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Conflictos
La seguridad de los de abajo está en conflicto central con el festejo de Cristina Fernández, Aníbal Fernández y Florencio Randazzo al anunciar el plan de recuperación del Belgrano Cargas que es mayor trabajo (temporario) pero para transportar el saqueo de las transnacionales, los transnacionalizados y los capitales dominantes de la globalización financiera. El Gobierno destacó que se trata de la mayor inversión ferroviaria en treinta años: tendrá un costo de 5800 millones de dólares, que serán financiados por el Tesoro Nacional, la Corporación Andina de Fomento, el Banco Mundial y el Banco de Desarrollo de China. Con el total de las obras terminadas se podrá transportar diez millones de toneladas de granos, hidrocarburos, minerales y otras cargas, que en la actualidad son movidas por camiones. Leer
Es aceleramiento y eficacia en los ecocidios-etnocidios y en la exclusión e injusticia social. Por tanto, el gobierno ‘nacional, popular y de derechos humanos’ festeja empobrecer al país y a sus pueblos e incluso hambrear. Total, ganan las elecciones por lejos, no les ha llegado la hora como en España donde los manifestantes dejan clara su postura ante un sistema que no les representa y aclaran "no somos antisistema, el sistema es antinosotros".
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Por ahora les funciona el autoritarismo del presidencialismo y el
neofeudalismo. A diez días del apriete para apurar el levantamiento
del acampe Qom, la Presidenta
se comunicó con la ciudad de Formosa, donde se encontraba el
ministro de Planificación, Julio De Vido; el gobernador Gildo
Insfrán y el intendente de la ciudad capital de esa provincia,
Fernando De Vido para anunciar el llamado a licitación de la
construcción de cinco tramos del Ramal C-25 del Belgrano Cargas,
conexión de la ciudad de Formosa con Embarcación (Salta). Otra
prueba de que están unidos
no sólo por los votos ‘calificados’ o rehenes sino por los negocios
a expensas de nuestro empobrecimiento, hambre y de sequías e
inundaciones. Este padecer de los de abajo es la cara oculta del
crecimiento según Indec de que
en 1993 la
extensión sembrada de soja para las principales provincias
productoras era de 5.300.000 has y ascendió a 10.200.000 has en
2001. Para el conjunto del país era de 14.500.000 en 2003-04 y
16.600 en 2007-08.
Profundicemos estos datos en “Soja sí, indígenas no” de Darío
Aranda.
Leer
La «reforma agraria integral» es desarrollo de la soberanía alimentaria y el buen vivir de modo que nos interpela, a una creciente mayoría de los de abajo, a afirmarnos sujetos de nuestra emancipación de la democracia restringida, de los feudos provinciales, de los barones del conurbano bonaerense y del sindicalismo empresario para terminar con la impunidad del poder económico e imperialista que desde los setenta, mediante terrorismo de estado, arrasa las posibilidades de vivir en tranquilidad. |
PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS
La «reforma agraria integral» se basa en la unidad de la diversidad popular para la lucha contra los opresores y en favor del proyecto de otro desarrollo. Con esta lucha de clases atiende a la seguridad de los de abajo mediante la erradicación de:
El negocio de matar de hambre
Es necesario cambiar radicalmente la política alimentaria ¡YA!
Por GRAIN (abril 2008)
Desde hace varios meses, una verdadera tormenta por el alza del costo de los alimentos en todo mundo le ha caído a familias, gobiernos y medios de comunicación. El precio del trigo aumentó 130% en el último año.[1] El del arroz se duplicó en Asia, tan solo en los últimos tres meses,[2] al tiempo que alcanzó aumentos récord en el mercado de futuros de Chicago hace apenas una semana.[3] El aumento en espiral del costo del aceite comestible, de frutas y verduras, sin mencionar los lácteos y la carne, ha provocado una disminución del consumo de los mismos durante casi todo el año 2007. Desde Haití hasta Camerún, pasando por Bangladesh, la gente se ha lanzado a las calles llevada por la rabia de no poder ya comprar alimentos. Hay dirigentes mundiales que reclaman más ayuda alimentaria ante el temor de una agitación política, así como más fondos y tecnología para aumentar la producción agrícola. Mientras, los países exportadores de cereales cierran sus fronteras para proteger sus mercados internos, a la vez que otros se ven forzados a comprar por el pánico a la escasez. ¿Auge de precios? No. ¿Escasez de alimentos? Tampoco. Nos encontramos en medio de un colapso estructural, consecuencia directa de tres décadas de globalización neoliberal.
El sector agrícola tuvo en todo el mundo una producción récord de 2.300 millones de toneladas de granos en 2007, un 4% más que el año anterior. Desde 1961, la producción mundial de cereales se ha triplicado, mientras que la población se ha duplicado. Es cierto que las reservas están en el nivel más bajo de los últimos 30 años.[4] Pero, en resumidas cuentas, se produce suficiente cantidad de alimentos en el mundo. Sin embargo, no llega a quienes los necesitan. La gente consume directamente menos de la mitad de la producción mundial de granos. La mayor parte de esa producción se utiliza para consumo animal y cada vez más para biocombustibles a través de cadenas industriales en gran escala. De hecho, una vez atravesada la fría cortina de las estadísticas, es posible darse cuenta de que algo está fundamentalmente mal con nuestro sistema alimentario. Hemos permitido que los alimentos sean transformados de algo que alimenta a las personas y les asegura el sustento, en una simple mercancía para la especulación y los negocios. La lógica perversa de este sistema ha llegado a un punto crítico. Salta a la vista la manera en que beneficia a los inversionistas por sobre las necesidades alimenticias de la gente (continúa en Ideología). Fuente: http://www.grain.org/articles/?id=40
En este año 2011:
La grave crisis alimentaria
31 ENERO 2011
Hace sólo 11 días, el 19 de enero, bajo el título de “Es hora ya de hacer algo”, escribí:
“Lo peor es que en gran parte las soluciones dependerán de los países más ricos y desarrollados, quienes llegarán a una situación que realmente no están en condiciones de enfrentar sin que se les derrumbe el mundo que han estado tratando de moldear…
“No hablo ya de guerras, cuyos riesgos y consecuencias han transmitido personas sabias y brillantes, incluidas muchas norteamericanas.
“Me refiero a la crisis de los alimentos originada por hechos económicos y cambios climáticos que aparentemente son ya irreversibles como consecuencia de la acción del hombre, pero que de todas formas la mente humana está en el deber de enfrentar apresuradamente.
“Los problemas han tomado cuerpo ahora de súbito, a través de fenómenos que se están repitiendo en todos los continentes: calores, incendios de bosques, pérdidas de cosechas en Rusia [...] cambio climático en China [...] pérdidas progresivas de las reservas de agua en el Himalaya, que amenazan India, China, Pakistán y otros países; lluvias excesivas en Australia, que inundaron casi un millón de kilómetros cuadrados; olas de frío insólitas y extemporáneas en Europa [...] sequías en Canadá; olas inusuales de frío en ese país y en Estados Unidos…”
Mencioné igualmente las lluvias sin precedentes en Colombia, Venezuela y Brasil.
Informé en aquella Reflexión que “Las producciones de trigo, soya, maíz, arroz, y otros numerosos cereales y leguminosas, que constituyen la base alimenticia del mundo -cuya población asciende hoy, según cálculos a casi 6 900 millones de habitantes, ya se acerca a la cifra inédita de 7 mil millones, y donde más de mil millones sufren hambre y desnutrición- están siendo afectadas seriamente por los cambios climáticos, creando un gravísimo problema en el mundo.”
El sábado 29 de enero el boletín diario que recibo con noticias de Internet, reprodujo un artículo de Lester R. Brown publicado en el sitio web Vía Orgánica, fechado el 10 de enero, cuyo contenido, a mi juicio, debe ser ampliamente divulgado.
Su autor es el más prestigioso y laureado ecologista norteamericano, quien ha venido advirtiendo el efecto dañino del creciente y cuantioso volumen de CO2 que se viene lanzando a la atmósfera. De su bien fundamentado artículo, tomaré solo párrafos que explican de forma coherente sus puntos de vista.
“Al comenzar el nuevo año, el precio del trigo alcanza niveles sin precedentes…
“…la población mundial, casi se ha duplicado desde 1970, aún seguimos creciendo a un ritmo de 80 000 000 de personas cada año. Esta noche, habrá 219 000 bocas más que alimentar en la mesa y muchas de ellas se encontrarán con los platos vacíos. Otras 219 000 se sumarán a nosotros mañana por la noche. En algún momento este crecimiento incesante comienza a ser demasiado para las capacidades de los agricultores y los límites de los recursos terrestres e hídricos del planeta.
“El aumento en el consumo de carne, leche y huevos en los países en desarrollo que crecen rápido no tiene precedentes.
“En los Estados Unidos, donde se cosecharon 416 000 000 de toneladas de granos en 2009, 119 000 000 de toneladas se enviaron a las destilerías de etanol a fin de producir combustible para los automóviles. Eso bastaría para alimentar a 350 000 000 de personas al año. La enorme inversión de los Estados Unidos en las destilerías de etanol crea las condiciones para la competencia directa entre los automóviles y las personas por la cosecha de granos mundial. En Europa, donde buena parte del parque automotor se mueve con combustible diesel, existe una demanda creciente de combustible diesel producido a partir de plantas, sobre todo a partir del aceite de colza y de palma. Esta demanda de cultivos portadores de aceite no solo reduce la superficie disponible para producir cultivos alimentarios en Europa, sino que también acelera el desbroce de los bosques tropicales en Indonesia y Malasia a favor de las plantaciones productoras de aceite de palma.
“…el crecimiento anual del consumo de granos en el mundo desde un promedio de 21 000 000 de toneladas anuales en el período de 1990 a 2005 ascendió hasta 41 000 000 de toneladas al año en el período 2005 a 2010. La mayor parte de este salto enorme puede atribuirse a la orgía de inversiones en destilerías de etanol en los Estados Unidos entre 2006 y 2008.
“Al propio tiempo que se duplicaba la demanda anual de crecimiento de granos, surgían nuevas limitaciones por el lado de la oferta, inclusive cuando se intensificaban aquellas de larga data como la erosión de los suelos. Se calcula que la tercera parte de las tierras cultivables del mundo pierden la capa vegetal más rápido que el tiempo que se necesita para la formación del suelo nuevo a través de los procesos naturales, perdiéndose así su productividad inherente. Están en el proceso de formación dos grandes masas de polvo. Una se extiende por el noroeste de China, el oeste de Mongolia y el Asia Central; la otra se ubica en el África Central. Cada una de ellas es mucho mayor que la masa de polvo que afectó a los Estados Unidos en el decenio de 1930.
“Las imágenes de satélite muestran un flujo constante de tormentas de polvo que parten de estas regiones y generalmente cada una de ellas transporta millones de toneladas de capa vegetal valiosa.
“Mientras tanto, el agotamiento de los acuíferos reduce rápidamente la extensión de las áreas irrigadas de muchas partes del mundo: este fenómeno relativamente reciente es propiciado por el empleo a gran escala de las bombas mecánicas para extraer el agua subterránea. En la actualidad, la mitad de la población del mundo vive en países donde los niveles freáticos descienden a medida que el bombeo excesivo agota los acuíferos. Una vez que se agota un acuífero hay que reducir necesariamente el bombeo según el ritmo de reposición si no se quiere que se convierta en un acuífero fósil (no renovable), en cuyo caso el bombeo cesará totalmente. Pero más tarde o más temprano los niveles freáticos descendentes se traducen en una elevación de los precios de los alimentos.
“Las extensiones irrigadas disminuyen en el Oriente Medio, sobre todo en Arabia Saudita, Siria, Iraq y posiblemente Yemen. En Arabia Saudita, que dependía totalmente de un acuífero fósil hoy agotado para su autosuficiencia en cuanto al trigo, la producción experimenta una caída libre. Entre 2007 y 2010, la producción de trigo saudita descendió en más de dos tercios.
“El Medio Oriente árabe es la región geográfica donde las escaseces de agua crecientes provocan la mayor reducción de la cosecha de granos. Pero los déficit de agua realmente elevados están en la India donde según las cifras del Banco Mundial hay 175 000 000 de personas que se alimentan de granos producidos mediante el bombeo excesivo [...] En los Estados Unidos, el otro gran productor de granos del mundo, se reduce el área irrigada en estados agrícolas fundamentales como California y Texas.
“El ascenso de la temperatura también hace que resulte más difícil aumentar la cosecha mundial de granos con la rapidez suficiente para ir a la par del ritmo sin precedentes de la demanda. Los ecologistas que se ocupan de los cultivos tienen su propia regla generalmente aceptada: por cada elevación de un grado Celsio en la temperatura por encima del nivel óptimo durante la temporada de crecimiento cabe esperar un descenso del 10% en el rendimiento de los granos.
“Otra tendencia emergente que amenaza a la seguridad alimentaria es el derretimiento de los glaciares de montañas. Esto es especialmente preocupante en los Himalayas y la meseta del Tibet, donde el hielo que se derrite procedente de los glaciares alimenta no solo a los grandes ríos de Asia durante la estación seca como el Indo, el Ganges, el Mekong, el Yangtzé y el Amarillo sino también los sistemas de regadío que dependen de estos ríos. Sin este derretimiento de los hielos la cosecha de granos experimentaría una gran caída y los precios ascenderían proporcionalmente.
“Por último, y a largo plazo, los casquetes de hielo que se derriten en Groenlandia y el oeste de la Antártica, unido a la expansión térmica de los océanos, amenaza con elevar el nivel del mar hasta seis pies durante este siglo. Incluso una elevación de tres pies provocaría la inundación de las tierras arroceras de Bangladesh. También dejaría bajo agua a buena parte del Delta del Mekong, donde se produce la mitad del arroz de Viet Nam, el segundo exportador de arroz del mundo. En total, hay aproximadamente 19 deltas fluviales productores de arroz en Asia donde las cosechas se reducirían considerablemente a causa de la elevación del nivel del mar.
“La inquietud de estas últimas semanas es sólo el principio. Ya no se trata de un conflicto entre grandes potencias fuertemente armadas sino más bien de mayores escaseces de alimentos y precios ascendentes de los productos alimentarios (y del trastorno político a que esto conduciría) que amenazan a nuestro futuro mundial. A no ser que los gobiernos procedan pronto a revisar las cuestiones de seguridad y desvíen los gastos de usos militares hacia la mitigación del cambio climático, la eficiencia hídrica, la conservación de los suelos y la estabilización demográfica, según toda probabilidad el mundo enfrentará un futuro de más inestabilidad climática y volatilidad de los precios de los alimentos. Si se siguen haciendo las cosas como hasta ahora, los precios de los alimentos sólo tenderán a subir.”
El orden mundial existente lo impuso Estados Unidos al final de la Segunda Guerra Mundial, y reservó para sí todos los privilegios.
Obama no tiene forma de administrar la olla de grillos que han creado. Hace unos días se derrumbó el gobierno de Túnez, donde Estados Unidos había impuesto el neoliberalismo y estaba feliz de su proeza política. La palabra democracia había desaparecido del escenario. Es increíble cómo ahora, cuando el pueblo explotado derrama su sangre y asalta las tiendas, Washington expresa su felicidad por el derrumbe. Nadie ignora que Estados Unidos convirtió a Egipto en su aliado principal dentro del mundo árabe. Un gran portaaviones y un submarino nuclear, escoltados por naves de guerra norteamericanas e israelitas, cruzaron por el Canal de Suez hacia el Golfo Pérsico hace varios meses, sin que la prensa internacional tuviera acceso a lo que allí ocurría. Fue el país árabe que más suministros de armamentos recibió. Millones de jóvenes egipcios padecen el desempleo y la escasez de alimentos provocada en la economía mundial, y Washington afirma que los apoya. Su maquiavelismo consiste en que mientras suministraba armas al gobierno egipcio, la USAID suministraba fondos a la oposición. ¿Podrá Estados Unidos detener la ola revolucionaria que sacude al Tercer Mundo?
La famosa reunión de Davos que acaba de concluir se convirtió en una Torre de Babel, y los estados europeos más ricos encabezados por Alemania, Gran Bretaña y Francia, sólo coinciden en sus desacuerdos con Estados Unidos.
Pero no hay que
inquietarse en lo más mínimo; la Secretaria de Estado prometió una vez más que
Estados Unidos ayudaría a la reconstrucción de Haití.
Fuente: http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2011/01/31/la-grave-crisis-alimentaria/
Pero el capitalismo sigue impulsando la conversión de alimentos y de otros derechos básicos en commodities que, además, devastan el planeta al arrasar con su biodiversidad y destruir las cuencas hidrográficas y los ciclos de la naturaleza. Como en su etapa neoliberal, vuelve a tener a la Argentina de fiel representante y ejecutora de la acumulación de las transnacionales por desposesión económico-territorial.
BUENOS AIRES - El problema de los precios de los commodities dominó gran parte de la agenda de la cumbre del FMI-Banco Mundial, y del G20, que se realizó la semana pasada en Washington, y fue allí donde se estableció que la Argentina, uno de los principales productores de materias primas del mundo, será la anfitriona de la próxima cumbre de ministros del área, en el marco del G20, que tendrá lugar el 18 y 19 de mayo de 2011. El ministro de Economía, Amado Boudou, anticipó que en dicho foro participará el ministro de Agricultura de Francia debido a que ese país tiene la presidencia del G20, junto a los representantes de los organismos financieros internacionales.
Tal como se planteó la discusión internacional, los commodities padecen hoy dos problemas, la volatilidad y el alto precio.
Al respecto Boudou declara que le preocupa la alta vulnerabilidad de los precios de commodities, pregunto ¿cuándo la reprimarización originó estabilidad y la subordinación a las instituciones imperialistas abre caminos de progreso social? Sin embargo, Claudio Scaletta habla de "La eficacia de un modelo" : "(...) La clave es que la macroeconomía posibilitó la expansión real, tanto en la industria como en el agro. No pueden ignorarse las condiciones internacionales positivas. En primer lugar, el sostenimiento de los términos del intercambio por los buenos precios de los commodities. En segundo, la estabilidad financiera. Ambas condiciones, junto con la macro doméstica, seguirán presentes en 2011. Según proyecciones sobre los precios de los commodities realizadas por el Citibank, las cotizaciones se mantendrán. Salvo excepciones, entre las que se destacan el aceite de soja y la plata, la mayoría de los commodities seguirán revaluándose; poco en los casos del oro, el cobre y la soja, mucho en los del maíz, el trigo y el aluminio (...)". Leer
En vez de encantarnos con "la eficacia de un modelo" comencemos a escuchar las denuncias y propuestas alternativas de quienes lo padecen para ir cuestionando la desinformación de los medios de ultraderecha y los oficialistas. Lo que se ilumina como progreso e isla paradisíaca en medio de la crisis hasta del capitalismo central, oculta que no sólo el modelo K de 'modernidad' agrícola pertenece al sistema agroalimentario y agroindustrial de las transnacionales a escala global sino, además, la participación del gobierno CFK en el G20 es contra los pueblos planetarios. Reflexionemos acerca de:
El G20 en París: La crisis y los alimentos
Por: Julio C. Gambina (especial para ARGENPRESS.info)
Entre el 18 y 19
de febrero en París, bajo la presidencia francesa para el 2011, se realizó la
reunión de ministros de Finanzas y titulares de los bancos centrales del G20,
con eje en la reforma del sistema financiero internacional y la volatilidad de
los precios internacionales de las comodities. (1)
Allí discutieron los administradores gubernamentales del 85% de la riqueza
mundial y el 66% de la población total.
El G20 discute la crisis de la economía mundial, que en la coyuntura se manifiesta con “la subida de los precios de las materias primas, el potencial sobrecalentamiento de las economías emergentes y los problemas de deuda soberana en los países avanzados” (2), para decirlo en el lenguaje del poder mundial.
Al poder le preocupa el efecto “rebeldía” producido en África con la suba de los alimentos y la emergencia de un bloque de países que pueda disputar la hegemonía capitalista, o limitarla, desde un ciclo de dos velocidades. (...)
