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Interbarrial
Mayo 2012

Propuesta de Interbarrial |
El 25 de mayo de 2011, la Presidenta lo celebró junto a Capitanich
en Resistencia y no en Buenos Aires afirmando
la idea de construcción federal que
contrasta con la fortaleza del neofeudalismo o descentralización
transnacionalizadora, demostrada por las elecciones. Eran momentos
de su proyecto de ley
de tierras que parece ir contra su extranjerización pero lo cierto
es su avance por consolidación imperialista en el poder económico de
Argentina. Las
transnacionales agroexportadoras, agroindustriales, petroleras,
farmacéuticas, mineras y terminales automotrices forman la cúpula
empresaria que como oligopolios (en expansión externa e interna)
forman los precios y tienen gran captación diferencial de excedentes
en las industrias y en la economía en su conjunto.
Capitanich es un adelantado en la entrega de tierras que expulsa a
los pueblos originarios y criollos. Consolida su extranjerización y
concentración al zonificar la provincia para los hidrocarburos no
convencionales. También “en
defensa de la unión estratégica con los Estados Unidos permite que
el Comando Sur se instale como ‘base de ayuda humanitaria’ en
territorio argentino permitiendo el monitoreo y control satelital de
toda la región ubicada cerca de la Triple Frontera
Argentina-Paraguay- Brasil y sobre el deseado Acuífero Guaraní,
mayor reserva de agua dulce de Sudamérica”. Leer
El Foro Multisectorial por la Tierra del Chaco denuncia: “Las
tierras negadas a los chaqueños son ofrecidas a extranjeros”. Rechaza: “el
pensamiento económico que muestran las palabras del Sr. Gobernador.
Capitanich habló de las tierras fiscales como si fuesen un
patrimonio privado. Habló de tasa de ganancia, de capitalizar en
obras de infraestructura, de mejorar el empleo y la tasa de
salarios... Mostrando al desnudo, -por si quedaban dudas-, el
verdadero objetivo que pretende el proyecto de reforma de la Ley de
Tierras: que las tierras fiscales queden en manos del estado para
‘fines rentables’”.Leer
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Otro país-mundo
requiere
«La reforma
agraria integral»
Porque es la
plataforma común para construir democracia a la plebeya. Sintetiza
luchas de diversos de abajo como: "Una resolución del Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias
Agrarias declara “discrepancias con los lineamientos generales
del PEA”. Sostiene que tendrá impacto negativo al consolidar el
modelo de los agronegocios y la industria extractiva.
Por Darío Aranda
El Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) fue presentado el año
pasado por el gobierno nacional. Prevé metas productivas para
los próximos diez años, entre ellas insta a aumentar un 60 por
ciento la producción granaria e incorporar nuevos territorios al
modelo de agronegocios. “El Consejo Directivo de la Facultad de
Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La
Plata declara su discrepancia con los lineamientos generales del
PEA”, destaca la resolución 048/2012 de la Facultad y advierte:
“El Plan Agroalimentario tendrá un profundo y negativo impacto
en el complejo sistema productivo de nuestro país, al consolidar
el modelo de país agroexportador basado en la agricultura
industrial, pools de siembra, agrotóxicos, monocultivos,
despoblamiento rural y enormes ciudades insustentables.”
El PEA está plasmado en 160
carillas, repleto de estadísticas, cuadros y gráficos. Fue
presentado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en
septiembre último en Tecnópolis. Contó con el apoyo de
gobernadores y empresas del sector. En la página 15 figuran las
43 “unidades académicas” que “participan en la elaboración”
del
PEA, entre ellas Agronomía de La Plata –una de las referentes en
la formación de profesionales e investigadores de la Argentina
rural.
En la resolución, el Consejo Superior de la Facultad
identifica
al “modelo dominante” en el país como “agro-minero exportador”
caracterizado por “una fuerte intervención del capital
financiero en la actividad, uso indiscriminado de insumos
derivados del petróleo, contaminación, exclusión de pequeños
productores y pérdida de biodiversidad”. Afirma que, en el
modelo vigente, las ganancias “formidables son para las cada vez
más grandes empresas”.
“La
agricultura industrial tiene un fuerte impacto negativo
sobre el ambiente, por merma de nutrientes en el suelo,
reducción de biodiversidad, uso indiscriminado de
agroquímicos y la introducción del riego en zonas donde el
agua es un recurso escaso. Se genera un modelo de
agricultura sin agricultores”, alerta la resolución.
Y precisa respecto al plan oficial que “el PEA lejos está de
promover políticas que vislumbren modificaciones a las
tendencias actuales del modelo productivo”, Explicita que el
Gobierno pretende aumentar la superficie sembrada de 32 millones
de hectáreas a 41 millones (27 por ciento más) y, en línea con
organizaciones campesinas, cuestiona que “Avanzará la frontera
agrícola hacia territorios donde hoy las comunidades campesinas
e indígenas están resistiendo desalojos”.
“Todo
indica que el modelo antes descripto tenderá a profundizarse”,
advierte la Facultad. Precisa que el PEA promueve que la soja
transgénica ocupe no menos del 45 por ciento de la superficie a
sembrar y que el maíz sea utilizado para producción de agrocombustibles.
“Ambas medidas están absolutamente enfrentadas
a la defensa de la soberanía y seguridad alimentaria de nuestro
pueblo”, asegura la resolución, fechada el 23 de marzo último
(la sesión fue el 20 de diciembre), y que, en su parte
resolutiva, crea una comisión interclaustro para diseñar un “PEA
alternativo”.
Augusto Calandrelli, consejero superior por el claustro
estudiantil, explicó que las universidades participaron de
debates y realizaron propuestas para la confección del PEA, pero
aclaró que “ninguno de los aspectos críticos al modelo” fueron
tenidos en cuenta por “la mesa chica del Ministerio de
Agricultura” que redactó el documento final. “El PEA no es una
síntesis debatida con universidades ni con organizaciones de la
agricultura familiar, sino que es una decisión de funcionarios
del Gobierno”, explicó.
“La
resolución de nuestra Facultad es un primer paso para cuestionar
un modelo de producción que mantiene profundas continuidades con
el neoliberalismo de los años ’90”, avisó el consejero superior.
La Facultad de Agronomía de La Plata, fundada en 1906 y
referente entre las casas de estudios, se sumó a las facultades
que cuestionan el modelo extractivo. La Universidad Nacional de
Córdoba y la de Río Cuarto alertaron, en 2009 y 2010, sobre los
efectos ambientales y económicos de la megaminería. La Facultad
de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario
denunció, en marzo pasado, al modelo extractivo por sus
“consecuencias comprobadas” en el ambiente y en la salud de las
poblaciones. Y la Universidad de Buenos Aires también cuestionó
la megaminería, el miércoles pasado, en una declaración de apoyo
del Consejo Superior (el más alto espacio político de la UBA):
apuntó a los efectos ambientales, pero también a la represión y
violación de derechos que padecen las poblaciones que rechazan
la cuestionada actividad (puntualizó casos de Catamarca y La
Rioja).
“En
las últimas semanas, han sido vulnerados derechos
constitucionales de ciudadanos y ciudadanas de las regiones en
conflicto al ser violentamente reprimidos por las fuerzas de
seguridad del Estado en los cortes
selectivos contra la Minera Alumbrera en las localidades de
Belén, Amaicha del Valle y Tinogasta”, denunció la UBA y
coincidió con Agronomía de La Plata respecto de los agronegocios:
“Este modelo productivo extractivo-exportador está íntimamente
asociado con el avance de la frontera agraria a costa del
despojo de la tierra a campesinos y el desmonte y deforestación,
con la utilización excesiva de agrotóxicos en las fumigaciones”.Leer
PLANTEO /
IDEOLOGÍA /
PREMISAS E HIPÓTESIS
El
enfoque del modelo de soja que instalaron los K a raíz del conflicto en torno a
la 125 ayuda a ocultar al sistema imperialista del agronegocio que se expande
dentro del país y Nuestra América.
۞
Partamos de ese enmarcamiento que es evidente en la nota:
Los propietarios de la tierra como protagonistas del actual
paradigma productivo del agro
Por Eduardo M. Basualdo*
A mediados de la década de 1990, la incorporación de la soja
transgénica prácticamente en “tiempo real” con su desarrollo en los países
centrales, así como su convergencia con un conjunto de nuevas formas de trabajo
que se habían iniciado anteriormente, dieron lugar a la consolidación de un
nuevo paradigma tecnológico que produjo un acentuado y sostenido crecimiento de
la producción agrícola que se mantiene hasta nuestros días.
En ese contexto, entre 1994 y 2010 se expandió la producción
y el área sembrada pasando de 40 a 92 millones de toneladas y de19,6 a 30 millones
de hectáreas, respectivamente, lo cual supone un crecimiento anual acumulativo
del 5,4% en la producción y del 2,8% de la superficie sembrada. El ritmo de la
expansión de la superficie sembrada es ciertamente llamativo porque teóricamente
la producción agropecuaria luego de la fase de la mecanización en la segunda
etapa sustitutiva no tenía nuevas tierras pasibles de ser incorporadas a la
producción. No obstante, ello fue posible por dos procesos que convergieron en
el tiempo. El primero de ellos fue la incorporación de la tierra de la región
pampeana que había permanecido ociosa debido a la preeminencia de la
rentabilidad financiera sobre la proveniente de la producción agrícola o
ganadera entre 1977 y 1994. La segunda consistió en la relocalización de una
parte de la producción ganadera en la periferia de la pampa húmeda y también en
el desplazamiento de un conjunto de producciones regionales por parte de la
soja, debido a su aptitud para ser producida en zonas más áridas aunque con una
productividad significativamente menor.
Esa expansión del área sembrada tuvo no solamente un papel
muy destacado en el sostenido incremento del valor de producción del agro
pampeano, sino que también les permitió a los terratenientes de esa región –que
conforman el núcleo central de esta producción– alcanzar una representación
territorial “más nacional” debido a que la soja tiene aptitudes para ser
producida en regiones no aptas para el resto de los cultivos pampeanos, pese a
la acentuada tendencia a la expulsión de la actividad de mano de obra directa e
indirecta. Esta característica influyó en la trascendencia que alcanzó el
conflicto desatado a raíz de las retenciones móviles en 2008.
Es indudable el alcance que tuvo en este nuevo ciclo
expansivo de la producción pampeana el desarrollo de la soja transgénica
resistente al glifosato, pero no menos importante fueron las nuevas formas de
trabajo e insumos –como el contratismo en un caso y los fertilizantes en el
otro– y algunos de los grandes cambios estructurales de la década de 1990, como
la privatización de las empresas públicas, que convergieron con esa innovación.
Todo ello potenció fuertemente no sólo la productividad sino especialmente las
economías de escala, elevando de esta manera la rentabilidad agrícola a través
de la reducción de costos y permitiendo un ensanchamiento de la brecha entre la
rentabilidad de los grandes productores versus la de los pequeños y medianos.
De esta manera, este nuevo paradigma productivo plasmó un
proceso virtuoso sustentado en la obtención de economías de escala (reducción de
costos a medida que aumenta la superficie trabajada) y de los rendimientos por
hectárea, potenciando ambos procesos la rentabilidad de la explotación agrícola
y el predominio de la percibida por los grandes terratenientes respecto de los
de menor superficie trabajada.
No obstante el indudable dinamismo que exhibe este nuevo
ciclo del agro pampeano, su incidencia relativa en los grandes agregados
macroeconómicos ha sido realmente modesta y casi sorprendente si se tienen
presente las declamaciones y aspiraciones de los referentes sectoriales.
