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Interbarrial Mayo 2007 |
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Otra sociedad
para la seguridad jurídica de los de abajo
1. Los agro negocios del bloque dominante versus la vida mayoritaria
Grandes son los padecimientos de
más de la mitad de menores del país por haber sido
arrojados a la pobreza e indigencia.
¿Cómo nuestro país
productor de alimentos somete
al hambre a millones de niños y adolescentes mutilándolos definitivamente?
Cuantos sufrimientos inerrables de
los chaqueños y salteños por acceso restringido al agua potable
debido,
respectivamente, a la falta de inversiones para afrontar una sequía de cuatro
meses y
a la racionalización de ese bien social a favor de las mega empresas.
El origen común de esas torturas y
esos debilitamientos se halla en el crecimiento económico
-festejado por el gobierno de 'los derechos humanos'-
con
base en los monocultivos de soja transgénica.
¿Es un problema que compete a los diez millones de pobres o a todos nosotros?
La agricultura sin
campesinos, sin productores, sin pueblos originarios y muy pocos trabajadores
rurales
los va echando brutalmente del campo y los hacina alrededor de las grandes
ciudades donde pueden
sobrevivir pésimamente.
Por añadidura:
Tanto hambre, tanta desnutrición y
unas 25.000 vacas murieron frente a Rosario por
las inundaciones, muchas otras se hallan estresadas sin producir leche.
También,
los perdedores son los productores pequeños y medianos que son los dueños
de ese ganado. Tamaña catástrofe se expande.
En efecto, el biólogo Raúl
Montenegro aseguró que, en el área de Victoria,
son "unas 7.000 toneladas de
cadáveres de vacas descomponiéndose
en contacto con el agua, sin que el Estado haya intervenido. (...)
Los animales en descomposición
son un riesgo y pueden provocar
la diseminación de agentes infecciosos.
Además,
el exceso de materia orgánica puede colapsar los mecanismos naturales de
descomposición,
disminuyendo o desapareciendo entonces el oxígeno disuelto del agua",
lo que acelera fermentaciones
que originan toxinas que, junto a la falta de oxígeno, mata a los peces.
"Internacionalmente existen
protocolos para enfrentar estos problemas
pero los gobiernos provinciales y la Secretaría de Ambiente de la Nación miran
para otro lado".
Los habitantes de las islas El
Espinillo, la Invernada y El Charigüé confirman lo dicho
por el docente de las universidades nacionales de Rosario y Córdoba
(Clarín 23/4/07)
Más de 3,5 millones de hectáreas
de unos 6 millones de hectáreas de tierras fértiles de Santa Fe
resultaron deterioradas por las inundaciones.
Tanto arrinconamiento y desalojos
a cargo de la policía, los jueces o de grupos armados por
quienes
expropian a quienes trabajan, viven y sienten esas tierras como parte
indisoluble de sus personas.
Tanto dolor y bronca ante la pérdida parcial o total de sus cultivos y ganados.
Tanta escasez y carestía de esos productos básicos para las grandes mayorías.
Como si no fuesen suficientes esas catástrofes para alertar y detener
los agro negocios,
se publicita y proyecta la expansión de los monocultivos que los abastecen.
2. La metodología para crear el consenso imprescindible
a) Justificaciones fraudulentas para llevar a cabo sus mega proyectos devastadores
Al
respecto, Txarly
Uharte (kimetz.org),
en "Biodiesel: un
paso más hacia la quiebra ecológica",
indica:
"Nos centraremos en la hipócrita «alternativa ecológica» que nos quieren
vender con los mal llamados biocombustibles.
Mal llamados
porque la mentira empieza por el nombre «BIOcombustibles».
Nos estamos acostumbrando a sospechar cada vez que vemos el prefijo «BIO» acompañando algún producto y hacemos bien, porque ese término sólo es una treta de marketing. (...)
La
maquinaria propagandística de los estados y los medios de comunicación
convencionales
ya se han puesto en marcha para vendernos el producto.
Lo presentan
como el maná que vino del cielo a salvarnos del calentamiento global,
la alternativa ecológica y renovable al petróleo, el gas y el carbón.
