Contextos

Junio 2009

INDICE:
I / II / III

La crisis estructural del capitalismo nos da la oportunidad para decir:


                                          
Gráfico tomado del libro “Objetivo Decrecimiento”

En tiempos de crisis civilizatoria, otra sociedad y otro trabajo son posibles si dejamos de resignarnos y asumimos el ¡basta! al Estado, al trabajo y a la des-socialización que sostienen al capitalismo, cuyo funcionamiento socioeconómico grafica el libro “Objetivo Decrecimiento” (Ed. Leqtor, Barcelona 2006) Helena Norberg-Hodge, del colectivo Silence.


I. ((VOLVER))

 

Correspondiente a la primera hipótesis

Podemos creer y confiar en la consigna "fortalecer el Estado para liberar la nación" a causa de quedarnos en valorar, por ejemplo, las privatizaciones y las descentralizaciones como simples transferencias y debilitamientos del Estado. Pero el avance y profundización del paraíso rentable para las transnacionales y sus socios locales sólo son posibles por la seguridad jurídica e impunidad que le brinda su Estado, cuyo origen fundamental está en  constituirse terrorista ejecutor de la planificación genocida. La impunidad de extremar el aplastamiento de la lucha contra las clases oprimidas se mantiene y afianza a través de la democracia restringida de los distintos gobiernos de turno.

 

Pensemos en el honrar la deuda, continuado por el des-endeudamiento del gobierno K, como prioridad del Estado de Argentina que garantiza, junto con la ley de Entidades Financieras en vigencia, el acelerado proceso de concentración y desnacionalización tanto económica como territorial. Las privatizaciones y descentralizaciones complementaron a posteriori la aplicación estatal del Consenso de Washington para reforzar la inviabilidad de economías regionales extra-pampeanas, el desmantelamiento del Estado social con consolidación tanto de feudos provinciales como de las fuerzas de seguridad e inteligencia militarizadas, la dependencia de universidades e instituciones científico-tecnológicas del poder económico transnacionalizado e imperialista.

 

Como dice el zapatismo, no se trata de luchar contra el neoliberalismo sino de hacerlo contra el capitalismo hoy mundializado. Esta lucha se da de distintas maneras y en:

 

1. Contra la megaminería y el funcionamiento de los poderes públicos

 

Colectivo Sí a la Vida, Francia invita a:
 

"Argentina
¡Alto a la política minera destructora!


Desde el año 2005, Argentina vive un verdadero « boom minero». Vuelven a abrir las antiguas minas. Yacimientos nuevos se prospectan. Cobre, plata, oro y uranio actúan como unos imanes sobre los inversores nacionales y extranjeros. El ascenso de los cursos de metales hasta el 2008 ha señalado la explotación minera como una oportunidad para reactivar la actividad económica después de la crisis del 2001, una opción que el gobierno defiende hasta tal punto que impidió la adopción de la Ley de Protección de los Glaciares que debía prohibir toda actividad industrial sobre los glaciares y sus cercanías.

Esta aceleración de la actividad minera es irremediablemente destructora para el medio ambiente y las poblaciones del sitio. La explotación de las minas a cielo abierto supone cavar y volcar los terrenos dinamitándolos, provocando así nubes de polvo con partículas de metales pesados particularmente dañosos para la salud. Los productos químicos tales como el cianuro o el mercurio, utilizados para extraer los mineros de la roca, van contaminando el subsuelo y los ríos que alimentan los pueblos y se utilizan para el riego, poniendo pues en peligro la agricultura y la cría de los campesinos. Una mina gasta cantidades de agua fenomenales en zonas particularmente áridas : únicamente la  mina de Pirquita, en el norte de Argentina, consume ¡ unos 70 000 m3 al día ! Van echando las poblaciones de sus tierras o las obligan a dejarlas por la destrucción del medio ambiente, y así abandonan su patrimonio cultural a la dinamita de las multinacionales. El fenómeno de acidificación de las aguas impide vivir en estos sitios durante varios cientos de años después de la explotación minera.

¡No nos dejemos engañar ! no podemos sentirnos ajenos a las realidades que están viviendo las poblaciones locales en aquellas regiones de explotación minera en Argentina como en otros países del Sur. Las empresas occidentales, nuestro modo de vida y nuestro consumo desempeñan un primerísimo papel en el modelo de desarrollo exportador, extractivista y derrochador basado en la actividad minera destructora.

Por eso deseamos llamar la atención de los candidatos a las elecciones legislativas y senatoriales del futuro 28 de junio en Argentina dirigiéndoles el petitorio que os convidamos a firmar".
Colectivo Sí a la Vida, Francia
Para mayores informes :
http://dunplateaualautre.over-blog.com/
http://www.noalamina.org/
Contáctenos: sialavida-argentina@googlegroups.com

Texto del petitorio

Señora Presidenta, Señoras y Señores candidatos a las elecciones legislativas y senatoriales,
Con nuestro mayor respeto, nos permitimos dirigirnos a Ustedes, para comunicarles nuestra gran preocupación por el recrudecimiento en Argentina, de proyectos mineros a cielo abierto en la región andina, especialmente, en la Provincia de Jujuy, con la reactivación de Mina Pirquita y numerosos pedidos de cateo y exploración en diferentes departamentos de la Puna. La misma prestigiosa Quebrada de Humahuaca, inscripta desde el año 2002 en el Patrimonio Natural y Cultural de la UNESCO, se encuentra amenazada por seis pedidos recientes de cateo por la Empresa Uranio del Sur S.A en el departamento de Tilcara, autorizados y luego suspendidos provisoriamente ante la oposición local.

El carácter irremediablemente destructor de la tecnología de explotación a cielo abierto que recurre a grandes cantidades de Energía, Agua, y productos altamente tóxicos, se encuentra abundantemente documentado en cuanto al medio ambiente, al entorno social y cultural, a la salud, a la permanencia y a la vida misma de las poblaciones locales.

Existen en las propias Fiscalías Federales, numerosas denuncias penales de contaminación de empresas mineras actuales y muchas otras que han sido abandonadas hace más de 20 años, sin haberse realizado ningún tipo de remediación de pasivos ambientales de dichas minas. Esto hace que las mismas sigan actualmente contaminando ríos y perjudicando a la población. Los casos de las localidades de Abra Pampa y Pan de Azúcar han sido abundantemente documentados. De igual manera, es notorio el carácter espoliador de este tipo de extracción implementado por empresas extranjeras beneficiando de escandalosas exenciones fiscales y de privilegios energéticos y de uso de las reservas hídricas.

¿Qué será de la Quebrada de Humahuaca con una o varias minas de uranio?¿Qué será de sus campesinos indígenas, de sus cultivos regados con agua altamente contaminada, con una atmósfera inevitablemente impregnada de elementos radiactivos llevados a centenares de kilómetros, de su “Patrimonio Natural y Cultural”, de su auge turístico promovido durante años por los últimos gobiernos provinciales? ¿Qué será de la Puna Jujeña y de sus 50.000 habitantes, y más allá, cuando se acentúe todavía más el envenenamiento y el descenso de su napa freática, cuando se vuelva imposible la actividad agropecuaria tradicional?

¿Para qué lucharon los grandes próceres argentinos tan recordados en toda la tradición patriótica, si los argentinos del siglo XXI abren su puerta a un neo-colonialismo peor aún que la colonia de la cual fueron liberados? ¿De qué independencia económica, energética, cultural podemos hablar cuando empresas extranjeras se llevan todo, dejando detrás de ellos migajas, desastres ambientales y sociales irreparables, y las reservas minerales e hídricas saqueadas? Qué humillación para la Argentina, las limosnas de las empresas mineras a hospitales, escuelas y universidades para hacer olvidar sus privilegios exorbitantes otorgados durante el fatídico decenio de los noventa, y plasmados en una indignante ley de presupuesto de minería todavía sorprendentemente inmodificada.

Nos atrevemos a solicitarles que exijan un particular respeto de la Ley General de Medio Ambiente Número 25 675 y del Convenio Número 169 de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) relativo a las Comunidades Aborígenes. Deseamos que el Poder Judicial promueva la sanción rigurosa de los delitos ambientales y que el Poder Legislativo abra la Ley a los nuevos paradigmas tecnológicos y éticos.

Por favor, que el maravilloso País de la Argentina

Finalmente, quisiéramos expresar nuestra indignación y nuestra incomprensión ante el veto a la ley 26.418 de Protección de los glaciares y del ambiente periglaciar. Nos indignan también las modificaciones llevadas a la ley que podrán debilitarla y hasta vaciarla de su contenido, a causa de las ambigüedades introducidas. Es indudable que los cambios integrados al artículo 6, al permitir la implantación de infraestructuras declaradas de “interés público”, juegan con la ambigüedad de términos que pueden interpretarse de distintas formas. Por ejemplo, la extracción minera ya se ha calificado como una actividad de interés público en el artículo 13 del Código de mina.