Específicamente, tal como se verifica en el gráfico Nº 1, en la participación
del sector agropecuario, silvicultura, caza y pesca en el PBI desde1970 ala
actualidad, se percibe que esa notable expansión productiva le permitió a esta
actividad mantener su participación en la generación de valor agregado, con sus
más y sus menos, en alrededor del 11%. Ciertamente, esta notable estabilidad en
la incidencia relativa sectorial no se originó sólo en factores endógenos sino
que estuvo influida por etapas económicas muy disímiles ya que durante la década
de los ’80 y el primer quinquenio de los años ’90 la incidencia del proceso de
desindustrialización fue notoria, y a partir de 2002, por el contrario, influyó
el hecho de que la expansión del PBI fuera equivalente al de esta actividad.
Por otra parte, la incidencia de los productos pampeanos en
las exportaciones totales del país desde 1970 en adelante exhibió una profunda
retracción hasta mediados de los ’90, al caer del 72,8% al 41% de las ventas
externas totales. De allí en adelante, la consolidación del paradigma sojero le
permitió al agro pampeano solamente mantener su participación en las
exportaciones totales alrededor de ese 41%, más allá de los desvíos
coyunturales.
Es decir, este ciclo expansivo sólo le alcanzó al agro para
estabilizar su participación en el PBI y en las exportaciones en los niveles
alcanzados al comienzo del mismo, sin poder recuperar el terreno perdido
anteriormente, especialmente en términos de las ventas externas.
Esta situación, que a esta altura de los
acontecimientos puede considerarse como
un fenómeno estructural, tiene una notable importancia
económica y política porque implica un debilitamiento del papel irremplazable
que tuvieron las exportaciones pampeanas durante la industrialización
sustitutiva como proveedoras fundamentales de las divisas a través del comercio
exterior, lo cual les permitía a quienes ejercían el predominio sectorial contar
con una notable capacidad de imponer sus intereses en términos de las políticas
económicas.
En el contexto de estos claroscuros que exhibe el actual
paradigma productivo del agro pampeano han surgido básicamente dos
interpretaciones acerca del sujeto social que protagoniza este ciclo de
expansión productiva.
-
La primera de ellas consiste en afirmar que este proceso
produjo nada menos que la pérdida por parte de los propietarios en general –no
de una fracción del capital agrario sino de todas ellas– de las decisiones
estratégicas que guían su producción, que se habrían desplazado a las
denominadas “tramas productivas”, y específicamente dentro de ellas al
contratista en tanto es quien aporta en buena medida la maquinaria y equipo para
las labores productivas. Estos enfoques –que básicamente intentan dar por
terminado un debate con tanta densidad histórica y actual como es el relativo a
la propiedad de la tierra– confunden la mejora de los instrumentos y
alternativas tecnológicas y productivas de que dispone actualmente la empresa
agropecuaria con un desplazamiento de las decisiones estratégicas en términos de
uso del suelo, formas de trabajo y maximización de la rentabilidad a quienes en
realidad prestan servicios a la misma y están subordinados a las decisiones de
los propietarios.
-
Otra línea interpretativa, quizá más política que académica,
porque hay muy pocos estudios sobre el tema, se refiere a la irrupción de nuevas
formas de producción de carácter financiero (los pools de siembra y los fondos
de inversión agrícola) que les aseguraban a los inversores que adquirían una
cuotaparte un rendimiento que igualaba o superaba a las inversiones financieras.
Con ese capital los pools y fondos de inversión arrendaban tierras en la región
pampeana para producir diferentes productos. Desde este punto de vista se
señalaba que estas nuevas formaciones se constituían en actores centrales en la
producción agrícola y generaban el desplazamiento de los pequeños y medianos
productores mediante el arrendamiento de sus tierras, los cuales pasaban a ser
“rentistas puros”. Esta caracterización implicaría postular que el liderazgo de
esta nueva forma de producción desplaza a la figura del propietario como el
principal protagonista productivo y que, tan importante como esto, supone la
disolución del predominio de la oligarquía pampeana o, al menos, que su
presencia ya no es determinante en las producciones sectoriales más rentables,
lugar que ocuparían los capitales ajenos al sector que controlan esta nueva
forma de producción.
En principio, esta última explicación es más plausible que la
mencionada anteriormente porque uno de los fenómenos de mayor envergadura que se
expresa en términos de la tenencia de la tierra es el arrendamiento, fenómeno
que cobra fuerza a partir de la exacerbación de las economías de escala, proceso
que fue mencionado anteriormente y que incrementa la rentabilidad a partir de
una disminución del costo de producción originado en el aumento de la superficie
trabajada.
Sin embargo, la comparación de los resultados censales del
último relevamiento anterior a la consolidación sojera (1988) y el primero
después de la misma (2002), permite cuantificar este fenómeno en las provincias
que integran la región pampeana (cuadro Nº 1). Los resultados obtenidos
corroboran la hipótesis acerca del incremento significativo de los
arrendamientos en estas provincias, alcanzando en 2002 a prácticamente 21 millones
de hectáreas, lo que representa aproximadamente el 30% de la superficie total.
Esta primera aproximación a la evolución del modo de explotación de la tierra
permite comprobar que las haciendas tomadas en arrendamiento son minoritarias
respecto de las que son trabajadas por sus propietarios, lo cual descarta que
los capitales extrasectoriales, como los fondos de inversión, sean
predominantes.
No obstante, la superficie comprometida por ellos es lo
suficientemente importante como para cuestionar el claro predominio que
tradicionalmente ejercieron los propietarios en el agro pampeano. Esto sería
así, siempre y cuando esa superficie fuera trabajada mayoritariamente por
capitales extrasectoriales que invierten en la actividad para obtener la
cuantiosa renta agraria derivada del modelo sojero.
En este contexto, en el cuadro Nº 2 se determina la
distribución de los arrendamientos entre propietarios y no propietarios según
estratos de tamaño. Sin realizar una descripción detallada de los resultados
obtenidos sino extrayendo su contenido fundamental, se puede afirmar que los
mismos son contundentes y al mismo tiempo sorprendentes.
La primera comprobación indica que son propietarios los
principales tomadores de tierra en arrendamiento tanto en el total (55,5% de la
superficie arrendada) como en los diferentes estratos de tamaño (entre el 51,4 %
y el 67% de la misma), salvo el anteúltimo. Esto significa que el arrendamiento
no sólo es minoritario en la región pampeana (30% de la superficie) sino que un
poco más de la mitad es trabajada por propietarios, que de esa manera estarían
utilizando aproximadamente el 85% de la superficie agropecuaria pampeana,
mientras que los capitales extrasectoriales trabajan el 15% restante.
La segunda conclusión que se desprende de la información
disponible es igualmente relevante y permite extraer varias hipótesis que tienen
un elevado grado de probabilidad de expresar la realidad: la misma consiste en
que la importancia de los estratos en términos de superficie arrendada desciende
a medida que aumenta la extensión de los mismos. Más aún, los dos primeros
estratos (hasta1.500 hectáreas) son predominantes tanto en el total de los
arrendamientos como en los contraídos por los propietarios y por los no
propietarios
La significativa concentración de la superficie arrendada en
los estratos menores estaría indicando que los pequeños productores (sean
propietarios o no) son definitorios tanto dentro de los que toman tierra como
entre los que la ceden. Se estaría entonces frente a un proceso muy distinto del
auge de los arrendamientos del modelo agroexportador porque ahora no sólo se
trata de acuerdos contractuales anuales (y no de varios años como a principios
del siglo XX) sino también porque los que ceden y toman la tierra son pequeños
propietarios o productores pampeanos.
Si bien los pequeños y medianos propietarios son claramente
predominantes en los arrendamientos, no puede ignorarse que alrededor del 30% de
la superficie se localiza en 2.500 o más hectáreas y respondería a la cesión
contractual entre grandes propietarios o productores. Esto significa que en una
proporción minoritaria dentro del total, los grandes propietarios pampeanos
también toman y ceden tierras. Asimismo, que dentro de los no propietarios que
toman este tamaño de arrendamientos se encuentran los fondos de inversión
agrícola y los pools de siembra, ya que los mismos se caracterizan por arrendar
grandes superficies emulando el tamaño que tienen los grandes propietarios
pampeanos porque en esas dimensiones se encuentran las mayores economías de
escala. Esto explica que el único estrato en que los no propietarios superan la
participación de los propietarios sea el anteúltimo que va de5.000,1 a10.000
hectáreas.
*Investigador del CONICET. Coordinador del Área de Economía y
Tecnología de la FLACSO y de CIFRA de la CTA. Integrante de la Comisión
Directiva del CELS
Fuente
original
http://www.vocesenelfenix.com/content/los-propietarios-de-la-tierra-como-protagonistas-del-actual-paradigma-productivo-del-agro-pa
Fuente: http://espacioiniciativa.com.ar/?p=7399
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Analicemos:
1.
Globalización, Desarrollo Agropecuario e Ingeniería Genética: Un modelo para
armar
Por
Walter A. Pengue(23-09-2001)
"(...)
La agricultura de exportación
La senda actual, promovida por un
modelo global agroexportador, ha permitido desarrollar un sistema de
producción de materias primas con escaso o nulo valor agregado, sin
un complejo proceso industrial que favorezca la producción y el
trabajo nacional, beneficiando a un sector cada vez más pequeño de
la cadena productiva, de la cual el productor agropecuario es el
eslabón más débil y dependiente.
Es así que en la década del setenta, y
especialmente a partir de los ochenta, con la caída tendencial de
los precios de la hacienda y su bajo nivel tecnológico se produce un
cambio hacia la agricultura continua cuyas principales
características han sido entonces: 1) una mayor extensión de la
etapa agrícola de la rotación, 2) roturación de pastizales para
pasarlos a agricultura continua, 3) mayor intensificación en el uso
de insumos, especialmente herbicidas e insecticidas, 4) aumento de
la capacidad de uso de la maquinaria agrícola, especialmente
tractores y sembradoras, 5) incremento sustancial del ciclo agrícola
y extracción de cosechas (tres cosechas/2 años), 6) aumento de la
escala de producción, 7) incremento de la frontera agropecuaria,
directamente con agricultura.
El doble cultivo aparece con rasgos tan
destructivos por la falta de descanso o barbechos, como el
monocultivo cerealero de los cincuenta y sesenta. La agricultura
continua, en su modalidad menos destructiva, va ocupando espacios
antes destinados a pasturas en rotaciones agroganaderas.
La
soja fue el cultivo sobre el que se apoyó, desde la década de los
ochenta pero especialmente a partir de los noventa, la agricultura
continua y el proceso de agriculturización en que nos encontramos.
En el último cuarto de siglo, la
soja ha tenido una evolución sin precedentes. Desde los años 70,
la superficie sembrada ha crecido en forma sostenida. Mientras
que en la campaña 70/71 se ocupaban con soja tan sólo 37.700
has, durante la década siguiente se habían alcanzado ya
2.226.000 has, en la campaña 96-97 se sembraron más de 6.000.000
de has, y en la campaña actual (2000/2001) se han alcanzado las
10.000.000 de has. En un principio, el aumento del área
sembrada, la producción y los rendimientos ha venido acompañado
de técnicas culturales y de variedades introducidas de los
Estados Unidos. La expansión fue estimulada luego por las
agencias nacionales de desarrollo, especialmente el INTA (el
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina), por
multinacionales de la agroproducción y por extensionistas, pero
el factor de control fue el dinamismo de la industria aceitera y
de los sectores comerciales que vieron en la soja y en las
condiciones agropecuarias pampeanas, óptimas posibilidades de
obtención de renta crematística. Es decir, la expansión ha sido
netamente territorial, dado que el cultivo, a diferencia de los
ya asentados en la región, como el maíz, provenía desde sus
inicios con un alto componente tecnológico importado.
