Problemas
Diciembre 2009

HIPÓTESIS: I/II/III

¿Por qué esta seguridad no es el progreso esperado?

Es que forma parte de la seguridad jurídica de los oligopolios que nos pauperizan al apoderarse cada vez más de cuanto nos pertenece y pueden convertir en súper negocio. ¿Cómo la creemos nuestra? No percibimos la fuente de violencia que es la impunidad de quitar alimentos, trabajo, vivienda, escuela, hospital, medicamentos, agua…y hasta ideales. Ni anticipamos los resultados contraproducentes de arrojar en cárceles superpobladas a jóvenes que han sido desposeídos de sus terruños, de sus familias, de escuelas y de trabajos registrados. Tampoco nos preocupa que, en las cárceles, se los someta a estado de excepción pese a que, en su mayoría, no están procesados y se abusen de ellos e incluso los maten o masacren con total impunidad.

Aceptamos que esas condiciones infrahumanas en las cárceles se expandan afuera en forma de pena de muerte extrajudicial o gatillo fácil y de asentamientos (sin la infraestructura básica) avasallados por las redes de negocios con la pobreza y por los aparatos clientelares. Pensamos que no nos incumbe porque es cuestión de esos ‘otros’, pero el despojo de derechos se va ampliando con la pauperización generada por el modelo extractivo y el afianzamiento del Estado policial mediante los códigos contravencionales, la criminalización tanto de la pobreza como de la protesta social, las leyes antiterroristas y la supervigilancia, el vallado de los espacios e instituciones públicas y las rejas, puertas blindadas, alarmas, etc. que convierten nuestros domicilios en particulares presidios.

Lo más contradictorio de nosotros es que depositamos nuestra protección en las fuerzas policiales que sabemos vinculadas estrechamente con el delito y que obedecen a la orden de matar para no dejar la propiedad privada en manos de asaltantes o rateros.

I.

 

PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS

 

Planteo

El capitalismo impulsó el «progreso de la humanidad», mediante su democracia derrotó al vasallaje feudal e instauró un Estado que reconoce iguales a todos los ciudadanos. Claro, de hecho no son. Ya que el capitalismo representa los intereses de una clase -la burguesía-, que acumula riquezas por explotación de la clase trabajadora. Es decir, se basa en la desigualdad socioeconómica entre quienes van acaparando los medios de producción y quienes somos forzados a mal vendernos para subsistir. Es un funcionamiento esencialmente opresor e injusto que se mantiene inculcando la creencia en la libertad de elección y en el respeto a las leyes. Pero hoy y  en la Argentina, es patente que:

 

1. El orden constitucional en vigencia vulnera los derechos populares

 

Carlos Rivera Lugo (Claridad/ Rebelión), en  "Argentina, la Constituyente social", nos aclara: “Lo que hace verdaderamente revolucionaria esta nueva era en la que habitamos es que se ha puesto sobre el tapete la posibilidad de la democracia de lo común. Me refiero al despertar de la potencialidad de la gobernanza constituyente de una verdadera democracia desde ese pueblo que hasta ahora ha estado relativamente ausente de los procesos políticos en muchas de nuestras sociedades. Contrario a la estreñida versión liberal o neoliberal de la sociedad democrática como el gobierno de las elites económicas y políticas, este nuevo siglo se ha caracterizado, sobre todo en Nuestra América, por la progresiva materialización de unos procesos democráticos que no se reducen al mero voto cada tantos años, sino que se encarnan en el acto de decidir, como acto soberano común, sobre lo concreto en nuestras vidas cotidianas, tanto en lo individual y en lo colectivo. Quién decide y determina sobre lo concreto en nuestro diario vivir, en sus diversas dimensiones políticas, económicas y sociales, es quien realmente gobierna, es efectivamente el soberano.

 

Y para que la democracia sea efectivamente la gobernanza del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, tiene que forjarse una voluntad constituyente que desde la multiplicidad de voces y fuerzas que es la sociedad contemporánea, se represente de aquí en adelante a sí misma, instituyendo esta nueva democracia de lo común más allá de los límites históricos de lo privado (el mercado) y lo público (el Estado) como canales exclusivos de su autodeterminación.

La decisión soberana de lo común por necesidad trasciende incluso el marco estrecho y agotado de la legalidad capitalista vigente. El Estado liberal o neoliberal, en cualesquiera de sus formas, está ya incapacitado para ofrecer un gobierno adecuado o efectivo de lo concreto. De ahí que el poder constituyente de la nueva gobernanza democrática debe crear un nuevo Derecho a partir de los propios actos del soberano popular. En éstos es que radica de hecho la Constitución material de lo nuevo. En ello radica precisamente la condición de soberano del pueblo: la autoridad para decidir incluso más allá del Estado de Derecho vigente.

En esta nueva praxis de la libertad es que radica la fuerza revolucionaria y fundacional de esta nueva voluntad constituyente, como bien lo ejemplifican los casos de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Haber aspirado a potenciar dicha voluntad constituyente en Honduras, fue el gran motivo tras el golpe cívico-militar y la institución de un régimen de facto que, con la complicidad de Washington, pretende aplastar a la fuerza todo asomo de constitución material de otra sociedad a partir de la amplia y férrea resistencia con que se ha confrontado.

Otra expresión de dicha voluntad constituyente la vemos hoy en Argentina, ante el desencanto que crecientemente se generaliza con un estado de cosas para el cual ya no se ve otra alternativa que el de la institución de una gobernanza democrática desde el soberano popular. Se trata de la convocatoria hecha en julio pasado a una Constituyente Social, desde la provincia de Jujuy, por una constelación de movimientos sociales y culturales, organizaciones sindicales, agrupaciones campesinas, gremios agrarios, asociaciones de pequeños y medianos empresarios, y comunidades aborígenes, entre otros. Se han pautado una serie de asambleas y reuniones a través de toda la geografía del país para culminar el próximo año 2010 en la concreción de la propuesta Constituyente Social.

 

Según declaran sus organizadores, a Argentina se le gobierna hoy a partir de un orden constitucional que emergió del llamado Consenso neoliberal de Washington y un pacto suscrito por las elites políticas y económicas actuales: A partir de esa Constitución se ha construido una legalidad que vulnera los legítimos derechos de nuestro pueblo. En este país, pensado y estructurado para que un tercio de su población viva en la riqueza y dos tercios queden condenados a la marginalidad, la lucha por la universalidad de los derechos es una tarea urgente. Poner en discusión la legalidad vigente y pensar una Constituyente Social es decidirse a contactar y vincular las miles de voluntades que se preocupan y organizan cotidianamente en pos de la defensa de la soberanía alimentaria, la soberanía energética, del destino y usufructo de nuestros recursos naturales.

Es abrir una agenda para discutir una reforma agraria integral, la propiedad de la tierra, el cuidado del medio ambiente, la industrialización del país, la generación de trabajo genuino y la promoción de la cultura popular. Es confluir con todos quienes reclamamos que la salud, la educación y la vivienda sean derechos sociales plenos. Todas ellas ideas motoras que nos ponen en la misma senda de países hermanos de América Latina, como Bolivia, Ecuador y Venezuela. En síntesis, necesitamos construir capacidad, atributos y unidad para poder aportar a un nuevo movimiento histórico que definitivamente conquiste la equidad, la justicia y la felicidad para las mayorías históricamente postergadas en nuestra Patria” ".

2.  La condición de soberano del pueblo radica en decidir incluso más allá del Estado de Derecho vigente.

 

Carlos Rivera Lugo señala la presencia de un orden constitucional que emergió del llamado Consenso neoliberal de Washington y un pacto suscrito por las elites políticas y económicas actuales. Precisa que:"La Constituyente Social se propone como un proyecto de gobernanza democrática alternativa con tres pilares:

Sobre este último punto, dice la declaración fundacional de la Constituyente Social: “Una justa distribución de la riqueza y un ejercicio cotidiano de soberanía popular sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat sólo son posibles en el marco de una transformación estructural en los modos de hacer política. Se trata de impulsar un proceso integral de Democracia Participativa, en la que los ciudadanos, las organizaciones sociales y todas las representaciones sociales estemos articulados en una nueva institucionalidad. Un modo de entender lo público, lo comunitario y lo estatal que supere la cultura de la delegación y promueva el compromiso cotidiano de los ciudadanos en la construcción del destino común, y no solamente en la elección de candidatos institucionales y partidarios”.

 

Según el Premio Nóbel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, la Constituyente Social surge como un instrumento necesario “para poder profundizar en lo que son los objetivos de un país” y articular un “proyecto de país” desde el cual abordar los diversos aspectos del modo de vida actual de los argentinos.

 

Por su parte, el economista argentino Julio Gambina insiste en que de lo que se trata es de “pensar en un camino propio desde los sectores perjudicados” por el sistema capitalista, que emprenda la construcción de una alternativa a dicho sistema. “Hay que generar condiciones de participación popular para transformar las decisiones económicas, por eso es necesario el desarrollo de una alternativa, incluso no-capitalista”, señala.

 

Gambina abunda que “en Venezuela se habla de socialismo del siglo XXI, en Ecuador también…En Bolivia se habla del ‘buen vivir’ no asociado al consumo suntuoso sino vinculado a la calidad de vida para la totalidad de la población, con satisfacción de los derechos esenciales”. Ahora bien, advierte que los procesos políticos y sociales tienen una dinámica social propia. No se trata de propiciar formas organizativas pasadas que desemboquen en la organización de un nuevo partido, un partido más: “La alternativa no es un tema de partido para una elección sino una concepción y construcción de otro orden económico, social, cultural”, desde un espacio social y político abierto que incorpore las distintas fuerzas vivas de la sociedad civil, desde sus respectivos espacios y experiencias de autodeterminación.

“Sólo el pueblo salvará al pueblo” reza con gran acierto una de las consignas de la Constituyente Social. Y se salva desde sí mismo".

El autor es Catedrático de Filosofía y Teoría del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, en Mayagüez, Puerto Rico. Es, además, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueño “Claridad”. Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. Fuente: www.rebelion.org / Opinión/ 25-11-09

En consecuencia, ¿en qué reside el progreso en el Estado y cómo la diversidad popular puede encaminarse hacia ese poder político?

 

Ideología

El Estado burgués:

 

1. Se ha convertido en  supercontrol sobre, y en extorsión a, las poblaciones

 

 Ramón Fernández Durán, miembro de Ecologistas en Acción se refiere a:

El Estado en el mundo durante el siglo xx

Claves para entender el mundo del siglo XXI Del auge de la estatalidad, a la crisis y reconversión del Estado

En la Introducción del libro explica:  "En el siglo XX, la forma Estado, y muy en concreto el Estado capitalista, se amplia al mundo entero. Sobre todo en la segunda mitad del siglo cuando irrumpen gran número de nuevos Estados tras el fin del dominio colonial europeo. A finales del siglo, el sistema-mundo de Estados tiene por tanto una proyección planetaria. Un rasgo específico del capitalismo global actual, que no se había dado en sus otras etapas históricas. Pero este sistema-mundo de Estados es un sistema fuertemente jerarquizado, aunque en constante movimiento debido a la intensa competencia entre ellos, de forma que el Estado que no sube, o logra mantenerse, cae. Si bien en ocasiones los Estados cooperan entre sí, en grupos (a su vez jerarquizados; la UE, p.e.), para mejor resistir esa competencia y llegar a posicionarse más aventajadamente, juntos, en la jerarquía estatal global.

 

El Estado que va a extenderse a escala mundial es el Estado-nación, que ya empezó a desarrollarse como ya vimos en el siglo XIX, pero que culmina su concreción en las primeras décadas del siglo XX en los espacios centrales, actuando de agente nacionalizador activo de sus sociedades, y propagándose más tarde esta forma de Estado a los territorios periféricos tras su independencia del yugo colonial. El Estado-nación, va a ser pues la representación institucional más significada del Estado-moderno en esta nueva época, con nuevas competencias y con una estructura burocrática cada vez más compleja y cambiante a lo largo del siglo, que corre paralela al creciente consumo energético que posibilita su despliegue. Pero, eso sí, con unas diferencias abismales entre los Estados centrales y de mayor recorrido histórico, y aquellos periféricos y de más reciente creación. Y en todos ellos con dos “naciones”, la rica y la pobre, dentro de unas mismas fronteras estatales, con mayor o menor proporción de “clases medias” y de desigualdad social.

A lo largo del análisis de la enorme diversidad de transformaciones del siglo XX, hemos mencionado cambios acontecidos en las estructuras estatales, pero ahora queremos sistematizar y ampliar dicho análisis, para mejor entender (más tarde) las características de la actual Crisis Global, y de qué forma va a afectar al Estado la presente crisis sistémica, el futuro declive energético y el previsible colapso civilizatorio que se avecina. De cualquier forma, la crisis del Estado ya se viene manifestando desde las últimas décadas del siglo pasado, y se está acelerando con la Crisis Global actual. Pero la crisis del Estado se concreta de una forma diferente en el Centro, o centros, que en la Periferia, o periferias y semiperiferias, pues el Estado también adquirió una mayor institucionalización y legitimación, en general, en los primeros espacios que en los últimos. Y porque los Estados centrales disponen de instrumentos monetarios y de fuerza política y militar, que los Estados periféricos y semiperiféricos no tienen, aparte de albergar a los principales actores empresariales y financieros mundiales y de beneficiarse de su posición de dominio. Es por eso por lo que la crisis del Estado a finales del siglo XX va a cristalizar con más fuerza, como señalaremos, en muchos de los territorios periféricos o semiperiféricos.

 

Además, los Estados periféricos se encuentran subyugados por el tema de la deuda externa (exigible), que quizás sea una de las líneas más claras de separación entre Estados centrales y periféricos. Pero a este eje divisorio habría que sumar, o añadir, la posesión o no de combustibles fósiles, y en concreto de petróleo, pues la disponibilidad y el control de esa energía concentrada bajo su subsuelo les va a dar un importante poder adicional, cada día más estratégico. Aunque para muchos de ellos, sobre todo para sus poblaciones, este regalo de la geología sea más una maldición que una bendición. 

Por otra parte, el Estado es la máxima expresión institucional de las relaciones de poder, incluidas por supuesto las relaciones de poder patriarcal. Y por ello, el Estado es también la cristalización del conflicto social, del equilibrio inestable entre intereses conflictivos de clase, género, étnicos, etc., y no sólo una prolongación sin más de los intereses del capital. La misión principal del Estado es garantizar la acumulación de capital y la reproducción social, así como lidiar con la relación conflictiva entre ambas lógicas, pues el mercado no puede funcionar por sí solo (Jessop, 2008). El mercado para su funcionamiento diario depende del Estado y de la sociedad, en especial de todo el trabajo no remunerado que se produce en el ámbito doméstico, principalmente realizado por las mujeres; y, por supuesto, de la capacidad de apropiarse y utilizar recursos y sumideros naturales.

 

De esta forma, y en lo que a la dimensión social se refiere, el Estado (en el mundo dominado por Occidente) ha transitado una especie de curva de Gauss a lo largo del siglo XX, pasando de ser un Estado fuertemente liberal al inicio del siglo, a un Estado social en las décadas centrales del mismo, sobre todo en los territorios centrales occidentales, para acabar otra vez con un tipo de Estado de corte “neoliberal” a finales del siglo. Lo cual ha significado el desmantelamiento de muchas de las conquistas políticas y sociales alcanzadas. Esa curva se corresponde grosso modo con la evolución del conflicto social a lo largo del siglo, como veremos más tarde.

 

En los territorios periféricos, el Estado social prácticamente no llegó a despegar, o lo hizo en algunos enclaves mundiales de manera bastante limitada. Y en el Este, el Estado tenía ciertas similitudes estructurales con el Estado capitalista, debido a la construcción también de la Sociedad Industrial por parte del Socialismo Real, pero con importantes características propias, antes de su crisis o colapso. Muchas de las cuales ya se han mencionado. Por último, antes de adentrarnos a desbrozar algo más estas cuestiones, es importante señalar que las formas de gobierno han cambiado a lo largo del siglo pasado de forma significativa, adaptándose a las dinámicas de la evolución del capitalismo a escala mundial, y han estado condicionadas indudablemente por la capacidad de contestación y rebelión de sus sociedades.

 

En cualquier caso, el siglo XX es un periodo histórico en el que todos estaban seguros de que la Historia estaba del lado del Progreso, y eso daba en general una considerable estabilidad a las sociedades y al Estado, el encargado de impulsarlo, a pesar de las importantes rupturas, guerras y transformaciones políticas habidas (Wallerstein, 2004). Sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando tanto las sociedades del Centro y la Periferia capitalista, como las nuevas sociedades llegadas al Socialismo Real, depositan una enorme esperanza de transformación en el Estado y el Desarrollo, en paralelo a un incremento del consumo energético sin precedentes, en especial de petróleo. Esa esperanza se deteriora de forma considerable en torno al 68, y la fe en el Estado se empieza a truncar seriamente desde finales del siglo XX, sobre todo en los espacios periféricos. Todo lo cual anuncia también una fuerte erosión de la legitimidad del Estado de cara al futuro. Las nuevas legitimidades como hemos visto se sitúan y se sustentan en el mundo de la realidad virtual, y ya no en la esfera de lo político de la realidad real (Fdez Durán, 2009). Pero estas nuevas legitimidades basadas en la anestesia social mediática son débiles, sobre todo ante crisis muy profundas, como las que se avecinan, debido al previsible declive energético

 

El Estado antes de la Segunda Guerra Mundial en los países centrales 

El Estado-nación se fraguó lentamente como representante legítimo de la “nación”, sustentado en la ficción del “pueblo” soberano, una vez que las estructuras de poder dejaban de legitimarse desde el Cielo, y tenían que buscar su legitimidad aquí en la Tierra, especialmente desde la Revolución Francesa. Pero como nos dice Wallerstein (2004) “en casi todos los sitios el Estado ha precedido a la nación, y no a la inversa, a pesar del mito contrario (…) Y a unas sociedades de clases fuertemente divididas, había que conculcarles un solo sentimiento, una sola lealtad y una sola abnegación. Una tarea para nada fácil. Y a esa ‘unidad’ es lo que llamamos identidad nacional. El gran programa del liberalismo (del siglo XIX y primeras décadas del XX) era crear naciones desde los Estados”.

Algunos de muy reciente creación entonces, incluso en Europa, como ya comentamos al abordar el siglo XIX. Pero para lograr tan loable fin era preciso dar algo a cambio, sobre todo en un periodo histórico de fuerte turbulencia social y lucha de clases. Es por eso por lo que se empieza a construir muy tenuemente un embrión de Estado social, en algunos de los Estados liberales de la época, para que los ciudadanos percibieran unos mínimos derechos de ciudadanía. Así, parte de la riqueza que fluía desde las colonias se iba a dedicar a atender estas necesidades, para no grabar con impuestos a las elites. Y eso ayudaba al objetivo de desactivar el conflicto social, al tiempo que se construían en algunos Estados sistemas parlamentarios de partidos políticos, con el fin de canalizar la resolución de conflictos hacia las instituciones. De esta manera, el “pueblo” se iba a sentir identificado con el Estado en su expansión y explotación colonial, pues nacionalismo y racismo iban de la mano, en un momento además que se le iba a llamar para defenderlo por las armas, pues se estaba fraguando la Primera Guerra Mundial. 

 

Pero las democracias parlamentarias a principios del siglo XX podían contarse con los dedos de las manos. Apenas 15 países tenían sistemas formalmente democráticos (a comienzos del siglo XIX eran tan sólo 3: EE.UU., Francia y Suiza). Y después de la Primera Guerra Mundial los Estados democráticos saltan a 25, Alemania entre ellos (Taylor, 2008). En general los países más ricos de Europa Occidental, aparte de EE.UU. La democracia parlamentaria era una forma de aminorar la fuerte confrontación social y la falta de legitimidad de las estructuras de poder político, muy clara desde la segunda mitad del XIX (tras las revoluciones de 1848), pues el voto desactivó las ideas más radicales sobre la participación colectiva en la toma de decisiones (Wallerstein, 2004).

 

De esta forma, se afianza en el seno de la Segunda Internacional la vía reformista para la toma del poder del Estado de forma parlamentaria. Sin embargo, la inmensa Rusia carecía de Parlamento, y la quiebra del Estado imperial a resultas de la Gran Guerra, pues “el poder estaba tirado en las calles” (Wallerstein, 2004), orientó a los bolcheviques a la toma del poder por la vía insurreccional, dando lugar a la Revolución de 1917. El conflicto en el movimiento obrero entre Reforma y Revolución (conflicto Leonard Bernstein-Rosa Luxemburgo) estallaría poco después en el seno de la II Internacional, pues además ésta estaba profundamente dividida como resultado del apoyo de muchos de los partidos socialistas a sus burguesías para lanzar la escabechina de la Primera Guerra Mundial. Es poco después cuando se produce la gran división en el movimiento obrero internacional de corte marxista, creándose la III Internacional (Komintern, 1919), impulsada por Lenin tras la revolución, que denuncia además la aceptación del dominio colonial (y de sus beneficios) por parte de la mayoría de los partidos socialdemócratas europeos. Lo cual va a posibilitar el acercamiento del Komintern a los Movimientos de Liberación Nacional en África y Asia, en esos años en considerable auge. Además, la nueva Rusia permite la independencia de algunos de los territorios bajo el dominio imperial de los zares, lo que reduce la dimensión de su proyección territorial, aunque vuelve a recuperar su hegemonía sobre gran parte de los mismos (salvo Finlandia) a través de la creación subsiguiente de la URSS (Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas). Un nuevo super-Estado. 

 

De cualquier forma, la democratización del Estado en el ámbito occidental era una solución mucho más formal que real, pues una vez logrado (no sin luchas) el sufragio universal masculino a finales del XIX y primeros del XX, y poco a poco la legalización de los partidos políticos y sindicatos de izquierdas, lo que se elegía de la estructura estatal era tan solo la “superficie” o la “envoltura” del aparato del Estado, y todo ello condicionado además por múltiples artificios favorables a las estructuras de poder. Así, se elegía a los parlamentos respectivos, aunque muchas veces no a los componentes de las Cámaras Altas, la de los Lores en Gran Bretaña, p.e., que podían paralizar o revocar actos legislativos de la Cámaras Bajas; y en éstas a su vez, tenían que formarse las mayorías parlamentarias precisas para garantizar el gobierno del Estado. El gobierno por otro lado elegía a los altos cargos del poder ejecutivo.

 

Pero más del 95% del Estado era, y es, una estructura burocrática que no se elige, y que permanece inalterada en el tiempo, dando una fuerte continuidad a las políticas que se aplican, haciendo muy difícil cambios sustanciales, salvo en periodos de fuerte conflicto y ruptura social. Períodos por así decir de poder constituyente, donde se pone en cuestión en mayor o menor medida el poder constituido (Negri, 1994). De esta forma, nadie elige por supuesto a un comisario de policía, a un juez y sobre todo a un coronel o a un general. No en vano el Ejército es la columna vertebral fuertemente jerarquizada y militarizada del Estado, que garantiza en última instancia la adecuación de las políticas estatales a los intereses dominantes.

 

A través de un Estado de Excepción (junto con la Policía) para contener a las “clases peligrosas” en momentos de fuerte crisis de dominación, o mediante un Golpe de Estado militar, si es preciso, llegado el caso. Sin embargo, una de las características de las primeras décadas del siglo XX, y en especial del periodo entre guerras, fue la fortaleza del movimiento obrero, que era capaz de establecer organizaciones paralelas al Estado para garantizar en la medida de lo posible la cobertura de necesidades sociales de sus miembros, ante la extrema debilidad del Estado Social. Estas estructuras autónomas eran un peligro para el propio Estado, y una de las razones de la creación (más tarde) de un pujante Estado Social fue desmantelar estas organizaciones paralelas que escapaban a su control, y que eran instrumentos de expansión del movimiento y la cultura e ideología obrera, al tiempo que desde el Poder se daba respuesta también a las demandas obreras. 

Por otra parte, a finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, se desarrollan estructuras organizativas fuertemente burocráticas, no sólo dentro del propio Estado, sino asimismo en las grandes empresas de este periodo de progresivo predominio del capitalismo monopolista y de la lucha interimperialista por el control de los espacios coloniales. Eran, como nos dice Weber, verdaderas “Jaulas de Hierro”, sumamente estratificadas y jerarquizadas, aunque también pudieran llegar a ser un hogar psicológico, que confería una cierta estabilidad y perspectiva profesional de medio plazo a los trabajadores. La pirámide weberiana se convirtió en la realidad que dominó vastas organizaciones hasta el último tercio del siglo XX, necesaria para procesar actividades complejas que requerían el manejo de cantidades crecientes de información.

Incluso el Estado del Bienestar también adoptaría, más tarde, la forma de una pirámide burocrática. De esta forma, Weber no se sorprende que en la primera mitad del siglo XX hubiera tanta guerra, pues las organizaciones de corte “militar”, se vuelven el modelo de la sociedad civil, en la fábrica, la escuela pública obligatoria (que se empieza a generalizar), la cárcel, etc., y por supuesto en el Ejército, configurando la llamada sociedad disciplinaria (Sennett, 2006; Weber, 2002; Foucault, 1976). Además, el moderno sistema educativo estatal que irrumpía en ese periodo, en general gratuito y universal, era quizás el principal encargado entonces de inculcar el sentimiento patrio. Un servicio estatal donde se preparaba a las generaciones jóvenes para las necesidades tecnológicas y organizativas del aparato productivo, pero también para la reproducción y defensa del Estado. Y la defensa exterior del Estado estaba garantizada por el Ejercito, y sujeta a un servicio militar obligatorio, sustentándose en una potente industria armamentista propiedad del Estado. Una característica recurrente desde los inicios del capitalismo industrial, como hemos visto. 

 

En esos años, asimismo, y en paralelo al establecimiento de la documentación ciudadana que acreditaba la pertenencia a un determinado territorio nacional, los Estados delimitan y controlan claramente sus fronteras, unos límites geográficos que habían sido mucho más permeables a lo largo del siglo XIX. Como nos dice Foucault (1976), asistimos a un creciente control político de las poblaciones, una verdadera política de poder del Estado sobre lo social, o biopolítica, que se manifiesta claramente en las políticas demográficas. “El crecimiento de la población ha sido uno de los objetivos de los Estados, basados en el poder del número de sus habitantes y que vieron en su población la fuente de recursos de su capacidad bélica y fiscal”, sobre todo porque en el tránsito del siglo XIX al XX se observa en algunos países centrales un cierto declive de la tasa de expansión demográfica, aparte de un incremento de las migraciones hacia el resto del mundo. (...)

 

Quizás donde el desarrollo del Estado social y, sobre todo, el intervencionismo del Estado en la economía, tuvo un papel más destacado en el periodo entreguerras, fue en EEUU, donde Roosevelt impone el New Deal para luchar contra las consecuencias de toda índole de la Gran Depresión. El Estado establece un nuevo pacto con el capital y con el trabajo, reconoce plenamente a los sindicatos y favorece la concertación de éstos con el capital en el seno de la Gran Fábrica fordista (p.e., en la industria del automóvil), establece una legislación laboral y social más proclive a los intereses de los trabajadores, y mete en gran medida en cintura al capital financiero (“Washington se impone sobre Wall Street”) (Arrighi, 1999). En definitiva, un compendio de medidas keynesianas y sociales que no logra atajar el fuerte paro de la Gran Depresión hasta que finalmente, a finales de la década de los 30, estas políticas se acompañan de una fuerte inversión pública en materia militar, ante el auge de conflictos político- militares previos a la implicación de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial.  

