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Conflictos
La política de la militancia por la «reforma agraria integral» enfrenta a: “El acaparamiento de tierras que es un fenómeno global promovido porlas élites y los inversionistas locales, nacionales y transnacionales, y los gobiernos con el objetivo de controlar los recursos más preciados del planeta”. Leer
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PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS
Situémonos en el desafío de poner fin al capitalismo e imperialismo en Argentina y Nuestra América porque su constante crecimiento económico (o intensificación del enriquecimiento de los oligopolios a quienes representa) se concreta devastando, empobreciendo a las grandes mayorías y arruinando las posibilidades de vida infantil, adolescente y juvenil. Leamos: "Argentina: Sentencia Final del Tribunal del Juicio Ético a las Transnacionales" por: UAC - ACTA
"Este Tribunal Ético Popular ha analizado las denuncias y los testimonios presentados, ha considerado las sentencias regionales, ha recogido los aportes del proceso de investigación–acción realizado en los años previos desde el proyecto de Resistencias Populares a la Recolonización del Continente y, valorando los saberes populares así como los aportes académicos, dicta la sentencia que a continuación reproducimos". (...)
(...)Algunas consideraciones sobre el modo de acumulación capitalista actual
En Nuestra América, el actual modelo de desarrollo responde a una nueva fase de acumulación del capital, producto de la división del trabajo territorial y global, a partir del cual nuestros países han sido designados como proveedores de materias primas y bienes de consumo a los países del Norte y a las potencias emergentes (China, India, y el propio Brasil). Como en otras épocas históricas, América Latina aparece como continente exportador de bienes de la naturaleza, lo cual reconfigura negativamente nuestros territorios, destruye formas de vida, y genera nuevos modelos de dominación a una escala nunca antes pensada.
A medida que se fueron ampliando la cantidad de proyectos extractivos y las superficies territoriales intervenidas, los conflictos provocados por los mismos no han cesado de crecer. Cada proyecto desencadena un conflicto que no termina, ni aún cuando sea momentáneamente paralizado, o cuando se hubiere agotado el ciclo de vida de la explotación. La conflictividad tiene, como los pasivos ambientales, una sobrevida que excede largamente la del período de explotación.
Algunas de las características de este modo de acumulación capitalista, basado en un modelo de desposesión, extractivista, reprimarizador son:
La importante concentración
del capital
-tanto en el plano de la producción y comercialización de las materias
primas, como en el de la comercialización y distribución de sus productos- a
través de un proceso de fusión y absorción en unas pocas grandes empresas.
Los gobiernos abren las
puertas de los países a las inversiones del gran capital extranjero, y hasta
las subsidian con el presupuesto nacional, colocando el aparato del Estado
al servicio de éstas.
Las facilidades que viabilizan el saqueo, se han convertido en “políticas de Estado”. La normativa jurídica y la política fiscal
(fundamentalmente la exención de impuestos), son fuentes que favorecieron su
expansión y consolidación.
La Iniciativa de
Integración Regional Sudamericana (IIRSA) provee gran parte de la
infraestructura necesaria para interconectar las periferias con los puertos
exportadores, proveyendo los caminos más cortos para el traslado de los bienes
comunes naturales. Con ese fin se destruye la cordillera, se hacen navegables
los ríos para el traslado de grandes cargamentos, provocando daños irreversibles
en el ecosistema y en su biodiversidad irrepetible, en función de favorecer el
comercio y obtener grandes ganancias. Se construyen faraónicas usinas de energía
para uso extractivista de las corporaciones, que endeudan aún más a los países
del Sur e impactan de manera degradante en el medio y en las poblaciones,
generando gigantescas diásporas sociales. Son las nuevas venas abiertas que
delinean “las vías del saqueo”.
La alta
concentración de las tierras. A través de grandes inversiones agrícolas,
forestales, mineras, el capital se apropia de grandes extensiones de tierra y
fuentes de agua, muchas veces a costa de la expulsión de poblaciones del
interior, pueblos originarios y comunidades campesinas. Como ejemplo denuncia la
fiscalía popular de Alto Paraná que: “La compañía que concentra la mayor
cantidad de tierras es Alto Paraná, propietaria de 230 mil hectáreas de tierras
en Misiones. A esa cantidad deben sumarse los territorios explotados por medio
de testaferros, arrendamientos de tierra y otros tipos de manejo de la tierra,
con lo que la firma trasandina supera las 280 mil hectáreas, lo que equivale al
10 por ciento de la superficie total de la provincia de Misiones”.
La consolidación del
agronegocio implica la presencia de una cadena de corporaciones transnacionales,
cuyos roles abarcan desde la provisión de semillas hasta la venta de productos
en los hipermercados, incluyendo la construcción de la infraestructura necesaria
que permite el traslado de las materias primas hacia los países importadores. La
amplia variedad de inversiones que realizan las empresas se puede ejemplificar
con la transnacional Cargill, que se dedica al procesamiento y comercialización
de oleaginosas y de cebada, y que a su vez ha construido frigoríficos y molinos
harineros, además de puertos, caminos, hidrovías (parte de la Iniciativa IIRSA)
así como una extensa red de acopios. Informa la fiscalía popular de Monsanto
que: “A este creciente control sobre un proceso determinado en la cadena del agronegocio, se agrega el hecho de que las mayores transnacionales participan a
la vez en varias de estas etapas, logrando ampliar su control sobre el sistema
global y, por ende, acaparando un mayor volumen de negocios, obteniendo más
ventas e incrementando exponencialmente sus ganancias”.
El control de las semillas
y de los plaguicidas asociados a ellas ha impuesto un paquete tecnológico
que
incluye la producción, la venta, el control y la imposición de semillas
transgénicas por parte de unas pocas compañías transnacionales, entre las
que merecen destacarse además de la estadounidense Monsanto que tiene un
control del 23% del comercio de semillas a nivel mundial, las empresas Novertis,
Syngenta y Bayer.
Monsanto patentó
variedades de cultivos -soja y algodón transgénicos, maíz BT y colza modificada
genéticamente- con el fin de controlar los mercados, generando un alarmante
proceso de mercantilización de la vida y de destrucción de la biodiversidad,
desconocido hasta hace unas décadas.
El desarrollo de los
monocultivos cuyo destino es fundamentalmente la exportación, no sólo somete
a los pueblos a la dependencia del monopolio de semillas, sino que además
atenta contra la soberanía alimentaria, al provocar que muchas tierras que
se destinaban a la producción de alimentos, ahora se utilicen para cultivos
de exportación.
En un momento en el que en el mundo hay mil millones de seres humanos
padeciendo hambre, se reduce la producción de alimentos, se destinan tierras
al cultivo de agrocombustibles, se encarece el precio de los alimentos y
crecen las ganancias extraordinarias de las corporaciones transnacionales.
La deforestación del
monte nativo. La abrupta expansión de las fronteras del capital verificada en
las últimas décadas se ha realizado a costa de sacrificar el monte nativo. La
expansión de la superficie sojera, minera y forestal ha implicado una gravosa
pérdida de bosques nativos y la consecuente pérdida de biodiversidad y
desplazamiento de poblaciones cuyas estrategias de vida están íntimamente
ligadas al monte. Un caso particularmente engañoso es la promoción de programas
de forestación que terminan implantando grandes extensiones de monocultivos
forestales. En la mayoría de los casos la “forestación” implica deforestación
previa de monte nativo. Informa la fiscalía de Alto Paraná: “En Misiones se
talan más de 30 hectáreas de monte por día y desaparecen 12 mil hectáreas cada
año”.
La destrucción de la agricultura campesina y familiar.
El modelo de agronegocios presenta un carácter excluyente, pues su avance vertiginoso, su expansión descontrolada, desborda cualquier frontera e impide que las comunidades campesinas e indígenas desarrollen sus formas tradicionales de cultivo.
A través de un proceso de integración vertical de los distintos rubros de inversiones, se ha impuesto un modelo agroalimentario hegemónico, en el que la alimentación transformada en mercancía es un mecanismo de control de nuestras vidas por parte de las grandes corporaciones transnacionales, que dominan la producción, comercialización y distribución de alimentos a escala mundial, determinando qué, cómo, cuánto, dónde, para qué y para quién se va a producir.
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La articulación entre diferentes explotaciones extractivas permite consolidar el modelo económico imperante. Un ejemplo es el acuerdo Vale-Repsol para la provisión del gas necesario para explotar el Proyecto Potasio Río Colorado. A lo largo de este juicio se ha podido constatar que dicho emprendimiento tiene como objetivo abastecer a las producciones de soja, caña de azúcar y palma aceitera en Brasil, contribuyendo, de este modo, al desarrollo de los agronegocios y la tendencia al monocultivo, en especial de la producción de agrocombustibles. Así, este proyecto contribuye activamente al desmonte de la región amazónica y el Matto Grosso y, junto con ello, a la desertificación de uno de los pulmones del planeta.
La expansión de la frontera de la explotación hidrocarburífera y minera configura un escenario que favorece a las operadoras privadas, acentúa las asimetrías ya existentes, aumentando su capacidad de negociación y chantaje frente a las poblaciones. Desde el año 1993 hasta la fecha asistimos, en Argentina, a la cristalización de un modelo altamente favorable al capital extranjero, gracias a la consolidación de un marco legal que transfirió nuevas prerrogativas a las provincias, política prácticamente inédita y a contramano de la tendencia a nivel mundial. De esta manera, se agigantó la capacidad de negociación de las operadoras privadas.
Profundizando las políticas extractivistas del sector, en los últimos años han comenzado las explotaciones no convencionales, entre las cuales se destaca el shale gas o gas de pizarra que se obtiene a partir de la explotación del esquisto, una roca sedimentaria formada a partir de depósitos de lodo, cieno, arcilla y materia orgánica. Este tipo de explotaciones han cobrado relevancia a partir de un contexto económico favorable, producto del aumento del precio de los hidrocarburos, la irreversible declinación de las reservas tradicionales, y los avances tecnológicos que hacen posible la utilización de técnicas más sofisticadas. Las explotaciones no convencionales implican un mayor despliegue territorial y la utilización de compuestos químicos que son fuente de contaminación.
