Represión

Diciembre 2004

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A los pobres     (volver)

Resignarse al Estado peronista es conformarse con la represión al binomio trabajo-patria

1) “Con el término fordismo designamos a las formaciones capitalistas que se constituyeron desde los treinta hasta los cincuenta del siglo XX, como resultado de la crisis económica global y de la segunda guerra mundial”.

Joachim Hirsch  continúa:

“Estas formaciones se establecieron teniendo como base la posición imperialista dominante de los Estados Unidos y la prosperidad de la posguerra, desarrollada y sostenida bajo esa dominación.

El ‘ciclo largo’ fordista alcanzó su cima en los sesenta y culminó en una nueva etapa de crisis mundial y ‘secular’ a mediados de los setenta.(...)

La formación fordista se basa en una estrategia de acumulación intensiva de capital que descansa, de modo esencial, en la reorganización taylorista del proceso de trabajo y luego, en  las nuevas tecnologías( construcción de automóviles, de implementos domésticos, de medios electrónicos para la comunicación).

El taylorismo significó la mayor explotación laboral mediante

·         la descalificación obrera de largo alcance;

·         la destrucción del poder del trabajo artesanal y

·         la introducción de técnicas eficientes de control y supervisión administrativas.

La organización taylorista del trabajo y el consecuente gran incremento de la productividad del trabajo, posibilitaron la producción masiva de bienes baratos de consumo y un aumento gradual, perceptible de los salarios reales.(...)

Se desarrolló una sociedad de masas compuesta por individuos atomizados, caracterizada por relaciones sociales mediadas a través del dinero, una división del trabajo ....y regulada e integrada por las cada vez más grandes organizaciones burocráticas”.

El Estado benefactor en tanto forma de regulación política se fundamentó en el crecimiento de

-aparatos sindicales burocratizados, centralizados  y  vinculados corporativamente al aparato político;

–partidos estatizados de masas que se caracterizan por una membresía y un sostén electoral socialmente dispersos, y por programas carentes de una especificidad de clase.

Es un orden que estabiliza sus contradicciones por pleno empleo, creciente bienestar material y sistema de seguridad social desarrollado.

        “Los estudios sobre el Estado y la reestructuración capitalista”
        fichas temáticas de Cuadernos del Sur, editorial Tierra del Fuego, 1992.

John Holloway escribe:

La contención del poder del trabajo

·         comienza con el intento de Ford(1915) de transformar ese poder en la demanda de mercancías y el efecto implícito fue enfocar la lucha no en las condiciones de producción sino en el nivel de recompensa monetaria;

·         se continúa con el corolario de ese contrato salarial, a saber, la organización de los trabajadores en sindicatos cuyo objetivo principal debía ser la negociación con los patrones;

·         integra los sindicatos al Estado por su rol central en el sistema de gobierno.

Esta contención del poder del trabajo se apoyaba en la previa supresión violenta de incontenibles y revolucionarias expresiones de ese poder y en la continua exclusión de fuerzas que no estaban conformes con el modelo fordista.

El aparente equilibrio del Estado de bienestar de Keynes descansó sobre un patrón complejo e inestable de incorporación/ exclusión por el lado del capital, y conformismo/ rebelión por el lado del trabajo, un patrón llamado muchas veces <corporativismo> por aplicar la organización fascista de Benito Mussolini”.

“El desarrollo del Estado de bienestar después de la guerra contribuyó tanto a la efectividad como a la estabilidad de la explotación, pero trajo consigo costos muy grandes para el capital en los años sesenta.

Además,

el salario se volvió cada vez menos efectivo como medio de canalizar la rebeldía en contra de la explotación laboral;

el Estado tenía dificultades crecientes para contener la protesta social dentro de sus instituciones de conciliación;

la producción fordista aumentó la contradicción entre el potencial de la creatividad humana y el grado extremo de realizar siempre la misma operación laboral como apéndice de una máquina;

la expansión del Estado de bienestar en la vida social  condujo a la conciencia del contraste entre el control social y el estatal de modo que la rebeldía contra el trabajo se complementó con la rebeldía contra el Estado”.

“Marxismo, estado y capital”, fichas temáticas de Cuadernos del Sur, editorial Tierra del Fuego, 1994.

2) En Argentina, el Estado militarizado de los monopolios locales e imperiales adquiere continuidad vertebral, de apoyo y subordinación masivos, mediante el partido (o la comunidad organizada) peronista.

