Concepto
Junio 2011

La «territorialidad de dominación» es la ocupación de un territorio que es totalitaria al arrasar o terminar de hundir la construcción socioeconómica e histórica y la geobioevolución que lo constituyen. Como la ilustración muestra, la megaminería a cielo abierto y los agronegocios dejan tras de sí sólo destrucción de las condiciones de vida y de trabajo, también genocidios silenciosos e invisibilizados gracias a la demagogia de cambios con apariencia positiva para poblaciones empobrecidas y desamparadas. La primera genera gigantescos hoyos donde había montañas o ecosistemas con su variedad de seres vivos según la altitud, con sus glaciares-periglaciares tan preciados como reservas de agua, con sus funciones claves en el clima y en las cuencas hidrográficas. Los segundos dan origen a los vastos desiertos verdes (de soja, eucaliptos, pinos, agrocombustibles…) que sustituyen el uso de esas grandes extensiones tanto para alimentos como para los modos de vida de los pueblos de Argentina por cultivo de productos destinados a animales, papel y autos de los países imperialistas. Homogeneizan y artificializan los ecosistemas. Al simplificarlos eliminando sus típicas biodiversidades, los vuelven inestables expandiendo e intensificando las catástrofes socioambientales. Asimismo extraen gran cantidad de nutrientes y agua de los suelos que son transferidos en forma de materia prima a los países que la importan. De esta manera hacen desaparecer los suelos cuya formación ha durado miles de años. La megaminería a cielo abierto y los agronegocios consumen enormes volúmenes de agua quitándosela a las comunidades locales que, además, son envenenadas por ambos. Por eso, como hay juicios a los militares y policías del genocidio entre 1976-82, tendrá que haberlo para: los gobernantes, los sindicalistas empresarios y el bipartidismo como responsables de hacer posible la conducción de los pueblos a su exterminio.

HIPÓTESIS: I/II/III

En confrontación con la «territorialidad de dominación», la «reforma agraria integral» se define como uso del territorio para desarrollar la soberanía alimentaria, el buen vivir y el hermanamiento entre todos los de abajo. Por eso, concretarla es un desafío ineludible no sólo para campesinos e indígenas sino también para todos los de abajo.

I.

 

PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS

 

Planteo

Indaguemos qué significa «territorialidad de dominación». Es la conversión de un lugar (de importante extensión y/o radio de influencia) en acuerdo con los negocios de alta rentabilidad del poder económico e imperialista. En esencia es la imposición de un funcionamiento local, regional o nacional en contra de la sociedad, la naturaleza y el presente-futuro tanto de la vida como de la dignidad de los pueblos.

 

El modelo extractivo tiene ese carácter. Los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador lo justifican como el único modo de mejorar las condiciones de vida mayoritaria mientras el de CFK lo encomia como modelo productivo antineoliberal, progresista y emancipador. Veamos cómo se construye la «territorialidad de dominación» con amplio consenso por inducir a asociar el progreso y bienestar social con:

 

1. La cosecha récord de soja transgénica

 

En la síntesis de "Repúblicas Unidas de la Soja", Javiera Rulli (que compila el libro) explica en qué consiste esta producción agraria:

"El sistema
La soja no es un mero cultivo, la soja es un sistema que condiciona cualquier política. El sistema de la soja es, por lo tanto, la cota ciega sobre la que transcurre la confrontación establecida entre progresismo y neoliberalismo, entre soberanía nacional y globalización, entre hallar el propio destino y la subordinación a un destino colonial. Este sistema se define por políticas agrarias diseñadas para un país, desde remotas oficinas que no pueden evitar -más allá de sus buenas o malas intenciones- la tragedia de que esas políticas desvirtúen las democracias de los países a los que van destinadas.

Las nuevas corporaciones
Los agronegocios son uno de los principales núcleos de poder de las corporaciones que dominan el Cono Sur. Dividen a la región en 3 modelos de monocultivos: producción de oleaginosas, árboles para celulosa, y caña para azúcar y etanol. Estas corporaciones comparten el territorio con las transnacionales mineras y petroleras. Actualmente, en la nueva era de la “Bioenergía”, estos diferentes sectores económicos se están fusionando para generar megaoligopolios. Así, desde el agro se está desarrollando una estrategia regional y un proyecto de integración corporativa. La dominación territorial se expresa a través de la expansión de los monocultivos y la culminación de las vías logísticas de escurrimiento hacia los puertos al exterior. Las actividades de los “agronegocios” y las industrias extractivas constituyen el eje estructural y el origen de los principales conflictos sociales y ambientales en la región sudamericana.

Republiquetas sojeras
La soja es un monocultivo, que en la actualidad, se extiende por todo el Cono Sur desplazando a la población rural, devastando las áreas de bosques y pastizales y debilitando las bases de la producción alimentaria de cada país. Los países sojeros se convierten en meras republiquetas sojeras, d
onde la población se aglutina en las ciudades con planes asistenciales, dependientes de las regalías de la exportación de la soja.

Cultivo geopolítico
La soja es una planta que proviene de Asia, destinada a la alimentación humana después de un proceso de fermentación (tofu). Sin embargo, desde el comienzo de la revolución verde, el cultivo de la soja pasa a ser forraje, y sustituto de las proteínas en la dieta humana, además de ser utilizado como parte de una estrategia geopolítica de ocupación del territorio.

Breve historia de la invasión
En Sudamérica, este cultivo empezó como leguminosa con el fin de enriquecer la tierra con nitrógeno para ser implementada en el ciclo de rotación de cultivos, pero se convirtió paulatinamente en la gran estrella de la monocultura del modelo agroexportador. La soja se extiende desde los ‘60 en Brasil, Argentina y Paraguay. En Argentina, se expande masivamente en los años 80, acabando con el sistema de rotación entre ganadería y agricultura, instalando la agricultura permanente. A mediados de los 90 el modelo de la soja trasciende a una nueva fase con la incorporación de la biotecnología y el gran evento: la soja resistente al herbicida Roundup, creada por la Monsanto. Este fenómeno gatilla un crecimiento exponencial de la superficie destinada al monocultivo gracias a los bajos costos de producción y las altas tasas de ganancia. En Argentina, en el último ciclo 2006/2007 se obtuvo un volumen récord de cosecha de 47,5 millones de toneladas, alcanzando 16 millones de has cultivadas, lo que representa más del 50 % de la superficie agrícola.

El nuevo modelo

Para entender el modelo de la soja, se debe aclarar que ya no estamos hablando de una agricultura tradicional que emplea escalas moderadas de superficie, abastece al mercado nacional y es una fuente de trabajo.
Este modelo supone una agricultura sin agricultores, una agroindustria que consiste en la commoditizacion y primarización de la producción agrícola e implica la industrialización y el empoderamiento del sector por los agronegocios y la (re)estructuración de la dinámica productiva local/ regional. Finalmente, no se puede ignorar que el modelo agroexportador de la soja es una consecuencia inherente de los procesos de integración y globalización económica. Desde las dictaduras de los años 70 en el Cono Sur, se reordenaron los poderes económicos en el territorio, para que posteriormente, en democracia, las instituciones financieras internacionales pudieran diseñar programas económicos con objetivos geopolíticos. En la actualidad, las instituciones financieras y la banca internacional inyectan y especulan con los capitales desde sus diversas caras.

Cómo funciona
El modelo de la soja consiste en un paquete biotecnológico compuesto por la semilla trangénica de soja RR (Roundup Ready), plaguicidas - principalmente los herbicidas a base de glifosato- y la técnica de siembra directa. Este paquete es indivisible, dado que estos 3 componentes son los que permiten la industrialización de la agricultura, la implementación de grandes superficies de monocultivos y la ventaja de mínima mano de obra. Se trata de una agricultura sin agricultores. En la Argentina actual, con tecnología de punta, para 1000 has sólo se requieren 2 personas trabajando por año. Pero la necesidad de poseer capital, recursos económicos para poder adquirir insumos y solventar la maquinaria necesaria, hacen que la soja se vuelva sólo rentable a grandes escalas y esto genera un proceso violento en el que va desapareciendo el pequeño productor. El productor remanente se convierte en un personaje dependiente de pagar los créditos adquiridos y vive calculando lo que necesitará en insumos hasta la cosecha; depende pues completamente de los créditos y los adelantos que le otorgan los silos y las financieras. Es una carrera contra el tiempo para que este productor mediano desaparezca. La lógica subyace siempre en la obligación de expandirse continuamente para poder mantenerse competitivo.

La cara visible
Con el modelo de la soja se inauguran nuevos grupos económicos; la agricultura se vuelve un de los grupos inversionistas especulativos, tales como el grupo Los Grobo de la familia Grobocopatel en Argentina y el Grupo Favero S. A. en Paraguay. Estas son las caras más visibles, los llamados “reyes de la soja", de grandes grupos inversores que alquilan tierras en múltiples lugares, y ni siquiera recurren a comprar los terrenos porque sus proyecciones son “máximo rendimiento a corto plazo”, una especie de maquila agrícola. Según Grobocopatel él se considera el Sin Tierra más grande del mundo y plantea que la biotecnología ha democratizado la agricultura, porque ahora todos pueden dedicarse a la agricultura, solo se requiere tener capital. Así también se da la entrada masiva de capital extranjero, en Argentina el fenómeno de extranjerización de la tierra afecta el 17% de la superficie. También se produce este mismo fenómeno de forma oculta cuando se establecen empresas manejadas por locales, pero con capital extranjero.

La cara oculta
Detrás de la soja, uno encuentra grupos anónimos de inversiones donde especulan con fondos de pensión, participan grupos de inversores que combinan los sectores de comunicación, ganadería y otros. Así se conforman los “pooles de siembra” donde se integran contratistas rurales, empresas de agroquímicos, inversores (nacionales y extranjeros) para llevar a cabo producción agropecuaria. Estos grupos de inversión son los actores más violentos en la penetración de las nuevas áreas. Se trata más bien de mercenarios empresariales con manejos de matones, una especie de “Chicago boys” mezclado con estilos de la “pesada” de la dictadura. Estos personajes, por apropiarse del terreno, en muchos casos no ponen límites en cuanto a la corrupción, violencia y destrucción ambiental. Este sector es la punta de lanza asociada con los silos transnacionales.

Los gigantes de la exportación
La
soja es exportada finalmente por unos pocos actores económicos. El mercado internacional está regido por un puñado de Corporaciones de las grandes graneleras -Cargill, ADM y Bunge - se han repartido el territorio del Cono Sur. Los protagonistas de este sector son las corporaciones de cerealeras que actúan como “gigantes invisibles” que controlan todo el mercado alimentario. La integración vertical de estas corporaciones les permite dirigir íntegramente el desarrollo de la agricultura a través del control total de los productores, convirtiendo a éstos en meros eslabones de una cadena de producción industrial. Con el surgimiento del mercado de agrocombustibles, el futuro de la producción agrícola se torna aún más lúgubre.

El desafío

Los agronegocios ocupan el territorio y condenan a la población a migrar, sea a la pobreza de los márgenes de las ciudades o a los trabajos precarios. Necesitamos hallar los elementos intelectuales que nos permitan visualizar y enfrentar esas nuevas situaciones neocoloniales, poder repensar las relaciones de la ciudad y el campo en épocas de globalización. En este marco de violencia no hay mesa de diálogo posible, ni responsabilidad social empresarial, que solo pretende mitigar los impactos y desarrollar políticas asistencialistas.

"Repúblicas unidas de la soja" editado por el Grupo de Reflexión Rural Compilación a cargo de Javiera Rulli El libro completo, en formato pdf.

 Fuente: http://www.igooh.com/notas/soja-nueva-forma-de-ocupacion-territorial/

2. La  Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional (IIRSA)

 

En "Territorialidad de la dominación Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA)", Ana Esther Ceceña, Paula Aguilar y Carlos Motto (Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, 2007) contestan a la pregunta:

  ¿Modernización capitalista o bifurcación

La idea de construir una infraestructura integrada, en un territorio de las dimensiones y variedad del sudamericano, no deja de sorprender por su audacia y por la irresponsabilidad con que los operadores técnicos del megaproyecto se desentienden de los enormes daños (impactos) ecológicos que implica. Mucho menos se observan las transformaciones sociales y geopolíticas que acompañarán la construcción de estos ejes, si ocurre. La visión corta de empresarios y gobernantes locales, que ven en IIRSA una oportunidad de éxito económico y político relativamente fácil, no parece estar vislumbrando los cambios estructurales que conlleva el trazado de una nueva geografía para América del SurLos intereses de las empresas transnacionales involucradas en convertir ese vasto territorio en mercancías y ganancias; los intereses militares que buscan abrir los pasos para vigilarlo y controlarlo desde dentro y desde fuera; los intereses locales de quienes sacrifican todo por un pequeño “nicho” que les reporte una pequeña –comparada con la de los inversionistas extranjeros- ganancia; confluyen todos en la idea de “progreso”, que supone la concepción de la naturaleza como objeto externo apropiable. “Esa lógica de la naturaleza como ‘barrera’ o como ‘recurso’…”, que Zibechi (2006) encuentra “en todos los aspectos del plan”, efectivamente caracteriza las proyecciones presentes y futuras de la readecuación sudamericana a esta nueva fase, depredadora hasta el suicidio, de la modernidad capitalista. La “sobremodernidad”, de la que habla en otro contexto Marc Augé, en la que se pierden incluso los mismos sentidos históricos de la reproducción capitalista. Territorios enteros serán inundados por las represas (MAB, 2007; FOBOMADE, 2007); aumentarán las enfermedades mentales y el cáncer producidos por la alta tensión de las hidroeléctricas (denuncias de la Patagonia); la producción de biocombustibles llevará al crecimiento de plantaciones de caña o de soja transgénica, con el reforzamiento de regímenes de esclavitud (Mendonça, 2007) y con la contaminación y enfermedades de trabajadores (Misión Internacional de Observación a Paraguay, 2006); el saqueo de las minas destruirá las montañas, dañará los glaciares, desertificará bosques y envenenará ríos y lagos (Esquel, Pascua Lama, Catamarca); sistemas ecológicos enteros serán dañados (Foro Ecologista de Paraná-Coalición Ríos Vivos, 2002); y los territorios, con sus ríos y lagos, serán privatizados. Pero nada de esto ocurre sin resistencia. Estamos ante una batalla de ideas, de territorios, de modos de vida y de concepciones del mundo. Nada está asegurado para IIRSA. Nada está asegurado tampoco para el futuro de los pueblos. Esta es una historia que está esperando ser escrita.  

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/index.php/Objetos_Relacionados/file_folder/Archivos_pdf_2/IIRSA_-_Territorialidad_de_la_dominacion

 

En consecuencia, el modelo bajo gestión K consolida la «territorialidad de dominación» al resultar en constante aumento de la concentración y transnacionalización tanto de la economía como del territorio. Implica un cambio radical en la estructura social de poder que desintegra la Argentina en función de los subsistemas del capitalismo mundializado como los de agronegocios, megaminería, explotación petrolera, turismo,...y las redes de narcotráfico, las de trata de personas y prostitución, etc. También significa arruinar nuestros ecosistemas mediante su simplificación o encorsetamiento para maximizar la eficiencia exportadora y mercantilista de la naturaleza.

 

Esta conversión de Argentina en acuerdo con los negocios de extraordinaria rentabilidad del poder económico e imperialista se instaura, a mediados de los setenta, mediante terrorismo de estado para desorganizar las fuerzas con capacidad emancipadora y establecimiento del funcionamiento recolonizador que todavía rige. Consiste en la ley de Entidades Financieras y la deuda externa pública, contraída por los grandes capitales y estatizada fundamentalmente por Cavallo. Es un funcionamiento que facilitó e impulsó la desfinanciación del Estado social o del sector público, su privatización, el regresivo régimen tributario y el pronunciado retroceso en los derechos de los trabajadores. Cimenta la primera etapa de la «territorialidad de dominación» iniciada por Terragno-Alfonsín y culminada por Cavallo-Menem-Partido Justicialista (secundado por la Unión Cívica) al efectivizar las privatizaciones que mutaron nuestra ciudadanía en clientela cautiva de transnacionales y en excluidos sea a través de despidos masivos sea a través de abuso tarifario y abaratamiento de la mano de obra.

 

Hoy ese apoderamiento transnacional de los bienes comunes sociales se completa con el de los bienes comunes naturales. Pero el modelo extractivo exportador que concreta a este último evidencia un extremo avasallamiento de los derechos de campesinos, pueblos originarios y poblaciones de modo que hay creciente organización en erradicarla. El problema reside en la instalación del mito que el gobierno K es popular, nacional y de derechos humanos. También bloquean ese despertar, quienes desde un anterior posicionamiento revolucionario han pasado a crear amplio consenso a favor de un capitalismo en beneficio de las grandes mayorías. Con lo cual vuelven la espalda a sus respectivas militancias por otro mundo posible y sobre todo, no les importa cómo su aplaudido modelo menosprecia la vida y la dignidad de los pueblos.

 

Es crucial que los de abajo nos desentrampemos de esta conciliación mediante creación de espacios en común entre las distintas organizaciones que se rebelan contra tamaña violación de derechos. Se trata de establecer deliberación para articular la disputa por la apropiación y el uso de los territorios urbano-rurales en acuerdo con las necesidades y aspiraciones de los diversos de abajo. Es conseguir autogestionar la «reforma agraria integral» hacia la soberanía alimentaria, el buen vivir y hermanamiento de los pueblos dentro del país, del continente y el mundo.