La expansión de la megaminería a cielo abierto es otra característica del actual modelo de acumulación. La existencia cada vez más limitada de minerales de superficie y de alta ley, ha generado la utilización de un método de extracción que permite obtener el mineral diseminado, mediante la llamada “minería a cielo abierto”, que implica la realización de enormes perforaciones (“open pif”) a través de voladuras con explosivos, grandes maquinarias para la extracción y trituración de las rocas, el transporte del mineral y la utilización de sustancias tóxicas que permiten separar (lixiviar) y obtener el mineral. Es un método altamente destructivo que utiliza ingentes volúmenes de agua y de energía, en detrimento de regiones que padecen sequías y éxodo poblacional. Se trata de minería a gran escala, de megaemprendimientos, una actividad que consume enormes cantidades de agua y energía, y por ende compite por tierra y recursos hídricos con otras actividades económicas (agricultura, ganadería, turismo). En cuanto al consumo de energía, por ejemplo, informa la fiscalía de Minera Alumbrera que ésta “utiliza casi el doble de la energía (175%) que el total de la energía consumida por todo concepto por la provincia en su conjunto. Las familias catamarqueñas utilizan sólo el 21 % de la energía consumida por Minera Alumbrera. Esta situación se viene traduciendo en cortes de energía sistemáticos, sumados a problemas de tensión y a restricciones en el consumo en las épocas de mayor demanda energética, generalmente en los días de temperaturas extremas en los inviernos, y en especial en los rigurosos veranos de la zona”. Dada la envergadura de los emprendimientos, éstos tienden a desestructurar y reorientar la vida de las poblaciones desplazando economías regionales pre-existentes. Por ende, es una actividad económica claramente asociada con el saqueo, la contaminación y la destrucción de los territorios, que viene expandiéndose en nuestro país y en otros muchos de nuestro continente (...)".Fuente: http://www.argenpress.info/2011/11/argentina-sentencia-final-del-tribunal.htmlUAC - ACTA
Frente a este avance planificado e institucionalizado del capitalismo mundializado y su recolonización del continente destacamos:
1. La Campaña Permanente contra los agrotóxicos y por la Vida que impulsa la CLOC-Vía Campesina
GRAIN, Acción por la Biodiversidad, Vía Campesina, Movimiento Nacional Campesino Indígena, CLOC y Amigos de la Tierra Argentina invitan al Panel - Debate el día 5 de Diciembre de 2011 a las 19hs.
"Avance del Agronegocio sobre los territorios, el clima y la vida. Por el Día Mundial del No Uso de Plaguicidas. Soberanía Alimentaria YA!"
El avance del modelo productivo del Agronegocio ha intensificado sus impactos sobre la vida de las comunidades campesinas indígenas en ámbitos rurales así como en las ciudades. En la defensa de la vida y el territorio, Cristian Ferreyra, campesino de Santiago del Estero, fue asesinado en manos de sicarios contratados por un empresario que pretendía desmontar para la siembra de soja. La escasez de alimentos, causada por la producción de commodities para exportación y el acaparamiento y concentración de tierras, trae aparejado el hambre de los pueblos. El uso de agro tóxicos en estas producciones, no sólo trae la enfermedad, la muerte y el desalojo silencioso y violento en comunidades campesinas, indígenas y barrios periféricos, sino también contamina los alimentos que se consumen en las ciudades, impactando en la salud de toda la población.
El 3 de Diciembre, Día Mundial del No Uso de Plaguicidas, recordando a los más de 20.000 muertos en la tragedia de Bhopal, India, siguen siendo millares de personas en el mundo los afectados por el uso de Agrotóxicos. Lo mismo sucede en nuestro país.
Sólo la Soberanía Alimentaria trae la solución al hambre en los pueblos. Sólo la tierra en manos campesinas puede producir alimentos sanos para la población. Sólo la agricultura campesina sustentable puede enfriar el planeta.
Invitamos a todas y todos a una jornada de reflexión y debate el día Lunes 5 de Diciembre a las 19 Hs.
Donde se comenzará a armar la plataforma para a trabajar la “Campaña Permanente Contra los Agrotóxicos y por la Vida” impulsada por la CLOC – Vía Campesina en todo el continente.
Fuente: Prensa Unión de Asambleas Ciudadanas 4 de diciembre de 2011
2. El compromiso de Vía Campesina por organizar las comunidades rurales y urbanas contra el acaparamiento de tierras
Organizar a las comunidades rurales y urbanas contra todas las formas de acaparamiento de tierras.
Reforzar las capacidades de nuestras comunidades y movimientos para reclamar y defender nuestros derechos, tierras y recursos.
Reclamar y asegurar los derechos de las mujeres en nuestras comunidades a la tierra y los recursos naturales.
Concientizar a la opinión pública sobre cómo el acaparamiento de tierras está causando una crisis para toda la sociedad.
Construir alianzas entre diferentes sectores y regiones, y movilizar a nuestras sociedades para detener el acaparamiento de tierras.
Fortalecer nuestros movimientos para lograr y promover la soberanía alimentaria y una auténtica reforma agraria. (...)".
Nyeleni, noviembre 19 de 2011
Fuente original:
Vía Campesina
Fuente:
http://www.biodiversidadla.org/Principal/Contenido/Documentos/Declaracion_de_la_Conferencia_!Detengamos_el_acaparamiento_de_tierras_ya
3. La Sentencia Final del Tribunal del Juicio Ético a las Transnacionales
"(...)Este Tribunal Ético Popular considera que no es posible enjuiciar a las transnacionales sin hacerlo, simultáneamente, al llamado “modelo de desarrollo” y al sistema capitalista, patriarcal y racista que lo ha generado, lo reproduce y lo extiende en torno a un sujeto central que es el hombre blanco, burgués, propietario, heterosexual, occidental y cristiano.
Este Tribunal Ético Popular ha comprobado que este modelo, cuyos actores principales son las corporaciones y los Estados, es responsable de violaciones a diferentes derechos, tanto individuales como colectivos incluyendo, dentro de estos últimos, a los derechos de los pueblos originarios, con la consecuente agudización del sufrimiento social.
Respecto de las violaciones de derechos sociales y económicos
La violación de derechos sociales y económicos se expresa en un conjunto significativo de situaciones, impactos y violencias, tanto sobre sujetos, como familias y comunidades, entre ellos:
* Éxodo, expulsión rural, por el desplazamiento de comunidades y surgimiento de “refugiados ambientales”.
* Migración forzada, que afecta con más fuerza a las mujeres rurales que buscan mejores condiciones de vida, quedando expuestas -dada su vulnerabilidad- a las redes de trata con fines de explotación laboral y/o sexual.
* Destrucción de las formas de vida. Con ello nos referimos a la destrucción de su riqueza cultural y sus prácticas sociales, aumentando los índices de drogadicción, alcoholismo, prostitución y violencia intrafamiliar.
* División de comunidades y compra de voluntades a través de la corrupción de funcionarios y de la distribución de planes sociales, en nombre de una muy dudosa responsabilidad social empresarial, destinada no sólo a acallar la protesta o a confundir sobre los objetivos de las transnacionales, sino a controlar la producción y la reproducción del conjunto de la vida social.
* Profundización de la precarización y flexibilización laboral, con el aumento del trabajo temporario, la tercerización del empleo, la violación de los derechos laborales, la baja calificación laboral e, incluso, el trabajo esclavo. En algunos casos, esta precarización es generada como consecuencia del desarraigo y abandono de las poblaciones de sus lugares de origen, en busca de empleo.
* Destrucción de las economías regionales existentes, debido a la imposición de un modelo económico construido de acuerdo con las necesidades de las corporaciones, y no de las poblaciones locales.
Respecto de las violaciones a los derechos a la salud y a un ambiente sano
La violación de estos derechos se evidencia en una multiplicidad de efectos dañosos que se han documentado en este Tribunal.(...)".
Fuente: http:// www.argenpress.info/2011/11/argentina-sentencia-final-del-tribunal.htmlUAC - ACTA
Los tres proyectos favorecen la toma de conciencia de los de abajo sobre la cara ninguneada e invisibilizada del modelo de producción y desarrollo en vigencia. Pero sólo los dos últimos ayudan a una visión en totalidad sobre el actual proceso de acumulación gran capitalista desposeyendo y excluyendo a las comunidades rurales y urbanas de las provincias. También suscitan la necesidad de autoorganización, militancia solidaria y comunicación de "dialogar para movilizar y transformar: contra el modelo del capital, América Latina Lucha" como define la Declaración Final de la I Escuela Latinoamericana de Comunicación de la CLOC-Vía Campesina.
Es cierto que los grupos "Paren de fumigar" y los médicos de los pueblos fumigados llevan a cabo una lucha imprescindible para frenar esa criminalidad que también es trascendente para la multiplicación de espacios de deliberación pública sobre el 'exitoso' modelo gestionado por CFK. Pero es otra la realidad inmediata de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo. Enfrenta la expansión de una agricultura sin agricultores, o sea, ésta conduce a la desaparición forzada de campesinos e indígenas aun cuando haya convocatoria e implementación de su participación en el sistema agroalimentario que está mundializado, es sólo para evitar su rebelión.
La Campaña Contra los Agrotóxicos y por la Vida no mira instalar en la agenda pública al debate sobre el sistema globalizado de los agronegocios que arrasa con la soberanía alimentaria. Refuerza la fragmentación y descontextualización de determinantes de la cotidianeidad que realizan los de arriba para bloquear la ruptura popular con la lógica del capital. Claro que el enfoque de los agrotóxicos y sus graves consecuencias puede servir para profundizar en qué consisten los monocultivos de exportación y cómo la contaminación ambiental es característica del capitalismo. Es decir, la contaminación ambiental está presente en casi todos los productos y actividades por el tipo de funcionamiento centrado en la alta rentabilidad que menosprecia la vida de los de abajo.
En consecuencia, la política rumbeando a la «reforma agraria integral» define su posicionamiento en base a la propuesta del panel-debate en el Día Mundial del No Uso de Plaguicidas de que ante el: "Avance del Agronegocio sobre los territorios, el clima y la vida. Soberanía Alimentaria YA!". También asume la sentencia del: "Tribunal Ético Popular ha comprobado que este modelo, cuyos actores principales son las corporaciones y los Estados, es responsable de violaciones a diferentes derechos, tanto individuales como colectivos incluyendo, dentro de estos últimos, a los derechos de los pueblos originarios, con la consecuente agudización del sufrimiento social". En fin, plantea construir la comunicación, abajo y a la izquierda, imprescindible para establecer democracia directa e indirecta. Se trata de una comunicación que facilite a las comunidades rurales y urbanas autoorganizarse contra todas las formas de acaparamiento de tierras.