Frente a proyectos mineros que conllevan importantes consecuencias medioambientales, en particular el de Pascua Lama situado entre Argentina y Chile, creemos que esta ley debe contar con una defensa firme para evitar catástrofes irreversibles. En estos tiempos de calentamiento global y de deshielo acelerado de los glaciares de Argentina y otros lugares, cuando el agua genera considerables tensiones y puede llevar a conflictos geopolíticos, es nuestro deber adoptar un comportamiento responsable respecto a esos campos de hielo. La desaparición de los glaciares y el debilitamiento de la reflexión de los rayos solares que proporcionan, aceleran el calentamiento global. La permanencia de los glaciares atañe a todos. Por consiguiente, les pedimos a Ustedes hacer todo lo que se encuentre en su poder para protegerlos.

Esperamos de Ustedes que sepan enviar a los argentinos y al mundo entero, un mensaje fuerte a favor de los Derechos Humanos Ambientales y de la Equidad en la repartición de las riquezas.

Con esta esperanza y confianza, saludamos a Ustedes muy atentamente. 

Firmas :Nombre, Apellido, ciudad, país, organización/profesión

Fuente: http://www.noalamina.org/ 5-6-09

 

2. Contra el Estado al servicio de las transnacionales

 

a) Para el boom minero

Página/12 informa:"Casi sin discusión, las universidades nacionales aceptaron percibir y repartirse fondos millonarios provenientes de un empresa resistida por su impacto ambiental: la minera La Alumbrera, una empresa que –según la Justicia Federal en una causa aún abierta– ha incurrido en el presunto delito de contaminación peligrosa para la salud, por lo que uno de sus ejecutivos está procesado. Luego avalada por cada institución, la decisión del Consejo Interuniversitario Nacional de aprobar el ingreso a las arcas académicas primero de 50 millones de pesos y, ahora, de otros 36 millones generó malestar entre los numerosos investigadores de las propias universidades que hace tiempo vienen alertando sobre los riesgos de la explotación minera “a cielo abierto” que se expande en el país: “La Alumbrera es un proyecto que atenta contra el medioambiente. Al aceptar estos fondos, la universidad pública está dando su consentimiento a un emprendimiento que va contra los intereses del país”, dijo a Página/12 Abraham Gak, profesor honorario de la UBA y coordinador del Plan Fénix.

 

El yacimiento de oro y cobre Bajo La Alumbrera se ubica en el departamento catamarqueño de Belén y los derechos de su explotación le pertenecen a Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (Ymad), ente compuesto por la provincia de Catamarca, el Estado nacional y la Universidad de Tucumán –el yacimiento fue descubierto por científicos de la casa, que en 1948 lo registraron a nombre de la institución–. Para explotar la mina, Ymad conformó en 1994 una unión transitoria de empresas con Minera Alumbrera Ltd., formada por corporaciones extranjeras: tras sucesivas compras y ventas, hoy son Xstrata Plc, de Suiza, Goldcorp y Yamana Gold, ambas de Canadá.

 

La actividad empezó en 1997 y hoy se trata de la mina más grande del país, una de las mayores del mundo (ver “Los números...”).

Al menos desde 1999, pobladores y funcionarios vienen presentando reiteradas denuncias por la contaminación generada por derrames y filtraciones. La causa que más prosperó se inició con una denuncia de un ex director de Medio Ambiente de Tucumán, el biólogo Juan González, por los niveles de metales hallados en el canal DP2, donde desemboca el mineraloducto de La Alumbrera. En mayo de 2008, la Cámara Federal de Tucumán consideró que “se encuentra acreditada la existencia de contaminación ambiental en el canal de desagüe donde vuelca sus efluentes industriales la empresa Minera La Alumbrera” y procesó al vicepresidente de la firma, Julián Rooney.

 

Como pruebas, el expediente citó informes de impacto ambiental de la propia minera, pericias realizadas por la Gendarmería y estudios de la Secretaría de Ambiente de Tucumán. Además de un informe de la propia Secretaría de Minería de la Nación, que consigna según recordaron los jueces al procesar a Rooney que el canal DP2 “presenta concentraciones de sólidos totales disueltos, sulfatos y molibdeno (...), hierro, manganeso, arsénico y boro, superando los límites establecidos por la normativa aplicable”, por lo que “el impacto considerado es de carácter negativo, con un fuerte grado de perturbación y un alto valor ambiental”.

¿Por qué las universidades reciben fondos de esa empresa? Ymad percibe el 20 por ciento de las utilidades de la explotación de la mina. El 60 por ciento de ese monto se dirige a Catamarca y la mitad del otro 40 por ciento va para la Universidad de Tucumán; el resto se distribuye entre las demás casas de estudios nacionales, según dispone la ley 14.771. Por primera vez desde que la mina se puso en actividad, el año pasado llegaron al sistema universitario 50 millones de pesos. Y hace apenas algunos días llegó una segunda partida, por 36,8 millones. Antes de arribar a las casas de estudios, el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), el cuerpo que integran los rectores de todas las universidades públicas, debió acordar el reparto de los fondos.

 

“Los rectores nos limitamos a discutir la distribución que nos pedía el ministerio”, explicó el actual presidente del CIN, Darío Maiorana, consultado por este diario. “Eventualmente, las universidades podrían negarse a recibir los fondos, pero hay una responsabilidad derivada de la ley que los asigna”, argumentó otro rector. La principal discusión entre los rectores se centró en los montos correspondientes a cada universidad. Menor interés despertó la propuesta de unos pocos rectores, quienes pretendían definir un destino global para los recursos: finalmente, sólo se acordó “sugerir” que los fondos de la minera se aplicaran “a proyectos institucionales”, es decir, no a un mero refuerzo presupuestario para afrontar gastos corrientes.

Tras la resolución del CIN, entre fines del año pasado y los primeros meses de 2009 cada universidad fue aprobando en sus consejos superiores el ingreso a sus arcas de la partida inicial de La Alumbrera. En la UBA, por ejemplo, los 3,4 millones que le tocaban se aprobaron este año como recursos propios, sin debate alguno. Lo mismo ocurrió en la mayoría de las casas de estudios. En otras universidades nacionales, como las del Sur, Mar del Plata y la Patagonia (SJB), hubo mociones de rechazo presentadas por profesores y estudiantes, pero resultaron minoría. Las principales objeciones a la vinculación entre universidades y minería fueron planteadas por organizaciones sociales y, desde la comunidad académica, por los investigadores críticos del modelo de desarrollo vigente, extractivo y exportador de materias primas, avalado por el Estado y las grandes corporaciones.

 

“En el peor de los casos, las universidades deberían usar esos recursos para investigar seriamente las consecuencias de la explotación minera a cielo abierto, una forma de explotación que, a mi juicio, va a dejar sin agua potable a las poblaciones cercanas y que no es conveniente para los intereses del país”, dijo Abraham Gak. “Es inadmisible que las universidades acepten esos fondos –estimó Mirta Antonelli, profesora de la Universidad de Córdoba–. Los rectores no pueden ignorar la procedencia de estos fondos; de hecho, algunos lo conocen perfectamente, porque hay universidades que les venden sus servicios a estas empresas. Por otro lado, hay un aspecto ético involucrado, porque se trata de fondos cuya procedencia está judicializada por contaminación, que es un delito federal. Ahora se están haciendo cómplices todas las universidades” .” Fuente: http://www.pagina12.com.ar/ 5-6-09

 

b) Para el boom de los agronegocios

 

Jorge Eduardo Rulli sostiene en sus editoriales del programa radial Horizonte Sur:

El Grupo de Reflexión Rural, en su documento del 7 de mayo de 2009, manifiesta:
"Nos pronunciamos frente a las declaraciones del ministro de ciencia y tecnología

(…)Durante los  últimos años hemos denunciado, desde el GRR y desde la Campaña Paren de Fumigar,  así como lo hicieron todos los grupos amigos que la componen, tales como el CEPRONAT de Santa Fe y las madres del Barrio Ituzaingó anexo de Córdoba, el daño irreparable que producen los agrotóxicos que acompañan a las sojas transgénicas: enfermedades de carácter terminal, abortos y malformaciones. Se trata  de los daños colaterales de una agricultura que merece el apelativo de agro genocidio. El informe Pueblos Fumigados, que hemos presentado, y que puede hallarse en nuestra página www.grr.org.ar, da testimonio del sufrimiento colectivo, pero también, es un camino para superarlo y una propuesta para generar modelos agrícolas alternativos más sustentables y ecológicos, en una Sociedad menos tóxica que la actual. La Argentina sojera y dependiente de la biotecnología, que respalda desembozadamente, el Ministro Lino Barañao, ha batido record de cosechas, pero también, de víctimas inocentes que reclaman justicia… ".Fuente: www.grr.org.ar

 

 

3. Contra el Estado represor y  por los derechos humanos

 

La Coordinadora Antirrepresiva por los Derechos del Pueblo (CADeP), en su declaración fundacional, precisa:

"A fines del año 2006, un grupo de compañeros y compañeras, algunos pertenecientes a diversas organizaciones políticas y otros independientes, que en su mayoría formábamos parte desde años atrás de la Coordinadora contra la Represión Policial e
Institucional (CORREPI), nos vimos obligados a diferenciarnos de dicho organismo en razón de profundas diferencias políticas y metodológicas. Fue así, que decidimos generar un nuevo espacio continuador de la lucha que veníamos llevando adelante
durante tantos años, al que denominamos CorrepiSur.

