|
Otro País-Mundo
Febrero 2010
|
La ocupación territorial con agronegocios, megaminería e IIRSA nos convoca a solidarizarnos con…
Porque el saqueo del territorio no es progreso ni modernidad. La desaparición forzada de campesinos e indígenas atenta contra las alternativas populares al capitalismo; las organizaciones de ambos proponen, respectivamente, la soberanía alimentaria y el buen vivir.
Afiche: Red Latina sin fronteras (Jujuy) |
Otro país-mundo
exige
«La reforma agraria integral»
Porque es tiempo de recuperación de los ««territorios» para desarrollar el buen vivir de todos los de abajo, la «soberanía alimentaria» y las soberanías energética e hídrica. Ya que:
Apostar a la extracción de recursos sólo
afianza la pobreza y el yugo imperialista.
Héctor Rojo Letón (Diagonal) entrevista a Alberto Acosta, ex ministro de Energía y Minas en el gobierno de Rafael Correa. Economista, ex ministro de Energía y presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Alberto Acosta se alejó del Gobierno con críticas a diferentes puntos de la política de Rafael Correa.
-Ecuador posee importantes recursos naturales, pero ni el Gobierno de Rafael Correa ha sabido rentabilizarlos de forma muy diferente a gobiernos anteriores...
-La fórmula que se ha aplicado desde hace muchos años, sustentada en la explotación de los recursos naturales con miras a financiar la economía y conseguir el desarrollo, no ha dado los resultados esperados. Éste es el punto de partida de diferentes países pobres, pero ricos en recursos naturales. Si repasamos la historia ecuatoriana nos daríamos cuenta de que el crecimiento económico –esquivo muchas veces– no se ha transformado en un desarrollo social equitativo, ni se ha consolidado una democracia.
-Frente a esa realidad, la pregunta es: ¿se pueden esperar cambios sustanciales haciendo lo mismo con algunos ajustes formales?
-No. En términos más concretos, Ecuador extrae petróleo, exporta petróleo, pero importa derivados del petróleo, es la irracionalidad llevada a su máximo exponente. Además, los derivados del petróleo que importa –como gasoil– los utiliza para generar electricidad en plantas térmicas. Todo ello en un país que dispone de importantes reservas de energías renovables, una auténtica barbaridad... Como si un campesino que produce y vende maíz, después compra tortitas de maíz en el mercado. Luego le faltan esas tortitas y pasa hambre. La alternativa, en primer lugar, sería utilizar los recursos naturales, que ahora son totalmente indispensables, de una forma muy racional.
Esto implica autoabastecernos de derivados de petróleo, pero a la vez generar fuentes alternativas para no realizar procesos contaminantes y construir una nueva matriz energética sustentable.
-Esto último también entra en conflicto con la última ley de minería...
-En Ecuador, como en gran parte del planeta, se mantiene la creencia de la Ilustración. Desde entonces se postula que la acumulación de bienes materiales es el camino adecuado para el desarrollo económico. No existirían más fórmulas para la financiación de la economía y, por ello, tenemos que utilizar los recursos minerales. Hace más de 200 años, cuando la mayoría de los actuales Estados no existían, pasó por tierras americanas un célebre geógrafo y científico alemán, Alexander von Humboldt, quien hablaba de forma metafórica de que estos pueblos eran pobres sentados encima de sacos de oro. Esta misma figura sigue utilizando el presidente Correa. Sin embargo, hoy sabemos que quién apuesta por la sola extracción de recursos naturales para el crecimiento de su economía no consigue el desarrollo. Además conocemos los graves efectos contaminantes que esto provoca. En cualquier lugar donde hay minería a cielo abierto a gran escala, los impactos ambientales son enormes. Por esa razón es preocupante la decisión de dar paso a la minería metálica a gran escala en Ecuador, en donde los recursos minerales se encuentran en zonas de una enorme biodiversidad e incluso de gran densidad de población. Los impactos que provocarían pueden ser enormes: para extraer una tonelada de cobre se necesitan hasta 80.000 litros de agua, para una onza de oro, 8.000 litros. Esto nos llevará a una importante disputa por el agua, además ésta también se contaminará y en zonas de alta biodiversidad puede provocar graves problemas.
-¿Hay relación entre estas prácticas y las presiones empresariales?
-Se juntan varios factores. Las empresas acumulan grandes beneficios. Los gobiernos obtienen ingresos fiscales. Y algunos trabajadores encuentran allí la posibilidad de atractivos salarios. Por cierto, los gobiernos ofrecen mantener, e incluso ampliar, los servicios sociales financiándolos con la explotación de los recursos naturales. Todo esto genera una euforia generalizada por las riquezas que se avizoran... La llegada del primer barril de petróleo a la costa del Pacífico en Ecuador, se transformó en una fiesta nacional. Después fue trasladado a Quito, al palacio presidencial, y de allí con un gran desfile cívico-militar al templete de los héroes en el colegio militar Eloy Alfaro. Esta fanfarria no se repetiría en la actualidad... Sin embargo, la ilusión por la extracción de los recursos naturales despierta similares entusiasmos en determinados segmentos de la sociedad, incluyendo el Gobierno del presidente Correa. Y esto a pesar de que se sabe que la explotación del petróleo no fue el camino para el desarrollo...
-¿Por qué Correa no ha tenido en cuenta estos cuestionamientos?
-Por desgracia, no ha tenido la capacidad de abrir la puerta al debate y al dialogo sobre la minería. No se trata de organizar muchas o pocas reuniones, sino de escuchar la opinión, las propuestas, las críticas de quienes no piensan igual. Así se hace un proceso participativo. La ley de minería no se debatió. Aunque Correa apuesta por superar el extractivismo, éste se mantiene en la práctica. Este mismo Gobierno plantea la posibilidad de dejar el petróleo en el subsuelo, una quinta parte de las reservas nacionales. Recogiendo una propuesta construida colectivamente desde la sociedad civil desde hace varios años, se quiere proteger la vida de pueblos indígenas en aislamiento voluntario, así como una de las zonas más biodiversas del planeta. La iniciativa Yasuní-ITT, que presenté públicamente cuando era ministro entre enero y junio de 2007, generó desde el inicio una abierta pugna con los intereses petroleros. Una y otra vez ha estado a punto de fracasar. Las dudas e incoherencias del presidente Correa constituyen la mayor amenaza para su cristalización. Y en los últimos días, tras las inoportunas declaraciones presidenciales del 9 de enero, la iniciativa ha perdido mucha credibilidad internacional, aunque, por la disputa desatada, ha ganado mucha fuerza interna. Para rescatar nuevamente esta iniciativa, el presidente debe demostrar mucha coherencia y consistencia. Debería incluso comprometerse a no explotar el crudo de dicha zona durante su mandato, impidiendo toda actividad petrolera en los márgenes de dicha zona. La gran tarea ahora es recuperar estas iniciativas que conllevan, en lo esencial, la necesidad de superar las visiones extractivistas. Un llamamiento a la comunidad mundial para construir otra forma de vida.
POLÍTICA ESQUIZOFRÉNICA
“Como otros proyectos de infraestructura, las carreteras son importantes para estimular la economía, interligar localidades lejanas y proveer el acceso a servicios públicos, como escuelas y hospitales”, reconoce el geógrafo Arnaldo Carneiro. Sin embargo, Carneiro recuerda que las carreteras también han permitido y facilitado el robo de madera, el surgimiento de la minería informal y la apropiación ilegal de tierras indígenas. Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), cerca del 75% de la tala se produce en una franja de hasta 100 kilómetros alrededor de los caminos abiertos en la selva. “El Estado brasileño está presente en la Amazonía, pero de manera esquizofrénica”, evalúa Carneiro, subrayando que mientras el gobierno se esfuerza para reducir la deforestación, financia proyectos que ayudan a destruir la jungla".
Fuente original: http://www.diagonalperiodico.
net/Quien-apuesta-por-la- extraccion-de.html
Fuente: www.rebelion.org /Ecuador/ 14-2-2010
Hay alternativas emancipadoras de los pueblos:
1. El Buen Vivir y la construcción de otra sociedad y otro país-mundo
Presentamos la exposición que hizo Miguel Palacín Quispe, Coordinador general de la Coordinadora Andina de Organizaciones Andinas (CAOI), en el Foro Público “El Buen Vivir de los Pueblos Indígenas Andinos” realizado el 28 de enero en el Congreso de la República de Perú.
Estamos construyendo nuevos paradigmas
Por Miguel Palacín Quispe
Quienes hemos revisado nuestro pasado encontramos el Abya Yala lleno de todos los procesos, los Pachakutis, los nuevos tiempos que han venido acompañados de desastres climatológicos, desastres políticos y grandes transformaciones.
Nuestros sabios dicen que estamos en el décimo pachakuti y todo va a cambiar. Ese es el tiempo que nos ha tocado vivir. Por eso es que somos actores y tenemos que estar en este proceso de cambio. Y en este tiempo no se trata sólo de la defensa de los derechos, la defensa de los recursos naturales, la defensa de nuestras organizaciones: es todo eso y mucho más. Es la defensa de la vida, porque es la vida la que está en peligro. Se podrá salvar el planeta –y lo va a hacer-, pero se va a salvar sin nosotros… si es que no hacemos algo.
Territorialidad
Los ««territorio»s» no son sólo un espacio geográfico, como piensan los Estados. Son recursos naturales, es la frontera, es delimitación, es la estructura, es la organización, es mucho más, porque todo es integral. Ahí se vive y se convive, en los espacios de hanan pacha, kay pacha y ukun pacha.
En nuestros «territorio»s tenemos organización política, autoridad propia, idioma propio y todo un conjunto de saberes legados de nuestros pueblos. Ahí es donde se impuso hace 518 años otra civilización venida desde occidente y nos colonizó con su pensamiento. El pensamiento eurocéntrico, que es individualista, militarista, racista, vertical, acumulador y depredador. Este pensamiento llegó y nos fue impuesto, un pensamiento monocultural, que nos dice que existe un solo Dios, un solo Estado, un solo símbolo.
Nos visibilizamos
Los pueblos indígenas, que tenemos una cultura, hemos convivido hasta estos tiempos, no hemos muerto y hoy nos hacemos visibles. Tenemos ahora un Estado colonial, liberal monocultural, excluyente, que no ha reconocido a los pueblos indígenas como parte de él. Militarista, racista, y hasta gobiernos con facciones fascistas.
Estos Estados no dijeron nada de los pueblos. Hasta los finales de los 70 y los 80 éramos el ejemplo porque adornábamos los espacios para los turistas y no participábamos en la vida política de nuestros países, porque sólo hacíamos folklore. Todavía el Estado peruano nos mira como folklore y no somos folklore.
Después de los 517 años de resistencia pasamos a la acción, de la resistencia a la propuesta, de la resistencia a la acción. La lucha de los zapatistas y la lucha del movimiento ecuatoriano despertaron al movimiento indígena en América Latina y desde ese momento no se ha detenido.
