Conflictos
Mayo 2010

Será posible terminar con la transnacionalización de Argentina si...

...desatendemos los falsos antagonismos que los poderes establecidos instalan como «Campo Vs. Industria». Porque, como Daniel Azpiazu y Martín Schorr advierten:

 

ENFOQUE / ORGANIZACIÓN / UNIDAD

 

(http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-3710-2008-12-07.html) “Entre 2002 y 2007, el fuerte crecimiento fabril permitió desandar en parte el proceso de desindustrialización iniciado en 1976 y derivó en una importante creación de puestos de trabajo. Pero también se consolidaron muchos aspectos críticos del regresivo modelo desindustrializador: -Redistribución del ingreso en detrimento de los trabajadores y las pymes.(…) -Mayor concentración económica: en 2007, las 100 empresas más grandes explicaron el 43 por ciento del PBI industrial, frente a un 32 por ciento en 2001 y un 24 por ciento en 1993. -Acelerada centralización del capital con eje en una creciente extranjerización. -Afianzamiento de una modalidad de inserción del país en el comercio mundial pasiva y subordinada, a favor de un mayor predominio exportador de la elaboración de commodities y la “armaduría automotriz”.
(http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4066-2009-10-25.html ) “La ocupación industrial (poco más de 950.000 trabajadores) supone una expulsión de más de 55.000 personas respecto a una década atrás. En este plano también el fenómeno se reproduce por tercer censo consecutivo y remite a una expulsión de casi 375.000 trabajadores en relación con los ocupados en la última fase del proceso sustitutivo. Así, al cabo de tres décadas, la industria expulsó a casi el 30 por ciento de la dotación de mano de obra ocupada y se constituyó en uno de los sectores que más aportó a la problemática de la desocupación y la precarización laboral”. El 29 de abril la Presidenta, durante la firma de un programa de asistencia financiera al sector automotriz, ante decenas de empresarios del rubro, lo definió "estratégico" y "un muy buen negocio".Pero Juan E. Santarcángelo y Germán Pinazo comparando con los 50 (http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=3013) dicen: “Hoy la situación es radicalmente diferente. Si bien son las empresas transnacionales las que dirigen el negocio (en la medida en que el sector terminal está hoy absolutamente extranjerizado), éste no sólo produce pocos efectos sobre el entramado industrial, sino que además tiene escasísimo impacto sobre el empleo asalariado y su remuneración. La información presentada en este trabajo permite observar que el crecimiento de la industria automotriz obtiene como resultado casi excluyente el aumento de rentabilidades de un pequeño grupo de actores que dominan el negocio terminal. Por ende, si el objetivo de la política económica es lograr el desarrollo de un modelo productivo de “valor agregado e inclusión social”, quizá lo conveniente sería repensar el rol de los actores extranjeros que dominan los distintos resortes del entramado industrial, y si éste es compatible con objetivos de esta naturaleza. En la medida en que nuestro país sea visto exclusivamente como un oferente de mano de obra barata y un proveedor de nichos de alto consumo donde valorizar modelos viejos, difícilmente el éxito de dichos sujetos traiga aparejada una realidad sustancialmente distinta de la que estamos acostumbrados”. 


Enfoque  ((VOLVER))

 

De razones para enfrentar al capitalismo y no, sólo a la ultraderecha

Conquistar lo que aparece como imposible que es emanciparnos de estar expoliados por el capitalismo e imperialismo, nos exige -a los de abajo- comenzar por desentramparnos de seguir escuchando a quienes nos mienten y arreglan nuestro infortunio de espaldas a nosotros. Vayamos al grano, precisamos poner en debate que el matrimonio Kirchner interviene a favor del sistema opresor. En la lucha por Memoria, Verdad y Justicia,  juega en contra. Ya durante la dictadura cívico-militar y proimperialista, participó en hacer posible el despotismo financiero y usurero sobre quienes habían contraído deudas en la capital de Santa Cruz. También contribuyó a la viabilidad de la democracia restringida desde su provincia petrolera, pesquera y minera y desde su carácter de sátrapa en la conversión neoliberal del Partido Justicialista. 

Sobre todo pongamos en deliberación pública :

 

 

1. El origen del modelo 'productivo' que rige desde 2002

 

En 2007 Ricardo Ortiz (UBA) y Martín Schorr (CONICET-FLACSO), en "La rearticulación del bloque de poder en la Argentina de la postconvertibilidad", nos relatan:

 

II. La estrategia de la “fracción devaluacionista” ante la crisis de la convertibilidad 

Es evidente que un cambio discursivo comenzó a generarse con creciente fuerza entre los sectores dominantes de la Argentina a partir de las devaluaciones en el sudeste asiático (1997) y Brasil (1999), en coincidencia con el comienzo de una acentuada recesión económica en el orden local a mediados de 1998, que tendría hondas repercusiones sobre ciertas fracciones del bloque de poder, en especial aquellas cuya dinámica de acumulación y reproducción ampliada del capital se apoyaba en lo sustantivo en torno de la actividad manufacturera: caída en las ventas internas, fuerte disminución en la tasa de ganancia, dificultades crecientes para exportar y para seguir beneficiándose de la especulación financiera en el frente interno, etc. Ello, a diferencia de lo sucedido en la crisis de 1995, cuando las firmas líderes prosiguieron con el fuerte proceso de expansión y acumulación que habían venido registrando desde el lanzamiento de la convertibilidad (Schorr y Wainer 2005). Fue en ese momento cuando los representantes de la industria –o, como les gusta autodenominarse, los “sectores de la producción”– reclamaron en forma manifiesta medidas que compensaran la sobrevaluación del peso. (...)

 

A lo largo de esos años (1998-2001) se fueron conformando dos bloques alrededor de los que giraron las disputas por el sentido que adquiriría la salida de la crisis: por un lado, sectores del “empresariado productivo” agrupados en torno de la UIA y, por el otro, buena parte del sector financiero local y las empresas privatizadas. De manera externa a estos dos núcleos se encontraba el principal representante institucional de los acreedores externos: el Fondo Monetario Internacional (FMI), que, tras tener una posición inicial a favor del mantenimiento de la convertibilidad, finalmente terminó cerrando filas detrás de la salida devaluacionista. Desde la perspectiva prodevaluación, en el empresariado argentino las voces calificadas fueron haciéndose escuchar. En esa línea, el grupo económico Techint cumplió un rol más que destacado a la hora de criticar el “modelo” –más allá de que éste lo había beneficiado ampliamente–, y fueron sus propios directivos los que llevaron más lejos el ataque al “1 a 1”. (...)

 

Frente al nuevo gobierno, los sectores prodevaluación intentaron una estrategia dual: en el corto plazo, apostar a las “devaluaciones indirectas” y, con un objetivo cuya concreción les insumiría un poco más de tiempo, impulsar la conformación de una fuerza social de mayor alcance. Para la primera de las metas, prontamente propusieron la mejora de la competitividad externa de las exportaciones vía una disminución de los costos mediante la rebaja de los aportes patronales, el congelamiento del salario mínimo y la flexibilización de las condiciones de trabajo, algo que obtuvieron en forma paulatina, incluso a través de medios ostensiblemente ilegales y que derivaron en una fuerte crisis política como el escándalo de las “coimas” en el Senado para la aprobación de las leyes de flexibilización laboral, que incluyó la renuncia del vicepresidente de la Nación. También con la creación de una “canasta de monedas” que reemplazaría al dólar como único referente del peso convertible. Para el segundo objetivo, el más estratégico, se hacía necesario que el “frente por la devaluación” se extendiera más allá de los sectores empresariales (industriales y algunas entidades agropecuarias) y se acercara a las representaciones de los trabajadores, a buena parte de la clase política y a otros ámbitos (como la Iglesia). No alcanzaba, para ello, con reclamar la rebaja de los costos empresarios a costa del ingreso de los asalariados.

 

Hacía falta asentar un discurso integrador, que rescatara del imaginario social ciertos valores positivos que refirieran a la defensa de “la producción”, “la industria”, “el trabajo”, el “regreso del Estado”, “la Nación”, todos ellos en oposición a las características del “modelo” que habían generado la crítica situación social y económica: “la especulación financiera” y la “extranjerización”, principalmente. Estos planteos estaban formulados de una manera general e interpelaban a un amplio conjunto de grupos sociales a los que, a fines del año 2000, el presidente de la UIA, Osvaldo Rial, los definía de la siguiente manera: La sociedad, los industriales, los productores agropecuarios, los pequeños comerciantes, los trabajadores, los sectores de la cultura y los religiosos debemos entender que de la crisis salimos con un modelo que estimule la producción y el poder adquisitivo de la gente (Clarín, 24/11/00). 

La “salida devaluacionista” de la convertibilidad pudo congregar a muy diversos sectores articulándose en lo ideológico-discursivo sobre la valorización de los mencionados conceptos, los que, por la propia naturaleza de los objetivos del capital concentrado interno que conducía dicho bloque social, estaban definidos de una manera un tanto peculiar. Se insistía en que la convertibilidad y el anclaje cambiario habían sido el origen de todos los males, sin hacer mención al proceso de reformas estructurales que habían sido introducidas como el “caballo de Troya” de las políticas económicas de los años noventa (Nochteff 1999). Así, se eliminaba del diagnóstico un elemento central que determinaba gran parte de las graves condiciones sociales y económicas de finales de la década y que apuntalaron la crisis de 2001.

Ignacio de Mendiguren (UIA) lo expresaba de esta manera: La vulnerabilidad externa se fue agudizando a lo largo de los años noventa como consecuencia de la falta de una política de desarrollo de los sectores productivos y del empresariado nacional, que determinó un significativo déficit comercial, transferencias crecientes de utilidades y dividendos, un aumento vertiginoso del endeudamiento externo; [de allí que] la pérdida de competitividad del sector productivo argentino es una realidad innegable. Desde los inicios de la década de los noventa, se generó una distorsión en los precios relativos de los sectores transables que se tradujo en una apreciación de la moneda nacional y la consiguiente pérdida de competitividad (UIA, 2001). 

 

Los planteos por un “nuevo modelo económico”, sustentados sobre la modificación del tipo de cambio, contaron con el creciente apoyo de amplios sectores del espectro político-sindical nacional y de buena parte de la “comunidad académica” local e internacional (Schorr 2001). Con la mira puesta en construir una fuerza social capaz de impulsar y convalidar este “proyecto productivo”, se insistió en que con él se podría mejorar el ingreso de los sectores populares y se beneficiaría principalmente a las pequeñas y medianas empresas, al vincular más fuertemente, a medida que se profundizaba la crisis, las ideas de “devaluación” y de “redistribución del ingreso”. 

En enero de 2002 el presidente provisional Eduardo Duhalde expresó : “Mi gobierno pondrá fin a la alianza del poder político con el poder financiero, que perjudicó al país, para sustituirla por una alianza con la comunidad productiva” (Clarín, 5/1/02). Para llevar adelante este “modelo productivo”, creó el Ministerio de la Producción, cuyo primer titular fue De Mendiguren, quien repitió el discurso que venía sosteniendo acerca de las “virtudes” del nuevo régimen, el cual debería recomponer el ingreso de los sectores populares:

 “Vamos a reconvertir a los sectores productivos para que tengan valor agregado dentro de una economía abierta, competitiva y globalizada pero de manera exitosa y no para desintegrarnos en ella. Queremos una visión estratégica que nos dé mejores salarios, como hacen otros países” (Clarín, 18/1/02). De todos modos, esta perspectiva no hizo más que retomar, a partir de un nuevo nivel del tipo de cambio (muy superior, en términos reales, al vigente durante la convertibilidad), la vieja teoría del “derrame”, según la cual la recomposición de las ganancias de una parte de la gran burguesía local y de otras fracciones de los pequeños y medianos empresarios productores de bienes transables se trasladaría en parte a los asalariados y la creación de empleo. Ahora bien, en términos estrictos y concretos, la “distribución del ingreso” tal como lo planteaban los sectores devaluacionistas implicaba que la masa de ganancias generada por la economía argentina se  redistribuyera –a partir de los efectos generados por la devaluación– hacia las grandes empresas exportadoras y, en muy menor medida, hacia las pequeñas y medianas industrias que habían logrado sobrevivir al cepo de la convertibilidad.

Al final, el impacto de la devaluación sobre los ingresos de los sectores populares sería absolutamente regresivo, debido a la valorización en divisas que tuvieron los alimentos y a la inflación; así, no se mejoró sino que se agravó la situación de los sectores populares. 

En síntesis, frente a la creciente crisis de acumulación que experimentaba el capital concentrado interno (ya que para una parte importante de la burguesía no podía garantizarse el funcionamiento de la economía y una tasa y regularidad de acumulación capitalista) sumada a la crisis política y de régimen, el grupo devaluacionista logró generar un esquema de alianzas sociales mucho más sólido, inclusivo y plural en su integración que el que conformaron los impulsores de la opción dolarizadora. Para ello fue primordial que ganara la disputa ideológica (identificación del origen y las razones de la crisis) y que se concentrara la solución en una sola medida: la modificación del tipo de cambio. Al no plantearse con similar claridad otros lineamientos de la política futura (sólo se hacían menciones generales a la “distribución del ingreso”), estos últimos fueron interpretados de acuerdo con lo que cada fracción social deseaba o intentaba lograr. Quien pudiera hegemonizar el movimiento social y lograra organizarlo detrás de sus propuestas sería quien llenara de contenido esa reivindicación. En las condiciones de debilidad de los sectores populares propios de tres décadas de políticas neoliberales, la dirección estuvo en manos de los grupos económicos locales y los conglomerados extranjeros productores de bienes transables y orientados a la exportación.  

 

En consecuencia, se terminó por dar la “paradoja” de que si bien la fracción del gran capital que ejerció la conducción del armado del “bloque devaluacionista” tenía por diversas razones menos poder económico que sus contrincantes (por su relativamente bajo peso en la estructura productiva doméstica a raíz de la fenomenal extranjerización de los años noventa, por ocupar un lugar marginal en el mercado mundial, etc.), logró elaborar una propuesta de resolución de la crisis de carácter “inclusivo” (ello, con independencia de que éste fuera genuinamente procurado o un mero artilugio con vistas a agrandar y diversificar su base social de apoyo). Y de ese modo pudo “torcer el curso de la historia” a su favor. Sin duda, reparar en estas cuestiones es de lo más relevante ya que expresan el carácter central que asumen las instancias ideológicas y políticas en el análisis de un proceso económico o, más específicamente, porque indican que en las coyunturas históricas en las que se disputa la hegemonía dentro del bloque dominante, el poderío estructural de un actor no necesariamente determina hacia dónde se inclina “el fiel de la balanza”; su accionar asume más importancia en el plano políticoideológico (...)".

Papeles de trabajo. Revista electrónica del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de General San Martín. ISSN: 1851-2577. Año 1, nº 2, Buenos Aires, diciembre de 2007. http://www.idaes.edu.ar/papelesdetrabajo/paginas/Documentos/02_8_Ortiz-Schorr.pdf 

 

2. Las relaciones de poder que el modelo de "dólar alto" cristaliza

 

En 2007 Ricardo Ortiz (UBA) y Martín Schorr (CONICET-FLACSO), en "La rearticulación del bloque de poder en la Argentina de la postconvertibilidad", nos explican:

III. 1. Un “modelo abierto al mundo 

A mediados de los años noventa comenzó a ganar consenso el discurso que vincula un patrón de crecimiento económico asociado a las exportaciones con la generación de una serie de beneficios que se “derramarían” a toda la sociedad. En efecto, a partir del contraste de la irregularidad de la evolución del PBI durante la convertibilidad (y de la alta exposición de la economía argentina a diferentes shocks externos, tanto de carácter real como financiero), en diversos ámbitos que abarcan desde las representaciones políticas y corporativas hasta los institutos de investigación –públicos o privados–, se han producido –y reproducido– propuestas de salida a las recurrentes crisis económicas que hacen hincapié en la necesidad de superar las restricciones externas vía el incremento de las exportaciones y la instauración de un “modelo exportador” para la Argentina. Luego de la devaluación, las estrategias exportadoras planteadas en los años previos por diferentes actores económicos se vieron reforzadas por las nuevas condiciones generadas por el mejoramiento de la competitividad internacional sostenida en la caída de los salarios reales y el reajuste de los precios relativos. Así, uno de los aspectos más importantes de la salida a la crisis recesiva adoptó la figura del “modelo exportador” como una “opción blanda” (Nochteff 1994) para aprovechar las nuevas condiciones macroeconómicas e insertarse en una economía mundial signada por un aumento considerable de la demanda y la vigencia de precios sumamente favorables para los principales productos exportados por la Argentina, en especial, cereales e hidrocarburos y sus derivados.

