Conflictos
Junio 2007

Febrero 2007
Marzo 2007
Abril 2007
Mayo 2007

ENFOQUE / ORGANIZACIÓN
UNIDAD

 


Enfoque  ((VOLVER))

De posicionamientos políticos

Es prioritario esclarecer que el progresismo no es izquierda y por qué no lo es.

1. En nombre de representar las aspiraciones de las mayorías -con arrogancia-
se descalifica
a las izquierdas marxistas y se sentencia la disolución del proletariado.

Carlos Gabetta titula "Tareas para las izquierdas"  y opina
que

No caracterizo los gobiernos latinoamericanos como Gabetta, pero me interesa -en este momento-
considerar
los siguientes mandatos del 'demócrata' en su introducción a una versión tergiversada de
políticas de izquierda. Su primera recomendación es:

"Es necesario dejar de lado por irrelevante a la izquierda consignista,
ésa
de puño izquierdo en alto y lenguaje estereotipado que no se ha hecho
cargo del fracaso de la URSS y de la disolución del proletariado
en cuyo nombre
sigue proponiendo «la revolución»".

Prosigue:

"El problema de las izquierdas, justamente, es que deben reformular, a la vez,
su visión del capitalismo, sus propuestas alternativas y los sujetos sociales
que las deben poner en práctica".

Fuente: Le Monde Diplomatique/ el Dipló/
junio 2007
 www.eldiplo.org.
 secretaria@eldiplo.org.

En la Argentina, como si no bastara haber sufrido el papel nefasto de Carlos Chacho Álvarez
y la corrupción e irresponsabilidad de Aníbal Ibarra para tener en claro qué es el progresismo,
se lo quiere
seguir presentando como alternativa de la derecha ortodoxa pero resulta que es
tan antipopular y antinacional como ella.

Antes de las elecciones del 3 de junio,
Los Vecinos Memoriosos de Caballito, en su editorial, se refieren
a
"Progresismos" destacan:

"Queda claro, una vez más, la profunda crisis del sistema de
representación,
a pesar del actual índice de popularidad del gobierno. Popularidad
que es tan coyuntural como la bonanza económica que transitamos,
con la cual poco se ha hecho para achicar la inmoral brecha entre
los extremos de la pirámide social.

La crisis a la que hacemos mención, está basada fundamentalmente, a nuestro criterio,
en una tergiversación
de la actividad política, en la cual una clase apoltronada en los sillones construye alianzas
sólo para perpetuarse, olvidándose en la gestión de las promesas electorales. Echando
mano a teorías conspirativas, si ven decaer su posición en las encuestas.

La derecha se hace llamar de centro porque hoy está de moda ser progresista,
en consecuencia todos lo son, arman listas con el cuidado de un artesano,
no olvidando
equilibrar lo suficiente los pesos de derechosos y progres, con el propósito de
quedar bien con dios y el diablo y ganar de ese modo el mayor abanico de votantes.

Tienen, eso sí, especial cuidado en disimular cualquier característica que ahuyente votos,
los candidatos no provienen del comunismo o del peronismo revolucionario,
o de la derecha más reaccionaria,
términos aparentemente anacrónicos, sólo son versiones edulcoradas en una política
de alianzas que asegure... que todo siga igual. Reservando,
por supuesto,
algún pequeño espacio para una izquierda, incapaz de articular una alternativa válida de poder
aunque sea regional, sin lograr diferenciarse demasiado de las generales de la ley (...).

Fuente: periódico Los Memoriosos
Año 6 N° 30 Abril-Mayo de 2007
vmc@sion.com

2. En el proletariado que adquiere conciencia de poder emanciparse del trabajo
que
enriquece a la burguesía a expensas de exprimirlo y empobrecerlo cada vez más,
está el protagonista central de la liberación social y nacional.

a. ¿Por qué el proletariado es el pilar fundamental del capitalismo?

Martín Compagno explica:

"Carlos Marx profundizó más allá de las apariencias para demostrar que
el capital
no es un cúmulo de bienes (dinero, máquinas y otros medios de producción)
sino también y sobre todo, es una relación social.(...)

Las máquinas no caen del cielo, sino que hay que producirlas; y el dinero
en un cajón no crece sino que cría polillas.
Por tanto,
el capital
es trabajo pasado «almacenado», «acumulado» o «trabajo muerto».
Pero el trabajo acumulado es necesario para cualquier sistema de producción,
incluyendo el socialismo; sólo llega a ser capital en relaciones sociales específicas:

  1. Cuando se puede intercambiar por la fuerza de trabajo vivo, el esfuerzo e inventiva
    de los trabajadores.
    Para el desarrollo del capitalismo tiene que haber una clase de gente que
    esté separada de los medios de producción
    y por tanto, tengan forzosamente
    que
    vender su habilidad de trabajo a aquéllos que poseen y controlan los medios de producción.
    El capital, por lo tanto, implica trabajo asalariado.
    Son dos caras de una misma moneda.
     

  2. El capital sólo puede existir como muchos capitales. Como unidades de producción
    trabajando
    separadas pero enfrentadas en competencia unas contra otras. Es esta competencia
    la que obliga a aquéllos que poseen trabajo acumulado a utilizarlo como capital,
    a expandir su valor, a emplear trabajadores y explotarlos(...)".

Martín Compagno pregunta:

"¿Cómo podemos explicar las ganancias de los capitalistas?"

Y contesta:
"Las ganancias -afirman- son una 'recompensa' para el capitalista por el 'sacrificio'
que ha hecho
para poner en actividad los medios de producción (su capital). Es un argumento
que difícilmente convenza a ningún trabajador que piense esto dos veces.

Tomemos una empresa que anuncia una «tasa de ganancias neta» de 10% al año.
Estarían afirmando que si el costo de toda su maquinaria, instalaciones, materia prima
es de 100 millones pesos, tienen 10 millones más después de pagar salarios, la materia prima
y el costo de reposición de la maquinaria desgastada en un año.
Después
de 10 años, esa empresa totalizará una ganancia de 100 millones
o sea, el monto integral de la inversión inicial.

Si es el 'sacrificio' por el cual está siendo recompensado, entonces después de 10 años
no debería tener más ganancia. Pero la verdad es que el capitalista se hizo dos veces
más rico que antes.
(...)

En cambio, el trabajador sacrificó gran parte de la energía de su vida trabajando 8, 12 o más horas
diarias y ¿estará dos veces mejor al final de ese tiempo? Seguro que no. Aunque él ahorrara todo
lo que pueda,
no conseguirá comprar mucho más que un televisor color, aire acondicionado o un auto barato.
Nunca será capaz de juntar dinero suficiente para comprar la empresa donde trabaja.

La «igualdad de derechos» entre capitalistas y trabajadores
ha incrementado la desigualdad".