Proceso irreversible
Fenecido el siglo veinte, en el inicio del siglo veintiuno, aparece un nuevo proceso de debate y discusión, de movilización, de articulación y de respuesta. Nadie ha caminado por toda América Latina, de comunidad en comunidad, pero todos nos organizamos y movilizamos desde nuestras comunidades, desde nuestras propias organizaciones y desde nuestros espacios. Es un proceso irreversible, que no se va a detener. En América latina ya no se va a poder hacer más de lo que ya hicieron sin informar y sobre todo sin consultar a los pueblos indígenas.
Estamos en una turbulencia de conceptos, estamos en la construcción de nuevos paradigmas: ese es el nuevo escenario. Los pueblos indígenas no venimos solos, venimos con propuestas.
En el norte las políticas tradicionales se dedican a conceptualizar, a reglamentar la política. Pero en el sur los pueblos indígenas hacemos la política práctica: frente a un problema nos movilizamos, proponemos y actuamos. Eso se ha perdido en los otros espacios.
Crisis de civilización
Esta sociedad que dio estos estados uninacionales y que habló de bienestar, del vivir mejor, no logró el vivir mejor ni el bienestar de las sociedades. Nos ha llevado a destruir la naturaleza, al desequilibrio y ha generado las crisis en las que estamos. Aquí en el Perú el presidente (Alan García) dice que no hay crisis, pero la crisis está acompañada y va con él.
Tenemos una crisis ambiental, alimentaria, energética, financiera, de valores, climática… todas juntas a la vez. Las propuestas que nos plantean desde los Estados y desde los intelectuales que acompañan al proceso neoliberal, es que a la crisis ambiental hay que mitigarla o hay que adaptarse; a la crisis alimentaria responden con productos transgénicos; a la crisis energética, que hay que reemplazar con agrocombustibles; a la crisis financiera, hay que inyectar más recursos económicos a los bancos; a la crisis de valores, que hay que dar golpe de estado para proteger la corrupción; y a la crisis climática, que hay que depender de servicios ambientales, comercio de carbono, monocultivo, etcétera.
La solución que nos plantean es la misma: hay que seguir haciendo negocio de la Pachamama, la hemos destruido haciendo negocio y hay que hacer negocio para salvarla. ¿La vamos a salvar en estas condiciones? Nosotros decimos que no.
Democracia comunitaria
Por eso el proceso de discusión en que estamos en estos tiempos es sobre el buen vivir. El buen vivir se ha convertido ahora en algo que todo el mundo investiga, habla, escribe, pero no les consultan a los pueblos indígenas. Hablan y escriben los intelectuales, pero no revisan los documentos de los pueblos indígenas, no hablan con los líderes y nos van poniendo otra receta basada en el mismo neoliberalismo.
Entonces habría que decirles ahora lo siguiente: el buen vivir en democracia es la horizontalidad.
Nos han enseñado que hay una democracia representativa, en todos los parlamentos y procesos políticos, esta democracia representativa ya sabemos a donde nos ha llevado y no sirve en estos tiempos. Nos han dicho que sí a una democracia participativa, donde todos escuchan y dicen que así han participado.
Nosotros decimos que hay otra democracia, la democracia comunitaria. La democracia comunitaria no la construimos ahora, existe desde hace miles de años, ese es el ejercicio diario de consulta y participación permanente.
Lo otro que nos han dicho es que somos un estado monocultural. Nosotros les decimos no, nosotros proponemos un estado plurinacional que es el reconocimiento de la diversidad de pueblos que somos, diversidad de culturas, de los originarios ancestrales y de los originarios actuales, aquellos que están naciendo en estos tiempos, a los que llaman mestizos, a quienes hay que incorporar en el proceso. Por eso no nos sirve este Estado monocultural.
Leyes de la Pachamama
Los pueblos indígenas tenemos principios construidos en un proceso de acuerdo a las leyes de la naturaleza, somos pueblos que vivimos en par, en comunidad, donde se practica la reciprocidad, la dualidad, la complementariedad. Nosotros tenemos conocimiento y sabiduría, lo que ocurre es que nosotros no escribimos, no acumulamos en computadoras y en papeles, acumulamos y recibimos la transmisión de generación en generación. Es por eso que nuestros conocimientos están acumulados en el propio pueblo y ahí los ejercemos.
Por eso los derechos territoriales, los conocimientos y la justicia son ejercidos de manera colectiva, en conjunto: todos crecemos o decrecemos juntos.
Tenemos una economía distributiva. En nuestros pueblos no acumulamos, por eso no hay mendigos ni nadie que esté estirando la mano, convivimos entre nosotros y distribuimos la riqueza. Cosa contraria, en la otra sociedad nos enseñaron que hay que acumular, hay que sacar, no interesa de qué manera, para dejarlo al otro sin nada.
Nosotros tenemos autoridad propia, idioma, «territorio» y en todos los espacios nos desenvolvemos con ética, respeto por todos los seres, principalmente con la naturaleza y por la Pachamama, por eso ahora, en Bolivia y Ecuador se habla del derecho a la naturaleza como un sujeto y no como una mercancía.
Equilibrio y armonía
Por eso el hombre necesita la ética para el buen vivir, para equilibrar la naturaleza y la cultura, eso es lo que en estos tiempos se ha perdido: equilibrar el hombre y la mujer, entre la sociedad, entre los poderes del Estado. En la educación: no más educación para enseñarles a nuestros hijos que el crecimiento económico es la única forma de medir el crecimiento de la economía de un país, cuando con ese crecimiento de manera irracional lo que estamos haciendo es destruir la naturaleza, sobreexplotarla y mañana no tendremos la capacidad de devolver ese equilibrio. Hoy se nos dice en el Perú que debemos vender las minas, el petróleo, el gas y el día que se termine, ¿qué tendrán las futuras generaciones si hemos depredado la naturaleza?
Necesitamos el equilibrio entre la cultura y la naturaleza, convivir en armonía de hombres y mujeres, entre andinos y amazónicos, rurales con los de las ciudades, de ecuatorianos, bolivianos, peruanos y con todos reconstruyendo.
Esa es la otra tarea que nos queda, reconstruir el pensamiento y reconstruir lo que fuimos, lejos de las fronteras, lejos del armamentismo, lejos de las amenazas y lejos de estar acumulando solo capital y dinero que no nos sirve para nada. Entonces, abajo el consumismo, abajo la moda y vamos a reconstruir una sociedad mucho más justa para todos".
Fuente original: Agradecemos el envío de la información a Norma Aguilar Alvarado, del Área de Comunicaciones de la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI)".
Sitio web: www.minkandina.org
Fuente: http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/54641 / 12-2-2010
2. El «territorio» como ejercicio de derechos colectivos y autodeterminación
por Alfredo Viteri
“Nuestro ««territorio»» no es una cosa, ni un conjunto de cosas utilizables, explotables, ni tampoco un conjunto de recursos (...) nuestro «territorio», con sus selvas, sus montañas, sus ríos, sus lagunas y humedales, con sus lugares sagrados donde viven los supai (dioses protectores), con sus tierras negras, rojas y arenosas y sus arcillas es un ente vivo que nos da vida, nos provee agua y aire; nos cuida, nos da alimentos y salud; nos da conocimientos y energía; nos da generaciones y una historia, un presente y un futuro; nos da identidad y cultura; nos da autonomía y libertad. Entonces, junto con el «territorio» está la vida y junto a la vida está la dignidad; junto al «territorio» está nuestra autodeterminación como pueblos”. Pueblo Kichua de Pastaza, Amazonía del Ecuador
Desde la visión de los pueblos indígenas, el ««territorio»» constituye el espacio natural de vida, concebido como una unidad ecológica fundamental donde se desarrolla la vida en sus múltiples expresiones y formas; para nuestros pueblos, este espacio natural de vida es fuente de saberes y conocimientos, de cultura, identidad, tradiciones y derechos. En este lugar esencial se desarrolla nuestra vida como pueblos, nos reproducimos de manera permanente como sociedades diferenciadas en lo social, económico, político y cultural de generación en generación. Por tanto, la visión de ««territorio»» está íntimamente ligada al ejercicio de nuestros derechos colectivos y a la autodeterminación como pueblos.
El ««territorio»» según la concepción indígena integra los elementos de la vida en toda su diversidad natural y espiritual: la tierra con su diversidad de suelos, ecosistemas y bosques, la diversidad de los animales y las plantas, los ríos, lagunas y esteros. Los ecosistemas naturales son considerados como hábitat de los dioses protectores de la diversidad de la vida y gracias a ellos se mantiene la integridad y el equilibrio del bosque, de los ríos, de las lagunas y la fertilidad del suelo, lo que permite que las plantas y animales puedan vivir y reproducirse. Los seres de la naturaleza se interrelacionan con los ayllus (familias) mediante la aplicación y práctica cotidiana de nuestros conocimientos ancestrales.
Concebido así, el ««territorio» es un concepto que integra lo histórico, lo mítico y el conocimiento de la naturaleza en una visión de vida comunitaria. Es decir, integra nuestra cultura con sus memorias, sus valores, sus instituciones y su religiosidad. Nuestra tradición ancestral nos enseña que el «territorio» no es un recurso a ser explotado, es un espacio de vida. Hombres y mujeres somos una comunidad parte de ese espacio natural donde compartimos la vida con otros seres vivos en una relación de reciprocidad.
Esta visión del «territorio» nos ha permitido conservar y aprovechar adecuadamente todos los recursos que ofrece la naturaleza en nuestras comunidades. Desde nuestras formas de entender el «territorio» hemos construido nuestra propia visión de vida, conceptualizado en el “bien vivir” que establece la conservación de nuestros bosques sin contaminación. Este es el escenario que conocemos como “la tierra sin mal”, condición básica para la práctica del “bien vivir”. El conocimiento ancestral nos conduce a él, su aplicación y práctica cotidiana nos permite construir y conservar “la tierra sin mal”. Nuestros conocimientos ancestrales nacen y se recrean en los ecosistemas de nuestro «territorio», los recibimos de los seres sagrados que habitan en ellos. Por eso, nuestros conocimientos están asociados a todos lo seres vivos que habitan en “la tierra sin mal”. Todos estos conocimientos son colectivos, se renuevan y se transmiten de generación en generación, garantizando la conservación del «territorio» con sus ecosistemas.
La visión de vida e identidad de nuestro pueblo está ligada profundamente a nuestra visión de «territorio», por tanto, sus ecosistemas, la biodiversidad y todos los conocimientos ligados a su conservación y uso son recursos estratégicos para la seguridad y pervivencia autónoma de los pueblos indígenas.
En los tiempos actuales, las corporaciones transnacionales están invadiendo nuestros «territorios» y apropiándose arbitrariamente de todas las vidas que existimos en él. Necesitan de nuestros «territorios», de nuestros ríos, de nuestras lagunas, de nuestros bosques, de nuestro aire y también de nuestras vidas y conocimientos para implantar su nuevo sistema mundial de producción, de consumo y de mercado global. Para ellos los indígenas, junto con nuestros «territorios», ecosistemas y la biodiversidad somos sólo la “materia prima” para ser privatizada, procesada y vendida en los mercados mundiales.
