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Problemas
Febrero 2007 |
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PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS
Estamos
a noventa años de ese proceso revolucionario que transformó el mundo y comenzó a
concretarse en 1905, para recién poner fin al régimen feudal e imperial del
zarismo mediante
la revolución de febrero-marzo de 1917. Pero es el 25 de octubre ó 7 de
noviembre de 1917
cuando
se abre la oportunidad de desarrollo de un sistema social mirando por
necesidades e intereses
del proletariado y el campesinado pobre.
En la actualidad, una
corriente de opinión interpreta la trayectoria de
la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
como prueba
que la revolución socialista no debería haberse producido o que
la burguesa de febrero-marzo de 1917
debería haber continuado.
Lenin
(Vladimir Ilich Ulianov), en "Las tareas
del proletariado en nuestra revolución"
del 28 de mayo de 1917,
precisa
respecto a la revolución de febrero-marzo:
a. "El
rasgo esencial de nuestra revolución,
el rasgo que requiere más imperiosamente
una profunda consideración es:
el doble poder
que surge ya en los primeros días posteriores
al triunfo de la revolución.
Este doble poder se manifiesta en la existencia de dos gobiernos:
1.
Es el gobierno
principal, el verdadero, el real gobierno de la
burguesía,
el «gobierno provisional» de Lvov y Cía., que tiene en sus manos todos los
resortes del poder.
2.
Es un gobierno
suplementario y paralelo, un gobierno de «control»
encarnado por el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado,
que no tiene en sus manos ningún resorte del poder
pero
que descansa directamente en el apoyo de la mayoría indiscutible y absoluta
del pueblo, en los obreros y soldados armados.
El
origen de clase y la significación de clase de este doble poder
son los siguientes:
la revolución rusa de marzo de 1917 no sólo arrolló toda la monarquía zarista,
no sólo entregó el poder íntegro a la burguesía, sino que se acercó mucho
a la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del
campesinado.
El soviet de Petrogrado
y los demás, los locales, representan precisamente
esa dictadura
es decir, un poder que no se apoya en la ley,
sino directamente en la fuerza
de las masas armadas de la población (...).
b. "El
segundo rasgo sumamente importante
de la revolución rusa consiste en el hecho de
que
el Soviet de diputados soldados y obreros de
Petrogrado que, como está demostrado, goza
de la confianza de la mayoría de los soviets locales,
entrega
voluntariamente el poder a la burguesía y a
su gobierno provisional, le cede
voluntariamente
la supremacía,
habiendo llegado al acuerdo de apoyarlo, y limita
su propio papel al de observador, de supervisor
de la convocación de la Asamblea Constituyente
(cuya fecha el gobierno provisional ni ha anunciado).
Este
rasgo extraordinario, sin precedente en la historia, ha conducido
al entrelazamiento de dos
dictaduras:
-la de la burguesía pues el gobierno
de Lvov y Cía. es una dictadura,
es decir,
un poder basado no en la ley, no en la voluntad previamente expresada por el
pueblo,
realizada por una clase determinada: la burguesía;
y -la del proletariado y del campesinado o el Soviet de diputados obreros
y soldados.
No cabe la menor duda
de que tal «entrelazamiento» no puede durar mucho.
En un mismo Estado no pueden existir dos poderes. Uno de ellos está
destinado a
desaparecer y toda la burguesía rusa está ya, en todas partes, haciendo todos
los esfuerzos
posibles por eliminar y debilitar a los soviets, por reducirlos a la nada y
por establecer el poder exclusivo de la burguesía.
El
doble poder
expresa simplemente una fase transitoria en el desarrollo de la revolución,
cuando ésta ha llegado más allá de una revolución democrático-burguesa
corriente,
pero no ha llegado todavía a una dictadura 'pura' del proletariado y el
campesinado".
Lenin
explica
por qué los soviets entregaron voluntariamente su poder y cómo superar
esta situación:
Como en toda verdadera
revolución, "Rusia está en efervescencia. Millones y millones de
personas, que durante diez años estuvieron políticamente aletargadas y
políticamente aplastadas
por la opresión espantosa del zarismo
y por
el trabajo inhumano al servicio de los terratenientes y los capitalistas,
han despertado y sienten avidez por la política.
¿Y quiénes son esos
millones y millones de personas?
Son, en su mayoría, pequeños propietarios, pequeños burgueses,
gente que ocupa un lugar intermedio entre los capitalistas y
los trabajadores asalariados.
Rusia es el más pequeño-burgués de todos los países europeos.
Una gigantesca ola
pequeño-burguesa lo ha inundado todo y
ha arrollado al proletariado con conciencia de clase,
no sólo
por la fuerza del número, sino también ideológicamente, es decir,
ha contagiado a amplios sectores obreros y les ha infundido sus concepciones
pequeño-burguesas. (...)
Una actitud de fe irracional en los capitalistas
·
caracteriza
la política de las masas en Rusia
en el momento actual;
·
es el fruto
que ha crecido con rapidez revolucionaria
en el terreno económico y social del más pequeño-burgués de todos los países
europeos;
·
es la base
de clase para el «acuerdo» entre
el gobierno provisional y el Soviet de diputados
obreros y soldados (...)".
"La curación del
proletariado de la embriaguez pequeño-burguesa general",
en apariencia,
únicamente trabajo de propaganda, es una labor revolucionaria sumamente
práctica.
Porque la revolución no puede progresar, se ha estancado, se ha atascado con
frases
y «marca el paso» no por causa de obstáculos externos, no por causa de la
violencia
de la burguesía
sino por causa de la fe irracional del pueblo.
Sólo venciendo esa fe irracional
(y
podemos y debemos vencerla sólo ideológicamente, mediante la persuasión
fraternal,
recurriendo a las lecciones de la experiencia)
podremos liberarnos de la orgía de fraseología
revolucionaria reinante y
estimular realmente
la conciencia, tanto del proletariado como de las masas en general,
así como su audaz y resuelta iniciativa en las localidades,
la realización independiente,
el desarrollo y la consolidación de las libertades,
de la democracia y del principio de la propiedad popular de toda la tierra".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XXIV, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
¿Cómo -hoy y en Argentina- organizar la persuasión fraternal
que recurriendo a la elaboración conjunta de experiencias,
nos interpele
como trabajadores y pueblo para tomar conciencia
sobre nuestras capacidades de realización independiente,
de desarrollo y consolidación de nuestras libertades?
La
revolución de febrero-marzo de 1917 en Rusia significó derrocamiento del zarismo
y paso del poder feudal terrateniente al de la burguesía por la lucha organizada
en soviets
del proletariado en unión con el campesinado pobre. Pero como la burguesía
depende
de la explotación de los trabajadores y asfixia, desaloja al campesinado:
batalló
contra la liberación de ambas clases y de los otros componentes populares.
La batalla ideológica de la burguesía se da mediante:
1. La política de embaucamiento
Al respecto Lenin dice:
"La experiencia mundial de
los gobiernos burgueses y terratenientes ha
desarrollado
dos métodos para someter al pueblo.
El primero
es la violencia.
Nicolás Románov I, apodado Nicolás del Gran Garrote
y Nicolás II, el Sanguinario, demostraron al pueblo ruso el máximo de lo que
puede
y no puede hacerse en cuanto a estas prácticas de verdugos.
Pero
hay otro método
mejor desarrollado por la burguesía inglesa y la francesa
que «aprendieron la lección» en una serie de grandes revoluciones
y movimientos revolucionarios de masas.
Es el
método del engaño,
de la adulación,
de las lindas frases, de las innumerables promesas,
de las limosnas insignificantes y de conceder
lo que no es esencial para conservar lo esencial.
El rasgo peculiar de la
situación actual en Rusia es el paso vertiginoso
del primer método al segundo, de la opresión violenta del pueblo a adular
y engañar al pueblo con promesas. (...)
La burguesía engaña al
pueblo especulando con el noble orgullo de éste por la revolución
y alegando falsamente que el carácter social y político de la guerra, en cuanto
a Rusia,
ha sufrido un cambio,
a causa de esta etapa de la revolución, a causa del reemplazo de la monarquía
zarista
por la casi república de Guchkov y Miliukov. Y el pueblo lo creyó -por un
momento- gracias,
en gran medida, a los viejos prejuicios que le hacían considerar a los demás
pueblos de Rusia,
es decir,
a los no gran rusos, como una especie de propiedad o feudo de los gran rusos.
Esa infame corrupción del pueblo gran ruso por el zarismo que le enseñó a mirar
a los demás pueblos como algo inferior, algo perteneciente a la gran Rusia
«por derecho propio», no podía desaparecer de golpe.
Lo que se
requiere de nosotros es capacidad para explicar a las masas
que el carácter político y social de la guerra no lo determina la «buena
voluntad»
de personas o grupos,
o incluso de
naciones, sino la posición de la clase que hace la
guerra,
la política de clase, de la cual la guerra es
continuación;
los vínculos
del capital (que es la fuerza económica dominante de la sociedad moderna) o
el carácter imperialista del capital internacional, la dependencia
financiera-bancaria
y diplomática de Rusia con respecto a Inglaterra y Francia, etc.. (...)
La guerra no es producto
de la perversidad de capitalistas rapaces
aunque sólo se libre -indudablemente- en su interés y sólo ellos
se enriquezcan con ella.
La guerra es producto de
medio siglo de desarrollo del capitalismo mundial
y de sus miles de millones de vínculos y relaciones.
Es imposible
zafarse de la guerra imperialista y lograr una paz democrática, no
coercitiva,
sin derrocar el poder del capital y sin
transferir el poder político
a otra clase, al proletariado.
Con la revolución rusa de
febrero-marzo de 1917,
la guerra imperialista comenzó a
transformarse en guerra civil. Esta revolución
dio el primer paso hacia la finalización de la guerra.
Pero
requiere un segundo paso, a saber, que el poder político pase a
manos del proletariado
para asegurar la finalización de la guerra. Ello será el comienzo de
una «ruptura» mundial,
de una ruptura en el frente de los intereses capitalistas, y sólo rompiendo ese
frente,
el proletariado
puede salvar a la humanidad de los horrores de la guerra
y ofrecerle los beneficios de la paz.
Y al crear los Soviets de
diputados obreros, la revolución rusa ha llevado ya al proletariado
de Rusia al umbral de esa «ruptura» en el frente del capitalismo".
2. La política de mantener a los de abajo confiados en el gobierno e inmovilizados
Lenin,
bajo el subtítulo "Un nuevo tipo de Estado surge
de nuestra revolución", advierte
que
la mayoría de la población no comprende
·
la
significación de clase de
los Soviets ni su papel en
la revolución rusa;
· el sentido de que los Soviets constituyen una nueva forma, mejor dicho, un nuevo tipo de Estado.
¿En qué se
diferencia del tipo más avanzado de Estado burgués que es
la república democrática parlamentaria?
Las diferencias principales "consisten en lo siguiente:
Es muy fácil (como la
historia lo demuestra) volver de una república parlamentaria burguesa a
una monarquía, ya que todo el aparato de opresión -el ejército, la policía y la
burocracia-
queda intacto.
La Comuna y los soviets destruyen ese aparato y lo eliminan.
La república parlamentaria
burguesa dificulta y asfixia la vida política independiente
de las masas, su participación directa en la organización democrática de
toda la vida del Estado de abajo a arriba. Lo contrario sucede con los soviets
(...)".
Fuente: Obras Completas
Tomo XXIV, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
En el
folleto "El doble poder" de abril de 1917,
Lenin
amplía la explicación sobre
el carácter político
de los soviets: "es un poder directamente basado en la toma
revolucionaria del poder,
en la iniciativa directa del pueblo desde abajo, y no en una ley
promulgada por
un poder político centralizado.(...)
Este poder es del mismo
tipo que la Comuna de París de 1871.
Las características principales
de este tipo de poder son:
1.
la fuente del poder
no es una ley previamente discutida y promulgada
por el parlamento, sino la iniciativa directa del pueblo desde abajo,
en sus zonas locales;
2.
el reemplazo de la
policía y del ejército (que
son instituciones divorciadas del pueblo y opuestas a él)
por
el armamento directo de todo el pueblo o sea el orden ...lo mantienen
los propios obreros y campesinos armados, el propio pueblo armado;
3.
los funcionarios
públicos -la burocracia- son igualmente reemplazados
por el gobierno directo del propio pueblo o al menos colocados bajo
control especial,
no sólo se transforman en funcionarios públicos elegibles, sino que
-son destituidos ante el primer reclamo del pueblo, -quedan reducidos
a la posición de empleados o sea de grupo privilegiado con «cargos»
altamente remunerados,
según la escala burguesa, se transforman en trabajadores de
una «especialidad» particular, cuya remuneración no excede
el salario corriente de un obrero calificado".
Lenin
indica que los dirigentes con posición pequeño
burguesa,
"en lugar de
esclarecer
la conciencia
de los obreros, los confunden;
disipar las ilusiones pequeño
burguesas, las infunden;
liberar al pueblo de la influencia burguesa,
consolidan
esa influencia.
Con lo dicho debería
quedar claro por qué también nuestros camaradas
cometen tantos errores cuando formulan 'simplemente' la pregunta:
¿hay que derrocar inmediatamente al gobierno provisional?
Mi respuesta es:
·
hay que
derrocarlo pues es un gobierno oligárquico, burgués y no popular
que no puede dar paz, pan o plena libertad;
·
no puede ser
derrocado inmediatamente, pues se mantiene en el poder
gracias a un pacto directo e indirecto, formal y efectivo, con
los soviets de diputados obreros y en primer lugar con el soviet principal,
el Soviet de Petrogrado;
·
no puede
ser, en general, «derrocado» por la vía habitual,
pues descansa en el «apoyo» que brinda a la burguesía
el segundo gobierno,
el soviet de diputados obreros, y este gobierno es el único
gobierno revolucionario posible, que expresa directamente
la conciencia y la voluntad de la mayoría de los obreros y
campesinos. (...)
Para convertirse en poder,
los obreros con conciencia de clase tienen
que atraer a su lado a la mayoría.
Nosotros no somos blanquistas, no somos partidarios de la toma del poder por una
minoría.
Somos marxistas,
somos partidarios de la lucha de clase proletaria contra la embriaguez pequeño
burguesa,
contra el defensismo chovinista, contra la fraseología y la subordinación a la
burguesía.
Fundemos un partido
comunista,
los mejores militantes del bolchevismo han creado ya los elementos de tal
partido;
reunamos nuestras fuerzas para la labor proletaria de clase y veremos cómo se
unen
a nosotros
masas -cada vez mayores- de proletarios y de los campesinos más pobres.
Pues la experiencia viva se encargará de destruir día a día las ilusiones
pequeño burguesas (...)".
Fuente: Obras Completas
Tomo XXIV, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
En la Argentina de hoy,
la despolitización y apatía electoral de las grandes mayorías responde no sólo
a la construcción gubernamental-mediática
de un consenso para mantenerlas en pasividad política sino, sobre todo,
al desánimo por incomprensión de que sus sucesivas defraudaciones obedecen, ante
todo, a que
sus autoorganizaciones colectivas se limitan a
hacer posible
soluciones a necesidades y problemas que les son vitales pero dichas militancias
no se encaminan a constituir
la unidad de voluntad
de la diversidad de los de abajo para cambiar Argentina.
