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Interbarrial Diciembre 2008 |
Abril 2008
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Reforma Agraria Integral

Desde la unidad de voluntad de la diversidad popular de desarrollar
la «reforma agraria integral» como proyecto de democracia política,
cultural, económica, social e infraestructural.

Interbarrial
«Los desafíos de la construcción democrática»
plantean -a los de abajo- políticas desde la izquierda plural,
¡no! desde el progresismo
Miro por la «reforma agraria integral» como central en la construcción de la igualdad de oportunidades de ser felices para todos nosotros -los de abajo- sin discriminación de tipo alguno y en la creación del poder de hacer posible una convivencia cada vez más confraternal entre nosotros y con los pueblos del continente y el mundo.
Porque la concibo como plataforma común de la diversidad popular al requerirle desmonopolizar el territorio de Argentina para la autodeterminación respecto al manejo evolutivo e integral de las distintas eco-regiones y de su heterogeneidad en acuerdo con decisiones en común como:
las políticas socioeconómicas y socioculturales que atiendan necesidades e intereses locales, provinciales y nacionales;
la política de población que garantice dignidad de vida a través de dieta adecuada y suficiente para cada persona, viviendas, fuentes laborales, salud y educación públicas, seguridad social, transporte, centros culturales, saneamiento ambiental... e infraestructura socioeconómica para los nuevos complejos productivos y habitacionales que pueblen el territorio.
Por supuesto, la «reforma agraria integral» debe mirar por la soberanía alimentaria como Vía Campesina propone y lucha. Debe propender al desarrollo rural, al manejo integral de cada cuenca hidrográfica en simultáneo con el de todas mediante la unidad entre los países hermanos y procurar la soberanía energética.
Aclaro, además, que la «reforma agraria integral» es un motor esencial para el cambio en el modo de producción, en la demolición tanto de los feudos provinciales como del Estado mafioso y en la superación de la degradación medioambiental.
A modo de síntesis, me fundamento en lo que afirma Joao Pedro Stédile, uno de los dirigentes del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), al ser entrevistado por Fernando Sampaio (trad. Sebastián Valdomir), quien introduce así:
"El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) considera a la reforma agraria clásica agotada "por las elites brasileñas que adhirieron al neoliberalismo, un modelo dominado por el capital financiero e internacional", y está proponiendo al gobierno un plan de medio y largo plazo para la agricultura brasileña junto a un nuevo tipo de reforma agraria.
Según João Pedro Stédile, integrante de la dirección nacional del MST, el primer paso es la democratización de la propiedad de la tierra, "una bandera republicana" que puede ser establecida por medio de límites en el tamaño de la propiedad rural. "No se puede admitir que una empresa cualquiera tenga 100 mil o 1 millón de hectáreas apenas porque tiene dinero", subraya.
Para él, el Brasil precisa de un nuevo modelo agrícola, basado en la pequeña y mediana propiedad."Para eso, precisamos antes que nada derrotar al neoliberalismo, por medio de la construcción de un modelo de desarrollo nacional, que priorice la distribución de riqueza".
A continuación, desarrolla la entrevista:
TRIBUNA DA IMPRENSA – ¿Usted admite que el modelo de reforma agraria defendido por el MST está agotado? ¿Qué se debe hacer?
JOÃO PEDRO STÉDILE - Durante todo el siglo 20, los movimientos campesinos de América Latina lucharon por la llamada reforma agraria clásica, por medio de la combinación de la distribución de tierras con un proyecto de desarrollo de la industria nacional, con fortalecimiento del mercado interno y distribución de renta.
Ese modelo sacaba a los campesinos de la pobreza y promovía el desarrollo más justo. Así sucedió en todos los países del Hemisferio Norte, pero las elites brasileñas adhirieron al neoliberalismo, un modelo dominado por el capital financiero e internacional, dentro del cual la reforma agraria clásica está agotada.
El modelo se agotó por imposición de las elites, no por nuestra voluntad. Sin embargo, la cuestión agraria no está resuelta y tenemos 150 mil familias acampadas y más de cuatro millones de familias sin tierra en el País.
Ante esto, el MST va a luchar por una «reforma agraria de nuevo tipo», que es la democratización de la tierra combinada con la reorganización de la producción, priorizando alimentos para el mercado interno, sin el actual control de las empresas transnacionales.
Precisamos también de una reforma agraria que adopte un «nuevo patrón tecnológico», respetuoso del medio ambiente, llevando para el interior del País las agroindustrias en forma de cooperativas de producción, el acceso a la escuela y la educación.
¿Cuál es la propuesta para la agricultura brasileña? ¿Cuál sería el «nuevo modelo agrícola»?
El país precisa de un «nuevo modelo agrícola», basado en la pequeña y mediana propiedad. Para eso, precisamos antes que nada derrotar al neoliberalismo, por medio de la construcción de un «nuevo modelo de desarrollo nacional», que priorice la distribución de riqueza, a la industria nacional y con la prioridad absoluta en generar trabajo y empleo para que el pueblo tenga renta.
El primer paso de este nuevo tipo de reforma agraria es la democratización de la propiedad de la tierra, una bandera republicana que puede ser establecida por medio de límites en el tamaño de la propiedad rural.
No se puede admitir que una empresa cualquiera tenga 100 mil o 1 millón de hectáreas apenas porque tiene dinero. Los verdaderos agricultores, incluso capitalistas, saben que con un establecimiento de 1000 hectáreas pueden ganar mucho dinero.
La «organización de la producción», antes que nada, debe atender a las necesidades del mercado interno. El mayor mercado potencial de productos agrícolas no es Europa ni Estados Unidos, son los pobres de Brasil. Aquí tenemos 60% de la población que se alimentan mal.
O sea, tenemos 120 millones de brasileños queriendo consumir, pero que no tienen renta. Actualmente, las transnacionales vienen aquí y controlan la producción, el comercio, los precios. Eso está mal. Como alternativa al control de la producción y procesamiento de alimentos, tenemos que llevar las pequeñas agroindustrias para el campo, generando empleo y renta en el interior del país.
Precisamos también de una «nueva matriz productiva en el campo», por medio de técnicas que respeten al ambiente, produzcan alimentos saludables y no llenos de agrotóxicos, que afectan a la salud de toda la población, inclusive a la de la ciudad, que muchas veces piensa que no tienen nada que ver con eso. Después, pueden pagar la cuenta de ese desconocimiento en el hospital.
Finalmente, precisamos llevar los servicios públicos para el campo, especialmente la educación formal y el conocimiento para formar al ciudadano campesino. El campesino sin estudio lo único que ve es la tierra en su frente y no comprende la complejidad de la sociedad brasileña y de la lucha de clases. Nosotros estamos haciendo un esfuerzo enorme para elevar el nivel de conciencia cultural y política.
Lanzamos recientemente en nuestro congreso una Campaña Nacional de Alfabetización en el campo, basado en el método cubano "Si, yo puedo". Tenemos que dominar las letras y avanzar en la enseñanza formal. Quien está en la enseñanza primaria tiene que ir para la educación media y quien está en la media tiene que entrar en la universidad. Para eso, nosotros tenemos sólo una bandera: para ser militante de los sin tierra tiene que estar estudiando.
¿Cómo son los campamentos del MST en el país?
Los campamentos son formados por familias de trabajadores rurales pobres, que reciben los salarios más bajos de la sociedad brasileña y perciben que la tierra debe ser de aquéllos que trabajan en ella, no de aquéllos que la tienen como parte de reserva de su patrimonio o producen para la exportación. Son pobres que viven como arrendatarios, trabajadores zafrales bóias-frias, medianeros, que quieren tener su propia tierra para plantar.
También hay familias pobres, que fueron expulsadas del campo y se deslocalizaron para la periferia de las ciudades, y que quieren retornar al campo visualizando en el Movimiento una alternativa para la conquista de la tierra para mejorar sus condiciones de vida, tener su casa, una huerta para plantar y trabajar, dar educación, esparcimiento y garantizar salud para la familia.
¿La victoria del agronegocio en el campo obliga al MST politizarse y buscar nuevas banderas de lucha?
No creemos en la victoria del agronegocio ni del neoliberalismo. En las dos elecciones en las que gana el presidente Lula, el pueblo votó contra el neoliberalismo, un modelo concentrador de tierra, riqueza y renta, que genera más pobres y desempleados y que no tiene las condiciones de resolver los problemas de la sociedad.
El agronegocio politizó a nuestro movimiento, porque el actual nivel de la lucha por la reforma agraria implica la derrota del modelo económico neoliberal y la construcción de un proyecto de desarrollo, que resuelva los problemas del pueblo brasileño, creando condiciones para un proceso de distribución de tierras de nuevo tipo.
La reforma de las leyes laborales es una polémica que está próxima. ¿Cuál es la posición sobre el tema?
Nosotros nos oponemos a la retirada de derechos históricos conquistados con mucho esfuerzo y lucha por los trabajadores durante todo el siglo 20. Estamos junto al movimiento sindical, popular y estudiantil, en una gran jornada contra la reforma de la Seguridad Social, contra toda reforma que reduzca derechos, como la Enmienda 3. El gobierno precisa de un proyecto para crear empleos, garantizar un salario digno y vivienda y realizar la reforma agraria.Esa política económica, basada en el superávit primario, intereses altos y en el pago de los títulos de la deuda, perjudica a la clase trabajadora y a la soberanía del país y enriquece banqueros y grandes empresarios, estrangulando cualquier posibilidad de inversiones en políticas sociales, manteniendo la perversa concentración de la riqueza.
Por primera vez desde la fundación del MST, en 1984, el presidente Luiz Inãcio Lula da Silva no fue invitado para el Encuentro Nacional del movimiento, realizado recientemente, en Brasília. ¿Por qué?
Lula es conciente de que nuestro congreso tiene otra naturaleza y no se pauta por el gobierno. Eso es lo que la prensa tampoco entiende. Nosotros nunca invitamos a ningún presidente de la República. No tendría sentido, porque es una actividad para nuestra militancia y para la discusión interna de nuestro movimiento. Las autoridades que participaron fueron por iniciativa propia como amigas del movimiento.
¿Cuál es el balance del 5º Congreso Nacional del MST?
Nuestro congreso fue una gran confraternización de los militantes de 24 estados, un momento de reflexión y análisis colectivo sobre el cuadro de la cuestión agraria y la sociedad brasileña, y de movilización, con la marcha que hicimos para denunciar que el Estado brasileño, retratado en sus tres Poderes de la República, impide la reforma agraria. Aparte de eso, después de dos años de discusión en los campamentos y asentamientos, concluimos nuestro Programa Agrario, que presenta nuestra propuesta para la agricultura brasileña.
El ministro de desarrollo agrario, Guilherme Cassel, al rebatir críticas suyas, clasificó como "medieval" el discurso y que las banderas del movimiento están superadas. ¿Cómo lo ve?
Nosotros no queremos perder tiempo con cuestiones secundarias, que no ayudan a la realización de la reforma agraria. Queremos si discutir con la sociedad, inclusive con el gobierno, un nuevo modelo agrícola, que dé prioridad a la agricultura familiar volcada al mercado interno, a los pobres del País. Eso debe comenzar con un proceso masivo de reforma agraria, inicialmente con el asentamiento de las 150 mil familias acampadas al costado de las carreteras.
No podemos seguir con ese «modelo del agronegocio», que entrega nuestras tierras a las empresas transnacionales, expulsa al pueblo del campo, destruye el medio ambiente, impone los transgénicos y los agrotóxicos.
El «nuevo modelo agrícola» que defendemos está vinculado a un proyecto de desarrollo, basado en la defensa de la soberanía popular, y en un «nuevo modelo económico», que tenga como centro el fortalecimiento del mercado interno, la distribución de la riqueza, la industria nacional para sustentar la generación de empleo y renta para el pueblo.
Lo que sucede es que el presidente Lula está en deuda con el MST y con los campesinos de todo Brasil, porque su gobierno no hizo la reforma agraria. Al contrario, la concentración de la propiedad de la tierra aumentó.
¿Cuál es su opinión sobre la desigualdad de la renta en el país?
La desigualdad entre ricos y pobres en el país es una vergüenza, que es resultado de las opciones de la elite brasileña en el pasado y en el presente. Según estudios del profesor Marcio Pochmann, cinco mil familias controlan 40% de la riqueza nacional, un 10% de la población rica se apropia del 75%, mientras el 90% del pueblo brasileño se quedan apenas con 25%.
La política económica neoliberal, vigente desde la mitad de la década de los 90, apunta para la preservación y la ampliación de esa desigualdad. La sociedad brasileña gasta actualmente, por medio de sus impuestos, cerca de R$ 150 mil millones por año en el pago de los títulos de la deuda pública, que son dirigidos para 20 mil familias de banqueros y especuladores. Hasta el vice-presidente José de Alencar denunció esa transferencia absurda.
