Conflictos
Diciembre 2009

ENFOQUE / ORGANIZACIÓN / UNIDAD


¿Por qué unidos contra las pasteras es progreso?

Compartimos ecosistemas acuáticos y terrestres que son fundamentales para nuestros proyectos de buen vivir y soberanía alimentaria. Las pasteras extraen-procesan celulosa de eucaliptos (o pinos) que, en forma de monocultivos a gran escala, van acaparando territorio y desalojando o inhibiendo la vida de poblaciones. Aún más, se levantan sobre acuerdos 'bilaterales' de inversión que imponen operar como zonas francas de modo que refuerzan el subdesarrollo o la deformación productiva e industrial y el despojo de derechos no sólo a los trabajadores sino, también, a la población en general. Para peor, tanto las pasteras como los monocultivos consumen enormes volúmenes de agua y contaminan mortalmente el medioambiente. Pero como si eso fuese poco, arrasan la vida de los ríos; degradan el Acuífero Guaraní, quitan fertilidad a los suelos, devastan las biodiversidades, desequilibran ecológicamente provocando plagas, sequías e inundaciones, etc.

Sólo hermanados podremos hacer posible el respectivo adueñamiento colectivo de territorios para organizarlos socioeconómica e institucionalmente en acuerdo con la armonía entre nosotros y con la naturaleza.


Enfoque  ((VOLVER))

 

Del porqué -y el cómo- poner en retirada al capitalismo neoliberal o neodesarrollista

En la respuesta a los desafíos del porqué y el cómo... es fundamental amplificar el compromiso con la organización y lucha de los pueblos directamente afectados por el modo de producción capitalista e imperialista. Implica no sólo incorporarse a resistir la implantación de los intereses de oligopolios imperialistas en base al contubernio con todos los factores locales de poder. Sino, sobre todo, nos interpela para multiplicar el reconocimiento de que esos pueblos, al rebelarse, lo hacen contra la destrucción de las condiciones de vida y trabajo de las grandes mayorías humanas que amenaza de extinción a nuestra especie y a todas las otras cuyas comunidades biológicas transforman en habitable al planeta.

 

Otra cuestión importante, a considerar en la organización del poder popular para erradicar el privilegio de súper negocios de los poderes establecidos sobre la vida mayoritaria, es que los gobiernos neoliberales y neodesarrollistas permiten que los territorios de nuestro continente sean objeto de superexplotación por el imperialismo colectivo en su continua expansión.

 

Sin embargo, desde los de abajo se están creando posibilidades de otro país-mundo. La Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Esquel por el NO A LA MINA nos permite compartir no sólo la visión de la crisis ambiental y económica como producto de la sobreexplotación territorial por el capitalismo e imperialismo sino, también, lineamientos básicos para resolverla en favor de las necesidades e intereses populares a través del:

 

MANIFIESTO
Por la vida y la justicia climática

Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas - CAOI


Nosotras y nosotros, campesinos, campesinas, indígenas, redes de soberanía alimentaria, ecologistas, víctimas y afectados por el Cambio Climático, promotores de salud, pastorales sociales, representantes agrícolas, organizaciones sociales, mujeres, organizaciones de base, movimientos comunitarios, autoridades locales, jóvenes, medios de comunicación alternativos, en definitiva líderes que nos reunimos en el "Encuentro Ciudadano: Cambio Climático, desertificación y sequía, Creando el Clima para la participación" realizado en la CONFERRE el 18 noviembre de 2009 en Santiago para
analizar los impactos del Cambio Climático y la desertificación desde la perspectiva de la Justicia, también evaluar la postura del gobierno chileno frente a estos temas y los mecanismos que actualmente ha definido para combatirlos, así como acordar una propuesta desde la Sociedad Civil para combatir este problema global.

Los participantes del encuentro creemos que el cambio climático agrava numerosos problemas socio-ambientales que ya veníamos enfrentando con serias dificultades. Uno de los más importantes es la degradación del agua y el suelo, lo que se denomina desertificación. La crisis ambiental y económica que enfrentamos se debe principalmente a la sobreexplotación de los recursos naturales, que son cada vez más escasos.


El modelo neoliberal destruye y arrasa con los pueblos a través de la privatización y de la destrucción de los elementos naturales, lo que se expresa en el desarrollo de proyectos y actividades a gran escala en los ámbitos de la energía, acuicultura y pesca, gran minería, monocultivos y agro-combustibles, entre otros. Creemos que se debe poner fin a la aprobación de estos proyectos y otras intervenciones en el territorio, ya que se aprueban mediante instrumentos legales que marginan a los ciudadanos y habitantes de sus territorios.

Este modelo es el responsable directo de los efectos del Cambio Climático en el mundo, y sus impactos ya se ven en la migración de fronteras agrícolas, propagación de enfermedades, y en los impactos que se sufren de manera desigual, siendo las comunidades más pobres las más afectadas ya que no tienen la posibilidad de absorber o adaptarse a dichos cambios.

El informe del panel intergubernamental señala que los cambios en el clima aumentarán el número de personas sin acceso a agua potable, lo que incrementará el riesgo de enfermedades y reducirá la disponibilidad de alimentos.

Para evitar que se agrave la crisis ambiental es urgente realizar cambios fundamentales en el sistema político, social y económico mundial para que la conciencia ambiental, la justicia social y el bien común prevalezcan sobre los intereses económicos privados.

Los acuerdos políticos deben tener como base mínima el reconocimiento de la deuda histórica por parte de los países del norte y entregar un mayor protagonismo a las comunidades afectadas en este acuerdo global. Cada comunidad en su territorio debe disponer de manera más soberana de los recursos para enfrentar el Cambio Climático, y al mismo tiempo se debe fortalecer procesos verdaderamente democráticos al interior de las naciones.

Chile debe reclamar a los países industrializados una drástica reducción de sus emisiones, la transferencia de recursos adicionales para la mitigación y adaptación de los países del Sur al cambio climático y su plena transición hacia economías sustentables y bajas en carbono.

Estas transferencias deben excluir el mercado de carbono, específicamente el Mecanismo de Desarrollo Limpio. Esto porque distrae los esfuerzos de reducciones domésticas en los países ricos y promueve proyectos y actividades insustentables en el Sur global. Rechazamos este sistema ya que es otra forma de exacerbación del modelo neoliberal y promueve la especulación financiera a partir de la naturaleza.

Exigimos plantear soluciones verdaderas y consistentes, desarrollar formas de energía a escala humana potenciando la soberanía de las comunidades y pueblos a través de la protección de sus derechos y recursos.

Se hace indispensable ampliar y fortalecer una posición del país desde la sociedad en su conjunto que incorpore las causas que originan el Cambio Climático como son: explotación de combustibles fósiles, deforestación y proyectos energéticos; los mecanismos a través de los cuales se financian y sustentan estos proyectos como son la deuda y los acuerdos de libre comercio; y la represión a las comunidades que se oponen a dichos proyectos que amenazan sus economías y formas de vida.

Hemos convenido en defender la integridad del territorio por la protección de los recursos naturales y su diversidad biológica y cultural. Toda la riqueza cultural y natural de nuestro territorio está amenazada por un marco legal que posterga los derechos de las comunidades y otorga derechos ilegítimos a inversionistas privados para explotar de manera insustentable la naturaleza.

Las comunidades nos movilizamos para fortalecer el ejercicio del control ciudadano en el territorio y para exigir a las instituciones públicas y al Estado el pleno respeto a los derechos de los pueblos por sobre los derechos del capital y del sector empresarial.

Exigimos mayor información y educación para la sociedad civil sobre todos sus derechos y canales de participación ciudadana. Demandamos al Estado realizar y promover una investigación científica que esté articulada con la ciudadanía, educar a la población sobre los alcances de cada tema y lo que se enseña en ellos y en las Universidades.

Minería
Exigimos que ante los impactos sociales, ambientales y ciudadanos de la gran minería, se cumplan los compromisos asumidos por las empresas y que se rechacen nuevos proyectos. No se necesita minería si existen otras opciones locales como la agricultura campesina, el ecoturismo rural y suficientes recursos minerales ya extraídos para el bienestar humano, que pueden ser reutilizados.

Acuicultura
Exigimos que se defiendan los derechos de las comunidades ante la falta de democracia y gobernabilidad en el desarrollo de la acuicultura y la pesca y se recupere la cultura e historia de Chiloé y otros territorios impactados por la salmonicultura y otras prácticas industriales.

Energía
Demandamos el uso justo de los recursos energéticos (utilizar lo necesario) y el fomento a las Energías Renovables no Convencionales (solar, eólica, mareomotriz, biomasa, microhidráulica, etc.) y la eficiencia energética, para su desarrollo a escala comunitaria, con objetivos de bienestar humano y protección de la naturaleza. Rechazamos la opción de termoeléctricas, megahidroeléctricas y la energía nuclear.

Ciudades
Proponemos una reforma urbana para la construcción de una ciudad democrática y sustentable, que incluya:

• Procesos de planificación comunal y ordenamiento territorial con participación vinculante de la ciudadanía.
• La recuperación del barrio como espacio básico para la integración social, la creación de cooperativas de vivienda, el fortalecimiento de redes sociales y economías locales.
• El desincentivo del automóvil y el incentivo al transporte público y no motorizado.
• Promoción de la bioconstrucción, construcción apropiada, ecoconstrucción; la diversificación de la normativa y tecnologías para la constructibilidad de viviendas, generación y distribución de energía, la potabilización y tratamiento de aguas, en el nivel individual, barrial y comunal.
• El freno a la expansión de la ciudad y su densificación en baja altura, con soluciones colectivas ambientalmente sustentables (energía solar, compostaje, etc.), y al mismo tiempo fortalecer el carácter rural del entorno de la ciudad, como parte de un solo territorio mayor, que puede entregar muchos bienes y alimentación.
• Mantención de la cobertura vegetal y "ruralizar" la ciudad, para evitar su pavimentación, recuperar aspectos culturales y las plazas públicas para el esparcimiento y la agricultura urbana.

Agricultura/forestal
En el plano agrícola-forestal promovemos las demandas jurídicas al Estado chileno y presionaremos a las forestales a que den respuestas, para exigir que respondan y asuman la responsabilidad por décadas de explotación y destrucción.

Proponemos y demandamos del Estado acciones para:

• El fomento y la educación en agroecología y sustentabilidad agroalimentaria en las ciudades y en las mismas comunidades rurales.
• La derogación y descontinuación del Decreto Ley 701 y otros tipos de subsidios y leyes de fomento aplicados a los monocultivos.
• La restitución de las tierras de pueblos originarios y reforma agraria.
• La detención del trámite de la Ley de Obtentores Vegetales y la prohibición de cultivos transgénicos.
• Desincentivo a los monocultivos agrícolas y forestales.
• La promoción de la agricultura orgánica y la soberanía alimentaria.

