Conflictos
Mayo 2012

Con triunfo electoral (‘democracia’) y apoyo ‘izquierdista’ se sancionó la Ley Antiterrorista. Se adujo exigencia del G-20 para el certificado de país garantizador de laseguridad jurídica de inversores extranjeros. Ésta se basa también en otras abdicaciones de soberanía nacional: los TBI-CIADI; el falso desendeudamiento; las leyes de la dictadura genocida (de Entidades Financieras, de inversiones extranjeras y de las expropiaciones); la descentralización administrativa o neofeudalismo; los decretos menemistas de desregulación petrolera y la falta de Régimen Nacional de Servicios Públicos cuyo proyecto se dejó caer en agosto de 2006.

 

Los pueblos, comunidades y movimientos sociales en lucha contra el saqueo, el desalojo y por la vida y los territorios definen como «recolonización» al vigente proceso de acumulación por desposesión de los bienes comunes naturales que continúa a la transnacionalización de los sociales en los 90. Enfrentan al Estado facilitador de la recolonización que se patentiza en ENARSA, en la sociedad anónima de YPF recuperada, en el 49% de YPF en manos de especuladores financieros, en el vaciamiento hidrocarburífero por los concesionarios del 70% de la actividad petrolera en el país. Se evidencia en la impunidad de Julio de Vido que sigue adelante pese a las pruebas contundentes de precariedad criminal de las condiciones de vida mayoritaria y su dedicación exclusiva a IIRSA.


 

 

 

PLANTEO / IDEOLOGÍA / PREMISAS E HIPÓTESIS

 

 

Planteo

 

 

ATTAC Argentina – CADTM nos sitúa: "Nos encontramos frente a una crisis civilizatoria que requiere de medidas urgentes y radicales para hacerle frente, que respondan a una lógica anticapitalista. El centro de toda política debe estar puesto en satisfacer necesidades humanas básicas, en armonía con la naturaleza, no en el lucro del capital".

 

El 7 de noviembre de 2011 declara:

Desde ATTAC Argentina – CADTM venimos sosteniendo que el G20 es un ámbito ilegítimo y antidemocrático, del cual sólo podemos esperar decisiones que favorezcan al capital trasnacional en detrimento de los pueblos del mundo.

Acaba de desarrollarse, el 3 y 4 de noviembre, en Cannes, Francia, otra reunión más de Presidentes de los países que integran el G20.
Obligadas por la crisis, las potencias capitalistas reunidas en el G8 decidieron “abrir el juego” para tratar de dar apariencia de consenso a sus decisiones. Así, el G8 decidió trasladar su base operacional al G20, sin que por ello se vea diluida su capacidad de influencia.
Al margen de su poder militar y cultural, las potencias capitalistas y sus multinacionales imponen al mundo su agenda neoliberal a través de diversas instituciones capitalistas internacionales, entre ellas el FMI, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio (OMC). Dichas organizaciones tienen mecanismos internos que protegen sus intereses. En especial, el estatuto del FMI garantiza, a las potencias, la posibilidad de vetar toda decisión que allí se adopte contraria a sus intereses.

Éste es el trasfondo de la decisión del G20 de recapitalizar al FMI para que sea el “gendarme” del sistema financiero internacional. Si bien lo decidió el G20, son las potencias las que, controlando al FMI, controlan a qué país y bajo qué condiciones se le presta asistencia financiera.

Desde ATTAC Argentina – CADTM venimos sosteniendo que el G20 es un ámbito ilegitimo y antidemocrático, del cual sólo podemos esperar decisiones que favorezcan al capital trasnacional en detrimento de los pueblos del mundo.
No hay que hacerse falsas ilusiones.
El G20 ha sido muy claro, ya en 2009, al definir al liberalismo económico como “el único cimiento sólido para una globalización sostenible y una prosperidad creciente para todos”, y al reafirmar el compromiso de no levantar “nuevas barreras a la inversión o al comercio de bienes y servicios, de imponer nuevas restricciones, o de aplicar medidas incoherentes de la Organización Mundial de Comercio (OMC)”.

Estamos en contra de intentar salvar un sistema que concentra la riqueza en manos de las multinacionales, condenando a miles de millones de seres humanos a la pobreza y marginalidad, y que basado en un consumo irracional degrada el medio ambiente de tal forma que amenaza la existencia misma de la especie humana.

Nos encontramos frente a una crisis civilizatoria que requiere de medidas urgentes y radicales para hacerle frente, que respondan a una lógica anticapitalista. El centro de toda política debe estar puesto en satisfacer necesidades humanas básicas, en armonía con la naturaleza, no en el lucro del capital.
Existen alternativas exitosas en marcha y otras deberán ser creadas. Son en ellas donde debemos poner nuestra energía militante para crearlas, sostenerlas, exigir su ampliación, profundización y participación ciudadana.
En nuestra Latinoamérica existen iniciativas de integración alternativa como lo es el ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de América), el UNASUR y los procesos que tienden a desarrollar una Nueva Arquitectura Financiera Regional (Banco del Sur, el SUCRE, etc.).
Por su parte, la deuda pública y los planes de ajuste son, ahora también, un problema de los países desarrollados. Hoy, es más necesario que nunca el intercambio de experiencias y la acción común. Promovamos, conjuntamente, una campaña por una Auditoría Integral Ciudadana de las deudas públicas. Sigamos el ejemplo de la Auditoria que llevó a cabo Ecuador.
Los Pueblos, organizados y unidos, debemos caminar hacia esas alternativas construyendo, en el camino, ese Otro Mundo Posible, Necesario y Urgente.
Fuente: http://attacargentina.com.ar/leer.php/3164594

 

Veamos:

 

1. Cómo se construyó este orden mundial y el Estado-nación correspondiente

 

En noviembre 2000 Claudio Katz* nos aclara sobre la globalización y el Estado nacional:

 

"LA OFENSIVA DEL CAPITAL

 

