Otro país-mundo

Julio 2010

Otro desarrollo se basa en la reforma agraria integral...

...que, como ejemplifica el proceso antidemocrático del Vial Costero en Vicente López, atiende no sólo a garantizar el desarrollo rural y las condiciones dignas de vida campesina e indígena sino, también, a la importancia de las riberas y las costas en los equilibrios ecológicos. Aún más, se concreta a través de la democratización de los feudos provinciales, de las relaciones ciudad-campo y del gobierno-gestión sobre los bienes comunes.

Propuesta de Interbarrial


 

 

Otro país-mundo

requiere

«La reforma agraria integral»

Porque la «reforma agraria integral» significa la reestructuración ecocultural, socioeconómica e institucional. Parte de erradicar el uso del territorio para los súper negocios de las empresas y bancos imperialistas y de sus socios locales que destruye las condiciones de vida y de trabajo de las grandes mayorías expulsadas a hacinarse en las ciudades más importantes.

Implica organización y lucha:

 

1. Contra la Iniciativa para la integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA)

 

Integración a golpe de megaproyectos

Por Sergio de Castro Sánchez

"Surgida en el año 2000 como propuesta del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a la reunión de presidentes de América del Sur celebrada en Brasilia a finales de agosto de ese año, la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA) no sólo ha sobrevivido a la supuesta defunción del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en la Cumbre del Mar de Plata en 2005 –a la que inicialmente iba vinculada–, sino también a los cambios políticos que se han sucedido en los gobiernos de algunos de los países de la región. Desde entonces, la IIRSA ha pasado a convertirse en el eje esencial del proceso de integración regional de los países pertenecientes no sólo al Mercosur o a la Unasur, sino también de la ALBA.

¿Qué es la IIRSA?

La IIRSA es un conjunto de más de 500 proyectos organizados en diez Ejes de Integración y Desarrollo (EID) que, con un costo cercano a los 75.000 millones de dólares, busca eliminar las “barreras” naturales que impiden la libre circulación de las mercancías entre las diferentes “islas” que compondrían la región.

Los EID, además, se estructuran en siete “procesos sectoriales” que buscan organizar el espacio geográfico en base al desarrollo de una infraestructura física de transporte terrestre, aéreo y fluvial –proyectos que representan el 87% de la IIRSA–; de oleoductos, gasoductos, puertos marítimos y fluviales y tendidos eléctricos y de fibra óptica, entre otros. Según datos proporcionados en la XI reunión del CDT, de diciembre de 2009, el 74% de los proyectos presentan avances concretos, con un 10% concluido, un 36% en ejecución y un 28% en preparación. Respecto a los avances en la Agenda de Implementación Consensuada (AIC) 2005- 2010 –que incluye 31 proyectos prioritarios– dos estarían concluidos, 19 en ejecución y 10 en preparación.

Tras la creación de la Unasur, el CDE planteó la necesidad de que la IIRSA se vinculara a la misma, para lo que, en agosto de 2008, se creó el Consejo Sudamericano de Infraestructura y Planeamiento (CIP) de la Unasur, del que se prevé que IIRSA sea “el foro técnico de la planificación y desarrollo de la infraestructura de integración de América del Sur”. Uno de los objetivos de la IIRSA es la de vincularse al Proyecto Mesoamérica –antiguo Plan Puebla Panamá– para lo cual Colombia entró a formar parte del mismo en julio de 2006. Además, las últimas reuniones del CDE han contado con la presencia de representantes del proyecto lo que ha permitido avanzar en la conexión de ambas iniciativas en temas eléctricos y de telecomunicaciones, a través de empresas creadas a tal efecto.

“Una dinámica capitalista”

A pesar de que la IIRSA se presenta como un proyecto de “infraestructura sostenible”, las denuncias contra sus impactos medioambientales, políticos, económicos, sociales y culturales se han sucedido desde sus inicios. Así, mientras para la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI), la iniciativa constituye un “ecocidio y un genocidio”, para el analista Raúl Zibechi, la IIRSA supone “una integración doblemente subordinada: a Brasil, por parte de los países sudamericanos, y del conjunto de la región al mercado y al empresariado mundiales”, en tanto refleja un modelo de “integración exógena” dirigida a los mercados externos.

Según Jairo Estrada, profesor de ciencias políticas de la UNAL y director del Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos, la IIRSA implica, además, “una dinámica capitalista muy similar a las lógicas de acumulación originaria de capital, es decir, a las lógicas de acumulación por desposesión”. Un expolio que se estaría desarrollando sin consultar a los afectados y sin la realización de estudios de impacto ambiental fiables y que, según la analista Ana Ester Ceceña, iría parejo a la firma de tratados de libre comercio y la militarización creciente de la región.

 

DECISIONES

La IIRSA está coordinada por los gobiernos de los 12 países que la integran a través del Comité de Dirección Ejecutiva (CDE), formado por los ministros de planificación e infraestructura de los estados miembros. A ella se le suman los Grupos Técnicos Ejecutivos (GTE) y el Comité de Coordinación Técnica (CCT), integrado por el BID, la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLATA), principales financiadores de la iniciativa junto al Banco Brasileño de Desarrollo Económico (BNDES).

 Nuestro sueño es que este proceso sea más social y político

 

ENTREVISTA | MIGUEL PALACÍN, DE LA COORDINADORA ANDINA DE ORGANIZACIONES INDÍGENAS (CAOI)

La CAOI, que integra organizaciones de Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Chile y Argentina, denunció en noviembre a la IIRSA ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).


Johnattan Rupire y Mar Soler, Lima (Perú)

 

DIAGONAL: ¿Cuál es la posición de la CAOI respecto a la IIRSA?

MIGUEL PALACÍN: Tenemos un problema de fondo. ¿Para qué sirve la IIRSA? ¿Queremos hacer la modernización como Europa, como Estados Unidos y después llorar por lo que hemos destruido? Los procesos de integración no son sólo cuestión de carreteras, es un tema político, organizativo, de solidaridad y del desarrollo de los pueblos, que está basado en el buen vivir, en el sumak kawsay. La IIRSA es totalmente contraria a la concepción indígena. No hay necesidad de tener esas líneas imaginarias que nos pongan de enemigos de un lado a otro. Hay que hacer desaparecer las fronteras. Los pueblos transfronterizos viven todos los días de esa forma. Hay que educar para el amor, para la integración real y no para odiarnos. Vivimos en zonas de alta biodiversidad y juntando a toda América del Sur no necesitamos depender de nadie. La diversidad de pueblos y de culturas que somos es una gran fortaleza que hay que promover. Ése es nuestro sueño, que los procesos de integración sean mucho más políticos, mucho más sociales. Tenemos una crisis general: financiera, ambiental, energética, alimentaria, de valores. Está en crisis el pensamiento que llegó hace 518 años, ya no da para más y es el mismo que quiere poner las soluciones ahora.

D.: ¿Qué medidas plantean desde vuestra organización?

M. P.: Fui a una reunión de la IIRSA en Colombia donde Bolivia acogió nuestra propuesta de reestructuración de la IIRSA: por un lado, que tiene que pasar por los procesos de consulta y que los Estados tendrían que tener control; y por otro, que la instancia más cercana de gestión sea la UNASUR. Pero en otros países, incluso de presidentes del “socialismo del siglo XXI”, se basan en la práctica del neoliberalismo. Esa es nuestra crítica muy directa hacia ellos.