Situémonos en el desafío de asumir nuestra historia con comienzo en los pueblos originarios y construcciones reflejadas en la heterogeneidad de las ecorregiones porque como precisa Arturo Escobar, en "El lugar de la naturaleza y la naturaleza del lugar: ¿globalización o postdesarrollo?":
¿Será posible entonces, aceptar que los lugares siempre están siendo defendidos, y que siempre surgen nuevas economías? ¿Que las prácticas ecológicas alternativas no sólo pueden ser documentadas sino que siempre son objeto de pugna en muchas localidades? Atreverse a considerar seriamente estas preguntas definitivamente supone una política de lectura distinta, por parte de nosotros como analistas, con la necesidad concomitante de contribuir a las políticas diferentes de la representación de la realidad. También supone que el posdesarrollo ya está (y siempre ha estado) bajo una constante reconstrucción (Rahnema y Bawtree, editores 1997). Es en el espíritu del posdesarrollo donde podemos repensar la sustentabilidad y la conservación como aspectos claves de la política de lugar"."Al ver los ecosistemas como lugares socialmente construidos, concluyen que "el centro del manejo de los ecosistemas es el de guiar las decisiones que afectan un lugar usando un conocimiento abundante de su historia natural y cultural" (Williams y Patterson 1996: 18). Igualmente, "las decisiones sobre los recursos deberían ser guiadas por una comprensión de todos los procesos sociales que definen, estructuran y alteran el significado de los paisajes" (p. 20). Esta posición dista de las opiniones convencionales impulsadas por un paradigma instrumental o mercantil; constituye una filosofía del manejo de los recursos completamente diferente. La perspectiva de lugar también nos permite dar un contenido etnográfico a la noción del "ecologismo de los pobres" (Guha 1997; Martínez Alier 1992), es decir, la resistencia cultural de facto de muchas comunidades pobres a la valorización capitalista estricta de su ambiente. En el fondo del ecologismo de los pobres está el conjunto de usos-significados que se acaban de discutir.
Fuente: Edgardo Lander (compilador) "La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales: Perspectivas latinoamericanas. -2a. ed. -Buenos Aires: Fundación Centro de Integración, Comunicación, Cultura y Sociedad - CICCUS; Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales -CLACSO, 2011 http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/lander/escobar.rtf
La programación y puesta en práctica de la «reforma agraria integral» como lucha de emancipación del capitalismo e imperialismo, enfrenta:
1. Un Plan estratégico de acaparamiento de tierras (encubierto por una Ley de tierras como en Colombia) que desertifica y arrasa la soberanía alimentaria
Ing. Gustavo Soto, especialista en Desarrollo Rural:
“Mientras el objetivo del PEA sea pasar de 100 a 150 millones de toneladas de granos, no podemos hablar de Soberanía Alimentaria”
El pasado lunes 5 de septiembre, la presidenta Cristina Fernández de Kichner presentó el Plan Estratégico Agroalimentario 2020. El objetivo más destacado, aumentar la exportación de granos y pasar de 100 a 150 millones de toneladas anuales.
Para Gustavo Soto, especialista en Desarrollo Rural de la Universidad Nacional de Córdoba y miembro de la Red Agroforestal Chaco Argentina (REDAF), “o se prioriza la Soberanía Alimentaria de un país o se apuesta por la agricultura empresarial que busca como único objetivo la maximización de la renta. No podes poner las dos cosas en un documento porque una de las dos no la vas a cumplir”.
Señala además que este aumento de la producción “no va a venir de otro lado que del bosque chaqueño, y como se va a hacer con el mismo patrón tecnológico con el que se hace hasta ahora van a seguir las consecuencias ecológicas y sociales que ya sabemos que trae la expansión de la frontera agrícola en nuestro país”.
“Hay dos conceptos que maneja el PEA que son antagónicos entre sí. Esos dos conceptos son la apuesta a pasar de 100 a 150 millones de granos, con Soberanía Alimentaria, son dos conceptos excluyentes. Vos no podes apostar a la Soberanía Alimentaria sin cuestionar el actual modelo. O respetas el actual modelo productivo de agricultura industrial, empresarial, que de la mano de la siembra directa está produciendo 100 millones de toneladas de las cuales más del 50% corresponden a soja transgénica sembrada en siembra directa, o priorizas eso, o priorizas la Soberanía Alimentaria, pero no podés priorizar las dos cosas a la vez.
Sabemos que con la forma en la que hoy estamos produciendo soja, ¡claro que hay otra forma!, pero la forma en la que hoy lo hacemos ha sido gravemente criticada por sus graves consecuencias ecológicas y sociales”.
El ingeniero Gustavo Soto nos explica que hay sólo dos formas de aumentar la producción de granos para llegar a esos 150 millones de toneladas propuestas por el PEA. O se aumenta el rinde por hectárea y/o se expande la frontera agropecuaria, como hasta ahora.
Nosotros estamos cerca de un techo tecnológico, no podemos aumentar mucho más nuestro rinde por hectárea, pero sin embargo el PEA plantea aumentar la producción en un 50%, entonces ¿de donde va a salir ese aumento?… de un aumento de la superficie sembrada. ¿Y de donde va a salir ese aumento de la superficie sembrada?, ¿de la Pampa Húmeda?… no, porque la Pampa Húmeda ya está toda sembrada. ¿De la región subhúmeda?… tampoco, ya está toda sembrada. ¿De la Patagonia?… no se puede, porque la tecnología actual no permite hacer en la Patagonia soja, maíz, trigo, girasol o sorgo… o sea, ¿cuál es la zona que nos queda?: el bosque chaqueño. O sea el 50% de aumento de la producción va a salir del norte de Córdoba, del este de Salta, de Santiago del Estero, de Chaco, Formosa y del norte Santafesino, ¡no va a salir de otro lado!. Y como se va a hacer con el mismo patrón tecnológico con el que se hace ahora van a seguir las consecuencias ecológicas y sociales que ya sabemos que trae la expansión de la frontera agrícola en nuestro país, lo que varios denominamos la sojización del país.
Por lo tanto pasar de 100 a 150 millones de toneladas va a seguir significando destrucción de nuestras últimas masa de bosque nativo, emigración rural por expropiación de la tierra a los campesinos, éxodo rural por disminución de la mano de obra, éxodo rural por disminución de la mano de obra, etc, etc, eso no apoya la Soberanía Alimentaria, al contrario. En eso yo me baso para decir que o se prioriza la Soberanía Alimentaria de un país o se apuesta por la agricultura empresarial que busca como único objetivo la maximización de la renta. No podes poner las dos cosas en un documento porque una de las dos no la vas a cumplir.
También se habla de incremento de la materia prima en el lugar de origen… bueno, nadie puede estar en duda que es mejor vender fideos que vender trigo, eso puede incrementar la mano de obra, puede incrementar la ganancia regional, eso es cierto, pero no apoya a la Soberanía Alimentaria. Argentina ya es el primer exportador mundial de aceite de soja, por lo tanto la soja ya la estamos industrializando, pero eso no aporta a la Soberanía Alimentaria”.
¿Cual es el vínculo del PEA con otros anuncios previos realizados por el Ejecutivo que venían dando esperanzas a las organizaciones campesinas y a otras organizaciones que apuestan por un modelo de desarrollo distinto. Entre estos, la ley contra la extranjerización de la tierra o la propia creación de la Secretaria de Agricultura Familiar?
No lo sé… habría que preguntárselo a Cristina. Pese a que reconozco, y siempre lo digo, creo que el actual gobierno de Cristina es el gobierno más progresista en el último siglo en la república argentina, no dejo también de señalar que sus máximas falencias pasan por su relación con la naturaleza: minería, hielos, tierra, recursos naturales y agricultura. Menem creo el Programa Social Agropecuario, y todos sabemos lo que significo el Programa Social Agropecuario para el país… bueno, lo creo Menem… que sé yo, son las contradicciones del sistema…
Respecto a los anuncios, por ejemplo, una medida que yo aplaudo es que se haya presentado un proyecto de ley en nuestro país sobre extranjerización de la tierra, pero bueno, eso no va demasiado en contra de una política que platea pasar de 100 a 150 millones de toneladas de granos. No es tan contradictorio porque una ley de extranjerización de la tierra, que no va a ser retroactiva, ya lo han aclarado eso, va a limitar que de acá en adelante inversores extranjeros o especuladores internacionales compren tierra en la Argentina… (...)No es que prohíbe sino que le pone un cupo, eso perfectamente puede ir paralelo de una política agraria que incentive la expansión de la frontera agrícola. Porque la expansión de la frontera agrícola la llevarían adelante los pooles de siembra con capitales nacionales y capitales internacionales que ya están instalados en la Argentina, por lo tanto son dos políticas que pueden ir perfectamente de la mano, que no invalidaría una el cumplimiento de la otra.
Por otro lado, la creación de la Secretaría de Agricultura Familiar, tampoco significa que perse impida que haya una política que apoye la expansión de la frontera agrícola. De hecho, en los últimos 5 años se ha creado la Secretaria, se ha creado el FONAF se han creado otras instituciones y proyectos que apoyan a la agricultura familiar, pero la expansión de la frontera agrícola siguió.
Si verdaderamente se quiere apoyar a la ganadería, se quiere apoyar a los agricultores familiares, se quiere apoyar a la Soberanía Alimentaria, no tenemos que buscar como objetivo llegar a los 150 millones de toneladas de granos, no, no podemos. Porque la soja avanza sobre economías regionales con fuerte presencia campesina con producción para autoconsumo. Entonces si amplias la frontera agrícola disminuís por este otro lado… es una cuestión matemática, lógica.
Ojala lo mío fuera un discurso que no está avalado en datos
objetivos de la realidad y solamente fuera un discurso trasnochado mío y de
todos los críticos como yo. Lamentablemente los datos estadísticos me dan la
razón, la creación de la Secretaria de Agricultura Familiar no ha impedido que
se siga disminuyendo el número de agricultores familiares, no lo digo yo, lo
dice el INDEC.
Gustavo Soto nos cuenta que esta disminución del número de agricultores familiares ocurre pese a un cuestionado ajuste metodológico realizado por el INDEC, a sugerencia del FONAF (Foro Nacional de la Agricultura Familiar), que desde hace un año y medio cambió la conceptualización de lo que se considera como un agricultor familiar.
Para la Republica Argentina hoy se considera como agricultor familiar a un productor agropecuario que puede tener hasta dos empleados rurales de forma permanente. Hoy un productor con dos empleados de forma permanente puede hacer 500 hectáreas de soja, eso está lejos de ser un agricultor familiar. Bueno, pese a eso, los datos muestran que los agricultores familiares siguen disminuyendo.
Otro aspecto llamativo del discurso del día lunes fue el llamado a industrializar la ruralidad de la mano de la biotecnología. Para Gustavo Soto este también es un motivo de alerta, ya que los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) como las semillas transgénicas, por un lado, y los biocombustibles, por el otro, constituyen los dos pilares del desarrollo biotecnológico nacional y ambos son fuertemente criticados por sus consecuencias sociales y ambientales.
Argentina en un mapa de superficie sembrada con cultivos
transgénicos ocupa el podio de los triunfadores, ocupa el 3º lugar con más de 20
millones de hectáreas de cultivos sembrados de tipo transgénico, eso es una mala
noticias para nuestro país desde el punto de vista ambiental, es una buena
noticia para las empresas que las producen. Los biocombustibles son otra buena
noticias para a los productores agrícolas empresariales, pero son una mala
noticia para los campesinos y la población de los países. ¿Por qué? porque desde
hace 10 años, por primera vez en la historia de la humanidad, estamos cultivando
la tierra para producir alimentos que no van a las bocas de los seres humanos
sino que son utilizados para la producción de combustibles. Por lo tanto es otra
mala noticia que el PEA de alguna forma no sólo no cuestione, sino que promueva
la intensificación de la biotecnología en nuestro país, eso no es bueno para la
Soberanía Alimentaria.