Los trabajadores fueron puestos a la defensiva en las últimas décadas cómo consecuencia de severas derrotas en los países desarrollados (especialmente durante la oleada thatcherista y reaganiana) y una macabra escala de guerras, genocidios, saqueos económicos y devastaciones sociales en la periferia. Este retroceso ha permitido a las empresas transnacionales (ET) reforzar la presión sobre los mercados de trabajo y usufructuar de las desigualdades salariales para incrementar sus ganancias. La amenaza empresaria cumple en este plano un rol más importante que el desplazamiento efectivo de las plantas, porque este último proceso está sujeto a muchas restricciones. Es falso que el capital puede movilizar automáticamente sus inversiones de un país a otro en función del costo laboral, pero es cierto que la internacionalización productiva brinda a la clase capitalista un novedoso instrumento de fragmentación y dominación de la clase trabajadora . Las interpretaciones que omiten este cambio de la relación social de fuerzas entre las clases dominante y dominada ignoran que el avance de la mundialización en curso se apoya en este cambio de escenario. La pérdida de posiciones de la clase trabajadora, que recompuso la tasa de ganancia y estimuló la reinversión de las corporaciones indujo mayores negocios a escala internacional. Cuándo se reemplaza esta evaluación de la confrontación clasista por estimaciones estadísticas del grado de internacionalización del comercio o de la propiedad empresaria se refuerza la fetichización de la globalización. En lugar de reconocer que los artífices del cambio son capitalistas que buscan aumentar sus beneficios se atribuye la mundialización en curso a misteriosas fuerzas inhumanas y se olvida que el funcionamiento objetivo del capitalismo está condicionado por el cuadro concreto de la lucha de clases . Sin embargo tampoco es conveniente unilateralizar la interpretación de la mundialización con explicaciones exclusivamente centradas en la confrontación clasista, porque en este caso se descontextualiza el análisis. Hay que vincular el resultado de la lucha de clases con la acción de leyes objetivas del capital para entender porque los atropellos de la burguesía no derivaron en otras circunstancias en saltos de la mundialización. Sólo cuándo esta ofensiva facilitó la recomposición de la tasa de ganancia y abrió nuevas áreas geográficas a la inversión se consumó un avance mundial de la acumulación. El mismo tipo de problemas aparece cuándo se presenta la mundialización en curso como un efecto de la ¨fuga del capital¨ frente a la ¨insubordinación del trabajo¨. Aquí se olvida que lejos de ¨escaparse¨, el capital reinsertó inversiones y amplió su dominación mercantil al lograr contener la insubordinación de los oprimidos. Si el creciente ¨poder del trabajo¨ constituyera el rasgo dominante, no tendría sentido remarcar que la mundialización se fundamenta en una ofensiva social del capital. . Pero reconocer este balance de la relación de fuerzas no significa interpretar que la mundialización plasma un ¨triunfo definitivo del capitalismo¨, porque la nueva situación crea importantes contradicciones que socavan la estabilidad de este régimen social. La mundialización actual no prueba la eternidad del capitalismo, ni justifica la resignación frente a su continuidad. Solamente confirma que el modo de producción vigente registra transformaciones cualitativas en su funcionamiento, cuándo el capital encuentra la vía para afirmar su dominación frente a los explotados. (...)

 

LAS TRANSFORMACIONES DEL ESTADO

 

El avance de la mundialización ha consolidado el papel de los organismos internacionales con funciones para-estatales orientadas a favorecer los intereses de las ET. En la última década viejas instituciones supra-nacionales como el FMI han alcanzado una influencia sin precedentes, la OMC cuenta con más miembros y atribuciones que su antecesora del GATT, se establecieron nuevas jurisdicciones internacionales para la ONU y se expandió militarmente la OTAN. Las corporaciones apuntalan estas instituciones para reforzar una nueva división del trabajo que induce a reestructurar mercados, remodelar territorios, relocalizar poblaciones y adecuar legislaciones. El avance de la mundialización capitalista exige drásticos cambios de los instrumentos de dominación y como el estado nacional no garantiza la reproducción mundial del capital, las ET necesitan dotarse de nuevas instituciones. Estos organismos se edifican, en primer lugar, en torno al FMI, es decir el estado mayor de los grandes bancos. Su ingerencia actual sobre las políticas económicas de los países deudores no tiene precedentes. Ya no se limitan a exigir el cumplimiento de los pagos, sino que definen todas las medidas que deben adoptar los gobiernos para ¨tranquilizar a los mercados¨ . Este intervencionismo refuerza el proceso de recolonización de la estructura estatal de los países periféricos. Otro conjunto de instituciones financieras (Banco Mundial, Organismo de Basilea) dictaminan las normas bancarias que aseguran la movilidad del capital hacia los sectores jerarquizados por las corporaciones. Por eso la vertiginosa desregulación bancaria ha sido directamente supervisada por estos organismos. Por otra parte, la OMC ha sido creada para establecer un código de comercio a medida de las ET, que elimine todos los obstáculos arancelarios limitativos de la producción internacionalizada. Se está forjando un sistema de tributación imperialista que garantiza la apertura aduanera para las exportaciones de los países centrales y el cobro del patentamiento por las nuevas tecnologías. 

 

La creciente internacionalización económica ha impuesto, además, una coordinación permanente de las políticas económicas de las grandes potencias. Las grandes cumbres presidenciales, las reuniones periódicas de banqueros y economistas (Davos, reunión anual del FMI, asamblea del Banco Mundial) se han vuelto una necesidad imperiosa para regular conjuntamente las variables de corto plazo (especialmente los tipos de cambio y los flujos financieros). El episodio más representativo de la tendencia a conformar nuevas estructuras mundializadas de dominación fue el abortado intento de sancionar en secreto un ¨texto consititucional de la globalización¨, denominado ¨acuerdo multilaterial de inversión ¨(AMI). Este convenio aseguraba los derechos de propiedad de las corporaciones mediante sanciones a cualquier ¨violación del libre comercio¨ y preveía compensaciones a eventuales expropiaciones o impactos de ¨protestas sociales¨ . Esta nueva legislación -que consagraba la sustitución de las jurisdicciones nacionales por cortes internacionales frente a cualquier controversia que afectara a las ET -no encontró mercanismos y organismos adecuados para su sanción. Pero representa un objetivo estratégico que las corporaciones no abandonarán. La formación de entes regionales al servicio de las ET complementa la constitución de nuevos organismos internacionales. En este plano, el acontecimiento más impactante ha sido el surgimiento de la Comunidad Económica Europea, porque a diferencia del NAFTA de América del Norte o el ASEAN asiático implica la constitución de una nueva entidad supra-nacional. Para enfrentar a sus dos grandes competidores, la clase capitalista europea necesita superar su fragmentación histórica y su carencia de un centro de decisión unificado, intentando un programa de convergencia monetaria y fiscal sostenido en la ofensiva contra los trabajadores. Las corporaciones europeas buscan imponer una transferencia de poderes legislativos y ejecutivos de los viejos estados nacionales hacia la nueva entidad regional para apuntalar sus beneficios mediante la flexibilización laboral, la restricción del gasto social, el reordenamiento del sistema impositivo y la instauración de un nuevo signo monetario. La mundialización y la regionalización para-estatal son dos caras del mismo proceso. A escala mundial las ET establecen las reglas de juego de la competencia global y al nivel regional se forjan los organismos que agrupan a los concurrentes de esta batalla. En la ONU, el FMI y la OMC se definen los marcos jurídicos de esa rivalidad y en la CEE, el Nafta o el Asean se perfeccionan los instrumentos que necesita cada bloque de competidores. En el primer ámbito se edifica el escenario y en el segundo se organizan los participantes de la disputa. A escala internacional o regional el aumento de la presencia estatal es una necesidad del capital para implantar leyes flexibilizadoras, que se convalidan en la OIT y se complementan con tratados regulatorios de la movilidad de la fuerza de trabajo. Mientras que los aranceles, subsidios y regulaciones monetarias ya forman parte de las discusiones cotidianas de la mundialización, en ningún ¨foro global del capital¨ se analiza la internacionalización de un salario mínimo, de una jornada laboral reducida o de seguros al desempleo. El carácter capitalista de este proceso es por lo tanto explícito, aunque de ninguna manera transparente. La mundialización refuerza y recompone las funciones estatales a nivel nacional, regional y mundial.

