|
Mayo 2012
|
La «soberanía alimentaria» es arrasada por la concentración y transnacionalización tanto económica como territorial. “Entre las causas principales que explican el avance del acaparamiento de la tierra en América Latina se encuentra el brutal avance del agronegocio en todo el continente. El mismo agronegocio que ha llevado a la humanidad a la inédita cifra de más de mil millones de hambrientos. Pero también cabe destacar el rol que está jugando la minería en países como Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Costa Rica, México y Guatemala. No menos importante son los megaproyectos hidroeléctricos y los grandes emprendimientos turísticos que se apropian de espacios comunes. Por último, es importante subrayar dentro de las causas de acaparamiento de tierra en América Latina las falsas soluciones al cambio climático, como ser los proyectos REDD+ y las plantaciones de monocultivos para la producción de biomasa con fines energéticos” Leer. Todo este ‘progreso’ es sostenido con hidrocarburos cuya extracción como no convencionales invadirá y ocupará extensos territorios que asolará. Aún más el capitalismo implica especulación inmobiliaria que no sólo privatiza y deja sin techo sino también aniquila la fertilidad de la Pampa húmeda, los humedales y el funcionamiento de las costas y riberas.
Ante esta variedad de la desterritorialización y
reterritorialización recolonizadora cabe la recuperación de lo
público como encuentro con los otros de abajo para afirmar la
convivencia local, provincial, nacional, continental e
internacional. Pero debe
ser a
la izquierda o
partir de identificarse con la lucha consecuente por poner fin a los
actualesdelitos de lesa humanidad y de lesa naturaleza. Requiere
crear reciprocidad de vínculos para
la constancia en la deliberación y toma de decisiones sobre la
cotidianeidad rumbo a otra sociedad, otro país y otro mundo
emancipados del capitalismo. Es
reasumir el 19y20 desde la madurez actual. |
PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS
En la comunicación que facilite definiciones y rumbos anticapitalistas interfieren dos formas principales de conciliación con el sistema de saqueo y devastación. Ambas bloquean el enfoque integral de la realidad y el debate que proponen diversos de abajo. Pongamos en contraste a cada una con rumbos posibles de emancipación del capitalismo e imperialismo.
1. La hegemonía K genera la fascinación que despreocupa de articular la medida gubernamental con el desarrollo capitalista y la historia K
Por ejemplo, consideremos la creencia en la vigencia de la soberanía nacional por la expropiación parcial de YPF
Nos aproxima a la realidad Alejandro Teitelbaum (especial para ARGENPRESS.info), en "YPF: Cristina en el país de las maravillas", indicando:
I. En un artículo nuestro que publicó ARGENPRESS (1) el 20 de abril sobre el anuncio gubernamental acerca de la recuperación parcial de las acciones de YPF, escribíamos que el Gobierno no hizo nada para modificar previamente un contexto jurídico desfavorable: siguen vigentes las leyes de inversiones extranjeras y de expropiaciones dictadas por la dictadura militar (ministro de economía Martínez de Hoz) y los decretos menemistas 1.055/89, 1.212/89 y 1.589/89 de desregulación petrolera, los 54 tratados comerciales bilaterales celebrados y ratificados durante el Gobierno de Menem no han sido denunciados y ni siquiera renegociados y Argentina sigue adherida al CIADI. Y concluía el artículo imputándole al Gobierno improvisación y desprolijidad, vista la permanencia de un contexto jurídico facilitador del despojo del patrimonio nacional. Ahora, vistos los « socios » que está buscando el Gobierno y para qué, debo decir que me equivoqué. No hay improvisación ni desprolijidad : el mantenimiento del contexto jurídico antinacional refleja la continuidad -con diferentes discursos y casi sin interrupciones- de una política entreguista del patrimonio nacional y contraria a los intereses populares (económicos, sociales y ambientales) que comenzó hace aproximadamente 60 años y sigue hasta ahora.(...)
Las inversiones habrá que ir a buscarlas afuera, entre los grandes buitres del gran capital transnacional. Esto lo prevé el artículo 2º del proyecto de ley en trámite de aprobación: ”Artículo 2º: El Ejecutivo nacional arbitrará las medidas conducentes al cumplimiento de los fines de la presente, con el concurso de los Estados provinciales Y DEL CAPITAL PUBLICO Y PRIVADO NACIONAL E INTERNACIONAL”.
El diario Página 12, ha informado en sucesivas ediciones acerca de las reuniones de De Vido y Kiciloff con algunos de los eventuales futuros inversores del capital privado internacional : Conoco Phillips, Chevron y ExxonMobil, todos sumamente interesados, dice el mismo diario, en la explotación de YACIMIENTOS NO CONVENCIONALES O HIDROCARBUROS NO CONVENCIONALES.
Es decir se “recuperan” la mayor parte de las acciones de REPSOL en YPF y cuando todavía no se concretó la operación, se busca asociar a YPF a tres de las más grandes transnacionales petroleras mundiales, Conoco y Chevron Texaco y ExxonMobil, acostumbradas a quedarse siempre con la parte del león y a priorizar el máximo de beneficios sobre la protección del medio ambiente.
Estas negociaciones son coherentes con la invariable política seguida desde hace años hasta la actualidad, de facilitar la explotación de los recursos naturales agrícolas (sojización) y minerales (minería a cielo abierto, etc.) por parte de los grandes grupos económicos nacionales y extranjeros, con el resultado de graves daños ecológicos y sin repercusión positiva apreciable para el país en el plano económico (ínfima participación en los beneficios) y social (desaparición de muchas pequeñas explotaciones rurales, deplorables condiciones de trabajo en las minas, por el ejemplo en el “Estado independiente” Barrick Gold, a caballo de la Cordillera de los Andes entre Argentina y Chile, etc).
IV. ¿De qué se trata en este caso?
« Yo doy un yacimiento petrolífero y me dan en cambio la bencina para mi encendedor ». Leopoldo Marechal, Megafón y la guerra, 1970.
Las estadounidenses Conoco Phillips, Chevron Texaco y ExxonMobil, forman parte junto con Shell, British Petroleum y Total, de las seis empresas petroleras más grandes del mundo. El respectivo volumen de negocios de las tres empresas es : Chevron Corporation 196 mil millones de dólares en 2010; ExxonMobil 350 mil millones en 2010 y
Conoco Phillips 251 mil millones en 2011. A título de comparación, el PBI de Argentina en 2010 fue de aproximadamente 600 mil millones de dólares.
Algunos datos del currículo de las tres empresas. (...)
V. ¿Qué son los yacimientos no convencionales que despiertan tanto el interés de esas grandes empresas? Y también de otras transnacionales petroleras.
Los yacimientos no convencionales -arenas bituminosas, petróleo y gas de pizarra o esquisto (shale gas y shale oil) y gas de arenas profundas/ compactas (tight gas)- son reservas de gas y petróleo intersticiales en formaciones rocosas o mezcladas con arena, a diferencia de los yacimientos convencionales constituidos en napas. Su explotación requiere técnicas recientes y la utilización de grandes cantidades de agua y químicos de alta toxicidad.
Los más grandes yacimientos no convencionales conocidos en Argentina son los de Vaca Muerta, en Neuquén, que abarca una zona de 30000 km2, 12000 de los cuales controlados por YPF.
Para conocer las posibilidades de Vaca Muerta, Repsol encargó una evaluación el año pasado a los expertos de Ryder Scott, auditora internacional de reservas y recursos de hidrocarburos. El estudio reveló la existencia de enormes yacimientos no convencionales, cuya explotación con las técnicas de punta actuales requeriría una inversión de unos 25.000 millones de dólares anuales, que el Estado argentino no tiene.
Y ahí entran en escena las grandes empresas transnacionales, con las cuales está conversando De Vido y Kiciloff. (...)".
Fuente: http://www.argenpress.info/2012/04/ypf-cristina-en-el-pais-de-las.html
----
Sin embargo, hay construcción de soberanía popular abajo y hacia la emancipación de la opresión capitalista como
el editorial de la Revista “Biodiversidad, sustento y culturas” Nº 72 (abril 2012) sintetiza:
(...)Los últimos treinta años han recrudecido el ataque a las estructuras comunitarias, a los territorios de los pueblos —sobre todo a partir de que los llamados tratados de libre comercio se instauraron como instrumento internacional para perpetrar un “desvío de poder”. Es decir, abrirle margen de maniobra a las transnacionales y cerrarle la puerta de la ley a las comunidades agraviadas —desde las estructuras gubernamentales, jurídicas y estatales de un país.
