Concepto
Noviembre 2010

 

HIPÓTESIS: I/II/III

Pocos días después que Moyano (CGT) lanzara la consigna afirmando de que estamos situados en “la hora de los trabajadores”, Mariano Ferreyra es asesinado en medio de básicos reclamos laborales, como el 5 de abril de 2007 fue fusilado Carlos Fuentealba por la espalda cuando su gremio docente se retiraba del corte de ruta a causa de la represión. En aquel entonces, el gobernador Jorge Sobisch de la provincia de Neuquén ordenó a la policía despejar la ruta para el turismo de semana santa privilegiando a éste sobre las necesidades de la educación pública y lo hizo con total impunidad. El 20 de noviembre de 2010 actúa un grupo de choque de la Unión Ferroviaria. “Jorge Darío Hospital asegura que la emboscada en Barracas fue un intento por “desmontar el reclamo de los trabajadores” sobre la base de “exterminar militantes”. Su afirmación se apoya en el accionar de las barras bravas. “Habrán pensado que se trataba de un choque entre Chacarita y Nueva Chicago: un muerto en un baldío que nadie reclama, nadie se entera y, si alguien sale herido, no se atiende en el hospital público por su prontuario –compara el ferroviario–. Pero mataron a un militante de la FUBA y del Partido Obrero, a un joven que era parte de una organización que no iba a dejar pasar este crimen”(…)” Leer más

I.

 

PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS

 

Planteo

Tengamos en cuenta qué concepto de «recuperación del trabajo» plantea: "El asesinato de Mariano Ferreyra por parte de patotas de la burocracia de la Unión Ferroviaria que tuvo lugar en el marco del reclamo de los tercerizados del Ferrocarril Roca por el pase a planta permanente y la reincorporación de 120 despedidos. Desde marzo, los trabajadores reclamaban por condiciones laborales dignas; esto es, gozar de los mismos derechos que sus compañeros efectivos. En el mes de julio, luego de un prolongado corte de vías, los tercerizados recibieron la promesa del gobierno nacional de atender a sus demandas. Llegó octubre, y las soluciones no aparecieron. Recién ayer a la noche, luego de la multitudinaria movilización a Plaza de Mayo en repudio del crimen, el Ministerio de Trabajo comprometió la efectivización de los trabajadores y la reincorporación de los despedidos"(Red Eco).

 

Pasemos a los análisis sobre cuáles son las estructuras apropiadoras de la representación (sindical y política) que bloquean la puesta en práctica del ejercicio de derechos de los trabajadores:

 

1.  La CGT conformada por sindicalistas empresarios y patoteros

 

La cuestión de fondo

Por: Alejandro Guerrero (especial para ARGENPRESS.info)

"En el comunicado con el cual anunciaron el corte de vías que se proponían efectuar el miércoles 20, los trabajadores tercerizados del Roca pusieron el conflicto en su justo punto: “Ugofe y los sindicatos ferroviarios (todos ellos, no sólo la Unión Ferroviaria) llegaron a recurrir a patotas contra los trabajadores. Defienden el extraordinario negociado de las contrataciones y son cómplices en la explotación de nuestros bajos salarios y la precariedad laboral”.
En total, unos 1.500 trabajadores prestan servicios en los ferrocarriles en esas condiciones, aunque hace ya tres años que la Presidenta anunció que no habría un solo tercerizado más en la Argentina. Son entre veinte y veinticinco las empresas que proveen personal no reconocido por las compañías ferroviarias, aunque cumplen las mismas funciones que los trabajadores de planta.

Durante muchos años, los sindicatos ferroviarios fueron agentes de contratación de trabajadores. Muchas de esas empresas negreras son propiedad de burócratas sindicales, como los compañeros han denunciado infinidad de veces. Se trata, como bien dicen los trabajadores, de un enorme negociado: buena parte de la diferencia entre los 4.700 pesos que gana un obrero de planta y los 2.500 que cobra un tercerizado va a parar a la bolsa de la burocracia, sea porque los sindicalistas son dueños de esas empresas, sea por el cobro de “comisiones”.

Ahora las cosas empiezan a cambiar, porque las empresas y la burocracia prevén que se terminará en breve la fiesta de los subsidios estatales. Por eso han cortado abruptamente la incorporación de trabajadores y, paralelamente, desarrollan una política expulsiva de los ya contratados. Despidos, suspensiones, aprietes, empeoramiento constante de las condiciones de trabajo son moneda corriente desde hace mucho. El conflicto deja formulado el problema de fondo: el pase a planta permanente de los contratados por los negreros". Fuente: http://www.argenpress.info/ 21-10-2010

 

2. La burocracia sindical consagrada a hacer negocios usando el poder delegado de los trabajadores

 

La burocracia sindical es parte indisoluble de este sistema que

les permite que sus sindicatos se transformen en gremios empresariales

Por: MONAREFA

Desde el MONAREFA Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos elevamos nuestro más caro repudio por el asesinato de Mariano Ferreyra. Esperamos, por otro lado, la pronta recuperación de Elsa Rodríguez. Nos alegramos de la mejoría de Nelson Aguirre que está fuera de peligro.

"Lo sucedido el día de ayer, en Avellaneda y luego en la Capital Federal, conforma un acto propio de las burocracias sindicales que en su afán de conservar el poder a toda costa no escatiman esfuerzos, imponiendo la muerte como escarmiento, como también las palizas, las amenazas, los golpes u otras formas de represión, apoyados por las fuerzas de seguridad que miran hacia otro lado o les dejan las zonas liberadas para su accionar.

La burocracia sindical es parte indisoluble de este sistema. Juega un papel fundamental dentro del movimiento obrero, la de vigilar y castigar en primera instancia, luego continúan con su funcionalidad que es la detección de la disconformidad de los trabajadores por las injusticias cometidas. Son los ojos y los oídos de la patronal.

 

El caso de los trabajadores tercerizados son parte de la flexibilización laboral cuya responsabilidad tienen: el gobierno de Carlos Menem, el Congreso que votó dicha ley y todos los gobiernos sucesivos, incluido el actual, porque dicha ley perversa siga su cause. Hay, un 40 por ciento de la masa laboral ocupada en negro. Dentro del propio gobierno nacional, el de la Ciudad de Buenos Aires, los provinciales y municipalidades, incluso universidades tienen en la actualidad trabajadores contratados en forma ilegal.

 

La ausencia de sindicalización por parte de los trabajadores es otra de los temas espinosos que deben tener una lectura correcta, hoy no llega nada más que a un 15 por ciento como mucho. El sindicato no sale a reclutar, no necesita de los afiliados, no les hace falta, como en otros tiempos. El modelo sindical ha cambiado. La inmensa masa laboral no se afilia o ha pedido su desafiliación por el desencanto.

 

Los sindicatos no quieren trabajadores sindicalizados, ya no obtienen sus ganancias de los afiliados, los negocios están en otros lados.

 

El nuevo modelo es el sindicalismo empresario, cuestión que muchos hablan y poco conocen. Estos sindicalistas empresarios tienen contratos con el Estado a través de empresas que son administradas por testaferros. Este es el caso de las tercerizadas en el Ferrocarril Roca. Cooperativas o empresas donde en algunos casos están los hijos de los sindicalistas al frente de ellas. De esta forma obtienen grandes ganancias. Para lograrlo adoptan un comportamiento que tiene que ver con la explotación más descarnada, contratan trabajadores con salarios que significan la mitad o menos de lo que perciben, en este caso, los trabajadores ferroviarios. Masa de trabajadores, que además, intentan hacerlos jugar un papel deleznable contra los trabajadores ferroviarios afiliados a su propio sindicato. Como contra ejemplo de buen comportamiento por la necesidad angustiante que conlleva ser un desocupado. Son concientes que los desocupados son desaparecidos sociales. El sistema premia y les permite que estos sindicatos se transformen en gremios empresariales. Los premia con ese otorgamiento, porque juegan un papel, el de regular el descontento, también agentes de la canalización institucional de la animosidad. Diques de contención del reclamo. Toda una degeneración de la cuestión gremial. Si esto no ocurre, apelan a la violencia como ocurrió con los compañeros ferroviarios tercerizados.

 

Pero sorpresa: los burócratas y el gobierno lo que nunca esperaron fue la rebelión de los compañeros trabajadores tercerizados, que plenos de dignidad se han puesto de pie.Hace mucho tiempo que los compañeros tercerizados del Ferrocarril Roca, más de 1.500, vienen reclamando y luchando por pasar a planta permanente. Empresa, gobierno y burocracia sindical, todos al mismo tiempo ponen los obstáculos para que no sean reconocidos. No es negocio para la empresa y el sindicato empresario. Este gobierno nacional y popular conciente a ambos y desprotege a los trabajadores. La tercerización es la sobre explotación de la mano de obra, lo decimos más arriba y lo reafirmamos. Sobre explotación porque realizan los trabajos más inhumanos por una paga miserable y además los quieren hacer jugar un papel deleznable como trabajadores. La presión que ejercen es la falta de trabajo, apelan a la sumisión y la indignidad. Es toda una política sindical derivada de una burocracia sindical que ha profundizado sus mecanismos.

 

Contra esas perversidades se movilizaron ayer los trabajadores. No hubo casualidad, hay causalidades, hace meses que pegatinas, panfletos, pasacalles denuncian a los usuarios del Roca que los que reclaman no son trabajadores, son zurditos… Comenzó de esta forma la descalificación. Con un contenido ideológico similar a la dictadura militar.

El gobierno que dice ser de los derechos humanos, los hizo desaparecer. Las patotas de estos sindicatos comenzaban a operar bajo la orden de los burócratas. ¿Son los futuros camisas pardas o negras? Se preparaba la emboscada. Luego se concreta liberando la zona

 

Cuando el tiro certero mató al militante Mariano Ferreyra, un camarógrafo escuchó clarito decir: un zurdito menos…No sólo fue una emboscada, fue un acto premeditado y elaborado con antelación como el de Kosteki y Santillán…Debemos enmarcar que estas formas represivas ejecutadas por las patotas sindicales tienen que ver, además, con la cercanía de las elecciones en la Unión Ferroviaria. Finalizamos diciendo, que mucho se declama sobre la burocracia sindical, nada se hace, los trabajadores la sufrimos en carne propia".Fuente: http://www.argenpress.info/  21-10-2010

 

1. La UGOFE creada para reforzar el pacto social del Gobierno K y la jerarquía sindical con la gran burguesía

 

La lucha de los tercerizados del Roca. Complicidades, burocracia y negociados

Por Red Eco

"El asesinato del militante del PO Mariano Ferreyra desnudó las prácticas violentas y patoteriles de la burocracia de la Unión Ferroviaria, cómplice y garante del fraude laboral a los trabajadores. El rol del Estado, los subsidios al transporte y el millonario negocio de la tercerización.

El asesinato de Mariano Ferreyra por parte de patotas de la burocracia de la Unión Ferroviaria tuvo lugar en el marco del reclamo de los tercerizados del Ferrocarril Roca por el pase a planta permanente y la reincorporación de 120 despedidos. Desde marzo, los trabajadores reclamaban por condiciones laborales dignas; esto es, gozar de los mismos derechos que sus compañeros efectivos. En el mes de julio, luego de un prolongado corte de vías, los tercerizados recibieron la promesa del gobierno nacional de atender a sus demandas. Llegó octubre, y las soluciones no aparecieron. Recién ayer a la noche, luego de la multitudinaria movilización a Plaza de Mayo en repudio del crimen, el Ministerio de Trabajo comprometió la efectivización de los trabajadores y la reincorporación de los despedidos.

UGOFE, subsidios millonarios y trabajo precario. Unión Ferroviaria, gremio y patrón.
La concesionaria del servicio del Roca, Unidad de Gestión Operativa Ferroviaria de Emergencia (Ugofe) tiene empleados a más de 1500 trabajadores tercerizados a través de 22 empresas diferentes, algunas de ellas vinculadas directamente con los dirigentes de la UF y su jerarca José Pedraza. Estos trabajadores, que realizan tareas tales como vías y obras, limpieza y seguridad, encuadradas en el convenio ferroviario, se encuentran inscriptos en diferentes gremios como UOCRA o Comercio, y cobran salarios que no llegan ni a la mitad de aquellos que se encuentran efectivos. Otro claro ejemplo de fraude laboral y de violación a la ley que indica que a igual trabajo corresponde igual salario.

El Gobierno nacional, la empresa y la conducción del gremio son responsables y cómplices de esta situación. UGOFE fue creada por el Estado en 2007, con la participación de los grupos Plaza (de Claudio Cirigliano), Roggio y Emepa (de Claudio Romero). Fue una salida de emergencia al vaciamiento llevado a cabo por el empresario Sergio Taselli. Desde entonces, reciben millonarios subsidios del Estado, supuestamente destinados a pagar salarios y mantener los precios de los pasajes. No buscamos aquí cuestionar el subsidio al transporte en sí mismo (tema que merecería otro tipo de abordaje que excede estas líneas), sino el hecho de que el Estado entregue millones de dólares a empresarios corruptos, que cometen fraude laboral y estafan al propio Estado.

Estos grupos económicos gerenciadores del servicio del FF.CC. Roca son a su vez dueños de varias de las empresas tercerizadas, maniobra a través de la cual se ahorran casi 50% de los salarios de los trabajadores. Flavio Bustillo, dirigente de la lista Bordó, opositora a la conducción de la UF denunció que "(la empresa) Herso, que repara y mantiene las vías, pertenece a Emepa de (Gabriel) Romero, y BR-T, como su nombre lo indica es de Benito Roggio". Otras fuentes señalan que Amanci SA, responsable del mantenimiento de los vagones pertenece a Plaza. Cirigliano, además del Roca, está al frente de las líneas del ex Sarmiento, el Mitre, el Tren de la Costa, más de 100 líneas de colectivos de la Capital Federal y varias líneas de micros de larga distancia. Además, posee el 33 por ciento del Belgrano Sur y del San Martín. Son conocidos los vínculos de Cirigliano con el ex Secretario de Transporte de la Nación, Ricardo Jaime, procesado por recibir "dádivas" de empresarios de transporte. A todo esto, fue el propio Jaime quien impulsó la creación de UGOFE y facilitó el ingreso de Cirigliano.