 

Esta inserción en las propuestas que hegemonizan el discurso económico se propone como el aprovechamiento de las condiciones “naturales” de la Argentina, al adaptar en muchos casos la teoría de las ventajas comparativas a la situación nacional, asumiendo que la inserción productiva del sector exportador no debe ser modificada y que la distribución regresiva del ingreso, los bajos salarios y la desocupación son un dato “normal”Ello implica convalidar y cristalizar las relaciones de poder al interior del grupo de firmas y sectores exportadores emergentes de una década de convertibilidad y casi tres décadas de desindustrialización. La evidencia empírica disponible indica que las empresas exportadoras no escapan a los graves efectos que ha tenido la aplicación del esquema de apertura económica, desregulación y privatizaciones acontecido durante la década de 1990: distribución regresiva del ingreso, apropiación por parte de los empresarios de los aumentos de productividad, baja generación de empleo y de encadenamientos productivos en el nivel interno (Ortiz y Delfini 2003). Al analizar la evolución de las exportaciones de acuerdo con el tamaño de las firmas, se destaca el hecho de que las ventas al exterior están crecientemente concentradas en un número sumamente reducido (algo más de un centenar) de grandes empresas. Se trata, sin duda, de un muy elevado nivel de concentración económica que, no obstante, hace abstracción de un fenómeno característico de la economía argentina postdictadura militar: el control de un número importante de las principales empresas exportadoras del país por parte de algunos grandes grupos económicos de capital nacional y extranjero. En otros términos, la señalada concentración de las exportaciones no refleja en toda su dimensión el grado de oligopolización realmente existente. Además, dentro del grupo de las firmas líderes que operan en la Argentina queda en evidencia que durante la década de 1990 los sectores más dinámicos en términos de exportaciones fueron los que más disminuyeron la ocupación, a la vez que no incrementaron los salarios. Resulta notable en este sentido la caída del empleo en los sectores vinculados a la producción primaria y agroindustrial, y a la producción industrial más promovida durante los años noventa, como la automotriz (-9%, -2% y - 30%, respectivamente). El conjunto de la industria exportadora, en síntesis, fue responsable de casi la totalidad de la disminución en el empleo del total de las firmas exportadoras. A la inversa, la productividad de estas empresas se incrementó en forma considerable, lo que implicó, dado los niveles de inversión, que el aumento de la productividad se debió fundamentalmente a un aumento de la intensidad de la jornada laboral. Finalmente, y como derivación de todo ello, las empresas exportadoras más importantes de la Argentina fueron, siempre en la década del 90, más regresivas en la distribución de la riqueza generada que el conjunto de las grandes empresas no exportadoras (Ortiz y Delfini 2003). 

Por otra parte, dado que la estructura exportadora argentina y de las grandes empresas se encuentra fuertemente vinculada a las ventajas comparativas naturales, y se ubica en las primeras etapas de la cadena de valor agregado, es difícil que éstas puedan aumentar el volumen de empleo. Incluso en el sector industrial los sectores más dinámicos son aquellos que se asentaron en la explotación de estas ventajas o en actividades que se ubican en las primeras etapas del proceso productivo: elaboración de alimentos, productos derivados de la refinación del petróleo o producción de commodities siderúrgicos. Merece destacarse lo ocurrido con el sector automotor, ya que contó con un régimen especial de “intercambio compensado”, un eufemismo para proteger el negocio de las grandes terminales que operan en el mercado local. A pesar de ello, la producción local ha derivado en actividades de armado y ensamblado de insumos y partes importadas (cuando no en la comercialización directa de vehículos importados por las terminales). 

Como contracara de la apertura económica, la importación de insumos ha producido una disminución en el valor agregado total generado por la actividad y un importante proceso de desintegración de la producción local, al reducir la posibilidad de incremento del valor agregado generado por las empresas locales. Por ello, puede afirmarse que se ha operado un proceso de “simplificación productiva”, reflejado en que muchas firmas industriales han dirigido sus esfuerzos hacia el armado o ensamblado de partes y piezas, al disminuir el grado de “industrialización” de su oferta. Ello, además, se ve confirmado al relevarse las características de las cincuenta empresas que realizan las mayores ventas al exterior. Entre 1999 y 2006, este selecto grupo de firmas incrementó su participación en el total de las exportaciones argentinas, llegando a concentrar más del 60% de los ingresos totales del país por este concepto.  Si se consideran los sectores de actividad en los que se desempeñan estas compañías, las diferencias entre 1999 y 2006 son prácticamente inexistentes: en ambos años, de las diez primeras firmas, sólo había dos exclusivamente industriales (las automotrices Volkswagen y Ford en 1999 –en las posiciones novena y décima–, y Tenaris Siderca y Toyota en 2006, en las posiciones octava y décima, respectivamente); una sola empresa minera (Minera Alumbrera), y el resto estaba constituido por petroleras, cerealeras y aceiteras (Repsol YPF, Pan American Energy, Cargill, Bunge Argentina, Aceitera General Deheza, Vicentín, Dreyfus, La Plata Cereal y otras). Por último, debe mencionarse el fuerte proceso de transnacionalización de la economía argentina durante los últimos quince años, tendencia que –a pesar del discurso oficial sobre el carácter “nacional” del régimen económico surgido tras la devaluación– no se ha revertido. En este sentido, al analizar la composición de la cúpula empresaria local se observa que la participación de las firmas controladas por capitales extranjeros se ha incrementado en su número y en el peso de su facturación y sus exportaciones sobre el total de las ventas internas y al exterior de las doscientas mayores empresas de la Argentina (Ortiz 2006a) cristalizando las relaciones de poder económico emergentes del criticado “modelo de la especulación y la extranjerización”. Como se verá a continuación, este proceso se repite al interior de una de las actividades más dinámicas de la última década: la explotación de los recursos naturales (...)". 

Papeles de trabajo. Revista electrónica del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de General San Martín. ISSN: 1851-2577. Año 1, nº 2, Buenos Aires, diciembre de 2007. http://www.idaes.edu.ar/papelesdetrabajo/paginas/Documentos/02_8_Ortiz-Schorr.pdf 

 

3. El desarrollo del gran capital a costa de fondos públicos y en alianza con el imperialismo

 

Alejandro Gaggero, en "Los Grupos Económicos Nacionales y el proceso de extranjerización del empresariado argentino durante la década de los noventa", señala:(...) mientras que a principios de la década aproximadamente la mitad de las 500 firmas más grandes del país era de capital nacional, diez años más tarde esa proporción se redujo a un tercio.

Este fenómeno fue especialmente intenso a partir de 1994, cuando las grandes multinacionales comenzaron a desembarcar en el país, interesadas en penetrar en un mercado que venía expandiéndose aceleradamente y que contaba con una legislación muy favorable para las inversiones extranjeras. En un período relativamente corto de tiempo, algunos de los más importantes empresarios argentinos, propietarios de «Grupos Económicos Nacionales» (GEN de ahora en adelante), decidieron replegarse, vendiendo sus empresas.

El proceso de retirada de los GEN resulta interesante por diversos factores. En primer lugar, estas organizaciones venían incrementando su presencia en la economía argentina desde los años 60, y a fines de los 80 constituían la fracción empresaria con mayor inserción productiva e influencia política en el país. En segundo lugar, diversos trabajos muestran cómo los grupos nacionales apoyaron las reformas estructurales y el Plan de Convertibilidad llevado adelante por el ministro Domingo Cavallo no sólo al inicio de los años 90, sino hasta muy avanzada la década, cuando el modelo económico mostraba signos de debilidad. (...)

Existe un acuerdo en que la característica que define a los grupos económicos es la administración de varias empresas que se desempeñan en distintos sectores de actividad. En un análisis clásico Leff (1979: 16) desataca que “el grupo es una empresa de gran escala que invierte y produce en varias líneas de productos que involucran integración vertical u otros tipos de complementariedades económicas o tecnológicas”. En la Argentina, como en buena parte de los países periféricos, el «grupo económico» fue la forma organizativa que adoptó el sector más concentrado del empresariado nacional a partir de los años 60.

Pueden identificarse tres orígenes distintos para los GEN. La mayoría de ellos comenzaron siendo pequeñas y medianas empresas instaladas por inmigrantes europeos que se expandieron durante la primera fase de la Industrialización por «Sustitución de Importaciones»(ISI), es decir entre los años 30 y 50. Ejemplos de estos casos son Arcor (se inició como una panadería en 1951), Macri (pequeña constructora), Bridas (comercio de ramos generales en el interior de Santa Fe), entre otros. Un segundo conjunto, menos numeroso, tuvo su origen en la diversificación productiva llevada a cabo por sectores relacionados con familias terratenientes, como los grupos Fortabat, Ledesma y Corcemar. En tercer lugar, pueden encontrarse casos de empresarios europeos, que luego de migrar al país fundaron empresas de tamaño medio con capital acumulado anteriormente: pueden citarse aquí el ejemplo de Bunge y Born.

 

Durante la ISI, los GEN mostraban un importante grado de diversificación, aunque prácticamente todos tenían una muy fuerte presencia en el sector industrial. Una parte de ellos nació íntimamente relacionada con el sector petrolero (Pérez Companc, Bridas, Astra, entre otros), y el hito que marcó su expansión fue el intento de apertura de actividad impulsado a inicios de los años 60 por el gobierno desarrollista. Puede distinguirse otro conjunto de grupos, vinculado a la producción de bienes finales, cuyo desempeño estuvo muy relacionado con los niveles de protección a la producción nacional durante los años 40, 50 y 60. En estos casos (Arcor, Acindar, Alpargatas son ejemplos importantes), la expansión estuvo estimulada por el crecimiento del mercado interno y los altos niveles de las barreras arancelarias. Refiriéndose al conjunto de los grupos, Bisang destaca que no es apresurado afirmar que la acción estatal –directa como productor o indirecta como diseñador/ejecutor de políticas– incidió fuertemente sobre la conformación inicial de los conglomerados. (…) Las vías de influencia fueron, casi con exclusividad, herramientas de política global y recién hasta muy entrados los 70 algunas de corte sectorial y/o regional (Bisang, 1994: 403).

 

La intervención estatal ocupó un rol todavía más importante a partir de mediados de los 60 y durante los 70 y 80. Existe una profusa bibliografía que muestra que el Estado tuvo un rol destacadísimo en el crecimiento que experimentaron estos actores durante esas tres décadas (caracterizadas por una muy pobre performance macroeconómica), mediante los siguientes mecanismos: regímenes de promoción industrial8, el rol del Estado como cliente y proveedor, la liberalización del sistema financiero, estatización de la deuda externa privada y privatización parcial de empresas públicas. Según los estudios disponibles el sector de los GEN fue el que experimentó el mayor crecimiento entre principios de los 70 y fines de los 80. A diferencia de otros casos en el mundo, la expansión de los grupos argentinos se dio en el marco de un mal desempeño macroeconómico nacional. En este contexto los conglomerados argentinos pudieron crecer gracias a la intervención estatal pero ésta –en la mayoría de los casos– no los transformó en actores competitivos a nivel internacional. Con respecto a este punto, cabe destacar que, si bien un reducido conjunto de ellos –ligados sobre todo a la producción agroindustrial– exportaba una porción considerable de su producción, la mayoría destinaba sus productos al mercado interno.

Es así como los grupos llegaron a los 90 luego de dos décadas de fuerte expansión, que implicaron una notable diversificación de sus actividades, pero también un incremento de su concentración en industrias estratégicas para el país: automotriz (SOCMA y COFAL controlaban aproximadamente el 75% de la producción de autos), cementera (Loma Negra y Corcemar controlaban el 60% del mercado), papelera (Celulosa Argentina, Ledesma y Massuh explicaban casi el 90% de la producción) y siderúrgica (Acindar controlaba el 90% de la producción de aceros no planos), entre otras.

Otro rasgo saliente es la vinculación que los grupos nacionales cultivaron con el capital extranjero. Incluso antes de la oleada de privatizaciones, puede constatarse la existencia de emprendimientos mixtos de gran importancia: es el caso de las plantas de Sevel , Pecom NEC, PASA, Pecom Agra, Milar, Philco, entre otras. En gran parte de los casos los socios extranjeros aportaban la tecnología y el know how, mientras que los locales ofrecían su conocimiento del mercado y de las instituciones argentinas.

En lo que respecta a su forma de organización, la mayoría de los GEN surgió y creció manteniendo la propiedad familiar y con una cadena de mandos sumamente vertical en cuya cima se situaba el fundador o grupo de fundadores: Jorge y Carlos Pérez Companc en Pérez Companc, Fulvio Pagani en Arcor, Alejandro Bulgheroni en Bridas, Manuel Acevedo en Acindar, Manuel Madanes en Aluar, Alfredo Fortabat en Loma Negra, etcétera. El paso al costado de esta generación de dirigentes –que se dio mayormente a lo largo de los 80– marcó un punto de inflexión y precipitó cambios relevantes a nivel organizativo.

Como se verá más adelante, entre fines de los 80 y principios de los 90 buena parte de los grupos encaró procesos de reorganización empresaria –muchas veces asesorados por consultoras internacionales–, aunque la propiedad familiar siguió siendo una constante en casi todos los casos. No sólo eso, sino que, a pesar de que comenzó a incorporarse gerencia profesional, la dirección fue “heredada” por un pariente del fundador (generalmente un hijo). Por otro lado, las firmas madres no funcionaban abiertas al ingreso de capitales privados; sólo algunas empresas cotizaban en la bolsa, aunque los porcentajes en manos de terceros por lo general no superaban el 30 por ciento.

Los grupos económicos poseían, además de sus firmas industriales y financieras, importantes extensiones de tierra. En algunos casos su explotación estaba relacionada con su actividad industrial y en otros la explotación agropecuaria funcionaba como una unidad de negocios totalmente independiente. Para 1988 podían identificarse a 6 conglomerados entre los grandes terratenientes (con más de 20 mil hectáreas) de la Provincia de Buenos Aires (Bunge y Born, Loma Negra, Bemberg, Werthein y Ledesma) que sumaban 413 mil hectáreas en la zona más fértil del país. Vale destacar que este dato sólo es una muestra parcial de la importancia de los grupos como propietarios rurales, ya que éstos poseían las mayores extensiones en otras provincias (Basualdo, 1996: 81).

 

2. Los grupos económicos a partir de los 90

Las reformas económicas implementadas por la gestión de Carlos Menem impusieron transformaciones estructurales en la economía argentina que afectaron profundamente a los GEN. En el campo macroeconómico, la implementación de la apertura comercial y el tipo de cambio fijo plantearon desafíos para organizaciones empresarias principalmente mercado-internistas y que durante décadas habían sido protegidas de la competencia externa a través de distintos tipos de barreras arancelarias. Vale recordar que el gobierno aplicó una férrea política de liberalización comercial, que hizo bajar el arancel promedio de 26% en 1989 a 10% dos años más tarde.

Las profundas transformaciones del Estado argentino también generaron desafíos para estos actores. Una de las dos leyes que establecieron el inicio del proceso de reestructuración, la ley de Emergencia Económica, asestó un duro golpe a los beneficios descriptos en la sección anterior, ya que suspendió por un plazo de 180 días –que sería renovado en repetidas oportunidades– los regímenes de promoción industrial.

 

Por otro lado, durante los primeros años de la década se abrieron importantes oportunidades de negocios para los grupos locales. En primer lugar, el amplio proceso de privatizaciones les ofreció la posibilidad de transformarse en propietarios de algunas de las firmas más rentables del país durante los 90.

En segundo lugar, la estabilidad macroeconómica trajo aparejada un incremento del consumo y del producto que tendió a beneficiar al empresariado argentino. A diferencia de otros programas de estabilización que se basaban en la contracción de la demanda, el plan de convertibilidad combinaba elementos ortodoxos y heterodoxos de manera tal de empujar a la economía –en una primera etapa– por un sendero expansivo.(...)