En el fondo, creen que seguir acomodando su 'bienestar' al sistema impuesto
desde arriba y desde el exterior les asegura vivir.
Con las minorías en rebelión contra las varias expresiones de la impunidad
implícita en la 'normalidad' cotidiana o sea que han dejado de estar habituadas
a las rutinas diarias, comparten
la desatención al funcionamiento total del país en contra del pueblo y en pro de
privilegios de los que expropian, por eso, lo social y lo político les parecen
procesos en paralelo.
La
revolución rusa fue producto, esencialmente, de la lucha y organización de la
clase trabajadora
desde sus comienzos en 1905.
1. La revolución rusa de 1905
En el Informe sobre
la revolución rusa de 1905 (que leyó en alemán a la juventud obrera
suiza,
el 22 de enero de 1917) Lenin relata:
"La significación
histórica del 22 de enero de 1905
estriba en ese despertar de inmensas masas populares
a la conciencia política y a la lucha revolucionaria.(...)
Antes del 22 de enero
de 1905, el partido revolucionario de Rusia
consistía en un pequeño grupo de personas y los reformistas de entonces
(exactamente con los reformistas de hoy) nos llamaban «secta» en son de burla.
Varios centenares de
organizadores revolucionarios, varios miles de miembros
de las organizaciones locales, media docena de periódicos revolucionarios que
-aparecían no más de una vez al mes,
-se editaban sobre todo en el extranjero y
-entraban a Rusia de contrabando, venciendo dificultades increíbles y a costa de
muchos sacrificios:
eso eran en Rusia, antes del 22 de enero de 1905, los partidos revolucionarios y
la socialdemocracia revolucionaria en particular.
Esta circunstancia daba
a los mezquinos y altivos reformistas el derecho formal de
afirmar que en Rusia aún no había un pueblo revolucionario.
En pocos meses, sin
embargo, el panorama cambió por completo.
Los centenares de socialdemócratas revolucionarios
se convirtieron
«de pronto» en millares, los millares se convirtieron
en dirigentes de dos o tres millones de proletarios.
La lucha proletaria
produjo una agitación general,
a menudo movimientos revolucionarios entre
las masas campesinas
que sumaban de cincuenta a cien millones de personas;
el movimiento campesino tuvo repercusión en el ejército
y provocó insurrecciones de soldados, choques armados
entre un sector del ejército y otro.
De este modo,
un inmenso país -con 130.000.000 de
habitantes- se lanzó a la revolución;
de este modo, la Rusia aletargada se convirtió en una Rusia con
un proletariado revolucionario y un pueblo revolucionario".
Precisa:
a. "Es
necesario estudiar esta transición; comprender por qué fue posible,
cuáles fueron, por así decirlo, sus métodos y caminos.
El factor principal de
esta transición fue la huelga de masas.
La peculiaridad de la
revolución rusa es
que,
por su contenido social,
fue una revolución democrático-burguesa, mientras que
por sus métodos de lucha,
fue una revolución proletaria.
Fue
democrático-burguesa,
porque
el objetivo inmediato que se propuso, y que podía alcanzar directamente
con sus propias fuerzas, era:
una república democrática, la jornada de 8 horas y la confiscación de
los inmensos latifundios de la nobleza.
Todas medidas
que la revolución burguesa de Francia realizó casi plenamente en 1792 y 1793.
Al mismo tiempo, la
revolución rusa
fue una revolución proletaria no sólo
porque el proletariado fue su fuerza dirigente,
la vanguardia del movimiento, sino también porque un arma específicamente
proletaria
de lucha,
la huelga fue el medio principal para
poner a las masas en movimiento y
el fenómeno más característico del sinuoso desarrollo de los acontecimientos
decisivos.
La revolución rusa fue
la primera gran revolución en la historia -aunque sin duda no la última-
en la que la huelga política de masas desempeñó un papel de extraordinaria
importancia.
Se puede, incluso, afirmar que es imposible comprender los acontecimientos de
la revolución rusa
y la sucesión de sus formas políticas, sin un estudio de la estadística de
las huelgas,
a fin de descubrir el fondo de esos acontecimientos y de esa sucesión de
formas.(...)
Durante los diez años
que precedieron a la revolución, el promedio anual de huelguistas
en Rusia
fue de 43.000 personas, lo que significa 430.000 en toda la década. En enero de
1905,
primer mes de la revolución, el número de huelguistas fue de 440.000; o sea, que
en un mes hubo más huelguistas ¡que en toda la década precedente!
En ningún país
capitalista del mundo, ni en los países más avanzados (como Inglaterra,
Estados Unidos o Alemania) hubo nada comparable al grandioso movimiento
huelguístico
de 1905 en Rusia.(...)
Ello, naturalmente, no significa que los obreros fabriles urbanos de Rusia
fueran más cultos
o más fuertes o que se hubieran amoldado mejor a la lucha que sus hermanos de
la Europa occidental. Lo cierto era lo contrario.
Pero demuestra
qué grande puede ser la energía latente del proletariado.
Demuestra que, en un período revolucionario (lo digo sin exageración alguna,
basándome en los datos más exactos de la historia rusa), el proletariado
puede
desarrollar
una energía combativa cien veces mayor que en épocas corrientes,
pacíficas.
¡Demuestra que la humanidad no conoció hasta 1905 qué grandes, qué inmensas
son las fuerzas que el proletariado es y será capaz de poner en tensión en
una lucha
por objetivos verdaderamente grandes, en una lucha realizada de
un modo verdaderamente revolucionario!
La historia de la
revolución rusa muestra que (...) cuanto más grandes eran las fábricas
y empresas, más porfiadas eran las huelgas, mayor era la frecuencia con que se
repetían
en un mismo año.
Cuanto más grande era la ciudad, más importante era el papel del proletariado en
la lucha.
Tres grandes ciudades -Petersburgo, Riga y Varsovia- que tienen la población
obrera
más numerosa y con más conciencia de clase, dieron, con relación al total de
obreros,
un número incomparablemente mayor de huelguistas que cualquier otra ciudad y por
supuesto,
mucho mayor que en el campo".
b. Es
necesario tener en cuenta que : "un rasgo característico
fue
cómo se entrelazaron las huelgas económicas
con las políticas durante la revolución.
No cabe la menor duda
de que sólo esta vinculación muy estrecha de
las dos formas de huelga fue lo que le dio al movimiento su fuerza
extraordinaria.
Las amplias masas
de los explotados no habrían podido ser incorporadas al movimiento
revolucionario,
si no se les hubiera proporcionado ejemplos diarios de cómo los obreros de
las diferentes ramas industriales obligaban a los capitalistas
a conceder
mejoras inmediatas y directas en su situación. Esa lucha infundió un nuevo
espíritu
a la masa del pueblo ruso. Y sólo entonces la vieja Rusia feudal, indolente,
patriarcal,
devota y sumisa, arrojó al viejo Adán; sólo, entonces, el pueblo ruso recibió
una educación
verdaderamente democrática, verdaderamente revolucionaria. (...)
Examinemos
más de cerca la correlación entre los obreros metalúrgicos y los textiles
durante
las luchas huelguísticas de 1905. Los metalúrgicos son los proletarios mejor
retribuidos, con mayor conciencia de clase y más cultos.
Los obreros textiles
(cuyo número, en 1905, superaba en más de dos veces y media al de
los metalúrgicos) son los trabajadores más atrasados y peor retribuidos de
Rusia,
y en muchos casos no han roto aún definitivamente con los hábitos de sus
parientes
del campo. Y aquí nos encontramos con un detalle importante:
Las huelgas sostenidas
por los metalúrgicos durante todo el año de 1905
nos muestran una preponderancia de huelgas políticas sobre las económicas,
aunque esa preponderancia fue mucho mayor a fines de años que a principios.
Por el contrario,
entre los obreros textiles observamos -a comienzos de 1905- una enorme
preponderancia de huelgas económicas y sólo a fines de año predominan
las políticas.
De esto se deduce con
toda evidencia que sólo la lucha económica,
la lucha por un mejoramiento directo e inmediato de la situación,
es capaz
de despertar a las capas más atrasadas de las masas explotadas,
las educa verdaderamente y las convierte -en épocas revolucionarias-,
en pocos meses, en un ejército de luchadores políticos".
c. "Es
necesario, para que esto ocurra,(...) que el proletariado actúe como
una verdadera vanguardia de la mayoría de los explotados e incorpore
esa mayoría
a la lucha, como sucedió en Rusia durante 1905
(...).
El año 1905 comenzó con
la primera gran ola de huelgas que abarcó todo el país.
Ya en la primavera de ese año, vemos surgir en Rusia, el primer gran
movimiento campesino
no sólo económico sino también político.
Se apreciará la
importancia de este viraje histórico,
si se tiene en cuenta que el campesinado ruso
fue liberado
de la forma más cruel de servidumbre feudal sólo en 1861,
que la mayoría de los campesinos son analfabetos, que
viven en una miseria indescriptible, oprimidos por los terratenientes,
engañados por los popes y aislados entre sí por enormes distancias
y por una casi absoluta ausencia de caminos.
Rusia presenció el
primer movimiento revolucionario contra el zarismo en 1825,
un movimiento en el que participaron casi exclusivamente nobles.
Desde entones
y hasta 1881, cuando Alejandro II fue asesinado por terroristas,
el movimiento fue dirigido por intelectuales de la clase media,
quienes dieron pruebas de un gran espíritu de sacrificio,
y asombraron
al mundo con su heroico método terrorista de lucha. Su sacrificio no fue
ciertamente en vano.
Ellos contribuyeron sin
duda -directa o indirectamente- a la posterior educación revolucionaria
del pueblo ruso.
Pero no alcanzaron ni podían alcanzar su objetivo inmediato: producir una
revolución popular.
Esto fue logrado
sólo por la lucha revolucionaria del proletariado. Sólo la oleada de huelgas de
masas,
que se extendió por todo el país, huelgas vinculadas con las crueles lecciones
de
la guerra imperialista ruso-japonesa, despertó de su letargo a las amplias masas
de campesinos.
La palabra «huelguista»
adquirió, entre los campesinos, un sentido completamente nuevo,
significaba un rebelde,
un revolucionario, un significado que antes se expresaba con la palabra
«estudiante».
Pero el «estudiante» pertenecía a la clase media, a los «doctos», a los
«señores»
y era, por lo tanto, extraño al pueblo.
En cambio,
el «huelguista» era del pueblo, pertenecía a la clase explotada. Deportado de
Petersburgo,
a menudo retornaba a la aldea donde hablaba a sus vecinos del incendio que se
extendía
a todas las ciudades y que destruiría a los capitalistas y a la nobleza.
En la aldea rusa
apareció un tipo nuevo: el joven campesino con conciencia de clase.
Éste mantenía relaciones con los «huelguistas», leía los periódicos,
refería a los campesinos los acontecimientos que se producían en
las ciudades,
explicaba a sus camaradas campesinos el significado de las reivindicaciones
políticas
y los instaba a luchar contra la nobleza terrateniente, contra los popes y los
funcionarios públicos.
Los campesinos se
reunían en grupos para discutir su situación y poco a poco se fueron
incorporando a la lucha. (...)
En la primavera de
1905, el movimiento campesino sólo
empezaba y sólo abarcaba
una pequeña parte, aproximadamente, la séptima parte de los distritos.
Pero
la combinación de las huelgas proletarias de masas
en las ciudades con el movimiento campesino en
las zonas rurales
fue suficiente para hacer vacilar el último y más «firme» puntal del zarismo.
Me refiero al ejército.
Comenzó una serie de
insurrecciones en la marina y en el ejército.
Cada nuevo oleaje de huelgas y del movimiento campesino, durante
la revolución,
fue acompañado de insurrecciones en todos los confines de Rusia. (...)
Los obreros y campesinos vestidos de uniforme fueron el alma de las
insurrecciones.
El movimiento se extendió a todos los sectores de la población y por primera vez
en la historia de Rusia,
abarcó a la mayoría de los explotados.
Pero lo que le faltó a este movimiento fue
por una parte,
firmeza y resolución en las masas que
adolecían de exceso de confianza y
por otra parte,
organización de los obreros revolucionarios
socialdemócratas que se hallaban bajo las armas:
no supieron
tomar la dirección en sus manos, ponerse a
la cabeza del ejército revolucionario y
lanzar una ofensiva contra
el poder gubernamental(...)".
d. Es
necesario considerar que la revolución socialista -como sostuviera Lenin-
no es un acto único,
ni una batalla en un solo frente sino toda una época
de agudos conflictos de clases, una larga serie de batallas en todos los
frentes.
Lenin destaca:
"Octubre y diciembre de
1905 señalaron el punto más alto en la marea ascendente
de la revolución rusa. Todas las fuentes de la energía revolucionaria del pueblo
fluyeron
en un torrente mucho más amplio que antes. El número de huelguistas que en enero
de 1905
había sido de 440.000, en octubre de 1905 alcanzó al medio millón (¡sólo en un
mes!).
A ese número,
que comprende únicamente a los obreros fabriles, hay que agregar varios
centenares de miles
de obreros ferroviarios, empleados de Correos y Telégrafos, etc.
La huelga general de
los ferroviarios interrumpió toda la circulación de trenes y paralizó
del modo más efectivo la fuerza del gobierno. Las puertas de las universidades
se abrieron
de par en par (...)
y se convirtieron en teatro de reuniones públicas en las cuales millares y
millares de obreros,
artesanos y empleados discutían abierta y libremente los problemas políticos.
Se conquistó la
libertad de prensa. La censura fue simplemente ignorada.
Ningún editor
se atrevía a presentar a las autoridades, para su censura, el ejemplar
obligatorio
y las autoridades no se atrevían a adoptar ninguna medida contra tal hecho.
Por primera vez en la historia de Rusia aparecieron libremente periódicos
revolucionarios
en Petersburgo y en otras ciudades. (...)
En el fragor de la
lucha surgió una organización original de masas:
los célebres soviets de diputados obreros, que incluían
delegados de todas las fábricas.
Estos soviets de
diputados obreros comenzaron a desempeñar, de más en más,
en varias ciudades de Rusia, el papel de gobierno provisional
revolucionario,
el papel de organismos y de dirigentes de la insurrección.
Se intentó
organizar soviets de diputados soldados y marineros y de unificarlos con
los soviets de diputados obreros.
Durante cierto tiempo,
varias ciudades de Rusia se convirtieron en algo parecido
a pequeñas «repúblicas» locales. Las autoridades gubernamentales fueron
destituidas
y el soviet de diputados obreros funcionaba realmente como nuevo gobierno.
Esos períodos fueron -por desgracia- demasiado breves, «las victorias» demasiado
débiles,
demasiado aisladas. (...)
Entre los pueblos oprimidos de Rusia estalló un movimiento de liberación nacional.
Más de la mitad,
casi las tres quintas partes (exactamente el 57%)
de la población de Rusia
padecen la opresión nacional;
ni siquiera tienen libertad para utilizar su idioma nacional, son rusificados a
la fuerza.
Los musulmanes,
por ejemplo, que ascienden a decenas de millones, se apresuraron a organizar
una liga musulmana. Se vivía una época de crecimiento rápido de todo tipo de
organizaciones.(...)