Por su parte, la Unión Ferroviaria, que debería velar por los derechos de los trabajadores, ostenta el mérito de ser la patronal de varias empresas tercerizadas. Bustillo, sostuvo también que "una de las empresas que cambia durmientes y rieles en la línea Roca, es la Cooperativa Unión del Mercosur, cuyo presidente es `Maxi´ Pedraza, el hijo de José Pedraza". El acoso, la violencia y las amenazas por parte de patotas de la burocracia fueron moneda corriente durante todos estos años; condición necesaria para mantener las condiciones de explotación, y por consiguiente, los enormes réditos económicos que estos negociados le otorgaron a Pedraza y la dirigencia corrupta de la UF. Párrafo aparte merece el rol cómplice que jugó Pedraza -al frente de la UF desde 1985- en el desguace y destrucción del sistema ferroviario llevado a cabo por Carlos Menem. Pedraza se puso al frente fundamental del aplastamiento de cualquier intento de oposición a las privatizaciones y los despidos por parte de los trabajadores. En 1993, obtuvo una sus tantas recompensas; Menem le entregó a su gremio la concesión del Belgrano Cargas. Pedraza fue acusado en reiteradas oportunidades por estafas a sus afiliados. Varios millones de pesos provenientes de los aportes de los trabajadores desaparecieron "misteriosamente". En las últimas negociaciones paritarias, el Gobierno nacional acordó destinar parte de los subsidios a los sindicatos ferroviarios (Unión Ferroviaria, La Fraternidad –maquinistas- y la Asociación de Señaleros). Estos recibirían el equivalente al 12% de los montos no remunerativos que fueron otorgados a los trabajadores, lo cual representaría un total de $ 700.000 mensuales, en concepto de "aporte empresario para actividades culturales, sociales y de capacitación de los trabajadores" y "contribución especial a la obra social". Este dinero, que debería ser pagado por las empresas, en realidad sería financiado con los subsidios compensatorios al capital. Este acuerdo fue impulsado por la subsecretaría de Transporte Ferroviario, a cargo de Antonio Luna, directivo del sindicato La Fraternidad. El Partido Obrero señaló al hijo de Luna como uno de los integrantes de la patota que disparó contra el grupo de tercerizados y militantes e hirió de muerte a Mariano Ferreira.

Trabajo tercerizado: mal de muchos
Los medios hegemónicos –incluidos los oficialistas, aunque sus voceros planteen una sospechosa distancia con estos- parecen haber descubierto ayer la problemática del trabajo tercerizado. Sin embargo,
ésta no es potestad exclusiva del FF.CC Roca; el trabajo precario, tercerizado y en negro es un mal que sufren millones de trabajadores argentinos. A partir de este fraude laboral, cobran salarios muy inferiores de lo que les corresponde, no gozan de derechos laborales ni de estabilidad, pueden ser despedidos fácilmente, y se ven impedidos de sindicalizarse y acceder a una representación gremial. Como en el Roca, la generalidad indica que son las propias dirigencias sindicales quienes apañan y legitiman el fraude laboral contra aquéllos a quienes deberían representar.

Contra este sistema perverso batallaron los obreros del subte y triunfaron. Las grandes empresas que operan en el país, muchas de ellas de capitales trasnacionales, utilizan como moneda corriente este método fraudulento de contratar empleados a través de agencias de servicios eventuales o de tercerizadas fantasmas. Es lo que ocurre en la fábrica Fel-fort, en donde casi la mitad de la planta se encuentra bajo esta modalidad de contratación. Las prestadoras de servicios públicos como Edesur y Edenor también hacen lo propio –hace no mucho, los tercerizados de Edesur dieron una intensa batalla por su efectivización-. Los call centers de las telefónicas también son terreno fértil para la estafa –el caso de Atento/Telefónica es paradigmático en el rubro-. Ni que hablar de las grandes empresas de medios y telecomunicaciones, que tercerizan sectores enteros. Los trabajadores de WalMart dieron este año una ardua pelea por la efectivización de cientos de compañeros. Lo mismo se repite en grandes fábricas de la alimentación, en grandes empresas de la rama perfumista como Avón, y en cientos y cientos de lugares de trabajo a lo largo y ancho del país.
Sin embargo, no son los privados los mayores responsables de esta estafa a los trabajadores. Hoy,
el Estado Argentino –desde el nacional hasta los municipios- es el mayor empleador en negro, con contratos eventuales, de locación, de monotributo, y decenas de variantes y modalidades de contratos basura. Por su parte, el Estado nacional, primer responsable por acción y/u omisión de lo que ocurre en el Ferrocarril Roca, sostiene que "hay que luchar contra el trabajo en negro".

El gobierno prometió reincorporación y pase a planta
En la reunión llevada a cabo ayer por la noche en el Ministerio de Trabajo, los delegados recibieron el compromiso de que en los próximos días serán reincorporados los 120 despedidos. Durante la próxima semana se reunirán nuevamente las partes para definir el pase a planta de los más de 1500 tercerizados.
Hace meses que el gobierno nacional venía bicicleteando a los trabajadores. Hizo falta un muerto, un compañero asesinado por la propia burocracia sindical, para que la cartera laboral encabezada por Carlos Tomada –quien fuera durante mucho tiempo asesor de la Unión Ferroviaria- brinde una solución definitiva a los legítimos reclamos de los trabajadores. A todas luces, resulta un costo a pagar demasiado grande".
Fuente: http://www.redeco.com.ar/#3

 

Pero ante el repudio masivo:

 

El sindicalista que nadie quiere reconocer Piedra pesada Pedraza

Por Red Eco

Cuando han pasado más de 30 horas de la persecución y cacería que la patota de la burocracia de la Unión Ferroviaria (UF) realizó contra trabajadores ferroviarios tercerizados y militantes, representantes del gobierno y de la CGT focalizaron sus palabras en desligarse de cualquier vinculación con el secretario general de la UF José Pedraza.

 

(Red Eco) Buenos Aires - A mas de un día del asesinato de Mariano, tanto la presidenta como el dirigente de la CGT Hugo Moyano, intentaron deslindar no solo responsabilidades sino también cualquier vinculación con el sindicalista de la Unión Ferroviaria (UF) José Pedraza.
-La presidenta participó de dos actos. A la salida del primero, repitió la frase políticamente correcta que los políticos utilizan en estos momentos: que la justicia juzgue y castigue no solo a los autores materiales sino también intelectuales de este hecho. En el segundo acto realizado en la Casa de Gobierno, lamentó la "muerte" producida por la "violencia" y comparó la "violencia" de la patota de la burocracia de la UF con la "violencia" de los estudiantes que tomaron el Ministerio de Educación. Y señaló que esa "violencia" llevó a la rotura de la puerta del Palacio Pizzurno, lo cual lamentó entendiendo el valor histórico del inmueble. Y luego intentó enmendar semejante comparación que a horas del asesinato de Mariano resultaba aberrante: claro que una puerta no es una vida, dijo.
 

-Hugo Moyano en el programa A dos voces, que se emite por TN, subrayó que si bien José Pedraza es integrante de la CGT, hace tiempo que no lo ve. Ni una sola palabra del dirigente camionero para repudiar el ataque de la patota de su compañero en la central sindical.
Hoy jueves, en declaraciones a FM Milenium, Moyano calificó el asesinato como un "hecho desgraciado" y relativizó que el accionar haya sido de "patotas sindicales o de otra naturaleza". El sindicalista reconoció que "es lógico que los sindicatos tienen que cambiar", y enmarcó ese cambio "en una sociedad que viene de un estado de degradación".
 

-El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, aseguró que el asesinato del militante "bajo ningún punto de vista quedará impune" y que los responsables materiales y los autores intelectuales, "si los hubiera", del asesinato, "tienen que pagar", sostuvo Fernández. En 2002, cuando fueron asesinados los militantes Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, Fernández era Secretario General de la Presidencia. Llamado a declarar en septiembre de 2005 para juzgar a los responsables materiales, el ministro dijo que como no se encontraba en el país en el momento de los asesinatos (llegó a las pocas horas), desconocía todo lo que que había sucedido.

 

En tanto, a través de un comunicado, firmado por su secretario general José Pedraza, La Unión Ferroviaria deslindó "toda responsabilidad en los disparos de armas de fuego que, lamentablemente, derivaron en la perdida de vidas" en los "los hechos ocurridos en cercanías de la Estación Avellaneda". El escrito señala que frente a un grupo de personas "pertenecientes a distintos partidos políticos" que intentó realizar un corte en las vías del Ferrocarril Roca, "trabajadores ferroviarios en servicio trataron de impedir que se consumara la interrupción".
 

"La Unión Ferroviaria y la Ugofe -que gerencian los grupos Plaza, Roggio y Emepa-, son los dueños de las empresas tercerizadas que hoy se ahorran el 40% de los sueldos de los trabajadores y cobran subsidios del Estado", afirmó Flavio Bustillo, delegado ferroviario opositor al líder de la Unión Ferroviaria, José Pedraza". Fuente: http://www.redeco.com.ar/#3

 

En consecuencia, la «recuperación del trabajo» plantea el desafío de posibilitar la democracia sindical que está prohibida (al sostener el unicato) por la ley de Asociaciones Sindicales con origen en el decreto ley 23.852 de 1945 que se mantuvo a través de las leyes 14.455, de 1958; 20.615, de l974; 22.105, de 1979, y la 23.551, de 1988, vigente en la actualidad. Concretar este objetivo exige a los trabajadores constituir su unidad en diversidad para la lucha que ponga en jaque la conciliación con los grandes capitalistas o los opresores. Es desestabilizar al entramado de negocios implícito en forzar a  los trabajadores a que se subordinen a los monopolios y hegemonizado por el Partido Justicialista a través del Gobierno K y la CGT, claro que con el apoyo de la oposición de ultraderecha oficializada e institucionalizada (por ley de reforma política promulgada en diciembre de 2009) como la otra alternativa.

 

Esa unidad de voluntad transformadora de la situación laboral requiere de la elaboración conjunta del concepto de «recuperación del trabajo» como conquista colectiva y como ruptura con el posibilismo e individualismo que, desde la dictadura genocida, el bloque dominante ha ido acostumbrando a las grandes mayorías. Exige cuestionar el proceso de reorganización nacional a favor exclusivo de los grandes capitales y gestionado tanto por gobiernos de facto como por los constitucionales desde mediados de los setenta hasta hoy. Implica comprender que el bloque dominante ha precisado de nuestro consenso para hacerlo avanzar y de nuestra aceptación de delegar poder en estructuras políticas y sindicales que damos como incambiables por nosotros, los de abajo.

 

Ideología

Pensemos que la democracia sindical como ejercicio por los trabajadores de sus derechos y de participación en la toma de decisiones sobre su empleo o profesión respecto al país-mundo e individualidad de cada cual es incompatible con el capitalismo porque éste se basa en la explotación laboral. Es decir, la «recuperación del trabajo» plantea poner en la picota o desenmascarar al poder económico de grandes capitales locales e imperialistas. Porque éstos son quienes se benefician del modelo tanto de los noventa como del establecido por Duhalde-Lavagna que está en vigencia. Esa alianza de corporaciones imperialistas con las locales hasta recurrió al terrorismo de estado para instaurar la continuidad de su progreso en la concentración y transnacionalización tanto económica como territorial, o del funcionamiento socioeconómico tendiente no sólo a expropiar los bienes comunes sino, también, a optimizar la superexplotación tanto de los trabajadores como de la naturaleza.

 

Los juicios y condenas a cárcel de los organizadores y ejecutores del genocidio durante la dictadura cívico-militar mantienen oculto al poder económico e imperialista que implantó, de ese modo criminal, el proceso de acelerado acaparamiento del país a su exclusivo beneficio que prosigue hoy, también con genocidios silenciosos o invisibilizados. Lo mismo sucede con la lucha contra la burocracia sindical y contra el pacto del Gobierno nacional y la CGT con las corporaciones para la fijación de aumentos de los salarios de trabajadores registrados. Resulta poco efectiva si no hay deliberación pública sobre el crecimiento económico y el modelo de desarrollo en vigencia para decidir: seguir enyugados a hacerlo posible o romper con ese derrotero en común.

 

Es tiempo de desenmascarar al bloque dominante y a quienes se esmeran en conducirnos y conservarnos dentro de la conciliación con la acumulación de riquezas y poder del empresariado a fuerza de imponernos trabajo sometido a sus intereses, por ejemplo, Recalde-CGT con su proyecto de ley para la participación de trabajadores registrados en las ganancias, es como el impuesto a las ganancias que sufren salarios considerados elevados. En esa senda de enjuiciar al poder económico e imperialista, consideremos significados de:

 

1. Extensión a la gran mayoría de los registrados de salarios por debajo de la canasta familiar pese al crecimiento económico a tasas chinas

 

El deterioro del salario real como fuente de plusvalía extraordinaria.

Argentina en los últimos treinta años

En este artículo Juan M. Graña y Damián Kennedy explican:"(...)Causas del deterioro de la participación asalariada, o las fuentes de la plusvalía 
 

3.1. El pago a la fuerza de trabajo: salario o costo laboral, según de donde se lo mire 

Como es el objetivo de toda organización social de la producción, en el capitalismo también la masa de riqueza social resultante de un proceso productivo es mayor que la utilizada para su realización. Esta no es sino la forma bajo la cual las sociedades realizan la esencia del ser humano: la apropiación creciente del medio para su reproducción. Claro que, como manifestamos previamente, esta cuestión es una abstracción si no se considera las relaciones sociales de producción. Si antes afirmamos que, dado el carácter privado del trabajo, en la sociedad capitalista los productos del trabajo son valores, la forma que toma –en la sociedad actual– la producción de una riqueza social mayor a la utilizada es la de “valor que se valoriza”, es decir, de producción de plusvalor. La cuestión, que quedó abierta en la sección anterior, es de dónde brota este plusvalor. En contraposición, la generalidad de las personas producen una mercancía bajo la forma “mercancía – dinero – mercancía”: la fuerza de trabajo. Desprovista de todo medio de producción, la mayor parte de la población se ve forzada a convertir en mercancía lo único de lo que dispone, su capacidad de trabajo, contratado por los capitalistas individuales para la producción de mercancías. El valor de la fuerza de trabajo está determinado, como el de cualquier mercancía, por la cantidad de trabajo humano abstracto socialmente necesario para su producción, que en este caso representa los medios de vida requeridos para la reproducción del obrero y su familia. La problemática de si en lo concreto el salario representa o no el valor de la fuerza de trabajo es una discusión por demás importante que retomaremos más adelante pero, por ahora, podemos dar cuenta de cómo evoluciona en un determinado período el poder de compra del salario en relación a una canasta determinada de bienes, o sea, el salario real.  

Para analizar la evolución del período que estudiamos bien vale la pena en el caso del salario real referirnos a las décadas previas a la del setenta para comprender el cambio de tendencia que ocurrió en la misma. A su vez, tomamos como “punto de comparación” el año 1970, en tanto el salario real tiene en el mismo un nivel que podría considerarse representativo del resultado de un proceso “normal” de crecimiento económico acompañado por aumentos en el poder adquisitivo del salario. Así, evitamos tomar el nivel de 1973 – 1974, porque visto en perspectiva su nivel parece ser particularmente elevado, de modo que la comparación contra dicho punto puede generar falsas conclusiones. 

