí se distribuyen, cómo se han fabricado, cuáles son las condiciones laborales de los empleados… e instar a los comerciantes a promover la producción local y del entorno y el empleo digno.
En tercer lugar
es fundamental la acción política. En el ámbito del consumo podemos participar
en cooperativas de consumidores de productos ecológicos que funcionan,
habitualmente, a nivel barrial y que a partir de un trabajo autogestionado
establecen relaciones de compra directas con los productores ecológicos de su
entorno con el objetivo de llevar a cabo un consumo ecológico, solidario y de
apoyo
al campesinado local.
En cuarto lugar es necesario que esta acción política trascienda el ámbito del consumo y que rompamos el mito de que nuestras acciones individuales, por sí mismas, generarán cambios estructurales. En este sentido, es fundamental una acción política colectiva dirigida a conseguir cambios reales en las instituciones políticas y económicas en dirección a un nuevo modelo de desarrollo y crecimiento sostenible social y ecológicamente.
Un consumo responsable sólo será posible en un contexto más amplio de transformación social, política y económica y para conseguirlo es fundamental la creación de espacios de resistencia, de transformación y de acción política colectiva.
Fuente:http://xicounido.wordpress.com/2011/05/02/la-distribucion-moderna-la-invasion-de-los-supermercados/
En consecuencia, la «reforma agraria integral» requiere de una comunicación social que suscite el distanciamiento deconstructor del sometimiento e inclusión de cada cual en la lógica del gran capital que seduce mediante la industria automotriz y el hipermercadismo.