Juan Domingo Perón pertenece al Ejército, prusiano en su adoctrinamiento, que representa al poder económico local e imperialista y que a mediados de la década del veinte en el siglo XX, comienza a interpretar “la necesidad de gobiernos fuertes”, surgidos sin sufragio universal, “cómo única garantía de orden cuando los desbordes provocados por líderes demagógicos volvían ingobernables a los sectores populares”.

Participa de, y continúa, el proceso de gobierno directo de las fuerzas armadas que se inicia el 6 de septiembre de 1930.

Gabriel A. Ribas y María Cristina San Román  se refieren al Manifiesto de ese primer golpe de Estado que “invocaba la voluntad popular y atribuía al gobierno atacado los mayores males, advertía sobre el ejercicio de la libertad, declamaba altos y desinteresados propósitos y paradójicamente, invocaba el respeto por la Constitución.

El tono fundacional y muchos de sus conceptos se convertirían en lugares comunes a lo largo de medio siglo de inestabilidad institucional”.

Por cierto, esos conceptos manipuladores de la opinión pública son compartidos por los gobiernos constitucionales del partido único (justicialismo-radicalismo) que representa los intereses del bloque dominante.

En efecto, el Manifiesto declara “en nombre de la Patria y la memoria de los próceres y en alto la Bandera hacemos un llamado a todos los corazones argentinos...”;

Nos mueve “la corrupción administrativa, la ausencia de justicia, la anarquía universitaria, la improvisación y el despilfarro en materia económica y financiera, el favoritismo deprimente como sistema burocrático, la politiquería como tarea primordial del gobierno...”.

Alejandro Cristófori y María Cristina San Román, en Historia Argentina, relatan:

“A partir de los tratados internacionales de 1945 y en el marco de las relaciones de posguerra, en las agendas de los cancilleres latinoamericanos, pasó a primer plano la consideración de los encuentros destinados a resolver cuestiones atinentes a la convivencia dentro del continente y a mantener su pertenencia  al bloque occidental.(...)

Desde 1948, el Comando Sur de los Estados Unidos promovió reuniones con los jefes militares latinoamericanos.

En 1951 una reunión de consulta de cancilleres, en Washington, aprobó un plan maestro para la defensa y se comenzaron a concretar una serie de tratados militares bilaterales con las naciones latinoamericanas.

Argentina votó la resolución que recomendaba preparar las Fuerzas Armadas nacionales para la defensa continental,  pero incluyó la reserva de condicionar el empleo de éstas a la Constitución Nacional.. y a la decisión del Congreso.

Fue significativo el acercamiento de Perón a Estados Unidos a partir de la visita de Milton Eisenhower en julio de 1953. Al año siguiente la Conferencia Interamericana, reunida en Caracas, aprobó una resolución  que justificó la aplicación del TIAR ante el vuelco político de cualquier estado americano  hacia regímenes comunizantes”.

De acuerdo con estos antecedentes se explica que el terrorismo de estado sea preparado por el de la Triple A que, a su vez, tiene origen en la masacre de 1973 en Ezeiza, en la policía del gobierno de Perón que –en 1955- asesinó mediante torturas al médico comunista Juan Ingalinella  y lo desaparece.

Además, articula  con

·         las fuerzas nacionalistas de choque (ejemplo de las peronistas fue la Alianza Libertadora Nacional) desde principios del siglo XX  y con la Mazorca  de partidarios del  general Juan Manuel de Rosas, ídolo de Perón;

·         las patotas sindicales y las satrapías.

Por supuesto, la Junta Militar compone al bloque dominante con hegemonía de la burguesía imperialista, constante desde la derrota del pensamiento de Mayo.

De modo que la Doctrina de Seguridad Nacional (desde 1963) se acompañó de una estrategia de la globalización financiera que aplicó José Martínez de Hoz y la de una guerra psicológica y bastardeo cultural.

Ambas fueron precedidas, respectivamente, por el golpe a los bolsillos populares de Celestino Rodrigo al devaluar el peso en 100% y el ataque a la educación pública que encabeza Óscar Ivanissevich durante el gobierno de Isabel Perón.

Tampoco es fortuito que  un gobierno peronista (presidido por Carlos Menem) aplique el Consenso de Washington y la hipótesis de la Guerra de Baja Intensidad.

Ni que Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, como restauradores de la dirección partidaria,  puedan recomponer el sometimiento del país y su pueblo a los dictados del FMI, BM y BID.

Aún más, esa creencia mayoritaria en la metamorfosis de Kirchner se asocia con la del toque mágico que  convierte al general Perón en redentor pese a su amistad con Stroessner y Somoza o peor su vida de magnate en la ‘paz’ de la dictadura genocida de Franco en España como la denuncia el cuadro “Guernica” de Pablo Picasso.