En el campo, por cuenta de la opción de las clases dominantes, perdemos cuatro oportunidades históricas de realizar la llamada reforma agraria clásica, combinando la distribución de tierras con un proyecto de desarrollo de la industria nacional para ampliar el mercado interno.
La primera fue durante el proceso de abolición de la esclavitud, cuando los trabajadores rurales negros querían trabajar en el campo, pero fueron impedidos por la Ley de Tierras de 1850. Después, en la implementación de un proyecto nacional de industrialización, en la década del 30. En el comienzo de la década del 60, con el ascenso del movimiento de masas en torno a las propuestas de João Goulart, especialmente la reforma agraria.
Finalmente, durante la campaña por las elecciones Directas Ya, cuando había un clima favorable en el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) para viabilizar un proyecto de desarrollo nacional. A partir de allí, las elites brasileñas dejaron de lado el proyecto nacional e impusieron al País el neoliberalismo, que subordina la economía brasileña al capital internacional y financiero y que amplía las desigualdades sociales y la pobreza.
¿Cómo ve la violencia en el campo? ¿Como se combate eso?
El fin de las muertes de trabajadores rurales depende de la realización de la reforma agraria y de la fuerza de los movimientos sociales del campo, que, cuando están organizados, tienen más fuerza para resistir la violencia, como lo demostró el último Informe de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT).
Las muertes y la impunidad, que deja que pistoleros y latifundistas que los contratan estén en libertad, demuestra las intransigencias de las clases dominantes con los problemas sociales del pueblo brasileño, y son siempre "resueltas" por medio de la violencia y las muertes. La muerte de compañeros y compañeras es consecuencia de nuestra estructura injusta de la propiedad de la tierra y de la mentalidad atrasada de los latifundistas.
Muestra también el carácter antisocial del Estado brasileño, que no resuelve los problemas del pueblo. Tenemos un Poder Judicial que protege a los ricos y es omiso en relación a los derechos de los pobres, un Poder Legislativo que no aprueba desde hace más de 10 años un proyecto que establece la expropiación sin indemnización de tierras de hacendados que se aprovechan del trabajo esclavo, y un Poder Ejecutivo que no tiene el coraje de cumplir la Constitución, que determina que todos los latifundios que no cumplen una función social deben ser expropiados.
¿El presidente Lula ahora es un enemigo de la reforma agraria?
Nuestros enemigos son el agronegocio, las transnacionales, los bancos y el mercado financiero.
Denunciamos también que los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial impiden la reforma agraria, dando protección al latifundio y apoyo al agronegocio.
Con relación al gobierno, nosotros ya le entregamos una propuesta y queremos discutir un plan de medio y largo plazo para la agricultura brasileña para combatir la pobreza en el campo y concretar la reforma agraria. Vamos a mantener nuestra autonomía y a criticar la política económica, el apoyo al agronegocio y las grandes empresas, por medio de préstamos de los bancos públicos y con la exoneración de la tasa de exportación.
¿Cómo ve a la izquierda brasileña?
La izquierda brasileña está pasando por un proceso pedagógico y está comprendiendo que las transformaciones sociales no suceden por la voluntad de un presidente, de un partido o incluso de un gobierno, por más que sea nuestro amigo e que hayamos ayudado a que sea electo.La transformación del país se concretará con la movilización del pueblo brasileño en torno a un proyecto de desarrollo nacional, que modifique la estructura de la sociedad brasileña y sustente el crecimiento de la economía, con creación de empleos, reforma agraria, inversiones en los servicios públicos de educación y salud y distribución de renta y riqueza.
Los movimientos de masas de izquierda están en un reflujo desde 1989. En la década del 80, el país vivió un período de ascenso de los movimientos de masas que consiguió imponer la democracia y apuntó en un sentido de cambios más profundos en la sociedad brasileña.
En la década del 90, ese reflujo implicó pérdida de fuerza en el movimiento sindical, que tuvo su base social impactada por las políticas neoliberales, que causaron desempleo e informalidad.
¿Qué diagnóstico realiza del gobierno Lula?
El pueblo votó al presidente Lula contra el neoliberalismo. Sin embargo, las alianzas realizadas para ganar las elecciones generaron un gobierno de composición, que incluye con peso a las fuerzas neoliberales. No hubo un ascenso del movimiento de masas en la sociedad. Más allá que tengamos un gobierno más progresista que en relación a los tucanos, la correlación de fuerzas no se vio alterada en relación al modelo económico.
Nuestra sociedad es muy compleja y las fuerzas del capital, aliadas al capital internacional, son muy poderosas. Las transformaciones en un país como Brasil vendrán cuando el pueblo tenga más conciencia, esté más organizado y realice grandes movilizaciones de masas, como hicimos contra el régimen militar.
¿Cómo analiza esta serie de escándalos de corrupción en el país?
El Estado brasileño fue construido históricamente por medio del patrimonialismo, de los cambios de favores y de la corrupción para favorecer una burocracia ligada a los empresarios. No es una novedad. Precisamos salir de lo superficial y buscar la raíz de esos desvíos, que es la relación estrecha de senadores y diputados con empresarios, prestamistas e intermediarios, banqueros y con el mercado financiero. No adelanta hacer una reforma política que no implica cambios en este sistema, que tiene a la Vale do Rio Doce con 47 diputados; a Aracruz con 16 diputados; al Banco Itaú con 27 y al Grupo Gerdau con 27.
El problema de la democracia brasileña es más profundo de lo que aparece en los diarios y en la televisión. Nosotros precisamos de una reforma política, pero para colocar los poderes y las instituciones al servicio del pueblo, por medio de mecanismos de real participación y de representación.
La Constitución prevé en el artículo 14 la realización de plebiscitos, referendos y consultas populares. Nosotros estamos, junto a otros movimientos sociales y entidades como la Orden de Abogados de Brasil (OAB) y la Comisión Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), coordinados por el profesor Fabio Comparato en una campaña en defensa de la democracia y de la república".
Tribuna da Imprensa – RJ 30/07/2007
http://www.tribuna.inf.br/noticia.asp?noticia=pais03Fuente: www.viacampesina.org /5-09-2007
En la Argentina, el objetivo primordial para transformar el país -como precisa João Pedro Stédile- es concretar "la movilización del pueblo en torno a un proyecto de desarrollo nacional, que modifique la estructura de la sociedad " ... y de una reforma política que "coloque los poderes y las instituciones al servicio del pueblo, por medio de mecanismos de real participación y de representación".
Pero, en la actualidad, el sujeto histórico plural debe ser, desde ahora en adelante, hacedor o partícipe ineludible de los planes que pondrá en práctica y rectificará constantemente. De modo que sólo caben elucidar ciertos lineamientos teóricos a asumir por el frente cultural-político como herramienta promotora de la comunicación social que articule y cree la unidad de voluntad transformadora de la diversidad popular. Veamos:
a. La nacionalización democrática para el derrocamiento de los oligopolios
Samir Amin (www.michelcollon.info), en "¿Debacle financiera, crisis sistémica?" *, explica:
"La
crisis financiera era inevitable
La brutal explosión de la actual crisis económica no nos pilló desprevenidos.
Además, yo la había evocado hace unos meses, cuando los economistas
convencionales se esmeraban en minimizar sus consecuencias, particularmente en
Europa.
Para entender su génesis, conviene abandonar la actual definición del capitalismo, que hoy día se suele definir como "neoliberal globalizado". Esta calificación es engañosa y oculta lo esencial.
El sistema capitalista actual
está dominado por un puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones
fundamentales en la economía mundial. Unos oligopolios que no sólo son
financieros, constituidos por bancos o compañías de seguros, sino que son grupos
que actúan en la producción industrial, en los servicios, en los transportes,
etc. Su característica principal es su financierización. Con eso conviene
comprender que el centro de gravedad de la decisión económica ha sido
transferido de la producción de plusvalía en los sectores productivos hacia la
redistribución de beneficios ocasionados por los productos derivados de las
inversiones financieras. Es una estrategia perseguida deliberadamente no por los
bancos, sino por los grupos "financierizados".
Más aún, estos oligopolios no
producen beneficios, sencillamente se apoderan de una renta de monopolio
mediante inversiones financieras.
Este sistema es sumamente provechoso para los segmentos dominantes del capital.
Luego no estamos en presencia de una economía de mercado, como se suele decir, sino de un capitalismo de oligopolios financierizados. Sin embargo, la huida hacia delante en las inversiones financieras no podía durar eternamente cuando la base productiva sólo crecía con una tasa débil. Eso no resultaba sostenible. De ahí la llamada "burbuja financiera", que traduce la lógica del sistema de inversiones financieras.
El volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial sólo es de unos 44 trillones de dólares. Un gigantesco múltiplo. Hace treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras no tenía ese tamaño. Esas transacciones se destinaban entonces principalmente a la cobertura de las operaciones directamente exigidas por la producción y por el comercio nacional e internacional.
La dimensión financiera de ese sistema de los oligopolios financierizados era – ya lo dije – el talón de Aquiles del conjunto capitalista. La crisis debía pues estallar por una debacle financiera.
Detrás de la crisis financiera, la crisis sistémica del avejentado
capitalismo
Pero no basta con llamar la atención sobre la debacle financiera. Detrás de ella
se esboza una crisis de la economía real, ya que la actual deriva financiera
misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. Las soluciones
aportadas a la crisis financiera sólo pueden desembocar en una crisis de la
economía real, esto es, una estagnación relativa de la producción y lo que ésta
va a acarrear:
regresión de los ingresos de los trabajadores,
aumento del paro laboral,
alza de la precariedad y
empeoramiento de la pobreza en los países del Sur.
En adelante debemos hablar de depresión y ya no de recesión.
Y detrás de esta crisis se perfila a su vez la verdadera crisis estructural
sistémica del capitalismo.
La continuación del
modelo de desarrollo de la
economía real, tal y como lo venimos conociendo, así como el del consumo que le
va emparejado, se ha vuelto, por primera vez en la historia, una verdadera
amenaza para el porvenir de la humanidad y del planeta.
La dimensión mayor de esta crisis sistémica concierne el acceso a los recursos
naturales del planeta, que se han vuelto muchísimo más escasos que hace medio
siglo. El conflicto Norte/Sur constituye, por lo tanto, el eje central de las
luchas y conflictos por venir.
El sistema de producción y de consumo/despilfarro existente hace imposible el
acceso a los recursos naturales del globo para la mayoría de los habitantes del
planeta, para los pueblos de los países del Sur. Antaño, un país emergente podía
retener su parte de esos recursos sin amenazar los privilegios de los países
ricos. Pero hoy día ya no es el caso. La población de los países opulentos –
el
15% de la población del planeta – acapara para su propio consumo y despilfarro
el 85 % de los recursos del globo y no puede consentir que unos recién llegados
accedan a estos recursos, ya que provocarían graves penurias que pondrían en
peligro los niveles de vida de los ricos.
Si Estados Unidos se ha fijado como objetivo el control militar del planeta es
porque sabe que sin ese control no puede asegurarse el acceso exclusivo de
tales recursos. Como bien se sabe, China, la India y el Sur en su conjunto
también necesitan esos recursos para su desarrollo. Para Estados Unidos se trata
imperativamente de limitar ese acceso y, en última instancia, sólo existe un
medio: la guerra.
Por otra parte, para ahorrar las fuentes de energía de origen fósil, Estados
Unidos, Europa y otras naciones desarrollan proyectos de producción de
agrocombustibles a gran escala, en detrimento de la producción de víveres,
todavía afectados por el alza de los precios.
Las respuestas ilusorias de los poderes vigentes
Los poderes vigentes, al servicio de los oligopolios financieros, no tienen otro
proyecto sino el de volver a poner en pie este mismo sistema. ¿Qué son esas
intervenciones estatales sino las que les exige la misma oligarquía? Sin
embargo, no es imposible el éxito de esta puesta en pie si las infusiones de
dinero resultan suficientes y si las reacciones de las víctimas – las clases
populares y las naciones del Sur – no dejan de ser limitadas.
Pero en este caso
el sistema sólo retrocede para mejor saltar y una nueva debacle financiera, aún
más importante, será ineludible, ya que las "adaptaciones" previstas para la
gestión de los mercados financieros y monetarios resultan ampliamente
insuficiente, pues no ponen en tela de juicio el poder de los oligopolios.
Por otra parte, resultan divertidísimas estas respuestas a la crisis financiera
mediante la inyección de fondos públicos astronómicos para restablecer la
seguridad de los mercados financieros: privatizados ya los beneficios, en cuanto
resultan amenazadas las inversiones financieras se socializan las pérdidas.