2.2. Las distintas “oleadas” de la extranjerización

Pueden distinguirse tres períodos en los cuales se produjo una intensa extranjerización al interior de la cúpula empresaria: 1) los “años de oro” de la convertibilidad (1993-1995); 2) la recuperación posterior a la Crisis del Tequila (1996-1998); y 3) la crisis final de la convertibilidad y la post-devaluación (1999-2003). Cada uno de ellos contó con características muy heterogéneas en lo referido a la intensidad del proceso, al tipo de firmas transferidas y a las causas que llevaron a la venta.

  1. La primera “oleada” de ventas se produjo durante el período de oro del modelo de convertibilidad –entre los años 1993 y 1995– y fue protagonizadas por los GEN que llegaron al momento de las reformas concentrados en actividades muy expuestas a la competencia extranjera. (...)Lo distintivo de estas operaciones fue que se concretaron en 1994, un año de bonanza económica, y que las firmas no atravesaban una situación financiera difícil. El factor decisivo en este caso parece estar relacionado con la entrada inminente al país de los grandes competidores mundiales.
    (…)Ni Bagley ni Terrabusi eran firmas con la capacidad de competir con las grandes multinacionales del sector. Sin embargo, más allá de sus problemas de escala, ambas a lo largo de décadas habían logrado instalar fuertemente sus marcas en el mercado argentino. Este “capital” resultaba sumamente atractivo para Nabisco y Danone, y en parte explica las elevadas cifras ofrecidas por las firmas. En ambos casos, los grupos prácticamente se retiraron del sector industrial. (...)
     
  2. El período más intenso en ventas se dio entre 1996 y 1998, lapso en el cual se transfirieron al capital extranjero  de las principales firmas de los grupos nacionales, por un valor superior a los 2.500 millones de dólares. Las causas de este fenómeno fueron claramente distintas a las del período anterior. Por un lado encontramos a grupos que habían comenzado la década con empresas en diversos sectores, y que para ese momento estaban intentando concentrar sus inversiones en una actividad en las que se consideraban competitivos, la agroindustria. Por otro, grupos con problemas financieros.El primer factor explica la venta de firmas como Alba (Bunge y Born), Atanor, (Bunge y Born), Polisur (Garovaglio y Zorraquín), Sevel (Macri) y Quitral-Co (Pérez Companc). Tanto Garovaglio y Zorraquín como Macri y Bunge y Born habían tomado la decisión de concentrarse en el sector alimentario y durante esos años se desprendieron de sus empresas dedicadas a otras actividades industriales.En el caso de Garovaglio y Zorraquín se operó una reconversión entre los años 1994 y 1998, que lo transformó en un holding agroindustrial. Después de haber sido un protagonista clave en la industria petroquímica, en 1996 vendió sus acciones en Polisur y Petroquímica Bahía Blanca, obteniendo alrededor de 200 millones de dólares, que fueron destinados a cancelar pasivos (100 millones), distribuir dividendos (50 millones) y adquirir firmas alimenticias y explotaciones agropecuarias. En 1997 compró el 70% del frigorífico que más exportaba del país: CEPA.18 En este caso, la apertura del mercado y la entrada de las grandes firmas transnacionales fueron los factores decisivos a la hora de explicar la decisión. Por otro lado, cabe recordar que el grupo ya contaba con una larga trayectoria en el sector agrícola y que a mediados de la década se estaban abriendo los mercados internacionales para la carne argentina. Federico Zorraquín, director ejecutivo de G&Z e hijo del actual presidente del grupo, explicaba en 1998(…)
     
  3. En la tercera oleada de ventas (1999-2003) confluyeron dos factores: la mala performance de algunos grupos vinculados al mercado interno y la continuidad del proceso de reestructuración ya descrito.El importante endeudamiento de las firmas y los problemas para financiar inversiones parecen haber sido las causas centrales para explicar las transferencias. Tal es el caso de la Compañía General de Combustibles: el grupo Soldati vendió en 2003 el 81% a cambio de que el fondo de inversión Southern Cross se hiciera cargo de su pasivo de 220 millones de dólares. Durante los primeros años de la década, el conglomerado había experimentado un crecimiento explosivo (sus activos pasaron de 150 millones de dólares en 1990 a 1500 millones de dólares en 1995) gracias a su participación en las privatizaciones y su incursión en la industria del entretenimiento. Pero la expansión se basó en un importante endeudamiento a corto plazo y en 1995 la Crisis del Tequila marcó un punto de inflexión para la organización: la crisis financiera casi la lleva a laquiebra por su pasivo mientras que la recesión golpeó la facturación de sus firmas.24 Durante los años siguientes, el grupo se fue desprendiendo de sus participaciones en las empresas de servicios públicos que había adquirido (Telefónica, Telefé, Aguas Argentinas y pozos petrolíferos); en el año 2000 debió pedir el concurso preventivo con una deuda superior a los 1000 millones de dólares. (…)
     

    Papeles de trabajo. Revista electrónica del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad

    Nacional de General San Martín. ISSN: 1851-2577. Año 2, nº 3, Buenos Aires, junio de 2008.

    http://www.idaes.edu.ar/papelesdetrabajo/paginas/Documentos/03_Informe_investigaci%C3%B3n-Alejandro_Gaggero.pdf

 


Organización  ((VOLVER))

 

De la resistencia en Honduras y la solidaridad internacionalista

Confiar en el progresismo, no sólo es pensar que nuestro bienestar puede existir en el capitalismo contemporáneo sino también no atrevernos a luchar por concretar soluciones a nuestras necesidades y aspiraciones. Pero, sobre todo, nos aparta de asumir nuestro potencial de cambio social. Por ejemplo, un periodista estrella (distinguido como especialista en relaciones internacionales) manifestó que la resistencia al golpe en Honduras no podía durar por la cuestión de la sobrevivencia familiar e individual. Tiempo después Pedro Brieger habló de la legitimidad de Lobo y de la corrección electoral. En contradicción con este criterio de interpretación de la realidad, comprobamos: 

1.  El terrorismo de estado bajo gestión de Lobo

 

Que un gobierno surja de elecciones no lo hace democrático

Este es el panorama en el Bajo Aguán

Como consecuencia del Golpe militar del 28 de junio 2009, en Honduras prevalece la inseguridad y la violación a los derechos humanos de la que participan las oligarquías terratenientes locales. Las noticias desde ese país son realmente alarmantes: las fuerzas represivas del Estado están actuando en perjuicio de los dirigentes del Movimiento Unificado Campesino del Aguan (MUCA) y del del Frente Nacional de Resistencia Popular. El Aguán está totalmente militarizado.

Los campesinos quieren hacer cumplir los acuerdos alcanzados con el presidente Manuel Zelaya, ya que les da derecho a trabajar la tierra sin tener que ser explotados por los terratenientes. Por el contrario, la dictadura espera echar para atrás la reforma agraria impulsada por Zelaya y devolver las tierras a los terratenientes que impulsan los monocultivos. Las negociaciones son muy tensas y se llegó a un acuerdo previo que deberá ser refrendado por las comunidades.

Pero comandos fuertemente armados conformados del Ejército y policías preventivos y la Unidad especial antimotines mantienen rodeada la Comunidad Guadalupe Carney y Carbonales, y no dejan salir a los campesinos. Más militares se encuentran a una cuadra de la Cooperativa La Confianza, en un acto de intimidación, listos para reprimir y desalojar a los campesinos. Líderes de la zona denuncian, que ya han llegado los jueces ejecutores para librar órdenes de desalojo y de captura. Ya ha habido numerosas detenciones y se controla contínuamente a toda la población pidiendo documentos de identificación.

Entre efectivos militares, paramilitares y policiales suman por lo menos unos siete mil quinientos efectivos, y han sido alojados en varias instituciones del Estado como el Banco Nacional de Desarollo, Banadesa Agrícola en la aldea Zamora, en El Instituto Nacional de Formación Profesional, INFOP, en el Batallón XV de Infantería, en la comunidad Rio Claro del Municipio de Trujillo. También se alojan en las propiadades del empresario de palma aceitera mulitimillonario Miguel Facussé Barjum, quien codicia las tierras en conflicto y otros empresarios de dudosa reputación vinculados a negocios ilícitos en la zona. A guardias privados de René Morales, dueño de plantaciones de palma africana, se les acusa del asesinato del campesino Miguel Alonso Oliva (22), sucedido el pasado 1 de abril. Según los analistas, “lo sucedido en Honduras ha sido un golpe neoliberal, en beneficio de los más ricos y de una escuálida clase media con pretensiones de ser rica”.

 

Se teme que llegue a suceder una masacre de campesinos y en este contexto, peligra la vida de tres mil quinientas familias tras la invasión por parte de las fuerzas militares, policiales, sicarios, torturadores y guardias privados de las empresas palmicultoras y productoras de agro combustibles.

Las raíces de la violencia en Centroamérica no están en la naturaleza o la personalidad colectiva de los centroamericanos; mucho menos en los campesinos y campesinas del bajo Aguán, en Honduras, sino en los planes de la globalización neoliberal, que se expanden sobre la soberanía de los pueblos en forma de Plan Mesoamérica (o Plan Puebla Panamá), Plan Colombia, Plan Mérida, Plan Militar Honduras-Colombia. Al mismo tiempo, el agua, la educación, y la salud son privatizadas, transformadas en mercancías y como consecuencia aumenta el hambre, la pobreza, la enfermedad y la emigración interna y externa.

Ante esta situación urge la solidaridad con el Movimiento Campesino MUCA y con el Frente Nacional de Resistencia Popular desde fuera de Honduras. Desde el Aguán y desde Tegucigalpa se hace un llamado a la Unión Europea, a la Comisión Europea a fin de que lo más pronto posible puedan enviar delegaciones y mensajes de solidaridad al Bajo Aguán; al gobierno español para que no reconozca al régimen de facto imperante; y a los organismos competentes centroamericanos para que Honduras no se reinserte bajo este régimen de facto en los organismos políticos y financieros centroamericanos. Se solicita especialmente a todas estas autoridades prevenir una matanza contra los campesinos, que está siendo planificada por los cuerpos represivos del Estado hondureño en alianza con la oligarquía y el capital financiero internacional. La empresa acusada de estar tras estos hechos recibe copia del escrito.

Manda tu carta de protesta ahora mismo. En el recuadro blanco encuentra un modelo de carta que se envía automáticamente a autoridades competentes".

Fuente: http://www.salvalaselva.org/protestaktion.php?id=567/15-4-2010

 

 

2. La fuerza política nacional del Frente de Resistencia Popular de Honduras

 

Honduras ¡qué clase de resistencia!

 

Por Ángel Guerra Cabrera (La Jornada)
“El movimiento de masas contra el golpe de Estado en Honduras logró consolidarse en diez meses de lucha como una fuerza política nacional de primera magnitud, capaz de proponerse una importante transformación social y política del país. Enfrentado a una creciente represión y a la demagogia de Lobo, nueva cabeza visible del golpismo impuesta por la farsa electoral, el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) ha conseguido enrolar a las más diversas fuerzas sociales y pueblos –incluyendo indígenas y afrodescendientes–, elevar apreciablemente la conciencia política de sus integrantes y mantener sus posiciones de principio unidas a una táctica flexible, que le permite avanzar en condiciones muy adversas en la batalla política que tiene por delante.

La resistencia creció ante la compleja y traicionera situación creada por la secretaria de Estado Hillary Clinton al imponer la mediación de su compinche Óscar Arias para consolidar el golpe, hasta ese momento rechazado frontalmente por la OEA, la ONU y la Unión Europea, que exigían la inmediata e incondicional restitución de Manuel Zelaya en la presidencia. Ha crecido de nuevo ante el silencio mediático impuesto por Estados Unidos sobre los crímenes y graves violaciones a los derechos humanos en Honduras mientras el Departamento de Estado se emplea a fondo en hacer creer que el país vuelve a la normalidad democrática. Poco importan los asesinatos de periodistas y activistas sociales, la ocupación militar de la zona campesina de El Aguán; en suma, la amenaza de muerte o desaparición para todo el que censure a la dictadura. En el fragor de esta lucha el FNRP ha devenido una de las fuerzas populares más combativas y prometedoras de nuestra región en la pelea por la segunda independencia y la unidad e integración económica y política de América Latina.

La elite imperial de Estados Unidos y la oligarquía nativa nunca imaginaron la chispa que haría estallar en la conciencia del pueblo la sensibilidad y compromiso sociales aflorados en un terrateniente como Zelaya, llegado a la presidencia dentro de las antipopulares reglas del sistema político hondureño pero en una época latinoamericana políticamente telúrica. Tampoco les pasó por la mente la radicalización y redoblamiento de la voluntad de lucha que alentaría el golpe de Estado en los sectores populares. Calcularon que la resistencia duraría si acaso unos días o semanas y que se iría desmoronando en la medida que se consolidara el golpe. Recuerdo haber leído honestos análisis antigolpistas procedentes de Honduras inmediatamente después del cuartelazo, que ponían en duda las posibilidades de mantener la lucha más allá de unos días.

Y es que resistir al régimen de fuerza parecía la maldición de Sísifo. Ha exigido a los integrantes del FNRP batirse contra una oligarquía singularmente cerril y egoísta, con su enorme poder económico, su ancestral hegemonía cultural y el terrorismo político que le facilita la propiedad de los grandes medios de difusión, desafiar –a riesgo de ser apaleados o asesinados– la represión de un ejército y fuerzas de seguridad serviles al imperio y de progenie emblemáticamente antipopular. Todo esto en un país sumamente empobrecido por el expolio oligárquico e imperialista, cuyo presupuesto depende mucho de las contribuciones de Washington, que mantiene allí una base militar célebre por su injerencia en los asuntos internos.

En varias marchas recientes a lo largo del país el FNRP lanzó la consigna de recoger dos millones 500 mil firmas exigiendo la convocatoria a una asamblea constituyente para el 28 de junio, primer aniversario del golpe. Es una tarea que ya está en marcha y demanda un gigantesco trabajo político y organizativo, pero no parecería haber nada más importante para continuar construyendo contrapoder que la denuncia de la Constitución y el régimen social antidemocráticos en vigor, hijos de la guerra sucia de Estados Unidos contra la revolución sandinista y los movimientos revolucionarios de América Central. El golpe en Honduras, debe subrayarse, es el primer paso de la farisaica estrategia de Obama contra los pueblos y gobiernos progresistas de América Latina, de la cual la campaña mediática en curso contra Cuba es piedra angular.

El FNRP marchará el 1º de mayo con dos exigencias vitales para fortalecer la democracia en nuestra América: garantías para el regreso de Zelaya y convocatoria de la asamblea constituyente".

Fuente original: http://www.jornada.unam.mx/2010/04/29/index.php?section=opinion&article=030a1mun

Fuente: www.rebelion.org /América Latina y Caribe/ 30-4-2010

 

3. El sujeto plural  y la conducción horizontal del FNRP

 

La resistencia está decidida a tomar el poder

Porfirio Lobo, la nueva cara del mismo golpe

 

Sergio Ferrari (Rebelión) entrevista a Carlos Humberto Reyes, líder del FNRP de Honduras a 10 meses del golpe y a 90 días del nuevo Gobierno.

El Frente Popular de Resistencia: la “fuerza política más grande”; “contra la criminalización del movimiento popular”. Los retos actuales de la solidaridad internacional.

Desde mediados de 2009 Honduras vive una situación política extremadamente frágil. El golpe de Estado del 28 de junio contra el ex presidente Manuel Zelaya desembocó en elecciones consideradas como “ilegítimas” por un amplio sector de la ciudadanía. El presidente Porfirio Lobo que asumió su mandato el 27 de enero del año en curso no logró frenar la resistencia popular pacífica que estalló como respuesta al golpe, se generalizó en todo el país y continúa activa.

Síntesis radiográfica de la lectura de la realidad que hace Carlos Humberto Reyes, presidente del Sindicato de Trabajadores de la Industria de Bebidas y Similares (STIBYS), uno de los principales representantes del Frente Nacional de la Resistencia Popular (FNRP) y ex candidato presidencial “independiente”. Reyes realiza desde la última semana de abril una gira europea que se inició en España. En Suiza está invitado por la organización SOLIFONDS (Fondo de Solidaridad para las Luchas de Liberación Social en el Tercer Mundo) y participará como principal orador internacional en varias actividades del 1 de mayo.

P: La comunidad internacional parece muy dividida con respecto al actual Gobierno hondureño. Una parte no lo reconoce. Otra sí. ¿Cómo lo interpreta el FPRN?