 

Finalmente decir que en la primera mitad del siglo XX asistimos a la creación de un considerable número de nuevos Estados, como resultado del fin de la Primera Guerra Mundial, de la quiebra subsiguiente de los imperios austro-húngaro y otomano (aparte del ruso, ya comentado), y de la aplicación del Tratado de Versalles. Por un lado, en la Europa central y del Este (en los Balcanes) se promueven nuevos Estados formalmente soberanos, pero con gran debilidad institucional y débil arraigo y legitimación social, aparte de que se plantean sobre realidades socio-culturales y étnicas muy complejas. Y por otro, en Oriente Próximo y Medio se establecen nuevos Estados también, pero bajo la supervisión directa (Protectorados) de las grandes potencias coloniales europeas (Gran Bretaña y Francia), de acuerdo con lo establecido en Versalles y en el marco de la Sociedad de Naciones, con delimitaciones arbitrarias y con el reparto del petróleo de la región como telón de fondo. En definitiva, Estados títeres en una región reacia al dominio occidental y potencialmente convulsa. De esta forma, se observa un fuerte reforzamiento de los grandes Estados vencedores en la Gran Guerra, que se reparten también los restos coloniales del imperio alemán, ampliando su proyección mundial. Mientras tanto, Japón e Italia, con regímenes dictatoriales, se expanden militarmente en sus ámbitos más cercanos del Sur Global, y Estados Unidos afianza su presencia en América Latina y especialmente en el Caribe, además de en el Pacífico. En definitiva, todos los Estados centrales de la época se refuerzan, salvo Alemania hasta los años 30, que recupera rápidamente el tiempo perdido después con la llegada de Hitler al poder. Los combustibles fósiles cumplen un papel muy importante en este reforzamiento estatal, y en su industrialización, yendo al alimón el carbón y el petróleo. El primero bajando su peso proporcional en la matriz energética, y el segundo claramente subiendo". 

 

2. Se halla en crisis final por no poder sostener su "cara blanda"

 

El Estado del Bienestar en los “Treinta Gloriosos 

El Estado Social no se consolidaría definitivamente en los Estados centrales hasta el fin de la conflagración mundial. Hizo falta:

Los gobiernos socialistas prácticamente coparon el panorama político europeo occidental durante treinta años, y en donde no fue así las fuerzas cristianodemócratas aplicaron políticas parecidas. El Estado, más que nunca, se convirtió en el campo de cristalización institucional (o estatización) del conflicto social (Holloway, 2002). Se abrió pues un nuevo pacto entre el capital y el trabajo, que afectó a todo el edificio institucional estatal, pues era el Estado el que lo iba a garantizar. Pero, además, para hacer posible este nuevo pacto, la “muchedumbre”, a través de su representación institucional, fue admitida en el corazón de la creación del dinero, y los bancos centrales pasaron a nacionalizarse, o estatizarse, en muchos de los países centrales; o bien el Estado ganó una mayor influencia sobre ellos, aparte de que se crearon muchos bancos estatales. Lo que junto con el fuerte incremento de la fiscalidad sobre los sectores más favorecidos permitió una ampliación muy sustancial del gasto público social.

 

El Estado Social cristalizaría principalmente en Europa Occidental, y en especial en los países nórdicos, el paraíso del Estado del Bienestar, mientras que experimentaría un menor desarrollo en EEUU y en Japón, en donde fueron las grandes empresas las que principalmente se harían cargo de sus trabajadores (sanidad y pensiones), complementando las menores ayudas del Estado. La esfera pública en Europa Occidental fue pues bastante más amplia que en EEUU. Y esa esfera pública, a través del “salario social”, que desvinculaba la renta del empleo, actuó como un redistribuidor de la riqueza.  

 

De esta forma, las políticas keynesianas de fuerte intervencionismo estatal en la economía fueron hegemónicas durante todo ese periodo, y el liberalismo económico pasó a mejor vida. Además, muchos sectores clave de la economía que antes estaban en manos del capital privado pasaron a estatizarse (producción eléctrica, transportes ferroviarios y metropolitanos, abastecimiento de agua, telecomunicaciones, etc.), sobre todo en Europa occidental, algo que ya se había iniciado en el periodo entreguerras. Pero también, en menor medida, en otros países centrales de la órbita occidental. Las inversiones no resultaban lo suficientemente rentables para el capital en estos sectores, y las fuerzas del capital permitían que fuera el Estado el que los tomara a su cargo, para asegurar un mejor aprovisionamiento y cobertura al conjunto de las actividades empresariales. Y el Estado, a su vez, procuraba garantizar igualmente un acceso social universal a estos servicios públicos.

 

Pero el intervencionismo estatal no se dio solamente en el campo de los servicios públicos, y especialmente en la construcción de infraestructuras, sino que los Estados intervinieron en muchos casos directamente creando fuertes emporios industriales estatales, sobre todo para impulsar la industria básica, que requería de abundante inversiones (minería, siderurgia, sector naval, etc.), de las que luego se beneficiaría también el capital privado. Un caso paradigmático de intervencionismo estatal en la economía fue Japón, con cuyo concurso se crearon gigantes industriales.

Igualmente los Estados pasaron a fomentar la industrialización del mundo rural, en beneficio del capital privado. Y un sector de fuerte componente social en el que el Estado intervino abiertamente fue el de la producción pública de vivienda, como parte del nuevo pacto social, y como vía también para que se consolidara un fuerte sector constructor privado. La inversión y la promoción era estatal, pero la construcción era en general privada. La vivienda social, y en concreto la vivienda en alquiler, fue uno de los pilares clave del Estado del Bienestar. Pero no sólo se amplió la protección social por parte del Estado, aparte de que éste se convirtió en el garante de un nuevo marco de regulación laboral bastante más proclive a los intereses de los trabajadores, con la incorporación de los sindicatos a la concertación social, sino que después de la Segunda Guerra Mundial se da un avance muy importante de los derechos políticos junto con el desarrollo de los derechos sociales.

Se conforma, pues, un considerable Estado de Derecho, sin parangón desde el inicio del Estado moderno, con el Leviatán de Hobbes. La pena de muerte es abolida en muchos países, acelerando un proceso que había empezado muy lentamente con el fin del Antiguo Régimen, y la política penitenciaria sufre un giro importante hacia la rehabilitación social de los presos. Pero el Estado aparte de esta considerable “cara blanda” desarrollaba en la trastienda su “cara dura”. El keynesianismo social venía acompañado también de otra importante dimensión de keynesianismo militar. Sobre todo en EEUU, que se implica en dos importantes guerras, en Corea y Vietnam, y que impulsa a fondo el gasto militar en el marco de la Guerra Fría en Europa occidental, y el conflicto entre bloques en el Sur Global. Y en menor medida, también, en los grandes Estados europeos, Gran Bretaña y Francia, que se ven obligados a hacer frente a los últimos coletazos de la revuelta anticolonial, antes de la quiebra final de sus imperios. Sin embargo, fue el desarrollo de la dimensión armamentista nuclear de estos Estados lo que va a determinar el crecimiento de la parte más oscura y opaca del nuevo Estado militarizado.

 

Un nuevo Estado Leviatán en la sombra, que apenas se percibía tras las brumas del Estado del Bienestar. Un entramado de elites científicas, altos funcionarios, cuadros militares y grandes empresas, que van a configurar un estado de emergencia cotidiano en el ámbito nuclear, configurando la trama técnica (Estado, Ejército, Ciencia), el embrión, de una potencial sociedad totalitaria (Los Amigos de Ludd, 2007). De cualquier forma, todo lo dicho hasta ahora no hubiera sido factible sin un creciente y monumental gasto de energía, y sobre todo de consumo de petróleo. El Estado del Bienestar no hubiera sido posible sin el oro negro, ni por supuesto el Estado intervencionista, y hasta el militarizado en la sombra hubiera sido inviable sin este potente combustible fósil.

 

La creación del Estado del Bienestar coincide grosso modo con la etapa de mayor crecimiento del consumo energético per capita de crudo. Los principales Estados occidentales, como ya hemos señalado, desarrollaron una potente política intervencionista en este terreno, creando sus grandes empresas petroleras. En EE.UU. fue el capital privado el que garantizó desde el primer momento la explotación del crudo, y su manejo junto con el Estado como arma estratégica de primer orden. La hegemonía de EE.UU. no se puede entender sin el control mundial del petróleo durante gran parte del siglo XX, y su abundante energía fósil (carbón y gas también) le dio asimismo una gran capacidad para contener internamente la lucha de clases a través de la automatización y el consumo.

 

Igualmente, la configuración de los principales Estados occidentales no se puede comprender tampoco sin analizar los intereses de la industria del petróleo, en un primer momento estatal y que pasaría más tarde, poco a poco, a manos del gran capital privado. En definitiva, la configuración del Estado del Bienestar garantizó un periodo de tranquilidad y prosperidad social sin precedentes, eso sí, en base a un creciente consumo de recursos e impacto ambiental, y de una forma inédita en la historia hizo que todos los ciudadanos, en mayor o menor medida, se sintieran parte del Estado. Se establecía un marco social dominado por el Estado, que era aceptado en principio masivamente por la sociedad, debido también a los beneficios que le proporcionaba. Pero indudablemente estos beneficios eran bastante más manifiestos para el trabajador masculino (y en general “blanco”), que para su compañera “ama de casa”. Así, p.e., cuando el trabajo realizado a lo largo de la vida había sido no salarial, es decir, no remunerado, no reconocido por tanto socialmente, la pensión del Estado que correspondía era de carácter meramente caritativo.

 

El Estado del Bienestar estaba basado pues en una estructura claramente patriarcal en el ámbito doméstico, que aunque en crisis funcionaba para garantizar la reproducción social, mientras el varón trabajaba en la Gran Fábrica fordista. Pero el 68 vino a alterar todo este estado de cosas. Se dejó de creer en el Estado como mecanismo de transformación. Y la idea de que las necesidades de las mujeres, de las minorías y del medio ambiente eran secundarias y debían ser abordadas “después de la revolución”, pasó a mejor vida. Asimismo, se cuestionó muy seriamente el funcionamiento de las estructuras piramidales y burocráticas. Es decir, las bases mismas de la estructura del poder estatal y empresarial: la “Jaula de Hierro” weberiana. Y a ello contribuyó indudablemente la ampliación del sistema educativo estatal, es decir, la extensión previa de la enseñanza secundaria y la masificación creciente de las universidades públicas, que hicieron que los estudiantes “fueran realistas, y que pidieran lo imposible” (...)". 

Fuente: www.rebelion.org / Ecología social/ 25-11-09

 

En la actualidad de Argentina, el Estado como representante legítimo de la “nación” y la ficción del “pueblo” soberano (como sustento del Estado) han caído en descrédito entre los de abajo y sobre todo, entre sus organizaciones en lucha tanto por la vida como por la dignidad humana. ¿Por qué? Hoy existe conciencia de quiénes son los privilegiados y cómo la diversidad popular se afirma en sus múltiples derechos.

 

Tenemos que ambos mitos surgen de la necesidad de conservar el funcionamiento socioeconómico con base en una fuerte división de clases y mantenerlo sin conflictos desestabilizadores. Implican la inculcación de “un solo sentimiento, una sola lealtad y una sola abnegación". Es así que los poderes establecidos, por el capitalismo, uniforman u homogeneizan en una impuesta e inducida 'identidad nacional'. Pero en la actual etapa de concentración y desnacionalización crecientes tanto de la economía como del territorio, se hace cada vez más evidente la incompatibilidad de los intereses dominantes con los de los de abajo. De ahí el afianzamiento del Estado policial y el desafío a los de abajo de constituir la unidad de voluntad emancipatoria de la diversidad popular que construya otro Estado.


 

Premisas e hipótesis

El capitalismo avanza aumentando la concentración y la centralización político económica que refuerza su imperialismo o crecimiento en base a expoliar a la gran mayoría de los pueblos. Por eso, comprobamos que:

 

1. El plan de Convertibilidad y el actual modelo 'productivo' cumplieron la función de TLC

 

Eduardo Montes de Oca (Rebelión), en "Tratado con la muerte", aclara: "Quizás haya que cubrirse los ojos con ambas manos, colocarse una capucha y, como si no bastara, enclaustrarse en un recinto sumido en las más densas tinieblas —incluso a prueba de ruido, por acolchonado—, para no ver que las empresas transnacionales han aumentado exponencialmente sus ganancias con los llamados tratados de libre comercio (TLC) a costa de la dependencia de las naciones cuyos gobiernos los han rubricado a espaldas de sus empobrecidos pueblos.

 

Para argumentar el aserto, si bien sumariamente, tomemos como referente el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN: Estados Unidos, Canadá y México), precursor de los 229 vigentes en el planeta ya en el año 2004, cuando 174 países habían firmado al menos uno. ¿Qué apreciamos en este ejemplo? Pues lo mismo que en el resto. Como reseña la colega Silvia Ribeiro, en el diario La Jornada, resultan más que evidentes el acceso casi exclusivo de las transnacionales a los mercados agrícolas y el desmantelamiento de la producción nacional, sobre todo la campesina y la de pequeña escala; así como la protección y los privilegios otorgados a las inversiones de las multinacionales, entre ellos la demanda directa al Estado (de 1996 a 2008 México perdió por este concepto mil 700 millones de dólares del erario). Males estos que, por cierto, no osan orear en público los grandes medios de comunicación, heraldos del sistema.

Heraldos que suelen pasarse con ficha, en desvergonzado juego de dominó, cuando se trata de reconocer asuntos como la obligación de adoptar leyes de propiedad intelectual que dificultan sobremanera la adquisición de medicinas a los países y los sectores más pobres, y se extienden (imponen) al ámbito de los seres vivos (microorganismos, plantas, animales, hasta genes humanos).

En ese orden maquiavélico, hidepútico, entran también la liberalización de los movimientos de capital especulativo; la privatización de la educación, la atención a la salud, los sistemas de agua y energía, las comunicaciones y los transportes; a más de la redefinición de las funciones y los bienes de la biodiversidad y los ecosistemas… como “servicios ambientales”. Es decir: la ampliación desmedida del mundo de las mercancías en menoscabo del ámbito social, a juzgar por análisis de tino, tal uno publicado por Grain Biothal y el colectivo Bilaterals.org.

 

Pero como la lectura suele ser ancha y nada ajena, democrática, continuemos espigando aquí, allá. Según cálculos blandidos por el analista Hedelberto López Blanch, en la digital Rebelión, alrededor del 80 por ciento de las importaciones mexicanas proviene del Norte, mientras que el 60 por ciento de las exportaciones se dirige hacia esa área geográfica, y geopolítica, que las ha limitado por la grave crisis que padece y disemina en las cuatro esquinas del planeta. Si antes del TLCAN los agricultores locales proveían a sus compatriotas de arroz, frijoles, leche y maíz, entre otros productos, en la actualidad ven con imaginable amargura cómo el 80 por ciento del abastecimiento de esos renglones ha sido copado por los Estados Unidos, gracias a la imperial liberación de aranceles.

 

Y eso no es todo. Conforme a Andrés Manuel López Obrador, ex candidato presidencial por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), “se han privatizado más de mil empresas públicas importantes, entre ellas Teléfonos de México, ferrocarriles nacionales, los puertos, los aeropuertos, las minas, los bancos; están entregando la industria eléctrica nacional y ahora lo que más ambicionan es quedarse con la industria petrolera”.

 

¿Quiénes? Obvio, ¿no? Como obvio resulta el que México está pagando con creces su dependencia del comercio con EE.UU., comercio que se desplomó a causa de la recesión que el vecino afronta, junto con la caída de los ingresos debidos a las exportaciones del crudo. No en balde dos entidades nada críticas para con los TLC como el Grupo de Diarios América y el FMI pronostican que la economía retrocederá este año 7,2 por ciento con respecto al 2008.

A estas alturas, el lector habrá reparado en el encrespamiento del articulista. No sólo por el ¿neologismo? hidepútico (por cierto, el término hideputa tiene el inigualable sabor de lo enraizado en la lengua), sino por el enfoque de izquierdista confeso de quien, faltaba más, apuesta por la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América como una de las más importantes vías económicas, sociales y políticas para la integración que borre o atenúe la debacle dejada en el subcontiente, más bien en todo el Sur, por esas artimañas imperiales nombradas TLC. Artimañas que quizás sólo no detectarían aquéllos que, mañosamente, se cubran los ojos con ambas manos, apelen a la capucha o se recluyan a cal y canto en un recinto acolchonado… Pero el ALBA es tema para otro palique".
Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Fuente: www.rebelion.org / Economía/ 25-11-09

2. El actual Estado es neocolonial y crece como Estado policial

 

Ramón Fernández Durán, miembro de Ecologistas en Acción, en "El Estado en el mundo durante el siglo xx...", se refiere a la:

 

"Crisis del Estado Social, Contrarrevolución Neoliberal y endurecimiento del Estado 

 

En los años setenta del siglo XX, la doble crisis energética y económica puso contra las cuerdas al Estado del Bienestar, que venía arrastrando una crisis latente desde finales de los sesenta. Sin crecimiento económico, y con unos precios del petróleo y la energía por las nubes, el Estado providencia no podía hacer frente a las responsabilidades y compromisos sociales adquiridos, máxime cuando éstos se habían visto elevados como resultado del ciclo de luchas sociales de finales de los sesenta y primeros setenta, con el fin de garantizar paz social. El Estado tal y como lo conocemos necesita del crecimiento económico para cuadrar sus cuentas, y cuando el crecimiento cayó y los costes se dispararon, los Estados centrales entraron en una fuerte crisis fiscal, que fue particularmente aguda en EE.UU., y en concreto en alguno de sus enclaves metropolitanos más significados: p.e., Nueva York. James O’Connor (1981) calificó en su día esta difícil coyuntura como “La crisis fiscal del Estado”.

 

En un principio, la salida que impulsó el Estado, que dominaba los resortes monetarios, fue la de una huída hacia adelante, dándole a la máquina de imprimir dinero, lo que generó una enorme inflación, pues a la subida de precios debido al alza del petróleo, se sumó esta nueva causa de aumento de los mismos. El resultado de todo ello fue un incremento también de las luchas de los trabajadores para no perder poder adquisitivo, lo que amenazaba con disparar la espiral inflacionaria mucho más y desarticular el orden social y los procesos de acumulación de capital. El desafío era mayúsculo. Y la respuesta a este enorme reto también lo fue. Es lo que se denominó la Contrarrevolución Neoliberal del capitalismo, y como parte de ésta se acometió también una profundización en los procesos de mundialización y financiarización de los mercados.

 

En definitiva, un nuevo capitalismo global que tuvo considerables repercusiones sobre la forma Estado, y sobre la sociedad. Pero para que esta “Rebelión de las Elites” (Lasch, 1996) pudiera llevarse a efecto era preciso antes quebrar la columna vertebral del movimiento obrero, los sindicatos, pues todavía no había empezado a dar todos sus frutos el avance de «la Sociedad de la Imagen y el Entretenimiento», y la conquista del alma y la desarticulación social consiguiente (Fdez Durán, 2009). Había pues que forzar la máquina, no había tiempo que perder, para recuperar el crecimiento y la acumulación de capital, y por tanto el abaratamiento del coste de la fuerza de trabajo era uno de los objetivos principales. Y como parte de ello, igualmente, el levantamiento del marco legal protector del trabajo, que fomentaría su precarización. La otra condición sine qua non fue el abaratamiento del coste de la energía, y en concreto del petróleo, que se empezó a producir desde primeros de los ochenta, como ya vimos, y que permitió sustituir fuerza de trabajo (cara) por una nueva ola de maquinización-robotización, incrementando la productividad.

Al mismo tiempo, se acometían también las importantes reformas monetarias y financieras que ya hemos abordado en otros apartados del análisis del siglo XX, que suponían que el capital se iba a quitar la camisa de fuerza que le había impuesto el Estado durante casi 50 años (desde el New Deal, principalmente), y sobre las que no vamos a volver a incidir ahora. Aquí nos centraremos principalmente en las transformaciones que supuso para el Estado la Contrarreforma Neoliberal.

Pero como decimos, un elemento central para abordarla fue la derrota del movimiento obrero y la desarticulación de sus organizaciones, aunque estuviese también azuzada por las tremendas fuerzas que iban a desatar los procesos de privatización, desregulación y mundialización del capital. 

Así, como nos dice Harvey (2007), fue fundamental que en EE.UU. y en Gran Bretaña, los dos polos centrales de la Contrarrevolución Neoliberal, Reagan y Thatcher pusieran de rodillas al movimiento sindical. En el caso de EE.UU. fue la derrota de la dura huelga de los controladores aéreos, y en el caso de Gran Bretaña la de la tenaz huelga de los mineros. Dos rudos tour de force que forzó y ganó el Estado, y que abrieron una nueva era para unas nuevas relaciones Capital- Trabajo y para el descompromiso social del nuevo Estado neoliberal.

 

Esta iba a ser la vía principal, en un primer momento, para imponer el “No Hay Alternativa” (There is No Alternative, TINA) Thatcheriano, pues de esta forma se acababa con la “sociedad civil” organizada, y muy en concreto con la fuerza de la clase trabajadora, pasando a un nuevo paisaje social en el que sólo existirían los individuos y las familias (según las propias palabras de Mrs Margaret), sin capacidad para oponerse a las reformas de la Contrarrevolución Neoliberal. Indudablemente, la batalla ideológica era también de extrema importancia, y corría en paralelo, como hemos resaltado en el apartado anterior. 

 

De esta forma, asistimos a un ataque en toda regla contra el Estado Social, que se hace aún más obligado como resultado de la Contrarreforma Fiscal y Monetaria. La brusca bajada de impuestos para los sectores más ricos de la sociedad y para las grandes empresas que supusieron las políticas neoliberales, más el hecho de quitarle al Estado, de un plumazo, su capacidad para intervenir en la creación del dinero (esto es, la privatización, otra vez, de los Bancos Centrales, o el incremento de su autonomía respecto del poder político), quitó toda posibilidad de que el Estado pudiera financiar generosos programas sociales. El triunfo de los monetaristas para yugular la inflación tuvo lugar pues con un gran coste y regresión social. La redistribución de la riqueza monetaria creada se hacía ahora al revés, de los pobres y clases medias a los ricos, y en todo caso se da una cierta redistribución de la riqueza de las clases medias a los más pobres, quedando los ricos y las grandes empresas cada vez más al margen de esa tarea tan engorrosa. Gracias sobre todo a la nueva actuación de Papá Estado y a la proliferación de Paraísos Fiscales. Es decir, las grandes fortunas y las empresas transnacionalizadas se desentienden del mantenimiento económico del Estado-nación, pero se siguen beneficiando de su existencia. Y, al mismo tiempo, se permite y se alienta una creciente expansión del crédito (al consumo, hipotecario y para hacer frente a la creciente coste de los servicios públicos debido a su privatización, lo que permite que la caída de la demanda de los sectores populares no fuera tan brusca, pero que provoca un creciente endeudamiento de los mismos. Un factor más de disciplinamiento y adormecimiento social. 

 

Por otra parte, se va a pasar del Welfare al Workfare. Esto es, se va a eliminar el derecho a recibir una ayuda social sin contraprestación, lo cual va a significar también una coacción laboral y un abaratamiento adicional de la fuerza de trabajo, aparte de una degradación de las condiciones de la reproducción social. Pero, además, el Estado va a llevar a cabo también un contraataque hacia dentro de su dimensión social, permitiendo la entrada de la lógica del mercado y la acumulación de capital en este terreno. De esta forma, asistimos a una creciente privatización de la Seguridad Social (incluido las Pensiones), la Sanidad, el Sistema Educativo, la Política de Vivienda, etc., lo que va a generar unas desigualdades crecientes en el acceso a estos servicios y bienes públicos. Y lo que es más significativo también se va a descargar sobre las familias, y en concreto sobre las mujeres, parte de las tareas de reproducción social que había llegado a cubrir el Estado del Bienestar. Lo cual va a generar la actual crisis de los cuidados, pues este proceso se da en un contexto de creciente participación femenina en el mercado laboral. Igualmente, el Estado se va a ir retirando de aquellos sectores de la economía en donde había llegado a adquirir un protagonismo incontestable (transporte, energía, telecomunicaciones, abastecimiento de agua, tratamiento de residuos, etc.), lo que va a posibilitar la creación de nuevos gigantes empresariales privados en estos sectores, que en poco tiempo se van a transnacionalizar, como ya vimos.

 

Por último, una de las tareas más importantes del Estado, la creación de infraestructuras, se va a privatizar en parte, como resultado de los procesos de financiarización del capital. Importantes volúmenes de capital privado van a ayudar a que el Estado no decaiga en su labor de construcción de infraestructuras, ejecutándolas ellos directamente (eso sí, con el aval del Estado, por si acaso), o bien animando al Estado a endeudarse para realizarlas. Todas estas reformas del Estado van a suponer nuevos e importantes campos de crecimiento y acumulación de capital, que se dan en paralelo a un incremento imparable de la deuda estatal. Si bien la venta de activos estatales (las “Joyas de la Corona”, las grandes empresas públicas e importantes patrimonios de suelo e inmobiliarios, incluida la vivienda social) permitió enjugar en un primer momento gran parte de esa deuda (Roth, 2007). Pero indudablemente todas estas reformas del Estado que se llevan a cabo con diferentes ritmos e intensidades en todos los países centrales, partiendo de la dinámica iniciada en los ochenta en EE.UU. y Gran Bretaña, no se podían hacer sin el concurso de los diferentes poderes Ejecutivos que eran los que las impulsaban. Y la modulación de las mismas iba a estar condicionada también por las resistencias sociales que se encontraban en el camino.

 

En cualquier caso, esta tarea de bricolaje político llevó su tiempo (y en algunos Estados aún no se ha completado, especialmente en Europa occidental), y no fue para nada una labor fácil. Así, primero hubo que vaciar de poder político las instituciones más representativas, los parlamentos nacionales, al tiempo que se reforzaba el poder ejecutivo. Un poder ejecutivo de nuevo cuño, porque se iba a acometer en paralelo una progresiva reforma de la financiación de los partidos políticos, para que éstos fueran más dependientes de los intereses del capital privado (sobre todo en EE.UU.), lo que iba a poner cada vez más el poder del Estado en manos del poder corporativo. Incluso el marco legal y judicial se reforma para adaptarlo a las nuevas circunstancias.

Además, la brecha entre las políticas de “derechas” y de “izquierda” se fue estrechando igualmente para poder captar el llamado voto de “centro”. Un “centro” de la nueva sociedad de masas muy modelado ya por los mass media y crecientemente conservador. Y, al mismo tiempo, los partidos se convierten en máquinas absolutamente jerarquizadas y burocráticas, sin la más mínima democracia interna, que votan en bloque en unos parlamentos que caminan hacia un paisaje bi o tripartidista, sin diferencias sustanciales entre los grandes partidos, y con mecanismos de relación con la sociedad puramente mediáticos. El resto de los partidos va quedando progresivamente marginados, sobre todo los de una “izquierda más consecuente”, aparte de que el establecimiento de cuotas mínimas de voto para su presencia parlamentaria, juega claramente en su contra. 