¿Si el PEA es la carta de navegación del
desarrollo rural del país para los próximos 10 años, qué queda para los
ciudadanos que están en contra de la matriz productiva actual, en especial para
las organizaciones campesinas, es posible cambiar el rumbo de esta propuesta?
Depende a quien quiera escuchar el Gobierno. A mi me parece que hoy el PEA tiene un fuerte interlocutor del Gobierno en el INTA, y el INTA viene desde hace 10 años manejando la idea de que se pueden hacer 10 millones de toneladas de soja de forma sustentable… nosotros creemos que no, porque manejamos otro concepto de sustentabilidad. Me parece que si el Gobierno quiere pensar de otra forma debería considerar a otros interlocutores. Yo no sé si le preguntaron a la REDAF que pensaba de esto, o le preguntaron a INCUPO, o a FUNDAPAZ, o al Movimiento Nacional Campesino e Indígena, o a la Vía Campesina… Yo creo que le preguntaron a Cargill, a los colegios de ingenieros agrónomos, lo consultaron al INTA, cuando consultaron a las facultades eligieron a dedo a que persona, a qué intelectual, a qué investigador… me parece que el MNCI piensa de una forma más o menos parecida a la que pienso yo, y Cargill piensa lo contrario a mi. Entonces si el lunes en el acto estaba sentado Cargill y no estaba la REDAF o el MNCI, me parece que son cosas que hablan por si mismas.
Escuchar entrevista al Ing. Ag. Gustavo Soto, especialista en Desarrollo Rural de la UNC y miembro de REDAF
Fuente: http://redaf.org.ar/noticias/?p=4548
2. Un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y un INTA que continúan la política fijada mediante Estado terrorista a mediados de los '70
El INTA durante la última dictadura
Al igual que otros organismos de Ciencia y Tecnología, durante la última dictadura (1976-1983) el INTA fue intervenido. "Un antecedente inmediato fue una intervención previa, en mayo de 1975, durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón, período en donde comenzaron a circular las primeras 'listas negras' dentro del Instituto. A poco de producido el golpe, la Marina designó un interventor militar (Alberto Rafael Heredia), y luego uno civil (David Arias), quien en un informe presentado en 1978 afirmaba que el Instituto había iniciado un 'camino de adecuación institucional en beneficio del agro argentino'. La 'adecuación' comenzó con un operativo militar en el Centro Nacional de Investigaciones Agropecuarias del INTA, que culminó con la detención de técnicos, investigadores y personal de campo, situación que también sufrieron integrantes de las distintas Estaciones Experimentales del organismo; que aún no ha reconstruido la lista de su personal detenido y desaparecido", afirmó la historiadora de la UBA Cecilia Gárgano, becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) e investigadora del Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Técnica José Babini -UNSAM
En ese período cientos de trabajadores del INTA fueron dejados cesantes por "razones de seguridad", y muchos otros continuaron trabajando en un marco de autocensura, destaca Gárgano. "En 1976 el decreto 3369/76 suprimió la autarquía financiera de la que disponía el Instituto. Las actividades de posgrado en Economía agraria y Extensión rural desarrolladas en la Escuela para Graduados en Ciencias Agropecuarios fueron canceladas, se interrumpieron investigaciones en materia de genética aviar y ecología, y estudios que se proponían intervenir en los grandes problemas económicos y sociales del agro. Muchos militantes gremiales fueron perseguidos, como así también aquellos técnicos e investigadores que trabajaban junto a cooperativas agropecuarias y organizaciones campesinas, orientación que, por otra parte, nunca fue prioritaria a nivel institucional", subraya la investigadora.
En sintonía con la intensificación del proceso de concentración y centralización de capital en el agro y la reprimarización de la economía, la investigación se concentró en desarrollos tecnológicos ligados a la agricultura pampeana de exportación, y en la generación y transferencia de paquetes tecnológicos de los cultivos clave. "El Instituto orientó sus actividades hacia la investigación básica, centrada en la provisión de los recursos genéticos fundamentales para desarrollar nuevas variedades, mientras que las fases posteriores fueron concentradas en manos de empresas privadas. Así, investigaciones científicas y tecnológicas en áreas estratégicas realizadas en el ámbito público, terminaron financiando y asegurando la rentabilidad de capitales privados. Las prioridades se vincularon en muchos casos a incrementar la productividad de los grandes productores de granos localizados en la Pampa Húmeda, exponentes de la fracción más concentrada de la clase dominante nacional. El área de extensión también fue una de las más afectadas y reducidas. Se reorientaron las actividades en función de promover la transferencia de tecnología a grandes productores capitalizados, para lo que fueron incorporados extensionistas acordes al nuevo perfil", puntualizó Gárgano.
El discurso que acompañó las actividades buscó fomentar la "capacidad empresarial" y se alejó del contacto directo con las comunidades rurales y sus problemáticas, a pesar de que la retórica institucional continuó proclamando el trabajo con la "familia rural", afirma la historiadora. Y agrega que de ese modo se inició "una etapa de fragmentación y mercantilización del conocimiento producido, que habría de profundizarse en las décadas posteriores."
Para estudiar el INTA durante esa etapa, Gárgano y sus colegas acudieron a las fuentes disponibles. "Las fuentes son variadas y muy ricas, pese al estado de dispersión en el que se encuentran. Fundamentalmente, consisten en documentos internos de trabajo, publicaciones de los departamentos del organismo, memorias institucionales y técnicas, entre otras. También trabajamos relevando la información referida al INTA en los principales medios gráficos del período, y con entrevistas a integrantes y ex integrantes del Instituto, que constituyen un elemento clave para la reconstrucción y análisis de la dinámica histórica del pasado reciente en las áreas de Ciencia y Tecnología", subraya la investigadora.Fuente: http://www.oei.es/divulgacioncientifica/reportajes_457.htm
En consecuencia, la «reforma agraria integral» como poder de enfoque del país-mundo en su totalidad ecológica y pluricultural desafía a la política a constituir colectivos de trabajo conjunto entre la diversidad saberes e identidades para organizar tanto la instalación del debate «soberanía alimentaria versus PEA» como la democratización y descolonización de las universidades y otras instituciones públicas de Ciencia y Tecnología. Todo para la puesta en práctica de los cambios sociales que erradiquen la privatización y mercantilización de los bienes comunes. En vez de una batalla de ideas, el objetivo es facilitar el protagonismo de los diversos de abajo en decidir sobre el destino común sea local, provincial, regional, nacional, continental o mundial.
Situémonos en el desafío de multiplicar los espacios en común de deliberación y toma de decisiones respecto al funcionamiento del capitalismo que no sólo afecta las condiciones y posibilidades de vida en el futuro, "sino que ya en el presente están costando cuantiosas vidas humanas y el deterioro -muchas veces irreversible- de la salud de vastos segmentos poblacionales". En efecto, el capitalismo conlleva a:
1. Producción económico-política de la "escasez de agua" y de la profundización en las desigualdades hídricas a nivel mundial
Desigualdades
hídricas e implicaciones biopolíticas
Agua y
minería transnacional
Por Horacio Machado Aráoz
El presente
trabajo analiza la incidencia de la minería metalífera transnacional en la
producción económico-política de la “escasez del agua” y su impacto en la
profundización de las desigualdades hídricas a nivel mundial. En clave de
ecología política, se procura desnaturalizar la noción misma de “agua”,
devolviéndole su complejidad en tanto recurso y fuente de poder clave en la
dinámica de las sociedades humanas. Para ello se contraponen las concepciones
del agua propias de las culturas pre-modernas con la visión que la razón
científica moderna inaugura de la misma.
Asimismo, al
tomar nota de la creciente circulación del agua como mercancía, se indaga en los
impactos re-distributivos que sobre los recursos hídricos involucra la
relocalización de las fases extractivas de la minería metalífera en la región
luego de las reformas neoliberales. Los conflictos surgidos en torno a estos
emprendimientos emergen en buena medida como conflictos ecológico-distributivos
en los que las disputas por la significación-apropiación del agua ejercen un rol
central.
Introducción
Los tiempos que vivimos parecen estar marcados
por el agotamiento de la ‘Naturaleza’. Desde su irrupción durante el último
cuarto del siglo XX hasta la actualidad, los problemas ecológicos manifiestos a
diferentes escalas socioterritoriales (local, nacional, regional y global) han
ocupado un papel cada vez más destacado e insoslayable en la agenda política
mundial.
La inviabilidad ecológica del patrón histórico de ‘modernización económica’ e industrialización seguido por las sociedades modernas se ha puesto de manifiesto en una serie de síntomas tan evidentes como preocupantes: la extinción continua y creciente de especies; la pérdida de vegetación y bosques nativos; el agotamiento de minerales y de las fuentes de energía; los acelerados procesos de erosión de los suelos y el correlativo avance de la desertificación; el aumento incesante de la producción de basuras y de emisiones tóxicas de todo tipo que contaminan el agua, el aire y el suelo; la pérdida de biodiversidad en general; el calentamiento global y el cambio climático asociado.
Todos estos procesos no sólo
afectarán las condiciones y posibilidades de vida en el futuro, sino que ya en
el presente están costando cuantiosas vidas humanas y el deterioro -muchas veces
irreversible- de la salud de vastos segmentos poblacionales. Según las Naciones Unidas, en la década del ’90
se produjeron más de 700.000 víctimas fatales ocasionadas por denominados
‘desastres naturales’ vinculados al cambio climático (CEPAL, 2002: 149).
El número de este tipo de eventos registra un
continuo incremento en cantidad, frecuencia e intensidad; correlativamente, de
un promedio de 147 millones de afectados en los años ’80, se pasó a 211 millones
en los ’90; sólo en el año 1998 se registraron 50.000 muertes y más de 300
millones de desplazados por causas socioambientales (CEPAL, op. cit.. 150). En
tanto se trata de una cuestión en la que literalmente ‘nos va la vida’, los
problemas ecológicos son una fuente cada vez más relevante y decisiva de la
conflictividad sociopolítica contemporánea.
Dentro de este marco,
uno de los factores de mayor trascendencia es
la cuestión de la creciente ‘escasez’ del agua, ya que se trata de un bien
natural imprescindible. Sin ella, ninguna forma de vida sería posible. El agua hace posible la fotosíntesis y los
procesos de captación y circulación energética, la producción de nutrientes de
la que dependen todos los seres vivos. De ella depende la vegetación y, con
ellas -a través de ella-, toda la cadena alimentaria.
También cumple un papel fundamental en la
absorción de carbono y la producción de oxígeno, la regulación de la
temperatura, del clima en general, y en particular, de los equilibrios en la
composición de los gases que hacen de la atmósfera un entorno apto para la vida.
