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ENFOQUE / ORGANIZACIÓN / UNIDAD

 




Enfoque  ((VOLVER))

De la necesidad esencial de reforma agraria integral para la real y efectiva democracia

 

Recuerdo a la Presidenta menospreciando la necesidad esencial de reforma agraria integral. Lo cierto es que la historia mundial de siglos prueba que sin esas transformaciones estructurales no puede avanzarse en la calidad de vida de las grandes mayorías y la Argentina es un ejemplo de cómo esa conciliación capitalista con la oligarquía terrateniente impidió el desarrollo social y la independencia nacional.

 

Juan Iñigo Carrera, en su libro “Formación económica de la sociedad argentina” (volumen 1, 2007), profundiza en el conflicto con sectores rurales. Comienza diciendo:

“La «renta de la tierra agraria» ha jugado un papel central en el desarrollo histórico de Argentina. La naturaleza de este papel, su efecto sobre la magnitud y formas del proceso nacional de acumulación de capital, han sido objeto de numerosas discusiones.

La cuestión de si la renta agraria ha beneficiado exclusivamente a la clase terrateniente, o si ésta se ha visto privada de una parte de la misma en beneficio de otros sujetos sociales, ha sido una constante en la historia política de Argentina.

Más aún, este enfrentamiento ha encerrado siempre la polémica acerca de cómo las formas tomadas por la apropiación de la renta, fuera por los terratenientes o por terceros, han afectado a la capacidad de la economía nacional para generar riqueza. Con el boom de la soja, acompañado por la devaluación del peso y la reaparición de las retenciones, ha rebrotado el debate.

De más está decir que, en la mayor parte de estas polémicas, la cuestión no se presenta poniendo el eje de discusión en el carácter específico de la porción de riqueza social como renta de la tierra.  Ni los sujetos políticos de los enfrentamientos en torno a su apropiación se reconocen, y son reconocidos, como exponentes de relaciones antagónicas específicas entre clases sociales en el proceso de acumulación de capital.

Por el contrario, la cuestión se plantea de manera dominante en los términos de, por un lado, la «expropiación sufrida por el campo»,  la  «la discriminación contra el sector rural», el «castigo al productor», etc.;  y por el otro, la «justicia distributiva frente a los intereses oligárquicos», las «trabas impuestas al desarrollo por el parasitismo latifundista», etc., pasando en el medio por la «transferencia del excedente» o la «redistribución del ingreso» mediante «políticas de precios relativos», etc.

 

Sin embargo, tanto los estudios que avanzan sobre el carácter estructural de la cuestión reconociendo en ella la especificidad de la renta de la tierra, la acumulación de capital y las relaciones de clase, como los que lo hacen concibiendo a estas formas sociales de modos distintos, presentan un rasgo en común. Ni unos ni otros se detienen a fundar sus contenidos sobre el cómputo de la renta de la tierra agraria y de los cursos seguidos por su eventual apropiación por los distintos sujetos sociales en la unidad del proceso nacional de acumulación de capital.

Ninguno cuenta en su base con un cómputo de la rentabilidad del capital industrial puesta en relación con el curso seguido por la renta de la tierra. De hecho, son contados los intentos de medición sistemática, no ya de la renta en su integridad, sino siquiera de alguna de sus porciones”. (Editorial Imago Mundi, Buenos Aires, marzo 2007)

 

 

 

1. Planteo general

 

Walter Alberto Pengue, en El Desarrollo Rural Sostenible, conflictos ecológicos distributivos y retenciones ambientales”, resume su idea central:

La única manera de resolver el serio conflicto de la tierra en la Argentina es avanzar hacia un proceso de reforma agraria integral donde la misma sea gestionada según sus fines por los agricultores propendiendo a un proceso de producción en manos de la agricultura familiar que fomente e impulse a la soberanía alimentaria”.

 

Cita a Monseñor Enrique Ángel Angelelli (1970) para expresar el objetivo de la reforma agraria integral:

“Hay demasiado sufrimiento y dolor por el uso desmedido de quienes poseen los bienes. Hablamos entonces de injusticias, de familias sin alimento y sin lo necesario para una vida digna, lo que no se resuelve con decir: “Esto ha existido siempre”. Sí, ha existido siempre y existirá, si los hombres no cambiamos radicalmente la vida”.

Walter Alberto Pengue destaca dos realidades nacionales que se contraponen con el bienestar y justicia sociales:

a. “Argentina, un país, un rumbo…
Hablar de desarrollo rural, en el marco de un país que de cara a su Bicentenario, aun pervive en el camino de los países subdesarrollados y se muestra bastante alejado incluso de aquellas economías que con similares tiempos de nacimiento, hoy muestran destinos diferentes y logros socioeconómicos consolidados, es una cuestión compleja y a su vez un interesante ejercicio, un desafío y una obligación para quienes sienten al sector como una parte indelegable de un país que viviendo de lo rural, generalmente miró sesgadamente todo el proceso, hasta hace pocos meses. Objetivando la cuestión directamente en el desarrollo rural, es increíble que aun luego de una historia agrícola de prácticamente cien años, la Argentina permanezca, después de algunos avances y retrocesos, en un periodo de primarización que le mantiene en la recurrencia de crecimientos permanentes pero sin un desarrollo integrador ni integrado (…)”.

b. Ocupación imperialista del territorio
“Argentina es un país rico con una buena parte de su población pauperizada y una concentración de la riqueza, que a pesar de discursos distributivos, no se plasma en la mejora del bienestar general.
La discusión original del problema ambiental reside en una lucha por la apropiación de la renta proveniente de los recursos naturales (generalmente hasta su agotamiento) tanto por sectores foráneos como por quienes históricamente han concentrado y acumulado poder desde dentro. Los conflictos ecológicos distributivos emergen de la discusión con que los diferentes actores sociales se relacionan con el mundo natural y con sus propias formas de vida referidas en general a bienes en disputa o a la afectación de ciertos sectores por otros, derivados de un mal uso de éstos. Otro aspecto vinculado puede tener relación con las formas en que se distribuyen las externalidades (los impactos no calculados en las cuentas de costos y ganancias), producidas por el sistema económico, la colocación de estos pasivos ambientales, el poder para hacerlo y las metodologías para su valorización, si esto fuera posible y aceptable. Una cuestión vinculada tendrá relación con, por un lado el acceso y por el otro, los “derechos” públicos, privados o colectivos.

 “Una cuestión importante en el tema de los conflictos tendrá que ver con el nuevo orden internacional que ha reasignado un uso específico a los recursos naturales (por ejemplo, alimentos o energía) y que, por tanto, fomenta una reapropiación y explotación de la naturaleza en la era de la globalización.
Es prioritaria la crítica a esta resolución señalando que no se podrá hacer bajo la única lógica del mercado cuando existen innumerables inconmensurabilidades que no se resuelven ni resolverán desde el mercado o con “más mercado”.

 

2. Estructura socioeconómica a cambiar

Juan Iñigo Carrera relata:
“La génesis de la forma del proceso nacional argentino de capital durante el siglo XIX, que alcanza su plenitud en las primeras décadas del siglo XX y se cierra definitivamente a mediados del mismo, transcurre durante el período en que el capital industrial que produce mercancías en general y que se abastece de mercancías agrarias fuera de su propio ámbito nacional es, por antonomasia, el capital industrial inglés.

A través del capital prestado a tasas extraordinariamente altas y la valorización extraordinaria de los capitales industriales aplicados en la Argentina a la circulación de las mercancías agrarias y demás servicios públicos, el proceso nacional británico de acumulación de capital recupera para sí parte de la plusvalía que extrajera a sus obreros –a su vez, consumidores específicos de las mercancías agrarias argentinas- y que escapara inicialmente de sus manos rumbo al proceso nacional argentino de acumulación de capital bajo la forma de renta diferencial de la tierra.

Pero el capital industrial inglés es derrotado en la competencia internacional de otros países europeos y fundamentalmente por el estadounidense. Comienza entonces a transformarse la modalidad mediante la cual estos nuevos procesos nacionales de acumulación de capital avanzan en la recuperación de la plusvalía generada internamente y que fluye hacia otros ámbitos nacionales que los proveen de mercancías agrarias –en particular el argentino- como renta diferencial. Lo que comienza a cambiar después de la crisis del 30, y que recién termina de sentar sus bases a fines de la década de los cincuenta, es la modalidad con que los capitales a los que escapa la renta se presentan en la Argentina para recuperarla. Cosa que ocurre no sin que antes el proceso de acumulación británico dé su último zarpazo sobre la renta, a través de la ya referida cancelación íntegra de la deuda pública argentina, la nacionalización sobrevaluada de los servicios públicos y las garantías de ganancia para los capitales de los frigoríficos.