La ocupación de los «territorios» indígenas por parte de las corporaciones transnacionales está en plena marcha y se viene ejecutando con una violencia inhumana y sofisticada. Nuestros «territorios» son ahora teatros de operaciones de las grandes empresas, encabezadas por las petroleras, mineras, madereras y forestales, además de las farmacéuticas, alimenticias y biotecnológicas.
Ante esta situación, cabe preguntarse: ¿Qué nos ofrecen y qué de bueno nos dejan a cambio estas empresas? ¿Cuál es el progreso y desarrollo que hemos recibido de ellas? ¿Cuál es el aporte cultural, social, tecnológico y económico que dejan en nuestros pueblos? Podemos hacer muchas otras preguntas tratando de encontrar en algún rincón la “obra positiva”. Y la respuesta indígena siempre será la misma en todas las regiones del mundo: destrucción de bosques, contaminación de ríos, epidemias y enfermedades, violencia y empobrecimiento económico, social y cultural de nuestras comunidades. Esta es la realidad que las empresas nos ofrecen a cambio de nuestros «territorios»; nos han impuesto una guerra que solo tendrá final cuando los indígenas ejerzamos nuestros derechos como pueblos.
Las empresas transnacionales son monopolios de poder neocolonial que controlan los mercados mundiales y deciden lo qué se debe producir, consumir y exportar; imponen gobiernos, utilizan ejércitos y establecen leyes nacionales e internacionales a su medida. De esta forma, los pueblos colonizados de hoy, al igual que los de ayer, son sometidos a los sistemas políticos, los hábitos de “vida”, las formas de comunicación y los modelos de producción y de consumo de los colonizadores. En palabras claras, a los colonizados se les impide el derecho de elegir y tomar la decisión para construir su propia historia como pueblo. Por esto, el modelo de la globalización económica impuesto por las corporaciones privadas es un proceso humillante para los pueblos indígenas. Es un modelo de muerte.
Sin duda, estos son tiempos peligrosos para los pueblos indígenas del mundo. Pero también es el tiempo de los pueblos que luchan por sus derechos. Por eso, muchos de ellos vienen resistiendo de diversas formas en todas las regiones de la Tierra. No existe región del planeta en que los pueblos indígenas no estén luchando por el derecho a su «territorio», su ambiente, su cultura, sus bosques, sus aguas, su salud, su educación y por su autodeterminación. Si somos capaces de ejercer nuestros derechos colectivos en comunitarios, entonces podemos garantizar nuestra vida como pueblos.
Y ejercer derechos colectivos significa controlar y conservar nuestros «territorios» con sus ecosistemas y en ese espacio vital construir verdaderas alternativas de autogestión social, económica, política y cultural de nuestras comunidades, a partir de nuestras propias instituciones tradicionales y visiones de vida. Y en este proceso, la recuperación, innovación y aplicación de nuestros conocimientos y prácticas ancestrales tiene trascendental importancia.
El ejercicio de los derechos colectivos es nuestra alternativa a la globalización económica. El ejercicio de los derechos colectivos más que discurso es ante todo acción. Es nuestra alternativa de vida".
Alfredo Viteri es director del Instituto Qichua de Biotecnología Sacha Supai-IQBSS de Ecuador. Este artículo es una versión ampliada del publicado en el n° 14 de la edición impresa de la revista Pueblos, diciembre de 2004, pp. 30 y 31.
Fuente: http://www.revistapueblos.org/spip.php?article75 Miércoles 1ro de diciembre de 2004
Territorio como espacio donde la población construye sus sentidos de vida en común
Marcelo Maggio (Agencia de Noticias Biodiversidadla), en "Argentina: Encuentro para enfrentar la «recolonización del continente»
Desde la perspectiva de la educación popular, integrantes del grupo Pañuelos en Rebeldía vienen organizando una serie de talleres de investigación participativa con movimientos sociales. El objetivo es generar un conocimiento que permita “pensar alternativas colectivamente” a un escenario actual de “recolonización del continente”, marcado por el avance de las corporaciones transnacionales.
El pasado fin de semana el equipo de educación popular Pañuelos en Rebeldía reunió en Buenos Aires a un amplio abanico de organizaciones sociales y activistas de América Latina para intercambiar sus experiencias de resistencia popular. “Aquí hay gente que tiene que ver con las regiones del país en las cuales venimos trabajando (noroeste argentino, patagonia y litoral -la zona de la triple frontera-) y también compañeros y compañeras de movimientos de América Latina porque nos parece importante tener una mirada más coyuntural de la región”, explica Patricia Agosto.
La serie de encuentros orientados como una ‘investigación participativa’ se propone profundizar “las temáticas que nos interesan en relación a las políticas de recolonización, acompañando a los movimientos en las propias resistencias”. Y para que este acompañamiento sea más fructífero se producen materiales como libros y cuadernillos “que pensamos tienen que servir para el trabajo en las bases de las organizaciones. El objetivo es construir teoría a partir de la articulación y el contacto y generar espacios de encuentro para las organizaciones”, destaca Patricia.
Según señala Pañuelos en Rebeldía en una de sus publicaciones, “las batallas populares [están] ... amenazadas por el capitalismo en su etapa de transnacionalización, imperialismo y neocolonialismo”. Esas luchas son encarnadas por múltiples sujetos sociales: según sea la agresión recibida por el capital se van conformando las resistencias. Esta ofensiva recolonizadora sobre los «territorios» “adquiere un papel destacado para la lógica de dominación del capitalismo ya que en ellos se concentran bienes naturales fundamentales para la disputa por la hegemonía sobre el planeta: agua, biodiversidad, petróleo, minerales, suelos ricos para diversos fines; además de presentar inmensas extensiones de tierras y climas óptimos para producciones agroindustriales”. El saqueo producido por el modelo vigente “tiene víctimas concretas, las poblaciones que viven en los «territorios» ricos en recursos, muchas de las cuales son comunidades campesinas e indígenas”.
Detrás de cada agresión a una población hay un interés económico que la impulsa en un escenario de capitalismo concentrado en etapa transnacional. Pero las resistencias a estos vectores económicos comienzan a unirse y elevar su voz. Patricia Agosto, integrante de Pañuelos en Rebeldía, analiza en este diálogo el complejo escenario planteado.
- ¿Qué implicancias tiene este concepto que utilizan ustedes, “la recolonización del continente”?
- A veces se nos plantea un debate sobre si es una recolonización o si alguna vez dejamos de estar colonizados. Pero más allá de esto, consideramos que hay una vuelta de los capitales extranjeros, de las empresas transnacionales, con la complicidad de los gobiernos locales, y no sólo en Argentina sino en toda América Latina. La avanzada de este modelo tiene que ver con la presencia concreta de las empresas en los «territorios» y con metodologías tendientes a acabar con las resistencias, lo cual también implica una avanzada en relación a la criminalización y a la militarización que estamos viviendo en la región. Las resistencias tienen múltiples formas de manifestarse, a partir de los pueblos originarios, movimientos campesinos, las asambleas socioambientales, las organizaciones de mujeres, por ejemplo. Y desde nuestro colectivo tratamos que todas esas voces se puedan escuchar de alguna manera en este trabajo de investigación participativa. Por ejemplo en este momento estamos escuchando una mesa que tiene que ver con géneros y hay muchas organizaciones que están presentes que no tienen acceso al tema de género, entonces es importante poder escucharse porque a la larga hay mucha coincidencia debido a que el enemigo es el mismo, aunque se manifieste de distinta manera en los distintos ámbitos.
- Uno de los conceptos que ustedes utilizan para entender y organizar las luchas es el de «territorio». En una visión más clásica de la lucha anticapitalista el concepto clave sería el de clase y pensando la clase en la ciudad, sobre todo en la fábrica. ¿Cómo sería este planteo estratégico que piensa las resistencias a partir de los «territorios»?
- El concepto de «territorio» lo fuimos aprendiendo. Desde nuestra experiencia, particularmente quienes fuimos trabajando con los pueblos originarios, hemos incorporado elementos del concepto de «territorio» utilizados por ellos. En un lenguaje cotidiano uno puede pensar en el «territorio» como un espacio geográfico, donde se vive, trabaja, etc. Lo que hemos aprendido de los pueblos originarios es que el «territorio» es mucho más que eso, en realidad es como el espacio donde se construye el sentido de la vida de las poblaciones. Siempre pongo el mismo ejemplo por lo impactante: cuando entrevistamos a los compañeros y compañeras de Famatina nos decían que 'el cerro Famatina no puede desaparecer por la avanzada de la Barrick Gold, el cerro es parte de nuestra vida, ¿cómo vamos a salir de nuestras casas y que el cerro no esté?'. Así se construye el sentido de «territorio», con el cerro incluido, y es un concepto que tiene mucho que ver con lo territorial tal cual lo conciben los pueblos originarios a partir de una relación armónica con la naturaleza. Si el capitalismo en doscientos años destruyó el planeta, la idea es que ahora está muy en juego lo territorial, no sólo por lo territorial en sí mismo sino porque ahí se ha construido el sentido de la vida y es la vida misma la que está en juego muchas veces.
- Incluso los movimientos sociales más urbanos se comienzan a pensar desde lo territorial.
- Es como el trabajo concreto en el lugar donde la gente vive, con toda la implicancia que ese lugar tiene desde el punto de vista histórico, de la memoria de esas localidades urbanas y lo que significa ese «territorio» en el presente. Es la valorización del «territorio» en el lugar donde uno ha construido su historia como pueblo y lo que sigue construyendo en el presente con su vida cotidiana. Por eso cuando destruyen un «territorio» no es lo mismo para una población a la que le dicen 'los relocalizamos', como sucedió con la gente de Yacyretá, un lugar que recorrimos. La relocalización, más allá que se hizo muy mal desde el punto de vista de la eficacia, no era lo mismo para esa población: una cosa es vivir de la pesca artesanal y otra muy distinta es vivir a cincuenta kilómetros del río o la separación de sus vecinos y familia. Entonces ese era el sentido de la vida para ellos, la pesca artesanal, pero con la desaparición de ese espacio geográfico la vida ya no es la misma.
- ¿Cómo ves la posibilidad de un ejercicio del poder popular a partir de construcciones territoriales?
- En realidad creo que ese es el objetivo, el tema es que las organizaciones sociales van paso a paso. Me parece que desde hace un tiempo se está en una discusión concreta sobre qué es el «territorio» para cada una de las organizaciones y poblaciones. No es que haya un acuerdo total, pero de todas formas cada organización está construyendo poder popular en sus lugares, en sus «territorios». Cuando pensamos en el método asambleario, en las decisiones colectivas, en la oposición a una organización vertical, creo que hay toda una discusión general sobre cómo nos construimos en nuestro «territorio», desde qué punto de vista construimos el poder y qué es la autonomía. Una cosa importante para nosotros como educadores populares es la pregunta, es preguntarse sobre determinadas cosas porque implica no resignarse a las respuestas que tenemos. Entonces en la propia pregunta, ¿qué es el «territorio»? ¿qué es el poder popular?, creo que se está avanzando en pequeños pasos para responderlas. Ahora la construcción concreta a nivel general es un proceso muy largo, pero creo que las organizaciones en sus «territorio»s empiezan de alguna manera a construir el poder popular.