Hemos recorrido un largo camino desde aquel momento, se sumaron nuevos compañeros y organizaciones que venían de otras experiencias en la lucha contra la represión y por los derechos humanos y por ello entendimos entre todos que ha llegado el momento de encarar una nueva etapa, logrando una síntesis superadora que tome lo mejor de todos estos años de experiencia en la lucha antirrepresiva y lo conjugue con las nuevas necesidades que requiere el momento histórico, refundando para ello este organismo antirrepresivo y de derechos humanos,  que desde ahora en más pasará a llamarse CADeP (Coordinadora Antirrepresiva por los Derechos del Pueblo).

Tanto desde CORREPI en un primer momento, como desde Correpi Sur después,  fuimos definiendo nuestro punto de vista sobre las particularidades de la lucha antirrepresiva en el marco del sistema capitalista, y en particular en la etapa post-dictatorial en nuestro país..

En distintos documentos se caracterizó la represión como inherente al sistema capitalista y como herramienta coercitiva del Estado burgués, que "independientemente del gobierno que lo administre y en tanto representante de los intereses de los sectores dominantes", necesariamente recurre (en proporciones variables y según el grado de consenso) a estrategias represivas como el gatillo fácil, las torturas, las detenciones arbitrarias y la persecución política con el objetivo de ejercer el control y el disciplinamiento social  para garantizar la aplicación de sus políticas de hambre y exclusión.

 

En ese contexto se producen permanentes violaciones a los derechos humanos como un accionar sistémico ejercido por el Estado, principalmente mediante la represión preventiva hacia los sectores más empobrecidos y marginados y la represión contra los luchadores populares.

 

Históricamente el Estado ha sido consecuente con esta práctica, criminalizando la pobreza y persiguiendo a los luchadores populares utilizando a tal fin las distintas herramientas con las que ha contado. Es que, a fin de defender el orden social establecido y los intereses de los sectores dominantes, los sucesivos gobiernos no han dudado en utilizar todos los instrumentos a su alcance, desde la represión directa y el asesinato hasta la persecución judicial a partir de leyes creadas a la medida de la persecución política.

Una de las primeras leyes promulgadas con el explícito fin de perseguir a los que llevaban adelante luchas reivindicativas es la ley 4.144 del año 1902, denominada "Ley de Residencia", complementada en 1910 con la  ley 7.029 llamada "Ley de Defensa Social". Estas herramientas legales, junto con las prácticas represivas abiertas fueron un hito en la persecución a los oprimidos ya que, además de permitir la expulsión del país, llegaban a la pena de muerte.

No es novedoso que el Estado sancione leyes a la medida de la persecución de la protesta social y política e históricamente se han creado y aplicado distintas figuras jurídicas a los que reclaman activa y firmemente por sus derechos, como así también se ha recurrido a los más atroces métodos de exterminio para imponer las políticas del Estado burgués. El punto más alto ha sido sin lugar a dudas el genocidio llevado adelante por la última dictadura, utilizando la doctrina de seguridad nacional como sostén ideológico y siguiendo el mandato estadounidense en plena guerra fría. En ese contexto las fuerzas armadas desplegaron su capacidad represiva contra un enemigo interno, que no era ni más ni menos que el pueblo y las organizaciones políticas revolucionarias.

Sin embargo, desde el 10 de diciembre de 1983, que es cuando comienza el período que denominamos institucional, la política represiva del Estado ha tenido  una clara continuidad, aunque reformulando el concepto de la doctrina de la seguridad nacional por un concepto de doctrina de la seguridad social. A partir de esa fecha, el rol de control social y preservación de las bases del sistema se va a desplazar desde las fuerzas armadas hacia las fuerzas policiales.

Durante el período institucional, la represión de las fuerzas policiales se efectuó en un primer momento fundamentalmente sobre los pobres en general y sobre los jóvenes y los sectores en lucha en particular. Se explica ese cambio de enemigo interno, ya que se pasa del "enemigo real" de la década del 70', al "enemigo potencial" de estos tiempos, debido a que los pobres y los jóvenes tienen sobrados motivos para rebelarse y para darle sentido político a ese levantamiento.

Además, al comenzar a gestarse la resistencia más organizada políticamente de los sectores en lucha, el Estado aplicó de manera brutal toda su fuerza para perseguir, encarcelar y asesinar a los luchadores. Teresa Rodríguez, Víctor Choque, Aníbal Verón, Darío Santillán, Maximiliano Kosteki, Carlos "Petete" Almirón, entre otros asesinados por las fuerzas estatales, la existencia de presos políticos a lo largo del país, miles de causas penales contra militantes, han sido el resultado más visible de esa política.

 Y en este sentido los gobiernos de Raúl Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde y Kirchner han sido claros exponentes, con sus matices, de la política de represión contra el pueblo. Desde 1983 a la fecha se profundizó la mano dura, a los fusilamientos de la policía se los llama "enfrentamientos"; a los ocupantes de tierras o viviendas, "usurpadores"; a los extranjeros pobres, "indocumentados"; a los niños "delincuentes infanto juveniles", a los luchadores populares "delincuentes", a los presos políticos "presos a secas", y a las organizaciones populares se las continúa catalogando de "terroristas", pero ahora con "ley"  y todo.


Actualmente, a pesar de que la gestión de los Kirchner se ha querido autoproclamar el "gobierno de los Derechos Humanos", vemos que la situación en nada ha cambiado. Tras 6 años de gobierno los resultados hablan por sí mismos: más de mil casos de gatillo fácil, miles de militantes acusados penalmente, la sanción de la denominada "Ley Antiterrorista", la existencia de presos políticos, la mayoría de los genocidas libres y la desaparición forzada de Jorge Julio López y Luciano Arruga.

Teniendo en cuenta que «la represión institucional» es una herramienta indispensable del Estado burgués, entendemos que la lucha antirrepresiva tiene un profundo contenido ideológico y que sólo tiene sentido enmarcada en la gran batalla del objetivo estratégico: la derrota del capitalismo. Sin embargo, una organización antirrepresiva y de derechos humanos no puede ocupar el rol protagónico en la construcción del proyecto del cambio revolucionario, ya que su ámbito es la lucha reivindicativa por los derechos humanos, en la cual, por otra parte, confluyen y conviven diversas visiones sobre las formas de construcción revolucionaria y la disputa por el poder.

Pero lo que sí nos proponemos es no limitarnos a actuar con un carácter meramente defensivo, sino aportar e intervenir directamente en la lucha de clases desde nuestro rol de organismo de derechos humanos, generando políticas concretas y aportando a la necesaria coordinación con organizaciones y militantes para ir generando espacios de doble poder y empujar -desde  nuestro aporte- la lucha popular.

Definimos el concepto de «derechos humanos» con un sentido amplio y dinámico, y entendemos imprescindible ir limitando y condicionando
la política del Estado con el accionar antirrepresivo, siendo conscientes que la única posibilidad de vigencia plena de los derechos del pueblo es la derrota del capitalismo. En ese sentido tomamos la definición que diera nuestro compañero León "Toto" Zimerman, respecto a que "Los derechos humanos son los derechos que tiene el pueblo de hacer la revolución".

Estas definiciones son y han sido siempre el eje y la base de los acuerdos para construir con todos los compañeros y organizaciones que se acercaron a nuestro organismo. Estamos convencidos que la coordinación en la lucha antirrepresiva nos permite generar política en conjunto, entendiendo la misma como una herramienta de autodefensa popular y de intervención en la dinámica de lucha, buscando influir no sólo en un determinado segmento de los militantes organizados, sino en las masas "que son finalmente las que deciden el curso de la historia". Por estas razones, desde CADeP seguimos apostando a la pluralidad dentro del campo popular, llevando adelante la tarea común de confrontar la represión estatal con unidad, organización y lucha.