Los animales de todo tipo, incluidos los seres humanos, dependemos también
directamente de su consumo: no podríamos sobrevivir más de unos pocos días sin
agua. Se entiende entonces la gravedad de un escenario signado por su eventual
escasez.
Dado su carácter esencial para la vida, cuesta
aceptar que ya entrado el siglo XXI el acceso al agua potable no alcance a toda
la población. Al impulsar su reconocimiento como un derecho humano básico, la
ONU consigna que hacia 2009 casi 900 millones de personas carecen del mismo, en
tanto que 2.600 millones no tienen acceso al servicio de saneamiento y más de
1,5 millones de niños menores de cinco años mueren por año como consecuencia de
enfermedades vinculadas a la mala calidad del agua (ONU, 2010).
Más allá de las diversas campañas globales e
intergubernamentales realizadas para extender la vigencia de este derecho, los
avances en este plano se muestran muy por debajo de las expectativas y los
objetivos propuestos.
En contraste, el uso del agua para
fines productivos en general e industriales en particular, no cesa de crecer,
por lo que, al ritmo actual, se duplicaría en el lapso de 20 años, según
cálculos realizados para 2025
(Barlow, 2001: 8).
En este contexto, asistimos a la creciente
instalación de la ‘escasez del agua’ y de la ‘inevitable’ conflictividad por la
misma, como ‘problema global’: gobernantes de diversos países y de distintos
niveles, organismos internacionales, ‘especialistas’ de universidades y
empresas, además de los medios de comunicación, se ocupan crecientemente de
‘informarnos’ sobre esta cuestión. Desde las más altas esferas del poder se
afirma que ‘las guerras del futuro serán por el agua’, sin dar cuenta de los
orígenes y motivos de la repentina crisis; ocluyendo también, con ello, el
análisis sobre los patrones vigentes de uso y distribución y sobre las medidas
ya impulsadas para –presuntamente- hacerle frente.
Un análisis de tal tipo, sin embargo, permitiría reconocer en esta materia la creciente configuración de un discurso global que pretende naturalizar el actual estado de ‘desorden ecológico mundial’ (Porto Gonçalves, 2006), desorden histórico-geográfico resultante de la mundialización de Occidente y que, en sus postrimerías, muestra como una de sus gravosas consecuencias, la intensificación -al extremo de poner en peligro la sobrevivencia de las poblaciones más vulnerables- de las desigualdades ecológicas en general e hídricas en particular, que se verifican tanto a nivel geopolítico como en el plano intergeneracional. Entendiendo que se trata de un problema tan grave como real, aunque distorsivamente configurado, proponemos analizar la creciente ‘escasez mundial del agua’ como expresión de un discurso político propio de la globalización hegemónica en curso, orientado a naturalizar las graves desigualdades biopolíticas existentes en torno a la misma. El ‘discurso de la escasez’ encubre, a nuestro entender, el asalto mundial privatista sobre las fuentes de agua, tratándose, por tanto, de una ‘escasez’ políticamente producida y económicamente conveniente.
Siendo múltiples y diversas las vías
a través de las cuales se avanza en la apropiación desigual del vital elemento
–entre ellas, la privatización y el control oligopólico de los servicios de
provisión de agua potable y saneamiento, la generalización de prácticas de
mercantilización de la misma para consumo humano (empresas embotelladoras y de
bebidas) y las estrategias de re-localización de las industrias intensivas en
recursos hídricos, entre otras-, acá se procurará poner bajo la
lupa las consecuencias que en tal sentido implica la minería transnacional en la
actualidad.
Atendiendo a las particulares características
tecnológicas y al diseño geo-económico de dicha actividad extractiva a nivel
mundial, se intentará mostrar el papel crucial que la misma desempeña en la
producción espacio-temporal de las desigualdades hídricas.
Ahora bien, para explicitar la ecología política
de la política hídrica implicada en la minería transnacional, será preciso
partir por el necesario ejercicio de desnaturalizar la propia noción de ‘agua’.
Agua-naturaleza y Agua-política: distribución, usos y significados
Tan ‘clara’ y tan compleja a la vez, el agua
condensa todos los atributos de la vida misma. Si su ‘claridad’ alude a su
importancia manifiesta para la vida, su complejidad está vinculada a la
multiplicidad de formas, usos y funciones posibles que asume, tanto naturales
como sociales. Así, dicha complejidad tiene que ver, por un lado, con las
múltiples y cambiantes formas que el vital elemento asume en la naturaleza y la
diversidad de funciones que cumple en los ecosistemas. Por otro lado, se debe
también al hecho de que, para la especie humana, el agua se presenta mediada por
la cultura.
En consecuencia, el agua realmente existente es
producto de la combinación dialéctica, histórica y geográficamente cambiante,
entre ‘agua-naturaleza’ y ‘agua-política’. La primera refiere a las formas y
funciones que naturalmente presenta en los ecosistemas; a la distribución y
esquemas de circulación dispuestos en la morfología dada de los relieves, el
clima y las características ecosistémicas de los distintos territorios. La
segunda remite, en cambio, a los usos y sentidos socialmente inventados y
asignados a este elemento de la naturaleza; cuestión que hace del agua un
recurso de poder clave para la propia constitución de la sociedad.
Definir la significación, los modos de uso y de
valoración del agua, establecer las reglas que fijan su acceso, control y
distribución, no es sólo un acto de ejercicio del poder en sí mismo, sino que
también implica una forma de construcción y reproducción de un cierto esquema de
poder, de un determinado modo de organización política de la(s) sociedad(es).
De modo tal que definir la dotación de agua
realmente existente no es una cuestión determinada estrictamente por la
‘naturaleza’, sino que depende, en gran medida, de los estilos de vida y modos
de estructuración política de las sociedades. La abundancia o escasez relativa
de ‘recursos hídricos’ es una cuestión políticamente determinada; su asignación
para diferentes usos y su distribución entre distintos grupos sociales refleja,
en algún modo, la distribución misma del poder en la sociedad. Es que distribuir
el agua es, ipso facto, tanto un medio de poder, como un producto del poder.
Así, cada cultura, con sus modos específicos de
organización política, ha creado formas también específicas de concebir
(valorar-asignar) el agua. Estas concepciones son tan diversas como la
pluralidad misma de la creatividad sociocultural conjugada con la biodiversidad
de los territorios. Dada la presumible dificultad para hacer un paneo exhaustivo
de ello, resulta suficiente a nuestros propósitos hacer una muy esquemática
caracterización de la concepción instaurada bajo la episteme moderna
hegemonizada por Occidente, en contraste con los denominadores comunes presentes
en las culturas pre-modernas, en el estricto sentido histórico-político.
El capitalismo, expresión ‘económica’ del orden moderno, inaugura de tal modo una nueva forma histórica de producción de la ‘Naturaleza’ en general, caracterizada por la creciente cientifización-tecnologización de la misma, en tanto vía para su subordinación (como insumo-recurso) a la maquinaria de producción de mercancías-valores de cambio (Leff, 1994). El agua misma juega en esto un papel central: como indica Alain Gras, el surgimiento de la moderna sociedad termo-industrial está directamente asociado a una creciente manipulación y uso intensivo de la misma como elemento clave para la generación energética, desde los originarios mills ingleses, a la bomba de Watt, a la locomotora y a la luego ‘imparable’ expansión de la industria carbono-dependiente (2009).
Con la expansión industrial convertida en ‘imperativo político’ (ideología del ‘desarrollo’), las sociedades modernas inauguran históricamente una forma creciente de uso del agua como medio de producción para otras mercancías. A partir de entonces, el ciclo hidrológico como tal pasa a atravesar y sostener de modo creciente a toda la sociedad industrial en su conjunto. La moderna sociedad industrial se funda y requiere un uso intensivo y racional de los ‘recursos hídricos’.
Con la industria se expanden también las formas
sociales de uso del agua, las tecnologías de disposición, manipulación y consumo
de la misma: la agricultura industrial, la extracción de minerales, la
producción de energía eléctrica. Todas las industrias modernas en general (desde
las textiles hasta la metalmecánica, pasando por la fabricación de papel y de
plásticos), implican un uso intensivo y creciente de ‘recursos hídricos’ como
insumo de sus procesos productivos.
Asimismo, las infraestructuras y obras de
ingeniería, que crecen en escala a la par de la expansión de la producción y el
comercio, van creando así una cultura ‘ingenieril’ y expansiva del agua: una
creencia en que su dotación y disponibilidad es simplemente una cuestión de
inversión en ‘obras’ (acueductos, represas, etc.).
Ahora bien, contrastando esta nueva visión del
agua-científica con la reemplazada del agua-divinidad no por su contenido de
‘verdad’ sino por sus efectos de verdad (Foucault, 1980), es posible visualizar
en qué medida este cambio paradigmático constituye uno de los factores que están
en la raíz de su actual ‘escasez’.
En efecto, mientras que las visiones de las
culturas originarias de la ‘Naturaleza’ como algo sagrado han funcionado para
esas culturas como un límite regulador de las prácticas humanas de depredación y
contaminación (Piñeiro, 2006), la visión ‘científica’ dominante, por el
contrario, ha alentado una carrera desenfrenada de producción y consumo de
mercancías que ha implicado el crecimiento sostenido de las tasas de extracción
de ‘recursos naturales’, de manipulación sobre los territorios y ecosistemas, y
de emisiones y desechos con grados variables de toxicidad.
En el caso del agua, estas nuevas formas de
concepción y de uso están vinculadas tanto a la producción social de la escasez,
como a la distribución desigual de la misma. Tal escasez, emerge, por un lado,
como consecuencia de
la ‘industrialización’ de los ciclos hídricos. El trasvase de sus flujos naturales de
circulación hacia los flujos de los circuitos industriales, ha provocado una
contaminación creciente de los sistemas hidrológicos en general: el agua que
originariamente ingresa en estado puro a los sistemas de producción, sale luego
con grandes cantidades de desechos y sustancias que la tornan no apta para otros
usos y que – sólo en los casos en que es posible- requieren tratamientos
costosos para que su retorno al ambiente no genere una expansión de la
contaminación.
Adicionalmente, la intervención de los circuitos hidrológicos naturales a través de obras de infraestructura ha significado, en numerosos casos, la propia degradación o destrucción de las cuencas, soportes geográficos de los flujos hídricos que disminuyen la tasa de renovación y disposición futura del elemento.
Por otro lado, en relación a la distribución social del
recurso, el agua-científica, inherente al sistema de
producción capitalista, ha implicado una nueva modalidad y reglas de asignación,
caracterizadas decisivamente por la mediación monetaria. Como una característica
del estilo de vida moderno, los bienes se distribuyen a través de un mercado en
el que las personas acceden a lo que quieren (o, mejor dicho, a lo que pueden)
en función de su capacidad de pago. El dinero, que media y define el acceso de
las personas a los recursos, se convierte en un importante mecanismo de poder a
la hora de la distribución de los recursos. También se convierte en el principal
criterio en función del cual se asigna la ‘importancia’ o el ‘valor’ de las
distintas actividades y/o usos de los recursos.