 

 

Ideología

Averigüemos cómo la «territorialidad de dominación» implanta cambios que ponen en riesgo a la vida de todos los seres y de la especie humana. Reflexionemos junto al ingeniero agrónomo Narciso Aguilera Marín (Rebelión) acerca de:

Alerta ecologista contra la promoción de maíz transgénico en Cuba

 

Con mucha pena y pesar he leído el artículo "Promueven producción de maíz transgénico", publicado el 16 de mayo, escrito por el periodista Miguel Ángel Valdez Lizano.

El sentido de este mensaje es una protesta  en contra de semejante atentado contra la naturaleza y los organismos vivos que se encuentran en los ecosistemas donde será empleado ese tipo de maíz. Nadie tiene derecho a saltar ciegamente millones de años de ecoevolución reemplazándola por el genio humano capaz de modificar todo en instantes, sin la menor idea de los efectos ecosistémicos que desencadena.

Es lógico que el conocimiento empírico de los agricultores los lleve a ofrecer resistencia a semejante error. En Cuba se ha desarrollado un amplio programa de agroecología "campesino a campesino". La agricultura urbana, que ha aliviado notablemente la carencia de alimentos en pueblos y ciudades, también ha sido enfocada hacia la producción limpia, libre de agrotóxicos. Hemos estado criticando a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) en la agricultura y sí promoviendo la agroecología. ¿Qué dirán los máximos precursores de la agroecología en América Latina y en el mundo cuando lean este artículo, como los profesores Miguel Altieri y Peter Rosset, de la Universidad de California y grandes admiradores de estos programas en Cuba? ¿Qué dirán nuestros campesinos y nuestros técnicos comprometidos con la conservación de la naturaleza y las variedades locales? ¿Quién se compromete y responderá por los daños ecológicos y sociales que provocarán a mediano y a largo plazo esas plantaciones desmedidas de transgénicos?

Les coloco algunos artículos adjuntos y pido al periodista Miguel Angel Valdez Lizano que los revise. Evidentemente, lo más probable es que él no sea especialista en estas materias, pero se los facilito para su investigación, y que pueda comprender el por qué de esta reacción, que supongo se sumará a muchas más en todo nuestro país y tal vez también lleguen desde el exterior, pues Juventud Rebelde publica en un sitio web.

Para un momento de crisis económica y ecológica lo menos prudente sería promover cultivos transgénicos. Estaríamos siguiendo el esquema de la Revolución Genética que no es más que una prolongación de la antiética Revolución Verde. Estaríamos siguiendo el juego a los estilos de las grandes transnacionales de las semillas transgénicas como: Monsanto, Pharmacia, Mitsubishi, Syngenta, Zeneca, Novartis, Aventis, Dow, ProdiGene, Stauffer Seeds, Genzyme, PPL Therapeutics, Crop Tec, entre otras. El modus operandi de ellas es bajo el manto de un discurso ecologista vender sus semillas transgénicas a los productores. ¿Haremos lo mismo? ¿Qué dirán a los productores en las capacitaciones que se les brindan para convencerlos que esas semillas son mejores que sus semillas tradicionales? ¿Les dirán los riesgos que implican para la salud de la naturaleza y de todos los organismos vivos incluyendo el ser humano?

Somos grandes críticos de aquéllos que no han sido capaces de firmar el Protocolo de Kyoto; pero no son las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero lo único que es parte de los cambios ecológicos globales. También es responsable de esos cambios y no menos dramática la pérdida de la biodiversidad. El empleo de los OGM contribuye, dentro de tantos riesgos, a que se pierda la variabilidad natural de las especies -en este caso el maíz-, el cual es un cultivo parte de nuestra historia y de nuestras vidas en los campos cubanos. Prácticas como ésta destruyeron al centro de origen del maíz, que es en México. Ellos, por usar variedades transgénicas perdieron sus especies nativas, debido al desplazamiento por estas "modernas" y producto de la introgresión (cruzamiento de las variedades nativas con las transgénicas). Una de las posibilidades de alcanzar la resiliencia en los agroecosistemas es la complejidad de la variabilidad genética. En este sentido, las especies adaptadas a esos agroecosistemas, endémicas o naturalizadas son las máximas responsables.

No podemos hacernos la boca agua cuando nos "venden" una idea de que el uso de maíz transgénico es la "gran solución" porque es más resistente a la palomilla del maíz. Entonces tenemos que preguntarnos, ¿Y a lo único que hace falta tener resistencia es contra esa plaga? ¿Qué pasará con las demás plagas y enfermedades de esa especie? ¿Qué pasará cuando tenga que lidiar con los significativos cambios que ocurren bruscamente en el medio ambiente?

Siempre los OGM van acompañados de un paquete tecnológico que encarece la ya cara semilla, pues viene de todo un proceso que no es barato en ningún país del mundo. Ese paquete generalmente, como en este caso, va acompañado de herbicidas, y posiblemente de plaguicidas o de otras sustancias. No conozco los detalles, pero no me sorprendería si así fuese, pues es lo normal en estos paquetes tecnológicos. Para hacer más trágicos los riesgos, la posibilidad de que se produzcan superplagas y supermalezas es grande. Por tales razones el empleo de agrotóxicos para controlar a ambas, tendrá que ser con productos cada vez más agresivos; con notable impacto negativo para el suelo, el agua, el aire y la salud de todos los organismos vivos.

Nunca esa semilla, ni la ficha de costo de ese cultivo producido por semillas modificadas genéticamente va a ser más viable; pues todo el proceso se encarece, aparte de los riesgos ya enunciados. Nunca se podrá hablar de agricultura sustentable cuando ésta se basa en una prolongación de la Revolución Verde. No importa de dónde venga el discurso, esto es algo que ya está probado. El uso de transgénicos para intentar paliar el déficit alimentario tanto para animales como para el ser humano es inmoral y antiético. ¿Hasta cuándo el ser humano tiene que considerarse el centro del mundo y pensar que todo lo que existe en la biósfera se creó para que el viviera y lo agrediera a su antojo?

Éstos son momentos en que hay que pasar del antropocentrismo al ecocentrismo y cobrar conciencia de que también hay una ética ecológica que hay que respetar. La suma de las agresiones que hacemos al medio ambiente todos los días nos acercan más a la destrucción de nuestra casa común. No se puede seguir el juego a malas prácticas y modelos inadecuados. Todos tenemos que sumar voluntades. Sólo el holismo es capaz de salvar a nuestro planeta y permitir que haya generaciones futuras. El uso de 200 caballerías con maíz transgénico no es un acto ingenuo ecológicamente hablando. Pedimos justicia ecológica. Esperamos que alguien con posibilidad de detener tales agresiones al medio ambiente lo haga antes que sea demasiado tarde. Los efectos de los OGM en los ecosistemas son incontrolables, irreversibles e impredecibles.

Debemos entender que la salud de los seres humanos y de todas las especies depende de la salud de la naturaleza; y tenemos actuar en consecuencia.

 Fuente: http://www.rebelion.org/ Cuba / 20-05-2010

Es hora, por tanto, de involucrarnos en decidir otro rumbo que el capitalismo. Narciso Aguilera Marín advierte a través de las siguientes notas en Rebelión:

 

1. Transgénicos dentro del perverso modelo de neocoloniaje y dominación

 

La información que se maneja en relación a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) a nivel internacional es el resultado de un amplio debate. Sin lugar a dudas, quienes defienden los transgénicos -queda demostrado-, responden a la lógica de la dominación sobre los recursos del campo y se amparan bajo el discurso solucionador del hambre en el mundo o en determinados países.

Sería extremadamente riesgoso para los países del Sur aceptar esta lógica y continuar cediendo espacios a la agresividad sin límites de los modelos que proponen el uso de transgénicos en la agricultura, lo cual no es otra cosa que la continuidad de la Revolución Verde. Esta nunca fue derrotada. Al contrario, se mantuvo viva, enquistada en muchos lugares que se proclamaron “libres de Revolución Verde”. Desde el 2008 en la Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) sobre seguridad alimentaria, quedó legitimada y desenmascarada, al acordarse una Alianza por una Revolución Verde en África. Nada más y nada menos que promovida por los billonarios Fundación Bill y Melinda Gates y la Fundación Rockefeler, junto a la FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo (FIDA) y el Programa Mundial de Alimento (PMA).

Es desalentador cuando se ven a organismos de Naciones Unidas obedecer a las políticas del poder capital. Al ocurrir cosas como éstas, y los gobiernos continuarles el juego al nuevo sistema de dominación y coloniaje; ahora basado en las semillas y los modelos de producción de alimentos, le hacen la boca agua y le abren las puertas a las principales compañías de semillas como Monsanto, DuPont y Syngenta. A las principales procesadoras de alimentos como Nestlé; a los principales distribuidores de alimentos como Wal-Mart, Tesco y Carrefour. Todos sonrientes ante la posición de la ONU encaminada a aceptar la maximización de las exportaciones y eliminar el proteccionismo de los alimentos locales. Por supuesto, que el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial del Comercio (OMC) y algunos países donantes del Norte, aplauden estas posiciones y apoyan sin límites la agroindustria, la comercialización de agrotóxicos y las semillas modificadas genéticamente.

De manera acelerada, las compañías transnacionales y sus influencias se instalan en los países del Sur. Ya son millones de hectáreas de suelo cultivable las que tienen bajo su poder. Su fin es controlar la producción agrícola a escala industrial para agrocarburantes y la obtención de alimentos destinados al mercado internacional. El discurso de “seguridad alimentaria” es sólo una falacia para lograr sus objetivos. Y mucho menos se interesan por la soberanía alimentaria. Esta se ha convertido en un pecado para todos estos organismos internacionales. No quieren que ni se mencione; pues la soberanía alimentaria defiende el derecho de las culturas locales, de los millones de campesinos y campesinas que tienen que abandonar sus actividades agrícolas ancestrales por ser obligados a servirles tributo a los ridículos modelos coloniales de estas organizaciones internacionales, sobre todo el BM, FMI y OMC. Al mismo tiempo, se ven desprotegidos al notarse con tristeza que los organismos de la ONU les dan la espalda a sus reclamos y el frente a los juegos de estas organizaciones internacionales.

Bajo tales circunstancias todo se enfoca a que el hambre en el mundo se recrudezca luego de paliarse. Referido a los modelos que se proponen, tenemos que decir que ese perro nos ha mordido otras veces. Sabemos muy bien hacia dónde se dirigen. No quieren que los y las trabajadoras del campo se sienten en las mesas de negociaciones; no saben a quién dirigirse para reclamarle sus derechos, no los quieren escuchar. En la mencionada Cumbre de la FAO celebrada del 3 al 5 de junio del 2008, ya el asunto comenzó a subir de tono; pues se reprimió y expulsó a los delegados de Vía Campesina, obviamente para callarlos. Su delito había sido la decisión expresa de reclamar los derechos de las y los campesinos.

Lo que sí está muy claro es que hay que seguir la lucha por la soberanía alimentaria y ambiental, pues por lo visto, parece que sólo se ocupan de ambas: las comunidades, cuando debería ser una ocupación constante de los gobiernos y los organismos internacionales. De esta manera, la lucha tendrá que hacerse desde las comunidades hasta lograr grandes redes, sólidas y bien organizadas que fortalezcan esta lucha; que por supuesto, es una lucha muy desigual, pues es contra el poder del capital y contra los medios de comunicaciones. De estos, unos porque bombardean a diario mensajes enajenantes al respecto, y otros porque por miedos prefieren guardar silencio, en muchos de nuestros países, y no deja de ser otra manera también de contribuir a crearles espacios a los nuevos flagelos de la dominación.

No se puede pensar que la solución del hambre se base en la ayuda económica o alimentaria, ni en la llamada “seguridad alimentaria” que ya se mencionó, y en síntesis se planteó la lógica a la que responden. La tabla de salvación está en la soberanía alimentaria y ambiental. Sería demasiado ingenuo creer en las promesas –que nunca se cumplen– hechas por todos los organismos ya referidos. Por ejemplo, en la Cumbre de Roma 2008, de los 24 mil millones de dólares prometidos para contribuir a la producción de alimentos, según algunas fuentes, sólo se ha vertido una pequeña parte. Incluso, se tiene la percepción de que una buena suma de ese dinero puede ir o ha ido a la generación de semillas transgénicas, agrotóxicos y otras tecnologías que ya han mostrado su fracaso en el pasado, y que en el presente lo que pueden es acelerar más el deterioro de los recursos naturales, deslegitimar el verdadero sentido del trabajo rural y acrecentar el hambre, sobre todo en los países del Sur.

A las grandes compañías transnacionales no les interesa resolver el hambre y enarbolan soluciones, de forma manipuladora, para incrementar su capital. Siempre van a responder a su lógica; es su esencia. Si hacen algo diferente, dejarían de ser lo que siempre han sido, para lo que surgieron, para lo que existen: incrementar su poder económico a costa de manipular los seres humanos aunque se destruya el planeta.

Todavía se puede resolver el hambre en el mundo, pero no hay voluntad por quienes tienen que jugar su papel y su responsabilidad. La solución no puede complejizarse demasiado, pues en esa complejidad es donde penetra la mano injerencista de los dominantes. Hay que escuchar a quienes trabajan en el campo, hay que legitimarlos, hay que darles los derechos que verdaderamente tienen, hay que contar con ellos para negociar decisiones. Ellos son los que le sacan los frutos a la tierra, son los que más la conocen, son los que más la quieren y preservan. Lo menos que se puede hacer es respetarlos, escucharlos y actuar en consecuencia. La idea de las diferentes políticas, ha sido moldearles la vida, asumiendo que ellos no son capaces de hacerlo. Someterlos a planes, a estructuras, a programas con intereses de otros. Sin contar con estos humildes aliados, no será posible reconstruir las economías nacionales, devolver el control de alimento a las familias campesinas y garantizarles el libre acceso a la tierra, a las semillas y al agua. No se puede seguir especulando con el hambre.

Nuestros países tienen que ser muy cuidadosos, pues el nuevo coloniaje nos asecha, se afila los dientes para continuar su perverso propósito de ejercer el poder sobre los alimentos. En Cuba, los que defendemos la agricultura ecológica, los que abogamos por la soberanía alimentaria, estamos seriamente preocupados por la creciente injerencia de los transgénicos en nuestra agricultura; básicamente por la presencia de maíz BT FR-Bt. De manera informal, se ha suscitado algún debate, absolutamente insuficiente para evitar la avalancha de miles de hectáreas que nos asecha. Tiene que lograrse el diálogo, suministrarse la información debida, y garantizarse la participación del gremio de productores y técnicos del país; así como de los consumidores, en el asunto de la liberación de transgénicos. Cuba es un país que muestra sus mayores producciones en las tierras que están en manos de campesinos y campesinas. Desde siempre, y con solo el 25% de la superficie cultivable, han llevado el mayor peso de la alimentación nacional y es el sector vanguardia en la aplicación de prácticas agroecológicas, y han puesto en alto el nombre de Cuba en torno a este modelo de producción.

Sin embargo, no descansaremos hasta que se oficialice y se logre un diálogo armónico, donde los medios de comunicación nacionales -hasta ahora en silencio sobre el asunto-, contribuyan a la reflexión de todas y de todos. Sobre este tema, continuaremos próximamente meditando y compartiendo algunos puntos de vista. No obstante, lo que sí hay que dejar claro es que no se le puede abrir la brecha a la lógica transnacional antes criticada, ni crear la pista a los modelos anti-emancipadores de la ruralidad, pues ellos pueden aterrizar una vez que se le creen las condiciones. Nos están calculando, y sería imperdonable sólo escuchar a la o las pocas instituciones nacionales que abogan por implantar transversalmente el modelo transgénico, y no escuchar a los miles de productores y productoras nacionales que abogan por una agricultura ecológica. El discurso que algunos manejan: “que hay que resolver el problema de la carencia de alimentos a todo costo y a toda costa”, es demasiado miope, egoísta, antropocentrista y fracasado. Es inaceptable e irrespetuoso, por lo que merece que se fortalezca el diálogo al respecto".  Fuente: http://www.rebelion.org/ Cuba / 12-07-2010

 

2. Introducción de maíz transgénico en Cuba ¿capricho, solución o amenaza?

 

«(...) la manipulación genética y el uso de fertilizantes químicos (...) están llegando ya al límite de sus posibilidades para producir alimentos sanos y aptos para el consumo (...) la ciencia creó la capacidad de autodestruir el planeta varias veces. La mayor contradicción en nuestra época es, precisamente, la capacidad de la especie para autodestruirse y su incapacidad para gobernarse » (Fidel Castro Ruz, 26/04/2010)1

«La ciencia se enorgullece de sus éxitos (...) Medítese bien. Informémonos de los nuevos descubrimientos científicos y saquemos las conclusiones pertinentes. Decenas de noticias llegan diariamente sobre la crisis alimentaria, los precios de la energía y las materias primas, el cambio climático y otros problemas interrelacionados. La soya transgénica (...) no es apta para el consumo humano» (Fidel Castro Ruz, 12/06/2008)2


Continúa el silencio en Cuba en relación con la introducción del maíz FR Bt1. Los medios de comunicación siguen sin pronunciarse. Los pocos debates que se han suscitado se reducen a pequeñas reuniones, las que curiosamente se inclinan a una u otra tendencia de modelos agrícolas –agroecológico o transgénico-; por lo que de ese modo no es posible colocar a ambos modelos bajo el clima de un diálogo armónico y constructivo, y que finalmente se obtengan procedimientos beneficiosos instituidos para la naturaleza y para la sociedad. Por lo general, los defensores de los transgénicos se escudan en un discurso hacia lo profundamente científico a conveniencia, retórico y aparentan cierta subestimación de que el modelo agroecológico se sustente también sobre bases científicas. Adicionalmente, usan recursos explicativos, por demás preparados a nivel de laboratorio, para tratar de imponer a ultranza su maíz FR Bt1.