De esta forma, aunque la primera oleada de reformas en los ochenta las acometen los partidos conservadores, especialmente en EE.UU. y Gran Bretaña, en los noventa son la Tercera Vía de Blair y los Nuevos Demócratas presididos por Clinton, los que las llevan a efecto. Como muy bien diría El Roto en una viñeta: “Todas las Tereceras Vías conducen a Wall Street”. Algo parecido ocurrió en la mayoría de los países centrales. Las políticas ya no eran de “izquierdas” o de “derechas”, se nos decía a través del mensaje mediático, pues estábamos ya en la época del fin de las ideologías, sobre todo tras la Caída del Muro de Berlín. Hasta algún optimista llegó a hablar del Fin de la Historia (Fukuyama, 1992). Las nuevas políticas había que clasificarlas, pues, “asépticamente”, entre las que funcionaban y las que no funcionaban.

 

Aparte de que el Estado que se apartaba de este camino, era ferozmente castigado por los mercados financieros. “La población vota cada cuatro años, pero los mercados votan todos los días”, nos decía en los noventa Luis Ángel Rojo, gobernador del Banco de España. Y en esta deriva crecientemente conservadora, “desdemocratizadora” y de progresivo desmantelamiento del Estado Social, los sectores más precarios y desprotegidos de la sociedad dejaron de votar. Para qué iban a participar en la farsa electoral, cuando el Estado les dejaba tirados en la cuneta. Lo que a su vez reforzaba el camino hacia el “centro” social de los votantes, un “centro” situado cada día más a la derecha, gracias a la labor de los mass media.

El sufragio universal, una demanda rupturista a finales del siglo XIX y principios del XX, y que costó sangre, se convertía en una conquista vacía, pues la nueva Sociedad de Masas se alejaba cada vez más de “lo político”, en esta nueva y aún más falsa democracia mediatizada. “Lo político” ha vuelto a ser otra vez en muy gran medida canibalizado por los intereses del capital. Pero el Estado sufre igualmente otra contrarreforma importante, que tiene que ver con el progresivo endurecimiento del mismo. La “cara dura” se impone cada vez más claramente sobre su “cara blanda”. El Estado Social y de Derecho se transforma en un nuevo Estado crecientemente autoritario, en el que las dimensiones penal y securitaria se disparan, al tiempo que se produce una fuerte regresión de los derechos y libertades (Pastor, 2007 a ).

EEUU supera con creces los dos millones de presos a principios de este nuevo siglo, doblando la población carcelaria en veinte años, y ocho millones más se encuentran bajo vigilancia policial. Un nuevo Gulag, basado en la Ley y el Orden, en donde pasa a mejor vida la rehabilitación de los presos (Roth, 2007; Wacquant, 1998). El pobre, el preso y el inmigrante son el nuevo enemigo interior. De esta forma, la derrota del movimiento obrero y la derechización y desarticulación de las sociedades implican el fin de la alianza de los “Treinta Gloriosos” entre Estado del Bienestar, capitalismo y democracia. Al mismo tiempo, la seguridad interior confluye cada vez más con la seguridad exterior, y lo policial con lo militar, siendo difícil establecer límites nítidos al respecto, lo que tiene fuertes implicaciones de pérdida de derechos democráticos. El cascarón democrático del Estado se vacía aún más de contenido real, quedando como una fachada en gran medida mediática. Y eso por no hablar de dos de las instituciones principales de las llamadas sociedades democráticas, los Partidos (como hemos comentado) y las Empresas (Naredo, 2001), sobre todo cuando éstas últimas adquieren un tamaño y una estructura cada vez más centralizada y coercitiva, a pesar de su aparente descentralización. Pero, es más, se fomenta una nueva gobernanza para intentar organizar a la llamada “sociedad civil” de acuerdo con los nuevos intereses del capital y del Estado, en la que se implica gran parte del mundo de las ONGs, que proliferan en este periodo.

 

Una nueva paz social que se consigue a base de dinero y de traspasar ciertas responsabilidades sociales del Estado a esta constelación de organizaciones, que operan de forma más barata, más precaria y clientelar (Pastor, 2009 b; García, 2009). En definitiva, la Contrarrevolución Neoliberal significa la Crisis del Estado Social y de Derecho, por más que la nueva propaganda política incida en los derechos y libertades (eso sí, del capital). Pero el Estado-nación como tal no entra en crisis directa, en todo caso pierde centralidad, y es más se refuerza y se va transformando poco a poco en un nuevo Leviatán, cada día más policializado y militarizado, con una progresiva dimensión armamentista, que intenta basar su legitimidad en un renovado nacionalismo (a pesar de su creciente transnacionalización) y en la creación de “seguridad”, para los que votan. El nacionalismo se cultiva mediante el Deporte Espectáculo global, casi lo único que suscita ya emociones patrias, pues estamos en una etapa histórica post-heroica en lo militar. Y el mensaje de “seguridad” se refuerza con las políticas de “Tolerancia Cero” contra el delito protagonizado por la periferia de lo social, y contra “el otro”, pero en absoluto contra la corrupción, abuso y especulación de las estructuras de poder.

 

Al tiempo que el Sancta Santorum del Estado, el monopolio de la violencia, pasa a ser también cada día más privatizado. Y todo ello se da en plena época de la “globalización feliz”, en los noventa, principalmente; es decir, antes del 11-S, cuando esta deriva se va a intensificar aún mucho más, como veremos más tarde. Caen pues el Muro de Berlín y el Apartheid en Sudáfrica, pero se levantan a su vez múltiples muros por doquier, sobre todo en los Estados centrales para intentar contener las fuertes corrientes migratorias estimuladas por el nuevo capitalismo global. Además, la lucha contra la inmigración es una excusa perfecta para justificar el endurecimiento del Estado y vigilar a unas sociedades cada vez más multiculturales. En suma, una especie de “neofascismo” postmoderno que no se construye ya contra la democracia, como en los años treinta, sino a partir de la misma, desnaturalizándola aún más si cabe (López Petit, 2001)". Fuente: www.rebelion.org / Ecología social/ 25-11-09

 

3. El modelo extractivista implica afianzamiento neocolonial y sólo lo resisten los pueblos

Raúl Zibechi, en “La resistencia Latinoamericana contra la minería y los monocultivos. El Estado como molino de viento”, señala: En los últimos años, naciones enteras resisten la expansión de la minería y la explotación de los hidrocarburos, así como los monocultivos que devoran las tierras nativas. Esa resistencia ha sido tan potente en el Perú neoliberal de Alan García como en la Venezuela bolivariana de Hugo Chávez y en el Ecuador de la revolución ciudadana de Rafael Correa.

Si hay algún fantasma recorriendo América Latina, por recuperar la célebre frase que encabeza el Manifiesto Comunista, es el de la resistencia india comunitaria, en sierras y selvas, y ahora muy especialmente en la Amazonia sudamericana. En los últimos años, naciones enteras resisten la expansión de la minería y la explotación de los hidrocarburos, así como los monocultivos que devoran las tierras nativas. Esa resistencia ha sido tan potente en el Perú neoliberal de Alan García como en la Venezuela bolivariana de Hugo Chávez y en el Ecuador de la revolución ciudadana de Rafael Correa.

Todos recordamos la masacre de Baguá (Perú), donde miles de indígenas resistieron en nombre de la vida, eso que nosotros llamamos naturaleza, hace ya cuatro meses, la política oficial de promover la explotación de la Amazonia. La masacre perpetrada el Día Mundial del Medio Ambiente, 5 de junio, forma parte de una larga guerra por la apropiación de los bienes comunes, apoyada en la firma del TLC entre Perú y los Estados Unidos. Los hechos del 5 de junio dejaron un centenar de heridos de bala y entre 20 y 25 muertos por el empeño en parcelar 63 millones de hectáreas en grandes propiedades para facilitar en ingreso de los negocios multinacionales.

A fines de septiembre se registró un nuevo levantamiento indígena en Ecuador, esta vez en defensa del agua, amenazada por la minería a cielo abierto. Las organizaciones indias se enfrentaron ahora a un gobierno que se proclama antineoliberal, partidario del "socialismo del siglo XXI" y que impulsa una "revolución ciudadana", que ha hecho aprobar la Constitución más avanzada en materia ambiental, a tal punto que declara a la naturaleza como sujeto de derecho. Pese a que hubo un muerto, el conflicto se desactivó al abrirse una diálogo entre el gobierno y la CONAIE, con la promesa de Correa de modificar las leyes de aguas y de minería.

El 13 de octubre, el conflicto que involucra a comunidades indígenas yukpa en la cuenca del Río Yaza, estado de Zulia, se saldó con dos muertos. Ganaderos y mineros vienen despojando a los indígenas de sus tierras y forzando su desplazamiento, avalados por el manejo irresponsable de funcionarios con competencias en materia de ambiente, tierra y pueblos indígenas, según denuncian organizaciones venezolanas. Según un comunicado, estos "se han encargado de fragmentar a las comunidades mediante el manejo clientelar de los programas de vivienda, compra de camiones, y otorgamiento de créditos para los Consejos Comunales que son parte del Plan Yukpa, con la finalidad de lograr su apoyo incondicional para la firma de unas propuestas de demarcación" de las tierras que "constituyen una manera de mantener la presencia y privilegios de hacendados y parceleros condenando a los indígenas a la exclusión".

En el fondo de estos conflictos laten dos modos de estar en el mundo. El concepto de "desarrollo", tan apreciado por las izquierdas, no pertenece al universo conceptual de los pueblos originarios del continente. Se trata de una propuesta neocolonial que busca atrapar los bienes comunes para convertirlos en mercancías. En efecto, el modelo extractivista les resulta ajeno, entre otras razones porque sólo reciben los perjuicios materializados en al destrucción del medio donde viven.

Pero hay algo más, sumamente importante. El Estado-nación es una construcción de Occidente que nada tiene que ver con las tradiciones indígenas. ¿Existe alguna relación entre el extractivismo y los estados? Creo que un país, un Estado-nación, tiene una lógica por la cual no puede carecer de un modelo de producción que le garantice estabilidad, previsibilidad, garantías de poder cumplir con su objetivo central que es la reproducción del Estado, o sea de las relaciones sociales que podemos llamar estatalidad. Los estados, como toda institución, son relaciones, modos de hacer; no cosas u objetos. De modo que el objetivo de cualquier Estado es seguir siendo Estado, reproducir las relaciones sociales que hacen a la estatalidad. Son profundamente conservadores, y eso es intrínseco al Estado.

En las tradiciones indias no hay Estado -salvo el impuesto por los conquistadores, muchas veces asumido por los conquistados- sino comunidad, que funciona en base a una lógica totalmente opuesta. No es ni mejor ni peor, sencillamente diferente. Desde el punto de vista de la emancipación, la comunidad puede ser tan opresiva como el Estado. En todo caso, vale preguntarle a las mujeres y los jóvenes. Una diferencia clave es que el Estado-nación es una relación social capitalista; la comunidad no es capitalista, es comunidad. El Estado existe para la acumulación de capital; la comunidad para la comunidad, o sea para perpetuar el tipo de relación entre sus miembros y, por tanto, con el llamado entorno. El Estado sobrevive depredando el entorno; la comunidad sólo sigue siendo si lo conserva.

Desde el momento en que el socialismo del siglo XXI es un socialismo estatal, o como se quiera denominar a un régimen de Estado, es naturalmente opuesto y antagónico a la lógica comunitaria, o sea india. Esto es algo que todos los partidarios del socialismo deberían reflexionar, desde los bolivarianos hasta las FARC. La lógica estatal, en su formato partido, sindicato o el que sea, es incompatible no sólo con los modos de vida indígenas, sino también con el medio ambiente y con la vida humana medianamente libre. En ese sentido, las comunidades indias no necesitan la minería ni la explotación de hidrocarburos; sólo necesitan controlar que los depredadores del medio ambiente y de los seres humanos, no se pasen de la raya. Pierre Clastres, el antropólogo que vivió con los guayakis, fue muy claro cuando comprendió que toda la energía de la tribu estaba destinada a impedir que los jefes -que siempre los hay- tengan poder. Cuando los jefes adquieren poder, se instala una lógica de separación en la cuál los seres se convierten en medios en vez de seguir siendo fines.

En buen romance, quiero trasmitir la idea que socialismo y Estado son antagónicos. La comunidad es socialismo-comunismo; el capitalismo sólo sobrevive gracias al pulmón Estado. Los partidarios del socialismo deberíamos reflexionar que no se trata de mayor o menor radicalidad de los procesos; que no se trata de más reformas, de más nacionalizaciones, etc. Sino de alfombrar el camino del socialismo con otros tapices que no estén tejidos con las hebras estatales. Esto, sí, sería una revolución, cultural, social, política, paradigmática ¿estética? Ah: no es un debate teórico; por lo menos en América Latina es parte de nuestras realidades".
Raúl Zibechi. Analista y responsable del área de Internacional en el semanario uruguayo Brecha  Fuente: www.ecoportal.net / 25-11-09

4. La superexplotación de la naturaleza y los pueblos forma parte de subsistemas globales del capitalismo

 

Ian Angus, en “Crisis alimentaria: hambruna mundial, agronegocios y soberanía alimentaria alternativa” marca:


"El ataque contra la agricultura tradicional


La actual crisis alimentaria no es un hecho aislado: es una manifestación de una crisis agrícola que se ha estado desarrollando durante décadas.

Como vimos en la Primera parte de este artículo, durante las últimas tres décadas los países ricos del norte han obligado a los países pobres a abrir sus mercados, luego han inundado esos mercados con alimentos subvencionados, con resultados devastadores para la agricultura del Tercer Mundo.

Pero
la reestructuración de la agricultura global en beneficio de los gigantes del agronegocio no se detuvo allí. En el mismo período, países del sur fueron convencidos, camelados e intimidados para que adoptaran políticas agrícolas que promueven cultivos de exportación en lugar de alimentos para el consumo interior, y que favorecen la agricultura industrial en gran escala que requiere monocultivos, un uso intensivo de agua, y cantidades masivas de fertilizantes y pesticidas. La agricultura tradicional, organizada por y para comunidades y familias, ha sido echada cada vez más a un lado, para ser reemplazada por agricultura industrial organizada por y para los agronegocios.

Esa transformación es el principal obstáculo para una agricultura racional que podría eliminar el hambre.

La concentración en la agricultura de exportación ha producido el absurdo y trágico resultado de que millones de personas mueren de hambre en países que exportan alimentos. En India, por ejemplo, más de un quinto de la población sufre de hambre crónica y un 48% de los niños bajo cinco años están desnutridos. No obstante, India exportó 1.500 millones de dólares de arroz pulido y 322 millones de dólares de arroz en 2004.

En otros países, tierras cultivadas que solían ser utilizadas para alimentos destinados al consumo interior ahora cultivan productos de lujo para el norte. Colombia, donde un 13% de la población está desnutrida, produce y exporta un 62% de todas las flores de regalo vendidas en EE.UU.

En muchos casos, el resultado del cambio a cultivos de exportación sería risible si no fuera tan dañino. Kenia era autosuficiente en alimentos hasta hace unos 25 años. En la actualidad importa un 80% de sus alimentos – y un 80% de sus exportaciones son otros productos agrícolas.

El cambio a la agricultura industrial ha llevado a millones de personas a dejar el campo a favor del desempleo y la pobreza en los inmensos barrios bajos que ahora rodean muchas de las ciudades del mundo.

Los que mejor conocen el campo están siendo separados de éste; sus granjas encerradas en gigantescas fábricas al aire libre que producen sólo para la exportación. Cientos de millones de personas deben depender ahora de alimentos que son cultivados a miles de kilómetros de distancia porque su agricultura nacional ha sido transformada para cumplir con las necesidades de las corporaciones del agronegocio. Como han mostrado los últimos meses, todo el sistema es frágil: La decisión de India de reconstruir sus existencias de arroz hizo que los alimentos fueran inasequibles para millones a medio mundo de distancia.

Si el propósito de la agricultura fuera alimentar a la gente, los cambios en la agricultura global en los últimos 30 años no tendrían sentido. La agricultura industrial en el Tercer Mundo ha producido crecientes cantidades de alimentos, pero al coste de llevar a millones a abandonar el campo por vidas de hambre crónico – y al coste de envenenar el aire y el agua, y de disminuir cada vez más la capacidad del suelo de suministrar los alimentos que necesitamos.

Contrariamente a las afirmaciones del agronegocio, la última investigación agrícola, incluyendo más de una década de experiencia concreta en Cuba, prueba que granjas pequeñas y medianas utilizando métodos agroecológicos sustentables, son mucho más productivas y enormemente menos dañinas para el medio ambiente que inmensas haciendas industriales.

La agricultura industrial continúa, no porque sea más productiva, sino porque ha podido, hasta ahora, ofrecer productos uniformes en cantidades predecibles, desarrollados específicamente para resistir daño durante el embarque a mercados distantes. Es donde se halla el beneficio, y el beneficio es lo que cuenta, no importa cuál sea el efecto sobre la tierra, el aire, y el agua – o incluso sobre la gente hambrienta".

 

5 . La lucha por la soberanía alimentaria es crucial para otro modo de producción

 

Ian Angus, en “Crisis alimentaria: hambruna mundial, agronegocios y soberanía alimentaria alternativa”, continúa:

 

"Luchando por la soberanía alimentaria


Los cambios impuestos por el agronegocio transnacional y sus agencias no han dejado de ser cuestionados. Uno de los eventos más importantes en los últimos 15 años ha sido la emergencia de La Vía Campesina (Peasant Way), un organismo aglutinador que incluye a más de 120 pequeñas organizaciones de agricultores y campesinos en 56 países, que van del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, a la Unión Nacional de Agricultores de Canadá.

La Vía Campesina presentó originalmente su programa como un desafío al “Foro Alimentario Mundial ”, una conferencia sobre el hambre global organizada por la ONU en 1996 en la que participaron representantes oficiales de 185 países. Los participantes en esa reunión prometieron la eliminación del hambre y de la desnutrición mediante la garantía de “seguridad alimentaria sustentable para toda la gente”, (y después no hicieron nada por lograrla).

Como es típico en semejantes eventos, los trabajadores que son realmente afectados fueron excluidos de las discusiones. Afuera de las puertas, La Vía Campesina
propuso:

La «soberanía alimentaria» como una alternativa a la seguridad alimentaria. El simple acceso a los alimentos no basta, argumentaron: lo que se requiere es el acceso a la tierra, el agua, y a los recursos, y la gente afectada debe tener derecho a saber y decidir sobre las políticas alimentarias. El alimento es demasiado importante como para ser abandonado al mercado global y a las manipulaciones del agronegocio: el hambre en el mundo sólo puede ser terminado mediante el reestablecimiento de pequeñas y medianas granjas familiares como elementos cruciales de la producción de alimentos.

La demanda central del movimiento de «soberanía alimentaria» es que los alimentos deben ser tratados primordialmente como una fuente de nutrición para las comunidades y países donde son producidos. En oposición a las políticas de agroexportación del libre mercado, insta a que haya una concentración en el consumo interno y la autosuficiencia alimentaria.

Contrariamente a las afirmaciones de algunos críticos, la «soberanía alimentaria» no es un llamado al aislacionismo económico o a un retorno a un pasado rural idealizado. Más bien,
es un programa para la defensa y extensión de los derechos humanos, por la reforma agraria, y por la protección de la tierra contra el ecocidio capitalista.

 

Aparte de llamar a la autosuficiencia alimentaria y al fortalecimiento de las granjas familiares, el llamado original de La Vía Campesina por la soberanía alimentaria incluía los siguientes puntos:

La exigencia de «soberanía alimentaria» de La Vía Campesina constituye un poderoso programa agrario para el Siglo XXI.

Los movimientos sindicales y de izquierdas en todo el mundo debieran darle su pleno apoyo,

así como a las campañas de los trabajadores agrícolas y campesinos por la reforma agraria y

contra la industrialización y globalización de los alimentos y de la agricultura".

6. La lucha por la soberanía alimentaria significa, también, autodeterminación popular e importancia campesina

 

Ian Angus, en “Crisis alimentaria: hambruna mundial, agronegocios y soberanía alimentaria alternativa”, define consignas:


"¡Alto a la guerra contra los agricultores del Tercer Mundo!

Dentro de ese marco, nosotros -en el norte global- podemos y debemos exigir que nuestros gobiernos detengan todas las actividades que debilitan o dañan la agricultura del Tercer Mundo.

¡Alto al uso de alimentos para combustible! La Vía Campesina lo ha dicho simple y claramente: “Los agrocombustibles industriales representan un desatino ecológico. Su desarrollo debería ser detenido y la producción agrícola debería concentrarse en los alimentos como prioridad”.

¡Condonen las deudas del Tercer Mundo!


El 30 de abril, Canadá anunció una contribución especial de 10 millones de dólares canadienses a la ayuda alimentaria para Haití.  Es algo positivo – pero durante 2008 Haití pagará cinco veces esa suma en intereses por su deuda externa de 1.500 millones de dólares, gran parte de la cual fue incurrida durante las dictaduras de Duvalier apoyadas por los imperialistas.

La situación de Haití no es única y no es un caso extremo. La deuda externa total de los países del Tercer Mundo en 2005 fue de 2,7 billones [2.700.000.000.000, N. del T] de dólares, y sus pagos de la deuda de ese año ascendieron a un total de 513.000 millones de dólares. La terminación de esa sangría de dinero, inmediata e incondicionalmente, aseguraría recursos esenciales para alimentar a los hambrientos ahora mismo y, con el tiempo, reconstruir la agricultura interior.

¡OMC, fuera de la agricultura!


Las políticas alimentarias regresivas que han sido impuestas a los países pobres por el Banco Mundial y el FMI con codificadas y controladas por el Acuerdo sobre Agricultura de la Organización Mundial de Comercio. El AsA, como escribe Afsar Jafri de Focus on the Global South, está “predispuesto a favor de la agricultura de capital intensivo, impulsada por el agronegocio, y orientada a la exportación.”  No es sorprendente, ya que el responsable de EE.UU. quien lo redactó y luego negoció era ex vicepresidente del gigante del agronegocio Cargill.

El AsA debiera ser abolido, y los países del Tercer Mundo deberían tener derecho a cancelar unilateralmente políticas de liberalización impuestas a través del Banco Mundial, el FMI, y la OMC, así como mediante acuerdos bilaterales de libre comercio como el TLCAN [NAFTA] y el CAFTA. [Tratado de Libre Comercio para la República Dominicana y Centro América].

Autodeterminación para el sur del globo


Los actuales intentos por parte de EE.UU. a fin desestabilizar y derrocar los gobiernos antiimperialistas del grupo del ALBA - Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua y Granada - continúan una larga historia de acciones por los países del norte para impedir que países del Tercer Mundo logren controlar sus propios destinos. La organización contra semejantes intervenciones “en el vientre del monstruo” es por lo tanto un componente clave en la lucha por lograr la soberanía alimentaria en todo el mundo.

Hace más de un siglo, Karl Marx escribió que a pesar de su apoyo para las mejoras técnicas, “el sistema capitalista trabaja contra una agricultura racional... una agricultura racional es incompatible con el sistema capitalista.”

Las crisis actuales de los alimentos y de la agricultura confirman enteramente esa valoración. Un sistema que coloca los beneficios por sobre las necesidades humanas ha ahuyentado del campo a millones de productores, debilitado la productividad de la tierra mientras envenena su aire y su agua, y ha condenado a casi mil millones de personas al hambre crónica y a la desnutrición.

La crisis alimentaria y la crisis agrícola están arraigadas en un sistema irracional y antihumano. Para alimentar al mundo, los trabajadores urbanos y rurales deben unir sus manos para erradicar ese sistema".

http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=2384/ 23-5-08

 


E
n consecuencia, el capitalismo avanza oprimiéndonos cada vez más y expulsando a una creciente mayoría hasta de sobrevivir para la acumulación de sus oligopolios globales en alianza con los factores locales de poder. Por eso, pienso que es hora de cuestionarnos acerca del «progresismo» de partidos e intelectuales que cayeron en la trampa de alinearse detrás del matrimonio Kirchner, por ejemplo, avalaron la polarización entre gobierno y Mesa de Enlace, enfrentamiento de bandos que bloqueó el debate sobre: la destrucción de la soberanía alimentaria, la desaparición forzada de los agricultores, el exterminio de los pueblos originarios, la desertificación, etc. Redujeron esos gravísimos problemas a "sí o no  la resolución 125" como si ésta fuese central para poner freno a la expansión del monocultivo de la soja transgénica y como si el último no constituyese la actual herramienta principal en el acaparamiento tanto de la economía como del territorio por el sistema imperialista de agronegocios donde predominan las agro exportadoras lideradas por Cargill, Bunge Argentina, LCD Argentina (Dreyfus); Aceitera General Deheza, y Nidera, entre otras. Tampoco la asociaron con el Estado (ni lo perciben):

¿Por qué son incapaces de una lectura integral? Sucede que comparten el concepto de «desarrollo» con izquierdas y derechas que contrasta con el de los pueblos originarios del continente, de la Unión de Asambleas Ciudadanas, del Grupo de Reflexión Rural, de Vía Campesina y otros. Consideran «progreso» a la gran escala productiva e infraestructural y al crecimiento económico a tasas chinas sin importarles quiénes son los exclusivos beneficiarios ni las consecuencias tan graves que hipotecan el futuro. Sólo difieren de las derechas en que luchan por la participación de otros actores en el beneficio y en la dirigencia.

 

El Estado mirando por las necesidades e intereses populares surgirá de la unidad en diversidad de nosotros -los de abajo- pero, fundamentalmente, de nuestra organización en torno a otro modo de producción donde lo central es la recuperación de los bienes comunes como planificación y puesta en práctica de la reforma agraria integral.

 

La reforma agraria integral será posible como convergencia de las luchas anticapitalistas. Porque es recuperar los territorios

mediante reconstitución, por los de abajo, de nuestras convivencias sociales y socio-naturales en cada lugar. Por supuesto, no podemos limitarnos al autogobierno de desarrollos locales o comunitarios. Precisamos articularlos entre sí conformando un país en interrelación continental e internacional para, realmente, efectivizar nuestro buen vivir y nuestras soberanías alimentaria, productiva, energética e hídrica.

 

 

 


 

II.

 

PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS

 

Planteo

El capitalismo llevó al «progreso de la humanidad» ya que permitió la revolución tanto de las ciencias como de las técnicas, éstas dotaron de potencial enorme para el desarrollo mundializado de la producción y del control sobre el funcionamiento socioeconómico y político cultural de los distintos países planetarios. Pero hoy este desarrollo a gran escala y focalizado en objetivos indiferentes al contexto dinámico y las consecuencias, ha originado el calentamiento global o cambio climático e impulsa su cronicidad que convierte al planeta inhabitable.