 

Las creencias que el estado ¨desaparece¨ o ¨se retira en favor del mercado¨ son mitos neoliberales. Sólo existen cambios de funciones y transferencias de prerrogativas de un nivel a otro para remodelar los procesos de acumulación. Los mercados nacionales, regionales o mundiales no podrían existir sin la apoyatura de estructuras estatales. Cuándo esta presencia se retrae en alguna esfera aumenta su gravitación en otro campo. Declina, por ejemplo, la participación económica directa del ¨estado empresario¨, pero se refuerza la gravitación de la política impositiva, disminuye el papel de la banca estatal pero se afirman los socorros a las empresas o bancos insolventes. Justamente porque las funciones económicas estatales de sostenimiento de las ET no decrecen se amplía sensiblemente la masa de funcionarios especializados, que cuándo no son ministros actúan como directivos de las corporaciones. Esta alta burocracia de expertos tiende también a internacionalizarse y a formar una ¨elite cosmopolita mundial¨, que ha sido entrenada en las mismas instituciones para actuar indistintamente como hombres de las grandes compañías o dirigentes de organismos internacionales y regionales. Las ET no abandonan, ni mantienen invariable la relación con sus estados nacionales de origen. La internacionalización de sus actividades les exige reforzar sus bases nacionales tradicionales y construir al mismo tiempo organismos para actuar a escala planetaria. Ambos objetivos son complementarios y coexisten, porque las coordinación mundial de las ET requiere simultáneamente el sostén del marco nacional. Esta situación no implica el mantenimiento de la vieja regulación estatal de posguerra, ni tampoco la consolidación de un poder transnacional sustitutivo de ese manejo. Las corporaciones necesitan apoyar su acción en los mecanismos nacionales existentes, mientras avanzan en la conformación de estructuras supra-nacionales . 

 

ESTADO-NACIÓN Y ESTRUCTURAS SUPRA-NACIONALES

La internacionalización económica exige erigir entes supra-nacionales que erosionan la estabilidad del estado-nación sin sustituir a estas estructuras, porque carecen de legitimidad para ejercer sus nuevas atribuciones. Se puede resolver que la moneda, los impuestos o el presupuesto de un país pasan a ser manejado por una instancia supra-nacional, pero de ningún decreto surge la capacidad política para implementar esta gestión. El estado nacional continúa brindando el único marco que la clase capitalista conoce para ejercer su dominación y la compulsión a desbordar este cuadro choca con la ausencia de instituciones internacionales alternativas o con la dificultad para erigirlas aceleradamente. El estado nacional fue una larga construcción histórica que acompañó el afianzamiento del capitalismo y se mantuvo cómo el marco de este régimen social durante tres siglos. Es el cimiento jurídico-material de la reproducción del capital y también la estructura política que permite comandar este proceso. La clase dominante puede gobernar con una amplia variedad de regímenes, gobiernos y funcionarios, porque logró construir una esfera política autónoma de la economía, cuyos vaivenes no ponen en tela de juicio la sacralidad de la propiedad, la centralidad del mercado o la preeminencia del beneficio. Este tipo de instituciones no se erige de la noche a la mañana por el solo avance de la mundialización, cómo ingenuamente suponen los teóricos del ¨estado-nación redundante¨. Lo que predomina son constantes conflictos entre el estado nacional y las nuevas formas supra-nacionales, porque los organismos regionales y mundiales son políticamente frágiles y socialmente huérfanos. Se construyen implantando políticas neoliberales -apoyadas por las fracciones más internacionalizadas del capital- que vulneran las formas históricas de la dominación de la burguesía en cada región del mundo (compromiso histórico en Europa, populismo latinoamericano, clientelismo redistributivo en Africa, intervencionismo estatista en Asia).

 

El cambio en curso deteriora la cohesión de los estados, sin asegurar las nuevas instancias . La acción del FMI es particularmente ilustrativa de esta acción disolvente. Actuando al servicio de los bancos acreedores, sus emisarios imponen interminables ¨ajustes¨ a los países deudores que terminan inviabilizando el funcionamiento del estado y la propia generación de los beneficios requeridos para cumplir con el pago de los pasivos. Otro ejemplo es el fracaso del ¨AMI¨, cuya sanción debió ser pospuesta ante la ausencia de una instancia supra-nacional capaz de imponer el cumplimiento de ese convenio. Ni el FMI, ni la OMC o la ONU pueden asegurar por el momento los requerimientos de las ET. Ni siquiera instituciones regionales -como la Comunidad Europea- cuentan con una autoridad equiparable a cada estado miembro y deben apoyarse en estas entidades para avanzar en el proyecto unificador. Las nuevas instituciones detentan una ¨legitimidad restringida¨ muy distante de la autoridad política e ideológica que las burguesías de cada nación construyeron en largos procesos de consolidación de su dominio. Además, al reforzar las funciones de valorización del capital en desmedro de las acciones integradoras de los explotados al sistema, los organismos supranacionales debilitan la estabilidad de los estados existentes. Este proceso crea un vacío político y erosiona los mecanismos tradicionales de subordinación de los trabajadores. No está a la vista, ni es previsible cómo las nuevas instituciones podrían estructurar un sistema equiparable a los estados vigentes, logrando además la adhesión estable de un segmento de ¨ciudadanos del mundo¨ . 

 

El origen de estos conflictos es el carácter reaccionario de la mundialización en curso. Como su principal motivación es afianzar la recuperación de la tasa de ganancia a expensas de las conquistas sociales se desenvuelve atropellando a cualquier institución, reglamentación u orden político que incluya expresiones o reminiscencias de esas mejoras. Los proyectos políticos neoliberales carecen sustento social y el nuevo personal internacionalizado acentúa este aislamiento, porque carece de la tradicional lealtad de las burocracias nacionales. La ¨cosmocracia¨ de las empresas transnacionales y la elite de funcionarios de organismos internacionales son sectores privilegiados, totalmente desconectados del conjunto de la población laboriosa. Esta soledad retrata la orfandad social que caracteriza a todo el proceso mundializador . No existen hasta ahora indicios de la efectividad de los organismos supra-nacionales como instrumentos coercitivos de dominación, cómo gestores de una burocracia eficiente (asociada a las empresas transnacionales y al mismo tiempo autónomas de sus exigencias inmediatas), cómo mecanismos garantes de la reproducción internacionalizada del capital, o como representaciones ilusorias del interés general. En ningún plano se vislumbran como sustitutos de la relación social compleja que constituye el estado nacional y de sus funciones coercitivas, administrativas, cohesionadoras e integradoras. 

 

GLOBALISTAS Y HETERODOXOS

La interpretación dominante de la mundialización es la tesis neoliberal de la globalización. Sus difusores acuñaron este último término para divorciar el análisis de la mundialización de los problemas de la dominación imperialista. Identifican la globalización con el bienestar general (derivado del avance del libre comercio y la desregulación financiera) y con el progreso común (compartido por todas las naciones ¨inter-dependientes¨). Pero estas afirmaciones contrastan con la evidente degradación del nivel de vida de la mayoría de la población y constituyen -cómo dice Petras puras ¨globaloney¨ (tonterías), que buscan ocultar el aumento de la explotación y legitimar los beneficios obtenidos por las clases dominantes. La globalización es propagandizada por los neoliberales cómo un acontecimiento repentino y totalmente novedoso. Por eso hablan de la ¨nueva era¨, de la ¨sociedad de la información¨ o de la ¨época pos-industrial¨, cómo si el avance de la mundialización diera lugar al nacimiento de otra forma de organización social. El objetivo de esta caracterización es presentar una nueva modalidad opresiva del capitalismo como un acontecimiento fatal de la evolución social.

