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Problemas |
Porque en el programa económico de la Revolución de Mayo hay orientaciones hacia la desmonopolización y un Estado acorde con este rol. Mariano Moreno señala: “…es máxima aprobada y discutida por los mejores filósofos y grandes políticos, que las fortunas agigantadas en pocos individuos, a proporción de lo grande de un estado, no sólo son perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando no solamente con su poder absorben el jugo de todos los ramos de un país, sino cuando también en nada remedian las grandes necesidades de los infinitos miembros de la sociedad (…)”. Plantea: “se prohíba absolutamente que ningún particular tenga minas de plata u oro, quedando el arbitrio de beneficiarla y sacar sus tesoros por cuenta de la Nación y esto por el término de diez años (más o menos) imponiendo pena capital y confiscación de bienes, con perjuicios de acreedores y de cualquier otro que hubiere derecho a los bienes de alguno que infringiese la citada determinación o mandato (…) pues quien tal intentase, robará a todos los miembros del país, por cuanto queda reservado este ramo para adelantamientos de los fondos públicos y bienes de la sociedad(…)”.
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PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS
Averigüemos porqué asumir Mayo. Con este fin recurramos a Esteban Echeverría (1805-1851) que, en "La tradición de Mayo" aclara a los jóvenes intelectuales asociados a partir de 1837:"nuestra misión no es emanciparnos completamente de lo pasado, separarnos de la comunidad social a que pertenecemos y fraguarnos un mundo ideal donde puedan moverse a sus anchas las creaciones de nuestra imaginación. Nuestra vida y la de la Patria empieza en Mayo. Ligar nuestros trabajos al pensamiento de Mayo, será continuar la obra de la revolución, es decir, completarla y perfeccionarla según sus pasos y progresar, que es lo que constituye la vida. La única tradición legítima para nosotros y la única que debemos adoptar es la de Mayo, porque de ella nace la fuente de nuestra vida social y porque su pensamiento no es más que el resultado remoto del movimiento emancipador de la humanidad iniciado en el siglo XV y que continúa todavía.
Como antes de Mayo no teníamos Patria para saber lo que es la patria era preciso retroceder a la tradición de Mayo y tomarla como punto de partida. La Revolución de Mayo, además, rompió el hilo de las viejas tradiciones y renegó de las creencias que servían de cimiento al orden social antiguo: -era necesario por lo mismo interrogar sobre las suyas a la tradición de Mayo. La guerra civil, entre tanto, había borrado con sangre esa tradición de la memoria del pueblo: -Rosas después negó su legitimidad y trabajó por desconsiderarla y escarnecerla sabiendo que minaba su tiranía por el cimiento-. Era fuerza, pues, explicar esa tradición y rehabilitarla en su carácter de tradición legítima y regeneradora. Porque si ese carácter no tuviese, la Revolución de Mayo no sería sino una rebelión, legitimada cuando más por el triunfo y nuestra guerra civil (resultado necesario de esa revolución) una guerra bárbara y sin principio alguno de moralidad, como la que se hacen entre sí las tribus de la pampa.
Y como sin tradición no hay creencias, y sin creencias no hay base de criterio moral, ni político, ni orden social posible, resulta que debemos buscar en la tradición de Mayo los principios engendradores de nuestro credo social. Reconocida y rehabilitada la tradición de Mayo, quedaba por deducir el pensamiento entrañado en ella. Ese pensamiento debía tener doble fin: uno de emancipación y otro de organización; pero el primero no era sino un medio para conseguir el segundo; porque ¿qué valía la emancipación de la metrópoli sin la grande idea de una regeneración social?
El primer fin, claro y palpable a todos, se manifestó por el hecho de la guerra, que dio por resultado la Independencia.
El segundo se mostró de un modo implícito; porque nuestra revolución, preocupada de la acción emancipadora, no tuvo tiempo de traducir en fórmulas vivas su pensamiento orgánico y constitutivo. Se redujo a ensayos más o menos felices, pero de efímera vida; porque no existía radicada en la conciencia popular creencia alguna conservadora que les infundiera vida permanente y porque es imposible constituir a priori una sociedad recién emancipada.
Era preciso, pues, desentrañar el pensamiento orgánico contenido implícitamente en la Revolución de Mayo y esa investigación analítica nos conduce naturalmente a la democracia. La democracia, para nosotros, es el símbolo de Mayo y de nuestro credo social".
Fuente: La Prensa/ 07-07-1968 extrae la nota de las Obras Completas de Echeverría, reunidas y editadas por Juan María Gutiérrez.
Veamos: ¿cómo la Asociación de Mayo enfoca la política de organización de la democracia y por qué su derrota nos enseña la importancia del planteo de construir otro modo de producción desde ahora e institucionalizarlo en otro Estado?
Los treinta y cinco jóvenes intelectuales que comenzaron a reunirse el 23 de junio de 1837, en forma del Salón Literario, tenían la voluntad de poner fin a la restauración oligárquica mediante la recuperación de Mayo. Esto les reclama hacerse cargo del compromiso de Mayo, es decir, poner en práctica los ideales de la Revolución Francesa de libertad, fraternidad e igualdad. Reflexionemos sobre porqué Mayo:
1. Expresa la voluntad de patria como ejercicio local de la lucha humana por la igualdad entre los distintos
Esteban Echeverría explica qué política llevará a cabo "la Asociación de la Joven Argentina en su Institución definitiva, procurará las dos ideas fundamentales de la época: patria y humanidad, y hacer que el movimiento progresivo de la Nación marche conforme con el movimiento progresivo de la grande Asociación humanitaria". Ratifica esa unidad de patria-humanidad:
"Pediremos luces a la inteligencia europea pero con ciertas condiciones. El mundo de nuestra vida intelectual será a la vez nacional y humanitaria; tendremos siempre un ojo clavado en el progreso de las naciones y el otro en las entrañas de nuestra sociedad".
"Sólo serán progresivas para nosotros todas aquellas doctrinas que teniendo en vista el porvenir, procuren dar impulso al desenvolvimiento gradual de la igualdad de clases y que estén siempre a la vanguardia en la marcha ascendiente del espíritu humano".
"El punto de partida para el deslinde de cualquier cuestión política debe ser nuestras leyes y estatutos vigentes, nuestras costumbres, nuestro estado social. Determinar primero lo que somos; y aplicando después los principios, buscar lo que debemos ser, hacia qué punto debemos encaminarnos. (...) No salir del terreno práctico, no perderse en extracciones, clavar el ojo de la inteligencia en las entrañas mismas de nuestra sociedad, es el único modo de hacer algo útil a la patria, y de atraer prosélitos a nuestra causa".
Aclara que el desarrollo social será creación del pueblo en cuanto llegue a "pensar y obrar por sí, se acostumbre poco a poco a vivir colectivamente, a tomar parte en los intereses de su localidad comunes a todos". En efecto, señala, "el problema fundamental del porvenir de la nación argentina, fue puesto por Mayo: la condición para resolverlo en tiempo, es el progreso: los medios están en la democracia, hija primogénita de Mayo: fuera de ahí, como lo dijimos antes, no hay sino caos, confusión, quimeras.
La fórmula única, definitiva, fundamental de nuestra existencia como pueblo libre es: Mayo, progreso, democracia. Los tres términos de esta fórmula se engendran recíprocamente; se suponen el uno al otro; ellos contienen todo, explican todo: lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos. Quitad a Mayo, dejad subsistente la contrarrevolución dominante hoy en la República Argentina, y no habrá pueblo argentino, ni asociación libre, destinada a progresar; no habrá democracia, sino despotismo.
¿Qué quiere decir Mayo? Emancipación, ejercicio de la actividad libre del pueblo argentino, progreso: ¿por qué medio? Por medio de la organización de la libertad, la fraternidad y la igualdad, por medio de la democracia.
Resolved el problema de organización y resolveréis el problema de Mayo.
Poneos en camino de encontrar esa solución y serviréis la causa de la patria, la causa de Mayo y del progreso. Y advertid, que así como no hay sino un modo de ser, un modo de vida del pueblo argentino, no hay sino una solución adecuada para todas nuestras cuestiones, que consiste en hacer que la democracia argentina marche al desarrollo pacífico y normal de su actividad en todo género, hasta constituirse en el tiempo con el carácter peculiar de democracia argentina. Fuera de ahí no hay sino incursiones a tientas, trabajo estéril, dañino: repetición fastidiosa de lo hecho en el transcurso de la revolución; volver a empezar con escombros un edificio que se ha venido abajo cien veces, para que vuelva a desplomarse y sofocar toda vida, toda actividad, todo progreso bajo sus ruinas.
Apelar a la autoridad de los pensadores europeos es introducir la anarquía, la confusión el embrollo en la solución de nuestras cuestiones; es hacer el oficio de abogados sofistas, que a falta de razones, andan a caza de leyes y comentos para apuntalar su causa: es confesar nuestra impotencia para comprender lo que somos. ¿No puede invocar cada uno una autoridad diferente y con principios opuestos? ¿No se ha hecho eso desde el principio de la revolución? ¿Y nos hemos entendido, ni nos entendemos en esta nueva torre de Babel? ¿Se ha llegado a solución ninguna satisfactoria que se haya convertido en realidad permanente? Rosas, en su Gaceta, ¿no hace años que presenta atestada de citas de autores clásicos la justificación de todos sus atentados? ¿No han hecho otro tanto sus enemigos, y fundado la legitimidad de su causa en las mismas autoridades que la Gaceta invoca? ¿Qué aprende el pueblo, qué utiliza? ¿Cómo verá la luz de la verdad en ese laberinto de argumentos autorizados, que se lanzan al rostro en la palestra los escritores de uno y otro partido?
Dejémonos, pues, de sofismas, de mentiras, de autoridades que no pueden ser irrecusables por lo mismo que ministran armas a opuestos contendores y sirven para apoyar a un tiempo la justicia y la injusticia: apelemos a la razón iluminada con el estudio, con el conocimiento de nuestras cosas, de nuestros intereses, de nuestras necesidades, de nuestra vida social y marchemos con la seguridad de hallar el camino franco y desembarazado de escollos; hagamos lo que hacen los políticos prácticos de todo el mundo.
Vosotros, patriotas argentinos, que andáis diez años hace con el arma al brazo rondando en torno de la guarida del minotauro de vuestro país ¿por qué peleáis? Por la patria. Bueno, pero Rosas y sus seides -dicen también que pelean por la patria. ¿Quién será el juez, el árbitro entre nosotros? No hay otro sino Dios; y si sois vencidos, moriréis peleando o en el destierro con la mancha de rebeldes o de traidores. Si no hay juez más que Dios, donde está la mayoría debe estar el Derecho y la Justicia, y por consiguiente la fuerza. Cierto. Luego los imparciales que juzguen en el mundo sobre vuestra contienda, dirán: con Rosas está la mayoría, y allí deben estar el Derecho y la Justicia y los verdaderos defensores de la patria: por eso es más fuerte. La deducción es lógica y seréis condenados a pesar de vuestra justicia.
¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que Rosas y los suyos entienden por patria una cosa y vosotros otra? ¿Qué significa, pues, para vosotros la patria? ¿Es acaso el terreno donde nacisteis? Pero entre vosotros hay correntinos, porteños, tucumanos, entrerrianos, y cada uno peleará por su pedazo de tierra. Además, el hombre no es una planta, y dondequiera que encuentra aire, respira y vive. La tierra es tierra en todas partes, y dondequiera que vayáis, hallaréis un pedazo que poder cultivar, para alimentaros, y otro para el descanso de vuestros huesos. Si la patria no es la tierra, ¿será acaso la familia? Pero si la tenéis ¿no podéis llevarla a vuestro lado y vivir y sufrir con ella? Y en caso que no lo podáis, ¿no os queda el arbitrio de someteros a Rosas con tal de satisfacer el deseo de vivir en vuestra tierra al lado de vuestra familia? Sí. Luego la patria no es la tierra ni la familia.
¿Qué cosa será, pues, la patria? La libertad. ¡Ah! bueno; esto es más claro; vosotros peleáis por gozar del derecho de vivir en vuestra tierra al lado de vuestra familia como queráis, sin que nadie os incomode, ni os ultraje, ni os persiga; por trabajar sin traba alguna en la adquisición de vuestro bienestar; peleáis, en suma, porque vuestro yo individual recobre el señorío magnífico que en Mayo le regaló la Providencia y del cual Rosas os despojó violentamente.
Pero Rosas y los suyos también pretenden lo mismo, y vociferan «Patria y Libertad». ¿Qué quiere decir eso? Que ellos y vosotros entendéis de diverso modo la libertad, y por eso sois enemigos y no podéis aveniros a vivir juntos y gozar en común de ese derecho.
Rosas entiende por libertad, el predominio exclusivo de su yo o su voluntad. Otro tanto hacen sus seides y servidores, otro tanto han hecho en el transcurso de la revolución, las facciones que la han ensangrentado y extraviado; por eso si vais donde manda Rosas o los suyos, seréis esclavos o víctimas, porque ellos tienen el poder y vosotros sois débiles. Luego para que vayáis vosotros a gozar de la patria, es preciso que ellos salgan proscriptos o mueran; no hay remedio. La deducción es lógica: por eso les hacéis la guerra. Cierto. Luego no podéis tener patria ni libertad, sin cometer una grande injusticia, la misma de que sois víctimas y por la que peleáis contra Rosas; y si sois más justos que ellos o mejor, si sois justos, debéis renunciar a conseguir la patria y la libertad a precio de tamaña injusticia. Luego la libertad por sí sola tampoco es la patria.
Pero supongamos que os sometáis a Rosas, y vayáis a vuestra tierra a vivir voluntariamente como lo hacen los que allí están; y que estando allí, se os antoje usar de vuestro derecho de libertad como lo entendéis, de censurar de palabra o por escrito los actos de Rosas y sus seides, no poneros su divisa de sangre, pegar un bofetón al primer mazorquero que os ultraje u os grite unitarios, uniros para conspirar y arrojarlo del poder. ¿Qué sucederá? Que os matarán u os encarcelarán, si sois débiles, o que habrá lucha, guerra civil entre vosotros y los de Rosas, como ha habido entre las facciones durante la revolución; y que de resultas de esa guerra, los vencidos serán proscriptos, muertos u oprimidos nuevamente como en las épocas anteriores. Luego la libertad, no os dará patria, sino guerra o nueva proscripción: luego la libertad no es la patria.
¿Qué será, pues la patria? Pensadlo bien. ¿Cómo podréis encontrar esa patria por que peleáis; vivir en ella pacíficamente, unidos con esos hombres que ahora os persiguen, gozando todos ampliamente del derecho de libertad? Sólo de un modo: fraternizando vosotros con ellos y ellos con vosotros; de lo contrario la guerra no acabará sino por el exterminio de unos u otros. ¿Y cómo fraternizaréis? Obligándoos en vuestra conciencia a no dañaros recíprocamente, a no hacer sino lo que las leyes mandan y ejercer vuestra libertad fuera de lo que ellas no vedan. ¿Y qué importa ese compromiso que contraeríais con vuestra propia conciencia? Importa un deber, una obligación que os imponéis. Luego la fraternidad es el deber: luego para gozar en vuestra patria el derecho de libertad, estáis en el deber de fraternizar con todos vuestros compatriotas; de no, habrá guerra civil y no tendréis patria ni libertad. Y como ninguno es justo sea excluido de ese derecho, pues si alguno lo fuera se cometería injusticia con él, ni del cumplimiento de ese deber, pues se le otorgaría un privilegio dañoso a los demás, resulta que cada uno tendría participación igual de derecho y obligación, pero con arreglo a sus facultades, pues nadie da más de lo que tiene, ni participa sino de aquello que está en la esfera de su poder. Porque es bien claro, que si no tuviese cada uno esa participación igual, habría perjudicados en el derecho y privilegiados en el deber, y los perjudicados en el derecho se creerían también exonerados del deber; y por desagraviarse y restablecer el equilibrio, apelarían a la fuerza y habría guerra, y de resultas de la guerra, oprimidos y opresores, y no tendrían tampoco como vosotros ahora los oprimidos patria.
Luego la libertad y la fraternidad no pueden engendrar la patria, sino a condición de que exista entre todos vuestros compatriotas la más equitativa igualdad, en la fruición del derecho y en la participación y el cumplimiento del deber. Luego la libertad, la fraternidad y la igualdad son como el verbo engendrador de la patria.
Tenemos, pues, los tres términos primitivos que engendran la unidad de la patria; y para vosotros es una cosa clara, viva y palpable, la palabra patria.
Peleáis, pues, por ir a vivir en vuestra tierra, al lado de vuestra familia, gozando igualmente de vuestra libertad, en común con todos vuestros compatriotas que son vuestros hermanos(…)". Fuente: Ojeada Retrospectiva
Bernardo Monteagudo nos ayuda a seguir comprendiendo qué se proponía Mayo cuando caracteriza al patriota como quien tiene "interés por la causa santa de la humanidad y no mire su conveniencia personal como la primera ley de sus deberes". Y agrega refiriéndose al influjo revolucionario, "sólo la fuerza del genio o del carácter que infunde nuestro clima ardiente, ha podido vencer el hábito casi convertido en naturaleza y descubrir por todas partes espíritus dispuestos a hacer frente al error y a la preocupación. Sigamos su ejemplo y hagamos ver que somos capaces de tener patriotismo, es decir, que somos capaces de ser libres y de renovar el sacrificio de Catón después de la batalla de Farsalia, antes de ver tremolar nuevamente el pabellón de los tiranos y quedar reducidos a la ignominiosa necesidad de postrar delante de ellos la rodilla y saludarles con voz trémula para subir luego al suplicio, como lo hacían los romanos en la época de su degradación. Más no perdamos de vista que nuestra alma jamás tomará este temple de vigor y energía, mientras nuestro corazón no se interese en la suerte de la humanidad y entremos a calcular los millares de hombres existentes y venideros, a quienes vamos a remachar las cadenas con nuestras propias manos si somos cobardes, o sellar con las mismas el decreto de su libertad e independencia, si somos constantes".
2. Consiste en la política de hacer posible que los pueblos actúen por sí mismos
Respecto a la organización de la militancia política para favorecer que el pueblo actúe por sí mismo, Esteban Echeverría explica cómo elaborar el Dogma y el porqué. Relata: "Después de su lectura, a petición del que suscribe, se resolvió considerar y discutir por partes el dogma, porque importaba que todos los miembros le diesen su asentimiento meditado y racional para que él no fuese sino la expresión formulada del pensamiento de todos. Y lo era en efecto; sólo se vanagloria el que suscribe de haber sido, por fortuna, el intérprete y órgano de ese pensamiento, y tomado oportunamente la iniciativa de su manifestación solemne.La redacción de esta obra presentaba en aquella época dificultades gravísimas. Como instrumento de propaganda, debía ser inteligible a todos. En pequeño espacio, abarcar los fundamentos o principios de todo un sistema social. La legitimidad de su origen, su condición de vida, vincularse en su unidad y en su nacionalidad.Debía, en suma, ser un credo, una bandera y un programa. Pero reducido a fórmulas precisas y dogmáticas, o a la forma de una declaración de principios ¿no hubiera sido ininteligible u obscuro para la mayor parte de nuestros lectores?Se creyó por esto, mejor, formular y explicar racionalmente algunos puntos; no era para los doctores, que todo lo saben; era para el pueblo, para nuestro pueblo(...)".
Plantea sobre la expansión a todo el país de la voluntad popular de autodeterminación:"Queríamos que la vida social y civilizada saliese de las ciudades capitales, se desparramase por todo el país, tomase asiento en los lugares y villas, en los distritos y departamentos; descentralizar el poder, arrancárselo a los tiranos y usurpadores, para entregárselo a su legítimo dueño, al pueblo.
Queríamos que el pueblo no fuese como había sido hasta entonces, un instrumento material del lucro y poderío para los caudillos y mandones, un pretexto, un nombre vano invocado por todos los partidos para cohonestar y solapar ambiciones personales, sino lo que debía ser, lo que quiso que fuese la revolución de Mayo, el principio y fin de todo. Y por pueblo entendemos hoy como entonces, socialmente hablando, la universalidad de los habitantes del país; políticamente hablando, la universalidad de los ciudadanos; porque no todo habitante es ciudadano, y la ciudadanía proviene de la institución democrática.
Queríamos, en suma, que la democracia argentina se desarrollase y marchase gradualmente a la perfección por una serie de progresos normales, hasta constituirse en el tiempo con el carácter peculiar de democracia argentina. Antes de la revolución todo estaba reconcentrado en el poder público. El pueblo no pensaba ni obraba sin el permiso o beneplácito de sus mandones: de ahí sus hábitos de inercia. Después de la revolución el gobierno se estableció bajo el mismo pie del colonial; el pueblo soberano no supo hacer uso de su libertad, dejó hacer al poder y nada hizo por sí para su bien: esto era natural; los gobiernos debieron educarlo, estimularlo a obrar sacudiendo su pereza.
Nosotros queríamos, pues, que el pueblo pensase y obrase por sí, que se acostumbrase poco a poco a vivir colectivamente, a tomar parte en los intereses de su localidad comunes a todos, que palpase allí las ventajas del orden, de la paz y del trabajo común; encaminado a un fin común. Queríamos formarle en el partido una patria en pequeño, para que pudiese más fácilmente hacerse idea de la grande abstracción de la patria nacional; por eso invocamos: democracia.
La manía de gobernar por una parte, y la indolencia real y la supuesta incapacidad del pueblo por otra, nos habían conducido gradualmente a una centralización monstruosa, contraria al pensamiento democrático de Mayo, que absorbe y aniquila toda la actividad nacional, al despotismo de Rosas.
Concebíamos por esto en la futura organización la necesidad de descentralizarlo todo, de arrancar al poder sus usurpaciones graduales, de rehabilitar al pueblo en los derechos que conquistó en Mayo; y de constituir con ese fin en cada partido un centro de acción administrativa y gubernativa, que eslabonándose a los demás, imprimiese vida potente y uniforme a la asociación nacional, gobernada por un poder central.
Se ve, pues, que
caminábamos a la unidad, pero
por diversa senda que los federales y unitarios. No a la unidad de
forma del unitarismo, ni a la
despótica del federalismo, sino a
la unidad intrínseca, animada, que proviene de la concentración y acción de las
capacidades físicas y morales de todos los miembros de la asociación
política(...)".
Fuente: Ojeada
Retrospectiva
En consecuencia, el pensamiento de la Revolución de Mayo expresa la voluntad de patria y ésta como ejercicio local de la lucha humana por la igualdad entre los distintos. Quienes lucharon históricamente por su puesta en práctica, querían que el pueblo -entendido como la universalidad de los habitantes de Argentina- no fuese un instrumento material del lucro y poderío para los caudillos y mandones, un pretexto, un nombre vano invocado por todos los partidos para cohonestar y solapar ambiciones personales. Querían que el pueblo se acostumbrase poco a poco a vivir colectivamente, a tomar parte en los intereses de su localidad comunes a todos, que palpase allí las ventajas del orden, de la paz y del trabajo común; encaminado a un fin común. Pensaron formarlo en un partido como una patria en pequeño, para que pudiese más fácilmente hacerse idea de la grande abstracción de la patria nacional; por eso invocamos: democracia. Pero, también, advirtieron la necesidad de descentralizar para ir desquiciando esa estructura de demagogos o de tiranos e ir arrancando al poder sus usurpaciones graduales, rehabilitando al pueblo en los derechos que conquistó en Mayo.