El Jefe del Programa Nacional de Biotecnología Agropecuaria en Cuba, Dr. Carlos G. Borroto, al dirigirse a quien suscribe , plantea que le gustaría analizar este tema en los múltiples espacios de debate científico que tenemos en Cuba. También eso queremos los que alertamos sobre la introducción de transgénicos en el país. Y de ser así, lo que mayor confusión y dudas crea es que si ambas partes lo deseamos, ¿por qué no se concretan esos espacios científicos para que se reflexione sobre este aparente choque de modelos? Pero es imprescindible que sea un debate de igual a igual, con una facilitación imparcial, sin opciones a la imposición ni a la manipulación a través de argumentos presuntuosos.

A quienes corresponda la obligación de crear espacios para la reflexión sobre este asunto –que ojalá reaccionen al respecto-, no deberían olvidar nunca, tener en cuenta el excelente libro cubano: “ Transgénicos ¿qué se gana? ¿qué se pierde? Textos para un debate en Cuba ”. Esto ayudaría a balancear las exposiciones de criterios sobre bases científicas. Pero sobre todas las cosas, tampoco deberían estar ausentes en esos espacios de reflexión los autores o una representación de los más de 15 autores cubanos que participaron en la elaboración del mismo.

Ese debate sólo debería ser una etapa importante; pues se garantizaría que el gremio científico del país tuviese la oportunidad de participar con voz y voto en el mismo. Debido a que éste es un asunto ético, también hay que tener en cuenta el debate público, donde habría que dar la oportunidad de participar a los productores y consumidores de alimentos. Con el ánimo de resolver el problema del hambre, no se nos puede ver a los consumidores como simples conejillos de Indias, esperando que se decida qué es lo mejor que podemos o no comer, sin darnos la posibilidad de opinar, y mucho menos de seleccionar; sobre todo a un pueblo que goza de alto nivel cultural, donde el 15% de la población económicamente activa es profesional y el 53% es de técnicos medios. Es decir, el 68% de este gran segmento poblacional está calificado.

Por otra parte, la mayoría de las y los productores, tengan o no calificaciones, sí cuentan con experiencias, tradiciones, un significativo empirismo y sus observaciones son altamente preciadas. Hoy, los mejores resultados que se muestran en el país, se visualizan desde fincas de productores privados o cooperativas, y en cada uno de esos casos, se acciona bajo los principios de la agricultura sustentable. De manera que el asunto de qué modelo usar, o como armonizar modelos –que hay modelos no armónicos-, no corresponde sólo a un reducido grupo de científicos prestigiosos, sino que es un asunto de participación popular; pero no de participación para recibir indicaciones, sino para contribuir a las decisiones, más en Cuba, que la mayor riqueza tiene que sacarse de la tierra, pero devolviéndole también a ella vida, para que siga ofreciéndonos alimentos sanos.

Uno de los argumentos que esgrimen los productores de transgénicos es sembrar la duda de si la agricultura ecológica es capaz de producir en Cuba las 730.000 toneladas de maíz que se necesitan para sustituir importaciones. Insisten en arrinconar la agroecología a patios o pequeños espacios productivos y que se vea el camino libre al modelo transgénico. Debido a la presión que desde algunos pocos lugares se les han hecho, han comenzado a formular un nuevo concepto: “cultivos transgénicos agroecológicos”. Evidentemente, si este concepto se institucionalizara, lógicamente sería una novedad; pues hasta ahora no se concibe que los transgénicos puedan alcanzar a ser agroecológicos. Debido a estas tendencias confusas y por demás preocupantes, hoy más que nunca se hace necesario que se concreten dichos espacios de reflexión.

El hecho de que en una plantación de maíz transgénico en monocultivo, se trate con micorrizas, fitomas, brasinoesteroides u otra sustancia no sintética, y luego se rote con soya, no le da la condición de agroecológico. La base agroecológica se alcanza desde la biodiversidad. No importa el tamaño de las áreas que vayan a sembrarse con maíz. Hay que descodificarse de los tentáculos de la revolución verde. Por la Madre Tierra es impostergable ir a modelos que no la hieran más. No se trata sólo de las dudas, a pesar de las disímiles pruebas que aseguran los dueños de los transgénicos que se han hecho al maíz FR Bt1, en relación a las implicaciones ecosistémicas, que puede conllevar su explotación a gran escala a mediano o a largo plazo, con esa homogenización de ese monocultivo; sino también a la salud de animales y humanos.

Hay que poner en claro razones muy convincentes que demuestren en principio, que la agricultura sin maíz FR Bt1 es incapaz de producir las 730.000 toneladas que se necesitan, y que la solución inamovible es irse a los transgénicos a pesar de los riesgos.

 

El recurso que utilizan los defensores de los transgénicos, es que este evento es resistente a la palomilla del maíz (Spodoptera frugiperda) y tolerante a un herbicida. Evidentemente, no es poca cosa los genes que hay que introducir a dichos eventos para que se logren esos efectos. No se ha dicho claro si también posee o no el gen suicida. Plantean que no es posible en Cuba llegar a producir los volúmenes antes mencionados si no se ataca la palomilla, y el mejor antídoto sería este maíz. Sin embargo, la mayoría de los productores de maíz de la región oriental de Cuba –por citar la que mejor conozco- estuvieron perdiendo casi las cinco últimas cosechas, y justamente no fue debido al ataque de palomilla o cogollero, sino a la sequía; es decir, a la carencia de precipitaciones. Afortunadamente, este año 2010 el panorama ha cambiado, llovió en el momento oportuno y desde junio hasta este instante, todos o casi todos los productores han obtenido importantes cosechas de maíz. Por supuesto que la palomilla ha atacado, pero los daños no han comprometido los rendimientos significativamente. Las semillas que usaron las y los campesinos fueron las tradicionales, las que conocen y se intercambian, las que están adaptadas a sus entornos, las que soportan cambios climáticos bruscos, las que incluso casi en secano son capaces de ofrecer siempre algún rendimiento. En las temporadas pasadas no llovió, pero los campesinos tienen la certeza que si llueve en la siembra y cuando el maíz esté espigando se asegura la cosecha ¿Tendrá el FR Bt1 ese poder de adaptación?

Normalmente en los sistemas biodiversos, debido a las complejas cadenas alimentarias que se forman, los insectos raramente se convierten en plagas. En ese caso lo más probable es que el evento de resistencia a palomilla no sea de importancia. Tampoco sería de interés la tolerancia a herbicida, pues en esos sistemas la hierba es controlada por la propia biodiversidad de plantas de interés agrícola, pero las hierbas también pueden jugar su papel en algunos espacios del modelo. Por otra parte, es bueno reflexionar sí sería más conveniente la introducción de transgénicos en nuestros campos, o potenciar la red de Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos (CREE) que tenemos en todo el país, y que podrían producir suficiente Bacillus thuringiensis para contribuir al control de la palomilla. Existen diversas experiencias que han demostrado el insignificante ataque de palomilla cuando el maíz es combinado con frijol u otras especies rastreras o de porte bajo. Además de todas las pruebas que se plantea haber hecho al FR Bt1 –y que sería bueno colocarlas a ojos vistas de la comunidad científica cubana-, sería notablemente interesante tener datos de estudios comparativos de algunas de las variedades criollas de maíz que usan nuestros campesinos y el FR Bt1 bajo similares condiciones. De esa manera podrían compararse datos vinculados al rendimiento agrícola, a la incidencia de la palomilla en el mismo y a otros indicadores que muestren impactos en la biodiversidad. Lógicamente esos estudios serían fidedignos si se hacen en distintas regiones, bajo el máximo nivel de control, con un equipo imparcial que haga las evaluaciones y empleándose modelos absolutamente agroecológicos y otros con prácticas agroecológicas elementales que se acerquen a la realidad de la mayoría de las fincas; pero, además, que se haga durante varias temporadas, usándose las semillas cosechadas por los propios agricultores de uno y otro tipo de maíz.

No estaría mal saber a cuánto ascienden los gastos incurridos para llegar finalmente a la obtención de un maíz que necesita licencias para ser liberado y que se sabe que está situado en el ojo del huracán. Se conoce que su licencia está en vencimiento y que sus dueños luchan desesperadamente por obtener una próxima, los cuales están siendo beneficiados por un silencio que, de momento, parece obligatorio; pero que si la decisión es positiva, sólo servirá para arreciar mucho más las demandas que hace la otra parte del gremio científico y productivo cubano que tributa a la agricultura, demostrándose de esa manera que hay que contar con el mismo a la hora de tomar decisiones comprometedoras. También sería ilustrativo saber cuánto se habría logrado con el dinero empleado en la construcción de ese maíz si se hubiese puesto al servicio de potenciar los CREE o apoyar a la agricultura suburbana con la cual se apuesta a producir al menos un 70 a 75% de la alimentación nacional, y evidentemente transitar hacia la imprescindible soberanía alimentaria. Para esto hay que bajar altos valores de importación de alimentos cercanos al 65%. Sin embargo no creo que volviendo al monocultivo, y por demás transgénico, aunque se disfrace de agroecológico, sean prácticas compatibles con la soberanía alimentaria y la agricultura sustentable.

Ciertamente, el diálogo que se necesita debe ser respetuoso y a eso estamos dispuestos; pero el irrespeto se inicia cuando se irrumpe en los campos cubanos con un maíz desconocido por un significativo segmento del gremio profesional, productivo y científico de Cuba; así como los consumidores que somos todos. También se irrespeta cuando en el documento de Universidad para Todos: “Biotecnología y adulto mayor”, en su Parte 1 “Biotecnología y longevidad” se ofrecen los OGM como la panacea para resolver el hambre y curar males. Justo se les está dando esa receta a uno de los segmentos poblacionales más frágiles, que es el adulto mayor. Dentro de la propia ética y respeto que requiere este asunto, vale la pena la parte informativa justa a la medida, pero no las insinuaciones a que se acepten productos que incluso aún no se producen en el país, que son objeto de críticas internacionales y hoy en día forman parte de un debate nacional que está por concretarse.

Los medios alternativos no serán utilizados para comunicar reflexiones similares a éstas, en lo tocante al asunto que nos ocupa, cuando haya un pronunciamiento de los medios oficiales, cuando se suministre suficiente información clara para todos y todas, y cuando se produzcan éticos espacios de debates que pongan punto final a la controversia mediante la construcción de soluciones verdaderamente justas, sin juegos de palabras y con aceptación popular. No queremos que suceda en Cuba lo ocurrido en México, que aunque se trata de ocultar o desvirtuar las implicaciones que han traído los transgénicos en la destrucción de ese centro de origen del maíz. El documento “El combate a la contaminación transgénica en todo el mundo”, de GRAIN y publicado en el Cuaderno de Solidaridad 3: “Crisis alimentaria. Las soluciones antagónicas”, del compilador Ariel Dacal de la Editorial Caminos del Centro Memorial Martín Luther King, deja muy claras las estrategias que han tenido que emplear comunidades de México en su lucha contra la contaminación a causa del maíz transgénico. Acciones similares también plantea que se hacen en Tailandia, Filipinas y en el occidente de Canadá; siempre en contra de la contaminación transgénica.

Es necesario que quede muy claro que no se cuestiona la biotecnología, y mucho menos los grandes e imprescindibles logros que se han alcanzado en torno a la producción de vacunas y otros aportes al sector de la salud, a lo cual espero todos demos el merecido reconocimiento. Se reflexiona particularmente sobre el intento de introducción a gran escala del maíz transgénico FR Bt1 en los campos cubanos. También advierto que son muy poco creíbles las imparcialidades de la FAO, de las principales academias del mundo y de otras organizaciones internacionales que tratan este asunto; para lo cual remito a los lectores al artículo: “ Transgénicos dentro del perverso modelo de neocoloniaje y dominación ”, publicado recientemente en Rebelión.

Si realmente queremos transitar a la era de la soberanía alimentaria y ambiental –que además es la única alternativa-, tenemos que despojarnos del orgullo cientificista, del protagonismo individual, del verticalismo, de las imposiciones. Hay que pensar en nosotros y en la Tierra a la misma vez, no de forma separada. Modifiquemos todo, pero diferente, hacia el equilibrio. No nos encaprichemos en buscar alternativas complicadas y dudosas. Aprovechemos nuestra amplia biodiversidad. No subestimemos lo que la naturaleza creó para nosotros como paraíso. Tampoco nos dediquemos a buscar soluciones posibles para supuestos problemas imposibles de solucionar, al menos que no sea con las soluciones que hemos creado. Dejemos de retar a las reglas y normas de la naturaleza. Empleemos más su paradigma natural. Comprendamos que la naturaleza puede vivir perfectamente sin nosotros, tal vez hasta mejor. Definitivamente, encontremos los espacios de reflexión conjunta, pero despejados de soberbias presuntuosas y sí llenos de humildad legítima para llegar a soluciones dignas. Fuente: http://www.rebelion.org/ Cuba /09-08-2010

 

3. De mano en mano y sin control el maíz transgénico en Cuba

 

Tres semanas atrás aún pensaba que era posible la concertación de espacios de diálogos, reflexiones y debates sobre el flagelo del maíz transgénico FR Bt1 que invade a campos cubanos progresivamente. Hoy ya no estoy tan seguro, después de comprobar que las cuestiones expresadas por los dueños de los transgénicos referidas a una posible coexistencia y control es una farsa. También he comprendido que el silencio de los medios de comunicación y de las instituciones en torno a este asunto, responden a las influencias de poder que los mencionados dueños de los transgénicos ejercen sobre ministerios, productores y organizaciones de productores.

Recientemente realicé una visita familiar en la provincia Sancti Spiritus. No había puesto un pie en el municipio Mayajigua, y ya me había asaltado el fantasma del maíz transgénico. Sorprendido me quedé cuando escuché hablar de maíz transgénico en diálogos comunes entre productores y no productores. No me quedó otra que convertir esos días de visita en recorridos de campo y diálogos con campesinos y directivos de cooperativas. La sorpresa fue mayor al percatarme que la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) ha sido permisiva para que el maíz FR Bt1 se expanda por las fincas campesinas; evidentemente, bajo su consentimiento. Cualquiera pudiera decepcionarse al ver que la organización promotora del Movimiento Agroecológico Campesino a Campesino está siendo invadida de maíz transgénico y no pasa nada. No hay reacción de la ANAP. Tanto productores como directivos de las cooperativas afirman que eso está autorizado.

Las zonas a que me refiero dentro del municipio Mayajigua se identifican por La Canoa y Caliene. Están ubicados a unos 35 kilómetros del Valle de Caonao –la meca de la producción de este maíz bajo el manto del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) en la propia provincia Santi Spíritus. Allí se ubican dos Cooperativas de Créditos y Servicios Fortalecidas (CCSF). Ellas son la CCSF “Julio Tápanes” y la CCSF “Niceto Pérez”. Ambas con significativa presencia de maíz transgénico. Esto quiere decir, que ese maíz no está confinado en el Valle de Caonao, sino que ya está siguiendo una política expansiva y sin control verdadero.

Según explican los productores visitados y entrevistados, ellos entienden que ese maíz se produce por la Empresa de Cultivos Varios Valle de Caonao, y que esta se lo vendió a la Empresa de Semillas. Luego la misma lo distribuyó a distintas cooperativas. Consideran que además de estas dos, hay otras en la provincia que accedieron a dicho maíz. Hubo quien dijo que se le vendió al que quiso sembrar, aunque esos criterios no están soportados por evidencias verificadas. Las que si fueron confirmadas están en los predios de finqueros en las cooperativas mencionadas. Por ejemplo: la CCSF “Julio Tápanes” compró un quintal y medio (alrededor de 68 kilogramos) de semillas de maíz FR Bt1 que fueron distribuidas a unas 10 a 12 fincas. Sin embargo, las semillas tomaron otras rutas. Hubo quien quiso probar con cinco o seis carreras en su conuco y así sucesivamente, sin profundizar mucho, se considera que unas 40 a 50 campesinos de toda la zona han sembrado pequeños espacios de maíz transgénico.

