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Conflictos Febrero
2007
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Ferrocarril Sarmiento |
De la revolución socialista a principios de 1918
Veamos la
complejidad de llevar a la práctica los cambios radicales por los cuales se
luchó
tantos años y en un país casi feudal y arrasado por la primera guerra mundial.
Lenin, en informe del 7 de marzo de 1918, comenta:
"La guerra civil se convirtió
en un hecho. Lo que predijimos, al comienzo de la revolución,
e inclusive al comienzo de la guerra, y acerca de lo cual
una parte de los círculos socialistas desconfiaba hasta ironizar, es decir,
la transformación
de la guerra imperialista en guerra civil, el 25 de octubre de 1917 se convirtió
en
un hecho para uno de los países beligerantes más extenso y atrasado.
En esa guerra civil, la mayoría
aplastante de la población estuvo de nuestro lado
y a causa de ello obtuvimos la victoria con extraordinaria facilidad.
Las tropas
que abandonaban el frente eran portadoras, donde quiera que fuesen,
del máximo de decisión revolucionaria de acabar con la conciliación
y los conciliadores.
La guardia blanca, los hijos de los terratenientes,
quedaron privados de todo apoyo entre la población.
La guerra contra ellos se convirtió gradualmente en una victoriosa marcha
triunfal de
la revolución,
a medida que las grandes masas y las unidades militares que eran enviadas
contra nosotros,
se pasaban a los bolcheviques. (...) En toda Rusia se levantó la ola de la guerra
civil
y en todas partes triunfamos con extraordinaria facilidad, precisamente
porque
el fruto estaba maduro, porque las masas habían pasado por la experiencia
completa
de la conciliación con la burguesía. Nuestra consigna de "todo
el poder a los soviets",
comprobada en la práctica por las masas en el curso de una larga experiencia
histórica,
se hizo carne en ellas.
Por esta razón, los primeros meses
de la revolución rusa
que siguieron al 25 de octubre de 1917,
constituyeron una ininterrumpida marcha triunfal.
A causa
de esa incesante marcha triunfal quedaron olvidadas,
relegadas a segundo plano, las dificultades con que inmediatamente
tropezó la revolución socialista y con las que no podía menos que tropezar.
Una de las
diferencias fundamentales entre la revolución burguesa
y la revolución socialista
es que para la primera, que surge del feudalismo, se crean gradualmente
-en el seno del viejo régimen- nuevas organizaciones económicas que
modifican paulatinamente todos los aspectos de la sociedad feudal.
La revolución burguesa
tenía una sola misión: eliminar, arrojar, romper todas las cadenas
de la sociedad anterior. Al cumplir esta misión, toda revolución burguesa
cumple con lo que de ella se exige: intensifica el desarrollo del capitalismo.
La revolución
socialista
está en una situación completamente distinta. Cuanto más atrasado
es el país que, debido a los vaivenes de la historia, ha sido el que
comenzó la revolución socialista, más difícil es para ese país
pasar de
las viejas relaciones capitalistas a las relaciones socialistas.
En este caso, a las tareas destructivas se
añaden otras nuevas
de inaudita dificultad: las de organización.
Si el espíritu creador popular de
la revolución rusa,
que pasó por la gran experiencia de 1905, no hubiera inventado ya los soviets
en febrero de 1917, éstos nunca hubieran podido tomar el poder en octubre, pues
el éxito
sólo dependía de la existencia de formas de organización ya preparadas para
un movimiento de abarcaba a millones de personas. Esa forma ya preparada
fueron los soviets
y por ello nos aguardaban en el terreno político tan brillantes éxitos y
la ininterrumpida marcha triunfal que vivimos, pues la nueva forma del poder
político
estaba ya dispuesta y sólo nos restaba transformar
el poder de los soviets,
mediante algunos decretos, de estado embrionario en que se hallaba en los
primeros meses
de la revolución, en la forma legalmente reconocida, afianzada en el Estado
ruso:
la República Soviética de Rusia.