¡Las Plantaciones no son bosques!

Deuda histórica
Son muchos los países como el nuestro que van a sufrir producto del cambio climático, profundizando la pobreza en muchos sectores, que no tienen la capacidad o los recursos para lograr situaciones de resiliencia climática. Nuestro país debe asumir su responsabilidad como acreedor de la deuda que se ha generado a partir de las emisiones excesivas de CO2 desde hace 200 años a la fecha, cambiando el sentido y la estrategia de alianzas y relación con el norte industrial y debe reclamar el pago de esta deuda histórica, ecológica y climática.

No podemos pretender que todas las soluciones provengan y sean financiadas desde el Norte, y debemos asumir una política nacional propia, justa y sustentable que permita reducir o, a lo menos, evitar que nuestras emisiones aumenten.

Por la Vida, por el Agua, por la Tierra y su Biodiversidad, ¡exigimos Justicia Ambiental y Climática!

Fuente: www.noalamina.org / 1-12-09

 

Este programa puede convocarnos mejor si consideramos las siguientes concepciones de:

 

1. Progreso, porque nos desafía a reelaborar otra cosmovisión como universitarios o intelectuales

 

Yayo Herrero (Pueblos), en "Objeciones al desarrollo: Una mirada crítica al concepto de progreso", comienza por la paradoja: "La mayor parte de la sociedad podría estar de acuerdo con la idea de que en los últimos dos siglos, y sobre todo en las últimas décadas, el conocimiento científico ha avanzado de una forma impresionante. En todas las áreas del pensamiento: física, matemáticas, química, biología, economía, sociología, etc. han sido descubiertas nuevas teorías, leyes o postulados cuya aplicación ha creado una enorme variedad de artefactos, máquinas, compuestos químicos, medicamentos, instituciones, nuevos negocios, etc. que han cambiado aspectos sustanciales de la vida.

 

Curiosamente, a la vez, vemos cómo casi todo lo imprescindible va a peor. Las reservas pesqueras en todo el mundo disminuyen rápidamente debido a las extracciones masivas; los suelos pierden paulatinamente la capacidad de producir alimentos; el petróleo, imprescindible para mantener nuestra organización productiva y económica, se agota; el cemento y el hormigón fraccionan y deterioran los ecosistemas; el agua, el aire y el suelo se envenenan debido a la contaminación química; las desigualdades sociales se profundizan porque existe una apropiación obscena de bienes y riqueza por parte de una minoría; la articulación social que garantizaba los cuidados en la infancia, en la vejez o a las personas enfermas se está destruyendo, entre otras cosas, porque hombres y mujeres dedican la mayor parte de su tiempo a trabajar para el mercado; lo que se llama democracia se ha convertido en un sistema hegemónico que dispone de medios de difusión masivos, y una enorme maquinaria tecno-militar capaces de convencer por las buenas o por las malas...

¿Cómo es posible que de forma paralela a la generación de tanto conocimiento, a la vez que se han ido descubriendo tantas cosas que antes permanecían ocultas, y al mismo tiempo que nacían más y más universidades, laboratorios o centros de investigación, las variables que explican la vida se hayan ido deteriorando progresivamente? ¿Por qué el agua, el aire, los territorios, la fertilidad del suelo, los mares, la biodiversidad o la vida comunitaria se han ido destruyendo al mismo ritmo acelerado con que aparentemente aprendíamos sobre ellos? ¿Por qué en esta situación de crisis global la ciudadanía continúa creyendo firmemente que nuestra sociedad sigue un camino lineal desde un pasado de atraso y superstición hacia un futuro emancipador de mayor bienestar?

Para virar esta trayectoria que conduce al colapso es preciso reflexionar sobre «la noción de progreso» que tienen las sociedades occidentales, una noción que se basa en la separación entre cultura y naturaleza, y que ha contribuido a construir una esfera social, tecnológica y económica que ignora el funcionamiento de los sistemas naturales y crece, como un tumor, a costa de ellos".

 

Plantea:

"Saber de dónde venimos para poder cambiar

La génesis del modelo de pensamiento occidental hunde sus raíces en la Modernidad. Este período, época de indudables avances, en la que se consigue desvincular el pensamiento del poder religioso, se proclaman los Derechos del Hombre y el concepto de ciudadanía (masculina) comienza a abrirse paso, es también el momento en el que se consolida el modo de relación entre los seres humanos y la naturaleza que han dado lugar a la actual crisis ecológica.

En efecto, es en este momento histórico cuando se ponen las bases del actual sistema tecnocientífico que se desarrolló a unas velocidades incompatibles con los procesos de la Biosfera que sostienen la vida, y al servicio de un modelo socioeconómico que sólo considera riqueza lo traducible a valor monetario y que necesitaba crecer de forma exponencial.

La ciencia moderna se constituyó en el supuesto de que el pensador podía sustraerse del mundo y contemplarlo como algo independiente de sí mismo, siendo el conocimiento generado absolutamente objetivo y, supuestamente, neutral y universal. La revolución científica condujo a conceptuar la naturaleza como una enorme maquinaria que podía ser diseccionada y estudiada en partes. La naturaleza pasaba así a ser considerada un autómata sujeto a unas leyes matemáticas eternas e inmutables que determinan su futuro y explican su pasado.

 

En la actualidad sabemos que este modelo diseccionador, que ha sido tan útil para aplicar en la industria, ha resultado enormemente dañino para la vida sobre la Tierra. La lógica de las cosas muertas no sirve para entender el mundo vivo. En un ecosistema, vegetales, animales y microorganismos cooperan intensamente y, por ello, no puede ser comprendido estudiando cada parte por separado.

La visión atomizada y dispersa de la realidad tiene importantes repercusiones en nuestro entorno. Muchas decisiones en temas de ordenación del territorio, de creación de infraestructuras o de lanzamiento de productos químicos o transgénicos al medio, alteran una compleja maraña de relaciones con consecuencias imprevisibles. Estas actuaciones basadas en un conocimiento fragmentado, en muchas ocasiones ignoran la densa red de relaciones que conecta todo lo vivo y la emergencia de fenómenos que no tienen explicación y ni siquiera son visibles para una mirada reduccionista.

A pesar de que la propia ciencia desautorizó hace muchos años la mecánica clásica o la separación entre cultura y naturaleza como visiones que pudiesen explicar la complejidad del mundo, estas miradas siguen fuertemente arraigadas en los esquemas mentales de nuestra sociedad y continúan estando presentes en muchas de las aplicaciones tecnológicas e industriales de vanguardia.

Una concepción del saber como objetivo y universal, la oportunidad de difundirlo que ofrecieron los procesos colonizadores y la tecnología adecuada para poder hacerlo, han hecho de la ciencia occidental el sistema de conocimiento hegemónico, ante el que cualquier otro es considerado tradición o, a lo peor, superstición. De este modo, se olvida que ha habido, y hay, otras muchas formas de aproximarse al conocimiento que han demostrado su utilidad y cuya validez es equiparable a la de la ciencia "oficial" (pensemos en la conservación de los bosques de muchos pueblos indígenas o la eficacia energética de muchos tipos de arquitectura vernácula).

 

Un progreso lineal e ilimitado

La revolución científica e ideológica que instaura el proyecto de la Modernidad se amplía y se asienta en el Siglo de Las Luces, momento en el que se afianza la cultura occidental como visión generalizada del mundo. En este período, por una parte aparecen los ideales de la Ilustración basados en la libertad intelectual y el desarrollo del conocimiento emancipado de la Iglesia; por otro, surgen dos fenómenos asociados: el capitalismo y la Revolución Industrial. Fundamentalmente en manos de la economía liberal, la ciencia y su aplicación, desvinculadas de la ética gracias a su halo de objetividad y neutralidad, se ponen al servicio de la industria incipiente y del capitalismo, consiguiendo unos aumentos enormes en las escalas de producción, gracias a la disponibilidad de la energía fósil, primero el carbón, y posteriormente, y hasta hoy, el petróleo. El capitalismo y la Revolución Industrial, con la poderosa tecnociencia a su servicio, terminaron instrumentalizando los ideales de la Ilustración e imponiendo unas relaciones entre las personas y también entre los seres humanos y la Naturaleza, guiadas por la utilidad y la maximización de beneficios a cualquier coste.

El concepto de progreso humano se fue construyendo, por tanto, basado en el alejamiento de la naturaleza, de espaldas a sus límites y dinámicas. El desarrollo tecnológico fue considerado como el motor del progreso, al servicio de una idea simplificadora que asociaba consumo con bienestar, sobre todo en las últimas décadas, en las que la sociedad de consumo se ha autoproclamado como la solución para todos los problemas humanos. El lema "si puede hacerse, hágase" se impuso, sin que importasen los para qué o para quién de las diferentes aplicaciones. La ocultación de los deterioros sociales y ambientales que acompañaban a la creciente extracción de materiales y generación de residuos, hicieron que se desease aumentar indefinidamente la producción industrial, creando el mito del crecimiento continuo.

La palabra «progreso» dotaba de un sentido de satisfacción moral a esta tendencia de la evolución sociocultural. Se consideró que todas las sociedades, de una forma lineal, evolucionaban de unos estadios de mayor "atraso" –caza y recolección o ausencia de propiedad privada– hacia nuevas etapas más racionales –civilización industrial o economía de mercado– y que en esta evolución tan inexorable y universal como las leyes de la mecánica, las sociedades europeas se encontraban en el punto más avanzado. Al concebir la historia de los pueblos como un hilo de secuencias que transitaba del salvajismo a la barbarie, para llegar finalmente a la civilización, los europeos, empapados de la convicción etnocéntrica de constituir la "civilización por excelencia", expoliaron los recursos de los territorios colonizados para alimentar su sistema económico basado en el crecimiento. Sometieron mediante la violencia (posibilitada por la aplicación científica a la tecnología militar) y el dominio cultural a los pueblos colonizados, a los que se consideraba "salvajes" y en un estado muy cercano a la naturaleza.

Esta concepción de progreso, vigente en el presente, ha sido nefasta para los intereses de los pueblos empobrecidos y para los sistemas naturales. La idea de que más es siempre mejor, la desvalorización de los saberes tradicionales, la concepción de la naturaleza como una fuente infinita de recursos, la reducción de la riqueza a lo estrictamente monetario y la fe en que la tecnociencia será capaz de salvarnos en el último momento de cualquier problema, incluso de los que ella misma ha creado, suponen una rémora en un momento en el que resulta urgente un cambio de paradigma civilizatorio.