Las oleaginosas, que incluyen el
girasol, soja, lino, maní y recientemente la canola, han tenido un
aumento ininterrumpido en superficie. Este
espectacular incremento del área sembrada con oleaginosas se debe a
la soja y al proceso de agriculturización. Tal como la
infraestructura aceitera instalada en la última década permite
preverlo, el papel que se le ha asignado a la Argentina como
productor de granos no es más de país cerealero sino de
país aceitero y productor de harinas para alimentos de animales,
dando origen a un nuevo slogan: “Argentina aceitera”.
Ningún otro cultivo experimentó una
expansión semejante y una trascendencia económica tan importante
como la soja en este período. La soja ha entrado a nuestro
sistema produciendo cambios sin precedentes en el plan de
rotación agroganadera desde el mismo momento de su aceptación y
adaptación del paquete tecnológico por parte de los productores
agropecuarios. En este aspecto se complementó con el desarrollo
de las variedades de trigo con germoplasma mejicano de ciclo
corto, con lo que la combinación trigo-soja tuvo una acelerada
expansión en pocos años. El doble cultivo significó un fuerte
impacto sobre la rentabilidad de la empresa y sobre el flujo de
fondos, al aportar ingresos en dos épocas del año.
La revolución verde llegó a la Región
especialmente en cuanto a nuevas variedades de semillas y el uso de
agroquímicos, permitiendo un avance en el aumento de la
productividad de los principales cultivos como la soja (72,8 %),
maíz (64 %), mientras que el trigo se incrementó un 14,4 %.
La soja ingresa entonces al país con un
paquete técnico, utilizado mundialmente y adaptado localmente,
convirtiéndose desde la última década en la locomotora que ha
impulsado todo el proceso productivo pampeano.
La
Zona Núcleo Pampeana concentra además de este importante sistema
agroproductivo una infraestructura construida que le da
sustento. El eje urbano industrial, paralelo al río Paraná, con
innumerables puertos cerealeros, le dan salida a la producción
de manera rápida y cada vez más eficiente. La soja, el
principal cultivo de la región, es en realidad un cultivo
proteico dado que con el 79-80 % de su grano, luego de la
molienda, se producen harinas o pellets con destino a la
alimentación animal. Sólo el 17-18 % de la semilla origina la
primera transformación de la materia prima, respecto del total
de grano producido. En términos generales, el 70 % de la soja
cosechada es transformada en las plantas aceiteras ubicadas en
nuestro territorio. El consumo interno tanto de aceite como de
subproducto es mínimo: 6 % en caso del aceite de soja y 1,2 % de
los subproductos. Todo lo demás, el 93 % del aceite de soja y el
98 -99 % de los subproductos, salen por estos puertos.
Así la industria molturadora
(especialmente de subproductos de la soja y el girasol) y aceitera
(de los mismos) ha cobrado un desarrollo muy importante, generando
exportaciones aproximadas a los 5.000 millones de pesos (en
Argentina la paridad cambiaria es de 1 peso = 1 dólar) y componiendo
una importante porción de la industria alimentaria, de alimentos
que en su mayor proporción serán utilizados por el ganado de los
países desarrollados (..)".
2. Expansión
del modelo sojero en la Argentina
Por Miguel
Teubal (2006)
Existe un aspecto del
neoliberalismo, ahora tan criticado, que se mantiene intacto: se trata del
modelo agrario, de agricultura industrial, impulsado con gran ahínco
durante el período de apogeo del modelo neoliberal. Éste se manifiesta en
nuestro país, entre otros factores, con el auge del cultivo de la soja. Dicho
cultivo, que comienza a realizarse en gran escala en los años setenta, adquiere
un cariz muy especial a mediados de los noventa, cuando se libera al mercado el
cultivo de la soja transgénica. En efecto, a partir de este desarrollo, la
Argentina se transforma en uno de los principales países del tercer mundo en el
que se impulsan los cultivos transgénicos. Todo ello de la mano de la siembra
directa, la semilla RR resistente al glifosato y las empresas transnacionales,
sus principales favorecidas. Nos hallamos -afirman los defensores del modelo- en
una frontera tecnológica de enormes proporciones. “Quien no esté a favor de los
transgénicos, está en contra del progreso”. “No matemos la gallina que pone los
huevos de oro”, se nos dice. Se trata del boom de la soja transgénica
que, dicho sea de paso, coyunturalmente permite la expansión de grandes
superávits fiscales y de la balanza comercial, esenciales para el pago de los
servicios de la deuda externa. Cabría preguntarse si esto también. significa
indefectiblemente mayor bienestar para todos nosotros. Ahora y en el largo plazo
(…) En la
década de los setenta, se establecen nuevas variedades de cereales y oleaginosas
en el campo pampeano y se introduce la doble cosecha. En vez de alternar la
producción agrícola con la ganadera, se va produciendo una mayor
“agriculturización” basada sobre dos cosechas agrícolas anuales. Esto fue
posible debido a la utilización de nuevas variedades, que permiten sembrar
cultivos “de segunda” y que comienzan a tener preeminencia al ser combinados con
la producción triguera. Surge la producción sojera que, junto con la
introducción del “germoplasma mexicano” en el trigo, permite el desarrollo del
doble cultivo trigo-soja. Rápidamente, el doble cultivo trigo-soja se difunde en
la región pampeana, especialmente en la región maicera típica, provocando una
parcial sustitución del maíz y del sorgo, así como de actividades ganaderas que
participaban con estos cultivos en sistemas de explotación mixta. La
transformación del campo argentino comienza a sustentarse sobre la soja y sobre
el paquete tecnológico que la acompaña, a costa de la ganadería y de otros
cereales tradicionales. Se
trata de la aplicación tardía en nuestro país de algunos rasgos de
la “revolución verde”. A partir de entonces, la Argentina emerge,
en los términos acuñados por Harriet Friedmann (1993: 45) como un “nuevo
país agropecuario”, en una analogía con los denominados “nuevos países
industrializados” del sudeste asiático (los newly industrializing countries,
o NICs, para usar sus siglas en inglés). Desde entonces, la producción sojera. no deja de aumentar año tras año. Si bien Friedmann se refiere
fundamentalmente al Brasil, su percepción en esta materia podría también ser
aplicable a la Argentina. Ambos países, junto con los Estados Unidos,
se transformaron en los principales productores y exportadores de soja a
la economía mundial. Hacia mediados de la década de los noventa, se da un nuevo
salto tecnológico en el agro argentino.
En 1996 comienza la implantación de la semilla transgénica
de la soja, comercialmente llamada “RR”, cuyas siglas en inglés significan
Roundup Ready. Roundup es la marca comercial del glifosato, herbicida
al cual es resistente la soja RR. El paquete tecnológico consiste en combinar
esta semilla con el sistema de la siembra directa, para lo cual se requiere la
utilización del glifosato, utilizado en cantidades cada vez mayores: las malezas
que quedan son eliminadas con el glifosato, siendo la semilla RR resistente a
este agrotóxico. Tanto la semilla RR como el glifosato Roundup son
producidos por Monsanto. La distribución de la semilla fue luego transferida a
su licenciataria Asgrow, la que a su vez fue adquirida por Nidera.
Sobre la base de
esta nueva biotecnología de los transgénicos, Monsanto y sus licenciatarias
en la Argentina han podido inducir a los productores a incorporar un
paquete tecnológico controlado por ellas al hacer que la soja incorpore
genéticamente la resistencia a su propio agroquímico, el glifosato.
La introducción de este paquete tecnológico aumenta la dependencia de los
agricultores respecto de las grandes empresas transnacionales proveedoras de
semillas e insumos agrícolas.
En este
marco, adquiere preeminencia el complejo sojero. Algunas pocas grandes empresas semilleras transnacionales, como
Monsanto y Novartis, no sólo proveen la semilla sino también el paquete
tecnológico y los agroquímicos que la acompañan, los cuales el productor se ve
obligado a comprar indefectiblemente una vez que introduce el transgénico. En la
Argentina, dada la difusión que tuvieron estas tecnologías, el glifosato
se transformó en el principal insumo fitosanitario empleado, con ventas
totales que pasaron de 1,3 millones de litros en 1991 y 8,2 millones en 1995
a más de 30 millones en 1997. Su facturación en el año 2000 ascendió a 263
millones de dólares, lo que representa el 42% del mercado agroquímico total.
Según estimaciones, en el año 2003 el glifosato representaría un mercado de 350
millones de dólares, cifra que se incrementaría en la medida en que el maíz RR
-aprobada su comercialización en 1996- reemplace las variedades convencionales.
La combinación de trigo-soja y maíz, para cuya producción también se
introdujeron transgénicos (a comienzos de esta década, el 30% de la
producción maicera era maíz Bt), se transformó en uno de los cultivos más
“dinámicos” (¿rentables?) del agro argentino. La crisis de 2001/2002 no
modificó las tendencias que se venían dando. Sin embargo, la devaluación del
tipo de cambio, junto con mejoras en los precios internacionales de la soja,
significó un aumento de los ingresos globales del sector.
El modelo de agricultura industrial centrado
sobre la soja siguió siendo prominente, favorecido por políticas públicas que
consideraban importantes sus efectos positivos sobre el desarrollo de
sustanciales superávit de la balanza comercial y fiscal.
La prosperidad benefició fundamentalmente a un segmento de pro ductores
agropecuarios pampeanos y contribuyó, incluso, a que muchos de los que se habían
endeudado y se encontraban al borde de la quiebra pudieran recuperarse. Pero
esta situación no afectó a todo el sector por igual. El negocio financiero de la
soja se expandió sobre nuevos territorios, impulsándose el desplazamiento
de productores marginales y comunidades indígenas y campesinas en
diversas regiones del país. Ante la reactivación de la economía en su
globalidad, comenzaron a manifestarse presiones al alza de los precios
alimentarios, potenciados por el incremento de la demanda, el aumento del tipo
de cambio y una mayor concentración en el ámbito de la industria alimentaria
y de los canales de distribución final de alimentos.
Neoliberalismo y sistema agroalimentario: impactos sobre el agro
Los ajustes estructurales de corte neoliberal aplicados a la
economía incidieron sobre el sistema agroalimentario en su conjunto1
y muy especialmente sobre
el sector agropecuario que lo integra. Un elemento de fundamental incidencia fue
el decreto de Desregulación de 1991, que eliminó de cuajo la serie de organismos
que, desde los años treinta, regulaban la actividad agropecuaria. De golpe,
el sector agropecuario argentino se transformó en uno de los más desregulados del
mundo, sujeto como ningún otro a los vaivenes de la economía mundial (véase
Teubal y Rodríguez, 2002). Aquí yace una de las razones que explica la falta de
políticas activas que regulen la producción de alimentos básicos en el país y
que sean la base de sustentación de los campesinos y pequeños y
medianos productores. Las privatizaciones, desregulaciones y la apertura casi
indiscriminada al exterior, aplicadas al conjunto de la economía en aras de
lograr “una mayor integración a la economía mundial”, repercutieron de forma
considerable sobre las tendencias y la variabilidad de la actividad
agropecuaria, los precios de su producción y de sus insumos, el acceso al
crédito, la rentabilidad general de la actividad y las condiciones de vida de
los grupos mayoritarios. Así
también, sobre el sector agropecuario influyeron las transformaciones operadas
en el ámbito extraagropecuario pertenecientes al sistema agroalimentario: el
procesamiento industrial, la comercialización y distribución final de alimentos,
orientados tanto al mercado interno como a las exportaciones, así como el
sector de provisión de insumos -en particular, el semillero- Los ajustes
estructurales originaron transformaciones en las áreas extraagropecuarias del
sistema agroalimentario con incidencia sobre el sector agropecuario: se
produjeron procesos de concentración y centralización de capital en la
agroindustria y la distribución final de los alimentos (por ejemplo, el
denominado “supermercadismo”) y un número muy limitado de empresas fue
adjudicándose la exclusividad en la provisión de semillas y otros insumos a los
productores agropecuarios. 