Muestran la cara más
simpática presentando a ciudadanos responsables
que
reciclan el aceite usado de freidoras para uso privado en sus automóviles,
o bien nos prometen un futuro de ciencia ficción con granjas marinas de algas
de las que se obtendría un gran rendimiento energético.
La realidad es mucho más siniestra.
Los
países desarrollados no tienen superficie cultivable
suficiente para poder cubrir sus necesidades
de biocombustible.
El estado español, por ejemplo, es el 10º país en volumen potencial de biodiesel
pudiendo llegar a las 1.000 millones de toneladas anuales en pocos años.
Sin embargo, el estado consume ¡27.000 toneladas! de gasoil al año.
Los
países desarrollados no sólo buscan diversificar sus exportaciones de
combustible.
También quieren controlar esta nueva industria de forma
colonial,
convirtiendo a los países productores subdesarrollados en repúblicas «neobananeras»,
con la complicidad
de las elites de estos países, cegadas por la promesa de negocio
de un cultivo exportable y rentable a corto plazo.
No van a responsabilizarse de los macabros «efectos secundarios» que conlleva dedicar un grandísimo porcentaje del suelo al cultivo industrial para abastecer a los países «ricos».
Lo peor está por venir pero, desgraciadamente, ya nos podemos hacer una idea.Al destinar gran parte del suelo cultivable para combustibles,
se desabastece de alimentos a gran parte de la población,
ya que
los precios de los alimentos básicos suben hasta llegar a ser prohibitivos para la mayor parte de la gente. Lo hemos visto recientemente en
las protestas en México por el aumento del precio del maíz.
Este maíz,
alimento básico de la dieta mejicana durante siglos, ahora se destina a
la producción de etanol para los gringos del norte. Es una muestra de
las hambrunas que desgraciadamente creemos que llegarán".
b) Tergiversaciones de conocimientos científicos
Txarly Uharte (kimetz.org), en "Biodiesel: un paso más hacia la quiebra ecológica", explica:
"Aparte
del problema alimentario,
la producción masiva de biocombustibles está agravando el problema del
calentamiento global.
Trágicamente contradictorio,
los combustibles vegetales están contribuyendo al aumento de la temperatura de
la Tierra,
problema que, supuestamente, combatían.
La tala y los incendios provocados de millones de hectáreas
de bosque para utilizarlas en estos cultivos están contribuyendo de manera brutal a
la deforestación del planeta.
Ahora,
los cultivos de combustibles pueden frenar la desertización en algunas zonas
cultivándolos en esos terrenos antes abandonados.
Pero,
desgraciadamente -por lo general- los empresarios
buscan suelos más ricos donde la tierra tenga una productividad mayor: selvas,
bosques tropicales.
Entonces, sucede que la biomasa
que tiene un extensísimo monocultivo de soja o maíz no puede, ni de lejos,
compararse
con la exuberancia de las selvas que están sustituyendo.
Brasil,
Indonesia, Malasia, Argentina son ejemplos que muestran una realidad brutal.
Brasil casi doblará su ya importante volumen de producción de etanol
para satisfacer la demanda de su poderoso vecino del norte.
En
Brasil son ya 11,5 millones de hectáreas las destinadas a estos cultivos
pero se necesitará casi el doble en los próximos años.
En Malasia,
los cultivos de soja para biocombustibles han sido los causantes del 87% de la
deforestación
y aún hay 6 millones de hectáreas planificadas para soja.
En Sumatra y Borneo,
4 millones de hectáreas se han convertido en cultivos de palma y
hay planeado convertir 16 millones de hectáreas.
Hay ejemplos sangrantes en todos los continentes.
c) Ilusiones para que los de abajo sigan delegando proyectos en la comunidad de negocios
Porque, como Txarly Uharte advierte,
"los
problemas que nos trae este radical cambio del uso del suelo son variados:
miles de nativos desplazados
de sus hogares,
cientos de especies extinguidas,
un aumento de las tragedias que acompañan a los desastres naturales,
especialmente en el sudeste asiático.