Fuente: periódico mensual Sin Tregua
construyendo socialismo desde abajo
Año 4/ Número 22/ Abril 2007
lamarabunta_ir@yahoo.com.ar
www.nodo50.org/marabunta-ir

Eduardo Sartelli ayuda a aclarar:

"Si al obrero se le paga su trabajo y las materias primas y máquinas simplemente transmiten
el valor viejo, ¿de dónde sale la ganancia del capitalista?
Antes
de reconocer que al obrero no se le paga por su trabajo sino por la fuerza de trabajo,
los capitalistas han intentado demostrar que sale de otro lado, que sale,
por ejemplo,
del comercio: al precio de costo se le agrega un porcentaje que es la ganancia.
Pero si eso fuera así, significaría que las mercancías no se venden a su valor, sino por encima. (...)

Ahora, una economía desarrollada sólo puede funcionar a través del intercambio de equivalentes,
es decir, de intercambiar mercancías a su valor. De modo que no saliendo del capital mismo
ni de la venta, si el capitalista le paga al obrero su trabajo, no hay ganancias. (...)

¿Cuál es el valor de la fuerza de trabajo? Igual que cualquier mercancía, su valor se determina
por la cantidad de bienes necesarios para que ella exista: los alimentos, la ropa, la habitación...
Existe, pues,
un componente biológico en el valor de la fuerza de trabajo y uno «moral»,«espiritual»,
«cultural» que depende de lo que los obreros piensan que es un derecho adquirido por ellos y
que fue logrado (y perdido) luego de arduos combates.

Ese valor de la fuerza de trabajo también se expresa en un precio,
el precio de la fuerza de trabajo, el salario.
El salario,
entonces, no es el precio de todo el valor que el obrero produce, sino sólo de una parte:
la parte que corresponde al valor necesario para reproducir su propia fuerza de trabajo (...)".

Eduardo Sartelli esclarece que la jornada laboral está dividida en dos partes, una corresponde
al tiempo de trabajo necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo y la otra es para
la producción de la ganancia.
"Esto es
lo que los marxistas llamamos explotación (...), una vez vendida la fuerza de trabajo,
la obsesión del capitalista es explotarla, es decir, hacerla trabajar más tiempo del necesario
para reponer el valor que ella ha costado. (...)

Por eso, los capitalistas siempre están desesperados por alargar la jornada laboral.
A este método se lo denomina plusvalía absoluta", porque consiste en alargar el tiempo de
trabajo excedente por extensión de la jornada laboral y/o intensificándola.

Una vuelta de tuerca en la explotación es la plusvalía relativa
"procede por alterar las proporciones
relativas de las dos partes de la jornada laboral,
reduciendo el tamaño del tiempo necesario, o sea,
rebajando el valor de la fuerza de trabajo" y se basa en el incremento de la productividad.

Eduardo Sartelli explica:

"«Pobreza» como «riqueza» son términos relativos. Lo mismo que «empobrecerse» o
«enriquecerse». Por ello, Marx puso su mayor esfuerzo en desarrollar
la categoría de salario relativo.

En el proceso de acumulación, el salario puede crecer, incluso muy alto y por largos períodos.
Y sin embargo, la clase obrera puede empobrecerse relativamente.
Porque
lo que hay que observar es cuánto aumenta la plusvalía extraída".

Fuente: libro La Cajita infeliz
Ediciones RyR-CEICS, 2005,
Buenos Aires, Argentina
ventas@razonyrevolucion.org
www.razonyrevolucion.org.ar
 

b. ¿Por qué la lucha de los trabajadores para la recuperación de salarios
y condiciones laborales
es central
en el momento actual de Argentina?

La dictadura cívico-militar de acuerdo con el imperialismo liderado por Estados Unidos
practicó el terrorismo de estado, fundamentalmente, para
imponer
-al proletariado- la superexplotación y el sometimiento.
En otras palabras:
 

"La evolución de los salarios reales por encima de la productividad
desde fines de los años sesenta, en un contexto de aumento
en la intensidad en el uso del capital,
implicó
una reducción de la tasa de ganancia. De esta manera,
la reducción de los salarios se convirtió en uno de
los objetivos
inmediatos del gobierno militar, lo que le valió el apoyo,
prácticamente unánime, de las distintas fracciones del capital".

Nicolás Arceo, Ana Paula Monsalvo y Andrés Wainer precisan:

"El abandono del modelo sustitutivo de importaciones a mediados de los años setenta
y su reemplazo
por un patrón de crecimiento basado sobre la llamada valorización financiera produjo
una transformación radical en la relación entre capital y trabajo gestada en el período precedente.

Los sectores dominantes pusieron en marcha, a través de la apertura externa,
la desregulación económica y la represión directa,
un proceso de disciplinamiento de los sectores populares tendiente a
recomponer la tasa de ganancia del capital y a revertir
una dinámica social y política que generaba constantes conflictos en su seno. (...)

La fuerte devaluación de la moneda (el incremento del tipo de cambio superó el 80%)
y el congelamiento
de los salarios determinaron una abrupta modificación de la estructura de precios relativos,
pero por sobre todo una salvaje contracción del salario real, hecho inédito -por su magnitud-
desde
la instauración del modelo sustitutivo de importaciones en los años treinta. Este proceso
produjo una aguda contracción de la participación de los asalariados en el producto, la cual
se redujo en dieciocho puntos porcentuales en 1976 con respecto al año 1974.

En el corto plazo, las políticas adoptadas por la dictadura permitieron recomponer
la tasa de ganancia.
Sin embargo, se requería una transformación estructural del patrón de crecimiento
que permitiera redefinir en el largo plazo, de un modo irreversible la relación entre capital y trabajo
gestado durante el modelo sustitutivo de importaciones.

En este sentido, la confluencia de la reforma financiera del año 1977, el proceso de apertura externa,
la sobrevaluación de la moneda y el nuevo contexto internacional permitieron
dar inicio
a un patrón de crecimiento" nuevo.

Advierten sobre la gravitación de la Ley de Entidades Financieras de José Martínez de Hoz
que
todavía está en vigencia y es uno de los importantes pactos de impunidad sostenidos por
las democracias restringidas:

"La reforma financiera del año 1977 fue uno de los pilares
sobre
los que se sustentó el nuevo patrón de acumulación,
ya que significó una drástica modificación de las condiciones
económicas imperantes en la economía argentina hasta ese momento.

Esta reforma implicó la transformación de tres rasgos esenciales
del modelo sustitutivo de importaciones:
la eliminación de
-la nacionalización de los depósitos bancarios,
-los controles sobre la tasa de interés y
-las trabas existentes
al endeudamiento del sector privado en el mercado internacional.
Todo ello sostenido sobre la garantía estatal de los depósitos".

Destacan:

"La consolidación del nuevo patrón de crecimiento determinó la desarticulación y
el retroceso relativo
del circuito productivo, en particular del industrial, que pasó de representar
un 22,9% en 1974 a sólo un 15,4% en 2001 (proceso de desindustrialización
asociado con una intensa reestructuración regresiva del aparato fabril).