- ¿Es posible desde esta diversidad de voces llegar a un proyecto común de alternativa, a una propuesta de transformación?
- Quienes estamos en la lucha y en la resistencia buscamos una alternativa. El tema es cómo se la construye colectivamente. Hay preguntas recurrentes que hoy aparecen, cómo por ejemplo la pregunta y el debate por el Estado. De todos modos la alternativa tiene que partir necesariamente del reconocimiento de las diversidades . Y sabemos que, como diría Freire, no tenemos que confundir al diferente con el antagónico. Con el antagónico no vamos a discutir absolutamente nada, pero con los y las diferentes tenemos que aprender y dialogar. Por ejemplo no van a dar la misma respuesta los pueblos originarios sobre la explotación petrolera que la que van a dar los ex trabajadores de la empresa estatal. ¿Cómo hacemos para conciliar eso? A veces parece imposible, pero no lo es.
- Lo interesante es que siempre donde hay una resistencia hay un germen de una propuesta alternativa.
-
Necesariamente. No es que hay sólo un gran ¡no! a este modelo. Hay un
¡no! a la
mina, un ¡no! a la explotación económica, un ¡no! a la dominación de género. El tema
es cómo construir los ¡sí!, el gran trabajo. En el gran ¡no! ya se empiezan a pensar
alternativas, es un proceso, y es histórico".
Fuente:
http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/53578 7-12-09
Territorios sumamente contaminados y despojados de habitabilidad
Javier J. Vázquez
(Rebelión), en "Sobre
el derecho al Ambiente y al Hábitat",
se refiere a:
"El deterioro ambiental aumenta la vulnerabilidad de las
poblaciones: el entorno en donde se asienta o habita una población, determina
sus relaciones sociales, afecciones sanitarias, capacidad de aprendizaje,
calidad de alimentación. Tanto el ejercicio de ciertos derechos como el óptimo
desarrollo de su biología están determinados por el ambiente en el que se
desarrolla su vida cotidiana.
En un trabajo muy interesante sobre la cuenca Matanza-Riachuelo, la
Licenciada Gabriela Merlinsky, investigadora del Instituto Gino Germani,
describe esta realidad:
“…La falta de servicios sanitarios adecuados, la
contaminación del suelo en el caso de los asentamientos y villas de emergencia,
la carencia de agua potable, la ausencia de sistemas de recolección y deposición
final de los residuos, la contaminación de las napas de agua, la convivencia con
áreas de riesgo tecnológico, la falta de infraestructura y equipamiento y -en no
pocas ocasiones-, el asentamiento poblacional en áreas innundables, implican un
mayor grado de desventaja ambiental para los grupos en situación de pobreza lo
que contribuye a incrementar su nivel de vulnerabilidad y a aumentar el riesgo
de experimentar catástrofes ambientales…”.
Esta población en riesgo que vive en la cuenca del Matanza-Riachuelo, con el
polo petroquímico como mayor flagelo (entre otros), comparte la misma
vulnerabilidad que aquella que podemos encontrar en otros «territorios» altamente
contaminados, como la ciudad de Pontevedra en España; siendo el arquetipo en que
pueden devenir las ciudades de Fray Bentos y Gualeguaychú, como así también las
ciudades y pueblos aledaños a las explotaciones mineras en las diferentes zonas
cordilleranas de nuestro país, Chile y Bolivia; los barrios y ciudades en los
que existen transformadores con PCB en la puerta de sus casas; los rellenos
sanitarios (CEAMSE) o basurales a cielo abierto que existen en el conurbano
bonaerense y otras áreas metropolitanas; sin olvidar las poblaciones lindantes a
plantaciones o predios que son fumigados con herbicidas como el Glifosato.
Todas estas situaciones se las podría clasificar como de Vulnerabilidad Ambiental: poblaciones que habitan en zonas en donde corren riesgo de sufrir algún tipo de afección o daño debido a esta realidad. Pero no sólo estamos hablando de problemas de salud, sino como argumentaba más arriba, tienen deficiencia en el ejercicio de sus derechos.
Estoy seguro que el arsénico en el aire que irrita los ojos e impregna un olor nauseabundo en las fosas nasales conviviendo en el aula, no son las mejores condiciones para que los chicos aprendan. Que jueguen al fútbol en la plaza del barrio inhalando el aire contaminado por la polución de las chimeneas fabriles o se hidraten posteriormente con agua contaminada con metales pesados, es envenenar lentamente el futuro. El riesgo de criar una familia en un barrio lleno de transformadores con PCB o con espacios verdes desmalezados con agroquímicos es la dificultad de logara un óptimo desarrollo físico e intelectual por sufrir “náuseas y mareos, irritaciones dérmicas y oculares, edema pulmonar, descenso de la presión sanguínea, reacciones alérgicas, dolor abdominal, pérdida masiva de líquido gastrointestinal, vómito, pérdida de conciencia, destrucción de glóbulos rojos, electrocardiogramas anormales y daño o falla renal”.
Con esos síntomas es difícil desarrollar una vida plena. ¿Que pensarían los grandes higienistas del siglo XIX, quienes planificaban las ciudades buscando un ambiente adecuado para la reproducción de la población que comenzaba a poblarlas (mano de obra que llegaba del campo a llenar las fábricas)? ¿Que tipo de población se puede reproducir en una situación de vulnerabilidad ambiental? En el tiempo sólo encontraremos cuerpos enfermos y mentes débiles.
Si analizamos la situación habitacional de estos «territorios», vemos que todos ellos son poblaciones vulnerables: sea porque forman parte de provincias del interior del país a merced de los intereses del capital sin rostro o porque pertenecen a «territorios» olvidados y abandonados por el Estado, bolsones de pobreza y marginalidad de áreas metropolitanas. La Cuestión Habitacional toma en este sentido un nuevo matiz: ya no sólo se debe poner en cuestión la inequidad en la distribución de los recursos habitacionales, de la propiedad de terreno o del acceso a la vivienda, sino también la pertinencia del «territorio» para ser habitado. Porque el acceso a la calidad habitacional se ve doblemente jaqueada: tomando por caso la población que vive en las riberas del Matanza-Riachuelo, mas del 50% de la misma no tienen acceso al sistema cloacal y solo el 65% tiene acceso a agua potable. El inconveniente de que sean tierras inundables, presentando la zona con riesgo de catástrofe natural, se ve incrementado por los emprendimientos de barrios cerrados, clubes de campo, etc. que se desarrollan en lo alto de la cuenca, ya que en su construcción modifican o influyen en el cauce de todo el sistema hídrico, aumentando la inundabilidad de la cuenca baja, la vulnerabilidad de la población y su marginalidad.
Autores como Zygmun Bauman y Loïc Wacquant analizan la realidad de los nuevos marginales: el primero trabaja sobre el cambio de sociedad y los nuevos superfluos; el segundo sobre el sistema punitivo y el nuevo encarcelamiento masivo. El cambio de modelo social fue también un cambio de identidad de los sujetos. Los que antes eran determinados por su capacidad productiva (aquellos que se insertaban al mercado laboral y aquellos que no, que eran los marginales) ahora están diferenciados por su capacidad de consumo. En el modelo neoliberal actual, a diferencia de aquéllos que cuentan con la capacidad monetaria para conformarse como Consumidores plenos, la línea divisoria entre los que están in y los que están out del sistema, se delimita entre los consumidores fallidos que no tienen el dinero suficiente para poder expandir el mercado. Estos supernumerarios, como analiza Wacquant, son la población sobre la que recae el peso de la nueva política penal, que encierra (como en algún momento se hizo con los leprosos y los locos) a aquéllos que sobran del sistema.
La discusión sobre el exceso de población puedo retrotraerse al año 1798 cuando se publicó la obra de Thomas Malthus quien comenzó a esbozar el concepto de “superpoblación”. Hoy, a 212 años de esa publicación, el tema es recurrente en discusiones del plano económico como ambiental. En noviembre de 2009, el diario El País de España publicó dos notas relacionadas. En las mismas se plantea que para el año 2050, “De los 2.400 millones de personas más que habrá en el mundo, el 98% vivirá en países pobres.” Y se pregunta el autor: “¿Hay suficiente espacio y recursos para todos?”. Aunque asuma que dentro de 40 años, “El 80% de la población pagaría las consecuencias económicas y ambientales del consumo de un 20%”.
El debate es en torno a la distribución de los recursos y a la cantidad de población que los requiere, es el mismo que planteaba Malthus hace más de 200 años, aunque ahora le sumamos la dimensión ambiental.
Los excluidos del consumo, los desechos sociales que son encerrados en cárceles y que habitan en los reductos territoriales que el modelo neoliberal utiliza como desagüe de su actividad productiva, son las manos sobrantes del sistema, el cual no tiene manera de reciclar y reutilizar por su misma naturaleza caníbal. Los otros.
Esos supernumerarios son la población sobrante que sustenta el mercado de trabajo global, los mismos que habitan los «territorio»s olvidados por el sistema y contaminados por todo el sobrante de la producción de bienes y servicios que demanda de El nosotros. Y así, se cierra el círculo “virtuoso” ". Fuente: www.rebelion.org / Argentina/ 10-2-2010
3. La «soberanía alimentaria» como alternativa popular a los agronegocios globalizados
Como otro paradigma de desarrollo
El Movimiento
Mundial por los Bosques Tropicales, en
"Vía Campesina:
la «soberanía alimentaria» como alternativa popular contra la agroindustria
destructora",
explica que: "Vía
Campesina es un movimiento internacional e intercultural que coordina diferentes
organizaciones nacionales y regionales de pequeñ@s agricultor@s, campesin@s,
campesin@s sin tierra, trabajador@s agrícolas, pueblos indígenas, pescador@s,
inmigrantes y personas que trabajan en actividades artesanales.
Este
movimiento autónomo, multicultural, multiétnico y pluralista trabaja básicamente
para lograr cambios en la producción agrícola, los hábitos de consumo, el rol de
la mujer, la educación, la salud, el medio ambiente, entre otros. Los temas
centrales de La Vía Campesina se han enriquecido a través de la visión cósmica
de los pueblos indígenas, los cuales preservan la madre tierra contra los
desastres naturales, el calentamiento global y la crisis ecológica provocada por
el creciente capitalismo desenfrenado.
La organización ha ido introduciendo el concepto de la «soberanía alimentaria», a tal punto que ahora es uno de los principales temas de discusión en las políticas agrícolas y alimentarias. La «soberanía alimentaria» es el derecho de las personas y los gobiernos a elegir la forma en que se producen y consumen los alimentos respetando nuestros medios de subsistencia, así como las políticas que apoyan esta elección.
Sin embargo, la agricultura y la producción de alimentos están dominadas
actualmente por empresas transnacionales cuyo modelo de producción industrial
busca la total integración vertical y el dominio y el control absolutos sobre
los alimentos y la agricultura, desde la semilla hasta el plato, para lograr
enormes ganancias. Esta situación explota a los trabajadores, concentra el poder
económico y político y destruye las comunidades rurales.