Estas
tendencias se dieron junto con una fuerte extranjerización en estos sectores
hacia fines de la década de los noventa.
Como consecuencia de la intensificación de los procesos de integración
vertical, fueron modificándose notablemente las articulaciones en el
interior de los complejos que integran el sistema agroalimentario (Teubal y
Rodríguez, 2002; Teubal y Pastore, 1995). Asimismo, creció la agricultura
de contrato y otras formas de articulación “agroindustrial” y
adquirieron mayor poder las grandes empresas extraagrarias en relación con
los medianos y pequeños productores agropecuarios, que tendieron a perder
significativamente su autonomía de decisión. Lo mismo ocurrió en la
industria semillera: dada la enorme concentración que se produjo en esta
área, el medio agropecuario se transformó rápidamente en un sector cautivo
de las grandes empresas proveedoras de la semilla transgénica. Los
procesos de liberalización, apertura y desregulación brindaron a las grandes
empresas el marco propicio para expandir su control sobre distintas áreas
del sistema agroalimentario y obtener así una posición dominante en lo
referido al almacenaje, procesamiento, comercialización, producción y
provisión de semillas e insumos para la actividad agrícola.
Estas innovaciones facilitaron la consolidación
de oligopsonios u oligopolios en segmentos clave de diversos
complejos agroindustriales.
Por ejemplo, en el complejo lácteo, siete compañías -entre las que se
destacan SanCor y Mastellone (La Serenísima)- controlan el 80% del mercado;
el 90% de las ventas de aceite refinado de girasol es manejado por apenas
seis empresas, lideradas por Molinos Río de la Plata y Aceitera General
Deheza. En panificación, Fargo, Bimbo y La Veneciana acumulan el 85% de las
ventas; en el negocio de galletitas, la francesa Danone (Bagley), la
estadounidense Nabisco (Terrabusi, Mayco, Capri y Canale) y Arcor concentran
el 80% del mercado (Cash, suplemento económico de Página/12,
6/6/2004). Recientemente se han fusionado Arcor y Danone. En otros casos, la
concentración y centralización del capital facilitó la captura de negocios
altamente rentables, como es el caso de la cuota Hilton2, donde cinco empresas (Swift Armour, Quickfood, Friar,
Gorina y Finexcor) dominan el 55% del mercado, y, si tomamos a las diez
primeras empresas del sector, el control asciende al 77% del mercado de
carnes de exportación. Al analizar el caso de las empresas multinacionales
dedicadas a la exportación de cereales, observamos que siete empresas
(Cargill, Bunge, Nidera, Vincentín, Dreyfus, Pecom-Agra y AGD) concentran el
60% del volumen de granos exportados. En consonancia con lo anterior,
también se observa que creció la concentración en el mercado de insumos
(dependencia de las semillas y del “paquete tecnológico” de Monsanto en la
producción de soja y maíz); a su vez, creció la concentración de la
comercialización con el auge del “supermercadismo” y se introdujeron nuevas
dinámicas en los sistemas agroalimentarios(...)".
Fuente:
Realidad
Económica Nº 220 mayo-junio de 2006/
www.iade.org.ar
3.
Los señores de la soja
Introducción
por
María Elizabeth Bravo(2010)
(...)Hablar de
cultivos transgénicos significa en gran medida hablar de soja, porque la soja RR
, o soja con resistencia al herbicida glifosato, es el cultivo transgénico más
extendido en el mundo.
Y significa además hablar del Cono Sur, que es la zona de mayor expansión de
este cultivo. Al referirse al modelo agrícola que se ha impuesto en
Argentina, el manifiesto del Movimiento Nacional Campesino Indígena señala
que “su símbolo actual es la soja transgénica”. Este manifiesto pone en
evidencia la naturaleza agroexportadora, sojera y oligopólica, en manos de los
pools de siembra2,
del agro argentino, que se potenció en la segunda mitad de la década del
noventa con la introducción de la soja transgénica.
Eran días en los que
se negociaba el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad. Estados Unidos
y Argentina despuntaban como exportadores de soja transgénica. Como aliados y a
la vez competidores, ambos crearon el llamado “Grupo de Miami”, a fin de
convertir al Protocolo en un instrumento internacional para facilitar el
comercio de commodities transgénicos.
A pesar del profundo debilitamiento que este grupo dejó en el contenido del
Protocolo, ninguno de sus miembros lo ha ratificado. Hoy,
todos los países del Cono Sur han apostado a la soja transgénica. Sus
gobiernos forman un fuerte bloque en las negociaciones del Protocolo de
Cartagena y hablan en nombre de los sectores que se han beneficiado con la
bonanza sojera. En el caso de Argentina, 900 terratenientes controlan más de 35
millones de hectáreas de su territorio –los mismos que han paralizado el país–
y, tal como lo expresa Carla Poth en su artículo, las leyes nacionales de
bioseguridad obedecen a los intereses de esos grupos de poder. Los voceros
gubernamentales del Protocolo de Cartagena no toman en cuenta los impactos
sociales y ambientales que se han generado debido a la masiva expansión de soja
transgénica en sus países, y tampoco consideran que las verdaderas ganancias de
la soja no se quedan en manos de empresarios nacionales, sino de empresas
transnacionales. El
comercio mun dial de soja La
soja es el cultivo oleaginoso que más se produce y que tiene mayor participación
en el mercado mundial. De un total de 402 millones de toneladas de oleaginosas
producidas anualmente en el mundo, 233 millones de toneladas son de soja, es
decir, el 58% de la producción mundial de oleaginosas(…)
El texto de
Rodríguez analiza lo que ha significado la aplicación del modelo en términos de
trabajo rural, en la distribución del ingreso y en el sistema agroalimentario.
El autor destaca que la
agricultura transgénica ha desplazado a los pequeños agricultores a otros
cultivos, y ha generado un proceso de concentración de la tierra. La soja en
Argentina ya no es producida por los dueños de la tierra, sino por
arrendatarios, por lo dueños de las grandes maquinarias de siembra directa, los
llamados pools de siembra. La tradicional imagen del arriero vagando por
las vastas pampas ha desaparecido. Y la soja se ha expandido además a las zonas
del Chaco, otrora cubiertas por algodón(…)
¿Quién consume
la soja?
Frente al costo social y ambiental de la soja transgénica es
necesario preguntarse para qué y para quién se produce la soja. Cuando
empezaron a promocionarse los cultivos transgénicos, sus promotores decían que,
independientemente de sus impactos, estos se justifican porque son una solución
para el hambre en el mundo. Sin embargo, la realidad es que el 88% de la soja
que se comercializa a nivel mundial se utiliza para la producción de aceite. Con
los residuos se hace pasta de soja que es usada como forraje. Como lo explica
Rodríguez en su investigación, esto ha significado que en el Cono Sur se han
dedicado menos tierras para la ganadería y la producción de trigo, arroz y otros
cultivos para producir alimentos para ganado criado en el extranjero. ¿La soja
se destina a los países que padecen hambre? No, pues los principales
importadores de soja o sus derivados son la Unión Europea, Japón y China (ver
Cuadro 2). China es el productor número uno de carne de cerdo. La demanda de
carne de cerdo ha crecido más rápido que la de cualquier otro tipo de carne. Se
cree que este incremento se debe a que el consumidor asiático está cambiando el
consuno de pollo por el de cerdo por temor a la gripe aviar. Otro sector que
crece es la piscicultura. El 70% de la piscicultura a nivel mundial tiene lugar
en China (USDA-FAS , 2007a). Con estos niveles de producción de carne basada en
insumos importados, no es extraño que en la zafra de 2007-2008 las
exportaciones mundiales de soja asciendan a 75 millones de toneladas, y que el
45% corresponda a importaciones chinas. En el año 2007, casi el 40% de
las importaciones chinas provenían de Estados Unidos; el 39,5%, de Brasil y el
19%, de Argentina. En 2007 se produjo una caída en la producción de soja en la
China, por lo que se prevé que este país aumentará sus importaciones, tanto de
la legumbre de soja como de sus derivados: el aceite y la harina (USDA-FAS ,
2007b)(…)
El
escenario en el que se sustenta la producción de proteína a nivel mundial son
los campos de Argentina, Paraguay, Bolivia, Brasil y cada vez más Uruguay,
pues el principal mercado es el interno, que supera unas 6 veces a sus
exportaciones tanto de aceite como de harina de soja. Todo esto está dando lugar
a transformaciones dramáticas en el uso del territorio, problema que Domínguez y
Sabatino abordan en su trabajo. Como lo demuestra el Cuadro 3, las plantaciones
de soja en el Cono Sur ocupan un área conjunta de más de 42,260 millones de
hectáreas, lo que equivale a 422.400 km2,
una superficie dos veces y medio superior al territorio de la República del
Uruguay.
Esto no sólo ha cambiado la estructura agrícola de los países, sino que ha
transformado el paisaje, desplazando ecosistemas naturales, como son los bosques
amazónicos, el Pantanal, el Chaco, la Pampa Húmeda y la Mata Atlántica.
Esta problemática es analizada en detalle por Domínguez y Sabatino, así como por
Rodríguez y Centurión Mereles en esta publicación.
A qui én benefici a el comerci o de soja Independientemente
de dónde se siembre la soja, a lo largo de la cadena productiva son empresas
estadounidenses o europeas las que se benefician del negocio de esta oleaginosa
(Bravo, 2005: 118)(…)
Los verdaderos
zares de la soja: ADM, Cargill , Bunge y Dreyfuss
Indistintamente
del país donde se la produzca, cuatro empresas son las que verdaderamente se
benefician del negocio de la soja.
Tres son estadounidenses: ADM, Bunge y Cargill; y una es francesa, Louis Dreyfuss.
Ellas controlan el 43% de la elaboración de aceite en Brasil y el 80% en la
Unión Europea, y el 75% del mercado de soja en Estados Unidos. La ADM es una
importante receptora de subsidios corporativos en Estados Unidos, y es una de
las principales financistas de las campañas electorales de los dos partidos
políticos dominantes de su país. Está involucrada en toda la cadena productiva
de la soja: procesa todos los derivados de la soja; es importadora, exportadora
y la más importante fabricante de lecitina de soja. Controla una inmensa red de
silos y elevadores en todo el mundo. Bunge es la mayor procesadora de aceite de
soja a nivel mundial, con intereses en el Cono Sur, América del Norte y Europa.