Cuanto más ascendía la
oleada del movimiento, con mayor energía y decisión se aunó
la reacción para luchar contra la revolución.(...)
El zarismo descargó su
odio particularmente contra los judíos. Por una parte,
los judíos
proporcionaban un muy alto porcentaje de dirigentes al movimiento revolucionario
(en comparación con el total de la población judía). Y también,
hay que anotar que proporcionaron un porcentaje relativamente elevado
de internacionalistas en comparación con otros pueblos.
Por otra parte,
el zarismo explotó hábilmente los más ruines prejuicios antijudíos de las capas
más ignorantes de la población para organizar, si no para dirigirlos
directamente,
progroms en 100 ciudades y más de 4.000 fueron muertos y más de 10.000
mutilados (...)".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XXIV, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
2. Las enseñanzas de la revolución de 1905
Lenin reflexiona:
"El proletariado
conquistó para todo el pueblo ruso,
si bien por breve tiempo,
algo que Rusia no había conocido hasta entonces:
la libertad de prensa, de reunión y de asociación.
Barrió de su camino la
falsa Duma de Buliguin,
arrancó al zar un manifiesto que proclamaba una constitución
e hizo imposible,
de una vez para siempre, que Rusia fuese gobernada
sin instituciones representativas".
En "Las enseñanzas
de la revolución" (en el periódico Rabóchaia Gazeta de octubre de 1910)
distingue:
"La primera e
ineludible enseñanza
es que sólo la lucha revolucionaria de las
masas puede
conseguir mejoras de
cierta importancia en la vida de los obreros y en la administración del Estado.
Ni la «simpatía»
hacia los obreros por parte de cierta gente culta ni la lucha de algunos
terroristas,
si bien heroica, podían hacer nada para
minar la autocracia zarista
ni la omnipotencia de los capitalistas.
Esto sólo podía ser logrado por la lucha de los obreros mismos,
sólo por
la lucha conjunta de millones de seres, y en cuanto esta lucha se debilitaba,
los obreros
comenzaban inmediatamente a perder lo que habían conquistado.
La revolución rusa fue
una confirmación de lo que expresa el himno obrero internacional:
"Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador;
nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor".
La segunda enseñanza
es que
no basta con minar y restringir el poder del zar.
Es necesario destruirlo.
Mientras el régimen
zarista no sea destruido, las concesiones del zar jamás serán duraderas.
El zar hizo concesiones cuando la marea de la ofensiva revolucionaria creció;
cuando bajó la marea anuló a todas.
Sólo la conquista de
una república democrática, el derrocamiento del régimen zarista,
el paso del poder a manos del pueblo pueden liberar a Rusia de
la violencia y la tiranía
de los funcionarios públicos, de la Duma octubrista-centurionegrista,
del poder despótico de los terratenientes y sus lacayos en el campo.
Si las penurias de los
campesinos y de los obreros son ahora, después de la revolución,
más difíciles de soportar que antes, éste es el precio que pagan, porque la
revolución
fue débil, porque no derrocó el régimen zarista.
El año 1905 y después
las dos primeras dumas y su disolución, enseñaron muchísimo al pueblo
y en primer lugar,
le enseñaron a luchar en común por reivindicaciones políticas.
Al despertar a la vida política, el pueblo empezó a exigir concesiones
a la autocracia:
que el zar convocara la Duma, que el zar reemplazara a los viejos ministros
por nuevos, que el zar «concediera» el sufragio universal.
Pero la autocracia no
hizo y no podía hacer tales concesiones.
Contestó a los pedidos de concesiones con las bayonetas.
Y entonces
el pueblo comenzó a comprender la necesidad de luchar
contra el régimen autocrático. Ahora, Stolipin y la Duma cerionegrista
feudal,
puede decirse que meten en la cabeza de los campesinos esta comprensión
aún más drásticamente. Lo hacen y lo seguirán haciendo.
La autocracia zarista
también ha aprendido una lección de la revolución.
Ha visto que no se puede confiar en la fe de los campesinos en el zar.
Refuerza ahora
su poder por medio de una alianza con los terratenientes centurionegristas
y con los industriales octubristas. De modo que, en la actualidad,
hace falta
una ofensiva mucho más potente de la lucha revolucionaria de masas
para derribar la autocracia que en 1905.
¿Es posible esa ofensiva mucho más potente?
La respuesta a esta pregunta nos lleva a:
La tercera y
principal enseñanza
de la revolución;
consiste
en que hemos visto cómo
actúan las diversas clases del pueblo ruso.
Hasta 1905,
muchos creían que todo el pueblo aspira por igual a la libertad
y quería la misma libertad; al menos la inmensa mayoría no entendía claramente
el hecho de que las diferentes clases del pueblo ruso
adoptan una actitud distinta
hacia
la lucha por la libertad y no lucha por la misma libertad.
La revolución ha disipado la niebla.
A fines de 1905 y
después, durante la primera y la segunda dumas,
todas
las clases de la sociedad rusa actuaron abiertamente.
Se mostraron
tal como eran en la acción, revelaron cuáles eran
sus verdaderas ambiciones, por qué objetivos pueden luchar
y con qué fuerza, persistencia y energía son capaces de luchar.
Los
obreros fabriles, el proletariado industrial,
sostuvo la
lucha más decidida y más tenaz contra la autocracia.
El proletariado
-empezó la revolución con la jornada del 9 de enero y las huelgas de masas;
-llevó la lucha hasta el fin, pasó a la insurrección armada en diciembre de
1905,
en defensa del campesinado ametrallado, maltratado y torturado. (...)
Por el vigor de su
lucha, la clase obrera de Rusia estuvo al frente de
todas las demás clases del pueblo ruso. Sus propias condiciones de vida
hacen
a los obreros aptos para la lucha y los impulsan a ella. El capital reúne a
los obreros en vastas masas en las grandes ciudades, los agrupa, les enseña
a actuar al unísono.
A cada paso, los obreros se encuentran cara a cara con su enemigo principal,
la clase capitalista. En el combate contra este enemigo, el obrero
se hace socialista,
llega a comprender la necesidad de una completa reorganización de toda la
sociedad,
de la completa supresión de la miseria y de la opresión. Al hacerse socialistas,
los obreros
luchan con una intrepidez sin límites contra todo lo que obstaculiza su camino y
en primer lugar, contra el régimen zarista y los terratenientes.
Los
campesinos
también
los combatieron a ambos pero su lucha fue mucho más débil.
Se calcula
que la mayoría de los obreros fabriles (alrededor de las tres quintas partes)
participaron en la lucha revolucionaria, en las huelgas; mientras que, sin duda,
sólo una minoría de los campesinos tomó parte; probablemente no más de
una quinta o una cuarta parte.
Los campesinos
lucharon con menos tenacidad, más desconectados entre sí,
con menos comprensión política, confiando no pocas veces, todavía,
en la benevolencia del padrecito zar. (...)
Ahora, Stolipin y la
Duma centurionegrista terrateniente, se esfuerzan
en hacer
que los campesinos ricos sean nuevos terratenientes capitalistas,
aliados del zar y de los centurionegristas. Pero
cuanto más grande es la ayuda del zar y la Duma III
a los campesinos enriquecidos para que arruinen a la masa del campesinado,
esta masa adquiere más conciencia política y menor es su fe en el zar,
la fe de esclavos feudales o la fe de gente oprimida e ignorante de serlo.
Año tras año
engruesan las filas de los obreros rurales en el campo,
que no pueden buscar su salvación, excepto en una alianza
con los obreros urbanos para la lucha unida.
Año tras año
aumenta en las aldeas la cantidad de campesinos arruinados,
sumidos en la más completa miseria, hambrientos;
y cuando se levante el proletariado de la ciudad,
millones y millones de estos campesinos se lanzarán a la lucha
contra el zar y los terratenientes con más decisión y solidaridad.
También
la burguesía liberal participó en la
revolución, es decir:
los terratenientes liberales, los industriales, los abogados, los profesores,
etc., liberales.
Ellos componen el partido de la «libertad popular» (demócratas
constitucionalistas o
kadetes).
Prometieron mucho al pueblo y alborotaron en sus periódicos hablando de la
libertad.
Tenían la mayoría de los diputados en la primera y la segunda dumas. Prometieron
conseguir la libertad «por vía pacífica» y
condenaron la lucha revolucionaria de los obreros y los campesinos.
Los campesinos y muchos de los diputados campesinos (los trudoviques)
creyeron
en esas promesas y siguieron humilde y sumisamente a los liberales,
apartándose de la lucha revolucionaria del proletariado. Esto constituyó
el gran error de los campesinos (y de mucha gente de la ciudad)
durante la revolución.
Los liberales
tendieron una mano, muy rara vez, a la lucha por la libertad en tanto que
tendieron siempre la otra al zar, le procuraron conservar y reforzar su poder,
establecer la paz entre campesinos y terratenientes, 'apaciguar' a
los obreros 'revoltosos'.
Cuando la revolución
llegó al punto de una batalla decisiva contra el zar
-la insurrección armada de diciembre de 1905-
los liberales, como un solo hombre, traicionaron vilmente la libertad del
pueblo,
desertaron de la lucha.
La autocracia zarista
aprovechó esta traición de los liberales,
aprovechó la falta de comprensión política de los campesinos que creían en los
liberales
y derrotó a los obreros insurreccionados.
Y cuando el
proletariado fue derrotado,
no hubo Dumas, discursos dulzones, ni promesas kadetes que impidieran al zar
terminar con todos los restos de libertad, restablecer la autocracia y el
despotismo
de los terratenientes feudales (...)".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XVI, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
En la Argentina de hoy,
también los de abajo debemos derrotar la criminalización
tanto de la pobreza como de la protesta social y
la impunidad del sistema,
o sea, debemos conquistar mejoras de importancia en nuestra vida
y en la administración del Estado al mismo tiempo que
minar la omnipotencia de todos los poderes establecidos.
Es desafío a
pensar, sentir y actuar involucrándonos en las honduras conflictivas de
nuestra cotidianeidad que nos hermanan y hacerlo desde
el compromiso de
emancipar la Argentina -o a todos nosotros- del contubernio entre nuestros altos
funcionarios con los grandes capitales locales e imperialistas para ir
adueñándonos del potencial de desarrollo social.
PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPOTESIS
Comprobemos cómo esa gesta (gigantesca en cuanto a la movilización de
una parte enorme y heterogénea de la humanidad y a sus implicancias históricas)
esclarece sobre nuestro presente pese a que transcurrieron noventa años.
En la actualidad, tiene
relevancia la izquierda social que
no quiere saber nada de organizarse políticamente
y de ella
se desprende la que quita validez histórica a la Unión Soviética
en la lucha emancipadora de la humanidad
y denuncia que la autoorganización del pueblo ruso fue fagocitada por el partido
comunista.
Pero yo destaco el
desarrollo de ese país continente por erradicar el zarismo o la condición
de casi servidumbre de la gran mayoría de la población, derrotar decisivamente
al nazismo
y forzar al capitalismo
a adoptar tanto la coexistencia pacífica como el estado de bienestar en los
países de su sistema.
También la Cuba socialista no hubiera podido permanecer en su construcción si no
hubiera sido
apoyada por la U.R.S.S..
Cuando se piensa en
revolución, sólo se acostumbra a circunscribirla al momento, o al período,
en que clases subordinadas pasan a dominar el poder político de realizar las
transformaciones
socioeconómicas e institucionales en correspondencia con satisfacer las
necesidades y
aspiraciones negadas por el sistema opresor.
Sin embargo,
esa consecución es posible por una larga maduración de los de abajo
respecto a organización, política e ideología que se da en
el avance teórico-práctico-teórico ante experiencias en distintos campos.
Maduración en organización, política e ideológica de partido
Objetivos orientadores:
a. Romper el monopolio de los politiqueros
En pleno período
contrarrevolucionario se realizan elecciones complementarias
para la III Duma,
Lenin (en el periódico Proletari de
5 de setiembre de 1909) sostiene:
"Las elecciones en
Petersburgo se realizan en una situación
en la que el partido socialdemócrata y todas las organizaciones
de la clase obrera
-cualquiera sea su carácter- han sido totalmente ilegalizadas,
en la que es absolutamente imposible realizar reuniones de obreros,
en la que la prensa obrera está prohibida, en la que la 'oposición'
está totalmente
monopolizada por el partido kadete, que se prostituyó con
una serie de actos serviles en la Duma centurionegrista y ayudó
a la autocracia a obtener dinero en Europa para costear cárceles y horcas, y a
representar la comedia de autocracia constitucional
ante los capitalistas europeos.
Es muy importante que
este monopolio kadete, protegido por un bosque
de horcas y 'conquistado' por la ilimitada obsecuencia liberal ante el zarismo,
sea roto,
roto a toda costa, frente a la gran masa que observa las elecciones,
oye hablar de las elecciones y está siguiendo la suerte de los candidatos y
los resultados de la elección.
Si
para los politicastros burgueses
de todos los países, desde los kadetes rusos hasta los 'librepensadores'
alemanes
o los 'radicales' democrático-burgueses de Francia,
lo más importante es el éxito inmediato,
lo más importante es ganar una banca de diputado.
Para un partido socialista,
lo más importante es la defensa de las ideas del socialismo y
de una consecuente y abnegada lucha por una democracia completa (...)".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XVI, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
b. Promover conciencia partidista en una creciente mayoría
Lenin, en el periódico Novi Dien de setiembre de 1909, escribe:
"El
problema de las candidaturas de hombres de partido o apartidistas,
de las candidaturas necesarias o las designadas «innecesarias» es,
sin duda, uno de los más importantes
-si no el más importante- en la actual
elección a la Duma.
Ante todo y sobre todo
los electores y las amplias masas que se interesan por las elecciones
deben analizar
· para qué son necesarias éstas,
· cuál es la tarea que encara un diputado de la Duma y
· cuál debe ser la táctica de un diputado de Petersburgo en la III Duma.
Pero una idea plena y
exacta de todo esto, sólo es posible si toda
la campaña electoral
es de un carácter partidista.
Para quienes deseen defender en las elecciones los intereses
de masas verdaderamente
amplias, de las más amplias masas de la población,
la primera y principal tarea es desarrollar
su conciencia política.
En
íntima vinculación con su desarrollo se determina con más claridad el
agrupamiento
de las masas,
acorde con los intereses reales de las diversas clases de la población.(...)
En el caso de todos los
partidos carentes de organización propia que aspiran
a satisfacer en las elecciones a los intereses de pequeños grupos especiales
de las clases poseedoras,
el desarrollo de la conciencia de las masas figura siempre en segundo plano,
en tanto que consideran indeseable y peligrosa
una visión clara del agrupamiento de clase
de las masas.
Para quienes no desean
salir en defensa de los partidos burgueses,
la claridad de la conciencia política y del agrupamiento de clase
están por encima de todo.
Esto no excluye, claro está, en ciertos casos especiales,
las acciones conjuntas temporarias de diferentes partidos.
Pero sí excluye en absoluto todo apartidismo y todo lo que implique
debilitar o disimular el carácter de partido.(...)