Este proceso condujo a una caída tendencial en los niveles de empleo desde
mediados de los años setenta,
aunque esto no se tradujo en un aumento del desempleo abierto hasta
mediados de los noventa. (...)

Entonces, se puede concluir:

Señalan que después de 2002:

"Las nuevas condiciones imperantes en el mercado de trabajo en la posconvertabilidad,
en particular la reducción del ejército de reserva que condicionó fuertemente la capacidad
de lucha y negociación
de los trabajadores en la década pasada, generó mejores condiciones objetivas para
la lucha reivindicativa de la clase trabajadora. Sin embargo, ésta por sí misma
no permite
impulsar una mejora sustancial de las remuneraciones y en la calidad del empleo
en el mediano plazo, ya que se enfrenta con los límites estructurales que presenta
el actual patrón de crecimiento. (...)

La falta de competitividad internacional de buena parte del tejido manufacturero local
sólo puede ser compensada, de no mediar una política integral de desarrollo industrial,
por la presencia
de una moneda devaluada y por ende, de salarios reducidos en términos internacionales".

Fuente: revista Realidad Económica 226,
febrero/ marzo 2007, editada por el
Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE)    
realidadeconomica@iade.org.ar www.iade.org.ar
           


c. ¿En qué consiste recuperar salarios y condiciones laborales?

Es bueno recordar que Néstor Kirchner intervino directamente para acelerar los arreglos
de modo que el período previo a las elecciones estuviese alejado de los problemas cotidianos
de vida y trabajo.

Daniel Cadabón, en "...Sindicatos, salarios e inflación en la Argentina kirchnerista" relata:

"La indecente manipulación de los índices de precios se justificaba en ese momento,
ya que, el kirchnerismo y la burocracia sindical
se encontraban cerrando acuerdos salariales en comisiones paritarias.

A la burocracia sindical, la escandalosa manipulación de los índices (IPC)
no le produjo ninguna irritación, todo lo contrario;
que el Indec demostrara una caída en los incrementos de los precios de la canasta básica adquiría,
en el marco
de una negociación con resultados tan raquíticos para la esperanza de los trabajadores,
una importancia capital. Negociar en medio de versiones periodísticas que
dan como aumento de precios de tan sólo un 0,2 por ciento,
serviría para
exponer como un éxito su política de acuerdos que mejoraba
el salario de los trabajadores en apenas 16,5 por todo el periodo 2007 y
reforzar la expectativa de afianzar la paz social.

Los gremios, sean estatales o privados, vienen discutiendo
acuerdos salariales con un ojo puesto en los ajustes presupuestarios que
el kirchnerismo
le reserva a los trabajadores y
el otro en sus propios bolsillos que se hinchan descaradamente
detrás de cada negociación. En esta política de “histórica concordancia”, los burócratas han llegado al punto de establecer un discurso único con el Amo.

Es usual escuchar discursos sobre la “responsabilidad gremial” y el “esfuerzo que realizan los trabajadores argentinos en la lucha contra el flagelo inflacionario” como si
los raquíticos salarios de los trabajadores fueran
el factor determinante de la política de aumentos de precios.

El precio de la dignidad

La identificación de las direcciones de las centrales gremiales con las políticas oficiales,
las ha llevado a todo tipo de despropósitos y al escandaloso regateo de consignas históricas.

La consigna de un “salario básico, mínimo y vital, acorde a la canasta familiar”
está desaparecida desde hace años de los reclamos burocráticos.
Tanto la burocracia de los gordos (CGT), como la de los “progresistas” (CTA)
han tirado
al tacho de la basura el reclamo de un salario que cubra integralmente la canasta familiar
al haberla conmutado por toda una serie de eufemismos,
tales como “salario digno” o, más recientemente; el “incremento de la masa salarial”.

El pedido en general de un salario digno, sin una explicación objetiva y material de cuál es el monto de tal dignidad,
es un resorte
que le sirve a la dirigencia gremial para acordar con las patronales todo tipo de trapisondas que constituyen una estafa a los trabajadores.

El “precio de la dignidad” es difícil de evaluar, cosa que no pasa con la canasta familiar,
la cual hoy se encuentra rozando los 2900 pesos.
Además, la burocracia
establece conceptos caprichosos de “dignidad”; por ejemplo:
no es la misma para un trabajador registrado, que para uno en negro o con contratos pasantes.

La “histórica lucha por un salario digno” para el movimiento obrero argentino es la vuelta,
que la dirigencia sindical,
ha encontrado para evitar salir a la lucha con un objetivo claro,
que coloque a los trabajadores en una acción determinada hasta lograr su reivindicación.

Los Moyano y los Yasky al no someter a la evaluación de asambleas obreras,
las demandas que surgen de las necesidades concretas de sus bases, se arrogan
el privilegio
de determinar cuánto vale la “dignidad” de los trabajadores, o mejor,
a cuánto está dispuesta a pagarla la patronal.
Esto les ha traído una serie de consecuencias.

Los trabajadores del subte han denunciado el acuerdo firmado por
la burocracia de la UTA a espaldas del cuerpo de delegados de Metrovias;
lo mismo pasa en la fabrica de neumáticos Fate y,
por supuesto,
en las últimas autoconvocatorias de docentes en las provincias,
que conmovieron con su lucha la escena nacional.

A esto debemos sumarle los conflictos que desde hace meses recorren los hospitales públicos, los municipios, etc.
El clima de
conflictividad laboral ha crecido sustancialmente a partir del desbocamiento de la inflación,
con lo cual los acuerdos paritarios, tan celosamente defendidos por burócratas y patrones, corren el riesgo de naufragar.

Cada arreglo salarial se transforma de está manera en un doble arreglo.
Por un lado,
se arregla miserablemente, la devaluada dignidad de los verdaderos productores de la riqueza,
los trabajadores;
por el otro, el “indigno” abultamiento de las billeteras burocráticas y
toda la serie de prerrogativas que las acompañan.

¿Qué significa hablar de “masa salarial”?

Últimamente las direcciones sindicales de los empleados del estado,
sin distinción, han puesto de moda discutir con la patronal estatal sobre “masas salariales”.

Esta disputa por la porción del presupuesto destinado a sueldos,
es la manifestación más descarnada del funcionario sindical burocrático
que se mueve como un apéndice de las políticas ajustadoras.

Son regateos típicos de una operación de compra-venta y
la declaración incondicional de quien se rinde a
la concepción del poder, que presupuesta
“masas salariales”
en las legislaturas nacionales y provinciales acordes a
las necesidades fiscales y subsidiarias de las burguesías industriales y agroganaderas,
sean nacionales o multinacionales, abandonando definitivamente
las necesidades vitales de los trabajadores.

Durante los últimos años, sin importar el color político del gobierno de turno,
las direcciones gremiales “progresistas” vienen realizando acuerdos salariales
que consolidan la transferencia de ingresos de los sectores asalariados
hacia los sectores rentísticos, que viven de la especulación y de la explotación del trabajo ajeno.