 

Cambiar no es una opción

En un planeta con los recursos finitos, es absolutamente imposible extender el estilo de vida occidental, con su enorme consumo de energía, minerales, agua y alimentos. El deterioro social y ambiental no son subproductos del modelo de desarrollo, sino que son una parte insoslayable de ese tipo de desarrollo. Nos encontramos, entonces, ante una crisis civilizatoria, que exige un cambio en la forma de estar en el mundo. Los modos de producción de bienes y necesidades de la sociedad industrial, han colaborado en la configuración de las relaciones entre las personas. Si la dinámica consumista y la obtención del beneficio en el menor plazo dirigen la organización económica, esta misma lógica se instala en los procesos de socialización y educación, determinando finalmente que las metas a alcanzar por cada individuo se orienten hacia la acumulación, olvidándose de poner en el centro el propio mantenimiento de la vida.

Hoy, el «progreso» es afrontar la incompatibilidad esencial que existe entre un planeta Tierra con recursos limitados y finitos, y un sistema socioeconómico, el capitalismo, que impulsado por la dinámica de la acumulación del capital, se basa en la expansión continua y conlleva de forma indisoluble la generación de enormes desigualdades. Se trata de establecer un "nuevo contrato social" que involucre a hombres y mujeres como parte de la naturaleza y seres interdependientes.

Progresar será, por tanto, transitar de una lógica de guerra contra las personas, los pueblos y los territorios a una cultura de paz que celebre la diversidad de todo lo vivo, que permita a todas las personas el acceso a los bienes materiales en condiciones de equidad y que se ajuste a los límites y ritmos de los sistemas naturales. Vivir con menos es una exigencia física que impondrá la limitación de los recursos materiales. Vivir bien con menos y en condiciones de justicia y equidad, es un camino que hay que señalar, sumando mayorías que puedan resistir, exigir e impulsar un cambio. Esta nueva visión permitirá establecer alternativas, recuperar lo valioso que perdimos y explorar caminos inéditos que permitan vivir en armonía social y en paz con el planeta. Muchas personas, en todos los continentes, lo están haciendo ya".

Yayo Herrero forma parte de Ecologistas en Acción Fuente: www.rebelion.org / Opinión/  15-5-09

 

2. Modernidad, porque la actual hambrea y vuelve mísera e infeliz la vida de las mayorías

 

Carlos Mígueles Monroy -Bolpress, en "Tenemos la edad del universo" (crónica de la intervención de Frei Betto), advierte: “En pocos años, hemos pasado de una época de cambios a un cambio de época. Así comenzaba Frei Betto su análisis sobre el reto de vencer la pobreza en América Latina. Por tercer año consecutivo, la ONG española SOLIDARIOS para el Desarrollo abrió un espacio para que profesionales del periodismo, profesores universitarios y organizaciones de la sociedad civil dialogaran sobre el papel de los medios en la transformación del mundo.

 

En estas Jornadas de Comunicación y Desarrollo, el periodista, teólogo y filósofo brasileño que fuera responsable del programa Hambre Cero en el equipo de Lula habló del cambio de un paradigma de la fe a uno de ciencia y razón en pocos siglos.

"Pensábamos que todo se iba a resolver. Pero la modernidad fracasa porque no mejora la vida de la mayoría: 4.000 millones de persones viven debajo de la línea de la pobreza; 1.300 millones debajo del umbral de la miseria", recordaba Frei Betto.

La producción de biocombustibles influye en el incremento de los precios de los alimentos que hunde a millones de familias. Los denomina Necrocombustibles, en oposición a los biocombustibles, por las condiciones en las que trabajan quienes los producen y porque alimentan coches en lugar de alimentar a seres humanos.

"Hemos llegado a la luna pero no hemos conseguido poner alimentos en el estómago de millones de personas, mientras proliferan islas de opulencia", decía el teólogo.

El capitalismo expansivo se ha vuelto recesivo en un mundo donde la especulación tiene más importancia que la producción. Al comparar los 60 billones de dólares en producción con los 600 billones de economía artificial, prueba de que el sistema neoliberal ha fracasado para 2/3 partes de la humanidad (...)".
Fuente original: http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2009112703&PHPSESSID=690434cb418ba9347ea4f2d9b913dcf3
Fuente: www.rebelion.org  / Opinión / 29-11-09

 

En suma, enfoquemos el cómo encauzar la construcción del otro modo de producción y de vida. Partamos de consideraciones que formula la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas - CAOI  en su Manifiesto, tales como: "Para evitar que se agrave la crisis ambiental es urgente realizar cambios fundamentales en el sistema político, social y económico mundial para que la conciencia ambiental, la justicia social y el bien común prevalezcan sobre los intereses económicos privados.

 

Los acuerdos políticos deben tener como base mínima el reconocimiento de la deuda histórica por parte de los países del norte y entregar un mayor protagonismo a las comunidades afectadas en este acuerdo global. Cada comunidad en su territorio debe disponer de manera más soberana de los recursos para enfrentar el Cambio Climático, y al mismo tiempo se debe fortalecer procesos verdaderamente democráticos al interior de las naciones".

 

Hagamos algunas precisiones a estos lineamientos muy acertados desde otras afirmaciones de CAOI:

  • La crisis ambiental es, a la vez, económica. Y agreguemos que sus consecuencias agravan la violación de derechos humanos de las grandes mayorías en forma acelerada y la morbilidad de poblaciones víctimas de la contaminación ambiental y de la desertificación.
     

  • La sobreexplotación de los recursos naturales por el capitalismo (no sólo por el modelo neoliberal) podrá superarse si las comunidades conquistan la autogestión y el autogobierno de sus territorios como totalidades de convivencia entre distintas culturas e identidades. También si no se los fragmenta en recursos naturales y se los aprecia en el conjunto de sus interrelaciones para prevenir perjuicios al buen vivir de generaciones futuras.

Es decir, a diferencia de CAOI, no se trata de creer en acuerdos políticos donde los países imperialistas reconozcan que sacrificaron, empobrecieron y exterminaron a la mayoría de los pueblos para su progreso. El problema a resolver por los de abajo es constituirse como pueblos con voluntad de lucha por sus respectivas autodeterminaciones y por participar en apropiarse del destino común de la humanidad entera. Esta rebelión desde la afirmación como sujetos de derechos y como sujetos colectivos con poder transformador de la realidad social, nacional e internacional, se sustancia en el cambio del paradigma desarrollista por el del buen vivir.

 

Para tomar rumbo al buen vivir tengamos en cuenta a Yayo Herrero (Pueblos) cuando afirma:"El deterioro social y ambiental no son subproductos del modelo de desarrollo, sino que son una parte insoslayable de ese tipo de desarrollo. Nos encontramos, entonces, ante una crisis civilizatoria, que exige un cambio en la forma de estar en el mundo. Los modos de producción de bienes y necesidades de la sociedad industrial, han colaborado en la configuración de las relaciones entre las personas. Si la dinámica consumista y la obtención del beneficio en el menor plazo dirigen la organización económica, esta misma lógica se instala en los procesos de socialización y educación, determinando finalmente que las metas a alcanzar por cada individuo se orienten hacia la acumulación, olvidándose de poner en el centro el propio mantenimiento de la vida.

 

Hoy, el «progreso» es afrontar la incompatibilidad esencial que existe entre un planeta Tierra con recursos limitados y finitos, y un sistema socioeconómico, el capitalismo, que impulsado por la dinámica de la acumulación del capital, se basa en la expansión continua y conlleva de forma indisoluble la generación de enormes desigualdades. Se trata de establecer un «nuevo contrato social» que involucre a hombres y mujeres como parte de la naturaleza y seres interdependientes".

 

 


 

Organización  ((VOLVER))

 

Del progreso en la expoliación y el sometimiento a los pueblos

El capitalismo e imperialismo: 

 

1. Acompaña el arrasamiento económico-ambiental con la industria de la pobreza


Una industria en crecimiento: Criminalización de la Pobreza

 

La Industria de la Pobreza se erige como una de las más rentables del capitalismo tardío. América Latina garantiza a los mercados, grandes cantidades de materia prima para desarrollar la actividad.

 

Por Pablo Casals (desde la Redacción de la Agencia Periodística del Mercosur ) explica: "Uno de los principales ideólogos de la economía liberal, Thomas Malthus, escribió lo que hoy conocemos como el “Principio de Población”. El autor elaboró una serie de recomendaciones para tener en cuenta a la hora de combatir uno de los problemas que -según él- acechaban la Europa de principios del siglo XIX: la explosión demográfica. Para poner freno a tal expansión, proponía a los estados que dejaran a las poblaciones a merced de las plagas, las guerras y las pestes; a la vez que instaba a los pobres a la abstinencia y no procreación de una familia. Malthus, adversario decidido de las políticas sociales, sostenía que los estados no debían reconocer a los pobres el derecho de recibir ayuda, porque atribuía su condición a la falta de previsión individual.

Doscientos años después, aquel flagelo que Malthus combatía para su erradicación definitiva, se ha transformado en una de las empresas más rentables de la economía global. La Industria de la Pobreza podría equipararse con el tráfico de drogas, el negocio de las armas, el comercio de hidrocarburos y las telecomunicaciones. Una actividad que cuenta con materias primas en constante crecimiento, que se valoriza como mercancía y como capital financiero. La pobreza, y su dinámica ascendente, atraviesan todos los puntos de la cadena de producción de valor del capitalismo tardío.

A esta última versión del modo de producción capitalista, también se la conoce como neoliberalismo. Consiste en una recreación con modificaciones, de los postulados liberales ortodoxos en el terreno económico (el citado Malthus, la Doctrina Monroe), reforzados en lo político por las consignas conservadoras de las derechas tradicionales, cuyos exponentes latinoamericanos siguen siendo las oligarquías agrícola-minero-ganaderas y los representantes del capital transnacional. Ambos sectores, usufructuaron de las estructuras de los estados y poblaciones del continente, y no escatimaron en gastos para lograr sus propósitos de enriquecimiento.

 

Generalmente, se describe al capitalismo tardío -decir globalización sería justificarlo- como una carrera desenfrenada que las grandes empresas y sus estados patrocinantes, mantienen en busca de mercados y enclaves de producción desrregulados. Estos les permiten aumentar sus márgenes de ganancia y hacer más competitivos sus productos en mercados (países, ciudades, pueblos) abiertos al consumo, en el marco de una tendencia cada vez más pronunciada hacia la oligopolización y la especulación financiera. Así, tanto el sistema productivo (el campo, la fábrica) como el sector servicios (el transporte), necesitan cada vez menos del trabajo humano, mientras el capitalismo termina por destruir los mercados que conquista. Cabe agregar, que en estas zonas “arrasadas”, es donde la Industria de la Pobreza encontrará el terreno propicio para desarrollarse, una vez consolidadas las diferentes etapas de disciplinamiento social.