Aunque ninguno de los
dos partidos que presentan las candidaturas de Kútler y Sokolov
existen abiertamente como tales y esta circunstancia dificulta
la dirección
de las elecciones sobre una base de partido, no se invalida la necesidad
de que ésta exista. Dejarse vencer por tales dificultades, ceder ante ellas,
es lo mismo
que acceder al deseo del señor Stolipin de oír la confirmación
de su «constitucionalismo» de boca de la «oposición» (la llamada oposición).
Para las masas que
participan en las elecciones de Petersburgo es particularmente
importante comprobar ahora qué partidos han cedido ante estas
dificultades y
cuáles
han mantenido íntegros su programa y sus consignas;
cuáles han intentado 'adaptarse' al régimen reaccionario reduciendo y
restringiendo
su actividad en la Duma, encorsetando su prensa, organización, etc.
Esta comprobación
amplia,
basada en la historia de los partidos, basada en los hechos
de su actividad dentro y fuera de la Duma, constituye el contenido principal
de la campaña electoral.
En esta nueva y más
difícil situación para los demócratas, las masas deben volver
a familiarizarse con los partidos que pretenden el título de democráticos.
Las masas
deben volver a conocer una y otra vez las diferencias,
las características que distinguen a los demócratas burgueses
de los demócratas que han presentado, en esta ocasión, la candidatura de N.D.
Sokolov,
las diferencias en
· sus perspectivas generales;
· sus objetivos finales;
·
sus
actitudes ante la tarea del gran movimiento internacional
de liberación;
·
su capacidad
para defender los ideales y métodos del
movimiento de emancipación en Rusia.
Las
masas deben salir de esta campaña electoral con más
conciencia partidista
o
más claramente concientes de los intereses, de los objetivos, consignas, puntos
de vista
y métodos de acción de las diferentes clases:
tal es el resultado perdurable que la tendencia política representada por N.D.
Sokolov valora
por encima de todo y sabrá lograr con la labor más tesonera, firme, persistente
y amplia".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XVI, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
c. Unir fracciones y tendencias de un partido revolucionario
Lenin,
en el periódico Sotsial-Demokrat de febrero
de 1910, señala
las influencias disgregadoras de las fuerzas del partido durante el período
contrarrevolucionario
y
los enormes cambios económicos y políticos por los intentos de "la autocracia
de adaptarse a las condiciones burguesas de la época, de organizarse
como monarquía burguesa y asegurar los intereses del zarismo y de los
terratenientes
centurionegristas, mediante una alianza abierta, amplia y realizada en forma
sistemática
con los sectores superiores de la burguesía del campo y
con los amos del capitalismo comercial e industrial".
Comienza esa nota "Hacia la unidad" recordando:
"Hace exactamente un
año, en febrero de 1909, en el número 2 de Sotsial-Demokrat,
caracterizamos los trabajos de la Conferencia partidaria del POSDR como de
puesta
«en camino» del partido luego de "un año de desintegración, un año de
discrepancia ideológica,
un año de desorientación del partido". Señalábamos allí que la grave crisis
por la que estaba
pasando nuestro partido era, indudablemente, no sólo organizativa, sino también
ideológica
y política.
Juzgábamos que la
garantía de una lucha eficaz del organismo partidario contra las influencias
disgregadoras del período contrarrevolucionario, residía ante todo en asumir las
decisiones tácticas
que la conferencia había resuelto con acierto para el problema fundamental:
la plena confirmación por el partido obrero de
·
sus
objetivos revolucionarios
que derivaban de la época de tempestad y empuje en 1905;
·
su táctica
revolucionaria socialdemócrata que confirmó la experiencia
de la lucha directa de las masas. (...)
Al mismo tiempo,
señalábamos la tarea organizativa del partido,
vinculada al nuevo momento histórico:
la tarea del partido ilegal
de utilizar todas las posibles instituciones legales, entre ellas el grupo
socialdemócrata
de la Duma, a fin de crear puntos de apoyo para la labor revolucionaria
socialdemócrata
entre las masas. (...)
El año transcurrido
fue un año de nuevas divisiones fraccionistas, de nueva lucha fraccionista,
un año en que se acentuó el peligro de desintegración del partido.
Sin embargo,
las condiciones del trabajo en las diversas localidades, la difícil situación de
la organización socialdemócrata, las tareas impostergables de la lucha económica
y
política del proletariado;
todo ello fue impulsando a todas las fracciones a la unidad de las fuerzas
socialdemócratas.
Cuanto más potente,
insolente y rabiosa se hacía la contrarrevolución,
cuanto más la actitud de repudio y la abjuración de la revolución de 1905
se extendían en las capas liberales y pequeño burguesas democráticas,
tanto
más potente se tornaba la atracción del partido para los socialdemócratas. (...)
Todas las fracciones
reconocen ahora en forma unánime -por supuesto,
no en todos los detalles, sino en lo fundamental- el camino señalado claramente
por la mayoría del partido.
Un año de tensa lucha
de fracciones condujo a que se diera un paso decidido
con miras a suprimir todas las fracciones y todo fraccionismo y por la unidad de
partido(...)".
Lenin aclara:
"No cabe la menor duda
organizativa del partido y sobre su actitud con respecto al
de que, en el partido, no hay unanimidad respecto de cada detalle y de cada
punto de
las resoluciones de la Conferencia del Partido de 1908.
Según lo indican la
experiencia y las lecciones de la lucha económica y política
cada vez más compleja,
la prensa partidaria debe abrir ampliamente sus puertas para su crítica y
modificaciones;
que todas las fracciones, o mejor dicho, todas las tendencias del partido deben
considerar
desde ahora este trabajo de crítica, adaptación y perfeccionamiento, como un
asunto
cuya determinación
les concierne, como un asunto de esclarecimiento de su propia línea. Pero la
labor de crítica
y corrección de la línea del partido no debe entorpecer la unidad en la
actividad del partido,
no debe cesar un solo instante, no debe vacilar y debe orientarse en todo según
las tesis fundamentales de las resoluciones mencionadas".
Destaca:
"La resolución afirma
que la actual situación histórica y la influencia
de la burguesía en el proletariado engendran inevitablemente
dos tipos de desviación del camino justo".
Indica que los rasgos característicos de
1.
son la
subestimación del papel y significado del partido socialdemócrata ilegal,
tentativas de restringir las tareas programáticas y tácticas y las consignas
de la socialdemocracia revolucionaria;
2.
son la negación del
trabajo socialdemócrata en la Duma y de la utilización
de las posibilidades legales.
En el
partido -manifiesta-
"se ha comenzado a establecer un acuerdo con respecto
a la necesidad de «superar» las dos desviaciones señaladas, principalmente
por medio
de la ampliación y profundización del trabajo socialdemócrata,
lo más importante (determinar las tareas ideológicas y políticas
del movimiento socialdemócrata) se ha logrado.
Ahora es necesario
poner en práctica sistemática esto que se ha logrado,
conseguir que todos los círculos del partido y todos los militantes locales
comprendan
con absoluta claridad estas tareas, llevar hasta su conclusión lógica
a la explicación del peligro que representan ambas desviaciones en
todas las esferas de trabajo.
Y organizar éste de modo tal, que haga imposibles las vacilaciones en uno u otro
sentido.
Las medidas prácticas para materializar las decisiones adoptadas, las exigencias
de
la lucha económica y política misma, mostrarán luego qué queda por hacer y cómo
hacerlo. (...)
Las condiciones
objetivas exigen que la base de la organización del partido
esté compuesta de células obreras ilegales, modestas por sus dimensiones y
por las formas actuales de trabajo.
Pero
para que aprendan a realizar un trabajo revolucionario socialdemócrata
sistemático,
persistente y planificado en la difícil situación actual, esas células
deben tener
mucha mayor iniciativa y actividad independiente que antes, tanto más porque
no podrán esperar la ayuda de viejos y experimentados camaradas.
Y
estas células no podrán resolver las tareas de la constante influencia en las
masas
y de la acción conjunta con las masas,
sin antes crear
en
primer término,
sólidos vínculos mutuos
y
en segundo término, puntos de apoyo
-según
todos los tipos posibles- en instituciones legales.
De ahí la necesidad de
una conferencia de delegados de dichas células ilegales,
como cosa primera, ante todo, inmediatamente y a toda costa.
De ahí la necesidad
de que en dicha conferencia participen los socialdemócratas que están por el
partido
y que actúan en el movimiento legal, los representantes de los grupos
socialdemócratas
del movimiento legal que están dispuestos a entablar un vínculo orgánico sólido
con los centros locales del partido.
¿Quiénes
de nuestros socialdemócratas legales
son de verdad
y no sólo de palabra auténticos hombres de
partido?
Quienes han comprendido
realmente las nuevas condiciones de trabajo y cómo combinarlas
con las viejas tareas de la socialdemocracia revolucionaria;
quienes
están sinceramente dispuestos a trabajar en el cumplimiento de esas tareas.
¿Qué grupos están
realmente preparados para establecer un sólido vínculo orgánico
con el partido? Esto podrá ser determinado únicamente en cada lugar,
en el curso mismo del trabajo cotidiano ilegal.
Esperamos que en este
trabajo se cohesionarán ahora todas las fuerzas de la socialdemocracia,
que los militantes del partido en el centro y en las localidades, iniciarán los
preparativos para
la conferencia con el mayor vigor, que esta conferencia ayudará a consolidar
definitivamente
nuestra unidad partidaria
y a que creemos en común una base proletaria más amplia, más firme y más
flexible
para las futuras batallas revolucionarias".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XVI, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
¿Cómo -hoy y en Argentina- generalizar la toma de partido
por un país mirando hacia las necesidades y aspiraciones
de los de abajo poniendo punto final a la conversión de
nosotros
en convidados de piedra o cómplices de la continuidad
en la concentración y desnacionalización tanto económica
como territorial que es crecimiento de la impunidad de
oprimirnos, reprimirnos, hambrearnos, desalojarnos, matarnos?
La
lucha revolucionaria, exigió a la socialdemocracia rusa una batalla de ideas no
sólo
con los partidos representantes de los intereses burgueses y terratenientes
sino, también,
con los de los obreros en los países imperialistas y en Rusia .
En el
marco de la primera guerra mundial,
el Comité
Central del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia,
en el periódico Sotsial-Demokrat n° 33 de octubre de 1914,
sostiene:
"Ha
estallado la guerra europea, guerra que
durante décadas prepararon
los gobiernos y partidos burgueses de todos los países.
El aumento de los armamentos, la agudización extrema de la lucha por
los mercados en la fase moderna -imperialista- de desarrollo del capitalismo
en los países avanzados
y los intereses dinásticos de las monarquías más atrasadas del oriente europeo
debían conducir inevitablemente, y así ocurrió, a esta guerra.
El único y
verdadero contenido de la guerra actual,
su significado y sentido
está en:
Anexarse tierras y
sojuzgar a naciones extrañas, arruinar a la nación competidora,
saquear sus riquezas, desviar la atención de las masas trabajadoras de
las crisis políticas internas de Rusia, Alemania, Inglaterra y otros países,
desunir
a los obreros, seducirlos con el nacionalismo, exterminar su vanguardia
con el fin de debilitar al movimiento revolucionario del proletariado.
La socialdemocracia
tiene, ante todo, el deber
de poner
al descubierto este verdadero significado de la guerra y desenmascarar sin
piedad
la mentira, los engaños y las frases 'patrióticas' que difunden las clases
dominantes,
los terratenientes y la burguesía en defensa de la guerra.
Al frente de un grupo
de naciones beligerantes se encuentra la burguesía alemana.
Ella trata de engañar a la clase obrera y a las masas trabajadoras, asegurando
que
hace la guerra por la defensa de la patria, la libertad y la cultura;
por la emancipación de los pueblos oprimidos del zarismo,
por la destrucción del reaccionario régimen zarista.
Pero en los hechos
esta misma burguesía que se inclina como lacayo
ante los junkers prusianos, encabezados por Guillermo II, ha sido siempre
la aliada más fiel del zarismo y la enemiga del movimiento revolucionario
de los obreros y los campesinos de Rusia.
En los hechos,
esta burguesía -junto con los junkers- empeñará
todos sus esfuerzos, cualquiera sea el desenlace de la guerra,
en sostener la monarquía zarista en Rusia, contra la revolución.
En los hechos,
la burguesía alemana ha emprendido una campaña de rapiña
contra Servia, con el objeto de sojuzgarla y de ahogar
la revolución nacional de los eslavos del sur,
al tiempo que
dirige la mayor parte de sus fuerzas militares contra países más libres,
como Bélgica y Francia, para despojar a un competidor más rico.(...)
El otro grupo de
naciones beligerantes está encabezado por la burguesía inglesa y francesa,
que trata de engañar a la clase obrera y a las masas trabajadoras asegurando
que está librando
una guerra por la defensa de la patria, la libertad y la civilización y
contra el militarismo y el despotismo de Alemania.
Pero, en realidad, esta
burguesía ha gastado hace tiempo miles de millones
para contratar las tropas del zarismo ruso, la más reaccionaria y bárbara
monarquía
de Europa, y prepararlas para atacar a Alemania.
En los hechos,
el objetivo de la lucha de la burguesía inglesa y francesa es apoderarse de las
colonias alemanas
y arruinar a la nación competidora, cuyo desarrollo económico ha sido mucho más
rápido.
Y para este objetivo,
las naciones 'avanzadas' y 'democráticas' están ayudando al zarismo salvaje a
oprimir
aún más a Polonia, Ucrania, etc., y a estrangular mejor a la revolución en
Rusia. (...)
Para engañar al
proletariado y apartar su atención de la única auténtica guerra
de liberación, es decir, de la guerra civil contra la burguesía, tanto la de
'su propio' país cuanto la de los países 'extranjeros',
la burguesía
de cada país trata de enaltecer, con falsas frases sobre el patriotismo,
el significado de 'su' guerra nacional, asegurando que aspira a derrotar
al enemigo, no para saquear y anexarse territorios, sino para 'liberar'
a todos los demás pueblos, a excepción del suyo propio.
Pero cuanto más empeño
ponen los gobiernos y la burguesía
de todos los países para dividir a los obreros e incitar a unos contra otros,
cuanto más ferozmente se aplica para ese fin el sistema de estado de guerra
y de la censura militar
(que inclusive ahora, en tiempos de guerra, persigue mucho más al enemigo
interior
que al exterior), más imperioso es el deber del proletariado políticamente
conciente
de defender su cohesión de clase, su internacionalismo y sus convicciones
socialistas
frente
al desenfrenado chovinismo de la 'patriótica' camarilla burguesa de todos los
países.
Para los obreros políticamente concientes, declinar esta misión significaría
renunciar
a todas sus aspiraciones de libertad y democracia, para no hablar ya de
sus aspiraciones socialistas.
Con la más profunda
amargura comprobamos que los partidos socialistas
de los países europeos más importantes no han cumplido esta misión suya,
y que la conducta
de los dirigentes de dichos partidos -especialmente del alemán- linda con la
traición
franca a la causa del socialismo.
En este momento de
trascendental importancia para la historia del mundo,
la mayoría de los dirigentes de la actual Internacional, de la II Internacional
Socialista
(1894-1914), están tratando de sustituir el socialismo por el socialchovinismo.