Carlos Reyes: Para nosotros es un gobierno ilegítimo, producto directo del golpe de Estado del año pasado. El presidente actual es una nueva cara del mismo golpe. No obtuvo ni el 30% de los votos y se registró una muy alta abstención. Lo que se pretende aplicar es el guión del Gobierno de los Estados Unidos, quien apostó a la hipótesis que toda la situación se resolvería con las elecciones. Pero éste no es el caso. Especialmente para muchos gobiernos latinoamericanos quienes ven lo que sucedió en Honduras como un nuevo proceso de agresión contra el continente y su institucionalidad democrática. Hay señales preocupantes: la instalación de una nueva base militar estadounidense, la segunda en mi país; las nuevas bases estadounidenses en Colombia; la continuidad de la base en Guantánamo... Signos de una militarización que hace recordar épocas pasadas.

 

Un golpe con trasfondo geopolítico

P: Es decir, según la resistencia, ¿la causa del golpe de junio pasado es esencialmente geopolítica?

C.R: Sí. El proyecto estadounidense de rearmar dos gendarmes en la región. Honduras en Centroamérica y Colombia en Sudamérica. Con el precepto claro de que “si no controlan América Latina, es decir su patio trasero, no podrán dominar el mundo”

P: ¿Cómo evalúa el programa del presidente Porfirio Lobo en sus primeros tres meses de nuevo Gobierno?

C.R: No existe un tal “nuevo” Gobierno. Para nosotros es, como lo dije antes, la nueva cara de la misma dictadura. Lo han querido presentar como un Gobierno de unidad nacional, de integración, abierto a una supuesta amnistía y que impulsaría la instalación de una Comisión de Verdad. Pero todo esto es falso. No puede haber unidad ni integración nacional a partir de elecciones adulteradas. Su visión de amnistía es para limpiar a los militares golpistas. ¿Para qué puede servir una Comisión de Verdad si ya ellos mismos se autoamnistiaron? Toda una política descarada. Y esto sin analizar lo que sucede en el plano económico y social. Una vuelta atrás de las conquistas que sindicatos, trabajadores, y otros sectores habían logrado durante el período del Presidente Zelaya.

P: Pero las autoridades hablan de una situación política institucionalizada...

C.R: La principal realidad es la de una resistencia que aumenta su fuerza, fortaleciendo la organización y movilización. Próximo gran desafío: recolectar hasta el 28 de junio próximo 1.150.000 firmas, exigiendo una consulta popular, una asamblea constituyente, reivindicación que constituyó el detonante para justificar el golpe del año pasado. La gente está entusiasmada con esta iniciativa.

La movilización, la resistencia, continúa activa. Organizamos seis grandes manifestaciones en ciudades importantes para el 1 de mayo.

 

La resistencia consolidada

P: ¿Todo esto indica, según su análisis, una resistencia fortalecida, a pesar de la represión?

R: No hacemos hoy una movilización por día como el año pasado. Pero la resistencia se ha generalizado en todo el país. Realizamos un trabajo serio de organización, concienciación y movilización. Seguimos denunciando el golpe e insistimos en la propuesta de la Constituyente. En caso que no lo logremos, veremos como participamos en un proceso electoral. No como resistencia, sino creando un brazo especial para esa coyuntura.

P: La resistencia hondureña constituyó una sorpresa para más de uno, dentro y fuera del país. ¿Cómo se explica la fuerza de la misma?

R: En realidad no nace el 28 de junio, de un día a otro. Nuestros pueblos vienen resistiendo desde hace más de 500 años. En su historia contemporánea Honduras fue utilizada siempre como base de las operaciones estadounidenses en el continente. Para agredir al gobierno guatemalteco de Jacobo Arbenz, en los años cincuenta. Como base operativa del intento de invasión contra Cuba en los sesenta. Desde la base de Palmerola, las administraciones estadounidenses promovieron la guerra contra el sandinismo y contra el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional de El Salvador, en los ochenta.

Sin embargo siempre existió un movimiento popular muy activo, que fue duramente reprimido, con muchos muertos, desaparecidos, etc. Hay una capitalización histórica de esa experiencia. Superamos las fracturas entre lo social y lo político. Y nuestro movimiento popular junta e integra esos dos aspectos. Y eso explica que en pocas horas, inmediatamente después del golpe de Estado de junio pasado, se haya iniciado un proceso magnífico de movilizaciones y de resistencia. 

P: ¿Hay algún sector predominante dentro de la resistencia?

R: No, contamos con una gran diversidad y una conducción horizontal, distribuida en cada región, poblado, barrio. ¿Cuándo se daban las movilizaciones contra el golpe y la policía atacaba, quiénes respondían y los hacían correr a los represores? Las “maras” (grupos juveniles). Un fenómeno muy importante con fuerte participación juvenil. Y también las mujeres. El movimiento sindical y los campesinos; los maestros y la empresa privada; los indígenas y negros... Los grupos de gays y lesbianas, quienes sufrieron muchos ataques y víctimas. En la medida en que se puedan mantener las alianzas tenemos la posibilidad de triunfar. Porque somos hoy la fuerza política más grande del país, decidida claramente a tomar el poder.

P: ¿Cuál es su prognosis sobre cómo va a continuar la dinámica política en un país tan polarizado?

C.R: Nosotros vamos a seguir promoviendo este proceso de consulta y de lucha por una asamblea constituyente que permita refundar la Nación. Sin cerrar la posibilidad de organizar un instrumento electoral más adelante. En cuanto a Porfirio Lobo, como en todos los casos históricos en América Latina de gobiernos débiles, se anticipa su fracaso. O es derrotado por el pueblo o deberá buscar una salida política.

P : Una última reflexión de cara a la comunidad internacional...

C.R: Nos preocupa mucho que se perpetúen en Honduras los crímenes contra miembros de la resistencia; las agresiones y asesinatos de periodistas independientes; las violaciones de derechos humanos. Es importante que la comunidad internacional no reconozca al actual Gobierno. Que los países de la Unión Europea no firmen el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica en las actuales condiciones que vive Honduras. Que la comunidad internacional, los organismos de derechos humanos ejerzan su presión. Que se pare la represión. Y sobre todo, que no se siga criminalizando la legítima protesta política y social, reacción directa contra el golpe y las elecciones ilegítimas.

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Reyes: un rostro de la resistencia

Carlos Reyes es una de las figuras más importantes del movimiento de resistencia que desde el mismo 28 de junio 2009 se opuso al golpe de Estado que destituyó al presidente Manuel Zelaya.

Participa en la dirección de la Unión Internacional de los Trabajadores de la Alimentación (UITA) en representación de Honduras y de su central sindical.

Fue uno de los promotores de las movilizaciones populares contra dicho golpe. Varias veces fue reprimido. Ha recibido numerosas amenazas.

En el segundo semestre de 2009, ante la perspectiva de una potencial normalización democrática, Carlos Reyes se presentó como candidato independiente a la presidencia de la República. A inicios de noviembre decidió retirarla, cuando el Frente Nacional de la Resistencia contra el golpe evaluó que no estaban dadas las condiciones para una contienda realmente inclusiva, participativa, democrática.

Por una solidaridad internacional activa

“Tanto en Suiza como en España se organizó una agenda con representantes del Gobierno, personalidades políticas, dirigentes sindicales y de organizaciones sociales y no gubernamentales. Pude decirles, muy simplemente, que el “caso hondureño” no se ha resuelto. Y que la afirmación de que todo está normalizado a partir de las elecciones de noviembre es falsa. Venimos, especialmente, a actualizar la información real sobre mi país y la continuidad de la resistencia que ya no está en el primer lugar de la agenda política y mediática internacional...

Me siento satisfecho del encuentro con los cuatro representantes de la cancillería suiza. Aclaramos muchos puntos. Pudimos expresar nuestra lectura de la realidad actual. Y expresarles nuestro deseo de que Suiza mantenga la posición inicial contra el golpe de Estado. Hemos encontrado comprensión hacia nuestros argumentos. El hecho de habernos recibido expresa un reconocimiento oficial de parte del Gobierno helvético al Frente Nacional de Resistencia Popular...

En España los intercambios fueron muy positivos. El 23 de abril me reuní con Agustín Santos, jefe de gabinete de Miguel Angel Moratinos, actual Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación. Emitimos un comunicado de prensa común que enfatiza que el Gobierno español no invitará al presidente hondureño a participar de la Cumbre de Presidentes de la Unión Europea y América Latina que se realizará el 17 y 18 de mayo en Madrid, “si no existe consenso de los países latinoamericanos sobre dicha invitación”. Y realmente es importante recordar que en América Latina hay muchos países que no reconocen al nuevo presidente y consideran las elecciones de noviembre pasado como ilegítimas...”.

América Latina y Caribe/ 30-4-2010

 

4. El desarrollo de la megaminería, los agrocombustibles y las maquilas como objetivo de la dictadura

 

Honduras: Un Lobo sin rumbo, un gobierno sin brújula

Por Ismael Moreno

 (…)Las lógicas están muy bien establecidas en el país. Mientras los diversos sectores que se opusieron al golpe de Estado siguen sometidos a persecuciones, amenazas, asesinatos y a una feroz campaña publicitaria para hacerlos aparecer como actores de la violencia en el país, la comunidad internacional avanza inexorablemente en el proceso de reconocimiento al régimen, aunque saben que están reconociendo a un gobierno con una muy reducida legitimidad interna.

Lo saben los gobiernos de la Unión Europea, que se han decidido a jugar en las turbias aguas de las ambigüedades. Saben que al apoyar al gobierno están dando un cierto visto bueno a la política represiva que el gobierno ha comenzado a implementar, especialmente desde el Ministerio de Seguridad con el iracundo Oscar Álvarez al frente. Álvarez entiende que la crisis del país se resuelve aniquilando a los contrarios, sean delincuentes callejeros o dirigentes de la Resistencia.

Para curarse en salud, los embajadores europeos decidieron poner en marcha un programa de protección a los defensores de los derechos humanos. La comunidad internacional ha aceptado reconocer a un gobierno al que deliberadamente identifican como violador de los derechos humanos y en línea de continuidad con el golpe de Estado. No lo dicen con claridad -para algo existe la diplomacia con todos sus sofismas-, pero se cubren creando algunos mecanismos para proteger a las potenciales víctimas de las políticas represivas del régimen al que han decidido incorporar a la nómina de países con regímenes democráticos.

EL GOLPE: ILEGAL E INNECESARIO

La comunidad internacional ha sabido ir arreglando sus entuertos con Honduras, pero no acaba de saber cómo hacer frente a un conflicto que quedó enraizado en las dinámicas internas del país.

Queriendo hacer frente a un conflicto geopolítico latinoamericano, los promotores del golpe de Estado despertaron dinamismos internos que estaban latentes, pero no activados. Con el correr de los meses, el golpe de Estado fue dejando al descubierto a actores y a intereses que traspasan las fronteras hondureñas. Una vez más, a Honduras le tocó jugar un papel subordinado en la geopolítica del continente.

El golpe de Estado no sólo fue un acto violento e ilegal, sino un innecesario hecho político interno. Si sólo hubiese sido por los factores internos, el golpe de Estado nunca se hubiese producido. No había necesidad de ningún golpe de Estado, porque los sectores que internamente materializaron el golpe tenían muy bien controlados todos los factores que hacían políticamente inviable que Mel Zelaya tuviera éxito en sus propuestas políticas.

No es ocioso recordar que en el primer semestre del año del golpe hubo una escalada en contra de Zelaya en la elección de cargos públicos. En enero de 2009 se logró cristalizar la elección de quince magistrados de la Corte Suprema, todos opuestos a la política del equipo de Zelaya. En febrero, la más alta alcurnia de la élite hondureña dio el visto bueno a la elección del Fiscal General de la República. Ya un año antes, ese mismo visto bueno recibió Ramón Custodio, feroz detractor de las políticas de Zelaya, para reelegirse como Comisionado Nacional de Derechos Humanos. En abril el Partido Liberal convocó a una Convención Nacional para elegir una nueva directiva del Consejo Central Ejecutivo del partido. Los electores llevaban una sola consigna, que se cumplió a rajatabla: sacar de la dirección del partido a todos los miembros del equipo de Zelaya. Patricia Rodas cesó intempestivamente en la presidencia del partido, y en su lugar los convencionales eligieron nada más y nada menos que al gran perdedor de las elecciones primarias de noviembre de 2008: Roberto Micheletti.

De estar en la lona y ya políticamente enterrado, Micheletti resurge de esa Convención liberal con energías inusitadas. Los medios de comunicación se encargaron de colocarlo en una primera plana de la que meses atrás había desaparecido. De los 128 diputados del Congreso Nacional, la tercera parte estaba en contra de las políticas del equipo de Zelaya. En esas condiciones, la Cuarta Urna propuesta por Zelaya para las elecciones del último domingo de noviembre del 2009 no podía prosperar porque las élites hondureñas tenían blindada completamente toda la institucionalidad del Estado.

 

RAZONES GEOPOLÍTICAS DEL GOLPE

¿Por qué entonces el golpe de Estado? Porque los actores hondureños materializaron un plan detrás del cual había muchos actores internacionales. Las semanas previas al golpe de Estado, altos representantes de organismos políticos de la extrema derecha continental, como es el caso de UnoAmérica, estuvieron presentes para advertir que en Honduras se libraría una batalla frontal para salvar al país del comunismo de Hugo Chávez.

A comienzos de marzo de 2010, esos mismos representantes regresaron al país para afirmar que en Honduras se había ganado una batalla, pero que había que consolidarla para proseguir con otras, hasta enterrar al enemigo de las libertades del continente. De igual manera, advertían que los enemigos de la democracia seguían activos, presentes en el Foro de Sao Paulo, y que desde allí se decidían acciones para recuperar el terreno perdido en Honduras. Una era atizar luchas internas como la que ocurría en la región del Aguán, en la que se confrontaban grupos campesinos que, en su afán por crear desorden, buscaban apropiarse de las tierras que legalmente pertenecen al próspero y fructífero empresario Miguel Facussé Barjum. Así lo dijeron y así lo publicaron los medios de comunicación que han justificado y avalado el golpe de Estado.

Honduras ha sido excusa en un contexto continental de confrontación geopolítica de sectores de extrema derecha que se sustentan en los monopolios de las multinacionales, y que ideológicamente se nutren también del discurso religioso neoconservador de las élites eclesiásticas, tanto católicas como protestantes, cada vez más relevante en Honduras.

RAÍCES DEL CONFLICTO EN EL AGUÁN

En los dos primeros meses de administración del régimen de Pepe Lobo, junto con la ola creciente de criminalidad y de asesinatos cotidianos, el conflicto que ha llamado más la atención es el agrario, latente en la región del Aguán, en el atlántico hondureño.

Los actores que intervienen en este conflicto son los mismos que han venido confrontándose en las últimas tres décadas. Al frente de ellos aparece Miguel Facussé, el empresario más emblemático del país, hasta el tuétano de origen árabe, quien logró incrustarse en la dinámica del Estado desde los años 70, cuando en uno de los tantos regímenes militares logró desviar para sus arcas personales los millonarios fondos destinados a la Corporación Nacional de Inversiones (CONADI), institución del Estado creada para incentivar la industria en el país, de la que era su presidente ejecutivo.

A comienzos de la década de los 90, con el gobierno de Rafael Leonardo Callejas, Facussé incidió para que el Congreso aprobara la Ley de Modernización del Sector Agrícola. En la práctica, esto significaba, entre muchas otras ventajas para los empresarios privados, que las tierras destinadas a la reforma agraria podían ser privatizadas por particulares, al tiempo que se abrían oportunidades legales a la empresa privada para proponer a los grupos campesinos beneficiarios de la reforma agraria -aprobada en los inicios de los años 70- entrar en programas llamados de “coinversión”: los campesinos ponían la tierra y la mano de obra, los empresarios la técnica y el dinero y, teóricamente, los beneficios se repartían entre los coinversionistas. En los hechos, esta ley creaba condiciones para dejar la tierra y la propia vida de los campesinos a merced de la dinámica agroindustrial exportadora. Una vez aprobado este instrumento jurídico, Miguel Facussé se dedicó a “convencer” a dirigentes y bases de las cooperativas, comenzando por las más exitosas en la producción de palma africana de la región del Aguán, para que vendieran sus tierras y sus activos, propósito que logró en apenas dos años de feroz campaña publicitarias alabando primero los beneficios de la coninversión y promoviendo después las bondades de la empresa privada, afirmando que estaba dispuesta a “sudar la camiseta por Honduras”, según el lema oficial de los primeros años de la década de los 90, cuando se impulsó con la mayor de las furias los ajustes a la economía y la apertura de las aduanas al ingreso de capital para la agroindustria en el campo y para la maquila en algunos de los centros urbanos, especialmente en el Valle de Sula.