Plantean que la libertad, la fraternidad y la igualdad son como el verbo engendrador de la patria. Caminan a la unidad, pero por diversa senda que los federales y unitarios. No a la unidad de forma del unitarismo, ni a la despótica del federalismo, sino a la unidad intrínseca, animada, que proviene de la concentración y acción de las capacidades físicas y morales de todos los miembros de la asociación política. Proyectan la patria con un ojo clavado siempre en el progreso de las naciones y el otro en las entrañas de nuestra sociedad. Conciben sólo como progresistas todas aquellas doctrinas que teniendo en vista el porvenir, procuren dar impulso al desenvolvimiento gradual de la igualdad de clases y que estén siempre a la vanguardia en la marcha ascendiente del espíritu humano. Tienen como principio rector: no salir del terreno práctico, no perderse en extracciones, clavar el ojo de la inteligencia en las entrañas mismas de nuestra sociedad.
Con la intención de plantear que no basta la puesta en debate de los graves problemas causados por el crecimiento económico de los poderes concentrados y de las alternativas proyectadas por organizaciones populares, comencemos citando los primeros párrafos del documento del
Movimiento Nacional Campesino indígena (MNCI), integrante de CLOC - Vía Campesina , emitido el 24 Mayo de 2010:
"El bicentenario desde nuestra memoria
En el año de bicentenario de la revolución de mayo, nos detenemos para mirar desde la memoria, los 500 años de continuidad en los padecimientos de nuestras comunidades y nuestros antepasados, la memoria del saqueo y sometimiento que nos ha causado el capitalismo e imperialismo desde que el conquistador llegó, la memoria de los heroicos alzamientos de Túpac Amaru, Micaela Bastidas, Bartolina Sisa, Juan Chalimin, los hermanos mapuches, entre otras, rebeliones justas que no fueron apoyadas por las burguesías y grupos criollos de su época .
La memoria de que la independencia de los españoles no significó el respeto de nuestros derechos ya que los líderes revolucionarios que comprendieron nuestra lucha como Monteagudo, Castelli y Belgrano fueron aislados y vencidos en las luchas internas, triunfando un modelo de nación excluyente y discriminatoria, en el cual el contrabando, la avaricia y la corrupción serian los principios de la nueva oligarquía (...)".
A fin de indagar sobre cómo triunfó un modelo de nación excluyente y discriminatoria, reflexionemos sobre aspectos del proceso histórico económico que edificó la estructura social de poder desde 1810 a 1852 y del que se está concretando en la actualidad a través de las siguientes apreciaciones:
1. El orden oligárquico colonial fue restaurado por Rosas que el gobierno K eligió para la galería de patriotas del bicentenario
Juan
Manuel de Rosas
reconstruye la oligarquía terrateniente y
ganadera de Buenos Aires con poder sobre todo el país por usufructuar el puerto
monopolizador de la subordinación a Inglaterra. Lo hace mientras los
patriotas y los ejércitos independentistas luchaban por concretar los ideales de
libertad, fraternidad e igualdad. En 1815
se asoció con Juan
Nepomuceno Terrero y Luís Dorrego (hermano de Manuel) e inauguraron el saladero
denominado “Las Higueritas”, a poca distancia del Riachuelo, sobre el camino
Real a Quilmes y Ensenada.
Tulio Halperín Donghi
(1963), en el resumen de "La expansión ganadera en
la campaña de Buenos Aires (1810 - 1852)", marca:
"Las
condiciones y limitaciones económicas de la expansión ganadera
El estimulo que significó la libertad de comercio se orienta, sobre todo, a
las comarcas no tocadas por la guerra civil: entre ellas las zonas del
interior mejor ubicadas respecto del centro exportador de Bs. As.
Hasta 1825 la ruta de Potosí queda cortada, aun después de esa fecha la
apertura del Pacífico sur al comercio europeo impedirá que Bs. As recapture
el de Chile y Bolivia. Su papel comercial sufre necesariamente como
consecuencia de esto: Bs. As pasa a ser, sobre todo, el puerto de unas
exportaciones ganaderas que en las últimas décadas coloniales sólo habían
cubierto alrededor de un tercio del total de comercio exportador porteño.
Antes de eclipsarse como rivales de la ganadería porteña, las zonas
ganaderas del litoral consumen frenéticamente su stock: los ejércitos
federales y porteños son devoradores implacables de ganado; la inseguridad
impulsa, además, a los hacendados a liquidar, anticipándose a sus posibles
saqueadores.
Sólo la conclusión de esta etapa deja a la ganadería de las zonas menos
tocadas por la guerra civil en disposición de aprovechar por entero la
ampliación de su mercado consumidor.
A esa ampliación se responde con un crecimiento de la producción que, pese a
sus altibajos, es el movimiento dominante durante 30 años, a partir de 1820.
Este aumento a su vez deriva en primer término de la ampliación del área
explotada; en segundo lugar, de una utilización más intensa de la mano de
obra disponible; no surge sino en medida mínima, de progresos en los
aspectos propiamente técnicos de la explotación ganadera y las industrias
anexas.
En cuanto a la industrialización, la innovación más significativa es sin
duda la grasería, el vapor que no sólo se incorpora al saladero, sino
también se difunde por la campaña en la década de 1830 por iniciativa de
hacendados y acopiadores locales. Las mismas exigencias de baja inversión
inicial rigen en las actividades industriales relacionadas con la ganadería
y en primer término en la más importante de todas: el saladero.
La producción
y la industrialización del vacuno se desarrollan entonces con bajos costos
de instalación.
Las altas ganancias son uno de los rasgos dominantes de esa expansión
ganadera: explican no sólo el triunfo de las inversiones en el sector rural
sobre los modos de inversión rivales, sino también el brusco aumento en la
demanda de capitales que esa expansión provocó y se tradujo de inmediato en
una subida de las tasas de intereses corrientes.
Sin duda la inversión en empresas comerciales no había disminuido sus
rendimientos como consecuencia de la revolución, pero hubo aquí una
transformación profunda de los grupos mercantiles: una forma de adaptación a
la situación nueva es la vuelta hacia el campo, que ejecutan a partir sobre
todo de 1820 algunos de los grandes comerciantes porteños de arraigo
colonial. Junto con ellos son los comerciantes extranjeros los que también
participan en la expansión del sector rural porteño.
La inversión especulativa se vuelve rápidamente de un rubro a otro, a la
espera de ganancias excepcionalmente elevadas. Al mismo tiempo, la miseria
crónica del estado creó un nuevo rubro, bien pronto importante para los
especuladores: los vales de aduana, luego los fondos públicos, por fin el
papel moneda, todos de valor oscilante que, combatida intermitentemente y
sin vigor por los gobiernos, estaba destinada a durar a lo largo de toda la
etapa de expansión de la ganadería vacuna.
Más que rival, la inversión especulativa es entonces complementaria de la
pecuaria o comercial. Este rasgo se traduce también en el plano social: la
expansión ganadera da lugar en el ámbito porteño a una sociedad más
homogénea que la colonial; los conflictos latentes en ésta, se atenúan
progresivamente gracias a la expansión. (...)
Las
disposiciones sobre enrolamiento de vagos y la aparición de la industria
saladeril
Es la escasez de mano de obra, la indisciplina que producen las levas y el
temor a ellas, la aparición de núcleos de desertores que necesariamente
quedan marginados, lo que explicaría este mayor vigor de las normas que
gobiernan la disciplina del trabajo rural.
La hegemonía
terrateniente y avance de la frontera
Las bases de la hegemonía terrateniente en la campaña se han puesto ya en la
primera década revolucionaria. En 1760 se había ido constituyendo en la
campaña un sistema de defensa de fronteras. La revolución obligó a descuidar
a las fuerzas regulares de la campaña; las milicias tendieron cada vez más a
ocupar su lugar.
Mientras los oficiales y suboficiales de blandengues, no necesariamente
vinculados a los lugares en que estaban acantonados, pagados por la
autoridad central, solían establecer vínculos locales sobre todo con
comerciantes, y aun emprender por su cuenta aventuras comerciales más o
menos disimuladas, la estructura de las milicias se apoya en las de las
estancias ganaderas, su hegemonía militar en la campaña es la de los
hacendados.
Así, los hacendados adquieren poderes militares: la supresión del cabildo
pone la justicia y la policía bajo la autoridad directa del gobierno
provincial, las designaciones que éste hace consultan los deseos de sus
apoyos locales; estos son los hacendados que controlan las milicias y además
los votos de sus peonadas.
En el plano provincial: política de fronteras, política de tierras públicas.
En el plano local: la transformación de la administración pública en manos
de los hacendados para el mantenimiento de la disciplina del trabajo rural.
Desde 1820 se da un avance de la frontera que supera la línea del Salado.
Este avance es fruto de la expedición militar del gobernador Rodríguez y de
las paces que la concluyen. A partir de entonces se abre el proceso de
poblamiento y organización de la Nueva Frontera; en 1823 se funda Tandil; en
1825 una comisión recorre las tierras solo parcialmente utilizadas aunque
las paces han cedido los cristianos. En 1827 Rosas concluye el arreglo de la
frontera: una línea de fuertes, desde Santa Fe hasta el Atlántico, asegura
una paz relativa, consolidada mediante pagos de tributos destinados a ganar
la amistad de algunos de los grupos indígenas.
La Nueva Frontera había más que duplicado la superficie explotable de la
campaña: para disponer de ella, el gobierno de Rodríguez introdujo el
régimen de enfiteusis que
tiene una consecuencia económica-social de importancia al poner a
disposición extensiones prácticamente nuevas con lo cual los costos de
producción ganadera pudieron mantenerse bajos. A partir de 1836 la política
ha de variar: la enfiteusis será reemplazada por la venta de tierras
públicas. Ésta no es muy exitosa: el precio es bajo, es disminuido aún por
la inflación de papel moneda, y sin embargo solo una fracción de las tierras
enfitéuticas son adquiridas en propiedad. Todavía en 1839 la superficie de
las primeras abarca más de la mitad de las tierras explotadas de la
provincia. Junto con la venta, el régimen rosista recurrirá abundantemente a
la donación de tierras.
Los
trabajadores que requieren ser disciplinados son objetos de procesos en los
cuales los jueces de paz actúan como sumariantes.
Reduciendo la población marginal, imponiéndole la integración a los grupos
de los peones asalariados, reprimiendo efectivamente las actividades
ilícitas que habían sido uno de los medios con que los comerciantes de la
campaña habían asegurado su independencia respecto de los hacendados y les
habían disputado la hegemonía, la organización policiaca y judicial que se
establece en la campaña luego de 1820 y se consolida durante la etapa
rosista presta un auxilio capital a la afirmación de la hegemonía de los
hacendados. Pero para mantener el orden de la campaña no contaban estos tan
sólo con la activa benevolencia del poder político, tenían a su disposición
otros instrumentos igualmente eficaces.
El orden nuevo
en la estancia
La estancia vacuna es gracias a los cambios post revolucionarios no sólo el
más importante centro productor de la campaña sino también un factor cada
vez más importante por lo menos en las primeras etapas de la
comercialización.
Para mantener esa disciplina el propietario tiene también otros
instrumentos: la condición de asalariados de sus servidores; muy
frecuentemente la insuficiencia de esos asalariados, que coloca a los peones
en deuda permanente con los hacendados.
El aparato represivo del Estado puesto al servicio del hacendado frente a
sus peones, las deudas de éstos con el patrón creando un nuevo lazo que los
asalariados no tienen posibilidades reales de romper.
La imposición autoritaria de un nuevo ritmo de trabajo aparece en el litoral
argentino al iniciarse el proceso de nacionalización de la actividad
productiva; aquí como en otras partes es utilizada para acelerar la
transición que es extremadamente difícil. La expansión ganadera se da en
medio de una penuria constante de mano de obra en estas condiciones de éxito
de la tentativa de disciplinar la vida rural debe medirse, más que en los
cambios del ritmo de trabajo en la estancia, en la transformación de la
estancia en elemento económico dominante en el área rural porteña.
Esa transformación se dio en toda la campaña porteña. Pero se dio más
radicalmente allí donde la expansión ganadera se implantan sobre un vacío
previo: en el sur de la provincia, en la Nueva Frontera".
[Tulio
Halperín Donghi, "La expansión ganadera en la Campaña de Buenos Aires,
1810-1852", Desarrollo Económico, Vol. III, Nº 1-2, Abril-Septiembre de
1963]
http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/3684716/La-expansion-ganadera---Historia-Argentina.html
"En 1833 Rosas emprendió una campaña para incorporar las tierras situadas al norte del río Negro eliminando y/o expulsando a las tribus enemigas. La empresa quedó organizada por medio de tres columnas que avanzarían en forma simultánea. La primera, dirigida por el gobernador Aldao, partió de Mendoza; la segunda a cargo del general Ruiz Huidobro salió de San Luis y la tercera bajo órdenes de Rosas. Las dos primeras por faltas de recursos y caballada debieron regresar. (...)
Rosas quedó al frente de la única división que concluyó con éxito la campaña. Luego de su partida con más de 1500 hombres y logró alcanzar el río negro y llegar a Choele-Choel. Así, alcanzaron la confluencia del Limay con el Neuquén, por el oeste, siguiendo el Colorado, llegaron hasta Atuel e incursionaron en el sur del río Negro. Para lograrlo dispuso dividir a sus efectivos en columnas exploradoras para que cruzaran el desierto en varias direcciones. A fines de 1834 se dio por concluida la campaña al regresar con sus efectivos hasta Napostá (próximo a Bahía Blanca).La expedición proporcionó 2900 leguas cuadradas de terreno y redujo la acción de los indios que debieron refugiarse en el sur". Fuente: http://www.oni.escuelas.edu.ar/olimpi99/perito-moreno/hist/rosas.html
2. Los hacedores de otra historia socioeconómica e institucional son derrotados por oligarquías con apoyo de naciones colonizadoras
Eduardo Galeano, en "Las venas abiertas de América Latina", explica:
"La Primera Reforma Agraria de América Latina:
Un siglo y medio de derrotas para José Artigas
A carga de lanza o golpes de machete, habían sido los desposeídos quienes
realmente pelearon, cuando despuntaba el siglo XIX, contra el poder español en
los campos de América. La independencia no los recompensó: traicionó las
esperanzas de los que habían derramado su sangre. Cuando la paz llegó, con ella
se reabrió el tiempo de la desdicha. Los dueños de la tierra y los grandes
mercaderes aumentaron sus fortunas, mientras se extendía la pobreza de las masas
populares. Al mismo tiempo, y al ritmo de las intrigas de los nuevos dueños de
América Latina, los cuatro virreinatos del imperio español saltaron en pedazos y
múltiples países nacieron como esquirlas de la unidad nacional pulverizada. La
idea de nación que el patriciado latinoamericano engendró se parecía demasiado a
la imagen de un puerto activo, habitado por la clientela mercantil y financiera
del imperio británico, con latifundios y socavones a la retaguardia. La legión
de parásitos que había recibido los partes de la guerra de independencia
bailando minué en los salones de las ciudades, brindaba por la libertad del
comercio en copas de cristalería británica. Se pusieron de moda la más
altisonantes consignas republicanas de la burguesía europea: nuestros países se
ponían al servicio de los industriales ingleses y de los pensadores franceses.
¿ Pero qué burguesía nacional era la nuestra,
formada por los terratenientes, los grandes traficantes, comerciantes y
especuladores, los políticos de levita y los doctores sin arraigo?
América Latina tuvo pronto sus constituciones
burguesas, muy barnizadas de liberalismo, pero no tuvo, en cambio, una burguesía
creadora, al estilo europeo o norteamericano, que se propusieran como misión
histórica el desarrollo de un capitalismo nacional pujante.
Las burguesías de estas tierras habían nacido como simples instrumentos del capitalismo internacional, prósperas piezas del engranaje mundial que sangraba a las colonias y a las semicolonias.
Los burgueses del mostrador, usureros y comerciantes, que acapararon el poder político, no tenían el menor interés en impulsar el ascenso de las manufacturas locales, muertas en el huevo cuando el libre cambio abrió las puertas a la avalancha de las mercancías británicas. Sus socios, los dueños de la tierra, no estaban, por su parte, interesados en resolver la cuestión agraria, sino a la medida de sus propias conveniencias. El latifundio se consolidó sobre el despojo, todo a lo largo del siglo XIX. La reforma agraria fue, en la región, una bandera temprana.
Frustración económica, frustración social, frustración nacional: una historia de traiciones sucedió a la independencia, y América Latina, desgarrada por sus fronteras, continuó condenada al monocultivo y a la dependencia. En 1824, Simón Bolívar dictó el decreto de Trujillo para proteger a los indios de Perú y reordenar allí el sistema de la propiedad agraria: sus disposiciones legales no hirieron en absoluto los privilegios de la oligarquía peruana, que permanecieron intactos pese a los buenos propósitos del Libertador , y los indios continuaron tan explotados como siempre. En México, Hidalgo y Morelos habían caído derrotados tiempo antes y transcurría un siglo antes de que rebrotaran los frutos de su prédica por la emancipación de lso humildes y la reconquista de las tierras usurpadas.
Al sur , José Artigas encarnó la revolución agraria. Este caudillo, con tanta saña calumniado y tan desfigurado por la historia oficial, encabezó a las masas populares de los territorios que hoy ocupan Uruguay y las provincias argentinas de Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Córdoba, en el ciclo heroico de 1811 a 1820. Artigas quiso echar las bases económicas, sociales y políticas de una Patria Grande en los límites del antiguo Virreinato de Río de la Plata, y fue el más importante y lúcido de los jefes federales que pelearon contra el centralismo aniquilador del puerto de Buenos Aires. Luchó contra los españoles y los portugueses y finalmente sus fuerzas fueron trituradas por el juego de pinzas de Río de Janeiro y Buenos Aires, instrumentos del imperio británico y por la oligarquía que, fiel a su estilo, lo traicionó no bien se sintió, a su vez, traicionada por el programa de reivindicaciones sociales del caudillo.
Seguían a Artigas, lanza en mano, los patriotas. En su mayoría eran paisanos pobres, gauchos montaraces, indios que recuperaban en la lucha el sentido de la dignidad, esclavos que ganaban la libertad incorporándose al ejército de la independencia. La revolución de los jinetes pastores incendiaba la pradera.
La traición de Buenos Aires, que dejó en manos del poder español y las tropas portuguesas, en 1811, el territorio que hoy ocupa el Uruguay, provocó el éxodo masivo de la población hacia el norte. El pueblo en armas se hizo pueblo en marcha; hombres y mujeres, viejos y niños, lo abandonaban todo tras la huella del caudillo, en una caravana de peregrinos sin fin. En el norte, sobre el río Uruguay, acampó Artigas, con las caballadas y las carretas y en el norte establecería, poco tiempo después, su gobierno. En 1815, Artigas controlaba vastas comarcas desde su campamento de Purificación, en Paysandú. ¿Qué les parece que ví? – narraba un viajero inglés- ¡El Excelentísimo Señor Protector de la mitad del Nuevo Mundo estaba sentado en una cabeza de buey, junto a un fogón encendido en el suelo fangoso de su rancho, comiendo carne del asador y bebiendo ginebra en un cuerno de vaca! Lo rodeaba una decena de oficiales andrajosos...- De todas partes llegaban, al galope, soldados, edecanes, y exploradores. Paseándose con las manos en la espalda, Artigas dictaba los decretos revolucionarios de su gobierno. Dos secretarios – no existía el papel carbón- tomaban nota. Así nació la primea reforma agraria de América Latina, que se aplicaría durante un año en la Provincia Oriental, hoy Uruguay, y que sería hecha trizas por una nueva invasión portuguesa, cuando la oligarquía abriera las puertas de Montevideo al Gral Lecor y lo saludara como un libertador y lo condujera bajo palio a un solemne Tedéum, honor al invasor, ante los altares de la catedral.
Anteriormente, Artigas había promulgado también un reglamento aduanero que gravaba con un fuerte impuesto la importación de mercaderías extranjeras competitivas de las manufacturas y artesanías de tierra adentro, de considerable desarrollo en algunas regiones hoy argentinas comprendidas en los dominios del caudillo, a la par que liberaba la importación de los bienes de producción necesarios al desarrollo económico, y adjudicaba un gravamen insignificante a los artículos americanos, como la yerba y el tabaco de Paraguay. Los sepultureros de la revolución también enterrarían el reglamento aduanero.
El código agrario de 1815 – tierra libre, hombres libres – fue la más avanzada y gloriosa constitución , de cuantas llegarían a conocer los uruguayos. La ideas de Campomanes y Jovellanos en el ciclo reformista de Carlos III influyeron sin duda sobre el reglamento de Artigas, pero éste surgió, en definitiva, como una respuesta revolucionaria a la necesidad nacional de recuperación económica y de justicia social. Se decretaba la expropiación y el reparto de las tierras de los malos europeos y peores americanos emigrados a raíz de la revolución y no indultados por ella. Se decomisaba la tierra de los enemigos sin indemnización alguna, y a los enemigos pertenecía, dato importante, la inmensa mayoría de los latifundios. Los hijos no pagaban la culpa de los padres: el reglamento les ofrecía lo mismo que a los patriotas pobres. Las tierras se repartían de acuerdo con el principio de que los más infelices serán los más privilegiados. Los indios tenían en la concepción de Artigas, el principal derecho. El sentido esencial de esta reforma agraria consistía en asentar sobre la tierra a los pobres del campo, convirtiendo en paisano al gaucho acostumbrado a la vida errante de la guerra y a las faenas clandestinas y al contrabando en tiempos de paz. Los gobiernos posteriores de la cuenca del Plata reducirán a sangre y fuego al gaucho, incorporándolo por la fuerza a las peonadas de las grandes estancias, pero Artigas había querido hacerlo propietario:- Los gauchos alzados comenzaban a gustar del trabajo honrado, levantaban ranchos y corrales, plantaban sus primeras sementeras-.
La intervención extranjera terminó con todo. La oligarquía levantó cabeza y se vengó. La legislación desconoció, en lo sucesivo, la validez de las donaciones de tierras realizadas por Artigas. Desde 1820 hasta fines del siglo fueron desalojados, a tiros, los patriotas pobres que habían sido beneficiados por la reforma agraria . No conservarían – otra tierra que la de sus tumbas-. Derrotado, Artigas se había marchado a Paraguay, a morirse solo al cabo de un largo exilio de austeridad y silencio. Los títulos de propiedad por él expedidos no valían nada: el fiscal de gobierno, Bernardo Bustamante, afirmaba, por ejemplo, que se advertía a primera vista la despreciabilidad que caracteriza a los indicados documentos. Mientras tanto, su gobierno se aprestaba a celebrar, ya restaurado el orden, la primera constitución de un Uruguay independiente, desgajado de la patria grande por la que Artigas había , en vano, peleado.