 

Sea por desinterés sea por ignorancia, predomina el desconocimiento de que el clima resulta de las interrelaciones entre los diversos subsistemas planetarios: la atmósfera, la criosfera, la litosfera y la biosfera. Esto conlleva a no valorar que:

 

1. La presidenta Cristina Kirchner quita posibilidades mayoritarias de vivir cuando veta la ley de protección de los glaciares

 

Elizabeth Peredo Beltrán (Alai-amlatina), en "Crisis climática, un desafío para la condición humana y para una ética de la naturaleza", aclara:

"El Cambio Climático que vivimos no es cualquier crisis más, es una alerta global sobre la ruta de autodestrucción que eligieron los poderosos, de las inequitativas posibilidades que quedan en el mundo para sobrevivir –los pueblos indígenas, los grupos sociales más pobres, las mujeres, los viejos y los niños son los más afectados en el mundo de hoy -.

La Paz es una hermosa ciudad andina rodeada de glaciares de la Cordillera Oriental de los Andes, entre los que se destaca el hermoso e imponente Illimani, Apu  guardián de sus habitantes y de los cerros menores que la rodean. Más de dos millones de habitantes se cobijan en este paisaje de valles urbanos y altiplano: La Paz y El Alto, dos ciudades de historias intensas, de larga trayectoria en la construcción de una sociedad donde la justicia y la diversidad cultural buscan convivir en armonía.

El escudo departamental de La Paz tiene en su centro la imagen imponente de este hermoso nevado, es decir que este glaciar es parte de la historia y la identidad de nuestro departamento. El Illimani, como la mayoría de los glaciares en el mundo, es fuente de una valiosísima información sobre la historia del planeta; al igual que los árboles, sus diferentes capas proporcionan datos sobre el clima en la tierra durante siglos. Mientras más antiguo sea el glaciar y más nieve y hielo concentre en su estructura, más aportará en la información sobre los diferentes períodos en el mundo sobre el clima y hasta la habitabilidad del planeta. Los glaciólogos suelen brindar informes sobre nuestra historia larga a partir de estudiar las diferentes capas de hielo formadas en el tiempo. La ciencia confirma lo que las ancestrales culturas andinas nos dicen: los nevados son nuestra memoria y por tanto nuestra protección.

Más aún, el Illimani de manto blanco en la ciudad de La Paz es fuente de inspiración para poetas, artistas y pintores que encuentran en su impresionante belleza una fuente de identidad y de sentido en sus vidas. Hay tangos, huayños, boleros y canciones que invocan el Illimani como símbolo de ensoñación. Cientos de grupos culturales de bailarines, musicales e intelectuales toman su nombre para identificarse. Walter Solón pintó un Illimani cuando las ventanas de su taller, ubicado en el barrio de Sopocachi, fueron cubiertas por un moderno edificio de los muchos que hace años van cerrando ventanas y levantando sombras en el barrio. Inconforme con no contemplar el hermoso nevado, su Illimani pintado en un papel sobre la ventana tapada, lo acompañó durante algunos años en su taller ubicado en el tercer piso de la Fundación Solón. Este glaciar es, sin duda, fuente de identidad y de inspiración.

Según la UNESCO la identidad cultural es un derecho inalienable de los pueblos. Sin embargo, el Illimani, el Mururata, el Huayna Potosí, el Tuni-Condoriri y todos nuestros glaciares tropicales andinos, como decenas de otros glaciares en el mundo, símbolos de identidad y de memoria, se derriten ante nuestros ojos como una metáfora del poco tiempo que nos queda para reaccionar y cambiar el curso de los acontecimientos signados por la civilización occidental capitalista basada en la codicia y la acumulación irracional e irresponsable.

No es el único glaciar que perdemos por el calentamiento global. En Bolivia ya ha desaparecido un glaciar más pequeño y más frágil: el famoso Chacaltaya, que era la base del Club Andino Boliviano y tenía el único “lift” para sky en todo el país. Un glaciar donde los turistas y miles de jóvenes iniciaron sus aventuras en “sky” andino y podían disfrutar de patinar en el glaciar más alto del mundo a más de 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar.

De ese glaciar hoy sólo queda el recuerdo y la sensación de impotencia ante un fenómeno que no hemos provocado -Bolivia es responsable de poco más del 0,10% de las emisiones globales-, pero del que sufrimos las peores consecuencias y en condiciones de gran vulnerabilidad. Los glaciares andinos son la base de la provisión de agua y de energía para las ciudades y poblaciones que los rodean, varios ecosistemas dependen de ellos para su equilibrio. En el caso de La Paz y El Alto dependemos en más de un 40% de esta fuente de agua y energía. Estudios científicos del Programa Hidrológico Internacional de la UNESCO, ya alertan sobre la progresiva e inminente desaparición de los glaciares tropicales de los Andes y de la emergencia humanitaria que se vivirá por la falta de agua. En la actualidad más de 1 millón de personas de la ciudad de El Alto están ya recibiendo un servicio racionado de agua por la agravada escasez de este elemento en los servicios públicos, mientras que los animales de pastoreo de las comunidades rurales de las regiones del Altiplano y del Chaco mueren por la falta de agua, los cultivos se ven afectados y muchas comunidades de las regiones rurales del país incluidas las de los Yungas, sufren por la elevación de la temperatura, la falta de agua y la afectación a sus más elementales medios de vida.

Estudios científicos prevén que esta situación afectará a más de 70 millones de personas en América del Sur en un futuro próximo.
La pérdida de glaciares en el mundo amenaza el derecho a la vida a millones de personas, en el caso de los Glaciares del Himalaya estos están retrocediendo más rápidamente a una media de 10-15 metros por año, su pérdida afectará la vida de al menos 1.500 millones de personas de China, India y Nepal.

Esto no sucede porque tengamos mala suerte, ni por ningún castigo divino, sino por una enorme deuda histórica que generaron los países desarrollados al haber aprovechado del espacio atmosférico, de nuestros territorios, de nuestra gente y nuestras riquezas. Y estamos hablando no sólo de Bolivia, sino del Sur Global. Así, colonialismo y capitalismo nos dejan una deuda de siglos de explotación, vulnerabilidad y marginalidad.

Quién nos devolverá nuestros nevados, fuentes de agua, energía, identidad y vida, ahora que el calentamiento global los derrite inevitablemente? Como enfrentaremos la aguda escasez de agua que hay en nuestras regiones? Quién responderá por las innumerables catástrofes e inundaciones en el mundo, ahora exacerbadas por los enormes cambios en el clima? En fin, quiénes devolverán al planeta la armonía que necesita para seguir cobijándonos?

El cambio climático es un espejo del sistema

La Conferencia de las NNUU sobre
Cambio Climático ha delatado un sistema de vida profundamente insostenible en el mundo, mostrando que los impactos de la excesiva producción de gases de efecto invernadero son ya extremos y por mucho tiempo irreversibles. Aunque las emisiones bajaran a 0 ya nada nos devolverá nuestros nevados perdidos, ni nada evitará la pérdida de territorios en los países insulares, ni la agravada escasez de agua en el mundo, ni nada podrá controlar la enorme frecuencia de desastres ambientales provocados por este fenómeno en todo el mundo. Reportes científicos sobre la huella ecológica que deja actualmente la humanidad afirman que el planeta gasta 30% más de lo que la tierra puede regenerar en un año, arrastrando un déficit suicida.

El equilibrio se ha roto. Nunca antes hemos enfrentado un problema de tal magnitud que evidencie tan claramente los más profundos problemas y contradicciones de nuestra civilización. Detrás del calentamiento global se esconde impune un sistema de acumulación irracional movido por el afán de lucro de empresas y transnacionales, y de visiones que aplicaron a ultranza una concepción de desarrollo y bienestar devastadora para el planeta, socavando las bases mismas de la vida y del futuro (sobreexplotación, extractivismo, comodidad y despilfarro). (...)

El Cambio Climático que vivimos no es cualquier crisis más, es una alerta global sobre la ruta de autodestrucción que eligieron los poderosos, de las inequitativas posibilidades que quedan en el mundo para sobrevivir –los pueblos indígenas, los grupos sociales más pobres, las mujeres, los viejos y los niños son los más afectados en el mundo de hoy -.

Pero también es un desafío para, en medio del shock y las voces apocalípticas que pretenden salidas de urgencia antes que soluciones verdaderas, buscar caminos de solidaridad, honor, justicia y equidad.

Por eso, la crisis climática al mismo tiempo es una crisis que pone en primer plano la necesidad de crear nuevos paradigmas recuperando y construyendo una ética de relación con la naturaleza y el gran amor a la vida que tienen los pueblos y las comunidades locales en todo el mundo, los pueblos indígenas, las mujeres, las sociedades agrícolas; de su capacidad de adaptarse y sobrevivir, de desarrollar los principios de la solidaridad en la vida cotidiana, de enfrentar la adversidad apelando a su voluntad, a sus conocimientos tradicionales, a los saberes locales y a los que proporciona la vida cotidiana. También es una oportunidad para dar una mirada a todas las visiones y concepciones desarrolladas por diversas culturas en el mundo sobre la necesidad de una armonía con la naturaleza y sobre el cuidado que debemos al planeta.

Hay millones de personas en el mundo, cientos de sociedades y culturas que gracias a sus conocimientos acumulados enfrentan los cambios globales, logran encontrar soluciones parciales y desarrollan propuestas dignas de ser tomadas en cuenta, pues nos enseñan que debemos enfrentar el problema desde sus orígenes y con la creatividad y la voluntad necesaria para revisar y cambiar los paradigmas de vida dominantes que nos dicen que el desarrollo es infinito: desarrollo=destrucción y extracción, bienestar=comodidad a costa del otro, éxito=poder y discriminación, poder = menosprecio y humillación.

Albert Einstein decía: “No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos”. Los principios que hasta ahora han regido para el desarrollo y la sobrevivencia han resultado ser calamitosos, pues no solamente están concentrados en un beneficio unilateral sino que generan destrucción en el medio ambiente y vulneran derechos humanos. Sólo benefician a los más poderosos en el mundo, siendo el origen de las más profundas inequidades e injusticias.

La necesidad de cambiar los paradigmas que sostienen nuestra civilización es apremiante, y ello implica voluntad política pero sobre todo valor para deconstruir y recuperar lo que es capaz de cuidar la humanidad y la naturaleza de una manera no solamente sostenible sino fundamentalmente equilibrada y justa".

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Elizabeth Peredo nació en La Paz, es psicóloga social y forma parte de la Fundación Solón en Bolivia.
* Versión ampliada de este texto en http://alainet.org/active/34405

Fuente: www.rebelion.org /Ecología social/ 18-11-09

 

2. El progresismo aleja de soluciones efectivas a problemas claves en razón de lecturas descontextuadas

Cristian Frers, en "La deforestación en un punto crítico", abstrae la relación causa-efecto y espera solución del actual Estado, es así que dice: "La tremenda tasa de transformación de nuestros bosques nativos en el norte de Argentina para la ampliación de la superficie agrícola, no tiene precedentes en la historia. De no mediar acciones inmediatas por parte del Estado Nacional y de las provincias involucradas, en poco tiempo más perderemos superficies importantes e irremplazables de nuestro patrimonio natural".

Explica:

De los bosques no sólo obtenemos una serie de bienes y servicios indispensables para la supervivencia del ser humano: alimentos vegetales y animales, maderas, medicamentos y muchos productos más. Los bosques juegan un papel fundamental en la regulación climática, el mantenimiento de las fuentes y caudales de agua y la conservación de los suelos. Por ello, las selvas y demás bosques son posiblemente el patrimonio natural más importante pero también el más amenazado y depredado por la mano del hombre.

 

Los planes de gobiernos latinoamericanos contra la tala indiscriminada han logrado avances, pero todavía chocan con fuertes intereses económicos.

Nunca antes América Latina se luchó tanto contra la deforestación como hoy, afirman expertos y gobiernos. Pero la tala en la región aumentó hasta constituirse en la más alta del mundo. (...)

 

La tremenda tasa de transformación de nuestros bosques nativos en el norte de Argentina para la ampliación de la superficie agrícola, no tiene precedentes en la historia. De no mediar acciones inmediatas por parte del Estado Nacional y de las provincias involucradas, en poco tiempo más perderemos irremediablemente superficies importantes e irremplazables de nuestro patrimonio natural.

Se sabe que todos los tipos de bosque del país están sometidos a una descomunal presión de desmonte para sustituirlos por cultivos anuales, especialmente oleaginosos y granos gruesos en general, la producción de agrocombustibles, la ganadería extensiva extrapampeana y en mucha menor medida, plantaciones".

 

Cristian Frers, Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social, supone solución a: "El uso de los recursos debe tener un carácter ordenado y sustentable, involucrando a que participen a las comunidades locales. Proteger muestras representativas de cada ecosistema, utilizar responsablemente los recursos naturales y restaurar los bosques y selvas, destruidos y degradados, es lo que se propone para lograr corregir los usos de la tierra que están afectando las últimas grandes reservas naturales.

Por suerte en Argentina, la presión ciudadana y la creación de un fondo de compensación monetaria fueron determinantes en la sanción de una ley nacional que suspende la tala de bosques nativos en Argentina hasta que cada provincia ordene su territorio y defina áreas intocables y de desarrollo. Esta ley fue sancionada a fines de noviembre del año 2007.

Por un año las provincias no podrán otorgar permisos de tala, y si se atrasan con el ordenamiento territorial -cuyas estrictas pautas se establecieron en el marco de la ley-, la suspensión se prolongará.

 

El proyecto era muy resistido por legisladores de provincias del norte del país, como Salta, Misiones, Chaco y Santiago del Estero, que defienden el derecho de intervenir en los bosques, inclusive en áreas de reservas naturales o en las que viven pueblos originarios que se abastecen de los recursos de la selva.

El ordenamiento territorial al que están obligados los gobiernos provinciales debe fijar tres categorías de protección: roja para bosques de muy alto valor de conservación que serán intangibles, amarillo para los que toleren un manejo sustentable, y verde para los que se puedan transformar total o parcialmente.

Er recl ordenamiento debe ser aprobado por la legislatura provincial para que la Secretaría de Ambiente de la Nación levante el embargo. A partir de entonces, cada interesado en explotaursos boscosos deberá presentar a la autoridad competente del distrito un estudio de impacto ambiental.

La norma reconoce los servicios ambientales que brindan los bosques, como la conservación de la biodiversidad, del suelo y de la calidad del agua, la regulación hídrica y la fijación de gases de efecto invernadero, como el carbono.

Para compensar la pérdida de actividad que implicaría para las provincias el cese de las deforestación, los legisladores aprobaron el Fondo Nacional para el Enriquecimiento y la Conservación de Bosques Nativos, que se repartirá en 70 por ciento para los propietarios de tierras boscosas y el resto a programas de conservación provinciales.

La protección del bosque nativo no es una mera demanda ecologista, postmoderna o de atrasados que no ven el progreso. Pretende en cambio ayudar a mantener los incontables servicios ambientales involucrados y resguardar los recursos, para el aprovechamiento integral de las generaciones actuales y futuras".
Fuente: www.ecoportal.net/ 10-4-08

En consecuencia, ¿en qué reside el progreso del trabajo transformador de la naturaleza y cómo la diversidad popular puede encaminarlo hacia poder armonizar su desarrollo social con las eco-regiones?

 

Ideología

Las eco-regiones son apreciadas como fuentes de recursos naturales. Es decir, el capitalismo (y la mayoría de nosotros por adaptación a este sistema social) las fragmenta focalizándose en lo que ha adquirido valor de cambio y lo extrae sin importar las consecuencias mediatas e inmediatas. Al conciliar con el capitalismo, el progresismo enfoca medidas gubernamentales u objetivos abstraídos de sus contextos dinámicos e históricos. Tal posicionamiento es grave porque las tecnologías y ciencias hacen drásticas a las puestas en prácticas. En efecto, el progresismo menosprecia:

1. El sistema global de los agronegocios que ocupa tanto el territorio como la economía de Argentina

 

Andrea Samulon, en  "La lucha global contra Cargill", aclara el porqué de esta confrontación:

 La Campaña Contra los Agronegocios de Rainforest Action Network está logrando un amplio apoyo en los Estados Unidos. Trabaja junto a las comunidades, los militantes y activistas y las ONGs de todo el mundo que estén confrontando a Cargill y otras corporaciones de los agronegocios que están jugando un papel principal en la expansión de los monocultivos de commodities, y están generando graves impactos en la población, el medio ambiente y el clima.

Resumen de la exposición de Andrea Samulon en la conferencia “La lucha global contra Cargill: Experiencias de Estados Unidos, Brasil y Paraguay”

 

"Me llamo Andrea Samulon, y trabajo en Rainforest Action Network (Red de Acción por los Bosques) con sede en San Francisco, California (EE UU). Rainforest Action Network (RAN, por su acrónimo en inglés) trabaja para proteger los bosques de la Tierra y otros ecosistemas importantes y apoya los derechos humanos de los habitantes con educación, y organizando a pobladores autóctonos para emprender acciones directas sin violencia.

 

RAN cumple con esta misión realizando campañas dinámicas y de gran impacto que ayudan a que las políticas empresariales y del gobierno estén acordes con el sentir popular en pro de la conservación del medio ambiente y respeto a los derechos humanos. RAN trabaja en conjunto con grupos ambientalistas y de derechos humanos alrededor del mundo, incluyendo comunidades indígenas, organizaciones campesinas y organizaciones no gubernamentales.

Hoy voy a hablar sobre Cargill, su rol en el mundo, y la resistencia que existe en contra de esta gran multinacional. En octubre del año pasado nuestra organización lanzó una campaña en contra de tres grandes empresas de agronegocios norteamericanas, ADM, Bunge, y Cargill. Voy a explicar al final de la presentación un poco más sobre esta campaña.

 

Introducción

Aunque Cargill es el grupo empresario agrícola y de comercialización de alimentos más poderoso del mundo, pocas personas conocen su papel. A pesar de que Cargill es una empresa norteamericana, con su cuartel en la ciudad de Minneápolis, Estado de Minnesota, la mayoría de los norteamericanos ni conocen quién o qué es Cargill.

Además, Cargill es una empresa privada. El escritor, Brewster Kneen, denominó a Cargill el “Gigante Invisible”. Cargill se fundó en 1865 y desde entonces ha venido creciendo y ampliando sus negocios. Tiene una gran inversión en la empresa Mosaic, una de las más poderosas empresas de fertilizantes del mundo. Cargill es un gran impulsor de las políticas de libre comercio, y su posición está basada firmemente en principios económicos neoliberales. Ellos siempre buscan dónde hacer negocios, y los hacen donde las barreras arancelarias son muy bajas. Por lo tanto, el costo de su producto es más barato, y esto asegura que más gente compra su marca.

Algunos datos más para comprender el alcance de Cargill:

En el año fiscal 2007, Cargill declaró ingresos de 88.3 billones de dólares, y ganancias de 2.34 billones de dólares.

Es responsable del 25% de toda la exportación de granos de los Estados Unidos.
Es proveedor de aproximadamente el 22% de la carne que se consume en el mercado doméstico de los Estados Unidos

Emplea un poco mas de 158.000 personas en 1.100 localidades de 66 países

Cargill es el mayor exportador de productos de Argentina

Es el más grande productor de aves en Tailandia.

Todos los huevos usados en los McDonald’s en los Estados Unidos han pasado por las plantas de Cargill.

 

Cargill con problemas alrededor del mundo

En julio de 2005, el Fondo Internacional de Derechos del Trabajo llevó a juicio a Cargill, Nestlé y Archer Daniels Midland (ADM) ante la Corte Federal de Los Ángeles (California) en representación de un grupo de niños de Malí que fueron traficados desde Malí hasta Costa de Marfil para trabajar forzadamente de doce a catorce horas por día sin sueldo, sin comida, ni paga, y golpes frecuentes. Los 3 niños que representaban a sus compañeros estaban haciéndolo de forma anónima, por el miedo a la venganza de los dueños de los cultivos donde trabajaban. La denuncia implica tráfico, tortura y trabajo esclavo de niños que cultivan y cosechan cocoa para las compañías que importan desde África.
 

La Fundación de Justicia Medioambiental4 nombra a Cargill como el mayor comprador de algodón de Uzbekistan, que es producido mayormente por trabajadores que no son pagados y a los cuales se les han violado los derechos humanos. Cargill alega que tampoco tiene conocimiento de este caso.
En 2005, Cargill llegó a un acuerdo con el gobierno de los Estados Unidos para pagar 130 millones de dólares como multa por haber subestimado las emisiones tóxicas de sus 27 plantas que procesan maíz, trigo, soja, y otros productos para la alimentación, combustible, y etanol.
En noviembre de 2007, Cargill, uno de los más grandes productores de carne en el mundo5 anunció que retiraba del mercado más de un millón de libras de carne picada porque había una posible contaminación con la bacteria E. Coli. En octubre de 2007, Cargill tuvo otra vez que retirar más de ochocientas mil libras de carne picada por la misma razón.
En 2008, se ha iniciado un debate sobre la propuesta de Cargill de secar una salina y un humedal, Bay Area Salt Ponds, que existe en la bahía de San Francisco y la población local se opone a esta obra.

 

La Evolución de Cargill, desde alimentación hacia combustible

El lema de Cargill es: “Alimentando ideas, Alimentado personas”. Por más de un siglo, Cargill estuvo enfrascado en el negocio de la producción, transporte, y comercialización de granos para la alimentación. Pero hoy día, cada vez más se está viendo la tendencia de Cargill a seguir el sendero de los agrocombustibles. Para ellos, los agrocombustibles significan una nueva fuente de ingresos muy importante, el “oro verde”.

Cargill es uno de los más importantes actores en la producción de soja en el mundo y también tiene un gran papel en la producción de palma africana (también conocida como palma aceitera) en Indonesia, y en Papúa Nueva Guinea en el océano Pacífico. La soja y la palma que se cosechan industrialmente, sirven para alimentar el insaciable apetito por “comida chatarra o fast food”, proteína animal, y ahora para los agrocombustibles.

Nuestra organización, Red de Acción por los Bosques, empezó a investigar a Cargill y su papel en la expansión de estos dos cultivos (soja y palma aceitera) hace más de dos años. Nos dimos cuenta que Cargill, en su hambre por hacer crecer su imperio agroindustrial, está operando con total indiferencia hacia el medio ambiente y los derechos humanos.

En Papúa Nueva Guinea, donde Cargill entró hace pocos años, ellos hicieron acuerdos con el gobierno para comprar tierras. Papúa Nueva Guinea es un país donde el 97% de las tierras pertenece a los pueblos originarios, no está aún en manos de grandes empresas ni del gobierno. Pero ahora comienza de pronto mucha deforestación en grandes partes de Papúa Nueva Guinea para hacer espacio para las plantaciones de palma y se están usando agrotóxicos venenosos como el paraquat. Amigos que trabajan en Papúa Nueva Guinea nos han dicho que muchos de los ríos están contaminados y la gente no puede tomar agua de ellos.

 

En Brasil, Cargill tiene una presencia muy grande, particularmente en la producción de soja. Hace algunos años, Cargill decidió construir un puerto en la ciudad de Santarem en la Amazonía, al lado del río Amazonas. La construcción de este puerto fue totalmente ilegal. Cargill no gestionó los permisos ambientales necesarios para construir el puerto en ese lugar, pero el gobierno de Brasil le ha permitido mantenerlo abierto. Esto a pesar de que la Corte Suprema de Brasil inició un juicio contra Cargill por haber construido el puerto sin los permisos requeridos por la ley. Se han realizado varios estudios que documentan un gran aumento de la deforestación en la región y la aparición de más plantaciones de soja como resultado de la construcción del puerto ilegal de Cargill en Santarem.

 

Y ahora, Cargill quiere construir otro puerto aquí en Asunción. La cantidad de producción de soja en el Paraguay sigue aumentando y Cargill domina aproximadamente el 40% de la producción total de soja en el país. Muchos grupos aquí en Paraguay han luchado contra la construcción del puerto por razones que incluyen, amenazas a la salud pública, amenaza de contaminación de toda el agua potable que toma mas de 1 millón de personas que viven en la ciudad de Asunción y alrededores, más tráfico y contaminación del aire como resultado del trajinar de los camiones que va a venir al puerto para dejar soja, y destrucción del río Paraguay. Nuestra organización está al lado de todas las asociaciones y grupos de la sociedad civil que han rechazado el nuevo puerto de Cargill (Puerto Unión de Zeballos Cué). No estamos de acuerdo con ese proyecto, y sabemos de los impactos negativos en las comunidades alrededor del sitio, y al medio ambiente. Los posibles impactos también sobre el agua potable de la ciudad son muy evidentes. Cuando nos enteramos de la propuesta para el puerto, nuestra red de activistas mandó más de ochenta mil cartas por email a varias oficinas responsables aquí en Paraguay, registrando nuestra oposición. La salud del ser humano y la protección del medio ambiente tienen que tener prioridad ante los intereses de una multinacional que está enfocada solamente en una cosa, ingresos.

 

Agronegocios. ¡Defendiendo los bosques, las La Campaña de RAN en contra de Cargill, ADM y Bunge. Campaña Contra los familias agricultoras y nuestro clima!

Este es el nombre de la más reciente campaña emprendida por RAN, que se enfrenta a la agroindustria de los Estados Unidos en vista del papel que está desempeñando en la expansión de plantaciones de poroto de soja y de palma aceitera en toda América del Sur, el Sudeste Asiático y el Pacífico.

Como mencioné antes, el poroto de soja y el aceite de palma están invadiendo ecosistemas tropicales ya amenazados, a un paso acelerado, provocando caos ambiental, contribuyendo al abuso a los derechos humanos e intensificando el cambio climático. Esta invasión la llevan a cabo las gigantescas empresas agrícolas de los Estados Unidos Archer Daniels Midland (ADM), Bunge y Cargill.

La Campaña Contra los Agronegocios en los Bosques Tropicales emprendida por Rainforest Action Network trabaja en defensa de los bosques, de los campesinos y del clima. En alianza con comunidades y organizaciones campesinas afectadas por la expansión de las plantaciones de soja y de palma aceitera, demandamos un cambio de parte de los responsables de la agroindustria de los EE.UU. Exigimos a esas corporaciones que detengan la destrucción ambiental, social y climática que están provocando.

La Campaña Contra los Agronegocios de Rainforest Action Network está logrando un amplio apoyo en los Estados Unidos, a fin de:

Conclusión:

Rainforest Action Network continuará desafiando a las corporaciones norteamericanas que violan los derechos humanos y destruyen el medio ambiente por todo el planeta. Nosotros permaneceremos junto a las comunidades, los militantes y activistas y las ONGs de todo el mundo que estén confrontando a Cargill y otras corporaciones de los agronegocios que están jugando un papel principal en la expansión de los monocultivos de commodities, específicamente los monocultivos de aceite de palma y soja, y están generando graves impactos en la población, el medio ambiente y el clima".  Fuente: www.ecoportal.net / 24-3-08

En Argentina, durante los últimos 15 años, Cargill se ha hecho la  principal agroexportadora. Cargill cuenta con 3.600 empleados en nuestro país y exporta 90% de su producción a China, España, Perú, Egipto, Brasil, Holanda, India, Corea, Malasia y Chile. Gracias a su posición mundial, Cargill tiene el poder de exportar a cualquier mercado que pide sus productos. Este predominio lo estudió el Programa de Vigilancia Social de las Empresas Transnacionales que, en su informe de investigación sobre las operaciones de Cargill en Argentina, dice:

"Cargill se encuentra en 40 localidades en todo el país contando con 45 acopios, cinco puertos cerealeros, cuatro plantas de molienda de oleaginosas, siete molinos de trigo y dos malterías. El grupo de compañías de Cargill se encuentra integrado por empresas como Finexcor (frigorífico), Mosaic (fertilizantes) o Renessen (un joint venture con Monsanto para comercializar maíces especiales). Tiene 3600 empleados en Argentina. La facturación de Cargill SACEI, la empresa que en la Argentina opera el trading de commodities agrícolas, viene en ascenso gracias al aumento de la producción agrícola argentina llegando Observatorio de las Empresas Transnacionales  a $8.141 millones (incluyendo retenciones por $1.169 millones), en el ejercicio cerrado al 31 de mayo de 2006. (...)