Los argumentos para demostrar la inexorabilidad de la globalización son los mismos que siempre se han utilizado para pregonar la resignación frente a la miseria. Se afirma que ¨no existen alternativas ¨ con el objetivo de desanimar cualquier resistencia y reforzar la adaptación al ¨mundo sin fronteras del libre-mercado¨". 

* Internacionalización productiva en "Desequilibrios y antagonismos de la mundialización"

Fuente:"Desequilibrios y antagonismos de la mundialización" en Realidad Económica 178  febrero-marzo de 2001/ www.iade.org.ar
http://lahaine.org/katz/b2-img/Desequilibrios%20y%20Antagonismos%20de%20la%20Mundializaci%C3%B3n.pdf

 

2. Cómo la institucionalidad capitalista  está subordinada a las corporaciones imperialistas

 

Organizaciones de la sociedad civil alertan en vísperas de Río 2012

La ONU, “atrapada por grandes corporaciones y grupos de presión empresarial”

 

Social Watch

En vísperas de Río 2012, organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo alertan contra “la creciente influencia de grandes corporaciones y grupos de presión empresarial” dentro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Estas preocupaciones fueron evidentes en la XIII sesión de la UNCTAD en Doha: países ricos pretenden minimizar las potestades de esa agencia, cuyos informes han criticado consistentemente las políticas de desregulación, liberalización y privatización que benefician al sector privado.

“El preámbulo de la Carta de la ONU comienza con las palabras ‘Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas…’. Hoy, sin embargo, los intereses corporativos tienen creciente prioridad sobre los intereses de los pueblos en algunos procesos e instituciones de la ONU. Las empresas han ganado enorme influencia sobre sus decisiones”, reza una declaración lanzada esta semana por varias organizaciones internacionales no gubernamentales.

Los firmantes iniciales del texto son Amigos de la Tierra Internacional, The text was initially signed by Friends of the Earth International, Corporate Europe Observatory, La Via Campesina, Jubilee South/Americas, el Servicio Paz y Justicia de América Latina (SERPAJ), el Instituto Polaris, The Council of Canadians, The Transnational Institute, la Red del Tercer Mundo (TWN) y World March of Women. Estas organizaciones pidieron a otras adherir a la declaración, en el entendimiento de que “la ONU es actualmente la institución global más democrática y adecuada para las negociaciones internacionales”.

“La presión corporativa en las negociaciones dentro de la ONU logró bloquear soluciones efectivas a problemas relacionados con el cambio climático, la producción de alimentos, la violación de derechos humanos, el abastecimiento de agua, la salud, la pobreza y la deforestación”, agrega la declaración, titulada “Acabar con la conquista corporativa de las Naciones Unidas”, que demanda “un mayor fortalecimiento de las instituciones y procesos multilaterales en el marco de la ONU, haciéndolos más democráticos y sensibles a las necesidades de la gente”.

“No es necesario preguntarse quién está a cargo por estos días. Los gobiernos no consultan más a las empresas: las empresas consultan a los gobiernos”, de acuerdo con las organizaciones firmantes. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable (Rio2012) a celebrarse en junio en Brasil “debería aprovecharse como oportunidad para […] terminar con las discutibles alianzas de empresas con la ONU”, con “el acceso privilegiado que se le garantizó al sector corporativo y la consecuente influencia excesiva que se le reconoce en procesos y decisiones multilaterales”, dijeron.

La declaración destaca varias asociaciones que comprometen a agencias de la ONU, entre ellas su Fondo para la Infancia (Unicef), su Programa para el Desarrollo (PNUD), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), con “grandes compañías internacionales”.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) se asoció con compañías petroleras y mineras como ExxonMobil, Río Tinto, Anglo American y Shell, “todas las cuales están involucradas en violaciones de derechos humanos y con la destrucción de biodiversidad”, según el manifiesto.

La declaración cita otros ejemplos, como alianzas entre The Coca Cola Company y el PNUD sobre protección de recursos de agua, y entre la propia Coca Cola, la compañía química BASF y ONU-HÁBITAT en materia de urbanización sustentable. “Estas asociaciones no sólo dañan la credibilidad de la ONU. También socavan su capacidad y voluntad de cuestionar al sector empresarial y de regularlo donde esté involucrado en violaciones a los derechos sociales, ambientales y humanos”, advierte el texto.

El Pacto Mundial, definida en su página web como “plataforma global que reúne a empresas con agencias de la ONU, con trabajadores y con la sociedad civil”, les permite, según la declaración, a “notables violadores de los derechos humanos participar” en organizaciones multilaterales y les ayuda “a mejorar su imagen, en lugar de promover obligaciones que contribuyan a cambiar el comportamiento de esas compañías”.

Esta alianza, más conocida por su nombre en inglés UN Global Compact, “da la falsa impresión de que la ONU y las compañías transnacionales comparten los mismos objetivos”, advirtieron las organizaciones firmantes.

 

En el camino hacia Río 2012, la asociación de la ONU con la Cámara Internacional del Comercio y el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sustentable facilitó la presión corporativa que derivó en un borrador de declaración final para la conferencia en Brasil que “refuerza el rol de las empresas como promotoras de la denominada economía verde”, pero que no “atiende el papel de las empresas en el surgimiento de las crisis financiera climática y alimentaria, entre otras”.

 

La declaración de la sociedad civil reclama a la ONU y a los países que la integran “resistirse a la presión corporativa para dar a las empresas una posición privilegiada en negociaciones” multilaterales y “dejar de crear nuevos cuerpos de discusión y grupos de alto nivel (y disolver los ya existentes)” que facilitan esa poderosa participación. También recomienda que “los representantes de empresas no sean parte de delegaciones nacionales” en deliberaciones de la ONU.

“La ONU debe revelar todas sus relaciones y vínculos existentes con el sector privado” y debe promover “un código de conducta” para sus funcionarios que incluya un “periodo ‘de enfriamiento’” durante el cual los que se retiran no podrán trabajar para empresas que ejercen presión en los foros internacionales, añade el texto.

El sistema de las Naciones Unidas también deberá estudiar, según las organizaciones de la sociedad civil, “los impactos de las corporaciones sobre los pueblos y el ambiente, y establecer un marco obligatorio en el cual las empresas puedan ser llamadas a responsabilidad de acuerdo con las leyes de derechos humanos y laborales y sobre asuntos ambientales”.

Mientras se conocía la declaración, transcurría esta semana en Doha, Qatar, la sesión 13 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD XIII). Allí, un grupo de economías del Norte rico compuesto por la Unión Europea, Australia, Canadá, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón, Lichtenstein, Nueva Zelanda y Suiza procuraron que esa agencia de la ONU aliente a los países en desarrollo a adoptar políticas comerciales y de protección de inversiones de acuerdo con los intereses corporativos del mundo industrializado, informó la Red del Tercer Mundo (TWN).

Organizaciones de la sociedad civil que participan en las reuniones de Doha llamaron a la remoción de las limitaciones del espacio político de los países en desarrollo determinadas por acuerdos de inversión y de libre comercio, así como por condiciones que imponen donantes e instituciones financieras internacionales.