Con consenso     (volver)

Interpretar al binomio desde la lógica vigente hace que el pueblo sufra y espere la salvación

1) Justo cuando este cambio radical le exige la deliberación en todos los espacios públicos a lo largo del país sobre sus necesidades e intereses populares y las políticas para atenderlos.

Lo desafía a romper con el pensamiento de cada cual

·         cerrado en la interpretación de soluciones como mejoramiento del presente pero no como transformaciones de fondo al considerarlas dentro de lo posible;

·         acabado por propuesta de un modelo y encima abstracto por enaltecer intelectos iluminados, dueños de la única alternativa;

·         centrado en la economía y obnubilado por las tecnologías de punta que desprecia las sabidurías polifacéticas e iniciativas de la diversidad popular y enclaustra la toma de decisiones en economistas, partidos políticos, gobiernos e intelectuales de renombre.

Tres características lógicas que se hallan en las conclusiones de Heinz Dietrich, por ejemplo, advierte:

“Para los desempleados argentinos, la demanda programática es la beca para todos los jefes de familia que no tengan trabajo.

Pero, junto con esta demanda nacional, hay que explicar a la gente que la tasa de desempleo depende de la competitividad de la economía nacional y que esta competitividad, a su vez, es una función de las tecnologías de punta.

Superar el desempleo estructuralmente significa desarrollarlas a través del bloque regional latinoamericano o la Patria Grande”.

Heinz Dietrich, en su libro “Democracia participativa y liberación nacional”( editorial Nuestra América, 2003) pese al título, no habla de este último proceso.

Claro, advierte, “este bloque regional es un ente capitalista como lo planteó Simón Bolívar”.

O tal vez ese proceso, guiado por “la elite global de los excluidos”, lo formule en los siguientes párrafos:

“La superación del capitalismo dependiente latinoamericano a nivel nacional y hemisférico y la superación del capitalismo global exigen el desarrollo colectivo de la nueva teoría y praxis del cambio libertador porque nadie, que tenga ética y sentido común, puede creer que el capitalismo o la democracia formal van a solucionar los grandes problemas de la humanidad.

No menos ilusorio sería pensar que las doctrinas del socialismo ‘realmente existente’ sirvan aun como banderas de lucha y organización mundial, capaz de derrocar al capitalismo global.

Esta tarea corresponde al Nuevo Proyecto Histórico de las mayorías que hace visible los caminos de la liberación y que permite que de las entrañas del sistema se levanten los sin voz ni rostro, los sin tierra ni trabajo, para caminar sobre ellos y reconquistar el futuro perdido”.

El “nuevo socialismo” se basa en la economía equivalente que Arno Peters explica en el texto de Dietrich, por ejemplo:

“La acumulación de la riqueza y la de la pobreza, también su polarización, son procesos que dependen uno del otro, por lo cual sólo pueden resolverse juntos”.

¿Cómo?  Por la equivalencia (debida a tener en cuenta el tiempo contenido en las mercancías) de los precios de los productos naturales con los de los productos industriales.

Esto “terminaría tanto con la sobresaturación en los países industrializados, como el hambre en los países en vía de desarrollo”.

“Y deberíamos tener presente lo siguiente:

·         los países no industrializados de este mundo no están subdesarrollados, sólo se desarrollaron de otra manera que los países industrializados;

·         la industrialización de todos los países es injustificable ecológicamente;

·         muchos países no la necesitan, su existencia está asegurada por un reparto natural del trabajo entre los Estados que ya no competirían uno con otro.

De manera que, también, podrían perder su sentido las revoluciones”.

Heinz Dietrich (en su libro con prólogo de Miguel Bonasso) dice que, en la etapa de transición, para la lucha por apropiarse del plusproducto global, América latina “dispone de todos los elementos necesarios para desarrollar sus corporaciones transnacionales o complejos de investigación-producción-comercialización dentro del bloque regional de capitalismo proteccionista (MERCOSUR ampliado, profundizado y democratizado) y de esta manera puede revertir su descapitalización y el retroceso de las últimas décadas”.

Todavía en el 2004 seguía convocando al apoyo a Kirchner y señalaba como elite argentina de los excluidos a Luis D’Elía.

Es que considera la democracia participativa como ampliación cualitativa de la democracia formal, la modernidad como independencia de la naturaleza y “el sujeto racional-ético-estético como producto del cambio en las instituciones que guían su actuación”.