La nueva modalidad no pasa ya por la mediación del capital prestado a interés desde el mismo ámbito nacional al que pertenecen los capitales industriales a los que escapa originariamente la plusvalía convertida en renta diferencial.
En esta nueva determinación de la especificidad del proceso argentino de acumulación capitalista, son esos capitales industriales mismos los que participan directamente en la apropiación de la renta.

Lo hacen sobre las bases vistas del desprendimiento de fragmentos suyos que entran a operar a la Argentina en la escala particularmente restringida del mercado interno y que, sin embargo, se valorizan a tasas de ganancia similares o superiores a las que obtienen produciendo desde otros países en las escalas normales del mercado mundial. (…)

Hasta aquí, el desarrollo contemporáneo del endeudamiento público externo no presenta el carácter de base para la apropiación de la renta de la tierra agraria. Por el contrario, se ha sumado a ésta en el sostenimiento de la forma nacional específica con que se desarrolla el proceso de acumulación.

El hecho de que el estado nacional argentino haya presentado y presente rasgos manifiestos de ser un deudor insolvente, indica que la multiplicación del crédito recibido por él tiene su origen en la multiplicación del capital ficticio que caracteriza a la acumulación mundial de capital desde mediados de la década de 1970. En consecuencia, el aumento del endeudamiento público externo volcado a su vez internamente por el estado nacional, se ha constituido en vehículo para que los capitales industriales que operan dentro de la Argentina con sus escalas particularmente reducidas alimenten su acumulación a expensas de los propietarios de dicho capital ficticio (…).”

Respecto a la acumulación de los capitales industriales, Juan Iñigo Carrera refiere:
Desde fines de la crisis de 1930, Argentina se constituye en un ámbito nacional de acumulación de capital caracterizado de manera específica, por la génesis y desarrollo de una masa de capitales industriales nacionales que avanzan en la producción de mercancías en general, pese a carecer de la escala necesaria para competir en el mercado mundial. Esta carencia llega al punto de hacer retroceder la productividad media del trabajo industrial.

En consecuencia, estos capitales no pueden sostener su valorización simplemente mediante la plusvalía que extraen a sus obreros, sino que necesitan sumar a ésta una porción significativa de la renta diferencial de la tierra agraria apropiada en la economía nacional.
Sin embargo, la misma crisis en que cae su acumulación ante la contracción de la renta de la tierra apropiable por ellos, pone de manifiesto que su desarrollo es apenas el punto de partida de la especificidad en juego o sea es la base que abre la entrada al país de capitales industriales que disponen de la escala requerida para competir directamente en el mercado mundial o en los mercados internos sustancialmente mayores de sus países de origen pero que ponen a valorizar aquí fragmentos suyos que operan en la escala particularmente restringida del mercado interno de Argentina.

Durante los primeros quince años de operación masiva en el país, estos capitales se valorizan a tasas, cuando menos, no inferiores a las que obtienen operando en otros lados en escala normal, gracias a una doble base específica.

Ø       Por una parte, a la plusvalía normal que extraen a sus obreros suman una porción de la renta diferencial de la tierra que escapa a los terratenientes y ganancia que escapa a la apropiación de los pequeños capitales. 

 

Ø       Por la otra, recuperan como capital valorizable de costo bajo o nulo, equipamientos y tecnologías obsoletos por el desarrollo mundial de las escalas de producción industrial y se encuentran liberados, vía la evasión y elusión impositivas, de participar en el sostenimiento de un estado nacional capaz de actuar como el sujeto político del desarrollo de las fuerzas productivas de Argentina.

La reproducción de esta base lleva consigo la apertura continua de la brecha absoluta de productividad del trabajo, hasta resultar en el estancamiento y retroceso de la masa de valor producida por la economía nacional, generando una creciente población obrera sobrante para las necesidades del capital.
Con lo cual, lejos de superar su base específica, esta modalidad nacional de acumulación de capital la reproduce incorporando a ella, como pilar principal, la caída creciente del salario por debajo del nivel requerido para la reproducción normal de la fuerza de trabajo nacional.

Ni los pequeños capitales nacionales, ni los fragmentos de escala restringida de los capitales normales extranjeros, son portadores del desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad en la unidad mundial del modo de producción capitalista.
Ni unos ni otros tienen la necesidad ni por lo tanto, la potencialidad de convertirse en sujetos de ese desarrollo. Con lo cual, la clase obrera argentina no sólo se enfrenta al deterioro creciente de sus condiciones de vida, sino a la privación de su determinación genérica como personificación de dicho desarrollo
”.

La burguesía industrial, como la oligarquía terrateniente, está en contraposición con las necesidades populares e intereses nacionales. Se expresa también en:

·          “La reducción sustancial del costo salarial real por obrero para contrarrestar con creces la limitación en la apropiación de plusvalía por la contracción en la escala de la producción de valor, (…). La tasa de ganancia del capital industrial no sólo ha recuperado el nivel que tenía el pico de la escala de producción de valor sino que lo ha superado significativamente a partir de 2002.
Se renueva la pregunta acerca de cuánto de esta tasa responde a la caída abierta del salario por debajo del valor de cuánto de esta tasa responde a la caída abierta del salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo después de 1974.

 

·          “Los capitales industriales se apropian de la riqueza social, además, como tomadores de capital a préstamo por excelencia (…) desde los terratenientes que son colocadores específicos de capitales de préstamo a interés. Es otro paso en la apropiación de la renta de la tierra agraria por parte del capital industrial, no se trata de una porción de esa renta que escapa de entrada a los terratenientes sino de una apropiada primariamente por los últimos…
Sin embargo, la clase obrera participa en una proporción sustancialmente mayor, a través de sus fondos de jubilación. Estos fondos son para reproducir su vida natural en cuanto la misma excede de su vida útil para el capital. (…) Su colocación por parte de quien lo administra a tasas de interés reales negativas, implica que el capital industrial que recibe el crédito sostiene su acumulación mediante el pago indirecto de la fuerza de trabajo por debajo de su valor (…)”.

(Editorial Imago Mundi, Buenos Aires, marzo 2007)

 

Claudio Lozano y Mario Cafiero denuncian que las cerealeras cobraron retenciones a los productores de 44% pero pagaron al Estado sólo 27% con lo cual embolsaron una diferencia de 1.500 millones de dólares.

 


En consecuencia, es falso que el apoyo al gobierno, representante de la alianza de los grandes capitales industriales locales con los imperialistas, a quedarse con parte importante de la renta de tierra agraria (sin cuestionarla), hará posible la iniciación del cambio a un modelo de distribución equitativa.
 
Por componer el capitalismo, el Gobierno K gestiona la continuidad y la profundización de la concentración tanto de la economía como del territorio. Por ocultar la abdicación de la soberanía del Estado a favor de corporaciones y estados imperialistas, el proceso de acaparamiento de todas las condiciones de vida y trabajo tiende a completar la desnacionalización.

 

La propia Presidenta reconoce la concentración-centralización del capital como ‘natural’. Ahora, este atributo lo ve positivo como el sol que es fundamental para la vida y no, contrario a la vida como el genocidio y las catástrofes socio-ambientales que sobrevendrán de los actuales: agro negocios, mega minería, depredación petrolera y pesquera…
 

 


Organización  ((VOLVER))

De la democracia restringida para la destrucción del país

 

Quiero compartir lecturas sobre cómo se están destruyendo las condiciones de vida y trabajo en Argentina y en el continente con el fin de aportar a que sean discutidas por una mayoría creciente a la cual el gobierno y los intelectuales que lo apoyan pretenden encerrar en un conflicto coyuntural (porque se encubre la estructura socioeconómica) entre el Estado recaudador del aumento de retenciones en acuerdo con la marcha del mercado mundial y el poder destituyente de la ultraderecha ocupando el espacio político abierto por una importante movilización de sectores rurales y del interior.

 

El gobierno K se ha esmerado en polarizar alrededor de la resolución 125 para evitar la deliberación pública sobre el modelo de la soja y el sistema alimentario que son intocables. También lo hizo para mantener la alianza contra natura de los medianos-pequeños productores con la oligarquía terrateniente que los aísla de otros componentes populares y porque privilegia los intereses de la unión corporativa –característica de la nueva etapa imperialista- de las petroleras, las automotrices, los fondos de inversión con las agroindustriales y agroexportadoras.  Por eso, invito a plantearnos:

 

1. Intervención del Estado, ¿a favor del pueblo o del sistema de agro-negocios?

 

A través de la Agencia Periodística del MERCOSUR, Víctor Ego Ducrot (Agrocombustibles: el verdadero “eje del mal”/ 12-7-07) nos plantea la contradicción:

Los argentinos sufren falta de energía, tanto para las actividades productivas como para la vida doméstica, a la vez que los consorcios petroleros -en un país no petrolero- se ubican entre los principales exportadores y generadores de divisas frescas para el fisco”.