D.: Con una gestión de UNASUR, ¿qué cambios importantes se darían en la IIRSA?

M. P.: Primero, tendríamos espacios de incidencia hacia los gobiernos porque ahora hay que hacerlo hacia el directorio de la IIRSA y como todo está hecho allí para el negocio, no entienden las cuestiones legales. Necesitamos hablar de cuidar la pachamama, pero precisamente la IIRSA está para destruirla. Por eso los gobiernos alternativos, que son amigos nuestros, tienen que fijar una postura. En el momento actual se lavan un poco las manos, diciendo que “no es nuestra responsabilidad”, que, “en realidad, hay otros gobiernos que han contraído acuerdos” y que “para eso está el directorio”, pero no es así...

D.: ¿Cuál es la visión de la IIRSA desde Europa?

M.P.: Cuando se habla en el movimiento social de que hay un proyecto de inversión en la IIRSA, en el que tiene interés un banco alemán –que son quienes financian vía bancos brasileños– la gente no sabe qué es la IIRSA. Y encima hacen loas a Chávez, Evo y a Lula, cuando son ellos los que están propiciando este tipo de proyectos, que son neoliberales. Si miran el plan de Gobierno de Evo, es todo IIRSA.

 

El rol central de la IIRSA para el gobierno boliviano

Por Pablo Villegas (CEDIB)

“El deseo que tenemos en Bolivia es que no solamente nos quedemos con un corredor bioceánico, sino tener dos o tres corredores”. Consecuentemente con estas palabras pronunciadas por Evo Morales en 2007, Bolivia habrá invertido al concluir la Agenda de Implementación Consensuada 2005-2010 de la IIRSA un total de 694 millones de dólares. Más allá de 2010, según el Gobierno, la conclusión de cinco corredores superará los 2.000 millones. Sin embargo, sumando las fichas de los proyectos de la IIRSA, resultan casi de 5.000 millones de dólares. Esto sin contar, entre otros proyectos, varias hidrovías aún no evaluadas. Si a esto añadimos 10.000 millones que se invertirán en la Ferrovía Interoceánica entre el Atlántico y el Pacífico y la inversión en proyectos energéticos de la IIRSA, podríamos superar fácilmente el PIB boliviano de 17.000 millones de dólares. La IIRSA coincide con un patrón de inversión pública vigente desde la liquidación neoliberal de las empresas estatales en 1996. Así, en 2009, el 47% del presupuesto estatal se invirtió en infraestructura. En 2000, se trató del 35%. La IIRSA también incide en el patrón de endeudamiento. El Banco Mundial (BM), CAF y BID han sido esenciales para el financiamiento de la IIRSA en Bolivia. En 1996, el 59% de la deuda externa era con estas entidades, y en 2008, llegó al 78%. Esta dependencia, peligrosa para Bolivia, se incrementará aún más con un préstamo de 10.000 millones que el BM aprobó recientemente. El Gobierno ha priorizado los ejes Interoceánico Central y Perú-Brasil- Bolivia. El primero, que unirá el Atlántico con el Pacífico desde Brasil a Chile atravesando Bolivia, ha sido impulsado por el Gobierno de Morales con un acuerdo firmado el 16 de diciembre de 2006 con Bachelet y Lula. Brasil y Chile invertirán 254 millones de dólares y Bolivia, la mayor parte: 415 millones. Esto nos da una idea de los gastos que afrontará Bolivia para favorecer el tránsito comercial de los países vecinos y el saqueo de sus propias materias primas, pues seis de los diez ejes de la IIRSA se vinculan con su territorio. En 2007 la reacción social boliviano- brasileña ante las represas del río Madera amenazó varios proyectos IIRSA, pero el Gobierno remedió el caso declarando que no se oponía al proyecto. En febrero de ese año Bolivia acordó con Brasil la construcción de un puente fronterizo sobre el Mamoré (parte del complejo Madera) y, pasado el tiempo, sus críticas a la IIRSA cambiaron por una agresiva campaña para la construcción de corredores, hidrovías, hidroeléctricas y grandes proyectos de exportación de energía, aunque el país (segundo en reservas de gas del continente) se autoabastece cada vez menos.

 Colombia: la incorporación de los negocios

Por Fernando Castrillón, del Colectivo de Trabajo Jenzerá Bogotá, Colombia. 

Según el autor, la IIRSA en Colombia avanza hacia la integración de los intereses empresariales y la desintegración de tejido social y ecosistemas

La pérdida de confianza y los acuerdos con sus vecinos más cercanos no ha sido obstáculo para que el Gobierno colombiano impulse la IIRSA. Así lo hacía ver cuando declaraba ante la Asamblea Mundial del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que esta iniciativa busca “desarrollar una infraestructura puntera, acorde con las necesidades de desarrollo del país y los retos comerciales que se avecinan, que cuente con mayor participación del sector privado y que funcione bajo esquemas empresariales modernos, dinámicos y eficientes”.

De los diez ejes y 162 grupos de proyectos de la IIRSA, Colombia participa en dos ejes y diez grupos que se han incorporado en los planes de desarrollo y en los planes a largo plazo. Se han priorizado los proyectos Hidrovía Río Meta, Carretera Pasto-Mocoa y paso de frontera Cúcuta-San Antonio, considerados cuellos de botella para el desarrollo y la integración. Estos proyectos coinciden estratégicamente con los corredores de recursos minero-energéticos, de biodiversidad y producción de agrocombustibles, entre otras materias primas que Colombia privilegia en las relaciones con EE.UU. y Europa.

Esta integración no se basa sólo en la construcción de carreteras, puertos, puentes y dragado de ríos, sino sobre todo en la extracción sistemática e intencionada de los recursos de los territorios colectivos de las comunidades negras y de los pueblos indígenas y en los cambios en el uso del suelo que permitan el tráfico de mercancías, energía y comunicaciones. Asimismo, potencia los fines especulativos sobre la tierra, que benefician a los políticos asociados a los grupos armados legales e ilegales.

La IIRSA tampoco es una vía para la integración de los pueblos, y menos una manera de aliviar las difíciles condiciones de las regiones de Putumayo y Nariño, donde se adelanta la carretera Pasto-Mocoa. Por contra, constituye un elemento adicional a la delicada crisis del país y es un riesgo que afecta la vida y la integridad de las comunidades indígenas, negras y campesinas, las cuales están sometidas a presiones no sólo de actores armados legales e ilegales, sino a poderosos intereses económicos. La implantación de más de 20.000 hectáreas de coca, dos masacres en el último año sobre el pueblo awá con un saldo de 18 indígenas asesinados, más de 60.000 desplazados en los dos últimos años, la permanencia de varios frentes de las FARC y del ELN y de nuevos grupos de paramilitares, el minado de varias zonas, la militarización de la vida de las comunidades y la irrupción de prácticas que desestructuran los tejidos social, económico, político y cultural de pueblos y procesos organizativos, constituyen situaciones que impiden una real participación de las comunidades y la toma de decisiones de manera libre y consentida.