LOBO EN SU LABERINTO

Dos décadas después, aquellos polvos que levantó Facussé, en complicidad con el Estado hondureño y un puñado de dirigentes campesinos corruptos, se han convertido en un verdadero lodazal, que concentra la atención de todo el país. Es en esta zona en donde se ha comenzado a expresar la alta conflictividad y la tierra movediza del país en el que Pepe Lobo decidió proseguir administrando una crisis insostenible, agudizada con el golpe de Estado.

Sólo en los dos primeros meses de administración de Lobo, al menos 13 personas han sido asesinadas en este conflicto agrario. El gobierno decidió nombrar una comisión que ponga en marcha una propuesta que conduzca a la resolución del conflicto, apenas la punta de un témpano en donde se está estrellando cualquier propuesta o política de un gobierno, atrapado en un verdadero laberinto enlodado.

Miguel Facussé ha puesto ahora en marcha una campaña publicitaria en la que acusa a los campesinos de estar promoviendo el desorden y la violencia en la región y de atentar contra la institucionalidad del Estado de Derecho que garantiza la propiedad privada. Acusa a la resistencia, particularmente a los jesuitas que trabajan en la zona, y a su “teología de la violencia”, de estar atizando el conflicto con el fin de desestabilizar el país.

Sin embargo, existen voces serias y con información fidedigna, a las que nadie podría acusar de simpatías con la Resistencia, voces estrechamente vinculadas a las élites empresariales, que sostienen que los actuales conflictos en el Aguán, estarían siendo promovidos por el mismo Facussé, quien personalmente, y a sus 84 años, se hizo presente en la zona arengando a turbas que él mismo pagó para que se concentraran en el Congreso Nacional y demandaran respeto a sus tierras. Actuó así aprovechando el desorden y la ausencia de brújula que hay en el país y en el Estado para sacar ventajas. Lo ha sabido hacer a lo largo de toda su vida empresarial.

FACUSSÉ EN SU IMPERIO

Esta hipótesis parece que va tomando consistencia en la medida en que avanza la propuesta de la comisión estatal conformada para resolver el conflicto. Para Facussé podría significar los siguientes logros: que el Estado le compre al menos 3 mil hectáreas con todas sus mejoras, los cultivos de palma africana, tierras que el Estado entregaría de inmediato a los grupos campesinos. Es una compraventa que equivale a unos 50 millones de dólares. De las tierras compradas, dos hectáreas se entregarían por familia, una libre para lo que interese cultivar a la familia, y una sembrada con palma africana, de manera que los campesinos quedan así atados al capital de Facussé, puesto que toda la comercialización del producto de la palma africana está controlada de manera absoluta por este exitoso y parasitario empresario hondureño-árabe.

En virtud de los conflictos generados con la producción, Facussé quedaría exento de honrar sus deudas con la banca hondureña. Finalmente, ante la sociedad, y en virtud de su pericia en el manejo de los medios de mayor influencia en el país, en varios de los cuales dueños o gerentes son de su parentela, el octogenario empresario sería presentado como benefactor de los pobres, generosa víctima de las amenazas de los campesinos.

LOBO EN SU TORRE DE BABEL

Dos meses después de asumir su mandato, el gobierno de Pepe Lobo sigue sin tener ni la capacidad para definir su propio quehacer ni para tener su propia identidad. Sus mayores energías las ha invertido en dar varias señales de auxilio para lograr el reconocimiento de la comunidad internacional. Primero, con la composición de un gabinete que le hiciera aparecer al frente de un gobierno de unidad y reconciliación nacional. Segundo, conformando una Comisión de la Verdad para hacer creer que cumple con los acuerdos que pusieron fin al régimen de facto y que se desmarca de sus dinamismos de impunidad e imposición. Esta Comisión carece de credibilidad interna y no tiene interés en investigar a los personajes de la política y de la gran empresa hondureña. Tampoco tiene interés en decir algo distinto a lo que conviene al régimen.

Y tercero, haciendo lo posible por quedar bien con todo mundo, conformó con los defensores de derechos humanos un Comisionado presidencial de los derechos humanos. Con las cúpulas eclesiásticas, católica y evangélica, conformó otro Comisionado: para asuntos religiosos. Y con todas las corrientes de los partidos políticos y gremiales va creando comisionados presidenciales para cualquier asunto público.

Se esmeró por quedar bien con la Resistencia cediendo el Ministerio del Instituto Nacional Agrario (INA), el más ineficiente, el que apenas tiene presupuesto para el pago de burócratas y combustible, al Presidente del izquierdista Partido Unificación Democrática, César Ham, el personaje más controversial al interior de los sectores opositores al golpe, vinculado con evidentes y sonados casos de corrupción y fuente de permanentes conflictos internos en la siempre frágil izquierda tradicional hondureña. Quiso quedar bien con los poderosos gremios magisteriales nombrando como Ministro de Educación al polémico dirigente magisterial Ventura, militante del Partido Nacional. Nombró también como Ministro del Trabajo a quien en su momento fue dirigente campesino, pero que desde hace mucho tiempo ha sido identificado entre los sectores más conservadores y mandrakeros de la clase política.

Queriendo quedar bien con todos los sectores, Pepe Lobo organizó un gabinete de gobierno que es una Torre de Babel. Cada quien anda en lo suyo, cada quien maneja su propio lenguaje, y cada quien busca encaramarse en la dinámica del poder a costa de sus otros colegas.

Dos meses han bastado para dejarnos ante una administración pública que nada en un ambiente de ingobernabilidad, en el que sólo se sabe que hay muchos que deciden, pero no existen líneas que apunten a una dirección de autoridad creíble y de consenso. En este mar, es la violencia la que ha tomado el timón del país. Y como tiene espacios regionales de control, es la delincuencia quien gobierna y decide. Honduras es hoy un territorio parcelado por la violencia y las diversas instituciones del Estado acaban subordinadas no a las autoridades centralizadas de la capital, sino a las decisiones subterráneas de cada una de las parcelas, zonas o regiones en las que se administra la violencia.

La propuesta de gobierno que encabeza Porfirio Lobo no pasa de ser la continuidad de la propuesta de las élites empresariales y políticas que buscaron truncar el proyecto que pujaba tras el equipo de Zelaya. Un proyecto elitista de ese tamaño, en lugar de acortar la inequidad y los conflictos que se han venido acumulando en el país, apuntan a ahondarlos".

 

5. El plan estratégico de lucha de la Resistencia popular hondureña

 

Ismael Moreno continúa: "Diversos sectores de la sociedad concuerdan en reiterar la necesidad de un Nuevo Pacto Social o plan estratégico de lucha, como preferirían llamarlo algunos sectores organizados en la Resistencia popular hondureña. Este plan tendría que tener al menos tres componentes. El primero sería definir contenidos que en términos amplios se podrían situar en tres bloques.

Primer bloque: Demandas para redefinir los recursos naturales, la tierra y el medioambiente. Tiene que ver con eso que genéricamente se suele llamar lucha por la soberanía nacional. Si la soberanía es el control y la decisión del Estado y de la ciudadanía sobre su patrimonio, es muy difícil hablar de soberanía mientras los bosques, los ríos, el agua, el medioambiente y la tierra están en pocas manos. Soberanía es, sin duda, el mayor déficit que tiene el país. La soberanía no es una consigna. Una reforma agraria que aborde con responsabilidad la tenencia de la tierra, para evitar que un puñado de empresarios se acaben quedando con las tierras más fértiles de los valles hondureños, y se subordine la alimentación y la vida misma de la población campesina a los intereses de las multinacionales agroexportadoras, es condición prioritaria para que el campo hondureño deje de ser una bomba de tiempo, fuente permanente de inestabilidad. Lo mismo habría que decir de los bosques, el agua, la energía y la minería. De todas nuestras riquezas naturales, incluida la potencial existencia de petróleo en las tierras bajas y costeras del Atlántico.

Segundo bloque: Demandas sociales: educación, salud, vivienda, salarios, respeto a las etnias y a las minorías sexuales. Respeto y promoción de la organización y movilización social. Vincular las demandas sociales con las demandas por la soberanía y los recursos naturales es estratégico para garantizar la participación de todos los sectores de la sociedad, sin dejar que sectores elitistas confundan sus demandas con demandas nacionales, que es lo que ocurre con los gremios empresariales, o -en otro sentido- con los gremios magisteriales. soberanía sobre nuestros recursos.

EL CLAMOR POR UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

Tercer bloque: Demandas político-jurídico-institucionales, que tienen que ver con las transformaciones que necesita el Estado hondureño para que se avance en lo que los sectores aglutinados en la Resistencia llaman “la refundación de Honduras”. Aquí se sitúa la demanda por una Asamblea Nacional Constituyente, móvil que propició que las élites hondureñas dieran el golpe de Estado.

Una Constituyente es actualmente la demanda política de mayor relevancia en el seno de las organizaciones que se convocan en torno al Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP). A pesar de la trascendencia de esta demanda, muy poco se ha pasado de la consigna a llenar de contenido esta demanda, que aún muchos interpretan o asocian al liderazgo de Manuel Zelaya.

A mediados de marzo y a iniciativa del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) y en conjunto con el FNRP, se convocó a una amplia asamblea de representantes de todo el país para hacer el simulacro de una Asamblea Nacional Constituyente. Allí se discutió lo relacionado con el primer bloque de demandas. No obstante la riqueza de convocatorias como éstas, el simulacro de participación popular no pasó de ser la convocación de sectores extremadamente afines a una manera de ver y entender el país, excluyéndose del debate a los diferentes.

Y así, la demanda de estos sectores populares de una sociedad incluyente acaba, en los hechos, en una propuesta nuevamente excluyente porque en ese “experimento de Asamblea Constituyente” sólo podían ser aceptadas las personas que se acreditaban como militantes opositoras al golpe de Estado y además con una probada pertenencia a la tradición de izquierda del país.

NO SÓLO LOS CONVENCIDOS

Un nuevo pacto social no puede reducirse a los convencidos desde la óptica de los sectores de la izquierda popular. Debe haber apertura y debate entre todos los diversos sectores de la sociedad hondureña. Una Constituyente así, y desprendida de contenidos, puede ser una consigna de doble filo. Contribuye a despertar conciencia de lucha entre los sectores situados en la Resistencia, pero puede ser un instrumento fácilmente capturado por las élites, como ya lo han hecho con todas las reformas político-institucionales realizadas en el país en las últimas dos décadas.

Ya lo anunció un prominente político hondureño: “Nosotros vamos por una Constituyente. La que no aceptamos es la de Mel Zelaya, porque no nos interesa tener que ver con Hugo Chávez. Pero una vez que pase la fiebre melista, nosotros mismos, a través de Pepe Lobo, la vamos a impulsar. Y vamos a redactar una Constitución”.

UN DEBATE ENTRE TRES POSTURAS

El segundo componente de un nuevo Pacto Social consistiría en definir el sujeto social y político. Aquí se inscribe el debate en torno a los partidos políticos y a los movimientos sociales, la relación y la diferencia entre ambos y la identidad que ha de asumir el Frente Nacional de Resistencia Popular. Actualmente, el debate pasa por establecer la relación y las diferencias en torno a tres posturas.

Primera postura: La sostiene el sector de la Resistencia vinculado orgánicamente a los liberales en resistencia al golpe, en su mayoría seguidores de Manuel Zelaya, aunque entre ellos se encuentran muchas diferencias secundarias.

Un dirigente liberal, de entre sus ideólogos, lo formuló así en una de las asambleas convocadas por el FNRP: “El Frente tiene tres rutas a seguir. La primera es la de la lucha armada. La descartamos porque no nos dará resultados y porque en los primeros amagos nos aniquilará esa maquinaria de guerra que sostiene a la oligarquía. La segunda es la ruta de convertirnos en partido político. Es una posibilidad real, pero sabemos que la índole antidemocrática de la Ley Electoral y de Organizaciones Políticas nos lo impedirá con todas sus trancas. Y la tercera es que el FNRP se convierta en una corriente interna del Partido Liberal que logre recuperar a ese partido de las actuales garras de la oligarquía para avanzar exitosamente a las elecciones y retomar las transformaciones que fueron truncadas por el golpe de Estado. Nosotros, los liberales en resistencia proponemos esa tercera ruta”.

Convertir al FNRP en una corriente interna del Partido Liberal, o asociarse con uno de los tres partidos pequeños, es, al decir de un importante sector de la Resistencia, uno de los errores políticos que deben evitarse. La Resistencia terminaría siendo presa del sistema de partidos políticos que ya colapsó. Una decisión así daría oxígeno a un moribundo que ya no tiene retorno a la vida.

¿UN NUEVO PARTIDO O UN MOVIMIENTO SOCIAL?

Segunda postura: Propone convertir al FNRP en un nuevo partido político desde donde se luche por las transformaciones contenidas en el primer componente del nuevo Pacto Social. Quienes sostienen esta postura son del parecer que estamos ante el impostergable desafío de luchar por la toma del poder político y que, descartada la lucha armada, esto sólo se logrará a través de las elecciones. Para ello se necesita de un partido político que compita exitosamente con los otros cinco partidos que van ya en un irreversible proceso de desgaste.

Otros piensan que convertir el FNRP en partido político sería reducir la fuerza de la Resistencia, tan amplia y sostenida en muchísimas expresiones de base, a una estricta lucha electoral. Al final esto llevaría a los liberales en resistencia y a otros que resisten con filiaciones en otros partidos a regresar a sus estructuras partidarias, convirtiendo el nuevo partido político en una propuesta de un tamaño parecido al de la Democracia Cristiana, al del partido Unificación Democrática o al del Partido Innovación y Unidad, que en conjunto no pasan jamás del 6% del electorado.

Tercera postura: Sostiene que el FNRP debe tener una identidad permanente como un frente amplio que canalice como movimiento social las diversas demandas de los sectores populares y sociales de todo el país, tanto de los gremiales como de los organizados comunitariamente en zonas, regiones y territorios del país. Existe una tendencia que jalona a un sector muy amplio del FNRP, que afirma que éste deberá mantener su identidad a partir de dos modos de lucha en el presente período.

El primero, el de la lucha de presión por debilitar, denunciar y desenmascarar al actual régimen político como fiel continuador del golpe de Estado, hasta obligarlo a que convoque una Asamblea Nacional Constituyente. El segundo, el de ir avanzando en la definición de una propuesta de candidaturas independientes que se convierta en una fórmula exitosa para las próximas elecciones generales.

El tercer componente de un nuevo Pacto Social es definir la participación en los procesos políticos electorales. Una vez definida la identidad del FNRP, en el marco del debate sobre las tres posturas apuntadas, se debe garantizar la lucha por democratizar los mecanismos de participación popular con el fin de que, los procesos electorales dejen de ser expresiones que, bajo procedimientos legales, legitiman la apropiación del Estado en manos de la reducida élite que impulsó el golpe de Estado.

EN HONDURAS NO HAY ESTADO DE DERECHO

El Estado de Derecho no puede existir sin democracia y sin respeto y vigencia de los derechos humanos. En el caso hondureño no se puede hablar de un deficiente Estado de Derecho, sino de ausencia de Estado de Derecho. En Honduras el problema no es tanto que grupos políticos o empresariales violan el Estado de Derecho sino que, sin existir Estado de Derecho, manosean este concepto para hacer creer que cumplen las leyes y defienden la democracia, cuando en los hechos lo que hacen es imponer la ley del más fuerte y violar a rienda suelta los derechos humanos de la sociedad.

Revista Envío / Correspondencia de Prensa - germain5@chasque.net

http://www.lahaine.org/index.php?p=45036 30/4/2010

 


 

Unidad   ((VOLVER))

 

De los pueblos para cambiar el sistema capitalista

Cambiar el sistema capitalista y no el clima es la conclusión a que han llegado los de abajo en distintos lugares del mundo. Consideremos que el «sistema climático» emerge de las interacciones e interrelaciones de cinco subsistemas: la atmósfera (la envoltura gaseosa de la Tierra), la hidrosfera (el agua dulce y salada en estado líquido), la criosfera (el agua en estado sólido), la litosfera (el suelo) y la biosfera (el conjunto de seres vivos que habitan la Tierra). De ahí que el clima resulte de la construcción de equilibrio entre esos cinco componentes en evolución permanente bajo la influencia de su propia dinámica interna y debido a forzamientos externos como las erupciones volcánicas, las variaciones solares y los forzamientos inducidos por la sociedad, como los cambios en la composición de la atmósfera y los cambios en el uso de la tierra.