 

Simplificar en pocas líneas los últimos treinta y cinco años de historia económico-política latinoamericana, significa poner el acento en los puntos en común, sin hacer hincapié en las particularidades y especificidades de cada país, que son tan importantes como las recurrencias. Sintéticamente, los estados de América Latina llevaban adelante el modelo de acumulación keynesiano-fordista, basado en una fuerte presencia del Estado en todos los estratos de la economía, fomentando el pleno empleo–pleno consumo. Este carácter regulador e intervensionista del Estado, incrementaba los índices de productividad del trabajo que repercutían positivamente en la suba de salarios, demanda de mano de obra, estabilidad laboral, y movilización social.

 

Fueron los años de auge del modelo de industrialización por sustitución de importaciones, que facilitó la organización y movilización política de la sociedad, a partir de las organizaciones sindicales y estudiantiles. El anhelado cambio social, dejaba de ser un sueño para transformarse en una posibilidad real, vehiculizado por los movimientos de masas que copaban las calles y los barrios de toda América Latina.

 

Con los argumentos de combatir al “enemigo interno”, Estados Unidos fortalecería su Doctrina de Seguridad Nacional, apoyando y financiando los diversos golpes de Estado que comenzaban a encadenarse por toda Latinoamérica. Mediante el disciplinamiento represivo de los sectores populares en ascenso, cumplirían el objetivo de “reestablecimiento del orden, el respeto y la moral cristianas”.

 

El por qué de los objetivos de modificación de las relaciones de fuerza, se evidenciaría durante los primeros años de políticas neoliberales. En una síntesis apretada de las primeras consecuencias que trajera el nuevo modelo de acumulación, podríamos destacar:

La apertura democrática que tuvo lugar en el continente durante la década de los 80’s, se desarrolló a partir de las agendas que habían establecido las dictaduras: no se cuestionaría el modelo económico, y los nuevos gobiernos serían “mirados de cerca” por las Fuerzas Armadas de los diferentes países. Así, las democracias representativas se perfilarían poco a poco, como bipartidistas y con funcionarios adictos al régimen económico. El margen de “gobernabilidad” dependería de una rápida consolidación de las instituciones del estado. La corrupción y la cooptación económica de funcionarios, y la institucionalización y regulación de las organizaciones de la sociedad civil, fueron los ejes del plan sistemático de “transición democrática”.

 

A partir de 1990, las políticas norteamericanas respecto de América Latina cobrarían un sesgo netamente económico. La hegemoneidad económica que proclamó el Consenso de Washington en 1991, sentaría las bases para llevar adelante en nuestros países, un programa neoliberal que tendría como protagonistas principales a los organismos internacionales de financiación como el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El Consenso, estipuló una receta que América Latina debía tomar para superar el estancamiento económico de los 80’s, que se complementaría con el apoyo crediticio de los organismos. Las medidas eran: la reducción de las estructuras del Estado y flexibilización laboral. Sus consecuencias: la desindustrialización, desocupación masiva, y pauperización de los sectores populares a partir del despojo. La década del 90 dejaría como saldo una brecha de 40 a 1, entre los que más y menos tenían.

 

Desde el sentido común, cuando hablamos de Industria de la Pobreza, lo primero que aparece ante nuestros ojos es el circuito de reciclamiento de basura que cada noche se pone en movimiento en las grandes ciudades. Según un artículo del diario argentino Página/12 (26/03/2006) el servicio de recolección de basura de esa ciudad representa un costo de 13 millones de pesos mensuales (cerca de 4,9 millones de dólares), y cada ciudadano produce 1,5 kilogramos diarios. Pero a raíz de la situación económica de los últimos años, sólo en la capital argentina, entre 40 y 50 mil personas sobreviven de la recolección de basura.

 

Los “cartoneros”, conforman el primer eslabón de la cadena de reciclado de papel y plástico, que se completa con acopiadores, fleteros, la clasificación y procesado, para terminar en los fabricantes de productos plásticos (perchas, cajas de CD’s) y las papeleras recicladoras. Una familia de “cartoneros” llega a recolectar entre 60 y 65 kilogramos diarios, lo que representa una ganancia de 30 a 35 pesos (11 dólares). Estimativamente, algo más de 700 toneladas de cartón y plástico son recolectadas diariamente en las calles de Buenos Aires (125.862 dólares).

Sin embargo, la conformación de la Industria de la Pobreza comenzó a gestarse en la relación que establecieron las aperturas democráticas y la consolidación del neoliberalismo en los diferentes países del continente. Desde el momento en que cada persona fue entendida como votante y consumidor, se desplegaron todas las condiciones para que esa persona continuara votando, consumiendo, y generando valor, sin interferir en aquella carrera desenfrenada que se describiera párrafos arriba.

Se adaptó el mercado de trabajo a las nuevas estrategias económicas. El estado mediante institucionalización del sistema democrático hizo uso de instrumentos de intervención social para regular la oferta de trabajo y el conflicto social.

 

El argumento que fundamentó el nuevo disciplinamiento social vía desocupación masiva, fue el aumento de la eficacia y la eficiencia para alcanzar niveles de productividad que mejorarían las condiciones de competitividad en los mercados internos y externos. De esta manera, se desarrolló un nuevo mercado laboral con condiciones degradantes de trabajo, caracterizado por la inestabilidad, salarios debajo del mínimo, ausencia de protección legal, y una supuesta necesidad de capacitación permanente. Los resultados alcanzados fueron entre otros: el incremento del rendimiento individual, disciplina en el lugar de trabajo, y una reducción de conflictividad. Elementos que garantizaron el beneficio en términos económicos, y la gobernabilidad –a expensas del control- en términos políticos.

 

Esta fragmentación y la inestabilidad del mercado laboral impuesta por la nueva modalidad productiva, se legalizó con las condiciones de contratación de la flexibilidad laboral antes descriptas. Por otro lado, las personas “expulsadas” del mercado formal de trabajo, se convirtieron en un factor amenazador sobre la fuerza laboral “incluida”. Esa amenaza se tradujo en la delincuencia personalizada en inmigrantes indocumentados (pobres) y delincuencia infanto-juvenil (también pobres).

 

Con estos procesos comenzó también, la migración de fuerza de trabajo dentro del continente y hacia los países centrales. Estas personas se convirtieron en productos de exportación de la industria de la pobreza. Una de cada tres personas que se unen a la fuerza de trabajo en Estados Unidos es latinoamericana. La emigración parece ser la mejor alternativa laboral para el 43% de los 108 millones de jóvenes latinoamericanos de entre 15 y 24 años de edad, quienes tienen por objetivo un empleo estable y poder acceder a bienes y servicios -la tasa de desempleo en esa población es de 16.6 por ciento en Latinoamérica, aproximadamente 18 millones de jóvenes.

Para el capitalismo tardío, la cuestión social es un aditamento que se desprende de lo económico. La pobreza, en tal caso, es producto de ineficiencias anteriores que se eliminará por el efecto de derrame generado indefectiblemente por el mercado. Por otra parte, las medidas para “combatir la pobreza” denotan una nueva forma de relacionarse con los pobres que aún no se traduce en una reducción de la misma. Los programas diseñados para tales fines, y la inversión de dinero por cada uno de ellos, están subordinados al esquema global de acumulación que sólo apunta a contrarrestar la muerte por inanición, y garantizar la reproducción de la “materia prima” de la industria de la pobreza.

Al comprender la política social en términos de gasto y compensación transitoria para determinados segmentos de la población, el estado neoliberal persigue una mayor eficiencia y un uso más tecnificado de la información social en función del impacto del gasto. Mediante la “reactivación y saneamiento” sobre el bienestar de los “beneficiados”, se pretende construir una “demanda racional” entre los sectores pobres. Es decir, desarrollar la capacidad para presentar, gestionar y ejecutar proyectos productivos en esa capa de la población. La descentralización inherente al estado neoliberal, busca que las decisiones referidas a la política social sean asumidas por agencias gubernamentales de menor nivel (municipios), y eventualmente, por organizaciones de la sociedad civil como clubes, sociedades de fomento, mutuales, institucionalizadas jurídicamente mediante el formato de ONG’s.

 

Esto conforma un mecanismo que desliga de responsabilidades al estado, empujando la crisis hacia abajo. Si bien se pretende “atacar” de cerca al foco de conflicto, esta misma descentralización reproduce y legitima en la sociedad civil, la cooptación, el caudillismo, la prebenda y el acomodo de las altas esferas del estado y el mercado. Por otra parte, al convertirse el pobre en “beneficiario de”, se le quita automáticamente toda posibilidad de reclamo legítimo de sus derechos. El pobre pasa a ser beneficiario de planes de alimentación, de salud o capacitación, mientras se aniquilan sus derechos a la educación, nutrición y cobertura social.

 

La reforma social sirve de sustento para el ajuste económico y garantiza la gobernabilidad. La nueva lógica de intervención estatal, se convierte en instrumento de control para los sectores agredidos por las políticas de ajuste, y resulta indispensable para el modelo de acumulación del capitalismo tardío.

 

Con las privatizaciones masivas, se abandona la noción de servicio público y se la reemplaza por la de operación mercantil orientada hacia la ganancia. Las mismas acarrearon la pérdida de fiscalización de los estados, en tanto representantes de la comunidad nacional, respecto de las áreas afectadas. Generalmente las privatizaciones introducen irracionalidades mayores que las que combaten. En Latinoamérica, los seguros sociales operan casi exclusivamente vía contratación de servicios se salud con un sector privado que ha producido altos niveles de sobreprestación que implican una alarmante ineficacia global. Lo mismo puede decirse de las políticas habitacionales de subcontratación con empresas privadas que operan con costos declarados muy elevados con relación al producto que ofrecen. Las utilidades conseguidas por el sector privado, se convierten en capital especulativo que se fuga de nuestros países hacia los paraísos financieros. Las consecuencias son el colapso total del sistema sanitario y habitacional.

 

En América Latina, el Estado abdicó de su capacidad reguladora, favoreciendo la consolidación y constitución de estructuras oligopólicas. Las políticas sociales se modelaron en función de la capacidad de presión de grupos e intereses particulares (laboratorios medicinales, empresas comercializadoras, organizaciones de profesionales).

La privatización de los sistemas de jubilaciones y pensiones, seguros de trabajo y empresas de servicios, pretendían transformar esos recursos que antes manejaba el Estado, en un masa de capitales que “bajaría” a la población mediante los Fondos de Inversión Social para el financiamiento de las micro y pequeñas empresas, a las cuales se buscaba dotar de condiciones de competitividad y rentabilidad que jamás alcanzarían.

El resultado de esta lógica, fue otra carrera desenfrenada de casi 2/3 de la población del continente, por conseguir una migaja de esa batería de recursos destinada a la generación de planes compensatorios de empleos temporales, asistencia sanitaria básica, capacitación laboral, apoyo productivo, y complementos alimentarios.

Los movimientos migratorios hacia los países centrales y periféricos con mayor oferta de trabajo, ponen su granito de arena en esta dinámica. En Estados Unidos y Europa, se desarrolla toda una economía informal de gran escala sobre la cual se erige el sector formal. Más del 60 por ciento de las personas que se incorporan a los mercados de trabajo de los países centrales, lo hacen en el sector informal.