Como podemos observar en el gráfico, entre 1947 y 1960 el nivel del salario real es estable, aunque con marcadas oscilaciones. A partir de allí, la tendencia es positiva en general, y particularmente a mediados de la década de sesenta y a principios de los setenta. De esta forma, hacia principios de los setenta el poder adquisitivo del salario había crecido alrededor de un 30% en relación a su nivel de mediados de siglo. Los dos primeros años del tercer gobierno peronista muestran una situación particularmente favorable, en la cual el salario real trepa más del 30% en dos años, lo que evidentemente lleva su nivel al más alto de la serie analizada. Sin embargo, a partir de la caótica situación de 1975 dictadura mediante, y hasta 1977 las remuneraciones reales promedio del país se reducen un 55%. Luego, la creciente apreciación cambiaria resultado de la “tablita” de Martínez de Hoz resultó en una marcada recuperación salarial que fue completamente revertida por la crisis de la deuda. La recuperación democrática impulsó los sueldos reales un 35%, que a partir de 1984 comenzaron a reducirse debido a la aceleración inflacionaria, cayendo hasta un nuevo mínimo histórico en 1989, cuando el salario real representó apenas el 62% del de 1970 (y la mitad del de 1974). La estabilización nominal lograda por la Convertibilidad produce una leve recuperación del poder adquisitivo del salario, luego revertida por el crecimiento de la desocupación, la precarización laboral y el estancamiento económico posterior. Si se pensaba que ya no había lugar para el retroceso del poder adquisitivo del salario, la explosión de la regla convertible, la devaluación de enero y la concomitante inflación vienen a desmentirlo: las remuneraciones reales se derrumban más de un 30% entre 2001 y 2003, marcando un nuevo mínimo histórico. Así, en 2003 el salario real era apenas más de la mitad del de 1970 (y un 40% del de 1974). Todo el proceso de crecimiento actual (25%) no llegó en 2006 (último dato confiable) a retrotraer la caída a diciembre de 2001. (...)

 

En resumidas cuentas, tomando como punto de comparación 1970 (y no 1973-1974), el salario real de 2006 (esto es, incluyendo la recuperación de los últimos tres años) representa apenas un 65% de aquél. Estos resultados son compatibles con los alcanzados por González (2004), Beccaria et al (2005) e Iñigo (2007), quienes señalan que el salario industrial real es entre un 35% y un 45% menor al de aquel momento. Sólo a fines de reforzar la idea, nótese que en los años noventa rigió un salario real de niveles apenas asimilables a los de la década del cincuenta, mientras que en la actualidad nos encontramos incluso por debajo de aquel nivel. O sea, la clase obrera argentina no ha podido avanzar ni un paso en su “calidad de vida” en el último medio siglo, a la vez que en los últimos treinta años sólo la vio retroceder. Cabe realizar alguna salvedad respecto a la diferencia entre el salario real y el costo laboral, principalmente para la Convertibilidad. Como discutimos más arriba, la diferencia conceptual entre ambos es que, el primero, mira los precios que enfrenta el trabajador para consumir y, el segundo, los precios que recibe el empresario. Así, la diferencia que se observa entre la evolución del salario real y la del costo laboral desde principios de los noventa responde exclusivamente a que en dicho momento el conjunto de bienes que se encuentran en el IPC evolucionó distinto que el total de los precios debido a la importación que tienen los servicios públicos que se incrementaron 

significativamente al privatizar o concesionarlos a principios de la década. A partir de allí, se mantuvo la distancia pero la evolución resultó prácticamente idéntica. 

 

3.2. La productividad como forma “genuina” de producción de plusvalía 

Una vez dentro del proceso productivo, el trabajador cumple una doble función: mientras que de un lado conserva y transfiere el valor de los medios de producción al valor del producto, del otro crea nuevo valor, cuya magnitud no guarda en sí relación alguna con el valor de la fuerza de trabajo (determinado, como vimos en la sección anterior, por el valor de los medios de vida necesarios para la reproducción del trabajador). Esta separación es justamente la base de donde surge la capacidad del dinero para valorizarse: de la utilización de la fuerza de trabajo a lo largo de una jornada laboral mayor a la que equivale su propia producción. De no ser así, no habría producción de plusvalía ni, por tanto, producción capitalista

Así considerado, en este proceso, los objetos materiales del proceso de trabajo cumplen funciones específicas: mientras que la parte del capital desembolsado en medios de producción (medios de trabajo, tierra y materias primas) es conservada y transferida al valor del producto (capital constante), la parte materializada en fuerza de trabajo crea nuevo valor (capital variable), que valoriza al capital en su conjunto. Sólo si nos detenemos en el aspecto técnico – material del proceso de producción (que, como vimos anteriormente, está presente en toda forma social y, por tanto, no nos dice nada en particular del modo de producción capitalista) podemos agrupar a los diversos objetos que en éste intervienen en “factores de la producción” y hablar de su “aporte”; en particular, en relación al “factor trabajo”, sólo deteniéndonos en la cara material del proceso productivo podemos ver simplemente el despliegue de una determinada actividad física e intelectual destinada a un fin, afirmando consecuentemente que lo que el salario paga corresponde a este servicio. Pero hemos intentado dejar claro que una cosa es el trabajo en tanto despliegue de capacidades y otra muy distinta es su función en tanto proceso de valorización. 

Ahora bien, ¿cómo se lleva adelante la producción de plusvalor? Por no presentar ningún límite natural o social (como sí lo tienen tanto la extensión indefinida de la jornada de trabajo como su intensificación), la forma más potente es la plusvalía relativa, esto es, aquélla que resulta de la generalización de las mejoras productivas en las ramas que directa o indirectamente producen bienes consumidos por los asalariados tal que, manteniendo constante el salario real, disminuye el valor de la fuerza de trabajo. A su vez, la forma más acabada de producción de plusvalía relativa es el reemplazo de fuerza de trabajo por maquinaria, en tanto de esta forma se hace actuar a las fuerzas naturales automáticamente sobre el objeto de trabajo para su transformación. Claramente, para cada capital individual el proceso de producción de plusvalía como tal resulta completamente ajeno. Para éste, el precio de costo de su mercancía nada tiene que ver con el valor, sino que simplemente representa su desembolso de capital (dado que el equivalente al plusvalor le es gratuito), a lo que suma la tasa general de ganancia que resulta de la competencia entre capitales. Así, cada capital individual buscará “maximizar su ganancia” disminuyendo su costo individual tal que, dado el precio de mercado, se apropie de una ganancia extraordinaria, para lo cual no hace más que introducir mejoras productivas que incrementen la productividad. En otros términos, de lo que se trata es de lograr un aumento de la capacidad productiva del trabajo que permita “diluir” los costos laborales, insumos y de maquinaria en una masa mayor de mercancías puestas en circulación. Al generalizarse éstas en la competencia disminuye el valor de la mercancía, desapareciendo la ganancia extraordinaria originalmente lograda. Esta es la forma concreta bajo la cual se realiza, para el conjunto, la producción de plusvalía relativa. En resumidas cuentas, la forma bajo la cual en la sociedad capitalista la masa de riqueza social resultante de un proceso productivo es mayor que la utilizada para su realización es la utilización de la fuerza de trabajo por más tiempo que lo que cuesta su producción, bajo la apariencia –sobre la que se construye la teoría económica– de un pago en relación al aporte realizado.

A tal apariencia contribuye el hecho de que la forma más potente de crear una mayor riqueza social es la introducción de maquinaria que posibilite el incremento de la capacidad productiva del trabajo, que se presenta como la “productividad del capital”. Llegamos así al segundo término de nuestra expresión matemática: la productividad horaria, que –recordemos– guarda con la participación una relación inversa.(…) En resumidas cuentas, visto el período de conjunto, en Argentina no parece manifestarse la tendencia esperada a un incremento relativamente continuo de la capacidad productiva del trabajo, apareciendo –incluso- períodos importantes en la cual la misma retrocede fuertemente. De esta forma, podemos ver cómo hacia 2006 el nivel de la productividad es apenas un 17% más alto que el vigente 36 años atrás. Mientras que el importante dinamismo de “los noventa” sirve para recuperar la pérdida de los ochenta y el actual logra lo mismo en relación a la de fines del siglo pasado y principios del actual. 

3.3. ¿Mano a mano?: la relación entre salario real y productividad 

A partir de lo desarrollado en el apartado anterior, resulta claro que un deterioro de la participación asalariada en el ingreso puede ser resultado de las leyes generales de la producción capitalista: tal como ocurre cuando los incrementos de productividad en la producción de plusvalía relativa no son transferidos a salarios. Ahora bien, sin perjuicio de lo anterior, tal tendencia no debiera verificarse unívocamente como tal, debido a que el referido proceso de tecnificación productiva (bajo el cual se realiza la producción de aquella) trae aparejado –al observarlo en el largo plazo- una creciente organización científica del proceso de trabajo. Éste requiere un obrero colectivo crecientemente calificado que encierra, por tanto, una fuerza de trabajo de mayor valor. De esta forma, es de esperar que una mayor productividad vaya acompañada de aumentos en el salario real; es decir, no todo crecimiento de aquella debe traducirse necesariamente en plusvalía. Por otra parte, nótese que un incremento de la participación asalariada podría ser el resultado, incluso de un proceso en el cual la capacidad productiva del trabajo se está reduciendo. Con esto, lo que debiera quedar claro es que la evolución del cociente de la masa salarial y el ingreso total no resulta un indicador en sí mismo, en tanto una misma evolución puede estar expresando cuestiones completamente diferentes e, incluso, opuestas.

En este sentido, ¿Qué podemos decir de esta relación, en función de lo desarrollado anteriormente? Es decir, ¿qué hay detrás del deterioro de la participación asalariada? Llegados a este punto, estamos en condiciones de analizar la evolución entre salarios y productividad que inicialmente nos mostraba la expresión (…) En resumidas cuentas, mirando el proceso 1970 – 2006 entre puntas, la conclusión es evidente: detrás del deterioro de la participación asalariada no se encuentra sólo el esperable incremento de productividad no transferido a salarios sino también la reducción lisa y llana del costo laboral: mientras que la productividad creció entre puntas 17%, el costo laboral cayó un 10%. Dicho en otros términos, creció un 17% el rendimiento de la clase obrera en promedio, y cayó un 10% lo que se apropia del total. En este punto, recordemos que en términos de lo que la clase obrera puede adquirir con esta parte que le toca la cuestión es mucho peor, en tanto el salario real se contrajo en igual período un 35%.

4. Rasgos específicos de la acumulación de capital en Argentina 

Evidentemente, el deterioro de la participación asalariada en el ingreso tiene una sola contrapartida: un incremento de la parte de la riqueza social producida cada año que toma la forma de plusvalía. Como mostramos previamente, para Argentina en el período 1970 – 2006 tal deterioro no es exclusivamente fruto de las leyes generales de la producción capitalistas, sino que también se explica por la reducción del salario real. Debemos, ahora sí, dar cuenta de lo que antes dijimos no importaba: la relación entre salario real y valor de la fuerza de trabajo. Una caída del valor de la fuerza de trabajo, como contenido del aumento de la productividad de sectores que producen directa o indirectamente y, como resultado general del proceso de producción de plusvalía relativa, no puede realizarse bajo la forma de una caída del salario real. Éste implica necesariamente una caída de la capacidad de consumo y no simplemente una reducción de lo que representa tal consumo del valor total generado. Lo que si podría haber sucedido es la descalificación masiva de la fuerza de trabajo argentina. Aunque claramente un sector de la misma ha perdido las capacidades requeridas por el capital, otro tanto ha ido adquiriendo los atributos de la población trabajadora a nivel mundial. Dado que existen estas dos tendencias contrapuestas, es difícil sostener que la totalidad de tamaña reducción en el poder de compra del asalariado se deba a un simple crecimiento del segmento de fuerza de trabajo descalificada a costa del calificado. En este sentido, la única otra posibilidad para que el salario no haya caído por debajo del valor de la fuerza de trabajo es que podamos señalar con precisión que, antes de la caída -vg. primera mitad de los setenta-, la remuneración real del colectivo asalariado en la Argentina se encontraba marcadamente por encima de su valor. Claramente esa afirmación no es sostenible, además de requerir una explicación sobre las formas en las que la clase trabajadora logró tal reivindicación, debido a que, nuevamente, la magnitud de la caída torna cualquier elucubración sobre este momento en una realidad concreta, hoy la fuerza de trabajo se vende por debajo del valor convirtiéndose, junto a la renta de la tierra, en fuente de plusvalía extraordinaria que utiliza el capital para su reproducción. En resumidas cuentas, la caída del salario real observada en el apartado previo representa una sostenida tendencia al pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor.

En este marco, ¿qué rol juega esta caída del salario real? ¿Cuál es su papel en la producción capitalista? Cuando el salario no alcanza a cubrir los bienes que los trabajadores y sus familias necesitan para su reproducción, éstos están “cediendo” no sólo plusvalía en general, sino también una plusvalía extraordinaria. En otros términos, el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor representa una fuente adicional de plusvalía, “al lado de” la extensión de la jornada de trabajo, su intensificación y la reducción por el avance técnico del valor de la fuerza de trabajo. En este sentido, ¿cómo evolucionó en nuestro país la producción de plusvalía extraordinaria con fuente en el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor? Para tal fin, y tal como explicamos en el Anexo metodológico, podemos ver cuál hubiera sido la masa salarial en cada año si el salario real hubiera mantenido su nivel de 1970, de modo que la diferencia entre tal masa hipotética y la masa salarial real constituye la plusvalía extraordinaria con fuente en el deterioro del salario real. Nótese que estamos trabajando con la hipótesis de mínima, en tanto no estamos considerando ningún aumento en el salario real. Así, en el Gráfico 5 mostramos la participación en el ingreso de la masa salarial efectivamente percibida por la clase obrera, y la de la plusvalía neta de gastos de circulación dividida en sus dos componentes: la extraordinaria y la “genuina” (que surge de la diferencia entre la efectivamente observada en cada momento y la extraordinaria).(…)". Fuente: http://www.econ.uba.ar/www/institutos/economia/Ceped/publicaciones/2008/Grana_Kennedy_SEPLA.pdf 

2. Quita de derechos laborales y humanos a cuarenta por ciento de los trabajadores ocupados

 

La tercerización de las relaciones laborales en la Argentina

Por: Guillermo Pajoni (especial para ARGENPRESS.info)

"Como consecuencia del perverso asesinato del luchador social Mariano Ferreyra, se vuelve a colocar en el centro de la escena una de las formas fraudulentas de contratación laboral que se generaliza bajo el término de “tercerización”.
La
“tercerización” de los servicios y actividades industriales nace y se desarrolla como una consecuencia del desarrollo de la lógica del funcionamiento del sistema capitalista. En efecto, como correlato de la mayor inversión en tecnología en virtud de la necesidad de cada capitalista de mantenerse competitivo frente a sus rivales, propio de una sociedad basada en la propiedad privada de los medios de producción, inversión que se contrapone con la menor utilización del capital utilizado para contratar trabajadores, se produce por etapas un fenómeno tendencial de baja de la tasa de ganancia. Ante esa tendencia que se agudiza desde los años 70 a la fecha y que culmina con la crisis capitalista mundial que hoy padecemos, el capital busca formas de evadir esa tendencia y recuperar su ganancia. La “tercerización” laboral es una de esas armas, pues implica varias cuestiones caras a los empresarios, a saber:

Estos son algunos de los aspectos centrales que determinan la presencia de las “tercerizadas” y su siniestro rol en las relaciones laborales de producción existente. Como dijimos, se trata de un proceso económico y social pero que obviamente debe encontrar su andamiaje legislativo (aunque no siempre sea necesario) para evitar un masivo reclamo judicial. Y aquí la Argentina tiene su historia.