Ésta surgió de golpe y con tanta facilidad porque en febrero de 1917,
las masas habían creado los soviets, inclusive antes de que ningún partido
hubiera logrado lanzar esa consigna. (...)
La tarea de alcanzar la victoria
sobre el enemigo interno fue muy fácil.
Igualmente fácil fue la tarea de crear el poder político pues las masas
nos dieron
el esqueleto, la base de ese poder. Pero quedaban todavía dos problemas
que presentaban dificultades gigantescas y cuya solución no podía ser la marcha
triunfal(...).
En primer lugar, estaba
el problema de la organización interna
que se le plantea a toda
revolución socialista.(...)
La organización
de la contabilidad, el control sobre las grandes empresas, la transformación de
todo el mecanismo económico estatal en una única gran máquina,
en un organismo económico que funcione de modo tal que
centenares de millones de personas se rijan por
un solo plan:
he ahí el gigantesco problema de organización que cargamos sobre nuestros
hombros. (...)
Desde el primer momento fue
evidente para los que se preocupaban de meditar
acerca de las tareas de nuestra revolución, que sólo
por el largo y duro camino
de la autodisciplina
sería posible superar la desorganización que la guerra había producido,
que sólo mediante un esfuerzo
extraordinariamente duro, largo y persistente
podríamos hacer frente a esta desorganización y derrotar a los elementos que
la acentuaban,
elementos que consideraban la revolución como un medio de deshacerse
de viejas cadenas y de lograr para ellos todo lo que pudieran.
La aparición de gran cantidad de tales
elementos era inevitable en
un país pequeño-campesino y en momentos de indecible caos económico
y contra ellos
nos aguarda una lucha cien veces más difícil y que no promete grandiosas
oportunidades,
una lucha que apenas hemos iniciado. Estamos en la primera etapa de esa lucha.
En ella
nos esperan duras pruebas. (...)
Cualquiera que intentara aplicar
el método de marcha triunfal con banderas desplegadas
a las tareas de organización
que la revolución debe enfrentar, experimentaría un total fracaso como
político, como
socialista y como militante de la revolución socialista.
La misma suerte esperaba a algunos
de nuestros jóvenes camaradas que se entusiasmaron
con la marcha triunfal inicial de la revolución, cuando ante ésta se alzó como
algo concreto
la segunda dificultad gigantesca:
el problema internacional.
Si pudimos tan fácilmente con las
bandas de Kérenski,
si instauramos con tanta facilidad el poder en nuestro país,
si obtuvimos sin la menor dificultad decretos sobre
la socialización
de la tierra y el control obrero; si todo eso fue fácil,
se debió sólo a una afortunada combinación de circunstancias
que nos protegió del imperialismo por poco tiempo.
El imperialismo mundial, el
poderío de su capital,
con su máquina militar altamente organizada,
que representa
una verdadera fuerza, un verdadero baluarte
del capital internacional, en ningún caso,
en ninguna circunstancia, podía vivir al lado de
la República Soviética,
tanto por su situación objetiva,
como por los intereses económicos de
la clase capitalista que encarna;
no podía
hacerlo a causa de los vínculos comerciales
y de las relaciones financieras internacionales.
Aquí reside la mayor dificultad de
la revolución rusa,
su problema histórico más grande: la necesidad de
resolver
los problemas internacionales, la necesidad de llamar a una revolución mundial,
la necesidad de realizar el paso de nuestra revolución,
como revolución limitadamente nacional, a la revolución mundial. (...)
Como nosotros que teníamos otras
cosas para preocuparnos
además del imperialismo, los imperialistas individualmente no tenían tiempo
para preocuparse
por nosotros, sólo porque todo el enorme poderío político, social y militar
del imperialismo mundial moderno se hallaba dividido en dos grupos por
una guerra intestina.
Los saqueadores imperialistas
comprometidos en esta lucha, habían llegado
a tales extremos, estaban concentrados en un combate mortal a tal punto,
que ninguno de los grupos podía concentrar fuerzas importantes contra
la revolución rusa.