La «soberanía
alimentaria» requiere que los alimentos no sean comercializados como
una mera mercancía con el fin de obtener ventajas políticas y económicas, y que
la base de la producción de alimentos (la biodiversidad, la tierra y el agua) no
sea destruida, degradada, usada o apropiada a expensas de otros pueblos u otras
naciones. Una reforma agraria genuina debería garantizar a todos el derecho a
trabajar la tierra, y democratizar su propiedad dando prioridad a las formas
familiares, sociales y cooperativas de agricultura.
Enfrentados al drama actual del calentamiento global, a menudo se promueven
falsas soluciones (como los agrocombustibles producidos a partir de
monocultivos, incluidas las plantaciones de árboles), que socavan la «soberanía
alimentaria».
De hecho, la agricultura industrial es uno de los principales generadores del
calentamiento global y el cambio climático, transportando los alimentos por todo
el mundo, imponiendo formas industriales de producción (mecanización,
intensificación, uso de agroquímicos, monocultivos…), destruyendo la
biodiversidad y su capacidad de capturar carbono, convirtiendo la tierra y los
bosques en zonas no aptas para la agricultura, transformando la agricultura de
productora de energía en consumidora de energía.
El “paquete” del agrocombustible viene envuelto en el modelo agroindustrial
impuesto por las empresas transnacionales que ven esto como una oportunidad más
para incrementar sus ganancias y su control, mientras destruyen los medios de
subsistencia de los campesinos.
Los elementos básicos necesarios en abundancia para producir agrocombustibles a
gran escala son la tierra, el agua y el sol. Por este motivo, las empresas se
volcaron inmediatamente al hemisferio sur, sobre todo a los países cercanos a
los trópicos y a los que tienen abundante tierra. En muchos países, esta
expansión del área cultivada por los agrocombustibles ha abarcado zonas
dedicadas a cultivos alimenticios y a ganado lechero. La posibilidad de ganar
mucho dinero sedujo a los capitales extranjeros, que están comprando tierras y
expandiendo los monocultivos a gran escala en los países del Sur (como los
“desiertos verdes” de eucaliptos y pinos en Brasil, Uruguay, Ecuador, Chile,
Sudáfrica, Suazilandia, Tailandia y otros, y las plantaciones de palma aceitera
en Colombia, Camerún, Camboya, Indonesia, Malasia, Papúa Nueva Guinea, etc.),
provocando así una gran concentración de la propiedad y un proceso de
desnacionalización de la propiedad de la tierra.
En lo relativo al medio ambiente, la forma de producción del monocultivo, basada
en agrotóxicos, afecta seriamente al medio ambiente, destruye la biodiversidad
existente, afecta la pluviosidad y también agrava el calentamiento climático.
Tanto la “primera generación” de agrocombustibles, basada en diferentes formas
de azúcares obtenidos de los cultivos, como la “segunda generación”, basada en
la celulosa de la madera (incluidos los árboles genéticamente modificados que
plantean un riesgo adicional al medio ambiente), aumentan el control corporativo
y destruyen la diversidad biológica existente, contribuyendo al desequilibrio y
al calentamiento global.
Además de generar mayores problemas para los países productores, la producción
industrial de agrocombustibles revivirá los sistemas coloniales de plantación y
el trabajo esclavo e incrementará seriamente el uso de agroquímicos, además de
contribuir a la deforestación y la destrucción de la diversidad biológica. La
producción intensiva de agrocombustibles no resolverá el problema del
calentamiento global; tampoco resolverá la crisis del sector agrícola. Una vez
más, los impactos se harán sentir sobre todo en los países en desarrollo, ya que
los países industrializados no podrán cubrir su propia demanda de
agrocombustibles y deberán importar enormes cantidades desde el Sur.
Vía Campesina
cree que las soluciones a la crisis actual deben surgir de los
actores sociales organizados que están desarrollando modos de producción,
comercio y consumo basados en la justicia y la solidaridad y en comunidades
saludables. Ninguna solución tecnológica resolverá el actual desastre social y
ecológico mundial.
Un conjunto de soluciones verdaderas debería incluir:
* La agricultura a pequeña escala, que utiliza mucha mano de obra y muy poca
energía, y que puede realmente contribuir a detener y revertir los efectos del
cambio climático.
* Una verdadera reforma agraria que fortalezca la agricultura en pequeña escala,
promueva la producción de alimentos como principal uso de la tierra, y considere
los alimentos como un derecho humano básico que no debería tratarse como una
mercancía.
* La producción local de alimentos que pondrá fin al transporte innecesario de
alimentos y garantizará que todo lo que llegue a nuestra mesa sea seguro, fresco
y nutritivo.
* La modificación de los modelos de producción y consumo que promueven el
despilfarro y el consumo innecesario por parte de una fracción minoritaria de la
humanidad, mientras que cientos de millones de personas aún sufren hambre y
privaciones.
Por consiguiente, Vía Campesina exige:
• El desmantelamiento total de las empresas agroindustriales que están robando
la tierra de los pequeños productores, produciendo comida chatarra y generando
desastres ambientales.
• El reemplazo de la agricultura y la ganadería industrializadas por la
agricultura sustentable a pequeña escala, apoyada por programas genuinos de
reforma agraria.
• La prohibición de todas las formas de tecnología –como la manipulación
genética- que ponen en peligro los recursos naturales.
• La promoción de políticas energéticas sanas y sustentables. Esto supone un
menor consumo de energía y la descentralización de la energía, en lugar de
promover la producción de agrocombustibles a gran escala, como es el caso
actualmente.
• La aplicación de políticas agrícolas y comerciales a nivel local, nacional e
internacional, que apoyen la agricultura sustentable y el consumo de alimentos
locales. Esto incluye la prohibición de las subvenciones que dan lugar a la
saturación de los mercados con alimentos a bajo precio".
Artículo producido por WRM en base a materiales de la Vía Campesina
Fuente original: Boletín Nº 135 del WRM, octubre de 2008
Fuente: http://www.wrm.org.uy/boletin/135/Via_Campesina.html
Programa
para
concretar la «soberanía alimentaria»
en Argentina
16 de Octubre de 2009: Día Mundial por la «soberanía alimentaria»
¿Quiénes somos?: el Movimiento Nacional Campesino Indígena somos mujeres y hombres, jóvenes, viejos y niños miembros de comunidades indígenas, campesinas y de los barrios del conurbano, organizados en nuestros «territorios».
Luchamos por la «soberanía alimentaria» y la Reforma Agraria Integral.
Defendiendo el modelo campesino de producción agroecológica y sustentable, en defensa de los bienes naturales y de la vida.
¿Qué entendemos por «soberanía alimentaria»?
La «soberanía alimentaria» es el derecho que tiene cada Estado y pueblo a definir su modo de producción de alimentos de acuerdo a objetivos de desarrollo.
Dando prioridad a la producción alimentaria, las economías y mercados locales y nacionales y fortaleciendo a los campesinos y a la agricultura comunitaria.
¡Solidaridad, Justicia Social e Igualdad!
¿Por qué marchamos?
· Por la «soberanía alimentaria» protegiendo el modelo campesino indígena de producción comunitaria y agroecológica, y en defensa de la semilla criolla como patrimonio de la humanidad.
· Por una Reforma Agraria Integral donde se garantice el derecho de nuestras comunidades campesinas indígenas a vivir y producir en sus tierras, la valorización de su cultura, la autonomía de las comunidades y su visión de preservación de los bienes naturales para la humanidad y para las futuras generaciones. La tierra no es una mercancía.
· Por el fortalecimiento de los mercados locales, poniendo las necesidades y aspiraciones de la gente que produce, distribuye y consume la comida en el centro del sistema de producción, por encima de las empresas y demandas del mercado transnacional e internacional.
· En contra del modelo del agronegocio que impulsa el monocultivo expandiendo la “frontera agrícola”, desalojando comunidades campesinas, desmontando, destruyendo la biodiversidad y contaminando el agua y la tierra mediante el uso de agrotóxicos, de los transgénicos, de la minería a cielo abierto.
· En contra de la represión y criminalización de la lucha de los movimientos sociales.
· En contra del saqueo de los bienes naturales por las trasnacionales.
Acampe por la «soberanía alimentaria» y contra los Agronegocios
El Movimiento Nacional Campesino Indígena acampará frente al Ministerio de Agricultura para exigir un cambio en la política agropecuaria. A partir del 15 de octubre por la mañana y por tiempo indeterminado si no son atendidos nuestros reclamos con compromiso explicito del propio ministro.
Las organizaciones que conformamos el MNCI, Via campesina Argentina
Cerca de mil compañeros y compañeras de organizaciones de base del movimiento provenientes de 10 provincias, acamparemos frente al ministerio de agricultura a la espera de ser atendidos por el ministro y poder acordar algunas soluciones y estrategias para hacer frente a los agronegocios.
La antigua SAGPyA representaba los intereses de los agronegocios y prácticamente todos sus programas y políticas estaban destinados a fortalecer y potenciar el desarrollo de la agricultura industrial.
Ese modelo de agricultura que no respeta a la naturaleza ni a la humanidad, ha producido millones de hectáreas de desierto verde, millones de hambrientos, contribuyendo gravemente al calentamiento global, produce alimentos contaminados y principalmente para la exportación, desabasteciendo los mercados locales. Además, detrás del mismo modelo están los agronegocios, corporaciones transnacionales y terratenientes que concentran cada vez más la tierra y el agua en pocas manos, desalojando comunidades campesinas y de agricultores familiares que se ven obligados a migrar a las ciudades y donde los espera la pobreza y marginalidad.
La estructura burocrática de la SAGPyA ha sido construida durante los 200 años de historia de la nación a medida de los hacendados y de la sociedad rural concentrando privilegios para algunos a través del “granero del mundo” e impidiendo el desarrollo de una patria para todos.
La política de retenciones a las exportaciones, así como la creación de la subsecretaria de desarrollo rural y agricultura familiar, fueron principios de un cambio en la dirección de las políticas oficiales, sin embargo ese proceso parece haberse estancado, la subsecretaria de desarrollo rural y agricultura familiar está prácticamente desfinanciada y la creación del nuevo ministerio parece una señal de paz hacia la mesa de enlace y su pretensión de conducir la política agropecuaria nacional.
En la etapa actual, atravesada por una crisis civilizatoria, los modelos de libre mercado donde reina la propiedad privada, ya han demostrado su rotundo fracaso, es tiempo de la «soberanía alimentaria». Para ello es imprescindible el desarrollo de la agricultura campesina indígena, basado en la relación armónica con la naturaleza, la agroecológica, el abastecimiento de mercados locales, el uso de semillas criollas y el resultado de productos sanos. Tal y como lo está planteando y debatiendo la FAO actualmente.
Es por eso que vamos a exigir:
· Que se aumenten considerablemente los recursos destinados a la agricultura campesina indígena y familiar (actualmente la relación aproximada es de 2% para agricultura familiar y 98% para agronegocios).
· Que se respete la diversidad de las organizaciones campesinas indígenas y particularmente el derecho a la autonomía a todas aquellas que no estamos dispuestas a integrar el FoNAF.