CADeP seguirá llevando adelante el trabajo concreto que comenzamos hace años contra las políticas de gatillo fácil, la criminalización de la protesta y de la pobreza, y exigiendo la libertad de todos los presos políticos y la cárcel para los asesinos de ayer y de hoy. También como hasta ahora, impulsaremos activamente las diversas construcciones que integramos, como la Multisectorial "Chau Pozo", en la zona sur del conurbano,  la Coordinadoras Antirrepresivas del Oeste, de La Matanza y el Encuentro "Memoria, Verdad y Justicia" a nivel nacional.

Continuamos fieles a  nuestra historia y con el compromiso renovado de enfrentar las políticas represivas del Estado y aportar a la construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados, convencidos de que hoy más que nunca el único camino sigue siendo la lucha. Buenos Aires, 15 de Mayo de 2009".
Fuente: www.anred.org 

 

4. Contra las redes de trata y el Estado proxeneta

 

La Asociación Civil La Casa del Encuentro convoca el día 3 de cada mes a las 18.30hs frente al Congreso de la Nación (Entre Ríos y Rivadavia) - Buenos Aires- Argentina:  
"Por las Mujeres y Niñas Desaparecidas y secuestradas en Democracia por las redes de trata para la prostitución con la consigna:
ELLAS NO PUEDEN ESPERAR MÁS.
Por Marita Veron, Florencia Penacchi, Andrea López, Fernanda Aguirre y por las más de 600 mujeres y niñas desaparecidas.
Justicia para Otoño Uriarte
Justicia para Dana Pecci
 Radio abierta, sentada  y ronda alrededor del Congreso
Para exigir aparición con vida, y  reclamar justicia 
Diferentes organizaciones de mujeres, sociales, feministas, barriales,
Sociedades de fomento, políticas y personas independientes estaremos allí junto a ellas exigiendo:   

Por Florencia, por Fernanda, por Marita, por Andrea y
Por todas las que ya no pueden esperar más. 

SIN “CLIENTES” NO HAY PROSTITUCIÓN NI TRATA
SEXO PAGO ES SEXO ESCLAVO

Repudiamos toda la forma de violencia hacia las mujeres y  niñ@s

 

La Federación Universitaria de Buenos Aires "contra las redes de trata" explica el porqué:

"En nuestro país 600 mujeres son secuestradas anualmente por las redes de trata para ser obligadas a prostituirse. Es el tercer negocio ilegal a nivel internacional después del narcotráfico y la venta de armas. Estas redes mantienen en una misma línea de organización y complicidad a la policía, jueces, funcionarios del Estado y empresarios.

 

Es tan así que el gobierno nacional junto a la oposición han votado a favor de una ley de trata que favorece a los proxenetas y sus socios: aplica penas irrisorias y excarcelables, no incauta sus bienes y exige que las mujeres mayores de edad demuestren el no consentimiento. (...)

En el último Congreso extraordinario de la FUBA, realizado en el mes de abril, sesionó una comisión de la mujer la cual resolvió, entre otras cosas, impulsar una campaña contra la trata de personas y colocar como reclamo fundamental dirigido al gobierno: la aparición con vida de Florencia Pennacchi y de todas las mujeres secuestradas/desaparecidas por las redes de trata. Desde la FUBA estamos convencidas/os que la única manera de recuperar a nuestras mujeres, niñas y niños es por el camino de la movilización y organización independiente de los poderes políticos de Estado. (...) Por eso, resolvimos convocar a estas jornadas con el objetivo de hacer conciente este problema y comprometer a decenas y cientos de estudiantes en la lucha por el desmantelamiento de las redes y la aparición de las mujeres y niños/as desaparecidas. También resolvimos marchar todos los 3 para sumarnos a este plan de lucha".
Fuente: comisionmujerfuba@gmail.com

En consecuencia, es imprescindible erradicar la impunidad del Estado en su accionar sistémico de: garantizar y realizar violaciones de derechos humanos; aplicar criminalización tanto de la pobreza como del reclamo reivindicativo; legalizar y legitimar  el saqueo y destrucción de las condiciones de vida; pagar la estafa que reconoce deuda externa pública en incesante aumento pese a las crecientes transferencias de fondos públicos y jubilatorios que desfinancian al Estado social en sus distintas jurisdicciones; y

proteger y participar de súper negocios con la trata de personas, con el narcotráfico y los juegos de azar.

 

Se trata, en esencia, de derrotar a la prioridad del «Mercado sobre la vida» luchando y creando democracia directa e indirecta a medida que se consigue revertir el funcionamiento de feudos provinciales, del sector público...y deconstruir la lógica capitalista, las ciencias y tecnologías coloniales, las rutinas cotidianas, etc.

 

 

 


 

II. ((VOLVER))

 

Correspondiente a la segunda hipótesis

Podemos situarnos en cuestionar al capitalismo si consideramos que consiste en:

 

1. Una forma de sociabilidad que desemplea o precariza a más de 1200 millones de personas

 

Ricardo Antunes, en "Trabajo y precarización en un orden neoliberal", sostiene que "es preciso decir en forma clara:

desregulación, flexibilización, tercerización, bien como todo ese recetario que se desparrama por el “mundo empresarial”, son expresiones

de una lógica social donde el capital vale y la fuerza humana de trabajo sólo cuenta como parcela imprescindible para la reproducción

de este mismo capital.

Eso porque el capital es incapaz de realizar su auto valorización sin servirse del trabajo humano. Puede disminuir el trabajo vivo, pero no eliminarlo. Puede precarizarlo y desemplear parcelas inmensas, pero no puede extinguirlo.

 

La sociedad contemporánea, particularmente en las últimas dos décadas, presenció fuertes transformaciones. El neoliberalismo y la reestructuración productiva de la era de la acumulación flexible, dotadas de fuerte carácter destructivo, han acarreado, entre tantos aspectos nefastos, un monumental desempleo, una enorme precarización del trabajo y una degradación creciente, en la relación metabólica entre hombre y naturaleza, conducida por la lógica social volcada prioritariamente para la producción de mercaderías, que destruyen el medio ambiente en escala globalizada.

Curiosamente, mientras tanto, han sido frecuentes las representaciones de estas formas de (des)sociabilización, que se expresan como si la humanidad hubiera alcanzado su punto máximo, o su finalidad. Muchas son las formas de fetichización desde el culto de la sociedad democrática, que habría finalmente alcanzado la utopía de su realización, hasta la creencia en la desmercantilización de la vida social, en el fin de las ideologías. O todavía aquellos que visualizan una sociedad comunicacional, capaz de posibilitar una interacción subjetiva, para no hablar de aquellos que visualizan el fin del trabajo como la realización concreta del reino de libertad, en los marcos de la sociedad actual, vista en relación a otro momento en que era un poco más regulada y regida por relaciones más contractualistas.

  

Al contrario de estas formulaciones, se puede constatar que la sociedad contemporánea presencia un escenario crítico, que alcanza también a los países capitalistas centrales. Paralelamente a la globalización productiva, la lógica del sistema productor de mercaderías viene convirtiendo la concurrencia y la búsqueda de productividad en un proceso destructivo que ha generado una inmensa sociedad de los excluidos y de los precarizados, que hoy alcanza también los países del Norte. Hasta Japón y su modelo toyotista, que introdujo el “empleo vitalicio” para cerca del 25% de su clase trabajadora, hoy amenaza extinguirlo, para adecuarse a la competitividad que emerge del occidente “toyotizado”.

 

Después de desestructurar el Tercer Mundo y eliminar los países pos-capitalistas del Este Europeo, la crisis alcanzó también el centro del sistema productor de mercaderías (Kurz, 1992). Y cuanto más se avanza en la competitividad inter-capitalista, cuanto más se desenvuelve la tecnología concurrencial (o competitiva), mayor es el desmontaje de innumerables parques industriales que no consiguen acompañar su velocidad intensa. De Rusia a Argentina, de Inglaterra a México, de Italia a Portugal, pasando por Brasil, los ejemplos son crecientes y acarrean repercusiones profundas en el enorme contingente de la fuerza humana de trabajo presente en estos países. ¿Qué decir de una forma de sociabilidad que desemplea o precariza a más de 1200 millones de personas, o alrededor de un tercio de la fuerza humana mundial que trabaja, conforme datos recientes de la OIT?