Debido a este
comportamiento, los partidos obreros de esos países no se han opuesto
a la conducta criminal de sus gobiernos; por el contrario, han exhortado a la
clase obrera
a identificar su posición con la de los gobiernos imperialistas. (...)
Los socialdemócratas
alemanes y austriacos intentan justificar su apoyo a la guerra
con el pretexto
de que así lucha contra el zarismo. Nosotros, los socialdemócratas rusos,
declaramos
que consideramos puro engaño a semejante justificación.
En nuestro país,
el movimiento revolucionario contra el zarismo ha adquirido, de nuevo, enormes
proporciones
durante los últimos años. Ese movimiento ha sido siempre encabezado por la clase
obrera
de Rusia. Las huelgas políticas de millones de trabajadores de estos últimos
años se han realizado
bajo la consigna
de derrocamiento del zarismo y la exigencia de la república democrática. (...)
El proletariado ruso no
escatimó sacrificio alguno para liberar a la humanidad entera
de la ignominia de la monarquía zarista. Sin embargo, debemos decir que si algo
puede aplazar,
en ciertas condiciones, la caída del zarismo, si algo puede ayudar al zarismo
contra toda la democracia rusa, ese algo es la guerra actual que ha puesto
el oro de las burguesías inglesa, francesa y rusa
al servicio de los objetivos reaccionarios del zarismo.(...)
Nuestro partido, el
Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia
ha hecho ya y seguirá haciendo enormes sacrificios con motivo de la guerra.
Nuestra prensa ha sido destruida en su totalidad.
La mayoría de los sindicatos han sido clausurados y gran número de nuestros
camaradas
arrestados y deportados. Pero nuestra representación parlamentaria consideró que
su deber,
imperativo deber socialista, era no votar los créditos de guerra y hasta
abandonar
la sala de sesiones de la Duma como expresión aun más enérgica de protesta;
consideró su deber condenar como imperialista la política de los gobiernos
europeos.
Y pese a la acrecentada opresión del gobierno zarista, los obreros
socialdemócratas
de Rusia publican los primeros llamamientos ilegales contra la guerra
cumpliendo así su deber para con la democracia y la Internacional (...)".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XXII, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
En la Argentina de hoy, es fundamental derrotar a los Kirchner
en su prosecución de la seguridad jurídica o clima de
fabulosos negocios
de los oligopolios imperialistas y sus socios locales que implica
poner el Estado, el gobierno y la elites políticas, sindicales e
intelectuales al servicio exclusivo de quienes desertifican
el país en todos los sentidos.
Tal desafío convoca a quienes estamos dispuestos a
organizarnos para expandir la deliberación pública -a lo largo
y ancho del país- sobre los cambios a poner en práctica,
entre todos,
que encaminen la construcción de la soberanía popular y
la reestructuración socioeconómica en acuerdo con
el desarrollo del bienestar social y del mundo confraternal.
Se trata,
en principio, de involucrarnos en hacer posible transformaciones culturales que
minen las bases sociales de:
-feudos, burocracias políticas y sindicales, mafias,
corporaciones de profesionales universitarios, etc.
mediante estímulo al protagonismo popular en decidir e incidir;
-fuerzas progresistas e izquierdistas
(que convalidan al matrimonio Kirchner) mediante discusión de
conceptos claves para desenmascarar a los primeros
y debatir con los segundos.
La
revolución rusa se fue construyendo mediante resolución de los problemas
y elaboración de experiencias con origen en distintas realidades políticas o
situaciones históricas
donde
estaban en juego antagónicos rumbos de desarrollo de cada una.
La forma en que el partido bolchevique ayudó a decidir a las grandes mayorías
fue mediante:
1. Esclarecimiento sobre la primera guerra mundial
Lenin,
en "Una caricatura del marxismo" de setiembre de 1916,
sostiene que -para un marxista-
lo importante es qué cuestiones están en juego en una guerra.
Y pregunta:
¿Por qué se libra la guerra de 1914?
Responde:
"La verdadera esencia de la guerra actual no
es nacional, sino imperialista.
En otras palabras, no se libra para que un bando pueda derrocar la opresión
nacional
que el otro trata de mantener. Es una guerra entre dos grupos opresores,
entre dos bandoleros, para determinar cómo repartir el botín, quién ha de
saquear a Turquía y
las colonias.
En síntesis,
una guerra entre grandes potencias imperialistas (potencias que oprimen a
toda una serie de pueblos y los tienen sometidos al capital financiero, etc.)
o en alianza con las grandes potencias, es una guerra imperialista. Así es
la guerra de 1914-1916.
Y
en esa guerra, "la defensa de la patria" es un engaño,
un intento de justificar la guerra.
Ahora,
una guerra contra las potencias
imperialistas, es decir,
contra las potencias opresoras por parte de los países oprimidos
(por ejemplo, coloniales),
es una guerra realmente nacional. Es
posible también hoy.
"La defensa de la patria" en una guerra de una nación oprimida
contra un opresor extranjero, no es un engaño.
Los socialistas no se oponen a "la defensa
de la patria" en tal guerra.
La autodeterminación de
las naciones es lo mismo que la lucha
por la completa liberación nacional, por la plena independencia,
contra las anexiones,
y los socialistas no pueden -sin dejar de ser socialistas- rechazar tal lucha,
en cualquiera de sus formas, inclusive hasta llegar a la insurrección o la
guerra.(...)
Para hacer pasar la
actual guerra como una guerra nacional, los socialchovinistas invocan
la autodeterminación.
Hay una sola manera de combatirlos: debemos demostrar que la guerra no se libra
para liberar naciones, sino para determinar cuál de los grandes ladrones
oprimirá
mayor número de naciones. (...)
La
guerra es la continuación de la política.
En consecuencia,
cuando existe una lucha por la democracia, es posible una guerra por la
democracia.
La autodeterminación de las naciones es sólo una de las reivindicaciones
democráticas
y no difiere, en principio, de otras reivindicaciones democráticas.
Negar la «defensa de la patria»
en una guerra democrática, es decir, negar la participación en tal guerra, es un
absurdo
que nada tiene que ver con el marxismo.
«El dominio mundial» es,
dicho en pocas palabras, la esencia de la
política imperialista,
de la cual la guerra imperialista es la continuación.
Embellecer la guerra imperialista aplicándole el concepto de «defensa de la
patria»,
es decir,
presentándola como una guerra democrática, es engañar a los obreros y estar
con la burguesía reaccionaria".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XXIV, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
2. Puesta
en evidencia de la falsedad reaccionaria de limitar la lucha democrática
a causa de la etapa histórica de imperialismo.
Lenin,
dedica "Una caricatura del marxismo" a
esclarecer
sobre
la tendencia denominada «economismo imperialista» porque
a semejanza del «economismo» de 1894-1901 (quienes aducían
la inutilidad de la lucha política por haber ya triunfado el capitalismo),
afirman que el triunfo del imperialismo hace innecesaria la democracia política.
Considera que si el
«economismo imperialista» "se propagara entre los marxistas
(que se han manifestado decididamente contra el socialchovinismo y por
el internacionalismo revolucionario),
ello significaría un golpe gravísimo a nuestra tendencia -y a nuestro partido-
pues
lo comprometería desde dentro, desde sus propias filas,
lo convertiría
en exponente de un marxismo caricaturesco.
Por eso, es necesario discutir profundamente aunque sólo sea
los más importantes de los numerosos errores de Kievski (...)".
Veamos uno de los conceptos discutidos.
Kievski
sostiene: "El
derecho de las naciones a la autodeterminación es una cosa
en la época de la formación de los Estados nacionales, como la mejor forma
de desarrollar las fuerzas productivas en su nivel de entonces,
pero
es completamente otra cosa ahora que esta forma, el Estado nacional, traba
el desarrollo de las fuerzas productivas. (...) pero discutir las cosas en
«general»,
fuera del tiempo y del espacio, no beneficia a un marxista".
Lenin le refuta:
"Ahí tienen un ejemplo
de caricaturización del concepto de «época
imperialista».
Y como éste es un concepto nuevo e importante, ¡hay que luchar precisamente
contra su caricatura!
¿A qué nos referimos
cuando decimos que los Estados nacionales se convirtieron en trabas, etc.?
Nos referimos
a los países capitalistas avanzados, sobre todo a Alemania, Francia e
Inglaterra,
cuya participación en esta guerra ha sido el factor principal que la ha
convertido
en guerra imperialista. En esos países, que hasta ahora estuvieron a la
vanguardia de la humanidad,
especialmente en 1789-1871,
ha terminado el proceso de formación de estados nacionales.
En esos países, el movimiento nacional es algo que pertenece a un pasado
irrevocable
y tratar de resucitarlo sería una absurda utopía reaccionaria.
El movimiento nacional
de los franceses, ingleses y alemanes ha concluido hace tiempo.
En esos países,
el próximo paso histórico es diferente: las naciones liberadas se han ido
convirtiendo
en naciones opresoras, en naciones de saqueo imperialista (...).
¿Y las otras naciones?
Kievski repite, como si lo hubiera aprendido de memoria, que los marxistas deben
enfocar
las cosas «concretamente» pero no aplica la regla. (...)
En cambio,
nuestras tesis señalan que, tratándose de «la autodeterminación» -para
ser concreto- se debe
distinguir no menos de tres tipos de diferentes países:
I.
los avanzados de
Europa occidental y Norteamérica donde
el movimiento nacional es cosa del pasado;
II.
los de Europa
oriental donde es cosa del presente;
III. las semicolonias y colonias donde es, en gran medida, cosa del futuro. (...)
En los países
occidentales, el movimiento nacional, la «patria» es letra muerta,
ya cumplió su función histórica, es decir, que allí el movimiento nacional
no puede
redituar nada progresista, nada que eleve hacia una nueva vida económica y
política
a nuevas masas. (...)
En Europa
oriental,(...) el despertar de las masas para lograr el uso pleno de su lengua
materna
y de su literatura (y ésta es condición indispensable e inseparable para el
pleno desarrollo
del capitalismo,
para la penetración plena del intercambio hasta la última familia campesina)
todavía está
en vías de realización. La «patria» no es aún allí, históricamente, letra
muerta. Aquí,
"la defensa de la patria" todavía puede ser la defensa de la democracia,
del idioma nacional,
de la libertad política contra las naciones opresoras, contra el medioevo
(...)".
Atendamos a otro concepto discutido y se relaciona con el anterior.
Kievski, como Kautsky, define al imperialismo como un sistema de política exterior.
En cambio, Lenin
precisa que "desde el punto de vista
económico, el imperialismo
(o la 'época' del capital financiero)
es la etapa superior de desarrollo del
capitalismo, en el cual la producción ha
alcanzado
tan grandes e inmensas proporciones que el monopolio reemplaza a la
competencia.
Ésa es
la esencia económica del imperialismo. El monopolio se manifiesta en los trusts,
etc.;
en la omnipotencia de los bancos gigantescos, en el acaparamiento de las fuentes
de
materias primas, en la concentración del capital bancario, etc. Todo depende del
monopolio económico.
La
superestructura política de esta nueva economía, del capitalismo monopolista
es el paso de la democracia a la reacción política.(...)
Es fundamentalmente
erróneo, antimarxista y anticientífico, separar «la política exterior»
de la política en general, ni qué hablar de oponer la política exterior a la
interior.
Tanto
en política exterior como interior, el
imperialismo tiende hacia la violación de la democracia,
hacia la reacción. En ese sentido, el
imperialismo es -indiscutiblemente- la «negación» de
la democracia en general, de toda la democracia y no sólo de una de sus
reivindicaciones,
la autodeterminación de las naciones.
Al ser «negación» de la
democracia en general,
el imperialismo
es también una «negación» de la autodeterminación
de las naciones, busca violar la democracia.
La realización de la
democracia, en el mismo sentido
y en igual grado, es más difícil bajo el imperialismo
que durante el capitalismo premonopolista,
es más difícil
lograr una república, una milicia, elecciones de
los funcionarios públicos por el pueblo, etc. (...)
Posiblemente, Kievski
se dejó seducir por el hecho (además de no comprender las exigencias
de un análisis económico) de que el pequeño burgués considera
la anexión
(es decir, la apropiación de territorios extranjeros contra la voluntad de sus
pueblos,
o sea, la violación de la autodeterminación) como equivalente a la «extensión»
(expansión) del capital financiero sobre un territorio económico más vasto
(...)".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XXIV, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
En
"La revolución socialista y la lucha por la democracia" redactada a
principios de 1916,
Lenin expresa:
"Sería un profundo error pensar que la lucha por la democracia
pueda desviar al proletariado de la revolución socialista o relegarla,
posponerla, etc.
Por el contrario,
así como no puede haber socialismo victorioso que no realice la democracia
total,
el proletariado no puede prepararse para su
victoria sobre la burguesía
sin una lucha total, consecuente y revolucionaria por
la democracia.
Sería no menos erróneo eliminar uno de los puntos del programa democrático,
por ejemplo,
el punto sobre el derecho de las naciones a la
autodeterminación, fundándose
en que sea "irrealizable" o "ilusorio" bajo el imperialismo.
La afirmación de que
el derecho de las naciones a la autodeterminación es irrealizable
dentro de los límites del capitalismo puede interpretarse en
el sentido absoluto, económico o en
el sentido condicional, político".
Argumenta por qué es radicalmente incorrecto considerar irrealizable en el
sentido económico.
Y concluye:
"La dominación del
capital financiero y del capital en general
no puede ser eliminada mediante algunas transformaciones
en la esfera de la democracia política;
y la autodeterminación pertenece entera y exclusivamente
a esta esfera.
Pero la dominación del
capital financiero no anula en modo alguno
la significación de la democracia política como
la forma más libre,
más amplia y más clara de la opresión de clase y de la lucha de clase".
Respecto a la afirmación de que la autodeterminación de las naciones es
irrealizable
en el sentido político, señala:
"La
exigencia de la liberación inmediata de las colonias, que plantean
todos
los socialdemócratas revolucionarios, es
también "irrealizable" bajo el capitalismo
sin una serie de revoluciones.
Pero de esto,
no se deduce en
modo alguno que la socialdemocracia deba renunciar a la lucha inmediata
y decidida por todas estas exigencias -tal renuncia sólo sería ventajosa
para la burguesía
y la reacción-
sino, por el contrario, se deduce la necesidad
de formular y poner en práctica
estas demandas, no de una manera reformista, sino revolucionaria,
sobrepasando
los límites de la legalidad burguesa, derribándolos, yendo más allá de los
discursos parlamentarios
y las protestas verbales e incorporando a
las masas
a una acción decisiva, ampliando e intensificando la lucha por
cualquier demanda democrática fundamental,
hasta una ofensiva directa del proletariado contra la burguesía, es decir, hasta
la revolución socialista que expropie a la burguesía".
Aclara:
"El objetivo del
socialismo es no sólo eliminar la división de la humanidad
en pequeños Estados y el aislamiento de las naciones en cualquiera de
sus formas, es no sólo el acercamiento mutuo de las naciones
sino también la unión de las mismas. (...)