Es la más grande importadora de productos derivados de la soja en Asia, y
la principal proveedora de harina en el Medio Oriente. Bunge compra, procesa y
vende productos alimenticios para el consumo humano y animal, granos y
semillas. Cargill tiene su propio control en la cadena alimenticia,
con operaciones en 23 países. Controla el 40% de las exportaciones de maíz en
los Estados Unidos, el 33% de las exportaciones de soja, y el 20% de las de
trigo. En Argentina, las empresas ADM, Cargill, Bunge y Dreyfuss controlan el
78% de las exportaciones de trigo, el 79% de maíz, el 71% de harina de soja, el
95% de aceite de soja y el 97% de aceite de girasol. En el año 2002, sólo ADM
manejó el 11% de las exportaciones de trigo y el 9% de las de maíz en ese país. Fuente:
Los señores de la soja. La agricultura transgénica en América Latina / Ana
Lucía Bravo...(et.al.). -1a ed.-Buenos Aires: Fundación Centro de Integración,
Comunicación, Cultura y Sociedad Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.
Queda hecho el depósito que establece la Ley 11723
En
consecuencia, un sistema global de agronegocios domina la Argentina y
Nuestra América. Durante este año,
un
informe de Grain indica que en Argentina un millón de
ha. son controladas por corporaciones del agronegocio.
Destaca el impacto de la Ley de Tierras y aboga por un
cambio del modelo agrícola.
La Argentina es uno más
de los destinos del capital financiero en busca de
ganancias extraordinarias con los alimentos o del
capital estatal en busca de asegurar la provisión de
comida para los habitantes del su país. “La mayor
parte de los 298 acaparadores registrados provienen
del sector del agronegocio, compañías financieras y
fondos soberanos son responsables de cerca de un
tercio de las negociaciones. Y, en muchas ocasiones,
se superponen. Por ejemplo, los datos muestran cómo
Cargill, una de las compañías de agronegocios más
grandes del mundo, ha estado adquiriendo cientos de
miles de hectáreas de tierras agrícolas a través de
su fondo de cobertura Black River Asset Management”,
apunta la investigación, que destaca que dos tercios
de las inversiones de este tipo en el mundo vienen
de Europa y Asia.
La
pregunta que surge es si la flamante Ley de Tierras
puede llegar a modificar la tendencia de la
extranjerización de tierras en la Argentina (cuyas
cifras certeras se desconocen pero se presume que
podrían abarcar más de 20 millones de hectáreas).
Carlos Vicente, de Grain, cree que si bien la norma
ha molestado a las corporaciones –señal de que va en
el buen camino– “es muy claro que en las
condiciones actuales de control territorial del
agronegocio y en sus modos de operar en los cuales
la adquisición de tierras es una cuestión secundaria
ya que estos grupos operan fundamentalmente a través
del arrendamiento con lo que la Ley de Tierras no
significa un obstáculo para su avance”. “Lo que
realmente necesitamos es un cambio profundo en
nuestro modelo agrícola que contemple como mínimo:
una ley que ponga freno al desalojo de comunidades
campesinas e indígenas; la reorientación de la
producción agrícola hacia la soberanía alimentaria y
un debate profundo sobre la función social de la
tierra que nos encamine hacia la posibilidad de una
reforma integral”, concluye Vicente.
Leer
Pero "el Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) fue presentado el año
pasado por el gobierno nacional. Prevé metas productivas para
los próximos diez años, entre ellas insta a aumentar un 60 por
ciento la producción granaria e incorporar nuevos territorios al
modelo de agronegocios. “El Consejo Directivo de la Facultad de
Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La
Plata declara su discrepancia con los lineamientos generales del
PEA”, destaca la resolución 048/2012 de la Facultad y advierte:
“El Plan Agroalimentario tendrá un profundo y negativo impacto
en el complejo sistema productivo de nuestro país, al consolidar
el modelo de país agroexportador basado en la agricultura
industrial, pools de siembra, agrotóxicos, monocultivos,
despoblamiento rural y enormes ciudades insustentables.”Leer
Los servicios ambientales y su
“comercialización” se tornaron algo muy central, un verdadero pilar de la
“economía verde”. El resultado será, según Silvia Ribeiro del Grupo ETC que
monitorea e investiga este proceso, una “mayor mercantilización y privatización
de la naturaleza y de los ecosistemas, integrando sus funciones (definidas como
“servicios”) a los mercados financieros”.
Para aclarar, propongo que leamos:
1.
Una crítica a las propuestas
de conservación de la biodiversidad a través de mecanismos de mercado
Elizabeth Bravo
| 26 abril 2012 | Revista “Biodiversidad, sustento y culturas” Nº 72
(abril 2012)
Frente a la imparable destrucción de la
biodiversidad, a la necesidad de continuar e incrementar la explotación de
recursos naturales, especialmente en lugares ricos en biodiversidad, y como una
oportunidad del sector financiero para ampliar sus tentáculos hasta los lugares
y sectores de la economía antes impensados, se ha propuesto introducir
instrumentos de mercado en la conservación de la biodiversidad.
Empresas, gobiernos y hasta el Convenio de
Diversidad Biológica están promoviendo estos nuevos modelos de conservación,
dirigiendo sus esfuerzos sobre todo a los países del Sur, donde se concentra la
mayor parte de la biodiversidad del planeta, y donde además existen recursos
tales como minerales, agua, o simplemente tierras que podrían ser destinadas
para el desarrollo del sector inmobiliario o los monocultivos.
Sus proponentes argumentan que estos mecanismos
facilitan la recaudación de fondos para la conservación y que son más eficientes
que las regulaciones u otras políticas públicas que puedan dictar los Estados.
Estas iniciativas de mercado ya han tenido
aplicabilidad desde hace varios años en Estados Unidos y Europa, donde hay poca
biodiversidad y, sobre todo, donde no hay poblaciones indígenas tradicionales
que dependen de ella. Las implicaciones en los países del Sur son totalmente
diferentes, por la especial relación que tienen las comunidades con su medio.
A continuación se hace una revisión de lo que
significan estos mecanismos, en qué consisten, y qué peligros entrañan para la
sociedad y la naturaleza. Las distintas modalidades propuestas o ejecutándose
podrían agruparse en dos sistemas:
El pago de servicios ambientales.
Licencias y permisos transferibles o negociables.
El pago de servicios ambientales.
El pago por servicios ambientales es el mecanismo más desarrollado y funciona
desde hace algunos años. Cabe señalar que la naturaleza no es proveedora de
servicios ambientales.
Éstos fueron concebidos como una manera de meter
en el mercado los ciclos, funciones, componentes o estructuras de la naturaleza.
Al categorizarlos como servicios pueden comprarse, venderse, ser sujetos de
apropiación, usufructo, privatizarse, titularse, etcétera. En este caso el
incentivo radica en el pago.
Quien vende y compra “servicios ambientales”,
está comercializando lo que la naturaleza ha realizado por millones de años
(como la capacidad de hacer fotosíntesis, retener y almacenar agua, ser el
hábitat para polinizadores, etcétera).
La modalidad de pago por servicios ambientales ha
sido en muchos casos regulada por el Estado, el mismo que ha sido también uno de
los compradores de servicios ambientales. Otros han sido empresas privadas.
Quienes promueven estos nuevos mecanismos
consideran que una limitación de los “servicios ambientales” es que son
considerados bienes públicos, pues esto crearía restricciones a la forma como
ese mercado debe funcionar.
Tanto la invención de los servicios ambientales,
la conversión en mercancías y la adjudicación de precios, así como la libre
intervención de las empresas privadas, son parte de una economía neoliberal
aplicada a la naturaleza.
Esto tiene un impacto directo sobre los
territorios y los derechos colectivos de los pueblos pues se estaría
restringiendo el uso que tradicionalmente le han dado y estarían cediendo estos
derechos a un tercero.
Subastas de pago de servicios ambientales.
En este caso, se establece un precio inicial por un servicio ambiental, a partir
del cual se lo subasta. Los promotores de este modelo dicen que la ventaja es
que se deja a la libre competencia el precio del servicio y no como sucede
cuando hay negociaciones bilaterales o cuando son hechas a través del Estado.
El compromiso de los Estados en este instrumento
sería:
* Normar las licitaciones.
* Establecer hasta qué punto se puede compartir
información sobre el servicio ambiental a ser rematado.
*Cómo se involucrarán los licitadores.
En este modelo, el Estado puede ser también uno
de los compradores. Con esta modalidad meramente neoliberal se estaría creando
una competencia entre los dueños de la tierra —quienes pueden pedir menos y
ofrecer un mejor servicio ambiental—, devaluando la naturaleza, y tácitamente
poniendo su labor de cuidadores de la naturaleza como un componente más del
mercado.
Así se “pone de manifiesto el verdadero costo de
oportunidad” con lo que los promotores de este mecanismo creen que se puede
conseguir los objetivos de la conservación al menor precio.
De igual manera, en la práctica hay una pérdida
real de territorio por parte de sus usuarios originales, cuya titularidad sobre
los “servicios ambientales” que “ofrecen” sus territorios pasaría a ser de las
empresas, gobiernos locales o especuladores financieros que ganaron en la
subasta, todo regulado por las fuerzas del libre mercado.
Licencias o permisos transferibles o
negociables.
Mejor conocido por su denominación en inglés “cap-and-trade”, el
mecanismo de “tope y trueque” ha sido aplicado al mercado de dióxido de azufre
en Estados Unidos y al de carbono a nivel global. Ahora se lo quiere aplicar a
la conservación de la biodiversidad.
Lo que se hace es crear artificialmente un
mercado para reducir el costo de imposición del límite al desarrollo de una obra
de infraestructura, un proyecto de explotación minera, petrolera, etcétera.
Al igual que el “cap and trade” aplicado al
mercado de carbono, que permite comprar y vender permisos de contaminación
atmosférica, el “cap and trade” aplicado a la biodiversidad permite intercambiar
o comerciar con derechos de explotación transferibles.
El tope lo designa el Estado, a través de una
previa asignación de permisos, lo que significa de hecho una apropiación y
privatización de tierras o recursos públicos o comunitarios.
Los proponentes de estos modelos consideran que
no todo puede dejarse al mercado y que el Estado debe tomar un rol activo:
* Creando mercados.
* Apoyando y promoviendo el mercado.
* Estableciendo políticas públicas para
consolidar que funcione el modelo.
* Regulando a los inversionistas independientes.
Compensación por pérdida de biodiversidad.
Propone que si se reduce la biodiversidad por una obra de desarrollo (por
ejemplo una carretera, actividades mineras o petroleras o de otra índole), se
puede compensar esta pérdida con acciones llevadas a cabo en otro lugar o en
otro momento. Por ejemplo conservando o rehabilitando un lugar degradado). Estos
esquemas permitirían además juntar los “créditos por conservación” con los
esquemas de secuestro de carbono, redondeándose el negocio.
Son sistemas de “intercambio de recurso por
recurso”, sin mayores miramientos, en los que la destrucción o disminución de un
recurso necesita ser compensada por una alternativa “equivalente”. Un ejemplo es
el de los bancos de humedales, bancos de ecosistemas, o bancos de especies.
Este sistema se emplea cuando no se acepta alguna
pérdida neta de un recurso, especie o hábitat natural, la misma que puede ser
compensada a través de la restauración de lugares alternativos y “equivalentes”
al que ha sufrido el daño o que implica de-saparición o deterioro.
La compensación por la pérdida de biodiversidad
puede ser de dos tipos:
* Bancos de conservación.
* Derechos de desarrollo transables.
Según sus creadores, a través de este instrumento
se puede conseguir los objetivos de la conservación de la biodiversidad a
precios más bajos. Lo que se comercializa son derechos por unidades de
desarrollo que se pueden dañar a cambio de otra unidad donde se lleva a cabo
actividades de conservación o de rehabilitación de la biodiversidad.