¡Cara: gano yo; cruz: pierdes tú!
Las condiciones de una respuesta positiva a los desafíos
No basta con decir que las intervenciones de los Estados pueden modificar las
reglas del juego, atenuar las derivas. También es necesario definir sus lógicas
y sus impactos sociales. Desde luego, en teoría, se podría volver a fórmulas de
asociación de los sectores públicos y privados, fórmulas de economía mixta como
ocurrió durante los "treinta años gloriosos" (los años 1945/1975) en Europa y
durante la era de Bandung, en Asia y en África, cuando el capitalismo de Estado
dominaba ampliamente, acompañado por políticas sociales fuertes. Pero este tipo
de intervención del Estado no está a la orden del día. Y ¿ están las fuerzas
sociales progresistas en medida de imponer una transformación de esta amplitud ?
Todavía no, opino yo.
La verdadera alternativa pasa por el derrocamiento del poder exclusivo de los oligopolios, el cual es inconcebible sin, finalmente, su progresiva nacionalización democrática. ¿ Fin del capitalismo ? No lo creo.
Creo en cambio que son posibles unas nuevas configuraciones de las relaciones de fuerzas sociales que obliguen al capital a ajustarse a las reivindicaciones de las clases populares y los pueblos. A condición de que las luchas sociales todavía fragmentadas y a la defensiva, en su conjunto, consigan cristalizar en una alternativa política coherente. Con esta perspectiva, resulta posible el comienzo de una larga transición del capitalismo al socialismo. Los avances en esa dirección, claro está, siempre serán desiguales de un país a otro y de una fase de su despliegue a otra.
Las dimensiones de la alternativa deseable y posible son múltiples y conciernen
todos los aspectos de la vida económica, social, política. Evocaré a
continuación las grandes líneas de esta respuesta necesaria.
1) - La reinvención por parte de los trabajadores de organizaciones apropiadas
que hagan posible la construcción de su unidad con el fin de trascender su
dispersión asociada a las formas de explotación vigente (paro laboral,
precariedad, informalidad).
2) - La perspectiva es la de un despertar de la teoría y de la práctica de la
democracia asociada al progreso social y al respeto de la soberanía de los
pueblos y no disociada de éstos.
3) - Liberarse del virus liberal fundado en el mito del individuo, que ya pasó a
ser tema histórico. Los rechazos frecuentes de los modos de vida asociados al
capitalismo (múltiples enajenaciones, consumismo y destrucción del planeta)
señalan la posibilidad de esta emancipación.
4) - Liberarse del atlantismo y del militarismo que le está asociado, ambos
destinados a hacer aceptar la perspectiva de un planeta organizado sobre la base
del apartheid a escala mundial.
En los países del Norte el desafío implica que la opinión general no se deje
encerrar en un consenso de defensa de sus privilegios con respeto a los pueblos
del Sur. El internacionalismo necesario pasa por el antiimperialismo, no por el
humanitarismo.
En los países del Sur, la estrategia de los oligopolios mundiales lleva consigo
el hacer recaer el peso de la crisis sobre sus pueblos (desvalorización de sus
reservas de cambio, baja de los precios de las materias primas exportadas y alza
de los precios de los productos importados). La crisis ofrece la ocasión del
renacimiento de un desarrollo nacional, popular y democrático autocentrado, que
someta las relaciones con el Norte a sus exigencias, esto es, la desconexión. Lo
cual implica:
a) El control nacional de los mercados monetarios y financieros.
b) El control de las tecnologías modernas en adelante posible.
c) La
recuperación del uso de los recursos naturales.
d) La derrota de la gestión globalizada, dominada por los oligopolios (la OMC)
y la del control militar del planeta por Estados Unidos y sus aliados.
e) Liberarse de las ilusiones de un capitalismo nacional autónomo en el sistema
y de los mitos del pasado.
f) La cuestión agraria, en efecto, está en el centro de las opciones por venir
en los países del Tercer Mundo. Un desarrollo digno de llamarse así exige una
estrategia política agrícola basada sobre la garantía del acceso a la tierra
para todos los campesinos (la mitad de la humanidad). En contrapartida, las
fórmulas preconizadas por los poderes dominantes - acelerar la privatización de
la tierra agrícola y transformar la tierra agrícola en mercancía – llevan
consigo el éxodo rural masivo que bien venimos conociendo. Como el desarrollo
industrial de los países afectados no puede absorber dicha superabundante mano
de obra, ésta se concentra en las barriadas miserables de los extrarradios
ciudadanos o se deja tentar por las trágicas aventuras de una huida en balsa por
el Atlántico. Existe una relación directa entre la supresión de la garantía del
acceso a la tierra y el aumento de las presiones migratorias.
g) La integración regional, al favorecer el surgimiento de nuevos polos de
desarrollo, ¿puede constituir una forma de resistencia y de alternativa? La
regionalización es necesaria, tal vez no para gigantes como China y la India o
incluso para Brasil, pero seguramente sí para otras muchas regiones, en el
sudeste asiático, en África o en América Latina. Este continente está un poco
por delante en ese terreno. Venezuela, oportunamente, ha tomado la iniciativa de
crear el Alba (Alternativa bolivariana para América Latina y el Caribe) y el
Banco del Sur (Bancosur), incluso antes de la crisis. Pero el Alba – un proyecto
de integración económica y política – todavía no ha recibido la adhesión de
Brasil ni la de Argentina. En cambio, el Bancosur, que supuestamente debe
promover otra forma de desarrollo, asocia igualmente a estos dos países pese a
que, hasta hoy, sigan teniendo una concepción convencional del papel que ha de
desempeñar un banco.
Los avances en esas direcciones tanto en el Norte como en el Sur, que son la
base del internacionalismo de los trabajadores y de los pueblos, constituyen las
únicas garantías de reconstrucción de un mundo mejor, multipolar y democrático,
única alternativa a la barbarie del envejecido capitalismo.
Más que nunca, la lucha por el socialismo del siglo XXI está a la orden del día".
*Informe introductorio - Foro Mundial de las Alternativas - Caracas, Octubre de 2008
Traducido por Manuel Colinas para Investig'Action - www.michelcollon.info (revisado por el equipo editorial de Rebelión)
Fuente: www.rebelion.org /25-11-08
Coincido con la nacionalización democrática que derroque el poder de los oligopolios pero, como ven, introduzco modificaciones: desecho lo progresivo del proceso y la convivencia o regulación de los oligopolios.
Pienso en cambios reformistas porque se trata de recuperar las privatizadas en base a irregularidades, incumplimientos e ineficiencia, de derogar la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz, de tomar posesión sobre el territorio de Argentina y de erradicar el presidencialismo, los superpoderes del Ejecutivo, el Senado como representante de los feudos provinciales y el funcionamiento encubridor del Judicial para auditar la deuda externa pública y abrir los archivos del Estado represor y del Estado partícipe del sistema de saqueo.
Ahora, implican reformas radicales en cuanto no se restringen a erradicar esos poderes contrarios al bienestar, la justicia y el progreso sociales sino que, sobre todo, se organizan y controlan en acuerdo con la diversidad popular desde abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo en incesante retroalimentación.
De ahí que la unidad de las luchas sociales en una alternativa política coherente mirando a un desarrollo nacional, popular y democrático autocentrado y desconectado del Norte sea la unidad de actores de la reestructuración socioeconómica y científico-tecnológico de Argentina en consonancia a armonizar las provincias y sectores entre sí.
Cuando concuerdo con la caracterización de autocentrado, tengo en cuenta el imperativo de que la diversidad popular sea la creadora del reordenamiento de sus capacidades y voluntades en procura de satisfacer las necesidades básicas a la calidad de vida de todas las provincias, localidades, comunidades rurales y nuevas poblaciones. Una vez definido cómo garantizar el avance en este proceso de democratización y autodeterminación, podrá establecer reciprocidad en las imprescindibles relaciones con los otros pueblos planetarios.
Claro que, como esos oligopolios son la manifestación interna de los imperialismos, liberarnos de ellos nos exige simultaneidad de la lucha por la soberanía popular-nacional y de la lucha junto con los otros pueblos y movimientos internacionales contra ese puñado de oligopolios que toman las decisiones sobre el destino de la humanidad entera.
b. La construcción intelectual desde las luchas populares y hacia el socialismo del siglo XXI
Socialismo del siglo XXI
¿Construcción intelectual, eslogan político o expresión de las luchas antisistémicas?
François Houtart (Tlaxcala), bajo ese título, explica su propuesta que desarrolla del siguiente modo:
"1. Las luchas antisistémicas son procesos sociales
«Proceso social» significa a la vez acción y reflexión, análisis y afecto. Acciones sin aporte reflexivo conducen a revueltas a menudo sin futuro; ideas sin referencias constantes a la realidad se transforman en construcciones abstractas e impotentes; análisis sin emoción desembocan en el cinismo intelectual y afectos sin pensamiento tienden a confundir un proyecto social concreto con el reino de Dios.
Ningún elemento puede ser aislado de los demás. El vínculo entre práctica y teoría debe caracterizar todo movimiento antisistémico. Rosa Luxemburgo observaba que las reformas sin perspectivas teóricas se transforman rápidamente en pragmatismo y son fácilmente recuperables por el sistema capitalista. La teología de la Liberación nos recuerda que la fe religiosa puede ser un elemento poderoso de compromiso revolucionario y la enorme diversidad de las culturas de las luchas fue revelada por los Foros sociales mundiales.
Un «proceso social» no se decreta. Es el resultado de actores bien concretos que viven en lugares precisos y en un tiempo dado. Sus prácticas construyen un tejido social. La historia de los movimientos sociales nos lo enseña. Cuando se celebró el ochenta aniversario de la revolución de Octubre, se recordó que ésta no habría sido posible sin la existencia de los soviet, aquellos grupos de base que, al multiplicarse, constituyeron una red capaz de ejercer un peso antisistémico. Cuando se formó la Primera Internacional, Marx y Engels insistían en la importancia de los procesos de toma de decisión. Decían que valía más una conclusión adoptada por el conjunto de todos los componentes que diez impuestas desde arriba.
Sin embargo, un proceso social es también una construcción y aquí interviene el hecho de su institucionalización.
La experiencia de los movimientos sociales comprueba dicha dialéctica, que oscila entre:
las corrientes anarquistas, que privilegian la creatividad, las iniciativas de base, la efervescencia cultural, y
los que insisten en la organización, la claridad de los objetivos y la adaptación de los medios a los fines.
La paradoja es que los dos son necesarios, a condición de que la referencia a la utopía no se transforme en un cultivo de ilusiones y la institucionalización en sistemas piramidales que, tomándose como fin, terminan por contradecir los objetivos. Eso se experimenta en todos los campos de la vida social: el político, el social, el cultural, el religioso.
El entusiasmo de las luchas antisistémicas no puede ignorar la condición humana. (...)
De verdad toda institucionalización conlleva en su propio vientre las semillas de su propia contradicción, pero el problema no consiste en negarlo ni en querer escapar a la realidad, sino en afrontar los hechos y en encontrar los mecanismos de corrección, es decir, la democracia participativa, caracoles, otra campaña, cambios de roles, etc.
Hoy día entre intelectuales y diversos movimientos sociales, el pensamiento posmoderno tiene un lugar importante. De hecho, la experiencia de un mundo dominado por el pensamiento y las prácticas de Occidente hace pensar en la necesidad de ir más allá de la simple crítica económica y política. Es la propia lógica del Siglo de las Luces lo que se debe cuestionar pues -al mismo tiempo- es el fruto, el vehículo y la inspiración de un sistema económico destructor.
Sus principios deben ser sometidos a una crítica epistemológica, es decir, debe ponerse en entredicho su propio sentido. Se trata de un cambio de civilización.
Existe, pues, un «posmodernismo radical» que reduce la historia a lo inmediato, establece el individuo como centro exclusivo de lo real, rechaza la idea de estructuras y de sistema, para concentrarse en los “pequeños relatos”, pues considera que los “grandes relatos”, es decir, las teorías, imponen necesariamente un peso totalitario al pensamiento y a la acción. Nada mejor para el capitalismo contemporáneo, que ha logrado edificar las bases materiales de su reproducción mundial –un sistema-mundo, como dice Immanuel Wallenstein– en una ideología que niega la existencia de sistemas y de estructuras.
Por el contrario, otros críticos de la modernidad no caen en este exceso. No niegan la existencia de paradigmas, incluso en un mundo de incertidumbres. Así, Edgar Morin, el sociólogo y filósofo francés:
señala que -en los mundos físicos, biológicos y antropológicos- el caos y la incertidumbre siempre desembocan en la reorganización de la vida como paradigma fundamental; por eso,
hace una dura crítica del capitalismo, porque estima que acaba con la posibilidad de reorganización de la vida.