Esto es así porque tales tratados o acuerdos (dicen que de comercio, cooperación, asistencia técnica o científica y seguridad) son en realidad matrices de gobierno que suplantan las estructuras jurídicas, el marco jurídico nacional e internacional donde debería asentarse un gobierno que mandara obedeciendo a un pueblo que se insiste que lo eligió y lo “legitima”.
En ese proceso de desviación de poder, y con estos instrumentos “comerciales”, de “cooperación”, diversos países desmantelan los ámbitos comunes y los derechos colectivos, los derechos de los pueblos —mediante leyes, reglamentos, normas y estatutos— para abrirle la puerta al “individuo” anónimo y abstracto y a las corporaciones omnipresentes y concretas. El mecanismo de despojo se vuelve así más sofisticado y se torna más burda e irresponsable la devastación sin freno y la represión para quienes protestan.
Pero la gente, las comunidades, las organizaciones, tienen un rato pensando desde abajo, desde el seno mismo de su comunidad o de las organizaciones de primero, segundo o tercer nivel. Desde los seminarios, talleres, foros, encuentros. Así, toda movilización social es sobre todo un momento de repensar entre los muchos lo que ocurre, y recuperarle su sentido, reafirmar existencia, historia y futuro comunes.
En la historia reciente de los pueblos de América Latina, por lo menos desde 1989, las comunidades y organizaciones han acumulado saberes y experiencias compartidas, han acumulado información que les permite entender lo que ocurre con mucho más precisión y detalle que los científicos y académicos, que los políticos de turno, porque su reflexión junta la información actual y contemporánea (que les allega su gente de confianza) con los saberes tradicionales y contemporáneos surgidos de su propia visión integral e integradora, esa visión que abraza la complejidad y la sincronía de los fenómenos y hace convivir tiempos, flujos, ritmos: todos los procesos implicados en las situaciones que les son pertinentes. Reflexiones así no vienen tan sólo de pensar; llegan cuando se trabaja cuidando. Vienen de cultivar la tierra y cuidar el bosque y el agua, vienen de custodiar el largo plazo de la vida mediante las semillas y los equilibrios que mantienen los páramos, los manantiales, la fertilidad general —que es futuro puro.
Pero los ataques no terminan nunca. Los esquemas de la economía verde (que van de la mercantilización de la naturaleza y su sometimiento al sistema financiero internacional a la desconcertante idea de consumir toda la biomasa del planeta), en realidad esconden como siempre el control y la apropiación de más y más territorios incluida su biodiversidad, su agua, sus minerales, sus bosques y la mano de obra fragilizada que resulta de la expulsión de tantos.
Por eso los pueblos marchan, se pronuncian, se juntan (como ahora en Buenos Aires con motivo de la III Conferencia Especial para la Soberanía Alimentaria por los Derechos y por la Vida) para rechazar...Una vez más, al modelo de producción y consumo hegemónico que continúa generando hambre y pobreza crecientes en el mundo y la región. Éstas no son producto ni de la casualidad ni de la falta de alimentos, sino de un modelo que viola el derecho a la vida digna de las personas y los pueblos, acrecienta la subordinación de la mujer, invisibilizando su rol determinante en la producción de alimentos y en la construcción de la Soberanía Alimentaria(...)".
Fuente: http://www.grain.org/es/article/entries/4489-editorial
2. La visión y prédica de intelectuales progresistas e izquierdistas que son racistas y están alejados de la cotidianeidad mayoritaria
José Bustos desde su residencia en Francia nos estigmatiza y nos enseña la política correcta (según su mentalidad colonizada):
"(...)Remanentes de la izquierda radical
Como queda dicho en los párrafos precedentes, la primera causa de los conflictos ambientales tiene que ver con el tratamiento que le dan los gobiernos, que se creen con el derecho de imponer a rajatabla sus proyectos. Sin embargo, no se puede dejar de considerar el carácter típicamente político de estas confrontaciones. Se trata, en efecto, de movimientos populares que afectan la gobernabilidad de un país. Por eso, no resulta extraño que conciten el interés de organizaciones o corrientes políticas, de todas las tendencias, como de otros actores más sutiles pero con intereses bien precisos y no siempre muy encomiables, que aparecen con el nombre genérico de ONGs.
Entre estos sectores cabe destacar algunos remanentes de la izquierda radical. Toda izquierda, sin necesidad de reclamarse radical, tiene el deber de apoyar las reivindicaciones populares, pero, debe hacerlo tratando de situarse correctamente en el contexto local, nacional e internacional. Estos nuevos conflictos, no son simples, no tienen nada que ver con los tradicionales conflictos obreros por mejoras salariales o de condiciones de trabajo. Lo que está en juego es mucho más importante.
Los pueblos originarios
En primer lugar, por lo menos en una buena parte de casos, nos enfrentamos a la problemática de las poblaciones originarias. Para decirlo lo más brevemente posible, y con un término a la moda, se trata de promover y obtener la “inclusión” (es decir, que dejen de ser “excluidos”). Para eso algunos países han reformulado su Constitución declarándose países plurinacionales y multiculturales. Dicho de otra manera, reconociéndoles a las poblaciones originarias los derechos, y las obligaciones, de todos los otros segmentos de la población. Pero se trata de procesos recientes, y de una extrema complejidad. Uno de los aspectos principales de esta problemática tiene que ver con la noción de autonomía, que parece ser interpretada por algunas dirigencias indígenas de manera restrictiva, es decir, como el simple derecho de estos pueblos a continuar viviendo según sus costumbres y a ejercer una especie de “soberania” sobre sus territorios. Esta tendencia al repliegue comunitario puede entenderse por dos razones. La primera, porque no tienen (salvo casos individuales) ninguna experiencia de participación en el ejercicio del poder político; la segunda, porque los propios Estados no han sabido (o no han querido) crear esos mecanismos de participación, y fomentar la intervención de representantes indígenas en las distintas instancias de la gestión gubernamental. Los sectores de izquierda que apoyan ciegamente las oposiciones indígenas, cometen en algunos casos, en particular en los países con gobiernos progresistas, un doble error. En primer lugar, promoviendo y agudizando las contradicciones con el gobierno central, lo único que obtienen -aparte de un protagonismo fugaz- es aportar agua al molino de las derechas que siguen soñando con el derrocamiento de esos regímenes, sea por vía electoral o por un golpe de Estado. En segundo lugar, porque contribuyen a mantener estas poblaciones en las condiciones de exclusión en las que siempre han vivido.
El modelo de desarrollo
Uno de los argumentos de esta segregación voluntaria de la comunidad nacional se hace a nombre del derecho de estos grupos humanos a “definir su propio modelo de desarrollo”. Y lo que llaman con este nombre pomposo, se reduce en realidad a la simple proposición de dejarlos seguir viviendo en condiciones de extrema pobreza, que esta izquierda considera sin embargo, “edénicas” y en plena “comunión con la naturaleza”. Esto, a pesar de que múltiples organizaciones indígenas comienzan a exigir a los Estados, medidas concretas en materia de servicios, educación, salud, etc. y de protección de sus territorios contra la invasión de colonos que vienen a explotar ilegal y hasta ahora impunemente, sus principales recursos naturales. Frente a esta problemática, esa izquierda, que sigue creyéndose radical, parece haber perdido la brújula. Ya no se trata de la lucha frontal contra el capitalismo, menos aún por construir una sociedad socialista. Ahora, huérfana de perspectiva estratégica y táctica, está reformulando su discurso, dándole un sorprendente tono apocalíptico, cuasi místico. De lo que se trata -afirma-, es de salvar el planeta, la vida humana. El viejo marxismo se ha reciclado pues en ecologismo. Esta evolución no tiene nada de extraña. Es perfectamente cierto que los problemas ambientales, ligados en particular a la explotación intensiva de los recursos naturales, generalmente en los países pobres, es hoy un tema de capital importancia. Sin embargo, algo que todavía no ha entendido esta izquierda, y otros sectores “bien pensantes” de los países ricos, es que la rueda de la historia, lamentablemente, no se puede parar.