 

(…)Cargill es una de las tantas empresas que acuerda con los productores la entrega de semilla y a cambio reciben la cosecha a un precio prefijado por contrato (en Alvear, provincia de Santa Fe, la firma pactó con los productores de cebada para su Maltería). Inclusive ellos mismos otorgan créditos a lo productores para que estos inviertan en la compra de los propios insumos de Cargill, la cual tiene su propio departamento financiero que se encuentra en permanente reorganización. La compañía actúa tanto en el comercio del grano como en el de los subproductos del procesamiento, con lo cual en alguna situación se vuelve competidora de sí misma, opinan en el mercado. Esto es un claro indicador de acción monopólica". Fuente: http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/40707 /30-4-08

 

 

2. La dependencia neocolonial que refuerza el crecimiento devastador y arruinador de las condiciones de vida mayoritaria

 

Jorge Eduardo Rulli sostiene "Frente a la Cumbre Climática en Copenhague": "A diez años exactamente de las protestas de Seattle, que desbarataron en aquel momento y en esa ciudad norteamericana, la cumbre de los ministros de la OMC: la Organización Mundial de Comercio, nos proponemos viajar ahora a Copenhague, en Dinamarca, para asistir al encuentro de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y participar de las manifestaciones junto a los muchos grupos antiglobales, campesinos y ecologistas que allí se darán cita.

Estos últimos diez años son también para nosotros en la Argentina como GRR, años de dura resistencia, de permanentes denuncias del modelo de Agronegocios, de la sojización y de sus terribles efectos sobre los ecosistemas y las poblaciones.

Un año después de Seattle, en el 2000, estuvimos como GRR en Montreal, durante las negociaciones para el Protocolo de Cartagena sobre OGM, y pudimos participar de las impresionantes manifestaciones antiglobales habidas en esa ciudad de Canadá. Las luchas contra la globalización fueron a lo largo de estos años un marco y una fuente de comprensión para nosotros, comprensión de los nuevos fenómenos de la dependencia neocolonial que provocaban las corporaciones, de su interés por apropiarse de nuestros recursos y bienes comunes, a la vez que de su intención de someternos al rol de producir commodities para los mercados globales.

 

Nuestra organización en red y como grupos de afinidad es el resultado de aquellas experiencias, experiencias a las que sumamos las diversas tradiciones políticas de quienes se acercaron al grupo, cosa que logramos mediante el diálogo fraterno y el respeto mutuo, también, poniendo distancia de los aparatos políticos partidarios cualesquiera que fuesen.

Hoy, en estos finales del año 2009, nos enfrentamos a la Cumbre de las Naciones Unidas en Copenhague, cuando los cambios climáticos y la multiplicación de catástrofes ecológicas en el Planeta, se suman a la tremenda crisis económica financiera que estremece las bolsas y los mercados, mientras el petróleo en el mundo ha dejado definitivamente atrás su curva máxima de producción y el horizonte se torna cada vez más inquietante.

 

Es impensable hallar otro combustible que nos regale la cantidad de energías que nos proporcionó el petróleo. La humanidad y en especial el sistema capitalista, ha desperdiciado en poco más de un siglo, la potencia acumulada durante millones de años de evolución de la vida en la tierra, y las consecuencias de ese mal uso se hacen evidentes en la contaminación de la atmósfera y en el creciente e imparable efecto invernadero que derrite los casquetes y amenaza gravemente la vida de la especie. No obstante ello, la incapacidad de nuestras dirigencias a comprender los nuevos desafíos y la voracidad por continuar haciendo negocios sobre la tragedia misma del planeta y pese a ella, resulta alucinante. Aparentemente, la delegación argentina a la Cumbre se propone principalmente, buscar financiaciones económicas de los países ricos bajo la justificación de necesitar esos recursos para adaptarse tecnológicamente a los cambios climáticos que se suceden. Los mismos que son absolutamente incapaces siquiera de tratar los residuos urbanos o de limpiar el Riachuelo, pretenden ahora enriquecerse a costa de los fondos e intercambios que promete la cumbre de Cambio Climático. Por lo demás, el discurso de la delegación, no difiere del de las Corporaciones: proponen, más OGM con siembra directa para solucionar el hambre del mundo, mayor eficiencia y tecnologías de punta en la agricultura, ahora industrializada, y ningún obstáculo a la política internacional de libres mercados que controla la OMC. La ignorancia y el compromiso con las empresas resultan francamente obscenos.

 

Esta etapa del Capitalismo globalizado exhibe el intento corporativo de adaptarse a las diversas y simultáneas crisis planetarias, con discursos y prácticas que conviertan los desafíos en oportunidades. Etapa de intensos maquillajes verdes, de falsos discursos ambientales, mercados certificados, RSE responsabilidad social empresarial, cooptación de las ONG a las políticas del Banco Mundial, estimulación de los sistemas de financiación con mecanismos de desarrollo limpio, y por sobre todo, la promesa del mercado de bonos de carbono. Esos mercados compensarán, supuestamente, las emisiones contaminantes del hemisferio norte con inversiones gigantescas en el hemisferio sur para la captación de masas similares de carbono de la atmósfera. Los desastres ecológicos producidos, devienen en oportunidades para nuevos negocios y para generar dependencias que someterán nuestros países a esas políticas globales. Los contaminadores podrán continuar estimulando el efecto invernadero en la medida que inviertan en proyectos que capten ese carbón de la atmósfera, y se está pensando principalmente en los monocultivos forestales y ahora en diversas prácticas propias de la agricultura industrial con siembra directa y semillas inoculadas para añadirles la capacidad de incorporar nitrógeno del aire. Mientras el mundo asiste espantado a los nuevos escenarios de desastres que provocan los cambios climáticos, para nuestras dirigencias, la etapa viene cargada de promesas y de beneficios personales en el manejo del poder que usufructúan. Inversiones de los nuevos mercados de bonos de carbono, subsidios y pagos por los bosques nativos y bienes comunes que no se sacrifiquen, y posiblemente, obtención de contribuciones adicionales por continuar con las mismas políticas actuales de contaminación y de saqueo.

Frente a este panorama en que las amenazas se agudizan, los pueblos se esfuerzan por reorganizar sus redes de resistencia, por generar pensamientos y discursos que develen las artimañas y estrategias de las Corporaciones, a la vez que por generar propuestas, propuestas que les permitan sobrevivir en un Planeta en crisis. El creciente consumismo, la manipulación que ejercitan los medios de comunicación sobre las conciencias y la sobresaturación de informaciones banales, las políticas de identidad que nos fragmentan, la ingesta de comida chatarra, la creciente concentración en megalópolis, el respeto por la gran escala, la agricultura industrial, la alimentación de animales en encierro con balanceados, las cadenas agroalimentarias que se apropian de nuestra alimentación y de nuestras vidas, van quedando expuestas como los eslabones de una cadena que nos condena a la infelicidad y probablemente a la desaparición masiva.

Nuevos debates se suscitan, debates acerca de cómo contraponer a esas maniobras, planes y prácticas para resistir. Surgen entonces, los desarrollos locales con participación y toma de control por parte de las comunidades, la generación de modelos productivos amigables con la Naturaleza, surge también, el Descrecimiento, como propuesta que descentralice el poder y permita discutir la antigua idea del progreso, a la vez que de considerar nuevamente, como fines deseables por la Comunidad, la felicidad y el bienestar humano. Enrolados en estos compromisos vamos a Dinamarca como GRR para participar en la Cumbre del Clima, con la esperanza de hacer nuevos amigos y conseguir nuevos aliados para las luchas comunes que nos esperan. Mientras seamos capaces de creer que otro mundo es posible, seremos capaces también, de continuar la antigua lucha de los pueblos por la Soberanía Alimentaria y por la Justicia Social".
Fuente: http://www.grr.org.ar/ diciembre 2009

 

En consecuencia, las ciencias y tecnologías de avanzada -tanto como producto y potencial del trabajo- son apropiadas por los oligopolios o corporaciones transnacionales para acumular riquezas a costa de desalojar a las poblaciones locales, sustituirlas por mega emprendimientos (enclaves agro exportadores, minero exportadores, turísticos, comerciales, infraestructurales e inmobiliarios) y de extraer la fertilidad, el agua, los recursos energéticos, etc. hasta su agotamiento total.

 

Emanciparnos de estas políticas imperialistas nos desafía -como propone Jorge E. Rulli (Grupo de Reflexión Rural)- "nuevos debates acerca de cómo contraponer a esas maniobras, planes y prácticas para resistir. Surgen entonces, los desarrollos locales con participación y toma de control por parte de las comunidades, la generación de modelos productivos amigables con la Naturaleza, surge también, el Descrecimiento, como propuesta que descentralice el poder y permita discutir la antigua idea del progreso, a la vez que de considerar nuevamente, como fines deseables por la Comunidad, la felicidad y el bienestar humano. Enrolados en estos compromisos vamos a Dinamarca como GRR para participar en la Cumbre del Clima, con la esperanza de hacer nuevos amigos y conseguir nuevos aliados para las luchas comunes que nos esperan. Mientras seamos capaces de creer que otro mundo es posible, seremos capaces también, de continuar la antigua lucha de los pueblos por la Soberanía Alimentaria y por la Justicia Social".

 

 

Premisas e hipótesis

El capitalismo avanza con las gravísimas consecuencias de que:

 

1. El sistema mundial de comercio e inversiones expande la destrucción de la habitabilidad planetaria

 

Rebelión, en "El Comercio mundial acelera la crisis climática", comunica que Ecologistas en Acción denuncia con el informe “Cambiemos el Comercio, no el Clima” los impactos del llamado “libre” comercio en el Cambio Climático, y exigen al Gobierno español no avanzar en las negociaciones de la OMC como condición para frenar el Cambio Climático.

 

"Con motivo de la 7ª Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que se llevará a cabo en Ginebra del 30 de noviembre al 2 de diciembre de 2009 – y pocos días antes de la crucial Cumbre del Clima de la ONU en Copenhague, Ecologistas en Acción evidencia -en un informe- la relación entre liberalización comercial y Cambio Climático.

 

Las conclusiones del informe “Cambiemos el Comercio, no el Clima” son claras y contundentes: el sistema mundial del llamado “libre” comercio es una de las causas fundamentales para el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que provocan el calentamiento global. El 89,3% del total de las emisiones de GEI mundiales se originan en la industria, el uso de la energía, la deforestación y la agricultura industrial. Aun así, los acuerdos internacionales sobre comercio e inversiones impulsan la expansión de los sectores industriales con uso intensivo de energía, el aumento de la extracción y procesamiento de combustibles fósiles y la expansión de la agricultura intensiva. Todas estas actividades contribuyen a la destrucción de sumideros que regulan el clima, como los bosques.

 

Además, el transporte internacional es responsable de una parte importante de las emisiones de GEI. Cerca de 60% del petróleo usado en el mundo se consume en las actividades del transporte motorizado que depende en un 95% de combustibles fósiles. Lo que genera entre 20-25% del total de las emisiones, aunque en los países industrializados esta cifra alcanza el 66%. Haber puesto en práctica las obligaciones comerciales adquiridas en la Ronda de Uruguay de la OMC supuso un incremento del 70% (sobre los niveles de 1992) del transporte de mercancías.

Al mismo tiempo, la OMC y las distintas reglas internacionales de comercio e inversión impiden una respuesta rápida y efectiva de las administraciones públicas al cambio climático, como se señala en el informe elaborado por la red internacional “Nuestro Mundo no está en Venta”, de la que Ecologistas en Acción es miembro. Las normas sobre los derechos de propiedad intelectual, por ejemplo, encarecen las tecnologías limpias, el sistema de patentes de seres vivos monopoliza en empresas privadas los genes para plantas resistentes al Cambio Climático y limita así la posibilidad de control público del proceso de adaptación, y la liberalización de los servicios energéticos ralentiza el cambio hacía fuentes de energía renovable. Las negociaciones sobre el Acceso al Mercado No Agrícola (NAMA) está siendo utilizado para cuestionar medidas contra el Cambio Climático como “obstáculos no arancelarios” y el Acuerdo sobre Agricultura frustra los intentos de proteger y promover la producción y el consumo local y a pequeña escala de alimentos. Incluso, las cláusulas sobre subsidios de la OMC restringen o impiden que se preste apoyo financiero público al desarrollo de energías y tecnologías limpias.

 

“La liberalización comercial es una amenaza para el desarrollo de medidas que intenten frenar el Cambio Climático”, explica Tom Kucharz, de Ecologistas en Acción. “El gobierno español tiene que decidir entre combatir el Cambio Climático o seguir impulsando políticas que representen únicamente los intereses económicos de una minoría y que causan sistemáticamente crímenes de lesa humanidad como el hambre, la pobreza, falta de agua, desplazamiento forzado y enfermedades curables”.

Con la liberalización de los bienes y servicios ambientales, prevista en Ginebra, la OMC pretende promover las “falsas soluciones” al Cambio Climático, tales como los mercados de carbono, los agrocombustibles industriales a gran escala, y los mal llamados “Mecanismos de Desarrollo Limpio”, con las que se pretende crear uno de los mercados financieros especulativos de materias primas más grandes del mundo. “Ello retrasa peligrosamente la transición necesaria hacía un modelo económico post-petróleo y con bajas emisiones de GEI”.

Por otra parte, la negociación de la UE de tratados comerciales con decenas de países de África, Asia y América Latina, resultaría en pérdidas económicas en términos de recaudación de aranceles y, por ende, estos países tendrían menos capacidad todavía para sobrellevar los impactos del Cambio Climático.

Diez años después de la "Batalla de Seattle”, cuando más de 100.000 personas exigían el desmantelamiento de la OMC, el balance de las políticas de dicho organismo y de todos los acuerdos de libre comercio es catastrófico, sobre todo para la población más vulnerable y el medio ambiente en el mundo. Tras 15 años de oposición a las políticas de la OMC, la sociedad civil internacional ha rebautizado la OMC como la «Organización Mundial de las Crisis».

“Vamos a impedir la conclusión de la Ronda de Doha porque necesitamos girar 180 grados en el sistema mundial de comercio como condición previa para definir las estrategias contra el Cambio Climático en Copenhague”, concluye Tom Kucharz, “ y eso implica la desaparición de la OMC, parar las negociaciones de tratados comerciales bilaterales de la UE y revertir los existentes”.


Ecologistas en Acción estará presente en las movilizaciones contra la OMC Ginebra. Como contraparte de la red internacional “Nuestro Mundo no está en Venta” recordará al gobierno español su responsabilidad dentro de la actual crisis alimentaria, financiera y climática".
Fuente: www.rebelion.org /Ecología social/ 30-11-09

 

2. Los economistas dominantes y alternativos  menosprecian situarse en el manejo integral de eco-regiones

 

John Bellamy Foster y Richard York (Herramienta), en "Capitalismo en el país de las maravillas", se refiere

 "En un ensayo reciente, “Economics Needs a Scientific Revolution” publicado en Nature, una de las principales revistas científicas, el físico Jean-Philippe Bouchaud, investigador para un banco de inversión, preguntó retóricamente “¿Cuál es el logro distintivo de la economía?” y respondió: “Sólo la recurrente incapacidad de predecir y advertir las crisis.”  Aunque su discusión se centra en la actual crisis financiera mundial, la observación se aplica igualmente bien a los enfoques económicos predominantes respecto del medio ambiente -según los cuales, por ejemplo, selvas antiguas son vistas como bienes no productivos a ser liquidados, y el aire limpio y el agua son bienes de lujo para que el adinerado compre indiscriminadamente.

El campo de la economía en los Estados Unidos ha sido dominado por pensadores que aceptan acríticamente el status quo del capitalismo y, por consiguiente, valoran al mundo natural sólo en términos de cuánto beneficio puede generar su explotación en el corto plazo. Como resultado, la incapacidad de economía establecida para hacer frente o percibir la crisis ecológica global es alarmante en su alcance y consecuencias.(...)

Economistas en el País de las Maravillas
En los Estados Unidos, el mejor ejemplo de la inherente incapacidad de la economía ortodoxa o neoclásica para tomar en cuenta los costos ecológicos y sociales fue tal vez el trabajo de Julian Simon. En artículos e intercambios en Science y Social Science Quarterly y en su libro The Ultimate Resourse publicado a comienzos de 1980, insistía en que no había problemas ambientales serios, que no había limitaciones ambientales a la economía o al crecimiento de la población, y que no habría falta de recursos a largo plazo. Por ejemplo, proclamaba que el Cobre podría hacerse a partir de otros metales y que sólo la masa del Universo y no la de la Tierra ponía un límite teórico a la cantidad de cobre que podría ser producido. Si el libre mercado no es encadenado –sostiene - aseguraría el progreso continuo hasta el futuro lejano. Estas y otras dudosas aseveraciones llevan al ecologista Paul Ehrlich a referirse a Simon como “un economista en el País de las Maravillas”.

Los apologistas del capitalismo siguen residiendo en el País de las Maravillas, porque sólo en el País de las Maravillas los problemas ambientales no existen realmente o pueden ser solucionados por el capitalismo que, también, puede mejorar la calidad de vida de las masas.  (...)
 

Economistas vs. Científicos Naturales.
No hace falta decir que los economistas del establishment, casi por definición, tienden a ser ambientalistas escépticos. Pero tienen una gran influencia en la política climática como representantes del fin dominante de la sociedad capitalista, frente al cual los otros fines están subordinados. Otros científicos sociales coinciden con los economistas en aceptar la acumulación como el correcto objetivo de la sociedad o bien son en su gran mayoría excluidos del debate. En marcado contraste, los científicos naturales y físicos están cada vez más interesados en la degradación del medioambiente del planeta, pero tienen menos influencia directa en las respuestas de la política social.

Los economistas de la corriente dominante están entrenados para la promoción de las ganancias privadas como la gran “causa principal” de la sociedad, incluso a expensas de asuntos más importantes como el bienestar humano y el medioambiente. El mercado controla todo, incluso la naturaleza. Para Milton Friedman el medioambiente no era un problema dado que tenía una respuesta simple y clara. En sus palabras: “los valores ecológicos pueden encontrar su espacio natural en el mercado, como cualquier otra demanda de consumo”.

Quienes se dedican a las ciencias naturales, a diferencia de los economistas, generalmente enraízan sus investigaciones en una concepción materialista de la naturaleza y están comprometidos con el estudio de algún determinado nivel del mundo natural, cuyas condiciones están mucho más dispuestos a tomar seriamente. Están, por ello mucho menos inclinados a subestimar los problemas ambientales.

El conflicto entre economistas y científicos naturales sobre calentamiento global surge como resultado de un artículo de Nordhaus que apareció en la revista Science, en 1993. Nordhaus estimó que la pérdida del producto bruto mundial en 2100 a causa de la continuidad del calentamiento global tendería a ser insignificante (alrededor del 1% del PBM en 2100). Su conclusión claramente chocaba con los resultados de las ciencias naturales ya que de mantenerse la tendencia, de acuerdo con los escenarios de la UN Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) podría llevar a un incremento de hasta el 5,8°C (10,4°F) en la temperatura global promedio, lo que para los científicos era nada menos que catastrófico para la civilización y la vida misma. Nordhaus concluía su artículo sosteniendo que intentar estabilizar las emisiones podría ser mas dañino que no hacer nada. Esto provocó muchas y duras respuestas de destacados científicos naturales (en cartas a Science), considerando que el análisis de Nordhaus era evidentemente absurdo.

Nordhaus luego defendió sus puntos de vista entrevistando a algunos economistas y científicos influyentes, preguntándoles sobre sus mejores cálculos aproximativos y publicando los resultados en American Scientist en 1994. Los economistas que eligió consultar coincidían con él en que el cambio climático tendría un efecto pequeño en la economía. Sin embargo, los científicos naturales consideraron que las consecuencias eran potencialmente catastróficas. Un físico respondió afirmando que, de mantenerse las tendencias presentes había un 10 % de probabilidades de destrucción total de la civilización –y visiones semejantes serían más comunes hoy. Nordhaus señaló que los que más sabían de economía eran optimistas. Stephen Schneider, un biólogo y científico climático de Stanford (y crítico de Lomborg y Nordhaus) le contestó que quienes más conocían sobre el medioambiente estaban preocupados. Como Schneider resumió el debate en 1997 en su Laboratory Earth:

Thomas Schelling, que recibiera el Nobel Memorial Prize in Economic Sciences del Banco de Suecia y fue uno de los ocho expertos de Lomborg en el Consenso de Copenhague, es conocido por argumentar que, como los efectos del cambio climático van a recaer desproporcionadamente en las naciones más pobres del Sur, es discutible cuántos recursos deben asignar las naciones ricas del Norte a la mitigación de la tendencia climática. Schelling, en su evaluación en el Consenso de Copenhague, ubicó al cambio climático bien al final del ranking mundial de prioridades.  Aquí uno no puede dejar de recordar a los planificadores del Hudson Institute que cuando proponían la construcción de una inmensa represa en el Amazonas a comienzos de 1970 respondieron que en efecto “si la inundación ahoga [como un critico dijo en ese momento] algunas tribus que no fueron evacuadas porque se suponía que debían estar en un terreno mas alto, o se exterminan algunas especies de la selva, ¿a quién le importa?”. De igual modo, el entonces Jefe de economistas del Banco Mundial, Lawrence Summers, y ahora el más importante consejero económico de Obama, escribió un memo interno del Banco Mundial en el cual declara: “la lógica económica que está por detrás del verter una carga de desecho tóxico en el país con salarios mas bajos es impecable y es algo que debemos enfrentar”. Y lo justificó argumentando:

La medida de los costos de la contaminación que daña la salud depende de la pérdida de los ingresos ocasionados por el incremento de la morbilidad y mortalidad. Desde este punto de vista, una determinada cantidad de contaminación que afecta la salud debe hacerse en el país con los costos más bajos, que será el país con los menores salarios.

Descontando el Futuro

Nordhaus —hoy clasificado como uno de los más influyentes economistas de la corriente principal de calentamiento global, superando a figuras como Simon y Lomborg— ha propuesto, en su libro de 2008 A Question of Balance: Weighing the Options on Global Warming Policies, una estrategia de avance lento para combatir las emisiones de gas invernadero. Nordhaus evidenció aquí que, a pesar de sus impresionantes títulos, cojea por la misma ideología que ha paralizado otros economistas de la corriente dominante. En esencia esto se deriva de la creencia en que el capitalismo ofrece la respuesta más eficiente a las cuestiones referidas al uso de recursos y, de hecho, una respuesta suficiente a los problemas del mundo.

A Question of Balance presenta un argumento económico bastante estándar sobre cómo enfrentarse al cambio climático global, aunque sea apoyado por el característico análisis de Nordhaus empleando sofisticadas técnicas de modelización. Reconoce que el cambio climático global es un problema real, y es generado por el hombre, y argumenta que es necesario alejarse lentamente de las fuentes de energía que emiten carbón. No obstante,
las fallas centrales de su enfoque residen en que asigna valor al ambiente natural y al bienestar humano utilizando medidas económicas estándar que son fundamentalmente inadecuadas para semejante propósito, y no logra incorporar debidamente la posibilidad de que un colapso ecológico puede socavar completamente la economía y de hecho el mundo tal como lo conocemos. Estos fracasos, que son los de la corriente dominante de la economía, son muy evidentes en su enfoque del descuento para estimar cuánto esfuerzo debe dedicarse a reducir las emisiones de carbón. En líneas generales, Nordhaus propone que debemos invertir sólo una modesta cantidad de esfuerzo en reducir las emisiones de carbón en el corto plazo e incrementarlo lentamente en el tiempo, porque acuerda con una alta tasa de descuento. (...)

Nordhaus, como la mayoría de los economistas de la corriente dominante, con el apoyo a una alta tasa de descuento, otorga un valor bajo al bienestar de las futuras generaciones en relación a las presentes, y asume, a pesar de una considerable incertidumbre en este sentido, que las generaciones futuras van a ser mucho más ricas que las presentes. Esto lo lleva a argumentar en contra de las grandes inversiones inmediatas para reducir el cambio climático. Es partidario de poner un impuesto al carbón de $30 a $50 por tonelada y aumentarlo a aproximadamente a $85 dentro de medio siglo. Poner un impuesto al carbón a $30 la tonelada incrementaría el precio de la gasolina a sólo 7 centavos el galón, lo cual dará un sentido al bajo nivel de importancia que Nordhaus otorga a reducir el cambio climático así como también al futuro de la humanidad y el medioambiente. Nordhaus ha triplicado su estimación de la perdida económica de producción global debido al cambio climático en 2100, modificando la estimación previa del 1 % al 3 % en su último estudio. Aún así, dichas pérdidas son consideradas insignificantes dada una alta tasa de descuento, en comparación a los costos que hubiera ocasionado cualquier intento de reducir drásticamente el cambio climático hoy, lo que lleva a que Nordhaus defienda una respuesta débil. (...)


El economista ingenuo
Es importante advertir que la diferencia expuesta aquí entre Nordhaus y Stern es fundamentalmente moral, no técnica. Donde primordialmente difieren no es en las concepciones científicas sobre el cambio climático, sino en las valoraciones que asumen sobre lo correcto de transferir las cargas a generaciones futuras. Esto desnuda la ideología embebida en la economía neoclásica ortodoxa, un campo que regularmente se presenta a si mismo como usando métodos objetivos, hasta incluso naturalistas, para la modelización de la economía. Sin embargo, más allá de todas las ecuaciones y la jerga tecnológica,
el paradigma económico dominante se construye sobre un sistema de valores que premia la acumulación del capital en el corto plazo, en tanto subvalúa todo lo demás en el presente y absolutamente a todo en el futuro.

Algunas anteojeras son comunes en distinto grado en Nordhaus y Stern. Nordhaus propone lo que llama un “sendero óptimo” en términos económicos, dirigido a desacelerar el crecimiento de emisiones de carbón. In su “climate policy ramp” la reducción de emisiones comenzaría lentamente al principio para acelerarse después, pero sin embargo, eventualmente llevaría (en el próximo siglo) a una concentración atmosférica de carbón cercana a 700 ppm. Esto implica la posibilidad de que la temperatura global promedio se incremente hasta 6ºC (10,8ºF) por encima de los niveles preindustriales — un nivel que Mark Lynas en su Six Degrees compara con el sexto circulo en el Infierno de Dante.