2. El contenido de las luchas antisistémicas
Hablaré solamente de tres aspectos: la deslegitimación del capitalismo, los pasos de las luchas antisistémicas y los ejes de un poscapitalismo o de un socialismo del siglo XXI.
1) Deslegitimar el capitalismo
No basta con condenar los abusos y los excesos del capitalismo, como hacen la mayoría de las religiones. La distinción entre un capitalismo “salvaje” y un capitalismo “civilizado” no vale, porque el capitalismo es “civilizado” cuando debe y “salvaje” cuando puede. Son los mismos agentes económicos quienes tienen que aceptar ciertos límites impuestos por luchas sociales, pues cuando es posible llegan hasta los extremos de la explotación, en particular en el Sur.
Es la lógica de la acumulación lo que debe ser contestado por las luchas anti-sistémicas, proceso que sin duda tomará mucho tiempo, pero que es indispensable. Hoy en día eso significa luchar contra la búsqueda de nuevas fronteras de acumulación por parte del capital o contra:
la transformación de la agricultura campesina en una agricultura productivista capitalista;
la privatización de los servicios públicos;
la obtención de beneficios con catástrofes naturales o políticas (Noemi Klein).
El carácter destructor del capitalismo, tato de la naturaleza como del trabajo humano, nunca ha sido tan alto y tan acelerado como durante el período neoliberal. La tierra puede ser destruida y jamás hubo tanta riqueza al lado de tanta pobreza. Nunca la humanidad ha producido un sistema tan ineficaz. La deslegitimación, antes de ser ética, debe ser económica.
2) Los pasos de las luchas antisistémicas
Los cambios antisistémicos son el resultado de luchas, hoy en día a escala mundial, frente a actores globales y contra un imperialismo ciertamente congénito a toda forma de capitalismo, pero también representado por Estados Unidos de América.
Tal vez este último sea un imperio en declive, pero todavía muy activo, con su hegemonía atómica, sus más de 700 bases militares en el exterior de su territorio y en América Latina, sus embajadas.
El primer paso es la toma de conciencia de esta realidad, que va mucho más allá de la dominación económica y política y que afecta la cultura y penetra en lo más profundo de las mentalidades. Los Foros sociales mundiales han contribuido mucho a este proceso de concienciación a escala mundial.
La adopción de estrategias de luchas es una segunda exigencia y la diversidad de ellas, desde el plano local a las prácticas nuevas de cada uno de los actores, son la garantía de un verdadero progreso.
La conceptualización de estas situaciones es una tarea importante ya este propósito no parece que la noción de “multitud” propuesta por Hardt y Negri sea adecuada. Demasiado abstracta, corre el riesgo de ser desmovilizadora. Porque se trata de construir un sujeto histórico nuevo, es decir plural, democrático, popular.
Las convergencias de los actores son también una condición de eficacia. Todos tenemos el mismo adversario, porque la globalización significa la subordinación generalizada del trabajo humano por parte del capital, real a través del salario y formal a través de mecanismos financieros o jurídicos, como las tasas de intereses, la deuda externa, los paraísos fiscales, los ajustes estructurales, etc. Ningún grupo humano escapa a la ley del valor.
La nueva vía consiste en acciones de conjunto, donde los componentes no piensan en prioridades –cada uno tiene las suyas–, sino en objetivos estratégicos, como la lucha contra el ALCA, que fue un lugar de encuentro de movimientos muy diversos, ONG progresistas, Iglesias y fuerzas políticas.
El gran desafío actual, tanto en América Latina como en los demás continentes, como señaló Gilberto Valdez, es la vinculación de los movimientos antisistémicos con el campo político. ¿Cómo enfocar la colaboración orgánica que proponen nuevas iniciativas políticas, como el ALBA o el Banco del Sur, sin perder la autonomía? ¿Cómo contribuir al cambio, construyéndolo desde abajo y creando una nueva cultura política como “La Otra campaña”, sin caer en callejones sin salida?
No se trata de esperar una situación sin ambigüedades, sino de elegir la propias ambigüedades.
Para decirlo con claridad, fue probablemente duro para los miembros de movimientos antisistémicos el apoyar a Lula en las últimas elecciones de Brasil, a pesar de su política interior socialdemócrata, o en Nicaragua el votar al Frente Sandinista a pesar de sus deficiencias institucionales y de las deficiencias de algunos de sus líderes. Se trataba de impedir alternativas de derecha con graves consecuencias, tanto internas como para la nueva integración latinoamericana.
Con todos los respetos uno podría preguntarse si en México un razonamiento similar no habría podido evitar una presidencia, todavía ilegítima, de derecha dura y entreguista. ¿Sería realmente imposible combinar una crítica radical y justa y una nueva práctica política con un juicio político más dialéctico? Es sólo una pregunta. No se trata de realpolitik ni de justificar medios para alcanzar fines, sino de reconocer que el dilema consiste en elegir entre ambigüedades. Tampoco eso significa el abandono de la ética, sino de no transformarla en sustituto de un juicio político. Supone también la continuación de la crítica de las formaciones políticas nacidas de movimientos antisistémicos y emancipadores que, como en el Brasil, en México o, peor todavía, en China, construyen “caracoles al revés”, contradiciendo sus propios principios.
3) Los ejes de un poscapitalismo o de un socialismo del siglo XXI
Para concluir, podemos retomar las lecciones de la historia, la experiencia de los movimientos sociales y de sus convergencias, las aspiraciones de los pueblos y proponer algunas ideas.
No se trata de imponer una doctrina desde arriba ni de hablar de una sola alternativa, sino de recoger lo vivido y reconciliar teoría y práctica en un esfuerzo compartido, de unir revolución y reformas en una búsqueda de la utopía necesaria y movilizadora sin despreciar los pequeños pasos, porque la gente no muere o sufre mañana, sino hoy.
Cuatro ejes parecen constituir el contenido del proyecto emancipador y antisistémico:
Utilizar de modo sostenible a los recursos
naturales, que exige otra filosofía de las relaciones con la naturaleza: de la
explotación a la simbiosis. El capitalismo es incapaz de realizar este cambio,
que implica una revolución epistemológica, a la cual el enfoque de la
“pachamama”, las filosofías orientales, la cultura tradicional africana y los afrodescendientes de América pueden contribuir de manera decisiva.
Privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio. El
mercado existió antes del capitalismo. Este último hizo del valor de cambio el
único factor de desarrollo humano, imponiendo su lógica a toda la sociedad.
Regresar al valor de uso tiene enormes consecuencias prácticas, desde el control
social de los medios de producción hasta el aumento de la vida de los productos
y la reducción de las distancias de transporte. Pero, ante todo, significa un
cambio de filosofía económica: de la producción de un valor añadido para
intereses privados a la actividad destinada a asegurar la base de la vida
física, cultural y espiritual de todos los seres humanos de la tierra. El
capitalismo es incapaz de eso.
Establecer una democracia generalizada, no solamente
política, representativa y participativa, sino en todas las relaciones sociales
y económicas entre pueblos, entre hombres y mujeres. Eso exige también otra
filosofía del poder, totalmente ajeno a la concepción del capitalismo.
Construir la multiculturalidad, es decir, dar la posibilidad a todas las culturas, a todos los saberes, a todas las filosofías, a todas las religiones de participar con sus propios aportes a la construcción de una nueva sociedad. Eso exige otra filosofía de la cultura, el abandono de la arrogancia de una cultura superior, aunque sea religiosa. Una vez más, la cultura del capitalismo, con su “modelo de desarrollo”, no puede responder a esta nueva perspectiva.
De verdad, a pesar de sus logros reales, podemos decir que el socialismo del siglo XX no ha podido alcanzar dichas exigencias. El drama del socialismo, decía Maurice Godelier, es que ha tenido que aprender a caminar con las piernas del capitalismo. Y eso se verificó en varios campos, como la explotación de la naturaleza, la falta de democracia y la dificultad de aceptar la multiculturalidad.
Por eso, la convergencia de las luchas sociales, característica de nuestro siglo, el afán de dignidad con sus bases materiales y de espiritualidad encarnada, nos permite compartir las palabras de un oratorio compuesto por un compositor israelí tras el asesinato de Monseñor Romero: “La esperanza no se mata”".
Ponencia presentada en el seminario en memoria de Andrés Aubry sobre los movimientos antisistémicos, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, del 13 al 16 de diciembre de 2007.
Fuente: www.rebelion.org /Opinión/ 27-11-08
Coincido con el enfoque de la praxis que explicita del modo siguiente: "Acciones sin aporte reflexivo conducen a revueltas a menudo sin futuro; ideas sin referencias constantes a la realidad se transforman en construcciones abstractas e impotentes; análisis sin emoción desembocan en el cinismo intelectual y afectos sin pensamiento tienden a confundir un proyecto social concreto con el reino de Dios". Y con los cuatro ejes de desarrollo del proyecto emancipador y anti-sistémico.
Pero discrepo respecto a su enfoque de:
◊ "No se trata de esperar una situación sin ambigüedades, sino de elegir la propias ambigüedades.
Para decirlo con claridad, fue probablemente duro para los miembros de movimientos antisistémicos el apoyar a Lula en las últimas elecciones de Brasil, a pesar de su política interior socialdemócrata, o en Nicaragua el votar al Frente Sandinista a pesar de sus deficiencias institucionales y de las deficiencias de algunos de sus líderes. Se trataba de impedir alternativas de derecha con graves consecuencias, tanto internas como para la nueva integración latinoamericana".
◊"A pesar de sus logros reales, podemos decir que el socialismo del siglo XX no ha podido alcanzar dichas exigencias. El drama del socialismo, decía Maurice Godelier, es que ha tenido que aprender a caminar con las piernas del capitalismo. Y eso se verificó en varios campos, como la explotación de la naturaleza, la falta de democracia y la dificultad de aceptar la multiculturalidad".
Me remito a la Argentina, durante décadas hemos optado por lo que nos hicieron creer el mal menor y la consecuencia fue la profundización creciente de la concentración y la desnacionalización tanto económica como territorial y encima de esa extorsión manipuladora, nos señalaron como los culpables por no saber votar.
Tal acumulación en oligopolios y carteles ha tenido lugar en todo el sistema capitalista independientemente de si está bajo su versión 'civilizada' o bajo la 'salvaje'. Basta recordar la socialdemocracia de Felipe González y más aún, la Tercera Vía de Tony Blair para comprobar la eficiencia de ambos en impulsar el neoliberalismo e imperialismo.
Una cosa es la ambigüedad de actuación de los embaucadores y otra la de la constitución del sujeto histórico plural. Mientras la primera nos secuestra el poder de deliberación al desinformarnos y arreglar de espaldas a nosotros -los de abajo- con el poder económico e imperialista, la segunda se debe a que el sujeto histórico plural no está preconcebido y se da de manera 'fortuita' la emergencia de grupos y movimientos sociales que resisten al crecimiento económico de las transnacionales y sus socios locales cuando se vuelven concientes sobre la destrucción de las condiciones de vida y trabajo que han tenido hasta ese momento.
Respecto al disenso con la opinión sobre el socialismo existente, si se refiere al que se desarrolló en Europa y en Asia durante el siglo XX, concuerdo pero es otra mi visión de Cuba.
Pienso que el problema reside en qué entiende por democracia, su creación en cada país y época y su progreso.
c. Los principios de funcionamiento socioeconómico y de internacionalismo de Cuba
Marco Rascón (La Jornada), en "Cuba, la gran nación", aborda la diferencia con el capitalismo del siguiente modo:
"Más de una vez se le planteó al pueblo de México la necesidad de “sacrificarse para salir de la crisis”. ¿A cambio de qué? ¿Del país que tenemos ahora? ¿Con una democracia inservible, un sistema judicial colapsado, un bienestar social basado en la filantropía y para la evasión fiscal?
El esfuerzo de ajustar el bienestar individual, por el bien del futuro nacional, fue parte del discurso de los gobiernos desde la devaluación de 1976 y bajo ese discurso se impusieron los acuerdos secretos del Fondo Monetario Internacional (FMI), que en ese entonces recetaba la austeridad del gasto (social principalmente) y una reducción del Estado.
Todo eso no fue más que una política para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, polarizando a la sociedad, haciéndola más injusta, pues con el sacrificio se pagaron una y otra vez las ineficiencias oligárquicas, el esquema de privatizaciones, se generó estancamiento de la productividad y, por lo tanto, un desempleo crónico, según el eslogan del “empléate a ti mismo”. Con la idea del sacrificio impuesto para recuperar el sistema financiero, entramos en la modernidad, en el mundo global, y eso no nos salvó de la injusticia económica, sino que nos hizo más pobres.