 

El capitalismo e imperialismo avanza planificando la destrucción de la armonía territorial de comunidades con la naturaleza, de los glaciares, de los sistemas fluviales, de las eco-regiones o las biodiversidades,...de las posibilidades de salud para las grandes mayorías. De esta manera nos ha conducido a la crisis climática (más que cambio climático) que, por lo que acabamos de definir, indica crisis ecológica.

Acuerdo de los pueblos en la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra,-22 de abril-Cochabamba, Bolivia:

"Hoy, nuestra Madre Tierra está herida y el futuro de la humanidad está en peligro.

De incrementarse el calentamiento global en más de 2º C, a lo que nos conduciría el llamado “Entendimiento de Copenhague” existe el 50% de probabilidades de que los daños provocados a nuestra Madre Tierra sean totalmente irreversibles. Entre un 20% y un 30% de las especies estaría en peligro de desaparecer. Grandes extensiones de bosques serían afectadas, las sequías e inundaciones afectarían diferentes regiones del planeta, se extenderían los desiertos y se agravaría el derretimiento de los polos y los glaciares en los Andes y los Himalayas. Muchos Estados insulares desaparecerían y el África sufriría un incremento de la temperatura de más de 3º C. Así mismo, se reduciría la producción de alimentos en el mundo con efectos catastróficos para la supervivencia de los habitantes de vastas regiones del planeta, y se incrementaría de forma dramática el número de hambrientos en el mundo, que ya sobrepasa la cifra de 1.020 millones de personas.

Las corporaciones y los gobiernos de los países denominados “más desarrollados”, en complicidad con un segmento de la comunidad científica, nos ponen a discutir el cambio climático como un problema reducido a la elevación de la temperatura sin cuestionar la causa que es el sistema capitalista.

Confrontamos la crisis terminal del modelo civilizatorio patriarcal basado en el sometimiento y destrucción de seres humanos y naturaleza que se aceleró con la revolución industrial.

El sistema capitalista nos ha impuesto una lógica de competencia, progreso y crecimiento ilimitado. Este régimen de producción y consumo busca la ganancia sin límites, separando al ser humano de la naturaleza, estableciendo una lógica de dominación sobre ésta, convirtiendo todo en mercancía: el agua, la tierra, el genoma humano, las culturas ancestrales, la biodiversidad, la justicia, la ética, los derechos de los pueblos, la muerte y la vida misma.

Bajo el capitalismo, la Madre Tierra se convierte en fuente sólo de materias primas y los seres humanos en medios de producción y consumidores, en personas que valen por lo que tienen y no por lo que son.

El capitalismo requiere una potente industria militar para su proceso de acumulación y el control de territorios y recursos naturales, reprimiendo la resistencia de los pueblos. Se trata de un sistema imperialista de colonización del planeta.

La humanidad está frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo, la depredación y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida.

Requerimos forjar un nuevo sistema que restablezca la armonía con la naturaleza y entre los seres humanos. Sólo puede haber equilibrio con la naturaleza si hay equidad entre los seres humanos.

Planteamos a los pueblos del mundo la recuperación, revalorización y fortalecimiento de los conocimientos, sabidurías y prácticas ancestrales de los Pueblos Indígenas, afirmados en la vivencia y propuesta de “Vivir Bien”, reconociendo a la Madre Tierra como un ser vivo, con el cual tenemos una relación indivisible, interdependiente, complementaria y espiritual.

Para enfrentar el cambio climático debemos reconocer a la Madre Tierra como la fuente de la vida y forjar un nuevo sistema basado en los principios de:

El modelo que propugnamos no es de desarrollo destructivo ni ilimitado. Los países necesitan producir bienes y servicios para satisfacer las necesidades fundamentales de su población, pero de ninguna manera pueden continuar por este camino de desarrollo en el cual los países más ricos tienen una huella ecológica 5 veces más grande de lo que el planeta es capaz de soportar. En la actualidad ya se ha excedido en más de un 30% la capacidad del planeta para regenerarse. A este ritmo de sobreexplotación de nuestra Madre Tierra se necesitarían 2 planetas para el 2030.

En un sistema interdependiente del cual los seres humanos somos uno de sus componentes no es posible reconocer derechos solamente a la parte humana sin provocar un desequilibrio en todo el sistema. Para garantizar los derechos humanos y restablecer la armonía con la naturaleza es necesario reconocer y aplicar efectivamente los derechos de la Madre Tierra.

Para ello proponemos el proyecto adjunto de Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra en el cual se consignan:

La visión compartida es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero para hacer efectivo el Artículo 2 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático que determina “la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas para el sistema climático”. Nuestra visión es, sobre la base del principio de las responsabilidades históricas comunes pero diferenciadas, exigir que los países desarrollados se comprometan con metas cuantificadas de reducción de emisiones que permitan retornar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a 300 ppm y así, limitar el incremento de la temperatura media global a un nivel máximo de 1°C.

Enfatizando la necesidad de acción urgente para lograr esta visión, y con el apoyo de los pueblos, movimientos y países, los países desarrollados deberán comprometerse con metas ambiciosas de reducción de emisiones que permitan alcanzar objetivos a corto plazo, manteniendo nuestra visión a favor del equilibrio del sistema climático de la Tierra, de acuerdo al objetivo último de la Convención.

La “visión compartida” para la “Acción Cooperativa a Largo Plazo” no debe reducirse en la negociación de cambio climático a definir el límite en el incremento de la temperatura y la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, sino que debe comprender de manera integral y equilibrada un conjunto de medidas financieras, tecnológicas, de adaptación, de desarrollo de capacidades, de patrones de producción, consumo y otras esenciales como el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra para restablecer la armonía con la naturaleza.

Los países desarrollados, principales causantes del cambio climático, asumiendo su responsabilidad histórica y actual, deben reconocer y honrar su deuda climática en todas sus dimensiones, como base para una solución justa, efectiva y científica al cambio climático. En este marco exigimos a los países desarrollados que:

El enfoque debe ser no solamente de compensación económica, sino principalmente de justicia restaurativa – es decir restituyendo la integridad a las personas y a los miembros que forman una comunidad de vida en la Tierra.

Deploramos el intento de un grupo de países de anular el Protocolo de Kioto el único instrumento legalmente vinculante específico para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de los países desarrollados.

Advertimos al mundo que no obstante estar obligados legalmente las emisiones de los países desarrollados en lugar de reducir, crecieron en un 11,2% entre 1990 y 2007.

Estados Unidos a causa del consumo ilimitado aumentó sus emisiones de GEI en 16,8% durante el periodo 1990 al 2007, emitiendo como promedio entre 20 y 23 toneladas anuales de CO2 por habitante, lo que representa más de 9 veces las emisiones correspondientes a un habitante promedio del Tercer Mundo, y más de 20 veces las emisiones de un habitante de África Subsahariana.

Rechazamos de manera absoluta el ilegitimo “Entendimiento de Copenhague”, que permite a estos países desarrollados ofertar reducciones insuficientes de gases de efecto invernadero, basadas en compromisos voluntarios e individuales, que violan la integridad ambiental de la Madre Tierra conduciéndonos a un aumento de alrededor de 4ºC.

La próxima Conferencia sobre Cambio Climático a realizarse a fines de año en México debe aprobar la enmienda al Protocolo de Kioto, para el segundo período de compromisos a iniciarse en 2013 a 2017 en el cual los países desarrollados deben comprometer reducciones domésticas significativas de al menos el 50% respecto al año base de 1990 sin incluir mercados de carbono u otros sistemas de desviación que enmascaran el incumplimiento de las reducciones reales de emisiones de gases de efecto invernadero.

Requerimos establecer primero una meta para el conjunto de los países desarrollados para luego realizar la asignación individual para cada país desarrollado en el marco de una comparación de esfuerzos entre cada uno de ellos, manteniendo así el sistema del Protocolo de Kioto para las reducciones de las emisiones.

Los Estados Unidos de América, en su carácter de único país de la Tierra del Anexo 1 que no ratificó el Protocolo de Kioto tiene una responsabilidad significativa ante todos los pueblos del mundo por cuanto debe ratificar el Protocolo de Kioto y comprometerse a respetar y dar cumplimiento a los objetivos de reducción de emisiones a escala de toda su economía.

Los pueblos tenemos los mismos derechos de protección ante los impactos del cambio climático y rechazamos la noción de adaptación al cambio climático entendida como la resignación a los impactos provocados por las emisiones históricas de los países desarrollados, quienes deben adaptar sus estilos de vida y de consumo ante esta emergencia planetaria. Nos vemos forzados a enfrentar los impactos del cambio climático, considerando la adaptación como un proceso y no como una imposición, y además como herramienta que sirva para contrarrestarlos, demostrando que es posible vivir en armonía bajo un modelo de vida distinto.

Es necesario construir un Fondo de Adaptación, como un fondo exclusivo para enfrentar el cambio climático como parte de un mecanismo financiero manejado y conducido de manera soberana, transparente y equitativa por nuestros Estados. Bajo este Fondo se debe valorar: los impactos y sus costos en países en desarrollo y las necesidades que estos impactos deriven, y registrar y monitorear el apoyo por parte de países desarrollados. Éste debe manejar además un mecanismo para el resarcimiento por daños por impactos ocurridos y futuros, por pérdida de oportunidades y la reposición por eventos climáticos extremos y graduales, y costos adicionales que podrían presentarse si nuestro planeta sobrepasa los umbrales ecológicos así como aquellos impactos que están frenando el derecho a Vivir Bien.

El “Entendimiento de Copenhague” impuesto sobre los países en desarrollo por algunos Estados, más allá de ofertar recursos insuficientes, pretende en si mismo dividir y enfrentar a los pueblos y pretende extorsionar a los países en desarrollo condicionando el acceso a recursos de adaptación a cambio de medidas de mitigación. Adicionalmente se establece como inaceptable que en los procesos de negociación internacional se intente categorizar a los países en desarrollo por su vulnerabilidad al cambio climático, generando disputas, desigualdades y segregaciones entre ellos.

El inmenso desafío que enfrentamos como humanidad para detener el calentamiento global y enfriar el planeta sólo se logrará llevando adelante una profunda transformación en la agricultura hacia un modelo sustentable de producción agrícola campesino e indígena/originario, y otros modelos y prácticas ancestrales ecológicas que contribuyan a solucionar el problema del cambio climático y aseguren la Soberanía Alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a controlar sus propias semillas, tierras, agua y la producción de alimentos, garantizando, a través de una producción en armonía con la Madre Tierra, local y culturalmente apropiada, el acceso de los pueblos a alimentos suficientes, variados y nutritivos en complementación con la Madre Tierra y profundizando la producción autónoma (participativa, comunitaria y compartida) de cada nación y pueblo.

El Cambio Climático ya está produciendo profundos impactos sobre la agricultura y los modos de vida de los pueblos indígenas/originarios y campesinos del mundo y estos impactos se irán agravando en el futuro.

El agronegocio a través de su modelo social, económico y cultural de producción capitalista globalizada y su lógica de producción de alimentos para el mercado y no para cumplir con el derecho a la alimentación, es una de las causas principales del cambio climático. Sus herramientas tecnológicas, comerciales y políticas no hacen más que profundizar la crisis climática e incrementar el hambre en el planeta. Por esta razón rechazamos los Tratados de Libre Comercio y Acuerdos de Asociación y toda forma de aplicación de los Derechos de Propiedad Intelectual sobre la vida, los paquetes tecnológicos actuales (agroquímicos, transgénicos) y aquellos que se ofrecen como falsas soluciones (agrocombustibles, geoingeniería, nanotecnología, tecnología Terminator y similares) que únicamente agudizarán la crisis actual.

Al mismo tiempo denunciamos como este modelo capitalista impone megaproyectos de infraestructura, invade territorios con proyectos extractivistas, privatiza y mercantiliza el agua y militariza los territorios expulsando a los pueblos indígenas y campesinos de sus territorios, impidiendo la Soberanía Alimentaria y profundizando la crisis socioambiental.

Exigimos reconocer el derecho de todos los pueblos, los seres vivos y la Madre Tierra a acceder y gozar del agua y apoyamos la propuesta del Gobierno de Bolivia para reconocer al agua como un Derecho Humano Fundamental.

La definición de bosque utilizada en las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la cual incluye plantaciones, es inaceptable. Los monocultivos no son bosques. Por lo tanto, exigimos una definición para fines de negociación que reconozca los bosques nativos y la selva y la diversidad de los ecosistemas de la tierra.

La Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas debe ser plenamente reconocida, implementada e integrada en las negociaciones de cambio climático. La mejor estrategia y acción para evitar la deforestación y degradación y proteger los bosques nativos y la selva es reconocer y garantizar los derechos colectivos de las tierras y territorios considerando especialmente que la mayoría de los bosques y selvas están en los territorios de pueblos y naciones indígenas, comunidades campesinas y tradicionales.

Condenamos los mecanismos de mercado, como el mecanismo de REDD (Reducción de emisiones por la deforestación y degradación de bosques) y sus versiones + y ++, que está violando la soberanía de los Pueblos y su derecho al consentimiento libre, previo e informado, así como a la soberanía de Estados nacionales, y viola los derechos, usos y costumbres de los Pueblos y los Derechos de la Naturaleza.

Los países contaminadores están obligados a transferir de manera directa los recursos económicos y tecnológicos para pagar la restauración y mantenimiento de los bosques y selvas, en favor de los pueblos y estructuras orgánicas ancestrales indígenas, originarias, campesinas. Esto deberá ser una compensación directa y adicional a las fuentes de financiamiento comprometidas por los países desarrollados, fuera del mercado de carbono y nunca sirviendo como las compensaciones de carbono (offsets). Demandamos a los países a detener las iniciativas locales en bosques y selvas basados en mecanismos de mercado y que proponen resultados inexistentes y condicionados. Exigimos a los gobiernos un programa mundial de restauración de bosques nativos y selvas, dirigido y administrado por los pueblos, implementando semillas forestales, frutales y de flora autóctona. Los gobiernos deben eliminar las concesiones forestales y apoyar la conservación del petróleo bajo la tierra y que se detenga urgentemente la explotación de hidrocarburos en las selvas(...)". Fuente: www.ecoportal.net /23-4-2010

"El primer paso en la lucha contra el cambio climático, es la formación de un movimiento de base. Esta es la importancia de Cochabamba, es el lugar idóneo para comenzar la articulación del movimiento", expresa Diego Griffon y recurre a Murray Bookchin, quien nos formula el desafío de “O establecemos una sociedad ecológica, o la sociedad desaparecerá para todos, sin importar el estatus de cada quien.”  La disyuntiva se encaminará, por ejemplo, asumiendo nosotros -los de abajo- la responsabilidad por la puesta en práctica de:

1.  Nuestro poder de hacer posible el buen vivir en el país y en el mundo entero

Diego Griffon, en "Cochabamba: Otro clima es posible", se refiere a cómo los poderes establecidos proceden:

"(...)Ilusiones peligrosas, no se puede comprar la salida

Los grandes grupos de poder están perfectamente al tanto de las posibles consecuencias sociales del cambio climático. El sistema se encuentra en uno de sus ciclos de crisis, recordemos: 2008 crisis de los precios de los alimentos, 2009 crisis de los mercados, 2010 crisis ambiental. La resiliencia del sistema capitalista esta comprometida, su supervivencia está en juego.

Los grupos hegemónicos no van a renunciar a sus privilegios para solucionar el problema. Ellos, en una actitud kamikaze, se abalanzan apresurados al fatal destino, y su miope actitud nos sentencia a todos.

El dogma neoclásico está tan profundamente arraigado en sus mentes, que verdaderamente piensan que esta situación puede ser solucionada sin cambios radicales. No hay que menospreciar la fe que la “sociedad occidentalizada” tiene en sus dioses: la todopoderosa ciencia y el eficiente mercado. El dogma dice que ellos nos brindarán la solución. Esta es una peligrosa ilusión.

