Egocentrismo

Diciembre 2004

(Agosto 2004)
(Septiembre 2004)
(Octubre 2004)
(Noviembre 2004)


Inhibe el análisis    (volver)

Anteponer el trabajo a la patria quita desarrollo social e individual

“El trabajo (en todas sus formas) necesita definir un nuevo horizonte y una alianza entre sus fragmentadas fuerzas y las fuerzas afines.

Esa alianza, frente a la destrucción capitalista, tendrá que tomar la forma de un pacto o una alianza civilizadora en pro de un conjunto mínimo de derechos sociales y de libertades políticas garantizadas a todos los seres humanos desde el momento de su nacimiento”.

Adolfo Gilly llega a estos significados del imprescindible binomio trabajo-patria a partir de examinar cómo el capitalismo se asegura que los trabajadores –de los cuales depende- no se rebelen.

Les impone la fragmentación que le permite transformar los derechos sociales, dentro del terreno

·         jurídico, en servicios pagos u objetos del Mercado;

·         social, en relaciones contractuales de cada individuo con el capital, o sea, no sólo debilita al oprimido sino, también, lo obliga a competir con sus semejantes;

·         laboral, en su desconocimiento total al extender el trabajo precario, flexible, segmentado y transnacionalizado.

“Por millones los trabajadores emigran y cruzan las fronteras, individuos o familias enteras, desarraigados de sus comunidades y sus países, privados de sus costumbres y valores, para ser arrojados como fuerza de trabajo -mal paga y sin derechos- en mercados de trabajo extraños, en competencia hostil y hasta violenta con los trabajadores locales amenazados en sus derechos y conquistas por los intrusos, los extranjeros, los sin derechos, los de otras costumbres y otros tonos de piel”.

En consecuencia, “cualesquiera sean los objetivos inmediatos por los cuales se organizan, para desarrollarse, los movimientos sociales precisan volver a socializar las situaciones, los espacios y las demandas(sociales, políticas, jurídicas, organizativas) que la reestructuración del capital ha fragmentado.

Esta nueva socialización, cuya forma inmediata es la recomposición organizativa y  programática, al principio, sólo puede operarse por sectores y dentro de las fronteras nacionales.

Pero, desde un primer momento, está obligada (por la fuerza de los hechos) a no ignorar la dimensión internacional en la cual se mueve la fuerza de fragmentación del capital”.

“Los movimientos sociales luchan por derechos y conquistas específicas y su objetivo político es el de la democracia como régimen que les permite expresarse, organizarse y decidir en independencia y autonomía sobre sus fines, métodos y destinos.

Pero para poder detener las ofensivas que los disgregan, necesitan buscar aliados políticos; y para poder trascender la fragmentación y el confinamiento, necesitan socializar sus demandas particulares en un nuevo proyecto general”.

América Libre n º 3 de l993    alibre@rcc.com.ar  www.nodo50.org/americalibre 

Ernesto “CHE” Guevara, en octubre de 1962, les dice a los jóvenes comunistas de Cuba:

“nosotros tenemos que defender nuestra revolución, la que estamos haciendo todos los días. Y para defenderla, hay que hacerla construyéndola, fortificándola con ese trabajo que hoy no le gusta a la juventud, o que, por lo menos, considera cómo el último de sus deberes, porque conserva todavía la mentalidad antigua, la mentalidad del mundo capitalista, o sea que el trabajo es, sí, un deber, es una necesidad, pero un deber y una necesidad tristes...

¿Por qué ocurre esto?  Porque todavía no le hemos dado al trabajo su verdadero sentido. No hemos sido capaces de unir al trabajador con el objeto de su trabajo. Y al mismo tiempo, de impartirle al trabajador conciencia de la importancia que tiene el acto creativo que día a día realiza.

El trabajador y la máquina, el trabajador y el objeto sobre el que se ejerce el trabajo todavía son dos cosas diferentes, antagónicas. En eso hay que trabajar, para ir formando nuevas generaciones que tengan el interés máximo en trabajar y sepan encontrar en el trabajo una fuente permanente y constantemente cambiante de nuevas emociones. Hacer del trabajo algo creador, algo nuevo”.