Fuente: http://www.kaosenlared.net/noticia/america-latina-integracion-golpe-megaproyectos

 

2. Contra la ocupación integral del sistema global de agronegocios

 

La ofensiva de los agronegocios contra el pueblo brasileño

Por Secretaría Nacional del Movimiento de los Sin Tierra (Resumen Latinoamericano)

Traducido para Rebelión por Susana Merino

 

“Brasil está siendo blanco de una ofensiva del  gran capital articulada por las empresas transnacionales y los bancos en una alianza con capitales latifundistas  que han generado un modelo de organización agrícola llamado agronegocio. A partir de la segunda mitad de la década de los 90 –y más aún luego de la crisis del capitalismo internacional– grandes corporaciones internacionales financiadas por capitales financieros comenzaron a avanzar sobre la agricultura brasileña: tierras, aguas, semillas, producción e industrialización de alimentos y comercialización de agrotóxicos.

En dicho proceso, el agronegocio intenta impedir el desarrollo de la pequeña agricultura y la Reforma Agraria y consolidar su modelo de producción basado en las grandes propiedades, el monocultivo, la expulsión de mano de obra campesina, el uso intensivo de maquinaria, la devastación ambiental y la utilización de agrotóxicos a gran escala.

Compra de tierras por empresas extranjeras

Los datos del INCRA* indican que en los últimos años se vendieron por lo menos 4 millones de hectáreas a personas y empresas extranjeras, perjudicando los intereses del pueblo brasileño y debilitando la soberanía nacional sobre nuestros recursos naturales. El gobierno federal mostró preocupación por esa ofensiva, porque además las empresas usan subterfugios para no respetar la legislación vigente. Un director de la empresa de papel y celulosa Stora  Enso admitió que creó una empresa en Brasil para burlar la ley y comprar ilegalmente 46.000 hectáreas en la frontera sur del país y encarar el monocultivo de eucaliptos.

Sólo en el sector del alcohol de caña, por ejemplo, las empresas trasnacionales compraron el 30% de todas las fábricas con sus tierras. Sin embargo eso no aparece  en los catastros del Instituto, que sólo incluye cantidades subestimadas. Esperamos que el Gobierno cumpla su promesa y apruebe cuanto antes el Proyecto de Enmienda Constitucional (PEC) que impida la compra de tierras a los extranjeros, incluyendo la anulación de los títulos de las tierras ya vendidas.

Arroz transgénico de Bayer

En las últimas semanas, el agronegocio intenta avanzar en su proyecto para la agricultura brasileña en dos frentes: cambios en el Código Forestal Brasileño y la liberalización del arroz transgénico. Por otra parte la flexibilización de la ley ambiental facilita la deforestación y la expansión del agronegocio, los transgénicos pasan  el control de las semillas de las  manos de los agricultores a la propiedad privada de cinco empresas transnacionales: Bayer, Basf, Monsanto, Cargill y Syngenta  que de ese modo las patentan e imponen royalties a los productores.  

Los movimientos campesinos, los ambientalistas y las organizaciones de derechos humanos lograron una victoria importante a través de la presión social y política  contra la liberación del arroz de Bayer que retiró su propuesta  para su aprobación por la Comisión Técnica de Bioseguridad. Esa variedad de arroz, de consumo popular, no está liberada en ningún país del mundo, ni en los EEUU ni en Alemania (país de origen de Bayer). Fue en consecuencia un retroceso momentáneo de la transnacional pero debemos permanecer atentos a sus movimientos futuros.

La aprobación del arroz transformaría a Brasil en un cobayo. Los impactos de la liberalización del arroz transgénico que está presente en la mesa de los brasileños en el almuerzo y en la comida serían tremendamente negativos. En primer lugar no hay estudios que atestigüen que el consumo de transgénicos no afecta a la salud humana.

En segundo lugar, los productores de arroz tradicional podrán ver contaminadas sus cosechas con el arroz Liberty Link. En los EEUU se comprobó que 7.000 productores de arroz se vieron contaminados y demandaron a la Bayer por los perjuicios que les ocasionara.  De modo que podríamos llegar a la conversión de todos los cultivos tradicionales de arroz en transgénicos. Además, aún sin comprar esas semillas los campesinos tendrían que pagar royalties a la empresa alemana.

En tercer lugar, aumentaría el uso de venenos en los cultivos de nuestro país que utilizó 9.000 millones de litros el año pasado, ocupando el primer lugar en el ranking mundial. Las investigaciones han demostrado que el glifosato, usado para pulverizar  las variedades desarrolladas por la Bayer, es tóxico para los mamíferos y podría entorpecer las actividades del cerebro humano.

El médico Wanderlei Antonio Pignati, doctor en salud y ambiente, investigador de Fiocruz y profesor de la Universidad Federal de Mato Grosso explica que las grandes industrias fabrican semillas dependientes de los agrotóxicos y los fertilizantes químicos porque también producen esos venenos.

El retroceso de Bayer constituye una pequeña victoria  de la sociedad brasileña, porque demuestra principalmente que es posible enfrentar y derrotar a las empresas transnacionales.

Cambios en el Código Forestal

En relación con el Código Forestal la votación del proyecto presentado por el diputado federal Aldo Rebelo (PCdoB-SP) está prevista para comienzos de julio. El texto del proyecto de ley beneficia a los latifundistas de los agronegocios, por abolir la Reserva Legal para la agricultura familiar, la posibilidad de compensación fuera de la región o de la cuenca hidrográfica y la transferencia de las responsabilidades sobre la legislación ambiental a los Estados y municipios.

Más preocupante aún que la reforma agraria es la amnistía a los productores rurales que hayan cometido crímenes ambientales hasta julio de 2008. Las áreas que no cumplen una función social y que deberían ser expropiadas y destinadas a los trabajadores rurales sin tierra continuarán en manos de los latifundistas. Es decir, que con la aprobación del nuevo código el Congreso Nacional modificará la Constitución para responder a los intereses de quienes monopolizan las tierras en nuestro país.

En cuanto a las empresas de los agronegocios comentan discretamente que  los ruralistas están eufóricos  ante la posibilidad de legitimar el desmonte ya realizado y abrir la frontera en nuestras selvas y áreas de preservación. Lo que realmente no se esperaba era que los sectores más conservadores encontraran apoyo que mereció  hasta elogios de la senadora Katia Abreu (DEM) que no hace mucho intentaba su nominación como vicepresidenta de José Serra (PSDB). Dado que Katia Abreu, presidenta de la Confederación Nacional de Agricultura (CNA) es portavoz del sector  de latifundistas  y la principal defensora de los cambios, es evidente que se beneficiará con las propuestas del diputado Aldo Rebelo.

Hasta ahora se han levantado muchas voces contra esa propuesta, las iglesias, las organizaciones ambientalistas, una parte importante del movimiento sindical y los movimientos populares, especialmente la Vía Campesina Brasil, manifestando su repudio a dicho proyecto. Una recolección de firmas juntó miles de firmas con el objeto de sensibilizar al Congreso, los parlamentarios progresistas pidieron informes y el Ministerio del Ambiente se opuso a las propuestas. El propio Gobierno, cuyo partido político es el del diputado Aldo Rebelo y su base parlamentaria, también criticó el proyecto.

Esperamos que la presión de la sociedad consiga evitar la destrucción de la legislación ambiental y la anulación del concepto de la función social de la propiedad que fundamenta la concreción de la reforma agraria. En lugar de terminar con el Código Forestal necesitamos mantener sus principios, preservando la naturaleza en beneficio de toda la población y de las generaciones futuras".