De hecho, con un nivel de concentración de carbón mucho menor que este, 500 ppm (asociado con un calentamiento global del orden de 3,5ºC o 6,3ºF), los efectos sobre la diversidad biológica mundial y sobre los seres humanos sería desastrosa. “Una estimación conservadora del número de especies que serían exterminadas (o condenadas a la extinción)” con este nivel, de acuerdo a James Hansen, director de Goddard Institute for Space Studies de la NASA, “es un millón.” Además, el crecimiento del nivel del mar, el derretimiento de los glaciares y otros efectos podrían afectar drásticamente cientos de millones, probablemente billones, de personas. Hansen, el climatólogo mas famoso del mundo, sostiene que para evitar un cambio catastrófico, es necesario reducir el carbón de la atmósfera a un nivel del 350 ppm.[23]

Pero el Stern Review, a pesar de ser señalado como un informe “radical” y “atemorizante” por Lomborg, fija como objetivo un nivel de concentración de carbón atmosférico estabilizado en 480 ppm (550 ppm en equivalente de carbón), el cual —aunque no alcanza el pico de Nordhaus de 700 ppm (mas de 900 ppm equivalentes de carbón) — seguramente será desastroso, si se aceptan el análisis de Hansen y la mayoría de los principales climatólogos. ¿Por qué un objetivo tan alto de carbón atmosférico? La respuesta esta dada explícitamente por Stern Review, argumentando que la experiencia pasada muestra que una reducción de apenas el 1 % anual de las emisiones de carbón en países industriales tendría un significativo efecto negativo en el crecimiento económico. O como el Stern Review dice, “es difícil asegurar la reducción de emisiones mas rápido que al 1% anual excepto en momentos de recesión”. Es decir que el umbral de carbón atmosférico está determinado no de acuerdo a lo que es necesario para la sustentabilidad del medioambiente global, proteger las especies, y asegurar la civilización humana, sino por lo requerido para mantener la vitalidad de la economía capitalista.

El punto de partida que llevó a la conclusión de Summers en el memo del Banco Mundial de 1992 es de hecho el mismo que orienta los análisis tanto de Nordhaus como de Stern. Esto es, la vida humana en efecto vale solo la contribución de cada persona a la economía medida en términos monetarios. Entonces, si el calentamiento global aumenta la mortalidad en Bangladesh, lo que probablemente ocurra, esto solamente será reflejado en los modelos económicos en la medida en que las muertes de los bengalíes dañe la economía. Dado que Bangladesh es muy pobre, los modelos económicos del tipo de Nordhaus y Stern no estimarían que valga la pena prevenir muertes allí, dado que tales pérdidas aparecerían minúsculas en las mediciones. Nordhaus, de acuerdo con su análisis, iría un paso más allá que Stern y atribuiría un valor aun menor a la vida de las personas si se pierde dentro de varias décadas. Esta ideología económica, por supuesto, se extiende mas allá de la vida humana, porque todos las millones de especies en la tierra están valuadas solo si contribuyen al PBM. Así, las cuestiones éticas relacionadas con el valor intrínseco de la vida humana y de la vida de otras criaturas son completamente invisibles en los modelos económicos estándar. La creciente mortalidad humana y la aceleración de la tasa de extinciones, para la mayoría de los economistas solo son un problema si amenazan la “cuestión decisiva”. Fuera de esto son invisibles: como lo es el mundo natural como un todo.

Desde cualquier perspectiva racional, es decir, que no sea dominada exclusivamente por el objetivo económico de la acumulación de capital, estas visiones parecerían ser enteramente irracionales, si no patológicas. (...)


Una sociedad que valora por sobre todo la adquisición de valores agregados abstractos, y con esa perspectiva derrama desperdicios a la naturaleza, en una búsqueda sinfín de mayor acumulación, es en definitiva una sociedad irracional. ¿Qué hace que deje desperdicios a sus pies y gire en cualquier dirección en una búsqueda sin fín por mas? La economía de la corriente dominante, irónicamente, nunca ha sido una ciencia materialista. No hay una concepción materialista de la naturaleza en lo que Joseph Schumpeter llamó su “visión preanalítica”. Existe una ignorancia casi completa de la física (constantemente contradice la segunda ley de la termodinámica) y de la degradación de la biosfera. Ve al mundo simplemente en términos de relaciones económicas en un “flujo circular” ampliado y sinfín.

La ceguera ecológica de la economía neoclásica, que excluye al planeta mismo de su visión, está bien ilustradas por un debate que se llevó a cabo en el seno del Banco Mundial, relatado por el economista ecológico Herman Daly. Según lo cuenta Daly, en 1992 (cuando Summers era el jefe de economistas del Banco Mundial y Daly trabajaba para el banco) el World Development Report anual estaba centrado en el tema Desarrollo y el Medioambiente.

Un borrador inicial contiene un diagrama titulado “La Relación entre la Economía y el Medioambiente.” Consiste de un cuadro llamado “economía,” con una flecha hacia adentro etiquetada como inputs y otra que flecha hacia fuera llamada outputs — nada más. Sugerí que la figura fallaba en mostrar el ambiente, y que hubiera estado bien incluir una caja más grande que contenga la descripta, para representar el medioambiente. De ese modo, la relación entre el medioambiente y la economía estaría más clara — específicamente, la economía es un subsistema del medioambiente, tanto como fuente de materias primas (inputs) y como “pileta” de residuos (outputs).

El siguiente borrador incluía el mismo diagrama y texto, pero con una caja sin etiqueta dibujada alrededor de la economía, como un portarretrato. Comenté que la caja más grande debía ser llamada “medioambiente” o sino era meramente decorativa, y que el texto debía explicar que la economía esta relacionada como un subsistema dentro de un ecosistema mayor y es dependiente tal como antes se dijo. El siguiente borrador omitía completamente el diagrama.

Por supuesto, no toda la economía es tan decididamente de otro mundo como la que acabamos de considerar. Nicholas Georgescu-Roegen, un economista crítico de la orientación anti-ecológica de la economía -y el fundador de la tradición heterodoxa conocida como economía ecológica, que construye dentro de su visión pre-analítica la noción de que la economía es de hecho materialmente limitada por la física y la ecología- explicó que el empuje continuo hacia el bienestar social y las ganancias económicas aumentaron las demandas ecológicas dirigidas a la naturaleza, expandiendo la escala de degradación ecológica. El destacó lo erróneo de la pretención de que la economía estuviese separada de la ecología. Otros, como Herman Daly y Paul Burkett en la tradición marxista, impulsaron esta noción de economía ecologista.Sin embargo, estos economistas ecológicos fueron marginados, excluidos de las grandes decisiones políticas y de la influencia académica.

El monstruo del capital
Los economistas de la corriente dominante consideran que ellos son los que se ocupan de la ciencia del crecimiento económico. Sin embargo,
el supuesto del crecimiento económico infinito, como si ese fuera el propósito de la sociedad y la via para satisfacer las necesidades humanas, resulta ser completamente naif. Como dice Daly, “una economía siempre en crecimiento es biofísicamente imposible.” Que dicho supuesto es propio del País de las Maravillas resulta particularmente obvia desde que se comprende que, en el basamento de la economía, el medioambiente natural mismo está comprometido.

Marx no le quitó importancia a esta relación socio-económica. Puntualizó que
los humanos son dependientes de la naturaleza, dado que ésta provee la energía y materiales que hacen la vida posible. En tanto el centro de los capitalistas está en el intercambio de valores y las ganancias de corto plazo, Marx explicó que la tierra es en definitiva la fuente de todas las riquezas materiales, y que necesitaba ser sostenida para “generaciones venideras”.

La “conquista de la naturaleza” a través de la infinita carrera del capital que requiere la constante explotación de la naturaleza, alteró los ciclos y procesos naturales, socavando ecosistemas y causando grietas metabólicas. Engels advirtió que dichas acciones humanas dejaron una particular “estampa… sobre la tierra” y podían causar cambios imprevistos en las condiciones naturales que exigen la “venganza” de la naturaleza. Hoy en día el dióxido de carbono está siendo añadido a la atmósfera a una velocidad acelerada, mucho más rápidamente de lo que los sistemas naturales pueden absorber. Entre el 2000 y 2006, de acuerdo con Josep G. Canadell y sus colegas en los artículos del Proceedings of the National Academy of Sciences, la tasa de crecimiento de las emisiones aumentaba mientras la economía global crecía y se volvía más intensiva en carbón, esto significa que las sociedades emitieron más carbón por unidad de actividad económica al principio del nuevo milenio de lo que lo hicieron en el pasado. Al mismo tiempo, la capacidad de los receptores naturales para absorber el dióxido de carbono ha decaído, dada la degradación ambiental como la deforestación. Esto contribuyó a una más dramática alza en la acumulación de carbón en la atmósfera de lo que fue anticipado. El monstruo del capital sobreexplota tanto los recursos clave como los resumideros del medioambiente, socavando su capacidad para operar y proveer servicios naturales que mejoren la vida humana.

Hay muchas razones valederas para pensar que los patrones y procesos sostenidos durante el siglo pasado -por ejemplo, el crecimiento económico- no podría sostenerse durante la próxima centuria, un punto hacia el cual la actual crisis económica debería tal vez enfocar nuestra atención. La justificación del traslado de costos del presente al futuro, en base al supuesto de que las generaciones futuras serán más ricas que las presentes, es altamente dudosa. En lo referente a la economía tanto como a la ecología el futuro es altamente incierto, y las tendencias actuales claramente apuntan al desastre. Si el clima global cambia, para no mencionar otros muchos problemas ambientales interconectados que enfrentamos, planteando algunos de los efectos más catastróficos que los científicos predijeron, no sólo puede resultar obstaculizado el crecimiento, sino que la economía entera puede ser socavada, sin mencionar las condiciones de la naturaleza de las que dependemos. Por lo tanto, las generaciones futuras podrían ser mucho más pobres que las presentes y aún menos capaces de solucionar los problemas que estamos actualmente creando.

Además, la creciente manía por el crecimiento de los economistas neoclásicos se centra en un tipo de cosas, principalmente bienes privados que reflejan intereses individuales, incluyendo el PBI, mientras que los bienes colectivos y los recursos comunes globales están comparativamente devaluados. Así alienta un enfoque de burbuja económica para los recursos del mundo que desde una perspectiva más profunda y duradera es insostenible.

Por todas estas razones, el actual orden económico tiende a medir mal el bienestar humano y de la tierra. En muchos aspectos,
el capitalismo ha devenido un sistema fracasado en términos de ecología, economía y estabilidad mundial. Difícilmente es capaz de sumunistrar los bienes esenciales, y en su proceso de desenfrenada adquisicion socaba las perspectivas a largo plazo de la humanidad y la tierra.[33]

Si no podemos confiar en los economistas ortodoxos para prevenir las crisis en los mercados financieros, un área que está supuestamente en el centro de sus conocimientos, ¿por qué debemos confiar en ellas para prevenir crisis ecológicas, cuyo comprensión requiere de un conocimiento del medioambiente natural normalmente que no está incluido en su formación? Y que tampoco es compatible con la visión capitalista que impregna la economía establecida. Ehrlich señaló que, “la mayoría de los economistas son totalmente ignorantes de las constricciones que actuan sobre el sistema económico debido a factores físicos y biológicos” y son incapaces de “reconocer que el sistema económico está completa e irreparablemente incorporado al medioambiente” y no a la inversa. Debido a estos problemas, expresó directamente que “parece justo decir que la mayoría de los ecologistas ven, al sistema económico orientado al crecimiento y a los economistas que promocionan dicho sistema, como la más grave amenaza enfrentada por la humanidad hoy.” Más aún, “la disociación de lo económico con las realidades medioambientales puede verse en la noción de que el mecanismo del mercado elimina completamente la necesidad de preocuparse por los recursos decrecientes a largo plazo.”

Plan B: El País de las Maravillas Tecnológico
El evidente fracaso de la economía establecida en ofrecer una solución al problema ambiental compatible con la economía capitalista ha resultado recientemente en un Plan B para salvar el sistema con la proliferación de balas de plata tecnológicas que llevarían a cabo una “revolución verde” sin alterar las relaciones sociales y económicas del sistema. Esto suele ser presentado en términos de una “estrategia de inversión” eslabonada con innovaciones neo-schumpeterianas de naturaleza medio-ambiental que salvarían de algún modo la situación, tanto para la economía como para la ecología, mientras se reestablece el imperio U.S. Los economistas ortodoxos asumen que el problema de los recursos de hoy va a forzar altos precios mañana y que estos precios altos van a forzar la creación de una nueva tecnología. La nueva arma propuesta por los tecnócratas ambientales es que las nuevas innovaciones que solucionarán todos los problemas están simplemente allí esperando ser desarrolladas —a condición de que se cree un mercado, usualmente con la ayuda del estado. Dichas visiones han sido promovidas en los últimos años por figuras como Thomas Friedman, Newt Gingrich, Fred Krupp de la Environmental Defense Fund, y Ted Nordhaus y Michael Shellenberger del Breakthrough Institute. Krupp y Miriam Horn presentan esto como una cuestión de carrera competitiva entre naciones para ser los primeros en las tecnologías verdes y mercados que salvarán al mundo. “La cuestión” escriben “ya no es únicamente prevenir los impactos catastróficos del cambio climático, sino como estas naciones pueden producir, y exportar, las tecnologías verdes del siglo XXI.” Estos análisis tienden a basarse en las maravillas de la tecnología y el mercado, dejando de lado las cuestiones de la física, la ecología, las contradicciones de la acumulación y las relaciones sociales. Ellos asumen que la cuestión reside en terminar con la caída de eficiencia energética, sin entender que en un sistema capitalista el crecimiento de la eficiencia normalmente lleva a un incremento de escala en la economía (y a más grietas en los sistemas ecológicos) que niega cualquier beneficio ecológico logrado (problema conocido como la paradoja de Jevons).[36]

Al igual que el establishment de economistas, con los que se aliaron, los tecnócratas prometen solucionar todos los problemas manteniendo las relaciones sociales intactas. Los esquemas más ambiciosos incluyen propuestas de geoingeniería masiva para combatir el cambio climático, generalmente apuntados a mejorar la reflectividad de la tierra. Estos proyectos suponen usar aviones de alto vuelo, armas navales, o gigantescos globos para lanzar materiales reflexivos (aerosoles de sulfato o polvo de oxido de aluminio) en la estratosfera para refractar los rayos del sol. Hay hasta propuestas de crear “particulas diseñadas” que van a ser “auto-levitantes” y “auto-orientadas” que se desplazarán por la atmósfera sobre los polos para proveer “sombrillas” a la región polar. Estos tecnócratas viven en un País de las Maravillas donde la tecnología soluciona todos los problemas, y donde nunca escucharon nada sobre el Aprendiz de Hechicero. Todo esto está diseñado para extender la conquista de la tierra más que para hacer las paces con el planeta.

Revolución ecológica

Si es que existe un comienzo nítido para la revolución ecológica moderna, éste puede ser rastreado en el Silent Spring de Rachel Carson. Intentando contar lo que ella llama “estéril preocupación con cosas que son artificiales, la alienación de las fuentes de nuestra fuerza” que ha llegado a caracterizar el capitalismo del País de las Maravillas, Carson insistía que era necesario cultivar un renovado capacidad de maravillarse ante el mundo y los seres vivos. Pero, como ella lo demostró a través de sus acciones, no basta con meramente contemplar la vida. Es necesario también sostenerla, lo que significa oponerse activamente a los “dioses de la ganancia y la producción” -y sus fieles mensajeros, los economistas dominantes de nuestro tiempo.

Bellamy Foster, John. Es un editor del Monthly Review. Es autor de Marx's Ecology: Materialism and Nature y The Vulnerable Planet, y co-editor de Hungry for Profït: The Agribusiness Threat to Farmers, Food and the Environment, todos publicados por Monthly Review Press.

Clark, Brett. Es profesor asistente de sociología en la Universidad Estatal de Carolina del Norte. York, Richard. Es profesor asociado de sociología en la Universidad de Oregon. Es coeditor de la revista Organization & Environment .  Fuente original: www.herramienta.com.ar

Fuente: www.rebelion.org /Economía  /30-11-09

 

En consecuencia, el capitalismo se apropia del planeta y la humanidad para la acumulación (de riquezas y poder) de oligopolios que destruye a ambos. Implica que ha hecho virar al trabajo desde su carácter de transformador tanto de la naturaleza como de la sociedad y las personas en acuerdo con el bienestar social, hasta sus funciones actuales en la devastación de los territorios, la violencia contra sectores cada vez más de las poblaciones y la esclavización de no sólo la clase trabajadora sino, también, de los otros componentes populares.

 

Por ello, es crucial que universitarios (estudiantes y graduados) cambien radicalmente su posicionamiento de especialistas y de autosuficientes. Lo pueden hacer si dejan de focalizarse en objetivos sin prevenir articulación de los mismos con el funcionamiento socioecológico ni con su humanidad y de rechazar el diálogo o construcción conjunta que acerca a la totalidad multifacética e interrelacionada en sistemas más extensivos y comprensivos. Sobre todo, es fundamental que entablen vínculos de incesante aprendizaje mutuo pues el protagonismo popular en la deliberación y la toma decisiones sobre el proyecto de país-mundo es la clave para alcanzar el buen vivir y las soberanías alimentaria, energética e hídrica.

 

Por ese rumbo hacia el buen vivir y las soberanías alimentaria, energética e hídrica, «la reforma agraria integral» se convierte en imprescindible para otro trabajo y otra sociedad. Porque es recuperar el trabajo como expresión de culturas comunitarias e interrelacionadas que transformen territorios en acuerdo con sus necesidades de vida y en adaptación a la naturaleza. Es, también, reconquistar relaciones entre los de abajo del país, el continente y el mundo que sean en beneficio mutuo.

 

«La reforma agraria integral» atiende, al mismo tiempo, otros atributos esenciales al desarrollo tanto del trabajo como de la sociedad. Son:

  • la autorrealización de las personas en su ocupación laboral por participar en qué y cómo hacer, además de poder constatar que reditúa en mejoramiento del presente-futuro de todos los de abajo;
     

  • la optimización de la convivencia entre la diversidad de identidades por construcción conjunta, e igualitaria en oportunidades de decidir, de las condiciones de vida y trabajo que las hace felices y hermanadas.

Pero, para esos cambios radicales, cabe erradicar la monopolización tanto de la economía como del territorio que caracteriza al capitalismo y a sus Estados locales e imperialistas.

 

Tengamos en cuenta que:  "en Colombia el problema del desplazamiento forzado trascenderá la existencia de las guerrillas -en caso que se dé un proceso de paz verdadero-, porque los sectores narco-para-oligárquicos utilizan la violencia como forma de adueñarse de tierras ajenas. La lucha por la tierra es una constante en América latina y sólo una profunda reforma agraria, con apoyo real de todos los sectores sociales, nos permitirá superar las arraigadas costumbres de la narco-para-oligarquía",(http://www.prensaindigena.org.mx/nuevositio/2009/05/04/colombia-plan-colombia-y-desplazamiento-forzoso).

 

 


 

 III.

 

PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS

 

Planteo

El capitalismo hizo al «progreso de la humanidad» en forma de enorme potencial de la comunicación social e información. Pero hoy el progresismo y las izquierdas hablan de la dictadura y el terrorismo mediáticos. ¿Tal satanización acierta con la clave del cambio cultural y político a realizar por los de abajo? Para buscar respuestas, veamos problemas que son fundamentales en encaminar el apartheid y el exterminio de quienes 'sobran'`para el capitalismo y que, a la vez, es una gigantesca hipoteca del futuro en común. Consisten en que los poderes establecidos privilegian a su alta rentabilidad mediante negocios causantes de infiernos populares y que los viabilizan mediante:

 

1. El ocultamiento de que ellos crean la inseguridad popular, gracias a asociarla con  los jóvenes pobres y  criminalizarlos

 

Fernando Pino Solanas - Alcira Argumedo (COPENOA) expresan su idea fuerza:  "Se demoniza a los jóvenes pobres, que son el último eslabón de la cadena del crimen organizado, y se elude la decisiva complicidad de políticos, policías y funcionarios judiciales. La causa última son más de tres décadas de catástrofe económica y social. Sólo una fuerte voluntad política puede revertir esta situación".

Advierten que "el grave problema de la inseguridad tiende a ser abordado con una extrema simplificación por políticos y analistas: demonizan a los jóvenes pobres que son el último eslabón de la cadena del crimen organizado y eluden la decisiva complicidad de políticos, sectores de la policía y del Poder Judicial. El asesinato cometido en Valentín Alsina por un joven de 14 años para robar un auto es paradigmático: nadie puede creer que lo ha hecho para ir a pasear a Pinamar con su novia. Es por demás evidente que debe entregarlo a los que comercian autos robados o a los desarmaderos. En el caso bonaerense, los grandes desarmaderos fueron desmantelados en 2002 y 2003; pero ahora funcionan en escalas menores bajo techo: aun así no pueden ser desconocidos por los responsables de combatir el delito.

Un alto porcentaje de los hechos delictivos se cometen bajo el efecto de drogas como el paco, pero si bien en las villas y barrios carenciados muchos saben quiénes son los traficantes, denunciarlos a la policía significa una condena a muerte. Ese joven de 14 años vive en la Villa 21, donde el sacerdote Pepe ha sido amenazado por combatir el consumo del paco, pero no ha logrado concitar un interés efectivo por parte de las autoridades competentes para erradicarlo. En esa misma villa, se muestra la falacia que culpa a las familias, cuya desintegración redundaría en la decisión de no enviar a los hijos a la escuela: más de cien madres que habitan allí denunciaron no haber encontrado cupos en escuelas a 40 cuadras a la redonda, sea por desidia gubernamental o por discriminación de los chicos.

No es un dato menor del problema de la violencia, la humillación y la agresión a su dignidad y autoestima que sufren estos chicos, sea por el color de la piel o por la cultura neoliberal aún presente, que reivindica el consumismo y el lucro, valorando a las personas por lo que tienen y no por lo que son. El mensaje implícito o explícito es que al no tener nada no son nada, no tienen futuro y su vida carece de valor: pero si su vida no vale nada, tampoco la de otros. Pocos analistas relacionan la delincuencia de estos jóvenes con la impunidad delictiva de funcionarios, empresarios, políticos y dirigentes sindicales, que exhiben obscenamente el fruto de sus acciones sin recibir ningún castigo, confirmando la frase discepoleana “el que no afana es un gil”.

La demonización predominante pretende velar que de los 6 millones de niños y jóvenes menores de 20 años en condiciones de pobreza, poco menos del 2% se vuelca al delito. Si bien esa proporción implica más de 100 mil protagonistas de la delincuencia actual en esas edades, la lectura de las mismas estadísticas en otro sentido indica que el 98% de ellos son muy valiosos: a pesar de las carencias y dificultades para alimentarse, estudiar, trabajar, adquirir medicamentos, comprar ropa, salir con sus novias/os o tener una casa, buscan otros caminos como respuesta ante condiciones críticas".

Aclaran: "La catástrofe económica y social que vivimos desde hace más de tres décadas es la causa última de la inseguridad. Continuamos presenciando el despojo de los recursos públicos en favor de grupos económico-financieros locales y externos. En estas décadas, la pobreza creció desde el 7% histórico hasta el actual 35%; a ello se suman el aumento del desempleo y el subempleo, mientras la mitad de los ocupados son empleados de modo precario o trabajan en negro. Estas duras condiciones sociales podrían haberse superado con el alto crecimiento económico de los últimos años, si los gobiernos kirchneristas no hubieran priorizado a las corporaciones amigas y los negocios privados con recursos públicos. Para afrontar seriamente el problema de la inseguridad es necesaria una voluntad política dispuesta a revertir el sufrimiento de una proporción demasiado alta de nuestros compatriotas y acabar con la corrupción política y el crimen organizado; la solución no es bajar edades de imputabilidad".
Fuente: http://www.argenpress.info / 2-12- 09

 

2. El desconocimiento e indiferencia ante la responsabilidad de  universidad públicas socias de megamineras y manejadas por camarillas

 

Esteban Stanich (PRIMERA FUENTE), en "Argentina, Tucumán: Bajaron desde los Valles para relatar cómo Minera Alumbrera afecta la supervivencia de sus comunidades", relata: "Organizaciones sociales de toda la región fundamentaron ante los consejeros superiores por qué la UNT es socia de una empresa cuya explotación minera afecta la supervivencia de las comunidades ligadas a su proceso productivo. Desde la proliferación de enfermedades hasta las denuncias por contrabando. Frente a las graves acusaciones vertidas en los testimonios, el Consejo Superior evidenció la ignorancia de sus propias potestades para intervenir en la problemática. Una comisión interdisciplinaria analizará las denuncias efectuadas contra la minera.

Algunos no salían de su asombro. Otros, incómodos, intentaban aparentar sorpresa. Algunos, desde su cómplice ignorancia, evidenciaron gestos de emoción por la sucesión de testimonios vomitados en esa sala. Otros, más adentrados en la realidad, reinventaban para sí pretextos con los cuales poder evadir alguna sensación de responsabilidad. En una sesión considerada por ambas partes como histórica, los consejeros superiores universitarios se dieron ayer de bruces con una problemática que, hasta ahora, muchos de ellos la percibían más ligada al reclamo paranoico y politizado de un grupo de fundamentalistas verdes que a la supervivencia de comunidades enteras.

Tras finalizar la extensa sesión extraordinaria –se acercó a las cinco horas de duración- la primera sensación esbozada por las organizaciones sociales tuvo sabor a desahogo y expectativa. Desahogo, porque se trató de una oportunidad que se les negó por años hasta que pudieron fundamentar su rechazo a la socia minera de la UNT. Expectativa, porque, como uno de los referentes sostuvo al finalizar el encuentro, “ahora ya están enterados de lo que realmente pasa y no tienen excusas para no hacer nada”.

 

Desde Concepción, Belén, San María, Termas de Río Hondo, Tafí del Valle, Andalgalá, Cafayate, San Fernando del Valle de Catamarca, referentes regionales:

En la sesión de ayer, desde los testimonios de los oradores, elegidos por la Asamblea Socioambiental, se dejó en claro por qué una serie de análisis efectuados al concentrado derramado en sucesivas roturas del mineraloducto, fundamenta las denuncias de: cuencas hídricas contaminadas, proliferación de enfermedades de todo tipo y hasta acusaciones de contrabando.

 

Sin embargo, la atmósfera de conmoción que se adueñó por momentos de la sala de sesiones, pareció disiparse en forma precipitada cuando, tras los relatos, todo quedó en manos de los consejeros. Ya enterados de una problemática que no supieron ver –o no quisieron-, decidieron justificar la ignorancia de sus competencias. Con un show de penas de ocasión oportunamente disipado, optaron por esperar a enterarse, tras más de un año y medio en el cargo, cuáles son las potestades que, como cuerpo, ostentan para poder intervenir en la relación societaria entre la minera y la institución educativa que representan.

 

En rigor, se aprobó acudir a la Dirección de Asuntos Jurídicos para que se los ponga al tanto sobre las atribuciones que ellos –los consejeros- tienen a la hora de intervenir sobre YMAD. También, por moción del consejero Raúl Torres Zuccardi, se acordó que, una vez definidas las potestades del cuerpo, se conformará una comisión entre representantes de diversas facultades que estudiarán el impacto ambiental de Minera Alumbrera con el aporte de documentación de las organizaciones sociales".
Fuente:
http://www.argenpress.info / 2-12- 09

 

En consecuencia, ¿en qué consiste progresar o superar la cultura discriminatoria y cómo la diversidad popular puede encaminar esta verdadera comunicación social hacia la optimización de la convivencia humana y de los intercambios entre sus distintas culturas e identidades?