Entonces, en el caso del agua, el ‘uso racional
de los recursos hídricos’ supone destinarlos hacia las actividades que mayor
rendimiento en dinero podrían generar, y no tanto en consideración de la
utilidad social o la prioridad ambiental de tales usos. Así, la asignación del
agua se rige crecientemente por criterios de rentabilidad y no de ‘utilidad’ o
prioridad social de los usos.
La mercantilización –directa o indirecta- del
agua es una fuente manifiesta de desigualdades hídricas. Pero ello se ve
potenciado toda vez que el agua no sólo circula y se ‘distribuye’ naturalmente a
través de los flujos y circuitos trazados por la geografía, sino también a
través de las redes sociales de circulación y distribución.
Cada vez más, y de modo creciente, el agua es una
mercancía más en el mercado mundial. No sólo se comercializa de modo directo
como tal, sino principalmente, de modo encubierto bajo el sustrato de otras
mercancías. Esto contribuye a profundizar las desigualdades hídricas, en tanto y
en cuanto tiende a hacer ‘invisibles’ asimetrías de otro modo inaceptables.
Agua-mercancía y circuitos de la desigualdad
Como señala Porto Gonçalves (2006), el agua, en
estado natural, es flujo continuo; cambiando continuamente entre estado líquido,
gaseoso y sólido, fluye y circula a través del ambiente y de los seres vivos
dando vida, precisamente a través de su movimiento. Los ríos, las nubes, la
lluvia, la evaporación, las corrientes marinas, los glaciares y los deshielos
son, todas, sus formas naturales de circulación. El flujo hidrológico pasa
también por los seres vivos: se ‘hace’ vegetal y circula por los organismos de
todos los animales, incluidos los seres humanos. Nuestros cuerpos forman parte
también de ese circuito: el agua fluye, atraviesa y circula por nuestros
cuerpos, haciéndonos parte inseparable de la ‘naturaleza’ y, de tal modo,
haciendo posible nuestras vidas.
En principio, es la ‘naturaleza’ la que a través
de estos flujos -emplazados en sus respectivas geografías (la morfología y
dinámica de los ecosistemas)-, opera la distribución primaria y original del
agua, dando lugar a zonas ecológicamente distinguibles por la disponibilidad
variable de la misma. Sin embargo, como se dijo, no sólo tiene circuitos y
movimientos ‘naturales’, sino también sociales. Los ‘recursos hídricos’ –así
como las poblaciones mismas-, trazan cada vez más sus movimientos a través de
los circuitos sociales del ‘mercado’. Ello cambia y complejiza las formas dadas
de distribución.
Así, a la distribución natural del agua dispuesta
por la variabilidad de los climas, la morfología de los relieves y la estructura
ecosistémica de los territorios en general, hay que agregar las diferentes y
crecientes modalidades de distribución social de la misma. En general, éstas se
han implementado para modificar y contravenir sus formas naturales. Esto ha
implicado llevar agua de un lugar-territorio a otro, lo que significa también
transferirla desde determinadas poblaciones-usos hacia otros.
Más allá de las visibles obras de ingeniería, la asignación de los recursos hídricos se realiza, de modo creciente, a través de la circulación de la forma social de mercancías. El agua-mercancía se trafica no principalmente como venta de agua en sí, sino como agua insumida en los procesos productivos de otras mercancías. Así, cada vez más, circula por el mundo a través de los productos del intercambio comercial entre pueblos y países y es lo que a través de los desarrollos de Hoekstra y Hung (2002), Zimmer y Renault (2003), Allan (2003) y otros autores, se ha identificado como agua virtual, que justamente alude a la cantidad total de recursos hídricos requerida como insumo en los procesos
productivos de
los diferentes tipos de productos, y, por tanto, ‘contenida’ en el producto
final objeto de comercio.
Esta especialización extractiva en materias primas intensivas en agua se traduce, lógicamente, en un acelerado crecimiento de sus tasas y ritmos de extracción y consumo: en los últimos 40 años que conciernen a la vigencia temporal del neoliberalismo (1970-2010), la extracción de agua en América del Sur pasó de 87 a 182 km3, en tanto que el consumo creció de 51 a 96 km3 (CEPAL, 2002: 116). Así, la localización selectiva de ciertas producciones hidro-intensivas en la región para ser exportadas a otros países, se convierte en un importante proceso de transferencia de agua (y, junto con ella, de otros bienes y servicios ambientales). La expansión de la minería metalífera a gran escala constituye, en este sentido, un caso emblemático.
La minería transnacional y su impacto en las desigualdades hídricas globales
Dadas sus características geo-económicas y tecnológicas, la minería metalífera actual se ha convertido en un importante factor de reasignación de las dotaciones hídricas de los territorios y de producción de nuevas formas de desigualdad ecológica. Desde el punto de vista de la configuración geo-económica, el sector de la minería metalífera se caracteriza por ser una actividad fuertemente ‘globalizada’, controlada por pocas grandes empresas transnacionales, y que insume enormes cantidades de agua. En efecto, la minería, en particular, la metalífera, es una actividad que está altamente concentrada y tempranamente organizada a escala mundial por grandes corporaciones. Son éstas las que manejan la producción y la comercialización de los principales productos mineros metalíferos en el mundo. Sólo para tener una idea de este fenómeno, hacia el año 2001, las diez mayores empresas controlaban el 67,3 % de la producción mundial de hierro, y sólo las tres más grandes, el 70 % de las exportaciones mundiales de hierro. En el caso del cobre, sólo tres empresas (Codelco, BHP Billiton y Phelps Dodge) controlan el 35 % de la producción mundial, en tanto que las diez más grandes concentran el 75 % del cobre del mundo. Algo similar ocurre con el aluminio, en el que las tres empresas más grandes concentran el 33 % de la producción mundial total, y las 10 empresas más grandes, el 69 % del total mundial. En el caso del oro, sólo diez empresas operan la extracción del 57 % del total del oro del mundo (Campodónico y Ortiz, 2002; Sánchez Albavera y Lardé, 2006).
Cabe explicitar que tales niveles de concentración les permite a las corporaciones ejercer un fuerte dominio sobre las condiciones de mercado, tales como el poder de fijar y manipular los precios, condicionar las políticas impositivas, laborales y ambientales de los países, y desarrollar políticas de planificación y disposición de los territorios a escala mundial, en lo atinente a las tasas y ritmos de explotación de los yacimientos, la localización de las diferentes etapas del proceso minero, y el manejo de los niveles de las reservas mineras a nivel mundial (Ibidem).
Se trata, asimismo, de una actividad
centralmente orientada a la exportación, donde el grueso de sus productos se comercializa
en el mercado mundial. Ahora bien, históricamente, el diseño geográfico de los
flujos económicos mundiales muestra, en el caso de la minería, una fuerte
tendencia a una especialización asimétrica de las diferentes fases del proceso
minero-metalúrgico: mientras que las fases extractivas han tendido a localizarse
en unos países, las fases de procesamiento y de consumo de minerales se
concentran predominantemente en otros.
Más específicamente, la división internacional
del trabajo configurada desde los inicios del capitalismo, ha esbozado esta
localización asimétrica, en la que los países originariamente conquistados y
colonizados por las potencias europeas se ‘especializaron’ en ser proveedores de
materias primas (entre ellas, los minerales) para abastecer los requerimientos
del ‘desarrollo’ industrial de aquellas. Aunque las formas y modalidades de este
‘tipo de comercio’ han cambiado a través del tiempo, el sentido de este flujo de
recursos desde los países periférico-dependientes hacia las grandes potencias,
no ha experimentado modificaciones sustantivas.
Este esquema comercial dibuja, así, una geografía de la extracción de recursos mineros muy diferente de la geografía del consumo de minerales. En el caso particular de América Latina, históricamente ha sido, y continúa siendo, un importante proveedor de minerales para el ‘mercado mundial’. Actualmente, de la región se extraen el 47,3 % del cobre, el 41,4 % de la plata, el 29 % del hierro, el 27 % de la bauxita, el 22 % del zinc, y el 16 % del oro y el níquel que se consumen en el mundo (Sánchez Alvabera y Lardé, 2006). Sin embargo, América Latina apenas absorbe entre el 3 y el 6 % del consumo mundial de minerales (Machado Aráoz, 2009c).
Las desigualdades económicas y ecológicas que se manifiestan entre ‘países productores’ y ‘países consumidores’ resultan mucho más gravosas tratándose, como en este caso, de ‘recursos no renovables’. Y más, cuando tenemos en cuenta que, dado el proceso extractivo actual, lo que se va con las exportaciones mineras, no sólo son minerales, sino una gran cantidad de bienes y servicios ambientales; entre ellos, agua.
Esto se debe a que, a medida que los yacimientos minerales de alta ley se fueron agotando, se recurrió a la explotación creciente de los denominados ‘yacimientos diseminados’, donde los minerales se hallan esparcidos en muy pequeñas cantidades a lo largo de vastas extensiones montañosas.
Por ello, se aplica la metodología extractiva ‘a cielo abierto’, la que procede a la voladura de grandes volúmenes de material rocoso, que luego es triturado y que, para obtener los minerales que son de interés de la explotación, se recurre a la lixiviación, proceso químico a través del cual esas grandes cantidades de material rocoso triturado es convertido en un ‘barro químico’ al ser tratado con grandes cantidades de agua dulce combinadas con distintos tipos de sustancias químicas altamente tóxicas, tales como el ácido sulfúrico, el cianuro de sodio y/o el xantato(...)".
2. Invasiones, ocupaciones y una serie de negocios oscuros para ampliar la explotación de petróleo pese a la evidente urgencia de abandonarla
DECLARACIÓN DE OILWATCH
COP17, Durban, diciembre 2011
1. A pesar de las señales económicas, ambientales, sociales sobre la urgencia -ya impostergable- de abandonar la dependencia a los combustibles fósiles, las empresas y países continúan atándose con nuevos proyectos de carácter petrolero, con la ampliación de las fronteras y de explotación de otras formas no convencionales de petróleo, con diferentes mecanismos de control (que incluyen el militar y económico) de reservas que incluyen invasiones, ocupaciones y una serie de negocios oscuros.
2. Con las intervenciones en Libia, la amenaza sobre Siria, la negativa a abandonar el control militar en Afganistán e Iraq, se rebela que continua la estrategia de control militar: “El pueblo americano ha entendido que es mucho más fácil y divertido ir a la guerra del Golfo y sacar a patadas el petróleo de Medio Oriente que hacer sacrificios para limitar el consumo del petróleo importado por los americanos” [1]; “América puede hacer cualquier cosa que se proponga” [2].