 

Esa lógica destructiva permitió que Robert Kurz afirmara, no sin razón, que regiones enteras están, poco a poco, por ser eliminadas del escenario industrial, derrotadas por la desigual concurrencia mundial. La experiencia de los países asiáticos como Corea, Hong Kong, Taiwán, Singapur, entre otros, inicialmente bien sucedidos en la expansión industrial reciente, son, en su mayoría, ejemplos de países pequeños, carentes de mercado interno y totalmente dependientes del occidente para desenvolverse (Kurz 1992). No pueden, por tanto, constituirse como modelos alternativos a ser seguidos o trasplantados para países continentales, como India, Rusia, Brasil, México, entre otros. Sus recientes crisis financieras son ejemplo de su fragilidad estructural. Y es bueno reiterar que estos “nuevos paraísos” de la industrialización se sirven intensamente de las formas nefastas de precarización de la clase trabajadora. Sólo a título de ejemplo: en Indonesia, mujeres trabajadoras de la multinacional Nike ganan 38 dólares por mes, por largas jornadas de trabajo. En Bangladesh, las empresas Wal-Mart, K-Mart y Sears se sirven del trabajo femenino, en la confección de ropas, con jornadas de trabajo de cerca de 60 horas por semana con salarios menores a 30 dólares por mes.

  

Por tanto, entre tanta destrucción de fuerzas productivas, de la naturaleza y del medio ambiente, hay también a escala mundial, una acción destructiva contra la fuerza humana de trabajo, que se encuentra hoy en la condición de precarizada o excluida.

  

En verdad, estamos presenciando la acentuación de aquella tendencia que István Mészáros sintetizó correctamente al afirmar, que el capital, desprovisto de orientación humanamente significativa, asume, en su sistema metabólico de control social, una lógica que es esencialmente destructiva, donde el valor de uso de las cosas es totalmente subordinado a su valor de cambio (Mészáros, 1995, especialmente parte II).

Si constituye una gran equivocación imaginarse el fin del trabajo en la sociedad productora de mercaderías y, con eso, imaginar que estarían creadas las condiciones para el reino de la libertad es, entonces, imprescindible entender cuales mutaciones y metamorfosis vienen ocurriendo en el mundo contemporáneo, bien como cuales son sus principales significados y sus más importantes consecuencias. En lo que atañe al mundo del trabajo, se puede presenciar un conjunto de tendencias que, en sus trazos básicos, configuran un cuadro crítico  y que tienen direcciones semejantes en diversas partes del mundo, donde tiene vigor la lógica del capital. La crítica a las formas concretas de la des-sociabilización humana  es condición para que se pueda emprender también la crítica y la desfetichizacion de las formas de representación hoy dominantes, del ideario que domina nuestra sociedad contemporánea".

   

2. Una aguda destructibilidad o (des)sociabilización

 

Ricardo Antunes continúa:"En las páginas siguientes pretendemos ofrecer un esbozo analítico (conciso) de algunos puntos centrales de la crisis contemporánea, con particular énfasis en el universo del mundo del trabajo.

 

II. El capitalismo contemporáneo, con la configuración que viene asumiendo en las últimas décadas, acentuó su lógica destructiva. En un contexto de crisis estructural del capital, se diseñan algunas tendencias, que pueden ser resumidas:

Por el propio sentido que conduce estas tendencias (que, en verdad, se constituyen en respuestas del capital a su propia crisis), se acentúan los elementos destructivos que presiden a la lógica del capital. Cuanto más aumentan la competitividad y la concurrencia inter-capitales, inter-empresas e inter-potencias políticas del capital, más nefastas son sus consecuencias.   Dos manifestaciones son más virulentas y graves: la destrucción y/o precarización, sin paralelos en toda la era moderna, de la fuerza humana que trabaja y la degradación creciente, en la relación metabólica entre hombre y naturaleza, conducida por la lógica volcada prioritariamente para la producción de mercaderías que destruyen el medioambiente.

Se trata, por tanto, de una aguda destructibilidad, que en el fondo es la expresión más profunda de la crisis estructural que asola la (des)sociabilización contemporánea: se destruye la fuerza humana que trabaja; se destrozan los derechos sociales; se brutalizan enormes contingentes de hombres y mujeres que viven del trabajo; se torna predatoria la relación producción/naturaleza, creándose una monumental “sociedad de lo descartable”, que deja fuera todo lo que sirvió de “embalaje” para las mercaderías y su sistema, manteniéndose, mientras, el circuito reproductivo del capital.

En este escenario, caracterizado por un trípode que domina el mundo (como los Estados Unidos de América y su Nafta, Alemania al frente de Europa unificada y Japón liderando los demás países asiáticos), cuanto más uno de los polos de la triade se fortalece, más los otros se resienten y se debilitan. Por eso la crisis frecuentemente cambia de centro, aunque esté presente en varios puntos, asumiendo una dimensión mundial.

 

En el debate cotidiano que emprenden para expandirse por las partes del mundo que interesan y también para co-administrar sus situaciones más explosivas, en suma, para disputar y al mismo tiempo digerir las crisis, acaban por acarrear todavía más destrucción y precarización. América Latina se integra a la llamada mundialización destruyéndose socialmente. En Asia, la enorme expansión se da a costa de una brutal súper-explotación del trabajo, de que las recientes huelgas de los trabajadores de Corea del Sur, en 1997/8, son firme denuncia. Súper-explotación que afecta profundamente a mujeres y niños.

Es preciso que se diga de forma clara: desregulación, flexibilización, tercerización, bien como todo ese recetario que se desparrama por el “mundo empresarial”, son expresiones de una lógica social donde el capital vale y la fuerza humana de trabajo sólo cuenta como parcela imprescindible para la reproducción de este mismo capital. Eso porque el capital es incapaz de realizar su auto valorización sin servirse del trabajo humano. Puede disminuir el trabajo vivo, pero no eliminarlo. Puede precarizarlo y desemplear parcelas inmensas, pero no puede extinguirlo.

El claro entendimiento de esta configuración actual del mundo del trabajo nos lleva a entender sus principales mutaciones, lo que buscaremos hacer de modo un poco más detallado a continuación.

  

En las últimas décadas, particularmente después de mediados de los 70, el mundo del trabajo vivenció una situación fuertemente crítica, tal vez la mayor desde el nacimiento de la clase trabajadora y del propio movimiento operario inglés. El entendimiento de los elementos constitutivos de esta crisis es de gran complejidad, una vez que en este mismo periodo, ocurrieran mutaciones intensas, de orden diferencial y que, en su conjunto, acarrearon consecuencias muy fuertes en el interior del movimiento obrero, y en particular, en el ámbito del movimiento sindical. El entendimiento de este cuadro, por tanto, supone un análisis de la totalidad de los elementos constitutivos de este escenario, emprendimiento al mismo tiempo difícil e imprescindible, que no puede ser tratado de manera ligera.

  

Vamos a indicar algunos elementos que son centrales, en nuestro entendimiento, para una comprensión más total de la crisis que se da en el interior del movimiento obrero y sindical.  Su indicación, es fundamental porque afectó tanto la materialidad de la clase trabajadora, como su forma de ser, es decir su esfera más propiamente subjetiva, política, ideológica, de los valores y del ideario que pautan sus acciones y prácticas concretas. Comenzamos diciendo que en este periodo vivenciamos un cuadro de crisis estructural del capital, que abatió al conjunto de las economías capitalistas a partir especialmente del inicio de los años 70. Su intensidad es tan profunda que llevó al capital a desarrollar prácticas materiales de la destructiva auto-reproducción ampliada posibilitando la visualización del espectro de la destrucción global, en vez de aceptar las necesarias restricciones positivas en el interior de la producción para satisfacción de las necesidades humanas (Mészáros, 1995)(4).

Esta crisis hizo que, entre tantas consecuencias, el capital implementase un vastísimo proceso de reestructuración del capital, con vistas a la recuperación del ciclo de reproducción del capital y que, como veremos más adelante, afectó fuertemente el mundo del trabajo.

Un segundo elemento fundamental para el entendimiento de las causas del reflujo del movimiento obrero proviene del explosivo desmoronamiento del Este Europeo (y de la casi totalidad de los países que intentaron una transición socialista, con la ex Unión Soviética al frente), propagándose, en el interior del mundo del trabajo, la falsa idea del “fin del socialismo”.

Mientras el largo plazo de las consecuencias del fin del Este Europeo sean llenadas de positividades (pues coloca la posibilidad de ser retomado, con bases enteramente nuevas, un proyecto socialista de nuevo tipo, que niegue entre otros puntos nefastos, la tesis estanilista del “socialismo en un solo país” y recupere elementos centrales de la formulación de Marx), en el plano más inmediato se dará, en significativos contingentes de la clase trabajadora  y del movimiento obrero, la aceptación y asimilación de la nefasta y equivocada tesis del “fin del Socialismo” y, como dicen los defensores del orden, del fin del marxismo.