Las hinchadas reservas, de la cuales, el presidente Kirchner hace gala cada vez que puede,
son el resultado de esta transferencia inmoral, que tuvo su punto máximo
en
la devaluación duhaldista de 2002, y que
ya ha licuado en más de un 30% el poder de compra de los trabajadores del estado.

La famosa “distribución de la riqueza”, que tan hondamente y con tanta pasión reclaman los “progres” argentinos, es un placebo destinado a adormecer la conciencia de las bases y del activismo de los trabajadores del estado.
Mientras
se hace la parodia del “como sí lucháramos”,
el trabajador estatal, sigue pagando con el desmejoramiento de sus condiciones de vida,
el financiamiento de la fiesta kirchnerista cargada de subsidios y corruptela.

Pero conciencia y estómago tienen una relación directa y
cada vez son más los sectores estatales (docentes, médicos, judiciales, etc.)
que comprenden
que las reservas, a las que el oficialismo se aferra ávidamente,
surgen de su propia miseria lo que los vuelca a la lucha,
aun sin el acompañamiento de sus propias direcciones sindicales.

Contra un salario acorde a la canasta familiar, las direcciones de la CTA,
oponen un salario que cubra la línea de la pobreza porque,
argumentan,
“las provincias no podrían mejorar el sueldo de sus trabajadores
por el ruinoso estado de sus cuentas”.

Las vergonzosas justificaciones de las dirigencias sindicales de
los trabajadores del estado, son una copia de las argumentaciones
de los gobiernos ajustadores provinciales.

En el caso de “la celeste” docente
(conducción en la provincia de Buenos Aires y en algunas otras),
la perversión raya lo insano, cuando evidenciando su parálisis y
entrega al régimen, declara que:

“los docentes no pueden pedir mayores aumentos de salarios dado que las escuelas están inmersas en un contexto de pobreza”; “¿acaso quieren que los padres,
que viven con un plan o un salario de subsistencia, piensen mal de los docentes
de sus hijos, que cobrarían sueldos exorbitantes por 4 horas de trabajo?”.

Esta apelación a la “culpa cristiana”, no es más que un subterfugio destinado a
paralizar la lucha mediante instrumentos retorcidos, es
la que sirve a los Yasky y Baradel, para fundamentar a favor de un salario mínimo de pobreza.

La canasta de la pobreza es un conformado con los precios truchos de Moreno,
en productos de existencia desconocida (donde un kilo es el equivalente a 800 gramos).
Y con
los índices aún más truchos del Indec, es decir, la línea de la pobreza,
es una línea imaginaria, arbitrariamente fijada por la burguesía y
prescrita para que el salario cumpla, apenas, con el objetivo histórico
de reproducción de la fuerza laboral.

La adaptación de la burocracia sindical a esta línea retrata de cuerpo entero
su “responsable” conciliación con el régimen social de explotación,
acompañando incondicionalmente cada una de sus políticas.

Si el kirchnerismo fija la canasta de la pobreza en 900 pesos,
la burocracia dispone que lucha por el salario se ubique a lo sumo en 940 pesos.
Toda la política sindical,
de estas direcciones, se basa en que
las oposiciones antiburocráticas no puedan medrar denunciando que
tranzan sueldos por debajo de los propios índices oficiales de pobreza.

Los acuerdos paritarios cerrados apresuradamente en medio de la rebelión salarial,
no sólo alejan a los trabajadores de recomponer sus salarios
del desquicio
provocado por la devaluación duhaldo-lavagnista del 2002, si no,
peor que eso, no tienen en cuenta el proceso inflacionario vigente(...)".

Fuente: www.rebelion.org
Argentina. El reino del revés
 


Organización  ((VOLVER))

Del poder político

Capacidad de transformar la vida social, nacional en función de determinados intereses ante todo económicos.

1. Por el bloque dominante

a. La justificación de por qué seguir con la CGT, los feudos y otros aparatos del PJ

José Pablo Feinmann, en "El corleonismo" (Página/12 13-5-07), sostiene:

"Todo el mundo entendió y tradujo corleonismo por mafia.
Yo preferiría traducirlo por aparato. De hecho, hace algún tiempo, escribí una larga nota
llamada Aparato y política.
En aquélla se inspira ésta. Pero hay algunos cambios y algunas cosas nuevas que decir.(...)

El corleonismo se basa en una privatización del poder. “El poder soy yo”, dice el corleonismo.

“Para tener poder hay que formar parte de mi poderoso aparato.
O dialogar amablemente con él. O negociar. O ser amable.
No contradecirlo demasiado. No irritarlo. Sobre todo: no revelar sus secretos.
Los secretos del corleonismo los sabe y los cobija el corleonismo.
Revelarnos es tan peligroso que puede erosionar gravemente la salud de quien lo hace.
¿Está claro?”

Para gobernar, en la Argentina, hay que tener al corleonismo del lado de uno.
Si hacemos
un análisis de la actual situación política argentina, la primera pregunta que hay que hacer es:
¿quién puede controlar al corleonismo?
¿Quién puede ponérselo de su lado?

Porque sería (y es) un gran error creer que se tiene el gobierno y se tiene
el poder. El poder, pensaba Foucault, se disemina por toda la sociedad.
No con el corleonismo.
El corleonismo no es una diseminación del poder, sino su antítesis:
es una acumulación del poder. No es lo Múltiple, es lo Uno.
El poder se concentra en el corleonismo. No en el Estado. No en el Leviatán".

Después de esta aparente lucidez de interpretación de la realidad que,
en simultáneo es un posicionamiento cerrado al diálogo, persiste en su egocentrismo
o en el cultivo de la 'viveza criolla' del peronismo
al decir que

"si entendemos esto entenderemos algo importante de la política en este nuevo siglo.

El corleonismo negocia con el Estado. El Estado puede captarlo. Si lo hace, gobierna.
Si no lo hace, se torna frágil.
La imagen que Foucault tenía del poder –al basarse en una visión de la historia
como multiplicidades que colisionan unas con otras– le impedía ver
un fenómeno como el corleonismo.

El corleonismo es la muerte de la multiplicidad.
Por supuesto, es también la muerte de la democracia.

Pero el siglo XXI se caracteriza por eso: la democracia ha muerto.
Se vota, pero se vota a poderes consolidados que han negociado con el corleonismo.
Además, la democracia ha muerto con la invasión a Irak y la humillación de la ONU.
Ha muerto en la sociedad mediático-represora norteamericana,
donde cada ciudadano es sospechoso de terrorista para el FBI o la CIA.
Ha muerto en Francia, que ha elegido otra vez a la derecha antidemocrática para
que controle o castigue o expulse a los “inmigrantes indeseados”, a la “nueva barbarie”.

En fin, dejemos esto en claro: no hay democracia en el siglo XXI.
La democracia fue un valor en los ’80. El mercado en los ’90.
El terrorismo y el contraterrorismo en el nuevo siglo.
El corleonismo
ha crecido a la sombra de la muerte de la democracia. Y a la sombra de la ausencia
de los ciudadanos en la escena política. Sólo pensemos en el enorme proceso regresivo
que sufrió la participación popular entre nosotros del 2001 (diciembre) a nuestros días.
En los cuales
(como dicen los de “Barcelona”) “la clase media recuperó su nivel habitual de fascismo”.