Ahora, "la humanidad
puede llegar a la inevitable unión de las naciones
sólo a través de un período de transición de total emancipación de todas
las naciones oprimidas, es decir, de su libertad de separación".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XXIII, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
3. Precisiones respecto al problema nacional
En octubre-diciembre de
1913, Lenin teniendo en cuenta que "el problema nacional ha pasado
a ocupar -hoy día- un lugar destacado entre los problemas de la vida pública
rusa",
cuestiona a un periódico liberal que afirma:
"Nadie discutirá, ni
siquiera entre quienes se oponen a la rusificación,
que en un país tan enorme como Rusia debe haber un solo idioma oficial,
y que ese idioma sólo puede ser el ruso".
Pregunta:
"¿Por qué la
"enorme" Rusia, un país mucho más heterogéneo y tremendamente atrasado
que Suiza,
debe frenar su desarrollo mediante la conservación de algún tipo de privilegio
para uno
de los idiomas? ¿No será verdad lo contrario, señores liberales?
¿No deberá Rusia, si quiere alcanzar a Europa, poner término cuanto antes y de
la manera más completa y enérgica, a todo tipo de privilegios?".
Plantea:
"Si desaparecen todos los privilegios, si se deja de imponer uno de los idiomas,
todos los eslavos
aprenderán fácil y rápidamente a comprenderse unos a otros y no los asustará la
'horrible' idea
de que en el Parlamento común se escuchen discursos en distintos idiomas.
Las exigencias del
intercambio económico decidirán por sí mismas qué idioma del país
en cuestión es más ventajoso que la mayoría sepa en interés de las relaciones
comerciales.
Y esta decisión
será tanto más firme porque la adoptará voluntariamente una población de
diversas nacionalidades
y su adopción será más rápida y amplia cuanto más consecuente sea la democracia
y más rápido,
por tanto, el desarrollo del capitalismo. (...)
El
programa nacional de la democracia obrera es:
ningún privilegio -en absoluto- para una nación o un idioma;
solución
del problema de autodeterminación política de las naciones,
o sea, de su separación como Estados, por métodos completamente libres
y democráticos; promulgación de una ley para
todo el Estado
en virtud
de la cual se declara ilegal e inválida cualquier medida que implante
privilegios de cualquier tipo para una de las naciones y vulnere
la igualdad de las naciones o los derechos de una minoría nacional,
y en virtud
de la cual cualquier ciudadano del Estado tenga el derecho
de pedir la anulación de tal medida por anticonstitucional y el castigo
de quienes intentaran aplicarla.
A la discordia
nacionalista de los diversos partidos burgueses a propósito del idioma
y otros problemas, la democracia obrera contrapone la exigencia de la unidad
incondicional
y total cohesión de los obreros de todas las nacionalidades en todas las
organizaciones (...).
Sólo este tipo de
unidad y cohesión podrá salvaguardar la democracia y defender
los intereses de los obreros contra el capital -ya que es internacional y lo va
siendo
cada vez más-
y promover el desarrollo de la humanidad hacia
un nuevo modo de vida,
ajeno a todos los privilegios y a toda explotación".
Respecto a la «cultura nacional», advierte:
"En
cada cultura nacional,
existen -aunque sea de forma rudimentaria- elementos de cultura democrática y
socialista.
Pero cada nación posee asimismo una cultura burguesa (por añadidura, en la
mayoría de los casos,
centurionegrista y clerical) no simplemente en forma de elementos sino como
cultura dominante.
Por eso,
la «cultura nacional» general es la cultura de los terratenientes, del clero y
de la burguesía. (...)
El principio de la
nacionalidad es históricamente inevitable en la sociedad burguesa
y teniendo presente la existencia de esta sociedad, el marxista reconoce
plenamente
la legitimidad histórica de los movimientos nacionales.
Pero
para que este reconocimiento no se transforme en una apología del nacionalismo,
es preciso que se limite rigurosamente a lo que es progresista en tales
movimientos,
para que no lleve a que la ideología burguesa enturbie la conciencia proletaria.
Es progresista el
despertar de las masas del letargo feudal;
es progresista su lucha contra la opresión nacional, por la soberanía del pueblo
y de la nación.
De aquí la obligación incondicional, para todo
marxista, de defender la democracia más resuelta
y más consecuente en todos los aspectos del problema nacional.
Es una tarea en gran parte negativa. Pero éste es el límite a que puede llegar
el proletariado
en su apoyo al nacionalismo,
pues más allá empieza la actividad 'positiva' de la burguesía en su afán de
fortalecer el nacionalismo (...)".
Respecto a la «autonomía cultural nacional» señala:
"La defensa de la
absoluta igualdad de las naciones y de las lenguas distingue
en cada nación
sólo a los elementos consecuentemente democráticos y
los une, no por la nacionalidad,
sino por el profundo y serio deseo de mejorar todo el sistema estatal.
Por el contrario,
pese a las buenas intenciones de individuos y grupos la defensa de
la autonomía cultural nacional divide a las naciones y en los hechos
acerca a los obreros de una nación a su burguesía.
La
salvaguardia de los derechos de una minoría nacional se halla
íntimamente vinculada al principio de la plena igualdad".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XX, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
En la Argentina de hoy, también se impone la idea de
que el gobierno de Cristina Fernández es el mejor posible
cuando
- se origina
en la distribución de cargos por Néstor Kirchner que
abusa del presidencialismo para poner su gabinete,
el Congreso, el partido justicialista, los fondos públicos
y los medios de difusión masiva en
la campaña diseñada
para profetizar la victoria de su esposa que se dedicó
a instalar su candidatura entre los oligopolios casi todos,
y los pocos restantes pro, imperialistas;
-se encamina a
la profundización del neocolonialismo como
lo evidencian no sólo los objetivos gubernamentales
(dólar y superávit primario altos) mirando al pago
del tributo imperial que es la fraudulenta deuda pública
en constante incremento,
sino también los ejes centrales del crecimiento económico:
los agro negocios, la extracción de minerales
e hidrocarburos, la depredación pesquera y
los mega proyectos turísticos e inmobiliarios.
Pero,
además, el neocolonialismo implica superexplotación laboral, degradación de las
condiciones de vida de la inmensa mayoría
de la población (inalcanzable canasta familiar,
desalojos,
catastrófica infraestructura socioeconómica, deforestación,
contaminación ambiental, cortes de suministros esenciales,...)
y
el Estado contra los trabajadores y todos los otros de abajo
que se cimentó a partir de 1976 y se viene
consolidando mediante las democracias subordinadas
a la organización de la gran burguesía global.
En consecuencia,
es vital instaurar un proyecto de país que priorice la vida de
la gran mayoría sobre el 'Mercado'. Ahora la izquierda
-que
concilia con los K- nos dice que es irrealizable y de ahí
su estar en la concertación pero lo cierto es su papel de
encubridora
del carácter de derecha de los K. También se justifica
señalando la marginación de la otra izquierda cuando esto obedece a que las
variantes de la última no aciertan nexos de
la política de mayor alcance con la de la lucha reivindicativa.
Para reorganizar la sociedad y el país se requiere un Estado
que sea producto de la unidad de voluntad transformadora
de la diversidad popular.
Tal construcción resulta de la lucha contra la opresión.
Es ir contra el neo-feudalismo impulsado por los K para
la gobernabilidad del saqueo y luchar por poner en práctica
políticas públicas
que integren todas las dimensiones e interrelaciones de
los problemas a solucionar.
Es luchar por poner fin al tributo imperial (deuda pública) y por nacionalizar
tanto la economía como el territorio comenzando por limitar-eliminar las
concesiones y
por imponer una reforma agraria integral.
Aquí de nuevo
chocamos con la idea de "irrealizable" en la globalización que,
incluso, sostiene parte de la otra izquierda (afín a manejos de
cúpulas) creída en cambios positivos para los de abajo por
la integración como MERCOSUR y con Venezuela sin ver
los planes imperialistas
de uso del continente para extraer recursos naturales y
la estructura iberoamericana del pacto social.
Es obvio que, así como es crucial articular las luchas sociales
en Argentina e imprimirles perspectivas políticas, urgen
vínculos orgánicos
con los pueblos del continente y el mundo mirando a propiciar
un orden internacional en beneficio mutuo, en vez de apostar
a un bloque regional en coincidencia con el capitalismo.
Sí vale
la integración latinoamericana que se apropie del desarrollo continental en
acuerdo a satisfacer necesidades e intereses de nuestros pueblos y con el
potencial científico-técnico de la época.
PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPOTESIS
A
noventa años de la revolución rusa que perturbó profundamente al sistema
capitalista mundial,
cabe reconocer el papel fundamental e ineludible del partido bolchevique.
Veamos cómo procedía a enfrentar la estigmatización y realizar el análisis
político.
"Cuanto más
violentas sean las calumnias y las mentiras
contra los bolcheviques en estos días,
más serenamente debemos nosotros, al refutar las mentiras y calumnias,
reflexionar
sobre el nexo histórico de los acontecimientos
y el significado político,
es decir, de clase,
del actual curso de la revolución".
Lenin -en julio de 1917- propone:
"Pasemos al problema
del nexo histórico de los acontecimientos después de la revolución
de febrero-marzo.
Ya en los primeros días de abril, nos declaramos contra el apoyo al
gobierno provisional y fuimos atacados por los eseristas y los mencheviques.
¿Qué ha demostrado la
realidad?
¿Qué han demostrado las tres crisis políticas,
la del 20 y 21 de abril, la del 10 y 18 de junio
y la del 3 y 4 de julio?
Han demostrado,
en primer lugar,
el creciente descontento de las masas con
la política burguesa
de la mayoría burguesa del gobierno provisional. (...)
La causa general,
la fuente general, la profunda raíz general de las tres crisis políticas es
evidente,
sobre todo, para quien las enfoque en su conexión, como debe enfocar
la política quien la considera una ciencia.
Es absurdo
pensar siquiera que semejantes crisis hayan podido ser producidas
artificialmente.
En
segundo lugar,
es instructivo entender qué tienen en común y cuál es el rasgo específico
de cada una de estas tres crisis.
Lo común a las tres es
el descontento desbordante de las masas,
su indignación contra la burguesía y su
gobierno. Quien olvide,
pase por alto o subestime esta esencia del
problema, reniega
de las verdades elementales del socialismo acerca de la lucha de clases. (...)
Lo peculiar de estas tres crisis es su forma de manifestarse.
La
primera (20 y
21 de abril) fue turbulenta y espontánea, sin la menor organización,
condujo a los disparos de los centurionegristas contra los manifestantes y a
una inaudita campaña de acusaciones salvajes y falsas contra los bolcheviques.
A la explosión siguió una crisis política.
En
la segunda, la demostración fue
organizada por los bolcheviques y suspendida
después del amenazador ultimátum y de la prohibición formal del Congreso de los
soviets;
después vino la manifestación en común del 18 de junio en la que evidentemente
predominaban
las consignas bolcheviques.(...)
La
tercera crisis
estalló espontáneamente el 3 de julio, a pesar de los esfuerzos
hechos el día 2 por los bolcheviques para contenerla. Después de alcanzar
su punto máximo el día 4, condujo en los días 5 y 6 a una furiosa explosión de
la contrarrevolución. (...)
La
última -y acaso la más instructiva- conclusión que
debe
extraerse del estudio de los acontecimientos enfocados en
su conexión
consiste en que las tres crisis revelaron
-una forma de demostración nueva en la historia de nuestra revolución,
-una demostración de un tipo más complejo, en la cual el movimiento
se desarrolla por oleadas que suben velozmente y descienden de
modo súbito,
la revolución y la contrarrevolución se exacerban,
y los elementos moderados son eliminados
por un período más o menos largo.
El
movimiento tomó en las tres crisis la forma de una
demostración.
Una demostración contra el gobierno:
tal es, ateniéndonos a la forma,
la descripción más exacta de los acontecimientos.
Pero no fue una
demostración corriente. Fue algo que es bastante más que
una demostración y menos que una revolución.
Fue
un estallido simultáneo de revolución
y contrarrevolución,
una violenta y a veces casi súbita eliminación de los elementos moderados,
al mismo tiempo que hacían su turbulenta aparición los elementos proletarios y
burgueses.
Al respecto, es muy
característico que los elementos moderados acusen por
cada uno de esos movimientos a
las dos fuerzas concretas de clase:
al proletariado y a la burguesía.
Fijémonos en los eseristas y en los mencheviques: desaforados, gritan con toda
la fuerza
de sus pulmones que los bolcheviques, con sus extremismos, ayudan a la
contrarrevolución.
Pero, al mismo tiempo, confiesan una y otra vez que los kadetes (con quienes
forman un bloque
en el gobierno) son contrarrevolucionarios. (...)
¿No es típico? ¡¡ Los
elementos moderados acusan a los kadetes de allanar el camino a
los bolcheviques, y a los bolcheviques de allanar el camino a los kadetes!!
¿Tan difícil es
adivinar que no hay más que cambiar las denominaciones políticas por
las de clase para tener ante nosotros los sueños de la pequeña burguesía sobre
la desaparición
de la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado? ¿Tan difícil es
adivinar
que ningún bolchevique del mundo sería capaz de "crear un movimiento
popular",
menos tres, si causas económicas y políticas muy profundas no pusieran en
acción
al proletariado?
¿Es tan difícil adivinar que todos los kadetes y monárquicos juntos serían
incapaces
de provocar ni un solo movimiento "de derecha" si no fuera por causas
igualmente
profundas, que engendran la posición contrarrevolucionaria de la burguesía como
clase? (...)
La situación objetiva
es ésta: la inmensa mayoría de la población del país es pequeño burguesa por
sus condiciones de vida y sobre todo por sus ideas. Pero en el país reina,
principalmente el gran capital mediante los bancos y los consorcios.
En nuestro país, el
proletariado urbano está lo suficientemente maduro para
seguir su propio camino, pero todavía no es capaz de atraer inmediatamente
de su lado a la mayoría de los semi proletarios. De este hecho fundamental, de
clase,
se desprende la inevitabilidad de crisis como estas tres que examinamos, así
como
sus formas. (...)
Los eseristas han
prometido a los campesinos:
1) la abolición de la propiedad privada de la tierra; 2) la entrega de la tierra
a
los trabajadores; 3) la confiscación de las tierras de los terratenientes y
su entrega a los campesinos sin indemnización.
La
realización de estas gigantescas reformas es absolutamente imposible
sin las medidas revolucionarias más decididas contra la burguesía,
medidas que sólo podrán ser adoptadas
cuando el campesinado pobre
se una al proletariado, sólo cuando
los bancos y los consorcios sean nacionalizados".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XXVI, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
¿Cómo, en la Argentina de hoy, superar el dominio de partidos
y fuerzas políticas que representan a, o concilian con, la gran burguesía?
La
militancia revolucionaria requiere claridad sobre cómo piensan e interpretan las
grandes mayorías
la realidad nacional (en contexto internacional) para suscitar la elaboración
conjunta de experiencias
que permita
el avance de la unidad de voluntad colectiva en transformarla.
Lenin
parte de aclarar que se da "el
nombre de ilusiones constitucionalistas
al
error político que consiste en
creer en la existencia de un
sistema normal, jurídico, ordenado,
legal -en una
palabra, «constitucional»-, aunque no exista en
realidad".
Y advierte:
"Podría parecer, a
primera vista, que en la Rusia de hoy -julio de 1917-
cuando todavía no se ha redactado ninguna Constitución,
no cabe hablar siquiera del surgimiento de «ilusiones constitucionalistas».