En este mecanismo no se necesita una jerarquía de
mitigación ambiental, sino una garantía de la cantidad del emprendimiento
(densidad de la infraestructura que se quiere desarrollar). Los “derechos de
desarrollo transable” se basan en un límite al área total de desarrollo que
puede ser permitida en un área identificada por su valor de conservación.
Por ejemplo, tenemos un área que va a ser
intervenida por un proyecto de desarrollo A y un área que servirá para compensar
la pérdida de biodiversidad B. El dueño de la locación B renuncia a desarrollar
su predio y vende al dueño de la locación A sus derechos, para compensar la
responsabilidad por exceder el tope de desarrollo impuesto por el Estado.
Un funcionario de la empresa Río Tinto dice sobre
estos mecanismos:
Buscamos tener un “impacto positivo neto” en la
biodiversidad. Nuestro objetivo es minimizar los impactos de nuestro negocio y
contribuir a la conservación de la biodiversidad para asegurar que nuestra
presencia beneficie a la región. Una operación consigue un “impacto positivo
neto” si la pérdida de áreas con valor de biodiversidad es menor que las áreas
restauradas o compensadas durante un periodo de tiempo. (citado en Ecometrica,
s/f)
Las áreas de desarrollo y de compensación se
miden con imágenes de satélite. Se mide hasta qué grado un área es prístina, y
si es necesario, se puede hacer una evaluación ecológica.
Una forma de evaluar cuán prístina es un área, es
usar una escala normativa. En la siguiente tabla se presenta un ejemplo del
bioma amazónico.
¿Qué pasa con las comunidades que viven en este
lugar? ¿Dónde entra en este esquema una mina a cielo abierto, o un estación
petrolera ubicada en medio de la Amazonía?
Bancos de Conservación.
Es un mecanismo netamente especulativo de conservación de la biodiversidad.
Existen entidades o empresas especializadas que
crean o restauran áreas naturales que contienen “bienes naturales” perfectamente
identificados, asumiendo la responsabilidad de su mantenimiento en un buen
estado de conservación a largo plazo.
A cambio, reciben “créditos” que les son
otorgados por agencias reguladoras reconocidas. Estos “créditos” se pueden
entonces vender a promotores que deban compensar la afectación derivada de
proyectos de desarrollo, a otras áreas naturales ecológicamente “equivalentes”.
Es una especie de mercado de futuros para créditos de conservación.
Los primeros bancos de reservas de activos
negociables las estableció en Estados Unidos en 1983 el Servicio de Pesca y Vida
Silvestre para compensar los impactos de los proyectos del Departamento del
Transporte.
Dado que hay un grupo de empresas y especuladores
establecidos que van a lucrar de los bancos de biodiversidad, en realidad estos
instrumentos no detienen la destrucción de la biodiversidad, sino que al
contrario, promueven su destrucción.
El rol del Estado.
Como hemos visto, a pesar de que la propuesta central en la que se basan estos
mecanismos es que sea el mercado el brazo invisible a través del cual se
implementan proyectos de conservación, le asignan al Estado algunos compromisos,
roles y responsabilidades:
* Crear los mercados de conservación de la
biodiversidad.
* Definir los derechos que se adquieren con estos
nuevos modelos (que son independientes de los derechos relacionados con la
propiedad de la tierra o de su arrendamiento). Éste es un aspecto fundamental
para crear flujos financieros.
* Establecer límites al área que va a
desarrollarse.
* Establecer límites al comprador de los derechos
que se generan a partir de estos mecanismos de mercado.
Conclusiones.
Estos mecanismos han sido ya aplicados en el mercado de carbono (ampliamente
criticados por la comunidad internacional), donde lo que se mercantiliza es un
solo producto: el carbono, aunque se crean “equivalencias” con otros gases con
efecto de invernadero. El tratar de aplicar los mismos mecanismos a la
biodiversidad es igual de absurdo pero mucho más complejo, porque la
biodiversidad incluye una gran cantidad de aspectos que van desde los genes
hasta los ecosistemas, y en definitiva significa la vida misma.
Con el afán de tabular crematísticamente a la
biodiversidad se usan criterios tales como el número de especies en peligro que
hay en un área (por ejemplo si están en la lista roja de la UICN de los
organismos en peligro de extinción), o si el área es prístina. De esa manera, se
le asigna un valor monetario a la biodiversidad que va a ser compensada,
transada, transferida o subastada en el mercado de créditos de conservación.
Entre los aspectos más
importantes que hay que tener en cuenta cuando se hace una crítica a estas
propuestas es que limitan la biodiversidad a una lista (muy pequeña por
cierto) de especies paradigmáticas o en peligro, y que un hábitat es
importante porque es prístino. También se ignora que existe una profunda
interacción entre las comunidades humanas y la naturaleza que podría ser
llamada biodiversidad, pero si recogemos la contribución hecha por las
sociedades andinas, podemos llamarla Pachamama; y que la destrucción de una
porción de esta Pachamama no se soluciona conservando una porción en algún
otro lugar (remoto o no), pues hay muchas cosas más profundas implicadas,
como es la sobrevivencia espiritual y material de una sociedad.
Referencias
Ecométrica s/f Normative Biodiversity Metric.
A tool for assessing organisational biodiversity
performance. Presentación Power Point.
Europac España. 2010.
Mecanismos financieros innovadores para la
conservación de la biodiversidad.
Vant, Arild. et. al., “Can markets protect
biodiversity? An evaluation of different financial mechanisms”.
Noragric Report 60. Noruega. Junio
2011
Fuente: http://www.grain.org/es/article/entries/4490-una-critica-a-las-propuestas-de-conservacion-de-la-biodiversidad-a-traves-de-mecanismos-de-mercado
Fuente:
http://www.grain.
2.
El debate de los servicios ambientales y Río+20
Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
| 26 abril 2012 | Revista “Biodiversidad, sustento y culturas” Nº 72
(abril 2012)
Recientemente, oímos hablar mucho más de los servicios
ambientales, sobre todo en relación a las charlas preparatorias de la ONU y los
gobiernos para la Cumbre de Río+20, prevista para junio de este año. Para
entenderlo, tenemos que hablar sobre la idea central que será tratada en esta
conferencia: la “economía verde”.
En las noticias sobre Río+20, aparece con frecuencia la
expresión “economía verde”. Suena bien, pero es importante entender que se trata
de una propuesta que surge en el contexto de una economía profundamente
capitalista. Como las principales economías capitalistas están enfrentando una
crisis financiero-económica muy grande, sobre todo en los últimos años, buscan
salir de la crisis y encontrar alternativas para que sus empresas puedan
nuevamente acumular capital y obtener más ganancias a partir de actividades
productivas y también especulativas, o sea, conseguir lucro “sin hacer nada”.
La ONU, a través del Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente (PNUMA), de 2008, está jugando un rol central con su iniciativa
“Economía Verde”, que incluye el estudio “La Economía de los Ecosistemas y la
Biodiversidad” (The Economics of Ecosystems and Biodiversity-TEEB). El informe
de la iniciativa fue publicado en 2011 con el título “Hacia una Economía Verde”.
A partir de esa iniciativa surgió la idea de un “Nuevo Acuerdo Verde”, adoptado
por EUA y otros países. Promete un escenario donde “ambas partes ganan”, porque
se enfrentaría la crisis financiera/económica y climática con el
redireccionamiento de las inversiones para lo que podemos llamar “capital
natural”, además de invertir en nuevas tecnologías supuestamente limpias como el
uso de la biomasa, y el “mercado de carbono”.
En esa perspectiva, los servicios ambientales y su
“comercialización” se tornaron algo muy central, un verdadero pilar de la
“economía verde”. El resultado será, según Silvia Ribeiro del Grupo ETC que
monitorea e investiga este proceso, una “mayor mercantilización y privatización
de la naturaleza y de los ecosistemas, integrando sus funciones (definidas como
“servicios”) a los mercados financieros”.
¿Por qué decir no al comercio de servicios ambientales?
Los defensores de la idea del comercio de servicios ambientales afirman que es
una excelente alternativa para los pueblos del bosque porque lo dejaría “de pie”
y lo preservaría. Pero hay una serie de argumentos para decir no a los servicios
ambientales y al comercio de servicios ambientales:
*El comercio de servicios ambientales no pretende modificar
el modelo actual de producción y consumo, que está en la base de la crisis
ambiental, incluso de la destrucción gradual de los bosques del mundo. Este
modelo que beneficia a una minoría de la humanidad ocurre a expensas de
innumerables injusticias sociales y ambientales. Para cambiar este modelo es
urgente iniciar la transición hacia otras formas de producción y consumo, con
justicia social y ambiental. Es urgente, como la red Oilwatch (Observatorio del
Petróleo) viene defendiendo mundialmente, dejar el petróleo y el gas en el
subsuelo.
*La mercantilización y la financierización de la naturaleza a
través del comercio de servicios ambientales exige un control del territorio,
una privatización, para que el “dueño” e incluso el comprador del “servicio”
puedan controlar lo que se está “comercializando”, con la garantía de que el
“servicio ambiental” sea entregado según estipula el contrato. En la práctica,
esto va en contra de las luchas por el reconocimiento y garantía de los derechos
territoriales de los pueblos del bosque y/o de otros ecosistemas. Porque un
contrato de servicios ambientales estipula, en todos los casos, que haya un
“dueño” del área, o sea, muchas comunidades con derechos no regulados sobre su
territorio sufrirán aún más presión para dejar sus tierras o serán expulsadas. Y
aunque consiguieran quedarse y ser beneficiadas de alguna forma, el “comprador”
del servicio ambiental tendrá el derecho a acceder al área para las debidas
inspecciones y monitoreos para verificar si el servicio en cuestión se está
preservando y manteniendo debidamente, violando así el derecho de las
comunidades sobre sus territorios e inclusive el derecho a mantener su modo de
vida.
*A pesar del discurso de las ONG conservacionistas de que los
pueblos del bosque se beneficiarían del comercio de servicios ambientales, en la
práctica poco se beneficiarán. Por el contrario, la tendencia es que haya
empobrecimiento y expulsión de los pueblos de sus territorios. La experiencia de
uno de los países internacionalmente conocido por su esquema de PSA, Costa Rica,
muestra, según Amigos de la Tierra, que no se ha reducido la pobreza en las
zonas rurales y que ha consumido el 25% del presupuesto del ministerio del Medio
Ambiente. Además, la reducción de la tala constatada en el país se debe mucho
más a la reducción de la rentabilidad de la cría de ganado que al programa PSA.
*Los saberes tradicionales no pueden tratarse como servicios
ambientales y ser comercializados.
*El “servicio ambiental” de bosques más “comercializado”
hasta el momento es el carbono. La experiencia con este servicio ambiental a
través del “mercado de carbono” muestra que se trata de una solución falsa a la
crisis climática, y que, por si fuera poco, causa la violación de derechos de
pueblos indígenas y no indígenas, tanto en el Sur como en el entorno de las
empresas contaminadoras en el Norte.
*La expansión y la adopción global del pago y comercio de
servicios ambientales profundiza el proceso de mercantilización y
financierización de la naturaleza.
*El PSA, con un discurso de preservación, tiende a
profundizar la explotación de las riquezas naturales y la consecuente
degradación ambiental, que sería “compensada” con la generación de servicios
ambientales comerciables en el área preservada. Y aunque parezca increíble,
cuanto más escaso es el “servicio ambiental”, mayor tiende a ser el precio y el
lucro.