La inversión extranjera
Ocurre, en efecto, que el modo capitalista de producción es dominante, y el mercado sigue siendo el único medio de relación entre los países. En ese mercado todos estamos inmersos y, más aún, dependemos de él. Sin embargo, que se deje de producir unilateralmente el oro en el Perú, el petróleo en Argentina, o el litio en Bolivia, no va a cambiar absolutamente nada en el mundo, y no le va a provocar el menor daño al sistema capitalista. Lo único que puede tener un efecto real en la evolución necesaria de la protección ambiental son decisiones a nivel global, que obliguen a todos los países a observarlas, y no sólo a aquellos que son los más pobres. En cambio, negarle a esos países las posibilidades de desarrollo, aprovechando el aumento coyuntural de precios de las materias primas en el mercado mundial, es condenarlos a perpetuarse en la pobreza, es decir, en la incapacidad de alcanzar para todos sus habitantes niveles de vida dignos. Defender pues el desarrollo, es defender el derecho de millones de personas a tener un trabajo que les de lo suficiente para vivir, a tener una vivienda digna y servicios básicos, como agua corriente, desagüe, electricidad, transportes públicos,etc., y que no sigan muriendo de enfermedades curables, o de desnutrición, y que los jóvenes puedan seguir estudios, tener un empleo y fundar sin angustias existenciales nuevas familias. Es cierto, sin embargo, que ese tipo de explotaciones, que se hace a través de grandes compañías multinacionales, constituye para éstas un excelente negocio. Es la ley del capitalismo. Cuando no se tiene ni los capitales ni las tecnologías necesarios, como ocurre en todos nuestros países, no queda otra alternativa que recurrir a la inversión extranjera. Y esto no implica forzosamente una política “extractivista”, ni la sumisión al neoliberalismo, sobre todo cuando se negocian correctamente las condiciones financieras de la inversión, cuando se les impone a esas compañías el respeto de estrictas normas de protección medioambientales y cuando la renta minera se distribuye con criterios de justicia social y se aprovecha para financiar la reconstrucción de la estructura industrial del país, destruida precisamente por el neoliberalismo.
Una actitud responsable, constructiva
Es entonces un error oponerse ciegamente a toda explotación de recursos naturales. En las circunstancias actuales cualquier gobierno, de cualquier tendencia, que quiera resolver los problemas socio-económicos de su país necesita imperativamente de esos ingresos. Dicho entre paréntesis, son esos ingresos, en particular del petroleo, los que han permitido -por señalar un ejemplo- la existencia y el desarrollo de la experiencia progresista venezolana. Chávez no sólo ha elevado considerablemente los niveles de vida de su pueblo, y comenzado paralelamente un proceso de industrialización, sino que, con su producción petrolera y los considerables beneficios financieros que le procura, esta jugando hoy un rol fundamental a distintos niveles de la necesaria integración latinoamericana.
En contexto actual la izquierda tiene también un rol que jugar, como en parte lo esta haciendo hoy en el Perú, frente al proyecto Conga. Se trata de obtener, si no es para éste, por lo menos para los futuros proyectos del mismo tipo, que se respete escrupulosamente la obligación de la consulta previa, que los estudios de impacto ambiental sean hechos por profesionales independientes (de la empresa y del gobierno) y cuyos resultados sean vinculantes, es decir, a los que todos deban someterse, aún si le proyecto es declarado inviable, o si las medidas necesarias de mitigación de sus consecuencias negativas son financieramente importantes. Además, que a todo lo largo de la explotación organismos ad hoc del gobierno y de la población aledaña ejerzan un control riguroso del desarrollo de los trabajos. Esa seria una actitud responsable, constructiva por parte de quienes aspiran a ejercer alguna vez responsabilidades de gobierno.
Fuente original: http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/15133-la-izquierda-radical-los-conflictos-ambientales-y-el-modelo-de-desarrollo-en-am%C3%A9rica-latina.html
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=148305-----
Para adentrarnos en alternativas de desarrollo propongo que reflexionemos sobre la concepción del Movimiento de Pequeños Agricultores de Brasil ( MPA, 2007) que define:
a. Territorio campesino
El territorio campesino es un espacio de vida, producción, disputa de poder y
construcción de poder popular. Es donde hacemos el enfrentamiento directo con
los agronegocios.
El territorio es estratégico, concreto, nos da gobernabilidad social y política, unifica nuestra base social. Allí comemos, allí vivimos, allí estudian nuestros hijos.
Es el espacio de afirmación política, cultural y productiva del campesinado.
El territorio campesino no se confunde con la comuna, con la comunidad, ni con los territorios administrativos de los gobiernos.
Es la expresión de la presencia de la clase campesina y de la forma de vida y producción campesina en las más variadas regiones del país.
Lo que mantiene a la familia campesina ligada a una determinada comunidad no es simplemente una cuestión económica. Diversos lazos lo vinculan a una comunidad, a un movimiento, a un grupo social, en fin, a un territorio.
b. Elementos para el control del territorio
* Valoración de lo local a través de los vínculos afectivos, la vecindad, el parentesco.
* Administración directa de nuestras experiencias productivas; acompañamiento técnico y político por parte del MPA
* Organización de base.
* Comunicación.
* Educación (escuela local dirigida a nuestra realidad.
* Soberanía territorial: agraria, genética, económica, hídrica, energética, cultural.
* La familia y la comunidad tienen el papel principal en la construcción de la autonomía.
* Autonomía en la producción de proteína (el maíz es un producto estratégico).
* Formación de masas, bases, militancia y de cuadros capaces de afirmar la identidad social, una visión de mundo propia del campesinado, que fortalezca la comprensión de que campesino y capitalista son mundos distintos; que trabaje valores y principios colectivos.
* La identidad territorial es también una opción política.
* Lucha por políticas públicas “estructurantes” (integrales).
* Acciones colectivas y metodologías participativas como medios de construir la unidad política en los territorios campesinos.
* Valorar las experiencias espontáneas que surjan de la base.
* Desarrollar la cooperación en sus más variadas formas, pero articuladas a través de la organicidad política del movimiento y que tengan instrumentos de gestión económica que garanticen la industrialización, el acceso al mercado, las tecnologías adecuadas, acompañamiento técnico.
* El control del territorio no es sólo geográfico y material, sino cultural, ideológico, afectivo.
* Tierra, agua, energía y semillas son las bases materiales para el control del territorio.
* Política, ideología, cultura, religiosidad, símbolos, festividades, son las bases subjetivas (mentales) para el control del territorio.
c. Alimergia
Alimergia
es un nuevo concepto de agricultura, producción animal y producción
forestal que intenta desarrollar formatos productivos donde
las energías de varios tipos de producción se alimentan entre sí, buscando la producción de alimentos y energía con conservación ambiental.
La alimergia considera la soberanía alimentaria y la energética de las comunidades, de los territorios y de los pueblos de manera integrada y armónica con los ecosistemas locales. Sin embargo, eso sólo será posible mediante sistemas agrícolas de base ecológica, de modo especial la agroecología, lo que implica sistemas complejos de policultivos.
La alimergia no es sólo un nuevo concepto que procura unir en un proceso productivo integral y sistémico, alimentos, medio ambiente y energía.
Es un nuevo paradigma (forma de ver el mundo) necesario para responder a los desafíos y las exigencias objetivas que la comunidad humana y la
sobrevivencia de la vida de la biósfera colocan en términos energéticos, alimentarios y ambientales para el presente y, dramáticamente, para la
construcción del futuro.
Fuente: revista Biodiversidad, sustento y culturas Nº 67 (enero 2011)
http://www.grain.org/es/article/entries/4263-elementos-para-el-debate-sobre-el-campesinado
En consecuencia, como hecho positivo la Ley de expropiación del 51% de YPF dispone que el petróleo y el gas dejan de ser un “commodity” para pasar a ser un «bien estratégico», sujeto al «interés público nacional». Ahora es fundamental referir estos dos conceptos al modelo productivo y de desarrollo en vigencia. También es crucial tener en cuenta que las cúpulas empresaria y gobernantes son quienes se apropian de los bienes comunes (tanto sociales como naturales) y de la toma de decisiones sobre su uso. Son quienes nos convencen que lo principal es el crecimiento económico del capitalismo local para la inclusión social por multiplicación de fuentes laborales y la atención a los pobres. Pero los últimos mayoritariamente proceden del medio rural que está siendo arrasado por la expansión de agronegocios, megaminería, explotación hidrocarburífera, megaemprendimientos turísticos e inmobiliarios y la IIRSA.