El reglamento de 1815 contenía disposiciones especiales para evitar la acumulación de tierras en pocas manos. En nuestros días, el campo uruguayo ofrece el espectáculo de un desierto: quinientas familias monopolizan la mitad de la tierra total y, constelación del poder, controlan también las tres cuartas partes del capital invertido en la industria y la banca. Los proyectos de Reforma agraria se acumulan, unos sobre otros, en el cementerio parlamentario, mientras el campo se despuebla: los desocupados se suman a los desocupados y cada vez hay menos personas dedicadas a las tareas agropecuarias, según el dramático registro de los censos sucesivos. El país vive de la lana y de la carne, pero en sus praderas pastan, en nuestros días, menos ovejas y menos vacas que a principios de siglo. El atraso de los métodos de producción se refleja en los bajos rendimientos de la ganadería – librada a la pasión de los toros y los carneros en primavera, a las lluvias periódicas y a la fertilidad natural del suelo – y también en la pobre productividad de los cultivos agrícolas. La producción de carne por animal no llega ni a la mitad de la que obtienen Francia o Alemania, y otro tanto ocurre con la leche en comparación con Nueva Zelanda, Dinamarca y Holanda; cada oveja rinde un kilo menos de lana que en Australia. Los rendimientos de trigo por hectárea son tres veces menores que los de Francia, y en el maíz, los rendimientos de los Estados Unidos superan en siete veces a los de Uruguay. Los grandes propietarios, que evaden sus ganancias al exterior, pasan sus veranos en Punta del Este, y tampoco en invierno, de acuerdo con su propia tradición, residen en sus latifundios, a los que visitan de vez en cuando en avioneta: hace un siglo, cuando se fundó la Asociación Rural, dos terceras partes de su miembros tenían ya su domicilio en la capital. .La producción extensiva, obra de la naturaleza y los peones hambrientos, no implica mayores dolores de cabeza.
Y por cierto que brinda ganancias. Las rentas y las ganancias de los capitalistas ganaderos suman no menos de 75 millones de dólares por año en la actualidad. Los rendimientos productivos son bajos, pero los beneficios muy altos , a causa de los bajísimos costos . Tierra sin hombres, hombres sin tierra: los mayores latifundios ocupan, y no todo el año, apenas dos personas por cada mil hectáreas. En los rancheríos, al borde de las estancias, se acumulan, miserables, las reservas siempre disponibles de mano de obra. El gaucho de las estampas folklóricas, tema de cuadros y poemas, tiene poco que ver con el peón que trabaja, en la realidad, las tierras anchas y ajenas. Las alpargatas bigotudas ocupan el lugar de las botas de cuero; un cinturón común , o a veces una simple piola, sustituye los anchos cinturones con adornos de oro y plata. Quienes producen la carne han perdido el derecho de comerla: los criollos muy rara vez tienen acceso al típico asado criollo, la carne jugosa y tierna dorándose a las brasas. Aunque las estadísticas internacionales sonríen exhibiendo promedios engañosos, la verdad es que el ensopado , guiso de fideos y achuras de capón, constituye la dieta básica, falta de proteínas, de los campesinos en Uruguay". Fuente: http://www.mundomatero.com/estampas/reforma.html
3. Los triunfadores sobre Rosas representan, también, a las oligarquías pero en una nueva etapa de negocio con la demanda del capitalismo central
"Buenos Aires: preeminencia ganadera. El boom de la producción ovina
La cría del ovino constituyó la
actividad productiva más importante en la provincia de Buenos Aires, por la gran
demanda externa de lana que se produjo a partir de 1860 proveniente de Bélgica,
Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Incluso las restrictivas medidas
arancelarias adoptadas por el último país entre 1868 y 1874 produjeron una baja
de precios en el sector textil, pero no detuvieron el crecimiento en la cría de
ovinos, que desplazaron a los vacunos de su lugar preferencial en la ganadería
argentina.
Según Horacio Giberti, en los 25 años transcurridos entre 1850 y 1875 las
exportaciones de fardos de lana aumentaron más de diez veces, de 7.681 toneladas
en la primera fecha a la cifra de 90.720 toneladas en 1875 . Por su parte, José
Carlos Chiaramonte sostiene que en 1865 el valor de la lana representó el 46,2%
del valor total de las exportaciones del país, porcentaje que se mantuvo con
pequeñas variaciones hasta la década siguiente, salvo los años de crisis en
dicho sector, que fueron de 1868 a 1872.
En cuanto al destino de las exportaciones de lana argentinas, el país que ocupaba el primer lugar era Bélgica. El puerto de Amberes concentraba la mayor parte de la lana argentina, la que luego se redistribuía por las fábricas de Bélgica y del Rin. Estados Unidos ocupaba el segundo lugar: el valor de las exportaciones de lana argentina a dicho país alcanzó en los años 1864 y 1865 un porcentaje correspondiente al 22,4% del total. Pero en 1867 la adopción por parte del gobierno norteamericano de la Ley de Lanas y Manufacturas de Lana, una ley proteccionista que aumentaba los derechos aduaneros sobre la lana sucia importada, implicó un aumento del 95%, aproximadamente, de la lana argentina. En otras palabras, dicha ley significó la pérdida de uno de los compradores más importantes de lana . A la mencionada coyuntura se sumó la negativa incidencia de la guerra de Paraguay, que, al obligar al reclutamiento de la población rural, elevaba la ya crónica escasez de brazos y los gastos de explotación. No obstante, superados estos inconvenientes, las exportaciones de lana argentina comenzaron a repuntar a comienzos de la década de 1870.
Por cierto, el crecimiento de la demanda europea de lana fue el estímulo para que los ganaderos argentinos -y particularmente los de la provincia de Buenos Aires- se dedicasen a la cría de ovejas, desplazando al sector vacuno tradicional en la campaña bonaerense. Según Chiaramonte, entre 1830 y 1850 los ovinos se triplicaron en el país, mientras que en los veinte años subsiguientes, 1850-1870, aumentaron casi seis veces. Hacia 1852, en la provincia de Buenos Aires, los ovinos quintuplicaron a los vacunos; en 1875 los superaron nueve veces y hacia 1881 doce veces. Por su parte, Estanislao Zeballos calculaba que entre los años 1866 y 1876 el número de ovinos había aumentado en 128,06% respecto de la década anterior, aumento que en los diez años siguientes fue sólo de 48,65%. En cuanto a la distribución por provincias del ganado ovino (porcentajes relativos al período entre 1857 y 1887), 93,04% pertenecía a la provincia de Buenos Aires, 4,05% a la de Santa Fe, 2,80% a la de Entre Ríos y 0,11% restante a las de Corrientes, Mendoza, San Juan, Salta y Jujuy (...)". Fuente: http://www.argentina-rree.com/6/6-099.htm
Monserrat Llairó aporta: "El ciclo del lanar
Entre 1850 y 1890 se desarrolló el ciclo del lanar. Si bien tuvo altibajos dominó toda la primera parte del proceso de adecuación de la economía pampeana a las nuevas pautas internacionales. Entre 1850 y 1855 se incrementó la cría de ganado ovino, los estancieros advirtieron las condiciones ventajosas que ofrecía este negocio debido a sus bajos costos y el rápido reintegro de capital, lo que provocó que los estancieros sin ganado ovino vendieran su ganado vacuno o sus campos para conseguirlos. La creciente demanda de lana había producido la incorporación progresiva de animales de raza, y el paulatino reemplazo de las ovejas criollas por ovinos mestizados. Los merinos franceses, por su mayor cuerpo y largura de mecha, desplazaron a los merinos sajones que abundaban en la región.
En 1850 habían salido del país 7.681 toneladas de lana. Para 1875, los embarques alcanzaron a 90.000 toneladas. Es decir, que en 25 años las exportaciones se habían multiplicado más de diez veces. Este predominio de la producción de lana se vio favorecido por algunos sucesos internacionales tales como la Guerra de Crimea y la Guerra Civil Norteamericana, que sacaron a Rusia y a los Estados Unidos, temporalmente como proveedores en el mercado mundial de lana.
La gran expansión del ovino produjo profundos cambios técnicos y sociales.
El período de la historia argentina entre 1860 hasta 1880 es de vital importancia para la economía nacional. En la segunda mitad del siglo XIX, el mundo experimentó una nueva división internacional del trabajo, en la que los países periféricos, entre ellos la Argentina, comenzaron a abastecer de productos primarios a los países centrales; estos últimos invertían capitales, y exportaban tecnología y productos hacia los primeros. De esta forma, los intercambios comerciales entre Argentina y los países industrializados se incrementaron rápidamente.
La llegada de capitales extranjeros hacia la Argentina posibilitó la extensión de las vías férreas, y el acercamiento a los centros de comercialización, pero a la vez fue la causa de importantes crisis que se desencadenaron a nivel nacional, la primera de las cuales se evidenció en 1873. Sin embargo, la necesidad de mano de obra agraria y el contexto internacional facilitaron el arribo de inmigrantes al territorio (Ley de colonización e inmigración de 1876), flujo migratorio que se mantuvo casi en forma permanente, y produjo un cambio sustancial no sólo en el sistema laboral y la cultura del trabajo, sino también en la configuración social, con sus ansias de ascenso (la necesidad de la casa propia, que llevó a una rápida urbanización) (...)". Fuente: http://www.uba.ar/encrucijadas/46/sumario/enc46-tierraprometida.php
4. Los oficialistas y opositores de derecha coinciden en la gobernabilidad de la subordinación a las necesidades imperialistas
Julio C. Gambina (Rebelión), en "El modelo productivo, un debate necesario", señala que los países de la región están: "(...)en un momento de exacerbado extractivismo de recursos naturales que hace funcional a Latinoamérica a las necesidades del desarrollo capitalista contemporáneo. Se reitera así el papel de la región en la división internacional del trabajo desde la acumulación originaria del capital.
Ahí está la clave de una gran discusión. ¿Qué modelo productivo deben asumir nuestros países? No sólo se discute el petróleo, sino la soja, el cobre, la minería, el agua, la biodiversidad. El debate es qué producir y para quién, ya que los datos generalizados aluden a una creciente producción primaria exportadora. Los países están produciendo para el mercado mundial y no para privilegiar una demanda alimentaria o energética para la propia región y la satisfacción de las necesidades de los sectores de menores ingresos. En todos los países se acudió a políticas sociales compensadoras, que cumplen el papel de paliativos de las miserias derivadas del desempleo, la pobreza y la indigencia. Con distintos nombres e impacto cada país organiza programas, generalmente focalizados, aún beneficiando a una importante cantidad de personas, sin resolver la universalidad de beneficios sociales. Es la novedad de la década y la diferencia con los 80´ y 90´, singularmente en los países con gobiernos críticos al ideario y política hegemónica de los años previos. Es un sesgo distintivo con el sempiterno ajuste que renuevan los organismos financieros internacionales ante la crisis en Europa.
El tema de fondo (más allá de las políticas sociales) y lo que se discute es el mantenimiento del modelo extractivo para la exportación, que además, profundiza la dependencia con los insumos provistos por las transnacionales que definen el rumbo de la economía mundial. La política social compensa pero no resuelve, siendo el desafío la transformación de la organización económica al interior de los países y su articulación integrada para resolver soberanía alimentaria, energética o financiera. En este último aspecto vale mencionar que el Parlamento de Ecuador aprobó esta semana su pertenencia al Banco del Sur (en los marcos institucionales que definieron las últimas cumbres y que requieren aprobaciones parlamentarias de sus integrantes) y al Sistema Único de Cambio Regional, el S.U.C.RE, que apunta a constituirse en moneda regional. Es una audaz iniciativa que se toma en plena crisis de las principales monedas globales y que integra el paquete de la nueva arquitectura financiera mundial aportada desde América Latina y el Caribe.
La necesaria discusión en Argentina
Para la Argentina resultan interesantes estas discusiones, especialmente por el retorno del crecimiento económico (puede oscilar en torno del 6% para el 2010, contra el escaso 0,9% reconocido en la estadística oficial para el 2009); la recaudación fiscal récord, de 10.000 millones de dólares durante el mes de mayo pasado; y el abultado nivel de reservas internacionales (48.981 millones de dólares al 28/05/10 según informa el BCRA en su sitio en internet) , aún destinando parte a la cancelación de deuda pública en lo que va del año.
El debate es la calidad del crecimiento, que para el caso argentino es la previsión de un nuevo récord en la producción y venta de automotores, que se estima para el año en 700.000 unidades. ¿Es el transporte individual el que debe privilegiar un modelo de desarrollo en la Argentina? ¿Qué proyecto existe para la promoción del transporte público, por tierra, agua y aire? Pero el crecimiento también se manifiesta en la construcción, en general como inversión de activos líquidos excedentes y con destino a sectores de elevada capacidad de consumo, mientras espera solución la crisis habitacional por insuficiencia de ingresos de los afectados, o por ausencia de crédito en condiciones adecuadas. El crecimiento renueva problemas estructurales tales como la provisión de energía y su correlato en cortes de electricidad, dificultades en el abastecimiento de gas, o la suba de importaciones de bienes intermedios y de capital para la producción en ascenso.
Son en rigor temas postergados. La conclusión que extraigo de importantes debates en el mundo y en la región, útiles para nuestra realidad nacional y regional, es que está bien compensar las falencias sociales derivadas del desarrollo capitalista, pero que necesitamos discutir al sistema y su modelo de producción, especialmente en tiempos de crisis y cuando el poder mundial no tiene más recetas que el ajuste y la profundización de la liberalización. Es lo que surge del encuentro de ministros del G20 esta semana en Corea del Sur, reunión preparatoria de la Cumbre presidencial en Toronto a fin de mes, y que nada presagia conclusiones alternativas y favorables a los pueblos. Es que lo alternativo es la novedad que se procesa por estos lares, y eso requiere creatividad en la dinámica popular en lucha contra el poder, y desafío intelectual para el pensamiento crítico, emancipador, en la perspectiva del orden capitalista en crisis y su superación.
Eso nos lleva al interrogante sobre el orden pos crisis y sus posibilidades de renovación exacerbada de la explotación de la fuerza de trabajo y de los recursos naturales; o de nuevos rumbos pos neoliberales y más precisamente pos capitalistas".
Julio Gambina es Profesor Titular de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario, UNR. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP. Miembro del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO. Fuente: www.argenpress.info / 7-06-2010
A modo de síntesis, en Argentina como en todo el continente latinoamericano sucedió lo que Néstor Kohan escribe: "(...)En América Latina las burguesías nacieron oligárquicas y las oligarquías fueron aburguesándose mientras se modernizaban. Las modernizaciones no vinieron desde abajo sino desde arriba. No fueron democráticas ni plebeyas, sino oligárquicas y autoritarias. No fueron producto de 'revoluciones burguesas antifeudales' —como rezaban ciertos manuales— sino de revoluciones-restauradoras, revoluciones pasivas encabezadas e impulsadas por las oligarquías aburguesadas. Fueron las propias oligarquías, a través del aparato de Estado y en particular de las fuerzas armadas, las que emprendieron —a sangre, tortura y fuego— el camino de modernizar su inserción siempre subordinada en el mercado mundial capitalista. El liberalismo latinoamericano no fue, como en la Francia de los siglos XVII y XVIII, progresista sino autoritario y represivo. En nuestras patrias despanzurradas a golpes de bayoneta y destrozadas a picana y palazos, jamás existió modernización económica sin represión política. Las burguesías locales fueron históricamente débiles para independizar nuestras naciones del imperialismo pero al mismo tiempo fueron lo suficientemente fuertes como para neutralizar e impedir los procesos de lucha social radical de las clases populares. Las sangrientas dictaduras latinoamericanas —cuyas consecuencias nefastas seguimos padeciendo hasta nuestro presente— que asolaron nuestro continente durante las décadas de los años ’70 y ’80 no fueron, en consecuencia, un rayo inesperado en el cielo claro de un mediodía de verano. No constituyeron una "anomalía", una excepción a la regla, el interregno entre dos momentos de normalidad y paz. Fueron más bien la regla de nuestros
capitalismos periféricos, dependientes y subordinados a la lógica del sistema capitalista mundial(...)”.Fuente: www.rebelion.org /Opinión:: La izquierda a debate/ 22-08-2008
En consecuencia, construimos democracia asumiendo Mayo cuando transformamos nuestro estar siendo sujetos colectivos de derechos y de autonomía en organización de la lucha (irreconciliable con el capitalismo y sus ejecutores) por el autogobierno y la autogestión del buen vivir entre todos los componentes de la diversidad popular.
II.
PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS
Consideremos la actualidad de los dilemas que experimentaron quienes se preocuparon de hacer posible que el pueblo no fuese "un instrumento material del lucro y poderío para los caudillos y mandones, un pretexto, un nombre vano invocado por todos los partidos para cohonestar y solapar ambiciones personales". Esteban Echeverría declara: "nosotros queríamos que el pueblo pensase y obrase por sí, que se acostumbrase poco a poco a vivir colectivamente, a tomar parte en los intereses de su localidad comunes a todos, que palpase allí las ventajas del orden, de la paz y del trabajo común; encaminado a un fin común.(...) Concebíamos por esto en la futura organización la necesidad de descentralizarlo todo, de arrancar al poder sus usurpaciones graduales, de rehabilitar al pueblo en los derechos que conquistó en Mayo(...)".
Sin embargo, la subjetividad mayoritaria anda por caminos más fáciles en cuanto a compromiso político. Ya Mariano Moreno reflexiona en La Gaceta de Buenos Aires:"es justo que los pueblos esperen todo bueno de sus dignos representantes pero también es conveniente que aprendan por sí mismos lo que es debido a sus intereses y derechos. Felizmente se observa en nuestras gentes, que sacudido el antiguo adormecimiento manifiestan un espíritu noble dispuesto para grandes cosas, y capaz de cualesquier sacrificios que conduzcan a la consolidación del bien general. Todos discurren ya sobre la felicidad pública, todos experimentan cierto presentimiento, de que van a alcanzarla prontamente; todos juran allanar con su sangre los embarazos, que se opongan a su consecución; pero quizá no todos conocen, en qué consiste esa felicidad general a que consagran sus votos y sacrificios; y desviados por preocupaciones funestas de los verdaderos principios, a que está vinculada la prosperidad de los estados corren el riesgo de muchos pueblos, a quienes una cadena de la más pesada esclavitud sorprendió en medio del placer, con que celebraban el triunfo de su naciente libertad.
Algunos transportados de alegría por ver la administración pública en manos de patriotas, que en el antiguo sistema habrían vegetado en la obscuridad y abatimiento, cifran la felicidad general a la circunstancia de que los hijos del país, obtengan los empleos, de que eran antes excluidos generalmente; y todos sus deseos quedan satisfechos, cuando consideran que sus hijos optarán algún día las plazas de primer rango. El principio de estas ideas es laudable pero ellas son muy mezquinas y el estrecho círculo que las contiene, podría alguna vez ser tan peligroso al bien público, como el mismo sistema de opresión a que se oponen. (...)
Otros agradecidos a las tareas y buenas intenciones del presente gobierno, lo fijan por último término de sus esperanzas y deseos. En nombrándoseles la Junta cierran los ojos de su razón y no admiten más impresiones que las del respeto con que la antigua Grecia miraba en sus principios al Areópago. Nada es más lisonjero a los individuos que gobiernan, nada puede estimularlos tanto a todo género de sacrificios y fatigas, como el verse premiados con la confianza y estimación de sus conciudadanos y si es lícito al hombre afianzarse a sí mismo, protestamos ante el mundo entero que ni los peligros, ni la prosperidad, ni las innumerables vicisitudes a que vivimos expuestos, serán capaces de desviarnos de los principios de equidad y justicia que hemos adoptado por regla de nuestra conducta: el bien general será siempre el único objeto de nuestros desvelos y la opinión pública el órgano, por donde conozcamos el mérito de nuestros procedimientos. Sin embargo, el pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien; él debe aspirar a que nunca puedan obrar mal; que sus pasiones tengan un dique más firme que el de su propia virtud; y que delineado el camino de sus operaciones por reglas, que no esté en sus manos trastornar; se derive la bondad del gobierno , no de las personas que lo ejercen, sino de una constitución firme, que obligue a los sucesores a ser igualmente buenos que los primeros. (...)
Muchos fijando sus miras en la justa emancipación de la América, a que conduce la inevitable pérdida de España, no aspiran a otro bien que a ver rotos los vínculos de una dependencia colonial y creen completa nuestra felicidad, desde que elevados estos países a la dignidad de estados, salgan de la degradante condición de un fundo usufructuario, a quien se pretende sacar toda la sustancia sin interés alguno en su beneficio y fomento. Es muy glorioso a los habitantes de la América verse inscriptos en el rango de las naciones y que no se describan sus posesiones como factorías de los españoles europeos pero quizá no se presenta situación más crítica para los pueblos, que el momento de su emancipación: todas las pasiones conspiran enfurecidas a sofocar en su cuna una obra, a que sólo las virtudes pueden dar consistencia; y en una carrera enteramente nueva cada paso es un precipicio para hombres que trescientos años no han disfrutado otro bien que la quieta molicie de una esclavitud, que aunque pesada había extinguido hasta el deseo de romper sus cadenas (...). Fuente: La Gaceta de Buenos Aires 28 de octubre de 1810.
Veamos: ¿cómo la subjetividad mayoritaria incidió en impedir que el proceso emancipador del país-continente se concretase y cómo transformarla en voluntad común de derrotar a nuestros opresores constituyendo otro país-mundo?
Los intelectuales revolucionarios se comprometen con hacer cuanto pueden por posibilitar la libertad, fraternidad e igualdad entre los hombres. Pero
Bernardo Monteagudo nos cuenta:"Yo veo envueltos en el caos de la nada a los descendientes de la actual generación y mi alma se conmueve y electriza cuando considero que puedo tener alguna pequeña parte en su destino. Pero después me digo a mí mismo ¿es posible que las sectas del fanatismo y los sistemas de delirio tengan tantos mártires, apóstoles y prosélitos; en cambio la causa de los hombres apenas encuentra algunos genios distinguidos que la sostengan y defiendan? Yo me veo obligado a inferir de aquí que son pocos los patriotas, porque son pocos los que aman la causa de sus semejantes. (...)
Muy fácil sería conducir al cadalso a todos los tiranos, si bastara para esto el que se reuniese una porción de hombres y dijesen todos en una asamblea somos patriotas y estamos dispuestos a morir para que la patria viva: pero no es así si en medio de este entusiasmo el uno huyese del hambre, el otro no se acomodase a las privaciones, aquél pensase en enriquecer sus arcas, en dilatar sus posesiones, (...) y éste temiese sacrificar su existencia, su comodidad, su sosiego prefiriendo la calma y el letargo de la esclavitud a la saludable agitación y dulces sacrificios que aseguran la «libertad»(...)".