La mentira tiene dos cabezas, se nos a hecho creer que la ciencia lo puede todo. Como sociedad estamos de rodillas ante ella. Sólo nos sentimos reconfortados cuando “un científico” (varón), nos explica algún fenómeno confuso (e.g., un Tsunami) en el televisor. No desconocemos las virtudes de la ciencia, sólo señalamos los peligros presentes en la deificación de un área del saber humano. Es particularmente ingenuo pensar que la ciencia, como un deus ex machina, nos salvará del cambio climático. Por mucho que le debamos a la ciencia, la solución de la crisis climática no va a estar incluida en la cuenta. Sin embargo, ésta es una de las ideas más generalizadas. Muchos están convencidos que bombillos ahorradores, autos híbridos y agrocombustibles son suficientes para solucionar el problema.

La otra cabeza de la mentira se manifiesta en la “fe de carbonero” en el sistema económico vigente. Muchos creen que para superar este problema basta con arreglar algunas imperfecciones del sistema actual. En particular se cree que es suficiente internalizar las externalidades ambientales en los análisis económicos. Esta aproximación, propia de la economía ambiental, es la que se encuentra detrás de los conocidos bonos de carbonos y del nefasto sistema del “cap and trade”. Es interesante observar cómo, mediante este mecanismo se ha logrado algo, que no se encuentra en los sueños distópicos más extremos: privatizar el aire. Este mecanismo permite efectivamente ¡comprar el derecho a contaminar el aire!

El monstruo detrás de estas soluciones se manifiesta cuando se unen las dos cabezas de la mentira. El resultado inevitable es pensar que comprando, cada uno individualmente “inventos verdes”, podemos salir del problema. De esta manera, la ciencia nos brinda las soluciones y el mercado las pone a nuestro alcance. Creándose de esta forma la ilusión de que podemos COMPRAR la salida de la crisis climática.

La ciencia mercantilizada y financiada por grandes compañías nos ofrece como sumideros de carbono gigantescos desiertos verdes de árboles genéticamente modificados. También son transgénicas las semillas que se siembran en los enormes monocultivos destinados a la producción de agrocombustibles. Inclusive han regresado monstruos del pasado, grandes grupos de cabildeo están promoviendo la energía nuclear como alternativa. Todas las propuestas tienen elementos en común:

Plantea:

"El origen del problema

Para poder encontrar la solución a cualquier problema es indispensable encontrar sus causas. De no hacer esto corremos el riesgo de luchar eternamente contra las consecuencias, sin nunca llegar a solucionar el problema. Con respecto al cambio climático existen dos niveles que debemos discutir y enfrentar.

En un primer nivel debemos establecer claramente cual es el responsable directo del problema. En este caso no es otro que el sistema económico mundial. Este sistema logra reducir a todas las personas a simples consumidores, desconociendo de esta manera las complejidades inherentes a cualquier ser humano. En el marco de la lógica neoclásica, se reduce la complejidad del ser humano a una morisqueta conocida como Homo economicus y se asume que las necesidades materiales de la sociedad son infinitas, razón por la cual el mercado debe ofrecer infinitos productos. Esto, como ya se comentó, plantea el dilema básico de este marco teórico. Sin embargo, también es importante apreciar que esta lógica irremediablemente implica producir incrementadas cantidades de desechos, desperdicios que son fundamentalmente tratados como externalidades. De esta manera el sistema privatiza los beneficios, mientas que socializa los problemas ambientales. Esto es algo que la economía ecológica ha demostrado elocuentemente.

Dada la lógica del sistema, que plantea el crecimiento y la acumulación de capital como condición sine qua non para su existencia, es imposible en este marco abordar y solucionar las causas de fondo del problema. Las alternativas que nos proponen desde la lógica neoclásica son solo paliativas, enfocadas en algunas de las consecuencias. Es imposible que este sistema ofrezca soluciones reales, las causas del problema se encuentran en sus fundamentos básicos. El sistema no puede ser arreglado, la única opción es cambiar de sistema.

 

El primer nivel es tan obvio que resulta insólito que todavía existan dudas al respecto. El segundo nivel (mas importante aún) no es para nada tan obvio. El segundo nivel que debemos afrontar son las jerarquías. No hay una forma fácil de explicar esto, aquí utilizaremos un ejemplo del cual se valió recientemente un amigo. Este es un ejemplo grueso, lleno de generalizaciones, pero presenta de manera muy intuitiva el problema. Comencemos: es por muchos conocido que el estado alemán mantiene una política de discriminación con los inmigrantes turcos, también es ampliamente conocido que el estado turco mantiene una política de discriminación con el pueblo kurdo. De forma general, se sabe que en la sociedad kurda la mujer es discriminada. Por su parte, las madres kurdas agreden en algún nivel a sus hijos e hijas, y finalmente los niños y niñas en muchos casos maltratan a sus mascotas. Es decir, existe una red intrincada de relaciones de dominación, que involucra la dominación de la naturaleza.

Este ejemplo, que no pretende ofender la sensibilidad de ningún pueblo, podría ser levantado utilizando cualquier gentilicio o nacionalidad. El ejemplo revela algo tan generalizado que no debería ser una sorpresa para nadie: vivimos en sociedades altamente jerarquizadas, en donde se establecen relaciones de dominación. Este es nuestro dilema central, hemos creado relaciones sociales que se fundamentan en la dominación de un grupo por otro: los ricos dominan a los pobres, los mayores a los menores, un grupo religioso a otro, una etnia a otra, un género a otro, una especie al resto.

 

La forma de dominación básica, primordial, es la dominación de género. Esta circunstancia esta profundamente relacionada con el cambio climático. El problema de las jerarquías es anterior a sistema capitalista, por lo tanto más profundo. Es cierto que solo en el sistema capitalista esta circunstancia alcanza las connotaciones que aquí discutimos. Pero de no ser solucionado, la espiral de la dominación siempre terminará por agredir en demasía a la naturaleza.

Las relaciones de dominación que mantenemos en nuestras sociedades se trasladan a nuestra relación con el resto de la naturaleza. Hemos desarrollado un modo de vida fundamentado en la agresión. La idea de la “dominación de la naturaleza” esta profundamente arraigada en nuestra psique. Encontramos ejemplos de esto en todos los aspectos de nuestra vida: en nuestro modelo de agricultura, de urbanismo, de producción industrial, de entretenimiento, de educación. La creencia de que podemos dominar al resto de la naturaleza es la raíz del cambio climático. Esta creencia es una expansión subjetiva de nuestras relaciones sociales de dominación. Para solucionar el problema climático de fondo, debemos acabar con la jerarquías.

Soluciones: Políticas prefigurativas

La magnitud del cambio necesario para solucionar el problema puede llegar a ser intimidante. Sin embargo existen alternativas, muchas de ellas están siendo actualmente ejecutadas, las llamamos políticas prefigurativas. Sin embargo, antes de hablar de esto, se debe aclarar que los cambios necesarios sólo pueden ser llevados a cabo por la gente organizada. Este es un camino que sólo puede ser recorrido de abajo hacia arriba, no en sentido contrario. El fracaso de la XV Conferencia de las Partes de la Convención Marco sobre Cambio Climático (COP15) lo demostró elocuentemente. Hemos observado durante décadas fiascos en las negociaciones climáticas. Es evidente que los gobiernos del mundo y las multilaterales no son capaces de llevar a cabo los cambios necesarios para solucionar el problema. Llegó la hora de que dejemos de delegar nuestras responsabilidades. Llegó la hora de que asumamos nuestro poder a través de la participación directa.

Es importante que reconozcamos los errores del pasado y asumamos que los medios deben ser coherentes con los objetivos. Esta es la lógica detrás de las políticas prefigurativas. Si nuestro objetivo es destruir las jerarquías, no podemos lograr esto utilizando estructuras jerárquicas. Este es un principio básico.

El primer paso en la lucha contra el cambio climático, es la formación de un movimiento de base. Esta es la importancia de Cochabamba, es el lugar idóneo para comenzar la articulación del movimiento. Somos muchos y muy diversos, nuestro lema debe ser: unidad en la diversidad. Para construir nuestra unidad debemos establecer cuales son nuestras afinidades. Estas afinidades pueden ser expresadas en un conjunto de principios comunes. Esto es algo que la red por la justicia climática ha hecho, ellos han establecido como principios la solidaridad, autonomía, cooperación y acción directa.

La acción directa es fundamental pues crea la cultura y la conciencia necesaria para ejecutar la democracia directa (la prefigura). En términos generales, tenemos dos vías de acción: la oposición ilustrada y las alternativas concretas.

Mediante la oposición ilustrada debemos demostrar las falsedades que se encuentran detrás de las alternativas propuestas en el marco del sistema actual. Sin embargo, esto no es suficiente, no basta con demostrar que una opción no es válida, debemos plantear alternativas. Debemos demostrar que otro mundo es efectivamente posible. Es aquí donde la agroecología, la permacultura, la pareconomía y el municipalismo libertario deben ser aplicados.

Múltiples movimientos sociales son hoy en día ejemplos de éxito. El movimiento mundial por el decrecimiento nos ha mostrado como re-escalar nuestras sociedades. El movimiento internacional de ecoaldeas muestra la potencialidad de la permacultura. La Vía Campesina nos enseña el poder de la agroecología.

Nuestros principios en común deben guiar nuestras decisiones. La formas de organización que asumamos y las alternativas tecnológicas que adoptemos deben prefigurar el mundo que queremos. Este sencillo planteamiento simplifica mucho nuestro accionar. Cuando dudemos ante alternativas, solo debemos preguntarnos cual es coherente con nuestros principios. Estos deben ser nuestra guía en la lucha. Construyamos estos principios en conjunto en Cochabamba. La importancia de la reunión en Bolivia radica en que es un encuentro de pueblos, no de gobiernos. Creemos el movimiento de movimientos capaz de trasformar el mundo. Aprovechemos el potencial revolucionario existente en la crisis climática. Solucionemos algo más que el calentamiento global: ¡Cambiemos el sistema, no el clima!".

Diego Griffon - http://agroecologiavenezuela.blogspot.com/

Fuente: www.ecoportal.net/ 21-4-2010

 

2. Nuestra solidaridad con los pueblos originarios como enfrentamiento al capitalismo

 

Stefano Varese (Servindi), en "Genocidio por despojo", aclara cómo progresa el capitalismo e imperialismo: "A mediados del mes de octubre del año pasado escribí un texto corto sobre los trágico hechos de Bagua y sobre la continua lucha de los pueblos indígenas de la Amazonía y del Perú en defensa de sus tierras, sus recursos y su derecho a la vida. El ensayo fue recogido por Servindi [http://www.servindi.org/] y recibió más difusión de la que yo esperaba, algunas voces de apoyo y también algunos insultos que llegaron directamente a mi correo electrónico universitario. Hace pocos días la editorial Línea Andina me solicitó una contribución adicional a un libro colectivo que están preparando AIDESEP y CONACAMI. Acepto con gusto y humildad la invitación y me siento honrado de poder expresar una cuantas ideas que puedan fomentar el entendimiento entre todos los peruanos, la justicia social, la equidad cultural y la coexistencia pacífica y creativa de todas las expresiones histórico-culturales del país.

El pillaje neoliberal

El gran geógrafo inglés David Harvey ha afirmado que en esta etapa tardía del capitalismo neoliberal y global el proceso de acumulación del capital toma una nueva forma que él denomina “accumulation by dispossession”, es decir acumulación por despojo o acumulación por pillaje. La acumulación por despojo es el motor del neoliberalismo que aspira a mercantilizar todos los elementos de la naturaleza y del mundo e incluso del universo: todos los recursos, tierras, aguas, aire, animales, plantas, minerales, paisajes y sobre todo la gente pueden y deben ser mercantilizados. Es decir, tienen un precio y el capital los puede tomar (no solamente comprarlos) y disponer de ellos para su propio beneficio y ganancia. Incluso el trastorno –o colapso- de Wall Street puede entenderse como el resultado intencional de la “acumulación por despojo”. Los enganches financieros e hipotecarios aparentemente baratos y finalmente impagables fueron ofrecidos al proletariado doméstico de los Estados Unidos con el pleno conocimiento de los banqueros y prestamistas de que los compradores iban a fallar en sus pagos (por el alevoso aumento astronómico de las tasas de interés) con lo que la institución financiera se podía reapropiar de las casas y también de los primeros meses de pagos hipotecarios de las víctimas de este pillaje.

Las trampas financieras y “legales” de estos robos a mano armada del neoliberalismo, en el caso de los Estados Unidos, son invisibilizadas por los aparatos mediáticos que forman parte de los conglomerados financieros y bancarios siempre más monopólicos y en asociación con el gobierno federal de los EE.UU. El público general tiene grandes dificultades en entender qué es lo que exactamente ha ocurrido y por qué repentinamente el sistema financiero y de crédito deja de funcionar.

Ocasionalmente, sin embargo, hasta la autocensura de los medios de comunicación en un descuido deja escapar algunos datos de los horrores de este sistema económico y social. En el New York Times del 11 de octubre de 2009 aparece la noticia de que numerosos cadáveres de familiares muertos son abandonados en la morgue y en los hospitales porque la gente no tiene dinero para pagar el entierro o la cremación. Sospecho que ni siquiera en los peores momentos de la Edad Media europea se llegó a estos extremos de miseria y desolación. La muerte de un ser querido se convierte en mercancía para la agencia funeraria (privada) y para el cementerio (casi siempre en subcontrato de la ciudad con agencias privadas). Aquí la acumulación por despojo se quita toda máscara de dignidad hipócrita y anuncia en spots televisivos perfectamente filmados que es indispensable que todo individuo de la tercera edad empiece a pagar en cómodas cuotas mensuales su propio entierro.

He dedicado algunas líneas a comentar estas manifestaciones del neoliberalismo en los mismos EE.UU. porque es a partir de este modelo socioeconómico, de este paradigma ideológico que se nos impone cotidianamente por los medios como salvación que hay que descifrar, analizar, criticar y eventualmente derrotar en sus interpretaciones políticas y empresariales a las élites peruanas en su adopción servil del modelo y en su implementación autoritaria del mismo.

El genocidio enmascarado

Unos de los éxitos más obvios del colonialismo europeo y estadounidense impuesto a los pueblos indígenas de todo el continente desde el siglo XVI, fue la construcción de un discurso ideológico generalizado que logró enmascarar a los ojos del mundo y de la historia el verdadero holocausto de los pueblos originarios de las Américas. Durante los primeros cien años de ocupación militar española el 95 por ciento de los indígenas de América desapareció. La guerra convencional y bacteriológica sumada a la guerra ambiental o ecológica lograron exterminar a los millones de pueblos indígenas que por milenios habían prosperado en el continente y construido sofisticadas y complejas formas de civilización. Los estudios recientes de demografía histórica empiezan a iluminar este período horroroso de la expansión europea y el costo verdadero que la humanidad indígena tuvo que pagar para el crecimiento desmedido de España, Europa y posteriormente Estados Unidos.

Ningún texto de historia y muy pocas escuelas de pensamiento social convencional han llamado a estas masacres masivas de hombres, mujeres, niños y ancianos por su verdadero nombre: genocidio. Si los más de 90 millones de muertos causados por la Segunda Guerra Mundial merecen el trágico nombre de genocidio y los 6 o más millones de judíos aniquilados por el nazismo se recuerdan como víctimas inocentes del holocausto, nada comparable ha sido recordado, escrito, conmemorado para los 300 o más millones de pueblos indios que murieron para enriquecer a las monarquías europeas y a las oligarquías coloniales y neocoloniales. El reiterado silencio de las intelectualidades nacionales sobre este doloroso y sangriento comienzo de la vida de Occidente en América marca la sucesiva sistemática alienación de las sociedades nacionales ante los propios pueblos indígenas que lograron sobrevivir y coexistir con los nuevos amos.

Hacia mediados de los años de 1960 la antropología francesa introdujo el término "etnocidio" para significar las políticas y prácticas de agresión y violencia de los Estados y el sector privado hacia los pueblos indígenas. Los barí de Colombia, cazados como animales por los colonos mestizos, se volvieron el emblema de esta nueva tipología del neocolonialismo. A los barí les siguieron las revelaciones sobre el etnocidio de los guayakí de Paraguay, los ñambikwara de Brasil y otros centenares de grupos indígenas de los que ni siquiera se conocía la existencia afuera de los círculos de la antropología. Lo absurdo de todo este movimiento inicial de la “antropología de rescate” es que no interesaba tanto la vida de los indígenas como el registro y documentación de sus culturas y lenguas en peligro de extinción. No era suficiente que pueblos indígenas enteros fueran diezmados o exterminados para que las comunidades nacionales, los gobiernos y los académicos llamaran las cosas por su verdadero nombre: estábamos asistiendo pasivamente al genocidio de pueblos enteros.