3. Los países industrializados se han situado en posiciones estratégicas, ya sea con empresas petroleras, una veces estatales y otras privadas, como con inversiones financieras o con industrias vinculadas como la automotriz o la química, para mantener vigente el modelo y lucrar de los negocios petroleros.
4. Las hegemonías, nuevas como lo es China -que ya representa una potencia mundial-, o las viejas que se han construido sobre el patrón petrolero, dependen de buscar, extraer, ocupar y controlar territorios con combustibles fósiles.
5. Es muy difícil tener una idea de la importancia y magnitud de los hidrocarburos. El urbanismo moderno es petrolero, depende de él como fuente energética y de transporte, y excreta petróleo en sus más de 1’700.000 de toneladas de basura diarias [3]. La ruralidad moderna es petrolera, consume más de 136 millones de toneladas de agrotóxicos y de fertilizantes, millones de toneladas de insecticidas, fungicidas, y otros químicos y depende además de la maquinaria y transporte de los productos agrícolas. Los sistemas de salud y alimentación, se van haciendo cada vez más petroleros a medida que se abandona la soberanía alimentaria y de la salud.
6. El consumo primario de energía, creció en un 5.6% en el 2010, siendo el más grande crecimiento en términos de porcentajes desde 1973. El aumento se da en todas las regiones, particularmente en China [4]. La dependencia a los combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo) se mantiene.
7. La relación reservas-producción (R/P) [5] coloca en el escenario de mayores reservas mundiales a América Latina (93.9) y a Medio Oriente (81.9), seguidos por África (35.8) y Asia Pacifico (14.8). Todas esas reservas se convierten artificialmente en reservas comerciales, sobre la base de trasladar a los Estados gran parte de los costos de extracción e ignorar las limitaciones ecológicas. Este método ignora el valor inherente y los derechos de la madre tierra y permite la creación artificial del valor de cambio con el propósito de colocar a la naturaleza en el mercado.
8. La petro-dependencia, se sostiene con estrategias privadas y estatales que incluyen, ya sea la violencia directa o la indirecta con el bombardeo publicitario, el lavado verde y la corrupción política. Se trata de una estrategia que, a pesar del repudio local, de los impactos ambientales, de las ilegalidades económicas, y a pesar de la crisis general a la que está ligada, se sostiene e incluso se impone como prioritaria.
El capitalismo petrolero se expande y se recicla
9. La búsqueda de combustibles fósiles se mantiene como una prioridad nacional bajo premisas del siglo pasado de crecimiento y bienestar ignorando los perjuicios de estas actividades sobre las poblaciones y sobre el patrimonio nacional y planetario.
10. Bajo el argumento del interés nacional, los Estados ya no sólo permiten estas operaciones sino que se ponen al servicio de la extracción, ya sea otorgando beneficios contractuales, asumiendo el papel de relacionadores comunitarios y construyendo garantías de seguridad para los proyectos extractivos,
11. Las campañas de búsqueda y extracción de más combustibles fósiles, construyen un escenario en donde el reconocimiento de derechos colectivos y ambientales, entra en franca crisis con las políticas extractivas que requieren de acelerar las formas de ocupación y despojo.
12. Bajo propuestas de “pago por servicios ambientales” “programas de absorción de emisiones”, “programas de conservación de bosques”, “repartición de beneficios” [6], “empresas extractivas con participación de indígenas” y una serie de sistemas de endeudamiento encubierto y cooptaciones, se han construido herramientas de ocupación y control de territorios, entre las que están los proyectos REDD, que en muchos casos abren el paso a las industrias extractivas y que se constituyen en estrategias para mantener y expandir el capitalismo, aunque ahora tenga una imagen verde.
13. El capitalismo petrolero no sólo se expande y somete a las últimas fronteras, sino que penetra las culturas, con alcoholismo, consumismo, individualismo, se instala en las mentes y los cuerpos para terminar por desechar a las personas, a las relaciones y prácticas comunitarias que le incomodan.
14. A las comunidades que se oponen o resisten a estos procesos de ocupación se las condena, reprime o criminaliza. Los nuevos, delincuentes, “enemigos del desarrollo” y terroristas, son los indígenas y los defensores de la naturaleza [7].
15. Adicionalmente la construcción de la nueva unidad de valor global: “el carbono” ha creado la idea de que el cambio climático es el único problema global relacionado con el consumo energético, desconociendo la destrucción de las redes de la vida, la contaminación, la acumulación de basura, las enfermedades que provoca tanto la extracción como el consumo de derivados y finalmente todos los impactos sociales y económicos, que afectan, cuando no destruyen, la estabilidad ecológica de las sociedades.
16. El carbono es una nueva “mercancía” que permite no solo alargar la vida del capitalismo petrolizado sino ampliar los territorios bajo su control, sometiendo a los mares, a la atmósfera, a los bosques, a una nueva ocupación: la de convertirlos en “sumideros”.
17. A esto se suman las nuevas propuestas de los llamados servicios ecosistémicos que no dejarán nada fuera del mercado, junto con un profundo proceso de financiarización del agua, la biodiversidad y de todos los componentes, ciclos y funciones de la naturaleza.
18. Las nuevas tecnologías: geoingenieria, nanotecnología, biología sintética y otras, algunas de las cuales se presentan como herramientas para enfrentar los cambios climáticos, suponen nuevas amenazas y conflictos, y perpetuán la lógica de sobre-consumo y sobre producción y el capitalismo salvaje.
19. Existe una deliberada y provocada ignorancia con relación a los ciclos energéticos, humillando a los ciclos naturales como es la fotosíntesis -y el sol-, denigrando el trabajo humano, la creatividad, la inventiva y las culturas, promoviendo el conocimiento parcial de los ciclos artificiales basados en la quema de combustibles fósiles(...)".
www.oilwatchsudamerica.org
01/12/2011
in
Comunicados,
Internacional,
Panoramas
Fuente: http://opsur.wordpress.com/2011/12/01/la-civilizacion-petrolera-sin-limite-2/#more-26021
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PROPUESTAS para la lucha de emancipación del capitalismo e imperialismo:
a) En la Declaración de Oilwatch:
Oilwatch propone colocar al petróleo, al gas y al carbón, en el centro de las discusiones nacionales e internacionales
20. Los países y pueblos que aspiran a romper con la dominación y buscan caminos soberanos, deben enfrentar el hecho de que el petróleo supone un encadenamiento con la dominación. Someter nuevos territorios a la expansión del capitalismo petrolero, supone renunciar a espacios y proyectos de emancipación del capitalismo petrolizado.
21. Lo países y pueblos que construyen relaciones internacionales de dignidad, deben irrumpir en los escenarios internacionales, desmontando las nuevas estrategias de control y dominación, que incluyendo al ambiente como pretexto, consolidan propuestas antiecológicas, sostienen modos de vida imperiales, y perfeccionan nuevas formas de colonialismo.
22. La actual agenda energética, continúa creando frenos a las energías limpias, descentralizadas y de bajo impacto, sacrifica la alimentación por los agrocombustibles, apresa a los ríos para beneficiar a un sector de poder, propone el retorno victorioso de la cuestionada energía nuclear, justifica las campañas militares y políticas para ocupar los territorios en donde hay hidrocarburos
23. Mientras antes enfrentemos el cambio energético, tendremos mejores oportunidades. Se requieren prácticas, tecnologías y actividades que construyan la autonomía energética individual y colectiva, recuperen la relación armónica e interdependiente entre las soberanías alimentaria, energética, lúdica y permitan el salto necesario de un patrón tecnológico destructivo al desarrollo de fuerzas productivas constructivas que resitúen la especie humana dentro de los límites físicos y ecológicos del planeta tierra.
24. Inscritos en las comunidades hay muchos conocimientos, prácticas y saberes, relacionadas con los ciclos energéticos, que son verdaderos ejercicios de resistencia frente al capitalismo petrolizado. El reto es rescatar esos saberes ancestrales, potenciar la inventiva, recuperar las tecnologías duraderas y desarrollar los espacios vitales de crecimiento cultural y humano.
25. Hay muchas luchas contra la civilización petrolera: la lucha contra la crisis climática, por las soberanías nacionales, por la paz en contra de la guerra, las luchas contra los agroquímicos, las luchas de resistencia de los pueblos indígenas y campesinos, las luchas contra la acumulación y producción de basura, las luchas por aire limpio en las ciudades, los que promueven el uso de bicicletas en vez de autos, las luchas contra el sistema financiero y tal vez muchas otras luchas de las que no conocemos o no somos conscientes aún.
26. El mundo no puede seguir fingiendo no saber que el uso de combustibles fósiles en la energía y en otras actividades de producción es la principal causa del calentamiento global. En lugar de rodear el tema con interminables negociaciones que acaban en la entronización de las falsas soluciones, hacemos un llamado a la acción real por frenar esta senda de la civilización.
Oilwatch como red de
resistencia a las actividades petroleras, invita a las
organizaciones, sindicatos, pueblos indígenas, campesinos, iglesias,
intelectuales y académicos, a reconocernos parte de este proceso de cambio
civilizatorio y a compartir experiencias prácticas, luchas de resistencias de
distinta índole, y con ellas, dar las puntadas que nos acerquen a un mismo
tejido que nos cobije.
OILWATCH
INTERNACIONAL
Nnimmo Bassey
nnimmo@eraction.org
OILWATCH SUDAMÉRICA
informacion@oilwatchsudamerica.org
www.oilwatchsudamerica.org
01/12/2011
in
Comunicados,
Internacional,
Panoramas
Fuente: http://opsur.wordpress.com/2011/12/01/la-civilizacion-petrolera-sin-limite-2/#more-26021
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b) En el siguiente discurso pronunciado durante la Ceremonia de Premiación ante el Parlamento sueco por el coordinador de GRAIN, Henk Hobbelink (5 de diciembre, 2011) se señala que:
Es tiempo de repudiar a los acaparadores de tierra
Hace tres semanas,
el 16 de noviembre, Cristian Ferreyra fue asesinado por un disparo de bala a
manos de dos hombres armados frente a su casa y su familia. Cristian vivía en
San Antonio, un poblado al norte de Santiago del Estero en Argentina. Pertenecía
a una comunidad campesina, y era miembro de una organización compañera, la
organización campesino-indígena MOCASE-VC. ¿Su “delito”? Negarse a
abandonar su tierra natal para dar lugar a una masiva plantación de soya, una de
tantas plantaciones que se han incrustado en las comunidades rurales de
Argentina en los últimos diez años. Así que los dueños de la plantación lo
mandaron asesinar. Cristian tenía 25 años de edad.