En
"Libertad política y civil" aclara:
"En
todas partes se habla de «libertad», pero en este punto como en otros parece
suceder lo que con los rumores populares, que más se desfiguran a proporción de
que se extienden. Si por «libertad» se entiende una absoluta franqueza para
hacer cada individuo lo que más le convenga a sus intereses, a sus necesidades y
sus caprichos, mientras los hombres permanecen todavía en sociedad, vendrían por
lo mismo a ser esclavos. En las selvas es únicamente donde el hombre puede gozar
de este privilegio salvaje. ¿Pero puede esperar allí alguna cosa de la afección,
benevolencia y relaciones de los demás seres que llevan su figura? Sin pactos
formados con el resto de la especie, o con cierto número de ella que habita
determinada clase de pueblos y ciudades, el hombre es cierto que no sufre
restricción alguna; carece de toda obligación y en el resorte sus operaciones
sólo se advierte el impulso de su pasión y sus deseos. Pero el resto de su
especie está tan desprendido de él como él mismo lo está de los demás hombres.
Entregado a sus propias fuerzas no alcanza más sino aquello que estas le
ofrecen. Nada debe a los otros, pero tampoco tiene cosa ninguna que esperar. En
fin, por no exponerse a que los demás obren con él a su mero antojo es que
reducido a sociedad se conviene a moderar el suyo y lo sujeta a reglas conocidas
y recíprocas.
La libertad civil se entiende aquel estado en que el hombre no es comprimido
por ninguna ley sino aquélla que conduce en gran manera a la pública felicidad.
(...) Cuando hacemos lo que queremos y esta voluntad es conforme al interés
de la comunidad a que pertenecemos, entonces es que propiamente disfrutamos de
la libertad civil, es decir, de aquella sola libertad que debe desearse en un
estado de sociedad civil.
Reducidos los hombres a vivir en ciudades, las mismas relaciones que existieron al principio entre las familias se extendieron poco a poco a muchas poblaciones; y de aquí nacieron esas grandes asociaciones donde reina un mismo interés, una estrecha unión y un mismo lenguaje que las constituyen en lo que se llama Nación o Estado. Por consiguiente, determinados a explicar en qué consiste la libertad en sus diversas modificaciones, hemos reducido la definición anterior a un término más limitado. Por libertad política entendemos la libertad de la Nación: libertad civil llamamos la libertad del ciudadano.
La primera consiste principalmente en la independencia de la Nación. Las conquistas y la ambición suelen trastornar los Estados y de muchos cuerpos formados ya para existir separadamente, consiguen levantar uno solo. Basta esta desgracia para que un pueblo deje de ser libre: y como aquél que cae en la dominación de un pueblo diferente, tenía ya intereses diversos su situación es muy violenta. (...)
Ya en Perú, como integrante del primer gobierno independiente, Bernardo Monteagudo analiza cómo cundió el estado de ánimo independentista en Sudamérica: "El clamor de independencia resonó en diversas partes del continente y bien presto se generalizó la idea de sacudir el yugo, que era natural aborrecer con vehemencia, después que se había respetado con fanatismo. La transición de un extremo a otro, es la alternativa que siguen las afecciones humanas.
Con la idea de independencia empezaron también a difundirse nociones generales acerca de los derechos del hombre: mas éste era un lenguaje, que muy pocos entendían: la ciencia que enseña los derechos y las obligaciones sociales, es vasta y complicada: ella exige un largo aprendizaje y la historia de todos los pueblos sin exceptuar uno solo, demuestra, que en nada es tan lenta la marcha del género humano, como en el conocimiento práctico del término de las relaciones que unen a los gobiernos y a sus súbditos.
No era de esperar, que la población americana adquiriese nuevos principios con la rapidez que había cambiado de sentimientos. Detestar para siempre la dominación española y convertir el suelo patrio en una espantosa soledad, antes que depender de los herederos de Pizarro y Cortés; estos eran los votos generales que sin ambigüedad, sin discusión y con certidumbre de su importancia, hicieron todos los habitantes de estas regiones. Desde el Río de la Plata hasta la nueva California, la guerra se emprendió con este objeto; y nadie pensaba en otra cosa, que en destruir a los españoles, a excepción de algunos, que teniendo más previsión, o más osadía intelectual, trazaban ya los planes constitucionales que cada uno creía más análogos a la sección en que se hallaba.
Las armas americanas empezaron a triunfar; el orgullo que causa la victoria exaltó las imaginaciones y el celo se convirtió en pasión: desde entonces los hombres que habían inflamado el odio contra los españoles, creyeron que para difundir el amor a la libertad era preciso propagar principios, que embriagasen a los pueblos con la esperanza de una absoluta democracia. Éste fue en aquella época un error excusable, porque hay circunstancias en las cuales no se pueden cometer sino faltas. La fortuna en los primeros combates, fue por decirlo así, el vehículo de aquellos principios: bien presto se sintió su efecto: asomó la hidra de la discordia y ya fue preciso combatir a los que peleaban contra la independencia y a los que atacaban la unidad. Unas veces la ambición y otras la ignorancia, levantaban el estandarte seductor de la igualdad mal entendida, contra los verdaderos intereses de la independencia proclamada".
Informa cuál era la situación en el virreinato del Perú: "Todo el continente había probado las vicisitudes de esta doble lucha con excepción del antiguo virreinato del Perú donde el despotismo conservaba el apoyo de la fuerza y con un triple muro de cadalsos impedía la entrada al espíritu de insurrección. La sangre y los tesoros de la tierra del sol, se empleaban para apagar la llama sagrada, que había encendido el amor a la independencia; y desde el Ecuador hasta el Río de la Plata, el nombre de la capital de Lima hacía estremecer de indignación a los que habían tomado las armas, no para vengar sus propios ultrajes, sino los de toda la gran familia americana. Sin embargo, los habitantes del Perú en general estaban ya animados del mismo sentimiento: sus opresores lo habían difundido a fuerza de contrariarlo. Cada proclama en que proscribían los nuevos principios, servía para hacerlos abrazar a los que no habían reflexionado sobre ellos. Todos querían la independencia de los que se creían llamados a dirigir esta obra, después de haber oído por el espacio de diez años defender con ardor e impugnar a sangre y fuego la libertad y la igualdad, esperaban con impaciencia el momento de poder rivalizar a los más acalorados defensores del Contrato Social. Tal era el estado político del país en 1820, cuando el ejército unido libertador desembarcó en las costas del Perú y anunció a los españoles que allí estaban los que jamás habían recibido heridas por la espalda. No es mi objeto entrar en los detalles de esta campaña memorable, porque es imposible reducir a un episodio el argumento de un heroico drama. Yo me contraigo por ahora al resultado de sus esfuerzos, que fue la ocupación de Lima en el mes de julio de 1821 y a la parte que desde entonces tuve en el gobierno del Perú".
Advierte la imposibilidad de concretar el autogobierno del pueblo entendido como universalidad de los habitantes: "Las mutuas relaciones que existen entre las varias clases que forman la sociedad del Perú, tocan al máximo de la contradicción con los principios democráticos. La diversidad de condiciones y multitud de castas, la fuerte aversión que se profesan unas a otras, el carácter diametralmente opuesto de cada una de ellas, en fin, la diferencia en las ideas, en los usos, en las costumbres, en las necesidades y en los medios de satisfacerlas, presentan un cuadro de antipatías e intereses encontrados, que amenazan la existencia social, si un gobierno sabio y vigoroso no previene su influjo. Este peligro es hoy tanto más grave, cuanto más se han relajado los miramientos y hábitos que servían de freno a las animosidades recíprocas: ellas serán más vehementes y funestas a proporción que se generalicen las ideas democráticas y los mismos que ahora las fomentan, serán acaso sus primeras víctimas".
En consecuencia, como Echeverría expresa: la libertad y la fraternidad no pueden engendrar la patria, sino a condición de que exista entre todos vuestros compatriotas la más equitativa igualdad de clases. La sociedad dividida por intereses contrapuestos y sectarios no puede dar origen a la voluntad de construcción del destino común si no se pone en práctica otra organización de la cotidianeidad mayoritaria. Monteagudo la enfoca como Estado paternalista para los de abajo y dictatorial con los contrarrevolucionarios. Echeverría como partido político (o institucionalización) abstraído de un programa de lucha desquiciadora del poder económico, excluyente y discriminador.
Con el objetivo de presentar el antagonismo irreconciliable de las clases dominantes y sus partidos de estado (desde el pasado hasta ahora) con los proyectos de los patriotas de la línea de Mayo, comienzo por dos principios de la generación de 1837, los vinculo a las relaciones de poder que se le opusieron para continuar el crecimiento de la desigualdad social y el colonialismo económico. También los conecto a la formulación del desafío contemporáneo de orden civilizatorio y al imperativo de construir instrumentos de Poder real desde la base misma de la sociedad.
1. Asociación, progreso, libertad, igualdad, fraternidad, términos correlativos de la gran síntesis social y humanitaria
A. Proyecto del pensamiento de Mayo
Esteban Echeverría explica, en la primera palabra simbólica «asociación» el objetivo prioritario de la política cuya tradición es Mayo: "Trabajar para que se difunda y esparza entre todas las clases el espíritu de asociación, será poner las manos en la grande obra del progreso y civilización de nuestra patria. Pero no puede existir verdadera asociación sino entre iguales. La desigualdad engendra odios y pasiones que ahogan la confraternidad y relajan los vínculos sociales. Para extender la órbita de la asociación, y al mismo tiempo robustecerla y estrecharla, es preciso nivelar las individualidades sociales, o poner su conato en que se realice la igualdad. Además, para que la asociación corresponda ampliamente a sus fines, es necesario organizarla y constituirla de modo que no se choquen ni dañen mutuamente los intereses sociales y los intereses individuales, o combinar entre sí estos dos elementos: el elemento social y el individual, la patria y la independencia del ciudadano. En la alianza y armonía de estos dos principios estriba todo el problema de la ciencia social(…)".
Se pregunta situándose en tiempos de la contrarrevolución encabezada por Rosas y de la confrontación de unitarios con federales: "¿Cómo reanimar esta sociedad en disolución? ¿Cómo hacer predominar el elemento sociable del corazón humano, y salvar la patria y la civilización? El remedio sólo existe en el espíritu de asociación. Asociación, progreso, libertad, igualdad, fraternidad, términos correlativos de la gran síntesis social y humanitaria: símbolos divinos del venturoso porvenir de los pueblos y de la humanidad.
La libertad no puede realizarse sino por medio de la igualdad; y la igualdad tampoco puede concretarse sin el auxilio de la asociación o del concurso de todas las fuerzas individuales encaminadas a un objeto único, indefinido, el progreso continuo; fórmula fundamental de la filosofía del décimonoveno siglo. Progreso como aquella organización social más perfecta, que ofrezca mayores garantías al desarrollo de la igualdad y la libertad y dé mayor ensanche al ejercicio libre y armónico de las facultades humanas; y como aquel gobierno mejor que tenga más analogía con nuestras costumbres y nuestra condición social.
El camino para llegar a la libertad es la igualdad; la igualdad y la libertad son los principios engendradores de la Democracia. La Democracia es por consiguiente el régimen que nos conviene, y el único realizable entre nosotros.
Preparar los elementos para organizar y constituir la democracia que existe en germen en nuestra sociedad: he aquí también nuestra misión. La asociación de la Joven Generación Argentina, representa en su organización provisoria el porvenir de la nación Argentina: su misión es esencialmente orgánica. Ella procurará derramar su espíritu y su doctrina; extender el círculo de sus tendencias progresivas; atraer los ánimos a la grande asociación nacional uniformando las opiniones y concentrándolas en la patria y en los principios de la igualdad, de la libertad y de la fraternidad de todos los hombres. Ella trabajará en conciliar y poner en armonía el ciudadano y la patria, el individuo y la asociación: y en preparar los elementos de la organización de la nacionalidad argentina sobre el principio democrático. Ella en su institución definitiva, procurará hermanar las dos ideas fundamentales de la época: patria y humanidad, y hacer que el movimiento progresivo de la nación marche conforme con el movimiento progresivo de la grande asociación humanitaria(…)".
Precisa: "Para
que la igualdad se realice,
es preciso que los hombres se penetren de sus derechos y obligaciones mutuas.
La Igualdad
consiste en que esos derechos y deberes sean igualmente admitidos
y declarados por todos, en que nadie pueda substraerse a la acción de la ley que
los formula, en que cada hombre participe igualmente del goce proporcional a su
inteligencia y trabajo. Todo privilegio es un atentado a la igualdad .
No hay igualdad,
donde la clase rica se sobrepone, y tiene más fueros que las
otras.
Donde
cierta clase monopoliza los destinos públicos.
Donde
el influjo y el poder paraliza para los unos la acción de la ley y para los
otros la robustece.
Donde
sólo los partidos, no la nación, son soberanos.
Donde
las contribuciones no están igualmente repartidas, y en proporción a los bienes
e industria de cada uno.
Donde la
clase pobre sufre sola las cargas sociales más penosas, como la milicia, etc.
Donde
el último satélite del poder puede impunemente violar la seguridad y la
libertad del ciudadano.
Donde
las recompensas y empleos no se dan al mérito probado por hechos.
Donde cada empleado es un
mandarín, ante quien debe inclinar la cabeza el ciudadano.
Donde
los empleados son agentes serviles del poder, no asalariados y dependientes de
la nación.
Donde
los partidos otorgan a su antojo títulos y recompensas.
Donde
no tienen merecimientos el talento y la probidad, sino la estupidez rastrera y
la adulación.
Es también
atentatorio a la igualdad, todo privilegio otorgado a corporación civil, militar
o religiosa, academia o universidad; toda ley excepcional y de circunstancias.
La sociedad o el poder que la representa, debe a todos sus miembros igual
protección, seguridad, libertad; si a unos se la otorga y a otros no, hay
desigualdad y tiranía.
La potestad social no es moral ni corresponde a sus fines, si no protege a los
débiles, a los pobres y a los menesterosos, es decir, si no emplea los medios
que la sociedad ha puesto en su mano, para realizar la igualdad.
La igualdad está en relación con las luces y el bienestar de los ciudadanos.
Ilustrar las masas sobre sus verdaderos derechos y obligaciones, educarlas con el fin de hacerlas capaces de ejercer la ciudadanía y de infundirlas la dignidad de hombres libres, protegerlas y estimularlas para que trabajen y sean industriosas, suministrarles los medios de adquirir bienestar e independencia: he aquí el modo de elevarlas a la igualdad.
La única jerarquía que
debe existir en una sociedad democrática, es aquella que trae su origen de la
naturaleza, y es invariable y necesaria como ella.
El dinero jamás podrá ser un título, si no está en manos puras, benéficas y
virtuosas. Una alma estúpida y villana, un corazón depravado y egoísta, podrán
ser favorecidos de la fortuna; pero ni su oro, ni los inciensos del vulgo vil,
les infundirán nunca lo que la naturaleza les negó, capacidad y virtudes
republicanas .
Dios, inteligencia suprema, quiso que para tener el hombre el señorío de la
creación y sobreponerse a las demás criaturas, descollase en razón e
inteligencia.
La inteligencia, la virtud, la capacidad, el mérito probado: he aquí las únicas
jerarquías de origen natural y divino.
La sociedad no reconoce sino el mérito atestiguado por obras. Ella pregunta al
general lleno de títulos y medallas ¿qué victoria útil a la patria habéis
ganado? Al mandatario y al acaudalado ¿qué alivio habéis dado a las miserias y
necesidades del pueblo? Al particular ¿por qué obras habéis merecido respeto y
consideración de vuestros conciudadanos y de la humanidad? Y a todos, en suma,
¿en qué circunstancias os habéis mostrado capaces, virtuosos y patriotas?
Aquel que nada tiene que responder a estas preguntas y manifiesta, sin embargo,
pretensiones y ambiciona supremacía, es un insensato que sólo merece lástima o
menosprecio.
El problema de la igualdad social está entrañado en este principio: "A cada
hombre, según su capacidad; a cada hombre según sus obras" ".
B. Restauración del orden opresor y despótico
"Don
Juan Manuel, como afirma Paso, está emparentado "con el más aristocrático
abolengo español", beneficiario de los repartos de tierras en la
conquista
y base de la clase de ganaderos latifundistas que ya era fuerte en 1810.
Además, habrá que tener en
El circuito principal que se desarrolló en Buenos Aires, fomentado por terratenientes y comerciantes nativos e ingleses, fue el que tenía como unidad de producción a la estancia, gran propiedad territorial, en donde se criaba el ganado vacuno. Este circuito se completaba con los saladeros (grandes establecimientos en donde se mataba a las bestias, se extraía el sebo, se salaba y secaba la
carne y se preparaban los cueros crudos para la exportación) y finalmente con la conexión de los grandes comerciantes, intermediarios de la demandainglesa devoradora de materias primas y exportadora deproductos manufacturados (principalmente telas). Además, elnegocio se completaba con el dominio total de los ingresos de la Aduana de Buenos Aires, que monopolizaba el comercio exterior y cuyos dividendos formaron el grueso de lasganancias de la provincia porteña.
De esta
manera estaba planteada la situación de los hacendados latifundistas de la
campaña bonaerense, que crecieron no sólo en su poder sobre el resto de la
población sino también hegemonizando la
economía
del país, que
Respecto de la dependencia
Aplicación sistemática de penas y torturas (cepo, estaqueamiento, castigos corporales, etc.) a los gauchos que hubiesen cometido "faltas" a juicio del patrón.
Derechos medievales, como el de pernada: "Era la servidumbre, ¡y qué servidumbre! El patrón o sus representantes podían cohabitar con las hijas y hasta con la mujer del desdichado..."
Compulsión legal, teniendo en cuenta que la ley que promulga Oliden,
gobernador porteño, en 1815, es confirmada por el gobierno rosista. Esta
establecía el control riguroso de la
Es
muy frecuente el endeudamiento, típico en la hacienda latinoamericana, por
el cual e peón
La presencia psicológica del paternalismo creaba entre el "padre-patrón" y la peonada un vínculo muy fuerte y duradero, que ataba a los dependientes, incluso bajo la relación de padrinazgo, común en la época entre patrones y primogénitos. El vínculo de fidelidad entre señor y vasallo se asienta tanto en la "dominación tradicional" (porque siempre había sido así) como en la "dominación carismática" (por admiración al "caudillo-héroe").
La inseguridad propia de la frontera y la precariedad de la vida movieron a muchos a subordinarse o "encomendarse" a un vecino poderoso. Como afirma John Lynch:
"Por lo tanto, el estanciero era un protector, dueño de suficiente poder como
para defender a sus dependientes de las bandas merodeadoras, sargentos
reclutadores y hordas rivales. Era también un proveedor, que desarrollaba y
defendía los
recursos locales, y
podía dar
empleo,
Además, si a esta relación patrón/cliente le sumamos la entrega de tierras por acciones militares, podemos ver claramente conformada una relación muy similar a la "feudo-vasallática" europea medieval.
Otra
atadura básica es la fuerza de la costumbre, el "derecho consuetudinario",
que crea en el peón un sentimiento de arraigo a esa tierra que lo vio nacer y
crecer y que le ofrece "todo", ya que el abastecimiento lo consigue
dentro de la hacienda que, aunque "abierta" al mercado
Hay también, en muchos casos, un acceso estable a medios de producción (pequeñas parcelas, algún ganado) y a medios de subsistencia (carne, yerba) dentro de la estancia. Así, puede interpretarse a la jornada del gaucho como una renta en trabajo, que realiza además del trabajo en su pequeña actividad "propia".
Todas
estas características hacen del pago del jornal o "salario"
un dato totalmente subordinado a la coacción extraeconómica: el peón no va a
Se observará que detrás del paternalismo no existió ningún sentido "democrático", ya que no hay ningún reparto de tierras entre los peones ni ningún intento de concederles mayores libertades cívicas: el dudoso derecho al voto oral controlado por los patrones es la máxima libertad otorgada. No debemos olvidar que la rebelión campesina e indígena de 1829 fue utilizada por Rosas para acceder al poder, transformarse en heredero político del dorreguismo y luego eliminarla para restaurar la "disciplina del trabajo".
También merece un párrafo la esclavitud, que siguió manteniéndose, aunque crecieron en cantidad los esclavos libertos, que permanecían en la mayoría de los casos también sometidos a la dependencia personal con aquéllos que habían sido sus amos. Frente a ellos también Rosas desplegará la misma estrategia que con sus peones, al identificarse con sus bailes y sus fiestas, dándole a la ciudad porteña un tinte popular al que no se habrían atrevido los doctores unitarios.
La política indígena
"La
campaña de 1833 constituye el primer eslabón del proceso de exterminio de las
comunidades indígenas libres de la llanura, cuya culminación, la llamada
'conquista del desierto', no fue más que el mazazo definitivo sobre culturas
agotadas y diezmadas después de más de medio siglo de permanentes
conflictos armados.
Fue una campaña que hizo
escuela: ‘A mi
juicio, el
Este comentario sintetiza la acción de Rosas en la campaña de 1833, que tenía como fin la obtención de tierras para alimentar las necesidades de la oligarquía ganadera (...)".
Fuente: http://www.monografias.com/trabajos6/aros/aros.shtml
2. Independencia de las tradiciones retrógradas que nos subordinan al antiguo régimen
Es la décima palabra simbólica del Dogma Socialista
A. Batalla cultural del pensamiento de Mayo por el estar siendo de cada cual y de colectivos
Esteban Echeverría
explica esa décima palabra simbólica:
"Dos ideas
aparecen siempre en el teatro de las revoluciones: la idea estacionaria que
quiere el statu quo, y se atiene a las tradiciones del pasado, y la idea
reformadora y progresiva; el régimen antiguo y el espíritu moderno. Cada una de
estas dos ideas tiene sus representantes y sectarios, y de la antipatía y lucha
de ellos, nacen la guerra y los desastres de una revolución. El triunfo de la
revolución es para nosotros el de la idea nueva y progresiva; es el triunfo de
la causa santa de la libertad del hombre y de los pueblos. Pero ese triunfo no
ha sido completo, porque las dos ideas se hostilizan sordamente todavía; y
porque el espíritu nuevo no ha aniquilado completamente al espíritu de las
tinieblas.
La generación americana lleva inoculados en su sangre los hábitos y tendencias de otra generación. En su frente se notan, si no el abatimiento del esclavo, las cicatrices recientes de la pasada esclavitud. Su cuerpo se ha emancipado, pero su inteligencia no. Se diría que la América revolucionaria, libre ya de las garras del león de España, está sujeta aún a la fascinación de sus miradas y al prestigio de su omnipotencia. La América independiente, sostiene en signo de vasallaje, los cabos del ropaje imperial de la que fue su señora, y se adorna con sus apolilladas libreas. ¡Cosa monstruosa! ¡Una virgen llena de vida y robustez, cubierta de andrajosos harapos: la democracia engalanada con los blasones de la monarquía y la empolvada cabellera de la aristocracia; un siglo nuevo embutido en otro viejo; un joven, caminando al paso de la decrepitud; un cadáver y un vivo cubiertos de una misma mortaja; la América revolucionaria, envuelta todavía en los pañales de la que fue su madrastra!Dos legados funestos de la España traban principalmente el movimiento progresivo de la revolución americana: sus costumbres y su legislación.