 

La “vieja” Ley 20744 de Contrato de Trabajo en lo que eran sus arts. 31 y 32 establecía que en todos los casos que se contratara personal por medio de terceros, estos trabajadores serían “considerados empleados directos de quien utilice su prestación”, respondiendo ambas empresas solidariamente de todas las obligaciones emergentes de la relación laboral y establece que en caso de subcontratación o delegación de trabajos y obras también ambas empresas responderían solidariamente aunque se tratare de actividades accesorias. Asimismo establecía que a los fines del convenio aplicable y la representación sindical se considerará la actividad del principal, o sea de quien efectivamente utiliza la mano de obra.

 

Esta normativa es modificada sustancialmente por la dictadura militar. En efecto, en el primer mes de la usurpación del poder, la dictadura modifica la Ley de Contrato de Trabajo, derogando veinticinco artículos y modificando noventa y ocho, o sea que entre eliminaciones y mutilaciones, se afectan 123 artículos de los 306 que tenía en ese momento la Ley en cuestión. Un 40% del contenido de la Ley de Contrato de Trabajo es barrido por la dictadura militar, lo que significa en realidad la modificación total de dicha Ley y su adecuación a los intereses dominantes y a los cuales respondían los genocidas. Y en esa modificación, la dictadura legaliza las “tercerizaciones” y elimina la responsabilidad del empresario que utiliza la mano de obra (al que se denomina con cierta perversión lingüística, el “usuario de la mano de obra”, o sea quien “usa” al trabajador). Es así que el actual art. 29 de la L.C.T. (luego modificado por la Ley 24013 en su art. 75, en cuanto a convenio y representación sindical en forma favorable al trabajador bajo art. 29 bis) crea las “empresas de servicios eventuales”, eje motor del fraude laboral. En efecto, estas supuestas empresas de servicios eventuales creadas por la dictadura militar en su aspecto legitimante (no diría legal, pues no puede ser legal una disposición de un usurpador del poder) aparecen como prestadoras de trabajadores para tareas eventuales que son aquéllas que se refieren a “servicios extraordinarioso exigencias extraordinarias y transitorias de la empresa, explotación o establecimiento” (art. 99 LCT). Este contrato de trabajo eventual está previsto en la Ley de Contrato de Trabajo y podían hacerlo directamente la empresa que contrataba a los trabajadores bajo esta modalidad, por lo que no resultaba necesaria la figura de las empresas de servicios eventuales, pero el negocio que se armó fue fenomenal, y hoy empresas multinacionales ocupan el centro de la escena bajo esta modalidad. Asimismo, se modifica la LCT en el sentido que desaparece la responsabilidad solidaria e inclusive y en determinados casos responderá el “usuario” sólo cuando se trate “de la actividad normal y específica propia del establecimiento” (actual art. 30 LCT). La dictadura eliminó el término actividad “accesoria” y con ello dejó abierta la puerta al fraude y la evasión de responsabilidad.

 

Es lamentable decir que luego de veintisiete años de democracia, estas perversas normas de la dictadura militar están sustancialmente vigentes.

En el campo jurisprudencial ha habido diversas lecturas, donde el arco es muy amplio y hay posiciones encontradas respecto al marco de los alcances de la responsabilidad solidaria. La eliminación del término “accesorio”, la legitimación de las empresas de servicios eventuales y los alcances de la “actividad normal y específica” han dado tela para cortas. Se ha llegado a fallos absurdos donde un Banco no debía responder por el personal de vigilancia que era contratado mediante empresas “truchas” e insolventes, muchas veces ligadas a gerentes o directores de la misma institución.

 

La Corte Suprema de Justicia de la Nación de la época menemista, haciendo gala de su permanente postura antiobrera, mediante el caso “Rodríguez c/Embotelladora” legitimó el fraude y basándose en la necesidad de “inversiones” y “seguridad jurídica” para el capital, rechazó todo reclamo en que pudiera asomar la posibilidad de ampliar la responsabilidad a la empresa principal. En su actual composición, la Corte Suprema ha dispuesto que “impropio del cometido jurisdiccional de esta Corte, en el marco de un recurso extraordinario, formular una determinada interpretación de la norma citada, dado el carácter de derecho común que ésta posee”, refiriéndose al art. 30 aplicado en “Rodríguez” y por tanto “libera” a los jueces inferiores de tomar como precedente ese caso (“Benítez Horacio c/ Plataforma Cero SA”), pero y como consecuencia de lo expuesto, no se introdujo en el tratamiento de la cuestión de fondo, dejando a los Juzgados inferiores que resuelvan en cada caso.

Pero lo esencial es que se mantiene un perverso esquema de relaciones laborales donde el fraude es legitimado mediante una legislación establecida por la dictadura militar y hoy vigente en claro perjuicio de los trabajadores.

 Y es en este marco, donde ante un justo reclamo de reincorporación de despidos y reubicación en la planta permanente que efectúan trabajadores que son en realidad empleados de la empresa que explota los ferrocarriles, en forma inconcebible e increíble (dado que el reclamo era contra la empresa y no contra el sindicato), aparecen evidentes mercenarios que la misma Unión Ferroviaria en voces de sus dirigentes reconocen que intervinieron en la agresión (obviamente disfrazando los hechos), para atacar y finalizar asesinando e hiriendo a los trabajadores y luchadores sociales que reclamaban por sus justos derechos. Qué hacían allí estos sujetos sino defender concretos intereses. Es obvio que aquí hay una connivencia de negocios entre la empresa y estos sectores burócrata-empresarios para atacar a quienes pretenden mejoras salariales, mejores condiciones de trabajo y mínima dignidad laboral. Y sin duda, la legislación vigente juega un rol fundamental para legitimar estas perversas prácticas con más un régimen de asociaciones sindicales que también permite la entronización de estos personajes cuyos intereses nada tienen que ver con los trabajadores y que inclusive se oponen a ellos". Fuente: http://www.argenpress.info / 26-10-2010

 

3. Creación de regulaciones en contra de los trabajadores para atender a la acumulación de los grandes capitales

 

Precariedad laboral y caída salarial. El mercado de trabajo en la Argentina post convertibilidad 

Por Clara Marticorena

"(...)La «terciarización» –externa e interna- de partes del proceso productivo o subcontratación de servicios antes integrados en una misma empresa permitió a las grandes empresas bajar sus costos y regular la contratación de ciertos servicios o procesos en función de la demanda, reduciendo el plantel de trabajadores y precarizando las condiciones de trabajo en las empresas subcontratistas. Lo que deriva de este proceso es la existencia de un plantel reducido de personal permanente que goza de mayores salarios y otro plantel de trabajadores inestables, que perciben menores salarios y fluctúan según los ciclos de la demanda de fuerza de trabajo. Así, durante los '90, la expulsión de empleo y la precarización de las condiciones de venta de la fuerza de trabajo se producen tanto en momentos expansivos como recesivos del ciclo económico. El crecimiento del PBI, la precarización laboral y el desempleo deben analizarse como parte de un mismo proceso, donde los últimos elementos constituyen las bases del proceso de acumulación de capital y no una consecuencia inesperada del proceso de “modernización”

La (re) regulación del mercado de trabajo: las leyes de reforma laboral “Se viven formas transitorias de producción, cuyas consecuencias son también agudas en lo que respecta a los derechos del trabajo. Estos derechos son desregulados, son flexibilizados, con el fin de dotar al capital de los instrumentos necesarios para adecuarse a esta nueva fase.”8 

Un análisis comparado de las sucesivas reformas laborales implementadas nos permite observar las reglamentaciones y modificaciones que contribuyeron a crear un marco regulatorio propicio a las necesidades de acumulación del capital en nuestro país. En efecto, la reforma del año 1991 ha priorizado, en lo referente a la contratación de trabajadores, formas de contrato por tiempo determinado, en relación con la preferencia que antes gozaban los contratos de duración indeterminada, por su mayor adaptación a la demanda de las empresas, permitiendo la movilidad de la fuerza de trabajo y reduciendo notablemente los “costos laborales”. Efectivamente, las modificaciones sobre la legislación laboral tendieron a reducir el costo laboral no salarial, aumentar la previsibilidad del costo laboral, flexibilizar la distribución del tiempo de trabajo y descentralizar la negociación colectiva. Los principales cambios introducidos en la legislación sobre contratos por tiempo determinado( períodos de prueba, regímenes de preaviso, indemnizaciones por despido, reducción de cargas patronales, y ámbitos y contenidos de los convenios colectivos) dan cuenta de una mayor vulnerabilidad de la clase trabajadora en el lugar de trabajo.

Es importante visualizar la permanencia de regímenes flexibles en materia de legislación laboral desde el año 1991 hasta la reciente sanción del régimen laboral en el año 2004. (...) Ésta modifica el concepto de indemnización adecuándolo al régimen anterior y  a partir de la emergencia económica se estableció la obligatoriedad de la doble indemnización ante el despido de trabajadores. Con respecto al período de prueba, la ley “Banelco”, sancionada en el año 2000, introduce una cláusula específica para pequeñas empresas que permite la extensión del período mínimo a 6 meses ampliable a doce por convenio colectivo. Es importante resaltar que la modificación introducida por la ley 25877/2004, si bien agrega la obligatoriedad del preaviso, mantiene un período de prueba de tres meses –ahora no prorrogable- y la cláusula por la cual el trabajador no posee derecho a recibir indemnización alguna por su trabajo en dicho período. Con respecto a la reducción de contribuciones patronales, tanto en la ley 25250/2000 como en la 25877/2004 se establecen mecanismos de reducción de las contribuciones patronales aún sabiéndose lo ineficaz de este tipo de medidas para generar empleo. Otra de las cuestiones a resaltar son las modificaciones establecidas con respecto a los ámbitos de negociación de las Convenciones Colectivas de Trabajo (CCT), sus niveles y contenidos. (...)

 

Como podemos observar a través de este breve recorrido, las sucesivas leyes laborales mantienen contenidos en común, en todas ellas se introducen o se mantienen formas precarias de contratación en lo que respecta al derecho individual del trabajo y en algunas se regulan formas también precarias en lo referente a relaciones colectivas de trabajo. Sin embargo, ante las distintas coyunturas, se producen modificaciones, como la derogación de contratos promovidos y la última regulación sobre convenciones colectivas de trabajo. Igualmente, continúan vigentes extensos períodos de prueba sin derecho a indemnización, contratos de pasantía, y distintos mecanismos de reducción de aportes patronales. (...)

Resulta interesante vincular las modificaciones en el régimen laboral con la forma que adopta la acumulación de capital. Mientras que las primeras reformas buscaban terminar con las “rigideces” del mercado laboral, dando un marco regulatorio laxo para la movilidad de los trabajadores que permitiera al conjunto del capital reducir los “altos” “costos” laborales en términos internacionales -en el contexto de un tipo de cambio sobrevaluado-, la modificación del tipo de cambio a partir de la devaluación abre otro escenario. Es posible pensar que en una etapa de recuperación económica, que sucede a una profunda recesión, se requieren ciertas condiciones que promuevan el ingreso de fuerza de trabajo al mercado. Ingreso que, a su vez, debe ser ordenado desde las tradicionales corporaciones del empresariado y de los trabajadores. La obligatoriedad por decreto que impone la doble indemnización ante despidos y la vuelta al régimen anterior de convenciones colectivas de trabajo marcan una tendencia a regular tanto las condiciones de salida de los trabajadores como su situación salarial. De esta manera, las distintas reformas deben analizarse como las necesarias modalidades que adquiere la venta de la fuerza de trabajo en las distintas etapas de la acumulación capitalista en la Argentina. Es preciso señalar que la vuelta a criterios anteriores a la reforma en lo referente a relaciones colectivas e individuales del trabajo, si bien manifiesta la necesidad de una mayor regulación del mercado de trabajo, se produce en un contexto donde las dispares situaciones en las que se encuentran los trabajadores condicionan los efectos de la tibia legislación laboral. Efectivamente, no podemos olvidar que la principal forma de precarización y disciplinamiento radica en los altos índices de desempleo y subempleo que caracterizan al mercado de trabajo desde la última década (...)".  

Concluye: "(...)A pesar de la cercanía temporal del período analizado, es posible mencionar algunos elementos que marcan una continuidad, o hasta una profundización, de ciertos procesos que caracterizaron al mercado de trabajo en la década pasada. Así, la precariedad laboral, la creciente segmentación del mercado de trabajo, la dispersión salarial, como el carácter estructural del desempleo, son procesos que no dejan de presentarse en la actualidad. En este contexto, la recuperación del nivel de empleo se vincula principalmente con el aumento del empleo no registrado y la difusión de formas precarias de contratación. A su vez, se observa un incremento en la cantidad de horas trabajadas, como consecuencia del leve crecimiento económico pero también de la extensión de la jornada laboral, dando cuenta de altos niveles de sobreempleo. Dicha recuperación en la tasa de ocupación no redunda en un descenso importante de la tasa de desempleo, que se encuentra alrededor del 16%, si incluimos como desocupadas a las personas que reciben planes sociales. La segmentación que presenta el mercado de trabajo se conjuga, a su vez, con una importante dispersión salarial que marca una brecha entre el sector privado registrado, el no registrado y los trabajadores estatales.

 

Como pudimos observar, la dispersión que presenta el salario real para estos sectores marca un profundo deterioro en la capacidad adquisitiva principalmente para trabajadores no registrados y estatales. A su vez, pudimos observar que el promedio salarial para los trabajadores registrados y no registrados se encuentra cercano e incluso por debajo del ingreso calculado por el INDEC para determinar la línea de pobreza y de indigencia respectivamente, a pesar de que el salario real de los trabajadores del sector privado registrado ha presentado una relativa recuperación en los últimos años. El deterioro salarial relacionado con el valor de la canasta básica total expresa la incapacidad de reproducir completamente la fuerza de trabajo –encontrándose para los trabajadores no registrados incluso por debajo del mínimo fisiológico, si tomamos la canasta básica alimentaria-, dando cuenta de su venta por debajo de su valor. Como señalamos, la caída en la capacidad adquisitiva del salario no ha sido contenida por las políticas salariales. Éstas han estado dirigidas al sector privado –sin mayor impacto sobre los trabajadores no registrados- y a los empleados públicos en relación de dependencia de la administración pública nacional, que excluye a la gran cantidad de personal contratado y pasante. Además de no beneficiar al conjunto de los trabajadores, los magros aumentos otorgados no permiten siquiera una recuperación salarial que equipare la capacidad adquisitiva de gran parte de los ocupados –trabajadores estatales y no registrados- a los niveles presentes en diciembre del 2001. Por su parte, el análisis de las sucesivas modificaciones de la legislación laboral nos permitió observar la permanencia de un marco regulatorio flexible desde la reforma laboral del año 1991. Sin embargo, no es posible dejar de resaltar que la última legislación combina una serie de normativas favorables relativas a las indemnizaciones y la regulación de las convenciones colectivas de trabajo con la permanencia de reducciones en las cargas patronales para determinadas empresas y períodos de prueba extensos, aunque menores con respecto a la anterior legislación. Tal como lo expresamos anteriormente, las regulaciones laborales se enmarcan en un contexto donde las altas tasas de desempleo y subempleo central en la precarización de las condiciones de trabajo, y en este sentido, deben ser analizadas como una de las principales regulaciones del mercado de trabajo. Para finalizar, y en función de las temáticas abordadas, resulta difícil sostener que la modificación del tipo de cambio haya dado lugar a un modelo económico que tienda a mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora. Las características que presenta el mercado de trabajo y su inescindible impacto en los ingresos de la población, marcan un deterioro en las condiciones de vida de las clases populares que no hace sino expresar que la salida de la crisis para la clase dominante, y el modelo de acumulación resultante, sigue sosteniéndose a partir de la sobreexplotación de la fuerza de trabajo". 