Es paradójico, pero verdadero, que
nuestra revolución se inició en
ese momento afortunado
en que
inauditos desastres que implicaban la destrucción de millones de personas,
habían arrasado la mayoría de los países imperialistas,
en que
calamidades inauditas, derivadas de la guerra, agotaban a los pueblos,
en que
-en el cuarto año de guerra- los países beligerantes
se encontraban en un callejón sin salida, en una encrucijada,
en que
se planteaba objetivamente la pregunta de si los pueblos que
habían sido llevados a semejante situación
podían seguir luchando (...)".
Pero "la semana del 18 al
24 de febrero de 1918" -Lenin escribe en el Pravda-
"será recordada
como un gran viraje en la historia de la revolución rusa e internacional".
Tiene lugar la ofensiva militar del imperialismo alemán.
El 19 de febrero, Lenin desarrolla
la tesis de que Rusia necesita concertar, de inmediato,
la paz
con los alemanes que habían avanzado a lo largo de todo el frente desde Riga,
tomando Dvinsk y Rézhitsa y marchando sobre Lutsk y Minsk.
Exhorta a lograr la paz para el martirizado pueblo ruso
y de ese modo consolidar la revolución.
En "Lección
dolorosa pero necesaria" (Pravda del 5 de marzo de 1918) aclara a fuerzas
de izquierda que señalan como traición a la concertación de la paz:
"Nosotros desde el 25 de
octubre de 1917 estamos por la defensa de la patria
pues hemos demostrado en los hechos que hemos roto con el imperialismo.
Hemos denunciado
y hecho públicos los sucios y sangrientos tratados-complots imperialistas.
Hemos derrocado a nuestra burguesía. Hemos dado libertad a los pueblos
oprimidos
por nosotros. Hemos dado tierra al pueblo y el control a los obreros.
Estamos por la defensa de la República Socialista Soviética de Rusia.
Y por lo mismo que estamos por la
defensa de la patria,
exigimos una actitud seria hacia la capacidad defensiva
y
la preparación combativa del país. Declaramos
una guerra sin cuartel
a la fraseología revolucionaria sobre la guerra revolucionaria.
Ésta requiere
una preparación prolongada y rigurosa, comenzando por el ascenso económico
del país, la reorganización de los ferrocarriles, el restablecimiento de
una severísima disciplina y autodisciplina revolucionarias en todas
partes".
Lenin, en el informe del 7 de marzo de 1918, advierte por qué:
a. Se desmovilizó al ejército
Lo cierto es que "no tenemos ejército y no podemos retenerlo".
"Se podía haber aplazado
artificialmente la terminación de la guerra,
se podía haber recurrido a los engaños de Kerenski, se podía
postergar el final por unas semanas pero la realidad objetiva se abrió paso.
Ésta es la parte enferma del
estado ruso que no puede seguir soportando
el peso de la guerra. Cuanto más pronto lo desmovilicemos, más pronto
el país estará preparado para nuevas y duras pruebas".
b. Se precisa enfocar los problemas concretos y no quedarse en verdades abstractas.
"Así como es indiscutible que
todas las dificultades de nuestra revolución
podrán ser superadas sólo cuando la revolución socialista mundial madure,
es absolutamente
absurdo declarar que debemos ocultar todas las dificultades actuales
de nuestra revolución y decir: "juego mi carta al movimiento socialista
internacional,
puedo hacer toda clase de tonterías". (...)
La revolución alemana tiene la
desgracia de no avanzar con tanta rapidez.
¿Pero quién debe contar con quién: nosotros con ella o ella con
nosotros?".
c. Puede superarse la grave crisis del partido bolchevique
"La crisis será superada. En
ninguna situación nuestro partido
ni nuestra revolución serán destrozados por ella, aunque en este momento
eso estuvo
a punto de ocurrir, hubo posibilidad de que ocurriera. La garantía de que
no nos destrozaremos por este problema está en que en lugar de
aplicar los viejos métodos de resolver las diferencias entre grupos,
el viejo método
de editar una enorme cantidad de literatura,
de tener muchas discusiones y cantidad de escisiones,
los acontecimientos han dado a nuestra gente un nuevo método de aprender.