Pero eso sería un
profundo error. Porque la característica
esencial de la actual situación política
de Rusia
reside en que muy amplias masas de la población albergan ilusiones
constitucionalistas.
Sin entender esto, no se puede entender nada de la actual situación política de
Rusia.
Es
imposible dar un solo paso hacia un correcto planteo
de nuestras tareas tácticas en la Rusia de hoy,
sin concentrarse
-sobre todo- en desenmascarar implacable y
sistemáticamente
las ilusiones constitucionalistas, revelar todas sus raíces y
restablecer una perspectiva política adecuada.
Tomemos
tres ideas de las más típicas entre las ilusiones constitucionalistas
corrientes
y analicémoslas con atención.
Primera idea:
nuestro país se halla en vísperas de una Asamblea Constituyente;
por lo tanto, todo cuanto ocurre ahora es provisional, transitorio, no es
importante
ni decisivo;
pronto todo será revisado y definitivamente reglamentado por la Asamblea
Constituyente.
Segunda idea:
ciertos partidos, por ejemplo, los eseristas o los mencheviques,
o la alianza de ambos, tienen una mayoría indudable y evidente en el pueblo
o en las instituciones «de más influencia», tales como los soviets;
por lo tanto, la voluntad de estos partidos e instituciones, como la voluntad
de la mayoría del pueblo en general, no puede ser desconocida y menos aun
violada
en la Rusia republicana, democrática y revolucionaria.
Tercera idea:
cierta medida, por ejemplo, la clausura de Pravda, no fue legalizada
por el gobierno provisional ni por los soviets; por lo tanto, no es más que un
episodio,
un caso aislado,
que no puede considerarse en modo alguno como algo decisivo.
Pasemos a examinar cada una de estas ideas".
Argumenta por qué
la burguesía como clase dominante
no quiere la convocatoria de la Asamblea Constituyente;
cómo
luchó por aplazamientos y postergaciones hasta que
su primer paso en la contrarrevolución después del 4 de julio,
se pronuncia en contra de posibilitarla.
Y establece cuáles son
"las condiciones reales, materiales, de clase, necesarias para una
Constituyente".
Respecto a la segunda idea, analiza el concepto «mayoría».
"Para
que la mayoría decida realmente en un Estado, se requieren
determinadas condiciones, una de las cuales es el firme establecimiento
de un sistema político,
de una forma de poder estatal que haga posible decidir las cosas según
la mayoría y asegure la transformación de esa posibilidad en realidad.
Esto, por una parte.
Por otra,
es necesario que la composición de clase de esa
mayoría y
la correlación de clases dentro de esa mayoría (y fuera de ella)
le permita conducir en armonía y con éxito la nave del Estado.
Si
el poder político del Estado
se halla en manos de una clase social cuyos
intereses
coinciden con los de la mayoría, es posible gobernar dicho Estado realmente de
acuerdo con la voluntad de la mayoría.
Pero
si el poder político se halla en manos de una clase
cuyos intereses divergen de los de la mayoría,
cualquier forma de
gobernar
según la mayoría está destinada a convertirse en un engaño o una represión de la
mayoría.
Cualquier república burguesa nos muestra cientos y miles de ejemplos al
respecto. (...)
Nuestra
primera y principal 'enmienda'
al modo en que entienden
la cuestión de la mayoría los demócratas pequeño-burgueses, los socialistas de
tipo Louis Blanc,
los eseristas y los mencheviques:
¿qué valor tiene en los hechos una «mayoría» cuando una mayoría por sí misma es
sólo algo formal
y en cambio, materialmente, en la realidad, esa mayoría es la mayoría de los
partidos
por cuyo intermedio la burguesía engaña a la mayoría?
Desde luego -y aquí
entramos en la segunda 'enmienda', la segunda
de las condiciones fundamentales-
sólo se puede interpretar correctamente este engaño aclarando sus raíces de
clases,
su significado de clase.
No se trata de un
engaño, no se trata de una 'trampa' sino de una idea engañosa,
derivada de la situación económica en que se encuentra una clase.
El pequeño burgués
está en tal situación económica, sus condiciones de vida son tales, que no puede
dejar
de engañarse; involuntaria y fatalmente oscila entre la burguesía y el
proletariado(...)".
Lenin dice:
·
La mayoría
del pueblo se constituye como verdadera mayoría en la dirección
del Estado,
en el verdadero servidor de los intereses de la mayoría, en el verdadero
defensor de sus derechos, etc. si la mayoría de la pequeña burguesía
se une al proletariado revolucionario.
·
La mayoría
de las masas pequeño-burguesas por sí sola no decide
ni puede decidir nada, pues los millones de pequeños propietarios
rurales desperdigados sólo pueden lograr organización, conciencia
política en la acción y centralización de la acción (imprescindible
para la victoria)
si son dirigidos por la burguesía o por el proletariado.
Respecto a la tercera idea, examina cómo se produjo la contrarrevolución
y la asocia con la clausura de Pravda".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XXVI, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
En la Argentina de hoy, es fundamental que la militancia de izquierda
se organice para demostrar cómo el actual crecimiento económico
se rige por
los intereses de los poderes establecidos y es incompatible con
los de la inmensa mayoría de la población. ¿De qué modo proceder?
Pienso en la generalización de esa comprensión mediante conocimiento
y deliberación sobre las luchas que se dan en Argentina y
abarcan
la multiplicidad de situaciones sociales que evidencian un sistema contra
nosotros -los de abajo- y el país (el futuro de generaciones).
Claro,
no basta instalar cualquier debate sobre esos problemas concretos
para involucrar a una creciente mayoría, es crucial suscitar la visión de
cómo
el actual funcionamiento de la sociedad y el Estado depende de
nuestra subordinación sea por resignación sea por 'viveza'
La contrarrevolución, en julio de 1917, se desarrolla a consecuencia de los siguientes procesos:
1. Contradicciones entre la política del gobierno y las urgencias del pueblo que lo hizo posible
Lenin, en "Las enseñanzas de la revolución" de julio de 1917, expresa:
"Veamos cuáles eran las
aspiraciones de los obreros y campesinos cuando hicieron la revolución
de febrero-marzo.
¿Qué esperaban de la revolución? Esperaban -como se sabe- libertad, paz, pan y
tierra.
¿Y qué comprobamos hoy?
En
vez de la libertad,
retorna la vieja tiranía. Se implanta la pena de muerte para
los soldados en el frente. Los campesinos que se apoderan, por propia
iniciativa, de las tierras
de los terratenientes son llevados ante los tribunales. Las imprentas de los
periódicos obreros
son asaltadas.
Los bolcheviques son arrestados, a menudo sin acusación alguna o bajo el peso
de acusaciones evidentemente calumniosas.
Se puede objetar que la
persecución contra los bolcheviques no constituye un atentado
a la libertad, pues sólo se procesa a ciertas personas y por ciertas
acusaciones.
Pero
esta objeción sería una deliberada y obvia mentira;
pues, aunque el tribunal pruebe y ratifique esas acusaciones,
¿cómo puede alguien destruir una imprenta y clausurar periódicos por delitos de
individuos?
Otra cosa sería si el
gobierno declarase delictuoso, por medio de una ley, a todo el partido de
los bolcheviques, a su propia tendencia e ideas. Pero todos saben que el
gobierno de la Rusia libre
no podía hacer ni hizo nada semejante.
Lo que pone
fundamentalmente de relieve el carácter difamatorio de las acusaciones
contra los bolcheviques es que los periódicos de los terratenientes y
capitalistas
cubrían
de furiosos insultos a los bolcheviques por su lucha contra la guerra
y contra los terratenientes y capitalistas, y que cuando no se había inventado
una sola acusación contra ningún bolchevique, ya exigían abiertamente
que se los arrestara y persiguiera.
El
pueblo quiere la paz.
A pesar de eso, el gobierno revolucionario de la Rusia libre ha reanudado la
guerra de conquista
sobre la base de los mismos tratados secretos concertados por el ex zar Nicolás
II
con los capitalistas ingleses y franceses, para que los capitalistas rusos
puedan
saquear otras naciones.
Esos tratados secretos siguen sin darse a publicidad.
En vez de proponer a
todas las naciones una paz justa, el gobierno de la Rusia libre
recurrió a subterfugios.
No
hay pan. Otra vez
se avecina el hambre. Todo el mundo ve que
los capitalistas y los ricos dilapidan sin escrúpulos el erario público
con los suministros de guerra;
que embolsan ganancias fabulosas con los altos precios,
sin que se haga nada para implantar un efectivo control obrero
sobre
la producción y la distribución de las mercancías.
Los capitalistas se
vuelven más descarados cada día;
arrojan a los obreros a la calle y eso en momentos en que
el pueblo vive en la penuria por la carestía.
La inmensa mayoría de
los campesinos ha declarado rotunda y claramente,
en toda una serie de congresos, que la
propiedad terrateniente es
una injusticia y un robo.
Entretanto, un gobierno que se llama revolucionario y democrático,
desde hace varios meses lleva de las riendas a los campesinos y
los engaña con promesas y dilaciones. (...)
Llevan de las riendas a los campesinos al decirles que aguarden a la Asamblea Constituyente. (...)
Con respecto a la
tierra, esperen hasta la Asamblea Constituyente.
Con respecto a la Asamblea Constituyente, esperen que termine la guerra.
Con respecto a la terminación de la guerra, esperen hasta la victoria total.
Eso es lo que pasa.
Los capitalistas y terratenientes, que tienen la mayoría en el gobierno,
sencillamente se burlan de los campesinos".
2. Conductas pro capitalistas de los partidos que asumieron la dirección,
respectiva, del gobierno y los soviets
Lenin, en "Las enseñanzas de la revolución" de julio de 1917, explica:
"Una vez derrocado el
régimen zarista, el poder estatal pasó a manos del primer gobierno provisional,
compuesto por representantes de la burguesía o de los capitalistas a los que se
habían unido
los terratenientes.
El partido de los kadetes, el principal partido capitalista, ocupó el primer
puesto como
el partido dirigente y gobernante de la
burguesía.
No
fue casual que este partido se adueñara del poder,
a pesar
de que los capitalistas no fueron (por supuesto)
quienes habían luchado contra las tropas zaristas y derramado
su sangre por la libertad sino los obreros y los campesinos,
los marineros y los soldados.
El
poder fue a parar a manos del partido capitalista,
porque
la clase capitalista poseía la fuerza de la riqueza,
la organización y los conocimientos.
Desde 1905, y sobre
todo durante la guerra, las clase de los capitalistas,
y los terratenientes aliados a ellos, han alcanzado en Rusia los mayores éxitos
en cuanto a su organización. (...)
Después de obtener el
poder estatal, los kadetes concentraron todos sus esfuerzos
en proseguir
la rapaz guerra de conquista comenzada por el zar Nicolás II,
quien había concertado tratados secretos con los capitalistas ingleses y
franceses
donde
se les prometía a los capitalistas rusos que, en caso de triunfar,
podrían adueñarse de Constantinopla, Galitzia, Armenia, etc.
En cuanto al pueblo,
el gobierno de los kadetes lo entretenía con vacuos subterfugios y promesas,
en los que la decisión sobre todos los asuntos de vital y esencial importancia
para los obreros y los campesinos se aplazaba hasta que se reuniese la Asamblea
Constituyente,
sin fijar fecha para su convocatoria.
Haciendo uso de la
libertad, el pueblo comenzó a organizarse
independientemente. La principal organización de los obreros y
campesinos,
que constituyen la inmensa mayoría de la población de Rusia,
fueron los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos.
Estos Soviets
comenzaron a formarse durante la revolución de febrero y a las pocas semanas,
en la mayoría de las ciudades importantes de Rusia y en muchos distritos
rurales,
todos los obreros y campesinos con conciencia de clase y avanzados estaban
ya en los Soviets.
Los Soviets fueron
elegidos de manera absolutamente libre. Eran auténticas
organizaciones del pueblo, de los obreros y campesinos. Eran auténticas
organizaciones de la inmensa mayoría del pueblo.
Los Soviets podían y
debían, naturalmente, hacerse cargo de todo el poder estatal hasta
la convocatoria de la Asamblea Constituyente. Sólo así
·
nuestra
revolución se hubiese
convertido
en una revolución verdaderamente popular y democrática;
·
los
trabajadores hubieran podido, por no tener ningún interés en la guerra de
conquista,
aplicar -con resolución y firmeza- una política que hubiera conducido a la paz;
·
los
trabajadores y campesinos hubieran podido poner freno a los capitalistas
que obtienen ganancias fabulosas de la guerra y han llevado a nuestro país
a la ruina y al hambre.
Pero en los Soviets
sólo una minoría de los diputados estaba del lado del
partido de los obreros revolucionarios, el de los socialdemócratas bolcheviques,
que exigía
la entrega de todo el poder estatal a los Soviets.
La mayoría de los
diputados de los Soviets estaban del lado de los partidos de
los socialdemócratas mencheviques y de los eseristas, que se oponían a la
entrega
del poder a los Soviets.
En vez de eliminar el
gobierno burgués y sustituirlo por un gobierno de los Soviets,
estos partidos
insistían en apoyar al gobierno burgués, en conciliar con él y
en formar con él un gobierno de coalición.
Esta política de conciliación con la burguesía,
llevada a cabo por los partidos eserista y menchevique,
que gozaban de la confianza de la mayoría del pueblo,
es
el contenido principal de todo el curso de desarrollo
de la revolución durante los cinco meses transcurridos
desde su comienzo".
3.
Política gubernamental de cooptación de la dirigencia y de embaucamiento,
división
de las grandes mayorías.
Lenin, en "Las enseñanzas de la revolución" de julio de 1917, reflexiona:
"A fines de febrero de
1917, apenas el pueblo triunfó y derrocó el régimen zarista.
Kérenski
fue admitido como «socialista» en el gobierno provisional capitalista.
En realidad, Kérenski no había sido socialista, sino sólo trudovique
hasta que comenzó a militar entre los llamados "socialistas revolucionarios"
recién en marzo de 1917,
cuando eso ya no era peligroso y tenía sus ventajas.
Por intermedio de
Kérenski, como vicepresidente del Soviet de Petrogrado,
el gobierno se preocupó inmediatamente de controlar y domesticar al Soviet.
El Soviet,
es decir, los eseristas y mencheviques que predominaban en él se dejaron
domesticar:
inmediatamente después de constituirse el gobierno provisional capitalista
declararon
estar dispuestos a "apoyarlo" "en la medida" en que cumpliese sus
promesas.
El Soviet se
consideraba como el órgano encargado de verificar y fiscalizar
los actos del gobierno provisional.
Los líderes
del Soviet crearon la llamada "comisión de enlace"
con el fin de mantener contacto con el gobierno.
En esta comisión, los líderes eseristas y mencheviques del Soviet
mantenían
constantes negociaciones con el gobierno capitalista, ocupando,
en rigor, la posición de ministros sin cartera o ministros no oficiales.(...)
Pasaba el tiempo y el
gobierno capitalista no hacía absolutamente nada por
la revolución.