  

Como consecuencias del fin del llamado “bloque socialista”, los países capitalistas vienen rebajando brutalmente los derechos y las conquistas sociales de los trabajadores, dada la “inexistencia”, según el capital, del peligro socialista hoy. Por tanto, el desmoronamiento de la Unión Soviética y del Este Europeo, al final de los años 80, tuvo enorme impacto en el movimiento operario.Bastaría solamente recordar la crisis que se abate en los partidos comunistas tradicionales, y en el sindicalismo vinculado a ellos .

  

Un tercer elemento fundamental para la comprensión de la crisis del mundo del trabajo se refiere al desmoronamiento  de la izquierda tradicional de la era stanilista. Ocurrió un agudo proceso político e ideológico de social-democratización de la izquierda y su consecuente actuación subordinada al orden del capital. Esta opción social-democrática alcanzó fuertemente la izquierda sindical y partidaria, repercutiendo consecuentemente en el interior de la clase trabajadora. Esta alcanzó también fuertemente al sindicalismo de izquierda, que pasó a recorrer, cada vez más frecuentemente, a la institucionalización y la burocratización, que también caracterizan la social- democracia sindical.

  

Es preciso agregar además (y este es el cuarto elemento central de la crisis actual) que, con la enorme expansión del neoliberalismo a partir de fines de los 70 y la consecuente crisis del Welfare State, se dio un proceso de regresión de la propia social-democracia, que pasó a actuar de manera muy próxima de la agenda neoliberal.

El Neoliberalismo pasó a dictar el ideario y el programa que serán implementados por los países capitalistas, inicialmente en el centro y luego después en los países subordinados, contemplando reestructuración productiva, privatización acelerada, achicamiento del Estado, políticas fiscales y monetarias, sintonizadas con los organismos mundiales de hegemonía del capital como el Fondo Monetario Internacional.

El desmontaje de los derechos sociales de los trabajadores, el combate cerrado al sindicalismo clasista, la propagación de un subjetivismo y de un individualismo exacerbado propio de la cultura “pos-moderna”, así como una clara animosidad contra cualquier propuesta socialista contraria a los valores e intereses del capital, son trazos que marcan este periodo reciente (Harvey, 1992; Mcllroy, 1997; Beyon, 1995).

Véase que se trata de un proceso complejo que puede resumirse así:

En consecuencia, es imprescindible erradicar la impunidad de las transnacionales y sus Estados locales e imperialistas que se efectiviza en las relaciones de poder económico, político y cultural conquistadas por la alianza de esas corporaciones con los grupos económicos de Argentina mediante dictadura genocida y se afianzan mediante la democracia restringida.

 

Implica, para quienes nos identificamos anticapitalistas, comenzar por asumir la existencia del progresismo y el centroizquierda que no sólo se subordinan al orden del capital como el único viable sino, sobre todo, se encandilan con el neodesarrollismo que es recolonización de América latina o si se oponen a esta última, aceptan su lógica de modelo productivo a gran escala e integrado en bloque regional dentro del sistema capitalista mundializado.

 

Este reconocimiento nos interpela a facilitar espacios de construcción de un lenguaje común entre las organizaciones sociales que tienen distintos objetivos pero son afines en resistir el despotismo económico de los poderes establecidos. Ya Esteban Echeverría, en 1837, planteaba esclarecer rumbos coherentes con la Revolución de Mayo mediante la definición de palabras simbólicas que fuesen pensamientos en acción transformadora. Se refería a desarrollar democracia, industrias, ciencias, etc. en acuerdo con nuestras realidades como pueblos soberanos.

 

Tal desafío nos conduce a averiguar cómo reconstruir la responsabilidad de colectivos intelectuales que la Carta Abierta ha rebajado, poniéndola al servicio de la gobernabilidad del sistema de saqueo y destrucción. Es decir, quienes nos asumimos intelectuales de izquierda nos trazamos como primer objetivo aprender y aprehender de pueblos o de los de abajo: su constituirse en asambleas, movimientos, multisectoriales, coordinadoras y frentes en rebeldía y resistencia al capitalismo.

 

Es deconstruir nuestros conocimientos y hábitos, es descolonizarnos o desburguesarnos por adentrarnos en el estar siendo con los otros de abajo y por reelaborar nuestras especificidades al analizar condiciones y medios propicios a que el protagonismo popular afirme su soberanía y autodeterminación.

 

Es involucrarnos en facilitar el arraigo en toda la diversidad popular de esas organizaciones sociales e indígenas que han asumido su ser sujetos de derechos mediante la resistencia al avance del predominio de intereses lucrativos sobre las condiciones de vida y trabajo dignos. Pero, al mismo tiempo, esmerarnos en aportar al desarrollo de la Unión de Asambleas Ciudadanas, al de su estar junto con el Movimiento Nacional Campesino e Indígena y al de otras formas de persistencia en el encuentro de los de abajo para poder emanciparse y ejercer autonomía comunitaria.

 


 


 

III. ((VOLVER))

 

Correspondiente a la tercera hipótesis

Podemos embroncarnos ante tanta injusticia social e impunidad pero, a la vez, debemos convencernos de que somos capaces de derrotar el capitalismo. Lo conseguiremos mediante democratización del funcionamiento social e institucional a partir de cuestionar que la única verdad es la realidad y de interpretar relaciones esclarecedoras de nuestras situaciones en perspectivas de cambio.

 

Por ejemplo, los trabajadores precisamos reconocer que nuestra superexplotación laboral no deriva de la modernidad en sí y que el Estado tampoco opera de intermediario en nuestros conflictos con la patronal. Esos dos comportamientos contrarios a la clase trabajadora son propios del capitalismo. Asumirnos sujetos de derechos arranca de tomar conciencia sobre que:

 

1. La  producción flexibilizada responde a la acumulación capitalista y al control sobre trabajadores


Ricardo Antunes, en "Trabajo y precarización en un orden neoliberal", expresa: "Vamos a indicar a continuación las tendencias más significativas que vienen ocurriendo en el interior del mundo del trabajo.

 

III Como respuesta del capital a su crisis estructural, varias mutaciones vienen ocurriendo y que son fundamentales en este giro del siglo XX para el siglo XXI. Una de ellas, y que tiene importancia central, se refiere a las metamorfosis en el proceso de producción del capital y sus repercusiones en el proceso de trabajo.

 

Particularmente en los últimos años, como respuesta del capital a la crisis de los años 70, se intensificaron transformaciones en el propio proceso productivo, a través del avance tecnológico, de la constitución de las formas de acumulación flexible y de los modelos alternativos al binomio taylorismo/fordismo, donde se destaca, para el capital, especialmente, el toyotismo. Estas transformaciones, derivadas por un lado, de la propia concurrencia inter-capitalista y, por otro, dadas por la necesidad de controlar el movimiento operario y la lucha de clases, acaban por afectar fuertemente a la clase trabajadora y su movimiento social y operario (Murray, 1983; Bihr, 1998).

Fundamentalmente, esa forma de producción flexibilizada busca la adhesión de fondo, por parte de los trabajadores, que deben aceptar integralmente el proyecto del capital. Se procura una forma de aquello que llamé, en ¿Adiós al trabajo?, de envolvimiento manipulatorio llevado al límite, donde el capital busca el consentimiento y la adhesión de los trabajadores, en el interior de las empresas, para viabilizar un proyecto que es aquel diseñado y concebido según los fundamentos exclusivos del capital.

En sus trazos más generales, el toyotismo (vía particular de consolidación del capitalismo monopolista de Japón del pos-45) puede ser entendido como una forma de organización del trabajo que nace a partir de la fábrica Toyota, en Japón y que se ve expandido por el Occidente capitalista, tanto en los países avanzados como en aquellos que se encuentran subordinados. Sus características básicas (en contraposición al taylorismo/fordismo) son:

Mientras en la fábrica fordista cerca del 75% era producido en su interior, en la fábrica toyotista solamente cerca del 25% es producido en su interior. Ésta horizontaliza  el proceso productivo y transfiere a “terceros” gran parte de lo que anteriormente era producido dentro de ella.

La falacia de la “calidad total” pasa a tener un papel relevante en el proceso productivo. Los Círculos de Control de Calidad (CCQ, por sus siglas en portugués) proliferan, constituyéndose como grupos de trabajadores que son incentivados por el capital para discutir el trabajo y desempeño, con vistas a mejorar la productividad de la empresa. En verdad, es la nueva forma de apropiación del saber hacer intelectual del trabajo por el capital.