Cualquier diccionario define al genocidio como “la destrucción deliberada y sistemática de un grupo étnico-cultural, político o religioso”. Cómo y con qué métodos se lleve a cabo la destrucción de un grupo humano y cuán numeroso el grupo tiene que ser, no constituyen obstáculos para tipificar el hecho como genocidio. Los pocos centenares de ñambikwara, o los miles de witoto del Amazonas que fueron exterminados por los caucheros peruanos a finales del siglo XIX son tan víctimas de genocidio como los 800.000 tutsi y hutus de Rwanda o los millones de armenios victimados por el Estado turco-otomano.

En 1971 un grupo de antropólogos latinoamericanos se reunió en la isla caribeña de Barbados para debatir la situación de los pueblos indígenas de las tierras bajas de Centro y Sudamérica. La Declaración de Barbados I sobre la violencia sistemática, el despojo y las agresiones armadas a las que los pueblos indígenas estaban sometidos causó algunas reacciones entre los misioneros y los antropólogos y prácticamente ninguna respuesta de los gobiernos latinoamericanos que siguieron ignorando la situación de etno/genocidio que se daba al interior de sus países.

Un solo gobierno respondió con rapidez al desafío de estas denuncias. La dictadura militar de Uruguay requisó inmediatamente todos los ejemplares del libro de Barbados I –publicado en español precisamente por una editorial uruguaya- y en la mejor tradición nazi-fascista los mandó a quemar. Se salvó la edición en inglés porque se publicó en Suiza. ¿Cómo interpretar este celo de los censores militares uruguayos? Creo que sin ni siquiera saberlo las dictaduras militares de Sudamérica que desembocaron en Pinochet asumieron para sí el rol de guardianes de la historia oficial de Occidente. Del Occidente cristiano y civilizado, cuyas expresiones más altas de civilización son que ha sabido asimilar e integrar (o eliminar) a los pueblos originarios del continente que vivían en la barbarie y en la oscuridad.

Nadie en nuestros países, y especialmente en Perú, quiere admitir que hay una corriente subterránea permanente de políticas sistemáticas de genocidio de los pueblos indígenas. En 1967 yo mismo denuncié en la revista Amaru (Nº 3, julio-septiembre) que el gobierno de Fernando Belaúnde Terry había mandado aviones de la FAP a bombardear con bombas incendiarias al pueblo matsés del alto Yaquerana. Para llevar adelante esta acción civilizadora el gobierno “democrático” de Belaúnde pidió ayuda a la International Petroleum Company para que sus ingenieros y técnicos estadounidenses enseñaran a los militares peruanos cómo construir bombas incendiarias. Las populares bombas Napalm que los EEUU estaban usando masivamente en Vietnam. Los bombardeos fueron ejecutados por la FAP con la ayuda logística de helicópteros de los EE.UU. especialmente traidos desde Panamá.

¿Cómo llamar este evento? ¿Con qué hipócritas metáforas esconder esta barbarie? ¿Qué más necesita hacer un gobierno, un Estado nacional y sus empresarios a los pueblos indígenas del Amazonas para que la acusación de genocidio entre a formar parte del léxico legal internacional y los gobiernos culpables de esta políticas sean responsabilizados?

La suma de estas políticas escandalosas de etno/genocidio llegó a repercutir tanto en la opinión pública europea que en 1981 la fundación Bertrand Russell convocó al IV Tribunal Internacional Bertrand Russell sobre los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas. El Tribunal y su jurado internacional reunidos en Rotterdam (Holanda) escucharon y revisaron una muestra de más de mil casos de formas deliberadas y sistemáticas de etno/genocidio cometidos contra de los pueblos indígenas de América por los gobiernos y las empresas privadas. La condena moral del Tribunal Russell si bien no causó molestia alguna a los gobiernos por lo menos sirvió para ampliar la conciencia en un sector ilustrado de la opinión pública latinoamericana y fue capitalizada por algunas de las organizaciones indígenas y sus miembros.

Sin embargo la fuerza ideológica y mediática de los sucesivos gobiernos, el apoyo que reciben del poder imperial, tanto en armamentos como en sustentos ideológicos, logran mantener invisibles a las varias modalidades de agresiones y violencias sistemáticas en contra de los pueblos y comunidades indígenas. Desde las matanzas a cargo de la policía y el ejército que ocurren en la selva central en los años 1964-65, luego en el Madre de Dios, pasando por las masacres del senderismo/tupamarismo y del ejército en la década trágica para desembocar en los miles de refugiados ashanínka, nomatsiguenga y otros pueblos amazónicos obligados a abandonar sus territorios y exilarse en la pobreza más absoluta, la historia reciente de la Amazonía manifiesta de manera inequívoca e irrebatible la estructura política genocida del Estado peruano en relación con los pueblos indígenas de la selva. Hay una sola excepción a esta estructura política genocida, y como excepción confirma precisamente la norma, se trata del período de pocos años de la revolución velasquista que ofreció respiro político y legalidad a los pueblos y organizaciones indígenas de la Amazonía para su adecuación a las nuevas embestidas del mercado neoliberal.

Economía política del genocidio

Cabe preguntarse ¿Por qué el velasquismo fue una excepción? ¿Cómo explicarse que aun dentro del marco “revolucionario” y popular del velasquismo la expansión a fierro y fuego en pueblos y tierras amazónicas disminuyó e incluso hubo logros en la consolidación de medidas legislativas de apoyo a los reclamos territoriales indígenas? La explicación de esta aparente contradicción hay que buscarla en el desfase estructural de la economía peruana de las décadas de los 60 y 70 en relación con las reformas de la economía liberal que se estaban produciendo en los EEUU e Inglaterra y que culminaron con la consolidación de la Escuela de Economía de Chicago que dio nuevo impulso a la economía neoclásica con el nombre y el programa del neoliberalismo.

En síntesis, esta nueva versión de la economía burguesa proponía la no intervención del gobierno y el Estado en el mercado –éste se ajusta por sí solo a los vaivenes de la producción-circulación-consumo-; el rol tradicional del Estado como regulador de las disfuncionalidades y desigualdades socioeconómicas tiene que ser eliminado; no más estado de bienestar social, sino dejar que la ley de la competencia y eficiencia se convierta en el ente regulador del mercado. Margaret Thatcher en Inglaterra y Ronald Reagan en EEUU fueron los abanderados de esta versión radicalizada –y hasta extremista- de la economía liberal. El Perú de los 70 pasó impunemente por estas reformas neoliberales mientras en Chile la dictadura militar las implementó a punta de bayoneta, desaparecidos y torturas logrando efectivamente enriquecer de manera vergonzosa a su oligarquía y empobrecer a trabajadores, campesinos y mapuches que fueron desposeídos de todos sus recursos. En el Perú del velasquismo, en cambio, una parte importante de la dirigencia política y una pequeña cúpula militar creía –aun sin decirlo demasiado en voz alta- en la ruta de una socialdemocracia adaptada a las necesidades del país y sus pueblos. Y sobre todo en un Estado con poderes reguladores y una ética de justicia social. Como se sabe, a partir del golpe de Morales Bermúdez el evangelio neoliberal volvió a tomar el control del Estado y de los gobiernos sin lograr del todo la cancelación total de las reformas estructurales que había establecido el velasquismo.


Acumulación por despojo y etno/genocidio

¿Qué tiene que ver todo esto con los pueblos indígenas de la Amazonía? Es aquí donde hay que retomar la propuesta analítica de David Harvey y su tesis de que en esta fase del capitalismo neoliberal global el proceso de acumulación del capital se da a partir del despojo o del pillaje de recursos, fuerza de trabajo y hasta dinero que están todavía bajo relativo control de algunas clases, grupos o, como en el caso de la Amazonía, de las nacionalidades/etnias indígenas. La misma historia de la expansión nacional de las fronteras agroforestales y ahora minero/petroleras explica por qué el despojo se tiene que dar en los territorios de los pueblos indígenas. ¿Adónde más puede el capital hacer pillaje y saqueo? ¿Adónde están todavía los bosques, las aguas, la riqueza biótica, los minerales, y desafortunadamente el petróleo sino en la Amazonía indígena? Este Perú de los territorios indígenas, que el Perú oficial, el Perú de la oligarquía en el poder, el Perú de las corporaciones transnacionales, de los mal llamados acuerdos o tratados de libre comercio considera como “colonias internas” que se pueden invadir, ocupar militarmente, someter, conquistar, saquear. No nos olvidemos que fue Belaúnde quien acuñó la frase digna de Pizarro: “La conquista del Perú por los peruanos” y que ahora este concepto de imperialismo barato ha sufrido la metamorfosis del “perro del hortelano” en un alarde presidencial de “profundo análisis histórico social”.

Hay necesidad de disfrazar el despojo y las consiguientes muertes por inanición de los pueblos saqueados con un aparataje legalista que pueda ser digerido por la opinión pública urbana y por las entidades financieras multilaterales. En esto la postdemocracia peruana ha avanzado mucho a partir de las enseñanzas y de las prácticas políticas de los EE.UU. Todo robo, todo saqueo, toda ocupación territorial, toda incautación de bienes y finalmente toda violencia armada tiene que estar respaldada por una o más leyes. No hace falta remontarse a Marx para darse cuenta de que las leyes –incluso las que aprueban a carpetazo los congresistas diligentemente elegidos por el pueblo- constituyen simplemente el plan programático para ejecutar el robo con una apariencia de civilización. Es decir, que es importante para los gobernantes del neoliberalismo guardar un cierto estilo de conducta pública que los distancie de los narcotraficantes y del estereotipo del dictador de las república bananeras. Sin embargo los resultados son los mismos: los pueblos indígenas son depredados de tierras que han ocupado por milenios y recursos con los que han convivido de manera productiva y reproductiva desde tiempos inmemoriales. ¿Quiénes han domesticado la totalidad de las plantas comestibles y de uso de la Amazonía andina y de la selva baja? ¿Quiénes han creado y recreado el paisaje civilizado del bosque amazónico que durante milenios fue capaz de sustentar la vida de millones –no miles, sino millones- de personas? No fueron ciertamente los europeos ni los ciudadanos criollos de la republica oligárquica decimonónica y contemporánea expertos sólo en la devastación del bosque, en la depredación de los animales, en la contaminación de las aguas y en el ultraje permanente de los pueblos amazónicos.

La acumulación por despojo está siendo impuesta por el gobierno de Alan García y demás agentes de la oligarquía financiero-empresarial como modo económico extractivo dominante en la Amazonía. Las víctimas de este antiguo y renovado sistema de rapiña no son solamente los pueblos indígenas, los ribereños y los colonos pobres, sino toda la densa red de relaciones biótico-sociales que permiten la renovación de los recursos y enriquecen el paisaje en su diversidad productiva y su capacidad regenerativa. Al final de este modo criminal de extracción y acumulación sólo quedan desiertos, sabanas improductivas, pueblos enteros desaparecidos o demasiado debilitados para reconstituirse como agentes de su propia historia. Incluso una lectura superficial de la historia biótico-cultural de la Amazonía nos da los claros indicios de que éstos serán los resultados finales del saqueo. La trágica ironía de estas empresas de la economía liberal-burguesa es que la acumulación escandalosa de riqueza en pocas manos nacionales y transnacionales termina esfumándose en un mundo financiero y bancario especulativo fundamentalmente corrupto que reinvierte de manera incestuosa las ganancias en su propia reproducción de clase sin dejar que nada de esta riqueza se redistribuya ni siquiera parcialmente hacia abajo, hacia los pueblos saqueados o hacia proyectos productivos con objetivos morales de justicia social.

¿Qué hacer?

Desde los años 70 los pueblos indígenas de la Amazonía -las comunidades nativas- han irrumpido de manera incontenible en el escenario social, político y cultural nacional. Los pueblos indígenas de la Amazonía han entrado de lleno al Perú adormecido y embaucado por el consumismo de baratijas, por la desesperanza, por el desengaño cíclico de los partidos, y por la inequívoca certeza de que el sistema todo es corrupto e irremplazable. Los pueblos indígenas amazónicos organizados son un testimonio permanente de que ellos también son parte del Perú martirizado por los horrores de la amarga, mentecata e inútil década de violencia. Creo que la gran y monumental enseñanza que los pueblos indígenas de la Amazonía nos están dando es que se organizan y reorganizan, prescinden de los partidos, no se dejan seducir por ideologías y prácticas políticas generadas al exterior de sus trayectorias histórico-culturales y menos se han dejado embaucar por la retórica del desarrollismo y modernización que durante varias décadas han sido el disfraz del proyecto del capitalismo global.

Mientras la clase obrera está siendo dividida y desarticulada por un modelo de producción industrial (e incluso minera) fragmentado que obstaculiza las formas tradicionales de lucha sindical; mientras el desempleo y subempleo urbano aumentan vertiginosamente; y mientras el campesinado indígena y mestizo ha sido arrinconado a modalidades productivas poco rentables en un mercado competitivo de desventaja frente a las agroindustrias de alta tecnología y concentración de capital; los pueblos indígenas de la Amazonía, en cambio, han logrado mantener un cierto grado de autonomía y desvinculación del mercado capitalista apoyándose en la reconstitución y reforzamiento de sus economías sociales (las economías mixtas de subsistencia).

Es obvio que la pobreza sigue subsistiendo y que se acentúa en aquellas regiones donde la pérdida de recursos y la destrucción ambiental ponen a la comunidad en la disyuntiva de vender su fuerza de trabajo a las empresas extractivas o migrar de manera circular a otras zonas. Pero es así mismo claro que las comunidades nativas en gran parte han sabido evitar la disolución de la entidad étnico/comunal por abandono y desidia tendiendo a reconstituirse social y culturalmente incluso en condiciones muy desfavorables. Es el caso de las comunidades asháninkas del Ene martirizadas, deportadas y desplazadas por el senderismo y el ejército en una guerra de aniquilación étnica implementada con igual crueldad e idiotez por los dos bandos. Es imposible no ver en el caso de la espantosa violencia en contra de los asháninka del Ene la intención genocida de esas dos versiones fundamentalistas de un mismo proyecto nacionalista de “asimilación por exterminio”. Y a pesar de todo los asháninka viven, crecen, se adaptan, se organizan y nos dan lecciones de esperanzas.

No hay fórmulas políticas ni recetas culturales para compartir con los pueblos indígenas que se enfrentan a renovadas formas de opresión y violencia de Estado, a las políticas genocidas ocultas debajo de la retórica de la modernización y el desarrollo. Y si las hubiera serían fruto de la misma experiencia histórica de cada pueblo oprimido. Nosotros (yo) somos testigos, la mayoría de las veces lejanos y ausentes, que compartimos los sufrimientos y la rabia de los pueblos amazónicos e intentamos desenmarañar los engaños, las trampas, y el proyecto delincuente de esta vieja y nueva empresa colonialista llamada desarrollo y modernidad. La resistencia de los indígenas a la opresión y al exterminio sutil o abierto organizado por el Estado y sus amos nacionales o transnacionales tiene una larga historia que se remonta al siglo XVI. Poco hay que enseñarles a los awajún, por ejemplo, que ya en el siglo XVII expulsaron a los españoles de sus territorios o a los asháninka que cerraron las entradas a la selva central a los españoles y peruanos desde 1742 hasta 1848. Qué se le puede ofrecer en el campo de la organización etno-política a los yanesha que empezaron a organizarse para le defensa de sus tierras en 1967. Lo único que nosotros (yo) en solidaridad les ofrecería es el relato de sus historias de autonomía y resistencia, el compendio de siglos de oposición a ser sometidos, la memoria profunda de sus proyectos sociales y culturales utópicos que algunos de nosotros, fuereños indiscretos, llegamos a vislumbrar y comprender al calor de su hospitalidad".

Stéfano Varese es Antropólogo, catedrático en el Departamento de Estudios Indígenas (Native American Studies) en la Universidad de California, Davis.
Fuente original: http://www.servindi.org/actualidad/25040

Fuente: www.rebelion.org /América Latina y Caribe /29-04-2010