· Que las organizaciones tengan participación en las políticas de distribución de recursos.
· Que se desarrolle un programa de tierras, con recursos para resolver los conflictos jurídicos y aquellos complejos a través de expropiaciones a favor de las comunidades campesinas y el acceso a la tierra para trabajadores rurales y urbanos que quieren producir alimentos.
· Que se implementen políticas para que efectivamente suspendan los desalojos de comunidades campesinas e indígenas.
· Que se realice de forma inmediata, la entrega de títulos comunitarios a las comunidades indígenas.
· Que se generen mecanismos urgentes de apoyo a las familias campesinas indígenas afectadas por desastres naturales como sequias y tormentas. Esos recursos deben llegar a través de las organizaciones y no de toda la estructura burocrática que está frenando la llegada de recursos al campesinado.
· Que se implemente un programa para trabajar el acceso al agua de consumo y de riego para las familias campesinas. Abordando los ejes políticos y jurídicos como así también facilitando recursos para la infraestructura necesaria.
Las organizaciones tenemos la experiencia y la capacidad de gestionar y ejecutar políticas de desarrollo, lo demuestran nuestras comunidades de base en las cuales desde hace muchos años venimos sosteniendo nuestros módulos de producción agroecológica, la defensa de nuestros «territorios»y el ambiente, nuestros centros de salud, de formación y educación, de informática, nuestras fm comunitarias, nuestros mercados y redes de comercialización, entre tantas experiencias autónomas, con muy poco apoyo del estado. Es hora de que el estado cambie su enfoque y reconozca el valor estratégico y económico de la agricultura campesina indígena.
¡Es Hora de la «soberanía alimentaria»!
¡Tierra, Agua y justicia!
Movimiento Nacional Campesino Indígena
Via Campesina
Camino al primer congreso nacional
movnaccampesinoindigena@gmail.com
tel.: 0261-155615062 / 0388-154329833/ 0351-156853946
http://www.herbogeminis.com/Argentina_Por_la_Soberania.html 13 de octubre de 2009
Crisis y «soberanía alimentaria»: Vía Campesina y el tiempo de una idea
Por Luis Hernández Navarro y Annette Aurélie Desmarais
"No hay nada más poderoso que una idea a la que llegado su tiempo, escribió el novelista francés Víctor Hugo. En la era de la la crisis alimentaria mundial más grave en décadas, le llegó su tiempo al concepto de «soberanía alimentaria».
Puesta en el centro del debate político rural por Vía Campesina desde 1996, esta propuesta programática para el campo y las políticas comerciales se ha convertido, en poco tiempo, en un formidable instrumento de acción para enfrentar la hambruna y la montaña rusa de los precios agrícolas. Una propuesta que, al menos, ha tenido que ser escuchada y evaluada por estados y por organismos internacionales.
El quinto congreso internacional de Vía Campesina, celebrado en Maputo, Mozambique, entre el 16 y 23 se octubre, fue el escenario para analizar en profundidad el origen, naturaleza y repercusiones de la actual crisis alimentaria mundial, su relación con la crisis financiera, y para mostrarle al mundo el porqué la propuesta de «soberanía alimentaria» como la alternativa es no sólo viable sino necesaria.
Diamantino Nhampossa, dirigente de la Unión de Campesinos de Mozambique, resumió esta conclusión a la que los participantes del evento llegaron. “La causa de la crisis alimentaria que tenemos -dijo- es el modelo neoliberal y el capitalismo. No se pueden encontrar la solución a este problema dentro del mismo modelo. Como solución, nosotros proponemos el modelo de la «soberanía alimentaria» que promueve la agricultura familiar.” (Conferencia de Prensa, Maputo, Mozambique, 23 de octubre de 2008).
Vía Campesina
Vía Campesina es un movimiento internacional que agrupa organizaciones de campesinos, pequeños productores rurales, mujeres del campo, trabajadores agrícolas y comunidades agrarias indígenas. Participan tanto campesinos del sur como agricultores familiares del norte. En sus filas convergen asociaciones promovidas por antiguos partidos comunistas o socialistas, confederaciones libertarias, grupos cooperativistas e iniciativas ecologistas. Desde su creación no ha dejado de cobrar impulso y es quizás el movimiento social rural internacional más significativo.
El origen de Vía Campesina se remonta a abril de 1992, cuando
varios líderes campesinos de America Central, de Norteamérica y de Europa se
reunieron en Managua, Nicaragua, en el congreso de la Unión Nacional de
Agricultores y Ganaderos (UNAG). En mayo de 1993 celebraron su primera
conferencia en la ciudad de Mons, Bélgica. Siete meses después organizaron una
manifestación de 5 mil personas en las calles de Ginebra para protestar contra
el Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT).
La convergencia fue posible porque estaba entonces a punto de firmarse la
Ronda
Uruguay y diversos líderes rurales de varios países, muchos de los cuales se
habían encontrado en reuniones internacionales, coincidieron en su rechazo
explícito al modelo neoliberal y en su negativa a ser excluidos de la definición
de políticas agrícolas. Estaban de acuerdo también en que los enemigos a vencer
eran la globalización neoliberal y las grandes trasnacionales de la industria
alimentaria.
La meta principal del movimiento internacional consiste en impulsar la solidaridad y la unidad en la diversidad entre organizaciones de pequeños agricultores, para promover relaciones económicas basadas en la igualdad y la justicia social, la preservación de la tierra, la «soberanía alimentaria» y la producción agrícola sostenible.
En esas experiencias los líderes campesinos descubrieron que tenían mucho terreno en común. En todos lados la modernización (léase industrialización) y liberalización de la agricultura -impuestas mediante programas de ajuste estructural y acuerdos de libre comercio- conducían a una aguda crisis agrícola, a mayor degradación del ambiente, creciente disparidad y mayor empobrecimiento del campo, así como a la consolidación y concentración de las corporaciones agroempresariales. Campesinos, pequeños productores y comunidades rurales enteras desaparecían en tanto el cultivo de alimentos dejaba de ser medio de vida viable. Los líderes entendieron que más liberalización no era la solución.
Vía Campesina se agrupó en torno a objetivos comunes: rechazo explícito del modelo neoliberal de desarrollo rural y una abierta negativa a ser excluida del desarrollo de políticas agrícolas, así como una firme decisión de trabajar en unidad para dar fuerza a una voz campesina y establecer un modelo alternativo de agricultura. Consolidó la unidad y la solidaridad llamando al enemigo por su nombre: los agentes de la globalización económica y la corporativización de la agricultura.
Vía Campesina, pues, no propicia un conflicto entre campesinos del sur y granjeros del norte, sino que promueve la lucha entre dos modelos divergentes y opuestos de desarrollo económico y social. Por un lado, un modelo globalizado y neoliberal, impulsado por los grandes consorcios, en el que la agricultura se ve exclusivamente como forma de obtener ganancias y los recursos se concentran cada vez más en manos de la agroindustria. Por el otro, Vía Campesina vislumbra un mundo rural más humano, basado en el redescubrimiento de una "ética del desarrollo" que dimana de la "cultura productiva" y la "vocación productiva" de las familias del campo. La agricultura es impulsada por los labriegos, se basa en la producción campesina, utiliza recursos locales y se orienta al mercado interno.
Su objetivo primordial es construir modelos alternativos de agricultura y enfoca su actuación en la «soberanía alimentaria» y el comercio agrícola, la reforma agraria, los derechos de los trabajadores migratorios y los jornaleros agrícolas; el género, la biodiversidad y los recursos genéticos, los derechos humanos y los derechos de los campesinos, así como una agricultura sustentable basada en el productor.
Un número cada vez mayor de instituciones internacionales, como el Banco Mundial (BM), la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), la Comisión de Naciones Unidas para el Desarrollo Sustentable y el Foro Global de Investigación Agrícola reconocen ahora la creciente visibilidad de Vía Campesina como la voz global de los campesinos y los pequeños productores. Sin embargo, para ella la participación en encuentros patrocinados por dichas organizaciones es un asunto riesgoso, pues a menudo se utiliza para legitimar políticas y programas existentes.
Nacida de la tenaz decisión de los campesinos de seguir siendo campesinos, la organización se ha transformado en unos de los más relevantes actores del archipiélago altermundista. Resistente a una modernización que quiere prescindir de sus integrantes, se ha convertido en promotora de una modernización donde quepan todos.
Reserva de futuro
Pocos movimientos sociales en el mundo han alcanzado en los últimos años la consolidación, el crecimiento y el impacto que Vía Campesina ha conquistado. Desde su fundación se han adherido a sus filas más de 132 de organizaciones de pequeños productores rurales y trabajadores agrícolas en más de 60 países.
En una época en que los sindicatos obreros han perdido la relevancia que disfrutaron a lo largo de casi todo el siglo XX, en que la vitalidad que caracterizó a los movimientos de pobres urbanos a partir de 1970 disminuyó, en que los movimientos indígenas no han podido articular una convergencia internacional significativa más allá de la lucha por la declaración de su derechos en el marco del sistema de la Organización de las Naciones Unidas, Vía Campesina ha logrado desatar un proceso de construcción de fuerzas propias muy relevante.
Es una era en que el neoliberalismo fue la ideología dominante y casi cualquier idea de emancipación se veía como una rémora del pasado, la internacional rural logró resistir el despojo de las grandes trasnacionales agroalimentarias, comenzar a cambiar la correlación de fuerzas a favor de los campesinos pobres y mantener viva la idea de que otro orden social más justo es necesario. Ubicada desde un primer momento en la primera línea de lucha contra el neoliberalismo, su proyecto es hoy marcadamente anticapitalista.
Vía Campesina es un movimiento internacional de pequeños productores familiares rurales que defiende la economía campesina, la «soberanía alimentaria», los mercados locales de alimentos, el enfriamiento del planeta y la agricultura ecológica.
En pocos años logró poner lo rural en el centro de la agenda política internacional. Muchas de sus propuestas se adelantaron a su tiempo. La actual crisis mundial ha hecho evidente que sus señalamientos, vistos originalmente como utópicos, son viables.
Su propuesta ha mostrado fehacientemente la insensatez del modelo de agricultura industrializado, basado en el uso intensivo de los recursos naturales, en el petróleo y sus derivados.
Sus acciones han sido de gran importancia para evitar la aprobación de la Ronda de Doha e impedir que se meta a la agricultura a la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Sus afiliados participaron activamente en la exitosa lucha contra el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
En el camino, Vía Campesina ha elaborado un rico y sofisticado análisis de la situación rural y una propuesta de acción viable. Su programa se enriquece con el paso de los años. Sus reclamos principales ganan paulatinamente presencia y prestigio en otros sectores sociales, en organismos multinacionales, e incluso en gobiernos. El concepto de «soberanía alimentaria» forma ya parte de las constituciones de Venezuela y Nepal, y, muy próximamente, de Bolivia.
Sus movilizaciones en contra de las semillas transgénicas y la tecnología Terminator han sido de gran relevancia. Su presión contra el programa del Banco Mundial para la reforma agraria con criterios de mercado la ha deslegitimado.