El despotismo se  mezcló con la manipulación del trabajo, con el “involucramiento” de los trabajadores, a través de un proceso todavía más profundo de interiorización del trabajo alienado (extrañado). El operario debe pensar y hacer por y para el capital, el que profundiza (en vez de ablandar) la subordinación del trabajo al capital. En el occidente, los CCQs tienen una variada implementación, dependiendo de las especificidades y singularidades de los países en que ellos son implementados.

  

Esta forma flexibilizada de acumulación capitalista, basada en la (reingeniería), en la empresa enjuta, para recordar algunas expresiones del nuevo diccionario del capital, tuvo consecuencias enormes en el mundo del trabajo. Podemos aquí tan sólo indicar las más importantes:

Por tanto, la clase trabajadora se fragmentó, heterogeneizó, y se complejizó todavía más (Antunes,1998). Se tornó más calificada en varios sectores, como la siderurgia, donde hubo una relativa intelectualización del trabajo, pero se descalificó y  precarizó en diversos ramos, como en la industria automovilística, donde el operario no tiene más la misma importancia, sin hablar en la reducción de los inspectores de calidad, de los gráficos, de los mineros, de los portuarios, de los trabajadores de construcción naval, etc.

  

Se creó, de un lado, en escala minoritaria, el trabajador “polivalente y multifuncional” de la era informacional, capaz de operar con máquinas con control numérico y a veces, ejercitar con mayor intensidad su dimensión más intelectual. Y, del otro lado, hay una masa de trabajadores precarizados, sin calificación, que hoy está presenciando las formas de part-time, empleo temporal, parcial, o sufriendo el desempleo estructural.

  

Estas mutaciones crean, por tanto, una clase trabajadora más heterogénea, más fragmentada y más complejizada, dividida entre trabajadores calificados y descalificados, del mercado formal e informal, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, estables y precarios, inmigrantes y nacionales, blancos y negros, etc., sin hablar de las divisiones que transcurren de la inserción diferenciada de los países y de sus trabajadores en la nueva división internacional del trabajo.

  

Al contrario de aquéllos que defienden el “fin del papel central de la clase trabajadora” en el mundo actual, el desafío mayor de la clase-que-vive-del-trabajo, en este giro del siglo XX para el XXI, es soldar los lazos de pertenencia de clases existentes entre los diversos segmentos que comprenden el mundo del trabajo. Y, de ese modo, buscando articular desde aquellos segmentos que están más al margen del proceso productivo, pero que, por las condiciones precarias en que se encuentran se constituyen en contingentes sociales potencialmente rebeldes frente al capital y sus formas de (des)sociabilización (Bihr: 1998).

  

La lógica social, en sus trazos dominantes, está dotada  de una aguda destructividad, que en el fondo es la expresión más profunda de la crisis que azota la (des)sociabilización contemporánea, condición  para el mantenimiento del sistema de metabolismo social del capital, conforme expresión de Mészáros (1995) y su circuito reproductivo.

 

En este sentido, desregulación, flexibilización, tercerización, downsing, “empresa reducida (enjuta)”, pues como todo ese recetario que se desparrama por el “mundo empresarial”, son expresiones de una lógica social donde se tiene el predominio del capital sobre la fuerza humana de trabajo, que es considerada solamente en la exacta medida en que es imprescindible para la reproducción de este mismo capital. Esto porque el capital puede disminuir el trabajo vivo, pero no eliminarlo. Puede intensificar su utilización, puede precarizarlo y mismo desemplear parcelas inmensas, pero no puede extinguirlo.

  

Estas consecuencias en el interior del mundo del trabajo evidencian que debajo del capitalismo, no se constata el fin del trabajo como medida de valor, pero sí un cambio cualitativo, dado, por un lado, por el peso creciente de su dimensión más calificada, del trabajo multifuncional, del operario apto para operar con máquinas informatizadas, de la objetivación de actividades cerebrales (Lojkine, 1995).   

Por otro  lado, la intensificación llevada al límite de las formas de explotación del trabajo, presentes y en expansión en el nuevo proletariado, en el subproletariado industrial y de servicios, en el enorme abanico de trabajadores que son explotados crecientemente por el capital, no solo en los países subordinados, sino también en el propio corazón del sistema capitalista.

  

Se tiene, por tanto, cada vez más una creciente capacidad de trabajo socialmente combinado que se convierte en el agente real del proceso de trabajo total, lo que torna, según Marx, absolutamente indiferente, el hecho de que la función de uno u otro trabajador sea mas próxima o más distante del trabajo manual directo (Marx,1978). Y, envés del fin del valor del trabajo, se puede constatar una interrelación acentuada de las formas de extracción de las plus(valia) relativa y absoluta, que se realiza en escala ampliada y mundializada.

  

Estos elementos (aquí solamente indicados en sus tendencias más genéricas) no posibilitan conferir estatuto de validez a las tesis sobre el fin del trabajo bajo el modo de producción capitalista. Lo que se evidencia todavía más cuando se constata que la mayor parte de la fuerza de trabajo se encuentra dentro de los países llamados del tercer mundo, donde las tendencias anteriormente apuntadas tienen inclusive un ritmo bastante particularizado y diferenciado. Restringirse a Alemania o Francia y, a partir de ahí, hacer generalizaciones y universalizaciones sobre el fin del trabajo o de la clase trabajadora, desconsiderando, lo que pasa en países como India, China, Brasil, México, Corea del sur, Rusia, Argentina, etc., para no hablar del Japón, se configura como un equívoco de gran significado (...)".

 

2. El sistema social a favor de los grandes capitalistas depende, totalmente, de los trabajadores


Ricardo Antunes prosigue: "Vale aclarar que la tesis del fin de la clase trabajadora, mismo cuando se restringe a los países centrales en nuestra opinión, está desprovista de fundamentos tanto empíricos como analíticos. Una noción ampliada de trabajo, que tenga en cuenta su carácter multifacético, es fuerte ejemplo de esta evidencia.

  

Esto sin mencionar que la eliminación del trabajo y la generalización de estas tendencias en el capitalismo contemporáneo (en él incluido el enorme contingente de trabajadores del tercer mundo) supondría la destrucción de la propia economía de mercado, por la incapacidad de integración del proceso de acumulación de capital, una vez que los robots no pueden participar en el mercado como consumidores.

La simple sobrevivencia de la economía capitalista estaría comprometida, sin hablar de tantas otras consecuencias sociales y políticas explosivas que advertirían de esta situación. Todo esto evidencia que es una equivocación pensar en la desaparición o fin del trabajo en tanto perdure la sociedad capitalista productora de mercaderías y (lo que es fundamental) tampoco es posible imaginar ninguna posibilidad de eliminación de la clase-que-vive-del trabajo, en cuanto continúen vigentes los pilares constitutivos del modo de producción del capital.

Tal investigación asume especial importancia, especialmente por la forma en que estas transformaciones vienen afectando el movimiento social y político de los trabajadores (en él incluido el movimiento sindical), particularmente en países que se diferencian de los países capitalistas centrales, es el caso de Brasil, donde hay trazos particulares bastante diferenciados de la crisis vivenciada en los países centrales. Si estas transformaciones son derivadas de significados y consecuencias para la clase trabajadora y sus movimientos sociales, sindicales y políticos, en los países capitalistas avanzados, también lo son en países intermediarios y subordinados, por ende dotados de relevante porte industrial, como Brasil.

  

El entendimiento integral de la crisis que azota al mundo del trabajo pasa, por tanto, por este conjunto de problemas que incidirán directamente en el movimiento operario, en la medida que son complejos que afectarán tanto la economía política del capital como sus esferas política e ideológica.

  

Claro que esta crisis es particularizada y singularizada por la forma en que estos cambios económicos, sociales, políticos e ideológicos afectan más o menos directa e intensamente los diversos países que forman parte de esa mundialización del capital que es, como se sabe, desigualmente combinada. Para un análisis detallado de lo que pasa en el mundo del trabajo, el desafío es buscar la totalización analítica que articulará elementos más generales de este cuadro, con aspectos de la singularidad de cada uno de estos países.  Es decisivo percibir que hay un conjunto amplio de metamorfosis y mutaciones que vienen afectando a la clase trabajadora, en esta fase de transformaciones en el mundo productivo dentro de un universo donde predominan elementos del neoliberalismo".
Fuente: http://www.fcs.edu.uy/enz/licenciaturas/cicloinicial/cuestionsocial/Ricardo%20Antunes%20traduccion.doc

 

3. El  Estado y las centrales sindicales actúan contra la  autogestión e independencia de clase de los trabajadores


Prensa de frente (Boletín quincenal Nº 107) plantea:"Previo a la llegada de la crisis, pero sobre todo a partir del comienzo de ella los conflictos encabezados por trabajadores asalariados han vuelto a decir presente en el escenario de las luchas populares. Con un caudal de experiencias previas, este sector se ha topado ante sus reclamos con diferentes respuestas patronales y gubernamentales cuyas características demandan una ampliación de los debates y una definición de perspectivas para la nueva etapa que comenzará con las elecciones del 28 de junio.