La UNCTAD fue creada para aportar análisis y asesoramiento a gobiernos en materia de desarrollo vinculado con el comercio, las finanzas y la tecnología, entre otras cuestiones. Los análisis producidos por la agencia han identificado consistentemente, a lo largo de los años, la liberalización y desregulación de mercados y sistemas financieros como factores perjudiciales a los que luego atribuyeron la actual crisis económica.

Social Watch www.socialwatch.org

Fuentes originales:

Petición “Acabar con la conquista corporativa de la ONU”, en inglés: http://bit.ly/I42IOu

Declaración de la sociedad civil, en ingles y en formato PDF: http://bit.ly/IQUMwZ

Foro de la Sociedad Civil de UNCTAD XIII: http://bit.ly/JcW2rH

 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=148759

 

3. Por qué pueblos de Nuestra América se oponen a los gobiernos tanto de ultraderecha como a los progresistas

 

Pronunciamiento “Cambio climático y preparación para Río + 20”

Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas | 26 abril 2012 | Revista “Biodiversidad, sustento y culturas” Nº 72 (abril 2012)

 

Defender el agua es defender la vida.

Basta de extractivismo y de criminalización.

Por la construcción e implementación del Buen Vivir y de auténticos Estados plurinacionales.

 

Nosotras y nosotros, autoridades y dirigentes de los pueblos y naciones indígenas originarios de Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú, reunidos en Lima los días 14 y 15 de marzo del 2012 en el Seminario sobre cambio climático y preparación para Río+20 organizado por la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas-CAOI

 

Declaramos:

1. Que en la Región Andina los gobiernos abiertamente neoliberales y los llamados alternativos o progresistas coinciden en insistir en el capitalismo neoliberal extractivista que saquea y depreda la Madre Tierra, vulnera los derechos humanos y colectivos de los pueblos indígenas y criminaliza a sus líderes, autoridades y dirigentes, acusándolos de estar financiados por la derecha y persiguiéndolos penalmente por graves delitos, como sabotaje, secuestro, terrorismo y tentativa de homicidio:

*En Ecuador los pueblos indígenas convocados por la Conaie, ECUARUNARI y sectores sociales están realizando una Marcha por la Vida, el Agua y la Dignidad de los Pueblos que desde el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se moviliza desde todo el país para llegar a Quito el 22 de marzo, Día Mundial del Agua. Los pueblos indígenas y los movimientos sociales marchan porque el Estado está vulnerando la Constitución, está poniendo los recursos naturales en manos de las empresas multinacionales, profundizando la concentración de las tierras, aprobando megaproyectos de infraestructura e ignorando las propuestas de las organizaciones indígenas para la elaboración de leyes importantísimas como la Ley del Agua. Además, estigmatiza, criminaliza, discrimina y persigue a las organizaciones indígenas, acusando a sus dirigentes de delitos gravísimos como el terrorismo y sabotaje.

*En Bolivia se aprueba una Ley de Consulta que viola la Ley de Protección al TIPNIS y el Ministerio Público cita a 26 personas, entre ellos 20 líderes y dirigentes indígenas, acusándolos de los peores delitos, como tentativa de homicidio, por participar en la marcha del año pasado, y lo hace precisamente cuando se anuncia el inicio de la IX Gran Marcha Indígena. Además se promueven leyes que atentan contra la plurinacionalidad y el Buen Vivir consagrados en la Constitución Política del Estado y en particular contra el derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación, recortando la jurisdicción y el ejercicio de la justicia indígena. La concentración de tierras en poquísimas manos desplaza a los pueblos originarios de sus territorios ancestrales.

*En Colombia, las fuerzas regulares e irregulares siguen usando los territorios indígenas como campos de batalla e imponiendo en ellos proyectos extractivos que obligan a desplazamientos masivos y producto de los cuales más de treinta pueblos indígenas están en peligro de extinción física y cultural. Los pueblos indígenas, dando ejemplo de organización, fortaleza y madurez, forman parte de la Mesa de Concertación y Diálogo Nacional con el gobierno, pero los acuerdos a los que se llega en este espacio no se cumplen por falta de voluntad política del mismo gobierno, expresada, entre otras formas, por la no dotación de recursos económicos para implementarlos.

*En el Perú el gobierno promulga una Ley de Consulta basada en los intereses de los megaproyectos extractivos, insiste en implementar los proyectos mineros en cabeceras de cuenca y zonas vulnerables, maniobra para cooptar y dividir a las organizaciones. La criminalización continúa y actualmente hay cerca de un millar de dirigentes y líderes de las comunidades con persecución policial y procesos penales en su contra, por ejercer su derecho a la defensa del agua y de la vida.

 

2. Los problemas son comunes: en toda la región se afectan los bienes naturales, en particular el agua, los territorios y los derechos de los pueblos indígenas, vulnerándose el derecho a la consulta y el consentimiento previo, libre e informado reconocido por instrumentos internacionales como el Convenio 169 de la OIT, la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, suscritos por los cuatro Estados andinos. Las causas también son comunes: el sometimiento al extractivismo neoliberal, que criminaliza para beneficiar a las grandes empresas y profundiza el modelo primario exportador con el mismo pretexto: no ahuyentar las inversiones extranjeras.

 

3. La crisis climática y la crisis de civilización pretenden ser resueltas profundizando sus causas, apelando a las falsas soluciones sustentadas en los mecanismos de mercado, como REDD y ahora la llamada economía verde, que sólo cubre con un barniz ecológico los problemas de fondo.

 

Frente a todo lo anterior, acordamos:

*Expresar nuestro respaldo y solidaridad con la Marcha por la Vida, el Agua y la Dignidad de los Pueblos de los pueblos indígenas ecuatorianos, los movimientos sociales y sus organizaciones (Conaie y ECUARUNARI); la defensa del TIPNIS por los pueblos originarios bolivianos y sus organizaciones (Conamaq y CIDOB); la campaña en defensa de los pueblos indígenas colombianos en peligro de extinción que desarrolla la ONIC; y la demanda de una auténtica Ley de Consulta que garantice el consentimiento previo, libre e informado de los pueblos indígenas peruanos organizados en Conacami, Aidesep, CNA y Onamiap.

*Exigir el cese de la criminalización y persecución policial y judicial contra los líderes, dirigentes y autoridades de los pueblos indígenas y sus organizaciones en Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú, con el inmediato corte de juicio y garantías para el ejercicio de sus derechos, entre ellos el derecho a la protesta.

*Reafirmamos la unidad de los pueblos y naciones indígenas originarios y sus organizaciones, junto con nuestra decisión de lucha articulada y conjunta por nuestros derechos y los derechos de la Madre Tierra. Rechazamos las maniobras de los gobiernos para cooptar y dividir a nuestras organizaciones.

*Demandar políticas públicas efectivas que garanticen la intangibilidad de las cabeceras de cuenca, nuestros glaciares, las zonas vulnerables como los páramos y bosques de neblina, prohibiendo toda actividad extractiva o megaproyecto que las afecte. Demandar también el reconocimiento de la gestión y el manejo tradicional de estas zonas por parte de los pueblos indígenas, promulgando leyes para que ese manejo y gestión esté en sus manos, con apoyo de recursos financieros y técnicos de los Estados.