*INCRA :Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria. Fuente: www.rebelion.org / Brasil/ 08-07-2010 

 

3. Contra la agricultura y la ganadería a gran escala

 

El modelo de producción expansivo no toma en cuenta los impactos ambientales y sociales que provoca

La agricultura y la ganadería a gran escala afectan al equilibrio ecológico

“Pocos temas generan tanta coincidencia como el de la amenaza a la seguridad alimentaria, derivada del cambio climático. Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, los cuatro socios plenos del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), son algunos de los que están en la mira de este proceso, que comenzó en los tiempos de la Revolución Industrial y se intensificó a partir de mediados del siglo pasado, “unido al modelo de producción expoliador de los bienes comunes naturales y asociado al modelo de consumo insostenible y depredador”, dice el agrónomo uruguayo Fernando Queirós Armand Ugon.

Alexander Schejtman, investigador chileno del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, con sede en Santiago de Chile, explica que para el 2030 se prevé un aumento de la demanda alimentaria de 50% y que el número de personas subnutridas saltará de 40 a 170 millones en América Latina como consecuencia del cambio climático.

“La producción de alimentos para satisfacer a una población mundial en crecimiento llevó en las últimas décadas a una agricultura y ganadería a gran escala, sin control y sin visión de las consecuencias negativas sobre el ambiente”, agrega.

Schejtman recuerda que, de acuerdo con el informe “La sombra alargada de la ganadería-aspectos socioambientales y alternativas” de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el sector ganadero genera más gases de efecto invernadero que el del transporte —18% medidos en su equivalente de dióxido de carbono (CO2)— y es una de las principales causas de la degradación del suelo y de los recursos hídricos.

“Si bien el informe de FAO considera al mundo en su globalidad, para los países del MERCOSUR, productores natos de alimentos —carnes, lácteos, oleaginosas, cereales, frutas—, debe ser un punto de referencia insoslayable”, dice Queirós Armand Ugon.

Ganadería depredadora

El estudio afirma que el hombre consume cada vez más carne y más leche como señal de prosperidad, lo que hace pensar que la producción mundial de carne, y en esto el MERCOSUR tiene mucho que ver, se duplicará de los 229 millones de toneladas en 1999-2001 a 465 millones en el 2050, al tiempo que la producción lechera pasará de 580 TM a 1,043 millones de toneladas en ese mismo periodo.

La ganadería, dice la FAO, utiliza actualmente el 30% de la superficie terrestre, mayormente pastizales, y ocupa un tercio de toda la superficie cultivable sólo para producir forraje. Gran parte de esas tierras han sido deforestadas de forma continua, particularmente en América del Sur, donde la Amazonia es un caso emblemático: el 70% de los bosques talados en ese gigantesco pulmón universal ha sido dedicado a pastizales.

La agricultura intensiva, por su lado, no se queda atrás en la incidencia negativa sobre el clima. Refiriéndose a América Latina, el español Ferrán García Moreno, de Veterinarios sin Fronteras, dice que “el transporte intercontinental de alimentos, el monocultivo intensivo, la destrucción de tierras y bosques y el uso de insumos químicos en la agricultura, están transformando a esta actividad en consumidora de energía y potente emisora de gases de efecto invernadero”. García Moreno recuerda que el 18% de las emisiones de esos gases se relaciona con el “cambio de uso de la tierra”, en tanto la actividad agrícola-ganadera a gran escala emite el 14%.

Un análisis de Proceedings of the National Academy of Sciences —un emprendimiento de la Universidad de Stanford, EEUU— afirma que sólo “en los nueve estados de la Amazonia brasileña, la agricultura industrial aumentó en 36,000 km² y la deforestación totalizó 93,700 km² en el periodo 2001-2004”. El informe señala que la intensificación de la agricultura industrial para la producción de cultivos de gran demanda –como la soja–, se hizo a expensas de la deforestación de la Amazonia.

En Argentina, una investigación del 2008 de la Agencia Periodística del MERCOSUR —organización independiente que no tiene relación con el bloque— apunta más allá, al advertir que “al ponerse en juego el equilibrio ecológico mundial, no es sólo el ambiente el que corre riesgos, sino que todo peligra, incluso las culturas. Hablar de tierra y de cultura remite inevitablemente a pensar en los pueblos originarios, en las culturas nativas que dependen de la Pachamama (la Madre Tierra). El cambio climático tiene a estos pueblos como una de sus principales víctimas, ya que al alterarse el ciclo de vida de las comunidades que dependen de la naturaleza, se pone en riesgo su supervivencia y se da paso a la destrucción de culturas ancestrales”.

Avance sojero

En Uruguay, el ingeniero Queirós Armand Ugon alerta sobre el tema de los monocultivos de exportación, como la soja, que pasó de ocupar 8,000 Ha en 1998 a 700,000 Ha en la actualidad, “y a medida que el área cultivada aumenta se incrementan en igual proporción los impactos ambientales y sociales que el cultivo provoca”.

De acuerdo con un estudio de la Facultad de Agronomía de la estatal Universidad de la República de Uruguay, en los últimos 10 años el 47% de los productores lecheros son víctimas del avance sojero. “Durante 2007 —dice— 150,000 Ha dejaron de producir para la lechería, cambiando el destino para la soja”, y advierte que el 92% del área utilizada para esta oleaginosa es bajo arriendo, con lo cual “los empresarios no tienen ningún compromiso de conservar nuestros recursos naturales. Este modelo de producción se desarrolla hasta agotar el suelo, para luego irse a otra tierra”.

Entre otras causales del cambio climático, Queirós Armand Ugon habla de los agrotóxicos: “En el 2000 entraron a Uruguay 6,778 TM de agrotóxicos y en el 2008 fueron 18,524 TM. Todas fueron aplicadas a varios cultivos, liderados por la soja transgénica. Aparte de combatir plagas, enfermedades y malezas, estas toneladas de veneno quedaron esparcidas en nuestro ecosistema (ríos, cañadas, suelos y humedales) y sobre los trabajadores rurales, las poblaciones aledañas a los cultivos y nuestros alimentos: arroz, trigo, maíz, leche, carne, frutas y verduras”.

El ambientalista argentino Jorge Rulli, del Grupo de Reflexión Rural, dedica toda su energía a denunciar los atentados ambientales, especialmente la sojización de los países del MERCOSUR. En una columna publicada en el diario argentino Tiempo, Rulli propone que el Estado priorice la producción de alimentos por sobre cualquier otra actividad, por más rentable que ésta sea, y que se tomen medidas “que limiten el modelo de la soja, evitando que la frontera agrícola siga extendiéndose hacia el norte del país, donde hay pequeños productores y donde sobreviven algunas poblaciones originarias”.

“Proponemos una política de precios sostén para los cultivos que integran el patrimonio alimentario básico de la población, recuperando las antiguas zonas de explotación familiar”, dice Rulli, confiado en que el rescate de “cinturones verdes” no sólo producirá alimentos frescos y sanos, sino que será fuente de recuperación de empleo".
Fuente original: http://www.noticiasaliadas.org/articles.asp?art=6172

Fuente: www.rebelion.org / América Latina y Caribe/ 11-07-2010

 

4. Contra la seguridad alimentaria y por la soberanía alimentaria

 

El mito de la seguridad y soberanía alimentaria en Bolivia

Por Miguel Angel Crespo

Director-PROBIOMA

 

La seguridad y soberanía alimentaria no es solamente la capacidad de generar suficientes alimentos para el consumo interno, sino también en conocer en manos de quienes está la producción de los mismos y cuáles son algunas de las variables externas e internas que influyen en los precios."