Todos
hemos visto con preocupación los destrozos que provocan huracanes, lluvias
torrenciales y terremotos en esa zona y que se han visto
agravados
por la pérdida de la primigenia cobertura vegetal.
La producción industrial de estos combustibles,
además,
trae consigo la desaparición de las pequeñas y medianas explotaciones agrarias
condenando a los pequeños agricultores al desempleo o
a la proletarización para abastecer de mano de obra barata
las grandes plantaciones y las plantas de refinado de combustible.
Aumentarán las ya de por si
grandes desigualdades con
la complicidad
de gobiernos y organismos internacionales.
Y TODO ESTO ¿PARA QUÉ?
La excusa más firmemente
extendida es que son necesarios para cumplir el Protocolo de Kyoto,
que busca frenar el calentamiento global provocado por las emanaciones de CO2
principalmente.
Nos cuentan que gracias a
estos combustibles se reducirán drásticamente
las emisiones producidas por el transporte en carretera, que son las más altas.
En realidad,
no hay terreno en el planeta para producir una cantidad de combustible vegetal
equivalente a como mucho, el 5 ó 6% del total de combustibles fósiles que usamos
actualmente.
Además, olvidan contarnos
cuánta energía es necesaria para poder obtener los biocombustibles.
No se habla
de los abonos y fertilizantes necesarios para rentabilizar los cultivos, la
energía necesaria
y las emanaciones resultantes del proceso de destilación de los vegetales
y del transporte desde los productores del sur hasta los importadores del norte.
Tampoco
se contabilizan las emisiones de dióxido de carbono que provocan los incendios
y las talas masivas de superficie boscosa para adecuarla a los cultivos.
No se cuentan
porque estas emisiones son exportadas a los países productores.
Así los países desarrollados pueden alardear de cumplir los compromisos
que ellos mismos se han visto obligados a crear para evitar una catástrofe
ecológica.
Bueno, la verdad es que
tampoco pueden presumir mucho
porque tampoco cumplen estos protocolos.
Esta política farisea
de exportar los desperdicios químicos o nucleares que
molestan a los países ricos
y comprar las cuotas de emisiones de CO2 a los países subdesarrollados
está llevando al planeta a un desastre ecológico sin precedentes.
No podemos permitir que los políticos que representan a este sistema devastador presuman
de campeones ecologistas. Tony Blair y su efectista y oportuna presentación del informe Stern, Al Gore y su premiado documental y ahora los que faltaban, Bush y Lula con su hipócrita apuesta por los biocombustibles.Se nos presentan como los salvadores de un mundo que no han parado de destruir. Representantes de un sistema en quiebra que está acelerando su decadencia.
Este sistema demuestra cada
día su carácter antipopular y
su incapacidad para gestionar los recursos naturales.
Buscando
el beneficio de unos pocos a cortísimo plazo sólo es capaz de
parchear una realidad que le conduce hacia la ruina total.
Quizás el uso de
combustibles vegetales renovables
podía ser una manera de diversificar las fuentes de energía
y
una utilísima forma de reciclar residuos industriales y alimentarios,
pero,
en las manos de políticos, empresarios y capitalistas varios,
los biocombustibles se convierten en una amenaza
más alarmante que el problema que dicen combatir.
Es hora de que la gente nos demos cuenta de que no necesitamos
un sistema injusto e incapaz, que somos autosuficientes,
que sólo
un gobierno popular será capaz de gestionar
el planeta de una manera responsable.
Estamos preparados para coger el mando, para construir una economía planificada y solidaria, no les necesitamos".Fuente: www.rebelion.org
Ecología social
16-3-07
d) Preguntas a formularnos, los de abajo, para liberarnos de la opresión mortal
Arturo M. Lozza (Red Eco Alternativo) plantea lo que está en juego con los biocombustibles:
"¿business o alimentos para toda la humanidad?
Lo
cierto es que el negocio de las multinacionales amenaza con exterminar
territorios alimentarios.
Y por lógica consecuencia, habrá más hambre y más devastación ambiental.