*Rechazar las falsas soluciones al cambio climático sustentadas en los mecanismos del mercado: no a REDD, no a la economía verde. Y reconocer que la respuesta no es tecnológica sino política, económica y cultural. Se trata de la crisis de una civilización dirigida a la acumulación y la única salida es rescatar y construir una civilización distinta basada en el diálogo y armonía con la Madre Tierra: profundizar el Buen Vivir.

*Construir y consensuar nuestras propuestas en defensa de la Madre Tierra para que éstas sean reconocidas por los Estados, compartidas y enriquecidas por los movimientos sociales y llevadas hasta los espacios internacionales de toma de decisión, como la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo Río+20 y las Conferencias de Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. 

 Lima, 15 de marzo del 2012.

 

Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, CAOI

Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador, ECUARUNARI

Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu, Conamaq

Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC

Confederación Nacional de Comunidades del Perú Afectadas por la Minería, Conacami

Fuente: http://www.grain.org/es/article/entries/4493-pronunciamiento-cambio-climatico-y-preparacion-para-rio-20

En consecuencia, como dice ATTAC Argentina – CADTM: "El centro de toda política debe estar puesto en satisfacer necesidades humanas básicas, en armonía con la naturaleza, no en el lucro del capital". Pero "el G20 ha sido muy claro, ya en 2009, al definir al liberalismo económico como “el único cimiento sólido para una globalización sostenible y una prosperidad creciente para todos, y al reafirmar el compromiso de no levantar “nuevas barreras a la inversión o al comercio de bienes y servicios, de imponer nuevas restricciones, o de aplicar medidas incoherentes de la Organización Mundial de Comercio (OMC)”". De ahí "la decisión del G20 de recapitalizar al FMI para que sea el “gendarme” del sistema financiero internacional. Si bien lo decidió el G20, son las potencias las que, controlando al FMI, controlan a qué país y bajo qué condiciones se le presta asistencia financiera". Y ATTAC Argentina – CADTM sostiene:"estamos en contra de intentar salvar un sistema que concentra la riqueza en manos de las multinacionales, condenando a miles de millones de seres humanos a la pobreza y marginalidad, y que basado en un consumo irracional degrada el medio ambiente de tal forma que amenaza la existencia misma de la especie humana".

 

Contra este orden mundial y del extractivismo en los países de Nuestra América se levantan CAOI, ECUARUNARI, Conamaq, ONIC y Conacami señalando:"-Defender el agua es defender la vida. -Basta de extractivismo y de criminalización. -Por la construcción e implementación del Buen Vivir y de auténticos Estados plurinacionales". Sin embargo, "los gobiernos abiertamente neoliberales y los llamados alternativos o progresistas coinciden en insistir en el capitalismo neoliberal extractivista que saquea y depreda la Madre Tierra, vulnera los derechos humanos y colectivos de los pueblos indígenas y criminaliza a sus líderes, autoridades y dirigentes, acusándolos de estar financiados por la derecha y persiguiéndolos penalmente por graves delitos, como sabotaje, secuestro, terrorismo y tentativa de homicidio: maniobras de los gobiernos para cooptar y dividir a nuestras organizaciones".

 

Hay criminalización de la protesta social hasta el extremo de aplicar leyes antiterroristas como en Argentina y otros países de Nuestra América. Prohíben la lucha por nuestros derechos y autonomía cuando el poder actual de los oligopolios y Estados imperialistas sobre los pueblos planetarios fue por imponer la derrota al proletariado, al campesinado y a fuerzas de izquierda mediante terrorismo de estado, planes de ajuste, privilegio del honrar la 'deuda' externa pública sobre el Estado social, desregulaciones o regulaciones en exclusivo beneficio del gran capital, guerra psicológica, sindicalismo empresario y partidos de Estado (como el PJ y la UCR) al servicio de la transnacionalización o recolonización. Por eso, es fundamental que haya unidad en diversidad de quienes se han constituido sujetos colectivos de derechos humanos y autonomía del Estado hecho para imponer la falta de libertad de los diversos de abajo e injusticia social de la constante profundización de la desigualdad implícita en el vigente crecimiento económico.

 

Los brasileros ejemplifican ese rumbo anticapitalista mediante:"el 1er Congreso Nacional de la CSP Conlutas - Central Sindical y Popular que se reunió los días 27, 28, 29 y 30 de abril en Sao Paulo.

Muchas delegaciones tuvieron un viaje agotador. Algunas más de 50 horas de bus. Miles de kilómetros recorridos. Innumerables obstáculos sorteados. No obstante se les veía felices de arribar a Sumaré (Sao Paulo). Venían con la mochila cargada de esperanza. Y sabiendo para qué. Como Sandra Madalena Ferreira, militante de base del Sindicato de los Químicos y Farmacéuticos de Goiás: "El sindicato tiene el papel de pelear por el derecho del trabajador, organizar a la base para luchar por sus derechos. Ese es el principal objetivo del Congreso". Tan simple como eso.

En el preámbulo del reglamento de funcionamiento estaban delineados tanto el carácter como los objetivos de la entidad: "La CSP Conlutas-Central Sindical y Popular surge en el escenario brasilero representando una experiencia nueva de organización de los trabajadores y trabajadoras. La propuesta de integración entre sindicatos y movimientos populares urbanos y rurales y la incorporación de los movimientos estudiantiles y de lucha contra las opresiones, en una misma organización de frente único, simboliza la comprensión que acumulamos y la búsqueda por unir todos los sectores explotados y oprimidos de nuestra clase en una lucha común, de clase contra el capital y sus agentes".[1]

La sesión de apertura vino con las presentaciones de rigor y los saludos habituales. Pero ya en su bienvenida a las delegaciones, observadores e invitados internacionales, Sebastiâo Cacau, a nombre de la Secretaría Ejecutiva, definió acertadamente la composición del Congreso: "Aquí está cada uno que ayudó a construir esta herramienta de lucha de la clase trabajadora, todavía pequeña, pero activa y vigorosa". Porque allí estaban en asamblea luchadores sociales. Como los trabajadores del Consorcio Constructor Belo Monte de la región de Altamira (Pará) que paralizaron las obras de la tercera mayor represa hidroeléctrica del mundo; los peones de la construcción civil de la región metropolitana de Fortaleza (Ceará) que van a la huelga el próximo 7 de mayo; los obreros del Complejo Petroquímico de Río de Janeiro de Petrobras, que realizaron una huelga victoriosa en el polo petroquímico más grande de América Latina y principal proyecto del gubernamental PAC (Plan de Aceleramiento del Crecimiento); los activistas del MTST (Movimiento de Trabajadores Sin Techo), involucrados en la lucha de los ocupantes del barrio Pinheirinho, en San José dos Campos (Sao Paulo).[2] Y una delegación de los Bomberos de Río de Janeiro, quienes durante el pasado Carnaval protagonizaron una huelga de diez días, demandando mejores salarios y dignas condiciones de trabajo. Había, por supuesto, muchos más luchadores. De los sindicatos, movimientos y colectivos: trabajadores públicos, profesores, negros, estudiantes, jubilados, pueblos indígenas, derechos humanos,[3] lésbico-gay. Y una destacada representación del Movimiento Mujeres en la Lucha.[4]

 

Durante el transcurso del Congreso se fueron divulgando los datos en torno a la participación. Los que permitieron apreciar tanto el volumen como la diversidad del campo de resistencia y lucha social allí reunido. Entre delegados, invitados y observadores participaron de las sesiones 2.280 personas. De las cuales: 1.800 delegados/as electos/as directamente en asambleas de base representando a 114 sindicatos (en su mayoría del sector público), 2 asociaciones de clase, 118 oposiciones sindicales; 1 movimiento de lucha por la tierra; 11 movimientos populares urbanos; 4 colectivos de lucha contra las opresiones; 1 organización estudiantil. A su vez, el acercamiento[5] y notablemente la incorporación de nuevos sindicatos y movimientos populares - en relación al Congreso de fundación de Conlutas (Minas Gerais, 2008) - indicaron un indudable avance.
 