 

A la economía “en negro”, se le agrega la “economía subterránea”. Esta está constituida por actividades ilegales; ejemplos: el contrabando, el juego ilegal, tráfico de menores, prostitución adulta e infantil, tráfico de autopartes, y el narcotráfico que es la más importante. Mientras crezca la economía subterránea, mayores serán los efectos directos y actividades a favor de su crecimiento de estás mismas –a pesar de los intentos de los gobiernos por ocultarlo-, dado que los participantes de esta economía participan de la formal comprando insumos, armas, aviones, e inversiones en el mercado financieros para canalizar las ganancias.

 

Un ejemplo ilustrativo es el narcotráfico, y particularmente el circuito de producción-comercialización-consumo de la cocaína. Bajo el título “lucha contra el narcotráfico”, se ha determinado internacionalmente que el cultivo de la hoja de coca es parte de un crimen contra la humanidad y también es el producto más combatido en la guerra contra las drogas; es decir, la coca debe ser erradicada. El resultado de estos análisis, es la persecución, cárcel y asesinato que sufren los campesinos por parte de las fuerzas represivas.

La cara oculta del “flagelo de la droga” es el dinero que produce para el benéfico de los grupos organizados traficantes y para el sistema financiero mundial. La acumulación de capital ilícito vía las drogas es una especie de colchón financiero a nivel del sistema bancario global. Los ejemplos ilustran: el valor neto de un kilogramo de cocaína es 50 mil veces superior al del kilo de hoja de coca. De cada 100 kilogramo de hoja de coca se obtiene 1 kilogramo de cocaína.

 

La falsa caracterización de lo que en realidad representa el capital financiero del tráfico de cocaína, está cómodamente descripto con fáciles palabras como “flagelo”, “economía informal”. Si bien los economistas rehúsan de la existencia objetiva de este dinero dentro de los flujos económicos nacionales, en la realidad, la producción-consumo de cocaína y su potencial de acumulación, quedan representados con los 1.000 millones de dólares que anualmente circulan por los mecanismos financieros mundiales que provienen de esta actividad.

El «narcotráfico» genera ganancias en todos los niveles de la cadena. Desde la producción hasta el consumo: pasando por la siembra, cultivo, cosecha, elaboración, distribución, transporte, comercialización de la alta, media y baja escala; servicios bancarios, financieros, consultaría económica de inversiones, asesorías jurídicas, servicios sociales, médicos y de seguridad. En toda Latinoamérica, podría hablarse de casi cinco millones de personas que obtienen un ingreso a partir del comercio de la cocaína.

 

Esto nos obliga a buscar conexiones entre la violencia inherente a la pobreza extrema y las disputas del mercado de la droga o la desesperación de los adictos. El estado y el capital reaccionan con más violencia frente al conflicto. Se diseñan leyes cada vez más duras y se otorgan mayores poderes y presupuestos a las fuerzas de seguridad. La droga es demonizada como factor único de agudización de la violencia de los pobres, y legitima la represión hacia esos sectores. En nombre de la defensa de la seguridad pública –“para garantizar la integridad física y el patrimonio de la ciudadanía”-, los diferentes gobiernos latinoamericanos han llamado en los últimos años, a un combate frontal contra la delincuencia organizada y reducirla a su mínima expresión, para evitar que represente un riesgo para la gobernabilidad.

Una nueva doctrina de “Seguridad nacional” requiere para su puesta en marcha, unificar e integrar la operación de todas las corporaciones policíacas de los países del continente, y reformar los Códigos Penales para hacer más duras las penas. Significa también, más toma de deuda para financiar las reformas en las estructuras de seguridad y, más fondos para programas de lucha contra la violencia y prevención de las adicciones en las organizaciones comunitarias.

 

Pero lo más escalofriante de la Industria de la Pobreza son sus especialistas. Se gastan millones de dólares en idear planes contra la pobreza, y quienes los diseñan viven dentro de un confort similar a gerentes de una empresa rentable. Los gobiernos latinoamericanos han reducido el desempleo, creando oficinas donde los planes contra la pobreza se diluyen en viáticos, dietas, combustibles y todo lo necesario para que los técnicos especialistas se desplacen hacia los reductos de la pobreza, en busca de los ejemplares más pobres y mantener al día el mundo de las estadísticas.

 

Como toda actividad generadora de riqueza, la Industria de la Pobreza puede medirse de acuerdo a diferentes criterios, que han sido desarrollados tanto por organismos locales e internacionales en toda América Latina. Han evolucionado exponencialmente los censos nacionales, encuestas parciales, y su representación final en mapas digitales elaborados con tecnología de punta. Un país que no tenga su mapa de pobreza, no es considerando un país solvente para recibir fondos que ayuden a paliar la pobreza.

Han gastado fortunas de cientos de millones de dólares, que han engrosado las deudas externas de los países latinoamericanos. Son numerosas las empresas que se han desligado de cargas impositivas, gracias a las donaciones hechas a países del “Tercer Mundo” para combatir la pobreza. Incluso, la solidaridad y la filantropía se han convertido en estrategias de marketing que dejan jugosos dividendos.

Mientras los funcionarios, técnicos e intelectuales progresistas latinoamericanos, diseñamos políticas para combatir la pobreza, ayudamos a los pobres a llenar los formularios para obtener algún subsidio, dictamos clases, escribimos libros y artículos periodísticos, los niños de nuestros países continúan revolviendo la basura, aspirando pegamento y fumando pasta base para combatir el hambre.

Así como el capitalismo tardío vuelve anónimo e indescifrable al sistema de dominación económica, nuestras democracias latinoamericanas y sus sistemas bipartidistas vuelven anónimo al esquema de dominación y cooptación política. Los Estados se han convertido en administradores de recompensas conformes al mercado y los intereses privados. Los partidos se han transformado en empresas eficientes, dirigidas por caudillos regionales, que reproducen y distribuyen las prebendas. Los gurúes de la Industria de la Pobreza, continúan pergeñando estrategias para combatir la inanición. Sin embargo, el hambre -diría Eduardo Pablovsky- no tiene tácticas ni estrategias: “el hambre, sólo tiene hambre”.

pcasals@prensamercosur.com.ar

Fuente: http://www.prensamercosur.com.ar/apm/nota_completa.php?idnota=1708 - 13|04|2006

 

2. Inculca menosprecio por la diversidad de culturas de los de abajo y  seducción por la sociedad de consumo

 

Una guerra a muerte contra la resistencia de los pueblos

Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info) dice: "Para muchos, la realidad del imperialismo yanqui sobre nuestra América forma parte del realismo mágico que caracteriza grandemente nuestra cotidianidad y nuestra esencia como continente.

Esto ha logrado que el imperialismo yanqui sea percibido por algunos como la excusa recurrente de la gente de izquierda para explicar todos los males sufridos por nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños, sin molestarse en conocer a profundidad los elementos históricos que lo han hecho posible, contentándose con una visión simplista que no termina de explicar las causas del subdesarrollo al cual pareciéramos estar condenados sin redención alguna. Sin embargo, las acciones del imperialismo gringo se evidencian desde finales del siglo XIX y a todo lo largo del siglo XX, extendiéndose hasta hoy, con una secuela aparentemente interminable de intervenciones militares (directas e indirectas), golpes de Estado, bloqueos económicos, secuestros, asesinatos y desapariciones de dirigentes y luchadores populares, todo lo cual conforma una vasta gama de tácticas y estrategias dirigidas a asegurarle a Washington y sus grandes corporaciones transnacionales la hegemonía y el control de los mercados latino-caribeños, de los diversos recursos naturales indispensables y de las soberanías subordinadas de nuestras naciones, a las cuales sólo se les permite, hasta cierto nivel, algunos asomos de nacionalismo e independencia que no afecten el orden imperante.

No obstante, la estrategia de mayor consecuencia puesta en práctica por la clase dominante de Estados Unidos, aquélla que es menos visible, pese a todo el despliegue militar y las imposiciones políticas y económicas que suelen marcar la relación de éstos con nuestra América, está representada por la transculturación, en una guerra a muerte contra la resistencia de los pueblos, ya no únicamente a escala continental sino también mundial, valiéndose para ello del dominio monopólico y oligopólico de los diferentes medios de información, reduciendo todo a una única visión del mundo en que vivimos y a la adopción inducida del llamado “american way life”, en una especie de darwinismo cultural que desconoce (con la prepotencia que le es característico) la diversidad cultural existente.

De esta forma, nuestras sociedades “subdesarrolladas” mantienen latente una paradoja entre la cultura “moderna” (léase, gringa) y la cultura autóctona (refiriéndonos con ello no únicamente a las expresiones de nuestras primeras naciones indígenas, sino además a la amalgama resultante de las mezclas étnicas y culturales producidas desde el momento de la invasión europea a estas tierras hasta los días actuales). De esta suerte, las víctimas de esta alienación constante terminan por avergonzarse de todo lo relacionado con la cultura popular y prefieren pasar por cultos, asumiendo como propios los patrones de conducta reinantes en el norte anglosajón, no importa que ello les haga ver como verdaderos ignorantes, al imitarlos torpemente.

 Según su concepción neoliberal de globalización económica, para el imperialismo yanqui toda expresión de independencia, autodeterminación e identidad cultural entre los pueblos de nuestra América y del resto del planeta constituye una grave amenaza para el éxito de sus planes hegemónicos, de control territorial de recursos básicos y mercados, en una guerra de baja intensidad que es secundada por la mayoría de los medios de comunicación controlados por empresarios nacionales que, por otra parte, están asociados a los grandes capitales estadounidenses; forjándose, en consecuencia, la degradación persistente de la autoestima y demás valores que resaltan su carácter nacional. De ello están muy conscientes los jerarcas de Washington, pues reconocen tácitamente que los movimientos culturales de nuestros pueblos son claras manifestaciones de resistencia ante su acción depredadora y avasalladora. Esto impone la activación de tendencias culturales que promuevan en lo inmediato una mayor toma de conciencia, con profundo sentido revolucionario, de manera que contribuyan a una mejor comprensión, creadora y re-creadora, de la realidad circundante y a evitar que, en esta guerra a muerte contra la resistencia cultural de nuestros pueblos triunfe el más fuerte". Fuente: http://www.argenpress.info/ 3-12-09

En consecuencia, la organización político-económica en torno al vaciamiento de recursos naturales no la podremos superar si sólo pretendemos tomar posesión de los mismos porque persistiríamos en la lógica del gran capital, también la conservaríamos al mantener separadas la superexplotación de la naturaleza de la que sufren los trabajadores y otros componentes populares y de la criminalización tanto de la pobreza como de la protesta social.