En base al concepto desarrollado en la Cumbre Mundial sobre la alimentación realizada en 1996 en Roma , a convocatoria de la FAO y que aún está vigente, la seguridad alimentaria plantea claramente que es el derecho de toda persona a tener acceso a alimentos sanos y nutritivos , sin importar el origen nacional de los mismos. Dicha definición, establece una apertura de los mercados internos de los países atrasados y con un claro beneficio para las empresas é industrias de los países desarrollados. Esta orientación de la economía expresada en la producción agropecuaria ha supuesto un fortalecimiento sin precedentes del sector de los agronegocios a nivel mundial, pero con muy graves consecuencias globales en el plano social y ambiental que se ha traducido paradójicamente en varias crisis.

Es así que en la actual coyuntura mundial, y producto de los impactos socioambientales, existe una amplia discusión -fruto de la preocupación global - con referencia a la crisis alimentaria, la crisis energética, la crisis económica y la crisis ambiental. Obviamente todas las crisis mencionadas están interrelacionadas. Sin embargo, es preciso también aclarar que los países desarrollados, plantean la solución de las crisis en función de sus intereses. Es decir, que la crisis alimentaria estará en base al fomento de una producción mayor de alimentos y para ello, las empresas transnacionales de semillas, ya tienen la solución: Las semillas transgénicas que obviamente no rinden si no van acompañadas de herbicidas, insecticidas, fungicidas, etc. , los cuales son fabricados por las mismas empresas semilleras y/o por sus socios. Esto seguramente demandará un mayor uso de energía y también para ello está la solución: Los agrocombustibles o biocombustibles, que representan una amenaza para la biodiversidad.

Frente a la crisis alimentaria, también en Bolivia han surgido las voces de las organizaciones campesinas é indígenas, así como de ONGs, instituciones y del propio gobierno, que plantean la importancia de la producción campesina para la solución de esta problemática, desconociendo que la producción campesina aporta con menos del 20% de la producción de alimentos a nivel nacional. Lo anterior genera una distorsión del problema, en sentido de plantear que la economía campesina es fundamental en la producción de los alimentos más importantes de la canasta familiar.

La seguridad y soberanía alimentaria no es solamente la capacidad de generar suficientes alimentos para el consumo interno, sino también en conocer en manos de quienes está la producción de los mismos y cuáles son algunas de las variables externas (Las Bolsas de Valores de Chicago y Rosario, por ejemplo) e internas (las estructuras de costos, el contrabando, etc.) que influyen en los precios. Tampoco se debe perder de vista de que la seguridad y soberanía alimentaria está en base al uso y acceso al recurso tierra, que es la base para la producción de alimentos y la forma de su uso o explotación que tiene que ver con el carácter de responsabilidad social y ambiental que debe imperar en un modelo productivo sostenible.

El actual gobierno, con una visión alejada de la realidad en este tema, quiere dirigir las lógicas de los mercados y en los últimos años, la discusión se ha centrado en un falso debate que parte de la premisa de que los campesinos son los que alimentan al país y que por lo tanto los precios están subordinados a su voluntad o a la del estado. Además, se ha mistificado el modo de producción campesina, al punto de que el actual gobierno, ha subordinado su política de desarrollo rural al apoyo a la producción campesina, alejándose así de la realidad de este sector productivo y prebendalizando la economía y desconociendo el aporte de la agroindustria en la producción de alimentos para el país.

 

La realidad es otra. Según datos oficiales (INE), el 60% de la población es urbana y se encuentra en seis de los departamentos del país que son los más poblados, mientras que Chuquisaca, Potosí y Pando aún tienen mas del 50% en el área rural. Sin embargo las tendencias de crecimiento son que para los próximos 15 años, el 70% de la población residirá en las ciudades. Lo anterior, se reflejará en una mayor disminución del aporte de la producción campesina en el PIB agropecuario y la producción de alimentos dependerá más de una producción agropecuaria capitalista, que campesina.

Si observamos la superficie cultivada a nivel nacional en los últimos 3 años, vemos que ha disminuido de 2.648.000 Has a 2.411.000 Has., (CEDLA:2009) es decir, ha decrecido en un 9%. Paradójicamente esto no ha impactado severamente en la producción agrícola capitalista (agroindustria), que concentraba en el año 2002 , un 60% del valor de la producción agropecuaria (CEDLA: 2009) y el 2009 , pasó a concentrar el 82% (PROBIOMA:2009) , debido fundamentalmente a la mayor importancia que tienen los cultivos destinados a la agroindustria y a la exportación, como es el caso de la soya, maíz, arroz, caña , trigo, algodón, girasol, maní, sorgo, etc.

Asimismo, una gran parte de estos cultivos, se concentran en la región de los llanos, fundamentalmente Santa Cruz, con el 70% del total de la producción agrícola nacional (CEDLA:2009) y con referencia a los cultivos industriales, concentra el 82% de la producción agrícola (PROBIOMA:2009). El mismo fenómeno se da en el sector pecuario, donde la región de los llanos concentra el 72% del hato ganadero bovino en el país (CEDLA.2009). Por otra parte, en los últimos años y a pesar de las políticas gubernamentales , se ha observado una tendencia a la acumulación de tierras y a su mercantilización, ya que aún el 72% de los campesinos, solo tienen el 19% del total de la tierra distribuida en el periodo 1953 al 2002 (CEDLA:2009) y este escenario no ha cambiado ostensiblemente en los 5 últimos años.

Como consecuencia de lo anterior, tenemos entonces que más del 80% de la producción, está en manos de los medianos y grandes productores del Departamento de Santa Cruz y en sociedad con la agroindustria.

Para precisar y ejemplificar aún más la información y si nos remitimos a la información oficial y de los gremios de productores de los diferentes estratos, tenemos que el Departamento de Santa Cruz aporta con los siguientes alimentos al país (Datos al 2008):

* 62% del arroz producido a nivel nacional

* 43% del trigo producido a nivel nacional

* 40% del maíz producido a nivel nacional

* 100% de la soya producida a nivel nacional

* 24% de las hortalizas producidas a nivel nacional

* 25% de la papa producida a nivel nacional

 

Como se puede observar, cuatro cultivos (arroz, trigo, maíz, y soya), muy importantes para la seguridad alimentaria, se producen fundamentalmente en Santa Cruz. Lo que convierte a este departamento , en la región más importante a nivel nacional a la hora de hablar de seguridad alimentaria.

Asimismo, Santa Cruz ha incursionado en la producción de papa, cuya producción se está incrementando progresivamente, debido a la alta demanda de variedades “holandesas” (Solanum tuberosum) destinadas a la producción de alimentos “chatarra” en todo el país. En los últimos 20 años han ido desapareciendo más de 40 variedades nativas “harinosas” (Solanum andigenum) destinadas al consumo local y han sido reemplazadas por 3 variedades “comerciales/holandesas” (no nativas). Esto afecta ostensiblemente a la seguridad alimentaria cuando desaparecen recursos genéticos nativos y son reemplazados por otros comerciales y/o introducidos.