Este método es someter todo a la
prueba de los hechos, los acontecimientos,
las lecciones de la historia mundial. Ustedes dijeron que los alemanes no
atacarían(...)",
los acontecimientos demostraron su error que impidió firmar el tratado de paz
con Alemania
cuando Lenin convocó a
hacerlo para aprovechar mejores condiciones para las masas de Rusia.
Fuente: Obras Completas
Tomo XXVIII, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
En la Argentina de hoy, "la experiencia completa
de la conciliación con la burguesía" debe desafiarnos
a asumir la realidad tal cual es y es la de
Gualeguaychú
en mayor, igual o menor escala porque la fragmentación
del país justificada como federalismo, o autonomía de
la ciudad de Buenos Aires, es para garantizar
el reinado absoluto
de los oligopolios imperialistas que nos convierten en
sus súbditos, esclavos, enfermos y expulsados hasta
de sobrevivir
pero lo primero es cumplir con el ¡que se vayan todos,
que no quede ni uno solo! y con los fusilados
el 19 y 20 de diciembre de 2001.
De la prensa soviética
Veamos cómo el
partido bolchevique, que pasó a denominarse Partido Comunista de
Rusia(b)
por resolución de su Séptimo Congreso Extraordinario de 6-8 de marzo de
1918,
enfoca
la importancia de la prensa "como órgano de reorganización y
reeducación económica
de las masas".
En la Primera variante del
artículo «Las tareas inmediatas del poder soviético»,
escrita entre el 23 y el 28 de marzo de 1918,
Lenin explica:
"En la vieja sociedad
capitalista, el capital imponía disciplina
a los trabajadores mediante permanente amenaza de hambre.
Y esta amenaza
se unía a un trabajo excesivamente duro y a la conciencia
de los trabajadores de que no trabajaban para sí mismos
sino en beneficio ajeno(...).
En tal situación laboral fue inevitable que se creara una mentalidad,
según la cual los trabajadores, lejos de combatir las deficiencias
en el trabajo o la desidia en el mismo, veían en esto
una protesta
inevitable y legítima o una forma de resistir
las desmedidas exigencias del explotador.
Ahora, cuando la prensa burguesa y
los que le hacen coro claman
tanto sobre la anarquía existente entre los obreros, sobre su indisciplina
o sus demandas exageradas, el carácter fraudulento de esta crítica es
demasiado visible
como para detenerse mucho en ella. Se entiende que en un país donde
la mayoría de la población se hallaba hambrienta y extenuada en grado tan
inaudito
como en Rusia durante estos últimos años, hayan sido absolutamente inevitables
tantos casos
de total desaliento o de completa decadencia de la organización.
Exigir una rápida transición en
este sentido o creer que los cambios correspondientes
pueden lograrse mediante algunos decretos,
sería tan absurdo como tratar de infundir ánimo y capacidad de trabajo
con exhortaciones a un hombre a quien han dejado medio muerto a palos.
Sólo el poder soviético,
creado por los propios trabajadores y que confía
en la creciente recuperación de las masas trabajadoras,
estará en condiciones de realizar cambios fundamentales en este sentido.
Entre los representantes del poder
soviético y entre los partidarios de éste
ya se ha hecho conciencia la necesidad de elaborar medidas sistemáticas
para elevar la autodisciplina de los trabajadores. (...)
Hasta ahora nuestra prensa
soviética se encuentra bastante influida
por las viejas costumbres y tradiciones de la prensa burguesa.
Esto se manifiesta,
entre otras cosas, en que nuestra prensa -lo mismo que la vieja prensa
burguesa-
ha dedicado demasiado espacio y atención a las minucias de la política,
a los problemas personales de la dirección política,
con los que
los capitalistas de todos los países procuraron desviar la atención
de las masas populares de los problemas realmente importantes,
profundos y cardinales de la vida.