Vía Campesina ha logrado que en las instituciones internacionales que tratan asuntos rurales se escuche a los hombres y mujeres del campo. Donde antes organizaciones no gubernamentales, funcionarios públicos, profesionales agrícolas o intelectuales hablaban en nombre de los labriegos, ahora se escucha la voz de los de abajo.
Vía Campesina es una organización inusual. Su estilo de conducción es austero y sencillo, alejado de los privilegios que tienen los “señores de la pobreza” de las grandes fundaciones para la cooperación internacional. En sus congresos y reuniones sus dirigentes hacen cola para comer, al igual que el resto de los delegados. No disponen de comedores reservados. Descansan en los dormitorios comunes y no tienen salones VIP para despachar. Vuelan en clase económica y, cuando hay recursos para trasladar a delegados, los destinan a financiar los pasajes de las mujeres.
En Vía Campesina conviven distintas culturas políticas y organizativas de manera creativa. La que proviene de la descolonización europea en África con su herencia de lucha por la liberación nacional y contra el miedo y la vergüenza. La que busca impactar en las políticas públicas desde una tradición ciudadana y reivindica la desobediencia civil en Europa. La de la resistencia, la confrontación social y la ruta hacia el poder en América Latina. La del choque marcial disciplinado y la inmolación ejemplar en Asia. La heredera de las grandes tradiciones populistas rurales, organizadora de campañas y cabildeo legislativo en Estados Unidos y Europa.
Todas esas experiencias organizativas han logrado coexistir sin grandes conflictos, complementarse, aprender unas de las otras y crear un lenguaje común. Los encuentros de Vía Campesina son espacios para forjar nuevas instituciones, relatos, símbolos y mitos compartidos. Son un lugar para nombrar lo intolerable y celebrar lo que une y emancipa.
Sorprende la enorme cantidad de mujeres que participan en la dirección del movimiento internacional y en sus encuentros, inusitado en comparación con la composición de los organismos campesinos que la integran a escala nacional. Ello es resultado, en primer lugar, de la acción misma de las mujeres que integran el movimiento, pero también de una política deliberada de inclusión y promoción.
Vía Campesina se ha dotado de un equipo técnico de un alto nivel profesional. Multilingüe, eficaz, desideologizado, conocedor de su área de responsabilidad, abnegado, que, tiene además, el enorme mérito de no sustituir a la dirección campesina. Su aporte es discreto; su presencia pública, casi invisible.
Vía Campesina es hoy una de las principales columnas vertebrales del movimiento altermundista. La prueba viviente de que los campesinos no son un lastre del pasado, sino una reserva para el futuro.
La primera crisis alimentaria
Comenzó en México como la guerra de la tortilla en enero de 2007. Se siguió a Italia como la huelga del espagueti nueve meses más tarde. Después se convirtió en alud imparable. Las protestas contra el alza en el precio de los alimentos se sucedieron en Haití, Mauritania, Yemen, Filipinas, Egipto, Bangladesh, Indonesia, Marruecos, Guinea, Mozambique, Senegal, Camerún y Burkina Faso.
La nueva hambruna se trata de un hecho global. Usualmente la escasez generalizada de alimentos se ha producido en países y regiones localizadas, ante desastres naturales, plagas o guerras. Pero ahora sucedió de manera simultánea en multitud de naciones y varios continentes.
"Nunca se había vivido una crisis como la actual. Y nosotros no la creamos", dice el hondureño Rafael Alegría. "La humanidad está amenazada, pero no por nosotros. Por el contrario, somos quienes garantizamos los alimentos. Ahora, sin embargo, es el capital financiero el que tiene el control de las cosechas. Con ellas especulan. Somos nosotros los llamados a producir la comida que hace falta. Ni los excedentes de la Unión Europea ni de Estados Unidos podrán resolver el problema." (Entrevista, Maputo, Mozambique, 20 de octubre de 2008).
Vía Campesina considera que “el mundo entero está en crisis, una crisis de dimensiones múltiples, una crisis de alimentos, de energía, del clima y de las finanzas (... ) producto del sistema capitalista y del neoliberalismo”. Una crisis que, según el indonesio Henry Saraigh, coordinador general de Vía Campesina,ha provocado el aumento del “nivel de hambre si lo comparamos con la situación de hace diez años. Hay más de 800 millones sufriendo actualmente hambre.” ( Conferencia de prensa....)
Para la organización internacional, la crisis es resultado de la combinación de diversos factores entre los que se encuentran: el aumento en la producción de agrocombustibles; la especulación financiera; la presión del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), y posteriormente la Organización Mundial del Comercio (OMC) a los países para disminuir su inversión en la producción alimentaria y su apoyo a los campesinos pequeños agricultores; así como las “políticas destructivas que socavaron las producciones nacionales de alimentos y obligaron a los campesinos producir cultivos comerciales para compañías multinacionales y a comprar sus alimentos de las mismas multinacionales (o a otras…) en el mercado mundial”. (Una respuesta a la Crisis Global de los Alimentos,
¡Los/as campesinos/as y pequeños agricultores pueden alimentar al mundo!, (2 de mayo de 2008)
De acuerdo con Rafael Alegría, de Honduras, integrante de la comisión coordinadora internacional (CCI) de Vía Campesina por parte de Centroamérica: “los altísimos precios que en los últimos años están sufriendo productos como el maíz, los frijoles, la soya, los de consumo popular, se deben a una gran especulación del capital y de las compañías trasnacionales que controlan los mercados. Y al abandono, desde hace más de 20 años, de políticas públicas agrícolas que impuso el modelo neoliberal que destruyó la economía campesina, desarticuló los sistemas financieros. Los estados se desentendieron de la agricultura y prácticamente hubo una desarticulación total de la mediana y pequeña agricultura. Ahora se están viviendo las consecuencias de que los pequeños y medianos agricultores fueron abandonados y sustituidos por empresas trasnacionales.” (Entrevista , Maputo, Mozambique, 22 de octubre de 2008).
Según Joan Pedro Stedile, dirigente del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, la ofensiva del capital financiero internacional por el control de la agricultura puede resumirse en cinco puntos.
Primero, por conducto de sus excedentes de capital financiero; los bancos pasaron a comprar acciones de centenares de empresas que actuaban en diferentes sectores relacionados con la agricultura. Y a partir del control de la mayor parte de las acciones, promovieron un proceso de concentración monopólica.
Segundo, mediante la dolarización de la economía mundial. Esto permitió que las trasnacionales se aprovecharan de las tasas de cambio favorables y entraran en las economías nacionales comprando fácilmente a las empresas locales dominando así los mercados productores y el comercio de los productos agrícolas.
Tercero, utilizando las reglas impuestas por organismos internacionales como la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los acuerdos multilaterales, que normalizaron el comercio de productos agrícolas según los intereses de las grandes empresas, y obligaron a los gobiernos serviles a la liberalización del comercio de estos productos.
Cuarto, gracias el crédito bancario. La producción agrícola, cada vez más dependiente de insumos industriales, quedó a merced de la utilización de créditos bancarios para financiar la producción. Y éstos financiaron la implantación y el dominio de la agricultura industrial en todo el mundo.
Quinto, en la mayoría de los países los gobiernos abandonaron las políticas públicas de protección del mercado agrícola y de la economía campesina.
La organización sacó importantes lecciones de la crisis. La primera es que el mercado desregulado no solucionará el problema, sino, por el contrario, la agravará. La segunda es que los campesinos y los pequeños agricultores no se benefician con los altos precios, a diferencia de los especuladores y los comerciantes en gran escala. La tercera es que los
trabajadores agrícolas y quienes en el mundo rural no tienen acceso a la tierra, han sufrido enormemente el aumento en los precios de la comida. Lo mismo ha sucedido con los consumidores urbanos pobres. La cuarta y última lección es que el libre comercio no resolverá la crisis, sino que, por el contrario, la agravará.
La segunda crisis alimentaria
En octubre del año pasado el precio internacional de las materias primas agrícolas, exceptuando el arroz, disminuyeron. La burbuja especulativa de estos productos, iniciada en 2002, reventó. En la primera semana del décimo mes del año, la cotización del maíz en la Bolsa de Chicago pasó de un récord de 296 dólares la tonelada, alcanzado el pasado 26 de julio, a 178 dólares. El trigo cayó de un máximo de 470 dólares la tonelada, obtenido en febrero de 2008, a 235 dólares. Ello no provocó que el costo de los alimentos elaborados con ambos cereales bajara un sólo centavo para los consumidores finales.
Desde que estalló la crisis financiera en Estados Unidos sus precios en los mercados internacionales han registrado fuertes caídas. Empero, lo que las personas comunes y corrientes deben pagar por su comida es lo mismo -o más- que gastaban cuando las cotizaciones de los granos básicos se encontraba en las nubes. Los precios de los cereales han experimentado una caída media de entre 30 y 35 por ciento con respecto al año anterior. Sin embargo, en el mes de septiembre, las cadenas minoristas en Estados Unidos aumentaron el costo de los alimentos en 7.6 por ciento. Durante los primeros seis meses del año, Nestlé, una de las más importantes empresas agroalimentarias en el mundo, incrementó los precios de sus productos en todo el mundo un 4.4 por ciento, y en América Latina el 8 por ciento. Por supuesto, ahora que las materias primas valen menos, no piensa bajar sus precios.
La caída de los precios de las materias primas agrícolas obedece a una razón fundamental: con el dolar revaluado y temiendo una disminución de la demanda de cereales por la recesión económica, los fondos de inversión se retiraron de esos mercados, empujando las cotizaciones a la baja. Las posiciones pasaron de 58 mil millones de dólares a 8 mil millones.
Probablemente, esta caída en el valor de las commodities agrícolas no supondrá un problema para muchas trasnacionales de la alimentación. En la recesión económica de la década de los setenta, compañías como General Mills y Kellog se expandieron y tuvieron un mejor desempeño bursátil.
En cambio, para los pequeños productores rurales la situación es radicalmente diferente. La mayoría de ellos no se beneficiaron de los altos precios que hasta hace poco se pagaban por los granos básicos. En ocasiones llegaron cuando sus cosechas ya estaban vendidas o debieron pagar más por el crédito, los fertilizantes, plaguicidas y combustibles. Las ganancias quedaron en manos de las grandes productores, las empresas agroalimentarias y los especulado
Según el agricultor vasco Paul Nicholson, “esta crisis va a generar en la agricultura una bajada de precios. Los costos de producción no van a bajar. Es claro que está bajando el precio del petróleo pero eso no va a repercutir en la bajada de los precios. En cambio, los precios que recibimos los productores si van a bajar. Eso ya se está viendo en el precio del maíz. El principal beneficiario va a ser el que controla toda la cadena alimentaria, que son las trasnacionales. El crédito en la agricultura, aunque sea de cosecha, es importante. Y va a haber menos dinero y menos crédito. Lo principal es que los costos de producción van a ser tremendamente altos. Las semillas, los fertilizantes. Los precios van a ser tremendamente altos y con una bajada de precios en origen para el productor eso significa la ruina para muchos en la agricultura campesina.” (Entrevista a Paul Nicholson, Maputo, Mozambique, 22 de octubre de 2008).