Javier Rodríguez Pardo, en "El planeta errante y la quimera verde de Río + 20", advierte: "(…)En la última década, América Latina se ve sometida a proyectos concebidos en el marco de la Iniciativa para la Infraestructura de Integración Regional Sudamericana (IIRSA) y de la prolongación del Plan Puebla Panamá de Centroamérica. Ambos designios fueron forjados con el claro objetivo de facilitar la extracción, circulación, comunicación de los bienes comunes (recursos naturales) que conforman el botín del saqueo de las corporaciones transnacionales. Si Río+20 es un llamado a la cordura para el rescate de un planeta agonizante, los proyectos IIRSA no son la mejor respuesta para impedir su agonía.
Represas faraónicas desplazando a miles de indígenas de la Amazonía, ductos hidrocarburíferos, alteraciones hidrológicas y dragados de pasos fluviales son, con los corredores bioceánicos, parte estratégica de un modelo extractivo que agota fuentes de agua y consume ingentes volúmenes de energía. Se planifica Río+20 al mismo tiempo que se ejecuta un instrumento de depredación que contribuye aún más al calentamiento global. Agua, suelos fértiles y minerales críticos y estratégicos son bienes comunes escasos extraídos mediante una matriz energética generadora de emisiones atmosféricas que inciden en el calentamiento global.
Por todo ello la respuesta latinoamericana a Río+20 es de rechazo y refleja la desazón que ofrece un camino viciado desde su origen por quienes no abandonan consumismo y derroche. Es también la esperanza de infinidad de movimientos sociales que se levantan en rebelión en una sola frontera continental que los une. Son pueblos y comunidades originarias que conforman la masa crítica que intenta detener el rumbo hacia la destrucción del único hábitat posible: este planeta (...)". Leer
En favor de este desarrollo criminal y suicida está La Presidenta. Cristina Fernández manifestó:"Ustedes saben que cuanta más basura hay, más progreso y más consumo representa”. Su sentencia la da en momentos en que la sociedad de consumo como bienestar a la capitalista es cuestionada, sobre todo, por degenerar en fastuosidad de una minúscula minoría mundial, tecnología devastadora, potencial comunicacional e informativo con uso manipulador, amplio y pujante mercado de comida chatarra, fabricación mirando a la corta duración del producto, enorme despilfarro de agua dulce y energía, etc.
Si indagamos en cómo está constituido el poder real, cuyo formidable crecimiento económico en la postconvertabilidad los K relatan como perteneciente al país, comprobamos la presencia de oligopolios imperialistas ya que dominan los sistemas globales de agronegocios, de megaminería, de industria petrolera y de la automotriz. Todas actividades opuestas a lo público y al buen vivir de los de abajo.
En contraposición, el paradigma de desarrollo de la «soberanía alimentaria» tiene como sus creadores esenciales a los campesinos, indígenas y los sin tierra que el capitalismo e izquierdistas etiquetan de atrasados y merecedores únicamente de asistencialismo y educación. Por supuesto, como la reforma agraria integral, requiere ante todo la autoorganización de las comunidades en la recuperación de sus respectivos territorios y en la articulación de hermanamiento entre ellas. Significa definir la autogestión por cada una de su producción, distribución y consumo de alimentos diversificados y acordes con sus culturas pero mirando a la complementariedad, cooperación e integración de todas que tienda a la igualdad de oportunidades para la felicidad poblacional e individual en el continente y mundo. También une saberes campesinos e indígenas con las ciencias concretando, por ejemplo, la alimergia que es un nuevo enfoque del proceso productivo integral y sistémico de alimentos según cuidados del medio ambiente y la energía. La alimergia "es un nuevo paradigma (forma de ver el mundo) necesario para responder a los desafíos y las exigencias objetivas que la comunidad humana y la sobrevivencia de la vida de la biósfera colocan en términos energéticos, alimentarios y ambientales para el presente y, dramáticamente, para la construcción del futuro".Leer
En la comunicación que facilite definiciones y rumbos anticapitalistas interfiere la lucha del capitalismo e imperialismo por:
1. Tergiversar contenidos y sentidos de «soberanía alimentaria» que fueron creados en la lucha contra la «seguridad alimentaria» de la FAO
La soberanía alimentaria: entre la ecología de saberes y los organismos internacionales
Por GRUPO DE REFLEXION RURAL (GRR)
En los últimos tiempos ha cobrado
relevancia la utilización de la bandera de la Soberanía Alimentaria en
diferentes contextos de las luchas contra el Paradigma Civilizatorio dominante.
Se trata de una matriz de sabidurías profundamente imbricadas en el imaginario y
experiencia acumulada de muchos pueblos del mundo, que han venido desde siempre
dando forma a las culturas del arraigo y del respeto por la Naturaleza y que
ahora amenaza con ser definitivamente desvirtuada.
A su vez, la acelerada expansión de la Globalización sobre los ecosistemas
planetarios y el dominio cada vez más acentuado de las Corporaciones
Trasnacionales sobre los Organismos Internacionales y los Estados Nacionales,
determina la construcción de complejas sistematizaciones conceptuales, que van
incorporando a los relatos de la Modernidad, es decir, sumando como propiedad
intelectual del Sistema, algunas de las más sentidas creaciones culturales de
los pueblos y de sus resistencias.
Esta construcción de simulacros avanza también sobre la Soberanía Alimentaria,
un imaginario colectivo, un horizonte simbólico de confluencias ecológicas y
sociales, pero también una bandera política que encarna las nuevas expresiones
antiglobales y autonómicas de gran parte de la Humanidad, a la que se intenta
anexar al canon del Pensamiento Único y de la llamada Sociedad del Conocimiento.
Como resultado de ello se incorporan al discurso oficial de quienes se presentan
como los amos de la Tierra, las experiencias de muchísimos Pueblos, hechos
Cosmovisión en la Soberanía Alimentaria, pero esta vez apenas como una marca
registrada comercial desprovista de su núcleo político y filosófico, que se
agrega al ya agobiante diccionario de las categorías que intentan justificar las
nuevas formas de la dominación y los subsiguientes negocios de “mitigación”.
La Soberanía Alimentaria viene acompañada ahora, de este modo, por genéricas
reclamaciones sobre “Derecho” a la Alimentación que, como tantos otros derechos
promulgados en las últimas décadas, implican presuntas cesiones del poder de
algunos, una forma de convertirlos en leyes sin contenido propio, o pasar a ser
declaraciones de Principio que han olvidado el Fundamento. Es decir: nos abruman
de formalismos declaratorios, en el mismo momento y espacio en el que se está
consumando la catástrofe.
Peor aún: no son pocas las veces que incorporan la crítica de supuestos
"adversarios" y "críticos" en su propia escenografía. Que la FAO (organización
de la ONU para la Agricultura y la Alimentación) incorpore a su discurso la
Soberanía Alimentaria, como una variante de la proclamada Seguridad Alimentaria,
nos parece poco menos que una burla, un intento institucionalizado de contener y
re-direccionar el clamor de los oprimidos, una concesión menor a los indignados
de la ruralidad, las economías regionales autónomas y a los que trabajan la
Tierra con sus propias manos. Si con la Seguridad nos tranquilizaban diciendo
que habrá comida para todos, falacia que desmienten los más de mil millones de
hambrientos actuales del Planeta y muchos más, limitados a elegir entre marcas
de comida chatarra; con la Soberanía nos están diciendo que podríamos decidir
con qué y cómo nos alimentamos, tratando de ocultar el dominio de las
Transnacionales sobre las producciones agrícolas, las mejores tierras de
cultivo, las semillas y el agua, la ganadería y la pesca, sin olvidar el absurdo
costo ambiental de su transporte a enormes distancias y el estratégico control
sobre los precios.
Estamos asistiendo una vez más, a un gigantesco simulacro, simulacro que en
nuestra región, sólo puede realizarse con la complicidad de los gobiernos
progresistas y de las organizaciones campesinas funcionales al Modelo. Pretender
que hemos forzado las puertas de la rigidez conceptual de la FAO, nos parece
lamentable. La reproducción infinita del Capitalismo Global necesita, no sólo
las condiciones materiales, sino también, la apropiación consecuente de los
imaginarios de las propias resistencias, para acomodarlos ordenadamente en su
matriz epistemológica.