Y en este sentido
debemos encarar de una manera distinta
un problema para cuya solución existen
todas las premisas materiales;
falta
sólo ser conciente de su urgencia y
estar dispuesto a resolverlo.
Este problema es cómo transformar la prensa,
de órgano dedicado
fundamentalmente a dar noticias políticas del día,
en un órgano serio para educar a las masas de
la población
respecto a cuestiones económicas.
Debemos lograr,
y lo lograremos, que la prensa al servicio de las masas soviéticas
conceda menos espacio a las cuestiones de la composición personal de
la dirección política o a las cuestiones de las medidas políticas de décima
categoría
que constituyen la actividad habitual y el trabajo de rutina de todas las
instituciones políticas.
En lugar de eso, la prensa tendrá
que dar prioridad a los problemas de trabajo
en su enfoque inmediato y práctico.
La prensa
debe convertirse en el órgano de la comuna de trabajo,
en el sentido de hacer público precisamente lo que
los dirigentes de las empresas capitalistas procuraban ocultar a las masas.
La organización interna de su
empresa constituía, para el capitalista,
algo que debía ser protegido de los ojos del mundo exterior por medio del
secreto comercial,
algo donde él quería parecer ser soberano único y todopoderoso,
a cubierto
no sólo de la crítica y de la intervención externa sino también de las miradas
externas.
Para el gobierno soviético, por el
contrario,
la organización del trabajo en cualquiera de las grandes empresas,
en cualquiera de las comunidades aldeanas
constituye
el problema más importante, fundamental y candente
de toda la vida social.
Nuestro primero y principal medio
para elevar la autodisciplina
de los trabajadores y transformar los métodos de trabajo viejos
e inservibles o métodos de rehuir el trabajo (propios de la sociedad
capitalista),
debe ser la prensa
poniendo de manifiesto todos los defectos de la vida económica
y apelando así a la opinión pública de los trabajadores,
para curar esas llagas.
Mejor será que tengamos diez veces
menos material periodístico
(quizá sería bueno tener cien veces menos) dedicado a la así llamada
noticia del día,
pero tengamos una prensa de centenares de miles, de millones de ejemplares,
una prensa que haga conocer a toda la población la ejemplar disposición de
los asuntos en algunas comunas de trabajo estatales que sobrepasan a las otras.
Cada fábrica, cada cooperativa y
empresa agrícola,
cada aldea
que pasa a la nueva agricultura por la aplicación de
la ley de socialización de la tierra, es ahora, desde el punto de vista
de las bases democráticas, una comuna independiente con su propia organización
de trabajo interna.
El contenido de nuestra prensa
soviética debe descubrir
en cada una de estas comunas:
En esta forma,
podemos y debemos conseguir que la fuerza del ejemplo llegue a ser lo esencial
moralmente
y más tarde un modelo implantado obligatoriamente para organizar el trabajo
en la nueva Rusia soviética. (...)
Ahora que la tierra ha dejado de
ser propiedad privada,
que las fábricas han dejado casi de ser propiedad privada
y sin duda dejarán de serlo en un futuro muy cercano:
el ejemplo de una comuna de
trabajo que resuelve
los problemas organizativos mejor que cualquier otro medio,
adquiere una enorme importancia.
Es en este preciso momento cuando
debemos ocuparnos de que
la gran cantidad de material de valor extraordinario disponible
bajo
la forma de experiencia de la nueva organización de la producción,
en algunas ciudades, en determinadas empresas, en ciertas comunidades aldeanas,
se convierta en patrimonio de las masas.
Nos hallamos todavía bajo una
considerable presión de la antigua opinión pública
impuesta por la burguesía. Al examinar nuestros periódicos, resulta fácil
advertir
cuánto espacio excesivo
y desproporcionado seguimos dedicando a las cuestiones planteadas por la
burguesía,
cuestiones con las que ésta quiere distraer la atención de los trabajadores de
las concretas tareas prácticas de la reconstrucción socialista.