*La financierización de la naturaleza que permite “vender” y
lucrar con “activos” y “certificados” de servicios ambientales es ilegal e
inmoral porque se basa en la idea inventada de que la naturaleza estaría
“prestando servicios ambientales”. Lo que no se inventa es la importancia del
bosque para innumerables pueblos, por ejemplo, la diversidad de animales, de
plantas, el agua, la regulación del clima, la fertilidad del suelo para plantar
alimentos, etcétera. Es imposible asignarle un precio a la importancia que esto
tiene.
*El hecho de medir, monitorear y asignar un precio a los
servicios ambientales y hacer las transacciones comerciales resultantes
involucra un conocimiento específico, y la tendencia es que los bancos, las
empresas y las corporaciones privadas se apoderen y lucren con el comercio de
servicios ambientales, sin que las comunidades tengan conocimiento de los
contratos y los negocios. Un gran incentivo para esos grupos es que, debido a la
crisis económico-financiera, ya se buscan nuevas formas de obtener lucros,
preferiblemente, “sin hacer nada”.
*La lógica y el funcionamiento de los servicios ambientales
fueron pensados por científicos provenientes de la cultura occidental, que
continúan fragmentando y separando al ser humano de la naturaleza, en relación a
los beneficios de esos “servicios” sobre todo para la vida humana. Sin embargo,
los pueblos del bosque tienen visiones y experiencias de convivencia e
integración con la naturaleza que garantizan el bienestar de ambos, muy
diferentes; así surgen otras visiones sobre la naturaleza, como el “buen vivir”,
los derechos de la Madre Naturaleza, su no-mercantilización y no-financierización.
Al ponerles un precio como forma de valorizar los servicios ambientales, son
descartadas otras formas, otros lenguajes, principalmente de los pueblos del
bosque, de valorar y conservar la naturaleza.
*El comercio de servicios ambientales tiende a ser un
estímulo más para la expansión de las plantaciones de monocultivos de árboles,
consideradas “bosques plantados” por la FAO y otras instituciones
internacionales y gobiernos nacionales (...)
continúa en recuadro
Este texto, editado por
Biodiversidad, reúne los tres fragmentos finales del documento del
Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM),
Servicios ambientales y su propuesta de
mercantilización y financierización de la naturaleza: Bosques, monocultivos de
árboles y “economía verde”. La versión completa puede consultarse en
el Boletín mensual del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM),
número 175, febrero 2012
http://www.wrm.org.uy
Fuente:
http://www.grain.org/es/article/entries/4492-por-que-negarnos-a-los-servicios-ambientales-y-que-podemos-hacer
En
consecuencia, como advierte el
Boletín mensual del
Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM),
número 175, febrero 2012 en
¿Caminos a seguir?
El capital especulativo y los actores interesados como bancos, consultores,
grandes empresas, fondos de inversión, así como otros actores aliados como ONG
y, frecuentemente, nuestros propios gobiernos, pretenden apoderarse de los
territorios de los pueblos con el comercio de servicios ambientales para
“vender” y lucrar. Así, la lucha por los derechos de los pueblos de los bosques
que dependen de ellos tiende a tornarse más compleja y difícil.
¿Cómo continuar esa lucha? A
continuación, algunas posibles orientaciones:
a. Muchas comunidades que viven en bosques, sean campesinas,
tradicionales o indígenas, comparten la preocupación sobre cómo conservar esas
áreas, principalmente cuando las mismas se tornan más escasas y la necesidad por
tierras aumenta. Muchas veces, exigen, en una demanda justa, el apoyo del Estado
para garantizar su conservación. Las informaciones recogidas en este artículo
alertan a que las comunidades, en vez de entrar en esquemas como el pago por
servicios ambientales y el comercio de tales “servicios”, reúnan todas las
informaciones sobre qué es y qué representa la idea de servicios ambientales y
su comercio, promoviendo debates con toda la comunidad. El presente texto tiene
exactamente la finalidad de alimentar esos debates.
Si los gobiernos gastan recursos públicos para ayudar a
grandes empresas y bancos, el mismo dinero puede ser aplicado también en
políticas públicas para ayudar a las comunidades que buscan conservar y
recuperar sus áreas forestales, sin necesidad de transformar esas acciones en
mecanismos perversos como el comercio de servicios ambientales, lo que
profundiza el proceso de mercantilización y financierización de la naturaleza.
b. Una característica común del comercio de servicios
ambientales y del “mercado de carbono” es su falta de transparencia. Es de suma
importancia exigir, en su país, informaciones a las autoridades, a los
parlamentarios, sobre la reglamentación ya aprobada y la que está siendo
discutida sobre este tipo de actividad. En países donde la legislación sobre el
comercio de servicios ambientales está elaborándose rápidamente, como en Brasil,
hay claras contradicciones con la Constitución del país, por ejemplo, cuando los
proyectos de ley proponen la privatización de algo fundamental y de libre acceso
para toda la población. Por ejemplo, en el estado de Acre, entidades de la
sociedad civil están pidiendo al Ministerio Público Federal que inicie una
acción de inconstitucionalidad contra la Ley Estadual 2.308/2010 que instituye
el Sistema de Incentivos al Servicio Ambiental del Estado.
c.
La agricultura campesina en casi todos los países del Sur sufre la falta de
apoyo, de políticas públicas, para mantenerse y fortalecerse. Ese tipo de
agricultura, practicada incluso en áreas de bosques sin que haya sido una
amenaza a la continuidad del bosque, ha posibilitado una convivencia y una
interacción con el mismo. La idea del comercio de servicios ambientales descarta
esa convivencia. Más apoyo en forma de políticas públicas para ese tipo de
agricultura fortalecería la seguridad y la soberanía alimentaria de esas
poblaciones y de las regiones en las que están viviendo. Además, la agricultura
campesina ya contribuye, como la Vía Campesina ha divulgado, con el
“enfriamiento” del planeta. Los Estados, en vez de conceder apoyo a las
comunidades
campesinas, a menudo financian y facilitan la introducción del comercio de
servicios ambientales. Significa gastar dinero público y, a veces, asumir nuevas
deudas financieras con instituciones internacionales como el Banco Mundial,
cuando éstas ofrecen “incentivos” para ese nuevo tipo de “comercio”. La carga
nuevamente es para el pueblo.
d.
La mercantilización y la financierización de la naturaleza
señalan la importancia de construir alianzas más amplias entre quienes combaten
el sistema financiero internacional, quienes luchan contra la privatización de
la naturaleza, y quienes luchan diariamente por sus territorios y ecosistemas.
e.
Una alianza amplia y fuerte, contraria a la “economía verde”,
está siendo propuesta a través de la convocatoria camino a Río+20. Busca
concretar una agenda en conjunto con organizaciones y redes no gubernamentales y
movimientos sociales, incluyendo acciones de solidaridad a comunidades
impactadas por empresas que se apoderan de sus territorios y los degradan, como
es el caso de la CSA en Río de Janeiro, de propiedad de las multinacionales Vale
y Thyssenkrup, o contaminan el mar y afectan a pescadores como la petrolera
Petrobras. La agenda conjunta prevé también la realización de la Asamblea de los
Pueblos Afectados por proyectos privatizadores y degradantes en la víspera de
Río+20.
f.
Es necesario continuar con más fuerza la lucha para que las
comunidades que conservan los bosques tropicales y dependen de ellos puedan
tener el derecho y el control sobre esos espacios. Significa luchar por el
reconocimiento de los derechos de esos pueblos sobre sus territorios —algo aún
inexistente o insuficientemente garantizado en muchos países de Latinoamérica,
África y Asia. En países donde ya hubo muchos avances como en Brasil, la
tendencia es de retroceso en los derechos indígenas y en los derechos de otros
pueblos tradicionales, mientras crecen sin cesar los esfuerzos para crear un
“mercado global en servicios ambientales”.
g.
Precisamos continuar la resistencia y la denuncia del capital
financiero y sus actividades especulativas. A pesar de la crisis que afecta
principalmente a las mayores economías del mundo, casi todos los países y
sobretodo sus gobiernos continúan defendiendo el sistema e involucrados en él.
Sin embargo, aumentan, en todo el mundo, las críticas y las movilizaciones que
claman por cambios profundos especialmente en relación a la financierización
cada vez mayor de la economía, y también de la naturaleza, con una creciente ola
de privatización de todo lo que aún es público. Por eso, es necesario continuar
luchando contra la expansión de esa lógica del capital especulativo para que no
se apodere de áreas fundamentales para el futuro de la humanidad, incluso los
bosques tropicales.
Corresponde que todos denunciemos
cada vez más las perversidades y contradicciones de esa lógica y sus impactos
concretos en los territorios.
Precisamos apoyar y fortalecer la
resistencia de los pueblos para que, en primer lugar, les sea asegurado el
derecho sobre sus territorios y para que se revierta el proceso de privatización
de la naturaleza, también en el futuro, garantizando el libre acceso a las
poblaciones que siempre la cuidaron e hicieron usufructo de ella.
Como dijo una habitante de la comunidad de Katobo, en el
bosque localizado al este de la República Democrática del Congo, territorio de
Walikali, al expresar el significado del bosque para su comunidad: “Somos
felices con nuestro bosque. En el bosque recogemos leña, cultivamos alimentos y
comemos. El bosque nos da todo, legumbres, todo tipo de animales y eso nos
permite vivir bien. Es por eso que somos muy felices con nuestro bosque, porque
nos permite conseguir todo lo que necesitamos. Y nosotras, las mujeres,
precisamos especialmente del bosque, porque es allí donde encontramos todo lo
que es necesario para alimentar a nuestras familias. Cuando oímos que el bosque
podría estar en peligro nos preocupamos, porque nunca podríamos vivir fuera de
éste. Y si alguien nos dijera que tenemos que abandonar el bosque sentiríamos
mucha rabia, porque no nos podemos imaginar una vida que no sea dentro de un
bosque o cercana a éste. Cuando plantamos alimentos, tenemos comida, tenemos
agricultura y también caza; las mujeres sacan cangrejos y peces de los ríos.
Tenemos diversos tipos de legumbres, y también plantas comestibles del bosque, y
frutas, todas las cosas que comemos, que nos dan fuerza y energía, proteínas y
todo lo que precisamos”. Y eso no tiene precio.
La explotación de
hidrocarburos no convencionales es la causa principal de la recuperación parcial
de YPF. Otra devastación y expulsión de poblaciones. Reflexionemos:
El Fracking, un
atentado contra el territorio y la soberanía alimentaria
Por Leire Urkidi, Zuriñe
M.Baztan, Mikel Otero, Eider Fdez. de Pinedo
(..)Consecuencias
en el territorio
La extracción de gas de roca a partir del fracking implica una muy
importante ocupación del territorio, en detrimento de otros usos. Para extraer
la cantidad de gas de la que nos han hablado en la CAPV, y teniendo en cuenta la
productividad media de las cuencas gasíferas de EE.UU., sería necesario
construir más de 2.000 pozos, ocupando cada uno de ellos una media de 1 a 2
hectáreas, más todos los caminos de acceso y otras infraestructuras
(gaseoductos, ocupación subterránea por las ramificaciones, etc.).
No
estamos hablando de yacimientos muy ricos en hidrocarburos. Estamos hablando de
pozos con una vida útil muy corta por estar extrayendo desde formaciones con
bajas concentraciones de gas. A medida que disminuye la concentración de gas,
como de cualquier otro recurso natural, la cantidad de impactos ambientales (y
el coste energético, hay que “invertir” mucha energía para extraer el gas) por
unidad extraída aumenta exponencialmente. En este caso, se trata de una
expansión de pozos, instalaciones y caminos que competirá con otros usos como
los cultivos, los pastos o los ecosistemas silvestres.