 

Ideología

La crisis socioeconómica y ecológica desafía a los de abajo a:

 

1. Cambiar de raíz la lógica capitalista por la ecológica y la humanista 

Joel Sangronis Padrón,en "Ecología y Posmodernidad", indica que en la Modernidad: "La razón instrumental y la ciencia positiva, experimental y reduccionista van a convertirse en los ejes del pensamiento europeo-occidental y van a producir fenómenos socio-históricos como el capitalismo, el antropocentrismo y la revolución industrial que influirán, en los siguientes siglos, de manera poderosa en el resto de la humanidad.

El hombre europeo va a ser empujado por este modelo cultural a conocer, conquistar y someter a su dominio y control al resto del mundo. El espíritu capitalista de maximizar las ganancias aunado a la tesis del progreso infinito van a servir de combustible a la expansión del mundo occidental en los siguientes 500 años.

También producto de este proceso conocido como La Modernidad va a ser la revolución industrial, pues este modelo histórico-cultural va a equiparar el concepto de progreso con el de avance o desarrollo tecnológico-industrial; así, se consagraron la eficacia y el rendimiento material como únicas vías para alcanzar el progreso, progreso que a su vez fue (y es) identificado con lo nuevo, lo novedoso como supremo valor.

Para la modernidad, es decir nuestra cultura, lo nuevo es sinónimo de mejor, de superior, por lo que toda novedad es siempre una superación, un avance que viene a llenar una carencia (real o inducida), o a completar un proyecto (individual o colectivo) que se traduce en el ámbito tecnológico-comercial en una perenne carrera por adquirir, por consumir siempre lo nuevo, lo novedoso, lo último del mercado, carrera que no tiene fin por cuanto jamás puede ser satisfecha.

Así, las ideas de progreso y desarrollo, entendidas como un crecimiento permanente e ilimitado, potenciadas por la ciencia y su hija la técnica, sumadas al insaciable deseo de acumulación material del capitalismo, han provocado la impresionante sujeción y dominio de la naturaleza por parte del hombre moderno, necesarias por lo demás para obtener de ella las materias primas indispensables para mantener el ritmo de producción-consumo-desecho inherente al espíritu de este modelo histórico-cultural.

Pero la actual crisis ambiental nos indica que este modelo liberal-industrial-productivista ya no puede perpetuarse sino con: más destrucción, más despilfarro, más desigualdad, más exclusión, más reparaciones de las destrucciones, más programación de los individuos, más prozac para los ruidos de esas reparaciones.

El discurso ecológico ha revelado la tremenda contradicción del mito del progreso promovido por la razón técnica e instrumental de la modernidad que prometía llevar al hombre a la conquista del futuro pero que, simultáneamente, lleva en su seno la negación y destrucción de ese futuro.

Los discursos ecológico y posmoderno cierran filas en torno a la propuesta de abandonar el pensamiento reduccionista, símbolo de la modernidad, cuestionando la lógica cosificadora y mercantilista del capitalismo.
El pensamiento ecológico, que sirve de fundamento al actual cuestionamiento de la legitimidad del mito del progreso y desarrollo perenne y lineal y por ende del modelo liberal-capitalista, se yergue en el horizonte como una de las principales armas con las que se libra la actual batalla ideológica entre la parte agonizante de la modernidad y el nuevo modelo civilizacional que ha de nacer como requisito indispensable para la supervivencia de la especie humana
”.
* Joel Sangronis Padrón,
profesor UNERMB
Fuente: www.ecoportal.net. /15-7-05

2. Pensar el ecosocialismo como afluente de la  alternativa civilizatoria radical

Michael Löwy*, en "Ecosocialismo: hacia una nueva civilización", sostiene: "Las presentes crisis económica y ecológica son parte de una coyuntura histórica más general: estamos enfrentados con una crisis del presente modelo de civilización, la civilización Occidental moderna capitalista/industrial, basada en:

La creciente amenaza de ruptura del equilibrio ecológico apunta a un escenario catastrófico –el calentamiento global– que pone en peligro la supervivencia misma de la especie humana. Enfrentamos una crisis de civilización que demanda un cambio radical.

Ecosocialismo es un intento de ofrecer una alternativa civilizatoria radical, fundada en los argumentos básicos del movimiento ecológico, y en la crítica marxista de la economía política. Opone al progreso destructivo capitalista (Marx) una política económica basada en criterios no monetarios y extraeconómicos: las necesidades sociales y el equilibrio ecológico. Esta síntesis dialéctica, intentada por un amplio espectro de autores, desde James O’Connor a Joel Kovel y John Bellamy Foster, y desde André Gorz (en sus escritos juveniles) a Elmar Altvater, es al mismo tiempo una crítica de la “ecología de mercado”, que no desafía el sistema capitalista, y del “socialismo productivista”, que ignora la cuestión de los limites naturales.

 

Según James O’Connor, el objetivo del socialismo ecológico es una nueva sociedad basada en la racionalidad ecológica, en el control democrático, en la equidad social, y el predominio del valor de uso sobre el valor de cambio. Agregaría que este objetivo requiere: a) propiedad colectiva de los medios de producción –“colectiva” quiere decir propiedad pública, cooperativa o comunitaria–; b) planificación democrática que permita a la sociedad definir metas de inversión y producción; y c) una nueva estructura tecnológica de las fuerzas productivas. En otros términos: una transformación social y económica revolucionaria.

 

El problema con las tendencias dominantes de la izquierda durante el siglo XX –la socialdemocracia y el movimiento comunista de inspiración soviética– fue la aceptación del modelo de fuerzas productivas realmente existente. Mientras la primera se limita a una versión reformada –a lo sumo keynesiana– del sistema capitalista, el segundo desarrolló una forma colectivista – o capitalista de Estado– de productivismo. En ambos casos, la cuestión del medio ambiente quedó descartada, o fue marginada.

 

Los propios Marx y Engels no ignoraban las consecuencias ambientales destructivas del modo de producción capitalista: hay varios pasajes en El capital y otros escritos que muestran esta comprensión. Creían además que el objetivo del socialismo no era producir cada vez más mercancías, sino dar a los seres humanos tiempo libre para el pleno desarrollo de sus potencialidades. De modo que ellos tienen poco en común con el “productivismo”, esto es, con la idea de que la ilimitada expansión de la producción es un objetivo en sí mismo.

 

Sin embargo, hay algunos pasajes en sus escritos que parecen sugerir que el socialismo permitiría el desarrollo de las fuerzas productivas más allá de los límites impuestos a estas por el sistema capitalista. Según este enfoque, la transformación socialista sólo tendría que ver con las relaciones de producción capitalistas, convertidas en un obstáculo para el libre desarrollo de las fuerzas productivas existentes (se suele decir que las “encadena”); el socialismo significaría sobre todo la apropiación social de estas capacidades productivas, que las pondría al servicio de los trabajadores. Para citar un pasaje del Anti-Dühring, un trabajo canónico para varias generaciones de marxistas: el socialismo permitiría “que la sociedad, abiertamente y sin rodeos, tome posesión de esas fuerzas productivas que ya no admiten más dirección que la suya”.

 

La experiencia de la Unión Soviética ilustra los problemas que se derivan de una apropiación colectivista del aparato de producción capitalista: desde el comienzo, predominó la tesis de la socialización de las fuerzas de producción existentes. Es cierto que, durante los primeros años tras la Revolución de Octubre, pudo desarrollarse una corriente ecológica y algunas (limitadas) medidas proteccionistas fueron tomadas por las autoridades soviéticas. Sin embargo, con el proceso de burocratización stalinista, las tendencias productivas, en la industria y la agricultura, fueron impuestas con métodos totalitarios, en tanto los ecologistas fueron marginados o eliminados. La catástrofe de Chernobil es un ejemplo extremo de las desastrosas consecuencias que tuvo la imitación de las tecnologías productivas de Occidente. Un cambio en las formas de propiedad que no sea seguido por la gestión democrática y la reorganización del sistema productivo solo puede llevar a un final terrible.

Los marxistas pueden inspirarse en lo que destacaba Marx en relación con la Comuna de Paris: los trabajadores no pueden tomar posesión del aparato del Estado capitalista y ponerlo a funcionar a su servicio. Deben “demolerlo” y reemplazarlo por una forma de poder político radicalmente diferente, democrático y no estatal.

Lo mismo es aplicable, mutatis mutandis, al aparato productivo: por su naturaleza, su estructura, no es neutral, sino que está al servicio de la acumulación de capital y de la ilimitada expansión del mercado. Está en contradicción con las necesidades de protección del ambiente y de la salud de la población. Es preciso, por lo tanto, “revolucionarlo”, un proceso de transformación radical. Esto puede significar cancelar ciertas ramas de la producción: por ejemplo, las plantas nucleares, algunos métodos masivos/industriales de pesca (responsables por el exterminio de varias especies en los mares), la tala destructiva de selvas tropicales, etcétera (¡la lista es muy larga!). En cualquier caso, las fuerzas productivas, y no sólo las relaciones de producción, deben ser transformadas profundamente, comenzando por una revolución del sistema energético, reemplazando los actuales recursos –esencialmente fósiles– responsables de la contaminación y envenenamiento del ambiente, por otros renovables, como el agua, el viento y el sol. Por supuesto, muchos logros científicos y tecnológicos modernos son valiosos, pero el sistema de producción debe ser transformado en su conjunto, y esto sólo puede hacerse a través de métodos ecosocialistas, esto es, a través de una planificación democrática de la economía que tenga en cuenta la preservación del equilibrio ecológico.

 

El tema de la energía es decisivo para este proceso de cambio civilizatorio. Las energías fósiles (petróleo, carbón) son grandes responsables de la contaminación del planeta, como ocurre con el desastroso cambio climático; la energía nuclear es una falsa alternativa, no sólo por el peligro de nuevos Chernobils, sino también porque nadie sabe qué hacer con las miles de toneladas de desperdicio radioactivo –tóxicos durante cientos, miles y en algunos casos millones de años– y las masas gigantescas de plantas obsoletas contaminadas. La energía solar, que nunca despertó mucho interés en las sociedades capitalistas, por no ser “rentable” ni “competitiva”, se convertiría en un objeto de investigación y desarrollo intensivo, y jugaría un papel central en la construcción de un sistema de energía alternativo.

 

Sectores enteros del sistema productivo deberían ser suprimidos o reestructurados, y otros nuevos deben desarrollarse, bajo la necesaria condición de pleno empleo para toda la fuerza laboral, en iguales condiciones de trabajo y salario. Esta condición es esencial, no sólo porque es un requerimiento de la justicia social, sino para asegurar el apoyo de los trabajadores al proceso de transformación estructural de las fuerzas productivas. Proceso que es imposible sin el control público sobre los medios de producción y planificación, es decir, sin decisiones públicas sobre inversión y cambio tecnológico, que deben tomarse de los bancos y empresas capitalistas para ponerlos al servicio del bien común de la sociedad.

 

La sociedad misma, y no un pequeño grupo de propietarios oligárquicos –ni una élite de tecno-burócratas– deben poder elegir, democráticamente, qué líneas productivas han de privilegiarse, y cuántos recursos deben invertirse en educación, salud o cultura. Los precios de los propios bienes no deben quedar librados a las “leyes de oferta y demanda” sino, hasta cierto punto, determinados de acuerdo con opciones políticas y sociales, así como  con criterio ecológico, imponiendo impuestos a ciertos productos y precios subsidiados para otros. En términos ideales, a medida que avance la transición hacia el socialismo, cada vez más productos y servicios se distribuirían libres de cargo, de acuerdo con el deseo de los ciudadanos. Lejos de ser algo “despótico” en sí misma, la planificación es el ejercicio, por la sociedad toda, de sus libertades: libertad de decisión, y liberación de las alienantes y cosificadas “leyes económicas” del sistema capitalista, que determina la vida y muerte de los individuos, y los encierra en una “jaula de hierro” económica(Max Weber). La planificacióny la reducción de las horas de trabajo son los dos pasos decisivos de la humanidad hacia lo que Marx llamó “el reino de la libertad”. Un incremento significativo del tiempo libre es una condición para la participación democrática del pueblo trabajador en la discusión democrática y el manejo de la economía y la sociedad(...)".Artículo enviado por el autor, traducido del inglés por María Luján Veiga. Publicado en Herramienta.
Fuente: http://opsur.wordpress.com /2009/11/04/ecosocialismo-hacia-una-nueva-civilizacion/

 

 

3. Organizar el total sistema económico y social en coherencia con las dinámicas de la naturaleza

 

Desiderio Cansino Pozo y Alberto Garzón Espinosa, en "Economía Crítica o Crítica de la Economía", explican:"Durante las dos últimas décadas del siglo XX se ha comprobado científicamente que la actividad humana está deteriorando o provocando cambios sustanciales en el planeta. Hasta entonces existían percepciones de que la actividad productiva provocaba problemas de contaminación y explotación (en sentido destructivo de la naturaleza) en las zonas donde se asentaba la actividad industrial, pero dichos problemas eran percibidos localmente. Afortunadamente, sin embargo, hoy en día ya existe consenso a la hora de aceptar que la amplitud del problema es global. (...)

 

Los cambios determinantes: La Revolución Industrial y los postulados clásicos
Con anterioridad a la revolución industrial, la sociedad se organizaba de forma que el impacto que producía al medio ambiente era relativamente leve. La economía y la subsistencia social dependían de la agricultura, por lo que era necesario configurar un entorno adecuado para no producir un desgaste natural que impidiera la reproducción agrícola.

Sin embargo, en el imaginario y cultura europea, que es donde se origina el capitalismo y surge la revolución industrial, es predominante la concepción judío-cristiana que sitúa al hombre y a la mujer en el centro de la creación del mundo. Bajo esta visión, el ser humano, como ser protagonista de la creación del mundo, tiene todos los recursos naturales que desee plenamente disponibles para su uso y disfrute.

Pero no sólo es la cultura y la visión antropocéntrica del mundo la que configuró un sistema capitalista miope con la dimensión ambiental. Los adelantos técnicos, los avances en las ciencias físicas y naturales, la filosofía cartesiana, la física newtoniana, etc., ayudaron a sostener la creencia en un mundo de progreso infinito y oportunidades materiales ilimitadas para el ser humano que ignoraban el daño ambiental provocado.

En este sentido, con el nacimiento de la Economía Política clásica, se introduce plenamente la lógica mecanicista y la racionalidad occidental en la visión que la economía actual aplicaría después. J. M. Naredo describe en su “La Economía en Evolución” cómo se produce el desplazamiento ideológico en la ciencia económica a lo largo de la historia de la economía, concluyendo que es a partir de los clásicos cuando los autores que escribían sobre
la actividad económica abandonan la preocupación por la relación existente entre ésta y el medio natural en el que se inserta. Desde ese momento el mero crecimiento económico se convierte en la prioridad fundamental, casi de una forma dogmática y prácticamente nunca puesta en duda.

De hecho, los enfoques fisiocráticos, previos a Adam Smith, contenían en su seno la idea según la cual la producción no debería separarse del mundo natural. Los autores clásicos, en cambio, rechazando esa idea pasan a concebir la posibilidad de un progreso ilimitado mediante la simple multiplicación de mercancías como fenómeno ajeno a los procesos de obtención de las mismas.

Bajo estas nuevas ideas, el modo de producción, el ciclo de vida de un producto, la formación de necesidades materiales artificiales, la lógica capitalista de valorización continua del capital, las estructuras institucionales, etc., fueron amoldadas a unas circunstancias ajenas al sistema natural.

De esta forma el sistema económico capitalista , con una proyección de expansión infinita, olvida que se inscribe en un marco natural y abierto a escala global. Marco que está compuesto por multitud de sistemas biológicos y naturales que permiten que los sistemas económicos-sociales puedan existir al dotar a sus modelos productivistas de los recursos y energías que necesitan.

En todo caso, el deterioro del medio ambiente producido por la actividad económica es una cuestión técnica que se materializa con independencia de la forma en la que se constituyen las clases sociales dentro del sistema económico. Esto quiere decir que incluso en una sociedad capitalista más igualitaria, pero que funcione bajo la misma lógica, el proceso de deterioro seguiría avanzando irremediablemente. De la misma forma, un sistema económico respetuoso o incluso subordinado al medio ambiente podría seguir manteniendo relaciones de desigualdad muy acusadas.

El problema también reside en que los procesos de redistribución están asociados necesariamente, dentro del capitalismo, a procesos de crecimiento económico. Esto supone un posible nexo entre una mayor redistribución y un mayor deterioro del medio ambiente. Y si renunciamos, como hacen los autores del decrecimiento, a la posibilidad de continuar la senda del mayor crecimiento económico sin seguir perjudicando al medio ambiente, tenemos que aceptar que la complementariedad de las escuelas centradas en la cuestión medioambiental y las escuelas centradas en la redistribución sólo puede darse en un marco de reconocida crítica al capitalismo.

Y es que a pesar de que el capitalismo es relativamente joven, es tan fuerte su impacto que ha provocado que el equilibrio ecológico del planeta se deteriore hasta el punto que se teme por la supervivencia del planeta mismo. Esta constatación se puede comprobar con fenómenos empíricos como el cambio climático, la destrucción de bosques, la esterilidad de tierras, la esquilmación de vida terrestre y marina o la irreversibilidad de algunas acciones humanas. Pero sin duda, estas constataciones se confirman de forma teórica cuando las analizamos desde la ecología y cuando incorporamos en el análisis las leyes termodinámicas.

Reflexiones
Mientras la ciencia económica continúa profundamente obsesionada con el crecimiento económico, ignora a su vez y por completo la destrucción ecológica a la que sometemos diariamente al planeta.

La enorme dimensión de la guerra abierta desde el capitalismo a la naturaleza no es irrevocable, y es necesario e imprescindible alcanzar a corto plazo la paz. Pero para ello el sistema social-económico imperante tiene que aceptar una serie de limitaciones necesarias. En este sentido, los agentes sociales y las instituciones han de tener un papel activo durante todo el proceso de cambio, ya que la actual lógica del sistema capitalista parece no ofrecer respuesta automática al problema.

Para alcanzarlo se requiere:

Urge concebir un sistema económico en el cual el ser humano, sin dejar de ser el centro de la creación, adopte el rol de preservar y defender el medio natural.

Es urgente construir una sociedad que no comprometa la sostenibilidad del medio ambiente, aunque para ello hay que comenzar por lo más difícil: aceptar el cuestionamiento radical que requiere nuestro modo de vida, sin que ello signifique una renuncia a cualquier tipo de avance tecnológico o sanitario. Es imprescindible incorporar en este planteamiento a los Países del Sur, en condiciones de igualdad y redistribución equitativa. En este cuestionamiento es imprescindible tener en cuenta la necesidad de integrar el sistema económico y social en coherencia con las limitaciones del sistema natural global.

En consecuencia, la búsqueda de los economistas debe centrarse en la consecución de un sistema económico justo, igualitario y que acepte estar integrado en el sistema natural, con todo lo que ello conlleva. Eso puede suponer en la práctica cambiar los modelos productivos: acercando los centros de producción a los de consumo, reduciendo el gasto energético en todos los niveles, apostando por la energía solar, renunciando al crecimiento económico como fin y tomándolo, ajustado por las restricciones, como medio para otros fines más amplios".
Fuente: www.rebelion.org /Economía/ 7-9-09

 

4. Conformar los pueblos dueños de sus propias historias y la común

 

Samir Amin (CLACSO), en “Capitalismo, imperialismo, mundialización”, nos sitúa -a los de abajo- en que para hacer posible otro modo de producción, necesitamos salir de la trampa tendida por el gobierno K y la oficializada oposición de ultraderecha. Porque el modelo extractivista o productivo refleja la expansión imperialista del sistema capitalista con dimensión planetaria. Aclara: "El discurso dominante impuso, desde hace veinte años, el uso del término «mundialización» para designar, de manera general, los fenómenos de interdependencia a escala mundial de las sociedades contemporáneas. El término nunca es relacionado con las lógicas de expansión del capitalismo, y menos aún con las dimensiones imperialistas de su despliegue. Esta falta de precisión deja entender que se trata de una fatalidad, que es independiente de la naturaleza de los sistemas sociales -la mundialización se impondría a todos los países de la misma forma, sea cual sea su opción de principio, capitalista o socialista-, y que actúa entonces como una ley de la naturaleza producida por el estrechamiento del espacio planetario.

Me propongo demostrar que este tipo de discurso es un discurso ideológico destinado a legitimar las estrategias del capital imperialista dominante en la actual fase. Por lo tanto, los límites objetivos de la mundialización pueden ser reconsiderados a la luz de políticas diferentes a las que hoy son presentadas como las únicas posibles y cuyos contenidos y efectos sociales también serían diferentes. La forma de la mundialización depende entonces, en definitiva, de la lucha de clases (…)".

 

Explica: "Ya he sugerido que las tendencias de la evolución del capitalismo contemporáneo se articulan en torno al refuerzo de lo que he llamado los "cinco monopolios" que caracterizan a la «mundialización» polarizante del imperialismo contemporáneo: (i) el monopolio de las nuevas tecnologías; (ii) el del control de los flujos financieros a escala mundial; (iii) el control del acceso a los recursos naturales del planeta; (iv) el control de los medios de comunicación; (v) el monopolio de las armas de destrucción masiva (Amin, 1996; Amin, 1997; Amin et al, 1993; González Casanova et al, 1994).

La implementación de estos monopolios es operada por la acción conjunta, complementaria pero también a veces conflictiva, del gran capital de las multinacionales industriales y financieras y de los Estados que se encuentran a su servicio (de allí la importancia de los monopolios de naturaleza no económica mencionados aquí). Tomados en conjunto, estos monopolios definen nuevas formas de la ley del valor mundializada, permitiendo la centralización en beneficio de este gran capital de las ganancias y sobreganancias provenientes de la explotación de los trabajadores; una explotación diferenciada fundada en la segmentación del mercado de trabajo. Esta nueva etapa del desarrollo de la ley del valor mundializada no permite pues el rattrapage a través de la industrialización de las periferias dinámicas, sino que funda una nueva división internacional desigual del trabajo en la cual las actividades de producción localizadas en las periferias, subalternizadas, funcionan como subcontratistas del capital dominante (un sistema que evoca el "putting out" del capitalismo primitivo).

No es difícil, pues, imaginar el tablero de una mundialización futura en sintonía con la dominación de esta forma de la ley del valor. Los centros dominantes tradicionales conservarían su ventaja, reproduciendo las jerarquías ya visibles: los Estados Unidos conservarían su hegemonía mundial (por sus posiciones dominantes en el ámbito de la investigación-desarrollo, el monopolio del dólar y la gestión militar del sistema), flanqueados en segundo término por Japón (por su contribución a la investigación-desarrollo), por Gran Bretaña como socio financiero, y por Alemania por su control de Europa. Las periferias activas de Asia del Este, de Europa Oriental y de Rusia, India y América Latina constituirían las principales zonas periféricas del sistema, mientras que África y los mundos árabe e islámico, marginalizados, quedarían abandonados a conflictos y convulsiones que sólo amenazarían a ellos mismos. En los centros del sistema, el énfasis puesto en las actividades ligadas a los cinco monopolios mencionados implicaría la gestión de una sociedad "a dos velocidades", es decir, una marginalización a través de la pobreza, de los empleos precarios y de la desocupación de importantes sectores de la población.

 

Esta «mundialización» -que es aquélla que se perfila detrás de las opciones en curso que el neoliberalismo intenta legitimar presentándola como "una transición hacia la felicidad universal"- no es, por cierto, fatal. Por el contrario, la fragilidad del modelo es evidente. Su estabilidad supone la aceptación indefinida por parte de los pueblos de las condiciones inhumanas que les son reservadas, o que sus protestas sean esporádicas, aisladas entre ellas, se alimenten de ilusiones (étnicas, religiosas, etc.) y que no logren salir de estos impasses. Es obvio que la gestión política del sistema por la conjunción de la movilización de los medios de comunicación y los medios militares intentará perpetuar esta situación que aún hoy es dominante.

En contraposición con esto, las estrategias de una respuesta eficaz al desafío de esta mundialización imperialista deberían tener por objetivo la reducción del poderío de los cinco monopolios en cuestión, y las opciones de desconexión deberían ser renovadas y definidas en esta perspectiva.

 

Sin entrar en una detallada discusión de estas estrategias, que sólo puede ser concreta y estar fundada en la movilización efectiva de las fuerzas políticas y sociales populares y democráticas que operan en condiciones propias a cada país, podemos enumerar los grandes principios en torno a los cuales podría organizarse el frente de luchas populares Anti-sistémicas.

La exigencia primordial es la de la constitución de frentes populares democráticos anti-monopolios/anti-imperialistas/anti-compradores, sin los cuales ningún cambio es posible. Porque revertir la relación de fuerzas a favor de las clases trabajadoras y populares constituye la primera condición de la derrota de las estrategias del capital dominante.

 

Estos frentes deben no solamente definir objetivos económicos y sociales realistas acordes a la etapa junto con los medios para alcanzarlos, sino que también deben tomar en consideración las exigencias de un cuestionamiento de las jerarquías del sistema mundial. Es decir, que la importancia de sus dimensiones nacionales no debe ser subestimada. Se trata de un concepto progresista de la nación y del nacionalismo, lejos de todas las nociones oscurantistas, etnicistas, religioso-fundamentalistas y chauvinistas hoy prevalecientes y que son promovidas por la estrategia del capital. Este nacionalismo progresista no excluye la cooperación regional; por el contrario, debería incitar a la constitución de grandes regiones que son la condición por una lucha eficaz contra los cinco monopolios mencionados. Pero se trata de modelos de regionalización muy diferentes de aquellos preconizados por los poderes dominantes y que son concebidos como correas de transmisión de la mundialización imperialista.

 

La integración a escala de América Latina, de África, del mundo árabe, del sudeste asiático, junto a países-continentes (China, India), pero también la de Europa (del Atlántico a Vladivostok), fundada en alianzas populares y democráticas que obliguen al capital a ajustarse a sus exigencias, constituyen lo que yo llamo el proyecto de un mundo policéntrico auténtico, otra modalidad de mundialización. En este marco, podríamos imaginar modalidades "técnicas" de la organización de las interdependencias intra e inter-regionales, tanto en lo que hace a los "mercados" de capitales (cuyo objetivo sería incitarlos a invertir en la expansión de los sistemas productivos) como a los sistemas monetarios o los acuerdos comerciales. El conjunto de estos programas fortalecería las ambiciones de democratización tanto a nivel de las sociedades nacionales como a nivel de la organización mundial. Por esta razón los sitúo en la p e r s p e c t i va de la larga transición del capitalismo mundial al socialismo mundial, como una etapa de esta transición".
Traducción: Emilio H. Taddei.
Fuente: www.rebelion.org /Opinión:: La izquierda a debate/ 2-8-01 

 

En consecuencia, superar la cultura discriminatoria -desde quien posee una cuota de poder comunicativo con la sociedad- no reside en reflexionar críticamente contra las derechas o en dirigirse a las mayorías con lenguaje y conductas campechanas. Lo esencial está en cómo se sitúan en los actuales tiempos de violenta imposición de destrucciones de las sociedades y la naturaleza.