Señala:
“La «cuestión agrocombustibles» en Argentina no sólo se refiere a la catástrofe alimentaria que sufrirán los países del Sur si el modelo de George W. Bush y Lula se impone. No, aquí ni se toman la molestia en argumentar que el biodiésel podría solucionar el problema energético del país. Decididamente desnudan sus verdaderas intenciones.

“La exportación, y no el mercado interno, será el primer destino de la producción de biodiésel a gran escala en el país, según estiman especialistas que participan del primer Foro Global de Bioenergía en la ciudad Rosario”, afirmó este jueves el diario local La Nación, portavoz emblemático de la derecha, de las corporaciones y de los intereses agroalimentarios concentrados. (…)

A mediados del mes de mayo de 2007 se sancionó la Ley 26.093  de agro-combustibles:

Ø       establece un régimen de regulación y promoción para los biocombustibles en Argentina;

Ø       dispone que a partir del 2010, el gasoil y el diesel oil que se comercialicen en el país, deberán incluir al menos un 5 por ciento de productos derivados de oleaginosas o cereales;

Ø       prevé beneficios económicos, específicamente exenciones fiscales, para aquéllos que se dediquen a la producción de agrocombustibles;

Ø       estipula, para asegurar un mercado a esos productos,  que las expendedoras deberán ofrecer gasolinas que contengan 5 por ciento de etanol y gasóleo con 5 por ciento de biodiésel después de los cuatro años de promulgada la ley, esta mezcla no requiere que se realicen modificaciones en los motores de los vehículos;

Ø       define como agrocombustibles al “bioetanol, biodiesel y biogas producidos a partir de materias primas de origen agropecuario, agroindustrial o desechos orgánicos”.

 

Jorge Rulli, ambientalista del Grupo de Reflexión Rural, le dijo a la agencia de noticias IPS que la ley "reforzará de manera inexorable las condiciones críticas del actual proceso de sojización creciente y comprometerá de manera definitiva la principal base productiva argentina, que es la actividad agropecuaria".

Estimó que el empleo que creará el procesamiento de los aceites para combustible "no se compensa con el enorme desempleo que produce este modelo de agricultura y no repara para nada sus impactos en el tejido social".

Argentina alcanzó, en 2007, una cosecha record de soja con 47,5 millones de toneladas. El costo ambiental y social de esa producción, sin embargo, tiene números mucho más impresionantes: 1 millón de hectáreas de deforestación, de las cuales la mayoría es plantada con soja, es una destrucción del medioambiente realizada a un ritmo seis veces mayor que la media mundial. Estas informaciones pertenecen a la Agencia Proteger, con datos oficiales de la Dirección de Bosques de la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable (SAyDS) de Argentina.

Actualmente, el territorio de la soja en Argentina supera los 16 millones de hectáreas -espacio cuatro veces más amplio que la superficie de Holanda-. Son 821 hectáreas de bosque perdidos por día, con una preocupante media de 34 hectáreas por hora.

Según la Agencia Proteger, la deforestación de los bosques argentinos, entre 2002 y 2006, creció cerca del 42 por ciento en relación a un mismo período de cuatro años entre 1998 y 2002. La región de Salta (noroeste del país) registra la destrucción más acelerada con la desaparición de un área de bosque de 414.934 hectáreas, deforestación de un 113,45 por ciento superior al constatado entre 1998 y 2002”.

¿Quiénes son los beneficiarios?

Repsol YPF anunció que construirá una planta de biodiesel en la provincia de Buenos Aires, con una capacidad de producción de 100 mil toneladas anuales. Según informó la firma, la inversión sería de 30 millones dólares.

Aceitera General Deheza invertirá 15 millones de dólares en su planta Terminal 6, ubicada en Puerto San Martín, provincia de Santa Fe, para la producción de biodiésel.

La corporación Dreyfus tiene un plan de inversión de 45 millones de dólares en el complejo que posee en Santa Fe. Consiste en almacenamiento y construcción de un muelle de descarga de barcazas e instalación de una planta de biodiesel con capacidad para producir 300 mil toneladas anuales.

Greenlife es una empresa estadounidense que planea invertir 32 millones en la construcción de una planta de biodiésel en Bahía Blanca, en el sur de la provincia de Buenos Aires.

Vicentín S.A. proyecta una planta con una capacidad de producción de 300 mil toneladas anuales. Utilizarán aceite de soja refinado. La inversión sería de 25 millones de dólares.

La Terminal Puerto Rosario desarrollará una planta de biodiésel que estaría funcionando en el año 2008, en la cual se invertirán 40 millones de dólares y la producción sería de 200 mil toneladas.

El grupo Eurnekian, de Argentina, proyecta construir tres plantas de biodiésel de 100 mil toneladas anuales cada una, dos en la provincia de Buenos Aires y otra en la de Santiago del Estero, en la zona norte del país.

El gobierno argentino pretende que para el año 2010 la cantidad de toneladas anuales que se produzcan sea de 600.000, que es un número importante. Aceitera General Dehesa también está invirtiendo dinero para la producción de biodiesél y construyendo una planta, entre muchos otros proyectos (…)”.
Fuente: www.prensamercosur.com.ar / 12-7-07

 

2. Función del gobierno K, ¿defender la “mesa de los argentinos”?

 

a) Víctor Ego Ducrot (Agrocombustibles: el verdadero “eje del mal”/ 12-7-07) presenta la contradicción del capitalismo mundializado:

 

“La rapidez con que operan la movilización de capitales y la concentración de poder en la industria de los agrocombustibles es asombrosa. En los últimos tres años, se multiplicaron por ocho las inversiones de capital de riesgo en el sector. Los financiamientos privados inundan las instituciones públicas de investigación, como lo comprueban los 500 millones de dólares en subvenciones otorgadas por British Petroleum (BP) a la Universidad de California. Los grandes grupos petroleros, cerealeros, automotores y de ingeniería genética firman poderosos acuerdos societarios: Archer Daniela Midland Company (ADM) y Monsanto; Chevron y Volkswagen; BP, Dupont y Toyota”, afirmó el ya citado Holtz-Giménez en la el mensuario Le Monde Diplomatique”.

La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) reconoce que, como consecuencia de la pobreza, 824 millones de personas en el mundo sufren hambre, pese a que en el planeta se producen alimentos suficientes como para que cada uno de sus habitantes cuente con una ración diaria de 2.200 calorías”.
Fuente: www.prensamercosur.com.ar / 12-7-07

 

b) Renán Vega Cantor (Herramienta), en “Situación mundial: Hambre y globalización” esclarece:

La globalización, ese apodo benigno para denominar al imperialismo, ha sido presentada desde hace un cuarto de siglo como la medicina milagrosa que solucionaría todos los problemas de la humanidad, entre ellos el hambre. Sin embargo, esa globalización la ha acrecentado, generando una realidad profundamente injusta en términos alimenticios, donde al mismo tiempo unos pocos consumen hasta el hartazgo (como puede apreciarse en los "esbeltos cuerpos" de millones de estadounidenses, mofletudos y regordetes, que no pueden ni andar de tanto ingerir comida basura), mientras que millones de seres humanos soportan la desnutrición o mueren de hambre, en todos los continentes.

Que el capitalismo produzca hambrientos no es nuevo, puesto que, en todas las épocas, su expansión mundial ha generado, de manera invariable, hambre a vasta escala, como resultado de la destrucción de las economías locales, sometidas a nuevas exigencias para que se "adapten" a los requerimientos del mercado mundial, como reza la formula de los economistas ortodoxos (…)”.

Explica: la “Tercera globalización: Agronegocios, arrinconamiento de los campesinos y hambrunas generalizadas”

“En la actualidad se repite el ciclo macabro de utilizar las tierras para sembrar cultivos de exportación, mientras que los productos de subsistencia de las economías campesinas son apropiados por los monopolios agrícolas. En esas condiciones, la hambruna que recorre el mundo tiene las mismas causas de las dos épocas consideradas anteriormente, aunque ahora sus consecuencias sean más destructivas al ser de carácter mundial. En las últimas décadas por doquier se expulsa a los campesinos de la tierra, en la que se siembran cultivos que benefician de manera exclusiva a las grandes empresas agrícolas del mundo. Ahora la tierra ya no es el medio de producción fundamental para alimentar a la gente, sino el instrumento para enriquecer a unas cuantas multinacionales agrícolas y a sus pocos testaferros locales.