Porque
además los biocombustibles, tal como están planteados, no mitigarán el cambio
climático:
"La combustión de biodiesel
-nos señala el ingeniero Miguel Baltanás del CONICET-
produce más óxidos de nitrógeno, los que en la atmósfera producen un efecto invernadero 24 veces superior al de dióxido de carbono".
La
conclusión a la que llegan entonces Ricardo Mascheroni,
investigador de la Universidad Nacional del Litoral,.
y otros es la siguiente:
"¿En dónde vamos a producir alimentos, si tendremos que tapizar de soja, maíz y otros monocultivos hasta los canteros de las casas?
Estamos frente a
otra propuesta colonial de multinacionales que además de la soja, su aceite o el biodiesel
que se exporta, se llevan el agua y los nutrientes del suelo y nos dejan la contaminación,
la desertificación, la aniquilación de biodiversidad y la pérdida de calidad de vida.
Un negocio redondo".
Imperialismo biológico
Miguel Angel Altieri, doctor en agroecología y profesor en la Universidad
de Berkeley, California,
denunció
qué hay detrás del proyecto sobre biocombustibles.
Señaló:
Los biocombustibles son una tragedia ecológica y social. Con su producción se creará
un problema muy grande de soberanía alimentaria, ya que hay miles de hectáreas de soja,
caña de azúcar y palma africana que se van a expandir,
lo que va a producir una deforestación masiva.Esto ya está pasando en Colombia y en el Amazonas. Además va a aumentar la escala de producción de monocultivos mecanizados, con altas dosis de fertilizantes y específicamente Atrazina, que es un herbicida muy nocivo con irrupción endocrina.
El desarrollo de los biocombustibles no tiene ningún sentido energético,
ya que todos los estudios que se han hecho
demuestran que se necesita más petróleo para fabricar biocombustible.
Por ejemplo, en el caso del etanol de maíz
se necesitan 1,3 kilocalorías de petróleo para producir una kilocaloría de bioetanol.
Estamos ante el diseño de una nueva estrategia de reproducción por parte del capitalismo,
que está tomando el control de los sistemas alimentarios. Se está produciendo
la alianza inédita
de multinacionales petroleras, biotecnológicas, de autos,
los grandes mercaderes de granos y algunas instituciones conservacionistas
que van a decidir cuáles van a ser los grandes destinos de los paisajes rurales de América Latina.
Para que
Estados Unidos produzca todo el etanol que necesita para reemplazar su petróleo, debería cultivar seis veces su superficie. Entonces, está claro que lo van a hacer en los países de América Latina y, de hecho, ya están en camino. Se trata de un imperialismo biológico".Fuente: www.rebelion.org
Ecología social
5-5-07
3. El papel fundamental de la participación popular en la toma de decisiones
Lo pone en evidencia la
extraordinaria campaña
mediática, académica, técnica e intelectual
para bloquearla.
El periódico mensual Le Monde Diplomatique,
el Dipló, se ha sumado
a la propaganda
sobre el imperativo que la Mesopotamia se dedique a la industria forestal así
denominada
por el contubernio de intereses imperialistas con los locales.
Arranca de plantear una falsa alternativa:
"¿desarrollar la industria maderera o exportar materia prima?".
Prosigue:
"El tema fue abordado por el Dipló en septiembre pasado, a partir del
conflicto
generado entre Argentina y Uruguay a causa de la instalación de una «pastera»
en Fray Bentos,
frente a la ciudad argentina de Gualeguaychú.
Allí se explicaba que
el espinoso asunto no puede despacharse
ni con la simplificación «no contamina» emanada del puro interés empresario
ni tampoco, con la prédica ambiental
fundamentalista.
La industria forestal puede ser muy
contaminante, tanto o más que otros sectores productivos,
pero esos eventuales daños pueden ser minimizados con las
tecnologías modernas
y sobre todo, con un buen planeamiento y calidad institucional.
Por otro lado,
es un sector que está en auge en todo el
mundo y la región mesopotámica argentina,
junto con las uruguaya y brasileña,
reúnen las mejores condiciones
internacionales de competitividad.