 

En cuanto al cultivo de la quinua, considerado estrella del patrimonio nacional, el 90% de su producción se destina al mercado externo por su alta demanda y sus precios atractivos que también son establecidos en las bolsas internacionales, lo que motiva a una ampliación de la frontera agrícola en un ecosistema muy frágil . Lo anterior está generando graves impactos socio ambientales en el altiplano boliviano, dando lugar al desplazamiento de la actividad ganadera (camélidos y ovinos) y agudizando un fuerte proceso de desertificación en los suelos (90% en Oruro y Potosí).

De la misma manera, la agroindustria, la pequeña y gran producción en Santa Cruz, es insostenible desde el punto de vista ambiental, ya que el modelo productivo ha llevado a un proceso de desertificación en más de 300.000 has. , en dicho departamento. El contexto mencionado, es resultado de las políticas neoliberales llevadas a cabo a partir de 1985 y que promovieron fundamentalmente que la producción interna debe estar dirigida hacia el mercado externo. De esta manera se dio un fuerte impulso a la producción de los cultivos destinados al mercado internacional, en el marco de los acuerdos de integración comercial, como es el caso de la CAN, en la que Bolivia es el proveedor natural de los productos derivados de la soya fundamentalmente.

En este escenario los productores campesinos que producen bajo formas de producción pre-capitalistas, no tienen mayor chance, ante una serie de requisitos del mercado, que exigen determinados productos (commodities), una mayor productividad y competitividad para posicionar los productos agrícolas inclusive en el mercado local. Esta situación los coloca en la disyuntiva de migrar a las ciudades y/o insertarse en la agroindustria como mano de obra asalariada. Tampoco tienen posibilidades de acceder a la tierra, ya que sólo quedan diez millones de hectáreas de tierras fiscales por “distribuir” , las cuales son Bosques no aptos para la agricultura.

Ante esta problemática, el Gobierno maneja un discurso contradictorio, porque afirma que solo apoyará a lo comunitario, dejando a miles de campesinos sin apoyo y fuera del sistema productivo. Sin embargo, paradójicamente declara el respeto irrestricto a la gran propiedad privada (5.000 has., de ahora en adelante), con lo que consolida la concentración de tierras en pocas manos.

En el caso de los pequeños productores asentados, en el Departamento de Santa Cruz, y que fueron dotados de tierras hasta de 50 Has.(en el marco de las políticas de colonización llevadas a cabo hasta hace 30 años), éstos tienen mejores perspectivas de ingresar en este modelo de producción, pero en un escenario en que son el eslabón mas débil de la cadena, ya que sólo cuentan con las tierras, pero no así con el capital , aspecto que es bien aprovechado por la agroindustria para financiar el costo de la producción agrícola (semillas, agroquímicos , diesel), a condición de que el grano producido sea entregado a dicha industria para su procesamiento y posterior exportación y/o comercialización en el mercado nacional, como producto con valor agregado.

En este escenario, el pequeño productor no es más que un proveedor de materia prima para la agroindustria que tiene un 30% más de capacidad instalada de lo que actualmente se produce. La agroindustria fija los precios (en base a los precios referenciales de las Bolsas internacionales y las tendencias) y de esta manera los ingresos de los pequeños productores son fluctuantes y además están afectados por otras variables, como ser los otros proveedores de la cadena a quienes debe pagar por sus servicios ( semillas, agroquímicos, diesel, alquiler de sembradoras, fumigadoras, cosechadoras, transporte, etc.)

 

Lo anterior nos muestra la importancia que tiene un análisis profundo de lo que verdaderamente significa la seguridad y soberanía alimentaría en Bolivia y que va más allá de las mistificaciones hacia la producción campesina y de las actitudes que pueda asumir el estado. Por ello, el análisis referido a la seguridad y soberanía alimentaria debe tomar en cuenta también el modelo de producción que amarra al campesino a su pobreza (parcela) y

- cuando la producción está en manos de las grandes empresas,

- cuando los precios son establecidos en el mercado internacional,

- cuando existe una fuerte dependencia tecnológica en el uso de los insumos químicos,

- cuando existe una dependencia en las semillas y

- cuando se desmerece el valor que tiene la biodiversidad y los recursos genéticos.

En otras palabras, cuando se produce bajo el modo de producción capitalista y para el mercado.

O bien cuando la gran mayoría de producción “campesina”, esta subordinada o subsumida por el mercado capitalista. Obviar en los análisis estos aspectos, es no entender el verdadero sentido que tiene la seguridad y soberanía alimentaria.

El actual gobierno , en su oferta electoral planteaba una “ reorientación del desarrollo rural en base a la generación de ingresos y empleos extraprediales de la población rural y a la articulación de la producción rural , con el mercado urbano , a través de la identificación y promoción de las cadenas productivas exportadoras. Es decir, seguir privilegiando las políticas sectoriales, al mercado externo y subordinadas a las cadenas de valor.

Este enfoque fue reiterado en el Plan Nacional de Desarrollo, cuando menciona que se “priorizará a las unidades pequeñas y medianas, orientando la integración vertical con la agroindustria” . Esta afirmación, subordina la política de seguridad alimentaría a los intereses del sector agroexportador , cuyo objetivo es fundamentalmente el mercado internacional ya que el mercado interno es muy pequeño.

En el Plan del Ministerio de Desarrollo Rural, Agropecuario y Medio Ambiente, que fue presentado en el año 2007 y denominado “Revolución Rural , Agropecuaria y Forestal”, se propone un “nuevo patrón de desarrollo productivo rural que sea ambientalmente sustentable, que alcance la soberanía alimentaria y que genere un mayor excedente, con base en sistemas de producción agrícola y forestal-comunitarios, asociativos e individuales – más eficientes en el uso de los recursos naturales y de las tecnologías disponibles para ese cometido.” En ese marco, en Noviembre del 2006, se promulgó la Ley Nº 3525 de Regulación y Promoción de la Producción Agropecuaria y Forestal no maderable ecológica, como política de estado.

 

Lamentablemente este Plan, plagado de buenas intenciones y la Ley 3525, no se ha cumplido y es más, se ha hecho lo contrario , generando una serie de ambigüedades en este sector. Un ejemplo de ello es la promulgación de la Ley 3546 que declara de Prioridad Nacional la construcción del Complejo Agroindustrial de San Buenaventura, teniendo como base la implementación del Ingenio Azucarero del Norte Paceño, para la producción de azúcar, biocombustibles, así como también la producción de palma africana para la producción de biodiesel y aceite, como fuentes de energía renovable y compatible dentro del marco de la producción ecológicamente sostenible.