Al contrario, durante este período se las arregló, en detrimento de la
revolución,
para renovar los rapaces tratados secretos, o mejor dicho ratificarlos y
"reanimarlos"
mediante
negociaciones complementarias y no menos secretas con los diplomáticos
imperialistas anglo-franceses.
Durante este período se las arregló, en detrimento de la revolución, para echar
los cimientos de
una organización
(o a lo menos una aproximación) contrarrevolucionaria de los generales y la
oficialidad del ejército
de operaciones. En detrimento de la revolución, se las arregló para comenzar
la organización
de los industriales, de los propietarios de fábricas y talleres que, ante la
ofensiva de los obreros,
se veían forzados a hacer concesión tras concesión pero que -al mismo tiempo-
empezaban a
sabotear la producción y esperaban el momento propicio para paralizarla.
Sin embargo,
la organización de los obreros y campesinos avanzados dentro de los Soviets
progresaba inconteniblemente. Los más destacados representantes de
las clases oprimidas
sentían que, pese al acuerdo entre el gobierno y el Soviet de Petrogrado,
pese a la grandilocuencia de Kérenski, pese a la "comisión de enlace",
el gobierno seguía siendo un enemigo del pueblo, un enemigo de la revolución.
El pueblo sentía que si
no se vencía la resistencia de los capitalistas,
la causa de la paz, la causa de la libertad y la causa de la revolución,
estaban irremediablemente perdidas.
Y en el pueblo seguían creciendo la impaciencia y la indignación.
Esta indignación y esta impaciencia estallaron el 20 y 21 de abril. (...)
Los capitalistas, mejor
organizados, más expertos que nadie en materia de lucha de clases
y de política, aprendieron su lección más velozmente que los demás. Cuando
vieron que
la posición del gobierno era desesperada, recurrieron a
un método
que durante muchas décadas, desde 1848, ha sido practicado por los capitalistas
de otros países
para engañar, dividir y debilitar a los obreros. Este método es el del llamado
"gobierno de coalición",
o sea, un ministerio mixto formado por miembros de la burguesía y por
tránsfugas del socialismo.
En los países en que la
libertad y la democracia coexisten desde hace mucho tiempo
con un movimiento obrero revolucionario, en Inglaterra y Francia, los
capitalistas
han recurrido
a este método repetidas veces y con gran éxito. Los jefes
"socialistas" que entran
en un ministerio burgués resultan siempre figurones, títeres, biombos de los
capitalistas,
instrumentos para engañar a los obreros. Los capitalistas "demócratas y
republicanos"
de Rusia recurrieron a ese mismo método. (...)
Los capitalistas
conocían perfectamente bien toda la vanidosa impotencia de estos líderes,
sabían que las promesas hechas por su partido jamás llegarían a cumplirse.
Y así fue.
La segunda etapa del desarrollo de la revolución, desde el 6 de mayo hasta el 9
o hasta
el 18 de junio, confirmó plenamente los cálculos de los capitalistas en cuanto a
la facilidad
con que se podía engañar a los eseristas y mencheviques. (...)
Durante este período no
se hizo absolutamente nada para poner freno a los capitalistas.
Los tránsfugas ministeriales del socialismo resultaron ser simples máquinas
parlantes,
encargadas
de desviar la atención de las clases oprimidas,
mientras se dejaba en manos de la burocracia o los funcionarios y de la
burguesía
todo el aparato de la administración estatal. (...)
Allí donde ningún
ministro burgués podía presentarse ante
los obreros revolucionarios
o ante los Soviets defendiendo al gobierno, se presentaba
(mejor dicho, era enviado por la burguesía) un ministro 'socialista'
que
cumplía fielmente con su misión burguesa; se desvivía por
defender al ministerio, embellecer a los capitalistas y engañar
al pueblo
repitiendo promesa tras promesa, y aconsejándole esperar,
esperar y esperar. (...)
Así pasó la segunda
etapa de la revolución rusa,
desde el 6 de mayo hasta el 9 de junio.
La burguesía
amparada y defendida en su lucha contrarrevolucionaria
por los ministros 'socialistas', se fortaleció, consolidó sus posiciones y
preparó
la ofensiva contra el enemigo exterior y contra el enemigo interno, es decir,
contra los obreros revolucionarios (...)".
Lenin concluye que "la enseñanza de la revolución rusa es ésta:
No
puede haber para los trabajadores otra escapatoria de la férrea tenaza de
la guerra, del hambre, de su esclavización por los terratenientes y capitalistas
que la ruptura completa
con los partidos eserista y menchevique y la clara comprensión de su papel de
traidores,
que la renuncia a todo tipo de conciliación
con la burguesía y el paso resuelto del
lado de los obreros revolucionarios.
Sólo los obreros revolucionarios, si son apoyados por los campesinos pobres, son
capaces de
vencer la resistencia de los capitalistas y de llevar al pueblo
a la conquista de la tierra sin indemnización, la plena libertad,
la victoria sobre el hambre y la guerra, y una paz justa y duradera".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XXVI, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
4. Campaña para amedrentar la población si no acepta el statu quo
Lenin,
en "La revolución y la guerra civil" que
escribió en la primera quincena de setiembre de 1917,
se refiere
a que la burguesía no escatima esfuerzos para asustar con la guerra civil por
estar atemorizada
de la posibilidad de constitución de un gobierno sin ella.
Propone:
"hacer un análisis más concreto del problema de la guerra civil
sobre la base, entre otras cosas, de la experiencia de seis meses de nuestra
revolución.
Esta experiencia,
coincidentemente con la experiencia de todas las revoluciones europeas,
desde fines del siglo XVIII en adelante, demuestra que «la guerra civil»
es
la forma más aguda de la lucha de clases. En ese grado de la lucha de clases
en que una serie de choques y batallas económicos y políticos que se repiten,
crecen, se amplían y agudizan hasta transformarse en una lucha armada de una
clase
contra otra.(...)
Procuremos
comparar los rudimentos de la guerra civil iniciada por el proletariado y los
rudimentos
de la guerra civil iniciada por la burguesía en Rusia desde el punto de vista
de:
1. el carácter espontáneo del movimiento;
2. sus objetivos;
3. la conciencia política de las masas que participaron en él;
4. la fuerza del movimiento y su tenacidad. (...)
Veamos:
a. El carácter espontáneo del movimiento
Dejemos de lado, por el
momento, los aspectos polémicos.
Ocupémonos de lo que es indiscutible. Nadie niega el carácter espontáneo
del movimiento del 20 y 21 de abril.
El partido bolchevique adhirió con la consigna "todo el poder a los soviets"
y
en forma independiente
el desaparecido Linde sacó a la calle 30.000 soldados armados, dispuestos a
arrestar al gobierno.(...)
Así, pues, está fuera
de duda el carácter espontáneo del movimiento que
condujo a que el proletariado iniciara la guerra civil.
Por el contrario,
no hay siquiera rastros de algo que se parezca a la espontaneidad en
la rebelión de Kornílov (26 y 31 de agosto):
fue sólo una conspiración de generales que esperaban arrastrar tras de sí
a parte de las tropas por medio del engaño y de la fuerza de la autoridad
militar.
No cabe la menor duda
de que el carácter espontáneo del movimiento
prueba
su profundo arraigo en las masas, la solidez de sus raíces, su carácter
ineludible.
Desde el punto de vista del carácter espontáneo del movimiento, los hechos
prueban:
La revolución proletaria está sólidamente arraigada,
la contrarrevolución burguesa no tiene raíces.
b. Los objetivos del movimiento
El movimiento del 20 y
21 de abril estuvo muy próximo a adoptar las consignas bolcheviques,
mientras que
el del 3 y 4 de julio estaba directamente vinculado con ellas, estaba bajo su
influencia
y dirección inmediata. (...)
Sobre estos principales
objetivos de la guerra civil proletaria habló
el partido de los bolcheviques en forma abierta, definida, clara, precisa,
en voz alta, en sus periódicos y en su propaganda oral.
Todos conocemos los
objetivos de los kornilovistas, y entre los demócratas
nadie discute que estos objetivos eran una dictadura de los terratenientes y la
burguesía,
la disolución de los soviets
y preparar el restablecimiento de la monarquía. El partido de los kadetes,
principal partido
kornilovista, tiene una prensa y medios de propaganda superiores a los
bolcheviques,
pero
¡jamás se animó, ni aun se anima, a hablar abiertamente al pueblo ni sobre la
dictadura
de la burguesía ni sobre la disolución de los soviets ni sobre los objetivos de
Kornílov en general!
c. La conciencia política de las masas
Con respecto a los
objetivos del movimiento,
los hechos demuestran que la guerra civil proletaria
puede presentarse
ante el pueblo exponiendo abiertamente sus objetivos finales
y ganarse las simpatías de los trabajadores, mientras
que
la guerra civil burguesa sólo ocultando sus objetivos
puede intentar dirigir a parte de las masas;
de ahí su enorme diferencia en lo que se refiere
a la conciencia de clase de las masas.(...)
Está claro que el
movimiento revolucionario proletario
está representado por el partido de los bolcheviques
y el movimiento contrarrevolucionario burgués por el partido de los kadetes.
(...)
Una comparación de las
elecciones de mayo a la duma de distrito en Petersburgo
con las de agosto a la duma central, muestra una disminución de los votos
kadetes
y un enorme aumento de los votos bolcheviques (...)".
Lenin señala:
·
"el apoyo
conciente al partido por parte de las masas
sólo puede juzgarse por los datos relativos a la recaudación
de dinero para" el Pravda, los periódicos clausurados
lo que
"muestra un enorme heroísmo de masas por parte de
los obreros bolcheviques en la recolección de dinero";
·
los kadetes
no dan informe público sobre colectas como los bolcheviques,
"su partido es 'alimentado' con contribuciones de los ricos, no hay
ni rastros de una ayuda activa de las masas".
d. La fuerza del movimiento
Lenin explica:
"La fuerza de los
bolcheviques radica sólo en la cantidad y conciencia de clase
de los proletarios y en la simpatía que las consignas bolcheviques despiertan
entre "los afiliados de base" eseristas y mencheviques. (...)
Una comparación de los
datos sobre las elecciones con los datos sobre los mencionados
movimientos de masas,
corrobora plenamente, con respecto a Rusia, una observación
que se hace a menudo en los países occidentales,
es decir,
que el proletariado revolucionario, por lo que
se refiere a su influencia sobre las masas
y a su capacidad de incorporarlas a la lucha, es incomparablemente más fuerte
en la lucha extraparlamentaria que en la parlamentaria. (...)
La fuerza de los
kadetes y de los kornilovistas es la fuerza de la riqueza.
La prensa y una larga serie de actos políticos demuestran que
el capital anglo-francés y el imperialismo los apoyan.
Es de público conocimiento que
toda la derecha de
la Conferencia de Moscú
del 12 de agosto
apoyó frenéticamente a Kornílov y Kaledin;
la
prensa burguesa francesa e inglesa ayudó a Kornílov
y hay indicios de que también lo hicieron los
bancos.
Toda la fuerza de la riqueza respaldó a Kornílov y ¡qué lamentable y rápido fracaso!
Además de los ricos, hay dos fuerzas sociales que apoyan a Kornílov:
i.
la "división
salvaje" que se trata sólo de la fuerza provista
por la ignorancia y el engaño y esta fuerza es tanto más terrible,
cuanto más tiempo permanezca la prensa en manos de la burguesía,
después
de triunfar en la guerra civil, el proletariado minará definitivamente
esta fuente de «fuerza»;
ii.
los cosacos que
constituyen un sector de la población formado
por propietarios rurales ricos, pequeños o medios de una de
esas regiones remotas de Rusia que han conservado muchos
rasgos
medievales en su forma de vida, en su economía y en sus costumbres.
Pero ¿qué ha demostrado
la realidad de la rebelión de Kornílov-Kaledin?
Ni Kaledin, el jefe dilecto, (...), consiguió organizar un movimiento de masas.
(...)
Kaledin
fue especialmente a sublevar el Don y sin embargo, ¡no levantó un movimiento de
masas en 'su' región, en una región cosaca muy apartada de la democracia rusa.
Por el contrario, por parte del proletariado observamos explosiones espontáneas
del movimiento
en el centro mismo de la influencia y la fuerza de la democracia rusa
antibolchevique. (...)
e. La tenacidad del movimiento
Por lo que se refiere
al movimiento proletario revolucionario bolchevique,
hemos demostrado que la lucha contra el
bolchevismo,
durante los seis meses de la república en Rusia,
fue conducida
tanto ideológicamente,
con una enorme preponderancia de órganos de prensa y fuerzas
de propaganda (...),
como
mediante la represión:
cientos de personas detenidas, nuestra imprenta principal destruida
y clausura para el periódico principal y una serie de otros periódicos.
El resultado puede
verse en los hechos:
un enorme incremento del apoyo a los bolcheviques en las elecciones de agosto
en Petersburgo y un fortalecimiento -en los partidos eserista y menchevique-
de las tendencias internacionalistas y de "izquierda" que se acercan al
bolchevismo.
Quiere decir que la
tenacidad del movimiento proletario revolucionario en la Rusia
republicana es muy grande (...)".
Fuente: Obras
Completas
Tomo XXVII, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
En la Argentina de hoy, el gobierno de Kirchner
ha logrado
-mantener la restauración del orden a favor del
formidable enriquecimiento de oligopolios;
-legitimar la vuelta de los mismos de siempre o
de los que queríamos echar en el 2001-2002;
-profundizar la entrega, el saqueo y
la desigualdad social.
¿En qué se basó su éxito? En un simulacro
de situarse contra la dictadura genocida y
contra el neoliberalismo.
Para lo primero,
-consiguió la adhesión fanática de la señora Hebe
de Bonafini, quien hasta ese momento aparecía
arremetiendo contra las derechas e izquierdas;
-dividió el movimiento de organismos de
derechos humanos pero, contra su intención,
permitió
la fuerza de los menos renombrados
de esos organismos por asumir la lucha más
a fondo y desenmascarar el encubrimiento y
complicidad de K
con aparatos del terrorismo de estado
implicados en la desaparición forzada
de Jorge Julio López,
así como en el incremento del gatillo fácil
y del estado de excepción en las cárceles
e incluso, en la ocupación de Haití.
Para lo segundo,
cautivó a las elites mediáticas e intelectuales
que lo ayudaron a engañar, mentir y
principalmente,
a bloquear el debate revelador sobre la realidad
de la deuda pública, las relaciones con el FMI,
BM, BID...y las potencias imperialistas, etc..
Néstor Kirchner asumió la gobernanza según
los dictados de la Seguridad Hemisférica
(para evitar
las rebeliones populares) que criminaliza la pobreza,
judicializa la lucha de los de abajo por
sus derechos humanos, estigmatiza a quienes
la dirigen o participan en la misma y militariza
cuando ni los últimos procedimientos ni
las patotas alcanzan a apagar los conflictos.
Con Cristina Fernández de Kirchner se pretende
erradicar la lucha de las clases oprimidas,
despojadas, desamparadas totalmente mediante
leyes antiterroristas,
pacto social y gobiernos de derecha desembozada
en las dos concentraciones urbanas decisivas en
los conflictos como son la ciudad y el conurbano
de Buenos Aires.
Pero los K no han podido ni pueden movilizar
espontáneamente.