 

Nuestra organización político-económica se basa en otro régimen de propiedad que el capitalista y el latifundista violadores de los derechos populares en nombre de ser dueños de hacer cuanto quieren dentro de, o con, su posesión. En efecto, la reforma agraria integral significa no sólo quitar el alambrado y las fronteras a los territorios sino, sobre todo, recuperar sus funcionamientos como totalidades particulares e interrelacionadas. De ahí la prioridad de facilitar la deliberación y toma de decisiones de las comunidades locales respecto a la transformación de sus territorios en acuerdo con el buen vivir y el hermanamiento de todos los de abajo de Argentina, el continente y el mundo. Ese posibilitar la confianza en la autogestión y el autogobierno territoriales exige crear espacios de diálogos o deconstrucciones conjuntas de nuestra transculturación.

 

A lo largo y ancho de Argentina hay múltiples organizaciones contra las variadas formas de avasallamiento e injusticia. Han asumido los conflictos esenciales a la incompatibilidad del modelo extractivo con las necesidades y aspiraciones de la diversidad popular. Resisten y proponen pero, además, se esmeran por «socializar y nacionalizar» sus experiencias e ideas, a la vez que estrechan vínculos con otros pueblos del continente y el mundo.

 

Que esas «socializaciones y nacionalizaciones» sean efectivas implica transformarlas en cuestión prioritaria para todos los de abajo e interpelarlos a fin de lograr sus compromisos con hacer posible el buen vivir. Significa concretarlas en forma tal de involucrar a una creciente mayoría en la organización y lucha por crear la feliz convivencia social, nacional e internacional. Es decir, no se reduce a generalizar la toma de conciencia sobre cómo el modelo extractivista:

  • destruye las condiciones de vida y de trabajo del presente y el futuro mayoritarios;

  • usurpa, desaloja, enferma y extermina a comunidades;

  • hacina en asentamientos precarios (alrededor o dentro de las grandes ciudades) a quienes expulsa de sus territorios;

  • flexibiliza y precariza a los trabajadores;

  • desarrolla toda una economía informal de gran escala sobre la cual se erige el sector formal;

  • se asocia con el despliegue creciente del narcotráfico, de la trata de mujeres y niños, de los juegos de azar;

  • promueve la prostitución a través de medios de comunicación, publicidades, Internet, teléfonos celulares, propaganda callejera, etc.;

  • criminaliza tanto la pobreza como la protesta social; y

  • desampara por desmantelamiento y corrupción del sector público.

Las «socializaciones» implican, además, articular todas las anteriores expresiones de la violencia e impunidad de los poderes establecidos y responsabilizarse por favorecer el viraje de cada cual desde la creencia en arreglarse por sí solo y en ser prescindible para decidir sobre el destino en común, hacia la participación protagónica en establecer reciprocidades socioeconómicas e interculturales en las relaciones entre los de abajo que comparten una localidad, una provincia y el país.

 

A su vez, las «nacionalizaciones» precisan de la elaboración conjunta del proyecto de país-mundo hacia la realización de las soberanías alimentaria, energética e hídrica y el buen vivir en el continente y el mundo.


 

Unidad   ((VOLVER))

 

De los de abajo y los pueblos contra el modelo extractivo

El desafío les reclama comenzar por poner en debate (e inducir la participación de una creciente mayoría) a:

 

1. Las razones para salir del modelo extractivo y para auto-organizarse a fin de conseguirlo 

 

Eric Toussaint, en “Salir de un modelo de desarrollo basado en las industrias extractivas y acelerar el proceso de la integración suramericana”, nos ayuda a plantear el conflicto central de los intereses populares con los oligopolios imperialistas y sus socios locales. Pero, sobre todo, destaca que "los gobiernos de la llamada corriente progresista de América Latina no han discutido ni han puesto en cuestionamiento el modelo extractivista. Siguen creyendo que mediante la extracción de los recursos naturales vamos a encontrar el camino del desarrollo. En lugar de recaer en el mito «desarrollista extractivo-productivista», es mejor tener un programa a largo plazo cuyo objetivo sea disminuir la dependencia de las exportaciones y mejor aún, repartir la producción de la riqueza nacional en un círculo virtuoso basado en la satisfacción y la promoción de la demanda interior, lo que implica dar prioridad y garantizar los derechos económicos, sociales y culturales de toda la población (en detrimento del frenético consumo de lujo de las clases sociales más ricas)".

 

Especifica: "Los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador no abandonaron el modelo productivista y extractivo,  aunque, regularmente, tienen cuidado en su discurso de distanciarse del mismo. Alberto Acosta lo explica muy bien en una entrevista reciente: «Los gobiernos de la llamada corriente progresista de América Latina no han discutido ni han puesto en cuestionamiento el modelo extractivista. Ecuador, Venezuela y Bolivia, para citar a los países que están de más avanzada en Suramérica, no han puesto todavía en tela de juicio la validez de un modelo extractivista, siguen creyendo que mediante la extracción de los recursos naturales vamos a encontrar el camino del desarrollo. Eso sabemos que será imposible. No sólo se trata de usar adecuadamente los recursos, sino de cambiar esa modalidad primario exportadora, que nos ha subordinado en el contexto internacional. […]

Es que el IIRSA  responde a la lógica del modelo extractivista atado a las demandas de acumulación del capital transnacional. Estos canales interoceánicos no buscan la integración de los pueblos, sino la integración de nuestras economías al mercado mundial. En tanto que suministradores de recursos naturales como petróleo y minería, por ejemplo, también de productos agrícolas, el control de la biodiversidad y las fuentes de agua (son) para el capital transnacional. Y todo esto en el marco de la ampliación de mercados, de la conformación de espacios donde se puedan crear mayores consumidores y no la conformación de la ciudadanía regional y menos de la ciudadanía global. El IIRSA todavía está vigente porque los gobernantes de América Latina de la tendencia progresista como Chávez, Lula, Evo, Correa y Fernández, no están cuestionando el modelo extractivista ni la forma de inserción sumisa en el mercado mundial.»

De hecho, en un gran número de países en desarrollo se asiste a una reafirmación del modelo «desarrollista extractivo productivista». Este fenómeno se debe a la coyuntura internacional excepcionalmente favorable entre los años 2004 y 2008, que se prolongó en el 2009 a pesar de la caída vertical del precio del crudo en el segundo semestre del 2008.

 

Esto hace recordar el precedente de los años 70 y su brusco final a comienzos de los años 80, cuando se hundieron los precios de las materias primas. Fue entonces cuando explotó el coste de la refinanciación de las deudas contraídas, especialmente para sostener las enormes inversiones en las industrias extractivas, provocando la crisis de la deuda del Tercer Mundo y su secuela de nefastos planes de ajuste estructural.

 

No es razonable que un gobierno de izquierda se alimente de las falsas esperanzas de unas repercusiones positivas y duraderas de un boom de los bienes primarios. Sobre todo cuando actualmente se tiene en cuenta mucho más que en los años 70 los efectos extremadamente negativos de la sobreexplotación de los recursos no renovables sobre los ecosistemas, y sobre el modo y la calidad de vida de la población (en especial, los pueblos originarios) e incluso, para los que estos argumentos dejan fríos, sobre el equilibrio presupuestario del Estado. En efecto, un período de altos precios en las materias primas genera una gran dependencia en relación con los ingresos que origina su explotación. Con mucha frecuencia, los poderes públicos se endeudan masivamente para invertir en actividades extractivas o para sostener un tren de vida ligado a la euforia de elevados ingresos provenientes de la exportación de bienes primarios. Cuando el precio de éstos baja, el peso del reembolso de la deuda obliga a los gobiernos a comprimir los gastos, con dramáticas consecuencias para los presupuestos sociales.

 

Por lo tanto, en lugar de recaer en el mito «desarrollista extractivo-productivista», es mejor tener un programa a largo plazo cuyo objetivo sea disminuir la dependencia de las exportaciones y mejor aún, repartir la producción de la riqueza nacional en un círculo virtuoso basado en la satisfacción y la promoción de la demanda interior, lo que implica dar prioridad y garantizar los derechos económicos, sociales y culturales de toda la población (en detrimento del frenético consumo de lujo de las clases sociales más ricas).

Lo importante es priorizar la integración regional entre los países cuyos gobiernos comparten una misma visión de los cambios estructurales necesarios (en el ámbito de la propiedad, de los derechos sociales, de los derechos de las mujeres, de los derechos de los pueblos originarios, de los derechos culturales, civiles y políticos...), rechazando la lógica capitalista y productivista.

 

En la parte positiva vemos que Venezuela, Bolivia y Ecuador tienen, junto a Cuba, un papel de aguijón en el ámbito del conjunto de Latinoamérica para favorecer, en diferentes niveles, una mejor integración: ALBA, UNASUR, Banco del Sur, la puesta en marcha de una nueva unidad de cuenta monetaria, el SUCRE, con el fin de reducir la preponderancia del dólar en los intercambios entre los países de la región.  Sin embargo, a pesar de los esfuerzos positivos de los tres países, se está perdiendo un tiempo precioso y el significado dado al proyecto del Banco del Sur no marca ninguna profunda ruptura con las instituciones multilaterales, como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, y el FMI. Y es otra ocasión que puede perderse (...)".

Traducido por Griselda Pinero y Raúl Quiroz

Fuente: www.ecoportal.net / 8-12-09

 

2. El rumbo de la Unión de Asambleas Ciudadanas hacia otro modo de producción y vida

 En la capital de la provincia argentina de Córdoba,
se desarrolló el décimo primer encuentro de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC).

En la UAC-11, ciudadanos de todo el país discutieron tres días sobre la defensa de

los bienes naturales, la salud y la autodeterminación de los pueblos,

ejes de una amenaza perpetrada por el saqueo y la contaminación.

 

Raquel Schrott y Ezequiel Miodownik (Agencia de Noticias Biodiversidadla) se refieren al:

 

XI Encuentro de la UAC: “El debate político del presente es el tema ambiental”

 

"Los sucesivos encuentros -que la UAC viene realizando- tienen el objetivo de «lograr un modelo de desarrollo sustentable, respetuoso del ecosistema, de las economías regionales y las culturas e identidades locales», respaldado por la consulta popular como herramienta para garantizar la libre determinación de las comunidades articuladas ante el avance «sistemático» de los emprendimientos «destructivos».

 

El primer día, los participantes de la UAC podrán asistir a talleres participativos de formación; el segundo, trabajarán en las comisiones, y el tercero, llegará el turno del plenario de conclusiones. Una feria de productos autogestionados y la cobertura con medios de la prensa alternativa acompañarán las jornadas.