Favorece la derecha    (volver)

Disociar el trabajo y la patria refuerza al sistema opresor

La cultura de trabajo no divide a los trabajadores ocupados de los trabajadores desocupados porque su desarrollo depende de la participación en la construcción de la convivencia confraternal entre los distintos sectores populares, o de la patria.

El sistema capitalista aliena al trabajador. Es decir, además de forzarlo a hacer posible el crecimiento de riquezas del gran capital con cada vez menos salario, le impide expresar creatividad e iniciativa, o sea, realizar su esencia humana.

“El obrero en su trabajo no se confirma a sí mismo sino que se niega a sí mismo, no se siente feliz sino desgraciado, no desarrolla libremente su energía física y mental sino que mortifica su cuerpo y arruina su mente.

Por tanto, el obrero sólo se siente cuando está fuera de su trabajo y en su trabajo, se siente fuera de sí mismo.

Se siente libre sólo cuando está fuera del trabajo y por consiguiente, el trabajo es coercitivo”.

                    Carlos Marx  

Ernesto “CHE” Guevara (“El socialismo y el hombre en Cuba” en Marcha, Montevideo 12/3/65) sostiene:

El hombre, en el socialismo, a pesar de su aparente estandarización, es más completo; a pesar de la falta del mecanismo perfecto para ello, su posibilidad de expresarse y hacerse sentir en el aparato social es infinitamente mayor.

Todavía es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y producción y ligarla a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica, de manera que sienta cómo estos procesos son estrechamente interdependientes y sus avances son paralelos.

Así logrará la total conciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas las cadenas de la enajenación.

Esto se traducirá concretamente en                                                                  

la reapropiación de su naturaleza a

través del trabajo liberado y la expresión

de su propia condición humana

 a través de la cultura y el arte.

Para que se desarrolle en la primera, el trabajo debe adquirir una condición nueva; la mercancía-hombre cesa de existir y se instala un sistema que otorga una cuota por el cumplimiento del deber social.

Los medios de producción pertenecen a la sociedad y la máquina es sólo la trinchera donde se cumple el deber.

El hombre comienza a

·         liberar su pensamiento del hecho enojoso que suponía la necesidad de satisfacer sus necesidades animales mediante el trabajo;

·         verse retratado en su obra y 

·         comprender su magnitud humana a través del objeto creado, del trabajo realizado.

Esto ya no entraña dejar una parte de su ser en forma de fuerza de trabajo vendida, que no le pertenece más, sino que significa una emanación de sí mismo, un aporte a la vida común en que se refleja; el cumplimiento de su deber social.

Hacemos todo lo posible por darle al trabajo esta nueva categoría de deber social y unirlo al desarrollo de la técnica, por un lado, lo que dará condiciones para una mayor libertad, y al trabajo voluntario por otro.

Tenemos en cuenta la apreciación marxista de que el hombre realmente alcanza su plena condición humana cuando produce sin la compulsión de la necesidad física de venderse como mercancía.

Claro que todavía hay aspectos coactivos en el trabajo, aun cuando sea voluntario; el hombre no ha transformado toda la coerción que lo rodea en reflejo condicionado de naturaleza social y todavía produce, en muchos casos, bajo la presión del medio (compulsión moral, la llama Fidel).

Todavía le falta lograr la completa recreación espiritual ante su propia obra, sin la presión directa del medio social, pero ligado a él por los nuevos hábitos. Esto será el comunismo.

Al comenzar el artículo, Ernesto “CHE” Guevara señala que “es común escuchar de boca de los voceros capitalistas como un argumento en la lucha ideológica contra el socialismo, que éste se caracteriza por la abolición del individuo en aras del Estado.

No pretenderé refutar esta afirmación sobre una base meramente teórica, sino establecer los hechos tal cual se viven en Cuba y agregar comentarios de índole general(...)”.

Durante el ataque al Moncada, el hombre era un factor fundamental. En él se confiaba, individualizado, específico, con nombre y apellido, y de su capacidad dependía el triunfo o el fracaso del hecho encomendado.

Llegó la etapa de la lucha guerrillera. Esta se desarrolló en dos ambientes distintos: el pueblo, masa todavía dormida a quien había que movilizar y su vanguardia, la guerrilla, motor impulsor del movimiento, generador de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo.