La Soberanía Alimentaria no puede tomarse como un concepto aislado, integra por lo contrario, un conjunto de experiencias culturales y políticas ligada a la historia profunda de los pueblos y a la memoria milenaria de las sociedades que han vivido siempre en comunidad con la Naturaleza. Es la expresión de un Paradigma enfrentado al Paradigma de la Modernidad y del Crecimiento por acumulación. Es un horizonte de símbolos, creencias, costumbres y modos de estar en el mundo, que acompañan a las comunidades humanas desde el mismo momento de su constitución. El Alimento está profundamente imbricado con las condiciones de existencia de las culturas mismas y por lo tanto, es inseparable de los ecosistemas que se habitan. La maravillosa diversidad de pueblos y comunidades que aún resisten, da razón de las tantas maneras de “estar en el mundo” y de la identidad y autonomía de los agricultores, pastores y pescadores. Pero así también, los Estados Nacionales, en su necesaria complejidad, deben reconocer un modo propio de existencia ligado a las condiciones de producción de sus alimentos, así como deberían respetar los patrimonios alimentarios de sus Pueblos.
Con la consolidación de las sociedades industriales, asociadas al urbanismo y a
las lógicas de mercantilización y de consumo, se produce un cambio abrupto en
los modos de Alimentación, que afecta de manera irreversible las relaciones de
los pueblos con los ecosistemas, ello expresado en lo que denominamos
Agroindustria o Agronegocios. De hecho, la actual expansión del Capitalismo
Financiero sobre la producción de Alimentos es la mayor amenaza a la Soberanía
Alimentaria y representa el último eslabón en la reproducción sistémica sobre la
vida y los bienes naturales. Por lo tanto, estamos enfrentando el socavamiento
de la Soberanía Política de los Pueblos y Naciones y de las autonomías
territoriales, y en este sentido no se puede separar la Soberanía Alimentaria de
aquellas otras, políticas, económicas, culturales, sociales, sino que son una y
la misma Soberanía.
Por ello afirmamos que
en la Soberanía Alimentaria se expresa el conjunto de las
resistencias ecológicas y sociales, frente a la expansión de los cultivos
industriales, las semillas transgénicas, los agrocombustibles y la apropiación
de tierras, que junto al uso intensivo de agentes químicos, caracteriza el
modelo predominante de producción de alimentos.
No debe sorprendernos que, en el actual contexto mundial, y próximos al lanzamiento de la “Economía Verde” en la Conferencia Río + 20, pero también en la adopción lisa y llana de los lineamientos del IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) a cargo de UNASUR y la Cepal (Comisión Económica para América Latina, organismo de la ONU) en connivencia con los gobiernos neodesarrollistas y neoextractivistas para los proyectos de desarrollo regional, se intensifiquen estas maniobras distractivas de conceder algo en el discurso para obtener la totalidad en los hechos, es decir, para mantener la hegemonía del poder transnacionalizado.
Es el caso de la Argentina, sometida a su condición de productor de materias primas, laboratorio de las manipulaciones genéticas y exportador de forrajes y biocombustibles; donde los mismos que lanzaron un Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial para los próximos años, que no es más que la expansión del modelo extractivo sobre millones de hectáreas de selvas y de montes, avalan esta peculiar generosidad de la FAO. La FAO, el mismo organismo que desde hace años fomenta la expansión de los monocultivos transgénicos y el acaparamiento de tierras, en una operatoria triangular y concertada con los Gobiernos y con ese “tercer sector” que son las grandes organizaciones campesinas para-estatales y las ONG del internacionalismo verde. Todo ello, más que un "menage a trois" resulta un terrible menaje atroz, o sea un atroz asunto de familia…
No podemos hablar de Soberanía Alimentaria en un país sometido a las
Corporaciones, donde el Gobierno Nacional depende fundamentalmente de los
excedentes de la renta sojera, donde los Agronegocios son la contracara del
asistencialismo, donde la precariedad de las instituciones depende de los
vaivenes de la bolsa de Chicago o de Shanghai.
La Soberanía Alimentaria no tiene lugar en el actual Modelo Productivo. Ella es
o debería ser parte fundante de un Proyecto Nacional que considere volver a
producir alimentos para nuestro Pueblo en la variedad y calidad que hemos
extraviado. Es decir, recuperar los antiguos saberes rurales de la Argentina
perdidos en décadas de neoliberalismo y neodesarrollismo.
Volver a la Tierra desarmando lentamente los mecanismos
impuestos por los Agronegocios y, sin ninguna duda, recuperar la infraestructura
energética y de transportes, revirtiendo esa terrible urbanización y
hacinamiento a que se ha sometido a nuestras poblaciones.
Para nosotros
la Soberanía Alimentaria sólo será realidad efectiva en un
auténtico Proyecto de Liberación Nacional que retome los caminos de una
Argentina, Libre, Justa y Soberana. 14 de ABRIL de 2012
Fuente: http://www.grr.org.ar/documentos/SOBERANIA%20ALIMENTARIA.htm
2. Inculcar desinterés mayoritario en conocer proyectos campesinos e invisibilizar que luchan por otra sociedad y otro mundo posibles
Declaración final de la IV Asamblea de la Articulación de
Mujeres del
Campo, CLOC-Vía Campesina
(8 al 16 de octubre de
2010)
"(...)Del mismo modo, nos comprometemos a continuar luchando por la Soberanía Alimentaria, por nuestras formas de vida, por las agriculturas campesinas y por modos distributivos de reciprocidad, que se desarrollen en convivencia con la naturaleza, en cuyo seno hemos desplegado el ejercicio creativo de la agricultura, de la hibridación de semillas, de la creación alimentaria y de cuidados integrales, y de otros conocimientos, gracias a los cuales hemos alimentado al mundo.
Rechazamos enérgicamente las visiones capitalistas que se imponen en el agro, que privatizan la tierra y el agua e imponen dinámicas empresariales que aniquilan la vida campesina.
Nos oponemos a que la transnacionalización de la producción alimentaria y la lógica de la acumulación de ganancias para el capital, continúe actuando como el objetivo de la humanidad y subsuma nuestras vidas a sus intereses.
Queremos transitar de una visión de distribución normada por el 'libre comercio’ hacia una de reciprocidades, complementariedades y cooperación, tal como nuestras organizaciones han venido proponiendo en sus países, pero también en el proceso de integración regional -la ALBA y la UNASUR-, que es un eje clave para encaminar nuestras aspiraciones socialistas y antipatriarcales.
La América Latina que queremos es una que se construya de relaciones armoniosas y de interdependencia entre seres humanos, constituidos como iguales, que encaminen su accionar a la luz de la sostenibilidad de la vida.
La América Latina que aspiramos construir es una de convivencia solidaria entre pueblos y culturas diversos, descolonizada, sin machismo ni racismo.
-Queremos una América Latina comunicada, que reconozca y se reconozca en la diversidad de formas de expresión y comunicación de nuestros pueblos, con medios de comunicación en los que se expresen las iniciativas de nuestros movimientos sociales y las propuestas políticas de cambio.
-Rechazamos la arremetida ideológica capitalista y sexista que imponen los medios de comunicación corporativos, que se han convertido en voceros de los intereses del capital y de la derecha.
-Queremos una región y un mundo libres de todas las manifestaciones de violencia, sea esta sexista, patriarcal, capitalista o imperialista.
La América Latina y el Caribe que queremos es un territorio de paz, desmilitarizado, sin bases militares foráneas, libre de las prácticas imperialistas de control, sin criminalización ni persecución política de la organización, de la protesta y de la pobreza.
Rechazamos y condenamos las amenazas imperialistas y los intentos golpistas contra los procesos de cambio, como sucedió en la República Bolivariana de Venezuela, en el Estado Plurinacional de Bolivia, en Ecuador, y como se impuso en Honduras. Rechazamos todo intento de injerencia e interferencia en nuestros países y en las decisiones de sus pueblos, como se expresa en el bloqueo impuesto a Cuba, por más de 50 años, por el gobierno de Estados Unidos.
Nosotras, las mujeres del campo provenientes de 19 países, levantamos nuestras voces al unísono en defensa de la Madre Tierra como un todo y por una reforma agraria integral que garantice el acceso de las mujeres a la tierra. Levantamos nuestras voces en defensa de la Soberanía Alimentaria, de la producción y distribución basadas en economías solidarias y comunitarias, no en los esquemas capitalistas injustos y depredadores.