Pablo Rivero es un militante del Centro Cultural El Semillero, uno de los espacios que integran la comisión organizadora del evento. El centro cultural, ubicado en el Valle de Calamuchita, está compuesto por artesanos y artistas que brindan talleres de folclore, música, plástica y teatro. Cuentan con una huerta comunitaria y poseen un equipo de formación en educación ambiental. En Villa Ciudad Parque, el poblado donde vive Pablo, se enfrentan a las fumigaciones con las que se sostiene el agronegocio.

 

Sobre las posibilidades de esta nueva asamblea de la UAC, la Agencia de Noticias Biodiversidadla conversó con Pablo Rivero : «Nosotros como grupo somos una organización chica de un pueblo, para nosotros es muy importante los niveles de articulación que vamos asumiendo las diferentes organizaciones, en las diferentes asambleas que estamos peleando por las luchas socio ambientales», señaló el activista.

 

- ¿Con qué expectativas llegan a este encuentro de la UAC, siendo que no es la primera vez que se realiza en Córdoba?

Pablo.- Hace rato tuvimos en Córdoba la UAC en Capilla del Monte, creo que fue la número 4 (fue la sexta). Mirá, las expectativas son bastantes; nosotros nos propusimos como eje temático de esta UAC el IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana), todo lo que significa el IIRSA, todo lo que son las diferentes secciones y regiones del país y cómo se implementa. Supongo que las expectativas van a ser aún mayores cuando empiece a llegar la gente; hay un montón de gente de Córdoba y un montón de organizaciones nuevas que se van a venir para acá a laburar todo este tema de los negocios y la minería.

 

- ¿Qué desafíos y qué logros se plantean en la UAC como espacio articulador?

Pablo.- Hay toda una estrategia legal en cuanto a minería y estamos desarrollando toda una estrategia legal en cuanto a los negocios. Me parece que ahí está el gran desafío de la UAC, recoger todas las experiencias positivas y negativas de los diferentes pueblos, porque la lucha la estamos dando; la UAC no es una organización con una estructura que actúa en bloque, la UAC es un espacio de encuentro, donde más o menos 3 ó 4 veces al año nos encontramos. Creo que es un espacio donde se llega desde la lucha local de cada lugar. Nosotros a la UAC de Jujuy (UAC-10)[2] llegamos con una ordenanza donde se prohibían las fumigaciones a 500 metros y ahora llegamos a esta UAC de Córdoba con un recurso de amparo de parte de los productores donde se les permite fumigar al lado de las casas. Son las diferentes experiencias y los diferentes capítulos legales y políticos que van teniendo en cada asamblea y organización, y que son también las pautas y las experiencias de lucha que van asumiendo los otros. Es como un intercambio, porque uno se encuentra con gente que tiene las mismas problemáticas en otra parte del país: cómo viene la lucha legal en ese lugar, cómo viene la lucha política, de qué forma están organizados, qué actividades, por ejemplo socio comunitarias, hacen con la población. La semana pasada estuvimos haciendo un ciclo de cine en todas las escuelas rurales de acá; son cosas que uno tiene para aportar y de ahí se recoge un montón de experiencia de otros lugares. Son importantes estos encuentros a nivel interno; para dentro de la UAC se pregunta muchas veces cómo poder accionar en grupo, de qué forma, más allá del último encuentro en San Lorenzo que fue bastante masivo. Fuera de lo que son los encuentros de la UAC, la convocatoria a ese lugar donde se juntó la UAC y el Paren de Fumigar nacional estuvo bastante interesante por el impacto que causó, más que nada en el pueblo de San Lorenzo.

 

- Algo que se construye en cada UAC tiene que ver con la dinámica de los talleres. Son varios los temas que estarán discutiendo, ¿cómo creen que se van trabajando todas estas cuestiones dentro de las asambleas y organizaciones?, ¿creen que estas problemáticas están siendo visibilizadas con la lucha en cada uno de los territorios?

Pablo.- Nosotros trabajamos mucho con soberanía alimentaria y con el tema de agronegocios, y bueno, tuvimos que ver dónde está la cuestión, quién maneja la marioneta, es decir, la marioneta está en el tema del IIRSA. Ahí es un poco más complicado, porque el tema del IIRSA está muy invisibilizado, uno puede visualizar mucho más la problemática del agua, de los agronegocios, de la minería, pero es muy difícil entender que por ejemplo el arreglo de la Ruta 9 es parte de un proceso de organización y de ordenamiento territorial del imperialismo. Es muy complicado bajar esa información a las bases, más allá de todas las actividades que se hacen con respecto a eso. No porque sea difícil en cuanto al material que hay, sino por la realidad misma del lugar. Me parece que en los lugares se dan diferentes problemáticas y que, obviamente, con el pasar del tiempo, a medida que se van superando etapas de formación en cada uno de los militantes y en cada uno de los vecinos del barrio, sí se van entendiendo estos temas. Se puede visualizar mucho más la problemática del tema de las fumigaciones, donde estamos nosotros, o el de la minería en Famatina, porque es un problema concreto. La gente no se imagina que esto es un plan estratégico del imperialismo y de infraestructura, como por ejemplo la Hidrovía Paraná; la ven como una acción de progreso. En realidad, es parte también de un mecanismo para facilitar el transporte de todos los bienes comunes o recursos naturales hacia afuera.

 

- ¿Crees entonces que cuesta tener una mirada regional hacia el interior de las organizaciones, además de hacia la gente en general?

Pablo.- Está costando... yo creo que estamos en un momento difícil. No sé si es la percepción desde el lugar que estamos nosotros, en un momento bastante adverso, pero realmente en Córdoba, por lo que estuvimos charlando con los compañeros, estamos en una situación muy adversa. A nosotros nos denegaron nuestro amparo por las fumigaciones y le dieron una medida cautelar a los fumigadores para poder seguir fumigando. No creo que sea una mirada pesimista, creo que es una mirada realista, porque en realidad nosotros estamos de pie y estamos en pie de lucha; realmente, el tema ambiental y de agronegocios, donde lo estamos trabajando nosotros, pasó de la etapa de nada a la información, y la gente ya está informada del tema y se socializa, está en los medios y en todos lados. Sí, está costando un poco avanzar en cuanto a medidas concretas, acciones legales, acciones políticas concretas, nos está costando un poco.

 

- ¿Ven alguna salida política o posibilidad de cambio ante el recambio parlamentario nacional?

Pablo.- En lo personal tengo una mirada bastante positiva, por decirlo de alguna forma. En general, se está diciendo que el Congreso tiene un giro hacia la derecha fuerte. Ni la oposición ni el oficialismo tienen quórum si no es con los diputados de estos llamados centro-izquierda. No creo que sean reflejo directo de las luchas populares, de las luchas sociales, pero sí creo que más o menos ellos van a poder canalizar un poco lo que las bases les van a estar trasmitiendo, que son todas estas problemáticas medioambientales; me parece que es por ahí donde está la movida. El debate político del presente, ya no del futuro, es el tema ambiental. No podemos seguir en esta realidad, con este trato que tenemos hacia la tierra. Me parece que tenemos que cambiar de paradigma y tener otra relación con la tierra, donde un río no divida dos pueblos, sino que sea parte de un lugar y todos lo cuidemos y lo respetemos, y la tierra sea nuestra madre tierra, que es la que nos da los alimentos. Me parece que tenemos que cambiar de paradigma de relación con la tierra. No me gustó mucho la acción que tuvieron estos diputados, en esta relación de fuerzas, en esa primera actividad que hubo en el Congreso, pero sí entiendo que van a haber cosas donde van a pesar los diputados de centro-izquierda. Ni el oficialismo ni la oposición tienen mayoría si no es con esos diputados. Mi lucha y mi esperanza no están ahí, están acá en donde estamos laburando. No deposito mi esperanza en el Congreso, realmente, porque sino no estaríamos haciendo todo lo que hacemos acá. Las esperanzas están puestas acá.

 

- Es importante analizar, de todas maneras, con la lógica de uno, cuál es el escenario que se visualiza.

Pablo.- Mucha gente dice «en el Congreso está la derecha», pero bueno, la derecha no tiene quórum si no es con los diputados de centro-izquierda y el oficialismo tampoco. Espero ahora que estos diputados, y Pino Solanas que específicamente está un poco más empapado de la problemática de la tierra y la minería, pongan en agenda el tema de la minería y de los agronegocios. Vuelvo a decir, no deposito mi confianza o no estoy esperanzado en que él pueda ser una salvación para nada, pero sí por lo menos poder meter agenda en Diputados y que eso lo acompañamos desde las organizaciones sociales con las actividades de difusión en cada lugar, si es movilización es movilización. Nos pasa muchas veces que los temas que son de agenda para nosotros en la Legislatura y en el Congreso no están, pero ni siquiera en tercera ubicación. Una agenda en el Congreso que hable de la mega-minería o de los agronegocios va a acompañar todo el laburo que venimos haciendo".

Fuente: www.biodiversidadla.org / 9-12-09

 

La formación de los militantes y activistas socioambientales

fue una de las principales actividades

del undécimo encuentro nacional de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC)

Raquel Schrott y Ezequiel Miodownik (Agencia de Noticias Biodiversidadla) informan:

"Los temas a abordar por los talleres del primer día del encuentro de tres jornadas, entre el 11 y el 13 de diciembre, son: territorios, agronegocio, soberanía alimentaria, minería y las luchas por el agua, contra la contaminación urbana y también por el derecho ambiental y contra la criminalización de la protesta.

 

Uno de los talleres se refiere a «la comunicación y el cambio social», estuvo siendo motorizado por el colectivo Indymedia Córdoba y algunos encargados del área de prensa de la UAC. Javier Astrada, quien inicialmente participaba de la sección temática sobre pueblos originarios de Indymedia Argentina, fue uno de los impulsores del capítulo local del centro de medios independientes en la provincia.

 

La Agencia de Noticias Biodiversidadla conversó con Javier Astrada  para conocer si es posible que las herramientas de comunicación en manos militantes contribuyan al cambio social. ¿Cómo ve a los movimientos sociales y ambientalistas el resto de la sociedad?, ¿cómo se ven ellos mismos? ¿Se los comprende, se los omite, se los calla? En esta charla con Astrada, intentamos encontrar algunas respuestas para saltar el cerco mediático de la comunicación unidireccional.

 

Uno de los talleres que se va a realizar durante el encuentro de la UAC será el de comunicación, ¿en qué va a consistir?

Javier.―El taller de comunicación es parte de uno de los talleres  en torno a lo que significa la formación de los militantes y los participantes de la UAC, ya que vemos importante que la UAC no se quede solamente en el verse las caras y tejer estrategias comunes. Nos parece muy importante el tema de la formación, que creo que suele ser escasa en los movimientos sociales, en algunos, y en otros se labura bastante. Ahí planeamos hacer el taller. El taller se llama «La comunicación como herramienta para el cambio social» y consiste en, brevemente, un paneo sobre lo que son los medios de comunicación a nivel local, provincial, nacional y mundial. Luego se conversa un poco cuál es el rol y cómo las organizaciones podemos obtener esta herramienta que es para nosotros muy esencial, la comunicación, y que tiene tanto poder. Llevado más bien a la cuestión práctica se piensa en algunas estrategias de comunicación en general, se hace un tallercito de cómo armar una gacetilla, por ahí con las preguntas generales, y luego se hace una publicación en la página de Indymedia Córdoba como para cerrar el ciclo del taller.