Un orden político nuevo
exige nuevos elementos para constituirlo.
Las costumbres de una sociedad fundada sobre la
desigualdad de clases, jamás podrán fraternizar con los principios de la
igualdad democrática.
La España nos dejó por herencia la rutina, y la rutina no es otra cosa en el orden moral, que la abnegación del derecho de examen y de elección, es decir, el suicidio de la razón; y en el orden físico, seguir la vía trillada, no innovar, hacer siempre las cosas en el mismo molde, ajustarlas a la misma medida; y la democracia exige acción, innovación, ejercicio constante de todas las facultades del hombre, porque el movimiento es la esencia de su vida.
La España nos imbuía en el dogma del respeto ciego a la tradición y a la autoridad infalible de ciertas doctrinas; y la filosofía moderna proclama el dogma de la independencia de la razón y no reconoce otra autoridad que la que ella sanciona, ni otro criterio para decidir sobre principios y doctrinas, que el consentimiento uniforme de la humanidad.
La España nos recomendaba respeto y deferencia a las opiniones de las canas, y las canas podrán ser indicio de vejez, pero no de inteligencia y de razón.
La España nos enseñaba a ser obedientes y supersticiosos y la democracia nos quiere sumisos a la ley, religiosos y ciudadanos.
La España nos educaba para vasallos y colonos, y la patria exige de nosotros una ilustración conforme a la dignidad de hombres libres.
La España dividía la sociedad en cuerpos, jerarquías, profesiones y gremios y ponía al frente de sus leyes, clero, nobleza, estado llano o turba anónima; y la democracia, nivelando todas las condiciones, nos dice: que no hay más jerarquías que las que establece la ley para el gobierno de la sociedad; que el magistrado fuera del lugar donde ejerce sus funciones, se confunde con los demás ciudadanos; que el sacerdote, el militar, el abogado, el comerciante, el artesano, el rico y el pobre, todos son unos; que el último de la plebe es hombre igual en derechos a los demás y que lleva impresa en su frente la dignidad de su naturaleza; que sólo la probidad, el talento y el ingenio engendran supremacía; que el que ejerce la más ínfima industria, si tiene capacidad y virtudes, no es menos que el sacerdote, el abogado u otro que emplea sus facultades en cualquiera otra profesión; que no hay profesiones unas más nobles que las otras, porque la nobleza no consiste en vestir hábito talar, o en llevar tal título, sino en las acciones; y que, en suma, en una sociedad democrática sólo son dignos, sabios y virtuosos y acreedores a consideración, los que propenden con sus fuerzas naturales al bien y prosperidad de la patria.
Para destruir estos
gérmenes nocivos y emanciparnos completamente de esas tradiciones añejas,
necesitamos una reforma radical en nuestras costumbres; tal será la obra de la
educación y las leyes.
Una legislación semibárbara, dictada en tiempos
tenebrosos por el capricho o la voluntad de un hombre, para escuchar los
intereses y afianzar el predominio de ciertas clases; una legislación hecha, no
para satisfacer las necesidades de nuestra sociedad, sino para robustecer la
tiranía de la metrópoli; una legislación destinada a los colonos y vasallos, no
a ciudadanos; una legislación que eterniza los pleitos y diferencias, causando
la ruina de los particulares y del Estado; que abre ancho campo a la mala fe y
los abusos; que da margen a las cavilaciones de una jurisprudencia oscura y
vacilante, erizada de argucias escolásticas; una legislación, en suma, que no
tiene raíz alguna en la inteligencia de la nación y que mina por el cimiento los
principios de la igualdad y la libertad democrática, jamás podrá convenir a la
América independiente.
Nuestra legislación debe
ser parto de la inteligencia y costumbres de la nación.
Educar al pueblo,
morigerarlo, será el modo de preparar los elementos de una legislación adecuada
a nuestro estado social y a nuestras necesidades.
La obra de la legislación es lenta, porque las
costumbres no se modifican de un golpe.
Las leyes influyen sobre manera en la mejora de las
costumbres. Cuando las leyes son malas, las costumbres se depravan; cuando
buenas, se mejoran.
Los vicios de un pueblo están casi siempre entrañados
en el fondo de su legislación. La América lo atestigua. Las costumbres
americanas son hijas de las leyes españolas.
Nuestras leyes positivas deben estar en armonía con
los principios de derecho natural. Jus privatum latet sub tutela juris
publici
39. Porque así como la razón es el fundamento de todos los derechos,
la ley natural es la regla primitiva y el origen de todas las otras leyes.
Ellas serán personales, o igualmente obligatorias
para todos. La fuerza de la ley no consiste sino en que ella recaiga sobre
todos.
Ellas fijarán a cada ciudadano los límites de sus
respectivos derechos y obligaciones, y les enseñarán lo útil o nocivo a su
interés particular y al colectivo de la sociedad.
Si la ley debe ser una para todos, ninguna clase
civil, militar o religiosa tendrá leyes especiales, sino que estará sujeta a la
ley común
40.
A la realización de estos principios deben
encaminarse las miras de nuestros legisladores.
Un cuerpo completo de leyes americanas, elaborado en
vista del progreso gradual de la democracia, sería el sólido fundamento del
edificio grandioso de la emancipación del espíritu americano. (...)
Política,
filosofía, ciencia, religión, arte, industria, todo deberá encaminarse a la
democracia, ofrecerle su apoyo y cooperar activamente a robustecerla y
cimentarla.
En el desarrollo natural, armónico y
completo de estos elementos, está enumerado el problema de la emancipación del
espíritu americano
(...)".
B. Desafío transformador de la sociedad actual es de orden civilizatorio
Isabel Rauber (Rebelión) caracteriza:
"Nuevo tipo de militancia
"Las nuevas prácticas políticas emergidas con fuerza desde las resistencias y luchas de los movimientos sociales han conformado una nueva militancia: capaz de concertar voluntades diversas y dispersas, de dedicar parte de su tiempo a tareas de capacitación para que las mayorías puedan participar con protagonismo creciente desplegando al máximo sus potencialidades. Se trata de una militancia consecuente con las propuestas que levanta, impuesta de que los desafíos socio-transformadores no son tarea de élites mesiánicas, sino que reclaman la participación protagónica plena de las mayorías conscientes. Esto habla de diversidades que habrán de articularse y conjugarse, de pluralidad de cosmovisiones, de horizontalidad en las interrelaciones y miradas, de un nuevo tipo de organización y poder que se construye desde abajo, con el protagonismo de los tradicionalmente considerados de abajo.
Esto modifica de raíz lo que hasta ahora se suponía era la “razón de ser” y actuar del militante: llevar las ideas y propuestas del partido hacia el pueblo y sus organizaciones, aceptando la hipótesis de que la misión histórica de las masas populares es la de organizarse para actuar como “fuerza material” capaz de realizar (materializar) el programa elaborado por el partido político (auto)considerado vanguardia.
La creciente movilización social y política de amplios sectores y actores sociales ha ampliado el ámbito de los político, modificado el accionar político y sus modos y, consiguientemente, llama a modificar la concepción de la militancia y sus modalidades de actuación política, generalmente centrada en la asistencia a las reuniones partidarias periódicas, en el análisis de documentos internos, en disputas domésticas, en debatir su perspectiva en los congresos, etc. Sin objetar estas actividades, está claro que resultan insuficientes y confinadas al “internismo”.
El desafío socio-transformador actual es civilizatorio. Construir una nueva civilización es una tarea de gran magnitud para la que no alcanza la movilización de los activistas, requiere de la participación y creatividad de millones. A ello pueden contribuir todos aquellos que se van comprometiendo con la actividad sociopolítica y también los intelectuales orgánicos. Esto reclama desarrollar sostenidamente prácticas democráticas, horizontales y participativas en lo que se va construyendo, en el pensamiento y en la acción.
Se trata de ir configurando en las prácticas una pedagogía de la nueva praxis política, aportando valiosos ejemplos para la conformación de un nuevo tipo de militancia: solidaria, autónoma, consciente, responsable, participativa, constructora y concertadora de la participación desde abajo, en sus comunidades, con sus compañeros/as en su sector de trabajo, en el campo, en la universidad, en el ámbito sociocultural donde actúe, en la vida familiar, y en la organización social o política en la que participe. En sus alforjas inspiradoras cuenta con los aportes de la educación popular, cuyos principios y concepción fecundan el pensamiento y las prácticas colectivas de la transformación social. Es lamentable que todavía se halle tan disociada de las prácticas políticas de la izquierda. Ello evidencia, de hecho, la sobrevivencia de la cultura vanguardista.
Es tiempo de que la izquierda partidaria y su militancia pongan fin a su distanciamiento jerarquizado respecto de los sectores sociales populares; es vital suprimir las famosas "correas de transmisión" y sustituirlas por el diálogo permanente, el aprendizaje mutuo, la horizontalidad en las decisiones y el control popular.
Para decirlo de un modo comprensible para todos/as: la izquierda tendría que realizar una autotransformación homóloga a la ocurrida en la Iglesia Católica cuando el Concilio Vaticano II. Allí se explicitó que “la Iglesia” no radicaba en el edificio del templo, sino en el pueblo de Dios, y se les dijo a los curas que había que salir de los claustros, llegar al pueblo y convocarlo a construir lo que sería entonces “su” iglesia. Esto implicó para los sacerdotes desde cambios en su indumentaria (sacarse la sotana distanciadora), hasta modificaciones en su forma de practicar su religión: salir a buscar y escuchar al pueblo, convivir con la población donde quiera que ella estuviese y fuese.
Aquel impulso cristiano sustentó prácticas comprometidas de curas y mojas militantes, abrió las puertas a los llamados “curas del Tercer Mundo” y la “Teología de Liberación”. Si resultó luego mediatizado, relegado y hasta perseguido por sectores retrógrados de la institución religiosa fue precisamente porque la experiencia fue un éxito en relación con los objetivos.
Si la izquierda partidaria y su militancia hicieran “su concilio” abriéndose hacia los pueblos, cambiando su lógica y sus prácticas, tomando como punto de partida las realidades socioculturales de los pueblos, asimilando y aceptando su diversidad de identidades y cosmovisiones, apuntalando sus prácticas, impulsando la maduración de pensamientos liberadores y de liberación, contribuiría a un cambio cultural y político colectivo radical y revolucionario. Sería razón suficiente".
Fuente: www.rebelion.org /Otro mundo es posible/ 14-06-2010
En consecuencia, construimos democracia asumiendo Mayo cuando expandimos la comunicación social y la profundizamos hasta convertirla en vínculos de confianza mutua y de búsqueda conjunta de proyectos en común, de desarrollo cotidiano más representativo de nuestra diversidad popular. Cuando ejercemos la optimización de la comunicación social en nuestra actividad a fin de democratizar a esta última o responsabilizarnos por implicar la humanidad de cuantos están involucrados en dicha actividad y por la incidencia de ésta en la sociedad, etc.
III.
PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS
Tengamos en cuenta las reflexiones del filósofo y ensayista cubano respecto a cómo se ha constituido la unidad de voluntad socialista del pueblo cubano pese a la diversidad de intereses contrapuestos de sus componentes.
En la revista Sudestada, Hugo Montero entrevista a Fernando Martínez Heredia. Pregunta: “-Usted hace un tiempo atrás escribió que en la Isla "se libra una sorda y gigantesca guerra cultural entre los valores del socialismo y los que sólo encontrarían satisfacción en un regreso al capitalismo". ¿Cómo se manifiesta esa guerra cultural en la vida cotidiana?
-Sí, decía y sostengo que hay una pugna entre el capitalismo y el socialismo y no personificada. Es decir, no es que hay un sector identificable como persona o como grupo, pero sí que hay relaciones sociales, representaciones de grupos sociales y valores que están a favor del capitalismo en Cuba y otros que están a favor del socialismo. A mí lo que más me preocupa es que hay personas que creen ser socialistas y colaboran con el paso del capitalismo y esto tiene que ver con el hecho de que el socialismo tiene que ser una nueva cultura. El socialismo no es una oposición del capitalismo meramente, debe ser diferente. La dominación capitalista puede ser brutal y lo demuestra fácilmente; puede ser sutil y lo demuestra fácilmente también; pero la dominación entre nosotros no desaparece porque el poder sea popular, sólo en una sociedad sin clases, sin intereses contrapuestos, sin Estado y por lo tanto a nivel mundial, podría existir una situación así, y no estamos en esa situación. Por esto es que Carlos Marx se planteaba: "Nosotros podemos derrotar al capitalismo de modo conceptual en un momento, fácilmente, pero el triunfo práctico del comunismo va a necesitar una época histórica muy prolongada y angustiosa". (...)
A mi juicio, lo que predomina son tres saberes populares: Uno, si nosotros nos debilitamos y cambiamos de régimen, perdemos soberanía nacional, y eso un componente de la vida espiritual de los cubanos, no sólo política, que tiene más de un siglo. Por eso los llamados "disidentes" están perdidos, nadie acepta eso espiritualmente. Dos, si vuelve el capitalismo a Cuba, la mayoría de la población va a sufrir enormemente. Mira, la mayoría de la población de muchos países sufre enormemente, pero no sabe las causas de ese sufrimiento, así ha sido siempre. En Cuba no, y ahí caemos en el primer elemento positivo que tiene Cuba que es el nivel de conciencia política de su pueblo, probablemente sea el más alto del mundo. Uno entiende todo, si vuelve el capitalismo la mayoría de nosotros, va a salir perdiendo y mucho, materialmente, moralmente, espiritualmente, porque además cuando yo sé que he logrado que todos nosotros tengamos tanto, sé que los me lo quitan son una minoría explotadora y dominadora, y eso es insoportable...Tres, el régimen que nosotros tenemos es capaz de mantener las conquistas de la revolución, y eso es lo que da la aprobación(...)".
Veamos: ¿cómo los intelectuales de Carta Abierta se oponen -conciente o inconcientemente- a que la diversidad popular se haga cargo de su destino común y cómo desde abajo se libra batalla cultural contra dicha construcción de un imaginario social de conciliación con el capitalismo?
Los intelectuales de Carta Abierta no han deconstruido su pertenencia a las capas medias ni su formación cultural y por eso, son funcionales al poder político-económico de las transnacionales y sus socios locales. Lo ejemplifica Ricardo Forster en su visión de «pueblo» y en su interpretación de:
1. La aparición del pueblo o la transfiguración de la multitud invisible en pueblo del Bicentenario
"El pueblo del Bicentenario
1. Los días argentinos no dejan de sorprendernos. Lo esperado y el azar se entrelazaron para devolvernos la imagen de una historia abierta, compleja, laberíntica, tumultuosa y aluvional. De a centenares de miles, viniendo de todas partes, cruzando las fronteras que separan la ciudad de los suburbios, subiéndose a colectivos y trenes, a subtes y autos o simplemente caminando para apurar las cuadras que los separaban de un centro que, por cuatro días de una intensidad increíble, se reencontró con su pasado mítico, con sus leyendas de arrabales tangueros y de marchas obreras, la multitud invisible se transformó en el pueblo del Bicentenario. Vinieron de esas geografías tematizadas como zonas del peligro, sortearon las prevenciones y los prejuicios de todos aquellos que asimilan masas andantes con disturbios y criminalidad, con violencia y agresión. Multitud abigarrada y festiva, colectivo social multiplicado en millones de personas que manifestaron con alegría y serenidad, que gozaron y cantaron, que bailaron y conversaron, que miraron y preguntaron, que se emocionaron y se sorprendieron. Todos, cada uno de nosotros, fuimos sintiendo la potencia de la transfiguración; pudimos percibir que algo inusual y extraordinario estaba sacudiendo las entrañas de un país siempre anómalo y extraño pero siempre intenso y desafiante.
La ciudad se abrió y los cuerpos se movieron con libertad desprendiéndose de los miedos impuestos, de esos trazos de ficción mediática que apabullaron desde pantallas y rotativas la cotidianidad de los argentinos hasta construir la imagen de una sociedad en estado de guerra y de intemperie, asolada por la inseguridad y prisionera de una violencia autodestructiva que, siempre, asumía el rostro del oscuro habitante de esos arrabales transformados, gracias a las retóricas del amarillismo y el racismo, en las zonas del mal. Desde allí vinieron de a miles y miles desmintiendo, como lo han hecho en otras ocasiones memorables de nuestra historia, a quienes, desde el desdén y la más cruda violencia del lenguaje discriminador, no se cansaron de repetir que los mueve el clientelismo y el choripán, la promesa de alguna dádiva o la obligación de no quedar mal con el puntero del barrio. Los velos se cayeron, se derrumbó el discurso hegemónico y monocorde de la corporación mediática. Estalló en mil pedazos la palabra “crispación”. Y las calles del centro mutaron en calles de fiesta y regocijo, de asombro y participación.
Así de simple y de complejo... la multitud, los negros de la historia, los incontables, los que pujan desde el fondo de los tiempos por el reconocimiento y la igualdad hicieron acto de presencia y lo hicieron transformando durante cuatro días a Buenos Aires en una magnífica alquimia de ágora y carnaval, de imágenes monumentales desplegadas sin medir riesgos estéticos por la fuerza bruta de la invención artística y la inquieta interrogación por aquello del pasado que sigue insistiendo en el presente. Fue alegría compartida y conmoción ante los dolores y los horrores de nuestra historia, que también estuvieron allí, sin ocultamientos ni narraciones edulcoradas. Y estuvieron junto a las clases medias de los barrios porteños y del Gran Buenos Aires desmintiendo la lógica de los abroquelamientos y los muros invisibles que se fueron levantando utilizando los recursos culturales de medios de comunicación atravesados de lado a lado por la retórica de la ciudad neoliberal, privatizada y fragmentada, de esa que vivió de rapiñar el espacio público poniéndolo a su servicio. Los cuerpos se mezclaron, lo individual y lo colectivo se entrelazaron al riesgo de romper prejuicios y paradigmas dominantes, como recordando otras ciudades en la ciudad del Bicentenario (ciudades de los conventillos y de las esperanzas, de caminatas míticas narradas por la literatura de Borges y Marechal, de Martínez Estrada y Cortázar, de Sabato y Oesterheld, de alquimias de poetas y de vagos, de movilizaciones populares y de tozudas resistencias, de tardes futboleras y de antiguas devociones barriales... ciudades escritas con la diversidad de mil escrituras por sus habitantes que, como si hubieran venido de todos lados y de todas las épocas, se reunieron para recobrarse y mirarse a los ojos en estos días de mayo).
2.Allí, en la ciudad libre y lúdica, tumultuosa y festiva, no estuvo la “gente”, ese nombre forjado para excluir e invisibilizar al otro, para restarle su humanidad transformándolo en una amenaza o en la plebe oscura y sin nombre. La “gente” quedó atragantada en la garganta de aquellos periodistas formateados para diferenciar a los lindos de los feos, a los limpios de los sucios, a los ciudadanos que se manifiestan espontáneamente de los oscuros objetos del clientelismo o del piqueterismo.
Allí hubo pueblo, diverso y múltiple, portador de lenguas y tradiciones, amalgama de lo distinto y de lo semejante, tumulto de colores y de grafías. Pueblo que recuperaba sueños olvidados, que se dejaba agasajar después de tantas frustraciones y que rompía en mil pedazos el discurso que nos enseñó a establecer una brutal equivalencia entre multitud y homogeneidad, entre pueblo y monotonía autoritaria, entre la masa oscura y las personas pensantes y autónomas. No estuvo un pueblo bucólico, ni un pueblo virginal. No hubo ni hay pueblo puro. Hay luces y sombras danzando a contraluz de la historia argentina como esa que pudimos ver desfilar entre vanguardismos estéticos, giros brechtianos y arquitecturas monumentales que cruzaban, de un modo desafiante, lo artístico y lo político.
Allí estuvo el pueblo de la independencia y el de las dictaduras, el de los anarquistas soñadores y el de la locura especulativa, el de la Constitución quemada y el de la fiesta democrática, el del dolor inconmensurable de las Madres, el del infinito reclamo de justicia y memoria y el de los silencios resignados. Pueblo manchado y vital. Como si en los claroscuros de la historia, en el interior de sus pasadizos secretos, la palabra pueblo pudiera narrar lo mítico y lo soñado, lo esperado y lo perdido, la fuerza del acontecimiento que parte aguas y la monotonía de los tiempos de la resignación y el olvido. El pueblo es, también, lo que bordea el peligro, lo que a veces se aventura detrás de lo inesperado que brota haciendo saltar los goznes de una realidad enturbiada y estancada. Otras veces ese nombre fue pronunciado, y algo de eso se contó en los muros del Cabildo y en las avenidas capturadas por el desfile de las carrozas y la contemplación entre deslumbrada y fervorosa de la multitud, para legitimar las páginas más ignominiosas. El pueblo es movimiento, mutación, herencia y memoria, es cuerpo sobre el que las escrituras de la historia van dejando sus huellas indelebles aunque se las intente borrar.
Pero el pueblo es también el giro de los tiempos que interpela siempre de un nuevo modo aquello que lo constituyó. Cada generación reinterpreta el pasado de acuerdo a sus necesidades, a sus prejuicios y a sus ensueños de aquello siempre esperado como reparación y oportunidad convirtiéndolo en fuerza vital y en actualidad, dándole sentidos tal vez impensados en otras encrucijadas de nuestra historia. Como si algo de lo excepcional se hubiera derramado sobre este presente para iluminar de otro modo nuestra travesía como nación. Como si eso inimaginado se hubiera encontrado con ese sujeto olvidado y ninguneado produciendo un acontecimiento sobre el que todavía no alcanzamos a descifrar su proyección. Intuimos que lo desplegado en estos últimos años, aquello que fue invirtiendo la marcha decadente y brutal de una Argentina que había sido capturada por la cultura del egoísmo y la especulación del capitalismo neoliberal, tuvo mucho que ver en las jornadas multitudinarias del Bicentenario. Como si lo inaugurado otro 25 de mayo, pero de 2003, con sus intensidades y sus dificultades, con sus apuestas riesgosas, sus aciertos y sus errores, hubiera encontrado el difícil camino que nos fue llevando, tal vez sin preverlo ni imaginarlo de este modo y con tal magnitud, a la reaparición del pueblo.
Una reaparición que se vincula directa y decisivamente con el también arduo ejercicio de rescatar a la política de su envilecimiento, de volver a ponerla en el centro de lo democrático como un instrumento sin el cual las sociedades quedan prisioneras de los arbitrios de las “gestiones empresariales” y de los tecnócratas del establishment. La política como lugar del litigio por la igualdad y como lengua que se instala para desmentir las falsas e ilusorias retóricas de la unidad y del consenso que suelen ocultar la perpetuación de las injusticias y las desigualdades.
Porque este 25 de mayo no es apenas un acontecimiento festivo, un baile de máscaras sin rostros por detrás. Es, ha sido, la emergencia de una posibilidad que parecía saldada o extraviada, la posibilidad de situar lo político en el corazón de la democracia sin renunciar a dar la batalla por la distribución de la riqueza, la refundación del Estado, la recuperación imaginativa del espacio público, la reparación de las injusticias del pasado en los tribunales del presente y de inscribir este tiempo argentino en nuestro muchas veces olvidado destino sudamericano.