Fuente: http://www.aset.org.ar/congresos/7/02008.pdf 

 

4. Planificación del «empleo no registrado» para garantizar la alta rentabilidad y el plantel de trabajadores según nivel de actividad

 

Clara Marticorena, en su artículo "El trabajo asalariado industrial en la posconvertibilidad", centra su análisis en cuáles son las condiciones objetivas de la clase trabajadora ocupada en la industria manufacturera, "sector de significativa relevancia en la recuperación y el excepcional crecimiento del PIB en los últimos años y donde la evolución del empleo pone de manifiesto una clara diferencia respecto de su comportamiento en la década de los '90, dados los elevados niveles de elasticidad empleo-producto que presentó en los años recientes".

 

Especifica sobre el carácter de los cambios en la relación capital-trabajo durante la fase de 2002 a 2006:

  1. "Las limitaciones para incrementar los salarios y revertir el deterioro en las condiciones de trabajo (...)
    La aguda crisis precedente permitió una fuerte expansión de la actividad y del empleo basada sobre la utilización de la capacidad ociosa, también la caída en los costos laborales que abaratan la contratación de fuerza de trabajo y la reactivación de sectores de baja productividad determinaron la evolución del empleo.

    El dinamismo que presentan la economía y el empleo sin duda plantea condiciones favorables a la lucha de los trabajadores.  En efecto, los salarios reales para algunas porciones de la clase obrera han recuperado e incluso superado levemente, los niveles previos a la devaluación. Sin embargo, esto se produce en el marco de una tendencia de largo plazo signada por la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios (...).
    Esa tendencia se debe al proceso de reconfiguración de la relación al interior de y entre las clases sociales fundamentales que opera desde el último cuarto de siglo en nuestro país, en el marco de un proceso de reestructuración mundial del capitalismo. Dicha reestructuración ha supuesto un avance sustantivo en la subsunción del trabajo al capital, cuyos efectos han sido la creciente pauperización de los trabajadores y el deterioro de sus condiciones de trabajo, avance posibilitado tanto por el aumento de los trabajadores que fueron constituyendo el ejército de reserva para el capital como por el cambio en las relaciones políticas de fuerza a través de la represión directa y  de los procesos de ajuste económico. (...)

«La reconfiguración de las relaciones sociales» durante las últimas décadas, tiene un vínculo particular con el modo a través del cual fue posible reanudar un ciclo de acumulación ampliada en los años recientes y con las condiciones que permiten mantener los elevados niveles de rentabilidad capitalista. En efecto, el ajuste devaluatorio provocó una abrupta caída del salario real que garantizó la recomposición y aumento de la tasa de ganancia (...)".
 

Clara Marticorena, al examinar las características del trabajo asalariado industrial durante la posconvertibilidad, destaca: "la recuperación de los ingresos de los trabajadores industriales ha sido considerablemente lenta y recién en el año 2006 los asalariados registrados han recuperado el nivel de su capacidad adquisitiva correspondiente a octubre de 1998. Dicha recuperación estuvo ligada, en un principio, con aumentos de carácter no remunerativo, basándose posteriormente sobre la regulación del salario mínimo y la reactivación de la negociación colectiva.

La «política salarial desplegada por el gobierno» (primero de Duhalde y luego de Kirchner) consistió, hasta mediados del año 2003, únicamente en el otorgamiento de bajas sumas de carácter no remunerativo que fueron incorporadas al básico mediante la negociación colectiva posterior. Este retraso permitió al capital industrial comenzar un nuevo ciclo expansivo sobre la base de costos salariales particularmente bajos.

La política de aumentos no remunerativos fue parcialmente reemplazada desde julio de 2003 por la regulación del salario mínimo vital y móvil que se encontraba 'anclado' en $200 desde septiembre del año 1993. Sin embargo, esta regulación partió desde niveles inferiores al de indigencia para una familia tipo, llegando a colocarse debajo de la línea de pobreza a fines de 2006.  Finalmente, desde el gobierno se adoptó la política de establecer -de hecho- pautas que disponen un “techo” a los aumentos salariales en la negociación paritaria, situación que permite limitar el impacto de los aumentos nominales de salarios sobre el costo salarial real.

La recuperación salarial, a su vez, pone de manifiesto significativas diferencias entre trabajadores registrados y no registrados. Si bien los trabajadores no registrados han logrado cierta recuperación a partir de 2005, sus salarios reales se encontraban a fines de 2006 aún un 26,8% por debajo de los niveles correspondientes a octubre de 1998".

 

Clara Marticorena subraya: "Cobra particular relevancia, en este contexto, la evolución y magnitud del «empleo no registrado» -lejos de poner de manifiesto una ruptura con las condiciones de la década previa- plantea su profundización como está documentado.

 

Así, durante la fase actual se observa para el conjunto de los trabajadores industriales niveles de empleo no registrado que, aunque con una leve tendencia descendente, se sitúan en un nivel superior respecto de la anterior fase expansiva.

El «empleo no registrado», lejos de mantenerse como resabio del "neoliberalismo", se presenta como un mecanismo estructural que permite abaratar los costos laborales no sólo mediante la evasión de los componentes de salario indirecto sino a través del pago de salarios considerablemente por debajo de los que perciben los trabajadores registrados. (...)

 

Parece claro que el «empleo no registrado» como mecanismo estructural de la explotación del capital sobre el trabajo, constituye una de las formas más difundidas que asume la venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor y ha tenido un papel más que significativo durante los años de recuperación del producto, aspecto que podría resultar llamativo dada la abrupta caída de los costos laborales operada a partir de la devaluación. (...)

 

El incremento del «empleo no registrado» en estos años, se presenta como una forma de garantizar la adecuación del plantel de trabajadores en función del nivel de actividad eludiendo la doble indemnización en caso de despido, en el marco de aún altas tasas de desempleo y subempleo. Sin embargo, como se mantiene elevado incluso durante la fase de crecimiento, cabe suponer que garantiza la reducción de los costos laborales, en tanto las conquistas salariales de los trabajadores registrados afectan los amplios márgenes de ganancia obtenidos por el capital industrial a partir de la devaluación".

 

En "A modo de conclusión", Clara Marticorena precisa: "En un contexto signado por el crecimiento del empleo y la disminución del ejército industrial de reserva -lo cual imprime  a la dinámica social y laboral características diferentes de las imperantes en los '90-, podemos observar un proceso de consolidación que articula la extensión del «empleo no registrado» y la dispersión salarial sobre la base de bajos niveles en términos históricos. La caída del costo salarial real a partir de la devaluación y el aumento de la productividad han redundado, por su parte, en niveles de explotación superiores en relación con la anterior fase expansiva(...)".
Fuente: Realidad Económica Nº 236 de mayo-junio de 2008/ www.iade.org.ar

 

En consecuencia, la elaboración conjunta del concepto de «recuperación del trabajo» se basa en la deliberación (dentro de espacios comunes) sobre la situación laboral de todos los trabajadores a consecuencia del capitalismo en el país-mundo. Pero esta discusión e indagación colectiva sobre la opresión de los oligopolios globales y locales no puede restringirse al análisis del crecimiento económico. Es crucial historiar el proceso de instauración de este orden expoliador y contrainsurgente y abordar el presente como su profundización exitosa.

Ahora, como el objetivo central de la deliberación es que una creciente mayoría de trabajadores y de otros componentes populares funde la imprescindible unidad de voluntad transformadora, es prioritario que ese ejercicio de la Memoria, Verdad y Justicia procure sacudir la delegación del poder popular de autodeterminarse. Hay que desmitificar el Estado, el gobierno K, la CGT-Moyano y los partidos políticos con poder para gobernar. Se trata de desenmascarar que no han actuado ni actúan como representantes de (o mediadores en los conflictos entre) los intereses de todos por igual. Más aún que componen el sistema que depende de nosotros y lleva a cabo una lucha-guerra multifacética y multidireccional contra toda posibilidad de que nos rebelemos, nos emancipemos.


 

Premisas e hipótesis

Podemos comprobar que la profundización en el concepto de «recuperación del trabajo» nos sitúa en:

 

1. La ofensiva persistente  de las corporaciones contra los trabajadores para expoliarlos mejor y la lucha de clases que se entabla

 

Formas de resistencia y lucha contra la precarización laboral 

Aproximación descriptiva a experiencias de Argentina 

Por Julia Soul (NET-UNR – CONICET juliasoul@hotmail.com)  y Oscar A. Martínez (Taller de Estudios Laborales -TEL omartinez@tel.org.ar )

"1 – Introducción

Desde hace varias décadas de la clase obrera viene soportando una persistente ofensiva del capital sobre sus condiciones de trabajo y de vida. El objetivo de esta ofensiva es mantener – o aumentar - las ganancias empresarias mediante el aumento de la explotación de los trabajadores. Las principales estrategias empresarias para lograrlo (flexibilización laboral, tercerización, formas de organización del trabajo vinculadas con la producción Just In Time, la conformación de equipos de trabajo y otras políticas de control y disciplinamiento sobre los trabajadores)1 cambiaron profundamente las condiciones del trabajo avanzando, entre otras cosas, en lo que llamamos precarización del empleo. La precarización tiene una doble dimensión: aumenta la explotación de la fuerza de trabajo; y produce divisiones, enfrentamientos y diferenciaciones entre los trabajadores, que facilitan su disciplinamiento. Esto es más evidente en estos momentos en que una de las principales respuestas que los empresarios implementan frente a la crisis es la tendencia a deshacerse del personal ‘eventual’, ‘contratado’ o ‘tercerizado’; profundizando las divisiones entre los trabajadores y dificultando la resistencia a los programas de ajuste. (...)


2 – Precarización laboral” y división de los trabajadores: definición y descripción de sus distintas formas

La precarización del empleo supone la posibilidad empresaria de contratar, despedir y ‘utilizar’ a los trabajadores sin mayores trabas legales y/o económicas. Una de las estrategias centrales para precarizar al trabajador es la Flexibilidad de Contrato: a través de las leyes o por la vía de los hechos, se busca eliminar cualquier forma de estabilidad, efectividad o derecho de permanencia en el puesto de trabajo. La principal forma de precarización en Argentina es el trabajo no registrado: se trata de trabajadores que no tienen ningún derecho ni cobertura y es una práctica empresaria absolutamente ilegal. Esta forma de empleo no contempla ningún tipo de regulación contractual, por lo tanto el trabajador está totalmente sujeto a las decisiones arbitrarias de la patronal. Otras formas de precarización fraudulentas son: los contratados en forma eventual para realizar tareas permanentes y necesarias del proceso productivo; el falso cuentapropismo de trabajadores registrados como autónomos que son asalariados, los “becarios” o “pasantes” que realizan las mismas tareas que otros trabajadores pero no son reconocidos como tales, aduciendo que están realizando un aprendizaje, etc.. Una forma extrema de precarización del empleo, para nada marginal en el sector, es la de los trabajadores textiles de talleres clandestinos, en condiciones de virtual esclavitud. La precarización del empleo se articula con otra estrategia empresaria ampliamente extendida: la Tercerización o subcontratación que consiste en que tareas secundarias (como limpieza, vigilancia, comedor, etc.), e incluso parte de la producción son realizadas por otras empresas, contratadas por la ‘empresa madre’. En algunos casos la tercerización implica deslocalización de la producción o tercerizaciones “en cadena”, determinando una pirámide de empresas, en la que las condiciones de trabajo decrecen junto con la jerarquía que ocupe la empresa en esa pirámide.

 

3 – Obstáculos y condiciones para la organización en los lugares de trabajo 

Una de las cuestiones más novedosas de estas estrategias de división, es la diversidad de situaciones contractuales existentes en los lugares de trabajo, mientras que, por el contrario, las tareas que realiza el conjunto de trabajadores son semejantes. En esta lógica, como las tareas son las mismas o similares, en el trabajo cotidiano, los trabajadores ‘efectivos’ o ‘de planta’ se sienten ‘amenazados’ por los contratados, que realizan más tareas o trabajan a mayores ritmos – a veces porque se los imponen, a veces ante la expectativa de ser efectivizados –. En vez de verse como compañeros, se ven como competidores y la consecuencia es el disciplinamiento de todos a las formas de trabajo que imponen las gerencias. La precarización no se manifiesta sólo en formas de contratación distintas sino también en un deterioro generalizado de las condiciones de trabajo, tanto para los trabajadores ‘efectivos’ como para los ‘precarizados’.

La naturalización de las condiciones de precarización por parte de los jóvenes trabajadores – que ingresan al mercado de trabajo con contratos eventuales, o pasantías, o trabajando ‘en negro’- es uno de los principales obstáculos ‘subjetivos’ para la organización: los trabajadores y trabajadoras ‘precarizados’ no creen que sea posible revertir esas condiciones de trabajo. En el mismo sentido, las perspectivas laborales actuales se vinculan con la rotación, lo cual refuerza las prácticas individuales. Esta situación no es nueva, aunque aparece complejizada justamente por la diversidad de relaciones de trabajo y la profundidad de la fragmentación y el enfrentamiento. En realidad, a lo largo de la historia de la clase obrera siempre han existido diferencias que dificultaban la organización unitaria y la clase siempre encontró formas de organización y lucha apropiadas a cada momento. De eso se trata este trabajo: de indicar algunos elementos que hacen a las formas de organización y lucha en esta etapa. 

4 – Respuestas sindicales 

En principio, hay un elemento que demarca tácticas de organización diferentes, y es la relación con las organizaciones sindicales. En algunos casos, los precarizados se organizan el interior de organizaciones sindicales pre – existentes mientras que en otros casos construyen una herramienta sindical propia. En este camino las organizaciones sindicales también elaboraron respuestas y tácticas Las líneas de acción de las direcciones tradicionales van a presentar diferentes alternativas y condiciones para los trabajadores precarizados. 4.a - Organización que confluye en organizaciones sindicales existentes Una de las formas que asumió la organización de los trabajadores precarizados es la confluencia con las estructuras sindicales existentes. Un aspecto a resaltar es que en la mayoría de los casos las direcciones sindicales actuaron frente a un cierto nivel de organización y a reclamos de los trabajadores precarizados, o al menos de la presencia de algunos trabajadores precarizados con intención de revertir su situación. De todos modos, la respuesta de las direcciones sindicales puede comprender un conjunto de prácticas que van desde el estímulo y la colaboración con los procesos de organización de los trabajadores precarizados, hasta el desconocimiento de esos niveles de organización, que se le ‘imponen’ en situaciones de conflicto. Asimismo suelen existir claras diferencias en el accionar de la organización gremial de acuerdo al nivel de que se trate.