El libre comercio, como en el pasado, ha servido para despojar a los pequeños agricultores mediante la eliminación de los subsidios y los mecanismos proteccionistas con el que contaban los Estados, con la especialización en la producción de géneros agrícolas para el mercado mundial (café, banano, palma aceitera, frutas exóticas), con la conversión de las mejores tierras en zonas ganaderas o de cultivos forestales y últimamente de cultivos que produzcan necrocombustibles (combustibles de la muerte es su verdadero nombre, pues el de biocombustibles que se emplea frecuentemente es un embuste). Todo esto ha originado la pérdida de la seguridad alimenticia en los países pobres, en los cuales ya no se producen los alimentos básicos, que deben ser comprados en el mercado mundial, a los precios que fijen las empresas multinacionales y los países imperialistas, como los Estados Unidos.

Este modelo agrícola es el responsable del hambre que, en estos momentos, se extiende por el mundo y que ha provocado rebeliones de gente humilde en decenas de países, afectados criminalmente por el libre comercio. Los campesinos han dejado de ser productores, pues se les arrebataron sus tierras, y ahora son consumidores, aunque no tengan ni un céntimo con que comprar los costosos alimentos que antes producían, precisamente porque han sido despojados de la tierra, del agua y de sus cultivos.

Como lo anunció Estados Unidos hace casi tres décadas, en el documento de Santafe 1, los alimentos se han convertido en arma de guerra, para someter a los países pobres, para destruir sus campesinos e indígenas y para experimentar con cultivos transgénicos, que se brindan como parte de la "ayuda" a los hambreados. A eso debe agregársele que la agricultura capitalista es petrodependiente (por el uso de fertilizantes e insumos agroquímicos) y ante el incremento en los precios del petróleo suben paralelamente los precios de los productos básicos, convertidos además en un botín de los especuladores financieros.

Por todo esto, el hambre de millones de seres humanos -se calcula que 1200 millones soportarán hambre crónica de aquí al 2025-, es un producto del capitalismo y un jugoso negocio que enriquece en forma simultánea a las grandes empresas productoras de alimentos, petroleras y automovilísticas.

Como en el siglo XVIII, para el capitalismo la mejor forma de solucionar el problema del hambre es devorando a los pobres, como lo sugería Jonathan Swift en Una modesta proposición (1729), cuando en forma satírica proponía que los irlandeses pobres devoraran a sus propios hijos, con lo cual aparte de evitar la hambruna, le ahorrarían a los niños más sufrimientos; o, como gráficamente, lo decía un graffiti en la ciudad de Buenos Aires: "¡Combata el hambre y la pobreza! ¡Cómase a un pobre!". Eso es lo que efectivamente sucede cuando el maíz o la caña se siembran para producir gasolina. Cuando a un automóvil se le está suministrando combustible, originado en los alimentos, se está devorando a un pobre, porque, por un antinatural metabolismo que sólo puede ser resultado del capitalismo, el alimento ya no tiene por destino saciar el hambre de los seres humanos sino el de las voraces máquinas de cuatro ruedas, la máxima expresión del modo americano de muerte”.
Fuente: www.rebelion.org
Opinión/ 12-7-08

3. ¿Producciones récord a costa de desertificar?

Carlos Vicente, en “La verdadera crisis del campo argentino”, sugiere que:

“vale la pena detenerse a mirar un poco más allá de la actual coyuntura para entender de qué se trata y poder dar una mirada que no oculte detrás de un árbol el bosque de problemas que nuestra sociedad enfrenta.
Sin embargo, parece que el avance de la frontera agrícola durante las últimas décadas nos ha dejado no sólo sin bosques reales sino también sin la capacidad de ver los bosques de ideas que se ocultan detrás de esta situación emergente.

Sin duda el debate sobre la necesaria distribución de la renta agraria o la manera de aplicar las retenciones a grandes y pequeños productores es parte de un proceso necesario y adeudado por la sociedad argentina. Pero de ninguna manera podemos dejar de analizar como hemos llegado a esta situación, cuáles son los verdaderos problemas que enfrentamos y sobre todo, cuáles son las consecuencias de un modelo que ha invadido la Argentina en tan sólo 12 años. Este modelo produce ganancias espectaculares para algunos y problemas gravísimos para toda una sociedad que aún no reacciona, aturdida por los cantos de sirena de las "producciones record".

El avance de la soja

Fue a mediados de la década del 90 cuando el gobierno menemista, de la mano del entonces Secretario de Agricultura Felipe Solá, autorizó el cultivo de la soja transgénica en Argentina. A partir de allí, en un crecimiento nunca antes registrado en la historia de la agricultura mundial, la soja transgénica comenzó a invadir nuestra tierra para llegar a ocupar hoy más del 50% de la superficie agrícola.

La imposición de este modelo sin ningún tipo de regulación gubernamental abrió las puertas para lo que acertadamente algunos investigadores dieron en llamar "una maquinaria de hambre, deforestación y devastación socio-ecológica" en la que la destrucción de hábitat, la pérdida de bosque nativo, la invasión de transgénicos, el monocultivo, la contaminación ambiental, el desplazamiento de producciones regionales, la concentración de la tierra y el desplazamiento de la población rural formaron un combo explosivo del que todos los argentinos pagaremos las consecuencias.

Abordemos solamente uno de los impactos de este modelo: la situación de los suelos. Es absolutamente imprescindible tomar conciencia de que con las exportaciones de soja lo que estamos haciendo es vender uno de los más ricos de los recursos naturales que poseemos los argentinos que es nuestro suelo. La brutal extracción de nutrientes que se realiza en las 17 millones de hectáreas de soja que parten hacia China o la Unión Europea para engordar su ganado va desangrando nuestro territorio, dejando tierra rasa para las futuras generaciones.

No en vano el gobierno nacional anunció junto al aumento de las retenciones un plan de apoyo para la fertilización agrícola. Lo que el gobierno no comprende es que no hay ningún tipo de fertilización a gran escala que pueda devolver la vida a un suelo que ha sido esquilmado de la manera en que se lo está haciendo.

Pero por otra parte este suelo no es "propiedad" de los propietarios de la tierra, sino que, como recurso natural y tal como lo plantea la Constitución Argentina en su reforma de 1994, es un patrimonio de todos los argentinos. Vale la pena recordar su artículo 41: "Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras, y tienen el deber de preservarlo ... Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales".

Por otro lado la misma Constitución plantea en su artículo 17 el reconocimiento de "la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos" y allí se compromete a "Garantizar el respeto a su identidad ... y Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten".

Ninguna de estas obligaciones ha sido cumplida hasta ahora por el Estado Argentino y ésta es una de las principales deudas internas tanto con el total de la sociedad como con los pueblos indígenas. Tampoco ninguna de las entidades rurales que hoy protestan ha hecho absolutamente nada en resguardo de estos bienes comunes. Todo lo contrario: cada productor ha avanzado hasta donde pudo (incluyendo banquinas) con el desierto verde de la soja (...)”.

Fuente: http://www.biodiversidadla.org | 1 de abril de 2008

 

 

4. ¿Reparto de rentas/ganancias sin ver devastación?

El Grupo de Reflexión Rural da a conocer:

UNA CARTA ABIERTA DESDE LA TIERRA

Agobiados por la angustia de estos últimos 100 días transcurridos desde que comenzara la llamada Crisis del campo, y, con el espíritu de no continuar este riesgoso camino de enfrentamientos suicidas, el GRR se dirige a todos aquellos ciudadanos que se sienten rehenes de un conflicto que los supera y que los ha puesto en la disyuntiva de optar por hallar “un culpable” o por tomar o crear un partido. Les proponemos compartir una reflexión que nos ayude, no solo a entender el presente, sino especialmente, a tomar conciencia del futuro inmediato.

Las evidencias técnicas de las últimas décadas indican que al ritmo del crecimiento de la agricultura actual, en apenas una generación NOS QUEDAREMOS SIN TIERRAS AGRÍCOLAS, es decir, con suelos INCAPACITADOS DE SEGUIR PRODUCIENDO ALIMENTOS EN CALIDAD Y CANTIDAD PARA  NUESTRO PUEBLO. Pese a que las cifras de las empresas de agronegocios y el gobierno nacional, nos proponen este camino como una oportunidad histórica,  lo que NO están diciendo, en medio de una Crisis que oculta la reconfiguración de las dependencias argentinas a los mercados globales, es que este crecimiento económico está siendo subsidiado fuertemente con la FERTILIDAD de las tierras agrícolas argentinas.  

Uno de los problemas más difíciles para los ciudadanos suele ser visualizar el suelo, o sea la tierra agrícola, como un ecosistema. Cuando hablamos de ecosistema, inmediatamente nos  imaginamos un bosque. En la Patagonia, por ejemplo, la naturaleza es buscada en los Parques Nacionales, en los bosques que rodean los lagos, como si la estepa con sus coirones y neneos,  fuera irrelevante.