Estas contradicciones y ambigüedades entre lo que se dice en los discursos y se hace en la realidad, ha generado que en este caso, se dé curso a iniciativas no sostenibles , como es el impulso a la instalación de 6 plantas de Biodiesel en la provincia Cordillera de Santa Cruz y se lleve a cabo la introducción de plantines de piñón provenientes de Indonesia en la localidad de Palometillas. La posición del CIAT (Centro de Investigación Agrícola Tropical) , divulgada en su Boletín NotiCIAT Nº 2 y en la que afirma que “Pese a la negativa del gobierno, el CIAT no dará un paso atrás en investigación sobre el Biodiesel” es un ejemplo muy claro de las ambigüedades con las que el Gobierno ejecuta las políticas de estado y que da lugar a que todos hagan lo que mejor les parece, según las tendencias mundiales del mercado, así sea a costa de la degradación de los suelos, (con transgénicos y agroquímicos) , los cuales deberían ser ocupados en la producción de alimentos, según su aptitud..

Por otra parte, en el actual texto constitucional se promueve la introducción de transgénicos, al establecer en el Artículo 409 que “la producción, importación y comercialización de transgénicos será regulada mediante ley” . Esto ha dado lugar a que en Bolivia se comercialicen “legalmente”, 43 variedades de soya transgénica (ORS: 2009) y en evaluaciones de campo realizadas el año 2009, en propiedades agrícolas del Departamento de Santa Cruz , se ha encontrado maíz transgénico (Bt) y algodón transgénico (RR y Bt) .

Es mas, en el año 2006 la producción de soya transgénica en Bolivia era el 40% del total de la producción. En la campaña de verano 2009-2010, el porcentaje de soya transgénica está en el 85% del total de soya producida. Asimismo, en el periodo 2006 al 2009, se ha promovido, mediante los Programas de Apoyo Productivo establecidos por el Gobierno , el uso de agroquímicos, fertilizantes, fungicidas, etc. lo que ha representado un incremento del 300% a los volúmenes anteriores al año 2005.

Los resultados mencionados en los párrafos anteriores, han sido el resultado de las acciones llevadas a cabo por los operadores estatales, como es el caso de EMAPA, por ejemplo.

En el año 2007 se crea EMAPA (Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos), que tiene como objeto “apoyar la producción agropecuaria, contribuir a la estabilización del mercado de productos agropecuarios y a la comercialización de la producción del agricultor”. Dicha empresa estatal tiene como actividades, la compra-venta de insumos agropecuarios , transformación básica de la producción y su comercialización, prestación de servicios para el sistema de producción, prestar asistencia técnica, alquiler de maquinaria, almacenamiento y otros relacionados con la producción agropecuaria” .

Asimismo en el 2007 se aprueba el “Programa productivo para la Seguridad Alimentaria 2008”, que tiene como fundamento,contribuir a la estabilidad de los precios de los alimentos básicos” y que se operativiza mediante su intervención con un fondo de 42 millones de dólares a EMAPA para la producción de trigo, arroz, maíz y soya y también el apoyo a SEPA , para la producción y provisión de semilla de papa y que tiene un monto asignado de 1,6 millones de dólares. Finalmente, este Programa asigna recursos no reembolsables de 4,8 millones de dólares, al sector “privado comunitario”, para la producción de maíz, choclo, papa, tomate y cebolla.

También “se difiere a cero por ciento , el gravamen arancelario para la importación de arroz, azúcar, maíz , aceite de soya, trigo y sus derivados , animales vivos , carne y sus derivados y fracciones y se autoriza a EMAPA y a la Secretaria Ejecutiva PL-480 , la importación directa controlada , el acopio y la comercialización de alimentos” (CEDLA:2009)

Complementariamente el MDRAyMA , ha desarrollado el Programa de Apoyo a la Seguridad Alimentaria (CRIAR-PASA), que ha dirigido sus actividades al financiamiento de cerca de 127 proyectos de infraestructura productiva, por un total de 9,8 millones de dólares y el Programa de Emprendimientos Organizativos para el Desarrollo Rural Autogestionario-EMPODERAR, que tiene como finalidad promover alianzas entre organizaciones de productores y compradores (estatales y privados) y abarca 55 proyectos de alianzas rurales por un monto de 2 millones de dólares.

A lo anterior se añade el Programa de Repoblamiento Ganadero que fue creado a raíz de los desastres nacionales y tiene un fondo de 10 millones de dólares. Asimismo, están los Programas del SENASAG que están destinados a la sanidad animal y vegetal por un monto de 6,1 millones de dólares.

En este escenario podría pensarse que los resultados obtenidos deberían ser positivos en lo referente a una mayor producción de alimentos por parte de los productores campesinos y que estos tengan un impacto en la seguridad alimentaria del país.

Sin embargo ello no ha ocurrido en los hechos. Estos fondos han promovido la importación de alimentos , como es el caso del arroz y el trigo, que en el caso de éste último, y debido al déficit del 70% que se afronta a nivel nacional y en lugar de priorizar los fondos para el apoyo a una mayor producción de trigo según las aptitudes y vocación de los suelos en determinadas regiones del territorio, se ha promovido la importación de harina con la consecuente quiebra de las molineras nacionales. Similar situación ha ocurrido con el caso del arroz. Es decir, se han ampliado mucho más los lazos de dependencia en la importación de alimentos.

Paralelamente, y como señalamos en los párrafos anteriores, se ha promovido una mayor importación de agroquímicos y fertilizantes en volúmenes que han triplicado las importaciones hasta antes del año 2006 y sin embargo no hubo un crecimiento de la frontera agrícola, ni de la producción de los alimentos que forman parte de la canasta familiar. Al respecto podríamos pensar que dichos volúmenes han sido destinados a una producción más intensiva, sin elevar la productividad, pero con un serio impacto en los suelos y en la biodiversidad y/o han tenido otros destinos.

Para corroborar lo anteriormente descrito, basta conocer la estructura de las importaciones agrícolas y agroindustriales. Más del 51% de las importaciones de dichos productos, corresponde al trigo, harina de trigo, arroz, maíz y papa. Obsérvese que dichos productos son los fundamentales para la seguridad alimentaria de los bolivianos. Hasta hace unos años, el consumo de arroz, el maíz y la papa, eran cubiertos totalmente por la producción nacional. Es decir, existe un retroceso en la producción de dichos cultivos, que se refleja en un déficit que no ha sido abordado adecuadamente por el gobierno, mediante sus empresas y programas.

Podríamos concluir entonces, que existe una tendencia cada vez mayor a la importación de alimentos, aspecto que incide en la economía nacional debido a que están en función de los precios internacionales.

Por otra parte, existe una creciente tendencia a demandar productos que no son de la producción de base campesina, sino de la agroindustria, aspecto que incide en una disminución gradual del aporte de la producción campesina.

 

Creemos entonces que el debate de la seguridad y soberanía alimentaria debe profundizarse, con un sentido más amplio y donde se tomen en cuenta los siguientes aspectos:

* Los productos fundamentales para una dieta alimentaria adecuada y de mayor importancia para el mercado interno.

* Los productos más importantes que se deben priorizar según su aporte nutricional.

* El uso y acceso sostenible al recurso tierra

* Los precios y la influencia de los mercados y las bolsas

* Los sectores que producen

* El uso y acceso de los recursos genéticos, es decir el rescate, fortalecimiento y multiplicación de semillas libres.

* El uso y acceso a las biotecnologías desarrolladas en el país.

* La producción agrícola responsable (no transgénica), sin químicos, respetando los territorios indígenas, áreas protegidas y bajo una producción colectiva (cooperativas agrícolas), etc.

* Respeto a los Planes de Uso de Suelos, que garantice una producción sostenible.