Los mismos datos revelaban también las debilidades. Sobre todo en dos espacios: el campesino y el estudiantil. En el primero de los casos, fue evidente la ausencia de una representación significativa de los trabajadores del campo en la medida que el MTL (Movimiento Tierra, Trabajo y Libertad, integrante de la CSP Conlutas), cuenta con una escasísima implantación e influencia entre el proletariado rural que sigue ocupando tierras, realiza marchas masivas y lucha por la Reforma Agraria. La fuerza decisiva entre los campesinos continúa siendo, sin sombra de duda, el MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra).[6] En el segundo de los casos, porque la ANEL (Asamblea Nacional de los Estudiantes - Libre, que forma parte de la CSP Conlutas) no expresa un amplio proceso de ruptura con la UNE (Unión Nacional de Estudiantes, hegemonizada por los partidos aliados del gobierno de Dilma Rousseff), sino que aparece como una cantera de reclutamiento juvenil vinculada, orgánicamente, al PSTU (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado).

Herramienta pequeña, pero muy útil

El Cuaderno de Tesis distribuido contenía 15 presentaciones distintas.[7] Abundan en ellas los acuerdos y las divergencias. En todo caso como registro de una cartografía donde se entrelazan experiencias sociales, percepciones tácticas y afinidades políticas diversas. Ubicadas todas ellas en un campo de lucha de clases. O sea, bajo una perspectiva anticapitalista. En esto radicó la fuerza del Congreso.

 

Tanto en las reuniones plenarias como en los grupos de trabajo, los debates tuvieron como rasgo distintivo la democracia. Haciendo honor a un activismo social que propone "Avanzar en la organización de base" (lema del de Congreso) poniendo en práctica la «democracia obrera» en sindicatos y movimientos populares. No hubo empujones burocráticos y cada quién expuso críticas, generó polémicas, mostro coincidencias, presentó propuestas.

 

No faltaron los contrastes. Principalmente en torno al balance de la ruptura del Conclat (Congreso de la Clase Trabajadora, realizado en junio de 2010). Es decir, en relación al truncado proceso de unidad entre Conlutas e Intersindical [8] que dio origen a la CSP Conlutas. Mientras que para una amplia mayoría de los delegados (vinculada claramente al campo de influencia del PSTU) la ruptura del Conclat no había impedido avanzar en la construcción de una nueva central; para una minoría (alrededor de un 12%) se había tratado de "una derrota de la clase trabajadora brasilera" que agravó la fragmentación de las luchas y la división del sindicalismo combativo. En esta minoría se ubicaron delegados del Bloque de Resistencia Socialista-Sindical y Popular, de algunos sindicatos y movimientos populares, y la parte de Intersindical que participó del Congreso.[9]

La resolución finalmente aprobada por esa mayoría congresal reafirmó la apuesta de hace dos años: "La fundación de la CSP Conlutas, unificando movimientos populares, estudiantes y de lucha contra las opresiones, además de los sindicatos, significó un paso al frente en la reorganización de los sectores combativos de los movimientos sindicales y populares brasileros (.) En ese breve período de vida nuestra central, la CSP Conlutas actuó en diversas campañas políticas, en las luchas de las categorías, elecciones sindicales y congresos, jornadas del movimiento popular, luchas estudiantiles, plebiscitos populares, entre otros (.)

 

Esencialmente, consideramos el balance de actividades de nuestra Central como bastante positivo. No hay como subestimar los límites de la realidad política en nuestro país, en particular el apoyo mayoritario de la población a los gobiernos Lula y Dilma y el papel de las centrales sindicales y políticas de apoyo al gobierno.

En ese escenario, mantener y avanzar en la consolidación de una pequeña, pero muy útil herramienta para las luchas de los trabajadores y del pueblo pobre, no es poca cosa".[10]

En cuanto a los desafíos que se plantean el consenso fue más amplio. La tesis mayoritaria los resume en tres objetivos políticos: 1) preparar a la Central y a las entidades afiliadas para el enfrentamiento contra los patrones y los gobiernos federal, estaduales y municipales; 2) desarrollar la organización de base en los locales de trabajo, vivienda y estudio, en la medida que la organización de base es un presupuesto para el ejercicio de la democracia obrera y para el combate a la burocratización; 3) continuar buscando la unidad de todos los sectores combativos en una central sindical, popular, clasista.[11]

 

No obstante todas las limitaciones y debilidades, el Congreso constató una realidad: la CSP Conlutas es una fuerza dinámica, con identidad propia. Representativa de importantes contingentes de luchadores sociales, organizados en sindicatos y movimientos populares. Si bien minoritaria en el inmenso mapa del "mundo del trabajo" en Brasil y en relación a las centrales sindicales satélites del gobierno y socias de las corporaciones patronales, la CSP Conlutas no es una experiencia "marginal" ni está "aislada", según pretenden sus críticos malintencionados. Muy por el contrario, la CSP Conlutas expresa un proceso de reorganización sindical y popular. Que se desarrolla en una fase defensiva de las luchas y en un cuadro donde las desigualdades sociales se vuelven cada vez más insoportables para una mayoría de la clase trabajadora y de las capas más empobrecidas.[12]

El broche del Congreso tuvo lugar en las calles. Con motivo del 1º de Mayo, la CSP Conlutas marchó desde la avenida Paulista (icono del poder financiero) hasta la popular plaza República, en el centro de la ciudad. La convocatoria a la protesta decía: "A pesar de la gran campaña de que la crisis no llegó a Brasil, que creció el número de empleados y de que vivimos mucho mejor que antes, los trabajadores sufren todos los días, horas de frío, con ómnibus y metro abarrotados; con una atención de salud pública precaria, con una educación de baja calidad y una especulación inmobiliaria absurda que impide a la mayoría de los trabajadores tener una casa. El crecimiento económico benefició a los banqueros y empresarios en detrimento del sudor de los trabajadores".[13] Hubo acto y oratoria. Los espías de la Policía Federal y algunos medios de prensa (Estado de Sao Paulo, Folha de Sao Paulo, noticieros de televisión) registraron "más de 4.000 personas". Los dirigentes de la CSP Conlutas, prudentes y realistas, contaron 2.500.[14]

 

Internacionalismo recíproco

En sus dos años de vida la CSP Conlutas desarrolló una intensa agenda internacional. Impulsando campañas de solidaridad (Haití, Palestina); apoyando luchas políticas y sociales (Egipto, Chile, Argentina, España, Paraguay); participando en congresos, seminarios, debates (Estados Unidos, Francia, Italia, Suiza). Esta actividad le permitió un relacionamiento fraternal con diversas fuerzas sindicales. Muchas de las cuales asistieron al 1er Congreso como invitadas.