 

Comprobamos que, por ejemplo, los intelectuales de Carta Abierta y Pepe Mujica los soslayan en nombre de hacer lo que se puede o del progreso industrial que es falso en cuanto las pasteras son extractivas de celulosa de monocultivos de eucaliptos que van acaparando territorio desalojando o inhibiendo la vida de poblaciones y se levantan sobre acuerdos 'bilaterales' de inversión que imponen operar como zonas francas. Para peor, tanto las pasteras como monocultivos consumen enormes volúmenes de agua y contaminan mortalmente el medioambiente.

 

De ahí que el progreso para los pueblos es emanciparse. Esto les exige cambiar de raíz la lógica capitalista por la ecológica y la humanista y pensar el ecosocialismo como afluente de la  alternativa civilizatoria radical. ¿Cómo llevar a cabo el desafío? No discriminando a quienes luchan en la Unión de Asambleas Ciudadanas, en el Movimiento Nacional Campesino Indígena, el Grupo de Reflexión Rural, etc. que no sólo resisten a la destrucción tanto de las comunidades como de la naturaleza sino analizan propuestas de otro desarrollo y modo de vida. Implica que se encaminan, junto a las organizaciones combativas de trabajadores, a organizar el sistema económico y social como totalidad y en  coherencia con las dinámicas de la naturaleza. Claro que esa organización va resultando de conformar pueblos dueños de sus propias historias y la común con todos los pueblos planetarios.

 

 

Premisas e hipótesis

El capitalismo avanza imponiendo a rajatabla los intereses lucrativos de los oligopolios imperialistas y sus socios locales, o los implanta mediante los simulacros de cambios estructurales que realizan gobiernos como el de los Kirchner con adhesión incondicional del progresismo y de izquierdas sin suficiente conciencia como para asumir la autocrítica que revise su estar siendo funcional al sistema opresor.

 

Hacer posible otro progreso, exige instalar la deliberación pública sobre las luchas que llevan a cabo organizaciones de los de abajo con la voluntad de poner fin:

 

1.  Al modelo extractivista y  en procura de construir alternativas radicales

 

Jorge Eduardo Rulli, en el editorial del domingo 22 de noviembre de 2009 de su programa radial Horizonte Sur, señala: "Los desordenes climáticos resultan actualmente tan, pero tan evidentes, que sorprende la insensibilidad y el silencio de los presuntos responsables y la banalidad de los muchos intelectuales, que les montan las escenografías de los actuales conflictos distractivos de la política argentina.

Mientras los ecosistemas se desploman, los suelos se vuelan, las napas se secan, mientras los bosques y los montes se convierten en cenizas, ellos continúan en sus luchas tribales, sumergidos en mezquinos proyectos de poder. Donde no falta el agua, el agua sobra. La ganadería argentina es una fauna en extinción y donde no muere por la sequía como en Patagones, muere ahogada como en las islas del Paraná o es enviada a la matanza, por razones de inviabilidad económica, como tantos vientres de la mejor lechería de tambo, buena genética que constituye parte importante de la carne que se consume en el mercado interno.

La catástrofe climática, empujada en buena medida por un modelo productivo insensato, golpea nuestra conciencia mientras los decisores y los intelectuales duermen, duermen como aquel presidente al que llamaban a la puerta los familiares desesperados, para pedirle la conmutación de una condena a muerte. Los intelectuales duermen o divagan como nuestro amigo Jorge Coscia sobre cómo profundizar el proyecto nacional… ¿Qué  proyecto nacional, nos preguntamos? Se refieren acaso al proyecto de la Barrick y de otras mineras en el prolongado país binacional que se les ha concedido? ¿O acaso al de Monsanto y Syngenta, en la inmensa República Unida de la Soja que las empresas asumen como propia? Acaso al proyecto del paisano Elsztain y CRESUD en Pascua Lama o acaso en Veladero, en los infinitos campos desmontados de la provincia de Salta, que, se calcula quedará sin árboles en pocos años más… Tal vez, al proyecto de Benetton en los considerables campos de la Patagonia, campos que anticipan con sus pinares infinitos los nuevos agronegocios forestales que se nos proponen en el mercado de bonos de carbono?

 

Recupero párrafos de un documento que presentáramos ante la Cancillería argentina en el transcurso del año 2004. Decíamos en ese documento con el mayor respeto por las investiduras y esforzándonos por ser comprendidos, que… “Apreciamos la difícil situación que el gobierno de Argentina enfrenta con respecto al nivel de OMG actualmente bajo cultivo. También somos concientes de las legítimas inquietudes que gran cantidad de argentinos comparten relativas a la agricultura MG, las que abarcan, para nombrar unas pocas: el incremento de la migración rural-urbana; la pérdida de diversidad agrícola, inclusive de la industria láctea; la dependencia incrementada de comestibles importados del exterior; la destrucción de los bosques nativos; las inundaciones repentinas; y la dependencia de muchos de la soja MG distribuida gratuitamente a través del Programa Soja Solidaria”. Lo decíamos en el año 2004, pasaron cinco años y la situación que, entonces anticipábamos, ha devenido en una verdadera pesadilla

 

En las últimas semanas, nuevamente pensamos en poder presentarle a ese Ministerio, nuestras preocupaciones. Los escenarios que no pudimos llegar a exponer debido a los hechos de Honduras que ocuparon a nuestro Canciller Jorge Taiana, referían a la terrible situación del campesinado Paraguayo, situación que se agudizara, luego de los acuerdos de Lugo con Lula en torno a los beneficios de Yaciretá, y a la situación de impunidad de que disfrutan desde ese momento los sojeros brasileños en tierras paraguayas.

 

Las calles de Asunción se han llenado de familias guaraníes expulsadas de sus tierras ancestrales, debido, fundamentalmente, a las fumigaciones y a los grupos de tareas al servicio de los sojeros, y queríamos exponer que, a nuestro criterio, la situación en el país hermano nos comprometía. Como en una parábola trágica comenzada con las bolsas blancas de semilla transgénica de soja que cruzaron ilegalmente la frontera paraguaya desde la Argentina, esos innumerables desarraigados del campo paraguayo terminarían indefectiblemente en nuestros conurbanos. Deseábamos recordarle además, al Canciller, que teníamos una deuda histórica con el pueblo hermano y que no debíamos abandonar al presidente paraguayo, a su carencia de recursos, y dejar que se convirtiera en el patio trasero de Brasil… Suponíamos que, todo esto, los decisores no lo sabían o que, acaso no lo comprendían, suficientemente... Pues, nos equivocamos.

 

Hemos sabido que referentes políticos manejan la información reservada, que en los próximos años, más de un millón y medio de paraguayos llegarán al Gran Buenos Aires. Nos preguntamos entonces, qué piensan hacer al respecto, ya que no fueron capaces de intervenir en las causas del despoblamiento del campo paraguayo, ni se han atrevido a respaldar al actual gobierno para que sostenga una política frente a la invasión de los sojeros brasiguayos, quisiéramos que, al menos, sean capaces de precaverse y de planificar cómo asimilar sus consecuencias poblacionales en un conurbano siempre al borde del colapso.

Lamentablemente, y desde hace bastante tiempo, el ejercicio de la política ha devenido en meros juegos de poder y en especulaciones mezquinas, en que los protagonistas parecieran ilusionados con su probable vida eterna... Los cargos políticos se han resignificado como eventuales aguantaderos ante probables imputaciones y como un espacio corporativo además, en el que, una vez que se entra, se permanece indefinidamente. El principal reciclaje que se conoce y se practica en nuestro país no es de esa manera, el de los residuos domiciliarios, sino el del ejercicio de la política y de los cargos funcionariales que le son propios, en todo lo demás continúa vigente la práctica de los vertederos o de los enterramientos. Si alguno lo duda que se consulte al respecto, al ingeniero Atilio Savino que fuera secretario de ambiente y desarrollo sustentable y que continúa ocupándose del tema, y de manera desprendida, para que los argentinos suficientemente despreocupados de los cambios climáticos, podamos continuar desentendiéndonos de nuestros desechos. La verdad, es que si alguna vez se luchó por el poder, hoy en realidad, se lucha solamente por hacer como que se tiene el poder, en realidad está sobrentendido que el poder lo tienen las grandes empresas y corporaciones, y que de lo que se trata es, en todo caso, de administrar los aparatos e instituciones del Estado para beneficio de las propias camarillas.   

Frente a estos escenarios y porque somos optimistas, y especialmente optimistas de la voluntad, somos muchos y cada vez más, los que tratamos de repensar el país de los argentinos y trabajamos para provocar un salto en la conciencia que se refleje como un necesario desafío emancipatorio. Muchos de los intelectuales progresistas mientras tanto, han construido un enrevesado tinglado de medias verdades, en que proliferan viejos cucos resucitados, pero esos relatos no tienen larga vida, son discursos que se les han gastado y envejecido en contacto con la realidad y bajo el examen de los acontecimientos, que no han hecho sino desmentirlos y ridiculizarlos. Escuchar todavía a esos intelectuales, continuar refiriéndose al clima destituyente y a la 125 nos da pena y nos produce un profundo rechazo, han descendido a los niveles más miserables del pensamiento político, que son los niveles en que, de lo que se trata, es tan solo de justificar un salario o cultivar una excusa para su  irremediable mediocridad.

 

La política en la Argentina, ha devenido un juego de poderes y de negocios,  pero también un sistema de escuchas telefónicas que permitirían conocer con anticipación las movidas del adversario. Lo que ayer fuera impensable hoy es un hecho aterradoramente cotidiano y naturalizado. Es probablemente, el anticipo de un final anunciado, un final en que como alguien enseñaba, el pescado comienza siempre pudriéndose por la cabeza…. Es el final de una época y probablemente el inicio de otra. La política se ha exiliado del campo de la política y ha germinado y fructificado en otros campos, campos que son también políticos, aunque no tengan la legalidad que la política tradicional se adjudica pretenciosamente a sí misma. Estos territorios de destierro de la política, que son también políticos, tienen en cambio la legitimidad de los grandes respaldos y la fuerza de un crecimiento colectivo en que podemos esperanzarnos con recuperar alguna vez, la política como acto de servicio y la democracia como ejercicio de la participación y de la voluntad popular, pero ahora, en función de un proyecto nacional que a todos pueda volver a enamorarnos.

 

Cuando priman por doquier, militancias rentadas que han confundido los sueños emancipatorios con el ejercicio de la más descarnada contención social, estamos tratando en cuanto lugar nos es posible alcanzar con la palabra y con el gesto,

Estamos a pocos días de la Cumbre de Dinamarca sobre Cambios Climáticos en que el mundo y sus gobiernos se enfrentarán con debates nuevos sobre el destino del Planeta. Aún no queda claro cuál será la postura de nuestra delegación, más allá de continuar justificando un modelo de agricultura industrial con transgénicos y enorme dependencia a combustibles fósiles, corrales de engorde para la ganadería con su  emisión de gases de metano a la atmósfera, deforestación y basureros a cielo abierto, minería con destrucción de glaciares e inmensos diques de cola con cianuro, y ahora, también, reforestación con especies exóticas en reemplazo de las pasturas y de los montes y selvas naturales que tuvimos. Confundido por las ingenierías financieras y lo nuevos negocios verdes que se nos prometen, vamos a perder probablemente, una nueva oportunidad de preguntarnos qué país queremos los argentinos y bajo la oportunidad que la crisis planetaria nos brinda, tener la posibilidad de comenzar un nuevo camino y ensayar modelos productivos más amigables con la Naturaleza y más respetuosos de los recursos y bienes comunes, que requerirán para vivir en este país los argentinos de las próximas generaciones, nuestros descendientes, a cuyo futuro estamos hipotecando de manera miserable. No lo permitamos. Hagamos algo para que la indiferencia y la desidia no nos hagan perder esa nueva oportunidad que nos concede la crisis ecológica. Nos merecemos otra Argentina, somos un país colonizado por las corporaciones, pretendemos volver a ser un país con Soberanía alimentaria y con Justicia Social".

Fuente: www.grr.org.ar / http://horizontesurblog.blogspot.com 

 

2. A los aparatos clientelares por creación -de los trabajadores desocupados- de  cooperativas autogestionadas

Comunicado de Prensa:

Por Cooperativas sin intermediarios, auto-gestionadas por nuestras Organizaciones.

Porque queremos Pan y Trabajo, luchamos…

 

Este lunes 7 de diciembre, a partir de las 10:00 hs, un conjunto de Movimientos de Trabajadoras/es Desocupadas/os de los distintos barrios de la ciudad y el Gran Rosario nos hacemos partícipes de una Jornada Nacional de Lucha para exigirle al Gobierno Nacional puestos de trabajo en Cooperativas, en relación al rimbombante anuncio del “Plan Argentina Trabaja”.

 

Esta jornada se propone como la continuidad de un Plan de Lucha en el cual convergemos una decena de organizaciones en el plano local, junto a muchas otras que movilizarán en distintos puntos del país. Frente al cúmulo de promesas incumplidas por parte de las distintas esferas estatales, nos vemos conminados a retomar la lucha, en esta oportunidad sosteniendo distintos cortes en los accesos Sur, Norte y Oeste de la ciudad de Rosario. Como dijimos en anteriores comunicados, los problemas que acosan nuestros barrios difícilmente encuentren solución con meros anuncios, las más de las veces prolijos y bien calibrados, pero solo y nada más que anuncios. En este sentido, el anuncio del “Plan Argentina Trabaja” y la promesa de que adquiera alcance nacional el año próximo (en una primera etapa se ejecuta en el Gran Buenos Aires) no es oportunamente acompañada de plazos, precisiones, compromisos que brinden algún grado de certeza a la hora de saber si nuestras/os compañeras/os van a ser tenidas en cuenta; ni tan siquiera se garantiza que fehacientemente se ejecutará dicho Plan en nuestra ciudad. Es por esto que exigimos que se nos brinden precisiones y, por sobre todo, que la ejecución del Plan no devenga en “caldo de cultivo” para punteros de distintos pelajes y sus nefastas estructuras de poder.

 

Así mismo, y frente a la apremiante necesidad que sufren nuestras barriadas, exigimos al Gobierno Provincial y Municipal que incorporen a nuestras “cuadrillas de trabajo” en el Programa “Higiene Urbana”, reafirmando una vez más la voluntad de que la lucha es por Trabajo.

Por último, y en relación a otro “prolijo anuncio” del Gobierno Nacional (nos referimos a la “Asignación Familiar”), denunciamos que al día de hoy no hay garantías sobre el cobro del mes de diciembre; y, a la par, nos encontramos con la certeza de que las/os compañeras/as que están inscriptas/os en dicho “beneficio” ya han sido dados de “baja” en los planes que cobraban. No queremos bajo ningún punto de vista la pérdida de los beneficios que se venían percibiendo, sino que se sumen las nuevas asignaciones a aquéllos. Ante esto se preanuncia el recrudecimiento del conflicto social, máxime cuando hablamos del mes de diciembre, en el que muchas familias tal vez no tengan la posibilidad de llevar un pedazo de pan dulce a la mesa familiar.

Frente Popular Darío Santillán (CTD Anibal Verón Bº Molino Blanco, Surastilla)

MSI (Movimiento Solidario Independiente – Bº Cabin 9)

MILO (Movimiento Independiente “Los Olvidados” – Bº Belgrano)

VEL (Movimiento Vecinos en Lucha – Bº San Martín Sur)

CTD Flamarión Sur

Centros Comunitarios Bº Las Flores

CUBa-MTR

Polo Obrero

7/12 Jornada de Lucha en todo Rosario

Fuente: columnalibertaria@gmail.com  

 

3. Al hambre y a la precarización de la vida mediante la unidad constructora de un país soberano y solidario

 

El portal latinoamericano de crítica social y pensamiento plebeyo Dario Vive comunica:


"Se constituyó la Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares

Con la presencia de más de quinientos delegados de organizaciones populares, reunidos en el espacio recuperado Roca Negra en Lanús los días 28 y 29 de noviembre, se constituyó la Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares. De este primer encuentro, aún con diversos niveles de definición, participaron militantes de las provincias de Tucumán, Santa Fe, La Rioja, Córdoba, San Luís, San Juan, Buenos Aires, Mendoza, Catamarca, Río Negro, Neuquén, Misiones, Formosa y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. También se recibió adhesiones de organizaciones sociales de Jujuy, Salta, Chubut y La Pampa. Finalmente, aún respetando a quienes debían trasladar los debates a sus ámbitos de base y no tenían mandatos explícitos para acompañar las decisiones generales, el grueso de las organizaciones decidieron dar forma a la Coordinadora de Movimientos con un carácter federativo y multisectorial, en base a principios anticapitalistas, antiimperialistas y antipatriarcales.

La Coordinadora que nuclea a agrupaciones, territoriales, sindicales, culturales, ambientales y estudiantiles, se define como una articulación de movimientos y organizaciones populares que intentarán canalizar a través de esta herramienta su voluntad de intervención política.

Define como ejes de intervención politica a la lucha contra el hambre y la precarización de la vida ; la lucha contra el modelo de saqueo y contaminación y por un proyecto de país soberano y solidario, asentado en el control estatal y popular de las empresas y recursos estratégicos; la lucha contra los despidos y la precarización laboral; la defensa de la soberanía popular y la lucha contra el imperialismo y contra toda forma de opresión y fragmentación de los pueblos latinoamericanos. (...)

 

Desde lo político estas organizaciones afirman que las posibilidades de cambio abiertas a partir del alza de luchas populares que tuvo como epicentro el 19 y 20 de diciembre de 2001, no están atadas a la suerte del kirchnerismo, y se asumen como una parte de nuestro pueblo que no se resigna a volver a los 90, buscando nuevas alternativas políticas, sustentadas en la maduración de las construcciones sociales y políticas.

 

En lo ideológico se afirman en la necesidad de un cambio social como única alternativa posible para acabar con la explotación y garantizar la supervivencia del planeta, cambio social que entienden debe vivenciarse desde la prácticas de nuevos valores y acciones que prefiguren una sociedad solidaria.

Finalmente califican a esta Coordinadora como un aporte a la unidad popular, y a la necesaria vinculación con los movimientos sociales y políticos latinoamericanos.

A continuación reproducimos la convocatoria de constitución de esta Coordinadora.

 

Convocatoria para la constitución de una Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares

En las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 se desarrolló en nuestro país una rebelión popular que expuso la crisis de representatividad política de la clase dirigente y el hartazgo popular por las políticas de ajuste neoliberal.

La rebelión popular no fue un hecho aislado sino el pico más alto de un alza de las luchas populares que se prolongó hasta mediados de 2002, que fue capaz de voltear a un gobierno pero incapaz de plantear una alternativa propia a la crisis política. Esta crisis fue timoneada por el Partido Justicialista que provocó una devaluación y llevó a la presidencia a Néstor Kirchner, que pudo atemperar la movilización popular confundiéndola con gestos progresistas y, al mismo tiempo, impulsando políticas de fragmentación y/o cooptación de los sectores populares.

Después de 4 años de gobiernos de crecimiento económico donde no se avanzó en la distribución del ingreso, pero se registraron avances en la disminución de la pobreza y el desempleo, el gobierno vio debilitarse su capital político, golpeado por los efectos de la crisis internacional, por sus decisiones políticas, y por la propaganda de la derecha tradicional. Este debilitamiento quedó expresado en la derrota electoral sufrida por el kirchnerismo en distritos claves como son Provincia de Buenos Aires, Capital, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, en las elecciones de junio de 2009.

 

El kirchnerismo ha demostrado su decisión de resistir su ocaso político apelando a gestos contradictorios. Por un lado, impulsando medidas de carácter progresista como la ley de medios o la asignación familiar a hijos de desocupados y precarizados, y por otro haciendo concesiones a los grandes grupos económicos que garanticen “la gobernabilidad”: tarifazos, concesiones a las patronales agropecuarias, garantías a las trasnacionales mineras. En ese mismo rumbo, trata de asegurarse el funcionamiento de la máquina clientelar del conurbano y respondiendo a las luchas por el legítimo reclamo de trabajo, se promueven “cooperativas”, que intentan que no sean más que cuadrillas donde el intendente es patrón y sus punteros capataces.

 

Es indiscutible que hay un avance de sectores del gran capital que habían sido desplazados por los sectores exportadores vinculados al kirchnerismo, que existe una feroz ofensiva ideológica de los grandes medios tratando de borrar todo vestigio progresista y que, a partir de diciembre tendremos un parlamento más conservador. Pero esto no significa, como pretenden hacer creer los grandes desinformadores mediáticos de oposición u oficialistas, que en el destino de los Kirchner se juegan las posibilidades de cambios abiertas en el 2001.

 

Hay una parte de nuestro pueblo que no se resigna a volver a los 90 y que busca nuevas alternativas como se expresó en las últimas elecciones de distintas iniciativas o a través de distintas formas de reagrupamiento. Haciendo la salvedad que no confundimos emergentes políticos que confirman la voluntad de resistencia de nuestro pueblo, con apuestas sólidas que den perspectiva a esas expectativas. Al mismo tiempo, resulta importante señalar el altísimo nivel de abstención electoral de las últimas elecciones donde casi el 28% de la población no participó, siendo este el índice más alto de abstencionismo desde 1983, lo cual también reafirma la crisis de legitimidad de la clase política tradicional, crisis de la cual los procesos de 2001 y 2002 fueron su expresión más visible pero que creemos que se mantiene latente en gran parte de los sectores populares de nuestro país.

También es cierto que el gobierno fue incapaz de deslegitimar o destruir al conjunto de las organizaciones populares. Entre las sobrevivientes a la cooptación podemos advertir avances en su maduración política y un número importante de pequeñas organizaciones extendidas en todo el país, con lazos de confianza, que en su conjunto permiten contar con experiencias sectoriales de avanzada, procesos originales de organización, militancia para cimentar una sólida formación política y relación con los procesos más avanzados de América Latina.

Algunas de estas organizaciones hemos venido realizando en los últimos tiempos procesos de acercamiento, actividades comunes, encuentros, que han ido fortaleciendo la decisión de constituir una Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares que contribuya a poner en común acuerdos, experiencias y saberes, y a pensar y ejecutar formas de intervención política conjunta, sintiéndonos parte del espacio de resistencia popular que sigue creyendo que tenemos alternativas a las que nos van a ofrecer los politiqueros del sistema.

Advirtiendo que nuestro mejor aporte a ese espacio de resistencia será no renunciar a lo que mejor hacemos que es construir poder popular desde las bases, intentando articular políticamente nuestras luchas y nuestras demandas. Tomando en cuenta los mismos ejes de intervención que venimos desarrollando desde las distintas organizaciones como son:

Por último, esta convocatoria a la conformación de una Coordinación de Organizaciones y Movimientos Populares es una continuidad de otras iniciativas realizadas como el Encuentro Nacional de Estudiantes de Organizaciones de Base -ENEOB- que reúne más de 50 agrupaciones estudiantiles, el Encuentro de Movimientos Populares y Agrupaciones Sociales, realizado en La Plata el 29 de agosto, y que reunió a más de 40 agrupaciones territoriales y colectivos barriales de todo el país (adjuntamos informe), y el Encuentro de Investigadores e Intelectuales Críticos, realizado en Capital Federal el 3 de octubre, y que reunió a 65 intelectuales. Todas estas iniciativas toman para sí los criterios de participación por invitación, desarrollo asambleario, y las decisiones asumidas en estos encuentros de superar el corporativismo y luchar por un auténtico Cambio Social. Precisando que cuando decimos Cambio Social decimos cambio de sistema y nueva sociedad como proyecto de largo plazo, pero también cambio que empezamos a vivenciar ahora, desde nuestras relaciones cotidianas. Cambio Social como opción ante la injusticia de todas las formas de explotación, pero también como elección por la vida, ante la incapacidad demostrada por el capitalismo de garantizar la supervivencia del planeta".

Organizan:

Asamblea de Beccar - San Isidro

Asamblea de Wilde - Avellaneda

Casa de la Cultura Compadres del Horizonte - Capital Federal

Colectivo La Trifulca-Frente Cultural y Territorial -Capital Federal

Convocatoria para la Liberación Nacional y Social - Capital Federal, F. Varela, Mar del Plata, Cipoletti, Rosario, Córdoba

Cooperativa de Educadores e Investigadores Populares (CEIP) -Capital Federal y zona norte de Gran Buenos Aires

Corriente Julio Antonio Mella - Universidad de Buenos Aires

Frente Popular Darío Santillán (FPDS) - Capital Federal, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, San Luís, Tucumán, Jujuy, Formosa, Río Negro-Neuquén.

La Galpona - Vicente López

Organización Estudiantil Lobo Suelto - Capital Federal

Organización Popular Fogoneros – Tigre

Socialismo Libertario – Capital Federal, La Matanza, Rosario

Fuente: www.dariovive.org /Latino AméricAhora- Argentina/ 2-12-09

 

En consecuencia, el capitalismo aparece como democracia pese a funcionar -hoy- como imperialismo colectivo gracias a una cultura discriminatoria de ultraderecha, de derecha disfrazada de izquierda y de progresistas e izquierdistas que confían en el poder político desde el Estado perteneciente a oligopolios transnacionales o Estado neocolonial.

 

No se puede hacer otra lectura de la impasibilidad de los últimos ante la política, enmascarada de desendeudamiento, que privilegia el aporte al sostén de la economía imperialista de especulación financiera sin importarle pauperizar a una creciente mayoría de la población. Tampoco de su imperturbabilidad ante las políticas contra los jubilados y pensionados ya que, alrededor de un 80%, son condenados a la tortura de sus magros haberes y de su desprotección sanitaria mientras los fondos previsionales son usados para subsidiar a los oligopolios y pagar la gran estafa que es la deuda pública externa.

Ni de su convocatoria a relegar la resistencia al modelo extractivista y al pacto a favor del gran empresariado de mantener salarios por debajo de la canasta familiar para la extraordinaria acumulación de esos monopolios.

 

Contra esa cultura dominante de menosprecio por las posibilidades y capacidades de los de abajo, está la decisión de constituir una Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares que contribuya a poner en común acuerdos, experiencias y saberes, y a pensar y ejecutar formas de intervención política conjunta, sintiéndonos parte del espacio de resistencia popular que sigue creyendo que tenemos alternativas a las que nos van a ofrecer los politiqueros del sistema.

Implica el reconocimiento mutuo entre los diversos componentes populares en lucha por su afirmación como sujetos de derechos y sujetos colectivos del cambio social. Pero, a la vez, con la conciencia del desafío de convertir la resistencia en construcción de poder popular desde las bases, intentando articular políticamente nuestras luchas y nuestras demandas.

 

La cultura dominante de discriminación será desasimilada, también, mediante la superación del corporativismo y la lucha por un auténtico Cambio Social. Precisando que el Cambio Social es cambio de sistema y nueva sociedad como proyecto de largo plazo, pero también es cambio que empezamos a vivenciar ahora, desde nuestras relaciones cotidianas. Cambio Social como opción ante la injusticia de todas las formas de explotación, pero también como elección por la vida, ante la incapacidad demostrada por el capitalismo de garantizar la supervivencia del planeta.

 

En rumbo hacia que su comunicación social optimice la convivencia e intercambios de distintas culturas e identidades, la diversidad popular necesita que las palabras y discusiones trasciendan en realización de otro funcionamiento socioeconómico cuya puesta en marcha suscite el apasionamiento de que se puede ir contra el modelo extractivo.