De aquí que sean ociosas las críticas que la oposición le arroja al Gobierno
en nombre de las instituciones y de la República. Primero, no hubo golpe en la Argentina
que no se hiciera para “restaurar” esos valores “extraviados”.

De modo que ese discurso o prepara alguna movida institucional o es inocuo.
Kirchner, en el 2003, surgió como el político que podía y deseaba alejarse del peronismo
y crear una opción de centroizquierda. No quiso, pero no quiso no bien le vio de cerca
la cara al corleonismo. Que no es –tengamos esto en claro– el PJ. O no lo es solamente.

Aunque debemos decir que en el plano de la política el PJ o esa bruma,
ese laberinto indescifrable ideológicamente que es el peronismo,
representa el poder corleónico.
La otra punta
del corleonismo es más fina pero no menos peligrosa: la oligarquía, el alto empresariado
(con inserción multinacional) y la gran prensa. Desde aquí surgen las voces que reclaman
por las instituciones, por la República y hasta algunos personeros que
asumen el patético rol de mártires
de la “prensa libre”. (Como si la prensa no fuera presa de uno de los dos corleonismos.)

Concentrémonos en el corleonismo que más poder tiene en este momento
y acaso lo tendrá por un buen tiempo aún: el PeJota.

(Habrán observado que no incluí a las Fuerzas Armadas en ningún corleonismo:
son un misterio aún.
Les irrita el discurso pro derechos humanos del Gobierno.
Y por tradición –por larga tradición– acompañarían cualquier manotón que pudiera organizarse
desde el “republicanismo institucional”,
sobre todo si Estados Unidos da un guiño afirmativo. Pero esto no tiene futuro aún.
Contra Chávez se hizo.)

El peronismo es (notable frase: el peronismo “es” cuando, en rigor, el peronismo “no es”)
eso que Ernesto Laclau llama, con acierto, un “significante vacío”.
Yo, que participo menos que Laclau de Saussure y Lacan, le llamo “corleonismo”.

El corleonismo, ideológicamente, es un significante vacío. No tiene ideología, tiene poder.
Ese poder se lo da el dinero. El dominio de los territorios decisivos del país.
Todos los feudos del interior son corleonistas.
La Provincia de Buenos Aires es el gran bastión del corleonismo.

Kirchner (que es el único que hoy puede gobernar este país) se comió al corleonismo bonaerense. Fue una formidable maniobra de acumulación de poder.
No fue la creación del “partido de centroizquierda”. Además “centroizquierda” es una definición ideológica. El corleonismo no es ideológico: es poder.

Ningún opositor a Kirchner tiene hoy la menor posibilidad de negociar y derrotar al corleonismo.
El corleonismo –a cualquiera de ellos– se lo devora en dos días. Kirchner lo atrapó.
Seguirá gobernando.

Lo saber hacer: de 26 intendentes del primer conurbano bonaerense hay 21 duhaldistas
que van por la reelección con el apoyo kirchnerista. Pero hay un riesgo (cualquiera lo padecería):
captarse al corleonismo no es disolverlo. Es tenerlo con uno. Tenerlo adentro.
Y aún no lo dije, pero todos los saben: no hay seres humanos en el corleonismo, hay alacranes".

Feinmann, en los párrafos suprimidos, afirma: "lo que ha muerto en el siglo XXI son las ideas.
Quedan los fundamentalismos y el corleonismo".

¿Será, por eso, que tiende a confluir en
el pensamiento único y a sembrar la confusión sobre qué es el Estado?

Desde que el capitalismo no puede convencer a las grandes mayorías que representa a la democracia,
se consagra -a través de sus intelectuales- a inculcar
sobre
el fin de las ideologías y/o descalificar
el disenso y los proyectos de otra sociedad como penetrados de ideología
que los conduce a no responder a la realidad objetiva, práctica.

Pero toda persona se maneja en acuerdo con una ideología pero si no la ha elaborado:
no piensa ni percibe
la realidad objetiva y práctica más que en acuerdo con las ideas, los preconceptos, los prejuicios y
los estereotipos visuales, cognitivos y lógicos que el sistema le metió.

Una duda mía: ¿cuál es la labor de un filósofo si se han muerto las ideas?

b. La explicación más adentrada en la lucha de clases

Roberto Scarpinato (Adistaonline), en "Mafia mediática, mafia burguesa", señala:

ste es un lugar donde, si no tienes buenos contactos personales en el mundo de la sanidad,
resulta que el mejor médico sigue siendo Alitalia: coges el avión y te curas en la Italia civil.

Una ciudad donde, en lo tocante a nombramientos de dirigentes y distribución de recursos públicos,
imperan el clientelismo, el nepotismo, el reparto por lotes sin ningún respeto de la meritocracia
ni del interés público,
de modo que a los que se empeñan en mantenerse firmes y no se resignan a vender el alma
a algún padrino político-mafioso se les deja al margen.

Una ciudad donde no tiene sentido hablar de trabajo libre y digno,
porque la realidad dramática y masiva es que miles de trabajadores del sector terciario
o de la construcción,
con tal de que no les despidan, aceptan que no se pague su cuota a la Seguridad Social
o el recorte en negro de su nómina hasta del 40%.

Una ciudad en la que muchísimas empresas siguen en el mercado gracias a la evasión fiscal,
a que no se paguen las cuotas de los empleados, a los sueldos míseros,
a la sistemática violación de las normas de seguridad en
el trabajo que ocasionan muertos todos los años,
accidentes en el trabajo que los trabajadores casi nunca denuncian
porque,
de lo contrario, les tachan de revoltosos y poco de fiar y les marginan del mundo laboral.

Una ciudad en la que muchas otras empresas engordan, pero no gracias
al respeto de las reglas del mercado, sino gracias a la construcción de auténticos oligopolios de sectores protegidos por
políticos y mafiosos poderosos.

Una ciudad donde el que desea montar una empresa libremente
tiene que afrontar dificultades como éstas entre otras mil y,
de necesitar financiación pública o autorizaciones,
se suele
encontrar ante la dramática elección de tener que renunciar o agachar la cabeza
y pasar a formar parte del feudo de alguna tribu política a la que jurará lealtad eterna.

Una ciudad en la que la distancia entre pobres y ricos crece vertiginosamente.
Mientras en el centro histórico los bolsos de dos mil euros de Louis Vuitton
se venden como rosquillas, en barrios degradados como el Zen, abandonados a su suerte,
crece de modo vertiginoso el número de desesperados que, con tal de huir de un destino infame,
con tal de no seguir tirando del carro por cuatro liras sin dignidad, están dispuestos a todo.