En una carta a la presidenta argentina se reflexiona sobre el país “devastado” y de la responsabilidad de “nuestros gobernantes desde hace décadas, desde los milicos y antes de los milicos y después de los milicos, que es lo grave.” Tanto como el hecho de “congelar nuevamente la Ley de Glaciares, para muchos de nosotros es inexplicable ese entusiasmo por la minería a cielo abierto, que es la próxima catástrofe de la Argentina.” Concluye destacando que “El territorio argentino está siendo arrasado, Señora. Lo recorro año a año; veo el deterioro. Cambia nuestra geografía, peligran las aguas, los bosques, ahora las montañas. La minería a cielo abierto es un crimen y en muchos países está prohibida. Igual que la soja transgénica.” (12)
Las transnacionales van detrás de los recursos naturales y los bienes comunes, la tierra, el agua, y cuentan con la solidaridad de sus Estados de origen para sus demandas, y por eso buscan restricciones al precio de las materias primas. La sola mención de tratamiento del tema indujo una baja en las cotizaciones de la soja, del trigo y el maíz, entre otros productos agrícolas. Ni Argentina ni Brasil están dispuestos a resignar el precio de mercado de los bienes que producen. Es un debate que coloca en el centro de la discusión la crisis alimentaria, que de un lado tiene el aumento de la producción de alimentos y del otro el mantenimiento y agravamiento del hambre de millones de personas.
La crisis alimentaria
La explicación debe encontrarse en el modo de producción actual, donde las transnacionales de la alimentación y la biogenética se encuentran al mando de un ciclo productivo global que subordina el conjunto de la producción mundial, favoreciendo cierto consumo, despoblando el campo, y condenando al hambre a millones de personas. Basta pensar en la extensión sojera en nuestro país y en los países del Mercosur para verificar la hipótesis.
Los movimientos sociales agrarios articulados en la red mundial “vía campesina” (13) demandan un nuevo modelo productivo agrícola sustentado en la agricultura familiar para que las comunidades aseguren su sustento y solo exporten el excedente.
Nuestros países están entre mantener el modelo definido por las transnacionales y las nuevas presiones del capitalismo desarrollado motorizadas desde el G20, o definir otro rumbo productivo, lo que supone otro modelo de desarrollo para otro país y para otro mundo, consigna que define sintéticamente el programa del Foro Social Mundial.
Siguiendo el razonamiento de “vía campesina” (14), la explicación de la contradicción entre el aumento de la producción agraria y el hambre, está en el control “oligopólico que unas pocas empresas tienen del comercio agrícola mundial, de los principales productos, como: soya, maíz, arroz, trigo, leche y carnes; pues ellas imponen un precio, independientemente del costo real de producción”. A ello adicionan el impacto de la “especulación” con la compra de títulos, por ejemplo, sobre “las próximas siete cosechas de soya del mundo” y la inversión de bancos “en mercancías agrícolas, para protegerse de la crisis general”. Agregan que “La producción agrícola de agrocombustibles”, sustentados en precios del petróleo en alza, “termina empujando la tasa medía de ganancia en la agricultura”.
La combinación del monopolio de las transnacionales de la alimentación y la biogenética, con la especulación y la utilización de alimentos para la producción de energía y consumo de animales, eleva el costo de la producción remanente para consumo humano. El modelo de consumo derivado del modo de producir agricultura y ganadería en este comienzo del Siglo XXI está contribuyendo a sustentar una revolución agrícola al tiempo que incrementa la insatisfacción proteica de millones de personas en el mundo agravado el cuadro de desigualdad que hoy reconocen todos los estudios sobre el tema.
Convengamos que la institucionalidad global (OMC y otros) y las legislaciones nacionales se han ido adecuando para favorecer este modelo productivo. No puede pensarse en la extensión de la capacidad de producción y exportación de soja en Argentina (15), por ejemplo, al margen de las reformas neoliberales de los 80´ y los 90´, especialmente con la autorización para la producción transgénica en la segunda mitad de la década pasada. La pelea por las patentes en el plano internacional explica el interés de la dominación transnacional en la innovación a todo nivel. Existe una dialéctica virtuosa entre los cambios jurídicos impulsados por las políticas hegemónicas de cuño neoliberal de los 90´, aplicadas en los países del cono sur de América, con la expansión de la frontera agrícola del ciclo de la soja. Es al mismo tiempo una dialéctica viciosa que afecta otros desarrollos productivos, como los de la carne, induciendo el modelo de los feedlot (engorde intensivo), la exportación vinculada al ascenso de los precios de los mejore cortes, con los consiguientes encarecimientos de los precios y restricciones al consumo de carne de sectores de menores recursos.
La consecuencia de este proceso según Bruneto y Stedile es que “En las últimas dos décadas con el proceso de internacionalización del capital y de las empresas capitalistas, los precios de los alimentos se internacionalizaron. Esto determina que los parámetros de producción y de los precios no son más el costo real de producción de alimentos en cada país, sino que se establece un precio medio mundial, controlado por las empresas, que excluye completamente otras formas de producción, locales, campesinas, etc.” Concluyen señalando que “la lucha por la soberanía alimentaria que los movimientos de la Vía Campesina en todo el mundo adoptaron como prioridad es más que correcta, es necesaria y urgente”. (16)
Necesidad de cambios estructurales
El problema es que no puede escindirse la crisis contemporánea de la integralidad de funcionamiento del sistema capitalista, y que las medidas que discute o anuncia el poder mundial -expresado por el G20- son funcionales a mantener y desarrollar el capitalismo en esta época.
El capitalismo empuja la liberalización y el crecimiento económico a costa de la sociedad, especialmente de sus trabajadores, y por eso se mantiene elevado el desempleo. No es efecto no querido, sino consecuencia directa de la forma que asume la explotación en nuestro tiempo. Ello supone la disminución absoluta y relativa del ingreso de los trabajadores promoviendo una mayor desigualdad. Algo que se pone de manifiesto con el avance del consumo suntuario favorecido por una gigantesca intervención de los Estados nacionales para promover el salvataje de empresas en crisis entre 2008 y 2010. Pero no solo a costa de la sociedad, sino también de la naturaleza, expresado entre otras cuestiones en el efecto invernadero por la emanación recurrente de gases tóxicos derivados del modo concreto de producción.
El fracaso del G20, no sólo en este encuentro de París, sino en todas sus cumbres anteriores es reflejo de la imposibilidad de resolver la crisis alimentaria, energética, ambiental, financiera y económica, sin resolver integralmente la cuestión, lo que impone una crítica profunda al orden capitalista y a la necesidad de pensar en otro orden social para satisfacer las necesidades de la población mundial.
Notas:
1) “Bienvenidos a la presidencia francesa del G20” Consultado el 19 de febrero de 2011 en: http://www.g20.org/index.aspx
2) “El G20 ve el precio de materias primas y la deuda como lo mayores riesgos”. Miércoles, 16 de Febrero de 2011. Consultado el 19 de febrero de 2011 en Latindad, Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derechos: http://www.latindadd.org/index.php?option=com_content&view=article&id=1371:el-g20-ve-el-precio-de-materias-primas-y-la-deuda-como-lo-mayores-riesgos&catid=38:noticias&Itemid=114
3) Héctor Huergo. “La nueva arremetida de los precios”, Clarín, suplemento rural del sábado 19 de febrero de 2011, página 3. El autor sostiene que “Hay un denominador común en la crisis política que agita a los países del norte de África y Medio Oriente. Es el alto precio de los alimentos, en especial del trigo. Ya había habido agitación social en Egipto en el 2008, cuando se dispararon los precios de los granos.”
4) “Primera reunión del G20 en París bajo presidencia francesa”. En rfi, publicado el viernes 18 de febrero de 2011 y consultado el 19 de febrero de 2011, en: http://www.espanol.rfi.fr/economia/20110218-primera-reunion-del-g20-en-paris-bajo-presidencia-francesa
5) Eric Toussaint. “Crisis Global. Del Norte al Sur del planeta: la deuda en todos sus estados”. Versión provista por el autor de la conferencia dictada en Ecuador, en la sede del Banco Central, el 27 de enero del 2011.
6) http://www.bea.gov/
7) “El Banco Mundial prevé una desaceleración del PIB mundial en 2011. Alerta de la amenaza para el crecimiento de los problemas del sector financiero en algunos países de ingreso alto”. En Finanzas.com del 13 de enero del 2011, consultado el 19 de febrero del 2011 en: http://www.finanzas.com/noticias/economia/2011-01-13/411362_banco-mundial-preve-desaceleracion-mundial.html
8) Ib. La previsión para el 2011 es 3,3% del PBI mundial contra un 3,9% del 2010. “…el organismo estima un mayor crecimiento de los países en desarrollo -al 7% en 2010, 6% en 2011 y 6,1% en 2012-, superando así a los países de ingreso alto, que se proyecta llegarán a niveles del 2,8% en 2010, 2,4% en 2011 y 2,7% en 2012. Así, el Banco Mundial considera que la economía mundial se desplaza desde una fase de repunte posterior a la crisis hacia un crecimiento lento…”
9) Argentina se opondrá en el G-20 a regular los precios de las materias primas. Diario Clarín, Suplemento económico IEco del 17 de febrero de 2011, consultado el 19 de febrero de 2011 en: http://www.ieco.clarin.com/economia/Argentina-G-20-regular-precios-materias_0_214500016.html
10) http://www.youtube.com/watch?v=hWcasFrlkxI
11) Leonardo Boff. El difícil paso del tecnozoico al ecozoico. Difundido por el Servicio Informativo "Alai-amlatina" el 18 de febrero del 2011. Tecnozoico alude a un tiempo de utilización de la ciencia y la técnica para explotar recursos naturales en beneficio de unos pocos y ecozoico, relativo a mantener la vitalidad y equilibrio de la tierra.
12) Mempo Giardinelli. Sobre mentiras y naturaleza. Carta abierta a la presidenta. En Página 12, del 15 de febrero de 2011, consultado el 20 de febrero de 2011 en: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-162379-2011-02-15.html
13) http://www.viacampesina.org/sp/
14) Egidio Bruneto y Joao Pedro Stedile. Militantes del MST y de la Vía Campesina. Las causas del aumento de precios y de la crisis alimentaria en el mundo (Traducción Minga Informativa de Movimientos Sociales). En: http://www.movimientos.org/show_text.php3?key=18963
15) Para 1993 la extensión sembrada de soja para las principales provincias productoras era de 5.300.000 has, ascendiendo a 10.200.000 has en 2001. Para el conjunto del país era de 14.500.000 en 2003-04 y 16.600 en 2007-08. Fuente INDEC, consultado el 19 de febrero de 2011, en: http://www.inde.mecon.ar / Se estima un total de 20 millones de has para la cosecha actual.
Fuente: http://www.argenpress.info/ 21-02-2011
No sólo el gobierno CFK enmascara nuestra inmersión en hacernos cargo de sostener el imperialismo con el pago de la estafa oficializada como deuda externa pública y hacerlo en detrimento del bienestar mayoritario sino que en nombre de preocuparse por "el pan en la mesa":
1. Presenta el Plan para seguir con el boom de agronegocios y crear expectativas de que son o serán compatibles con la vida mayoritaria
"El
pan en la mesa”
Por Roberto Navarro
El Gobierno está trabajando en un plan de seguridad alimentaria para garantizar
que los alimentos lleguen a la mesa de los argentinos en condiciones razonables
de cantidad, calidad y precio.
El precio internacional de los commodities de alimentos está en su record
histórico y los principales analistas señalan que seguirán su curso ascendente.
Jacques Diour, director de la Organización de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO), afirmó esta semana que
“estamos ante otra gran
crisis alimentaria mundial”.
En ese contexto los ministerios de Economía y Agricultura están trabajando en un
plan integral que evite un salto en los precios locales de los alimentos. Cash
accedió a un documento que señala las principales medidas en las que trabaja el
Ejecutivo:
- Se asegurarán cupos de granos, carne y leche para el mercado local.
- Se dividirá la comercialización en empresas exportadoras y de consumo local.
- Se implementará un sistema de subsidios vía compensaciones para los productos que se consuman en el país.
- Se propondrá al sector agropecuario un plan de crecimiento y diversificación de la producción.
- Se elevará al Congreso un nuevo esquema de derechos de exportación móviles.
El último informe de la FAO estima que “para el año 2050 se duplicará el consumo de alimentos, resultado de un fuerte crecimiento demográfico y la mejora en las condiciones de vida de gran parte de los ciudadanos de Asia y Latinoamérica”. El documento señala que la oferta global difícilmente pueda equiparar la demanda esperada. Más del 90 por ciento de las tierras arables del planeta ya están sembradas, el calentamiento global está arruinando cosechas en distintos lugares del planeta y parte de los granos son utilizados para producir biodiésel ante la caída en las reservas de petróleo. Ante ese desequilibrio entre demanda y oferta, los precios de los principales granos vienen subiendo desde 2003.
Cash accedió a un informe de la Secretaría de Política Económica que señala que “la participación del comercio de materias primas en el total del comercio mundial pasó de un 23 por ciento a fines de los noventa a casi el 36 por ciento hasta antes del estallido de la crisis subprime”. El documento reseña que “si bien la evolución de los precios de los commodities contribuyó a revertir total o parcialmente el déficit externo de los países exportadores de materias primas, el aumento de los precios internacionales ejerció una influencia negativa por sus efectos sobre los precios internos. Así, el ciclo de crecimiento de estos países en los 2000 también estuvo acompañado de un fenómeno de inflación importada o agflation (inflación por alimentos)”. Y explica: “La agflation ha afectado tanto a países exportadores netos de alimentos como así también a los importadores”. El documento concluye que, “en este contexto, Argentina debe elaborar un plan integral de seguridad alimentaria”. (...)".
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-5072-2011-04-10.html
Ministros del Mercosur apoyan al Plan Estratégico Agroalimentario
Sábado, 02 de Abril de 2011 00:00
Los ministros de
todos los países que integran el Consejo Agropecuario del Sur (CAS) hicieron
presentaciones ante los 53 decanos de Facultades con carreras agropecuarias y
económicas y los ministros de Producción y Ambiente de las provincias argentinas
sobre el “Panorama y Perspectivas
del Sector Agroalimentario y Agroindustrial de la Región para la Próxima
Década”. En ese marco, el titular
de Agricultura de la Nación, Julián Domínguez, explicó que
“recibimos el apoyo de los ministros de Agricultura del CAS para
llevar adelante el PEA, que tiene como objetivo generar un proceso consensuado
de transformación de la realidad a largo plazo, con políticas que trasciendan
los gobiernos y sean construcción y patrimonio de todos los argentinos”.En
el encuentro estuvieron el secretario de Relaciones Internacionales del
Ministerio de Agricultura de Brasil, Celio Porto; la ministra de Desarrollo
Rural y Tierras de Bolivia, Menecia Achacollo; el ministro de Agricultura de
Chile, José Antonio Galilea; el ministro de Agricultura de Paraguay, Enzo
Cardozo; y el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay, Tabaré
Aguerre. Asimismo, participaron los integrantes del Consejo Federal Agropecuario
(CFA), entre los que se encontraba el ministro de la Producción y Ambiente, el
doctor Raúl Quintana, en representación de Formosa.
Raúl Quintana
Por su parte, el ministro Quintana subrayó que
“este plan estratégico nacional nos resulta beneficioso porque
nosotros ya tenemos nuestro PEA, con visión al 2015, que va a fortalecer aún más
las acciones que estamos realizando y vamos a realizar en ese sentido”.
“La
mayoría de los complejos productivos que incorpora el plan estratégico nacional
son coincidentes con los planes llevados a cabo en la provincia”,
enfatizó, aseverando que
“este proceso que se inició hace un año está llegando a un punto culminante
donde
Formosa
va a participar en el Consejo Central representando a las provincias del
NEA”.
“Se lo considera como un gran avance para el sector productivo y
agroindustrial porque permite tener la visión a largo plazo sin dejar de hacer
acciones que el momento requiere y se valoriza que también los ministros del
Mercosur sean coincidentes en los objetivos y la búsqueda de políticas concretas
que garantizan el logro de los objetivos trazados,
garantizando
la seguridad alimentaria y la alta demanda de alimentos del mundo”,
remarcó.
Convenios con Facultades
Como muestra de apoyo al Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial que
lleva adelante la cartera agropecuaria nacional junto a los ministros de
Agricultura de Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, las autoridades de Brasil y
Argentina firmaron convenios con las 53 Facultades integrantes del Consejo
Federal de Ciencia y Tecnología del Plan Estratégico.Los acuerdos tienen como
objetivos brindar asistencia técnica y financiamiento a las Facultades. “El
trabajo conjunto entre el Ministerio y las Universidades, en el marco del PEA,
permitirá fortalecer desde lo académico y profesional al sector agroalimentario
y agroindustrial
con el objetivo de
apuntalar el liderazgo que la Argentina tiene hoy en día a nivel global”,
remarcó Domínguez.
Las unidades académicas están trabajando fuertemente en diversos complejos
productivos como son el sector algodonero, apícola, arrocero, avícola,
azucarero, caprino, cárneo-bovino, foresto- industrial, frutal citrícola,
maicero, ovino, tabacalero, vitivinícola por nombrar algunos.Además, se hace
hincapié en líneas de acción como investigación, docencia, implementación de
cursos de postgrados, entre otros aspectos.
“Este es el primer Plan estratégico a nivel regional. Esto permitirá
seguir creciendo tal como lo hicimos de 2003 a la fecha, gracias a la virtuosa
intervención del Estado y con políticas claramente trazadas por la presidenta
Cristina Kirchner Fernández de Kirchner”, afirmó. En relación con el sector
agropecuario, el ministro Domínguez aseguró que
“en estos últimos años se ha generado una revolución, producto en primer
término de la siembra directa, en segundo término los fenomenales avances
tecnológicos, la investigación y el desarrollo tecnológico y la transferencia de
esa tecnología a los pequeños y medianos productores”.
Fuente:
http://www.elcomercial.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=40779:ministros-del-mercosur-apoyan-al-plan-estrategico-agroalimentario&catid=4:locales&Itemid=55
2. Menosprecia la «soberanía alimentaria» como otra sociedad y otro desarrollo del buen vivir de los de abajo
Mabel Manzanal y Fernando González, en "Soberanía alimentaria y agricultura familiar", explican:
"(...) Seguridad alimentaria
El término seguridad alimentaría surge a mediados de la década de los ‘70 a partir de trabajos realizados por FAO. En 1974 tiene lugar la Conferencia Mundial sobre la Alimentación convocada por ONU y en ella se definió a la seguridad alimentaria como una situación en la “que haya en todo tiempo existencias mundiales suficientes de alimentos básicos (...) para mantener una expansión constante del consumo (...) y contrarrestar las fluctuaciones de la producción y los precios” (FAO, 2006: 1). Estas discusiones retomaban documentos internacionales que ya desde 1924 planteaban la alimentación como un derecho humano (Aguirre, 2005: 27). Luego, durante los años ‘80, y en consonancia con el contexto neoliberal dominante, la idea implícita en este concepto fue transformándose para centrarse sobre la capacidad para abastecerse de alimentos, significando un traslado de responsabilidad hacia el individuo (Ibíd.: 28). Amartya Sen criticará esta postura, ya que para él la problemática no reside en la producción, sino en el acceso de la población a los alimentos. Un antecedente de esta posición la podemos encontrar ya a mediados del siglo XX en los trabajos de Josué de Castro, que afirmó que “el mundo dispone de recursos suficientes para permitir tipos adecuados de alimentación por parte de todas las colectividades. Y si, hasta ahora, muchos de los huéspedes de la tierra continúan sin participar del banquete, es porque todas las civilizaciones, inclusive la nuestra, se han mantenido y estructurado sobre la base de una extrema desigualdad económica” (De Castro: 1975: 357).
En la Cumbre Mundial sobre Alimentación realizada en 1996, se adopta la definición de seguridad alimentaria más aceptada actualmente. En ella se sostiene que: “existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana” (cursiva nuestra -FAO, 1996). No podemos dejar de mencionar que, como sostiene Carballo (s/f: 2), este reconocimiento resulta un poco tardío. El autor afirma: “que la seguridad alimentaria de la población tenga mucho más que ver con el acceso a los alimentos que con su producción, como `descubre´ por primera vez en la historia la `Cumbre Mundial, de la Alimentación´ organizada por la FAO en 1996, sólo reconoce un fenómeno del que existían múltiples constataciones anteriormente negadas”.
De todos modos, cabe señalar que esta forma de concebir la problemática alimentaria ha tenido profundas consecuencias en las políticas que los países llevaron a cabo, porque se piensa mayormente en el acceso a los alimentos en relación directa con el poder de compra del salario que recibe una persona. En el caso de aquellos que han sido marginados por el mercado laboral se proponen políticas de corte asistencial para proveerles los alimentos que no puedan comprar en el mercado. En la Argentina esta concepción tuvo recepción manifiesta a través de diversos programas que desde los años 80 se fueron implementando y cuyas principales acciones se limitaron a garantizar el acceso físico a través de cajas de ‘alimentos baratos’ repartidas en aquellos sectores sociales sin capacidad de comprarlos.