La
extracción de gas natural también incide en el medio ambiente atmosférico por el
metano (con un efecto invernadero 21 veces mayor que el del CO2) emitido en
escapes, venteo, o desde las balsas de acumulación del agua empleada; por las
emisiones de CO2 debido al intenso tráfico rodado para el transporte y a la
combustión de gases residuales; por la evaporación de tóxicos volátiles; o por
la incidencia en la formación de smog, entre otros.
Otra
de las implicaciones a tener en cuenta tiene que ver con el riesgo sísmico
derivado de las fracturas provocadas en el subsuelo. En EE.UU., se ha
relacionado el fracking con numerosos terremotos de baja y media
intensidad. En Ohio, se han clausurado 6 pozos tras los terremotos de nivel 4 de
la escala Richter de la nochevieja de 2011. No queremos ni imaginar terremotos
similares en Araba: la central nuclear de Garoña, gemela de los reactores de
Fukushima, se encuentra a tan solo 49 Km. de Vitoria-Gasteiz (además, también en
la provincia de Burgos se pretende aplicar el fracking).
Unamos a esto, el incesante trasiego de camiones para transportar el gas y los
accidentes que, por simple probabilidad, se han de producir.
Contaminación del agua
Por otro lado, uno de los mayores daños ecológicos del fracking es la
afección a la calidad y cantidad de las aguas. El consumo hídrico para realizar
la fracturación es muy alto: por ejemplo, en el pozo Enara 1 en Araba se
utilizarán 35.000 m3 para la fase de fracturación, la cual durará 30 días, y
otros 3.500 m3 para la fase de perforación que durará 90 días.
Además, se supone que el gas
liberado asciende “ordenadamente” desde su estrato de origen hasta la superficie
por el pozo. Pero el desconocimiento del subsuelo es muy grande y más el
funcionamiento a tanta profundidad. Es probable que las fracturas afecten a
otras capas rocosas, que en algunos casos pueden estar en contacto con acuíferos
o flujos de agua subterránea. Las rocas también tienen determinadas
discontinuidades de manera natural (fallas, fisuras, diaclasas) y en Araba
existen, además, decenas de antiguos sondeos que pueden interconectar los
estratos. Es, por tanto, probable que el gas metano se filtre por otras fisuras,
llegue a las bolsas de agua o a superficie. Son realmente impactantes las
imágenes de EE.UU., donde más extendida está la técnica del fracking en
la actualidad, que muestran grifos de domicilios particulares que, literalmente,
prenden al acercarles una llama, por el gas que contiene el agua(…)".
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=148096
Por
eso, es hora de:
Des-desarrollo: radical propuesta desde el Sur
Convocadas a una primera reunión de trabajo para discutir sobre
agrocombustibles, las organizaciones reunidas en Ecuador, del 27 de junio al 1
de julio de 2007, elaboraron un amplio documento
—La geopolítica de los agrocombustibles—como
posición del Sur Global sobre soberanía alimentaria, soberanía energética y la
transición a una sociedad postpetrolera. Presentamos aquí la parte final de su
documento: “un manifiesto por el des-desarrollo: el camino que proponemos desde
el sur”.
El
ocaso de la civilización petrolera y la reproducción del capitalismo.
La reproducción del estado actual de la civilización occidental depredadora,
cuya forma es el neoliberalismo globalizado, tiene como base material el
petróleo.
Todas
las fuerzas motrices detrás de la producción, circulación y comercialización
global de mercancías dependen de los hidrocarburos: la industria
hidrocarburífera en sí misma, la industria agroalimentaria, las compañías
farmacéuticas, de fibras textiles, las industrias involucradas en la producción
de detergentes, cosméticos, explosivos, celuloide, plásticos en general,
materiales de construcción, embalajes, electrodomésticos, etcétera. De la misma
forma, el transporte global de personas y materiales, la movilidad y velocidad
con la cual los trabajadores y los productos se mueven y son intercambiados
alrededor del globo, dependen también de los combustibles fósiles, ya sea por la
dependencia que se ha creado en torno al automóvil, por la manera como se han
diseñado, construido y expandido las megalópolis, o por la forma de ocupación
del espacio urbano y otros territorios.
La
demanda de energía y materias primas para suprimir y mantener el patrón de vida
de las sociedades del Norte, traducida cotidianamente en alimentación,
vestuario, vivienda y movilidad es la que da carne y cuerpo al ideal universal
de estilo de vida, bienestar y “progreso” promovidos agresivamente mediante la
globalización como un patrón universal para la humanidad.
En el
actual paradigma de “crecimiento” orientado hacia la integración del mercado y
el comercio global, los agrocombustibles son impulsados como sustitutos
paulatinos del petróleo para mantener patrones ambientalmente insustentables de
producción y consumo del Norte. Frente a eso, entendemos que el estilo de vida
promovido por el Norte y las élites del Sur y que alcanza su máxima expresión en
el llamado american way of life
es lo que debe ser transformado. Estados Unidos y Europa Occidental son los
principales consumidores de energía, y a ellos se suman hoy China y las élites
minoritarias del Sur.
China, la gran fábrica del mundo, reproduce el modelo de producción y consumo
creado por el Norte, al tiempo que abastece al mercado mundial,
sobretodo del Norte, con todo lo que éste consume. Entendemos que el modelo de
crecimiento chino no es un modelo para el Sur.
La
materialidad de todo lo que hace parte de la vida cotidiana de los países
“desarrollados”, promocionada al mundo como modelo universal de bienestar,
calidad de vida y progreso humano, depende enteramente de una demanda energética
y ecológica irracional, construida históricamente mediante el saqueo continuo de
la naturaleza y los pueblos del Sur. Para el Sur este modelo “petrolero”
permitió perpetuar el intercambio desigual, la dependencia tecnológica, el
endeudamiento, el empobrecimiento de los pueblos, el despojo de sus territorio y
la desacralización de sus lugares sagrados. Hemos experimentado, desde el Sur,
que el patrón de vida que disfruta la minoría del planeta, se mantiene con la
explotación de la naturaleza y el trabajo humano, para alimentar los flujos de
mercancías y servicios que históricamente han causado los cambios climáticos, el
calentamiento global y la dominación colonial del Norte sobre el Sur.
En
síntesis: el impulso prioritario de los agrocombustibles como sustitutos
paulatinos del petróleo, es mantener la circulación global de mercancías y la
demanda ambientalmente insustentable de energía y materias primas para promover
como ideal universal el patrón de vida de las sociedades del Norte, en su lógica
histórica de dependencia y explotación colonial sobre los ecosistemas y pueblos
del Sur.
Nuestra respuesta a la falacia del balance energético positivo de los
agrocombustibles verifica la devastación ecológica y social generada por la
Revolución Verde (petrodependiente) y con los efectos de la agricultura
industrial, que resulta en la pérdida de 75% de la biodiversidad a lo largo del
último siglo, según la fao; además de haber promocionado la desarticulación de
las agriculturas y mercados locales para imponer el sistema agroalimentario
mundial a través de las corporaciones que controlan la cadena productiva con la
mayor concentración de poder en el mundo —los agronegocios.
Entendemos que la única forma de superar la crisis climática y energética que
amenaza definitivamente la continuidad de toda la vida en el planeta es la
superación del capitalismo. La
transición hacia una sociedad postpetrolera y un nuevo sentido del “desarrollo”,
en la construcción de una vía de superación del capitalismo, será sobre bases
ecológicas o no podrá ser.
La
cuestión energética y la producción de alimentos son los ejes concretos e
indivisibles de resistencia y de construcción de otro proyecto de sociedad, y de
nuevas relaciones de intercambio entre los pueblos de la humanidad, y de éstos
con la naturaleza, y así subvertir de facto
la lógica colonial y de subordinación.
Acordamos que la lógica política de la nueva sociedad global en esta ruta de
transición —y la estrategia de autonomía de los pueblos sobre sus territorios—
deberá orientarse a partir de la premisa central de garantizar la
soberanía energética en acuerdo y complementariedad con la
defensa radical de la soberanía alimentaria.
Por
tanto, el único debate consecuente sobre agrocombustibles debe enmarcarse en un
nuevo paradigma de des-desarrollo que incluya una transformación estructural
radical de toda la economía y de nuestro estilo de vida, y el desmantelamiento
del macrosistema energético que sustenta y garantiza el poder global.
Son
ejes del des-desarrollo:
▪des-urbanizar,
para restituir la existencia de la población a escala humana, supliendo las
necesidades en el mercado local y con fuentes de energía locales.
•
des-globalizar el
comercio y el transporte de mercancías, sobre todo agrícolas y alimentarias,
para atacar la principal fuente de consumo de combustibles líquidos: los
camiones refrigerados que transportan toda la cadena de carnes y lácteos, los
aviones que transportan flores y frutas tropicales; los gigantescos navíos
cerealeros movidos a diésel para llevar soja a Europa y a China, etcétera, que
generan un flagrante balance energético negativo, y que sostienen el discurso
ilusorio del “crecimiento”.
•
des-tecnologizar la
producción de alimentos, a partir de tomar los sistemas productivos como
agroecosistemas donde la biodiversidad y la nutrición adecuada de los suelos
reemplacen a las tecnologías puntuales y contaminantes derivadas del petróleo.
•
des-petrolizar la
economía; la mejor política contra el cambio climático es la eliminación de los
combustibles fósiles, dejando el petróleo y el gas en el subsuelo. Eso no debe
confundirse con soluciones ficticias como “descarbonizar la economía” o sea,
promocionar el mercado de carbono, los mecanismos de desarrollo limpio y la
implementación conjunta que perpetúan el modelo petrolero destructivo, bajo la
lógica del mercado.
•
des-centralizar la
generación y la distribución de energía, mediante tecnologías que no recreen la
dependencia, y que garanticen el abastecimiento según las necesidades de la
población local, lo que se diferencia de promover la privatización de la
energía, o las fuentes “alternativas” bajo el argumento de “proveer acceso de
energía para los pobres”. En otras palabras: recuperar y defender el principio
de la energía como un servicio y no un negocio y una mercancía ofrecida en el
mercado. En esta línea de argumentación debe construirse la soberanía
energética.
Se trata
de abrir esta agenda de debate en el seno de los sectores de “izquierda” en
nuestras distintas regiones del globo, replanteando en términos radicales el
entendido de
una propuesta de enfrentamiento y
superación del capitalismo
en acuerdo con las contradicciones de la acumulación, en este momento histórico.
Por
el rol estratégico de la región latinoamericana en la promoción e instalación
del modelo global de agroenergía, y en vista a la Conferencia Internacional de
Biocombustibles, auspiciada por la onu, a ser realizada en Brasil en julio de
2008, reafirmamos nuestra tarea de cuestionar entre los gobiernos promotores del
Socialismo del Siglo xxi cuál
será el modelo energético que sustentará esta propuesta, sin aceptar
cooptaciones nacionales en el modelo propuesto por el capital.
Para
que esta visión sea el fundamento de un programa político de la era
postpetrolera, los abajo firmantes nos comprometemos a replantear nuestros
posicionamientos —sin concesiones— como lo impone la radicalidad de la crisis
ecológica y energética actual.
Fuente: http://www.grain.org/es/article/entries/1156-ataques-politicas-resistencia-relatos