Hemos sido testigos y partícipes de días luminosos. Días irrepetibles, únicos, que dejarán su impronta en lo por venir. Días que nos desafían y nos ofrecen el raro privilegio de ser actores de la historia, de esa misma cargada de fantasmas que fueron convocados por el arte y la política, que estuvieron en esa maravillosa galería de los patriotas latinoamericanos, que pasearon entre nosotros bajo los rostros de José Martí, del Che, de Emiliano Zapata, de Túpac Amaru, de Artigas, de Evita, de Allende, de Sandino, de Bolívar, de San Martín y de tantos otros que hacen a la memoria y a la trama subterránea de un continente caliente, desmesurado y libertario. Días del pueblo que dibuja los trazos de una Argentina que quiere ir en busca de la igualdad, la libertad, la justicia y la fraternidad. Algo de eso pudimos sentir en la piel, en el corazón y en la reflexión mientras, como escribió Elías Canetti en la encrucijada de otra historia, nos dejamos llevar por el vértigo y la fiesta de lo colectivo".
* Filósofo, profesor e investigador de la UBA. Fuente:http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-146644-2010-05-30.html
2. El 2001-2002 como antipolítica de las clases medias y naturalización neoliberal al igual que ante la 125
Patria Grande
entrevista a
Ricardo Forster y consideremos sólo las
referencias al 2001 para comprender qué entiende por «pueblo»:
PG –¿Cómo evolucionó la crisis de
representación política desde 2001 hasta hoy?–RF:
La crisis de 2001 fue claramente la crisis del modelo de los ’90, que se llevó
puesta a las formas tradicionales de representación política, no solamente de
los partidos, sino también de otras instituciones claves del orden republicano,
como la Justicia por ejemplo. Desde el 2003,
desde la presidencia de Kirchner ha habido un proceso complejo, contradictorio,
para la recuperación de lo político y también de la legitimidad institucional, y
hoy nos encontramos frente a un Poder Ejecutivo, un Poder Judicial y un Poder
Legislativo en condiciones más favorables que las de 2001, absolutamente
atravesadas por el descrédito y la falta de legitimidad.
Queda claro, incluso que a partir de la crisis de la Resolución 125 el propio
Congreso asumió un papel que pone en evidencia que hoy juega un rol
políticamente distinto al que jugó en los años ’90, incluso durante el primer
período de la presidencia de Kirchner.
Esto implica una mayor
movilidad del debate político, una mayor participación de las bancadas
parlamentarias, sin que esto garantice, por supuesto, que estemos frente a una
democracia más intensa y más interesante.
Es decir, lo que se puso de
manifiesto en el 2001 fue un vaciamiento de la política y más que una
insurrección popular de carácter democrático progresista, por llamarlo de alguna
manera, terminó expresando un fondo fuertemente antipolítico de las clases
medias. Lo que se puso
genéricamente en cuestión fue la idea misma de lo político como artesanía
indispensable para la construcción de un proyecto democrático en la sociedad
argentina. Independientemente de que, por supuesto, hubo algunas manifestaciones
interesantes ligadas a sectores populares, a lógicas de asamblea, pero mirado
retrospectivamente el 2001, lejos de ser la apertura hacia una redefinición del
movimiento democrático popular,
puede ser leído como el
punto de saturación de la tendencia antipolítico y de la naturalización
neoliberal que identificaba la política de partidos con la corrupción y que
pedía una política de gramática empresarial.
Algo de eso vuelve
a aparecer en el 2008, en el interior del conflicto con las patronales
campestres, donde nuevamente sectores de las clases medias y de las
corporaciones mediático-económicas operan con ese recurso: la política asociada
al delito, a la corrupción, al gesto de hacer caja, y la necesidad de buscar
formas antipolíticas en el interior de lo político.
Me parece que uno de los méritos del gobierno de Kirchner fue recuperar lo
público entramado con lo político y señalando que la escena democrática es una
escena atravesada por el conflicto, con proyectos antagónicos, con ideas de
Estado y de Sociedad que no se corresponden con una idea de consenso vacía y
ligada a la lógica de directorio de empresa. En ese sentido el kirchnerismo
operó reinstalando la relación entre conflicto y democracia y lo que implicó
inmediatamente es una cierta recuperación de la dimensión política y, por lo
tanto, del espacio público y del ámbito de lo público como lugar de
confrontación de modelos o proyectos diversos.
Sigue existiendo en amplios sectores urbanos medios esta tendencia ligada a la naturalización del modelo liberal de los ’90, a la idea del ciudadano consumidor, vinculada a las retóricas empresariales, a los discursos de la eficiencia, y que también se asocia y entra en alianza con los dispositivos del miedo, vinculados a las políticas de seguridad y a los reclamos de mano dura y a la idea de una sociedad que está fragmentada y que, en esa fragmentación, lo que hay que hacer es proteger a los ciudadanos legítimos del avance de sectores anónimos, de personajes oscuros, proviniendo de los mundos villeros que están en condiciones de amenazar la vida y los bienes de los ciudadanos honestos. Allí también hay una política del miedo, de horadación del poder legítimo, de la reconstrucción de las fuerzas legales policiales y, por supuesto, detrás un discurso de dispositivos de clase fascista que operó muy fuertemente en el conflicto con el campo, y que sigue subyaciendo y que está allí, y que atraviesa los discursos de los medios de comunicación, sobre todo de los medios más concentrados, como el grupo Clarín y el diario La Nación.
En este momento nos encontramos ante
circunstancias distintas, por un lado un gobierno que tiene una capacidad de
acción llamativa respecto de otras experiencia democráticas, pero que no ha
querido o no ha sabido o no ha podido construir a la par base de sustentación
social y política, más bien nos encontramos con una fuerza política interesante
pero que opera de una manera encriptada o tomando decisiones en ámbitos muy
reducidos y pensando la política desde la lógica de los acuerdos de aparatos más
que a partir de una lógica de la movilización popular. Aquí hay una de las
grandes debilidades de este momento histórico. Se han logrado cuestiones
importantes, la última, la reestatización del Sistema Jubilatorio, implica no
sólo la cuestión previsional, sino la posibilidad de discutir enteramente todo
el modelo económico, político y simbólico heredado de los ’90; es como si
pudiéramos correr en un velo y comenzar a resquebrajar lo que había sido
naturalizado en el interior de la sociedad: el papel del individuo, la cuestión
de las relaciones entre las personas, la solidaridad, la función del Estado, es
decir, todo aquello que el neoliberalismo redujo a prácticas del mercado y
redujo a una lógica de puro individualismo, el debate en torno a las AFJP
hubiera permitido –creo que en parte el gobierno no supo hacerlo- abrir este
debate, profundizarlo, radicalizarlo, señalar la estafa de este sistema, pero
también interrogando en torno a qué tipo de sociedad, a qué tipo de Estado, a
qué tipo de política. Creo que esta es una deuda no resuelta todavía y quizás
sea la zona más débil de un gobierno que, insisto, sigue teniendo una capacidad
de acción que sorprende, porque uno imaginaba que la derrota en el Senado con el
voto no positivo de Cobos hubiera generado una cierta parálisis, o incluso una
salida claramente de plegamiento o conservadora, y no ha sido así. Ha sido una
salida ligada a la estatización de Aerolíneas, a las jubilaciones móviles, a la
apuesta de la reestatización jubilatoria, a seguir insistiendo con la política
latinoamericana, posicionarse frente a la crisis del capitalismo internacional
de una manera al menos interesante para lo que es un bloque que podríamos llamar
desarrollista burgués en sus intenciones; estamos frente a un bloque popular
democrático, por más que haya algunas intenciones, en algún momento eso parecía
como posible, o quizás pueda ser posible en un futuro, lo cierto es que ahora
nos encontramos con un gobierno democrático, legítimo, que tiene raíces
peronistas y que está vinculado a una ideología nacional desarrollista que, de
alguna manera, o desconfía o no sabe cómo generar entusiasmo en los sectores
populares. Creo que allí hay una de las grandes debilidades.
PG – Entonces
¿qué debieran hacer los sectores populares progresistas que frente a este
gobierno tienen un montón de expectativas pero que lo que se les propone es el
PJ? ¿qué opción les queda?
RF – Uno puede
entender, hasta cierto punto y con cuidado, la estrategia de Kirchner de
apoyarse en el PJ de cara a las elecciones del 2009, puede entenderlo en el
sentido del ajedrez político, de las estrategias electoralistas, de la
dificultad que implica una derrota electoral en 2009, y de la falta de
creatividad que hasta ahora ha demostrado la posibilidad de conformar un espacio
más amplio, con fuerzas democrático populares que pudieran no sólo ser laterales
al PJ sino que fuesen también dadoras de consenso social importante. Creo que
los movimientos sociales también alcanzaron un cierto techo y que tienen que
redefinir sus prácticas y repensar su relación tanto con el mundo popular como
con el gobierno, es decir, de qué manera mantienen una posición de apoyo pero al
mismo tiempo capaz de recuperar tradiciones críticas, autónomas, sobre todo
cuando no terminó de funcionar, o quedó más o menos en el olvido, la idea de la
transversalidad, la construcción de frentes más amplios, en el que diversas
expresiones y tradiciones político democrático populares se expresaran respecto
al gobierno. De lo que se trata es de seguir trabajando dentro de las
organizaciones populares, barriales, sindicales, territoriales, culturales. Es
importante seguir insistiendo de cara al gobierno con esto que yo llamaría la
puesta en evidencia de que, en última instancia, sin sostén social y popular el
gobierno no terminará nunca de ir hacia un lugar interesante, quedará siempre a
medio camino y seguramente los sectores concentrados del poder económico y
mediático, con enorme capacidad destituyente, van a seguir insistiendo por
distintos lugares; como lo hicieron en el conflicto por la Resolución 125, lo
hicieron –pero ya más debilitados- con la cuestión de las AFJP, lo hacen con el
tema de la seguridad, intentan mini golpes de mercado en medio de una crisis
colosal del sistema financiero tratando de que el dólar se dispare. No lo logran
porque, evidentemente, estamos frente a un gobierno que tiene recursos y una
capacidad de acción como no tuvo ningún gobierno democrático desde el 10 de
diciembre del ’83.
Este es el primer gobierno
democrático que, frente al poder económico, al menos tiene una capacidad como
para pararse firmemente y construir políticas que no sean de plegamiento de un
mínimo proyecto progresista para la sociedad argentina.
Esto es rescatable, es importante,
por eso muchos de nosotros apoyamos sin dudarlo al gobierno durante el conflicto
con las entidades agropecuarias, porque seguimos creyendo que este es un
gobierno que guarda dentro suyo potencialidades y que tiene una empatía con
tradiciones populares históricas y que tiene un carácter nacional y popular,
aunque con muchas deudas, con muchas debilidades, pero también con algunas
fortalezas interesantes.
A veces los movimientos populares se van construyendo a partir de una dinámica de la historia que no puede ser definida desde una lógica causal, A entonces B; muchas veces los movimientos populares por la dinámica de la historia sorprenden a los mismos actores y generan condiciones de organización, de resistencia y de avance movilizatorio que el día de ayer parecía que no existían.
Entonces,
por un lado estamos en una
especie de meseta respecto a la capacidad movilizadora de los sectores
populares, problemática, preocupante, porque lo que ha mostrado esta derecha que
se ha reorganizado, y que algunos calificamos como “nueva derecha”, es
que, a diferencia de otras derechas históricas de la Argentina, que más bien
operaban desde las sombras y a través de los aparatos militares o desde los
golpes de mercado, esta nueva derecha tiene también capacidad de
“movilización popular”; el acto de Rosario, el del Monumento a los
Españoles, el apoyo cerrado de la corporación mediática abren la posibilidad de
una oposición política que no sea raquítica en términos de movilización de masas
sino que sea una derecha de masas. Y en el interior de una situación económica
vulnerable, distinta a la del 2006 o a la del 2007, e incluso diferente a la del
2008 hasta que desata la crisis -porque si pensamos que el debate de la
Resolución 125 se hacía pensando que el precio exponencial de los productos
agropecuarios, pero particularmente de la soja, iba hacia el infinito, y ahora
estamos a la mitad y con tendencia decreciente- repartir la torta de la
rentabilidad es muy complejo para un capitalismo depredador como es el
capitalismo argentino. Estamos en el interior, aparte, de una clase burguesa –de
lo que queda de una clase burguesa en la Argentina- que ha sido depredadora, que
ha exacerbado en Argentina las condiciones de la crisis porque “cuanto peor,
mejor” ha sido siempre su discurso, porque le ha permitido concentrar más la
riqueza, concentrar más el poder. Este gobierno tendría que tenerlo claro, hay
algunas medidas interesantes, otras más confusas. Las últimas medidas son
contradictorias, el blanqueo de capitales, blanquear capitales que se han ido
porque están globalizados y porque son parte de la médula ideológico simbólica
del neoliberalismo, imaginando graciosa o inocentemente o ingenuamente, que van
a retornar para apoyar el desarrollo de un esquema productivo que tienda a una
mejor distribución de la riqueza es absurdo. Es más, los años del kirchnerismo
se caracterizaron por algo insólito en la historia contemporánea argentina, que
fue la utilización de los recursos propios para solventar las inversiones
internas, fue el período de mayor inversión de los últimos sesenta años. Lo que
plantea que, en realidad, habría que poner en cuestión esta necesidad
aparentemente absoluta de buscar recursos externos. Es más, si la crisis no nos
ha golpeado brutalmente es porque la Argentina en los últimos años careció de
crédito internacional; si hubiéramos estado en el modo del menemismo, enlazados
con el sistema crediticio internacional, que es una lógica envenenada, la
Argentina de hoy estaría en estado comatoso.
Hay una dinámica un poco extraña del gobierno, que en un artículo definí como
una lógica espasmódica, que a su vez tiene que ver con lo que en alguna Carta
Abierta nosotros definíamos como “el laberinto argentino” y esta suerte
de excepcionalidad argentina, que muchas veces hace que junto a una medida
interesante, que vale la pena apoyar, aparezca otra que al menos es oscura,
medio complicada, indiscernible respecto a los intereses populares.
Creo que estamos frente a esa situación: por un lado medidas más que oportunas e
interesantes, que permiten recuperar alguna confianza; y por otro lado medidas
que parecen querer frenar lo intenso e interesante de las primeras.
Esta es la tensión, la contradicción; fija los límites también del gobierno, del
propio kirchnerismo; los límites incluso –usando una vieja expresión- de clase
del gobierno, que si bien hunde sus raíces en viejas tradiciones populares,
también importantes sectores del Partido Justicialista han hundido sus raíces en
el poder concentrado económico. El menemismo ha sido una expresión clara de
esto, el kirchnerismo creo que no lo es, pero tiene dentro suyo un modo de
construir política que, en tanto negociación con las corporaciones o con los
aparatos políticos, con los intendentes, con las gobernaciones, con los
caciques, en el fondo termina de debilitar lo mejor que tiene que son esas otras
raíces de tradición nacional, popular y democráticas".
En consecuencia, son evidentes su concepción capitalista de la democracia y su miedo a que los de abajo se adueñen del destino común y lo hagan rumbear hacia la satisfacción de necesidades e intereses populares. Invierte la realidad de los partidos de Estado y la historia al punto de hacernos reír. Claro que enseguida recordamos el miente, miente que algo quedará. En efecto, Ricardo Foster -como los principales de Carta Abierta- lleva a cabo una manipuladora tergiversación de los hechos con intención de instalar el disciplinamiento social en forma de consenso.
Ante todo, oculta la lucha de clases institucionalizada en la democracia restringida, desde la dictadura genocida, como conciliación entre el crecimiento transnacionalizador (tanto en la economía como en el territorio) y la consecuente profundización de la desigualdad e injusticia social. Pretende convencernos que no renunciamos a los cambios imprescindibles para otro país-mundo si volvemos las espaldas a la criminalización de la pobreza y la judicialización de las organizaciones que resisten al actual sistema de saqueo, superexplotación laboral y desertificación.
Con el propósito de indagar en cómo se está librando la batalla cultural, tengamos en cuenta que:
1. Las nuevas herramientas pedagógicas ya se están construyendo
Por Darío Balvidares (especial para ARGENPRESS.info)
- Porque siempre es un
escenario de debate, porque, sin demasiadas pretensiones, nos moviliza como
trabajadores, porque no es bueno (ya veremos) que siempre enuncien los mismos
que capitalizan el espacio público desde el espacio estatal. Es importante que
los que trabajamos en educación también produzcamos sentido desde nuestras
propias prácticas y opiniones, aquéllos que buscamos que la educación se
organice desde una teoría social y no en función de intereses político -
económicos particulares y corporativos.
Pensemos
en nuestros sistemas educativos, en cómo son diseñados, qué políticas los
sustentan y vamos a llegar a la conclusión que la esencia ha sido la misma:
generar normas que sustenten los valores que establece el bloque de poder.
- ¿Puede ser más explícito? - En fin, la cosa es más o menos así: hay algunos que establecen los enunciados, es decir, que nos dicen qué tenemos que hacer. Dicen que el que enuncia tienen el poder. - ¿Y entonces? - Y entonces, ¿en función de qué intereses se enuncia y categorías ideológicas se enuncia? Vamos, no me va a decir que lo estoy llevando muy lejos; de hecho todos sabemos o deberíamos saber que la ideología cero es un acto de ilusionismo político. - Me gustó lo de ilusionismo político, justo ahora que nadie gobierna y todos gestionan, ¿qué gestionan? - Vea, desde la antigüedad clásica había lo que llaman ‘gestión’. Aristóteles decía que la idea del esclavo le pertenecía al amo, qué curioso, ¿no?, el pensamiento del esclavo era ‘gestionado’ por el amo. - Sabe, en este mismo sentido el pensador francés Alain Baudiou afirma “que la esclavitud moderna consiste en reducir el cuerpo a un cuerpo consumidor, (…) a un cuerpo separado de sus ideas, separado de todo proyecto universal, separado de todo principio…” Eso es lo que dice Baudiou. - Es así, el esclavo no enuncia, es parte del enunciado, Claro, es enunciado por el que tiene el poder de la palabra, de la pedagogía.
- ¿No le parece que caben algunas preguntas sobre este tema pedagógico que los enunciadores no tratan? - Por supuesto, los enunciadores no hablan del tema pedagógico. En sentido amplio cabe preguntar: ¿cuáles son los efectos en el sujeto que se educa luego de que el gesto político decidió la acción educativa? - Mire, existe un documento, uno primigenio, que fundó desde el discurso, el ademán que diera origen al fundamento pedagógico latinoamericano: el Requerimiento de Obediencia. Acá tengo un libro donde el escritor Eduardo Galeano dice que: “en vísperas del asalto a cada aldea, el Requerimiento de Obediencia explicaba a los indios que Dios había venido al mundo y que había dejado en su lugar a san Pedro y que san Pedro tenía por sucesor al Santo Padre y que el Santo Padre había hecho merced a la Reina de Castilla de toda esa tierra y que por eso debían irse de aquí o pagar tributo en oro y en caso de negativa o demora se les haría la guerra y ellos serían convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus hijos. Este Requerimiento se leía en el monte, en plena noche, en lengua castellana y sin intérprete, en presencia de un notario y ningún indio”. Eso dice Galeano en el libro Espejos. - Pero, el almirante Cristóbal Colón, justo en noviembre, de 1492 ya se había pronunciado ideológicamente, es decir, ya había decidido que era lo mejor para los originarios de estas tierras haciendo una comparación con lo que le había ocurrido a los judíos en España, veamos: “Vuestras altezas pensaron de enviarme a mí, Cristóbal Colón, a las dichas partidas de India. (…) Así que después de haber echado a todos los judíos de todos vuestros reinos y señoríos, en el mismo mes de enero mandaron Vuestras altezas a mí, que con armada suficiente me fuese a las dichas partidas de India. (…) Espero en Nuestro Señor que Vuestras Altezas se determinarán a ello (a enviar religiosos) con mucha diligencia para tornar a la iglesia tan grandes pueblos, y los convertirán, así como han destruido a aquellos que no quisieron confesar el Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo”.
Colón enunció desde la “naturalidad” del discurso imperial, el que genera Otros a los que hay que “educar” en los valores establecidos por el dogma hegemónico. Quiero decir que la suerte ya había sido echada: los Pueblos Originarios ya habían sido cercados por la imposición de la palabra imperial y sus ejecutores. ¿Se entiende? El poderoso había decidido qué tenían que aprender porque, de lo contrario, serían “amonestados” (pagando tributo), incluso expulsados (pagando con la muerte).
En fin, aquí tengo otro ejemplo del libro Los Mitos de Felipe Pigna. Veamos lo que decía, allá por 1547, otro noble intelectual español, Juan Ginés de Sepúlveda: “…que con perfecto derecho los españoles imperan sobre los bárbaros del Nuevo Mundo (…) tan inferiores como los niños a los adultos y las mujeres a los varones…”
- Bien, entre sus ejemplos y los míos vemos que se prepara una definición de cómo iban a ser las cosas en el futuro. Casi un postulado cartesiano: “la esencia no cambia”. Bueno… occidente construye su andamio filosófico donde una de las patas es René Descartes; sí, una teoría del conocimiento que ubica la realidad como algo externo y ahistórico, pero este no es el tema. Volvamos al problema, estos enunciados inscriben un modelo pedagógico, pues el sujeto que enuncia es el que fusiona enunciación y enunciado; “…pensaron en enviarme a mí, Cristóbal Colón…”. Y el Otro queda atrapado en los pliegues de su autor, del invasor, del que lo niega para darle existencia. Lo invisibiliza para darle existencia. Eso es una paradoja: la existencia del invisibilizado; una existencia cosificada. El Otro no tiene voz, no tiene discurso para el invasor.
- Pedagógicamente hablando, en el modelo hegemónico, el que educa tiene nombre y pone el nombre, produce enunciados. Los enunciados de Colón y Sepúlveda dan cuenta de quienes educan y quienes deben ser educados; de quienes son los salvajes y quienes los civilizados. Y acá está el primer signo que se repetirá hasta nuestros días: desde unitarios y federales, pasando por civilización o barbarie…
- Por eso hay más; más de lo mismo. Veamos, Enrique Dussel dice que “Si en 1492 fue el indígena sepultado bajo la imagen del Otro (por eso) hablábamos de ‘encubrimiento’ y no del ‘descubrimiento’; encubrimiento del oprimido, del violentado, del asesinado, del reducido a la mita, a la encomienda, a la hacienda, a las reducciones, etc., en 1810 volvió a pasar otro tanto. El mismo ‘Otro’ tres siglos después – el ‘natural’, los pueblos originarios de estas tierras, además de los afroamericanos esclavos – será el ‘encubierto’ bajo el proceso de ‘emancipación’ usufructuada por los criollos, pero no por ellos (…) Los criollos coloniales en su mentalidad e intereses fueron correa de transmisión de toda la etapa neocolonial en la que todavía nos encontramos”.