Fue esta vanguardia el agente catalizador, el que creó las condiciones subjetivas necesarias para la victoria. También en ella, en el marco del proceso de proletarización de nuestro pensamiento, de la revolución que se operaba en nuestros hábitos, en nuestras mentes, el individuo  fue el factor fundamental...”.


Borra las experiencias     (volver)

Invocar la patria y el trabajo en abstracto se usa para engaño del pueblo

Cuando uno lee, escucha el “patria o muerte” de Fidel y del pueblo cubano, puede chocarle como fundamentalismo.

Pero la patria, en la conciencia cubana de compromiso con el proceso revolucionario, es la identidad del sujeto colectivo que fue madurando desde el Moncada y recapacita constantemente sobre el  pasado desde Martí. 

Ernesto “CHE” Guevara, en el acto de apertura del Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes(el 28 de julio de 1960), dice:

“Una de las tareas más gratas de un revolucionario es ir observando en el transcurso de los años de Revolución, cómo se van formando, decantando y fortaleciendo las instituciones que nacieron al inicio de la Revolución; cómo se convierten en verdaderas instituciones con fuerza, vigor y autoridad entre las masas, aquellas organizaciones que empezaron en pequeña escala con muchas dificultades, con muchas indecisiones y se fueron transformando, mediante el trabajo diario y el contacto con las masas, en pujantes representaciones del movimiento revolucionario de hoy”.

Relata:

 “y esta Revolución cubana, sin preocuparse por sus motes, sin averiguar qué se decía de ella, pero oteando constantemente qué quería el pueblo de Cuba de ella, fue hacia delante, y de pronto se encontró con que no sólo había hecho, o estaba en vías de hacer la felicidad de su pueblo, sino que había volcado sobre esta Isla, las miradas curiosas de amigos y enemigos, las miradas esperanzadas de todo un continente, y las miradas furiosas del rey de los monopolios.

Pero todo esto no surgió de la noche a la mañana, y permítanme ustedes que les cuente algo de mi experiencia, experiencia que puede servir a muchos pueblos en circunstancias parecidas, para que tengan una idea dinámica de cómo surgió este pensamiento revolucionario de hoy, porque la Revolución cubana de hoy, continuadora sí, no es la Revolución cubana de ayer, aun después de la victoria, y mucho menos es la insurrección cubana antes de la victoria...”.

“Todos los miembros del Gobierno cubano, jóvenes de edad, jóvenes de carácter y de ilusiones han, sin embargo, madurado en la extraordinaria Universidad de la experiencia y en contacto vivo con el pueblo, con sus necesidades y con sus anhelos.

Todos nosotros pensamos llegar un día a algún lugar de Cuba y tras de algunos gritos y algunas acciones heroicas y tras de algunos muertos y algunos mitines radiales, tomar el poder y expulsar al dictador Batista.

La historia nos enseñó que era mucho más difícil que eso, derrotar a todo un gobierno respaldado por un ejército de asesinos que, además de ser asesinos, eran socios de ese gobierno y respaldados en definitiva por la más grande fuerza colonial de toda la tierra.

Y fue así como poco a poco cambiaron todos nuestros conceptos. Como nosotros, hijos de las ciudades aprendimos del campesino,

·         a respetar su sentido de independencia y su lealtad;

·         a reconocer sus anhelos centenarios por la tierra que le había sido arrebatada y su experiencia en los mil caminos del monte”.

Hubo aprendizaje mutuo, “los campesinos nos enseñaron su sabiduría y nosotros les enseñamos nuestro sentido de rebeldía”.

“Pero siguió progresando la Revolución y expulsamos a las tropas de la dictadura de las abruptas laderas de la Sierra Maestra, y llegamos entonces a tropezarnos con otra realidad cubana, que era el obrero, el trabajador, ya sea el obrero agrícola o el obrero de los centros industriales y aprendimos de él....el valor de la organización pero enseñamos de nuevo el valor de la rebeldía y de ese resultado surgió la rebeldía organizada por todo el territorio de Cuba”.

Carlos Marx y Federico Engels explican por qué redactan el “Manifiesto Comunista” (1848):

Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes.