Debemos convertir -y
convertiremos- la prensa
de órgano sensacionalista, de simple aparato para difundir las noticias
políticas,
en
El hecho de implantar la
publicidad en este ámbito
constituirá por sí mismo una reforma enorme y servirá
para que
las grandes masas del pueblo participen independientemente
en la solución de dichos problemas, que son los que afectan más de cerca a las
masas.
Hasta ahora es muy poco lo que se
ha hecho al respecto,
precisamente porque lo que se mantenía oculto del conocimiento público
en algunas empresas y comunidades ha seguido siendo un secreto como antes,
lo que era comprensible bajo el capitalismo, pero es absolutamente absurdo e
insensato
en una sociedad que quiere alcanzar el socialismo.
La fuerza del ejemplo,
que no pudo manifestarse en la sociedad capitalista, adquiere
una enorme significación en una sociedad que ha abolido la propiedad privada
sobre la tierra y las fábricas.
No sólo porque quizás aquí un buen
ejemplo
puede ser seguido sino también porque
un ejemplo
mejor de organización de la producción vendrá acompañado
inevitablemente de un alivio en el trabajo y de un aumento en el monto del
consumo
para quienes pusieron en práctica esa mejor organización.
Y aquí, en relación con la importancia de la prensa
como órgano de reorganización y reeducación
económica
de las masas,
debemos referirnos también a la importancia de
la prensa para organizar la emulación.
La organización de la emulación
debe ocupar un lugar destacado
entre las tareas del poder soviético en la esfera económica. (...)
Los ataques
de los socialistas jamás fueron dirigidos contra la emulación en sí,
sino únicamente contra la competencia en el mercado. La competencia en el
mercado,
propia de la sociedad capitalista, consiste en la lucha entre los diferentes
productores
por
la subsistencia y la influencia, por un lugar en el mercado.
La supresión de la competencia como una lucha de productores
no significa de ninguna manera que se elimina la emulación.
Por el contrario,
la erradicación de la producción mercantil y el capitalismo,
hace posible la organización de la emulación en forma humana. (...)
La organización de la emulación
sobre bases socialistas
debe constituir, en nuestro país, una de las tareas más importantes
y provechosas en la reorganización de la sociedad".
Fuente: Obras Completas
Tomo XXVIII, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
En la Argentina de hoy, es prioritario que
las autoorganizaciones de trabajadores
y las de los otros componentes populares
establezcan
comunicación sistemática e interpelante
de la unidad de voluntad transformadora
entre ellas y con las mayorías que permanecen
al margen
de la lucha por la toma de decisiones sobre
el destino del país.
De los objetivos soviéticos en cuanto a participación popular
Veamos cómo se procuraba concretar la democracia y superar las resistencias en contra.
1. Participación en el registro y control de la producción y distribución de productos
En "Significación de la
lucha por un registro y un control populares"
entre "Las tareas inmediatas del poder soviético"
(proyecto
publicado el 28 de abril de 1918 en los periódicos Pravda y el
Suplemento de Izvestia para toda Rusia)
Lenin explica:
"El Estado, que durante
siglos ha sido órgano de opresión
y robo del pueblo,
nos ha dejado en herencia un odio enorme y una desconfianza del pueblo
hacia todo lo relacionado con el Estado.
Es muy difícil vencer esto, y sólo
el poder soviético puede hacerlo,
pero incluso el poder soviético necesitará largo tiempo y gran perseverancia
para lograrlo.
En el problema del registro y el
control -problema cardinal con que la revolución socialista
se enfrenta ya al día siguiente de derrocada la burguesía- esa "herencia"
se refleja
con particular agudeza.
Es inevitable que transcurra
cierto tiempo hasta que el pueblo, que por primera vez
se siente libre por el derrocamiento de los terratenientes y la burguesía,
comprenda
(no por los libros sino por su propia experiencia), comprenda y sienta que
sin el registro y el control más amplios ejercidos por el Estado sobre
la producción y la distribución de los productos,
el poder de los trabajadores,
la libertad de los trabajadores, no puede sostenerse y se hace inevitable
el retorno al yugo del capitalismo.