Sin embargo, frente a todo ello, frente a todo lo que queda sin mencionar,
pues de lo contrario podríamos pasarnos tardes enteras haciendo inventario de
la ilegalidad en masa
que azota esta ciudad, los medios de régimen han hecho creer a la opinión pública
que en Sicilia existía un único gran demiurgo del mal, un único gran tejedor de ilegalidad,
una única causa de subdesarrollo: el genio del mal Bernardo Provenzano y sus acólitos. No ha habido
ningún negocio sucio estos últimos años, desde la mala sanidad hasta
la manipulación de las contratas, desde los nombramientos trucados de
los doctores catedráticos hasta
los ejecutivos del sector público,
tras el que no haya planeado el espectro del genio del mal, Bernardo Provenzano.(....)

Con esta premisa, es evidente que abordar el problema del futuro de la mafia
partiendo de la captura de Provenzano
y teniendo en cuenta únicamente los equilibrios internos de la mafia militar y popular
significa
caer en la trampa cultural urdida por los aparatos de régimen.
Significa picar el anzuelo de los estrategas de la desinformación
forjada con una información de sentido obsesivamente único.

Estoy convencido de que el futuro del sistema del poder mafioso no se decide
en torno al destino
de un Provenzano hoy, de un Riina ayer, de un Luciano Liggio anteayer.

Quien conoce la historia de este país sabe que el presente y el futuro de la mafia,
hoy como ayer,
se decide más bien en la evolución interna de la burguesía mafiosa,
uno de los componentes estructurales de la burguesía nacional de régimen.

Quien conoce la Historia con mayúscula de este país
sabe que la historia de la mafia no es sólo un asunto de baja estofa judicial,
sino sobre todo la historia de sectores de una de las clases dirigentes más violentas de Europa,
que desde la unidad de Italia hasta hoy ha usado la violencia mafiosa para bloquear
los procesos
de renovación política que ponían en peligro el sistema de poder basado en
los privilegios y la injusticia social.

Es la burguesía mafiosa la que, en la inmediata posguerra, ordena la matanza de
Portella della Ginestra después de que la izquierda ganara las elecciones regionales de 1947.
Y es la burguesía nacional la que encubre después a los instigadores políticos a nivel nacional.
Esa matanza y las decenas de asesinatos de sindicalistas del mundo político y campesino
cerraron para siempre una etapa política, condenando al movimiento campesino al atraso
e inaugurando el centrismo tanto en Roma como en Palermo.

Desde entonces la izquierda no volvió a ganar las elecciones
y quedó condenada a ser
una fuerza minoritaria que oscilaba entre la oposición y el compromiso". (...)

El peligro de una “democracia mafiosa

En el mundo de la política, gracias a la reforma electoral,
favorecida por la cerrazón del centro-izquierda en las primarias,
todo el poder se ha concentrado en manos de unas reducidas oligarquías de partido,
de cúpulas de partido.

En el Parlamento, una docena de personas elaboran las listas
al margen de cualquier proceso democrático y
deciden por su cuenta quién debe ser elegido.
Mario Pirani
ha escrito al respecto que hemos vuelto a los tiempos de las monarquías decimonónicas,
cuando el nombramiento del Parlamento era una concesión graciosa del monarca.

En el mundo del trabajo, con la ley Biagi, se ha producido una auténtica institucionalización
del caporalato.
En el mundo de la magistratura todo el poder se ha concentrado en manos de 26 fiscales,
pequeños césares convertidos en los únicos titulares del poder penal.

La fascistización y la feudalización del estado de la sociedad civil
ha sentado las bases para la creación de la sociedad de la obediencia,
una sociedad que gira
en torno a la relación amo-cliente, soberano-súbdito.
Si tenemos
en cuenta que el sistema mafioso se basa precisamente en esta lógica,
en hacer prevalecer el poder personal sobre el poder impersonal de la norma,
el interés personal del clan sobre el interés público, en la cultura de la obediencia
y la sumisión a los jefes, se comprende cuál es el motivo cultural y sistémico de
la proliferación del método mafioso a escala nacional que
profetizaron Sciascia, Pasolini, Tranfaglia y otros.

Con estas premisas, me parece evidente que hoy como ayer
el futuro de la antimafia no se decide en Palermo, sino en Roma.

Cuando las políticas criminales y la acción judicial deben medirse con fenómenos criminales
que,
como la mafia, tienen una profunda raigambre social y macropolítica,
sólo pueden incidir en los efectos, pero no en las causas.

Hoy más que nunca, frente a la degradación autoritaria y feudal del
sistema político italiano,
no es posible, a mi entender, siquiera imaginar una estrategia antimafia
si antes no se restablecen las condiciones para la acción democrática.

Esta acción democrática pasa por una sistemática “desmafiosación” del sistema político
y cultural italiano.
(Uso este término, “desmafiosación”, en la acepción de Sciascia y Tranfaglia.)
O si se prefiere,
pasa por la eliminación sistemática de todas las toxinas introducidas durante estos años
en el ordenamiento. Toxinas como

  • la institucionalización del conflicto de intereses,
  • la legalización de la ilegalidad de la clase dirigente,
  • el secuestro de la soberanía popular,
  • la creación de un derecho desigual,
  • la feudalización del tejido institucional,
  • el amordazamiento de la información libre,
  • la precarización de las relaciones laborales,
  • la sustitución del poder impersonal y general por el poder personal de los jefes,
  • la sumisión de la magistratura al control oblicuo de
    la política,
  • la legitimación cultural de la corrupción y de la relación entre mafia y política mediante la candidatura y
  • la elección de sujetos procesados y condenados por corrupción y mafia.

Si no se eliminan pronto estas toxinas del ordenamiento, del tejido institucional italiano,
el método mafioso, a mi juicio,
está destinado a ser un componente estructural de la política y la sociedad italiana
y podremos encaminarnos alegremente por la senda de lo que algunos analistas políticos
llaman “democracia mafiosa”. Parece un oxímoron, pero no lo es.

Los ayuntamientos disueltos por la mafia son un ejemplo de “democracia mafiosa”.
En el fondo, si la denostada Propaganda 2 de los años ochenta se ha convertido en estado,
si lo que hasta hace diez años parecía política-ficción se ha hecho realidad
y ya nos hemos acostumbrado a convivir con ello,
¿por qué no habríamos de acostumbrarnos también a una burguesía mafiosa?

Quizá no sea descabellado imaginar que en ese hipotético futuro el denostado Provenzano
también reivindique su rehabilitación,
como precursor clarividente y padre fundador de la nueva constitución material de la nación".

Fuente: www.rebelion.org
UE: Democracia o plutocracia
21-4-07

En la Argentina, el refuerzo del Estado organizado en feudos-mafias se debe al Estado cada vez
más corporativo-represivo en la medida que el saqueo, la explotación laboral y los desalojos
se expanden
a consecuencia del modelo de exportación y de apropiación-degradación de los territorios
sin importar la población, al contrario, viéndola como estorbo.