Fue tanta la promoción que –según los productores- los técnicos le dieron a dicho maíz, que ellos decidieron probar. Pero el campesino como buen conocedor de la tierra y de las plantas, y por cultura ser muy receloso de lo que entra a sus fincas, decidieron sembrar pequeños espacios. Entre todo lo que se tiene contabilizado en la cooperativa referida, suma unos 50 cordeles (2 hectáreas). Por lo que cada campesino decidió sembrar entre 2 a 5 cordeles aproximadamente (de 0.08 a 0.2 hectáreas). La semilla fue pagada por la cooperativa y entregada a los productores. Estos recibieron algunas orientaciones mínimas por parte de los técnicos procedentes de la Empresa de Cultivos Varios Valle de Caonao. Por lo que se infiere, que ni siquiera los investigadores responsables de la generación de este maíz, visitaron dichas áreas. Sin embargo, los campesinos recelosos observan con detenimiento el “nuevo maíz” a pesar del habérseles dicho que es la “gallina de los huevos de oro”.

Las informaciones que los agricultores mostraron tener sobre dicho maíz son extremadamente básicas y contradictorias. Algunos dicen que les aconsejaron que debería ser consumido solamente por los animales. Otros plantean que nadie les advirtió que no debería ser consumido por los humanos, y que ellos ya lo estaban consumiendo de las mismas maneras que el resto del maíz tradicional. Tampoco recibieron información de posibles riesgos a la salud y al medio ambiente. Por lo que ellos, de manera ingenua no ven en ese maíz un peligro ni un riesgo.

De repente aparecen preguntas como: ¿quién se hace responsable de esta violación a la seguridad biológica, a la ética y al protocolo que se debería seguir en estos casos? ¿cómo es posible que la ANAP sea permisiva de que los campesinos siembren transgénicos, cuando hace sólo algunos meses realizó su congreso donde se proyectó a favor de una agricultura ecológica? ¿cómo entender ese doble discurso? ¿qué respeto se tiene del movimiento agroecológico campesino a campesino? ¿este es un movimiento microlocalizado o es extensivo? ¿quién se hace responsable de la potencial contaminación de las variedades tradicionales de maíz con el transgénico? ¿cuánto será el daño y el costo ecológico, cultural, productivo y a la salud de las personas que puede causar este maíz?

En la cultura campesina cubana, y según mi experiencia en otros países, ofrecer semillas para que el vecino, otro campesino o que un visitante se las lleve a su sitio y las siembre, constituye uno de los mejores regalos. Para ellos es un infinito orgullo que luego les digan: “las semillas fueron una maravilla”. Fue por eso, que en todos los casos que pregunté si me podían regalar unas mazorcas de maíz transgénico para llevarme hacia mi provincia, la respuesta inmediata fue, como por ejemplo: “claro que sí, lo que me da pena que no tengo mucho, pero si tuviera más te daba aunque sean 10 libras (4.5 kilogramos). Sólo uno me preguntó: ¿pero para qué las quieres si no te las puedes comer? En ese momento le respondí con una interrogante. Y si es así ¿por qué lo sembró usted? La respuesta fue: “por curiosidad”.

Varios campesinos consideran que ya ese maíz anda sin control, pues han regalado semillas a amigos. Personas de otros sitios se han llevado para probar, por lo que definitivamente ya el maíz transgénico FR Bt1 anda de mano en mano ¿quién y cómo pueden controlarlo? ¿les interesa a las autoridades de la agricultura y de la ANAP controlarlo? Hasta ahora no se han manifestado al respecto.

Otro elemento de alta significación hacia el peligro de contaminación consiste en que todas las siembras están juntas, al lado o relativamente cerca del resto del maíz tradicional. Muchas veces íbamos atravesando un campo para llegar a donde estaba el transgénico y no los dividían ni una guardarraya. Concluía la última hilera de maíz tradicional e iniciaba la otra del transgénico. De esa manera: ¿será o no posible una contaminación con maíz transgénico similar a las que están ocurriendo en México, España y otros países que han invadido los campos con este flagelo contaminador?

Las instrucciones básicas que recibieron los campesinos por parte de los técnicos, se vinculan a los insumos que recibieron junto a las semillas; lo que se resume en: fertilizante fórmula completa (8-7-16), urea y el herbicida denominado Finalé, cuyo principio activo es el glufosinado de amonio. Los momentos de aplicación se resumieron en añadir la fórmula completa al momento de la siembra, la urea una vez iniciado el crecimiento y desarrollo, y aplicar el Finalé alrededor de los 45 días, para combatir la presencia de yerbas, malezas o plantas arvenses. Así evitar eliminarlas con implementos acoplados a bueyes, pues estos a esa edad pueden dañar las mazorcas.

Algunas verdades también fueron reveladas: 1) el maíz FR Bt1, en esta versión inicial, mostró ser resistente a la palomilla del maíz (Spodoptera frugiperda) y al herbicida Finalé; 2) las plantas marcaron hasta seis mazorcas, pero en todos los casos sólo se les cosecharon dos y en algunas plantas tres; 3) aquí no funcionó el mito de “el maíz de las seis mazorcas”; 4) los rendimientos de hasta 6 quintales por cordel (6.8 toneladas por hectárea) pudieron estar más bien definidos por la densidad de plantación que por el rendimiento individual de las plantas. Las variedades de maíz tradicional que normalmente ellos siembran, les rinden desde 2 a 4 quintales por cordeles (2.2 a 4.5 toneladas por hectárea). Sin embargo, hay una gran diferencia entre la cantidad de plantas por unidad de superficie entre el transgénico y el tradicional. Mientras a éste lo siembran a un marco de plantación de 0.85 metros entre hileras y 0.80 metros entre plantas; al maíz FR Bt1 lo sembraron a la misma distancia entre hileras, pero a unos 0.20 a 0.25 metros entre plantas. Para entender un poco mejor las proporciones, sembrado de esa manera; una hectárea de maíz tradicional tendría unas 15 000 plantas, mientras una hectárea sembrada de maíz transgénico estaría ocupada por una población de 47 000 plantas. La diferencia es de 32 000 plantas. Desde este punto de vista, y observándose la obtención de dos y cuando más tres mazorcas por plantas, en el caso del maíz transgénico, no quedan dudas que los mayores rendimientos se alcanzaron debido a la densidad poblacional.

Desde el punto de vista de rendimiento agrícola, no se le quita el mérito a otros atributos que puedan influir sobre los rendimientos del maíz FR Bt1, que no se asocia directamente con los transgenes insertados sino con la variedad base no transgénica (FR-28) de la cual proviene; ejemplo: llenado de la mazorca, cantidad de granos por mazorca, masa promedio de los granos, así como la densidad de plantas empleada. Pero no se puede olvidar que muchas de las variedades tradicionales que usan los campesinos en estos sitios, también producen dos y tres mazorcas por plantas, y algunas como el que ellos le llaman “Maíz de 70 Días”, resulta ser prolífero, pues adelanta en casi 20 días la cosecha, los rendimientos están en el orden de los 3 quintales por cordeles (3.4 toneladas por hectárea), sembrado de la manera tradicional; es decir a 0.85 metros por 0.80 metros. También es tolerante a la palomilla, pues es poco atacado por la misma, y de sembrarlo a similar marco de plantación que el transgénico –pues tienen hábitos de crecimiento y portes bien parecidos-, sin dudas se obtendrían resultados bien interesantes y sin riesgos, ni la necesidad de licencia para sembrarlo. Este maíz lleva unos 15 años cultivándose en la región, y los agricultores están enamorados de dicha variedad, quienes plantean “…no estamos dispuestos a desplazar esta variedad por otras que nos traigan aunque nos las pinten muy bonitas”. Además, los resultados que proporcionan son sin el empleo de fertilizantes ni herbicidas, por lo que el costo de producción también es menor. Y algo muy importante, pueden cosechar sus semillas y emplearlas en la próxima cosecha con similares rendimientos potenciales. Esto es una muestra de lo que se puede hacer con la biodiversidad local, sin necesidad de acudir a modelos controvertidos y riesgosos.

Otra cuestión que revelan los agricultores entrevistados consiste, en que dicen algunos de ellos, tener referencias que el maíz FR Bt1 al ser cosechado y sembradas las mismas semillas, las plantas degeneran. Sólo alcanzan a producir una mazorca y las plantas se muestras debiluchas. Como es lógico, habría que comprarle por obligación las semillas otra vez a la empresa que las produce, en detrimento de la posibilidad autogestionaria de obtenerlas ellos mismos. Evidentemente, esto los coloca de manera gradual en un ambiente de dependencia, que nada tiene que ver con los principios que defendemos de soberanía alimentaria y agricultura sustentable.

Es una verdadera lástima que se pongan en riesgo las variedades locales, que sin lugar a dudas le pueden garantizar al agricultor la seguridad de sus semillas y sus cosechas. Los mismos plantean, que es verdad que el ataque de palomilla ha sido una preocupación, pero la mayor afectación y las pérdidas de cosecha, se la atribuyen fundamentalmente a las prolongadas sequías. Aseguran que si les hace buen tiempo; es decir, que llueve oportunamente, no pierden las cosechas, y reiteran que algunas de sus variedades como el “Maíz de 70 Días” casi no es afectado por dicho lepidóptero. Por lo menos, todos expresaron su arraigo a las variedades tradicionales y no quieren ni piensan deshacerse de éstas, lo cual da un gran aliento, pero al mismo tiempo, su ingenuidad en hacer pruebas, aunque sean a pequeña escala, los está haciendo partícipes de una potencial destrucción de su propia riqueza varietal que con tanto celo han cuidado y preservado durante muchos años.

Hoy mismo, nadie es capaz de saber ni cuántas fincas, ni qué cantidad de área ha sido sembrada de maíz FR Bt1 en Cuba. Nadie sabe a cuántas personas se les regaló ese maíz, ni hacia donde se lo llevaron. Independientemente de que la semilla degenere o no, la contaminación es altamente probable. Y si es firme el proceso degenerativo de las semillas, también es altamente probable que ese efecto sea transmitido a las variedades tradicionales. Plantas degeneradas o no, pueden sobrevivir en condiciones adversas, sin atenciones culturales adecuadas. Allí se demostró, que ese maíz puede vivir sin que se le aplique el paquete tecnológico que lo acompaña. No es pura especulación el hecho de que muchas comunidades en el mundo tratan desesperadamente de “desintoxicar” sus variedades ya contaminadas con transgénicos, ni que llueven las demandas a los gobiernos y autoridades para que se tomen medidas en tal sentido. El transgénico FR Bt1 está corriendo de mano en mano sin control en campos cubanos. Directivos de las cooperativas estiman, que en la campaña de siembra venidera se incrementarán las áreas de maíz transgénico. Muchos miramos indignados esta situación y nos sentimos impotentes, porque de repente nuestras fincas, cooperativas y empresas parecen destinadas por la dominación a ser invadidas por el "maíz de los huevos de oro".
Fuente: http://www.rebelion.org/
Cuba /
24-08-2010

 

4. Terra Madre 2010: sistema inmunológico de la Tierra

 

Por cuarta ocasión, la ciudad italiana de Turín se convirtió en escenario del más grande y diverso evento que jamás se haya realizado en reclamo al derecho a una alimentación buena, limpia y justa. Como siempre a finales de octubre: esta vez del 21 al 25. Por toda la ciudad se exhibían carteles de bienvenida y de anuncios de la magna cita. La entrada del invierno se tornó menos fría por el cálido recibimiento y respeto de todos sus habitantes.

Hacemos un reconocimiento especial a los eficientes funcionarios de Slow Food y organizadores del Terra Madre; así como a los más de 600 voluntarios y a las familias que nos acogieron en sus comunidades. En nuestro caso, la delegación cubana les ofrece especial agradecimiento a las familias de la comunidad de Vinovo donde residimos durante los días del evento.

La Red Terra Madre crece de manera impresionante; hay datos que lo expresan por sí mismos. En la primera edición celebrada en el año 2004, estuvimos presentes 4 888 personas en representación de 1 202 comunidades del alimento de 128 países. En esta cuarta ocasión rozábamos los 8 000 participantes, 1 600 comunidades representadas y se llegó a 160 países. Con orgullo los miembros de esta Red y de Slow Food mostramos los presentes números. Allí confluyeron desde indígenas de diversas etnias, hasta los más encumbrados académicos que no han sucumbido ante los poderes transnacionales; además de cocineros y más de 2 000 jóvenes. Es difícil describir la diversidad cultural y de experiencias que cada participante llevo al Terra Madre. Podía notarse en sus intervenciones, en sus exposiciones, en sus vestuarios, en sus lenguas, en su mirada alegre y llena de satisfacción y esperanzas. Una semana cada dos años es capaz de cambiarle la vida a muchas personas del mundo, incluso de los que no asistieron, pues los que se quedaron en sus comunidades, al retorno de los asistentes, reciben buena parte de esa energía que genera Terra Madre.

Es verdad que los talleres eran traducidos en ocho idiomas al unísono, y esto fue una garantía para el mayor entendimiento. Sin embargo, les aseguro que no resultó difícil entendernos con cualquiera de los participantes, sin importar su lengua o dialecto. Y si se preguntara por qué, la respuesta es muy simple: porque hablamos el idioma de los alimentos, que es el de todos, el que nos hace muy parecidos por diferentes que seamos.

Profundamente espiritual resultó saber que la Red Terra Madre se ha convertido en una herramienta valiosa, que impulsa el rescate de muchos dialectos casi extinguidos y otros en franca amenaza. La diversidad de las lenguas es la garantía de la transmisión de los sabios conocimientos ancestrales, a los que hay que acudir hoy, pues los necesitamos más que nunca para que ayuden a salvar nuestra casa común. Se demostró que hay tantas personas que tienen cosas que decir, y que nosotros tenemos mucho que escuchar y aprender. Cuestión que no puede ser posible con la globalización de dos o tres idiomas, que nos obliga a la cultura de masas, a la homogenización cultural y a la eliminación de aquellas tradiciones culturales que para la “modernidad” resultan contaminantes. Puede parecer abstracto hablar del idioma de los alimentos, y no deja de tener algo de utopía y de sueños; no obstante, también es real. Todos conversábamos, pues cuando se trata de producir alimentos, cocinarlos y conservar la biodiversidad, es fácil expresarlo con la mirada, con las manos, con dibujos, con imágenes, con una simple degustación.

Así sucedió todo el tiempo en los talleres, en las filas para almorzar, en los pasillos y áreas expositivas, en los vehículos que nos trasladaban hasta y desde las comunidades de residencia. No se perdió un instante. Era sólo una semana; por eso, se dormían tres a cuatro horas diarias. Queríamos dejar y llevarnos con nosotros la mayor carga espiritual y de saberes. Había un compromiso con los que se quedaron aguardando por nosotros en los países, consistente en hacerlos partícipes a posteriori.

Sin lugar a dudas, Terra Madre cada dos años, se convierte en un espacio global donde se revelan los poderes destructivos de las compañías transnacionales y donde se percibe la falta de voluntad y cordura de la mayoría de los políticos del mundo en cuanto a la conservación de los recursos naturales. Por tanto, pudiera decirse que Terra Madre es donde los máximos afectados por los poderes económicos, políticos y mediáticos del mundo, encuentran un escenario propicio para expresar sus necesidades sentidas; pero también para exhibir las maneras de enfrentar esos males y defender la comida de sus familias y de las comunidades. Es por ello que el intercambio de alternativas y soluciones a problemas locales, pueden convertirse en soluciones para adversidades que atravesamos en lugares tan distantes y tan diferentes.

Es imprescindible que comente sobre uno de los flagelos que se demostró es común para todos, pues su amenaza se ha convertido en global. Se trata de los organismos genéticamente modificados (OGM) o muy conocidos sencillamente como transgénicos. En el taller: “La agricultura familiar rechaza los OGM”, se suscitaron diversos, interesantes y profundos debates. Allí expusieron sus puntos de vista y experiencias, reconocidos científicos como el ruso Alexander Baranoff de World Paece Culture Fund; pero también importantes activistas en contra de los OGM como el venezolano José Luis Cianci, la uruguaya Laura Rosano, el italiano Giorgio Cingolani, entre muchos otros. Quedó demostrado que este flagelo nos ataca directa o indirectamente a todos: unos países porque los producen forzados por las compañías transnacionales, y otros porque importan alimentos transgénicos. No fue necesario abundar mucho para identificar que las principales compañías responsables, que doblegan a políticos y a ministerios de la agricultura en muchos de nuestros países son: Monsanto, Syngenta, DuPont, Bast y Bayer.

Quedó muy claro el efecto devastador que los OGM están provocando en la biodiversidad, y como ésta se coloca en franco peligro a futuro si no se le pone freno a dicha Neo-revolución Verde. Las comunidades del alimento allí representadas, compartieron las más variadas alternativas que están empleando para salvaguardar sus semillas, sus tradiciones, sus alimentos, su estabilidad en el campo y sus rituales. Se habló de los santuarios de semillas en Costa Rica, de las presiones que están haciendo agricultores y grupos ecologistas en Estados Unidos para que se reduzca la cantidad de licencias para liberar transgénicos. En ese propio país se planteó la oleada, cada vez mayor, de agricultores que ya prefieren apostar a la agricultura orgánica y a la agroecología. También se mencionó que hay países, como Venezuela, que constitucionalmente prohíben el cultivo de transgénicos en su territorio; mientras en otros, las compañías transnacionales se alinean con grupos armados para presionar a campesinos y a científicos, valiéndose de amenazas, y hay casos, en los que se han provocado asesinatos. En fin, fue un debate de coincidencias en los enfoques, en los males y en los intereses.