Soberanía alimentaria
Las limitaciones que muchas organizaciones encontraron en la definición de los problemas de la alimentación realizada por la FAO, condujo al surgimiento de una nueva idea-fuerza: lasoberanía alimentaria. El término surge mediante el impulso de Vía Campesina (VC), que ya en la cumbre de FAO de 1996 plantea miradas alternativas para reencauzar la producción de alimentos y para enfrentar las crisis alimentarias. Luego de aquel evento, VC impulsó junto a otros actores los Foros por la Soberanía Alimentaria, que se instituyeron como cumbres paralelas a las realizadas por FAO. En 2001, en La Habana, se organizó el primero de ellos.
En él definieron qué soberanía alimentaria es: “el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias sustentables de producción, distribución y consumo de alimentos que garanticen el derecho a la alimentación para toda la población, con base sobre la pequeña y mediana producción, respetando sus propias culturas y la diversidad de los modos campesinos, pesqueros e indígenas de producción agropecuaria, de comercialización y de gestión de los espacios rurales”. Es notorio el quiebre que esta definición introdujo en relación con las políticas que la anterior definición de FAO pretendía instituir.
Lo fundamental es que tal propuesta ya no postula que para garantizar la alimentación sea necesario proveer de alimentos a bajos precios (muchas veces a través de grandes empresas de alimentación que monopolizan el mercado), sino que hace hincapié en otras cuestiones. Las que corresponde analizar detenidamente porque implican modificaciones importantes para toda formulación de políticas y prácticas de desarrollo en general que pretenda reconocer o incorporar en sus planteamientos la soberanía alimentaria Esto se profundiza más aún en el siguiente Foro realizado en Roma durante el año 2002. Allí los movimientos sociales participantes definen el término con más amplitud. Se habla ahora del derecho a definir “políticas agrarias, de empleo, pesqueras, alimentarias y de tierra”. Ahora, en esta nueva delimitación se trasciende la mera producción de alimentos y se pone mayor énfasis en la necesidad de que las comunidades locales puedan controlar las políticas y los recursos. Entonces, en este contexto y subrayando sus principales alcances, la soberanía alimentaria se caracteriza porque:
es un derecho de los pueblos;
son los pueblos y comunidades locales los que deben definir y controlar sus propias estrategias sustentables de producción, distribución y consumo;
se fundamenta sobre la diversidad de los modos de producción local;
la base de la alimentación está en la pequeña y mediana producción agropecuaria (lo cual implica cuestionar el consumo de alimentos proveniente de las agroindustrias);
respeta la diversidad de las prácticas alimentarias de cada cultura, es decir se plantea un consumo que siga las pautas alimenticias propias de las diferentes comunidades, regiones, ámbitos territoriales (no masivo, ni normalizado, ni regulado por el modelo dominante);
promueve que los actores locales encaren procesos de autogestión en sus territorios, controlando sus políticas y recursos para en definitiva poder fortalecer y consolidar sus propios modos de producción, comercialización y gestión en cada ámbito rural en cuestión
Sin lugar a dudas, esta postura se contrapone con muchas políticas de seguridad alimentaria que, con frecuencia, dependen de recursos provenientes de organismos internacionales. En estos casos dichos organismos fijan los criterios a aplicar y dejan escaso margen para la decisión desde los actores y desde los ámbitos locales. En América latina el término viene teniendo mayor relevancia por el impulso que los movimientos sociales le han dado. Lo cual ha llevado a que algunos Estados lo han empezado a tomar como propio. Un ejemplo de ello aparece en los países miembro del bloque de Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA) que en 2008 reunió en la ciudad de Managua a sus mandatarios en una Cumbre Presidencial sobre Soberanía Alimentaria. De todos modos, el sentido que le dan los Estados al término difiere del de las organizaciones sociales. En general, para los Estados la soberanía alimentaria refiere a que el país pueda garantizar la alimentación de su población sin necesidad de importar alimentos de otros países. No pone el acento en el rol de las comunidades planteado por las organizaciones. Bajo esta concepción, los productores familiares cumplen a lo sumo la función de proveedores de los alimentos para que el Estado garantice la alimentación de la población en general En el caso argentino, esta concepción estatal también quedó plasmada en las palabras de la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, quien al momento de lanzar la Subsecretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar, el 9 de octubre de 2009, sostuvo que los agricultores familiares son aquéllos que “contribuyen todos los días a construir soberanía alimentaria para el pueblo argentino”.
Esta afirmación no expresa exactamente la postura del FONAF, que considera que la soberanía alimentaria es un derecho a ejercer por las propias comunidades. Es necesario comprender esta divergencia en toda su dimensión para analizar las consecuencias y las disputas que pueden gestarse en torno de las políticas públicas vinculadas con la problemática alimenticia y con la AF. Ya que estamos observando que en el presente en la Argentina aparecen políticas, proyectos, programas y propuestas dirigidos tanto a los agricultores familiares, como al sistema agroalimentario en su conjunto, y que postulan diferentes acciones en nombre de la soberanía alimentaria. Debemos tener en cuenta que las diferentes concepciones de soberanía alimentaria conllevan distintas prácticas. Por ejemplo, si nos ubicamos en el contexto predominante de lo que podemos denominar la “concepción estatal”, podrían postularse políticas sustentadas sobre el abastecimiento del mercado interno a partir de productos masivos elaborados por grandes empresas agroalimentarias locales a precios accesibles. En este caso, aun cuando la materia prima (carne, leche, trigo) sea adquirida a los productores familiares, no se estará sosteniendo el tipo de modelo y de transformación productiva, cultural y social, hacia la que apunta la soberanía alimentaria para las organizaciones sociales que la sostienen. Porque para éstas importa la autogestión, el control de los recursos, de modo de garantizar el fortalecimiento de los productores y actores locales. Es decir, en cada territorio se está apuntando a una disputa de poder, a una transformación del modelo actual de producción, consumo y comercialización, que en definitiva requiere modificaciones en la estructura de tenencia de la tierra y en el control de los recursos a favor de las actores y comunidades locales.(…)"
Fuente:
Revista Realidad Económica
Nº 249 de noviembre-diciembre 2005
editada por el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE)
realidadeconomica@iade.org.ar;
http://www.iade.org.ar/
http://www.filo.uba.ar/contenidos/investigacion/institutos/geo/pert/c87bbfe5-768b-379b.pdf
En consecuencia, la «reforma agraria integral» es creación de las organizaciones que están en disputa por los distintos territorios para garantizar la seguridad de los de abajo de presente y futuro. Están yendo contra el progreso del capitalismo e imperialismo que destruye las condiciones de vida y trabajo. Miran por la convivencia social y con la naturaleza. Plantean otro modelo de producción y desarrollo a diferencia de la señora Presidenta que nos convoca a conciliar con los hambreadores y genocidas desde mediados de los setenta. Es decir, luchan contra la impunidad del poder de las transnacionales, los capitales de la globalización financiera y los grupos económicos locales.
La «reforma agraria integral» se basa en la unidad de la diversidad popular para la lucha contra los opresores y en favor del proyecto de otro desarrollo. Con esta lucha de clases atiende a la seguridad de los de abajo mediante la erradicación de::
1. La reestructuración de la agricultura global en beneficio de los gigantes del agronegocio
Ian Angus, en “Crisis alimentaria: hambruna mundial, agronegocios y soberanía alimentaria alternativa”, marca el 23 de mayo de 2008:
"El ataque contra la agricultura tradicional
La actual crisis alimentaria no
es un hecho aislado: es una manifestación de una crisis agrícola que se ha
estado desarrollando durante décadas. Como vimos en la Primera parte de este
artículo,
durante las últimas tres décadas los países
ricos del norte han obligado a los países pobres a abrir sus mercados, luego han
inundado esos mercados con alimentos subvencionados, con resultados devastadores
para la agricultura del Tercer Mundo.
Pero
la reestructuración de la agricultura global en
beneficio de los gigantes del agronegocio
no se
detuvo allí.
En el mismo período, países del
sur fueron convencidos, camelados e intimidados para que
adoptaran políticas agrícolas que
promueven cultivos de exportación en lugar de alimentos para el consumo interior,
y que favorecen la agricultura industrial en gran escala que requiere
monocultivos, un uso intensivo de agua, y cantidades masivas de fertilizantes y
pesticidas.
La agricultura tradicional, organizada por y
para comunidades y familias, ha sido echada cada vez más a un lado, para ser
reemplazada por agricultura industrial organizada por y para los agronegocios.
Esa transformación es el principal obstáculo para una agricultura racional que podría eliminar el hambre.
La
concentración en la agricultura de exportación ha producido el absurdo y trágico
resultado de que millones de personas mueren de hambre en países que exportan
alimentos. En India,
por ejemplo, más de un quinto de la población sufre de hambre crónica y un 48%
de los niños bajo cinco años están desnutridos. No obstante, India exportó 1.500
millones de dólares de arroz pulido y 322 millones de dólares de arroz en 2004.
En otros países, tierras cultivadas que solían ser utilizadas para alimentos
destinados al consumo interior ahora cultivan productos de lujo para el norte.
Colombia, donde un 13% de la población está desnutrida, produce y exporta un 62%
de todas las flores de regalo vendidas en EE.UU. En muchos casos, el resultado
del cambio a cultivos de exportación sería risible si no fuera tan dañino. Kenia
era autosuficiente en alimentos hasta hace unos 25 años. En la actualidad
importa un 80% de sus alimentos – y un 80% de sus exportaciones son otros
productos agrícolas.
El
cambio a la agricultura industrial ha llevado a millones de personas a dejar el
campo a favor del desempleo y la pobreza en los inmensos barrios bajos que ahora
rodean muchas de las ciudades del mundo.
Los
que mejor conocen el campo están siendo separados de éste; sus granjas
encerradas en gigantescas fábricas al aire libre que producen sólo para la
exportación.
Cientos de millones de personas deben depender ahora de
alimentos que son cultivados a miles de kilómetros de distancia porque su
agricultura nacional ha sido transformada para cumplir con las necesidades de
las corporaciones del agronegocio.
Como han mostrado los últimos meses, todo el sistema es frágil: La
decisión de India de reconstruir sus existencias de arroz hizo que los alimentos
fueran inasequibles para millones a medio mundo de distancia.
Si el propósito de la agricultura fuera alimentar a la gente, los cambios en la
agricultura global en los últimos 30 años no tendrían sentido.
La agricultura
industrial en el Tercer Mundo ha producido crecientes cantidades de alimentos,
pero al coste de llevar a millones a abandonar el campo por vidas de hambre
crónico – y al coste de envenenar el aire y el agua, y de disminuir cada vez más
la capacidad del suelo de suministrar los alimentos que necesitamos.
Contrariamente a las afirmaciones del agronegocio, la última investigación agrícola, incluyendo más de una década de experiencia concreta en Cuba, prueba que granjas pequeñas y medianas utilizando métodos agroecológicos sustentables, son mucho más productivas y enormemente menos dañinas para el medio ambiente que inmensas haciendas industriales.
La agricultura industrial continúa, no porque sea más productiva, sino porque ha podido, hasta ahora, ofrecer productos uniformes en cantidades predecibles, desarrollados específicamente para resistir daño durante el embarque a mercados distantes. Es donde se halla el beneficio, y el beneficio es lo que cuenta, no importa cuál sea el efecto sobre la tierra, el aire, y el agua – o incluso sobre la gente hambrienta". Fuente: http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=2384/ 23-5-08
2. El apoderamiento territorial para la producción de commodities destruyendo la producción de alimentos
El negocio de matar de hambre
Es
necesario cambiar radicalmente la política alimentaria ¡YA!
Por GRAIN (abril 2008)
"(...)Las realidades del mercado
Los promotores de las políticas que han dado forma al actual sistema mundial alimentario –y que supuestamente son los responsables de evitar tales catástrofes– han ofrecido una serie de explicaciones sobre la crisis actual que todo el mundo ya ha escuchado una y otra vez: la sequía y otros problemas que afectan las cosechas, aumento de la demanda en China e India donde la gente aparentemente se está alimentando más y mejor, cultivos y tierras que se reconvierten masivamente hacia la producción de agrocombustibles, y demás explicaciones. Agreguen a esto la actuación de los especuladores que inflan los precios, lo cual también está siendo objeto de mayor indagación. Todos estos asuntos, obviamente, contribuyen a la actual crisis alimentaria. Pero no son totalmente responsables de su profundidad.
En ese proceso, las tierras fértiles fueron reconvertidas de la producción de alimentos para abastecimiento de un mercado local a la producción de commodities mundiales para la exportación o cultivos de contra estación y de alto valor para abastecer los supermercados occidentales. Hoy, aproximadamente el 70% de los llamados países en desarrollo son importadores netos de alimentos.[5] Y de las 845 millones de personas con hambre en el mundo, 80% son pequeños agricultores y agricultoras.[6] Si a esto se le agrega la readecuación del crédito y los mercados financieros para crear una enorme industria de la deuda, sin control sobre los inversionistas, la gravedad del problema queda clara.
La política agrícola ha perdido total el contacto con su objetivo más fundamental de alimentar a la gente. El hambre lastima y la gente está desesperada. El Programa mundial de alimentos de Naciones Unidas estima que hay unas 100 millones de personas más que no pueden comer debido al espectacular alza de precios reciente.[7] Esto tiene a los gobiernos buscando frenéticamente cómo protegerse del sistema. Los afortunados que tienen existencias para exportar están retirándose del mercado mundial para separar sus precios internos de los astronómicos precios internacionales. Con el caso del trigo, la prohibición de exportarlo o las restricciones aplicadas en Kazajstán, Rusia, Ucrania y Argentina, significa que un tercio del mercado mundial ha sido clausurado. La situación con el arroz es aún peor. China, Indonesia, Vietnam, Egipto, India y Camboya han prohibido o restringido severamente las exportaciones, dejando unas pocas fuentes de suministro para la exportación, principalmente Tailandia y Estados Unidos. Países como Bangladesh ni siquiera pueden comprar el arroz que hoy necesitan debido al alto precio del mismo.
Después de que el Banco Mundial y el FMI aconsejaran durante años a los países que un mercado liberalizado les aportaría mayor eficiencia en la producción y distribución de alimentos, los países más pobres del mundo se encuentran inmersos en una intensa puja contra especuladores y comerciantes, que están viviendo una verdadera época de bonanza. Los fondos de cobertura y otras fuentes de fondos especulativos están volcando millones de dólares a los commodities, para escapar de los resbaladizos mercados de valores y de la contracción del crédito; con ello alejan aún más las existencias de alimentos del alcance de los sectores pobres.[8]
De acuerdo con algunas estimaciones, los fondos de inversión controlan ahora entre el 50% y el 60% del trigo comercializado en los más grandes mercados mundiales de commodities.[9] Una empresa estima que el monto de dinero especulativo en futuros de commodities –mercados en los que los inversionistas no compran o venden un commodity tangible, como el arroz o el trigo, sino que apuestan a las variaciones del precio– fue menor a US$ 5.000 millones en 2000 y trepó a US$ 175.000 millones en 2007.[10]
Esta situación no es accidental –y sus efectos son insostenibles. Miren a Haití. Pocas décadas atrás se autoabastecía de arroz. Pero las condiciones de los préstamos externos, en particular un programa del FMI de 1994, lo forzó a liberalizar su mercado. Así, desde Estados Unidos comenzó a llegar arroz barato, con el apoyo de subsidios y corrupción, y la producción local fue erradicada.[11] Ahora los precios del arroz aumentaron un 50% desde el año pasado, y el haitiano medio no puede comerlo. Por esta razón están saliendo a las calles o arriesgando sus vidas en un viaje en bote hasta los Estados Unidos. Las protestas por la crisis alimentaria también han estallado en África Occidental, desde Mauritania hasta Burkina Faso. También allí los programas de ajuste estructural y el dumping de la ayuda alimentaria destruyeron una larga historia de producción de arroz de la región, dejando a la gente a merced del mercado internacional. En Asia, el Banco Mundial aseguró reiteradamente a Filipinas, incluso hasta el año pasado, que autoabastecerse de arroz era innecesario, y que el mercado mundial se haría cargo de sus necesidades.[12] En la actualidad el gobierno se encuentra en una situación desesperada. Las reservas nacionales de arroz subsidiado están prácticamente agotadas y no puede completar sus pagos por importaciones debido a que los precios solicitados por los comerciantes son demasiado elevados.
El hambre como asesinato
Nunca como ahora ha resultado tan obvia la cruda verdad sobre quién gana y quién pierde en nuestro sistema alimentario mundial. Analicemos el elemento más básico de la producción de alimentos: la tierra. Podría decirse que el sistema alimentario industrial sufre de una drogodependencia de fertilizantes químicos. Necesita más y más para mantenerse vivo, erosionando suelos con el costo de destruir su potencial de sustentar cultivos alimenticios. Entre 1992 y 2003, la utilización de fertilizantes aumentó un 3% anual en la región Asia-Pacífico, mientras que, como resultado, el rendimiento del principal cultivo al cual se aplicaron, el arroz, sólo creció un 0,7% por año. En el contexto actual de ajustadas existencias de alimentos, la pequeña camarilla de empresas que controlan el mercado mundial de fertilizantes puede cobrar lo que quiera –y eso es exactamente lo que está haciendo. Las ganancias de Mosaic Corporation, empresa de Cargill que controla gran parte de la oferta de potasa y fosfato, aumentaron más del doble el año pasado.[13] La mayor empresa productora de potasa del mundo, Potash Crop, de Canadá, obtuvo más de mil millones de dólares de ganancias, lo que equivale a más de un 70% con relación a 2006.[14] Enfrentados al pánico de la crisis mundial, los gobiernos han comenzado a desesperarse por aumentar sus cosechas, con lo cual le han dado a esas empresas la potestad de subir aún más la apuesta. En abril de 2008, la filial comercial offshore conjunta de Mosaic y Potash aumentó los precios de la potasa en un 40% para los compradores del sudeste asiático y en un 85% para los de América Latina. India tuvo que pagar un 130% más que el año pasado. Pero fue China quien se llevó la peor parte, fustigada con un alza de un 227% en su cuenta de fertilizantes con respecto al año anterior.[15]
Si bien se está haciendo mucho dinero con los fertilizantes, para Cargill es tan solo un negocio secundario. Sus mayores ganancias provienen del comercio mundial de commodities agrícolas, el cual monopoliza en gran parte junto con algunas otras empresas gigantes. El 14 de abril de 2008, Cargill anunció que las ganancias que había obtenido del comercio de commodities en el primer trimestre de 2008 aumentaron un 86% con respecto al mismo periodo del año anterior. “La demanda de alimentos en las economías en desarrollo y de energía en todo el mundo está haciendo crecer la demanda de los productos agrícolas, a la vez que la inversión se ha enfocado en los mercados de commodities”, declaró Greg Page, presidente de Cargill y uno de sus principales ejecutivos. “Los aumentos de los precios están alcanzando nuevas marcas y los mercados son extraordinariamente volátiles. En este contexto, el equipo de Cargill ha realizado un trabajo excepcional midiendo y evaluando el riesgo de los precios y manejando el enorme volumen de granos, semillas oleaginosas y otras commodities que circulan por nuestras cadenas de suministros para clientes de todo el mundo”.[16]
La administración y la evaluación no son tan difíciles para una compañía como Cargill, con su posición casi monopólica y un equipo mundial de analistas que tiene las dimensiones de un organismo de las Naciones Unidas. En realidad, todos los grandes comerciantes de granos están logrando ganancias récord. Bunge, otro gran comerciante de alimentos, en el último trimestre fiscal de 2007 tuvo un aumento en sus ganancias de 245 millones de dólares, o 77%, con respecto al mismo periodo el año anterior. ADM, el segundo mayor comerciante de granos del mundo, experimentó un aumento del 65% en sus ganancias de 2007, llegando a un récord de 2.200 millones de dólares. Charoen Pokphand Foods, de Tailandia, es una importante empresa asiática; para este año anuncia un aumento impresionante de sus ingresos, que calcula en 237%.