Contra las trasnacionales
En la conferencia de Maputo, Vía Campesina declaró la guerra a las
empresas trasnacionales.
Son su enemigo principal. De esta manera transitó de la crítica al neoliberalismo y la oposición a
la incorporación de la agricultura en los acuerdos de libre comercio a
posiciones marcadamente anticapitalistas.
"La guerra ha comenzado. Somos los campesinos contra las trasnacionales. O ellos
logran sus pretensiones de robarse y controlar nuestra tierra, nuestras semillas
y el agua, o nosotros resistimos hasta que se les acabe su lindo capitalismo",
asegura Joao Pedro Stedile, dirigente del Movimiento sin Tierra de Brasil.
Dena Foff, representante de la Coalición de Granjeros familiares de Estados
Unidos, sostiene que "en el mundo en que vivimos ya no existe duda alguna de que
las corporaciones trasnacionales están compitiendo con los ciudadanos del mundo
por tener el dominio del planeta, sobre sus recursos y su gobierno".
En su resolución final, la internacional campesina afirma: "En las zonas rurales
del mundo, hemos visto una feroz ofensiva del capital y de las empresas
trasnacionales sobre la agricultura y los bienes naturales (agua, bosques,
minería, biodiversidad, tierra, etcétera), que se traduce en una guerra de
despojo contra los pueblos campesinos e indígenas, utilizando pretextos falsos
como los argumentos erróneos que plantean que los agrocombustibles son una
solución a las crisis climáticas y energéticas, cuando la verdad es todo lo
contrario. En el momento en que los pueblos ejercen sus derechos y resisten este
despojo generalizado, o cuando son obligados a ingresar en los flujos
migratorios, la respuesta ha sido más criminalización, más represión, más presos
políticos, más asesinatos, más muros de la vergüenza y más bases militares".
La internacional campesina asume que estas corporaciones son la forma actual del
capital para controlar la economía, los recursos naturales, la tierra, el agua,
la biodiversidad, la producción, el comercio agrícola y la explotación del
campesinado.
Las trasnacionales -dice Paul Nichoslon- están ocupando las tierras y
desplazando a millones de campesinos para producir agrocombustibles. "En todo el
mundo -puntualiza- les quitan las mejores tierras a los campesinos para meter
agricultura industrializada. Y quieren tener el control sobre las semillas. No
puede ser que por culpa de ellas comamos todos en el planeta cuatro tipos de
tomate, cuando tenemos miles de variedades locales."
La lucha en el mundo campesino no es sólo contra los latifundistas, o los
acaparadores, o los intermediarios, sino contra las grandes corporaciones
agroalimentarias. Según Stedile: "hubo una concentración del control de la
producción y del comercio mundial de productos agrícolas, por algunas pocas
empresas, que dominan esos productos en todo el mundo, en especial los productos
agrícolas estandarizados, como los granos o los lácteos. Además dominan toda la
cadena productiva de los insumos y las máquinas utilizadas por la agricultura.
Los campesinos que estaban acostumbrados a sólo luchar contra los terratenientes
y contra los latifundistas ahora se transformaron
en un actor principal contra el gran capital
trasnacional.”
«Soberanía alimentaria»: la solución a las crisis y la vida de los pueblos
Para Vía Campesina, la crisis es una oportunidad, porque “la «soberanía alimentaria» ofrece la única alternativa real tanto para la vida de los pueblos como para revertir las crisis.” Según sus integrantes, el desafío ha mostrado que los pequeños agricultores familiares son capaces de alimentar y enfriar el planeta. En palabras de Alberto Gómez, de México, integrante de la comisión coordinadora internacional (CCI) de Vía Campesina por parte de América del Norte: “somos una solución a los grandes problemas. Estamos en el centro en lo que es la producción de alimentos. En el centro en lo que es el cambio climático. En el centro por lo que es la crisis energética.” (Entrevista con Alberto Gómez, Maputo, Mozambique, 23 de octubre de 2008)
Joao Pedro Stedile está de acuerdo. Según él, "gracias a Dios y a que Dios sigue siendo campesino, la crisis nos abre grandes oportunidades". Es el momento de no de quedarse con los brazos cruzados viendo cómo se cae el capitalismo sino de participar en su entierro.
La «soberanía alimentaria» enfrenta a la crisis alimentaria con producción campesina local; encara a las crisis climáticas y energéticas, atacando dos de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero: el transporte de alimentos a larga distancia y la agricultura industrializada; y, aminora una parte de la crisis financiera, al prohibir la especulación con los alimentos.
Desde que Vía Campesina introdujo por vez primera, en 1996, el concepto de «soberanía alimentaria», la idea se ha diseminado muy rápido. «soberanía alimentaria» es hoy un llamado a la acción para un número creciente de organizaciones de campesinos y granjeros, organismos no gubernamentales y movimientos sociales. Muchas conferencias internacionales han convenido en elaborar más el concepto, incluida la que celebró el Partido Verde del Parlamento Europeo. También es el foco de la discusión en reuniones importantes, como el Foro Social Mundial y el foro de las organizaciones no gubernamentales (ONG) de la Cumbre Mundial Alimentaria, celebrada en junio de 2002. Pero ¿qué significa exactamente el término «soberanía alimentaria»?
De acuerdo con Vía Campesina, la alimentación es un derecho humano básico y "todos los pueblos y Estados deben tener el derecho a definir sus propias políticas agrícolas y alimentarias" para garantizar la seguridad interna en la materia y el bienestar de su población rural. En palabras de Vía Campesina, «soberanía alimentaria» significa que los pueblos tienen "derecho a producir su comida en su «territorio»" en formas que refuercen los valores culturales de los pueblos y el medio ambiente. La «soberanía alimentaria» significa garantizar que los campesinos, los granjeros en pequeño y las mujeres rurales tengan el derecho a contar con todos los recursos necesarios para producir comida; tener un acceso mayor a la tierra y un control mayor sobre ésta y sobre las semillas, el agua, los créditos y los mercados. La «soberanía alimentaria» requiere una reforma agraria genuina y de gran alcance.
Más aún, la «soberanía alimentaria» será posible únicamente si existe un control democrático del sistema alimentario y el reconocimiento de que "la herencia cultural y los recursos genéticos pertenecen a la humanidad". Esto significa que todas las formas de vida -incluidos plantas y animales- deben protegerse del patentamiento. También quiere decir regular los mercados mediante prácticas como el manejo del abasto y un comercio ordenado.
La «soberanía alimentaria» se centra en la producción de comida y en quienes de hecho trabajan la tierra. Por tanto, va más allá de cómo se entiende comúnmente la seguridad alimentaria, que implica garantizar que se produzca una cantidad adecuada de comida accesible a todos. En cambio, la «soberanía alimentaria» se centra en cuestiones como qué comida se produce, dónde se produce, cómo se produce y en qué escala. Vía Campesina argumenta que no puede alcanzarse una seguridad alimentaria sin «soberanía alimentaria».
Es claro que la «soberanía alimentaria» es una alternativa radical a la visión que de la agricultura se tiene en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Ahí donde los principios guías del organismo son "el derecho a exportar" a toda costa y el "derecho a importar" comida como el mejor camino de garantizar la seguridad alimentaria, la visión de una «soberanía alimentaria» da prioridad a la producción local para un consumo también local. No es que Vía Campesina se oponga al comercio agrícola, pero enfatiza que "la alimentación es la más primaria e importante fuente de nutrición, y sólo en segundo término un asunto de comercio". Dado que la comida es un derecho humano básico "sólo debe comerciarse con el excedente". Además, este comercio internacional "debe servir a los intereses de la sociedad", no llenar los bolsillos profundos y sin fondo de las corporaciones trasnacionales de la agroempresa. La «soberanía alimentaria» es simplemente imposible en el marco de la OMC.
El "desarrollo" -uno equiparado hoy con globalización y comercio- que intentaba resolver la persistencia de la pobreza y el hambre en el campo es un fracaso, y hoy la idea de «soberanía alimentaria» se opone con eficacia a este "desarrollo". Mediante la «soberanía alimentaria», Vía Campesina nos desafía a todos a pensar más allá de los cajoncitos -premisas tecnológicas, liberalización, desregulación y privatización- que con frecuencia caracterizan las deliberaciones en torno a las políticas alimentarias, agrícolas y de desarrollo rural. Habiendo introducido una alternativa viable, Vía Campesina transforma el debate internacional.
El concepto de «soberanía alimentaria» entró ya a círculos más oficiales. Por ejemplo, el director general de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas (FAO, por sus siglas en inglés), declaró recientemente el compromiso de trabajar en asociación con organizaciones de la sociedad civil para aplicar un enfoque de «soberanía alimentaria» y emprender esfuerzos que liberen al mundo del hambre y la pobreza. En su informe más reciente, la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Informe especial sobre el derecho a la alimentación, reivindica la «soberanía alimentaria» como la manera de garantizar el derecho de los pueblos a comida y seguridad alimentaria.
Con agudeza, Vía Campesina está consciente de que por más revolucionarios que sean estos conceptos, con frecuencia son mal interpretados, mal usados y usurpados por aquellos en el poder. Por ejemplo, numerosas instituciones internacionales integran ahora consideraciones en torno al ambiente con la bandera de un "desarrollo sustentable". La contradicción, sin embargo, estriba en que "verdear" el discurso desarrollista ocurre dentro de los límites de un abrazo pleno a la ideología desarrollista del libre mercado, que enfatiza la extracción intensiva y extensa de recursos como solución al estancamiento económico. Las preocupaciones en torno al ambiente únicamente se "añaden" a un modelo de desarrollo muy fallido. En consecuencia, "la sustentabilidad", que originalmente se concibió como un tipo de desarrollo fundamentalmente diferente, se usa ahora para justificar toda suerte de prácticas que dañan el ambiente. A la luz de esta experiencia, es claro que Vía Campesina requiere trabajar intensamente para evitar que se usurpe la idea de la «soberanía alimentaria». Para el efecto, toma ya medidas importantes y une fuerzas con muchos movimientos sociales, con ONG de pensamiento semejante, y con instituciones de investigación por todo el mundo.
De acuerdo con la organización campesina internacional, la «soberanía alimentaria» “requiere la protección y re-nacionalización de los mercados nacionales de alimentos, la promoción de ciclos locales de producción y consumo y la lucha por la tierra, la defensa de los «territorios» de los pueblos indígenas, y la reforma agraria integral”. tiene como sustento el cambio del modelo productivo hacía la producción agroecológica y sustentable, sin plaguicidas y sin transgénicos, basado en el conocimiento campesino e indígena.
A la «soberanía alimentaria» le llegó su momento. Cientos de miles de campesinos de todo el mundo que se niegan a desaparecer ven en ella el modelo para otro tipo de desarrollo. De allí su fuerza".
Luis Hernández Navarro es coordinador de Opinión del diario la Jornada. Annette Aurélie Desmarais es profesora asociada de estudios judiciales en la Universidad de Regina, Canadá, y autora del libro La Vía Campesina
Fuente: www.rebelion.org /Otro mundo es posible/ 28-2-09