Se llegó a consenso que la lucha hay que llevarla desde las comunidades, no permitir que los transgénicos las penetren. Sin embargo, se necesita mucha información y educación al respecto. No basta con tratar de convencer a los productores de las implicaciones de los OGM en la salud humana y ambiental; sino además hay que encontrar las vías alternativas de que la mayor parte del público conozca tales implicaciones. Y que de esta manera los consumidores puedan saber lo que se les está imponiendo para su alimentación; pues en la mayoría de los países no se etiquetan los productos, pero tampoco se ofrece información esclarecedora. Por lo general, los medios de comunicación oficiales más que ayudar a esclarecer, lo que contribuyen es a confundir. Esto sucede en casi todos los países. Por tanto es imprescindible el uso de medios alternativos para informar a las poblaciones.

A pesar de que el problema es común y extremadamente agresivo, los esfuerzos dentro de los países se hacen de manera desordenada. Por esas razones, se decidió proponer la creación de la Red Mundial de Lucha contra los OGM, y que esta fuese divulgada, articulada y apoyada por Slow Food Internacional. Existió consenso al respecto, por lo que en estos momentos se crean las bases para fundar dicha Red, la cual jugará un papel imprescindible en organizar acciones intro e intra países. Somos optimistas, pues poco a poco vemos que en la unidad de acción puede estar la posibilidad de no permitir que los OGM sigan robando espacios soberanos y naturales. En los últimos cinco años han aparecido numerosas evidencias de los efectos negativos de los OGM en la salud humana, animal y ambiental; lo cual ha sido probado científicamente por reconocidos grupos de investigadores. Ya no es sostenible el discurso de los defensores de los transgénicos, de que no hay bases científicas para rechazarlos. El asunto se ha movido de la precaución a sólidas evidencias.

En Terra Madre 2010 se debatieron diversos talleres que se pueden revisar en www.terramadre.info. No puede olvidarse que el evento se ha convertido también en espacio de reencuentro, donde nos podemos ver y dar un abrazo los comunitarios del mundo, por lo general los más humildes. Allí hemos hecho amistades entrañables y hemos construido proyectos conjuntos. Como olvidar nombres como Emerson Xavier Da Silva, Obadias García (Cacique de los Sátaré Mawe de Brasil) y Mauricio Fabroni. Todos defensores del Proyecto Guaraná, que han enfrentado con valentía a la compañía Antártica. Observábamos como tanto el día del encuentro, como en la despedida, muchos nos fundíamos en profundos abrazos; pero sólo era un hasta pronto, pues ya somos una familia y todos tenemos el mismo propósito: producir de manera limpia, buena y justa.

La clausura del Terra Madre fue un libro con las páginas abiertas. Escritas por enérgicos y profundos análisis que nos llegaron de personalidades como: Edgar Morín, Vandana Shiva, Manfred Max-Neef, Raj Patel y Carlos Petrini, entre otros. Es imprescindible compartir el orgullo de Carlos Petrini, Presidente de Slow Food Internacional, al decir que esta vez estaba más complacido porque había más indígenas y menos políticos en el evento. Allí se dijo que la Red Terra Madre es el sistema inmunológico de la tierra: sin lugar a dudas, así se magnificó lo que hacen nuestras comunidades en defensa de los alimentos y las tradiciones, y se reconocieron las posibilidades que tenemos para desintoxicar nuestra agricultura, y garantizar que sigan existiendo pueblos.
Fuente: http://www.rebelion.org/ Cuba / 18-11-2010

 

En consecuencia, la expansión del cultivo de soja transgénica en Argentina obedece a un capitalismo local que exclusivamente procura satisfacer, a cualquier costo, las demandas de commodities de los oligopolios globales.

 

Cristina Fernández de Kirchner, su gobierno, la izquierda K y la intelectualidad hegemónica están avalando e institucionalizando esa «territorialidad de dominación» de los oligopolios imperialistas que destruye las condiciones de vida y de trabajo en el país-continente. Arrasa la habitabilidad planetaria que es fruto de millones de años de la eco-evolución. Por otra parte, esos millones de años de las interacciones de lo biológico con lo geológico se hallan conformando la herencia a partir de la cual se desarrolla la anatomía-fisiología de la especie humana. De manera que el capitalismo ataca  la salud de las poblaciones e individuos humanos no sólo al empobrecer y hambrear a las grandes mayorías sino también al degradar el medioambiente.

 

La «reforma agraria integral» al ser anticapitalista y antiimperialista requiere que una creciente mayoría rompa con la lógica capitalista que expropia territorios para su reterritorialización conforme a objetivos mercantiles y lucrativos. Comprenda que sus necesidades e intereses están representados por campesinos e indígenas, por la Unión de Asambleas Ciudadanas y por todas las otras organizaciones de abajo que proponen alternativas a este desarrollo que nos está dejando sin alimentos sanos, sin acceso a la comida, sin agua potable, sin bosques nativos, sin ríos ni mares como ecosistemas vivos, etc. y sin salud ni futuro a mediano y largo plazo.

 

Capacidad de escuchar y dialogar que nos exige deconstruir nuestro racismo y autoritarismo que nos lleva a menospreciar a los otros de abajo y sobre todo a campesinos e indígenas que tienen saberes, sentimientos y cosmovisiones imprescindibles para descolonizarnos. También nos convocan a asumir el desafío de emancipación del dominio capitalista e imperialista que lleva a la extinción de la especie humana. Pero, en cambio, prestamos atención a quienes nos hablan desde su poder político, mediático y científico. Así nos subordinamos a admirar y contentarnos con lo que disponen nuestros opresores. Así desconocemos o relegamos:

  • el avance del apoderamiento económico-territorial por las transnacionales;

  • las variadas formas de censura al debate sobre qué significa la desaparición forzada de campesinos e indígenas y cómo se está desertificando al país;

  • la consolidación del PJ como partido-estado por eficiencia para facilitar el saqueo transnacional y sus socios locales, por aceitados aparatos clientelares y por aptitud de lograr que su líder de turno viabilice la hegemonía cultural imprescindible a la etapa capitalista en curso.


 

Premisas e hipótesis

Tengamos en cuenta cómo la «territorialidad de dominación» avanza de una manera mucho más grave que durante la etapa de privatizaciones por el grado de irreversibilidad de los cambios introducidos.

Desde Bolivia, Fortunato Esquivel (Alai.net) nos alerta sobre el “peligro mucho mayor y hay que decirlo con mucha pena y alarma porque está a cargo de un gobierno que se dice de los campesinos, indígenas y movimientos sociales” en su nota:


Los transgénicos y la privatización de las semillas

Los movimientos sociales tienen en su haber grandes batallas en su pasado histórico, pero sobre todo en el periodo neoliberal. Se luchó contra la venta de las empresas estatales y contra la capitalización que era una disfrazada venta de las empresas estratégicas. Se luchó contra la privatización del agua y otros derechos de los bolivianos.

Pero estas luchas, están ante un peligro mucho mayor y hay que decirlo con mucha pena y alarma porque está a cargo de un gobierno que se dice de los campesinos, indígenas y movimientos sociales. Nos encontramos ante el gran peligro de la privatización de las semillas, que por milenios fue un patrimonio que nos donó la Pachamama y ahora a punto de tener dueños particulares. ¿Será verdad que se encuentra en trámite una ley en ese sentido? y ¿Será posible que un gobierno como el presente esté impulsando una norma así?

El pasado 3 de junio un periódico de La Paz, publicó el siguiente titular: “Un proyecto de ley propone legalizar uso de transgénicos”. Un epígrafe dice seguidamente que el proyecto de ley prevé el control de la producción, importación y comercialización de productos genéticamente modificados. Nadie dijo “esta boca es mía”. Ni ecologistas, ni defensores de la madre tierra se manifestaron contrarios en esta ocasión. El periódico, dice que la futura Ley de Revolución Productiva, Comunitaria y Agropecuaria, impulsada por el gobierno, será aprobada con ocasión del Año Nuevo Aymara, el próximo 21 de junio. Sigue la información y dice que fue el presidente Evo Morales quien remitió el proyecto a la Asamblea Legislativa para su consideración y presunta aprobación. El ejecutivo de la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas (Anapo) Demetrio Pérez, aplaudió de inmediato ese proyecto que les permitirá ser más competitivos y por supuesto más ricos.

¿Qué significa esta norma, por ahora en proyecto? Sencillamente que las semillas podrán tener dueños particulares y las mayores beneficiarias serán las multinacionales, que al margen de tener flexibilidades para la producción y comercialización de las semillas, podrán exigir el pago de regalías a quienes produzcan con transgénicos.

Los bolivianos no estamos enterados de las implicaciones que pueden tener estas normas en proceso de trámite. No sabemos lo que puede acarrear a la vida de los campesinos, a nuestra alimentación, nuestra economía y sobre todo las consecuencias contra la naturaleza.

A fines de los años 90 desde el periódico “Presencia” impulsamos una campaña contra los alimentos elaborados con transgénicos que Estados Unidos nos donaban y a la que se unieron otros medios escritos paceños. Fue una controversia con la embajada, en pleno gobierno neoliberal que pese a su autoritarismo no se había animado autorizar el uso de transgénicos en Bolivia.

Los alimentos transgénicos, están modificados genéticamente para resistir insecticidas, gérmenes e insectos. Las cosechas son más productivas y provocan enormes ganancias, pero lo que no se sabe es qué daños pueden producir en el cuerpo humano.
Hasta ahora, los habitantes del tercer mundo, somos conejillos de Indias para la voracidad económica de las transnacionales. Con la privatización de las semillas, los grandes laboratorios mundiales, propiedad de las transnacionales, se convertirán en dueños de las semillas. Podrán manipular sus precios subiéndolos o cortando su distribución. Pasaremos a depender de ellas.

Podemos estar equivocados, pero si es cierto que se impulsa la privatización de las semillas, ésta alcanzará a otras al margen de la soya, que ahora nos enteramos, logró autorización para su producción transgénica. El Ministro de Autonomías, Carlos Romero Bonifaz, explicó ante el programa “El Pueblo es Noticia” que la intención es garantizar el abastecimiento interno de alimentos. El 21 de junio está muy cerca. Las explicaciones son urgentes. Ojalá no se esté produciendo una agresión contra los campesinos pequeños productores".
Fuente original: http://alainet.org

Fuente: http://www.rebelion.org/  Bolivia/ 09-06-2011

 

Descubramos el avance capitalista e imperialista hacia:

 

1. La legalidad del despojo a las comunidades campesinas e indígenas y golpe fatal a la soberanía alimentaria

 

La escalada de patentes sobre "cultivos climáticos"

amenaza la biodiversidad y apunta al acaparamiento de tierra y biomasa

 

Grupo ETC-Boletín de prensa (www.etcgroup.org)

25-10-2010 Nagoya, Japón.- Las corporaciones más grandes del mundo de semillas y agroquímicos están llenando cientos de solicitudes de patentes de amplísimo espectro sobre genes múltiples, en una apuesta por controlar la biomasa vegetal del planeta, según el informe del Grupo ETC publicado este lunes 25 de octubre.

Un puñado de corporaciones multinacionales están presionando a los gobiernos para que acepten, mediante el sistema de patentes, el apropiamiento de la biodiversidad más amplio y peligroso de la historia, advierte el Grupo ETC en Nagoya, durante la reunión del Convenio sobre Diversidad Biológica. (18 al 29 de octubre de 2010).

"Los gigantes genéticos están acumulando patentes que amenazan con restringir totalmente el acceso a la biomasa y al suministro de alimentos en el futuro", advierte Silvia Ribeiro del Grupo ETC. "El alcance de muchas de estas patentes sobre genes diseñados para el clima es asombroso: en mucho casos, una sola patente reclama la propiedad de secuencias genéticas que podrían desarrollarse en virtualmente todos los cultivos importantes del planeta, así como en el procesamiento de alimentos para humanos y animales", explica Ribeiro.

El Grupo ETC identifica más de 262 familias de patentes de las que derivan 1663 documentos publicados en todo el mundo (tanto de patentes solicitadas como otorgadas) que hacen reclamos específicos de propiedad sobre tolerancia en vegetales al estrés ambiental (sequía, calor, inundaciones, heladas, salinidad). DuPont, Monsanto, BASF, Bayer, Syngenta y sus aliados acaparan tres cuartas partes de las patentes identificadas. Solamente tres de estas corporaciones ----DuPont, BASF y Monsanto— tienen en su poder dos terceras partes del total. Los investigadores del sector público tienen únicamente el 10%.

"En una apuesta desesperada por obtener legitimidad moral y lograr aceptación del público a los cultivos genéticamente modificados, los gigantes genéticos han 'donado' algunos genes de cultivos ya patentados a agricultores pobres en África", explica Ribeiro.

"Quieren que los gobiernos del Sur abran sus mercados a sus cultivos modificados genéticamente y se acostumbren a que las leyes de patentes sobre biotecnología son amigables. Es una lógica inaceptable: quieren que a cambio de esas tecnologías no probadas, los gobiernos del Sur renuncien a su soberanía nacional sobre la propiedad intelectual, la biomasa y los alimentos," advirtió.

"Esas patentes son la última forma de la biopiratería", enfatiza Vandana Shiva, Directora de la Research Foundation for Science, Technology, and Ecology en India. "Los agricultores han criado semillas para la sequía, las inundaciones y la tolerancia a la salinidad por milenios. La adaptabilidad climática depende en última instancia de la innovación de los agricultores, de que la biodiversidad y los procesos agroecológicos permanezcan en las manos de las comunidades agrícolas", dijo Shiva.

"Los gobiernos reunidos en el Convenio sobre Diversidad Biológica en Nagoya, Japón, deben poner un alto a este acaparamiento de patentes sobre genes 'para el clima', una más de las falsas soluciones al cambio climático. Deben instruir a sus oficinas de propiedad intelectual para que rechacen todas estas patentes" dijo Neth Daño del Grupo ETC, presente en la reunión. "El CDB y la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) deben hacer en conjunto una revisión fundamental de todos los reclamos de propiedad intelectual, pues estas patentes también violan claramente el Tratado sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura de la FAO y su organismo de gobierno debe investigar y tomar acción."  Fuente: http://www.etcgroup.org/es/node/5224 /

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Paraguay

Semana de la Semilla CLOC-Vía Campesina

Asunción, 30 de mayo de 2011

COMUNICADO
"Debido a la inauguración de la “Semana de la Semilla”, que se realiza entre el 30 de mayo y el 1 de junio, en el predio del Ex Seminario Metropolitano, la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) y La Vía Campesina Sudamérica, se dirigen a la opinión pública nacional e internacional para manifestar cuanto sigue:

La aprobación en Chile, días pasados, de la Ley de Obtentores de Semillas, a través de la cual se patentarán no sólo las semillas, sino que afectará a todo tipo de vegetales, permitiendo, a la vez, ingresar al mercado los productos transgénicos, legitima el despojo a las comunidades campesinas e indígenas y violenta la soberanía alimentaria con un golpe fatal.

Consideramos esto como un grave atropello legislativo y un retroceso para nuestros países porque se traduce en una amenaza latente que puede alcanzar a toda la región, conocida mundialmente por su carácter agroexportador de materias primas y producción transgénica, que no reporta beneficio alguno para la población y sólo perpetra crímenes continuos contra la biodiversidad.

Esta ley aprobada en el Congreso chileno favorece solamente a las corporaciones multinacionales como Monsanto y otras, que lucran con el patrimonio y la riqueza genética de los pueblos. Con la privatización de las semillas, se crean condiciones en el país andino para extender los cultivos transgénicos y el uso indiscriminado de agrotóxicos, con todos los efectos que esto entraña: más violación de derechos campesinos, más daño irreversible contra la Madre Tierra.

 

Esto es resultado de las discusiones que se desarrollan en el marco de la UPOV 91, la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales, organismo intergubernamental de la que Paraguay también forma parte desde 1997. Hoy es Chile; mañana, distraídamente, el Congreso paraguayo podría emular a sus colegas andinos en esta coyuntura desfavorable de confrontación de intereses.

La CLOC y La Vía Campesina declaran su lucha permanente contra los agrotóxicos y por la soberanía alimentaria, además de expresar su solidaridad plena con la lucha y la movilización de los campesinos y campesinas de Chile. Sería de lamentar que experiencias como la chilena, bajo un gobierno entreguista y neoliberal, se repliquen en nuestros países. De acuerdo a lo estipulado en la Declaración de Bali, somos víctimas de una guerra por el control de las semillas porque las empresas multinacionales se disponen a atacar deliberadamente a las poblaciones rurales.

Que en esta semana dedicada a nuestras semillas nativas y criollas no olvidemos que existe una propuesta elaborada por los movimientos campesinos e indígenas, el proyecto de ley de protección y defensa de semillas nativas y criollas del Paraguay, que será impulsada por el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave) en instancias del Congreso Nacional, bajo el riesgo de la indiferencia de quienes debieran anteponer los intereses colectivos a los individuales.

¡Las semillas campesinas son dignidad, cultura y vida!

¡Por la tierra y la soberanía de nuestros pueblos! ¡América lucha!".