El panorama de luchas gremiales al que hacemos referencia es bien amplio: conflictos desatados por recomposición salarial, por encuadramiento o reconocimiento gremial, defensa del empleo, etc. más allá de si fueron conducidos por una central burocrática o no, o por acción espontánea de los trabajadores. En resumen, todos conflictos que aportan a visibilizar procesos de confrontación entre los trabajadores y las patronales.

Tanto la Confederación General de Trabajo como la Central de Trabajadores Argentinos, a excepción de algunas seccionales de esta última, se encuentran más abocadas a dar respuestas a los gremios que ya representan, antes que a incidir en las experiencias que se han puesto en acción a partir de la fuga o quiebra de las patronales. De esta manera, muchas de las luchas más notables de los últimos meses se han visto huérfanas de estructuras gremiales que las potencien, mientras que, por otro lado, fueron apuntaladas por la solidaridad de la izquierda en todas sus facetas y colores: ya sea la que se pone a disposición de las luchas supeditando sus intereses al triunfo del conflicto, como aquellas que buscan adjudicar los ya de por si escasos triunfos a determinada estructura política.

El desarrollo de las luchas en los establecimientos ante vaciamientos o convocatoria a quiebra, donde con la autogestión se busca dejar de depender de las patronales, ha disparado nuevamente debates emparentados a aquéllos que se sucedieron luego de las primeras experiencias de recuperación de empresas una década atrás. De este modo, el reclamo de la estatización bajo control obrero, la promoción de cooperativas de trabajo o directamente la autogestión de las plantas, volvieron a ser las variables de acción implementadas en diferentes partes del país. Asimismo, estas luchas están atravesadas por el desfasaje en la utilización de las herramientas legales a las que hoy pueden remitirse los trabajadores. A modo de ejemplo, la conciliación obligatoria ha sido considerada durante años como una herramienta que, si bien frena el desarrollo de los conflictos por volver la disputa a foja cero, ha garantizado inicialmente las fuentes de empleo. Desde hace unos meses, o a lo sumo un par de años, esta figura ha venido jugando un rol inverso.

Ya desde el conflicto en la textil Mafissa, la conciliación obligatoria se ha mostrado ambigua en lo relativo a su efectividad para garantizar los puestos de empleo. En aquella oportunidad, el recurso retrotrajo el conflicto gremial pero no las presentaciones judiciales que posibilitaron la continuidad de la persecución legal vía fuero penal de aquella lucha. Esta situación se repitió en la textil quilmeña Febatex/Filobel, cuando al dictaminarse la conciliación, se temió un desalojo de la planta ocupada. Afortunadamente, la media sanción para la expropiación de la textil en la cámara baja bonaerense llegó a tiempo, gracias a la presión y movilización de sus trabajadores.

En este marco, la respuesta estatal se ha hecho presente desplegando diferentes iniciativas, no siempre lineales o fáciles de catalogar como funcionales a las patronales. Las acciones, promovidas desde los tres poderes del Estado tienden a complejizar el pliego de reclamos relativos a la resolución de los conflictos en curso. Hace poco más de un mes, Cristina Kirchner anunciaba que un economista del Plan Fénix, Aldo Ferrer, pasaba a formar parte del directorio de Siderar, planta del grupo Techint, haciendo valer las acciones que posee el Estado, fruto de la estatización del sistema de jubilaciones privadas el año pasado. En paralelo, una serie de legisladores de diversos signos políticos de la Provincia de Buenos Aires, impulsaban y aprobaban la media sanción a la ley de expropiación a favor de la Cooperativa Textil Quilmes, ex Filobel-Febatex, en sintonía a otros fallos recientes aprobados por el legislativo de esa Provincia.

Otra planta que peleaba reivindicaciones similares es la papelera perteneciente al ex hombre fuerte de la Unión Industrial Argentina, Héctor Massuh. En este caso la empresa quiso ser vaciada, intentona que fue abortada por sus trabajadores quienes acamparon en la puerta de la planta, también de la localidad de Quilmes. En esta oportunidad, guiado por la potencial rentabilidad, su condición de acreedor y la posibilidad de romper el monopolio del papel prensa, en paralelo a la posibilidad de dar continuidad a más de 600 puestos de empleo, el Ejecutivo Nacional decidió meter mano en el asunto.

Lo contradictorio del caso es que a pesar de que el Estado Nacional es acreedor de hecho de Massuh, a raíz del sin fin de créditos, subsidios y préstamos otorgados, entre los que se destaca un último préstamo de 40 millones de pesos en 2008, otorgado para evitar el cierre de las plantas y el despidos de operarios, el Estado no se ha inclinado ni por su expropiación ni por una intervención integral. El acuerdo es que se destinarán recursos públicos del Anses y del Banco Central para pagar a los titulares de la empresa por la utilización de los edificios y la maquinaria, sin hacer públicos los montos ni la referencia a partir de la cual se calcularán los pagos. De esta manera, garantizar la continuidad de más de 600 puestos de trabajo, trae aparejado que el Gobierno Nacional, garantice también los ingresos de patronales que, sin haber reinvertido sus ganancias, se declaran en quiebra de manera fraudulenta buscando el rescate del Estado.

Más allá de las medidas nombradas, el recurso más novedoso entre los implementados ante la crisis internacional ya desatada en la región, es un plan de emergencia lanzado por el Ministerio de Trabajo de la Nación. El programa de “Reconversión Productiva”, conocido como Repro, fue implementado en los primeros meses del año con el objetivo de hacer frente al impacto de la crisis sobre los empleos, principalmente de la industria, y consiste en un subsidio destinado a complementar el déficit salarial del empresariado con un monto de hasta 600 pesos por trabajador. Al mes de abril de este año 1203 empresas, representando a 64.739 trabajadores, eran beneficiarias de este programa, encabezadas por 86 establecimientos metalúrgicos y seguidos por la rama textil con 79 empresas favorecidas por este plan. Al ritmo de la creciente solicitud patronal de inclusión en el padrón del ministerio de Trabajo, se extendieron las denuncias de trabajadores que afirman que no son pocas las gerencias que utilizan este mecanismo para declararse insolventes en ramas que no han sido afectadas por el cimbronazo internacional, logrando mediante estas artimañas administrativas índices de rentabilidad igual o aún mayor a los de los últimos años.

Todas estas medidas no hacen sino reavivar la necesidad de las organizaciones populares de dar respuestas a estas situaciones; respuestas que no pueden desentenderse de la prioridad de conservar los puestos de trabajo aún a riesgo de asumir formas productivas y organizativas imperfectas producto de la correlación de fuerzas en cada uno de los conflictos. Así, la discusión sobre cual es o debe ser el papel del Estado ya sea en la producción, el gerenciamiento o la comercialización de las plantas vaciadas y/o expropiadas a la patronal, no puede perder de vista la innegable realidad de que hoy en nuestro país no hay en el poder un proyecto político ligado a la promoción de políticas productivas autogestionadas por los propios asalariados.

A pesar de ello, el debate en torno a la forma organizativa que prefigure otro modo de organizar la producción no puede escindirse del protagonismo de los trabajadores para alcanzar esas conquistas. El papel de los propios asalariados y la potencia organizativa que adopten es, en definitiva, lo que inclinará la balanza a la hora de conformar una cooperativa, reclamar por la estatización o por la inyección de recursos estatales a establecimientos que se proponen producir bajo una lógica distinta en tiempos en los que la voracidad capitalista busca nuevos maquillajes para reconvertirse".
Fuente: www.prensadefrente.org /28-05-2009

 

Nuestra situación sobrecargada de violaciones a nuestros derechos y de sumisión se debe ante todo a la CGT ocupada por el sindicalismo empresario y mafioso porque la CTA constituida casi por trabajadores dependientes del Estado sólo es responsable de la incoherencia entre sus principios y sus prácticas tanto conciliadoras con la patronal como desprovistas de verdadera democracia interna.

 

En consecuencia, lo prioritario es erradicar la impunidad de la CGT como pilar fundamental de la democracia restringida que da continuidad programática al Estado terrorista mediante legalización y legitimación del proceso de reorganización de Argentina para garantizar el incesante avance de la concentración y desnacionalización tanto económica como territorial.