Dicho de otro modo: los riesgos deben ser cuidadosamente sopesados,
pero no es posible
descartar así como así,
un sector económico que tiene posibilidades de desarrollo y empleo importantes,
sin contar con que,de todos modos,
tanto Uruguay como Brasil se han lanzado ya a la palestra.
La provincia de Corrientes posee el mayor
potencial forestoindustrial de la República Argentina
y paradójicamente,
es la de menor desarrollo de las provincias mesopotámicas. La industria forestal
ofrece
amplias posibilidades, pero su desarrollo requiere de una institucionalidad
sólida y eficiente
y de políticas públicas previsoras, transparentes y de firme aplicación. A
continuación,
un dossier con pros y contras".
Gustavo Daniel Braier, consultor
especializado en el sector forestoindustrial,
inicia
el dossier referido a Corrientes titulando su nota "Cada cual debe elegir su
modo de desarrollo"
y señalando:
"El subdesarrollo relativo correntino puede ser visualizado como una oportunidad,
en la que las cosas deberán hacerse previsora, legal y ordenadamente.
La claridad
de objetivos, la institucionalidad y
la aplicación de las políticas adecuadas en el largo plazo son claves.
Corrientes ya cuenta con aproximadamente 350
mil hectáreas de plantaciones forestales
y una industria incipiente. ¿A qué mercados se va a dirigir esa producción
maderera,
que deberá ser convertida industrialmente?
Razonar acerca de esta pregunta en términos estratégicos debiera ayudar a
orientar
cada una de las acciones del gobierno correntino,
porque
la superficie plantada es sólo una porción del total posible en una provincia
que tiene 9 millones de hectáreas.
Corrientes cuenta con
una oferta potencial de madera muy importante,
tanto de pino como de eucaliptos, y una demanda
industrial presente muy inferior
a ese potencial, como se verá más adelante.
De modo que, si la decisión es avanzar hacia
la explotación de las potencialidades forestales,
la acción provincial más importante de los próximos años
será convencer a los correntinos
de que
industrializar más la madera y convocar a inversores nacionales e
internacionales no supone
necesariamente un daño ambiental y que, por el contrario, puede
significar una fuente de
desarrollo y de absorción de mano de obra -es decir, de progreso- importante.
Siendo el mercado internacional el destino obligado del potencial
forestoindustrial correntino,
la sostenibilidad del proyecto, la calidad y la competitividad son factores
indispensables.
Por otra parte,
será necesario contar con un andamiaje institucional
que ayude a potenciar la calidad y competitividad. (...)
La participación de la población en el
desarrollo del sector es imprescindible.
Esta necesidad es cada vez más clara, luego de las reacciones de la población
de Entre Ríos
en defensa del medio ambiente y en contra de la instalación de «pasteras»
en la margen del río Uruguay. Estas luchas están influidas en parte,
lamentablemente,
por la ausencia de información adecuada. La provisión de información
abarcadora,
matizada y certera es responsabilidad de las autoridades provinciales y
nacionales,
aunque debiera ser compartida por las asociaciones profesionales, por los
sectores
gremial e industrial,
por las ONG y por el periodismo especializado, entre los
actores sociales importantes.(...)
En este sentido la provincia de Corrientes ha
organizado reuniones informativas
para la población en general de Santo Tomé y Virasoro (ciudades centrales de
una de las tres cuencas forestales) con profesionales de diversa extracción.
Se ha explicado allí que la actividad
forestoindustrial es compatible con otras actividades,
que es posible producir en forma limpia, que es preciso desarrollar
institucionalidad y que
con ella no se genera pobreza en una región, sino todo lo contrario.
Esto es muy importante, porque
cada comunidad debe elegir su modo de desarrollo,
dentro de las limitaciones que le imponen su entorno natural y el desarrollo
social
que haya logrado o desee alcanzar.
En el caso
del desarrollo forestal, sobre todo en su fase industrial -que entre nosotros
ha generado mucha controversia- la participación activa de la ciudadanía y
su comprensión acerca de los costos y de los beneficios de cada proyecto
ayudará a evitar conflictos(...)".