Nos mantendremos alerta hasta que nuestra América Latina y el mundo sean libres de la opresión del capital y del patriarcado.
Sin feminismo no hay socialismo
Contra el saqueo del capital y del imperio, América lucha!
Por la tierra y la soberanía de nuestros pueblos, América lucha!
Mujeres del Campo
luchando por la soberanía popular, por
la justicia, la vida y la igualdad!".
Fuente original:
http://www.movimientos.org/cloc/show_text.php3?key=18353
En consecuencia, el capitalismo e imperialismo ha recrudecido el ataque a las estructuras comunitarias, a los territorios de los pueblos y a la soberanía alimentaria en su expansión extractiva-exportadora. Pone en grave riesgo la vida misma de miles de millones de personas pertenecientes sobre todo a los países saqueados. Por eso, es fundamental construir la liberación nacional y social a partir de un frente cultural político que multiplique espacios en común entre los diversos de abajo para el encuentro apreciador de las diferencias en la toma de decisiones sobre los grandes problemas a resolver y la confrontación con el sistema en vigencia. Que establezca diálogos y no mera difusión e información, por ejemplo, respecto a cómo se posiciona la Articulación de Mujeres del Campo, CLOC-Vía Campesina:
Rechazamos enérgicamente las visiones capitalistas que se imponen en el agro, que privatizan la tierra y el agua e imponen dinámicas empresariales que aniquilan la vida campesina.
Nos oponemos a que la transnacionalización de la producción alimentaria y la lógica de la acumulación de ganancias para el capital, continúe actuando como el objetivo de la humanidad y subsuma nuestras vidas a sus intereses.
Queremos transitar de una visión de distribución normada por el 'libre comercio’ hacia una de reciprocidades, complementariedades y cooperación, tal como nuestras organizaciones han venido proponiendo en sus países, pero también en el proceso de integración regional -la ALBA y la UNASUR-, que es un eje clave para encaminar nuestras aspiraciones socialistas y antipatriarcales.
Se trata no sólo de discutir cómo concretar esas nuevas relaciones desde ahora en cada comunidad (lugar) y en el conjunto del país, continente, mundo. Sino también es crucial cuestionar a la UNASUR y la CELAC.
El editorial de la Revista “Biodiversidad, sustento y culturas” Nº 72 (abril 2012) se refiere a que. "En la historia reciente de los pueblos de América Latina, por lo menos desde 1989, las comunidades y organizaciones han acumulado saberes y experiencias compartidas, han acumulado información que les permite entender lo que ocurre con mucho más precisión y detalle que los científicos y académicos, que los políticos de turno, porque su reflexión junta la información actual y contemporánea (que les allega su gente de confianza) con los saberes tradicionales y contemporáneos surgidos de su propia visión integral e integradora, esa visión que abraza la complejidad y la sincronía de los fenómenos y hace convivir tiempos, flujos, ritmos: todos los procesos implicados en las situaciones que les son pertinentes". Es una ruptura con la subordinación intelectual al sistema opresor que es generada en el estar en lucha por la vida y la dignidad humana de los pueblos.
Adital relata:
Entre los días 23 y 30 de abril de 1972, se realizó en Santiago de Chile el Primer Encuentro Latinoamericano de Cristianos por el Socialismo. Se postulaba, entre otros aspectos, que dicho evento "debía impactar la conciencia cristiana latinoamericana y mundial, contribuyendo a destruir la aparente legitimidad religiosa del capitalismo”.
Aparte de todas las vicisitudes de este Encuentro –tales como invitaciones a obispos que fueron rechazadas; cartas confidenciales de obispos chilenos a Conferencias Episcopales de América Latina sobre el carácter "político” del Encuentro; fría entrevista de los participantes con el entonces Arzobispo de Santiago-, el Encuentro entregó un Documento Final que, a grandes rasgos, podría sintetizarse en que el problema sustantivo de aquel momento era el de la liberación, para lo que se requería la ruptura del sistema capitalista a fin de crear las condiciones de un proceso de construcción del socialismo, renunciándose a las "terceras vías” postuladas por la democracia cristiana.
El Documento Final establecía que "nuestro compromiso revolucionario nos ha hecho redescubrir la significación de la obra liberadora de Cristo. Ella da a la historia humana su unidad profunda y nos permite comprender el sentido de la liberación política, al situarla en un contexto más amplio y radical. La liberación de Cristo se da necesariamente en hechos históricos liberadores, pero no se reduce a ellos; señala sus límites, pero sobre todo, los lleva a su pleno cumplimiento. Los que operan una reducción de la obra de Cristo son más bien aquellos que quieren sacarla de donde late el pulso de la historia, de donde unos hombres y unas clases sociales luchan por liberarse de la opresión a que los tienen sometidos otros hombres y clases sociales; son aquellos que no quieren ver que la liberación de Cristo es una liberación radical de toda explotación, de todo despojo, de toda alienación”.
Han pasado 40 años y estos conceptos mantienen plena vigencia, como también continúa viva la palabra de Salvador Allende, cuya conducción de la Vía Chilena al Socialismo fue respaldada por este sector de sacerdotes, religiosos(as) y laicos(as), y que nació desde un grupo de consagrados(as) que habitaban sectores populares, o trabajaban como obreros, o simpatizaban con este tipo de experiencias.
Al inicio del proceso de construcción del socialismo en Chile que, innegablemente, abrió mayores horizontes a la clase trabajadora, los citados discípulos del "Hijo del Carpintero” se reunieron a reflexionar sobre su situación y su acción en aquella nueva realidad, de la que nadie puede desconocer que significaba una nueva concepción del hombre, de un empuje de la humanidad hacia delante, de una superación del capitalismo para hacer brotar una nueva sociedad, concordando con el Concilio Vaticano II que postula que "la Iglesia (…) se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia”. ("G. et S.”, 1).
En medio de las cenizas dejadas por el golpe de Estado de 1973, la dictadura militar de diecisiete años, la ambigüedad de los grupos políticos que han continuado administrando el neoliberalismo y la involución de la jerarquía de la Iglesia Católica , el Movimiento Cristianos por el Socialismo debería renacer para transmitir esperanzas a los jóvenes; entregar visiones de futuro que inunden las mentes y la imaginación de las escuelas, de las Universidades, de los medios de comunicación; despertar utopías que abran caminos; descubrir valores que den sentido a la vida; presentar prácticas nuevas que cambien las relaciones sociales; señalar cuidados con la naturaleza; enseñar a usar las tecnologías sin olvidar la poesía y la gratuidad; desarrollar vínculos de fraternidad entre las culturas y los pueblos.
Es aquella solidaridad liberadora que emana del Evangelio (tan distante de Karadima, de su círculo social y de toda la decadencia moral que esos sectores representan), lo que posibilitará que nuevamente, tal como hace casi medio siglo, podamos "esperar contra toda esperanza” que "sobre estas ruinas brillará la gloria de Dios”. (Romero, 7-1-79).
Hervi Lara B.
Comité Oscar Romero- SICSAL Chile.
Santiago de Chile, 16 de abril de 2012.