Todos los hábitos y tradiciones de
la burguesía en general y de
la pequeña burguesía en particular, se oponen también al control estatal
y defienden
la inviolabilidad de la "sagrada propiedad privada",
de la "sagrada" empresa privada.
Hoy vemos con la mayor claridad
La lucha por inculcar en la
conciencia de la gente la idea del registro y
el control ejercidos por el Estado soviético y por llevar a la práctica
esa idea,
la lucha
por romper con el maldito pasado que ha enseñado a la gente a considerar
los medios de proporcionarse el pan y el vestido como un asunto «privado»,
la compra y venta
como un negocio que "sólo me incumbe a mí":
es una lucha
grandiosa,
de significación histórica mundial,
una lucha
entre la conciencia socialista y
la espontaneidad burguesa-anárquica.
Hemos implantado el control obrero
como ley
pero esta ley no hace más que empezar a funcionar y no hace más
que penetrar en la mente de los amplios sectores del proletariado.
En nuestra actividad de agitación,
no explicamos suficientemente
que la falta de registro y control en la producción y distribución
de los productos
significa
No explicamos suficientemente que
la negligencia en el registro y el control
es indiscutiblemente ayudar y favorecer a los Kornílov alemanes y rusos (...).
Pero
mientras el control obrero no sea un hecho, mientras los obreros avanzados
no hayan organizado y realizado una cruzada victoriosa y despiadada,
contra los infractores de dicho control o contra los que muestran negligencia
en este control,
será imposible pasar del primer paso (el del
control obrero),
al segundo paso hacia el socialismo, es decir, pasar a la regulación de
la producción por los obreros.
El Estado socialista
puede surgir sólo como una red de
comunas de productores y consumidores
que
lleven cuenta concienzudamente de su producción y consumo,
economicen el trabajo, aumenten de manera incesante la productividad del mismo
y consigan con ello reducir la jornada laboral a siete, seis y aún menos
horas.(...)
El capitalismo nos ha legado
organizaciones de masas que pueden facilitar
el paso al registro y el control por las masas de la distribución de productos
necesarios,
es decir,
las cooperativas de consumidores. En Rusia, estas sociedades no están tan bien
desarrolladas
como en los países avanzados, no obstante, tienen más de 10 millones de
asociados.
El decreto referente a las
sociedades cooperativas de consumidores
es de extraordinaria significación que muestra palpablemente
la situación peculiar
y las tareas específicas de la República Socialista Soviética en el momento
actual.
El decreto es un
acuerdo con las sociedades cooperativas burguesas y con
las sociedades cooperativas obreras que aún adhieren al punto de vista burgués.
Es
No hubiese sido
necesario realizar tales compromisos si el proletariado,
actuando por medio del poder soviético, hubiera conseguido organizar el
registro y el control
en escala nacional
o por lo menos poner las bases de dicho control.
Mediante los departamentos de abastecimiento de los Soviets,
mediante los organismos de abastecimiento subordinados a los Soviets,
hubiéramos organizado
a la población en una sociedad cooperativa única dirigida por el proletariado.
Hubiéramos hecho esto sin la ayuda
de las sociedades cooperativas burguesas,
sin concesiones
a ese principio puramente burgués que impulsa a las sociedades cooperativas
obreras
a continuar siendo sociedades obreras junto a las cooperativas
burguesas,
en vez
de hacer que éstas se le subordinen totalmente, fusionando ambas y
tomando toda la dirección y tomando
en sus propias manos la supervisión
del consumo de los ricos.
Al concertar semejante acuerdo con
las sociedades cooperativas burguesas,
el poder soviético
ha definido concretamente sus objetivos tácticos
y sus peculiares métodos de acción en la etapa actual del desarrollo,
como sigue:
al dirigir a los elementos
burgueses, al utilizarlos, al hacerles
determinadas concesiones parciales, creamos las condiciones
para
un progreso futuro que será más lento de lo que suponíamos
en un comienzo
pero más seguro con una base y líneas de comunicación mejor
aseguradas y con las posiciones que hemos ganado más consolidadas".