 

Ø       Es difícil a veces demostrar que un pastizal es un ecosistema aunque sea el paisaje más conocido por la mayor parte de los argentinos. Un bosque, en cambio, es percibido por el común de la gente, sin mayor esfuerzo, como un ecosistema. Remarcar esto es muy importante, porque aquello que atenta contra el "bosque", al ser el bosque visualizado como ecosistema por los ciudadanos, es rápidamente identificado como una amenaza hacia el patrimonio de todos. Ante el avance de la frontera agropecuaria, muchos habitantes urbanos "sienten" que están desmontándose "sus" bosques chaqueños, y que están destruyéndose "sus" ecosistemas. Al reconocer el bosque como un ecosistema, nos "duele" el desmonte, nos "duele" la tala de un quebracho o de un algarrobo. El ciudadano común suele percibir al bosque como un patrimonio "suyo". Pero no como un "suyo" mezquino, sino como un "suyo" social y común a todos y por lo tanto, se experimenta el desmonte como algo amoral o delictivo. Lo cierto es que la tierra agrícola (o suelo), al igual que el bosque, también es un ecosistema, con elementos bióticos y abióticos, con flujos de materia y energía, con miles de pequeños organismos vivos productores y consumidores, con estratos, con biodiversidad, con riqueza: podríamos resumir por analogía "la tierra o suelo es un caso particular de bosque"(ecosistema).
 

Ø       Es fácil visualizar los efectos de una fumigación, una pala mecánica o una motosierra sobre un bosque, pero no es tan fácil advertir los daños que la agricultura produce dentro de la tierra, sencillamente porque no podemos percibirlos, no podemos "verlos" a simple vista.
Es fácil entonces, visualizar el desmonte, pero no lo es tanto, la pérdida de diversidad biológica de la tierra agrícola. Podemos entender que el desmonte constituye una "pérdida de hábitat" para las especies silvestres, y nos ponemos tristes cuando desaparecen los Yaguaretés y los Tatú carreta. Son mamíferos, y por su similitud con nosotros o por su aspecto simpático o enternecedor, podemos conectarnos mejor con ellos. Pero nos resulta casi imposible comprender la importancia que los microorganismos terrestres o acuáticos o los insectos tienen para nuestras vidas. A veces, hasta nos resultan desagradables, porque no sabemos de sus beneficios. Siguiendo  nuestra analogía de la tierra con el bosque, podemos afirmar que la agricultura industrial en realidad, está generando una "pérdida de hábitat" para los organismos de la tierra agrícola, que son a su vez,  los encargados de fabricarla. Si desaparecen los organismos que la fabrican, nos quedaremos con tierras mucho más pobres. Perderemos el ecosistema, porque perdemos a los organismos que lo generan.   

 

Si entendemos que la tierra es un "sistema viviente", por consecuencia, vamos a experimentar la pérdida de lombrices, por ejemplo, como un crimen.  Cuando nos manifestamos a favor del "salvemos a las ballenas", deberíamos reclamar aun mucho más todavía, "salvemos a las lombrices” o “salvemos a los microorganismos del suelo”. Si podemos comprender que la tala de quebrachos es una actividad de extracción "minera", entonces entenderemos también, que la devastadora extracción de fósforo y de nutrientes, junto a la silenciosa pero implacable devastación de la vida contenida en los suelos, llevada a cabo por las actuales prácticas agrícolas industriales, es igualmente dañina para la tierra, tal como lo son las minas de la Alumbrera en Catamarca o las que amenazan con poner en marcha en el resto del noroeste y la cordillera de los Andes.

 

Si comprendemos los "servicios ambientales" que brinda el bosque, tales como la producción de oxígeno, la mitigación del clima y de los picos de inundación, la conservación de la biodiversidad, la retención de carbono, la producción de alimentos, fibras y otros bienes, etc., etc., podremos comprender asimismo, los "servicios ambientales" que brinda la tierra, en los mismos términos. Es decir, la idea de desmontar el Amazonas nos produce pavor, en parte porque existe una cierta idea de que el planeta entero depende de masas boscosas como la selva amazónica. La humanidad, estaría en serio riesgo si avanzara el desmonte del Amazonas, tal como pareciera intentar el afán progresista del gobierno brasileño. Pero la tierra agrícola como ecosistema que se está degradando aceleradamente, debería generarnos la misma o mayor conmoción. La humanidad está en grave peligro si se pierden las características ecosistémicas de los suelos. La fertilización química no es jamás, un sustituto del ecosistema perdido, como la forestación con pinos y eucaliptos no es un sustituto de la selva perdida. Destruir el ECOSISTEMA SUELO, resulta tan nocivo para la humanidad, como destruir el ECOSISTEMA SELVA AMAZÓNICA”.

 

¿Por qué salir de la lógica mercantil?

 

El Grupo de Reflexión Rural continúa su carta:
“Esta aproximación al tema rural, que proponemos, nos exime de seguir la línea argumental del Sistema de Mercado, es decir, de las explicaciones económicas habituales. Sólo con las explicaciones económicas, no es suficiente para tomar plena conciencia del grave peligro en que se encuentra la sociedad nacional. Las explicaciones y disputas económicas actuales son incompletas en sí mismas, porque ni las estadísticas ni los triunfos bursátiles reflejan estas consecuencias.  Tampoco ofrecen salida, pues apuntan a la mera obtención de rentabilidades. Este sistema  carece de todo porvenir. Los tiempos de la naturaleza, los tiempos biológicos del ecosistema tierra agrícola, no tienen nada que ver con los tiempos de los agronegocios, tiempos cada vez más cortos de producción, compra, uso y desechado de los materiales, tiempos acelerados a expensas de los ecosistemas agrícolas y de abuso irracional de la energía. Tampoco, los tiempos ecológicos se ajustan a los tiempos políticos, apremiados siempre por las futuras elecciones, incapacitados para generar proyectos nacionales, enceguecidos por los mitos del crecimiento sin límites... Tal vez, nos pueda dar la clave para una correcta lectura de lo por venir, lograr entender lo que pasa en esa humilde maceta que tenemos en nuestro balcón, y cuya tierra por falta de cuidados, se apelmaza irremediablemente.

 

Con las lógicas del mercado seguiremos naufragando en el remolino de viejas discusiones retóricas. Hay que despegarse  de los discursos  que convocan a la "nueva derecha", a la “nueva izquierda” y a cualquier otro intento de hacer más de lo mismo, aunque venga con maquillaje verde. Hay que prepararse para encarar un futuro SIN CRECIMIENTO ECONÓMICO, y con desarrollos humanos acordes a lógicas ecosistémicas. 

Es imperativo comenzar a pensar en términos de una economía de escala local, de recuperar el Estado y la Soberanía Alimentaria a partir de los municipios. Debemos prepararnos para afrontar un futuro sin petróleo, y en especial, una agricultura sin aportes químicos, regida por LAS LEYES Y LOS TIEMPOS DE LA NATURALEZA. Sabemos que eso es posible y también sabemos que es la alternativa para que las futuras generaciones puedan tener una posibilidad de vida digna. En este sentido, debemos defender la idea de que el DECRECIMIENTO ECONÓMICO es porvenir y vida posible, y que lo que ahora nos proponen no tiene destino. Recuperemos el valor de uso del ecosistema tierra y de los bienes que obtengamos de ese ecosistema, abandonando el valor de cambio, impuesto por la globalización económica del capital, que solo mide la ganancia en el tonelaje destinado a mercados anónimos e insaciables. Dotemos de nuevos contenidos filosóficos al término "valor”. Será, en todo caso, el "valor del ecosistema tierra del que formamos parte", no solo como una mera extensión del "valor de la vida", en sentido ontológico, sino también como "valor" de supervivencia de la especie humana, en inevitable interdependencia ecológica con la tierra.  Eso no tiene precio.  O quizá, ése sea, el precio de nuestro futuro.

RECORDEMOS QUE EL SUELO ES PATRIMONIO DE TODOS, TAMBIEN DE QUIENES AUN NO HAN NACIDO. NO ES UN RECURSO A SER EXPLOTADO PARA OBTENER MAYORES RINDES Y CONCENTRACIÓN DE GANANCIAS”.
Fuente: www.grr.org.ar /30-6-08

 

 

5. ¿Egoísmo de poderes establecidos o salud pública?

 

Guillermo Lanfranco “Argentina: océano de soja también arrasa con la salud de la gente de campo”, destaca:

El crecimiento de la mono producción de soja incrementa "los problemas sociales que impactan en la salud, generando enfermedades emergentes de la pobreza y la migración interna", y provocan a la vez "más necesidad de presupuesto tanto para el sistema de salud pública como para las políticas sociales destinadas a estos grupos vulnerables".