- ¡Qué tema! ¿De qué hablamos cuando hablamos del bicentenario? ¿Y cuáles son hoy las herencias que se mantienen de los enunciados coloniales? - Esto, también es largo. Voy a usar un concepto de Naomi Klein, el shock, la doctrina del shock. ¿Me pregunta por qué? Porque el shock corrompe, lo digo en el sentido del verbo latino corrumpere que significa alterar o trastrocar la forma de alguna cosa. Las terapias de shock usadas para hacer confesar a los prisioneros de guerra; y para no ir tan lejos, porque aquí no hubo una guerra; las terapias de shock que usaron los militares de la dictadura que apuntaban a doblegar al sujeto, a llevarlo a un estado de objeto, manipulable… acaso allí sobreviva la esencia de las conductas coloniales: el secuestro, la tortura, la invisibilización, hasta la desaparición; al igual que el exterminio perpetrado por Roca en la enunciada, durante décadas en los manuales escolares, como la Campaña al desierto, esto lo veremos más adelante. La doctrina del shock ha permitido corromper la cosa pública. Incluso cuando el shock es el producto de catástrofes naturales, como fue el caso de Nueva Orleans o Haití; pero el caso de Nueva Orleans es el más sintomático, como afirma Klein, porque no bien producida la catástrofe fue el propio Milton Friedman quien recomienda las políticas a seguir en educación, y la recomendación fue charterizar el sistema público durante el proceso de reconstrucción, es decir, emplear formas de tercerización del sistema en manos privadas.
Milton Friedman, el que puso a prueba sus teorías sobre el mercado, como dice Naomi Klein, y que tuvo como resultado el Proyecto Chile, así se conoció en Washington y Chicago. El objetivo del proyecto era formar los cuadros económicos que dieran la batalla ideológica a los economistas latinoamericanos. Se inaugura en1956 gracias al acuerdo que realizan los hombres de Friedman con la Universidad Católica (UCA), que para esa época ni siquiera contaba con una facultad de economía y justamente se funda con este proyecto; a partir de aquí comienza la propaganda que genera los discursos de desvalorización del sistema educativo y de salud de Santiago de Chile. Sí, el territorio público es violentado, tanto el físico como el simbólico, aquí incluyo la educación. ¿Sabe por qué? Porque no hubo debate sobre los discursos que corrompieron el espacio público de la educación. Se dieron en el seno de lo que llamaron “modernización del Estado”. El estado nunca estuvo ausente, por el contrario, fue el artífice de la disolución de lo público, sus instituciones se sometieron, como el esclavo de Aristóteles, a los enunciados que enunciaban (y enuncian) los organismos internacionales.
El discurso público comenzó a devenir en discurso privado (privatizado). Entonces durante fines de los ’80 y principio de los ’90, lo público se corrompe. Y lo curioso (o lo perverso) es que los mismos organismos que declaran “patrimonio universal de la humanidad” a un determinado territorio; son los mismos que proponen las políticas de explotación por los intereses privados. ¿Quiere ejemplos? La Biósfera de San Guillermo en la provincia de San Juan, que es explotado por la empresa Barrick Gold, haciendo minería a cielo abierto; a esto lo llaman territorio protegido. O los glaciares afectados por la misma actividad; o peor, la ciudad de Andalgalá en Catamarca no sólo afectada por la minera Bajo La Alumbrera sino que puede desaparecer bajo un nuevo ´proyecto minero: Pilciao 16.
- Yo aquí tengo algunos papeles más, más de lo mismo, como usted dice, documentos que reaseguran la continuación del proyecto de los organismos internacionales para la educación. En una entrevista recientemente publicada al economista inglés Samer Al Samarrai, analista de educación de la UNESCO, habló sobre el informe de seguimiento de EPT en el mundo 2010; de acuerdo con el informe, dice Samarrai que lo que habrá es “una generación perdida de niños que jamás accederá a la escuela”. Ahora bien, esa generación perdida de niños: ¿no es producto de las políticas que se llevaron a cabo en las últimas décadas para “hacer un mundo productivo” y que esos mismos organismos recomendaban; incluso el organismo de cooperación internacional donde Samarrai presta servicios? Que es el mismo que declara patrimonio universal de la humanidad…bla…bla…bla. Fíjese que el inglés cita algunos ejemplos en los que muestra que son realidades diferentes las de “los niños trabajadores de Filipinas, los de familias negras de bajos recursos en Estados Unidos y las niñas de castas inferiores de la India…” concluye “que requieren soluciones políticas específicas…” y seguramente esos organismos tienen la receta que en definitiva no es más de lo mismo con las mediciones en estándares de calidad en los que se invierten millones que no le mejoran la vida a nadie, salvo a los grupos empresarios que giran alrededor del business educativo. Perdón, pero me fui otra vez, volvamos: Nada parece decir el estudioso del cierre de la mitad de las escuelas públicas de Kansas City, en el estado de Missouri, en Estados Unidos, nada dice el economista británico que de acuerdo con el proyecto se recortarán 700 de los 3000 puestos de trabajo, incluidos 285 plazas de profesores, ni que el pasado 4 de marzo, miles de estudiantes, docentes y maestros, padres de familia y empleados del sector marcharon en 39 estados de la Unión contra los recortes presupuestarios, despidos, privatizaciones y costos de matrículas. El experto británico estará de acuerdo con los procesos de tercerización de la educación pública, entiéndase: formas de privatización de la educación pública; puesto que es en Inglaterra uno de los países donde las escuelas públicas se manejan con una organización empresarial.
- Ahora entiendo porqué hace unos meses fue invitada a Buenos Aires Christine Weaving, directora de una escuela pública inglesa, que en diálogo con el diario Página 12, entre muchas cosas que expuso dijo: “Cada escuela tiene un cuerpo directivo. Son dirigentes estratégicos de la escuela. En consulta conmigo se fijan las políticas, recomiendan cuanto personal contratar y cómo administrar. No son educadores…” -Ése es el modelo que intenta implementarse y, es Chile el que lo viene implementando: la competencia entre escuelas, el ranking, el sistema de voucher, los presupuestos por escuela, de acuerdo con la matriculación y la contratación docente de acuerdo con el perfil que estipulan esos “consejos directivos”,
- Pero, perdóneme, entonces no es sólo en estas latitudes, no es válido que me hable de neocolonialismo, cuando con estas últimas informaciones, vemos que los sistemas públicos adoptan esas formas en el seno de países centrales como Estados Unidos o Inglaterra.
- Me hace reflexionar llegados a este punto: ¿estamos hablando de imperio o de imperialismo? Hablamos de neocolonialismo, el que ejerce la Corporación, cuyo único territorio defendible es el suyo y todo otro territorio es pasible de ser conquistado. La Cumbre de Jomptien a principios de los ’90, no fue más que un encuentro corporativo donde se decidieron las estrategias de apropiación de los sistemas públicos de educación bajo el lema de Educación Para Todos (EPT), justamente el economista inglés Samarrai se queja porque todavía se está lejos de los objetivos, entre ellos el de inclusión educativa, y parece ser que las metas no las cumplen los países emergentes, salvo Chile, por supuesto, porque las corporaciones ya tienen el control del sistema.
- Ejemplifiquemos para que no oscurezca: Lo que sigue es parte de la versión taquigráfica del 29 de noviembre de 2006 durante la reunión que se realizara en la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados de la Nación mientras se realizaba el debate sobre la ley de Educación Técnica y formación profesional. Estaban presentes la Unión Industrial Argentina (UIA), la Sociedad Rural Argentina, la Cámara Argentina de la Construcción, la Bolsa de Comercio y ADEBA (Asociación de Bancos Argentinos). Uno de los empresarios reconoce públicamente que el 70 por ciento de los sueldos que se abonan en el país eran pagados por los integrantes de las cámaras empresarias ahí representadas. Y dice: “Toda ayuda que nos puedan brindar para que cualquier empresario o comerciante argentino pueda tener un producto con mayor valor agregado para exportarlo o producirlo y así mejorar la calidad de vida constituirá un valioso aporte.” Cuando dice “ayuda” se refiere a la formación los estudiantes, que parece ser que tiene que ver en proporción directa con las ganancias que estos empresarios puedan obtener en función de la formación de los alumnos, esto es lo que el mercado necesita.
- El Neo –Requerimiento es el conjunto de acciones que permiten a las grandes corporaciones transformar en negocio rentable la naturaleza, los activos públicos, la mano de obra flexible, la empleabilidad por sobre el trabajo; y por sobre toda las cosas: utilizar los dineros públicos en beneficio de intereses privados.
Sólo hay que revisar algunos documentos de programas internacionales que comenzaron en los ’90 como el PREAL, para ver la sintonía entre las “propuestas” realizadas por esos organismos y algunas fundaciones autóctonas como FIEL o el Grupo Sophia, del que es miembro el actual ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, además de las vinculaciones con universidades privadas, la UCA entre otras, o públicas como la sociedad entre la Minera Bajo la Alumbrera y la Universidad Nacional de Tucumán, o la latinoamericana FLACSO; o directamente las Fundaciones empresariales como Bunge o Telefónica, o el grupo Clarín y sus productos educativos. No olvidemos a Microsoft.
¡Claro que no todos son lo mismo! Pero todos funcionan como microorganismos de intereses corporativos.
- Entonces, ¿este no es el camino a la sociedad del conocimiento? - Mire, la verdad, no. Esa ‘sociedad del conocimiento’ de la que hablan es otra etiqueta para vender…
Un amigo periodista de Santa Fe, concretamente, de Venado Tuerto, Andrés Sarlengo, no sólo me dijo, sino que escribió: “Las escuelas del Bicentenario son galpones. Son galpones que la plutocracia utiliza para contener varias horas a pibes y jóvenes de la Argentina. Fuera de esos galpones – los que pueden – perviven bajo el consumismo desenfrenado y la era del vacío” . Y me dio un ejemplo que hace un cruce con lo que veníamos desarrollando: “El presidente de Claro Argentina, la empresa de telefonía celular, Carlos Zenteno prefigura el futuro de los ‘galponeros’: ‘Queremos venderle móviles a los jóvenes. Un niño de 7 u 8 años, que sepa leer o escribir, puede usar un móvil. Porque no es necesario que lo use para comunicarse, puede usarlo con otras aplicaciones.’” - ¡De lo que hablaba Badiou! Del cuerpo del consumidor, como el cuerpo de la esclavitud moderna, el cuerpo sufriente. ¿Y entonces…? - Y entonces, la pedagogía es una pieza fundamental en este juego. Porque hasta podemos insistir con herramientas tecnológicas, pero de lo que se trata es de construir herramientas pedagógicas que fortalezcan al sujeto y disuelvan el actor; es decir, que fortalezcan el sujeto social. El que transita el territorio público, aunque, a veces parezca que tuviera que pedir permiso. - ¡Es cierto! Uno anda por ahí como pidiendo permiso a algún dueño: ¿Serán las nuevas formas aristotélicas?
- No, mas bien las formas sarmientinas, quiero decir, ¡basta de disciplinar al soberano! - Nooo, no es así, es: “educar al soberano”… - Vea, volvemos a un problema de interpretación. ¿Para qué un tipo como Sarmiento, admirador de Mitre y de Roca, pretendería educar en el sentido de Simón Rodríguez, el maestro de Bolivar; o más acá, de Paulo Freire, para emancipar? - Dejemos la pregunta abierta, porque nos permite relacionar emancipación con conocimiento, y por ahí encontramos una pata del Otro Bicentenario.
- Usted dice, ¿el de los Pueblos? - Sí, sí, el de los Pueblos. Ya que hablamos de Sarmiento y de Roca, me voy a permitir remitirme a uno de los estudiosos más importantes que tenemos sobre apropiación de territorio de los Pueblos. - A Osvaldo Bayer… - Usted lo ha dicho. Bayer hace un par de años coordinó un trabajo junto a otros investigadores que tuvo como título: Historia de la crueldad argentina, una compilación de artículos que dan cuenta del imaginario de Roca… Bien, allí nos ilustra sobre para qué sirvió la llamada Conquista del desierto. Le leo unos párrafos: “La llamada ‘conquista del desierto’ sirvió para que entre 1876 y 1903, es decir en 27 años, el Estado regalase o vendiese por moneditas 41.787.023 hectáreas a 1843 terratenientes vinculados estrechamente por lazos económicos y/o familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período. Sesenta y siete propietarios pasaron a ser dueños de 6.062.000 hectáreas. Entre ellos se destacaban 24 familias ‘patricias’ que recibieron parcelas que oscilaban entre 200.000 hectáreas de los Luro a las 2.500.000 obtenidas por Martínez de Hoz. (…) la concentración de la propiedad se fue acentuando y hacia de década del ’20 (del siglo XX), concluido ya el proceso de formación de la propiedad rural, solamente 50 familias eran propietarias de más de 4 millones de hectáreas en la provincia de Buenos Aires”. ¿Qué me cuenta?
- Ahí está el tema del Estado y los intereses privados, es decir, el proceso de apropiación. - Para no abundar, llevado de la mano de una de las masacres más sangrientas, y agrega Bayer: “Los ganadores se quedaron con las tierras. El general Roca mismo recibió 65 mil hectáreas como botín de guerra. Hubo campos para los otros generales y oficiales y para los estancieros y comerciantes que habían financiado la matanza”. Bueno, este es apenas un resumen, tal vez de lo que sucediera antes y se continuaría después del Centenario.
- El conocimiento de estos hechos no pasó por la escuela, quiero decir, no pasó por los contenidos de la educación. Justamente acá tengo un trabajo de 1999, que realizaron dos compañeras de trabajo, Laura Marrone y Nora Martínez; La revolución de 1810 empezó antes…, un trabajo que hay que difundir, para seguir abriendo el Bicentenario. Me interesó lo de Castelli, son conceptos que no aparecen en los libros de texto. Leo yo, usted leyó lo de Bayer…
“Juan José Castelli, vocal de la Primera Junta había sido enviado por Bs. As. a hacerse cargo del ejército del norte. La victoria de Suipacha le abrió el camino del Alto Perú. Tuvo plenas facultades para ejecutar a los prisioneros como ya lo había hecho con Liniers en Córdoba. Proyectó reorganizar la Casa de la Moneda de Potosí, reformar la Universidad de Charcas, donde había sido estudiante de Derecho años antes y otorgar el derecho de sufragio a los indígenas, pero chocó abiertamente con los sectores más religiosos. Bernardo de Monteagudo en Semana Santa de 1811 organiza en Potosí una manifestación política vistiéndose de sacerdote. Hubo enérgicas protestas del obispo de la Paz. Castelli negoció con el General Goyeneche un armisticio que no fue cumplido. El 25 de mayo de 1811 Castelli declara caduco el poder del Rey y promete darle la propiedad a los indios, crear escuelas y suprimir los servicios personales de los aborígenes. En su famosa proclama en Tihauanaco, lugar sagrado de la cultura originaria defiende el derecho a la tenencia de tierras por parte de los pueblos originarios y a ocupar cargos públicos en igualdad de condiciones.
Goyeneche desconoció el armisticio y derrotó a Castelli en Huaqui quien debió retroceder. Fue juzgado y desterrado a Catamarca. Era considerado el “tribuno de Mayo” por ser el que agitaba las ideas de la revolución en público. Esta ciudad era muy considerada por diversas razones. Aunque tenía sólo 10 0 20.000 habitantes mientras Buenos Aires, 50.000, era un importante centro de riquezas porque allí se guardaban el oro y plata de las minas. Además su población contrastaba por grandes riquezas y pobres. Los trabajadores de las minas constituían un proletariado muy amenazante. A pesar de los muchos esfuerzos de los “hombres del sur”, por ganarse la simpatía de los indios, estos se mantuvieron distantes de la causa criolla salvo algunas excepciones”. - Estos son contenidos que no aparecen oficialmente. Ni estos, ni muchos otros, incluso materiales que fueron preparados para trabajar en las escuelas a propósito de los 200 años han sido recortados, mutilados, por el ministro de la ciudad de Buenos Aires, Esteban Bullrich. ¿Acaso no venimos hablando de quiénes son los dueños de la enunciación y por supuesto los productores del enunciado?
- Es cierto, este actual ministro cuando fue diputado del grupo que lidera el empresario Mauricio Macri escribió un proyecto de ley donde proponía que los docentes deberían cobrar un sueldo mínimo y el resto del salario se conformaría con ‘incentivos’. - Esas propuestas son parte del paquete político que el grupo Sophia viene sosteniendo desde los ’90, en consonancia con lo que los organismos internacionales bajan como ‘recomendación’. En realidad, si me permite, yo lo llamaría: PDEP, Programa de Desaparición de la Educación Pública. - ¡Y volvimos al tema!
- Me gustaría cerrarlo con algo que dijimos pero no desarrollamos, pero que deberíamos desarrollar, no aquí, no solos, junto a otros colectivos y movimientos sociales. Estoy hablando de los asuntos públicos…
- ¿El aporte por el bicentenario de los Pueblos y la Educación? - Sí, aquello de emancipación y conocimiento. Las nuevas herramientas pedagógicas que deberíamos explorar tendrían que tener ese eje; que se afirme sobre la circulación y producción pública del conocimiento, desde un modelo educativo que dé cuenta de los pueblos, del excluido histórico, del sujeto social, que fue y es repetidamente invisibilizado por la ‘pedagogía’ de la corporación. El neocolonialismo no es más que las mismas minorías tramando nuestro destino.
- Sí quiere para ir concluyendo esta charla, podemos decir más pero esta información creo que demuestra la operación de ilusionismo de la llamada ‘sociedad del conocimiento’; quiero decir lo que encubre. Leo unos párrafos de un trabajo que Silvia Melo publicó en Argenpress el 13 de abril: “El Ministerio de Educación se está enterando, de a poquito, de que existen 15.600 escuelas rurales. Y en poco tiempo sabrá, por primera vez, dónde está ubicada cada una. Porque hasta ahora la mayoría son puntos perdidos en un horizonte ajeno, a horas de ambulancia, a kilómetros de zapatillas deszueladas, a años luz del ombligo del mundo. (…) las escuelas rurales son el 38 por ciento de los establecimientos del país. (de ese total) Un 25% accede al agua potable. El 45% sólo puede obtenerla de alguna fuente subterránea. El resto debe esperarla…” - Y uno de esos lugares es Santa Sylvina en el Chaco que además de la sequía que están sufriendo las escuelas como la escuela Nº 305, con más de 500 alumnos y a pesar de contar con aljibe, se encuentra roto y el agua no es potable. Esto lo leí en el Diario de la Región – Chaco al día; del 27 de abril. - No son las net-book, ni las evaluaciones internacionales, ni el ranking de escuelas, ni los incentivos por desempeño lo que nos sacará de la nueva era neocolonial educativa… - No, ni los expertos tecnócratas, políticos y funcionarios corporativos…- ¿Entonces?
- Entonces a trabajar por la producción y circulación de conocimiento público, las nuevas herramientas pedagógicas ya se están construyendo: revistas hechas por docentes, congresos de debate fuera del ámbito oficial, sitios de Internet que nos permiten conocernos y relacionarnos con otros colectivo sociales, con los Pueblos Originarios; con las poblaciones que luchan por no ser arrasados por emprendimientos empresariales. Estos son los nuevos materiales que permiten construir una nueva impronta pedagógica, desde una teoría social que refute a los enunciadores de las teorías económicas…- ¿Entonces?- El Otro, sólo es visible, desde Otro Bicentenario, el de los Pueblos".
Fuente: www.argenpress.info / 05-05-2010
2. La unidad de acción anticapitalista ya se anuncia pese a los promotores mediáticos del modelo actual
La ocupación territorial de Argentina es realizada por subsistemas especializados (en agronegocios, megaminería, petróleo, turismo, etc.) del capitalismo mundializado y no sólo por alianza de cada una de las transnacionales con poderes locales. Es toda una organización global de carácter político económico e institucional la que rige el destino del país-continente. Ante esta recolonización ocurren dos formas fundamentales de reaccionar:
A. La resistencia y organización para otro desarrollo
En "El bicentenario desde nuestra memoria", el Movimiento Nacional Campesino indígena (MNCI), integrante de Vía Campesina, continúa:
"En memoria de San Martín, Artigas, Juana Azurduy, Quiroga, Peñaloza, y tantos y tantas otras que lucharon por un país para todos y que también sus historias fueron tergiversadas para culminar en la tesis de civilización y barbarie justificando el genocidio de millones de campesinos e indígenas para arrebatarles sus tierras. Sobre esa sangre se cimentaron las bases de esta nación Argentina.
Hoy continuamos bajo un modelo salvaje, donde el capitalismo impregna de muerte, hambre y soledad a nuestro pueblo. Los agronegocios y las transnacionales continúan el despojo, arrasando bosques y montañas para llevarse nuestros bienes naturales, dejando suelos depredados, aguas contaminadas, desempleo, enfermedades y hambre. Continuando con un éxodo rural que sigue alimentando megalópolis insostenibles donde la marginalidad provoca guerras sin sentido, donde la cultura del consumismo genera demandas energéticas que son imposibles de satisfacer sin destruir nuestro planeta. Hoy el modelo económico sigue concentrando las ganancias en un sector privilegiado mientras que las mayorías nos encontramos en la pobreza. La tierra está cada vez más concentrada y los terratenientes y agro empresarios nucleados en entidades con historia de genocidio como la SRA y la CRA usan nuestro territorio en función de las necesidades europeas y sólo pensando en maximizar aun más sus desproporcionadas ganancias. La soja, los transgénicos y los agro combustibles avanzan sobre la vida campesina indígena y sobre la soberanía alimentaria y las justas luchas de nuestros compañeros y compañeras son criminalizadas por la justicia corrupta y perseguidos por la policía que solo reconoce derechos en los empresarios.
Los aprendizajes
La memoria nos dice que desde que hubieron intentos de dominación , hubo resistencia, pero también existieron egoísmos, incomprensiones, prejuicios que posibilitaron el avance del opresor.La llegada de los conquistadores nos encontró divididos, y los saqueadores contaron con el apoyo de muchos de nuestros hermanos. Este estigma nos seguirá en nuestra historia, así como durante el genocidio que significo la campaña del desierto. Algunos pueblos indígenas y criollos colaboraron con Roca apoyados en el resentimiento y esperando obtener ventajas lo cual perjudicó de gran manera a la resistencia indígena y campesina. Así podemos enumerar lamentables episodios.
El camino iniciado por Tupac Amaru, el grito de libertad alzado el 25 de mayo de 1810, han sido mil veces ahogado en sangre. Todavía no somos libres.
Desde esa memoria es que creemos que en este bicentenario debemos gestar espíritu de unidad. Indígenas, campesinos, trabajadores, todos y todas debemos lograr ampliar nuestra capacidad de unidad de acción en pos de profundizar la lucha contra el saqueo imperialista y el capitalismo y seguir construyendo desde nuestras comunidades, nuestros barrios y nuestros pueblos una patria para todos y todas.