Destaco:
Elaborar "políticas de largo plazo para hallar modelos de desarrollo regional
sobre la base de la madera, incorporando mayor valor agregado, y
orientando
la producción hacia mercados de mayor poder adquisitivo y
minimizando los riesgos ambientales que toda producción comporta".
Observar que "Corrientes tiene todavía la posibilidad de
ser mucho más ordenada que otras provincias en su desarrollo territorial.
La falta de
una tendencia histórica que haya orientado al minifundio es un capital
estructural de la provincia para el desarrollo de varios cultivos,
entre los que se encuentra el forestal, que saca mejor provecho del
manejo conjunto de áreas extensas".
Tener en cuenta que "su potencial desarrollo de distintas producciones
(...) tanto de pino
como de eucalipto y de aspectos paisajísticos y turísticos, está concentrado
en los Esteros del Iberá".
"Importancia de integración regional que logre efectos sinérgicos
sobre el conjunto productivo, más allá de fronteras nacionales o
provinciales. De hecho, el Noreste de la provincia de Corrientes
es un todo productivo con el Sur de Misiones,
en un complejo
forestoindustrial de pinos. El Sureste de Corrientes se integra
naturalmente con el NE de Entre Ríos en un complejo industrial
de eucaliptos. Ambas provincias pueden integrarse, incluso
beneficiosamente,
con la República de Uruguay y con el sur de Brasil".
"Muchas de estas líneas de trabajo ya están siendo desarrolladas por la provincia".
Fuente: Le Monde Diplomatique/ el Dipló/
mayo 2007
www.eldiplo.org.
secretaria@eldiplo.org.
4. La unidad de soberanía popular con la nacional
Los argumentos y la comunicación 'educativa'
con la población expropiada que el Dipló
publica se parecen a los recibidos por Gualeguaychú y por los pueblos
que enfrentan
el contubernio de gobiernos con las transnacionales mineras. También coinciden
con
la enorme campaña a favor de la producción de agro combustibles.
Pero esas similitudes reflejan, sobre todo,
lo que está en juego:
la apropiación de territorios
sin fronteras, sin sociedades, sin culturas ni voluntades de hacer otra cosa que
producir
la especialización adecuada a explotar la abundancia de esa particular
naturaleza e
imponiéndole
el modelo uniforme que exige el gran capital global.
No se trata de "desarrollar la industria
maderera o exportar materia prima".
Si bien
los bosques y selvas pueden ser aprovechados por los pueblos,
combinando las experiencias, culturas y vidas de los originarios
con los avances científicos de la humanidad
para establecer
la armonía entre la satisfacción de sus necesidades y aspiraciones
y el respeto por la dinámica evolutiva de la eco-región.
El modo de producción capitalista, por el
contrario, destruye las eco-regiones
al implantarles
la 'dictadura' de eucaliptos y pinos en vastas extensiones continentales.
De modo que la amenaza mayor a la calidad de vida es, sobre todo, la propagación
de los monocultivos de esos árboles y secundariamente, lo son las pasteras y
papeleras.
A estas últimas se las puede reconvertir en
otras industrias u modalidades de servicios.
En cambio, esos monocultivos arrasan
formaciones milenarias
que serán difíciles de revertir y que, al desequilibrar ecológicamente,
traen calamidades como plagas o enfermedades y catástrofes económicas,
ambientales.
También, el capitalismo nombra como
industrias lo que, en verdad, es
extracción de celulosa de esos árboles, de minerales o petróleo y consume en
demasía tanto
agua como energía que se las quita a las poblaciones.
En consecuencia, antes que pensar en las
fuentes de energía y en los usos que la ahorren,
es crucial ejercer el derecho al territorio.
Recordemos:
"No es solamente un espacio de tierra el que debemos proteger,
sino también,
el territorio con todos sus recursos renovables y no renovables
más la población que vive en él y sus lógicas de convivencia con la tierra".
"Ejercer el derecho al territorio significa acceder -colectivamente-
a sus recursos y
controlar los procesos sociales, políticos y económicos
que ocurran en ese espacio".