Comite Obispo Oscar Romero. Chile
Fuente: http://www.adital.org.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=66376
En la comunicación que facilite definiciones y rumbos anticapitalistas es fundamental ayudar a multiplicar espacios en todo el país de discusión, búsqueda de respuestas, análisis de propuestas e investigación de caminos comunes tendiendo a conformar un «nosotros» de los diversos de abajo con voluntad política de emancipación social y nacional. Es tener en cuenta significados y sentidos de:
1. La «reforma agraria integral» (a nivel planetario y país por país) como recuperación de territorios y de su carácter comunal
El editorial de la revista Biodiversidad, sustento y culturas Nº 67 (enero 2011) esclarece ese florecimiento anticapitalista por la multiplicación y ampliación de un «nosotros» adueñado del hacer posible el buen vivir de los diversos de abajo en todos los países. En efecto, expresa:"(...)desde infinidad de rincones, las organizaciones, comunidades y colectivos repensamos las verdaderas soluciones que hemos propuesto mirando el panorama completo. Entendemos que el sistema industrial capitalista contemporáneo intenta controlar la mayor cantidad de relaciones, riquezas, bienes comunes, personas y actividades potencialmente lucrativas mediante leyes, disposiciones, políticas, “investigación”, extensionismo, programas, proyectos y carretadas de dinero. Los agronegocios, por ejemplo, que implican producir (alimentos y ahora agrocombustiles) en grandes extensiones de terreno para cosechar grandes volúmenes y obtener mucha ganancia a toda costa, tienen incrustada una lógica industrial que ejerce una violencia extrema contra las escalas naturales de los procesos y los ciclos vitales, y en su “integración vertical” promueven una enloquecida carrera por agregarle valor económico a los alimentos con más y más procesos —acaparamiento de tierra que implica concentración, desmonte y deforestación; semillas diseñadas en laboratorio, de patente y certificadas; suelos intervenidos (y empobrecidos) con fertilizantes y pesticidas megaquímicos, con monocultivo y mecanización agrícola; transporte, lavado, procesamiento, empaque, estibado, almacenado y nuevo transporte (incluso internacional) hasta arribar a mercados, estanquillos, supermercados y comederos públicos. Esto hace del sistema agroalimentario mundial (todo un tramado de actividades relacionadas, muchas de ellas innecesarias) el responsable de emitir gases con efecto de invernadero que pueden sumar 57% del total de gases emitidos. Estos procesos sumados son lo que más contribuyen al calentamiento que extrema la crisis climática. (…)
La agricultura campesina puede enfriar la tierra pero hay que entender que esa tarea es también algo que debe ser común, compartido, porque el cuidado del territorio así lo exige, y porque las corporaciones son ya muy poderosas, muy penetrantes. Por eso, si en verdad creemos en la vía campesina para resolver el problema de la crisis climática (y otras varias crisis relacionadas) entonces de modo muy radical tenemos que volver a luchar por la defensa de la tierra en manos campesinas, indígenas. Sí. Hay que seguir buscando que los países bajen las emisiones. Hay que seguir luchando por no permitir los sistemas de especulación financiera que recrudecen la situación, que enriquecen a unos cuantos y dejan la contaminación intocada, como el infame programa REDD. Hay que seguir frenando los nocivos proyectos de la llamada geoingeniería. Pero lo crucial es hacer un llamado en pos de una reforma agraria integral, a nivel planetario y país por país, que reconozca los territorios (tierra, aire, agua, biodiversidad, recursos) de los pueblos y su carácter comunal, inalienable, inembargable e imprescriptible.
Detener el proceso actual de acaparamiento agrario por parte de gobiernos y firmas de especulación financiera. Emprender una defensa de los territorios de los pueblos contra todos los proyectos extractivistas que atentan contra la posibilidad de que, como campesinos, retomen un cuidado de suelos, aguas, bosques, procesos vivos entre animales y plantas, con una producción propia que no violente los procesos naturales biológicos y sociales implicados en el cultivo, que circule pocas distancias, que reduzca los procesos implicados entre la producción y el consumo, que recurra lo menos posible a los mecanismos monetarios, que implique una integralidad entre cultivar, recolectar, cazar, pastorear o cuidar animales de traspatio y que eso refuerce modos de vida más equitativos, comunitarios y con afanes de justicia.
Es crucial que los gobiernos y la sociedad civil que sí tienen buena voluntad reconozcan que el modelo extractivista, industrial, no es compatible con el “buen vivir” de los pueblos. Es indispensable apoyar la autonomía, los autogobiernos, la autodeterminación de los pueblos, pero no de una manera retórica y distante, sino desde los mismos procesos de trabajo de base, organizados y sistemáticos. Sólo así será posible que la agricultura campesina enfríe la tierra, contribuya al cuidado del planeta y a la promoción de la justicia. Ésta es la verdadera lucha y no es una tarea fácil. La soberanía alimentaria se alcanzará mediante un trabajo en muchos frentes. Tenerla como consigna es crucial, pero emprenderla en nuestra cotidianidad inmediata es un reto impostergable.
Biodiversidad se ofrece como instrumento para discutir, buscar respuestas, propuestas, caminos comunes. Aquí estamos con el horizonte abierto pese a todo". Fuente: revista Biodiversidad, sustento y culturas Nº 67 (enero 2011) http://www.biodiversidadla.org/Objetos_Relacionados/Revista_Biodiversidad_sustento_y_culturas_N_67
2. Resistencia creciente de la lucha campesina al sistema imperialista de agronegocios
17 de abril: “Contra el acaparamiento y por la recuperación de nuestra tierra y nuestros territorios
Día Internacional de la Lucha Campesina.
Siete empresas en el estado español controlan el 75% de la distribución de los alimentos. Y esta tendencia va a más. De tal manera que el consumidor cada vez tiene menos puertas de acceso a la comida y lo mismo le pasa al productor a la hora de acceder al consumidor. Este monopolio otorga un control total a los supermercados a la hora de decidir sobre nuestra alimentación, el precio que pagamos por lo que comemos y cómo ha sido elaborado.
La agricultura industrial, kilométrica, intensiva y petrodependiente se ha demostrado incapaz de alimentar a la población, a la vez que ha tenido un fuerte impacto medioambiental reduciendo la agrodiversidad, generando cambio climático y destruyendo tierras fértiles. Para acabar con el hambre en el mundo no se trata de producir más, como afirman los gobiernos y las instituciones internacionales. Por el contrario, hace falta democratizar los procesos productivos y propiciar que los alimentos estén disponibles para el conjunto de la población.
Hace falta recuperar el control social de la agricultura y la alimentación. No puede ser que unas pocas multinacionales, que monopolizan cada uno de los tramos de la cadena agroalimentaria, acaben decidiendo lo que comemos. La tierra, el agua y las semillas han de estar en manos de los campesinos, de aquéllos que trabajan la tierra. Estos bienes naturales no han de servir para hacer negocio, para especular. Los consumidores hemos de poder decidir qué comemos, si queremos consumir productos libres de transgénicos. En definitiva, hay que apostar por la soberanía alimentaria. que consiste en tener la capacidad de decidir sobre todo aquello que haga referencia a la producción, distribución y consumo de alimentos. Apostar por el cultivo de variedades autóctonas, de temporada, saludables. Promover los circuitos cortos de comercialización, los mercados locales. Combatir la competencia desleal, los mecanismos de dumping, las ayudas a la exportación. Conseguir este objetivo implica una estrategia de ruptura con las políticas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Pero reivindicar la soberanía alimentaria no implica un retorno romántico al pasado, sino que, por el contrario, se trata de recuperar el conocimiento de las prácticas tradicionales y combinarlas con las nuevas tecnologías y saberes. Asimismo, no consiste en un planteamiento localista sino de promover la producción y el comercio local, en la que el comercio internacional funcione como un complemento del anterior.
Comer se convierte en un acto político:
Lo que comemos es resultado de la mercantilización del sistema alimentario y de los intereses del agronegocio. La mercantilización que se está llevando a cabo en la producción agroalimentaria es la misma que afecta a otros muchos ámbitos de nuestra vida: privatización de los servicios públicos, precarización de los derechos laborales, especulación con la vivienda y el territorio. Es necesario anteponer otra lógica y organizarse contra el modelo agroalimentario actual en el marco del combate más general contra el capitalismo global.(...)
AL PRESENTE…
Hoy en Latinoamérica con mucha más fuerza, el imperialismo adopta nuevas y diversas formas para seguir reproduciéndose cínicamente, fortaleciendo así, su modo de dominación y explotación, mediante un nuevo modelo de acumulación que favorece la expansión del capital trasnacional, asociado al agronegocio y a la minería cielo abierto.
El capital, en su afán por acaparar el poder y los recursos, ha ido creando mecanismos perversos para desaparecer a los campesinos y campesinas obligándolos a entrar a un modelo de producción industrial que prioriza la exportación por encima de la propia vida, dejándolos sin alimentos sanos y tierras para su cultivo, sumiéndolos en la pobreza y el hambre.
En Latinoamérica cada día crecen con más fuerza mecanismos como el monocultivo para la producción de agrocombustibles y transgénicos que influyen directamente al pueblo campesino, originario y afrodescendiente, pues es extensivo en tierra lo que genera un desgaste de la tierra a corto plazo, agudiza la crisis climática y conlleva el desplazamiento forzado de las campesinas y campesinos a las grandes ciudades, engrosando así los cordones de pobreza. Actualmente, nuestro continente y su gente se enfrenta a un fuerte acaparamiento de tierra por parte de las principales empresas multinacionales, las cuales invaden nuestras tierras y saquean nuestros recursos naturales; en muchos de nuestros países sufrimos con la concentración de tierras para la producción de caña de azúcar, palma africana, soya, banano, maíz, etc. en detrimento de una producción de alimentos al pueblo.