Las grandes firmas mundiales procesadoras de alimentos, algunas de las cuales actúan además en la comercialización, también se están llenando los bolsillos. Las ventas mundiales de Nestlé crecieron un 7% el año pasado. “Lo veíamos venir, así que nos protegimos comprando materias primas por anticipado”, dice François-Xavier Perroud, vocero de Nestlé.[17] Los márgenes están subiendo también en Unilever. “Las presiones sobre los commodities han aumentado radicalmente, pero hemos logrado compensarlas con medidas en materia de precios adoptadas oportunamente y con los réditos permanentes que nos han dado nuestros programas de ahorro”, dice Patrick Cescau, miembro del Directorio deUnilever. “No sacrificaremos nuestros márgenes ni nuestra participación en el mercado”.[|8] Las empresas de alimentos no parecen estar sacando su tajada a costa de las grandes empresas de venta al público. El rey de los supermercados del Reino Unido, Tesco, dice que sus ganancias aumentaron un 12,3% con respecto al año anterior, un récord alto. Otros almacenes importantes, como Carrefour de Francia y Wal-Mart de los Estados Unidos, dicen que las ventas de alimentos son el principal factor que contribuye al incremento de sus ganancias.[19] La división mexicana de Wal-Mart, Wal-Mex, que maneja un tercio del total de ventas de alimentos en México, informó de un aumento del 11% en sus ganancias para el primer trimestre de 2008, mientras la gente hace manifestaciones callejeras porque no puede costearse más las tortillas.[20]
Parece que casi todos los actores empresariales de la cadena mundial de alimentos están ganando una fortuna con la crisis alimentaria. A las compañías de semillas y agroquímicas también les está yendo bien. Monsanto, la mayor firma de semillas del mundo, declaró que las ganancias generales aumentaron un 44% en 2007 con respecto al año anterior.[21] DuPont, la compañía mundial de semillas número dos, dijo que sus ganancias por la venta de semillas en 2007 aumentó 19% con relación a 2006, mientras que Syngenta, la empresa número uno de plaguicidas y número tres de semillas, obtuvo un 28% más de ganancias en el primer trimestre de 2008.[22]
Esos récords de ganancias no tienen nada que ver con algún valor nuevo que estén produciendo esas empresas y tampoco son ganancias inesperadas recibidas de algún brusco cambio de la oferta y la demanda. Es un reflejo del poder extremo que esas intermediarias han acumulado con la globalización del sistema alimentario. Íntimamente vinculadas con la formulación de las normas de comercio que rigen el sistema alimentario actual y con un estrecho control de los mercados y de los sistemas financieros cada vez más complejos a través de los cuales opera el comercio mundial, esas empresas están en una posición perfecta para convertir la escasez de alimentos en pingües beneficios. La gente tiene que comer, cualquiera sea el costo.
La imperiosa necesidad de cambiar las políticas
El telón de fondo de esta situación perversa del mercado alimenticio es el sistema financiero mundial, que en este preciso momento se tambalea en su endeble eje. Lo que el año pasado comenzó como una crisis localizada de préstamos hipotecarios en los Estados Unidos, se ha manifestado ahora en una situación en la que se ha tomado conciencia de que los emperadores del sistema financiero mundial no tienen ropas. La economía mundial vive en base a una deuda que nadie puede pagar. Mientras los banqueros centrales y los ejecutivos de Lear Jet tratan de improvisar parches para revertir la desconfianza, el mensaje subliminal es que el sistema está en bancarrota y nadie en el poder quiere tomar las riendas. Ni el FMI, ni el Banco Mundial, y del Grupo de los 8 en junio no esperemos mucho más que el oropel de las relaciones públicas. Es el mismo tema con los alimentos: una elite ideológica ha obligado a nuestros países a abrir drásticamente los mercados y dejar que rija el libre mercado, para que unas pocas megaempresas, inversionistas y especuladores puedan hacer mucho dinero. El neoliberalismo, acompañado de la corrupción galopante que azota a nuestros países y los sistemas comerciales, ha perdido todo viso de legitimidad en tanto ha causado estragos en el centro mismo de nuestras necesidades más básicas: la capacidad de alimentarnos. El ejemplo más aberrante de cuán fuera de lugar están esos ideólogos es que muchos están comenzando a reclamar abiertamente mayor liberalización del comercio como solución a la crisis alimentaria, y llegan incluso a proponer que se cambien las normas de la OMC para impedir que los países impongan restricciones a las exportaciones de alimentos.[23]
El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, intentó convencer al mundo con su exhortación de establecer un “Nuevo Acuerdo” para resolver la crisis alimentaria. Pero el sonsonete de sus relaciones públicas, replicado entusiastamente por otros organismos, representa tan sólo más de lo mismo: más liberalización del comercio, más tecnología y más ayuda. La crisis alimentaria actual es el producto directo de décadas del tipo de políticas que ahora debemos erradicar. Si bien es necesario aplicar medidas inmediatas para bajar los precios de los alimentos y hacer que los alimentos lleguen a quienes los necesitan, también es imperioso dar un giro radical en la política agrícola de manera que los pequeños agricultores de todo el mundo tengan acceso a la tierra y puedan vivir de lo que ella les da.
Necesitamos políticas que apoyen y protejan a los agricultores, pescadores y otros sectores que producen alimentos para sus familias, para los mercados locales y para la gente de las ciudades, en lugar de un mercado de commodities internacional abstracto y un minúsculo clan de ejecutivos de empresas. Y necesitamos fortalecer y promover el uso de tecnologías basadas en el conocimiento y el control de quienes saben cómo hacer crecer los alimentos: las comunidades locales. Dicho de otra manera, necesitamos soberanía alimentaria, ya –del tipo de la que definen y dirigen los propios pequeños agricultores y pescadores.
En todo el mundo ha habido movimientos sociales que han estado luchando durante décadas para promover ese cambio de estrategia; pero en respuesta han sido desoídos y calificados de obsoletos –cuando no a menudo reprimidos violentamente-- por quienes detentan el poder. Si hay algún atisbo de esperanza en esta crisis, es que esta situación pueda revertirse. En algunos países los gobiernos ya están recurriendo a las organizaciones campesinas para trabajar con ellas en la reformulación de sus políticas agrícolas. Otros están comenzando a cuestionar el argumento fundamental de impulsar una mayor libertad de comercio. Los halcones neoliberales que están en la cima de la pirámide de la política alimentaria mundial han perdido la credibilidad que de alguna manera pudieron haber tenido alguna vez. Es hora de que salgan del camino para que las visiones de soberanía alimentaria y reforma agraria, que surgen de las bases, puedan ocupar su lugar y sacarnos de este lío infernal".Fuente: http://www.grain.org/articles/?id=40
3. La especulación financiera del puñado de transnacionales con dominio sobre los mercados internacionales de alimentos
Nuevo informe de Observatori del Deute en la Globalització
Navegando por los meandros de la especulación alimentaria
Informe elaborado por ODG en
colaboración con Mundubat, la Revista
"Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas"
y GRAIN. Los autores son Mónica Vargas (ODG) y Olivier Chantry
(CADTM) y ha sido revisado por Gustavo Duch - Revista "Soberanía alimentaria,
biodiversidad y culturas"
De
qué va...
Las cifras de la
Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señalan que en
2010, el número de personas que sufría de hambre en el mundo era de 925 millones
de personas y que probablemente este número aumente en el futuro.
Registran también una tendencia a la alza de los precios de los alimentos
básicos. En el Estado español, se anuncia que los cereales cotizan entre 35 y
74% más que el año pasado. Las condiciones parecen reunirse para que se
desencadene una nueva tormenta y una nueva crisis alimentaria, de la magnitud de
aquella del 2008, con nuevas revueltas por el hambre en los países más
empobrecidos. La propia agitada primavera magrebí no es ajena a ello.
En el Informe "Navegando por los
meandros de la especulación alimentaria"
nos referimos específicamente al papel de quizás el más importante de los
elementos que inciden en los precios de los alimentos básicos. Se trata de la
especulación financiera. Estamos en un contexto en el cual todo movimiento en
las Bolsas de Chicago, Londres o Hannover, donde se negocian contratos de
futuros sobre cereales y oleaginosas, tiene repercusiones a nivel de los
alimentos. La maduración del capital en la esfera financiera ha tenido lugar de
manera paralela a la liberalización de la agricultura, explicándose así la
repercusión sin precedentes que ha tenido la especulación en los últimos años
sobre los precios de los alimentos. Brindamos también algunos elementos de
comprensión de cómo el capital financiero ha penetrado en el mercado de los
alimentos mediante la especulación. En la consideración de los grandes ganadores
de la especulación alimentaria, observamos también el papel del Agribusiness. Es
bien sabido que este dispone de un control creciente en la cadena productiva y
que un puñado de empresas dominan los mercados internacionales de alimentos.
Pero además, veremos que actúan directamente en los mercados financieros,
aprovechándose del papel privilegiado que tienen en la esfera productiva.
Consideramos asimismo, brevemente, algunas repercusiones sociales que implica el
mantenimiento de este sistema. Apuntamos también que el capital financiero migra
de forma continua. De burbuja en burbuja, desembarcó en el mercado de los
alimentos, generando la crisis del 2008. Hoy avanza hacia el acaparamiento de
tierras, un nuevo terreno de especulación, que también es alimentaria, al cual
debemos prestar particular atención.
Se puede descargar el informe completo en este
enlace
Fuente: http://www.rebelion.org/ Economía/ 17-05-2011
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La «reforma agraria integral», como lucha de clases y otro desarrollo, atiende a la seguridad de los de abajo porque se desarrolla como soberanía alimentaria
La «soberanía alimentaria» es
1. Programa en procura de los derechos humanos de todos, de la reforma agraria, y de la protección de la tierra contra el ecocidio capitalista.
Ian Angus, en “Crisis alimentaria: hambruna mundial, agronegocios y soberanía alimentaria alternativa”, continúa:
"Luchando por la soberanía alimentaria
Los
cambios impuestos por el agronegocio transnacional y sus agencias
no han dejado de ser cuestionados. Uno de los eventos más
importantes en los últimos 15 años ha sido la emergencia de
La Vía Campesina
(Peasant Way), un organismo aglutinador que incluye a más de 120 pequeñas
organizaciones de agricultores y campesinos en 56 países, que van del Movimiento
de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, a la Unión Nacional de
Agricultores de Canadá.
La Vía Campesina presentó
originalmente su programa como un desafío al
“Foro Alimentario Mundial ”,
una conferencia sobre el hambre global organizada por la ONU en 1996 en la
que participaron representantes oficiales de 185 países. Los participantes en
esa reunión prometieron la eliminación del hambre y de la desnutrición mediante
la garantía de “seguridad
alimentaria sustentable para toda la gente”,
(y después no hicieron nada por lograrla).
Como es típico en semejantes eventos, los trabajadores que son realmente
afectados fueron excluidos de las discusiones. Afuera de las puertas,
La Vía Campesina
propuso:
La «soberanía alimentaria» como una alternativa a la seguridad alimentaria. El simple acceso a los alimentos no basta, argumentaron: lo que se requiere es el acceso a la tierra, el agua, y a los recursos, y la gente afectada debe tener derecho a saber y decidir sobre las políticas alimentarias. El alimento es demasiado importante como para ser abandonado al mercado global y a las manipulaciones del agronegocio: el hambre en el mundo sólo puede ser terminado mediante el reestablecimiento de pequeñas y medianas granjas familiares como elementos cruciales de la producción de alimentos.
La demanda
central del movimiento de «soberanía alimentaria» es
que
los alimentos deben ser tratados primordialmente como una fuente de nutrición
para las comunidades y países donde son producidos. En oposición a las políticas
de agroexportación del libre mercado, insta a que haya una concentración en el
consumo interno y la autosuficiencia alimentaria.
Contrariamente a las afirmaciones de algunos críticos,
la
«soberanía alimentaria» no es un llamado al aislacionismo económico o a un
retorno a un pasado rural idealizado. Más bien,
es un programa para la
defensa y extensión de los derechos humanos, por la reforma agraria, y por la
protección de la tierra contra el ecocidio capitalista.
Aparte de llamar a la autosuficiencia alimentaria y al fortalecimiento de las granjas familiares, el llamado original de La Vía Campesina por la soberanía alimentaria incluía los siguientes puntos:
Garantizar a todos el acceso a alimentos seguros, nutritivos y culturalmente apropiados en cantidades y calidad suficientes para sustentar una vida saludable con plena dignidad humana.
Dar a la gente sin tierra y que labra la tierra – especialmente a las mujeres, la propiedad y el control de la tierra que trabaja y devolver territorios a los pueblos indígenas.
Asegurar el cuidado y el uso de los recursos naturales, especialmente la tierra, el agua y las semillas. Terminar con la dependencia de insumos químicos, de monocultivos comerciales y de una producción intensiva, industrializada.
Oponerse a las políticas de la OMC, del Banco Mundial y del FMI que facilitan el control de las corporaciones multinacionales sobre la agricultura.
Regular y gravar con impuestos al capital especulativo e imponer un estricto Código de Conducta a las corporaciones transnacionales.
Terminar con el uso del alimento como arma. Detener el desplazamiento, la urbanización forzada y la represión contra los campesinos.
Garantizar a los campesinos y a los pequeños agricultores, y a las mujeres del campo en particular, un aporte directo en la formulación de políticas agrícolas a todos los niveles.
La exigencia de «soberanía alimentaria» de La Vía Campesina constituye un poderoso programa agrario para el Siglo XXI.
Los movimientos sindicales y de izquierdas en todo el mundo debieran darle su pleno apoyo, así como a las campañas de los trabajadores agrícolas y campesinos por la reforma agraria y contra la industrialización y globalización de los alimentos y de la agricultura".
2. Autodeterminación popular e importancia campesina para derrotar el agro en contra de las necesidades y aspiraciones de los de abajo
Ian Angus, en “Crisis alimentaria: hambruna mundial, agronegocios y soberanía alimentaria alternativa”, define consignas:
"¡Alto a la guerra contra los agricultores del
Tercer Mundo!
Dentro de ese marco,
nosotros -en el norte global- podemos y debemos
exigir que nuestros gobiernos detengan todas las actividades que debilitan o
dañan la agricultura del Tercer Mundo.
¡Alto al uso de alimentos para combustible!
La Vía Campesina lo ha dicho simple y claramente: “Los
agrocombustibles industriales representan un desatino ecológico. Su desarrollo
debería ser detenido y la producción agrícola debería concentrarse en los
alimentos como prioridad”.
¡Condonen las deudas del Tercer Mundo!
El 30 de abril, Canadá anunció una contribución especial de 10 millones de dólares canadienses a la ayuda alimentaria para Haití. Es algo positivo – pero durante 2008 Haití pagará cinco veces esa suma en intereses por su deuda externa de 1.500 millones de dólares, gran parte de la cual fue incurrida durante las dictaduras de Duvalier apoyadas por los imperialistas.La situación de Haití no es única y no es un caso extremo. La deuda externa total de los países del Tercer Mundo en 2005 fue de 2,7 billones [2.700.000.000.000, N. del T] de dólares, y sus pagos de la deuda de ese año ascendieron a un total de 513.000 millones de dólares. La terminación de esa sangría de dinero, inmediata e incondicionalmente, aseguraría recursos esenciales para alimentar a los hambrientos ahora mismo y, con el tiempo, reconstruir la agricultura interior.
¡OMC, fuera de la agricultura!
Las políticas alimentarias regresivas que han
sido impuestas a los países pobres por el Banco Mundial y el FMI son codificadas
y controladas por el Acuerdo sobre Agricultura de la Organización Mundial de
Comercio.
El AsA,
como escribe Afsar Jafri de Focus on the Global South, está
“predispuesto a favor de la agricultura de capital intensivo,
impulsada por el agronegocio, y orientada a la exportación.”
No es sorprendente, ya que el responsable de EE.UU. quien
lo redactó y luego negoció era ex vicepresidente del gigante del agronegocio
Cargill.
El AsA debiera ser abolido, y los países del Tercer Mundo deberían tener derecho
a cancelar unilateralmente políticas de liberalización impuestas a través del
Banco Mundial, el FMI, y la OMC, así como mediante acuerdos bilaterales de libre
comercio como el TLCAN [NAFTA] y el CAFTA. [Tratado de Libre Comercio para la
República Dominicana y Centro América].
Autodeterminación para el sur del globo
Los
actuales intentos por parte de EE.UU. a fin desestabilizar y derrocar los
gobiernos antiimperialistas del grupo del ALBA
- Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua y Granada - continúan una
larga historia de acciones por los países del norte para impedir que países del
Tercer Mundo logren controlar sus propios destinos.
La organización contra semejantes intervenciones
“en el vientre del monstruo”
es por lo tanto un componente clave en la lucha por lograr la
soberanía alimentaria en todo el mundo.
Hace más de un siglo, Karl Marx escribió que a pesar de su apoyo para las
mejoras técnicas, “el sistema
capitalista trabaja contra una agricultura racional... una agricultura racional
es incompatible con el sistema capitalista.”
Las crisis actuales de los alimentos y de la agricultura confirman
enteramente esa valoración.
Un sistema que coloca los
beneficios por sobre las necesidades humanas ha ahuyentado del campo a millones
de productores, debilitado la productividad de la tierra mientras envenena su
aire y su agua, y ha condenado a casi mil millones de personas al hambre crónica
y a la desnutrición.
La crisis alimentaria y la crisis agrícola están arraigadas en un sistema
irracional y antihumano. Para alimentar al mundo,
los
trabajadores urbanos y rurales deben unir sus manos para erradicar ese sistema".
Fuente: http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=2384/ 23-5-08
En consecuencia, la «reforma agraria integral» desarrollará la seguridad de nosotros, los de abajo al basarse en la lucha y la construcción de la autodeterminación de todos los pueblos. La última arraiga en la reestructuración socioeconómica y estatal que rompa con el sometimiento al G-20, a los FMI-BM-BID, a la OMC. Y asuma el compromiso con la soberanía alimentaria que es erradicar la pobreza.
La «reforma agraria integral» se basa en la unidad de la diversidad popular para la lucha contra los opresores y en favor del proyecto de otro desarrollo. Con esta lucha de clases atiende a la seguridad de los de abajo porque rompe con la actual racionalidad de maximizar la rentabilidad de las transnacionales y sus socios locales destruyendo el territorio o el país, las comunidades y la naturaleza. Tengamos en cuenta la jactancia de Claudio Scaletta en "La eficacia de un modelo" : "Ser hoy un opositor acérrimo no es tarea fácil. Las dificultades no se agotan en la virtual imposibilidad de encontrar un candidato que catalice las broncas contreras y, al mismo tiempo, mida en las encuestas. Tampoco en esas vaguedades que preocupan a la legión de repúblicos que rellenan páginas indignadas. Nada de eso. Cuando se habla de materia contante y sonante, la construcción de escenarios apocalípticos, de esos que comenzaron a ensayarse con fuerza a partir de marzo de 2008, se dificulta seriamente. Sucede que todos los indicadores sobre la evolución de la economía son positivos, ya sean medidos por el Indec, por las consultoras de la city o por los departamentos de economía de los grandes bancos internacionales.(...) La clave es que la macroeconomía posibilitó la expansión real, tanto en la industria como en el agro. No pueden ignorarse las condiciones internacionales positivas. En primer lugar, el sostenimiento de los términos del intercambio por los buenos precios de los commodities. En segundo, la estabilidad financiera. Ambas condiciones, junto con la macro doméstica, seguirán presentes en 2011. Según proyecciones sobre los precios de los commodities realizadas por el Citibank, las cotizaciones se mantendrán. Salvo excepciones, entre las que se destacan el aceite de soja y la plata, la mayoría de los commodities seguirán revaluándose; poco en los casos del oro, el cobre y la soja, mucho en los del maíz, el trigo y el aluminio (...)". Leer
Analicemos porqué rechazar la eficacia de este modelo:
1. Destrucciones socioeconómicas y socioambientales por un modelo basado en la monoproducción de commodities
Expansión de la soja en Argentina
Globalización, Desarrollo Agropecuario e Ingeniería Genética: Un modelo para armar
Por Walter A. Pengue
Biodiversidad, Sustento y Culturas
(julio 2001)
GRAIN
"(…) Los impactos socioeconómicos de la monoproducción de commodities
Mientras por un lado Argentina ha incrementado su productividad física y expandido también sus áreas cultivadas, incluso a zonas ambientalmente susceptibles, de la mano de sus cultivos de exportación -–soja, girasol, maíz y trigo-– por el otro existen ya marcados indicadores socioeconómicos y ambientales que demuestran que Argentina está ingresando velozmente a un modelo de subdesarrollo sustentable, como ya lo indicó Cavalcanti para el Brasil.