Entonces, el corleonismo compone al Estado y su poder no deviene sólo del Partido Justicialista
sino
del contubernio que establecieron los oligopolios imperialistas y sus Estados
con todos los factores locales de poder.


2. Por los de abajo
 

Con las elecciones a jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Kirchner ha consolidado
lo que
el poder económico -casi transnacional- exige para la gobernabilidad del sistema: dos polos
con apariencia de tener intereses irreconciliables
porque, en verdad,
ambos representan a los intereses del bloque dominante.

Tanto el agrupamiento en torno a Mauricio Macri como
el que lidera Kirchner se esmeran por representar los intereses del gran capital transnacional
y transnacionalizado. Sólo se pelean por los privilegios políticos implícitos en el Estado lo que
demuestra la importancia del Estado.

Por supuesto, Kirchner se enriqueció fundamentalmente como intendente, gobernador y
presidente mientras la familia Macri acumuló como patria contratista. Pero Kirchner
le adjudicó
buena parte de las obras de infraestructura y sobre todo, el gran negocio del Belgrano Cargas
donde los de abajo nos vemos forzados a pagarle gastos operativos e inversiones,
también la deuda de Macri por el Correo Argentino. Aún más, en la ciudad de Buenos Aires,
Macri ya cogobierna con el 'progresismo' y el sindicalismo mafioso y camaleón.

¿En qué me baso para afirmar que el electorado porteño ha sido colocado ante
una falsa y degradada
disyuntiva por la estrategia electoral de Kirchner?

En que los Kirchner miran hacia la Concertación de Chile como modelo de gobernabilidad;
en que
dividieron el 'progresismo' de Capital, enfrentaron ambos rejuntes entre ####ás que con Macri
y pretenden usar el período hasta la segunda vuelta electoral en acusaciones a Macri
que todos sabemos.
Nada de debatir con la población -ahora ni antes- sus problemas y
el programa de transformaciones políticas y económicas que los solucione.

¿Qué comportamiento pienso para el balotaje?

Tanto Macri como Kirchner se han enriquecido a expensas de empobrecer a los de abajo,
de despojarlos de lo público y expulsarlos del bienestar social e individual aprovechando el Estado.

Mauricio Macri compone al poder económico, domina ya el Legislativo y con la Jefatura de Gobierno
pasa apropiarse directamente de la ciudad de Buenos Aires para negocios suyos, del Grupo Macri y de
su clase social
que sólo los hacen en función de programas de las grandes burguesías globales, entonces, mayor
será la invasión de la especulación inmobiliaria, de la conversión para el turismo internacional,
los negocios con educación y salud...por lo que la Capital
cada vez será más ajena a nosotros: los de abajo.

Los primeros en ser expulsados serán no sólo
los cartoneros que 'compiten' con el Grupo Macri por la basura, enorme fuente de lucro para el último
y medio de subsistencia muy elemental para los primeros, sino todos los que están en las villas,
en los asentamientos todavía más precarios, en las calles, en las casas tomadas y
en los hospitales públicos, también quienes han recuperado sus empresas o lugares abandonados.

Es un proyecto compartido con los Kirchner, los Fernández,...
como lo prueban sus cuatro años de gestión
sin modificar la injusticia social, la privatización del sector público y
con cambios antidemocráticos del Código Penal en coincidencia plena con Macri, 
con toda la derecha ortodoxa y con Estados Unidos, la Unión Europea.

Pero, a diferencia de Macri, el poder de Kirchner depende más de nosotros de ahí su barniz
de 'progre' para sintonizar con la subjetividad mayoritaria del país y la Capital por
los cambios
irreversibles que se produjeron a fines del año 2001.

Si bien estoy convencida que la derecha desembozada no puede durar mucho en el gobierno
al pretender forzar la población porteña a involucionar
hacia
la condición de las poblaciones de feudos provinciales,
considero
que no podemos mantenernos al margen y votar en blanco,
optar por la impugnación de nuestro voto o elegir no concurrir,
ese posicionamiento no tiene gravitación alguna.

No se trata de la alianza con Filmus, su significado y sentido está ejemplificado
por Carlos Heller,
asume el papel del embaucador que colabora con continuar la delegación perpetua
de la autodeterminación popular en los que pervierten la democracia.

Ni tampoco responde a los intereses populares,
el sumar apoyo como hizo el Partido del Socialismo Auténtico sin siquiera debate.

Creo que quienes queremos otra sociedad, otro país, otro mundo deberíamos reunirnos
para analizar entre todos cómo organizarnos para hacerlos posibles y cómo acumular
fuerzas y vínculos con las mayorías para octubre
como
respuesta de revisión crítica a nuestra división y falta de proyección electoral.

Al mismo tiempo, sería bueno -pero me parece improbable- que
pudiésemos emitir una declaración conjunta
de las razones por las que sostenemos nuestra oposición a ambos candidatos
antes del 24, por ejemplo el 18 de junio,
en un acto público en Plaza de Mayo o en una conferencia de prensa en el Bauen
y formulemos sintéticamente qué proyectamos hacer desde ahora.

También sería conveniente que discutiéramos si no es conveniente votar a Filmus y
afirmarnos
en lo ya hemos conseguido -con muertes, presos políticos y mucha lucha-
para comenzar a nacionalizar nuestras luchas de trabajadores.

¿Por qué me inclino por el voto a Filmus?
Optar por él es pronunciarse contra la derechización del sistema que es nuestra actual vida.
No es sólo contra Macri sino contra el poder mediático y contra Kirchner
que aprovecha los apoyos masivos a representantes
de la reacción local
para introducir modificaciones del Código Penal que agravan la criminalización tanto de
la pobreza como de la protesta social, por ejemplo, las leyes Blumberg y la antiterrorista
que Kirchner bajó y obtuvo media sanción del Senado a pocos días del triunfo de Macri.

Pero el voto a Filmus, pienso que -también- es para acercarnos a la militancia de izquierda
creída en la voluntad de Kirchner
de poner fin a la impunidad de los genocidas que aplicaron el terrorismo de estado;
de apoyar los cambios en Venezuela, Bolivia y Ecuador y en su amistad con Chávez.

Observo que la estrategia de Kirchner para la segunda vuelta es encolumnar fanáticamente
detrás del voto a Filmus al establecer,
por un lado,
la amenaza nacional e histórica del regreso del pasado
en el agrupamiento de la derecha ortodoxa en torno a Mauricio Macri y
por otro lado,
el enfrentamiento futbolero del vamos a ganar, tenemos proyectos, somos futuro.

Por supuesto, para que la opción por Filmus no quede en más privatización e impunidad,
como sucedió en el voto a Aníbal Ibarra contra Mauricio Macri,
debemos esforzarnos
en concretar nuestra política alternativa con base en la organización de
la lucha teórica, política, económica y la comunicación social
rumbo
a facilitar el protagonismo popular en la deliberación pública de
los grandes problemas que ya expresan los distintos conflictos a lo largo y ancho del país.
Claro, esa deliberación pública es mirando
por
tomar decisiones hacia la construcción del autogobierno o la soberanía popular, nacional
y el hermanamiento con todos los pueblos latinoamericanos y planetarios.