En Cuba también hubo sacrificio general. La diferencia es que el sacrificio social, con escasez y limitaciones generales, fue parte del pacto social para defender los principios de la soberanía cubana y construir una nación que garantizó educación, salud, cultura, sustentabilidad ecológica, seguridad y cohesión social.
A lo largo de más de 40 años de revolución, hubo de todo en el terreno de las dificultades: desde la presión por el bloqueo decretado por Estados Unidos para ahogar su economía hasta la existencia de un exilio apoyado por los intereses imperiales que durante décadas no variaron un milímetro su posición hostil contra Cuba, su revolución y sus dirigentes.
La cohesión se mantuvo a pesar de la caída de la Unión Soviética y los países de Europa del este, cuando la propaganda decía que la isla era un simple satélite de la URSS. El sacrificio se endureció y prolongó.
Cuba y su soberanía se mantuvieron y en su manera de resistir no se encerró ni ofreció un mundo fantástico, aislado, sino que fue llevando al mundo no sólo los valores de su revolución, sino la defensa del humanismo frente a los valores del imperialismo y del capitalismo. Cuba y su soberanía sobresalen luego de más de 30 años de neoliberalismo en el mundo con determinación, inteligencia y una extraordinaria diplomacia, así como el aseguramiento de principios y valores.
Cuba y su sacrificio sobrevivieron a la era Bush y al militarismo de los halcones, que generaron una y otra vez provocaciones intentando la invasión, así como reventar por dentro el proceso cubano. Esto hizo que Cuba se convirtiera en primera instancia en el referente de identidad del proceso de cambio en América Latina.
Muchos intelectuales sucumbieron a la idea de que Cuba tenía que aceptar lo valores de la “democracia” dictada por el orden económico neoliberal. Que aceptara, como lo hizo el Frente Sandinista, acosado por la contra llena de narcotraficantes y delincuentes internacionales, una democracia chamorrista (por Violeta Chamorro), que más tarde llevó al proceso de descomposición de esa revolución.
Con todo el sacrificio, la escasez, las migraciones, legales e ilegales (menos que en México), Cuba sobrevivió íntegramente en sus principios.
El triunfo de Barack Obama hoy es un momento crucial para Cuba, pues la posibilidad de que se levante el bloqueo es real, ante el hecho de que ya existe una mayoría de la comunidad cubana en Estados Unidos que desea ir y venir libremente a la isla, así como mandar remesas a sus familiares. Lo impide la Ley Helms-Burton, que hizo del bloqueo contra Cuba una legislación para blindar la ofensa y hacer de la agresión una política de Estado.
No obstante, la coyuntura sopla en favor de la nación cubana y se percibe el principio del fin del boqueo, sin ceder en los principios de la revolución y la soberanía para darse la forma política que decida. En esto va la revisión de la situación de Guantánamo, que para el mismo Obama y sus electores es hoy la afrenta a su estado de derecho y símbolo de la violación de los derechos humanos en el mundo. Es abrir la posibilidad para la revisión de los casos de los 5 héroes cubanos presos en Estados Unidos por defender a su país de los planes terroristas contra Cuba.
No obstante, la posibilidad de distensión va acompañada de nuevos peligros de provocaciones contra Cuba.
El triunfo contra el bloqueo sería un ejemplo para América Latina: el significado profundo de un sacrificio con objetivos claros e históricos que abrirían un nuevo ciclo en el continente, como lo hizo en 1959 la revolución y ahora engrandece a la nación cubana".
http://www.jornada.unam.mx/2008/12/09/index.php?section=opinion&article=020a2pol Fuente: www.rebelion.org /Cuba/ 10-12-08
Convengamos que objetivos fundamentales de la democracia son: "defender los principios de la soberanía cubana y construir una nación que garantizó educación, salud, cultura, sustentabilidad ecológica, seguridad y cohesión social".
En simultáneo, practica el internacionalismo. En efecto: "Cuba cuenta en estos momentos con 36.578 médicos y técnicos de la salud en los lugares mas pobres de 73 países, además de que brinda estudios a 30.000 jóvenes del tercer mundo que se preparan como médicos y especialistas, de ellos cien se entrenan como futuros doctores para servir en sectores de los Estados Unidos. Todos estudian de manera gratuita con la única condición de que al regreso puedan servir a sus desfavorecidas comunidades.
La Operación Milagro ha hecho realidad la recuperación de la vista de mas un millón de pacientes con cataratas u otras enfermedades oftalmológicas y e programa cubano de alfabetización "Yo Si Puedo" ha logrado enseñar a leer y a escribir a alrededor de 3 millones de personas.
La amplia solidaridad y cooperación de Cuba se esparce por el mundo, pero especialmente con América Latina y sus países vecinos como Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Dominica, entre otros, cooperando con el ALBA, la alternativa bolivariana".
http://emba.cubaminrex.cu/Default.aspx?tabid=17156/ abril 2008
d. La palabra «democracia» es patrimonio reflexivo de las luchas populares
Joaquín Miras Albarrán (Espai Marx), en "La democracia como movimiento", dice: "conviene que nos detengamos un poco en el significado y en la historia de la palabra «democracia».
La palabra democracia, como la palabra república, la palabra ciudadanía, la palabra asamblea, la palabra soberanía, que nos podemos encontrar en nuestras lenguas con algún matiz secundario distinto, quizá, entre ellas, y que proceden de las lenguas y la cultura greco latina, todas estas palabras, como digo, pertenecen a un depósito, a un saber. Ciudadanía, soberanía, dictadura, proletariado, patricios y plebeyos constituyen una constelación de palabras que se interrelacionan, que se dan sentido las unas a las otras y pertenecen a un depósito cultural de saber político que en estos momentos estamos denominando, creo que correctamente, como republicanismo. Es una buena palabra también republicanismo, que hemos fraguado en los últimos 20 ó 25 años para referirnos a este depósito.
¿Qué es este republicanismo, qué es este depósito? Como previa, para darle un valor a la palabra democracia, hay que situar que este depósito que llamamos republicanismo es una tradición praxeológica, por usar una palabra técnica; una tradición praxeológica de pensamiento político. ¿Por qué tradición praxeológica?
Porque proceden como saber reflexionado de luchas sociales tremendas, colectivas, sociales, que se dieron en la historia, que han sido mantenidas en uso a través de las generaciones, y han cambiado incluso de sentido y se han enriquecido, como consecuencia y resultado de tremendas luchas sociales colectivas que han ido produciéndose tras la aparición de esa tradición de pensamiento, a lo largo de la historia. Esto es lo que quiere decir que son una tradición praxelógica. En todo caso estas palabras son el producto de un saber segundo, el resultado de la reflexión de individuos que se pusieron a pensar sobre lo que había pasado, sobre la experiencia de lucha, -y las experiencias de lucha han de ser colectivas, sociales-, e intentaron mediante esta reflexión sobre su acción, recoger su experiencia de vida en palabras, en expresiones.
En el origen, esas palabras y esa tradición que hoy denominamos con el término “republicanista” o “republicana”, son resultado de la praxis, de la actividad, del quehacer y son resultado de las luchas de clases de la antigüedad clásica en Grecia y también en Roma, de las luchas de clases de la clasicidad, porque hubo lucha de clases en la clasicidad, la clasicidad surge como luchas de clases. Como sabemos hay algunos historiadores que pretenden que la lucha de clases, en todo caso, surge en el siglo XVIII, y que antes no había lucha de clases. Para desmentir estas opiniones basta con leer a los mismos autores clásicos, griegos y latinos: basta leer a Tucídides, a Platón, a Aristóteles, a Tito Livio, y uno queda asombrado de que lo que allí se habla al escribir sobre política es de las luchas de clases.
Este pensamiento, todo este vocabulario surge como praxeología, como saber colectivo, deliberado, porque además aquellos sujetos colectivos deliberaban, eran deliberantes es lenguaje que surge de esa acción, de esa praxis.
¿Cuáles son las ideas matriciales de toda esta praxeología?
La actividad intelectual y práctica que reflexiona sobre el tipo de orden social existente y sus consecuencias y sobre las medidas y luchas a promover para cambiarlo, esa actividad, esa deliberación, es «la política». La «política» es el medio que nos permite controlar –políticamente- ese orden para que podamos ser –si queremos ser - libres y felices.
Libertad y felicidad son las palabras fundamentales, como valores, para los individuos de esa tradición.
¿Cómo quiero ser? libre. Libre ¿Qué quiere decir ser libre?
Libre quiere decir no ser dominado. Este es el concepto de libertad que ha atravesado 2500 años, fijaos que este concepto libre: no ser dominado, no tener amo, no tener patrón, no es un concepto como el del teorema de Pitágoras, pertenece al sentido común, es praxeología. Los conceptos de esta tradición praxeológica, que son magníficos, recogen la experiencia y apelan a la experiencia, son conceptos sencillos, no hay un ingeniero detrás con una ecuación que los enturbie, porque surgen como saberes de luchas, como saberes experienciales.
Libertad: no tener amo. Si libertad es no tener amo, esto exige como condición que tenemos que poseer para ello los medios que nos permitan ganarnos el sustento. Si para ganarnos la vida la sociedad no nos permite disponer de los medios necesarios, tendremos que pedir prestado los medios o el sustento, dependeremos de voluntades ajenas, no seremos libres. El hombre libre es el hombre al que la sociedad le pone en condiciones de poder ganarse el sustento con sus propios medios (muy pocos de los aquí presentes somos libres). Desde esta tradición, el asalariado es esclavo y por lo tanto, no es ciudadano. La libertad es poder hacer el conducto, la conducción de tu propio opus, de tu propia obra. La posibilidad de dirigir tu mismo tu propia actividad es lo que garantiza al libre. Y el que tiene, para ganarse la vida, que ofrecerse a alguien para que le dé a cambio algo, el salario, es una persona que se somete a derecho ajeno es un allieni iuris, no es libre, tiene amo. El asalariado y el esclavo no son libres, la libertad es poder controlar eso, los medios que garantizan la vida para poder ser independientes.
La felicidad es que el individuo, además, tiene derecho a desarrollarse plenamente como individuo, a auto-elegirse y la propia sociedad tiene que arbitrar instrumentos y medios que permitan el desarrollo de la persona, su plenitud. ¿Cómo? Escuela barata, teatro, cosas que son aportadas desde fuera de la comunidad. La felicidad y la libertad son los dos derechos que constituyen al ciudadano y que esa sociedad tiene que aportar. Los individuos a los que la ley les otorga estos derechos, son los ciudadanos. Repito, en esta tradición de vocabulario, es ciudadano el que es libre. El que no es libre, no es ciudadano. Y en esta tradición de vocabulario, es libre el que no depende de voluntad ajena, el que no está sometido a arbitrio ajeno, a voluntad ajena, el que no se enajena, el que no tiene que vender su tiempo a otro. Quien vende su tiempo a otro, no es libre y no es ciudadano. Esto es una cosa que creo debemos enfatizar para salir al paso a las perversiones del lenguaje actual. Tú eres un asalariado, pero la ley dice que eres un ciudadano, pero tu eres es un “pringao”, no tienes piso pero te dicen que eres un ciudadano.
Ninguna de las variantes de la tradición republicana -y podemos no estar de acuerdo con alguna de ellas-, se permite una perversión tal del lenguaje. La sinceridad es uno de los atributos que sale de este contexto lingüístico. Decirnos a nosotros que somos libres cuando hay plutócratas gigantescos como Botín, cuando tenemos que trabajar como asalariados, cuando tenemos un contrato con una entidad bancaria usurario que se llama hipoteca, etc., esto no cabe en este lenguaje. En la tradición republicana seríamos considerados esclavos.
He dicho que los individuos a los que la ley otorga los derechos a los que me he referido –libertad, felicidad, medios de vida, capacidad de control sobre su sociedad- son los ciudadanos; solo quien goza de estos derechos es ciudadano.
Pero no estoy diciendo que el republicanismo, en todas sus versiones garantice universalmente a todos los individuos estos derechos. Hay distintas corrientes dentro del republicanismo. Ha habido repúblicas, en la tradición histórica, de 200.000 ciudadanos sobre una población de varios millones. En el siglo XVII en Holanda hubo una república, los ciudadanos de esa república tenían garantizados estos derechos, los ciudadanos de esa república tenían, de verdad, el poder soberano de legislar. Cuando los ciudadanos tomaban una decisión, y se hacia ley, esa decisión era inapelable y los instrumentos de gobierno eran lacayos a su servicio. Podemos hablar también de la ciudadanía ateniense, pero fuera de esa gente ciudadana, podían existir otras personas que no fueran ciudadanos y eso era así. La república de Venecia, los ciudadanos venecianos eran personas con absoluto poder real, político, jurídico, material, con auténticas libertades, con auténticas posibilidades de disponer, pero fuera de la ciudadanía había otros grupos sociales muy extensos de no ciudadanos.