Fuente: http://www.dariovive.org/ 31-05-2011

 

2. El menosprecio total por la  vida de la gran mayoría de la humanidad

 

Transgénicos, experimentando con nuestra salud

Por David Sánchez (Revista "Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas")

La introducción de los cultivos y alimentos transgénicos ha añadido nuevos impactos e incertidumbres a los que ya plantea el modelo de agricultura industrial. Además de agravar sus peores impactos, como el incremento brutal en el uso de agrotóxicos, la modificación genética de seres vivos genera una gran incertidumbre científica y sanitaria. Son ya casi 15 años de cultivos y alimentos transgénicos a escala global, y la realidad va mucho más allá de los temores iniciales. Las medidas de prevención de los riesgos de salud que pudiesen generar los transgénicos se han demostrado inadecuadas e insuficientes.

 

¿Los alimentos más seguros de la historia?

La industria suele publicitar a los transgénicos como los alimentos más estudiados y seguros de la historia, aunque desde antes de su puesta en el mercado se alertaba de sus posibles efectos sobre la salud humana: nuevas alergias alimentarias, la aparición de toxicidad o generación de resistencia a antibióticos. Todavía hoy no existen estudios sobre los efectos a largo plazo en la salud humana de su consumo. Lo resumía el Catedrático de Toxicología de la Facultad de Medicina de la Universidad Rovira i Virgill en 2007 tras hacer una revisión de la literatura científica sobre salud y transgénicos: «¿Dónde están las evidencias científicas que demuestran que las plantas y alimentos transgénicos son toxicológicamente seguros?».

Hay que recordar que los únicos estudios sobre la seguridad de estos alimentos que se realizan antes de su aprobación en la Unión Europea son realizados por las propias multinacionales. No hay ningún tipo de investigación independiente, tan sólo son revisados por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, cuyos miembros caen en continuos conflictos de intereses, pasando de esta agencia a altos cargos de la industria de los transgénicos, o compatibilizando su labor de supervisión con pertenencia a agencias de lobby.

Y sin embargo las pocas personas científicas independientes que consiguen investigar sobre este tema muestran un panorama preocupante. Estudios de universidades francesas, realizados a partir de datos obtenidos de Monsanto por vía judicial, demuestran daños potenciales a la salud de varios de los maíces transgénicos. En concreto toxicidad en el hígado y riñones de ratones, que son el modelo de lo que puede suceder en humanos. Uno de estos maíces es el que se cultiva a gran escala en el Estado Español y el resto están autorizados para su importación y consumo en la Unión Europea. Otro estudio de la Universidad de Viena, patrocinado por el Gobierno austríaco, encontró que una dieta a base de otro maíz transgénico en ratones suponía un descenso en su fertilidad, levantando de nuevo la alarma sobre los efectos imprevistos de la modificación genética. Sin embargo, este maíz se sigue comercializando en Europa y se cultiva de forma experimental en decenas de municipios por todo el Estado.

 

Triunfo para la ciencia independiente

El 23 de noviembre de 2010 se celebró el juicio por la demanda que puso el profesor e investigador independiente de los transgénicos Gilles Eric-Séralini, a otros profesores y a la Asociación Francesa de Biotecnología Vegetal, por difamación en contra de él y de su equipo de investigación, a raíz de sus estudios y revisiones sobre los estudios sobre el maíz de Monsanto. El CRIIGEN (Comité de Investigación y de Información Independiente de la Ingeniería Genética) encontró evidencias de daños de tres variedades de transgénicos, que no habían sido señalados por Monsanto. Era de esperar que las empresas de la biotecnología y Monsanto entre ellas arremetieran contra estos investigadores independientes, como tantas veces han hecho en la historia. Pero la jugada les ha salido mal, y la justicia ha encontrado que tenía razón Gilles Eric-Séralini, encontrando datos ocultos sobre los profesores que estaban difamando a Séralini, cuando ellos mismos son propietarios de patentes de transgénicos con diferentes empresas de biotecnología.

Ya se han tenido que retirar transgénicos del mercado por su potencial para causar alergias alimentarias; la Organización Mundial de la Salud recomienda la retirada de los que incluyen genes de resistencia a antibióticos, como la patata transgénica; y durante los últimos años se acumula literatura científica que sugiere otros riesgos y daños por su consumo.

Sin embargo, y ante la complicidad de las autoridades, la legislación tampoco ampara la libre elección de las personas consumidoras. Tan sÓlo es obligatorio etiquetar un alimento que contiene más del 0,9% de ingrediente transgénico, por lo que pueden entrar en pequeñas dosis sin que lo sepamos. No se etiquetan ni la carne, ni los huevos ni la leche y los productos lácteos de animales alimentados con piensos modificados genéticamente. Y según datos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, el 15% de todos los alimentos a la venta que contienen soja o maíz están contaminados por transgénicos, incluyendo papillas y leches infantiles, galletas o yogures.

 

Los riesgos de liberar transgénicos al medio ambiente

Los cultivos transgénicos están comprometiendo el futuro de los alimentos más beneficiosos para la salud humana. Así, una vez liberados al medio ambiente, no hay forma de controlar la dispersión de los transgénicos. Se ha comprobado ya en demasiadas ocasiones, por ejemplo con cultivos transgénicos experimentales ilegales que contaminan la alimentación. Es el caso de un arroz transgénico de Bayer, que se cultivó de forma experimental en EE.UU. entre 1998 y 2001. En 2006 este arroz no autorizado para consumo humano ni animal en ningún país del mundo apareció en la cadena alimentaria de todos los continentes. Bayer, que está siendo condenada a pagar millonarias indemnizaciones por los daños causados al sector arrocero estadounidense, alega en los juicios que solo puede ser explicado como «un acto de Dios»..

El arroz de Bayer es tan solo un caso de la situación de inseguridad a la que se ven sometidos de forma continua los campesinos y campesinas que han optado por no cultivar transgénicos. La presencia de cultivos transgénicos y el riesgo de contaminación, tanto en las semillas, por la dispersión del polen o por el uso compartido de maquinaria agrícola, genera una grave incertidumbre a la hora de la cosecha, de forma que ésta puede estar contaminada sin que la persona que la produce lo sepa ni haya podido evitarlo. La presencia de transgénicos hace casi inviable la tarea de producir alimentos sanos y seguros para la salud.

Los casos más conocidos en el Estado Español son los de los agricultores y agricultoras que cultivan maíz ecológico en regiones con fuerte presencia del maíz transgénico como Aragón, Cataluña o la provincia de Albacete. Multitud de casos de contaminación de sus cosechas por transgénicos, que les acarrean graves pérdidas económicas y daños morales de los que ni el Gobierno ni las multinacionales se hacen responsables, y que han hecho prácticamente desaparecer el cultivo de maíz ecológico.

 

EN ESPAÑA: El maíz MON810 cultivado en el Estado español, incorporan información genética de una bacteria del suelo, el Bacillus thuringiensis, con el objetivo de influir en el ciclo vital y reproducción de insectos objetivos, en este caso el barrenador o taladro del maíz. No obstante, el repetido empleo de dicha toxina y su continúa expresión en las plantas de maíz está haciendo que el insecto objetivo desarrolle rápidamente resistencias a la misma. Lo que antes se empleaba a pequeña escala como biocida en la agricultura ecológica ya está perdiendo su eficacia, por lo que, una vez más, se perjudica a aquellos sistemas de producción agrícola que suministran los alimentos de mejor calidad para nuestra salud.

 

Los daños del modelo de agricultura transgénica

A principios de los años 90 se hablaba de que el cultivo transgénico permitiría reducir en un 30% la cuantía de productos químicos empleados en la agricultura, algo que se aseguraba sería beneficioso para el medio ambiente y para nuestra salud. No obstante, el modelo de agricultura asociado a los transgénicos, especialmente los cultivos resistentes a herbicidas que suponen más del 60% del total, ha disparado el uso de herbicidas. Dichos herbicidas y sus residuos están presentes – contaminan- en el aire, el agua, la tierra y la vegetación de las parcelas cultivadas con transgénicos y también de otras parcelas cultivadas y otras tierras de las alrededores. El más utilizado es el glifosato.

Una sola compañía, Monsanto, controla la mayor parte de las ventas de este herbicida y se garantiza de esta forma el control del mercado al obligar al uso conjunto de sus semillas y agroquímicos. Desde la introducción de los cultivos transgénicos, el uso de glifosato se multiplicó por 15 en EE.UU., sin que este aumento se viera compensado por un menor uso de otros químicos. En Brasil, el aumento fue del 80% entre el 2000 y 2005. (Ver cuadros adjuntos de la soja y el glifosato en Argentina)

 

En América Latina, los cultivos transgénicos se han impuesto por parte de la agroindustria y ocupan ya más de 20 millones de hectáreas en Argentina y otros 20 millones en Brasil. Para cada hectárea de soja transgénica se utilizan unos 10 litros de glifosato. Unos 400 millones de litros de este herbicida se aplican en esta zona cada temporada de siembra. Y las consecuencias para la salud en las comunidades rurales son devastadoras. Silvino Talavera, un niño paraguayo que murió intoxicado por la exposición a los agrotóxicos que estaban siendo aplicados a un campo de soja transgénica cercano a su casa, es el caso más conocido. Pero las evidencias de daños a la salud del glifosato, incluyendo efectos letales en embriones de anfibios y sobre la salud humana van en aumento. Y son muchas las denuncias por parte de la sociedad civil en países como Uruguay, Paraguay o Argentina (ver cuadro).

(*) David Sánchez Carpio Fuente original: http://revistasoberaniaalimentaria.wordpress.com/2011/04/10/transgenicos-experimentando-con-nuestra-salud/
Fuente: http://www.rebelion.org/ Ecología social / 12-04-2011

 

3. El control del sistema global alimentario por pocas transnacionales

Veinte años en que las agroindustrias han devastado los sistemas alimentarios

Por GRAIN
A principios de los noventa, las corporaciones eran una amenaza latente, un grupo que en las discusiones y negociaciones impulsaba con fuerza el modelo industrial de agricultura que destruía la biodiversidad agrícola, mientras decía promover la producción y la abundancia de alimentos.

Veinte años después, el poder corporativo en el sistema alimentario ha crecido tanto, acapara tantas relaciones y segmentos de la cadena alimentaria, que hoy son las corporaciones quienes fijan las reglas globales mientras los gobiernos y la investigación pública siguen sus directrices.
Este estallido de cambios ha sido devastador para la biodiversidad del planeta y para la gente que la cuida. Las corporaciones utilizan todo su poder para expandir los monocultivos, intentan acabar con los sistemas campesinos de semillas y se han logrado colar en los mercados locales. Esto hace mucho más difícil que los campesinos se mantengan en sus tierras y alimenten a sus familias y comunidades, pero organizados en movimientos sociales resisten ante el control cada vez mayor de las agroempresas metidas en el sistema alimentario global.

Ofrecemos un breve panorama de la expansión de las agroempresas en el sistema alimentario global durante los últimos veinte años.

La pugna por el control de las semillas

Concentración. La industria semillera se transformó dramáticamente en los últimos veinte años. De ser una industria con pequeñas compañías semilleras y programas públicos, pasó a ser una industria dominada por un puñado de corporaciones transnacionales.
Hoy, apenas diez corporaciones controlan cerca de la mitad del mercado global de semillas comerciales. La mayor parte de estas corporaciones son productores de agrotóxicos que impulsan cultivos modificados genéticamente que puedan aguantar una agricultura con insumos químicos intensivos.
El enorme control corporativo sobre las semillas  se centra en cultivos como la soya [soja], la canola y el maíz —de los cuales las compañías ya cuentan con variedades comerciales genéticamente modificadas (GM). Se centra en países con mercados más o menos grandes de semillas comerciales, mercados que permiten comercializar variedades GM (en Estados Unidos, tan sólo una compañía, Monsanto, controla más de 90 por ciento del mercado de semillas de soja).
 

En su avidez de control, las corporaciones buscan abrirle mercados a los cultivos transgénicos o apropiarse de los mercados potenciales donde los cultivos GM no tienen aún gran presencia. Con esto último, logran asociarse con semilleras más pequeñas, y comprarlas eventualmente (como hizo Monsanto al asumir el control de la compañía semillera Seminis, o como hace Limagrain al comprar semilleras de trigo en el continente americano o semilleras de arroz en Asia). También desarrollan híbridos y/o variedades transgénicas para cultivos como el arroz, el trigo o la caña de azúcar que hasta ahora el sector privado no había podido involucrar debido a la práctica generalizada entre los campesinos de guardar sus semillas año con año.

 

Privatización. Al surgir las corporaciones transnacionales de semillas, los sistemas públicos de mejoramiento de cultivos, tan significativos hace veinte años, quedaron reducidos a ser contratistas del sector privado.
Ahora el sistema del CGIAR está coludido con las transnacionales, emprende un número creciente de proyectos de investigación y desarrollo conjunto en pos de OGM y cuenta con programas de asociación en sus centros experimentales, que venden su material de reproducción al mejor postor. Las instituciones nacionales de investigación y las universidades van por el mismo camino: se comportan más como compañías privadas que como instituciones con mandato público.
Los sistemas públicos de semillas están desapareciendo. Y puesto que la fuente principal de semillas son los campesinos, el sector privado busca entrar en el nicho campesino tradicional con la colaboración de las instituciones públicas de investigación.

Dudosa ayuda. La segunda ola de programas estilo Revolución Verde, que impulsan Bill Gates y otros patrocinadores, intentan que el sector privado (y no los programas públicos de semillas como ocurría antes) asuman el control de las existencias de semillas en todas partes. 
El esquema típico es que se hagan proyectos para instalar pequeñas compañías privadas, semilleras locales, que establecen canales de comercialización y arman redes de productores de semillas. Aunque tarde o temprano la mayoría de estas pequeñas semilleras sea comprada  (o aplastada) por las grandes transnacionales, tales proyectos buscan abrir mercados y proporcionar el respaldo crítico nacional para impulsar cambios en las regulaciones de semillas, en las leyes de propiedad intelectual y en la legislación de bioseguridad. Esto erosiona los sistemas semilleros de los campesinos y le pavimenta el camino a las grandes corporaciones, que llegan a quedarse con el mercado y con más legislaciones en su favor. El propósito implícito (pocas veces expresado) de estos programas es abastecer de semillas a una nueva clase de agricultores medianos y de gran escala en África y en otras partes, que pueden pagar por las semillas. No hay el más mínimo interés de apoyar los sistemas campesinos de semillas libres que se guardan y se intercambian o se truecan sirviendo a las familias y las comunidades.

La expansión del sector semillero corporativo es inseparable de la expansión corporativa en los procesos agropecuarios y los enormes mercados.
El caso más dramático es el explosivo crecimiento en  las ventas de soja transgénica de Monsanto que, desde 1996, acompañó la expansión masiva de las plantaciones de soja de exportación en Argentina y Brasil.
Modelos semejantes de producción se aplican y se promueven por toda América, África y Asia, y desplazan a los sistemas locales/tradicionales de semillas.
Es común que la producción corporativa de semillas preceda a la imposición de formas corporativas de cultivo. Los programas chinos para promover el uso de variedades de arroz híbrido chino en África son parte de un trabajo de largo plazo por establecer plantaciones de arroz de gran escala en el continente, para exportarlas de regreso a China.

 

La separación reglamentada. La situación actual de las semillas es muy parecida al apartheid [esa discriminación racial que reglamenta la convivencia de “las razas” entre los humanos.]
Por un lado el llamado sector formal: las compañías privadas, los institutos nacionales e internacionales de investigación y las agencias gubernamentales, que promueven el desarrollo de variedades diseñadas para un modelo industrial de agricultura que va en contra de lo que necesitan los campesinos y de los sistemas alimentarios locales. Promueven todo tipo de leyes (derechos de propiedad intelectual, regulaciones de semillas, protecciones de inversión), beneficiándose de ellas, y cuentan con carretadas de dinero y con las facilidades necesarias para acceder a la biodiversidad desarrollada por los campesinos (que ahora almacenan los bancos genéticos).
Por otro lado: los sistemas campesinos de semillas siguen aportando gran parte de la comida del planeta, sin recibir casi ningún apoyo de los gobiernos. Es más, se reprime y se criminaliza a quienes desde hace milenios han cuidado y mantenido las semillas de la humanidad por el hecho de hacerlo.

 

Procesos agropecuarios

El control corporativo del proceso de labranza y cultivo se ha recrudecido durante los últimos veinte años, aunque haya recibido menos atención. Al igual que ocurrió en la Revolución Verde, mucho de este control vino con las semillas, pues los cultivos GM y los híbridos establecen por fuerza un modelo intensivo de cultivo con fertilizantes y plaguicidas químicos. De gran significación, sin embargo, es la expansión de la integración vertical.