 

―¿Se puede pensar y construir una comunicación para el cambio social?

Javier.―Sí, nosotros creemos que sí, siempre y cuando vaya de mano de las organizaciones también. Lo que intentamos es romper un poco este discurso que creo que es bastante engañador, en el sentido de que siempre nos han dicho que la comunicación se construye desde un lado hacia el otro, totalmente unidireccional, y que somos sujetos receptores y no emisores, o no podemos ser las dos cosas a la vez. Nosotros creemos que sí, que podemos ser emisores, receptores y también creemos que las organizaciones sociales, las organizaciones políticas y los grupos tienen que tener su propio vocero y su propia prensa. Ustedes lo saben bien con el tema de las temáticas de los derechos vulnerados del ambiente y esas cuestiones. Sinceramente, de parte del poder o de los medios masivos de comunicación, que son parte del poder creo yo, se nos ningunea, se hace como que no existimos, cuando por ahí las luchas que llevamos son bastante visibles, pero también son estrategias que van tomando desde el poder, desde el Gobierno, desde el Estado. Creo que es duro el tema de que no te visibilicen, porque es un golpe fuerte sobre todo para los compañeros y las compañeras que empiezan, que con esto de la militancia se esfuerzan tanto, viajan, hacen una acción y después no sale absolutamente en ningún lado.

 

―Evidentemente, cada vez que se piensa una acción se espera obtener un resultado, visibilizar una determinada problemática, ¿cuál es la mirada que sentís que hay en relación a las asambleas respecto al rol que juegan los medios de comunicación hegemónicos?

Javier.―Es complejo, no podemos negar la influencia o el peso que ha tenido y que tienen los medios de comunicación en las luchas medioambientales, sobre todo ahora, cuando uno prende cualquier canal de televisión a la noche y es seguro que ve un informe sobre algún lugar contaminado o algo así. El otro día, mirando y reflexionando sobre el enfoque que se le da, me daba cuenta de una cosa: por ejemplo, en la mayoría de los informes se muestra el problema, el conflicto, pero muy difícilmente se muestre a los vecinos, a las vecinas o al grupo organizado. Se los muestra como «Juan Pérez, el vecino» y nada más. Nunca se los muestra en la totalidad de un grupo, de un colectivo. Me parece que eso es, si son programas muy bien producidos, una cosa pensada también. Por un lado te dan un poco de difusión, cosa que le hace falta a las asambleas y a los grupos, pero por otro lado hasta ahí nomás. Es innegable que ha servido en muchos casos para visibilizar. Nosotros hemos estado en varias UAC y en el caso de San Juan, de Catamarca, lugares donde está absolutamente criminalizada la lucha de los grupos que se oponen a la minería, con manifestaciones de mucha gente en la calle, que era imposible decir que no existían, y en el diario local, en la radio local, nunca hablaron del tema. Entonces esto le pega fuerte a los compañeros y a las compañeras de las asambleas porque es bastante duro, sobre todo porque creo que todos le ponemos el cuerpo.

 

―¿Qué desafíos y qué logros ves en la UAC a nivel comunicación?

Javier.―El primero, que lo estamos logrando de a poco, es que los medios de comunicación alternativos, comunitarios, independientes, como cada uno le llama, o militantes, nos empecemos a conocer y, además de conocer, a hacer trabajos conjuntos para no desgastarnos. Me parece que es primordial esto. La idea va a ser seguir insistiendo en talleres. Ante el escaso equipamiento material, el escaso equipamiento técnico y el escaso dinero que movemos los medios más chicos, nos tenemos que empezar a juntar y ver cómo le hacemos frente. Otra de las cosas que me parecen súper importantes es que las organizaciones tomen el tema de la prensa como un tema más importante. Yo creo que no es sólo hacer una marcha, hacer una movilización, hacer un escrache, hacer una acción y solamente pensar en cómo llegar a un lugar y qué vamos a hacer; creo que es muy importante en estos momentos, también a la hora de hacer una acción o algo parecido, pensar una estrategia de prensa prevista para lo que surja, sino me parece que todo este esfuerzo queda como en la nada. No solamente porque nos importe que pase para afuera, pero en las provincias que están muy castigadas por cuestiones de centralismo de poder, te hablo de Catamarca, de San Juan, que casi no hay medios alternativos, pequeños ni comunitarios, el tema de cómo saltar este cerco mediático que nos encierra es un tema muy importante; me parece que sería muy positivo para los grupos empezar a saltar ese cerco.

 

Desde que comenzaron los encuentros de la UAC, ¿sentís que hubo avances en lo que hace a la comunicación hacia dentro del espacio?

Javier.―A mí me parece que sí, porque de a poco se han ido dando cosas, cosas muy interesantes, como por ejemplo, de hacer de manera suelta o espontánea a las coberturas que íbamos haciendo, hemos empezado internamente a organizarnos un poquito, tener una comisión de prensa que también aporta mucho a lo que es la conformación de las UAC. Una de las cosas que están muy buenas y es muy positiva, es buena destacar: en el último encuentro que se hizo de la Unión de Asambleas Ciudadanas en la ciudad de Jujuy, en Ledesma precisamente, la cobertura que salió de la noche del sábado fue una cobertura colectiva y no solamente de los compañeros y compañeras que trabajamos más específicamente con la prensa, sino de todos los que estaban. Se dijo: «En tal lugar hay una máquina, a los que les interese dejar sus fotos la dejan...»; en un momento, llegó un muchacho y dijo: «Yo escribí algo de lo que pasó esta noche y no sé, me gustaría que lo vean» y la cosa es que la cobertura salió con una crónica que un compañero hizo espontáneamente, con las fotos, una tirada de quince fotos de las cuales dos deben haber sido de una sola persona y las otras eran de diferentes personas. Eso fue muy fuerte después, contarlo, como que empieza a haber una importancia de lo que se produce, de no tenerle más miedo a esto que también creo que se ha inculcado mucho y se sigue inculcando desde todos los estamentos de la educación, del saber, del saber institucional: el saber que uno puede ir creando a la par de un compañero, de una compañera que le vaya pasando lo que sepa.

 

―Hacia afuera, hacia los medios de comunicación hegemónicos, hacia el resto de la sociedad, ¿qué impacto creés que perciben de la llegada de la UAC a una determinada provincia?

Javier.―Es diferente en casi todos los lugares, sobre todo porque estamos hablando de que en todos los lugares hay conflictos que son muy terribles en algunos casos; el tema de luchar en una soledad bastante grande. Por lo general, la primera impresión para la sociedad es que esta gente que estaba «loca», que estaba diciendo cosas, no está sola, y empieza a bajarle un poco la ficha de la problemática que tiene en su lugar. Esta cosa también ancestral que opera, donde mucha gente dice «si vino gente de Buenos Aires, gente de Córdoba o gente de Mendoza quiere decir que acá está pasando algo», cuando los propios vecinos hace mucho venían advirtiendo que había un conflicto, un problema. La primera impresión por ahí es esa: sorprenderse. La segunda, por parte de los medios de comunicación hegemónicos, se hace una tejida impresionante para decir que no pasó nada, que no hubo ningún encuentro, opacarlo, como ha sido en lugares emblemáticos como Catamarca, que se hizo una marcha a la noche «no permitida», porque no se pueden hacer manifestaciones sin el permiso de la policía. Se hizo una marcha de muchísima gente y lo único que salió reflejado en los medios masivos de comunicación al otro día fue una pintada que se hizo en la puerta de la Sociedad Rural. Entonces, esto es lo que trasciende para los medios masivos. Yo creo que el objetivo nuestro tiene que empezar a pensar en eso, a tejer estrategias más desde abajo, sino vamos a quedar un poco relegados con la información.

 

¿Hay algo que te gustaría agregar?

Javier.―Hoy me preguntaban a la mañana, cuando hablaba con un compañero de una radio, qué podía decir respecto a la UAC. Yo le decía que no sé si de la UAC o de otros espacios se puede decir mucho, porque no se puede teorizar, porque son espacios que están en construcción. Uno no sabe para dónde van a ir. Todos decimos que vaya para el mejor camino y que vaya creciendo en todo sentido, pero son espacios que se van construyendo y creemos que por ahora los conflictos van a seguir, creemos que las resistencias también van a seguir. Le tenemos que seguir poniendo el hombro y tenemos que empezar a ver de ampliar, porque esto no es algo que sólo preocupa a un puñado de gente de un pueblo, sino que creo que afecta a la comunidad en general". Fuente: www.biodiversidadla.org / 11-12-09

En conclusión, el conflicto central de los de abajo con los poderes establecidos reside en el modelo extractivo. Es que esta expansión del imperialismo colectivo y sus socios locales se basa en la superexplotación laboral y territorial que va agotando tanto a los trabajadores como a los territorios y haciendo desaparecer a campesinos, pueblos originarios, productores pequeños y medianos, localidades... De modo que impide tanto el presente como el futuro mayoritario.  

 

Necesitamos, entonces, unirnos para ponerle fin. Hay un denominador común en las luchas de organizaciones de los de abajo: la liberación de vivir en permanente inseguridad o vulneración del derecho a tener condiciones dignas de vida y trabajo.  Es cuestión de articularlas e incorporarnos a esas organizaciones de forma que nuestra voluntad se exprese contundentemente. Adquiramos conciencia de que:

  • los agronegocios nos quitan fertilidad, agua, hidrocarburos, biodiversidad propia a cada una de las variadas ecorregiones de Argentina y arrinconan, desalojan, criminalizan, enferman, hambrean, exterminan a las comunidades rurales;

  • la mega minería y la sobreexplotación de los mares e hidrocarburos consolidan el avance de la desertificación producida por los agronegocios;

  • Las catástrofes socioambientales como sequías e inundaciones se deben, fundamentalmente, a esas rupturas de los equilibrios ecológicos que practica el modelo extractivo, llamado 'productivo', cuya devastación es reforzada con el IIRSA causante de cambios irreversibles, por ejemplo, en ecosistemas tan esenciales a la vida como los ríos, a su vez, atacados mortalmente por pasteras.
     

  • Los sucesivos encuentros -que la UAC viene realizando- tienen el objetivo de «lograr un modelo de desarrollo sustentable, respetuoso del ecosistema, de las economías regionales y las culturas e identidades locales», respaldado por la consulta popular como herramienta para garantizar la libre determinación de las comunidades articuladas ante el avance «sistemático» de los emprendimientos «destructivos».