Es aquí donde interviene y adquiere todo su sentido, el término “democracia”. «Democracia», de entrada, es una palabra que pretende que esos derechos de la república deben extenderse a la totalidad de los individuos. Con un primer matiz, la democracia pretende que esos derechos se extiendan a la totalidad de los individuos pobres de la comunidad social. Cito dos textos, dice Platón: (esto es de La república) “nace pues la democracia creo yo, cuando habiendo vencido los pobres matan a algunos de sus contrarios, a otros los destierran y a los demás los hacen igualmente partícipes de su gobiernos y de los cargos que por lo regular suelen cubrirse en este sistema mediante el sorteo”. Dice Aristóteles en otro texto, (La política), “hay oligarquía cuando los que tienen riqueza son dueños y soberanos del régimen, y por el contrario hay democracia cuando son soberanos los que no poseen gran cantidad de bienes, sino que son pobres”.
La palabra «democracia» hemos de empotrarla en un lenguaje y en unas luchas y la característica de la democracia es que los pobres asaltan el poder y se auto-constituyen en ciudadanos siendo políticamente soberanos.
Si comparamos estos dos textos con el teorema de Pitágoras, veremos que nos hablan de experiencia, definen la democracia a partir de lo que está pasando. Los autores que escriben estos textos, aunque ellos no son demócratas, definen con honestidad lo que es la democracia. Como veis, democracia y lucha de clases van unidas. La democracia es la lucha de clases para imponer la ciudadanía de los pobres. Este lenguaje es reflexión, casi de sentido común, sobre experiencias. Vuelvo a recordar el teorema de Pitágoras: pues no, no es lenguaje de ése que ha sido elaborado por un científico, o por un técnico –un tejnites-; lo habrá dicho Platón, lo habrá dicho Aristóteles, pero recogen experiencias. Platón y Aristóteles habrán hecho otras elaboraciones que no corresponden a saber de sentido común, pero no es este. Este saber es saber grande, ese que hay que regalar en la plaza, es Filosofía, nada menos. Pero no es ciencia, no es algo de técnicos –de tejnites-, de especialistas en poiesis, como lo eran Arquímedes, etc. o de sabios que reflexionan sobre la realidad material del cosmos.
La democracia como Movimiento
Vemos que en la definición de Platón habla de que “nace la democracia, creo yo, cuando habiendo vencido los pobres…”, pero, ¿de donde sale ese poder de los pobres? La experiencia que nosotros tenemos, es que los pobres, uno a uno, los pobres, nosotros…:
¿Dónde está ese poder? ¿Cómo llegan los pobres a tener ese poder?
El poder de los pobres, lo adquieren mediante la organización. Habiendo vencido los pobres… y abajo: la democracia es el nombre que recibe este intento de organizar el poder de los pobres: El poder de los pobres sólo se puede conseguir organizándose los pobres. La organización de los que no tienen el poder, de los que en el momento anterior sólo son clases subalternas, que no tienen derechos y que quieren aflorar al mundo de la igualdad civil: la organización, como digo, de estos sujetos para el combate es lo que recibe el nombre de democracia.
Porque es la organización político-civil de todos los excluidos lo que permite a los excluidos luchar y ponerse en condiciones de dar jaque al régimen existente anterior y darle la vuelta. «La organización» ¿Cómo? A todos los niveles, hay que empezar pensando en los niveles más capilares, la organización en una empresa, la organización en un barrio, la organización desde la cotidianeidad, desde el fondo de la sociedad.
Si nosotros nos organizamos, hay organización. Si en una empresa nos organizamos, hay organización. El nombre técnico que le damos a esta organización es el de “relaciones sociales” y de ella depende la verdadera correlación de fuerzas, el verdadero nivel de poder que se produce en la realidad social.
Si nos organizamos, aunque las leyes viejas sigan siendo las mismas, cambian las relaciones sociales, está cambiando el juego de interacciones. Quiero señalar que organizarse no quiere decir que un comité nos cite un día a una manifestación de un millón de personas,- que también-.
Organizarse es que los pobres, los subalternos, allí donde nos encontremos, y en torno a los problemas que percibamos, seamos capaces de ponernos de acuerdo, comenzar a deliberar y a tomar pequeñas decisiones de acción sobre esos problemas; eso es el fundamento del movimiento.
El movimiento podrá llegar a tener un millón de personas, en un momento determinado, pero el movimiento de la democracia ha de tener micro-fundamentos, ha de comenzar en el cara a cara y en los lugares en los que surgen los problemas concretos y juntando en el debate y en la deliberación a los que allí estemos.
La organización es lo que genera la capacidad de poder, algunos hemos tenido experiencias hace muchísimos años de que había una asamblea en una empresa y cuando bajaba el director general se hacia lo que mandaba el comité, no lo que mandaba el director general.
El director general podría tener los títulos de crédito detrás pero no valían, no funcionaba eso. Es la organización lo que genera el poder, es la organización lo que genera la experiencia de poder. No hay cosa tan frustrante como leer textos en los que te hablan de poder, y vivir en una experiencia en la que nunca se ha tenido esa sensación. Uno puede hacer el acto de fe de creerse que en algún momento, -en la revolución rusa, p.e.- fue la gente la que tuvo el poder, -o que hubo catorce meses en la revolución francesa en los que la plebe tuvo el poder- pero tenemos que hacer el acto de fe de creer que eso fue así porque nos falta la experiencia que nos evidencie empíricamente que eso puede ser así.
Algunos de nosotros, los más viejos, hemos podido tener ciertas experiencias que nos permitan saber que eso va por ahí. Si no, uno, cuando le cuentan de estas cosas ha de ejercer una fe ciega y aceptar que eso que cuentan ciertos historiadores ha debido de ser verdad, y si no tiene la capacidad de leer a historiadores pues, se rechaza simplemente esa idea como algo propio de la fantasía; se piensa: sí, sí, muy bonito, pero ¡eso no es verdad!
Lo que genera en la gente que no lee libros de historia la posibilidad de plantearse ideas de alternativa de poder es precisamente la organización y esa nueva experiencia que de repente se descubre como emergente, porque los propios actos y las propias acciones se convierten en los elementos de los que surgen capacidades emergentes, y a partir de ahí surge la experiencia que puede permitir a la gente, en deliberación plantearse objetivos que van mas allá. Es la organización la que genera experiencia de poder, y es la organización de la gente la que construye el nuevo sujeto social llamado pueblo, el demos. El demos, no existe, la clase, no existe. Los sujetos si se organizan y se construyen, existen. El sujeto no existe, hay que construirlo, el sujeto social surge del movimiento.
Llegamos a otro punto:
¿Cuál es el programa que puede impulsar para adelante el movimiento de la democracia?
Este es un mal planteamiento. Voy a citar un pequeño texto de otro de los más eminentes republicanos demócratas de la historia, de esta tradición. El texto es de Carlos Marx. Le preguntan: “te pidieron que hicieras un programa para el movimiento” (este texto pertenece a los debates de la primera AIT, de la primera internacional), y él contesta por carta a un amigo suyo: [lo que yo redacté deprisa son] “los puntos que hacen posible un acuerdo inmediato para la acción conjunta de los obreros y que pueden satisfacer directamente los intereses de la lucha de clases y fomentar la organización de los obreros como clase”.
Le habían pedido que hiciera el programa, se supone que habían pedido a un ser conspicuo, todo saber, todo luz, que se escribiera “el libro gordo”…Pues Marx responde, que eso del libro gordo es una chorrada, y que lo que hay que hacer es poner a la gente delante de lo que tiene en estos momentos en su cabeza, como nervio-experiencia para que se pongan a hacer. Será el movimiento el que genere su propio programa. Ahí no dice otra cosa que lo que había dicho anteriormente en el Manifiesto Comunista, lo importante era la formación del proletariado como clase; “los comunistas no somos una fuerza al margen de…, los comunistas no tenemos un saber que…, los comunistas no aportamos unos conocimientos para…, somos la parte más consciente del movimiento” porque tenemos una visión global del proceso -
¿Dónde está aquí la ciencia, el saber
esotérico y minoritario
que según muchos es lo que distingue a los marxistas en
su orientación de la política?-.
Y ¿qué somos los comunistas, según el propio Manifiesto?: “la experiencia literaria del movimiento”. Esta es otra de las ideas que se puede concluir del Manifiesto Comunista: en el apartadito aquél que dice: Comunismo utópico, la primera frase reza: “no nos referimos a los sujetos que han redactado la experiencia literaria del movimiento”, Babeuf y compañía. Luego, aparece siempre una cita a pie de página que dice: “Babeuf, comunista utópico…” etc.
Pero, sin embargo, Marx decía que Babeuf no era comunista utópico porque había sido uno de los que había registrado, había elaborado literariamente la experiencia del movimiento. Por lo tanto:
No se trata de intentar construir, desde fuera, un programa que ilumine al movimiento sino que se trata de participar en pie de igualdad, allí donde podamos, en las luchas que se organicen, y en ayudar, en la medida de nuestras capacidades, a que las gentes nos juntemos para comenzar a actuar.
Marx dice: me pidieron un programa, y ¿qué hice?: ¿Qué le podía preocupar a cualquier persona para juntarse con otra y empezar a luchar?, “los puntos que hacen posible un acuerdo inmediato, para la acción conjunta y que pueden satisfacer necesidades de lucha”; nada más. Fijaos que esto es lo contrario de lo que os ha ocurrido tantas veces, hemos decidido fundar la izquierda, nos hemos juntado y hemos comenzado a construir un programa. Y por un “quítame allá estas pajas”, -puede ser nacionalizar o no la banca- nos hemos roto, cuando en realidad, ni nacionalización, ni no nacionalización de la banca, mientras no estemos organizados no tenemos poder para nada.
Una vez que se genera la organización, la propia gente, el debate, la deliberación, la construcción de nueva experiencia y el movimiento, producen las ideas, generan los proyectos. De ahí salen programas, que de verdad, llevan a rupturas revolucionarias y eso es lo que teme el enemigo. El enemigo no nos teme a nosotros que, a veces, hacemos buenos libros, teme al movimiento que está detrás de Evo Morales, el enemigo no teme a Kautsky, teme a cien millones de campesinos organizados en el 1917 haciendo saltar el poder de zarismo, con un programa tan mínimo como “paz ahora, tierra” y al que añadieron los obreros: “poder a los soviets”. ¿Por qué ese programa mínimo puede ser revolucionario? Porque es el programa mínimo de una organización de ciento veinte millones de personas, mientras un programa que sólo sea letras, si no hay organización, se queda en letras.
La «democracia» es el poder de la gente organizada y el pensamiento de la democracia es potentísimo y llega a ser radicalísimo, no estoy jugando con la propuesta de que bajemos los niveles políticos. Sí quiero insistir en que el programa debe ser la elaboración que sale desde la experiencia de esos millones de personas que antes de experimentar el poder real y lo que pueden hacer eran totalmente pesimistas.
La experiencia y la deliberación posterior, a partir de la experiencia, es lo que genera el programa, el auténtico programa del movimiento. Volviendo al principio, si es pensamiento praxeológico el republicanismo, ha de ser un pensamiento praxeológico también el proyecto, el programa que guíe y ha de surgir de la deliberación de los muchos pobres, de la chusma, de la plebe, de la plebe organizada y su experiencia y de su imaginación.
De la imaginación que se despierta en cada individuo sobre las posibilidades de hacer y los objetivos a proponerse cuando ese individuo se vincula a otras personas y genera experiencias de poder, ésa es la matriz de la revolución y ésa es la matriz de la cual puede generarse un proyecto de liquidación del capitalismo y de un nuevo régimen socialista (...)". Ponencia presentada en las jornadas sobre Democracia organizada por Espaimarx en mayo de 2008
Fuente: www.rebelion.org /Opinión/ 11-9-08
Comparto su enfoque de la democracia. Pero cuestiono:
◊por un lado, la imprecisión tanto del poder de la 'gente' organizada como de su origen en los micro-fundamentos ya que la democracia es fruto de una demolición del capitalismo en base a diferenciar la pluralidad del sujeto (no lo masifica ni homogeneiza) en conflicto irreconciliable con el actual sistema o con aquel aspecto que le es vital y
◊por otro, la certeza de que los comunistas son los dueños de la visión global sobre la lucha de clases y el proceso en que el proletariado toma conciencia de su antagonismo irreconciliable con los capitalistas, tal opinión se rebate con el presente y el pasado del partido comunista argentino sin pensamiento político independiente ni sensibilidad a los cambios sociales e históricos, científicos, filosóficos y comunicativos que lo ha separado casi totalmente de tener representación política.