En los noventa, como hemos visto, el país ha sido el adalid de los países latinoamericanos con su apertura económica al modelo global: un fuerte ajuste estructural, la privatización completa de sus empresas públicas y un acceso pobremente limitado al uso y usufructo de sus recursos naturales en casi todos los rubros productivos. Si bien es cierto que desde el punto de vista macroeconómico el país ha alcanzado las metas impuestas, desde la óptica del desarrollo Argentina no ha crecido (0 % en el año 2000), mientras que los impactos socioambientales no se han hecho esperar: la desaparición de la pequeña y mediana empresa (industriales y agropecuarias), un aumento creciente del desempleo urbano y rural (7,1 % en 1989, 15,4 % en 2000), fuertes migraciones internas y externas, pauperización de los ingresos y flexibilización laboral, que junto con una débil o inaplicable legislación ambiental impactan y degradan por igual recursos naturales y humanos.
El éxodo rural, buscando especialmente nuevos empleos o mejores oportunidades, se encuentra en la actualidad con una pared que es la falta de trabajo o la posibilidad de empleo mal remunerado. En este sentido, tanto en la ciudad como en las franjas periurbanas y el campo, la pobreza y la indigencia han aumentado de manera escalofriante. En 1991, el número de pobres en las áreas urbanas y periurbanas de Buenos Aires pasó de 2.327.805 a 3.466.000, pero lo más alarmante es que la indigencia , una categoría inferior aún a la pobreza, aumentó más aún de 324.810 a 921.000 (aumento del 184 %) compatriotas en el último año. Las cifras se repiten en todo el país, donde se estima que el 40 % de los argentinos es pobre. Es decir que de una población total de 37.000.000 de personas, habría casi 15 millones de pobres, donde su crecimiento se explica especialmente por el desempleo, la disminución de los ingresos para casi el 70 % de la población de la región y la reducción del número de beneficiarios de los planes de empleo y ayuda económica, incluidos los subsidios cuyos montos se bajaron de 160 a 120 pesos.
En el ámbito de la producción agropecuaria, el país siempre ha aplicado las tecnologías disponibles - cuando la relación beneficios/costos es positiva -, con el objeto de afiatar un modelo agroexportador asentado sobre una de las regiones productivas más ricas del mundo: La Región Pampeana. Pese a esta alta adopción tecnológica, en los años precedentes de Revolución Verde – con su intensificación en calidad de semillas y capital – Argentina ha utilizado proporcionalmente mucho menos que sus competidores – EE.UU., Europa – agroquímicos y fertilizantes sintéticos, haciendo que hasta hace muy pocos años fuese reconocida mundialmente como un área de producción de alimentos más naturales. Además, el adecuado sistema de rotaciones agrícola-ganaderos, permitía mantener la estabilidad ambiental y económica en el mediano y largo plazo, alterada ahora por la agricultura continua, que presiona con fuerza sobre los recursos y se sostiene en el uso consuntivo de herbicidas y fertilizantes, la mayoría importados.
Pero toda esta situación está cambiando velozmente en los últimos años. Los sistemas agroproductivos mixtos han dado su espacio a la producción agrícola, y la adopción de nuevos cultivares e híbridos (Sojas RR, nuevos híbridos de alto potencial, trigos franceses) está directamente vinculada al aumento en el uso intensivo de agroquímicos (especialmente herbicidas, insecticidas, y curasemillas) y de fertilizantes sintéticos, promovidos actualmente tanto por las propias empresas vendedoras de semillas como por los organismos privados de productores o las instituciones oficiales.
Aumentos de escala, los nuevos actores y la desaparición de las PYMES agropecuarias
Si bien es cierto que la adopción de la tecnología del ADN recombinante ha sido masiva en la Argentina (Pengue b, 2000), también lo es el hecho que estos beneficios no han alcanzado de manera equitativa a todos los productores que la adoptaron, mientras que los costos de producción de muchos establecimientos medianos y chicos crecen por problemas de la presión impositiva, bancaria, acceso y dependencia de los insumos.
El conocido problema del manejo de malezas, especialmente en soja, fue la punta de lanza para este ingreso tan exitoso desde el punto de vista comercial empresario, de la soja en Argentina. El control de malezas absorbía aproximadamente un 40 % de los costos de control de producción, sumado a una necesidad y complejidad del manejo y combinación de herbicidas, poco accesible para el conjunto medio de los productores.
La llegada de las sojas RR, con su simplicidad, y el bajo costo relativo del herbicida glifosato, crearon una demanda de semillas y agroquímicos nunca vista antes en el país.
Este proceso ha ido acompañado de un aumento en la concentración de las explotaciones, un recambio generacional proclive aún más a las innovaciones y el productivismo más que la calidad.
Es así que, en este sentido, son los grandes agricultores los que representan la parte más atractiva de la torta del comercio vinculado a la venta de semillas, fertilizantes y agroquímicos. Estos productores exitosos necesitan escala para producir materias primas cuyo precio es tendencialmente bajo, a medida que por su propia producción haya un notable excedente de materias primas, lo que genera una necesidad de supervivencia en detrimento de los pequeños y medianos, que endeudados desde mediados de la década del noventa, no pueden resistir su caída del sistema (Cuadro Nº 7).
De allí la necesidad de las empresas proveedoras de insumos de conocer estos cambios y tendencias de su mercado, donde aproximadamente estos 100.000 productores agrícolas de la pampa húmeda compran insumos por 1300 millones de dólares. De éstos, 31.000 productores correspondientes al segmento de explotaciones medianas y grandes adquieren unos 880 millones (70 por ciento), mientras que los más chicos acceden solamente al 30 por ciento restante.
El modelo que prima, entonces, responde a la utilización de las mejores variedades comerciales y la aplicación intensiva creciente de agroquímicos, que las convierte en variedades de alta respuesta –y no como se indica, de alto rendimiento-. Para producir, “hay que darles de comer”. De esta forma, aumentan también las hectáreas fertilizadas, donde el 70 % de la superficie del maíz y el trigo actualmente se abona. El consumo por ejemplo, de urea y fosfato diamónico en trigo y maíz, es de más de un millón de toneladas, seis veces más que en la década pasada. A esto debemos sumar que otros insumos, antes escasamente utilizados, son los fungicidas y los curasemillas, que comienzan a ser utilizados cada vez más en trigo y soja (10 y 90 % respectivamente).
Inclusive dentro de la misma Región Pampeana, hay marcadas diferencias entre los productores del sudeste bonaerense y aquellos del sur de Santa Fe, la “pampa gringa”, que polarizan la cuestión a nivel regional. Mientras que los del sur bonaerense cuentan con una superficie promedio mayor de 429 hectáreas, el 37 por ciento tiene estudios universitarios y terciarios, el 33 por ciento recibe asesoramiento externo y sólo el 10 % de ellos vive en el campo, en el sur de Santa Fe la superficie media sigue siendo de 180 hectáreas, el 17 por ciento tiene estudios terciarios, el 21 recibe asesoramiento y casi el 40 % de ellos sigue viviendo en su campo.
Esta importante diferencia marca pautas culturales diferenciales, y una cierta resistencia al cambio, que indicaría que aún los productores del sur de Santa Fe no han sido absorbidos plenamente por el modelo agrícola intensivo.
Lamentablemente, esta pérdida de explotaciones se viene manifestando fuertemente en el propio EE.UU., ahora en México (según Barkin, 2001, de 24.000.000 quedan solo 4.000.000 de productores/campesinos) y en Argentina, tres países que han abierto su sistema productivo, y son paradigmáticos del modelo imperante.
Es así que en la actualidad, en los Estados Unidos, luego del fuerte proceso de concentración agrícola, el 75 por ciento de la producción es realizado por el 17 % de las explotaciones, mientras que en Argentina, el 75 % de la misma, es aportado por el 37 por ciento de los establecimientos, lo que indica que lamentablemente, Argentina - tan similar al sistema productivo norteamericano en cuanto a cuestiones agronómicas, técnicas y hasta sociológicas – tiene aún una gran cantidad de agricultores, que quedarán fuera del sistema productivo en poco tiempo, de continuar la actual tendencia.
·Los insumos estratégicos y la creciente dependencia externa
Así como el gasoil venía siendo un insumo imprescindible para la producción, el actual sistema ha generado también una creciente dependencia en relación con los herbicidas necesarios para sostener la producción. De la participación mundial de transgénicos, Argentina representó el año pasado unos 10 millones de hectáreas, de las cuales más del 90 % están ocupadas por sojas RR. Esta situación ha hecho que el consumo – por incremento de la superficie y del número de aplicaciones – comience a crecer en forma exponencial en términos del herbicida glifosato (por ej., de 28.000.000 litros a 58.000.000 entre 1998 a 1999). A partir del año 2000, la cifra superaría – si bien no hay estadísticas oficiales – los 100 millones de litros y continúa creciendo. Si bien es cierto que en la Argentina el precio del glifosato se redujo en casi diez veces desde su incorporación al modelo de la siembra directa en los noventa, también lo es que, pese a haber más de veinte empresas que lo comercializan e importan -¡!- y a la caída de la patente del herbicida, son sólo cuatro las que establecen el precio en el mercado – Monsanto, Atanor, Dow y Nidera – ocupando casi el 75 % del mismo. El proceso ha producido, además, una caída en los precios de los otros herbicidas, lo que a su vez permite al productor incrementar sus compras y el consumo de los mismos, apelando a una aplicación más intensiva e insumo-dependiente, en detrimento de un necesario y real Control Integrado de Malezas, pobremente aplicado – por un mayor esfuerzo de procesos y escasez de técnicos – en toda la Región Pampeana.
·Necesidades de una política nacional de I+D y de alternativas apropiables en la sociedad. El aprovechamiento de las tecnologías de procesos
“La improvisación ha dejado imborrables marcas en nuestro desarrollo reciente. Los procesos de desarrollo más relevantes de los últimos 30 años, como la expansión de la frontera agrícola, la agriculturización pampeana, el pasaje de un sistema agroexportador dominantemente cerealero a otro de cereales y oleaginosos, la desindustrialización, especialmente en la producción de maquinaria pesada, la entrada de paquetes tecnológicos en el sector agrícola insumo-dependientes, el deterioro de las funciones de organismos del Estado de enorme influencia en la investigación científico-tecnológica, y el control de sectores productivos claves, como el INTA, INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), el desmantelamiento de 30 institutos del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) de los que la cuarta parte estudiaba directa o indirectamente temas ligados a la producción y el medio ambiente, fueron todos procesos no planificados adecuadamente, de resultados decididamente negativos o inciertos. No se previeron, ni planearon, ni evaluaron los impactos sociales y ecológicos de la apertura de fronteras agropecuarias en numerosos frentes simultáneamente, lo que le hizo perder eficacia económica y capacidad de mitigar los problemas ambientales, sociales y económicos en los que se hallan hoy inmersas las áreas en expansión.
La decisión privada ha estado omnipresente en el manejo de los hábitats y recursos naturales, haciendo ilusoria toda conservación del patrimonio fuera de las áreas naturales protegidas. Pecaríamos de inocentes si creyéramos que esto es consecuencia de falta de conocimiento técnico-científico, o un problema de educación ambiental. Sin embargo, no puede culparse a las multinacionales ni a los sectores privados por la expoliación de los recursos. Hay una enorme carencia de políticas ambientales que promuevan el manejo sustentable y generen las decisiones activas de protección del patrimonio natural.
Existe un fuerte componente de falta de información, especialmente en lo que se refiere a modelos de predicción, que permitan identificar las funciones o variables que desencadenarán el cambio ecológico o socioeconómico ante un impacto ambiental. No hay una política de investigación y desarrollo que permita estudios de largo plazo acerca de la evolución de los sistemas y, especialmente, de monitoreo y seguimiento de objetivos móviles, es decir de factores y procesos de evolución rápida vinculados con el uso de la tierra.”(Morello, J y Matteucci, S, 2000)
Lamentablemente, la actual tendencia en investigación agropecuaria indica un fuerte sesgo a la producción científica privada, es decir una apropiación de la ciencia y la tecnología sólo por una parte, cada vez más pequeña, de la sociedad. Este hecho se hace muchísimo más marcado en los países en vías de desarrollo, donde a lo máximo lo que se implementa son las tecnologías importadas del norte. En Argentina, el INTA cumplió un papel fundamental en el desarrollo de importantes regiones del país. Si bien con un sesgo netamente productivista y regional – por la importancia específica de la Región Pampeana – la multiplicidad de actores y su integración con los productores locales permitieron desarrollar“tecnologías híbridas” fácilmente apropiables por el conjunto social. Asimismo, fue esta institución, la base de la mejora genética de muchas especies, y su función, si bien aprovechada por el sector privado, alcanzó a muchos productores con nuevas variedades y semillas que luego reprodujeron libremente. Pero ahora, sin recursos y con un éxodo masivo de muchos técnicos, su función, al igual que la de muchos otros organismos de ciencia y técnica, está fuertemente mellada.
El desarrollo de programas sociales, de los cuales el INTA fue artífice principal – Prohuerta, Cambio Rural – está en riesgo de desaparecer, lo que sumará aún más indigentes a la creciente masa de productores empobrecidos.
En los temas de Ingeniería Genética, la investigación exitosa – es decir, la que ha alcanzado el canal comercial – proviene en su totalidad del sector privado, mientras que algunos organismos del CONICET y el INTA luchan por mantener sus laboratorios y líneas particulares a flote, en una continua amenaza de falta de recursos y transferencia de los esfuerzos de años hacia el sector privado.
Si en las cuestiones vinculadas a la investigación biotecnológica queda claro que el país se encuentra muy lejos de tomar sus decisiones y la forma de indicar el rumbo, más importante aún es conocer si se ha programado un sistema de evaluación de los riesgos ambientales y socioeconómicos de la nueva tecnología recombinante. Y aquí, si bien se sabe que son pocos los recursos destinados para tales fines en los países desarrollados (a modo de ejemplo, un 10 % en Inglaterra, un 1 % en EE.UU.), podemos afirmar que estamos muy cerca de los valores de nulidad.
Los tipos de productos desarrollados por la Ingeniería Genética están preparados para ser aún más insumo dependientes que lo que son hasta ahora – más herbicidas, más curasemillas, más fertilizantes – y no menos. Inclusive las anunciadas segunda y tercera ola de estos productos están muy lejos de ser liberadas realmente al mercado, por el rechazo actual de los consumidores. De todas formas, las líneas de investigación actuales siguen marcando una fuerte tendencia hacia la producción de eventos con nuevos caracteres agronómicos de resistencia a plagas o tolerancia a herbicidas en nuevos cultivos como el maíz, o el girasol, de interés para los productores agrícolas, principales clientes de estas empresas. Los últimos registros de inscripción de eventos para ensayos en CONABIA (corresponde a la Comisión Nacional Asesora en Biotecnología Agropecuaria), indican que el 97 % de ellos responden a caracteres agronómicos, mientras que sólo el 3% podrían eventualmente llegar a ser del interés de los consumidores.
Los países en desarrollo, por supuesto la Argentina, necesitan mantener una política de investigación en Ciencia y Tecnología independiente, o por lo menos con un fuerte sesgo regional que le permita por una parte lograr producción científica apropiable por el conjunto científico regional - investigación conjunta de enfermedades y plagas – y producir y apoyar la gestión de tecnologías de procesos, fácilmente apropiables por el conjunto social, especialmente los sectores pauperizados. Estas tecnologías, fácilmente apropiables y difundidas socialmente, pueden ser una alternativa económica viable, frente a los promotores de las técnicas insumo-dependientes que han empobrecido especialmente a nuestros pequeños y medianos productores.
·El
fortalecimiento de los mercados. Alternativas y Diversificación
Ha
quedado en claro que la tendencia actual del proceso propuesto en la agricultura
argentina es hacia la intensificación, concentración de riqueza y expulsión de
los pequeños y medianos agricultores. Una situación muy lejana de la
sostenibilidad socioeconómica y ambiental, que implica un serio riesgo para el
desarrollo con equidad e incluso la propia supervivencia de la sociedad.
Pero por otra parte, se está construyendo en la misma, frente a un modelo que desde la esfera gubernamental oficial se quiere proponer como único, al igual que los lobbistas privados, un modelo social y productivo alternativo, creciente (Gabetta, C, 2001). Es aquél de las tecnologías intensivas en el uso de recursos humanos y factores, y bajas en insumos, que crecen tanto para los mercados internos (PSA Programa Social Agropecuario, Prohuerta Programa de ayuda para la Auproducción de Alimentos, Cambio Rural, ONGs, agrupaciones barriales, religiosas, etc.) como para los externos.
En el mercado interno, el exitoso programa de autoproducción de alimentos orgánicos – Prohuerta – abastece, mediante la entrega de su propia semilla, la dieta alimentaria básica – hortalizas y aves orgánicas – durante todo el año a aproximadamente tres millones de argentinos, bajo condiciones extremas de pobreza, en las áreas urbanas, periurbanas, y en menor medidas, rurales.
En el mercado externo, es notable la demanda de productos “verdes”, especialmente en los de más altos ingresos, que son generalmente nuestros compradores, y a los que aún – ¡antes que sea tarde! – podemos garantizar la inocuidad y naturalidad de muchos de nuestros ambientes regionales. La situación es particularmente interesante para estas Pymes agropecuarias a las que habrá que ofrecerles nuevas alternativas productivas como las “especialidades”, tales como los productos orgánicos, naturales, derivados de agriculturas de bajos insumos, ganadería extensiva, que, como dijimos, cuenta con precios y demanda en los mercados mundiales. Esto no es una panacea, es una realidad económica y una salida para las Pymes que aún representan sólo en la Región Pampeana argentina el 51 % de su superficie, que se suman a muchas economías regionales que hasta ahora estuvieron en franco retroceso y proceso de desaparición. Sólo en nuestros tradicionales compradores como la UE, la producción orgánica involucra unos 7.300 millones de dólares en un mercado mundial creciente de 16.000 millones a los que Argentina tiene mucho por aportar con su producción natural certificada tanto extensiva (ganadería, cereales y oleaginosas) como intensiva (frutas, hortalizas, olivos, miel, yerba). Es mucho lo que el Estado puede hacer y muy poco lo que ha hecho para definir una política agropecuaria de desarrollo sostenible. Hasta ahora se han tomado sólo medidas puntuales y coyunturales – inclusive en un claro apoyo y apertura hacia la permisividad de los productos derivados de la ingeniería genética - y no la decisión de apoyo y fomento a una estrategia participativa y de expansión y reconocimiento de los nuevos productos. Incluso dentro de alimentos especiales, se podría dar cabida – si tuviesen reconocimiento y demanda por parte del consumidor y se mejoraran las condiciones de control ambiental y sus impactos sobre la cadena productiva – a ciertos productos propuestos por la biotecnologia como algunos alimentos especiales o nutracéuticos, utilizados para el tratamiento de enfermedades, muy promocionados pero con nula salida al mercado, y cuya discusión y verdaderos beneficios a la sociedad deberían debatirse mucho más ampliamente, de cara a la verdadera incertidumbre y falta de seguridad científica que los mismos aún provocan (Funtowicz y Ravetz, 1994).
Posiblemente la ingeniería genética ha llegado en una etapa inadecuada de la Humanidad (Pengue, c, 2000), donde prima en todo el mundo, el individualismo, el afán por el lucro desmedido e inmediato, la mercantilización de la naturaleza y la concentración de la ciencia y la tecnología en muy pocas manos, generalmente privadas. Habrá entonces que discutir mucho más ampliamente la verdadera distribución de costos y beneficios y la agenda propia e independiente en este sentido y en el más amplio, que es como alcanzar a favorecer verdaderamente a los más desprotegidos y subalimentados en un país que desborda de alimentos como Argentina".
·Bibliografía (...)
Fuente: www.biodiversidadla.org/.../Expansión+de+la+soja+en+Argentina.doc
Julio de 2001 / BIODIVERSIDAD 29
2. Transnacionalización de la producción, la provisión de insumos, el procesamiento industrial, la distribución final y formación de precios de alimentos
Con la soja al cuello: crónica de un país hambriento productor de divisas
Por Diego Domínguez y Pablo Sabatino
"(…) Los resultados provisorios del Censo Nacional Agropecuario 2002 y la situación actual del país confirman la crónica anunciada que algunos han ilustrado como la transformación del granero del mundo enrepubliqueta sojera. Se ha consolidado un modelo agropecuario consecuente con las políticas neoliberales que estuvieron en auge en la década del noventa. Un modelo de producción y distribución de alimentos orientado al exterior, insumo dependiente, basado en la producción a gran escala y en el desarrollo de un monocultivo transgénico como es la soja. Mientras el país se hacía más desigual en términos de distribución de la riqueza y los índices de desocupación crecían abruptamente, el agro argentino caminaba hacia un tipo de agricultura sin agricultores, concentradora a la vez que excluyente. Este trabajo trata de abordar procesos que no deberían restringirse a problemas propios de un sector de la economía, el agro. La gran transformación de la estructura agraria que registra el último CNA expresa procesos más amplios referidos a la reorganización territorial del país, a cambios en el ejercicio del control de los recursos naturales, a la disputa tanto al interior de los saberes científicos como entre éstos y los saberes de sentido común, y a una acentuación del agro como productor de insumos para la agroindustria de exportación y ya no como productor de alimentos para las poblaciones locales.