La integración vertical. En los años sesenta y setenta, cuando ya se había nacionalizado la mayoría de las fincas y las plantaciones que se instalaron durante la ocupación colonial, la tendencia general entre las corporaciones globales de alimentos fue apartarse de la producción directa. En gran medida el capital decidió entrar a la agricultura por el lado de los insumos —controlar la venta de semillas, fertilizantes y maquinaria.
En años recientes es más frecuente que las corporaciones asuman una integración vertical: que incorporen en sus procesos grandes segmentos de la cadena alimentaria o toda ella —del diseño y la experimentación para producir semillas, la producción de agroquímicos, la siembra, el cultivo, la cosecha, el transporte, la transformación, el empaquetado, la refinación, la producción de mercancías alimentarias procesadas, a la distribución y venta al menudeo de productos muy lejanos del cultivo original. Esta integración, que queda bajo control directo, se logra sobre todo mediante contratos.
En el sector pecuario, por ejemplo, más de 50 por ciento del puerco a nivel mundial y 66 por ciento de las aves de corral y de la producción de huevo ocurre en granjas industriales, que por lo general son propiedad de las enormes corporaciones de la carne o tienen contratos con ellas. En Brasil, 75 por ciento de la producción avícola está bajo contrato, mientras en Vietnam 90 por ciento de la producción de lácteos está contratada. La producción por contrato se expande también a las mercancías de exportación como el cacao, el café, la “nuez de la india” o “castaña de cajú” y las frutas y vegetales. Estos contratos ocurren también con mayor frecuencia con los básicos, como el trigo y el arroz. En Vietnam, 40 por ciento de la producción arrocera del país se cultiva por contrato, con las directrices de las compañías.
Parte de la razón de esta integración vertical es que los minoristas globales exigen la adhesión estricta a ciertos estándares que ellos dictan. Los abastecedores quieren asegurar que los agricultores produzcan los alimentos según especificaciones estrictas. Pero
la integración tiene que ver también con el control. Adquirir más poder extremo en el mercado, y poder forzar a sus proveedores por contrato a que accedan a condiciones cercanas a la servidumbre. Además, estos agricultores o granjeros no son empleados de las compañías y entonces éstas no tienen que cumplir con ninguna ley laboral ni lidiar con sindicatos.

 

Los agroempresarios corporativos. Una consecuencia de la integración vertical es que surgieron lo que ahora llaman agroempresarios corporativos. Éstos son en realidad compañías, algunas veces propiedad de familias o que pueden ser una mezcla de inversionistas o accionistas que emprenden operaciones de gran escala, en diferentes partes de un país o en múltiples países.

En Argentina, donde la emergencia de tales compañías es muy sorprendente, unas treinta compañías controlan más de 2.4 millones de hectáreas de tierras de cultivo. En Ucrania, 25 compañías controlan unos 3 millones de hectáreas de tierras laborables —10 por ciento del total de tierras agrícolas en el país. La mayoría de estas empresas agrícolas tiene arreglos especiales de abastecimiento con corporaciones de alimentos —como DaChan, el productor avícola chino, tiene con McDonald’s. Algunos ya fueron devorados por las empresas de alimentos que eran sus clientes, como Hortifruti, la productora de frutas y vegetales más importante de Centroamérica, que ya fue adquirida por Walmart. Más y más transnacionales están emprendiendo sus propias operaciones de granja, sea con frutas, cereales, lácteos, carne o caña de azúcar.
Hay otras fuerzas que impulsan el reciente impulso corporativo. La convergencia de las crisis financiera y alimentaria de 2008 disparó una ola de inversiones en la producción alimentaria y en tierras agrícolas en el extranjero. Se interesaron los inversionistas financieros (en busca de ganancias de largo plazo) y ciertos gobiernos que repensaban su relación con el sistema alimentario corporativo a nivel global (y que buscaban garantizar la seguridad alimentaria).

Combustibles del agro. La reciente fabricación de mercados para agrocombustibles introdujo a otras corporaciones en el mundo del cultivo.
Hay ahora legislaciones que le garantizan un mercado al etanol y el biodiésel en las economías industriales o en las (así llamadas) emergentes, por lo que los inversionistas financieros y las corporaciones del sector energético están soltando dinero para emprender operaciones agrícolas dedicadas a producir insumos para combustibles agroindustriales.
El efecto global de estos desarrollos es la masiva expansión de los monocultivos. Tan sólo la soja es responsable de más de una cuarta parte del incremento del monocultivo en el área agrícola global entre 1990 y 2007. Lo más sorprendente de estas cifras es que el grueso de la expansión de los monocultivos es que no implica producir más alimentos para la gente. La mayor área agrícola monocultivada tiene que ver con soja, con plantaciones de madera, maíz y caña de azúcar sembrados mayormente con fines industriales: sobre todo agrocombustibles y piensos para animales.

 

Mercados

En los ochenta y los noventa, hubo un desmantelamiento generalizado de todas las compañías y agencias estatales y paraestatales que, por lo menos en teoría, equilibraban los intereses de los agricultores y la población urbana. Las juntas internacionales de manejo de mercancías, que tenían intenciones semejantes, fueron desmanteladas durante estos años. Entretanto, con la creación de la Organización Mundial de Comercio y luego con los tratados bilaterales de comercio e inversión, se impuso un amplio paquete de reglas neoliberales a todos los países del mundo, lo que instauró una etapa de enorme incremento de la inversión extranjera en las agroempresas y la globalización de los sistemas alimentarios. El resultado neto de estos procesos fue la concentración de un enorme poder en manos de las corporaciones transnacionales del agronegocio. La mesa quedó servida para que los sistemas alimentarios se rehicieran y se adaptaran a las operaciones globales de las corporaciones.

 

Impactos. Para los países en el Sur, esta nueva ola de control corporativo significa, entre otras cosas:

En gran medida, los gobiernos han aceptado con gusto estas tendencias, y se atropellan para proporcionarle incentivos a los inversionistas extranjeros, aprobando y poniendo en efecto leyes de propiedad intelectual y regulaciones de seguridad alimentaria que favorecen a las corporaciones y criminalizan a los campesinos y a sus sistemas alimentarios locales. Los escasos fondos públicos disponibles los destinan a las infraestructuras que requiere la expansión corporativa.
Algunos gobiernos del Sur, como China, Brasil, Tailandia y Sudáfrica han sido capaces de impulsar el desarrollo de sus propias agroempresas transnacionales, pero éstas son pocas, están dispersas y se dedican casi en exclusiva a la producción agrícola. Es más, son réplicas de las del Norte, se organizan de acuerdo con la misma lógica, y con frecuencia se integran de manera cercana a las transnacionales más grandes del Norte, como abastecedores para las corporaciones alimentarias (McDonald’s  o Nestlé) o como clientes de corporaciones agroindustriales (Monsanto o Hybro Genetics).

 

El otro vínculo: las finanzas. Además, trátese de JBS en Brasil o Sineway en China, toda la maquinaria de las corporaciones agropecuarias se ha vuelto inseparable del sector financiero global. Estos últimos veinte años de globalización han sido, sobre todo, años de concentración de riqueza y poder en manos de Wall Street y otros centros financieros.
Hoy los operadores de finanzas mueven a diario billones de dólares por todo el mundo, en busca del modo más rápido de obtener los máximos dividendos. Más y más de este dinero fluye hacia la agricultura o, para ser más precisos, a las agroempresas y a la especulación con mercancías de exportación.
El acceso a grandes capitales impulsa la expansión de las agroempresas, lo que le brinda a las compañías los recursos financieros para apoderarse de firmas más pequeñas o para instalar nuevas operaciones, y al mismo tiempo las amarra con más firmeza que nunca antes a las altas ganancias rápidas, logradas a costa de los trabajadores, los consumidores y el ambiente. Entretanto, en años recientes el monto de capital especulativo que mueve mercancías agrícolas se ha disparado y esto, combinado con el control corporativo a todos los niveles de la cadena alimentaria, significa que los precios poco tienen que ver con la oferta y la demanda y que la distribución de la comida ya se desconectó totalmente de la necesidad.
Hoy, el sistema corporativo alimentario global está organizado en torno a un solo principio: las ganancias de los dueños de las corporaciones.

 

La gente
No
es difícil sentirse apabullado por el crecimiento del poder corporativo en el sistema alimentario. Tal expansión corporativa se construye destruyendo los sistemas alimentarios locales (ésos cuya preocupación primordial es darle modos de vida y alimento a la gente marginada o explotada por la cadena alimentaria de las agroempresas).
Pese a todo lo dicho, todavía la mayor parte de las semillas no se siembra en aras de los objetivos empresariales. La mayoría de los campesinos no son parte de este sistema corporativo. La mayor parte de la gente no se alimenta de ese sistema.
Por todo el mundo, siguen ahí los fundamentos de sistemas alimentarios totalmente diferentes; por todas partes emergen y cobran fuerza movimientos que buscan revitalizar los vastos sistemas alimentarios tradicionales y salir del “orden alimentario” de las corporaciones. Si el capital puja por apoderarse de la agricultura, es sólo porque mucho de ella sigue funcionando por fuera de las cadenas corporativas de producción; es sólo porque se mantiene en manos de los campesinos, los pescadores, los recolectores, los cazadores, los pastores, dentro de los pueblos indios, las culturas locales  y los circuitos mercantiles locales.

No necesitamos los agronegocios. Los veinte años de expansión de su control sobre el sistema alimentario han generado más hambre —200 millones más de hambrientos. Ha destruido modos de vida y sustento: hoy 800 millones de pequeños productores y trabajadores agrícolas no tienen suficiente que comer.  Es una de las principales causas de la crisis climática y de otras calamidades ambientales y no tiene la capacidad ni la preparación para lidiar con sus efectos. Genera problemas de seguridad alimentaria sin precedente y ha hecho de la agricultura uno de los sectores más peligrosos para laborar, sea uno agricultor o trabajador.
Por encima de todo, ha canalizado la riqueza creada mediante la producción alimentaria global a las manos de unos cuantos. Cargill, la comercializadora de bienes de exportación agrícola más grande del mundo, obtuvo casi 10 mil millones en el periodo 2008-2010, a partir de los 1 500 millones obtenidos en 1998-2000.
En los últimos veinte años hubo un aumento descomunal de las agroempresas. Si la humanidad va a sobrevivir con alguna dignidad en este planeta, los siguientes veinte años debemos erradicarlas".

Fuente: http://www.grain.org/biodiversidad/?id=501 octubre 2010

Descubramos que el capitalismo no puede ser serio ya que su racionalidad expoliadora y mercantilizadora ha alcanzado un grado extremo de criminalidad e ignorancia sobre la incompetencia de sus ciencias-tecnologías de avanzada para prever hacia qué catástrofes conducen y porqué la creencia en su omnipotencia es inconsistente al suponerse por encima tanto de la naturaleza como de los pueblos. Pero su poder de manipulación de ambos sin escrúpulos de tipo alguno nos interpela a rebelarnos con plena autoconciencia por haber reflexionado y discutido sobre:

 

A. La síntesis de Ana Esther Ceceña, en "El posneoliberalismo y sus bifurcaciones":

"(...)2. Estas enormes capacidades de transformación de la naturaleza en mercancía, en objeto útil para el capital, y la capacidad acumulada de gestión económica, fortalecida con los cambios de normas de uso del territorio y de concepción de las soberanías, llevaron a una carrera desatada por apropiarse todos los elementos orgánicos e inorgánicos del planeta. Conocer las selvas, doblegarlas, monopolizarlas, aislarlas, separarlas en sus componentes más simples y regresarlas al mundo convertidas en algún tipo de mercancía fue –es– uno de los caminos de afianzamiento de la supremacía económica; la ocupación de territorios para convertirlos en materia de valorización.

 

Paradójicamente, el capitalismo de libre mercado promovió profundos cercamientos y amplias exclusiones. Pero con un peligro: Objetivar la vida es destruirla.

Con la introducción de tecnologías de secuenciación industrial, con el conocimiento detallado de genomas complejos con vistas a su manipulación, con los métodos de nanoexploración y transformación, con la manipulación climática y muchos otros de los desarrollos tecnológicos que se han conocido en los últimos 30 años, se traspasó el umbral de la mayor catástrofe ecológica registrada en el planeta. Esta lucha del capitalismo por dominar a la naturaleza e incluso intentar sustituirla artificialmente, ha terminado por eliminar ya un enorme número de especies, por provocar desequilibrios ecológicos y climáticos mayores y por poner a la propia humanidad, y con ella al capitalismo, en riesgo de extinción.

Pero quizá los límites más evidentes en este sentido se manifiestan en las crisis de escasez de los elementos fundamentales que sostienen el proceso productivo y de generación de valor como el petróleo; o de los que sostienen la producción de la vida, como el agua, en gran medida dilapidada por el mal uso al que ha sido sometida por el propio proceso capitalista. La paradoja, nuevamente, es que para evitar o compensar la escasez, se diseñan estrategias que refuerzan la catástrofe como la transformación de bosques en plantíos de soja o maíz transgénicos para producir biocombustibles, mucho menos rendidores y tan contaminantes y predatorios como el petróleo.

 

Los procesos de nacionalización emprendidos o los límites impuestos al capital transnacional, pasándolo de dueño a prestador de servicios, o a accionista minoritario, marca una diferencia sustancial en la capacidad para disponer de los recursos estratégicos de cada nación. La soberanía, en estos casos, es detentada y ejercida por el estado, pero eso todavía no transforma la concepción del modo de uso de estos recursos, al grado de que se estimulan proyectos de minería intensiva, aunque bajo otras normas de propiedad. Para un “cambio de modelo” esto no es suficiente, es un primer paso de continuidad incierta, si bien representa una reivindicación popular histórica.

Aunque el neoliberalismo ha sido caracterizado como momento de preponderancia del capital financiero, y eso llevó a hablar de un capitalismo desterritorializado, en verdad el neoliberalismo se caracterizó por una disputa encarnizada por la redefinición del uso y la posesión de los territorios, que ha llevado a redescubrir sociedades ocultas en los refugios de selvas, bosques, desiertos o glaciares que la modernidad no se había interesado en penetrar. La puesta en valor de estos territorios ha provocado una ofensiva de expulsión, desplazamiento o recolonización de estos pueblos, que, evidentemente, se han levantado en contra".18-06-2010
Fuente: http://www.surysur.net/?q=node/12495

 

B. El Documento final de la reunión de la Campaña de Semillas de CLOC-Vía Campesina
 

Quito, 22 al 24 de julio de 2010

La Campaña de las Semillas convocada desde Vía Campesina e impulsada en nuestro continente por la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC), junto con diversas organizaciones y movimientos, se ha desarrollado en los últimos años a través de miles de iniciativas locales donde las mujeres, las comunidades indígenas y campesinas desempeñan un rol preponderante en demostrar que las semillas nos permiten resistir, producir y defender nuestra identidad. Hoy, en el desarrollo del V Congreso de la CLOC-Vía Campesina enfrentamos el desafío de revitalizar su papel como centro de la vida y la producción campesina.
En este contexto, nos reunimos en Quito con el propósito de compartir y evaluar los caminos recorridos, las acciones y formulaciones políticas y construir y ampliar propuestas que nos permitieran darle nuevo impulso y convertirla en parte integral de los debates, la elaboración y las banderas políticas de la CLOC y la Vía Campesina.

El camino recorrido. La historia de la Campaña tiene sus orígenes en el 3° Congreso de la CLOC: “Soberanía alimentaria por un futuro sin hambre. Fuera la OMC de la agricultura”, realizado en México en 2001, cuando las mujeres de la CLOC reunidas en la Segunda Asamblea Continental de las Mujeres del Campo: “Mujeres del campo, cultivando un milenio de vida, justicia e igualdad”, propusieron al 3˚ Congreso de la CLOC y a La Vía Campesina llevar a cabo una campaña mundial de defensa de las semillas nativas y criollas.
Durante el Foro que se realizó en el marco de la Cumbre Mundial de la Alimentación (Roma, 2002), la Vía Campesina y Amigos de la Tierra Internacional (junto a otras organizaciones aliadas), establecieron que las semillas son la continuidad de la vida y garantía de la soberanía alimentaria, lanzando la campaña mundial “Las semillas patrimonio común de la humanidad”.
En la Declaración en Roma:

En el Tercer Foro Social Mundial realizado en Porto Alegre en enero de 2003, la Vía Campesina levantó con más fuerzas las banderas de la soberanía alimentaria y desde la Campaña Semillas nos planteamos llevar a cabo diversas acciones para impedir cualquier manipulación genética que tuviera como motivación la dominación y opresión de los pueblos. Llamamos a fomentar y estimular el libre intercambio de semillas, el rescate de experiencias locales de conservación, y las ferias campesinas para compartir sabidurías, intercambiar semillas y productos agroecológicos, dinamizando mercados locales y regionales. Nos planteamos concretar diversas acciones para recuperar la memoria histórica y la cultura ancestral del manejo de semillas, promoviendo una agricultura ecológica urbana y rural que reproduzca el milagro de más y mejores alimentos y semillas.
 

En Caguazu, Paraguay, el 21 y 22 de abril de 2003, en una reunión de la Vía Campesina, Amigos de la Tierra Internacional y GRAIN, se realizó la fundamentación de la Campaña y se construyeron los principios.
En ese encuentro afirmamos que “las semillas son muchísimo más que un recurso productivo, que son simultáneamente fundamento y producto de culturas y sociedades a través de la historia. En la semillas se incorporan valores, afectos, visiones, y formas de vida que las ligan al ámbito de lo sagrado. Sin ellas es imposible el sustento y la soberanía de los pueblos. [...] Por tanto, las semillas y el conocimiento asociado a ellas son parte fundamental e insustituible de la soberanía alimentaria de los pueblos”. Simultáneamente, concluimos que las semillas no son un patrimonio de la humanidad, sino nuestro patrimonio, de los pueblos campesinos e indígenas, quienes las creamos, diversificamos y protegimos a través del tiempo y las ponemos al servicio de la humanidad. De allí en adelante nuestra campaña quedó establecida como “Las Semillas, Patrimonio de los Pueblos al Servicio de la Humanidad.”
 