Concuerdo con el carácter primordial de la participación territorial por promover la autogestión socioeconómica e infraestructural y el autogobierno de la diversidad popular que democratice al Estado y lo vaya transformando en innecesario.
e. La necesidad de poner en duda el modo actual de dirigir, saber y comunicar sea con o sin éxito
Diosnara Ortega (Instituto Cubano de Investigaciones Culturales Juan Marinello) entrevista a Fernando Martínez Heredia a propósito de su más reciente libro "El ejercicio de Pensar".
Diosnara Ortega comenta:
"La vida de los revolucionarios está seguida de largas luchas en las que casi nunca se llega a esa entonada lucha final. Cuando los enemigos contra los que se levantan las revoluciones perviven, entonces les está destinado un camino de conflictos y enfrentamientos a aquéllos cuyo fin será siempre la libertad y la justicia humana.
Fernando Martínez Heredia es uno de estos revolucionarios, también
hereje, «diversionista ideológico» e incluso marxista.
Todas estas
caracterizaciones han sido utilizadas como insultos, allí donde no prima un modo
revolucionario de pensar.
A propósito de su último libro El ejercicio de pensar, editado por el ICIC Juan Marinello y por Ruth Casa Editorial, Martínez Heredia nos convida a reflexionar en torno a su obra y el contexto en el que reaparece".
Inicia la entrevista:
1. ¿Qué sentido tiene El ejercicio de pensar en el contexto cubano actual?
Seguro que lo dices porque el ensayo El ejercicio de pensar se escribió en diciembre de 1966. Yo lo incluí en el libro por dos razones: la primera es personal, y si se quiere sentimental. Fue el primer artículo mío que se publicó y tuvo alguna importancia. Pero la segunda razón es la que responde tu pregunta: yo considero que el ejercicio de pensar es imprescindible como una característica humana.
Frente a todo lo que han repetido las formas simplificadoras del marxismo, por ejemplo, los que creían en la primacía de la mano sobre el cerebro, Carlos Marx decía en El Capital que las arañas y las abejas —éstas estuvieron de moda por las capacidades que parecían tener— podían realizar actividades mucho más inteligentes que los operarios torpes, pero que aun el albañil menos capacitado tiene una superioridad sobre ellas: se representa en su mente el producto de su trabajo antes de comenzar a realizarlo.
Yendo más lejos, el ser humano que piensa es capaz de levantarse aún más sobre la condición animal, es capaz de sobreponerse a que su actuación se base solamente en la sobrevivencia y el egoísmo, en la sumisión a intereses que lo llevan a ser mezquino y negarles un lugar humano de vida a quienes no sean sus familiares y sus amigos.
Esa posibilidad se ha visto de muchísimas formas, desde los que creen en el mejoramiento humano individual hasta los revolucionarios que son capaces de todo por la liberación de todas las personas. Ella exige un ejercicio de pensar que es superior al ejercicio del pensamiento corriente, porque es un ejercicio del pensar que tiene que violentar las estructuras mismas del pensamiento usual.
Es decir, si uno se pone a ver con un poco más de profundidad lo que parece ser una majestad individual del pensar, se da cuenta de que la mayoría de los pensamientos están siendo guiados por la forma de dominación de la sociedad en que suceden. El individuo no es tan soberano como cree, ni mucho menos. Se somete a ese dominio de una manera u otra, muy a menudo independientemente de su voluntad. Por ejemplo, tratar de ser bueno —esa apelación moral tan bonita—, está contenida dentro de lo que puede pensar, y dentro de lo que a él no se le ocurriría pensar, dos conjuntos prefijados que lo norman y constriñen.
Por consiguiente, el pensamiento que quiera elevarse y ser realmente humano debe ser rebelde a las estructuras usuales de pensamiento. Y todavía más, tiene que empezar a identificar esas estructuras y ser rebelde a ellas de manera consciente.
Cuando Joaquín de Agüero liberó a sus pocos esclavos en Puerto Príncipe, en 1843, se pretendió que tenía una enfermedad mental. Hasta sus amigos lo tachaban de loco. Es decir, podía habérsele ocurrido lo que hizo, pero no podía hacerlo. Y si lo llevó a cabo, siendo un hombre “de posición”, es porque se había enfermado. Así llegamos a otro punto que es muy importante: el pensamiento tiene que corresponderse con la acción, el ejercicio de pensar tiene que estar relacionado con la acción. Tiene que romper varias cárceles:
Sólo liberándose de esas prisiones puede llegar a ser rebelde el pensamiento. Por eso, he dicho alguna vez que la rebeldía es la adultez de la cultura.
El ejercicio de pensar tiene que corresponderse con una consecuencia activa. No quiero decir con esto que todo el que piensa está obligado a romper con las trabas y los dilemas que el desarrollo mismo de la humanidad le dio. Puede que una persona alcance a desarrollar su pensamiento por caminos de liberación y sea reacio a la actuación. Pero si no es consecuente moralmente, si no se enfrenta a las encrucijadas en las que es necesario actuar políticamente con soberanía y rebeldía del pensar, entonces resultará fallido su ejercicio del pensar. Como ves, este asunto se va complicando.
El ejercicio de pensar tiene su teatro más privilegiado en la revolución. En ellas aparecen pensamientos que nadie había soñado. Por ejemplo, cuando era muy jovencito yo leía mucho al más grande pensador cubano, José Martí, que decía: “la tierra es del que la trabaja”. Los compañeros míos de entonces también consideraban que el pensamiento de Martí era la guía superior.
En cuanto triunfó la revolución, y
antes también, estaban tratando de llevar a la práctica ese pensar.
Pero en
menos de dos años nos dimos cuenta de que teníamos que pensar mejor los
problemas del mundo rural de Cuba. Era una realidad que gran parte de la gente
que llamamos campesinos, que vivían en los campos y allí trabajaban, no estaban
tan interesados en tener la propiedad de la tierra, sino en tener otras muchas
cosas más: que nunca más hubiera represión, trabajar todo el año con salarios
mejores, atención médica para sus familias, maestros para los niños.
Cada vez
querían más cosas,
pero no exactamente lo que habíamos pensado nosotros,
siguiendo un pensamiento revolucionario ya elaborado previamente. La cuestión se
vuelve por tanto más compleja, porque
exige que el
pensamiento se revolucione a
sí mismo una y otra vez. Sin dudas estamos hablando de un ejercicio difícil.
Pero al mismo tiempo, sostengo que
es un ejercicio imprescindible.
Se puede pensar el mejoramiento humano y el cambio de la sociedad sin salir del sistema capitalista, o pensarlo contra la dominación capitalista. No me referiré al primer caso, sino al nuestro, el que llamamos «socialismo».
En el «socialismo» es imprescindible no solamente la liquidación del poder del capitalismo y de sus sistemas político, represivo y de hegemonía, de las relaciones económicas de ese sistema como rectoras de la vida de la gente, de su modo de apropiación:
Entiendo que la posición acertada es la que privilegia la praxis, la creación consciente y cada vez más masiva de nuevas relaciones, instituciones y una nueva cultura. Entiendo que el centro del pensamiento del Che es que el factor subjetivo tiene que ser el fundamental en todo el proceso de la revolución, y comparto esa idea.
Para poder desempeñar las tareas y los papeles que tiene delante de sí, el factor subjetivo está obligado a formar conciencia, y a hacer masiva esa conciencia. De ahí que el ejercicio de pensar no es una frase que quiere ser feliz, sino un deber muy grande. Le puse así a aquel artículo que escribí por las madrugadas cuando era muy joven, porque creía que en aquel momento en que estábamos eso era imprescindible. Hoy he cambiado un poco, ahora creo que en todos los momentos es imprescindible.
2. El 3 de julio del
2007, cuando expuso en el ISA sus diez rasgos del dogmatismo, se produjo una
ovación.
¿Fue esa respuesta del público allí presente una reacción ante la
vigencia de esas características dentro del pensamiento social cubano y del
proyecto mismo?
Sin dudas sí, porque el problema de cómo sobreviven ciertas características negativas a lo que algunos con razón han dicho que son sus condiciones de existencia, es un problema sumamente importante. Por ejemplo, el racismo, los condicionamientos verdaderos del racismo en Cuba son del siglo XIX. El «racismo» fue un elemento cultural muy necesario para la dominación en el siglo XIX, cuando el modo de producción fue una gigantesca empresa que tenía en su núcleo fundamental a personas que eran propiedad de los patronos, los esclavos, y la clase dominante en lo económico renunció a ser clase nacional y a que el país fuera independiente, para no renunciar a la ganancia y a su posición de poder. El racismo fue elaborado e impuesto, porque en el siglo XIX, tan moderno como aquellos propietarios criollos, parecía imposible sostener que unas personas fueran inferiores a otras.
La desaparición de la esclavitud y la independencia nacional estuvieron profundamente ligados en Cuba. Las prácticas liberadoras y el desarrollo del abolicionismo revolucionario en la Guerra de los Diez Años, las ideas y la acción del Partido Revolucionario Cubano de Martí y el evento decisivo de la Revolución del 95, cuando el pueblo de Cuba en masa emprendió una guerra popular y arrostró un genocidio en que murió casi la quinta parte de la población, la ideología mambisa, republicana y de democratismo muy profundo, todo exigía que la política impulsara junto a la libertad personal y la república democrática, a la justicia y la igualdad. El racismo no tendría ningún asidero.
Sin embargo, la guerra triunfó pero la revolución fue asfixiada, la república fue burguesa y neocolonial, y el complejo cultural que se ha creado y desarrollado a través de generaciones, y que comparten las personas, posee muy fuertes tendencia la permanencia y capacidades de resistencia. El «racismo» se recompuso y participó en la construcción social de raza y racismo de la república de la primera mitad del siglo XX. Sus discontinuidades y sus nexos respecto al racismo del XIX, el alcance y los límites del antirracismo postrevolucionario, son lecciones que están a nuestro alcance. Las experiencias históricas ayudan mucho.
El «dogmatismo» que
combatíamos nosotros en los años sesenta tenía sus raíces en una inconsecuencia
tremenda.
La revolución cubana que triunfó en 1959 acabó con el capitalismo,
pero desde el inicio tuvo que romper con lo que llamaban el socialismo. Por eso
el Che escribe su diario, en Bolivia, el día 26 de julio: “rebelión contra las
oligarquías y contra los dogmas revolucionarios.”
En los años sesenta, Cuba era una herejía para la URSS y el movimiento internacional identificado con ella. Cuando nos enfrentábamos al dogmatismo en realidad nos oponíamos a aquéllos que creían que tras la liberación del país había que aprender un nuevo sistema de dominación en nombre del socialismo. Es necesario tener esto en cuenta cuando recuperamos la memoria de las polémicas que en aquel tiempo se ventilaron en los terrenos de las bellas artes.
No era sólo si Proust, Joyce y Kafka eran tres literatos que nadie debía leer, porque expresaban la decadencia del capitalismo, o si unas corrientes pictóricas eran “socialistas” y otras eran “burguesas”, si las películas italianas probablemente fueran de la burguesía también. Clasificar los gustos y ordenar qué se debe consumir y qué no, formaba parte de una ideología de obedecer y mandar, de clasificar y condenar, de legitimar una dominación sobre la sociedad. Hubiera sido la imposición de una nueva esclavitud en nombre de la liberación.
El «dogmatismo» se presentaba de una nueva manera, no de una forma brutal. Se presentaba bajo este argumento: “ahora al fin somos socialistas, e incluso somos marxistas-leninistas. Todo el que sea socialista y marxista-leninista debe creer en este nuevo dogma e imponérselo a los demás, y todo el tiempo imponérselo a sí mismo”.
Me interesa muchísimo el problema de la desgarradura terrible que se hicieron a sí mismos muchas personas que yo llamaría personas decentes, que fueron dogmáticas y que siguen siéndolo, puesto que por sus virtudes personales nos resulta todavía más difícil entender la malvada entraña del dogmatismo.
La teoría política debería recoger, aunque fuera de una manera subalterna, la categoría ‘persona decente’. Al creer ellos que están prestando un servicio, hacen todavía más confuso el problema. Por esto me pareció necesario, el 3 de julio del 2007, al menos tratar de sintetizar y ofrecer alguna ayuda a los estudiosos y a los que actúan ahora, sintetizando diez rasgos que posee «el dogmatismo», no sólo para combatirlo mejor, sino para comprenderlo y liquidarlo a fondo, entre todos, sin dejarle posibilidad de que renazca, porque renace una y otra vez.