INDICADORES DE LA TRANSFORMACIÓN. PRESENTACIÓN DE DATOS CNA 2002 La magnitud de las transformaciones de los últimos catorce años queda plasmada, en parte, en los datos que arroja el último CNA. La cantidad de explotaciones agropecuarias (EAPs) se redujo un 20,8%, es decir, existen hoy 87.668 EAPs menos que en 1988, registrándose a su vez un aumento del 20,4% en la superficie media de las EAPs, que pasó de 469 hectáreas en 1988 a 588 en 2002. Con respecto al stock ganadero se puede observar que si bien las cabezas de ganado bovino se mantienen estables entre censos, la Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA) de 1994 y de 2000 arroja un dato interesante. En la ENA 1994 se calculaban 53.156.954 de cabezas de ganado, mientras que la ENA 2000 registra 48.674.400, vale decir, hubo una variación negativa de 4.482.554 de cabezas de ganado. La superficie total de las EAPs en 2002 es de 174,8 millones de hectáreas, observándose en la variación intercensal una merma de 2,6 millones de hectáreas. A la par de dicho proceso se produce un aumento del 8,7% de la superficie implantada en primera ocupación, lo cual implica una mayor superficie destinada a la agricultura. En términos generales, los datos disponibles del CNA 2002 nos permiten realizar las siguientes observaciones: - se ha producido una importante reducción de explotaciones agropecuarias; - hay un fuerte aumento del tamaño medio de las explotaciones agropecuarias; - el stock ganadero tuvo un leve ascenso; - aumentó la superficie destinada a la agricultura; - el cultivo de soja registra un importante aumento; - se produjo una reducción significativa de la superficie destinada a cultivos industriales.
EXPANSIÓN DE LA SOJA COMO RASGO DISTINTIVO. LA MUTACIÓN DEL MODELO Los datos del CNA 2002 expresan la consolidación del modelo de agricultura industrial que paradigmáticamte encarna la soja. El primer dato importante es el crecimiento del área sembrada en el país con oleaginosas (soja y girasol), que pasó de 6.938.881 a 12.938.127 de hectáreas, es decir, un crecimiento del orden del 86%. Si hacemos un corte por región, el crecimiento es variable, pero en todos los casos espectacular: un 60% para la región pampeana, un 86% para la región del NEA, y un 138% para la región del NOA. Este crecimiento extraordinario debe ser atribuido casi totalmente a la soja, pues de hecho, si discriminamos entre los dos principales cultivos calificados como oleaginosos, observamos que mientras el girasol registra un leve descenso del 4,8%, el cultivo de soja –como se observa en el Cuadro 1– aumenta un 150,3%. Este significativo crecimiento le valió a la soja el calificativo de “pilar de la agricultura”, con el que el diario La Nación la bautizó (La Nación, 2002). La producción de soja tuvo un sostenido aumento desde principios de los años ochenta. Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA) la campaña 1980-1981 arrojó una cosecha de 3,7 millones de toneladas, la campaña 1990-1991 fue de 10,8 millones de toneladas y la de 2001-2002 estuvo en el orden de los 30 millones de toneladas. Las estimaciones para la presente cosecha calculan que de una producción total de 70 millones de toneladas, la soja aportará 35 millones. Cuando en plena crisis argentina de 2001-2002 los medios de comunicación destacaban la cosecha récord o lasuperproducción agrícola como logros que beneficiarían a todo el país, de lo que se trataba era del boom sojero, o sea, de las más de 10 millones de hectáreas y casi 30 millones de toneladas de la campaña 2001 que, prácticamente en su totalidad, serían destinadas al mercado internacional. En palabras de uno de los mayores defensores de este cultivo: “la gran protagonista del auge agrícola es la soja, que está creciendo a un ritmo de 3 millones de toneladas por año. El boom vino con las variedades RR” (Clarín, 2003a). En el mismo clima de éxito que se presentaba a la soja como fenómeno, se postulaba desde el Estado y el sector privado la posibilidad de asentar la recuperación y desarrollo de la economía del país en el sector primario, capaz de fabricar miles de empleos. En efecto, según el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá: “está claro que tenemos que encontrar un modelo de desarrollo propio del país, en el que la producción de alimentos debe jugar un papel destacado” (Clarín, 2003e). O bien, en palabras del presidente de la empresa Cargill: “las posibilidades de un desarrollo económico sustentable de nuestro país están indisolublemente ligadas a la expansión de las exportaciones del complejo agroindustrial, que incluye desde productos primarios hasta alimentos procesados” (Clarín, 2003a). Este discurso sin fisuras que quiere reubicar al sector agroexportador en el centro de la economía, empleador del 43% de la población económicamente activa, expresa públicamente el objetivo de alcanzar las 100 millones de toneladas de producción de grano, para lo cual deberían tenerse en cuenta algunas cuestiones: eliminación de las retenciones a las exportaciones, flexibilidad fiscal con el sector, incremento de los controles sanitarios y fiscales a la economía informal, mejora de la presencia en los mercados internacionales, promoción de la ingeniería genética en semillas, respeto de la propiedad intelectual, créditos con tasas más bajas, guerra a los subsidios. Toda una plataforma para profundizar un modelo de agricultura volcado a la demanda externa, desvinculado de la realidad local. Podríamos agregar que la apuesta por la exportación estaría basada fundamentalmente en el aparentemente ilimitado crecimiento de la producción sojera, que ya en 2002 había facturado más de 7 mil millones de dólares.
Resumiendo esta postura, que emerge con fuerza en el contexto del avance del cultivo de la soja en Argentina, se trata de impulsar una agricultura industrial. Este proyecto de agricultura industrial para el sector productor de alimentos, que aquí llamamosmodelo agropecuario hegemónico, se consolidó alrededor del desarrollo del paquete tecnológico de la soja RR (resistente al glifosato) y la siembra directa (no remoción del suelo). Es decir, consideramos que el renovado impulso del discurso productivista y globalizador en el agro –que se despliega en nuestro país al margen del hambre, la desocupación, la protesta social, la corrupción, etc., como si no tuviera ninguna relación con ellos, y mucho menos responsabilidad– se vincula con la incorporación de la biotecnología, sobre todo en la soja, a partir de 1996. En ese año se aprueba el evento de Monsanto para la soja resistente al glifosato (agroquímico Round Up) de la misma empresa.
Aquel año ha signado para Argentina un punto de inflexión en la medida en que la soja transgénica se transformó en el modelo de agricultura a seguir, en todos los rincones del país donde se pueda; y donde no se pueda, se aplicarían otras especies con la misma perspectiva agrícola: biotecnología para una agricultura industrial volcada al mercado global. La mutación del modelo ha sido, desde ya, paulatina. Sin embargo, su consolidación debe rastrearse a mediados de la década neoliberal, momento en que el Estado argentino aprueba la comercialización y liberación al ambiente de la soja RR. En efecto, en 1996, mediante la resolución Nº 167 de la SAGPyA (1996) “el Estado autoriza la producción y comercialización de la semilla y de los productos y subproductos derivados de esta, provenientes de la soja tolerante al herbicida glifosato de la línea 40/3/2 que contiene el gen CP4 EPSPS”. A partir de esta medida se inicia la siembra de soja transgénica, que registra un avance en superficie cultivada mucho mayor al documentado en el censo (que no diferencia entre una y otra semilla), dado que la soja transgénica debió desplazar primero a la soja no transgénica, para luego sí, sustituir otros cultivos, o actividades, o áreas disponibles2. Hoy en día prácticamente la totalidad de la producción sojera es genéticamente modificada. La introducción de la soja RR, su asociación a la siembra directa y los altos precios internacionales fueron los pilares sobre los que se apoyó el crecimiento vertiginoso de este cultivo, que representa el 43% de la superficie sembrada y el 44,4% del volumen de granos producidos a nivel nacional (SAGPyA-Dirección de Agricultura, 2002). Según los apologistas de la biotecnología, los “elementos básicos que han sostenido este fantástico crecimiento [son] obviamente una sostenida demanda externa, el advenimiento de fenómenos tecnológicos como la siembra directa y la soja resistente al glifosato. Son los tres pilares del aumento” (La Nación, 2002). Los rindes en toneladas por hectárea, que venían bajando desde 1990 (2,42 tn/ha) hasta llegar en 1996 a 1,81 tn/ha, se recuperan en 1997, estabilizándose en la media nacional de 2,68 tn/ha de la campaña 20023. Con respecto al aumento de los rendimientos debemos tener en cuenta la influencia de una multiplicidad de factores. Esta recuperación de la soja es explicada generalmente desde el discurso de los actores del “modelo agropecuario hegemónico” como resultado de las innovaciones tecnológicas en el mejoramiento de simientes (variedad de soja RR) y en el manejo “conservacionista” del suelo (siembra directa). Sin embargo, hay otros factores de gran importancia, como el incremento en la utilización de fertilizantes de síntesis química, y fundamentalmente la incorporación de tierras vírgenes o de aquellas donde se rotaba ganadería y agricultura con una dotación de nutrientes que favoreció la productividad del nuevo cultivo. Estos dos factores nos parecen centrales, ya que, como se observa en el Gráfico 1, la superficie destinada a la soja desde la campaña 1971-1972 a la campaña 2002-2003 crece abruptamente. Con lo cual, en sintonía con lo señalado por Teubal y Rodríguez (2002), consideramos que la recuperación del rinde medio de la soja se vincula más bien con el avance de la frontera agrícola que con las innovaciones tecnológicas. En el Gráfico 1 puede verse el despliegue espectacular del cultivo de soja. En efecto, si prestamos atención a la evolución histórica La soja ingresa al país en la década del setenta: “entre 1970 y 1980 se reemplaza la ganadería por la agricultura. El cultivo de soja fue el más importante en cuanto a la asignación de superficie. Luego se incorpora el doble cultivo trigo-soja de segunda” (Cloquell y Denoia, 1997: 68). Desde sus inicios presentaba problemas en relación con las malezas (por ejemplo, con el sorgo de alepo), que eran controladas con laboreo y herbicidas. Pero ya en los años ochenta, aquellas áreas que habían sido trabajadas con soja mostraban signos de erosión: “el exceso de laboreo fue uno de los factores que contribuyó a la degradación, sin duda. Empezó con la soja. Antes no se estaba haciendo tanto daño” (entrevista a productor de la región pampeana en Cloquell y Denoia, 1997). Las causas que señalan algunas investigaciones hacen hincapié en la cuestión del monocultivo de soja, que ingresó de la mano de propuestas técnicas de intenso laboreo y desplazó prácticas menos expoliativas del medio ambiente, como la rotación agricultura-ganadería. El doble cultivo soja-trigo sin rotación con ganadería implicó un mayor grado de presión sobre los recursos naturales: “con el doble cultivo se duplica el tiempo de producción sobre el suelo. En pocos años, de 1980 a 1990, la eficiencia energética disminuye, asociada con la degradación del recurso suelo, lo que obliga a utilizar mayor cantidad de insumos para reemplazar la oferta energética del recurso degradado” (Cloquell y Denoia, 1997: 62).
En este contexto, la investigación científica, volcada a resolver los problemas de los paquetes tecnológicos, postuló a la técnica de la siembra directa como un modo de evitar labores excesivas y conservar el suelo. La Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID), señala: La Siembra Directa es un Sistema Productivo Integral y no una técnica más que puede adoptarse eventualmente. Sólo entendiéndola así, aprovecharemos al máximo sus beneficios [...] La Siembra Directa permite producir sin degradar el suelo, mejorando en muchos casos las condiciones físicas, químicas y biológicas del mismo. Además logra hacer un uso más eficiente del agua, recurso que en cultivos de secano es generalmente el factor limitante en la producción. Así, el sistema logra niveles productivos altos con estabilidad temporal y en armonía con el ambiente (AAPRESID, 2002). Sin duda, muchos productores empezaron a combinar la siembra de soja, que tenía altos precios en el mercado internacional (alrededor de los 150 dólares por tonelada), con estas nuevas técnicas conservacionistas: “las erosiones hídricas y eólicas en nuestros suelos, débiles en estructuras y de bajo tenor en materia orgánica (1,5 al 2%), no nos dieron opción: teníamos la obligación moral de volcarnos hacia prácticas conservacionistas” (Productor de la estancia “Don Alfonso” en Bragado, de 700 hectáreas, en Agroconnection, 1999). La lógica patrimonialista de los productores los llevó a incorporar la siembra directa, que se presentaba como la manera de seguir en la producción sin agudizar el deterioro de sus tierras al punto de la pérdida de suelo cultivable. La siembra directa, presentada como conservación del ambiente, fue adoptada por los productores como una necesidad para conservar el patrimonio familiar: “para la producción familiar, la sustentabilidad se incorpora como parte de la estrategia de reproducción. En esta estrategia tiene que ver también el control de los costos de los insumos industriales, el trabajo familiar y la obtención de rendimientos” (Cloquell y Denoia, 1997: 70). Según los promotores de la siembra directa, su difusión está relacionada principalmente con necesidades menores de mano de obra, con una economía de tiempo, un menor desgaste en la maquinaria, mejoramiento de la cantidad de agua superficial, disminución de la erosión, mayor retención de humedad, aumento de la infiltración de agua en el suelo y menor emisión de gas carbónico en la atmósfera (Derpsch et al., 2000). La siembra directa en América Latina ha crecido a un ritmo sostenido. Según algunas mediciones, de 1987 a 2000, la superficie trabajada de este modo ha pasado de 670.000 hectáreas a 29.000.000 de hectáreas (Derpsch et al., 2000).
Cabe aclarar que, si bien la siembra directa en Argentina aparece asociada con la eficiencia económica de una producción para el mercado externo, en otras partes de América Latina se vincula mayormente con la agroecología y el desarrollo de cultivos regionales en poblaciones campesinas. En nuestro país, emerge más bien en el encuadre de un capitalismo que precisa tener en cuenta la externalidad de la degradación ambiental en tanto perjudica la productividad: “la valorización de la cuestión ecológica está enmarcada en el mediano y largo plazo en la competitividad de un capitalismo ecológico. La sustentabilidad en la agricultura está relacionada con la productividad continua y la preservación del funcionamiento del ecosistema” (Cloquell y Denoia, 1997: 56). El salto definitivo, que consolidaría un modelo productivoindustrial en el agro argentino, vino con la soja RR. De este modo, al contar con esta innovación biotecnológica se hacía posible aplicar el glifosato, un herbicida total o de amplio espectro, para que arrasara con todas las malezas en cualquier momento, sin afectar el cultivo de soja. La siembra directa y la soja RR conformaron un paquete tecnológico que sustentó el avance de este cultivo y llevó a la siembra directa a cubrir 9.250.000 de hectáreas en la campaña 2000-2001. Pues bien, más allá de las auto-justificaciones que enarbolan los actores comprometidos con este paquete tecnológico, ¿cómo se explica este avance del cultivo de soja transgénica en combinación con la siembra directa?, ¿por qué los productores han adoptado masivamente este cultivo y las técnicas que involucra? Desde la perspectiva de los productores medianos y grandes, el vuelco masivo al cultivo de la soja, y sobre todo de la soja RR, vino de la mano de una combinación entre altos precios internacionales y una baja en los costos de producción. Mientras la soja cotizaba por encima de los otros cereales de exportación, los costos de su producción bajaban: por un lado, debido a la reducción sostenida del precio del glifosato, y por otro, a la menor mano de obra necesaria por la utilización de la siembra directa (Teubal y Rodríguez, 2002). A ello deberíamos agregar que Monsanto no estuvo cobrando las regalías por la patente de la soja RR, lo cual también redundó en una reducción de los costos. Estos elementos indican que la adopción de la soja estuvo asociada a la preeminencia de una racionalidad económica entre los productores: “cuando vino la soja, valía; nosotros dejamos el girasol porque venía mal. La soja tenía un precio que nos dejó comprar herramientas. Compramos tractor nuevo y todas las herramientas adecuadas para trabajar; se cambiaban todas las cosas porque la soja valía” (entrevista a productor de la región pampeana en Cloquell y Denoia, 1997).
La asociación entre soja RR y siembra directa que facilitó la ampliación de la frontera agrícola, avanzando sobre zonas marginales y montes nativos, explica en gran medida el avance de dicho cultivo en la región extrapampeana. Un trabajo elaborado por la Dirección de Agricultura de la SAGPyA sostiene en sus conclusiones: A partir del comportamiento del cultivo en ambas regiones (pampeana y extrapampeana), se concluye que la soja ha desplazado a otros cultivos (efecto sustitución) y, a su vez, se ha difundido a zonas antaño consideradas marginales desde el punto de vista agroecológico con buenos resultados gracias, justamente a la asociación soja transgénica + siembra directa (SAGPyA, 2002)Vemos que a partir de la aparición en escena de la soja transgénica, la superficie de los principales cultivos disminuye de modo considerable. El algodón, aunque no disponemos de datos actualizados para la campaña 2002-2003, registra ya un descenso pronunciado. El arroz ha descendido en superficie cultivada un 40,3%; le sigue el sorgo, con una disminución del 26,3%; luego el maíz, que bajó su área sembrada en un 25,7%. El girasol, por su parte, perdió un 23,8% de superficie cultivada. En el caso del trigo, cabe aclarar que el porcentaje de pérdida de superficie es bastante menor a los demás (14,5%), y que su fluctuación en el período es muy alta. Pero, sobre todo, debe señalarse que la incorporación del cultivo de soja transgénica ha influido en menor medida sobre el descenso del área sembrada con trigo, ya que el trigo y la soja son dos cultivos que se combinan en la secuencia trigo-soja5. Esta gran transformación que señalamos como producto de la irrupción de la soja transgénica, que sustentamos a partir de los datos censales y de los admitidos por suplementos periodísticos del sector, se ha dado generalmente a expensas de otros cultivos. Pero también sobre otras actividades agropecuarias, como los tambos, la ganadería, cultivos industriales, etcétera; cuando no sobre la ampliación de la frontera agropecuaria avanzando sobre montes nativos (como en el caso de las provincias de Chaco, Formosa, Santiago del Estero y Salta). Ángel Girardi, presidente de la Asociación de Productores de Carne Bovina de la Argentina (APROCABOA), ilustra esta situación cuando sostiene: Vemos con preocupación el estancamiento peligroso del sector ganadero en los últimos años. Se contrapone a esto un avance espectacular de la frontera agrícola, desplazando la ganadería de zonas tradicionales de cría e invernada. Esta sojización llevó a que nos falten dos generaciones en el campo argentino: los hombres que se fueron y las vacas que no están [...] todos sabemos que es más sencillo extender la agricultura sobre la base de la labranza cero, la biotecnología y genética adecuada. Basta llevar las máquinas, la inteligencia y agroquímicos en forma estacional, levanto la cosecha y si quiero me vuelvo a mi región con todo (Clarín, 2003a). La actividad lechera es otra de las que sufrió un impacto considerable frente al nuevo modelo que trae la soja transgénica. Hasta el año 1998 la producción de leche creció de modo sostenido, para luego caer en 2003 a los mismos niveles productivos de 1995. El total de vacas lecheras también bajó desde 1988 a esta parte, aunque el mayor descenso se registre a partir de los años en que la soja RR inicia su ascenso. Este proceso de regresión en la actividad se puede observar con más claridad cuando se tiene en cuenta la desaparición de establecimientos tamberos. Estos descendieron a la mitad de 1988 a 2003. Ahora bien, al tiempo que los tambos dejaban lugar al cultivo de la soja, se produjo una concentración de la actividad, lo que se puede constatar en la media de vacas por tambo, que aumentó a casi el doble. Es decir, que ante el avance de la soja van desapareciendo los pequeños productores abastecedores de los mercados locales, fueron quedando los mayores, que vuelcan su producción al mercado externo: Los grandes innovadores apuntan directamente a una lechería de exportación, rompiendo con el paradigma dominante, que plantea una lechería doméstica en la que sólo se exportan los “saldos” [...] la exportación es el único camino para salir de las crisis recurrentes en las que cae la cadena láctea, precisamente por no haber estado integrada al mundo (Clarín, 2003c). Desde el discurso del progreso científico y la producción racional y eficiente para el mercado existe conciencia del proceso que señalamos, aunque se presenten los impactos como verdaderos logros y beneficios: “su avance (de la soja RR) ha sido territorial, desplazando actividades Mientras la soja avanza en casi todas las provincias donde se la está cultivando, las cabezas de ganado disminuyen y los demás cultivos se achican. La diversidad de producciones (algodón, lentejas, caña de azúcar, leche, carne, arroz, etc.) que abastecían al país se redujeron frente a la uniformidad de la soja de exportación, generando un inexplicable
desabastecimiento y aumento de la canasta básica argentina. Desde la devaluación del año 2002, la canasta básica alimentaria (CBA) aumentó un 73%, y sólo cuatro de los veintitrés productos que la constituyen explican casi la totalidad del aumento: la leche, la carne, el queso y el pan; casualmente los productos (excepto el pan) que provienen de la ganadería, es decir, la actividad más afectada con el avance de la soja (Clarín, 2003d). Aunque estos sean los productos que más aumentaron, no deben descuidarse los problemas con otros, como las legumbres, que en 2002 combinaron menos superficie cultivada con malas cosechas, lo que obligó importarlos de Chile y Canadá. A su vez, los productores agropecuarios desaparecen, aumentando los índices de pobreza y desocupación de nuestro país. Vemos que la desocupación rural, particularmente la de las pequeñas ciudades del interior aumentó, debido a la desaparición de los cultivos regionales y al ahorro de mano de obra que conlleva la producción sojera.