Entonces, las semillas no son apropiables. Deben mantener en todo momento su carácter de patrimonio colectivo, frente al cual hay deberes ineludibles que cumplir, incluso por sobre el derecho a gozar de éste. Por tanto la Campaña se opone a la propiedad intelectual y a toda forma de apropiación de la vida. Con base en esto se definieron los siguientes principios:

* La Campaña se basará en las múltiples formas de conocimiento indígena y campesino [o saberes] en torno a las semillas, la agricultura y la biodiversidad; partiendo del convencimiento que estas formas de conocimiento son válidas por sí mismas y no requieren de validación externa, científica o de otra índole.
* La Campaña deberá buscar formas efectivas de involucrar y comprometer al conjunto de la sociedad, lo que incluye el involucrar y requerir el aporte de técnicos y científicos cuando los procesos de erosión biológica y cultural lo hagan necesario. El liderazgo y la toma final de decisiones debe estar en la Vía Campesina, y en las organizaciones de los campesinos y campesinas, de los indígenas y las comunidades.
* La Campaña es parte de las luchas por defender, reforzar y/o recuperar la soberanía política, cultural, económica y alimentaria de los pueblos, y se encuadra en una lucha más amplia contra el sistema capitalista y su fase neoliberal. Por lo mismo, es parte de la búsqueda de proyectos populares alternativos.
* Las semillas no pueden ser defendidas si no se defiende las condiciones necesarias para la continuidad de las culturas que las mantienen y les dieron origen. La Campaña debe estar íntimamente ligada a la defensa de la tierra y los territorios y a las culturas campesinas e indígenas.

 

Con base en estos principios, la Campaña promueve la aplicación de enfoques que fomenten la toma de decisiones y el desarrollo de iniciativas, conocimiento y tecnología de manera local y descentralizada. Es decir, la metodología, los contenidos y la iniciativa de la Campaña están definidos desde una perspectiva campesina e indígena.
La Campaña es liderada por la Vía Campesina y las organizaciones campesinas e indígenas, especialmente las mujeres, reconociendo los aportes históricos y actuales de los expertos y expertas y especialistas indígenas y campesinos, que crean condiciones para valorar, reconocer y socializar sus aportes.
La Campaña ha contribuido a reactivar el conocimiento y la diversidad de uso de los cultivos y las semillas. Fomenta y reactiva las culturas culinarias, las artesanías y otros usos, valora y refuerza los usos rituales. Promueve la diversidad de cultivos y tecnologías. Liga agricultura y reforestación. Apoya y dinamiza todas las formas de intercambio de semillas y conocimientos entre comunidades indígenas y campesinas. Contribuye a fortalecer y ampliar la producción y reproducción de semillas de manera autónoma y descentralizada.
La Campaña ha fomentado, defendido y reactivado los procesos y mecanismos de creación y socialización de conocimiento en las comunidades indígenas y campesinas. Desarrolla formas de investigación local de acuerdo a los principios, preocupaciones y enfoques campesinos. Impulsa luchas más amplias que permitan asegurar las condiciones necesarias para mantener los sistemas de conocimiento y saberes campesinos e indígenas.
La Campaña ha promovido y socializado un marco ético acorde con sus principios. Contribuye a construir iniciativas y orientaciones dentro de ella. Impulsa encuentros e intercambios campesinos que han ido definiendo normas de conducta en torno a las semillas. Promueve debates para establecer e identificar derechos y deberes en torno a las semillas y la biodiversidad.
La Campaña destaca el aporte invaluable e irremplazable de las semillas campesinas a la humanidad (basado principalmente en recursos, capacidades y saberes propios), como un ejercicio de soberanía que no requiere el beneplácito de las autoridades ni de sectores poderosos, resaltando en todo momento su carácter esperanzador.
La Campaña ha involucrado al conjunto de la sociedad a través de actividades culturales, de educación y festivas que contribuyen a crear conciencia y mística en torno a las semillas y al papel de los pueblos indígenas y campesinos. La Campaña hace conciencia que las semillas campesinas son base de la alimentación y de la soberanía alimentaria.

Desde su formulación y sus principios ha estado ligada a las demás campañas de Vía Campesina, y de la lucha contra los tratados internacionales de libre comercio, las diversas formas de globalización, homogenización cultural y privatización, y contra los organismos financieros internacionales.
La Campaña fuertemente ataca y desnuda al capitalismo, que es incapaz de organizar algo tan complejo, bello y variado como la diversidad agrícola. Por eso el capitalismo industrializa el suelo, trata a la tierra como materia inerte, cambia el significado de la agricultura y de la alimentación, rompe con las leyes de la naturaleza envenenando plantas, animales y personas. Explota y aniquila campesinos, privatiza el agua, usurpa la biodiversidad, concentra la tierra en las corporaciones transnacionales. Militariza territorios, criminaliza a los defensores de la tierra, destruye diversidad y vida mediante tratados comerciales. Transgrede todos los principios y leyes de la naturaleza y de las divinidades, al modificar genéticamente las semillas.

El contexto actual. En los últimos años, hay un recrudecimiento de la ofensiva de los transgénicos, de los agronegocios (monocultivos) y del extractivismo. Los transgénicos amenazan los territorios campesinos, contaminan las semillas criollas o nativas. La promoción de los cultivos transgénicos está asociada a procesos de militarización y está provocando el desplazamiento de miles de familias campesinas. En los países de América Latina y el Caribe se implementan cambios en los marcos jurídicos que favorecen la entrada de los transgénicos y las semillas híbridas, e incluso están llevado a la ilegalización de los sistemas de semillas criollas o nativas: transporte, intercambio, reproducción y multiplicación. En países como México, se ha suspendido la moratoria a los transgénicos para favorecer su entrada. La promoción agresiva de semillas “mejoradas”, o de semillas “terminator” que no pueden reproducirse, viene destruyendo las variedades nativas, pero además provoca la ruina de los pequeños agricultores, puesto que este paquete tecnológico está asociado a la utilización de grandes dosis de fertilizantes químicos y plaguicidas.

En todas partes hemos visto cómo se imponen reglas y leyes que coartan nuestro derecho a utilizar e intercambiar libremente las semillas. A pesar de la fuerte oposición de las organizaciones sociales, se han impuestos sistemas de registro de variedades, de patentes, de derechos de obtentor, de certificación obligatoria, etcétera. Las organizaciones presentes coincidimos en que todos estos mecanismos son dañinos, son un arma contra los campesinos y los pueblos indígenas, están al servicio de los grandes capitales y se han convertido en un nuevo gran negocio.

Sin embargo, no estuvimos de acuerdo sobre cómo enfrentarlos. Acordamos impulsar un fuerte proceso de debate al respecto en nuestro continente y proponerle a la Vía Campesina que haga lo mismo a nivel internacional.Hoy sufrimos un fuerte proceso de concentración de la tierra. El acaparamiento de tierra se volvió un fenómeno común en el continente. Grandes empresas transnacionales, sociedades anónimas, fondos especulativos e inversionistas individuales han venido apropiándose de importantes extensiones de tierras, amenazando la producción alimentaria y la cultura campesina. Esta situación conlleva una descampesinización del campo, lo que ha provocado una fuerte migración de la juventud y los hombres, dejando en las mujeres la mayor responsabilidad de la reproducción y sostenimiento de la producción y los sistemas alimentarios. El campo se ha feminizado. En términos políticos, económicos y culturales, los gobiernos y Naciones Unidas fueron capturados por las corporaciones transnacionales. La OMC se apoderó de las políticas mundiales y eliminó de su lenguaje la justicia, la solidaridad, la ética del respeto a la vida y a la naturaleza.

 

Avances y retos de la Campaña. Ante este grave contexto, la Campaña y las organizaciones campesinas venimos desarrollando diversas estrategias y actividades en defensa de las semillas y la producción agroecológica, que se expresa de diversas formas en lo local, a través de las ferias de saberes, sabores y semillas, las fiestas de las semillas y la diversidad y los intercambios, logrando trascender más allá de la CLOC y la Vía Campesina, para articularse con muchísimas organizaciones en el continente.
Por todo el mundo se realizan diversas acciones para defender las semillas. Se han emprendido múltiples marchas, movilización y acciones de ocupación y destrucción de campos de transgénicos en diversas partes del planeta, muchas realizadas por mujeres campesinas. La acción de las mujeres de la Vía Campesina contra las semillas Terminator en marzo de 2006, al interior de la 8° Conferencia de las Partes sobre Diversidad Biológica realizada en Curitiba, logró mantener la moratoria y detener la avanzada de estas semillas, impidiendo así un crimen contra la humanidad.
Familias campesinas e indígenas siguen trabajando en la recuperación de semillas, y son notorias las experiencias, como la Casa Róga en Paraguay, los semilleros campesinos de Chile, las redes de semillas en Colombia, las experiencias de reproducción de semillas de Bionatur y el MPA en Brasil, junto a múltiples otras experiencias, que buscan mantener en los pueblos el control de las semillas, en contraposición a las semillas “secuestradas” en los bancos de semillas de los centros de investigación. La Campaña siempre ha pedido que las semillas sean liberadas y entregadas a sus verdaderos custodias y custodios.
El trabajo de reproducción y recuperación local de las semillas ha sido un componente fundamental e imprescindible para garantizar la diversidad, pero es necesario complementarlo con procesos de multiplicación de la semilla. Hoy se ve la necesidad de ampliar las iniciativas de multiplicación, sin descuidar o subvalorar la continuidad de la recuperación y reproducción.
Las principales experiencias de multiplicación están basadas en Brasil. Uno de sus principales aprendizajes es que debe sustentarse en un amplio trabajo en redes de familias campesinas vinculadas a las organizaciones. La experiencia muestra la necesidad de vincular fuertemente al trabajo de multiplicación a una formación política que permita colocar esto al servicio de los intereses de la agricultura campesina y las organizaciones campesinas.
La Campaña ha avanzado en la comprensión política de la defensa de las semillas. Sus desafíos son lograr un mayor desarrollo y posicionar la defensa de las semillas como un eje central en el debate, en los planteamientos y en las luchas políticas de La Vía Campesina. Es un desafío que la Campaña se multiplique y trascienda en todas las regiones y pase a ser parte central en la dinámica internacional.
En estos avances es innegable el importante papel que han tenido las mujeres como motores de la Campaña y es un desafío garantizar que el trabajo de multiplicación no invisibilice su papel y sus aportes.

 

Los desafíos son mantener enfoques integrales que consideren las necesidades inmediatas y las de largo plazo de todos los aspectos que garantizan la asistencia de la semilla: reproducción, recuperación, multiplicación, valoración, mejoramiento, mantenimiento, almacenamiento.
Se requiere fortalecer y profundizar los procesos de formación política y técnica que se impulsan desde la Vía Campesina y sus aliados. Estos procesos deberán incorporar los desafíos y los retos de la Campaña para contribuir a resolverlos.
Es necesario profundizar en enfoques de defensa y desarrollo de territorios autónomos y sustentables. En el avance en estas luchas es necesario mantener las múltiples dimensiones y formas de valoración: simbólica, cultural, política, económica, espiritual, mística, productiva, social.
El trabajo y el fortalecimiento del trabajo con los aliados es indispensable y requiere ampliarse. También debe insistirse en la difusión interna y externa del trabajo que ha venido haciendo la Campaña y de las experiencias que existen en los diversos territorios.
Se reconoce la necesidad de mantener la autonomía de los movimientos sociales y populares frente a los gobiernos, reconociendo distintas relaciones y grados de convergencia. Se ve la necesidad de mantener una mirada autónoma frente a las políticas públicas —diferenciando las que están al servicio del agronegocio frente a las políticas públicas construidas desde los movimientos campesinos.
 

Por eso nos hemos comprometido a luchar contra todas las formas de privatización de las semillas y el conocimiento que va con ellas. Nos hemos comprometido a luchar contra la multiplicación, siembra y distribución de las semillas transgénicas en todo el mundo. Repudiamos y rechazamos la ayuda alimentaria con semillas transgénicas que el gobierno de Estados Unidos ha enviado a los países africanos. Algunas de las propuestas son:
* Impulsar ampliamente estrategias de multiplicación que permitan el acceso y uso masivo de las semillas campesinas, fortaleciendo sistemas autónomos.
* Realizar un debate profundo y de manera urgente sobre registros de semillas, propiedad intelectual y certificaciones, considerando que existen diversas visiones sobre cómo enfrentar los problemas que crean.
* Contribuir a los procesos de sistematización de la formación que viene haciendo La Vía Campesina y la CLOC, e incluir la defensa de las semillas como parte integral de esa formación.
* Trabajar en un renacer de la reforma agraria incorporando lo cotidiano, lo afectivo, las diversas cosmovisiones, elementos como las semillas, la agroecología campesina, el agua, la defensa del territorio, para mejorar el enfoque de desarrollo rural utilizado hasta ahora.
* Defender y promover la producción agroecológica campesina y los instrumentos que se requieren para mantenerla viva, como los mercados locales, los aprendizajes campesino a campesino, y luchar para que no se mercantilice y no se convierta en una experiencia elitista y divisoria.
* Posicionar el debate sobre la defensa de las semillas durante el 5˚ Congreso de la CLOC.


Fuente: http://www.grain.org/biodiversidad/?id=495

 

En consecuencia, la gobernabilidad nos incluye -a los de abajo- en la conciliación con la «territorialidad de dominación» que se basa en:

  • la legalidad del despojo a las comunidades campesinas e indígenas y la destrucción de la soberanía alimentaria;

  • la sustitución de la agricultura por una gigantesca fábrica-laboratorio de semillas terminator y plantas resistentes a venenos mortales para todos los seres vivientes;

  • el bloqueo al desarrollo de la gran variedad de semillas que, a lo largo de la historia, campesinos e indígenas crearon transformando la naturaleza para satisfacer necesidades humanas pero cuidando el suelo, el agua e incluso mejorando las condiciones climáticas del lugar.

Es prioritario que haya solidaridad de una creciente mayoría de nosotros con "La Campaña de las Semillas convocada desde Vía Campesina e impulsada en nuestro continente por la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC), junto con diversas organizaciones y movimientos, se ha desarrollado en los últimos años a través de miles de iniciativas locales donde las mujeres, las comunidades indígenas y campesinas desempeñan un rol preponderante en demostrar que las semillas nos permiten resistir, producir y defender nuestra identidad. Hoy, en el desarrollo del V Congreso de la CLOC-Vía Campesina enfrentamos el desafío de revitalizar su papel como centro de la vida y la producción campesina.
En este contexto, nos reunimos en Quito (julio 2010) con el propósito de compartir y evaluar los caminos recorridos, las acciones y formulaciones políticas y construir y ampliar propuestas que nos permitieran darle nuevo impulso y convertirla en parte integral de los debates, la elaboración y las banderas políticas de la CLOC y la Vía Campesina.

El camino recorrido. La historia de la Campaña tiene sus orígenes en el 3° Congreso de la CLOC: “Soberanía alimentaria por un futuro sin hambre. Fuera la OMC de la agricultura”, realizado en México en 2001, cuando las mujeres de la CLOC reunidas en la Segunda Asamblea Continental de las Mujeres del Campo: “Mujeres del campo, cultivando un milenio de vida, justicia e igualdad”, propusieron al 3˚ Congreso de la CLOC y a La Vía Campesina llevar a cabo una campaña mundial de defensa de las semillas nativas y criollas.
Durante el Foro que se realizó en el marco de la Cumbre Mundial de la Alimentación (Roma, 2002), la Vía Campesina y Amigos de la Tierra Internacional (junto a otras organizaciones aliadas), establecieron que las semillas son la continuidad de la vida y garantía de la soberanía alimentaria, lanzando la campaña mundial “Las semillas patrimonio común de la humanidad”.

 

Estaremos cada vez más cautivos de las transnacionales y capitales financieros. La alianza de ambos en los agronegocios se ha ampliado abarcando a las petroleras y automotrices en la expansión de los monocultivos de agrocombustibles. Intenta acabar con las comunidades campesinas e indígenas como, antes, el capitalismo procedió contra los pequeños y medianos productores, comerciantes e industriales. Hay una disputa de territorios y de semillas.

 

Asimismo la «territorialidad de dominación» priva cada vez más a los trabajadores y vecinos de barrios o ciudades de condiciones de vida digna como lo prueban las luchas contra el CEAMSE en ciudad Evita; contra la subestación Rigolleau de Edesur; contra el Vial Costero; contra la ocupación por Techint de la costa del Río de la Plata, selva y humedales; etc. Sólo las luchas de abajo hacen público el atropello de la acumulación por desposesión. También Andalgalá se ha convertido en un paradigma de resistencia a ser desplazada y reemplazada por yacimientos de las transnacionales mineras.

 

En confrontación con la «territorialidad de dominación», la «reforma agraria integral» se define como uso del territorio para desarrollar la soberanía alimentaria, el buen vivir y el hermanamiento entre todos los de abajo. Por eso, concretarla es un desafío ineludible no sólo para campesinos e indígenas sino, sobre todo, para todos los de abajo.