Si renace una y otra vez, no es posible pensar simplemente que sea como la hierba mala, hay que tratar de encontrar sus raíces sociales, sus raíces culturales, y relacionar el problema con otros problemas más generales de nuestro proceso de liberación, que se ha encontrado con sus fronteras y sus límites una y otra vez, económicas, políticas, internacionales, de amenazas por parte del imperialismo, de los daños provenientes de la imposición o la copia de rasgos del régimen soviético, de los males que hemos permitido, alentado o creado nosotros mismos, del riesgo constante de la formación de grupos con poder que expropien la revolución.
Necesitamos lo que Cintio Vitier definió hace quince años maravillosamente bien: resistencia y libertad. Solamente con resistencia no podemos defender la libertad. Claro, cuando uno dice resistencia y libertad enseguida aparece la justicia, porque sin justicia no es factible la libertad. Más vale que multipliquemos nuestras capacidades, y para multiplicar esas capacidades no sólo hay que acabar con el dogmatismo, hay que enterrarlo muy profundamente.
3. Un día lo escuché decir que “las ideas siempre tienen que ser superiores al medio en que se reproducen” ¿Podría un resurgimiento del pensamiento crítico revolucionario subvertir las estructuras desde las que se administran las ciencias sociales en Cuba hoy, o tendremos que esperar a que esas estructuras cambien mediante otros procesos y/o voluntades políticas?
Yo creo que peco mucho de optimista histórico, pero siempre me prevengo con un poco de pesimismo cotidiano. Opino que para que se logre lo que pides tiene que predominar «el revolucionamiento». Cuba tiene un promedio tan alto de niveles escolares y técnicos que las estadísticas deben parecerles increíbles a muchos. Tiene un desarrollo de la conciencia política tan alto que resulta incomprensible para muchos en el mundo. Entonces uno se pregunta ¿cómo es posible que el pensamiento y las ciencias sociales no estén a la altura de todo eso? Ya una parte de nosotros hemos constatado que no lo están, pero persiste una inercia opuesta a cambiar la situación, reforzada por la incomprensión o la resistencia dentro de instituciones que debían favorecer su desarrollo. La fuerza de la conciencia política, y la formación especializada de por lo menos un millón de cubanos, debería ser más que suficiente para que se produjeran revolucionamientos del pensamiento y las ciencias sociales.
Por otra parte, el
ámbito latinoamericano es el más dinámico en el desarrollo del pensamiento
social en el mundo actual; no es famoso porque no es del primer mundo. En los
primeros quince años que siguieron a 1959, América Latina tuvo una influencia
decisiva entre los estímulos culturales externos de la revolución. En los
últimos quince años las relaciones estatales con la región se han generalizado y
fortalecido, y las relaciones económicas –que eran mínimas—han ido creciendo
hasta alcanzar un peso fundamental en nuestras relaciones externas. Pero este
nuevo auge es mucho más complejo y rico. Hace cuarenta años, Cuba se involucraba
a fondo en los intentos revolucionarios de liberación del continente; hoy,
decenas de miles de cubanos atienden la salud de una gran parte de los
latinoamericanos, enseñan métodos para dejar de ser analfabetos y forman
profesionales de sus países. Y la ola creciente de autonomía frente al
imperialismo, los poderes populares, los movimientos populares combativos, la
idea de un socialismo del siglo XXI, cuadro en el que Cuba tiene un papel
relevante, alimenta los anhelos de renovar y desarrollar nuestro socialismo.
Todo esto tiene que ser un acicate para el pensamiento cubano y facilitar que se
recobre y avance.
Me pregunto cómo es posible que todavía el pensamiento social latinoamericano avanzado y marxista sea bastante desconocido en Cuba.
No hay nada mejor para avanzar que reconocer los propios defectos. El joven Marx escribió una vez que la vergüenza es un sentimiento revolucionario. Si superamos la fase de reconocer los errores y avergonzarnos un poco, y actuamos, sin duda los logros y las potencialidades inmensas que ya tienen el pensamiento y las ciencias sociales cubanas serán un terreno más que suficiente. Alguien me diría de inmediato: “¿pero por qué no sucede?"
Y ahí viene otro problema. Hemos tenido una historia que no voy a sintetizar aquí, y que abordo a lo largo de todo El ejercicio de pensar. Prefiero remitirme al libro. Agrego solamente que las insuficiencias, los descalabros, los graves errores cometidos en el campo del pensamiento y las ciencias sociales, no pueden eternizarse por el temor de que detrás de su desarrollo sobrevenga la división entre nosotros, cuando ese peligro, que es real, podría venir del aumento del apoliticismo, de relaciones sociales que no son socialistas, del egoísmo que está relacionado con el dinero, con el afán de lucro, que han crecido y pugnan sordamente con la cultura de la solidaridad y la justicia social.
Los enemigos del socialismo cubano, que no son pequeños ni son débiles, serían más débiles y más pequeños si desarrolláramos más el pensamiento y las ciencias sociales. Para mí, es necesario que se abra paso a las iniciativas, la participación y la libertad comprometida con el socialismo. Es necesario que se unan iniciativas y fuerzas, desde las estructuras y sobre todo desde la gente, que se unan.
4. ¿Cómo podemos entender las fisuras que nuestras ciencias sociales han continuado profundizando en relación con una tradición de marxismo liberador y nacional? ¿A qué procesos de poder o a qué tipos de poder responden estas fisuras?
Prefiero en este caso referirme a las vicisitudes del marxismo. Nosotros asumimos el marxismo desde una situación muy difícil, cuando parecía tener su centro y su legitimidad en la URSS. En realidad, el marxismo se arraiga en Cuba en los años de la Revolución del 30, el marxismo de Julio Antonio Mella, el de Mariátegui, el marxismo relacionado con el intento de liberar al país de Antonio Guiteras. Después hubo cubanos que mantuvieron la llama de un marxismo independiente, que concurre en la formación de las ideas del movimiento insurreccional del 26 de Julio, desde La historia me absolverá. En los años sesenta, el pensamiento vivió avances extraordinarios y batallas muy duras –trato estos temas en el libro--, y comenzó a echar las bases de una cultura propia de liberación. Esos logros, y sobre todo los problemas que planteó, constituyen una fuente muy valiosa para las tareas y los proyectos actuales.
En los años setenta se consumó la sujeción, el empobrecimiento y la dogmatización del pensamiento social. El marxismo fue subyugado y sometido a un subdesarrollo inducido. Esa situación entró en crisis con el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, en la segunda mitad de los ochenta, pero el proceso confrontó muchas dificultades, y perdió suelo ante la tremenda crisis desencadenada al inicio de los años noventa. No hubo tiempo ni condiciones suficientes para transformar un medio que incluía la formación de decenas de miles de personas para reproducir lo que llamaban marxismo-leninismo (fue una gran ofensa a Lenin llamarle marxismo-leninismo a la ideología que se impuso cuando los ideales de Lenin fueron abandonados). En medio de la caída simultánea de los niveles de calidad de la vida y del prestigio del socialismo, una gran parte de la población joven se alejó de todo el marxismo, no de una corriente u otra. Las estrategias de sobrevivencia de ciertos grupos excluían también al marxismo. A mí me sucedió algo muy interesante: después de tantos años de ser tenido por demasiado heterodoxo, comencé a ser visto como un ortodoxo, o más exactamente, como un bicho raro, por ser marxista. Entonces ser marxista empezaba a ser raro.
Afortunadamente ya no estamos en esa situación, y el marxismo ha recuperado algún terreno. Nuevas generaciones que no tienen que desaprender el marxismo-leninismo, porque nunca lo conocieron, y gente heroica de edades medianas estudian marxismo o se acercan a él. Pero estamos en una fase demasiado temprana, la influencia del marxismo como epistemología de las ciencias sociales es pequeñísima. Incluso hay personas capacitadas que sienten un poco de vergüenza de ser marxista, les parece que no va a estar bien y que no los van a considerar científicos serios. La influencia tan grande que goza hoy la ideología burguesa tiene un peso enorme en esta situación.
El economicismo, que cuando yo era muy joven venía de Moscú, ahora viene de los centros intelectuales del capitalismo desarrollado, que ha convertido el individualismo en método y pretende que el conocimiento de las conductas en los procesos sociales se mida por el costo-beneficio. Después de los decretos sobre “el fin de” –paradigmas, metarrelatos, historia--, un economicismo vestido de universidad del primer mundo es exigido en muchos medios para alternar, y también para tener oportunidades de acceder a algunos gajes del mundo académico. Esta ideología es “democratizada” por la avalancha de productos masivos en los que los seres humanos se dividen entre los que tienen “éxito” y los que “fracasan”.
Tenemos por delante grandes batallas por librar. Una de ellas es la de asumir «el marxismo». Si digo que es necesario asumirlo críticamente sería redundante, porque no se puede asumir nada importante si no es críticamente, pero en este caso me atrevo a insistir, por parecerme imprescindible. En cuanto uno se descuida vuelve a aparecer el marxismo dogmático. Por cierto, en muchos planteles dentro del sistema educacional cubano se sigue enseñando marxismo dogmático y se siguen utilizando libros de los que ya nadie debería acordarse. Lo único sano que pueden hacer los alumnos que sufren esa experiencia es olvidarla después de los exámenes. Desde varios ángulos, la asunción del marxismo es débil todavía, pero creo que va a tener una importancia creciente en la recuperación del pensamiento y la ciencia social en Cuba. El camino por recorrer es todavía muy largo, a pesar de que tenemos una cantidad de profesionales mayor que nunca antes, y una gran cantidad de monografías de excelente calidad.
5. ¿Cómo los intelectuales cubanos pueden ser militantes revolucionarios y comprometidos con la transición socialista hoy en Cuba?
La pregunta es difícil, porque la respuesta siempre es muy compleja. Me niego a responder con una suerte de catecismo; sería un error gravísimo, casi una estupidez. Pero tengo al menos la sensación de que está claro un requisito: actuar y pensar libremente. El pensamiento debe de ser más libre que otras actividades, tener menos condicionamientos. Tiene que ser más libre que sus condiciones de producción, debe ser superior a ellas. El pensamiento tiene que parecer a veces, incluso, incorrecto, y no puede tener miedo a cometer errores. A partir de ahí valdrá la pena, para trabajar por estar a la altura de un proyecto tan ambicioso como es la liberación de las personas y las sociedades". Fuente: www.rebelion.org /Opinión/ 4-12-08
Coincido con ese imperativo de hacer posible la convivencia plena y el funcionamiento de colectivos desde el ejercicio libre de pensamiento, lenguajes, funciones sociales e identidades de cada cual. Es como imagino la función del frente cultural-político.
Comparto esa alerta ante "el riesgo constante de la formación de grupos con poder que expropien la revolución" . En la Argentina bajo gestión de los Kirchner, está el problema de la apropiación de:
◊La izquierda revolucionaria ▪por el Partido Comunista Argentino que sólo reclama distribución de riquezas e ingresos y derogación de la ley anti-terrorista como si el actual modelo de producción y desarrollo no fuese la profundización tanto del despojo como de la sumisión impuestos a la inmensa mayoría de la población y bastase el enfrentamiento con la derecha opositora a los Kirchner a quienes defiende como gobierno posible y en disputa; o ▪por el grupo que practica el culto a la personalidad de Hebe de Bonafini, el autoritarismo y la alianza incondicional con el gobierno-Estado de los opresores por el cual ataca, censura...
◊La izquierda progresista por periodistas que se identifican como analistas y comunicadores cuando se posicionan desde la soberbia y la argumentación para descalificar a sectores populares con reivindicaciones o errores sin profundizar en las condiciones de vida que los causan pero, claro, privilegian apoyar al gobierno K. Sin embargo, lo último no basta para explicar la impotencia de adentrarse en la capacidad de diálogo como apertura a indagar razones de los distintos y disposición al aprendizaje mutuo, lo ejemplifican los intelectuales de Carta Abierta tan absortos en sus saberes e inquietudes que no pueden cumplir con sus objetivos políticos y se ponen al servicio de un gobierno completamente contrario a las necesidades e intereses populares.
Por eso, considero que el frente cultural-político debe promover -en los graduados, profesores y estudiantes de las universidades públicas- revisión crítica de sus conceptos, epistemologías y cosmovisiones de suerte que puedan propulsar procesos del hacer-pensar colectivo, de la construcción colectiva de conocimientos e investigaciones, de aprendizajes interculturales e involucrarse en las prácticas y problemáticas populares por auspiciar intercambios entre iguales de comprensión mutua y aceptar el cuestionamiento a sus saberes específicos desde las culturas de los ninguneados, oprimidos como los campesinos, los trabajadores rurales y urbanos y los pueblos originarios.