Hace seis semanas, el 26 de octubre, un campesino murió y otros 21 resultaron
heridos, diez de ellos en estado crítico, en el poblado de Fanaye en el norte de
Senegal. También ellos intentaban frenar el arrebato de sus tierras. Los
funcionarios del gobierno habían entregado 20 mil hectáreas alrededor de su
territorio a un empresario italiano que quería cultivar remolacha y girasol para
producir agrocombustibles para los automóviles europeos. El proyecto desplazará
poblados enteros, destruirá áreas de pastizal para el ganado y profanará
cementerios locales y mezquitas. Ganaye no es un caso aislado. En los últimos
años, casi medio millón de hectáreas en Senegal se han cedido a empresas
agroindustriales extranjeras.
Gambela es una
región de Etiopía que limita con Sudán del Sur. Es el sitio donde ha ocurrido
uno de los casos más extremos de acaparamiento de tierras en el mundo. Más de la
mitad de toda la tierra arable en la región se ha entregado a inversionistas de
la India o Arabia Saudita que ya están allí con sus tractores y expulsando a la
gente. Etiopía está en medio de una grave crisis alimentaria y es muy
dependiente de la ayuda alimentaria para darle de comer a su pueblo. No
obstante, el gobierno ya entregó cerca del 10% de toda la superficie agrícola
del país a inversionistas extranjeros para producir materias primas para el
mercado internacional. A principios de este año participamos en la producción de
un video en torno a la situación de los pueblos anuak de Gambela que ahora
enfrentan la pérdida de sus fincas, sus comunidades y sus territorios
ancestrales. Queríamos ayudar a amplificar sus voces a nivel internacional pero
el video tuvo que distorsionar su voz y esconder sus rostros, para protegerlos
de las represalias del gobierno etiope.
Podríamos continuar con muchos ejemplos de cómo es expulsada, criminalizada y en
ocasiones asesinada la gente que lo único que quiere es cultivar alimentos y
vivir de la tierra (con tal de dar cabida a la producción de mercancías de
exportación o a la opulencia de otros).
Hoy, somos testigos de nada menos que
un asalto frontal a los campesinos del mundo. Esto no ocurre sólo en el Sur
global. Aquí
en la Unión Europea, hemos perdido tres millones de establecimientos agrícolas
desde el año 2003. Esto significa la quinta parte de todas nuestras granjas en
tan sólo ocho años. Vivir de la tierra se ha vuelto más difícil y, en muchas
partes del mundo, más peligroso conforme pasan los días. Los campesinos que han
estado alimentado al mundo durante miles de
años —y lo siguen haciendo— son ahora calificados como retrógrados,
ineficientes; como obstáculos para el desarrollo. El mensaje para nada sutil es:
“deberían dejar de existir”.
(…)
Los campesinos
pueden alimentar y enfriar el planeta
Vía Campesina, el movimiento campesino internacional, le
ha llamado al 5 de diciembre el “Día Internacional de la Soberanía Alimentaria
para Enfriar el Planeta”. Justo en este momento, los miembros y aliados de la
Vía Campesina están saliendo a las calles en Durban, Sudáfrica, para protestar
por las negociaciones de falsas soluciones al cambio climático, y para insistir
en que los campesinos no sólo pueden enfriar el planeta sino que pueden
alimentarlo. Y tienen razón.
La idea básica de la soberanía alimentaria es que
las aspiraciones y necesidades de quienes producen, distribuyen y consumen los
alimentos deben estar en el corazón de nuestros sistemas alimentarios, y no las
exigencias de las corporaciones transnacionales. Esta idea prioriza la
producción local de alimentos, basada en la agroecología, el cultivo familiar y
los mercados locales. Mantiene las semillas y la biodiversidad en manos de las
comunidades que cultivan y se mantienen libres de transgénicos. Se nutre y
construye a partir de los saberes tradicionales sobre suelos, semillas y
sistemas de cultivo de los pueblos. Reconoce el papel crucial y central que
juegan las mujeres.
El mundo necesita soberanía alimentaria
desesperadamente. Es nuestra mejor esperanza para
resolver las crisis más acuciantes del planeta. Hoy, más de mil millones de
personas no tienen suficientes alimentos que comer. Un 80 por ciento de estas
personas son productores de alimentos que viven en el campo. Esta intolerable
situación no se debe a falta de comida o tecnología. Se debe a las políticas
gubernamentales que deliberadamente reemplazan la agricultura campesina con un
modelo industrial impulsado por las exigencias de las corporaciones
transnacionales. Este modelo produce mercancías para los mercados globales. No
alimenta ni puede alimentar a la gente.
Todos estamos
conscientes de la crisis climática. ¿Pero cuánta gente se da cuenta de que el
actual sistema agroalimentario mundial contribuye con casi la mitad de todos los
gases con efecto de invernadero? Uno obtiene esta cifra si se suman las
emisiones producidas por la agricultura industrial, más el cambio en el uso del
suelo cuando los bosques se vuelven plantaciones, más las enormes distancias que
los alimentos y los forrajes deben transportarse por todo el mundo, más la
energía que se lleva el procesamiento y el congelado, más el desperdicio de
energía y comida que ocurre en las cadenas de supermercados más y más
concentradas. La soberanía alimentaria, que prioriza los cultivos agroecológicos
y los mercados locales, puede reducir drásticamente estas emisiones. GRAIN
calcula que simplemente restaurar las prácticas de cuidado de la fertilidad del
suelo puede reducir entre una cuarta parte y una tercera parte de las actuales
emisiones anuales de gases con efecto de invernadero. Los campesinos sí pueden
enfriar la tierra.
También pueden alimentar al mundo. A principios de este año, el Relator Especial
de Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación presentó un informe que
mostraba que la
agroecología,
con los apoyos suficientes, puede duplicar la producción de alimentos en
regiones enteras en un lapso de diez años, y al mismo tiempo mitigar el cambio
climático y aliviar la pobreza rural. Otros han mostrado que las políticas
orientadas a promover mercados locales, los circuitos cortos y la agricultura
campesina, contribuyen a ese mismo fin. El punto es tan simple como mantener los
alimentos en manos de la gente, no de las corporaciones.
No obstante, nunca antes habían estado tan en riesgo de extinción los
campesinos, los pescadores y otros productores de alimentos.
Detengamos el
acaparamiento de tierras
Nunca antes se había invertido tanto dinero en el sistema alimentario
industrial. En la última década fuimos testigos de un espectacular incremento en
la especulación en los mercados de alimentos básicos de exportación, lo que
disparó los precios en todas partes. Con las actuales crisis financiera y
económica a nivel global, el capital especulativo busca sitios seguros donde
multiplicarse. Los alimentos y las tierras de cultivo son esos sitios. “Todo
el mundo debe comer”, es el mantra que recitan en las juntas directivas. La
carrera es por ver quiénes logran controlar los recursos para la producción
mundial de alimentos —las semillas, el agua y la tierra— y la distribución
global de los mismos. Hoy, gran parte de esos recursos y sistemas alimentarios
siguen en manos de los campesinos. Por ejemplo, 90 por ciento del mercado de la
leche en India, el más grande del mundo, sigue en manos de millones de pequeños
productores de lácteos y de vendedores ambulantes que colectan la leche y la
llevan fresca a los consumidores. Éstos son la clase de mercados que las
corporaciones, los bancos y los inversionistas quieren controlar.
El dinero también fluye directamente hacia la agricultura industrial y las
adquisiciones de tierra. Los bancos, los fondos de inversión y los fondos de
pensiones se utilizan activamente para comprar tierra por todo el mundo. Los
datos y los contratos son muy difíciles de obtener, pero los cálculos actuales
nos hablan de entre 60 y 80 millones de hectáreas que han pasado a manos de los
inversionistas extranjeros para producir alimentos tan sólo en los últimos años.
Esto es igual a la mitad de la tierras agrícolas de toda la Unión Europea. La
mayor parte de esto ocurre en África, donde los derechos consuetudinarios de los
pueblos a la tierra están siendo ignorados de manera flagrante.
Esta última
tendencia de acaparamiento global de tierras —en pos de una producción
dislocada— es sólo parte de un asalto mayor a la tierra, los territorios y los
recursos. El acaparamiento de tierra provocado por la minería, el turismo, los
agrocombustibles, la construcción de represas, los proyectos de infraestructura,
la madera y ahora el comercio de carbono son parte del mismo proceso: volver a
los campesinos refugiados en su propia tierra.
Hay mucho por hacer. Pero GRAIN quisiera utilizar esta oportunidad, aquí en el
Parlamento Sueco, para hacer un llamado a una acción específica.
Debemos ponerle fin inmediato al acaparamiento global de tierras —un urgente
“repudio” masivo a los acaparadores de tierras, un decomiso tal como lo
hacen las autoridades de sanidad alimentaria con algún alimento contaminado que
hay que sacar de la circulación. Hacemos un llamado a todos para que hagamos
todo lo posible por frenar el flujo de dinero que va a la adquisición global de
tierras de cultivo. Llamamos a restituirle sus
tierras a todas las comunidades rurales afectadas. Ponerle
un alto al acaparamiento de tierras no sólo tiene que ver con lo que es legal.
Tiene que ver con lo que es justo (…)”.
En consecuencia, la política mirando a la «reforma agraria integral» como poder de respetar los derechos de la Naturaleza tiene en cuenta lo que declara Oilwatch para derrotar a la civilización petrolera y lo extiende a las otras situaciones calamitosas que el capitalismo e imperialismo genera. Se involucra con las comunidades en el rescate de los conocimientos, prácticas, saberes y cosmovisiones que atesoran. Ese constante intercambio y trabajo conjunto potencia vínculos imprescindibles a la convivencia social y la armonía con la Pachamama. También, como Oilwatch, analiza que una amplia variedad de luchas, pese a diferenciarse en sus objetivos específicos, comparten el objetivo principal y favorece esa toma de conciencia en una creciente mayoría.
Escucha al coordinador de GRAIN en referencia a que la idea básica de la soberanía alimentaria es el viraje del sistema alimentario desde estar subordinado a las transnacionales a atender las aspiraciones y necesidades de quienes producen, distribuyen y consumen los alimentos. "Esta idea prioriza la producción local de alimentos, basada en la agroecología, el cultivo familiar y los mercados locales. Mantiene las semillas y la biodiversidad en manos de las comunidades que cultivan y se mantienen libres de transgénicos. Se nutre y construye a partir de los saberes tradicionales sobre suelos, semillas y sistemas de cultivo de los pueblos. Reconoce el papel crucial y central que juegan las mujeres".
La otra política se compromete con la Alianza Global contra el acaparamiento de tierras que desaloja a comunidades o poblaciones enteras y degrada o destruye las condiciones de vida. Pone en debate que es un problema de suma gravedad para quienes viven en medios urbanos y en medios rurales. Crea solidaridades, que levantan pilares de la nueva sociedad, cuando los vecinos confrontan con los emprendimientos comerciales e inmobiliarios y luchan en favor de vivienda y trabajo dignos para los asentamientos precarios. Solidaridades que también procura establecer con quienes se oponen a ser despojados de sus territorios o violados en sus derechos por las petroleras, el sistema de los agronegocios, el turismo, las megamineras e IIRSA.