De este modo, observamos que el crecimiento del cultivo de la soja (pilar del modelo de agricultura industrial) se da a la par de un profundo proceso de modificación de la estructura social agraria, signado principalmente por la importante cantidad de productores pequeños y medianos que abandonaron o se vieron forzados a dejar la actividad agropecuaria. ¿Es apenas una casualidad? ¿Por qué esto es así? ¿Acaso no nos aturden los voceros del establishment con que la soja conviene a los intereses del país? Este proceso de transformación social, presentado como mera adopción tecnológica, comporta importantes consecuencias tanto al interior del sector agropecuario como en la sociedad argentina. ¿Tuvo, acaso, el debate público que debería darse en el seno de la sociedad a un tema tan sensible y determinante para los intereses nacionales?
CARACTERÍSTICAS DEL MODELO En Argentina la soja avanza en detrimento de otras actividades. La extensión del monocultivo de soja transgénica trae sus riegos: a nivel ambiental, se pone en peligro la biodiversidad y se multiplican los casos de contaminación (animal, vegetal y humana); a nivel comercial, el país se convierte en un “monoproductor” atado a los vaivenes del precio internacional de un commodity como la soja; a nivel tecnológico, se depende exclusivamente del desarrollo de tecnología que generan las multinacionales, lo cual implica a su vez una apropiación por parte de las mismas de una renta tecnológica. Pero tal vez el mayor de los riesgos sea la profundización de un nuevo paradigma tecnológico y productivo que podríamos definir como agricultura industrial o agricultura sin agricultores. Entender bien los mecanismos que implica este cultivo nos llevará a comprender el sentido que está tomando este paradigma productivo y tecnológico que se pretende imponer en la producción de alimentos. Ahora bien, ¿en qué sentido el avance de la soja transgénica significa, a su vez, el avance de una agricultura industrial? Para responder a esta pregunta tomemos varios niveles de análisis.
ADOPCIÓN DE NUEVAS TECNOLOGÍAS Tanto con el glifosato, como con la soja RR, lo que se presenta es un horizonte de mayor dependencia de los productores en relación con la compra de insumos producidos por multinacionales. Pero también de una dependencia cognoscitiva, ya que la biotecnología no es un conocimiento producible y apropiable por comunidades campesinas o por pequeños productores individuales. Por un lado, porque no es un saber local, sino que responde a la lógica científica subordinada al capital global. Y por otro, porque es inaccesible en costos, por el nivel de inversión necesario en investigación y aplicación. Por último, el nivel de dependencia más significativo que genera la biotecnología es el de haber desplazado a los agricultores como los sujetos sociales reproductores de la semilla. La adopción de nuevas tecnologías como la soja resistente al glifosato ha sido combinada exitosamente con la técnica de siembra directa, ya que es posible no realizar labores para erradicar las malezas que pudieran competir con el cultivo, pues se aplica glifosato. Entonces, tenemos la composición de un paquete tecnológico, que además de aumentar la dependencia de insumos, reordena el trabajo de siembra. Esto significa que se hacen necesarias otras maquinarias, y se alteran los procedimientos anteriores de laboreo de la tierra. El resultado es un aumento de las ventas de sembradoras de siembra directa, y un ahorro de mano de obra en las tareas de siembra, que en la soja transgénica va de un 28 a un 37% (Teubal y Rodríguez, 2002).
AUMENTO DE LA INJERENCIA DEL CAPITAL FINANCIERO EN LA PRODUCCIÓN AGROPECUARIA Uno de los rasgos distintivos del modelo de agricultura industrial que se consolida es la presencia de flujos de capital financiero en la agricultura que canalizan sus inversiones a través de pools de siembra o fondos de inversión. El objeto de los mismos es asegurarse retornos superiores a los brindados en la actividad especulativa. Para operar, por lo general, se conforman empresas ad hoc controladas por estudios agronómicos, o grandes acopiadores, o importantes proveedores de insumo. La mayor parte de los capitales que intervienen corresponden a: 1) bancos, compañías financieras y administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones; 2) empresas productoras y proveedoras de insumos para el agro; 3) inversionistas aislados (Posada y Martínez de Ibarreta, 1998). El capital no se inmoviliza en la compra de tierras que, por lo general, se arriendan, sino que se destina capital circulante a la compra de insumos (semillas, agroquímicos, etc.) y a la estructura de gerenciamiento y comercialización. Los rasgos fundamentales de dichas prácticas consisten en generar economías de escala con una importante ingeniería gerencial y comercial que permitan una mejor posición para obtener ventajas a la hora de negociar tanto lo referente a la pre-cosecha (compras de insumos) como a la comercialización de la cosecha. Este tipo de prácticas produce una serie de consecuencias en los mundos rurales, que debemos tener en cuenta. Un elemento importante es que la mayoría de los fondos no tiene vinculación alguna con las zonas en donde se practica la actividad productiva. Al realizar sus compras de insumos directamente al fabricante (logrando importantes reducciones en los precios) se deteriora la red de proveedores locales, influyendo negativamente en la actividad comercial de pueblos y ciudades. Por otra parte, el hecho de la cesión de tierras trae aparejada una serie de consecuencias, principalmente cuando se trata de pequeños y medianos productores. Generalmente, los pools o los fondos buscan maximizar el empleo de la tierra arrendada. La mayoría de las veces este hecho implica un uso no sustentable de la misma, lo cual redunda en un deterioro del recurso (agotamiento del suelo). Esto, por su parte, conlleva un menor valor de arriendo futuro en caso de que el productor desee seguir arrendándola, en tanto que si desea retomar la actividad productiva en el predio, deberá realizar una mayor inversión en fertilizantes para reponer las pérdidas sufridas por el suelo. De esta manera, mediante la injerencia de sectores económicos externos a la agricultura, se refuerza una lógica productiva fundada en lo inmediato, en la maximización de los resultados físicos y económicos a corto plazo, en la obsesión por la productividad, con el detrimento de los equilibrios naturales (Mazzeto Silva, 2001: 35). ORIENTACIÓN DE
LA PRODUCCIÓN A LA DEMANDA EXTERNA Argentina históricamente se ha caracterizado por ser un país agroexportador. Sin embargo, había combinado las ventajas comparativas de cada región a partir de una amplia variedad de cultivos. Esto no sólo permitía una presencia diversificada en el mercado internacional ampliando la capacidad de juego frente a las fluctuaciones de precios, sino que ponía a disposición del mercado interno un conjunto de productos capaces de conformar una oferta satisfactoria y accesible a los distintos sectores sociales. Lo que el avance de la soja transgénica viene a consolidar es la primacía del principio agroexportador que ha estado siempre presente en el agro argentino frente a una oferta diversificada y accesible. La revolución de la soja transgénica que avanza sobre cultivos que abastecían el mercado interno modifica así la geografía agropecuaria del país, anteriormente vinculada a satisfacer las necesidades del mercado interno mediante una oferta diversificada, y desplaza los cultivos tradicionales en favor del monocultivo de soja de exportación. En la provincia de Córdoba el avance de la soja desde 1988 ha sido de un 62%. Pero tal crecimiento, además de estar acompañado de la pérdida de un 17% de cabezas de ganado, ha sido a expensas de la desaparición de otras actividades económicas, como los tambos que cubrían esa provincia. En Santa Fe el proceso es similar. Allí el avance de la soja ha sido de un 59%, también sobre los establecimientos productores de leche. En este contexto es comprensible que la leche en el mercado interno aumente, puesto que ha caído su producción desde que la soja RR entró en escena y agudizó el desplazamiento de ese tipo de actividad. Pero, mientras avanza la soja, las actividades desplazadas sufren también un proceso de concentración. De 1988 a 2003, el número de vacas por tambo ha crecido: de 62 a 117 vacas promedio. En este ejemplo vemos que la ausencia de políticas no es ausencia de Estado; es también una forma de política de Estado, que orienta de un modo u otro la producción hacia el mercado externo o interno, y de gran o pequeña escala.
PROPIEDAD Y CONTROL DE LA TIERRA El cambio en la relación entre propiedad y control de la tierra constituye una de las transformaciones más importantes operadas en la estructura fundiaria argentina, que se caracterizó en el pasado por poseer ciertos niveles de homogeneidad. La desaparición de un 20,8% de las explotaciones agropecuarias junto con el aumento del 20,4% en la superficie media de las explotaciones son procesos que acompañan el desarrollo del modelo de agricultura industrial. Por una parte, desde fines de los años ochenta se observa una expansión de la frontera agrícola mediante la incorporación de tierras anteriormente marginales, generalmente pertenecientes a regiones extrapampeanas, y principalmente del NEA y del NOA. En estos casos se avanzó sobre monte nativo, o en su gran mayoría se incorporaron tierras abandonadas por firmas que cesaron en su explotación y tierras fiscales que fueron ocupadas por productores familiares. La ausencia de políticas hacia el sector obligó a muchos pequeños y medianos agricultores a implementar estrategias que les permitieran seguir reproduciendo su existencia y la de sus predios. Muchos de ellos, incentivados desde los organismos estatales o desde los medios de comunicación especializados, vislumbraron una posibilidad cierta en la salida hacia adelante, lo cual implicaba un fuerte proceso de incorporación de tecnología. Muchos no pudieron sostener la dinámica que traía aparejada dicho proceso, ya que favorecía la concentración de la producción en unidades de mayor tamaño, mejor capacitadas para incorporar tecnología y obtener financiamiento en condiciones ventajosas. En muchos casos la expansión de la frontera agropecuaria generó la expulsión de campesinos con tenencia precaria de la tierra, como lo muestra el alto índice de desaparición de EAPs en casi todas las provincias.
En la actualidad la concentración de la tierra es, a nuestro entender, una cuestión que excede la forma que asuma la propiedad de la misma. En la nueva lógica, la del modelo de agricultura industrial, lo importante es el control de la tierra y no tanto la propiedad, dado que esta implica una alta inmovilización de capital. Los mecanismos para el control de la tierra residen principalmente en los volúmenes de capital necesarios para emprender las actividades productivas en las actuales condiciones de mercado, lo cual obliga, por ejemplo, a aquellos que no los posean, a entregar tierras en arriendo. Los mismos exponentes de este modelo postulan claramente el nuevo escenario sobre el control de la tierra: “la propiedad no se está concentrando, lo que se está concentrando es el gerenciamiento” o “yo soy un sin tierra. El 80% de lo que siembro no es en tierra propia. Cualquier persona que tenga una buena idea y buen management puede sembrar” (Página/12, 2004).
CONTROL Y
DEPENDENCIA CON RESPECTO A LAS MULTINACIONALES
Las
empresas multinacionales han adquirido un papel central en el sistema
agroindustrial argentino
(SAA). Es decir, en las últimas décadas se observa un proceso de
extranjerización en este espacio socioeconómico –entendido como el ámbito de la
producción agropecuaria, la provisión de insumos agropecuarios y la
comercialización, procesamiento industrial y distribución final de alimentos
(Teubal y Rodríguez, 2002: 65). Como señalan Teubal y Rodríguez, los cambios más
significativos del sistema agroindustrial argentino corresponden a los procesos
de concentración y centralización, e integración vertical del capital, que
modificaron su tradicional estructura, en la que coexistían un gran número de
pequeñas y medianas empresas con algunas grandes empresas, por lo general de
capital nacional. Las empresas multinacionales avanzaron sobre espacios del
capital nacional o estatal, obteniendo una posición dominante en lo referido al
almacenaje, procesamiento y comercialización, y en la producción y provisión de
insumos para la actividad agrícola.
Este proceso facilitó
la consolidación de oligopsonios en varios complejos agroindustriales
(por ejemplo, en el complejo lácteo, dos compañías controlan
prácticamente la totalidad de la actividad); en otros casos, la concentración y
centralización del capital facilitó la captura de negocios altamente rentables
como el caso de la cuota Hilton10 donde cinco empresas (Swift Armour, Quickfood,
Friar, Gorina y Finexcor) dominan el 55% del mercado, y si tomamos a las diez
primeras empresas del sector, la participación asciende al 77% del mercado de
carnes de exportación. Al analizar el caso de las multinacionales dedicadas a la
exportación de cereales observamos que siete empresas (Cargill, Bunge, Nidera,
Vincentín, Dreyfus, Pecom-Agra y AGD) concentran el 60% del volumen de granos
exportados.
En consonancia con lo anterior, también se observa que creció la
concentración de la comercialización con el auge del
supermercadismo
introduciendo nuevas dinámicas en los sistemas agroalimentarios, dado que la
consolidación de los hiper y supermercados
“como poderosos clientes de las industrias de la alimentación, cambió las
reglas comerciales previas y los poderes relativos de negociación”
(Gutman, 1999: 36).

ESCENARIOS FUTUROS El modelo agroalimentario está atravesado por transformaciones y conflictos profundos, que expresan de algún modo la crisis que se observa en los sistemas políticos e institucionales de la modernidad capitalista. Es decir, se trata de procesos que evidencian puntos críticos de la modernidad, no sólo aquellos referidos al control de los recursos naturales y al rol del Estado-nación como garante de derechos universales, sino también a la relación hombre-naturaleza y la producción de conocimiento. En este sentido, consideramos que el problema alimentario no sólo desnuda las promesas incumplidas de la modernidad, sino que a su vez, expone de manera descarnada los excesos en el cumplimiento de otras. Como señala Sousa Santos:
La promesa de dominación de la naturaleza, y de su uso para el beneficio común de la humanidad, condujo a una explotación excesiva y despreocupada de los recursos naturales, a la catástrofe ecológica, a la amenaza nuclear, a la destrucción de la capa de ozono, al surgimiento de la biotecnología, de la ingeniería genética, y de la consecuente conversión del cuerpo humano en mercancía.
La promesa de una paz perpetua, basada en el comercio, en la racionalización científica de los procesos de decisión y de las instituciones, llevó al desarrollo tecnológico de la guerra y al aumento sin precedentes de su poder destructivo.
La promesa de una sociedad más justa y libre, basada en la creación de riqueza posibilitada por la conversión de la ciencia en fuerza productiva, condujo a la expoliación del llamado Tercer Mundo, y a un abismo cada vez mayor entre el Norte y el Sur (Sousa Santos, 2000: 56).
El modelo agroalimentario que postulan el productivismo y el proyecto industrial remite a un tipo de conocimiento que se mueve entre una cada vez mayor potencia de realización y una cada vez menor posibilidad de previsión: “la expansión de la capacidad de acción todavía no está acompañada de una expansión semejante de la capacidad de previsión, y por eso la previsión de las consecuencias de la acción científica es necesariamente mucho menos científica que la acción científica en sí misma” (Sousa Santos, 2000: 58). El desarrollo de la agricultura biotecnológica es paradigmático de este problema nodal del proyecto moderno para la humanidad. Giddens (1997) señala la fuerza que en los pensadores de la modernidad tenía la idea de que la creciente información sobre los mundos social y natural aumentaría nuestras posibilidades de controlarlos. En ella estaba presente la conexión entre conocimiento y control: Se trata de un mundo de cantidades iguales de oportunidad y peligro […] Cuanto más intentamos colonizarlo, mayores son las probabilidades de que el futuro nos depare sorpresas [...] el riesgo parece ser apenas una parte de un cálculo esencial, un medio para sellar fronteras a medida que invadimos el futuro [...] Cuando la naturaleza es invadida, e incluso “saqueada”, por el proceso de socialización humana y la tradición es disuelta, emergen nuevas formas de incalculabilidad. Pensemos por ejemplo en el calentamiento global [...] la modernidad se convirtió en un experimento a nivel global [...] Este no es un experimento como los de laboratorio, porque no podemos controlar los resultados dentro de parámetros fijos (Giddens, 1997: 7-8).
En Argentina, la cosecha récord tiene como contracara un severo impacto ambiental. Cada nueva cosecha extrae nutrientes (sobre todo nitrógeno, potasio y fósforo) que no se reponen al mismo ritmo: “anualmente Argentina exporta millones de toneladas de nutrientes naturales que no se recuperan de manera sustentable: 3.500.000 toneladas de nutrientes. La soja, motor de la agricultura argentina exportadora, representa casi el 50% de esta cifra” (Pengue, 2003: 16). Si adoptamos una perspectiva que postula la defensa de la sustentabilidad ambiental y de la biodiversidad, el argumento de la fertilización de síntesis química (no natural) se debilita: “si se insiste en recurrir a uno o muy pocos cultivos, a pesar de sus buenos precios coyunturales y de los beneficios que puedan producir para un sector determinado, la agricultura de reposición a través de la aplicación de fertilizantes será necesaria, pero no suficiente para proteger el ambiente” (Pengue, 2003: 16). Se presenta como indiscutible el riesgo ambiental que significa profundizar el modelo de agricultura industrial, que actualmente se propone alcanzar la producción de 100 millones de toneladas de granos. Hasta el momento, la supuesta eficiencia productiva lograda se realizó sobre la base del subsidio natural otorgado por la fértil pampa argentina. Pero esto ha entrado en crisis, y lo que emerge es el resultado de años de sobreexplotación de la tierra. El abandono de la rotación agricultura-ganadería, sumado al avance del monocultivo de la soja RR, han logrado comprometer la base productiva para las próximas décadas. Desde este ángulo de análisis, podría decirse que el monocultivo sojero es un rumbo crítico para la sustentabilidad ambiental, la diversificación transgénica (maíz, girasol, trigo, etc.) sólo puede agravar las posibilidades de los ecosistemas argentinos de asegurar a las generaciones futuras una dotación de recursos naturales suficiente para satisfacer sus necesidades. El monocultivo de soja transgénica, o bien la diversidad transgénica, como expresiones acabadas del proyecto industrial en la agricultura, no pueden más que profundizar la erosión genética: El carácter artificial y homogeneizador de los métodos modernos de producción, junto a la uniformización de los hábitos alimentarios, van estrechando el universo y la base genética de las especies y variedades cultivadas, generando la llamada erosión genética.
La búsqueda incontinente de la máxima productividad física y del trabajo, vía mecanización, privilegia determinados genotipos en detrimento de otros, haciendo desaparecer un sinnúmero de especies y variedades, la mayoría desarrollada y manipulada milenariamente por poblaciones indígenas y campesinas (Mazzeto Silva, 2001: 30).