Estas conclusiones forman parte del trabajo "Los desafíos de la Argentina en torno al crecimiento rural a espaldas del medio ambiente y la salud", de la investigadora rosarina del CONICET María Alejandra Silva y -aunque no sea su propósito- vienen a respaldar las recientes palabras del gobernador Hermes Binner respecto a que "el proceso de sojización ha significado vaciar el campo, que la gente migre a las ciudades, con oficios que no corresponden a las demandas que hoy tiene una ciudad, a vivir en los peores lugares, lo que genera planes sociales que nunca tendrán el valor del trabajo como elemento formador del individuo y la sociedad".

"Los datos son preocupantes", señala la investigadora María Alejandra Silva, directora del Grupo Salud de los Trabajadores de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR, y enumera que entre los años 1988 y 2000 desaparecieron 100 mil productores; que en la región pampeana hay una alarmante tendencia hacia la concentración de la propiedad de la tierra y que la expansión de la frontera agropecuaria afecta gravemente la conservación de los bosques nativos y expulsa a sus pobladores.

El ingrediente más reciente de ese inventario es que "la opción de la producción masiva de biocombustibles a base de soja y maíz para la exportación en un momento histórico caracterizado por el fin de la etapa del combustible fósil barato en el mundo, puede generar en el país un reemplazo de la producción de alimentos, el aumento del precio de los mismos, la deforestación indiscriminada de bosques nativos, la contaminación producida por el uso de los agroquímicos y la erosión de los suelos". (…)

La utilización de agroquímicos muestra una tendencia creciente, acentuada después de la crisis de 2001, ya que dos años después se incrementaron las ventas un 32 % con "marcado aumento de productos importados más baratos, pero con escaso respaldo técnico y calidad certificada y de marcas poco reconocidas". La cantidad comercializada se triplicó en la última década, con un aumento marcado de los insumos para la siembra directa, predominando los herbicidas y dentro de éstos, los glifosatos que se aplican en la soja y en los barbechos químicos.

Otro problema es la elaboración, formulación, transporte, almacenamiento, distribución, fraccionamiento, expendio, aplicación y destrucción de envases de los agroquímicos. En el caso de la provincia de Santa Fe se encuentra legislado pero "hay un cumplimiento laxo por parte de proveedores, productores y control de policía del Estado", precisa Silva. Más aún, de acuerdo a un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA, "la decisión de comprar agroquímicos se realiza bajo presión de los proveedores, con criterios exclusivamente economicistas, desconociendo las pautas de almacenamiento y utilización según la toxicidad de los mismos".

De acuerdo a estudios realizados en provincia de Buenos Aires, también es de resaltar que los niños son quienes sufren más casos de intoxicación, aunque la mayoría de las veces pasen desapercibidos o no se detecten. No siempre son llevados a los centros de salud y cuando concurren suelen ser atendidos por manifestaciones y síntomas visibles antes que por los determinantes del problema. Los niños se exponen en el hogar, en el trabajo de sus padres cuando los acompañan o cuando ellos mismos realizan tareas agrícolas: cosecha de frutas, desbrotes, etc.

Mientras tanto, "es escasa o nula la reflexión sobre la sustentabilidad ambiental y sanitaria del modo de crecimiento del sector rural", admite la investigadora del CONICET, agregando que "la naturaleza cultural nos lleva a utilizar agroquímicos de manera indiscriminada, despreocupados por el impacto que pueden ocasionar en el medio ambiente y la salud de los trabajadores, su familia y la comunidad lindera. Dichas representaciones y prácticas responden a la lógica económica que subyace al modelo agroexportador predominante, más preocupado por el crecimiento que por el desarrollo rural".

Frente a ello, Silva plantea como desafío en el sector rural "agregar a la mirada del crecimiento económico, aquellos aspectos que hacen a la sustentabilidad ambiental y de salud. En suma, se requiere comprender que lograr un crecimiento sostenido no es lo mismo que lograr un desarrollo sustentable donde se logre el abordaje de la siniestralidad laboral y del impacto de los agroquímicos en la salud del ecosistema y la población".
Fuente: Biodiversidad en América/ 13-2-08

 

 


En consecuencia, es falso que el gobierno representante de los grandes capitales industriales locales e imperialistas -sobre todo de Repsol YPF, las automotrices, las agro exportadoras, las agroindustrias y de los pool de siembra- procure favorecer la alimentación de las grandes mayorías.

El gobierno K procura la gobernabilidad de la nueva etapa imperialista en el país y es la del continente que tienden a garantizar: la IV Flota y las reuniones (cuyos contenidos se han mantenido en secreto) con altos funcionarios de EEUU.

 

 

 

 


 

Unidad   ((VOLVER))

 

De la diversidad popular

 

Pienso fundamental -para constituir la unidad de voluntad transformadora- a la deliberación pública sobre las siguientes propuestas:

 

1. ¿Cómo salir del modelo de la Soja?

 

El Grupo de Reflexión Rural da a conocer:

 

En un nuevo aniversario de nuestra independencia: algunas propuestas frente a la  crisis

 

La crisis en que está sumida la Argentina nos obliga a imaginar cómo salir del modelo de la Soja. Este modelo colonial de monocultivos transgénicos que implica para nuestro país el rol asignado de producir forrajes se inició con la Democracia para procurar divisas con que pagar la Deuda Externa.  El modelo de país productor de Soja RR responde a las Corporaciones, a las necesidades de Europa y de China, países que necesitan piensos, aceites y Biocombustibles.

 

Este  modelo ha llevado a la Nación al borde de su disolución: con una Justicia desacreditada, con un Congreso sospechado e inoperante, con violencia en todas las áreas de la vida ciudadana, inclusive en los ámbitos educativos. No poder asociar el modelo de monocultivos con la concentración de la riqueza y con la pérdida de valores comunitarios, es parte de una ceguera que han fomentado las Corporaciones granarias, junto con la Centros de Ciencia y Tecnología, tanto como lo hacen los medios de comunicación, en una vasta maniobra de colonización para generar una burbuja que simule un crecimiento sostenible que se nos hace confundir con desarrollo

Pero, no es tan sólo nuestra conciencia y el tejido social lo que se daña… se están poniendo  en gravísimo riesgo los suelos de la Argentina.

En las tierras más frágiles, como en las provincias de Salta, Chaco y Santiago del Estero, este modelo ha provocado gigantescos colapsos ambientales, siendo el deterioro del suelo, tanto como la devastación del monte y del bosque, la causa de sucesivas inundaciones y sequías, además de enormes corrimientos de poblaciones del campo, que han formado barrios de indigencia en torno a las ciudades capitales de esas provincias.

 

La extensión de la frontera agrícola es, asimismo, la responsable directa de la desaparición del Impenetrable en la provincia del Chaco y de la muerte de muchos de sus pobladores por hambre, a la vez que la condena del resto a la indigencia por ausencia total de recursos de los que vivir. Debemos decir además, que las fumigaciones que acompañan los monocultivos, provocan gravísimos impactos en las poblaciones, tales como la propagación de problemas respiratorios, afecciones en la piel, malformaciones en recién nacidos, abortos y aumento en la incidencia de casos de cáncer. Esta situación epidemiológica se extiende por todo el país, donde existen cultivos de Soja, y las víctimas se hacen incontables, particularmente entre niños y ancianos, en las localidades pequeñas y en las periferias urbanas, en que la Soja ha reemplazado los tambos, las chacras de producción de alimentos biodiversos, sanos y locales, así como los emprendimientos de agricultura familiar, emprendimientos que en estos momentos de acentuada crisis energética vuelven a ser altamente competitivos en la medida que podrían reducir insumos, a la vez que evitar la producción de desechos.

 

Hemos denunciado esta situación desde hace años sin que los gobiernos provinciales se den por enterados, ni hagan cumplir las leyes que prohíben que los aerofumigadores sobrevuelen las zonas urbanas o que los aparatos fumigadores se guarden y laven en las  zonas urbanas de las localidades. Todo ello continúa sucediendo, pese a las crecientes denuncias y el cúmulo de evidencias que inculpan al glifosato, al 2.4D, al endosulfan, al paraquat, a la atrazina, los piretroides, etc. de gravísimas contaminaciones. Lamentablemente, las variables ambientales, en especial la consideración sobre la preocupante desaparición del suelo o el peligro de una inminente desertificación, tanto como la salud de las poblaciones, no están todavía suficientemente instaladas en la agenda de la discusión campo/gobierno. Se continúa discutiendo con exclusividad la gestión política del modelo de sojización y el cómo distribuir las rentas que produce.

 

Lo que proponemos como GRR es, en carácter de urgente y ante la crisis  mundial, tanto energética como alimentaria, declarar, confirmar y garantizar, que el Estado Argentino en sus diferentes niveles: nacionales, provinciales y municipales, privilegie la producción de alimentos, antes que cualquier otro emprendimiento por rentable que este sea. 