 

Podemos afirmar que quienes más se han planteado darse una política para revertir la división de los colectivos de trabajo, son los cuerpos de delegados o comisiones internas, aunque también existen casos donde la organización fue impulsada desde niveles de dirección seccionales o nacionales. A continuación vamos a describir algunos procesos de organización de trabajadores precarizados que contaron con una importante presencia de las organizaciones sindicales en alguno de sus niveles. Pasantes telefónicos – FOETRA Capital5 El proceso de organización y lucha de los ‘pasantes’ telefónicos es un caso pionero de articulación y organización exitoso en contra de la forma de contratación de teleoperadores por parte de las empresas de telecomunicaciones Telecom y Telefónica. El régimen de pasantías, bajo el supuesto de la “formación” del trabajador, estipula un tiempo máximo de duración del contrato: 4 años. En el caso de los “pasantes” al ser considerados como ‘recursos humanos en formación’ a la inestabilidad laboral, se suman las peores condiciones de trabajo y salariales propias de esta forma de contratación. La naturalización de la condición de precarización, y de la ‘temporalidad’ del trabajo son obstáculos importantes para la organización gremial de los pasantes. Desde fines de la década del ’90, los ‘pasantes’, comenzaron a organizarse clandestinamente en los lugares de trabajo, a través de boletines diseñados por ellos y distribuidos anónimamente o con la colaboración de delegados del sindicato, no sin antes superar diferencias y desconfianzas mutuas. Se trata de un caso de temprana ‘articulación’ por las bases, que termina produciendo alineamientos y políticas concretas en contra de la precarización, por parte de la dirección sindical de FOETRA. Se logró así conformar un colectivo que enfocara a un enemigo común: la empresa, y superara las fragmentaciones que se producían por las diferentes formas de contratación y las desconfianzas entre los ‘viejos’ y los ‘nuevos’ trabajadores. El conflicto abierto estalla en diciembre de 2001, con la toma de uno de los edificios de Telefónica. En este conflicto se logró la estabilidad laboral y el ‘pase a planta’ de los trabajadores contratados bajo el régimen de pasantías (en primer término de aquellos cuyo período de cuatro años vencía en ese momento), así como el cese de esa forma de contratación por parte de las empresas. 

 

Los trabajadores de Subterráneos – Cuerpo delegados Se trata de un proceso de organización y lucha exitosa, para lograr el encuadramiento de todos los trabajadores de las empresas tercerizadas en el Convenio Colectivo de Trabajo de la empresa “madre” (Metrovías). El proceso de tercerización comienza con la privatización del subterráneo de Buenos Aires, hecho efectivo a partir de enero de 1994. A partir de la privatización, la empresa pasa a regirse por la Ley de Contrato de Trabajo, y se eliminan conquistas históricas de los trabajadores. Es así que se aumenta la jornada laboral (a 8 horas), se recortan los salarios y se desmantelan muchos otros derechos. Se implementa además, un desarrollo masivo de la tercerización.. Entre las actividades tercerizadas se puede mencionar el control de molinetes, seguridad, limpieza, auxilio en emergencias, chofer, tendido de fibra óptica, mantenimiento de señalización, etc.. El resultado fue un proceso de división y atomización entre los propios trabajadores, y la existencia de trabajadores de “primera” y de “segunda”. Desde el año 1996 comienza a hacerse visible la resistencia de los trabajadores de Metrovías. En ese año se produce la primera movilización y en 1997 el primer paro. A su vez en esos años se produce el surgimiento de una nueva camada de activistas, y comienza la formación de agrupaciones clandestinas, luego de años de retroceso. En el año 2000 se produce una renovación del cuerpo de delegados: sobre 21 delegados, 12 no respondían a la UTA ni a la empresa, y luego de numerosas acciones y luchas en el año 2003 se logra la insalubridad para el sector de tráfico y talleres bajo nivel, lo que implica la jornada laboral de (…) 


4.a.1 Principales obstáculos y resultados
 
En la construcción de estrategias para la organización de trabajadores precarizados, los delegados y activistas sindicales han enfrentado diversos obstáculos, entre los principales podemos mencionar: - Las políticas antisindicales y persecutorias de las empresas; frente a las cuales se recurrió al trabajo clandestino y, cuando fue posible a la elección de delegados incorporando a los ‘precarizados’ a las estructuras sindicales - Las políticas empresarias que fomentan la competencia y el individualismo entre los trabajadores y que plantean ‘caminos individuales’ para lograr la efectivización o el ‘pase a planta’ Es principalmente a través de la discusión cotidiana y de los procesos de organización concretos que se logra contrarrestarlas como alternativas ‘viables’ para los trabajadores. - la división que se genera entre los trabajadores y la dificultad para construir colectivos que unifiquen a los ‘efectivos’ y los ‘precarizados’ - la falta de participación de los ‘precarizados’ en los procesos de organización, lo que profundiza la división con los activistas ‘efectivos’ .

Estos obstáculos, se superaron generando espacios de encuentro e intercambio, o sociabilidad; presentando reivindicaciones comunes en planes de lucha y negociaciones; fomentando instancias de organización propias de los precarizados, distribuyendo sus materiales y difundiendo sus reivindicaciones. 

4.b - Construcción de una organización sindical propia La táctica de construir una organización sindical propia se presenta en sectores con características particulares. Describiremos los casos del SIMECA (Sindicato Independiente de Mensajeros y Cadetes), y de UTC (Unión de Trabajadores Costureros). Sindicato Independiente de Mensajeros y Cadetes6 El grupo de trabajadores que conformó el SIMeCa se fue organizando paulatinamente alrededor de la preocupación por la cantidad de accidentes de tránsito que padecían los mensajeros. Logran ser reconocidos como interlocutores por el Ministerio de Trabajo y comienzan a gestionar la realización de inspecciones en los lugares de trabajo. Se incorporan a la CTA y articulan una línea de acción centrada en la obtención de la personería gremial. En la actualidad, construyen su actividad en torno a tres ejes: el Estado – para la obtención de la personería gremial y la elaboración de un convenio colectivo de trabajo que regule la actividad – las empresas y patronales – frente a las que, mediante la acción directa y la negociación logran establecer acuerdos para el ‘blanqueo’ de los trabajadores7 - y frente a los propios trabajadores – trabajando en la formación y en el debate para desnaturalizar el discurso patronal de la ‘libertad’ en las tareas -. Los mensajeros son un caso particular de colectivos de trabajo profundamente dispersos y heterogéneos que articulan políticas organizativas persistentes en el tiempo. 

Unión de Trabajadores Costureros Un caso particular está dado por la incipiente organización de los trabajadores textiles en condiciones de virtual esclavitud, que trabajan en talleres tercerizados de las grandes marcas de la indumentaria. Se trata en general de inmigrantes de países limítrofes, que son traídos al país con falsas promesas y luego encerrados en talleres de los cuales no pueden salir. Como se dijo es un caso extremo de precariedad, ya que el trabajador no sólo no tiene derechos laborales, sino que tampoco tiene los derechos humanos más elementales. No se trata de casos aislados, se calcula que abarca alrededor de 1600 talleres y fábricas, que ocupan unos 4000 trabajadores bolivianos en la Ciudad de Buenos Aires, según información del Gobierno de la Ciudad8, ni es un sector marginal. Estos talleres trabajan para marcas como Kosiuko, Montagne, Lacar, Akiabara, Mimo, Adidas, Cheeky, etc.. Los talleres reciben cerca del 5% del valor de venta de la prenda, en tanto que los trabajadores reciben un 0,5%. En este caso la organización de los trabajadores partió centralmente de trabajadores despedidos y de la Asamblea Popular y Cooperativa 20 de Diciembre (La Alameda), ya que las condiciones en que se encuentran los trabajadores ocupados obstaculizan la acción colectiva. Hasta la actualidad han presentado más de 80 denuncias contra grandes marcas, y han organizado a centenares de trabajadores. En el largo plazo se busca poder ganar el sindicato que legalmente representa la actividad, el SOIVA. 

 

4.b.1 Principales obstáculos y resultados. Quienes avanzaron en la construcción de una organización propia mencionan diferentes obstáculos que debieron enfrentar en estos procesos de autoorganización. Veamos una breve referencia a los principales obstáculos y a las formas de resolverlos: - - la dispersión, que dificulta los encuentros, la unificación de demandas y reivindicaciones, y a posteriori, las acciones colectivas - - la movilidad del gremio, caracterizada por la alta rotación y por la renovación constante que obstaculizan la consolidación de un grupo; planteando tareas de ‘presentación’ de las organizaciones continuamente. - las políticas patronales antisindicales y persecutorias que buscan desalentar todo tipo de organización. Ante estas dificultades, se construyeron lugares de encuentro (‘paradas’, un local; y tareas de difusión de la organización. Se utilizan herramientas de trabajo – Handy – como herramientas de comunicación fundamentales para superar la dispersión. - La inexistencia de reconocimiento o regulación laboral para estas actividades. Frente a esta cuestión, tanto se plantea la obtención de personería gremial para discutir un CCT. - Las condiciones de clandestinidad y virtual esclavitud a que se encuentran sometidos los trabajadores costureros En este caso, las denuncias y el impulso al accionar judicial/penal son las principales herramientas para detectar y revertir las condiciones más indignas a que se encuentran sometidos estos trabajadores. 

 

5 – Consideraciones finales 

En este artículo hemos pretendido un recorrido por distintas formas que han tomado las respuestas obreras a las estrategias empresarias de precarización del empleo y división de los trabajadores. Los casos presentados expresan ejemplos del accionar gremial, que nos permite rescatar algunas líneas que pueden ser de utilidad para quienes enfrentan estas situaciones; y para quienes pretendemos construir conocimiento relativo al desarrollo concreto de la lucha de clases. El conjunto de los casos estudiados indica que la superación de los obstáculos para la organización, es un proceso y una construcción de largo plazo que muestra resultados positivos en los últimos años. Una de las primeras cuestiones relevantes es que la gama de experiencias varía desde la autoorganización de los precarizados hasta situaciones en las que la iniciativa es tomada por la organización sindical o aún organizaciones externas. En relación con esto, es importante dar cuenta que uno de los principales actores en estos procesos son los cuerpos de delegados de planta. . Este elemento indicaría el peso de los espacios y relaciones laborales concretas en que estos trabajadores se insertan, para la fuerza de su organización – aunque esto no implica desestimar el camino de la autoorganización -. Este hecho también es expresivo del carácter dinámico que poseen las estructuras sindicales ‘tradicionales’ frente a estas problemáticas de construcción gremial emergentes de la ofensiva del capital sobre el trabajo; tópico que fue muy debatido por las ciencias sociales durante la década del ‘90. En última instancia; la organización de base es el sustento de formas diversas – y contradictorias - de articulación con las estructuras y direcciones sindicales. En cuanto a las herramientas y formas de organización; se comprueba, la necesidad de trabajar en forma clandestina, sin exponerse hasta tener la fuerza suficiente para asegurarse la posibilidad de dar respuesta a las siempre presentes represalias patronales. En el mismo sentido mostró ser efectiva la coordinación con organizaciones sociales y políticas en campañas de denuncia y agitación. En todos los casos fue necesario utilizar algunas herramientas legales existentes, que contribuyeron a sostener las reivindicaciones de los trabajadores, o a proteger a quienes se estaban organizando. En aquellos casos en que la organización gremial participó activamente, la tendencia fue integrar a trabajadores ‘efectivos’ o ‘de planta’ y precarizados; construyendo espacios de participación conjunta y unificando reivindicaciones. Los logros pueden resumirse en: Pase a planta de los contratados. O a la empresa “madre” de trabajadores tercerizados. Encuadramiento en el Convenio Colectivo de Trabajo de la empresa madre. Igualar las condiciones salariales y de trabajo. Evitar despidos y lograr una estabilidad implícita de los contratados. El conjunto de estos logros intentan ser revertidos por las patronales, en situaciones diferentes de la correlación de fuerzas. Más allá de eso, la consolidación de colectivos estables y duraderos capaces de canalizar reivindicaciones tendientes a revertir las condiciones de precarización nos parece el logro fundamental que nos dejan los casos expuestos". Fuente: www.tel.org.ar /descarga/pcalas09.pdf

 

2. La intervención del Estado en los '90 para  despedir masivamente a los trabajadores, despojarlos de derechos y desmantelar lo público

 

La intervención del Estado argentino en los sectores privatizados de infraestructura e hidrocarburo

durante los años noventa: impactos sobre la relación entre el capital y la fuerza de trabajo (Parte I)


En este artículo
Karina Forcinito señala:"(...) Mediante facultades establecidas conjuntamente por las leyes de Reforma del Estado y de Emergencia Económica, el Poder Ejecutivo Nacional comenzó a implementar la denominada "reforma laboral"  -en las empresas del Estado a privatizar- compuesta por los siguientes núcleos de acción: la derogación de los convenios colectivos vigentes (...) y la reducción del nivel de empleo y el congelamiento de remuneraciones (...)

Mediante el decreto PEN Nº 1757/90 (artículos 67 y 68) dejó sin efecto los acuerdos vigentes y establecidos mediante las convenciones colectivas de trabajo previas y suprimió las cláusulas de ajuste automático de salarios preexistentes así como las normas que impusieran el mantenimiento de dotaciones mínimas y las que incluyeran niveles gerenciales o de conducción en el ámbito de aplicación de los convenios. Complementariamente, mediante el decreto 1930/90 (artículo 11) eliminó el conjunto de derechos adquiridos en la determinación de los niveles de las remuneraciones sin discriminación alguna, obligando a los sindicatos a renegociar estos niveles en condiciones fuertemente desventajosas para la fuerza de trabajo signadas por la debilidad debida a la crisis fiscal y el proceso de privatizaciones en curso y la urgencia derivada de la hiperinflación y recesión por la que atravesaba la economía argentina. La suspensión de las cláusulas indexatorias de los salarios en un contexto de hiperinflación tiene como principal antecedente la política implementada por Martínez de Hoz al comienzo de la última dictadura. (...)   

 

El PEN, habilitado mediante estos últimos decretos, reorganizó la estructura orgánica y funcional de las empresas públicas, determinó las magnitudes de las reducciones de personal que resultaron de las políticas de privatización, desregulación, desburocratización, descentralización y transferencia de organismos; estableció regímenes escalafonarios compatibles con los niveles de remuneraciones existentes en el mercado laboral correspondiente al sector privado, reformuló las normas vigentes en materia de licencias, horarios de trabajo y de rendimiento personal, etc..  Es decir, preparó el terreno al capital para la explotación privada de las empresas estatales bajo condiciones fuertemente ventajosas en relación con la fuerza de trabajo.

 

Entre estas medidas, la masiva implementación de 'retiros voluntarios' y despidos en el sector público nacional y fundamentalmente en las empresas "sujetas a privatización", resultó especialmente relevante por su enorme impacto social y regional y su efecto disciplinador sobre la fuerza de trabajo empleada. El PEN no sólo instrumentó los 'retiros voluntarios' de modo directo con anterioridad a la transferencia de las empresas al capital privado sino que habilitó, por vía legal, la continuidad luego bajo la administración privada de las unidades de negocios. (...)