Considero el enfoque ecológico del territorio
como totalidad dinámica evolutiva
en vez
de percibirlo como un conjunto de recursos naturales que corresponde a la visión
capitalista.
Por lo tanto,
resulta básico el manejo integral del territorio e interdisciplinario para
tener en cuenta todos los aspectos humanos de la población local.
También me inclino por lo de las lógicas de convivencia con la eco-región más
que sumar la población al territorio.
A lo largo y ancho de Argentina hay
movilizaciones sociales que se afirman en sus derechos
a vivir con dignidad
y es un camino de encuentro de los de abajo, de
reconocernos diversos
e identificados por la voluntad
de hermanarnos en construir
el destino común;confiar
en nuestras capacidades
de descolonizarnos y
liberarnos tanto nacional
como socialmente.
Otra cuestión a aclarar es lo de
subdesarrollo de Corrientes
como oportunidad y su derecho a elegir el modo
en que se desarrollará.
Aparte de que la única alternativa posible para las potencias
aumenta la deformación estructural y dependencia de Corrientes de las últimas,
el subdesarrollo
es propio de todo el país y romper con ese permanente estrangulamiento
en constante incremento
requiere de la voluntad emancipadora de la diversidad popular de Argentina.
Aunque no nos parezca, también, la ciudad de
Buenos Aires sufre de subdesarrollo
por estar sometida
a las comunidades de negocio que establecen factores locales de poder con los
capitales globales.
Cada vez más los de abajo -que vivimos en Capital-
comprobamos el secuestro del Río de la Plata,
de las plazas y parques, de los espacios para
elegir y protagonizar expresiones artísticas, etc.;padecemos la degradación de nuestras condiciones
de vida
por el privilegio gubernamental de los mega negocios
turísticos e inmobiliarios y de los eventos de industrias culturales
sobre la actividad de los creadores de abajo.
Es decir, compartimos -con toda la diversidad
popular de Argentina- el imperativo
de ejercer el derecho tanto a la autogestión como al autogobierno
de nuestro territorio o ciudad
y por lo tanto,
de librarnos de ser regidos según intereses lucrativos globales.
Implica poner fin a la dependencia del poder económico
casi transnacional y con socios locales en el saqueo.
Tal objetivo principal plantea comenzar por
democratizar a la plebeya los poderes públicos
y todo el sector público. Pero, entonces, se requieren ineludiblemente cambios
radicales
que
nos permitan superar nuestra transculturación. Necesitamos poder
asumir la articulación
de todos nuestros territorios para concertar con
el funcionamiento de la heterogeneidad
de eco-regiones argentinas y continentales;modificar de raíz a conceptos claves como bienestar,
modernidad, libertad, ciudadanía, nación...
y
a la ideología dominante en las ciencias, tecnologías,
profesiones,...crear relaciones sociales e interpersonales que promuevan
contenidos y sentidos humanistas de nuestras profesiones
e instituciones.
Cuando hablo de organizar un Frente cultural
y político desde la izquierda revolucionaria
planteo, sobre todo,
que esa construcción debe partir del establecimiento de una verdadera
comunicación social
que permita escucharnos, vincularnos de modo recíproco, comprendernos por
aprendizaje mutuo...
Si nosotros hubiésemos escuchado a nuestros
compatriotas de Santa Cruz en lugar
de prestar atención a los discursos y sobreactuaciones
de los Kirchner
podríamos no estar bajo sus manejos de creciente autoritarismo y corrupción.
Por otro lado, lo cultural significa
apreciar e involucrar la diversidad popular
desde sus profundas realidades tan particulares y
desde su enraizamiento en identidades
fuera de los moldes uniformadores de la globalización;valorar la variedad de creaciones e iniciativas
de adolescentes y jóvenes consagrados
a buscar expresarse artísticamente y compartirlas,
a estudiar e investigar contra viento y marea,
a desempeñarse en sus profesiones de modo solidario,
a comprometerse en la cooperación e intercambio
con los más pobres y desamparados,...