Y cuando decimos patria no decimos sólo argentina, hablamos de la patria grande latinoamericana y del mundo entero, porque Otro mundo es posible. Un nuevo paradigma civilizatorio basado en el cuidado de la naturaleza, la igualdad, la justicia y el respeto de la diversidad.
Por eso a 200 años de ese glorioso 25 de mayo aun seguimos luchando por la libertad, por la tierra y por la justicia.
Tierra, agua y justicia para todos".
Movimiento Nacional Campesino Indígena
CLOC – Via Campesina
B. El periodismo y la docencia e investigación universitaria para servir al sistema de saqueo
Las principales provincias productoras de oleaginosa son Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, produciendo cada una aproximadamente el 26 por ciento del total. Sin embargo, en Santa Fe, y en especial en la Región Rosario, se concentra cerca del 80 por ciento de la capacidad instalada para procesar dicha semilla –el 60 por ciento en manos de empresas multinacionales globales–. Allí se encuentran las plantas con mayor capacidad de procesamiento del mundo. Es decir, toda la pampa produce soja, pero es Rosario la que industrializa y despacha los granos, aceites y derivados al exterior.
Son varios factores territorializados en Rosario los que hicieron que se adaptara rápidamente al nuevo modelo agroexportador argentino. Se pueden resaltar la fertilidad de sus tierras y la tradición de la industria aceitera; la existencia de un sistema científico tecnológico; servicios calificados ofrecidos por la metrópoli; y la presencia de la tradicional Bolsa de Comercio de Rosario. Pero fundamentalmente, es la infraestructura asentada en la costa del río Paraná para las actividades portuarias la que le otorga a la región la ventaja competitiva mundial: la cercanía del campo a las plantas y puertos –los que fueron privatizados en los ’90– sumada a su privilegiada posición geográfica en el Mercosur.
El dato fundamental es que el valor agregado del “encadenamiento agroalimentario” industrial –la industria del aceite– es bajo. Dicho encadenamiento genera el 62,4 por ciento del VBP del Aglomerado, aunque agrega valor por sólo el 21,7 por ciento y genera apenas el 35,1 por ciento de los puestos de trabajo. Sin embargo, existe otro encadenamiento en la región, el de “construcción y metales”, que aporta sólo el 26,6 por ciento del VBP industrial, pero ocupa cerca del 60 por ciento de los puestos de trabajo y agrega casi el 48 por ciento del valor del territorio.
Entonces, los excedentes producidos por el sector agroexportador, aunque agreguen relativamente poco valor y generen trabajo, tienen un impacto indirecto a través de inversiones en la construcción y en la producción de la maquinaria agrícola. Es decir, la riqueza del campo actúa también de forma indirecta sobre el territorio, y eso es un dato positivo. Sin embargo, hay una potencialidad poco explorada, la cual dice respecto del tipo de industria y a la tecnología aplicada al procesamiento de la soja. El modelo agroexportador, fundador de la Región Rosario, puede generar más riqueza que la actual, y distribuirla de forma más equitativa.
Las ventajas del complejo oleaginoso están dadas casi en forma exclusiva por factores naturales y por inversiones colectivas o públicas acumuladas desde fines del siglo XIX. En contrapartida, las legislaciones en temas portuarios y de granos otorgan un amplio margen de maniobra a las empresas privadas para apropiarse de estas ventajas.
El desafío, nos parece, es definir la estrategia de desarrollo de nuestro país en la nueva economía global, sin dar la espalda a los principales excedentes que se están generando a través de la soja. Es necesario establecer un pacto político entre los principales actores socioeconómicos, por medio del cual se regule el uso de las ventajas del complejo y se garantice que los derechos a la exportación tiendan a la justicia social del país. Mas es urgente indagar las potencialidades de industrialización de todo el complejo en base a la soja, invirtiendo en proyectos de biotecnología, biocombustibles y de la industria química y de alimentos, por nombrar algunos, a fin de que el nuevo modelo agroexportador genere más trabajo y agregue más valor a la producción y exportación de nuestro país".
* Economista de la Universidad Nacional de Rosario, miembro de AEDA.
◊Cambios de la década por Óscar Sgrazzutti*: "Rosario se constituyó como el centro de un área metropolitana económicamente orientada por las necesidades de un hinterland rural rico en recursos. Con el tiempo incorporó actividades industriales acordes con su contexto geográfico. Por tanto, la ciudad y su entorno pasaron exitosamente por dos etapas del proceso nacional de acumulación, durante las cuales se desarrollaron, inevitablemente, las actividades de servicio necesarias para los procesos productivos dominantes.
Los cambios de patrón de acumulación implementados desde mediados de los años setenta originaron un grave perjuicio económico en el área, que condujo a dos décadas de comportamiento errático, en las que se originó un perfil productivo más variado aunque, también, más orientado por las estrategias de supervivencia que por las dinámicas de un modelo de metrópoli que se desvalorizaba.
En la década de los noventa, en una Argentina que perdía parte de su industria, ya Rosario era una ciudad de servicios, rodeada de un conjunto de actividades agroindustriales deprimidas. Paradójicamente, se volvía más “hermosa”, descubría su río, se pensaba turística. Durante el cambio de década, en el marco de una nueva crisis “terminal”, revivieron un conjunto de actividades de refugio, se recuperaron “saberes” latentes y, en el desconcierto de la época, la ciudad y su entorno comenzaron a crecer de manera imprevisible.
Más allá de la capacidad de resistencia de lo que había sido un área pujante, se dieron dos fenómenos articulados que influyeron sobre las actividades de construcción, desatando un efecto multiplicador que, por ondas, fue incluyendo a nuevos sectores productivos. El primer fenómeno fue el vuelco hacia la demanda por viviendas de parte de los excedentes derivados de la agricultura, motorizados por los altos precios relativos y las apropiadas condiciones de la tierra de la región. El segundo, mucho menos mencionado, fue la aparición súbita de capital monetario retirado de los circuitos productivos en razón de la desconfianza respecto de la senda que seguía la economía y que, apenas se advirtió una señal consistente del cambio de tendencia, se incorporaron y enriquecieron la corriente de la “inversión” inmobiliaria.
La renta agraria por sí sola no explica la rapidez del cambio de tendencia. Así, Rosario pasó de ciudad devoradora de mascotas hogareñas a urbe fabricante de edificios, preparada para convenciones y para el relax matrimonial de personas de buena posición. Es notorio que el nuevo siglo ha beneficiado a una ciudad sufriente. Pero, además, dicha expansión resultó mucho más incluyente y democrática que las dos décadas anteriores. La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) ofrece algunos indicios al respecto.
Conviene indicar que la EPH provee información sobre los ingresos laborales de las personas del área, pero no permite valorar el aporte productivo de esos individuos. Sin embargo, puede inferirse su magnitud en función de la cantidad de horas totales trabajadas en el período de referencia. Salvo situaciones catastróficas, la producción total depende de la cantidad de horas trabajadas y ambas variables se mueven en la misma dirección.
Entonces, veamos un interesante juego de cifras. Entre principios de 1996 y de 2003 el ingreso total de los asalariados de todos los centros urbanos disminuyó un 18 por ciento. En el Gran Rosario la caída superó el 30 por ciento. Dado que el total de horas trabajadas no sufrió cambios significativos, cabe inferir que, salvo que se haya producido una muy fuerte caída en la productividad, los asalariados rosarinos soportaron el mayor peso de la crisis y se vieron más afectados que sus similares de otros aglomerados.
Entre mediados de los años 2003 y 2009 la situación se alteró radicalmente. La cantidad de horas trabajadas en el Gran Rosario creció más del 50 por ciento, superando en más de dos veces la variación registrada en los restantes aglomerados del país. Por su parte, el ingreso total de los asalariados se incrementó, en el mismo período, en casi un 150 por ciento (a precios constantes). Esta variación equivale a más del 16 por ciento anual acumulativo (11 por ciento para el total de asalariados urbanos). En la región no se advierte una caída apreciable de la productividad y el esfuerzo laboral (las horas totales trabajadas) se incrementó a razón de 7,1 por ciento anual. Por tanto, puesto que el ingreso laboral creció al doble del ritmo que la medida de producción que estamos utilizando, cabe inferir que entre 2003 y 2009 hubo una importante mejora en la situación de los salariados del área. Tal mejora se dio en dos sentidos: los trabajadores en relación de dependencia del Gran Rosario mejoraron su nivel de ingresos dentro de la propia comunidad y frente al conjunto de asalariados urbanos del país".
* Docente investigador de la UNR. sgrazzut@fcpolit.unr.edu.ar
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-147095-2010-06-07.html
3. Las ideas revolucionarias de Mayo ya pueden ser más creíbles como programa socialista
El capitalismo "con más de cuatrocientos años de “gestión y actuación” dentro de la sociedad humana, y como único custodio del único planeta que habitamos, está colapsado y aplazado como administrador de nuestro destino, futuro.Es más ha logrado que no tengamos destino ni futuro, los más los todos...".
Sistema de opresión, máscaras democráticas
Por: Carlos Amir González* (especial para ARGENPRESS.info)
"Quienes
pensábamos por los setenta, al igual que lo anunciaba Fidel, que traspasaríamos
el siglo veinte con un mundo de cara al socialismo, hoy podríamos con todo
derecho sentirnos frustrados, decepcionados, o tal vez con una huelga de brazos
caídos, pensamientos, neuronas en el mismo estado, por aquello de que también
creímos en nuestros revolucionarios de los sesenta de que la “imaginación
debía ir al poder”.
El poder de la
imaginación de pensar de soñar un mundo distinto, diferente al que nos tocó
cohabitar con pobres e indigentes de la condición humana, o no tan pobres e
indigentes pero pensadores o analizadores de que
este
sistema capitalista con más de cuatrocientos años de “gestión y actuación”
dentro de la sociedad humana, y como único custodio del único planeta que
habitamos, está colapsado y aplazado como administrador de nuestro destino,
futuro.
Es más ha logrado que no tengamos destino ni futuro, los más los todos, y ellos dentro pero “sin imaginación” para pensarse dentro de otro sistema que no sea el propio, el de la acumulación de riqueza sin sentido, el de cada día ser más con mucho, con todo, pero rodeados de gente, de pueblos que cada vez están en peores condiciones de poder reproducir el circuito de que ellos se “alimentan” para acrecentar sus burbujas de reproducción capitalista. ¿Pueden seguir así sin darse cuenta? Sí, siguen así dándose cuenta. Son los administradores de un monstruo al cual no le pueden regular sus fauces mecánicas, no están interesados, son los custodios de alimentarlo y alentarlo en cuanto a seguir funcionando, son los custodios de su vida, el monstruo es su tótem y su espejo, su réplica de existencia, su razón de ser y existir.
Nuestra
ineficacia, nuestros errores
Socialistas de sentido científico, inexorable, el futuro viene nos decía
Benedetti, y también nos decían “no es de revolucionario quedarse al costado
de la puerta, a ver pasar el cadáver del imperialismo”. Un cadáver que aun
hoy luce lozano y pletórico de vida (o tal vez de muertes) pero que continua
airoso, no hay duda. Su principal líder y representante se va a recibir el
premio Nobel de la Paz, y hace un discurso “hablando de lo justo y necesario
de las guerras en que está involucrado, para salvar al mundo de los enemigos de
la paz, libertad y democracia”.
Gandhi se revuelve en su tumba y en su dicho, “no hay varios caminos hacia la paz, la paz es el único camino”, pero estos exterminadores de la paz, de la libertad, igualdad, fraternidad, solidaridad entre los seres humanos, nos llevan a un mundo estructurado sobre mentiras, patrañas, engaños, donde nos anuncian que una vez superados “los males que a todos nos aquejan por igual”, se abrirá la vieja senda de nuestra futura felicidad, a través de un consumismo sin trabas e igualitario que les permita engordar más sus alforjas. Para que al anochecer de cada día el ciudadano que duerme hambriento sueñe con un plato de comida posible al amanecer del siguiente día, el que duerme bajo el puente con un hogar, el que quiere estudiar atravesando la puerta de una academia, el de escaso salario con uno que le permita arribar a los bienes que mitiguen las necesidades familiares…y así el “sueño americano” o el de los estados y sociedades del “bienestar social” golpeará a la puerta hasta de los hogares asiáticos y esquimales, por qué no ? O es que acaso la “vida no es sueño” ?
Lenin decía que era válido soñar a cuenta de después del sueño hacer cosas en concreto para que los sueños se hagan realidad. El sueño de esa sociedad socialista más justa, más posibilitadora para todos, con los medios de producción al servicio de cubrir las necesidades sociales, con la banca de capitales nacionalizada al servicio de la nación, con alimentos – vestimenta – salud – pleno empleo - educación para el desarrollo de los sectores populares, con un comercio a través de importación – exportación para obtener reservas que nos hagan no más ricos sino que más libres y soberanos para disponer de nuestros recursos de cara a una justa redistribución de la riqueza que nos lleve a “la pública felicidad”; parece que nada de esto cupo en el sentido de nuevos y viejos administradores del sistema capitalista, que en algún momento confundieron sus planteos políticos con socialismos o el moderno y proclamado sentido progresista de plantear cambios o rectificaciones al sistema imperante en los términos de relación social y económica.
Después de cinco años de gobierno progresista en Uruguay el 70 % de la clase trabajadora uruguaya cobra menos de 240 dólares mensuales, en Chile la misma cosa, en Argentina, en Bolivia que en algunos aspectos pinta mejor les es dificultoso a los trabajadores hablar de recuperación del poder adquisitivo del salario, la mayor carga impositiva en estos países del progresismo cae sobre la espalda de los trabajadores y sectores medios, sigue siendo el libre albedrío de los sectores económicos más pudientes en el tema impositivo – no es la razón sencilla y simple de que “el que más tiene, que más contribuya”, ni que hablar del Paraguay donde en principio parlamentarios y empresarios se negaron a un Impuesto a la Renta Personal y hoy se niegan los empresarios de la soja o agronegocio a pagar impuestos que no sobrepasan el 12 %. Pero bueno, menos mal que se pintan de progresistas (vaya a saber donde se acuñó el término, o que quiere decir en lenguaje político) y no de revolucionarios o socialistas que a esta altura de sus “administraciones” se sabe que no son, o por lo menos que a esos lugares político, ideológicos no se encaminan ninguno de sus cambios, sino que mas bien rumbo a ser los nuevos administradores del viejo orden capitalista.
Que esto sea así tiene que ver con la falta de presencia, peso, cuestionamiento, falta de propuestas creíbles y sostenibles, tomadas por los sectores populares, de parte de los sectores políticos del socialismo, de la revolución de la izquierda, del comunismo, del sindicalismo, cooperativismo, y muchos más que no han sido capaces de instrumentar y articular por dentro de la sociedad proyectos de país, de nación, políticos, culturales, económicos que sean el instrumental liberador con que los pueblos quieran desbrozar el camino de su construcción futura.
El retorno de los brujos
Pasaron ya más de tres décadas y media de Neoliberalismo, el mismo destruyó, arrinconó, replegó a las organizaciones del sindicalismo y del socialismo. Luego del mismo los pueblos se animaron a elegir propuestas de cambio de las llamadas “progresistas”. Dentro de las formas republicano – representativas de conferir el gobierno, los pueblos no se aplazaron, puede decirse que eligieron bien. Esa elección estuvo vinculada a Fuerzas Políticas de entonación Progresista que prometieron cambios desde la gestión de los nuevos gobiernos, para corregir los males de la devastación Neoliberal.
Enumerando altos índices de desempleo, liquidación de la industria nacional, de la banca nacional, privatización y saqueo de empresas públicas – y donde no pudieron privatizar “concesiones para tercerizar servicios”, extranjerización de la tierra, concentración de la misma y su uso en manos de las grandes transnacionales del Agronegocio que presentan la paradoja que su “revolución verde” de la soja transgénica y otros cereales trae consigo la “deforestación” que conjuntamente con la rapaz Minería seguirá trayendo consecuencias terribles sobre nuestras tierras, desaparición de pequeños y medianos productores y comerciantes de la ciudad y el campo con la contracara de la aparición de grandes cadenas de Supermercados que concentran la compra y comercialización de alimentos – ropas – electrodomésticos y terminan siendo los “fijadores de precios” de lo que compran y venden y finalmente teniendo mucho poder concentrado en lo que hace al proceso de carestía de la vida de los ciudadanos.
Quienes dentro de este proceso sacralizaron al Mercado Internacional y Nacional como el gran árbitro y articulador de la construcción de los procesos económicos y empequeñecieron y degradaron la labor del Estado en este sentido, ganaron durante mucho tiempo la dominación político, ideológica y cultural sobre la voluntad creadora de los pueblos, fueran estos de la centralidad del sistema capitalista como de la periferia. La Revolución Conservadora del Capitalismo se impuso a “las buenas o a las malas”, sacar de la mente y la vida corriente y común de la gente ese Proyecto de Mundo y Naciones, es un imperativo de la época de parte de quienes seguimos pensando que el Socialismo sigue siendo como Sistema Político, económico y social, la única tabla de salvación para el estado de cosas a las que nos ha llevado el anciano régimen, un naufragio masivo de la Humanidad. El Arca de Noé, frente a este prolongado diluvio de crisis en varios terrenos con sus consecuencias de hambrunas, desempleo y destrucción creciente del planeta, es el Socialismo sin apellido y hablando el idioma que los nuevos tiempos requieren, pero no un lenguaje de conciliación con los que nos siguen llevando a una nueva debacle, siendo los responsables de las anteriores.
La conciliación con los agentes políticos y económicos que han sostenido el sistema capitalista en el centro o en la periferia, sólo ha generado en los pueblos que han apostado por “gestiones de cambios transformadores”, desconfianza y decepción, surgiendo la ilevantable frase de “son más de lo mismo”, generada en la visión de la falta de convicción y decisión para profundizar en los cambios.
En Europa la “derecha xenofóbica” recupera el timón de las naciones frente a una socialdemocracia que fue una administradora “con rostro humano” de los mismos intereses económicos y sociales. Algunos gobiernos regionales y peso político en algunos parlamentos, son zonas de presencia de la izquierda europea, y muchas centrales de trabajadores aun mueven sus luchas y las direccionan desde esta perspectiva política e ideológica. En África subsahariana la situación es de carácter hospitalario, y más al norte, con algunos enclaves de mayor desarrollo y de estabilidad política, las cosas no cambian tanto, sus pobladores se siguen subiendo a precarias embarcaciones para huir de la miseria arribando a costas europeas, si es que lo logran y para iniciar procesos de discriminación y esclavitud laboral. Oriente, Asia, Oceanía, las Américas, no marcan diferencias en cuanto a la profunda pauperización de los niveles y calidad de vida de sus pueblos, salvo por algunos verdores esperanzadores que se presentan en algunos procesos políticos, que son sustentados por la voluntad votante de los pueblos en más de un 50 %, y en alianzas políticas “atadas con frágiles hilos”, que pueden desbarrancarse si es que no aparecen “buenos atributos en la conducción política, que congenien capacidades técnicas, científicas, académicas, sociales, culturales, con un proceso transformador claro en sus objetivos y certero en la articulación de una planificación que no se aparte del cumplimiento de sus etapas, por más que los enemigos de los pueblos la bombardeen con artillería pesada”.
Máscaras democráticas
Desde Europa se lanza una mirada esperanzadora sobre los cambios políticos que se han desarrollado dentro de América Latina y en América Central, sobre todo desde su Socialdemocracia y Partidos y Movimientos de Izquierda, Centrales Sindicales…y plantean que hay que tomarlos como un buen ejemplo, para corregir males que a ellos le acontecen. Países eje de lo que en Europa acontece como Alemania, Italia, Francia, Inglaterra, Holanda, y lo que hacia adentro de la Comunidad Económica Europea los mismos determinan, pasando por las repercusiones internacionales en un mundo globalizado, actúan sobre la base de políticas de Extrema Derecha en el marco de lo que ha sido la revolución conservadora de Reagan y la Dama de Hierro. Lo clásico era que las consecuencias de las crisis permanentes o cíclicas del Sistema Capitalista, las pagásemos los países de la periferia, sin embargo la actual, cuya Administración Central fija domicilio en Washington D.C, está teniendo consecuencias terribles en Europa, hace poco nos enterábamos que en Inglaterra los “ajustes” a causa de la misma, dejarán un saldo de 500 mil desempleados, mientras que en otros países europeos ya se cuentan por millones. Triste es ver como los ciudadanos europeos les han devuelto con su voto, el gobierno de sus países, a los propios agentes políticos generadores de las crisis con sus políticas y hoy día los grandes “ajustadores” del Sistema Capitalista. Se que lo mismo amerita el análisis de varias causas, complejas que confluyen, pero la realidad es como es y también amerita verla en su simplicidad. Esos mismos pueblos habían abdicado de la derecha política por las nefastas consecuencias que la misma, en su maridaje con el fascismo, trajo a sus naciones, en los desastres de la guerra y en los desmantelamientos de sus Estados de Bienestar Social.
Si los latinoamericanos en nuestra etapa de postmodernidad, luego de bárbaros caudillajes medioevales, cruentas dictaduras cívico – militares, fascismos empoderados, sistemas electivos de partidos tradicionales que juegan al osciloscopio populista entre progresismo y conservadurismo y que terminan sirviendo a los mismos intereses económicos y sociales que no son los de las mayorías populares que los votan precisamente…no entendemos que en la desarticulación de viejos o “nuevos” sistemas de dominación capitalista está el meollo de nuestra “llegada a las administraciones de gobierno”, seguiremos trabajando políticamente para el diablo. En lo económico si no se destruye el viejo nudo gordiano de una ecuación que determina en la distribución de la riqueza del 100 % de lo producido como tal, un 20 % para el 80 % del pueblo y un 80 % para el 20 % compuesto no de sectores populares precisamente. En los actuales gobiernos del progresismo, esta distribución de la riqueza sigue siendo así básicamente. Entonces, ¿adónde estamos yendo?.
Las fuerzas nucleadas en el actualmente llamado progresismo o internacionalmente conocido como “otro mundo es posible”, deben comenzar a construir las bases de un Mundo Socialista, único polo racional de una insurgente necesidad histórica, sustituyente de un Sistema Capitalista varias veces anunciado como moribundo, pero que se lo ve muy pujante en cuanto a destrozar militarmente las esperanzas de cambio de los pueblos, y devastar diaria y cotidianamente la única nave que tenemos para arribar a un Futuro Mejor, el Planeta Tierra".
*Carlos Amir González es periodista uruguayo residente en Asunción - Paraguay.
http://www.argenpress.info/ 15-06-2010
En consecuencia, construimos democracia asumiendo Mayo cuando comenzamos por afirmarnos en que es imposible la conciliación con el capitalismo ya que su funcionamiento es en beneficio exclusivo de la acumulación de riquezas por oligopolios globales y sus socios locales. Por tanto, tiende a aumentar la desigualdad e injusticia social y no es progresista en el sentido de Mayo. Tampoco lo es por su carácter genocida (genocidios silenciosos por muerte de hambrientos, de desesperados, de desalojados de sus hábitats, de enfermedades e inasistencia médica, medicamentosa) y destructor de la habitabilidad planetaria.