¿Qué partido de oposición no ha sido motejado de comunista por su adversarios en el Poder? ¿Qué partido de oposición, a su vez, no ha lanzado tanto a los representantes más avanzados de la oposición como a sus enemigos reaccionarios, el epíteto zaheridor de comunista?

De este hecho resulta una doble enseñanza:

·         que el comunismo está ya reconocido como una fuerza por todas las potencias de Europa;

·         que el momento ha llegado en que los comunistas expongan a la faz del mundo entero sus conceptos, sus fines y sus aspiraciones,

·         que la leyenda del fantasma del comunismo pueda contraponerse a  un manifiesto del propio Partido”.

En Historia Argentina (Colegio Nacional de Buenos Aires y Página/12) la profesora Aurora Ravina, directora del Departamento de Historia,  señala:

“El peligro rojo agitado con fuerza después de la Revolución Rusa tuvo su repercusión en Argentina y sirvió de argumento para la aparición de una agrupación como la Liga Patriótica bajo el lema de Orden y Patria.

La década de 1920 alumbraría, un poco después la prédica de Leopoldo Lugones en contra de la democracia y a favor de una exaltación del patriotismo y la valorización de las Fuerzas Armadas como garantes de la restauración y conservación del orden en el país.

Entre tanto, las ideas de Charles Maurras en Francia, las de Ramiro de Maeztu en España, el avance del fascismo en Italia y una larga tradición de influencias del catolicismo europeo en sectores de la dirigencia política argentina marcaron el origen de un agrupamiento político de tendencia nacionalista alrededor del general José Félix Uriburu...”.

Alejandro Cristófori, Gabriel A. Ribas y María Cristina San Román, en Historia Argentina, manifiestan:

El 4 de junio de 1943 se produjo un nuevo golpe militar que sumó, a la represión política manifiesta en la persecución de dirigentes –sobre todo de izquierda- y en la disolución de los partidos, la represión intelectual con la intervención de las universidades, la exoneración de profesores y la disolución de las organizaciones estudiantiles.

El gobierno de facto tuvo el apoyo de la Iglesia que logró imponer la enseñanza religiosa en las escuelas primarias y secundarias”.

Las instrucciones del Ministerio del Interior a los interventores en las provincias fueron definidas por escrito y enviadas sin dilación:

“..El sentido de la revolución debe llegar cuanto antes a todos los órdenes sociales. El aspecto social debe ser conducido en forma tal que se asegure la más absoluta justicia y el apoyo al débil.

El pueblo quiere tranquilidad y justicia.(...)No interesan, por ahora, los partidos políticos.

Todos los habitantes deben ser orientados y conducidos en la misma forma con la sola excepción de aquellos que intenten perturbar la acción de gobierno.(...)

El comunista y sus simpatizantes son enemigos de la patria y en tal sentido deben ser extirpados del país...No se desea escándalo. Sólo se desea depuración, reorganización y saneamiento(...)”.

Entre los nuevos nombramientos fue importante la elección del coronel Perón como director del antiguo Departamento Nacional del Trabajo, elevado luego al rango de Secretaría de Trabajo y Previsión, reflejo del nuevo sentido que el gobierno de facto adoptó en las relaciones con el movimiento obrero.

A una primera etapa de represión e intervención de las organizaciones gremiales y disolución de una de las dos confederaciones obreras, siguió la captación por parte de Perón de aquellos dirigentes moderados que se avinieron a relacionarse con el nuevo organismo.

Hizo uso discrecional del decreto sobre asociaciones profesionales que pautaba -desde el gobierno-  la agremiación obrera y determinaba la legalización de los sindicatos.

La acción del coronel Perón

·         se encuadró dentro del proyecto de la logia de impedir el crecimiento de un movimiento obrero ganado por el comunismo;

·         combinó la sensibilidad social con la idea de orden y principios de organización militar que tendió un puente a través de un lenguaje generador de nuevos códigos entre el Estado y la clase obrera;

·         complementó el proselitismo con medidas concretas que beneficiaron a los trabajadores y a no pocos sectores medios;

·         puso en marcha una legislación laboral hasta entonces demorada en su aplicación concreta.