 

En  tal sentido, sería importante que se reduzcan a la mitad todos los fondos destinados a la investigación, desarrollo y extensión de los agrocombustibles y el  cincuenta por ciento restante se destinará a la implementación y puesta en marcha de una serie de medidas a nivel municipal que acoten el modelo de la Soja, y le pongan límites, evitando que la expansión de la frontera agrícola o sea de la soja, avance sobre la Patagonia y siga extendiéndose en las provincias como Santiago del Estero, Salta, Formosa y Chaco, zonas en las que son numerosos los pequeños productores algodoneros, campesinos y pastores de caprinos y yeguarizos, y donde existe además, población aborigen.

Proponemos asimismo, una política de precios sostén para los cultivos que integran el patrimonio alimentario básico de la población, recuperando las antiguas zonas de chacras y de quintas en torno a las localidades y estableciendo, de esa manera, cinturones verdes que produzcan alimentos frescos, proporcionen empleo y protejan a los vecinos de los impactos de la agricultura industrial. Si a este plan de mínimas políticas agrarias  le sumamos la pasterización y la comercialización local de leche, la habilitación generalizada de mataderos municipales y de ferias de productores bajo control de los Estados municipales, tendríamos al menos en marcha otro incipiente modelo de país que nos aseguraría comenzar a retomar la Soberanía Alimentaria que extraviamos en medio de la pesadilla de la Sojización compulsiva.

 

Por último, no podemos dejar de señalar que desde la época de Menem-Cavallo, la frontera argentina permanece desguarnecida y sin mayores controles por parte del Estado. Estamos, en realidad, lejos de saber qué se exporta, cuánto y por dónde. Dependemos de declaraciones juradas de las Corporaciones. Carecemos de controles mínimos aduaneros en los puertos privados. Buena parte de la economía de la Soja está en negro y se ha vuelto un hecho cotidiano y normal que las empresas defrauden al Estado.

 

En última instancia, si se decidiera que continúen siendo los exportadores quienes cobren los tributos o retenciones a los productores a nombre del Estado, se les debería aplicar al menos las obligaciones pertinentes y poner funcionarios probos y capacitados en las áreas, tanto de aduana como de agricultura.

Continuar con la situación actual de desprotección aduanera y de falta de políticas agrícolas, resulta un escándalo inadmisible y configura un delito de traición a la Patria. Más aún, porque se da la situación contradictoria de que no existen políticas agrarias, pero si existen políticas de Estado para favorecer la exportación, subsidiar la producción de aceites y agrocombustibles y mantener la hidrovía para servir las políticas de corporaciones como Cargill.

Lo mismo ocurre con el INTA, el SENASA y buena parte del sistema nacional de Ciencia y Tecnología, incluyendo currículas y programas de investigación en las universidades. Si el discurso continúa inculpando a la sojización de los males argentinos, sería digno y consecuente que esas instituciones sean intervenidas y depuradas, dado que se las percibe profundamente colonizadas por las empresas y totalmente comprometidas con el modelo biotecnológico de la dependencia colonial. 

 

Somos conscientes que estos apuntes, apenas si esbozan un proyecto de políticas nacionales mínimas, aunque perfectamente factibles y sin mayores riesgos para la gobernabilidad. Son políticas que permitirían poner un cierto orden en la actual situación de descontrol y comenzar un camino que nos permita salir de la confusión en que somos claramente abusados por las corporaciones exportadoras, los pooles y el hegemónico complejo sojero aceitero, emparentado con el poder político”.

 

GRR, Grupo de Reflexión Rural

9 de Julio de 2008  www.grr.org.ar

 

 

 

2. ¿Cómo facilitar el acceso popular al consumo de carne vacuna?

 

Durante la mesa redonda que organizó el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE) el 16 de mayo de 2006, Eduardo Azcuy Ameghino señala:

“El Plan Ganadero propuesto inicialmente por el gobierno no va a fondo en el sentido de revertir la concentración de la producción, ni forma parte de un plan estratégico para redistribuir el ingreso en la Argentina.

Entregado tardíamente para ser discutido por las corporaciones del sector, al momento actual sólo la Federación Agraria ha expresado una opinión al respecto.

 

A modo de cierre, querría realizar un ejercicio, útil para mantener activa la mente, estableciendo diferentes escenarios posibles frente al problema que consideramos.

              I.En un escenario neoliberal clásico sería el mercado quien fijaría los precios de la carne y si hay una parte de la población que no puede pagarlos, se le contestará que después de todo comen bastante carne y que pueden comer otra cosa mientras que, en algún momento, crecerá la oferta y se regulará el precio por sí solo. (…)

 

           II.En el que puede definirse como “socialdemócrata-neodesarrollista” que parece está en el centro de la decisión política del gobierno, en primer lugar, apunta a bajar el precio de la carne sin enfrentar la concentración económica ni hacerse cargo de redistribuir el ingreso.
Es parte de una política oportunista de objetivos electorales en la que, si bien se forcejea con las cúpulas económicas de la cadena agroalimentaria de la carne vacuna, finalmente asegurado cierto nivel del índice de precios, se transa y se concilia. (…)

 

         III.En el escenario popular, sin cambios drásticos de fondo –es decir, sin cambio de régimen- pero donde resultan pensables y aplicables ciertas medidas para enfrentar la situación:

 

-          Intervención explícita en la fijación de los precios y control de los márgenes sectoriales.

-          Recreación de la Junta Nacional de Carnes u organismo similar que pueda hacerse cargo de estos problemas de prevenir, anticipar, regular, etc.

-          Estatización del Mercado de Liniers.

-          Subsidiar el consumo popular, a través de la eliminación del IVA para determinados cortes y/o regiones u otras formas que se consideren más apropiadas para que toda la población pueda acceder al consumo cárnico suficiente.

-          Impuestos progresivos a los grandes estancieros: hay un 9% de productores que tienen la mitad del ganado y podrían contribuir de algún modo frente a la escasez de sus conciudadanos, en forma proporcional a sus beneficios.

-          Un plan ganadero al estilo del que está proponiendo la Federación Agraria, con puntos de contacto con los intereses de los pequeños y medianos ganaderos, que implicaría algo distinto a lo ofrecido por el gobierno.

-          Retenciones especiales a la cuota Hilton.

-          Retenciones diferenciales para los distintos tipos de exportación y de exportadores, no la misma para todos porque hay distintos cortes y precios.

-          Planes de reconversión para las pymes frigoríficas, porque de las quejas contra los dobles estándares sanitarios e impositivos siempre está la lucha de competencia en la cual los pequeños y medianos frigoríficos quedan fuera del juego y los grandes logran su objetivo (…).

-          Sostén de la estructura comercial minorista, no hipermercadista.

Un gobierno  popular, decidido a apoyarse sobre la movilización de las grandes mayorías, puede avanzar con muchas medidas dentro de este escenario. No es ésta, sin embargo, la tendencia que guía al gobierno actual.

 

          IV.En el que puede ser considerado utópico, de tipo popular pero con cambios de fondos, con otro gobierno y otra política (…) hay una reestructuración del mundo rural, avanzando hacia la creación de un millón de chacras mixtas, combinadas con la formación de cooperativas y grandes empresas públicas, que garanticen el abastecimiento de carne a la población y la exportación, con un adecuado sistema de precio sostén, con apoyo a las pymes; rediseño de la estructura frigorífica, nacionalización del comercio exterior, economía planificada al servicio  de las grandes mayorías sociales, etc.

 

Entre esto, que sería “otra cosa” y lo que tenemos actualmente, es posible afirmar algunos elementos del tercer escenario a modo de objetivos posibles y vías de aproximación a un cambio más profundo. No son cosas locas, sino iniciativas que se pueden poner en discusión pugnando por su concreción”.
Fuente: revista Realidad Económica nº 222,
agosto/ septiembre 2006, editada por
el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE)  

 

 

 

3. ¿En qué consiste el desarrollo rural sostenible?

 

Walter Alberto Pengue, en “El Desarrollo Rural Sostenible, conflictos ecológicos distributivos y retenciones ambientales”, comienza explicando porqué:

Hacia el desarrollo rural sostenible


Es verdad que entrando en este nuevo milenio, nuestra agricultura está teniendo transformaciones transcendentales. El nuevo sistema, permite incrementar – mediante la aplicación intensiva de insumos y su combinación con nuevas tecnologías de creciente aceptación – los rendimientos físicos de los cultivos de alta respuesta, pero con resultados y consecuencias ambientales, sociales y económicas que recién comenzamos a evaluar.

El sistema productivo es presentado por gobierno y empresas corporativas, como una única alternativa económica.