No hacerlo, es seguir con esa discusión falsa y hasta cómplice, con políticas y programas inadecuados que fortalecen un círculo vicioso que no lleva a nada".  
Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Contenido/Documentos/El_mito_de_la_seguridad_y_soberania_alimentaria_en_Bolivia
 06-07-2010

 

5. Por el buen vivir o sumak kawsay

 

Sumak Kawsay, crecimiento y decrecimiento económico

Por Alirio Montoya (Rebelión)

"El Sumak Kawsay, el crecimiento económico y el decrecimiento económico. Tanto el primer concepto como el último tienen grandes similitudes. Pero el crecimiento económico –figura inventada por los países del centro- se contrapone al Sumak Kawsay y al decrecimiento económico.

Me enteré ligeramente sobre el significado del Sumak Kawsay a raíz de un artículo que escribió el camarada Diputado por el FMLN Sigfrido Reyes, en el Frente, periódico oficial de esa formación política de izquierda. Y el Diputado Reyes lo define de la siguiente manera: “Sumak Kawsay tiene una visión fundamentada en una cosmovisión de los antiguos pueblos originarios de la zona andina. Es una expresión quechua que significa: ‘Vivir en plenitud, vivir en armonía’ -en armonía con los seres humanos, en armonía con la naturaleza, en armonía consigo mismo y en armonía con los seres superiores que forman parte de la espiritualidad de estos pueblos” . [1]

El Sumak Kawsay quiere decir entonces “Buen Vivir”. Esta terminología proviene de una noción consistente en la posibilidad de enlazar al hombre nuevamente con la naturaleza desde una visión de respeto a la misma. Es como la oportunidad de reintegrarle la ética a la convivencia humana, ya que es necesaria una nueva especie de contrato social en el cual pueda convivir la unidad en la diversidad, en una delineada estrategia de acabar con la violencia sobre la naturaleza, lo cual puede conllevar dentro de poco tiempo a la desaparición de los seres vivos.

El Sumak Kawsay o “buen vivir”, es un término que proviene de las lenguas aymaras en Bolivia y del quichua ecuatoriano que, sencillamente, significa en ambas lenguas “buen vivir” o “vivir bien” en armonía con la naturaleza. Por ello, tanto en Bolivia como en Ecuador la idea de crear Estados Plurinacionales sentó las bases para que en ambas constituciones se introdujera el Sumak Kawsay. El profesor Pablo Dávalos [2] señalaba que “En los debates sobre la nueva Constitución ecuatoriana, junto a los derechos de la naturaleza y el Estado Plurinacional, ahora se ha propuesto el Sumak Kawsay como nuevo deber-ser del Estado Plurinacional y la sociedad intercultural. Es la primera vez que una noción expresa una práctica de convivencia ancestral respetuosa con la naturaleza, con las sociedades y con los seres humanos, cobra carta de naturalización en el debate político y se inscribe con fuerza en el horizonte de posibilidades humanas”. De esa manera la Constitución ecuatoriana contempla esta figura como una nueva relación entre el hombre y la naturaleza. Dicha Constitución titula el Segundo Capítulo de la misma como “Derechos del Buen Vivir”, e inicia la Sección Primera con el “Derecho al Agua y Alimentación”

( http://www.eueomecuador.org )

¿Pero qué tiene que ver esto con la realidad salvadoreña? Los recientes desastres naturales como Ida y Agatha nos responden de manera concreta y bien ilustrativa el anterior interrogante. Pero no sólo es eso. Hay que indagar sobre las causas de esos desastres naturales. Los países industrializados tienen una enorme responsabilidad para con la crisis ecológica que vivimos, la cual está vinculada a la crisis del sistema capitalista. Esto nos lleva a hablar del eufemismo llamado crecimiento económico.

Hablar del crecimiento económico desde el punto de vista del tema que nos ocupa es hablar también del desarrollo económico, el cual es un falso paradigma acuñado por los apóstoles del neoliberalismo con mayor vehemencia en estos tiempos grises que vivimos. Al respecto, nos sigue ilustrando el profesor Dávalos al decirnos que el concepto de crecimiento económico “Es un concepto hecho a la medida de las ilusiones y utopías del neoliberalismo y del capitalismo tardío. Con la misma fuerza que el creyente cree en la epifanía de la voluntad divina, el economista neoliberal, cree en las atribuciones y virtudes mágicas que tiene el crecimiento económico”.

¿Crecimiento económico para quiénes? ¿Desarrollo económico  de quiénes? Ese es el punto a discutir en tanto que los grupos de poder en los países industrializados son los que se benefician –económicamente hablando- del desenfrenado consumismo, el cual es inmanente al desarrollo y crecimiento económicos, llevándose de encuentro en una demoledora destrucción los recursos naturales, la salud y la vida de los seres vivos. Es decir que, la base del crecimiento económico descansa en el inmoderado consumo.

Pero el crecimiento económico como tal, o su par llamado desarrollo económico que al final es la misma cosa, por magnificencia son conceptos ambiguos prefabricados por quienes controlan los mercados ante la extenuación del Estado. Venden la idea de que quien está en contra del desarrollo económico es una persona “atrasada”. Y en lo que a bombardeo mediático se refiere, han reducido al Hombre a una escala de llegar a lindar con una especie de zombi. “Hay que vestir bien”, usar fragancias francesas, tener el vehículo último modelo, y de ser posible, tres vehículos al mismo tiempo para una sola persona en un solo garaje, hay que tener un televisor plasma de último tiraje, un móvil último modelo, tres casas para rentar dos de ellas, y la lista se ampliaría ad infinitum. Dicen que el plasma es el cuarto estado de la materia. No pretendemos dar una clase de química por ser una materia árida y que no comprendo; pero las pantallas plasma están compuestas de una serie de químicos, entre ellos, la lignina, la cual se encuentra incrustada en la corteza de ciertos árboles o plantas que sólo las hallamos en el África. En otras palabras, si se compran cien televisores plasmas al día, le estamos lanzando diariamente una bomba de quinientas libras a los pocos bosques de ese continente tan pobre por su misma riqueza natural. De ahí el por qué Eduardo Galeano señala que “somos pobres a consecuencia de la riqueza natural que poseemos”. Pero un consumista en extremo me dirá que a él no le importa porque África está muy lejos de nuestros países, lo que ignora es que África es un continente que pertenece al planeta Tierra, o sea donde vivimos.

El falso crecimiento económico es una teoría neoliberal vacía de realismo, porque lo que hay en el fondo es la acumulación del capital, que es en sí la esencia del capitalismo como sistema de explotación. La avariciosa acumulación del capital envuelve en sí el acrecentamiento de las fronteras de la explotación. A más crecimiento, más acumulación de capital y, en consecuencia, más explotación. Todo bien material que pretende lanzarse al mercado debe ser coligado al desarrollo, al progreso, a la evolución, o a la misma falacia del llamado crecimiento. Habrá que definir a qué tipo de crecimiento se refieren. Es simple. Se refieren al crecimiento del consumo, y este consumismo vuelve cada día más dependiente al ser humano de bienes materiales superfluos para la existencia (...)".

*El autor es salvadoreño. Licenciado en Ciencias Jurídicas y analista político.

Blog del autor: http://alimontoyaopinion.blogia.com  Fuente: www.rebelion.org / Opinión/ 11-07