 

Esta primera fase de la reforma laboral operada en los sectores de infraestructura e hidrocarburos impuso crecientes niveles de disciplinamiento de la fuerza de trabajo a partir de las nuevas condiciones laborales; de despido y de contratación que modificaron los parámetros más protectivos existentes en el sistema y operó, consecuentemente, como punta de lanza de la redefinición de las condiciones de explotación en el mercado de trabajo en su conjunto que comenzó a implementarse a partir de 1991 (...)".

Fuente: revista Realidad Económica Nº 252 de mayo-junio 2010    http://www.iade.org.ar

 

3. El funcionamiento capitalista por desposesión y coacción masiva a realizar trabajo asalariado

 

Reflexiones críticas acerca de la relación entre precariedad laboral y trabajo asalariado

 

En este artículo Matías Eskenazi y Clara Marticorena* explican: "(...)La popularización de la noción de precariedad laboral busca subsumir una serie de características que presenta el empleo asalariado en una etapa histórica, por contraste a un período anterior. Sin embargo, estos elementos suelen operar como supuestos y estar poco explicitados, mientras su vinculación teórica con el carácter del trabajo asalariado tiende a permanecer velada.

Consideramos que abordar esta discusión es de suma importancia por cuanto son los entramados conceptuales a través de los cuales aprehendemos los movimientos de la sociedad los que configuran nuestra concepción del mundo (más o menos sistemática o disgregada), de modo que sus limitaciones, supuestos e implicancias teóricas tienen consecuencias sobre nuestra práctica política y social. Estos no son sino formas ideológicas, discursos que disputan acerca del sentido de la realidad y de este modo orientan los diagnósticos y las vías de acción para transformarla.

Nos preguntamos entonces ¿Cómo abordar el análisis de las transformaciones en las relaciones laborales a lo largo de las últimas décadas? ¿Es la precarización laboral una noción suficientemente clara y definida? ¿Sobre qué supuestos teóricos descansa su definición? ¿En qué medida los supuestos de esta noción potencian o limitan el horizonte de la crítica?

En este artículo nos proponemos reflexionar acerca de los alcances y las limitaciones que presenta la noción de precariedad laboral para analizar las trasformaciones en el “mundo del trabajo” de las últimas décadas, así como para denominar las modalidades que asume la relación salarial, tomando como punto de partida los elementos constitutivos del trabajo asalariado en tanto relación social de producción.

 

II. Alcances del concepto de precariedad laboral

El concepto de precariedad o empleo precario surge vinculado a las discusiones sobre informalidad pero adquiere creciente importancia cuando diversas características del empleo asociado al denominado sector “informal” de la economía comienzan a observarse en el sector “formal”, deviniendo un atributo aplicable al universo de los trabajadores asalariados.

No nos detendremos en este trabajo en el concepto de informalidad; sin embargo, cabe señalar que existen distintas interpretaciones o conceptualizaciones al respecto.

Parece existir un amplio consenso en la definición de la precariedad a partir de su distanciamiento o alejamiento de las características de un modelo de empleo “típico”. De este modo, el concepto de precariedad se constituye como un concepto residual definido por la negación de los atributos asociados a dicho modelo (Feldman y Galín, 1990).

Ahora bien, ¿en qué consiste o cómo se definen las características que presenta el empleo “típico”?
-
En primer lugar, estaría caracterizado por la estabilidad en el empleo y el acceso a cobertura social (Beccaria, Carpio y Orsatti, 2000). Los atributos particulares serían la dependencia de un solo empleador, jornadas de tiempo completo, una relación laboral por tiempo indeterminado, el desarrollo de las tareas en el domicilio del empleador (empresa), la protección dada por las normas legales vigentes y la percepción de las prestaciones a la seguridad social (Pok y Lorenzetti, 2004; Ameglio, E. et al., 1988), a lo que podríamos agregar la delimitación de tareas por intermedio de la negociación colectiva.

-En oposición a este modelo, el empleo precario se caracteriza por la inexistencia de contrato laboral o contratos de corto plazo por tiempo determinado, la falta de aportes a la seguridad social, la existencia de más de un empleador o un empleador no fácilmente identificable, el desarrollo de la prestación laboral fuera del domicilio del empleador, la definición de los ingresos en negociación individual, sin referencias provenientes de la negociación colectiva –eventualmente con salario mínimo vigente como referencia–, la no percepción de componentes “típicos” de las remuneraciones (vacaciones, aguinaldo, asignaciones familiares, otros adicionales por convenio), y la no afiliación sindical (Beccaria, Carpio y Orsatti, 2000). Estas características no son excluyentes y pueden presentarse en diversas combinaciones.

La precariedad laboral no remite exclusivamente a formas ilegales o clandestinas de empleo. Como lo señalan Pok y Lorenzetti (2004), la condición de precariedad subsume situaciones heterogéneas, donde las formas más tipificadas son el empleo clandestino o desprotegido, el empleo a tiempo parcial, el empleo temporario y el empleo asalariado fraudulento. El concepto de precariedad intenta expresar básicamente una inserción laboral endeble o inestable (Pok, C.; 1992: 5). En lo que refiere a los fenómenos que subsumen, los términos de precarización y flexibilización se encuentran habitualmente asociados.

Se trata de formas que ponen de manifiesto la pérdida de derechos conquistados por los trabajadores en un período precedente; pérdida que no sólo se observa a través de las distintas modificaciones en la legislación laboral sino también en la forma de consumo productivo de la fuerza de trabajo, es decir, en las condiciones y el proceso de trabajo. Efectivamente, la inestabilidad laboral, la ausencia de beneficios sociales, la negociación individual de las condiciones salariales y laborales, son expresiones de un mayor disciplinamiento de los trabajadores en su lugar de trabajo.

El empleo “típico” constituye una construcción problemática en la medida en que descansa sobre un conjunto de representaciones que naturalizan una forma determinada de trabajo asalariado perdiendo sus determinaciones históricas, centrales para analizar el deterioro en las condiciones de trabajo. Una mirada de la historia de las relaciones asalariadas nos permite observar que las características asociadas al empleo precario se encuentran lejos de hacer su emergencia en las últimas décadas.

La construcción de un “tipo ideal” en base a las características predominantes del empleo en un determinado período histórico, particularmente el de la “edad de oro” del capitalismo, tiende a obscurecer el carácter contradictorio de toda modalidad bajo la que se desenvuelve la relación entre el capital y el trabajo, promoviendo el error de suponer la existencia efectiva de un modelo de empleo propio de las relaciones capitalistas. Aquí es preciso entonces plantear que si existe una forma de trabajo específico bajo el capitalismo, esta no es otra que la del trabajo asalariado.

 

III. El trabajo asalariado como forma social general en el modo de producción capitalista

Las definiciones señaladas en torno a la precarización laboral indican que se trata de cambios en las formas particulares que asumen las relaciones asalariadas. La heterogeneidad en las modalidades que adoptan los vínculos laborales considerados precarios no los coloca por fuera de dichas relaciones, de manera que el análisis de la relación entre estas modalidades y el trabajo asalariado como forma social general supone un punto de partida ineludible si se pretende ir más allá del abordaje meramente descriptivo. La consideración primaria del trabajo asalariado en su doble determinación, por su forma y su contenido, se presenta entonces como una cuestión central a la hora de analizar la relación capital-trabajo en distintos momentos históricos y en diversas formas nacionales. Vale entonces repasar algunos conceptos elementales.

Bajo el modo de producción capitalista, amplias masas de la población obtienen sus medios de vida trabajando para otros a cambio de un salario. Esta forma es un aspecto general que no define las condiciones bajo las cuales se realiza el intercambio y el uso del trabajo vivo en las distintas fases del desarrollo capitalista. La economía vulgar considera al salario como pago por el “trabajo”, entendiendo a esta relación aparente como la esencia misma, y a la compraventa de la fuerza de trabajo como exterior al proceso de producción, limitando todo análisis a la esfera de la circulación. Al considerar al salario como pago por el “trabajo” se oculta que no es el trabajo la mercancía que se intercambia por dinero sino la capacidad abstracta de trabajar bajo las órdenes de otro, ya que el trabajo no puede existir sino en la acción, es decir, en el proceso de trabajo mismo. Al hacer abstracción de esta diferencia, se oculta también el carácter asimétrico y coercitivo implicado en esta relación. Tampoco se trata de una relación singular entre cada capital y los trabajadores que emplea. El trabajo asalariado sólo es específicamente capitalista en tanto pasa a constituir la forma social general, bajo la cual se desarrolla el proceso de producción social, ya que sólo en esta medida el trabajo pasa a ser “trabajo abstracto” para el capital, sólo en esta medida se configura un mercado de trabajo en que el trabajador busca vender su mercancía independientemente del trabajo concreto que deba realizar, con los medios de producción, frente a los cuales es colocado y bajo las órdenes y el comando de sus propietarios.

El trabajo asalariado supone la unidad de la compra-venta de capacidad de trabajo y su consumo productivo durante el proceso de valorización del capital. Estos dos momentos diferenciados de la relación están, sin embargo, entrenzados en su origen, ya que sólo pueden enfrentarse el trabajador y el capitalista como jurídicamente libres e iguales si el primero se encuentra expropiado de sus medios materiales de existencia. De este modo, la separación entre el productor directo y los medios de producción se encuentra ya supuesta en el intercambio. Es la condición del trabajador como no poseedor de la riqueza social la que lo vuelve sólo poseedor de su capacidad de trabajo, condición que no sólo constituye una premisa del proceso capitalista de producción sino también su resultado constante.Comprender al trabajo asalariado como relación de explotación, y por tanto como relación antagónica, no implica tan sólo reconocer la apropiación diferencial del producto social, sino comprender el carácter coercitivo de la misma, que se despliega en su dualidad simultáneamente como coerción económica en la esfera de la circulación y como comando despótico en el proceso productivo.

Es entonces la propia condición del trabajador como desposeído la que implica de por sí una posición y una vida precaria, y las características específicas que adopta dicha relación en diferentes momentos históricos no alteran su naturaleza básica. En este sentido, el carácter relativamente más o menos “protegido” o “precario”, “endeble” o “estable” del empleo y sus implicancias, debe ser analizado incorporando el plano de las relaciones de fuerza entre las clases.

Así lo expresa Marx al analizar las luchas en la Inglaterra del siglo XIX:

“(...) de la naturaleza del intercambio mercantil no se desprende límite alguno de la jornada laboral, y por tanto límite alguno de plustrabajo. El capitalista, cuando procura prolongar lo más posible la jornada laboral y convertir, si puede, una jornada laboral en dos, reafirma su derecho en cuanto comprador (…) el obrero reafirma su derecho como vendedor cuando procura reducir la jornada laboral a determinada magnitud normal. Tiene lugar, aquí, pues, una antinomia: derecho contra derecho, signados ambos de manera uniforme por la ley del intercambio mercantil. Entre derechos iguales decide la fuerza. Y de esta suerte, en la historia de la producción capitalista la reglamentación de la jornada laboral se presenta como lucha (…)  entre el capitalista colectivo, esto es, la clase de los capitalistas, y el obrero colectivo, o sea la clase obrera.” (Marx, 1998: 281-282)

De este modo, las características que asume el intercambio entre el capitalista y el trabajador no son estáticas, su carácter y la forma en que el conflicto es internalizado y regulado desde el Estado suponen una dimensión histórica y se presentan como resultante de un enfrentamiento. Siendo una forma de la lucha de clases que permanece todavía dentro de los límites del trabajo asalariado y, por tanto, de las relaciones capitalistas de producción.

Tratándose de un proceso histórico, el enfrentamiento entre el capital y el trabajo no se despliega en el vacío y la relación de fuerzas no depende únicamente de la voluntad e iniciativa de los contendientes. El marco general en el que se desenvuelve la lucha es el configurado por la dinámica, inherentemente contradictoria, de la acumulación de capital, por la que todas las clases se reproducen como sujetos sociales. Es sobre esta dinámica intrínseca, y a través del proceso histórico de las luchas políticas y sociales, que se configura y luego cambia un determinado equilibrio de fuerzas.

Precisamente, en esto radica uno de los problemas fundamentales y más comunes de buena parte de los análisis sobre la precarización laboral. Al no problematizar el carácter social del trabajo asalariado en general, opera una tendencia a naturalizar y tomar –implícita o explícitamente– como “normales” determinadas condiciones de venta de la mercancía fuerza de trabajo, que, antes bien, se corresponden con las condiciones en que se desarrolla esta lucha en una determinada etapa histórica.

 

IV. Reestructuración capitalista y trabajo asalariado

Para analizar el deterioro de las condiciones de trabajo durante las últimas décadas, proceso habitualmente abordado a partir de la noción de precarización laboral, debemos partir de las transformaciones en el capitalismo mundial y la división internacional del trabajo. Dichas transformaciones expresan la agudización de la lucha de clases y de la competencia entre capitales en un período caracterizado por una “ofensiva patronal, sostenida y generalizada” sobre el trabajo (Ximénez Sáez y Martínez, 1993), en el marco de un proceso de reestructuración del capital a gran escala.

Pero para ponderar las características de estos cambios es necesario remontarse incluso hasta el período precedente, en el que se gestan las condiciones de valorización del capital y desenvolvimiento de la lucha de clases de aquella etapa “dorada”.

La crisis del ’30 (1929-1932) trajo aparejada una fuerte contracción del mercado mundial y del comercio internacional. Las políticas basadas en el estímulo de la demanda, bajas tasas de interés, salarios altos y la tendencia al pleno empleo en el marco de mercados nacionales relativamente protegidos, fueron la norma durante el excepcional período de auge desde el fin de la segunda guerra mundial,“(…) en particular el mundo capitalista desarrollado había atravesado una etapa histórica realmente excepcional, acaso única”. (Hobsbawm, 1998: 261)

“El despegue del período de posguerra (1945-1975) se basó en la complementariedad de los tres proyectos sociales de la época: a) en Occidente, el proyecto del Estado de bienestar de las socialdemocracias basó su acción en la eficiencia de los interdependientes sistemas productivos nacionales; b) el “proyecto Bandung” de construcción nacional burgués en las periferias del sistema (de ideología desarrollista); c) finalmente, el proyecto soviético de “capitalismo sin capitalistas” o capitalismo de Estado, relativamente autónomo del sistema dominante mundial.” (Amin, 1999)

 

En el origen de los “estados de compromiso” se encuentra la institucionalización –siempre conflictiva y parcial– de los sindicatos y el avance en la legislación laboral protectoria. La “era de la regulación estatutaria”, como la denomina Standing (1999), fue un período de tensión, reflejado en las “concesiones” que la clase capitalista debió realizar a la clase obrera. Esta forma de mediación estatal en los conflictos entre el capital y el trabajo se centraba también en una estrategia de legitimación de la dominación capitalista; sin embargo, resulta incuestionable que los derechos conquistados por la clase trabajadora eran la expresión de su poder. En efecto, antes de considerar al período de posguerra como el correspondiente a un desenvolvimiento típico o normal del capitalismo, deberíamos valorarlo como un período basado en condiciones históricas particulares. Precisamente, si esta “edad de oro” florece gracias a las condiciones del capitalismo de posguerra, su fin sobreviene como una crisis de erosión, consecuencia del agotamiento de las premisas económicas y políticas sobre las que se había asentado el despegue previo. La crisis de sobreproducción recarga las tensiones sobre la relación contradictoria entre los salarios y la rentabilidad en un contexto de caída de la tasa de ganancia y resistencia obrera frente a los procesos de racionalización productiva. Así, al no encontrar colocaciones industriales que reporten una rentabilidad aceptable, una enorme masa “sobrante” de capital líquido comienza a recorrer el mundo en busca de negocios más rentables. Finalmente, esta contradicción se manifiesta al entrar en crisis el esquema monetario de posguerra, desencadenando una crisis mundial de gran envergadura, con dos fuertes recesiones entre 1974-75 y luego entre 1979-81.