El acaparamiento de
tierras niega el acceso a la tierra a nosotros campesinos y campesinas,
desgastan nuestros suelos y sus nutrientes con el monocultivo, maltratan y
discriminan a nuestras mujeres campesinas cargándolas de trabajo con el
patriarcado, eliminan nuestras semillas y enferman a nuestros pueblos con la
utilización de los agrotóxicos y transgénicos, dejándonos sin medios para
producir nuestros alimentos.
Actualmente un nuevo fenómeno que se conecta al acaparamiento de tierra – y que sólo refuerza la concentración de las tierras en pocas manos – es la modernización de capital en el campo, que sirve para una producción más grande de alimentos para la exportación a otros continentes, en los mercados especulativos y a la producción de los agrocombustibles, resultando en el fortalecimiento de las transnacionales y del capital financiero, en la súper explotación de la mano de obra, en el no cumplimiento de los derechos de los y las trabajadoras asalariadas y la violación de los derechos humanos. Este nuevo fenómeno es fortalecido también por muchos de los gobiernos de Latinoamérica, los cuales se someten a los acuerdos económicos y financieros que propone la lógica capitalista mundial nos deja sin protección del aparato estatal de nuestros países.
LA RESISTENCIA CRECE
Nuestro continente viene defendiéndose de la invasión hace siglos; por mucho tiempo vemos nuestros recursos naturales siendo robados. La lucha campesina, originaria y afrodescendiente es necesaria.
Somos nosotros y nosotras los que defendemos y luchamos por nuestros derechos visto que la política mundial capitalista resulta en el avance del hambre, de la guerra, y la violación de los derechos humanos, etc.
Nuestra lucha es por la soberanía de nuestro pueblo, por la solidaridad con todos los pueblos; luchamos por un sistema en lo cual la vida sea lo principal, luchamos por la soberanía alimentaria, por continuar alimentando al mundo con alimentos saludables.
Luchamos por nuestro acceso a la tierra, al agua, a mantener las semillas como patrimonio de nuestros pueblos, a la conservación de la Madre Tierra para que nuestro mundo sea vida y no muerte. Por mucho tiempo hemos sido discriminados, oprimidos, detenidas, perseguidos, asesinadas y masacrados por luchar por nuestros derechos y de todo el pueblo del mundo pero a cada momento nuestra lucha se refuerza, a cada día y a cada clamor del pueblo nosotros enseñamos revuelta, indignación, solidaridad, cambio y ¡LUCHA!
Seguiremos luchando y avanzando en nuestras conquistas. En este sentido, rechazamos todo intento de represión y la criminalización de la lucha y la protesta en el continente y en el mundo, a lo largo de la historia los pueblos se levantan y resisten para transformar todo aquello que los oprime, domina y somete en esa lucha incesante contra el sistema dominante.
La Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo – CLOC/Vía Campesina, hacemos un llamado a todas las organizaciones a realizar variadas actividades en cada uno de sus países, reforzando la lucha internacional campesina y en búsqueda de nuestros derechos; estas pueden ser movilizaciones, foros, eventos culturales, ferias de soberanía alimentaria, solicitamos nos envíen información sobre la actividad que realicen en cada uno de sus países, para de esta manera junto con la Vía Campesina visibilizar esta gran movilización alrededor del mundo
Por más que implementen todos los mecanismos para debilitar y desarticular al conjunto de las clases oprimidas del campo y la ciudad:
¡LA RESISTENCIA CRECE!
POR LA TIERRA Y LA SOBERANÍA DE NUESTROS PUEBLOS
¡AMÉRICA LUCHA¡
transgénicos: No, no y No.
En consecuencia, la lucha por la soberanía alimentaria y el buen vivir tiene como referente importante a Vía Campesina que: llama a todas las organizaciones campesinas del mundo y sus aliados y aliadas para organizar acciones en este mes de junio.
El avance del sistema capitalista, que alcanzó dimensiones sin precedentes en las últimas dos décadas, está resultando de la misma forma en una crisis sin precedentes. La crisis financiera, alimentaria, energética y del medio ambiente son facetas de la crisis estructural del capitalismo, que no tiene límites en su búsqueda de más beneficios. Y que, al igual que otras crisis estructurales, golpean a los pueblos del mundo y no a las élites y corporaciones.
En todos los continentes, hemos visto que incluso durante la crisis, el capitalismo no ha reducido su impulso. La compra y el acaparamiento de tierras por empresas extranjeras, el avance de la industria minera, las tecnologías transgénicas, cada vez más presentes en el campo, los agrocombustibles y los pesticidas se comercializan a gran escala. Por último, la crisis del capitalismo no significa que el sistema retroceda. Por el contrario, es precisamente entonces cuando se mueve con más intensidad hacia adelante; las empresas aprovechan la crisis para extender su dominio en los territorios que aún no han conquistado.
La Conferencia de Río +20 es un claro ejemplo. En lugar de reunir a los gobiernos de todo el mundo para encontrar soluciones reales a la crisis ambiental, el evento servirá para consolidar las falsas soluciones y la apropiación de los territorios tradicionales de los pueblos y de las campesinas y campesinos. En la Conferencia de las Naciones Unidas sólo los intereses de las grandes corporaciones tendrán cabida.
Para resistir y desafiar a estos intereses, es esencial que los pueblos del mundo continúen fortaleciendo su organización y luchas, alzar la voz y mostrar que sólo la soberanía popular puede garantizar las soluciones reales.
Por ello, desde La Vía Campesina, hacemos un llamamiento a nuestras organizaciones miembro y aliados para organizar y articular luchas en todo el mundo y durante todo el mes de junio. Dando énfasis al día 5, día Mundial del Medio Ambiente, mostrando nuestra unidad y fuerza, para enviar por adelantado desde todos los rincones del mundo un mensaje contundente a los líderes que estarán en Río +20, del 20 al 22 de junio, en Río de Janeiro, Brasil.
Cada lucha, cada resistencia, cada territorio recuperado por nosotros debe ser la expresión de la unidad global contra el avance del sistema capitalista sobre la naturaleza.
Paralelamente a la conferencia oficial, los pueblos del mundo estaremos reunidos en la Cumbre de los Pueblos, en un proceso de construcción colectiva y de movilización permanente. A lo largo de la semana, entre los días 18 y 22 de junio, también será un periodo de movilización global. Y nuestra tarea no es sólo en Río de Janeiro. Seguimos el camino de las luchas de los países, y especialmente el 20 de junio, cuando oficialmente se inicia la conferencia. Durante este período las luchas en todos los continentes deben hacerse eco en Río de Janeiro y en el mundo.
Invitamos a todas las organizaciones campesinas y sus aliadas y aliados a organizar protestas y acciones en todo el mundo: marchas en la ciudad y en el campo, ruedas de prensa, acciones de Reforma Agraria y tierra, campañas de comunicación, programas de radio, movilizaciones contra las empresas que explotan el medio ambiente, debates en las escuelas y universidades, exhibición de películas temáticas y otras acciones construidas colectivamente en sus países.
En el momento en que el capitalismo quiere globalizar aún más el sistema, dominar nuestros territorios y explotar nuestra fuerza de trabajo, debemos internacionalizar la lucha. Vamos a organizar, preparar nuestras acciones, articular nuestras bases y nuestros aliados en esta gran jornada de lucha contra el capitalismo. La fuerza en nuestro viaje vendrá de nuestra capacidad para organizar y proporcionar la visibilidad nacional e internacional.
Solicitamos que comuniquen las acciones en lvcweb@viacampesina.org
NO A LAS FALSAS SOLUCIONES DEL CAPITALISMO VERDE
AGRICULTURA CAMPESINA YA!
Globalicemos la Lucha, Globalicemos la Esperanza
Fuente: http://viacampesina.org/sp/index.php?option=com_content&view=article&id=1403:rio--20-jornadas-internacionales-de-lucha-pueblos-del-mundo-contra-la-mercantilizacion-de-la-naturaleza&catid=46:cambios-climcos-y-agro-combustibles&Itemid=79