En la campaña 2006/2007, los guarismos mostrarán, lo que los economistas tradicionales y funcionarios repetirán hasta el hartazgo: el llegar a un nuevo record histórico absoluto de casi 93 millones de toneladas, superando en un 20 % el registro del año anterior y en un 35 % el de la década y hasta el interés actual de poder llegar en poco tiempo a los 150.000.000 de toneladas. Hemos triplicado ya los niveles de finales de la década de los años setenta, donde arranca el crecimiento expansivo de la agricultura más intensiva. Los aumentos en productividad de los principales cultivos (maíz, soja, girasol y demás) muestran un salto promedio anual del 5 % en las ultimas tres décadas, que casi triplica por otro lado, el crecimiento de la economía en su conjunto (1,8 %).

Ahora bien, el aprovechar de la forma que hemos hecho estas ventajas comparativas, no ha garantizado un crecimiento sostenido del sector que derivara en algún momento en un desarrollo más balanceado. Hablando específicamente del sector rural y de los agricultores, no necesariamente los resultados de estos “avances pampeanos” llegarán de la misma forma y se plasmarán en logros algo más que efectistas. Es mucho, el pequeño y mediano agricultor que no alcanzó la también creciente escala económica necesaria para sostenerse y de productor, pasó a arrendar su campo o a ser dirigido en sus acciones por los pool o grupos económicos mayores.

En el modelo actual de crecimiento rural, el destino que espera a estos agricultores, seguramente será el de prestadores de servicios en pueblos y ciudades rurales, o en “buscadores de campos o arrendatarios pequeños enloquecidos” o nuevos emigrantes (…)”.

Propone:

“Si una parte de la base de la riqueza argentina está en su campo y en la gente que la produce, favorecer, apoyar y mantener el modo regional y la cultura propia del medio rural junto con las personas que lo habitan, es una responsabilidad indelegable del Estado, nacional, provincial y municipal y de todos los organismos en sus distintos estadios que también tienen o deberían tener incumbencia directa en este proceso.

Favorecer y revitalizar la vida de los pequeños pueblos, reconstruir sus economías y movilidad local de sus productos, e impulsar modos y rescates de producciones específicas, construir con objetivos específicos y claros los conceptos de los alimentos como productos locales, regionales, delicatessen, especialidad, denominación de origen, amenidades, arte y alimentos especiales, que si bien son tan promovidos en el primer mundo, pueden ser aprovechados también aquí, tanto localmente como en el incipiente movimiento agroturístico o la actividad exportadora para quienes mediante la actividad cooperativa puedan lograr establecer los principios de cantidad, calidad y continuidad. Países como Italia, Francia, España, EEUU, Australia, Nueva Zelanda, muy similares en su base agroproductiva a nosotros lo han implementado y sus resultados saltan a la vista.

Muchos de ellos son subsidiados por entender que la agricultura no es sólo producir un comoditie (materia prima), sino que implica valores y externalidades sociales, que deben ser resguardadas y reconocidas. Mientras estas economías se protegen, en nuestro caso, se atenta directamente contra un desarrollo rural integrado. No todo el sector rural es lo mismo ni mucho menos. Hoy día la agroindustria sojera o la economía basada en el maíz, tanto como la ganadería están mejorando.

La renta que el Estado argentino toma para si como impuestos a la exportación (retenciones) deberían en lugar de utilizarse -luego ya de más de cuatros años de aplicarlos a políticas de emergencia primero y clientelistas después- ser orientados directamente a las economías rurales y regionales y su diversificación en su forma mejor entendida, es decir, “valorando” el aporte de la agricultura familiar y de los técnicos dedicados al sector en beneficio al desarrollo nacional. El valor total de la producción podría estar superando los 20.000 millones de dólares, casi el doble que a principios del milenio, de los que el gobierno se quedara con más del 35 %. ¿No podrían servir 9.000 millones de dólares, reflejo de un beneficio agrícola extraordinario, ser utilizados como base de un desarrollo rural más sostenible que abarque a las áreas mas desfavorecidas y en el final, un desarrollo nacional inclusivo?

En este Bicentenario, es necesario refundar a la Argentina. Repoblarla. Es una cuestión geopolítica, de ocupación del territorio. Es necesario apoyar a los pueblos y ciudades rurales. Afincar a nuevas familias en estos espacios. Facilitar la vuelta de millones de argentinos que viven pauperizada y dependientemente en los cinturones periurbanos como Buenos Aires, Rosario, Córdoba o Resistencia a repoblar el campo, a trabajar en él, a producir de manera diversa.

Es indudable que favorecer un sistema productivo diversificado, que mantenga el paisaje rural y productivo e intercala estos elementos con el trabajo del hombre, permitiría mantener la calidad ambiental y sus servicios, preservar la biodiversidad, proteger el recurso suelo, administrar sosteniblemente la cuenca y sostener a la familia en el campo.

Para alcanzar un desarrollo rural sostenible en el siglo XXI, por encima de los crecimientos coyunturales, Argentina deberá aplicar ingentes y continuados fondos en sus sistemas de educación formal e informal “desde la base”, apoyar medidas y legislación para regularizar la cuestión del uso y tenencia de la tierra, promover un ordenamiento ambiental y territorial participativo y garantizar apoyos permanentes a la agricultura diversificada, la producción integrada, las pymes rurales, la familia y la juventud rural, la capacitación y promoción técnica y todos los actores de desarrollo agropecuario.

El desarrollo rural integrado y sostenible está asociado en forma directa a otro aspecto, pobremente apoyado en la Argentina: el de la  «Soberanía Alimentaria», como la plantearan organizaciones como la Vía Campesina.
Las naciones más desarrolladas, a las que en muchos casos, se pretende emular, resguardan estos dos aspectos y no los sortean en las manos coyunturales de los intereses del mercado, por ser valores superiores los que están en juego, vinculado a la estabilidad del espacio vital y la verdadera gobernabilidad.

Es entonces necesario, discutir un plan nacional de desarrollo con la participación de todos los sectores sociales, especialmente los más vulnerables y definir esta estrategia que dirima de una vez, por lo menos en término mínimo de 50 años hacia donde queremos ir como país.
Repensar las nuevas Instituciones que deberán crearse para este Desarrollo Rural
, como un Ministerio de Desarrollo Agrario,      que no podrá tener relaciones, bases o actores provenientes de entidades ya vigentes e inútiles a todas luces en la mejora del desarrollo rural, como la secretaria de agricultura que -ha sido claro- ha tenido siempre otros objetivos.

El escenario global es confuso pero pleno de oportunidades. No obstante, la producción de alimentos no puede ni debe ser vista como una mera oportunidad de negocios. Sino como una enorme responsabilidad. De todos los actores de la sociedad. Argentina, con estas condiciones no puede

Ø       tener un niño y un anciano que mueran de hambre, en un país que tiene tierras para producir alimentos para todos y no sólo granos exportables sin valor alimenticio o del consumo de los argentinos;

Ø       tener más pobres.

Es decir, un país que seguirá echando mano a sus recursos estratégicos, a sus bienes naturales pero pensando en el desarrollo de su pueblo, el bienestar de su gente, la lucha y eliminación del hambre y la pobreza. Es una oportunidad histórica…sí, lo es pero para eliminar para siempre, estos dos flagelos de todo el territorio argentino”.
Bibliografía de referencia: Buzzi, E. et al. La tierra. Para que, para quienes, para cuantos. Federación Agraria Argentina. Buenos Aires. 2005.

Fuente: www.ecoportal.net /27-06-08

 

4. ¿Por qué debatir estas propuestas para la unidad?

 

La RED NACIONAL DE ACCIÓN ECOLOGISTA, en el documento Los crujidos del modelo”, nos ayuda a responder al declarar:

“Proponemos abrir los debates del campo al resto de la sociedad.

Interpelar a las corporaciones exportadoras sobre su papel en la crisis actual y auditar las exportaciones que realizan, hasta el momento bajo meras declaraciones juradas y con oscuros procesos de triangulación y subfacturación para evadir impuestos al Estado, que parecieran ser la norma consentida por la mirada impávida de los funcionarios del área.
Necesitamos recobrar la soberanía de los puertos, reinstalar los organismos de control del Estado, como las Juntas Nacionales de Granos y de Carnes.

También necesitamos el respaldo a los desarrollos locales, con precios sostén para los alimentos tradicionales en la mesa de los argentinos. A la vez, impulsar procesos de ecolocalismo que aseguren espacios de seguridad alimentaria, con cinturones verdes para producción de alimentos, ferias de cercanías, respaldo y control municipal de tambos pequeños con distribución de leche fresca o pasteurizada localmente, diseños territoriales con arraigo de familias para el desarrollo de economías de autoproducción y comercialización de excedentes. Proponemos modelos de producción amigables con la naturaleza, en que la justicia social y la soberanía alimentaria aseguren la felicidad de la población y su calidad de vida”.

Fuente: www.renace.net
12-4-08

 


En consecuencia, la unidad de voluntad transformadora depende del conocimiento mutuo entre los componentes de la diversidad popular y de visualizar las posibilidades de organizar una convivencia más satisfactoria para todos por igual.