Unidad  ((VOLVER))

De voluntad de la diversidad popular

El pluralismo de la concertación uniformiza y sume en la obediencia debida a
los poderes establecidos porque
Kirchner
los representa mediante perversión del mandato implícito en el voto mayoritario.
En cambio, la unidad de voluntad transformadora de la vida social y nacional
parte de
los de abajo asumiendo que nos necesitamos mutuamente y en consecuencia,
precisamos articular nuestras diferencias y antinomias
para, desde ahora, organizarnos según los principios de hermanamiento y de
autogobierno sobre el destino común pero sobre la base
de desarrollo
de nuestras respectivas independencias de clase, etnias e identidades varias.

Mientras Kirchner garantiza la argentinización que favorezca su constitución en gran empresario
asociado con amigos y el poder económico.
Nosotros,
los negados y oprimidos por el capitalismo,
nacionalicemos nuestras luchas o hermanémonos a lo largo y ancho del país para ir desde ahora
concretando las relaciones de la sociedad y el mundo soñados.

Nacionalizar la de los trabajadores por salarios y condiciones laborales
según sus derechos humanos, la justicia social y las respectivas funciones en la seguridad jurídica
del pueblo:

implica desobedecer las reglas de juego impuestas por el bloque dominante
a través de
la organización económica, social, política y sindical
de la localidad, la provincia, el país.

Ahora, romper con ese ordenamiento de nuestras vidas y conductas
requiere politizar nuestro gremio de base y la articulación de éste con un creciente número de
organizaciones sindicales combativas.
¿Cómo politizar?

Sin embargo, esta adquisición de una política sindical clasista se profundiza mediante
el compromiso
militante por articular la lucha de todos los trabajadores ocupados registrados o no,
informales, desocupados, jubilados, rurales, urbanos a lo largo y ancho del país.

Esta adquisición de conciencia de clase trabajadora y de conciencia popular por identificarse
con la lucha de los pueblos originarios y los campesinos, productores pequeños;
con las de las poblaciones o grupos contra la degradación medio ambiental;
con
las iniciativas artísticas y comunicativas de los jóvenes;
con quienes se esmeran en democratizar el sector público o contra las diversas impunidades, etc.
plantea desafíos culturales de superar hábitos que nos impiden vincularnos entre nosotros,
con
las mayorías y con los movimientos sociales
. Implica cuestionarnos respectivamente:

Para no aislar la lucha y construirla en conjunto con la diversidad popular
es fundamental
que los significados de los reclamos tengan significantes bien promotores de nuevas actitudes,
lógicas y sensibilidades en la vida social y política.

En ese camino anda la docente Sandra Rodríguez compañera de Carlos Fuentealba.

En la conferencia de prensa que se realizó como parte de la campaña nacional e internacional
"¡Carlos presente, justicia ya!, por el juicio y castigo a los responsables materiales,
políticos e ideológicos del fusilamiento público del compañero
profesor Carlos Fuentealba",

Sandra Rodríguez expresó:

Es parte de un objetivo existencial para mí y mis hijas que se haga justicia.
Y para que se haga justicia decimos "basta de impunidad".

Por otro lado quiero convocar a cada una de esas personas,
a cada una de las cien mil personas que estuvieron acá,
que se hagan presentes, no sólo con su firma, sino con una acción directa,
porque hoy la memoria es acción.

Que cada uno de nosotros asuma esa responsabilidad que no asumen muchos de
los gobernantes.
Más específicamente le
voy a decir al Gobernador Jorge Sobisch que todavía sigo pidiendo su renuncia, que no fue capaz de hacerlo, de tener la moral para hacer eso. Más allá de que él también reivindicó el hecho
(el asesinato de Fuentealba), que
no quede,
justamente, el 4 de abril como una clase pública, una mala clase pública que fue
el mensaje que quiso dar [Sobisch] a todos los trabajadores con el fusilamiento de
mi compañero, con el fusilamiento del padre de mis hijas, un fusilamiento que fue
por la espalda, un fusilamiento público que sembró horror en toda la sociedad.

Este caso no puede quedar impune, como ninguno de los otros, pero empecemos por algún lado,
es lo que les estoy pidiendo a cada uno de ustedes y cada paso que de lo voy a seguir pidiendo.
Es fundamental unir fuerzas,
para mí es indispensable unir fuerzas. Y hoy los intereses políticos, electorales
que queden de lado, lo fundamental para nosotros es que esta comisión cada día sea más grande,
que cada uno tome un rol
para organizar cada vez más a los trabajadores.

Para que esto no sea un mensaje de violencia institucional sino que se sepa que todos de nosotros somos luchadores,
que luchamos
porque realmente los gobiernos son sordos y ciegos a nuestros reclamos.

Carlos era militante de la vida. Como compañera de él tengo la obligación moral de
darle la identidad que tenía Carlos
.
Un maestro como muchos de los maestros que sé que existen en este país,
que patean las calles, tratando de llevar educación a cada uno de los rincones.
Un compañero que no dejó de hablar con los vecinos, con los obreros, con sus familiares,
sus amigos, tratando de pelear por un mundo más equitativo.
Dejando de lado muchas veces las cuestiones familiares, como muchos de los trabajadores.

Para mi es fundamental: Basta de impunidad para todos los gobernantes.
Es una tarea para todos los que dijeron presentes hoy lo hagan en acción.
Desde mi lugar,
ya les dije, estoy exigiendo la renuncia del gobernador Jorge Sobisch.
También para
repudiar todo el accionar represivo como método de legítima acción de gobernar.
No le bastó
solamente con el fusilamiento de mi Carlos, continuó gobernando la provincia
haciendo callar a los docentes cuando querían hablar de mi Carlos, de su compañero,
del maestro de sus alumnos del 69 y de las otras escuelas donde él trabajó.

No quería que lo hicieran recordar como Carlos se lo merece, como un maestro se lo merece.

Es el deber nuestro desterrar el lugar en el que nos colocan a todos los trabajadores
como si
fuéramos enemigos de la sociedad y no como parte de ella. Esta violencia institucional
está cada vez más naturalizada entre nosotros, que hasta llega al punto de
fusilar públicamente a un maestro, a un luchador social, a un militante de la vida.

Es fundamental, se los pido, se los imploro, que
nos organicemos

en forma sindical, en forma política y en forma social

y también para todas las organizaciones populares, en el sentido de pedir justicia,
castigo a
todos los responsables, y como dije antes, el que jaló el gatillo, como el que dio la orden,
el que la reivindicó y todos los que participaron, que tienen nombre y apellido,
que han sido identificados, ustedes los han visto que sean todos juzgados
por cada acto que hicieron, por cada orden que recibieron.

Solamente les quiero decir que me sigan acompañando, que necesito que me acompañen.

Nada más. Gracias.
en anred está la planilla de recolección de firmas.

Fuente: www.anred.org
23-5
-07