 

Hacia 1981, con la reconversión conservadora liderada por Reagan y Thatcher, comienza un proceso de profundas transformaciones, que es habitualmente señalado como punto de partida del “neoliberalismo”. La reestructuración en curso promovió el libre comercio y el libre movimiento de capitales. A diferencia de lo sucedido en la década del ’30, la salida de la crisis de los ’70 se configuró en un sentido expansivo de la economía mundial producto de la ofensiva sobre los trabajadores.

El avance de la movilidad del capital a escala mundial logró minar el poder económico y político de la clase obrera al interior de las esferas nacionales. Las transformaciones de ello derivadas tuvieron su expresión en una ofensiva contra las “rigideces” del mercado laboral y en pos de la creciente “flexibilización” de las formas de contratación y uso de la fuerza de trabajo.

Esta es la característica saliente de la mundialización o globalización que se desarrolla sobre la base de un recrudecimiento de la competencia intercapitalista, extendiendo y profundizando la vigencia de la ley del valor trabajo. En el marco de la mundialización del capital, las periferias consolidan su integración dependiente en el mercado mundial, crecen los flujos internacionales de capital así como el volumen del comercio internacional, en tanto los flujos de IED (inversión extranjera directa) hacia las periferias no sólo van de la mano de los procesos de privatización, sino también de la des/relocalización de procesos productivos, siendo parte integrante en el desarrollo creciente de redes internacionales de producción. De este modo, el crecimiento del capital financiero se presenta como correlato de la internacionalización del capital profundizando el proceso de subsunción real del trabajo al capital, a través de una creciente presión al aumento de la productividad y a la reducción del valor de la fuerza de trabajo (Astarita, 2004).

Los factores concurrentes en este proceso son diversos; por un lado, la movilidad de las inversiones y su posibilidad de traslado hacia regiones más “competitivas” actúa como amenaza que presiona a los ocupados a aceptar condiciones precarias de trabajo, por otro, el crecimiento de la desocupación, la creciente incorporación de mujeres y niños al “mercado” de trabajo y la presión de las importaciones abaratadas por los menores costos de la mano de obra agudizan la presión del ejército industrial de reserva.

En este desarrollo, dos elementos poseen significativas y directas implicancias para los trabajadores. Por un lado, la creciente deslocalización o internacionalización productiva, y, por otro, la externalización de funciones antes integradas a una misma empresa que pasan a ser subcontratadas. Mientras que la primera alude al traslado de la producción o del suministro de un servicio fuera de las fronteras nacionales, la segunda consiste en dejar en manos de proveedores externos a la firma segmentos de la producción antes integrados a la misma, es decir, la subcontratación de partes de la producción o de servicios, tanto de aquellas consideradas no estratégicas como también de tareas cercanas a la actividad principal.

Estos procesos, que “impactan” negativamente en los mercados de trabajo de los distintos países, nos remiten a la contradicción –inherente a la lógica de valorización del capital– entre el carácter mundial del mercado capitalista (desde la “caída del muro” y la reconversión china más que nunca en la historia) y el carácter nacional de los estados, que delimitan los territorios y las condiciones de valorización del capital. Sin embargo, la libre movilidad del capital no tiene su contrapartida en lo que respecta a la libertad de movimiento de la fuerza de trabajo y actúa como mecanismo disciplinador, agudizando la competencia entre trabajadores y expresándose en la pérdida de conquistas laborales y la aceptación de condiciones a la baja.

Que una porción significativa de la producción, antes orientada a los mercados internos, pase a tener como destinatario al mercado mundial tiene efectos concretos en el régimen de explotación de la fuerza de trabajo, en tanto las ganancias de las empresas se verán ligadas al menor “costo” de la misma y en este sentido orientarán su inversión. Estas nuevas condiciones en la reproducción del capital a su vez agudizan la competencia capitalista, acelerando los procesos de concentración y centralización. (...)

V. Limitaciones del concepto de precariedad laboral para una mirada histórica del trabajo asalariado

El principal problema que plantea la noción de precariedad laboral descansa en sus propios supuestos, en particular, su definición a partir de una referencia negativa en contraposición a un “modelo” de empleo considerado como “típico”, que no es otra cosa que una construcción ahistórica e idealizada.

Este modelo de empleo “típico” parte de una abstracción de condiciones de trabajo relativamente difundidas en una etapa históricamente determinada del capitalismo –la denominada “edad de oro” ignorando que fueron conquistadas por los trabajadores en un período ascendente de la lucha de clases. Una mirada global de la historia del capitalismo revela que estas condiciones no son universales ni permanentes. Si comprendemos a las relaciones laborales como formas en que se expresa el enfrentamiento entre las clases sociales, y asumimos el carácter de por sí dinámico de toda relación contradictoria, se desvanece la posibilidad de utilizar un modelo, de por sí estático.

La misma lógica con que se aborda el problema supone la naturalización de las relaciones capitalistas de producción y consumo, y la idealización del Estado capitalista como ente autónomo y árbitro neutral de las relaciones laborales, situado en una relación de exterioridad y por encima de las clases sociales. En este sentido, queda oculto el origen de las políticas estatales respecto al uso y consumo de la fuerza de trabajo por el capital como cristalización de relaciones de fuerza, que se emplazan y articulan en torno a un determinado modo de desenvolvimiento de la acumulación del capital. El resultado es la aceptación acrítica de las formas fetichizadas y, por tanto, su reproducción y legitimación.

 

La construcción de un modelo de empleo típico para definir las transformaciones recientes en las relaciones laborales como “precarias” tiende a privilegiar una aproximación meramente descriptiva para analizar la realidad social, y en este sentido las conclusiones no pueden más que moverse en un plano valorativo. Ese tipo de abordaje no se distancia en mayor medida de nociones como la de trabajo decente y se plantea en un nivel más vinculado a la “calidad del empleo”, enfoques difundidos por organismos internacionales como la OIT y adoptadas por organismos públicos en el diseño de sus políticas de empleo. El contenido de denuncia presente en la idea de precarización es, a su vez, lo que dio impulso a su difusión, incluso como bandera reivindicativa. La discusión sobre la precariedad laboral supone una orientación progresiva en tanto recupera y enlaza conquistas históricas como base para proyectar las reivindicaciones de la clase trabajadora en el presente, aportando en la recuperación de la memoria histórica, y reforzando la cultura e identidad de clase.  Pero simultáneamente, el apego lineal y literal a esta orientación tiende a reproducir una mirada acrítica sobre ciertas formas que asume la relación de explotación en contraposición a otras, habilitando expectativas sobre la posibilidad de un capitalismo más humano. Tras la dicotomía entre empleo estable/protegido y empleo precario, se torna difusa la explotación intrínseca al trabajo asalariado. Incluso en las mejores condiciones laborales posibles, el trabajo asalariado difícilmente pueda considerarse estable y protegido.

Contrariamente, centrando la crítica en el trabajo asalariado como tal, es posible visualizar cómo las diferentes formas que adquiere la relación salarial en los últimos años operan sobre un mismo contenido, esto es, la profundización de la sujeción del trabajo al capital.

Si la “precarización” tiende a designar una realidad heterogénea en las formas del trabajo asalariado, parece claro que todas y cada una de las políticas que la fomentan contemplan desde su diseño al conjunto de los trabajadores en tanto clase, promoviendo su división y apuntando a disgregar sus formas de organización y resistencia. Esto implica que para contrarrestar estas políticas se hace necesario pensar respuestas generales que partan desde el conjunto de la clase buscando los elementos comunes que subyacen y que permitan integrar las particularidades bajo un denominador común". *Herramienta web septiembre de 2010

Fuente: http://www.voselsoberano.com/v1/index.php?option=com_content&view=article&id=8035:reflexiones-criticas-acerca-de-la-relacion-entre-precariedad-laboral-y-trabajo-asalariado&catid=13:documentos 27-10-2010

4.

 

De casa al trabajo, del trabajo a la tumba

Por Danièle Linhart*

"Tanto las contundentes movilizaciones en toda Francia como el apoyo que manifiesta la opinión pública indican una fuerte oposición a elevar la edad mínima de jubilación de los 60 a los 62 años, percibida como ilegítima. Pero también nos dicen mucho sobre el mundo de trabajo tal como se vive masivamente desde su "modernización".

 

Allí se transparenta la creciente penuria laboral lo mismo que el sentimiento de una degradación insoslayable. Una buena parte de los asalariados no creen tener fuerzas como para soportar mucho tiempo sus exigencias. Temen no poder seguir resistiendo. Las consignas que se hacen oír en las manifestaciones lo dicen a su manera: "¡Morir trabajando, mejor reventar!" o también "¡Por una vida después del trabajo!". Revelan de manera inesperada lo que pasó a ser el trabajo diario para muchos franceses. Mientras se supone que las nuevas tecnologías informáticas los esfuerzos físicos, que más de dos tercios de los asalariados pertenecen al sector terciario  y que la duración legal del trabajo es de sólo treinta y cinco horas, he aquí que aparece una imagen lúgubre de la actividad profesional -asociada a la muerte o a la privación de vida-.

 

No son únicamente los dos años suplementarios los que alimentan representaciones tan trágicas. Las consignas  actuales recuerdan otras, coreadas en otro tiempo: "No queremos perder nuestra vida en ganarla".  Era en mayo de 1968 y durante las tres semanas de huelga general, los obreros -mayoritarios en las manifestaciones- expresaban sus aspiraciones a otra existencia.  (...) ¿Cómo explicar tal degradación?

 

Los franceses temen no poder resistir debido a horarios exigentes que perturban el sueño, tareas repetitivas que provocan trastornos musculoesqueléticos, exposición a las inclemencias del tiempo, la presión de los clientes, la intensificación del trabajo y todo lo que puede calificarse de "penoso", tema alrededor del cual (por fin) empieza a perfilarse un debate público, pero en una perspectiva todavía demasiado individualista. Temen no poder resistir también por otras razones que casi ni se oyen: miedo a no estar preparados para un trabajo que impone una presión constante y se inscribe en la lógica de "siempre más"; miedo de ya no poder alcanzar objetivos que ejecutivos -tan móviles como ignorantes de la actividad concreta de sus subordinados- imponen de manera irrealista; miedo de la evaluación que, por las mismas razones, no tiene en cuenta  ni los obstáculos encontrados ni los esfuerzos realizados. Temen verse obligados a hacer mal su trabajo, a cometer errores profesionales; alcanzar un nivel de incompetencia que los tornaría vulnerables, los expondría a la pérdida de empleo y les devolvería una imagen devaluada de sí mismos.

 

En efecto, para fundamentar su autoridad e intentar colocar a los asalariados en situación de auto-explicarse, la dirección moderna practica la desestabilización sistemática. Para ello se dedica a crear un clima hostil: los trabajadores no deben sentirse como en su casa en la empresa; no deben poder controlar su trabajo ni desarrollar con sus colegas, su jerarquía e omcñisp sus clientes, relaciones de complicidad que les permitirían encontrar un alivio. Reorganizaciones permanentes, movilidad impuesta, repetidos traslados conducen a la pérdida de los puntos de referencia profesionales, a sucesivos desaprendizajes.

 

En momentos en que el trabajo se vuelve más complejo y el entorno más incierto, la experiencia acumulada ya no sirve de ninguna ayuda. Ya no basta con cumplir los objetivos, hay que superarlos para ganar la confianza del superior jerárquico. (...)

En las encuestas, muchos asalariados confiesan sentirse permanentemente en la cuerda floja, aguantar sólo invirtiendo sin respiro toda su energía y sobre todo, hacerlo en una extrema soledad, sin poder contar con nadie más que con ellos mismos (...)".

 

Danièle Linhart destaca:"Una buena parte de la organización se delega en los empleados más subalternos, haciéndolos responsables de la calidad de su trabajo. "Autónomos" en un universo regulado por exigencias de elevada productividad, sin posibilidad de negociar ni los medios ni los plazos necesarios, para alcanzar los objetivos, se sienten en peligro, en situación precaria, incluso cuando gozan de estabilidad laboral. (...)

 

En el sector público, la masiva introducción de estos criterios de gestión venidos del sector privado desestabiliza tanto, si no más, los oficios, las identidades profesionales, las maneras de hacer. Para el personal involucrado, los cambios no se basan en la experiencia profesional de cada uno, sino que se imponen con brutalidad, desviando a unos y a otros de la búsqueda de adaptación a las evoluciones del medioambiente y de los públicos. En momentos en que el mundo cambia alrededor de ellos, los agentes del servicio público estatal, de las colectividades territoriales y de la función hospitalaria tienen el sentimiento de estar obligados, maniatados, impedidos de realizar correctamente su misión.

 

Es necesario tener nervios de acero para conservar su lugar en este universo. Para no vivir en permanente angustia de evoluciones susceptibles de exigir concesiones contrarias al sentimiento del trabajo bien hecho o a la ética (...)". * Traducción: Teresa Garufi. Fuente: Le Monde Diplomatique/ el Dipló 137/ noviembre 2010  www.eldiplo.org

En consecuencia, el concepto de «recuperación del trabajo» indica erradicar la precarización laboral y los salarios de pobreza de la gran mayoría de los trabajadores. Es asumir la Memoria, la Verdad y la Justicia de siglos de la lucha obrera para imponerle esos derechos a la burguesía. En ese camino, atravesado de masacres y otras modalidades represivas tanto del Estado como de aparatos paraestatales, la consecuencia con esas reivindicaciones facilita la disposición a cuestionar la situación de los trabajadores de estar subsumidos al capital. Es decir, junto a situarse en la realidad concreta de una organización empresarial cada vez más opresiva y represiva, la lucha gremial conduce al planteo de porqué estar subordinados, controlados e incluidos en hacer posible que el gran empresariado tenga mayor riqueza y poder sobre toda la sociedad. De modo que, con la participación de los partidos de izquierda revolucionaria y de dirigentes sindicales e intelectuales coherentes con su pertenencia a los de abajo, hay un acercamiento a los «verdaderos sentidos del trabajo» que dio origen a nuestra especie u hominizó a una rama de primates y desarrolló las culturas o la humanización.