                           www.puk.de/download
                           www.rebelion.org (la página de Dietrich)

John Holloway (en “Marxismo, Estado y capital”) plantea el desafío actual como

2) la lucha por construir organizaciones consecuentes con los intereses de las clases populares y debe

·         dirigirse contra el gobierno-Estado como el poder político-económico e ideológico-cultural que crea de modo constante: la conservación, reestructuración  y reimposición de las relaciones opresoras de la gran burguesía;

·         “involucrar el desarrollo de formas reales y efectivas de contraorganización que reafirmen la unidad de lo que el Estado separa”.

Define que el gobierno-Estado adquiere forma de un mecanismo de autoridad pública aislado del Mercado y de la sociedad cuando “la característica más importante y distintiva de la dominación de clase en la sociedad capitalista es que está mediada por el intercambio mercantil.

El trabajador no está sujeto ni directa ni físicamente al capitalista patrón, su sujeción está mediada por la compra-venta de su fuerza de trabajo como mercancía”.

“De esta forma de explotación deriva que la coerción social indispensable para la dominación clasista no se puede asociar directamente con el proceso inmediato de explotación sino que debe localizarse en una instancia separada de los capitales individuales: el Estado”.

“El Estado es visto, entonces, como externo a las relaciones de producción y se deja al análisis sin capacidad para captar el desarrollo del Estado como parte del desarrollo histórico del modo de producción”.

Tanto el gobierno de Kirchner como el MERCOSUR componen formas de dominación de la gran burguesía imperialista cuyos intereses dirigen la globalización.

La globalización oculta profundas resistencias e inestabilidades y de ahí  la aplicación de las guerras, la preventiva y la de conflictos de baja intensidad.

“Las fábricas, las familias, las escuelas, todas están escindidas por conflictos, desquiciamientos, inestabilidades e incertidumbres. Están muy lejos de constituir los refugios o puertos de paz y tranquilidad que sugiere la ideología burguesa.

El barniz de igualdad y armonía apenas si oculta las diarias erupciones de la violencia y discriminación estatal por una parte y por otra del sabotaje, ausentismo, vandalismo y un millón de actos de rebeldía que el capital busca continuamente controlar o suprimir.(...)

La aparente neutralidad y fragmentación de las formas como dinero, capital, interés, renta, ganancias, Estado: todas son vividas comúnmente como aspectos de un sistema general de opresión, aun cuando no se entiendan sus interconexiones precisas”.

“El hecho que, cada vez más, la movilización contra la tendencia a decrecer de la cuota de ganancia se lleva a cabo a través del Estado significa que, inevitablemente, todo el complejo de relaciones políticas se halla cada vez más directamente influido por la reestructuración general de las relaciones de producción”.

“La lucha por reformular las relaciones sociales del capitalismo tiene lugar no sólo fuera del aparato estatal, y no sólo mediante la acción del aparato estatal sobre la sociedad sino, también, dentro del aparato estatal.

El antagonismo y conflicto que penetran toda la sociedad capitalista están igualmente presentes en el aparato estatal.

La resistencia a la opresión inscrita en la forma estatal no es sólo externa al aparato estatal, sino que tiene lugar, también, dentro de él en

·         las acciones de los empleados estatales y representantes electos,

·         el comportamiento de quienes luchan contra la opresión que parece implícita en sus relaciones con el Estado.

A veces toman formas significativas en sus consecuencias políticas: la organización de personas con demandas, los trabajadores gubernamentales que se unen a los inquilinos en protestas contra el alojamiento proporcionado por el Estado, etc..

Cada uno de estos hechos puede verse como intento de enfrentarse a las definiciones opresoras implícitas en el Estado, o de desafiar los límites de la forma estatal aunque quedándose dentro del aparato estatal”.

“No existe dualidad alguna en el Estado, no tiene un lado ‘bueno’(el social) y uno ‘malo’ (el represivo); todos los aspectos de la intervención del Estado se dirigen, inmanentemente, contra la lucha por derrocar al capitalismo.

Tampoco se puede hablar de una dualidad en la naturaleza de la administración pública...aún la de apariencia más inocua categoriza la realidad social y tiene un impacto sobre las formas de la lucha social”.

Holloway dice: el concepto de ciudadanía

expresa con claridad que el Estado burgués formula la libertad e igualdad formales.

Al no reconocer las diferencias clasistas, étnicas, religiosas, etc. e incluso los antagonismos, “sirve para mantener un statu quo opresivo”;

se basa en una abstracción de las relaciones de producción, es decir, se basa en la separación de lo político y lo económico”.

“El sistema parlamentario reproduce la característica general del Estado burgués al tratar a la población como una masa abstracta de ciudadanos cuyo significado puede ser cuantificado a través de las elecciones”.