Fuente: Obras Completas
Tomo XXVIII, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
2. Participación de forma directa en la administración del Estado por organización con sus semejantes
Entre diciembre de 1918 y enero de
1919, en "Las tareas de los sindicatos",
Lenin
establece que el objetivo principal en ese período de la revolución
consiste en:
"vencer -mediante una labor
tesonera, perseverante y más amplia
de educación y organización- a los prejuicios de determinados
sectores pequeño burgueses del proletariado y del semiproletariado.
Los sindicatos deben ampliar
constantemente la base del poder soviético,
todavía insuficientemente amplia (es decir, aumentar el número de obreros
y de campesinos pobres que participan en forma directa en la administración del
Estado),
educar
a los trabajadores atrasados (no sólo con libros, conferencias y periódicos
sino mediante la experiencia práctica en la administración) y descubrir
nuevas formas de organización
tanto para estas nuevas tareas del movimiento sindical en general
como para atraer a masas mucho más numerosas de semiproletarios,
por ejemplo, los campesinos pobres. (...)
Deben incorporar a
No podemos renunciar en el campo a
la tarea de organizar a los pobres
bajo el pretexto de que no son asalariados. Se puede y
se debe buscar,
buscar y volver a buscar nuevas formas, aunque sólo sea, por ejemplo,
creando sindicatos de pobres (quizás los mismos comités de pobres)
no interesados
en especular con cereales ni con precios altos para los cereales,
sólo interesados en mejorar su suerte con medidas generales para todos,
interesados en fortalecer la agricultura colectiva, interesados en una alianza
permanente
con los obreros urbanos, etc.(...)".
3. Participación para dar solución al hambre y salvar del tifus
En "¡Todos a trabajar en el abastecimiento de víveres y el transporte!" (26 de enero de 1919)
Lenin dice:
"La escasez de víveres se
agudiza; el tifus se convierte en
una amenaza muy grave. Se requieren heroicos esfuerzos,
pero lo que estamos haciendo dista mucho de ser suficiente.
¿Podremos salvarnos y mejorar la situación?
Evidentemente sí. La toma de Ufá y
Orenburgo, nuestras victorias en el sur
y el triunfo de la insurrección soviética en Ucrania abren perspectivas muy favorables.(...)
No sólo estamos en condiciones de
salvarnos del hambre, sino de satisfacer plenamente
a la población hambrienta de la Rusia no agrícola.
Todo el problema reside en el mal
estado del transporte y la enorme escasez de
trabajadores en la rama de abastecimiento de víveres.
Debemos
En estos momentos tenemos fundadas
razones para considerar, basándonos
en los cálculos más cautelosos e incluso pesimistas que una victoria sobre el
hambre
y el tifus
conducirá a un mejoramiento radical de toda la situación económica,
porque el contacto establecido con Ucrania y Tashkent suprime las causas
principales
de la falta y escasez de materias primas (...)".
Fuente: Obras Completas
Tomo ###, editorial Cartago,
Buenos Aires 1970
En
nos desamparan totalmente del saqueo y aún más
nos reprimen
porque resistimos o porque somos jóvenes pobres.
El saqueo es por superexplotación laboral, inflación,
desmonte, desalojo y por el crecimiento económico
que
es de los oligopolios extractores de nuestras riquezas
e ingresos públicos.
Nosotros -los de abajo- la mayoría estamos paralizados
hasta ante la muerte por hambre y por el totalitario
régimen policial y carcelario. Tampoco nos rebelamos
contra
la criminalización de reclamos tan elementales como
trabajo y salario dignos al punto que no asumimos
el Nunca Más ante el fusilamiento de
Carlos Fuentealba.
Es hora de comprometernos políticamente y
poner fin a la conciliación con nuestros usurpadores.