En el escenario de la post-devaluación, aquellas críticas sostenidas desde los mundos campesinos, ecologistas, académicos, etc., encontraron el momento propicio para plantear sus divergencias. La defensa de la soberanía alimentaria, la diversidad productiva, la sustentabilidad ambiental y la defensa de la biodiversidad, y la generación de tecnologías más democráticas eran algunos de los argumentos que estaban detrás del pedido de una agricultura con agricultores que abandonara el camino de la republiqueta sojera. Los productores empezaron a percibir los lazos de dependencia que se habían ido creando con las empresas multinacionales. Cuando estalló la competencia por el mercado de glifosato o el conflicto por el pago de las regalías por semillas transgénicas, los productores visualizaron con claridad la distancia entre sus intereses y aquellos de las multinacionales, y hasta qué punto el mercado estaba en manos de tales actores del capital concentrado que puede controlar los precios y vedar el ingreso de cualquier competidor. Así se instala en el escenario del nuevo modelo agrícola un primer nivel de conflicto que no estaba presente. Los productores que no pagaban las regalías por el derecho de propiedad intelectual sobre el material genético de las semillas están viendo cómo la situación se revierte en beneficio de los grandes laboratorios. La estrategia de mercado de Monsanto, que consistió en no cobrar regalías en un principio, hoy se ha modificado puesto que la multinacional transgénica quiere recuperar su inversión, representando un problema para los productores en tanto ven afectados sus costos de producción. Por otra parte, la tendencia hacia la monoproducción de soja requiere la incorporación de nuevas tierras, vírgenes, o destinadas a otras actividades. Como ya señalamos, esta expansión produjo otro escenario de conflicto. Los ganaderos, desplazados por la soja, ven como una amenaza –para el agro en general y el ambiente en particular– la sustitución de la histórica rotación agricultura-ganadería, por una agricultura intensiva, no generadora de puestos de trabajo. Desde algunos sectores del gobierno ya se oyen críticas a la fuerte dependencia que el país tiene actualmente en relación con el complejo sojero internacional. En este caso, lo que se empieza a postular es la necesidad de avanzar en la biotecnología para otros cultivos, además de la soja. Se apunta a reeditar el éxito de la soja RR, en otros cultivos como el maíz, el trigo, el girasol. De lo que se trata es de no seguir con la monoproducción de soja, impulsando lo que podríamos denominar –en un juego de palabras– como biodiversidad transgénica. Parecería ser esta la postura que persiguen los más lúcidos de la elite cuando critican el avance de la soja. En este contexto es probable que se sostenga en alguna medida cierto debate sobre el modelo agropecuario que debe seguir el país, pues se ha roto el aparente bloque triunfalista del modelo industrial basado en la soja transgénica y la siembra directa. Y aunque el debate sobre otro modelo agropecuario basado en la agroecología esté distante, el desmembramiento del consenso hegemónico posibilita que se expresen y sean escuchados en la esfera pública los campesinos, los ecologistas, y los investigadores autónomos.
El modelo agrario tiende a socavar las bases de la seguridad alimentaria en Argentina. La suba en la canasta básica es apenas un indicador de la crisis alimentaria: podríamos citar la desnutrición, y las amenazas de desabastecimiento que desde los sectores lácteos se expresan cada vez con más asiduidad. La producción agropecuaria, es decir el uso de los recursos naturales orientados al sistema agroalimentario, no se direcciona hacia la alimentación de la población local, sino que se mueve mayormente con el único fin de obtener divisas, que muchas veces se fugan al exterior. Las opciones que se presentan para resolver esta crisis versan sobre la necesidad de aumentar las retenciones al agro, de modo que los grandes productores y acopiadores opten por volcar sus productos al mercado interno; o bien sobre la disminución del valor de los bienes que más han aumentado, para hacerlos más accesibles a la población en general y así poder bajar los índices de indigencia; o bien se refieren a políticas gubernamentales combinadas con la agricultura familiar, los mercados locales, las tecnologías apropiadas y apropiables, y la promoción de organizaciones sociales en áreas rurales: políticas de tierras, de crédito a la producción, de apoyo técnico e investigación científica direccionada por los productores, de fortalecimiento de las redes locales existentes, etcétera. Mientras las retenciones y la baja en los costos pueden tomarse en el plano de políticas de Estado en el corto plazo, la reconstitución de una agricultura con agricultores –que no depende solamente del Estado– es quizás un proyecto a mayor plazo, pero también de mayor impacto en la búsqueda por eliminar la crisis alimentaria, pues altera las bases mismas del modelo agroexportador y biotecnológico que se impone, modifica las formas de producir y distribuir, y teje nuevos lazos con los consumidores. No es casual que, dadas las condiciones actuales, el modelo que se está imponiendo esté permanentemente avanzando sobre la agricultura familiar, tal como lo ejemplifica el crecimiento de cultivos destinados a la agroindustria (como la soja) y la disminución de unidades productivas, especialmente las más pequeñas. Pero sobre todo por los casos de violencia rural que aumentan, y tienen como protagonistas a empresas agrícolas, fundamentalmente sojeras, que desalojan familias campesinas e indígenas, algunas veces en el marco de procedimientos jurídicos y otras mediante la pura coerción. Los conflictos que se están produciendo perfilan profundizarse de un modo que los ámbitos rurales del país no habían experimentado en décadas. El avance de una agricultura sin agricultores no sólo se concreta vía las innovaciones tecnológicas y las políticas económicas neoliberales, sino también en base a la violencia explicita sobre las comunidades rurales. Estamos frente a la puja entre modos antagónicos de realizar la agricultura y los mundos rurales, pero también entre distintos modos de construir la sociedad humana y su relación con la naturaleza: La erosión genética [...] coincide con la descomposición de la agricultura familiar tradicional, más aún, disminuye el margen de seguridad alimentaria de los pueblos, por la pérdida de la diversidad genética contenida en una gran multiplicidad de especies y variedades adaptadas a diversas condiciones climáticas y geofísicas (Mazzeto Silva, 2001: 31).
CONCLUSIONES Desde nuestra perspectiva, consideramos que la crisis alimentaria que vive la Argentina no constituye ninguna paradoja, sino que se explica por la aplicación de un modelo de producción y distribución de alimentos orientado al exterior, de gran escala, insumo-dependiente, y basado en el desarrollo de un monocultivo. De este modo caracterizamos el avance del capital concentrado sobre el sistema agroalimentario al que se asistió en Argentina sobre todo en la década neoliberal. Para finalizar, delineamos algunos de los ejes centrales de lo que significa la agricultura industrial en Argentina:
Un régimen productivo que tiende a la concentración de las riquezas –entre ellas, la tierra– en pocas manos, debido a la gran escala de superficie necesaria para mantenerse dentro del sistema.
Un paquete tecnológico que genera dependencia de las multinacionales, debido al uso intensivo de agroquímicos, y al sistema de derecho de propiedad sobre la semilla transgénica.
Un modelo productivo que pone en riesgo la autonomía comercial del país y la biodiversidad, debido al extraordinario crecimiento de la monoproducción de soja, o por la vía alternativa que se buscaría mediante la diversidad transgénica.
Un esquema de incentivos (crédito, infraestructura, asesoramiento técnico, procedimientos legales), orientado al comercio exterior, y no a la provisión de las economías locales, debido a que la racionalidad que impera en torno del agro es meramente de utilidad económica, y no se impulsa a los sujetos sociales que tienen otra lógica en la producción de alimentos (indígenas, pequeños productores familiares, cooperativas campesinas, productores orgánicos y agroecológicos, etcétera). - Pérdida de autonomía (en términos sociales, económicos y tecnológicos) de los productores, al ser relegados al rol de un mero eslabón en la cadena controlada por el capital concentrado: producción- agroindustria-comercialización. - Acentuación del proceso de artificialización de los ecosistemas rurales".
En el libro: Los tormentos de la materia. Aportes para una ecología política latinoamericana. Alimonda, Héctor (comp..). CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires. Marzo 2006
3. Sometimiento de los pueblos a un inestable o imposible acceso a alimentos por los precios en dependencia del negocio de oligopolios
La especulación alimentaria y la "petrodependencia" como detonantes
La crisis alimentaria golpea de nuevo
Por Esther Vivas*
La amenaza de una nueva crisis
alimentaria es ya una realidad. El precio de los alimentos ha vuelto a aumentar
alcanzando cifras récord, en una escalada creciente y consecutiva de precios
desde hace ocho meses, según informa el Índice de la FAO para los Precios de los
Alimentos de febrero de 2011, que analiza mensualmente los precios a escala
global de una cesta formada por cereales, oleaginosas, lácteos, carne y azúcar.
El Índice apunta a un nuevo máximo histórico, el más elevado desde que la FAO
empezó a estudiar los precios alimentarios en 1990.
Este aumento del coste de la comida, sobre todo de los cereales básicos, tiene
graves consecuencias para los países del Sur con bajos ingresos y dependencia de
la importación alimentaria así como para millones de familias, en estos países,
que destinan entre un 50 y un 60% de sus ingresos a la compra de alimentos,
cifra que puede llegar hasta un 80% en los países más pobres. En estos casos, el
aumento del precio de los productos alimentarios los convierte en inaccesibles.
Nos volvemos a acercar a la cifra de
mil millones de personas,
una de cada seis en el planeta, que hoy no tienen acceso a la comida.
El propio presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, lo dejaba claro
al afirmar que la actual crisis alimentaria había hecho aumentar en 44 millones
el número de personas que padecen hambre crónica. Hay que tener en cuenta que en
el año 2009 ya se superó esta cifra, llegando a los 1.023 millones de personas
subnutridas en todo el planeta, cifra que se redujo levemente en 2010, pero sin
regresar a los índices anteriores a la crisis alimentaria y económica de 2008 y
2009.
La presente crisis se da
en un contexto de abundancia de alimentos.
La
producción de comida se ha multiplicado por tres desde los años 60, mientras que
la población mundial tan sólo se ha duplicado desde entonces. Por lo tanto, de
comida hay. No se trata de un problema de producción sino de un problema de
acceso a los alimentos,
a diferencia de lo que puedan afirmar las instituciones internacionales
(FAO, BM, OMC), que instan a aumentar la producción a través de una nueva
revolución verde, la cual no haría más que agravar la crisis alimentaria, social
y ecológica que enfrentamos.
Las revueltas populares
Las revueltas populares en el Norte de África y en Oriente Medio tuvieron entre
sus múltiples detonantes la escalada del precio de los alimentos. En diciembre
de 2010, en Túnez, las capas más pobres de la población ocupaban la primera
línea del conflicto exigiendo, entre otros, acceso a la comida.
En enero de 2011, jóvenes manifestantes en Argelia cortaban carreteras, quemaban
tiendas y atacaban estaciones de policía para protestar por el aumento del
precio de los productos básicos. Casos similares se han vivido en Jordania,
Sudán y Yemen. Y no debemos olvidar que Egipto es el primer importador de trigo
del planeta, dependiente de la importación alimentaria.
Evidentemente a este malestar hay que añadir otros: altas tasas de desempleo,
falta de libertades democráticas, corrupción, déficit de viviendas y servicios
básicos, etc. que constituyeron el núcleo duro de las revueltas.
De todos modos, la subida del precio de los alimentos fue uno de los
detonantes iniciales.
Una causa central
Pero, ¿cuáles han sido las causas de este nuevo aumento del coste de la comida?
A pesar de que instituciones internacionales y expertos en la materia han
señalado varios elementos como: fenómenos meteorológicos que habrían afectado a
las cosechas en países productores, el aumento de la demanda en países
emergentes, la especulación financiera, la creciente producción de
agrocombustibles, entre otros; varios indicios apuntan a la especulación con las
materias primas alimentarias como una de las razones principales de la escalada
del precio de la comida.
De hecho, en el periodo 2007 y 2008 ya se vivió una crisis alimentaria profunda,
con una subida del precio de los cereales como el trigo, la soja y el arroz, de
un 130%, un 87% y un 74% respectivamente. Entonces, como hoy, diferentes fueron
las causas indicadas, aunque destacaban el aumento de la producción en
agrocombustibles y las crecientes inversiones especulativas en los mercados de
futuros alimentarios. Pero este aumento del precio de la comida se estancó el
año 2009, en parte, probablemente, debido a la crisis económica y la disminución
de la especulación financiera.
A mediados de 2010, una vez apaciguados los mercados financieros
internacionales, y con cuantiosas sumas públicas inyectadas a la banca privada,
la especulación alimentaria golpeaba de nuevo y el precio de los alimentos
volvía a subir. Para "salvar a la
banca", tras el estallido de la
crisis financiera de 2008-2009, se calcula que los gobiernos de los países ricos
aportaron un total de 20 billones de dólares para apuntalar al sistema bancario
y rebajar las tasas de interés.
Con esta entrada de dinero, los especuladores se vieron incentivados para pedir nuevos préstamos y comprar mercancías que previsiblemente aumentarían rápidamente de valor. Los mismos bancos, fondos de alto riesgo, etc. que causaron la crisis de las hipotecas subprime son, actualmente, los responsables de la especulación con las materias primas y el aumento del precio de la comida, aprovechándose de unos mercados globales de mercancías profundamente desregularizados.
La crisis alimentaria está
íntimamente ligada a la crisis económica y a la lógica de un sistema que
promueve, por ejemplo, unos planes de rescate en Grecia y en Irlanda,
supeditando la soberanía de estos países a las instituciones internacionales
como se supedita la soberanía alimentaria de los pueblos a los intereses del
mercado.
Garantía o negocio
De hecho, siempre se ha dado una cierta especulación con el precio de los
alimentos y esta lógica impera en el funcionamiento de los mercados de futuros,
que, tal y como los conocemos actualmente, datan de mediados del siglo XIX,
cuando empezaron a funcionar en Estados Unidos. Estos son acuerdos legales
estandarizados para hacer transacciones de mercancías físicas en un tiempo
futuro establecido previamente y han sido un mecanismo para garantizar un precio
mínimo al productor ante las oscilaciones del mercado.
Para explicarlo en pocas palabras: el campesino vende a un comerciante la
producción antes de la cosecha para protegerse de las inclemencias del tiempo,
por ejemplo, y garantizarse un precio a futuro. El comerciante, por su parte,
también, se beneficia. El año en que la cosecha va mal, el campesino obtiene
buenos ingresos, y cuando la cosecha es óptima, el comerciante aún se beneficia
más.
En la actualidad, este mismo mecanismo es empleado por los especuladores para
hacer negocio aprovechando la desregulación de los mercados de materias primas,
que fue impulsada a mediados de los años 90 en Estados Unidos y Gran Bretaña por
bancos, políticos partidarios del libre mercado y fondos de alto riesgo, en el
marco del proceso de desregulación de la economía mundial. Los contratos para
comprar y vender comida se convirtieron en
"derivados" que podían
comercializarse independientemente de las transacciones agrícolas reales. Nacía,
pues,
un nuevo negocio: la especulación alimentaria.
Los especuladores, hoy, son quienes tienen más peso en los mercados de futuros,
a pesar de que sus transacciones de compra y venta no tienen nada que ver con la
oferta y la demanda real. En palabras de Mike Masters, gerente de Masters
Capital Management, si en 1998 la inversión financiera con carácter especulativo
en el sector agrícola era de un 25%, actualmente ésta se sitúa alrededor de un
75%. Estas transacciones se llevan a cabo en las bolsas de valores, la más
importante de las cuales, a nivel mundial, es la bolsa de comercio de Chicago,
mientras que en Europa los alimentos y las materias primas se comercializan en
las bolsas de futuros de Londres, París, Ámsterdam y Frankfurt.
Un "depósito 100% natural"
El
2006/2007, inversores institucionales como bancos, compañías de seguros, fondos
de inversión, entre otros, tras la caída del mercado de créditos hipotecarios de
alto riesgo en Estados Unidos, buscaron lugares más seguros y con mayor
rentabilidad, como las materias primas y los alimentos, dónde invertir su
dinero. En la medida en que el precio de la comida subía, aumentaban las
inversiones en los mercados de futuros de alimentos, empujando el precio de los
granos al alza y empeorando la inflación en el precio de la comida.
En Alemania, el Deutsche
Bank anunciaba ganancias fáciles si se invertía en productos agrícolas en auge.
Y negocios similares proponía otro de los principales bancos europeos, el BNP
Paribas. Pero no hay que ir tan lejos para encontrar ejemplos
concretos.Catalunya Caixa, antigua Caixa Catalunya, instaba, este enero de 2011,
a sus clientes a invertir en materias primas bajo el lema "depósito 100%
natural". ¿Y qué ofrecía? Una garantía del 100% del capital con posibilidad de
obtener una rentabilidad de hasta el 7% anual. Y ¿cómo? En función, como
indicaba en su publicidad, de "la evolución del rendimiento de tres materias
primas alimentarias: azúcar, café y maíz". Para dar garantías de la alta
rentabilidad, la publicidad no dudaba en señalar como la cotización de estos
tres productos, los últimos meses, había aumentado en un 61%, un 34% y un 38%
respectivamente, debido a "la
demanda creciente que va a un ritmo superior a la producción "," por el
incremento de la población mundial "y" su uso en agrocombustibles ".
Catalunya Caixa, pero, obviaba una información importante: la especulación
alimentaria, que tan buenos réditos económicos da, aumenta el precio de los
alimentos, los hace inaccesibles a amplias capas de población en países del Sur
global y condena al hambre, a la miseria y a la muerte a miles de personas en
estos países.
Dependencia del petróleo
Otro elemento que agudiza
la crisis alimentaria es la fuerte dependencia del petróleo del actual modelo de
producción y distribución de alimentos.
De hecho, el aumento del precio del petróleo repercute directamente en
una subida similar del coste de los alimentos básicos. En 2007 y 2008 tanto el
precio del petróleo como el de los alimentos alcanzaron cifras récord. Entre
julio de 2007 y junio de 2008, el petróleo crudo pasó de 75 dólares el barril a
140 dólares, mientras que el precio de los alimentos básicos aumentaba de 160
dólares a 225 dólares, según el Índice de la FAO para los Precios de los
Alimentos.
Y es que la agricultura y la alimentación son cada día más 'petrodependientes'. Después de la 2ª Guerra Mundial y con la revolución verde, en los años 60 y 70, y con el supuesto de aumentar la producción, se apostó por un modelo de agricultura industrial e intensivo. El sistema agrícola y alimentario actual, con alimentos que recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa, con el uso de intensivo de maquinaria agrícola, de químicos, pesticidas, herbicidas y fertilizantes artificiales no subsistiría sin el petróleo.
El aumento del precio del
petróleo así como la estrategia de diferentes gobiernos para combatir el cambio
climático ha conducido, también, a una creciente inversión en la producción de
combustibles alternativos, agrocombustibles, como el biodiesel y/o el bioetanol,
elaborados a partir de azúcar, maíz u otros. Pero esta producción ha entrado en
competencia directa con la producción de alimentos para el consumo siendo otra
de las causas del aumento del precio de los alimentos.El mismo Banco Mundial
reconocía que cuando el precio del petróleo sobrepasa los 50 dólares por barril,
entonces un 1% de incremento de su precio supone un 0.9% de aumento del precio
del maíz, ya que "por cada dólar
que el precio del petróleo aumenta la rentabilidad del etanol y,
consecuentemente, la demanda de maíz para su elaboración también crece".
Desde el año 2004, 2/3 del aumento de la producción mundial de maíz
fueron destinadas a satisfacer la demanda norteamericana de agrocombustibles. En
el año 2010, el 35% de la cosecha de maíz de Estados Unidos, que significa un
14% de la producción de maíz mundial, fue utilizada para producir etanol. Y esta
tendencia va al alza.
Pero más allá de una serie de causas como la especulación alimentaria y el
aumento del precio del petróleo que repercute en una creciente inversión en
agrocombustibles, provocando una competencia entre la producción de cereales
para el consumo o para la automoción,
nos encontramos ante un sistema agroalimentario profundamente vulnerable
y en manos del mercado.
La creciente
liberalización del sector en las últimas décadas, la privatización de bienes
naturales (agua, tierra, semillas), la imposición de un modelo de comercio
internacional al servicio de los intereses privados, etc. nos ha conducido a
esta situación.
Mientras la agricultura y
la alimentación sigan siendo consideradas una mercancía en manos del mejor
postor, y los intereses empresariales prevalezcan por encima de las necesidades
alimentarias y los límites del planeta, nuestra seguridad alimentaria y el
bienestar de la tierra no estarán garantizados.
* Esther Vivas es autora
"Del campo al plato. Los circuitos de producción y distribución de alimentos
"(Icaria ed.). Artículo publicado en La Directa, n. 221.
+ info:
http://www.esthervivas.wordpress.com
Fuente: http://www.rebelion.org/ Ecología social/ 25-03-2011
En consecuencia, la «reforma agraria integral» programa la seguridad de nosotros, los de abajo, al emanciparnos del sistema global de los agronegocios y desarrollar la soberanía alimentaria mediante los territorios como sociedades hermanadas en procura del buen vivir de todos sin discriminación de tipo alguno y mediante la agroecología.