Por otra parte, y en ocasión del Congreso de la Unión Sindical Solidaires (Francia) en junio 2011, delegaciones de varios países habían acordado organizar una reunión internacional en el marco del Congreso de la CSP Conlutas. La misma se realizó los días 2 y 3 de mayo en Sao Paulo. Bajo la consigna "Muchas voces, una sola lucha", participaron 22 delegaciones de América Latina y el Caribe, Estados Unidos, Canadá, Europa, y países del Magreb y Oriente Medio. En todo caso dos ausencias notorias: Grecia y Venezuela.

Para el secretario nacional de Solidaires, Christian Majeux, la reunión tenía una importancia mayor para impulsar, efectivamente, "una coordinación internacional de los sindicatos en lucha" y avanzar en la construcción de "una red mundial de sindicatos, incluso si al principio es pequeña". En el mismo sentido apuntó Dirceu Travesso, dirigente de la CSP Conlutas, al hacer la presentación.

 

Si bien la posibilidad de una verdadera "coordinación internacional de sindicatos" está muy lejos - entre otras razones porque la mayoría de los participantes en la reunión no representaban a sus sindicatos, sino que eran parte de corrientes y agrupaciones de oposición sindical-, se avanzó en temas mucho más concretos. Por un lado, la socialización de las diversas experiencias de lucha en cada país; por otro lado, la realización de actividades por sector (salud, educación, Call Centers, ferroviarios, inmigrantes, mujeres).

 

La solidaridad con la revuelta de los pueblos árabes estuvo presente, tanto en el Congreso como en la reunión internacional. Lo que fue destacado por Fatma Ramadan, presidenta del Sindicato Independiente de Trabajadores de Giza e integrante de la Federación de los Sindicatos Independientes de Egipto: "Encontrar delegados del mundo entero que luchan contra el imperialismo, que apoyan el derecho de los indígenas, discuten sobre los accidentes de trabajo y el problema de los sin techo, uniendo los objetivos políticos y los ejes sociales, es una buena idea para llevar a Egipto como propuesta de lucha".

 

Finalmente, la reunión aprobó una declaración unitaria que en sus conclusiones afirma: "Nuestras organizaciones se comprometen a buscar fortalecer en las luchas y resistencias un programa clasista, anti-opresión, anti-imperialista, de defensa de los derechos sociales y laborales, de defensa de los recursos naturales y del medio ambiente; apoyar todas las experiencias de organización donde la democracia obrera, la participación de la base, combine la defensa de las reivindicaciones concretas del día a día con la necesidad de construir otro orden económico y social, que niegue de manera radical toda forma de explotación y opresión".[15]

Fuente: http://www.lahaine.org/index.php?p=61552

 

 

 

Ideología

 

ADITAL y  SERPAL difunden el:

 

Documento anexo del XIII Informe de Análisis de Coyuntura Latinoamericana del Centro Gumillas,

periodo enero-marzo 2012.

La izquierda latinoamericana es cada vez menos roja y cada vez más marrón. La afirmación es del sociólogo uruguayo Eduardo Gudynas. Según él, está quedando cada vez más claro que los gobiernos progresistas o de la nueva izquierda se apoyan en la explotación de materias primas para alimentar el crecimiento económico. Nos hemos vuelto proveedores de materias primas para la globalización, acota él. Se rompe así el diálogo con el movimiento verde y la izquierda roja se transforma en marrón, destaca el sociólogo. El rojo, color simbólico de la lucha socialista, se subordina a la lógica del gran capital y, asumiendo el modelo extractivo -primario exportador- provoca grandes impactos negativos en el medio ambiente. Marrón es una referencia a los cráteres a cielo abierto, consecuencia de los megaproyectos que están en curso en todo el continente.

El «modelo extractivo» patrocinado por los gobiernos de izquierda y, también, por los de derecha en América Latina es definido por el escritor Raúl Zibechi como "apropiación de los bienes comunes, directa o indirectamente, para transformarlos en mercancía”. El sociólogo venezolano Edgardo Lander, comenta que "la principal fuente de las contradicciones internas y de las decepciones con relación a los gobiernos progresistas de izquierda es que parecen, de hecho, dar por obvio que ningún otro camino es posible sino el de un sistema basado en el crecimiento económico”.

 

Prácticamente en todos los países de la región, desde México hasta Chile, comunidades tradicionales y campesinas se están levantando contra los grandes proyectos de desarrollo y de extracción natural que, embarcados en el boom económico de América Látina y en los altos precios de las materias primas, están promoviendo una nueva fiebre del oro en paisajes tan distintos como el desierto mexicano y la selva amazónica, comenta el escritor Tadeu Breda.

 

La obsesión por el crecimiento, la apuesta por los megaproyectos y la flexibilización del aparato normativo que protege el medio ambiente está en el núcleo de las tensiones sociales a las que asistimos en todo el continente. Marchas, protestas, ocupaciones y movilizaciones hacen parte del escenario de la lucha social en América Latina en los últimos años y, en la mayor parte de ellas, el arranque de las movilizaciones son los conflictos ambientales. Una pequeña muestra de todo eso se puede ver aquí en Brasil: la agenda alrededor del Código forestal, la PEC 125 y la polémica acerca del reporte que envuelve la hidroeléctrica de Belo Monte y que sufrió tentativa de censura por parte de la ministro Maria do Rosário. En todos los conflictos el denominador común es la agenda ambiental.

 

En un breve vistazo por los países vecinos se ve lo mismo. La cuestión ambiental está en el centro de los conflictos entre los movimientos sociales y los gobiernos progresistas. Tomemos como ejemplo lo que está aconteciendo en Ecuador, Perú y Bolivia, pero también, con un grado diferente, en Argentina, Colombia y Venezuela.

 

 

Conflictos ambientales estallan en el territorio latinoamericano

 

 

Los conflictos ambientales permean la coyuntura del continente latinoamericano. En Ecuador, el gobierno de Rafael Correa enfrentó en los últimos días una marcha nacional contra sus políticas extractivas. El escritor Tadeu Breda comenta que desde 2009, después de la aprobación plurinacional, Rafael Correa sancionó una nueva ley de minas que abre camino a la explotación mineral en gran escala y a cielo abierto. A partir de entonces, el movimiento indígena abandonó la coalición política y social que había posibilitado la victoria del presidente y pasó a la oposición.

 

La ira del movimiento indígena se debe al hecho de que Correa firmó recientemente contrato con la empresa minera Ecuacorriente (ECSA), de capital Chino, para la explotación de un yacimiento minero en la cordillera del Cóndor, en la frontera con Perú, una de las áreas del país más ricas en biodiversidad.

 

Se trata de uno de los cinco proyectos de mina considerados prioritarios por el gobierno de Correa. Decio Machado -citado en el reportaje de Claudia Fanti- afirma que "es el primer gobierno que convirtió la megamineria en una actividad estratégica que deja una marca sobre el futuro modelo de desarrollo ecuatoriano”.

 

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el movimiento indígena ecuatoriano inició una marcha nacional contra las políticas extractivas del gobierno. La marcha salió de la provincia amazónica de Zamora Chinchipe, en el sur del país, recorrió toda la región andina hasta la capital, Quito, en el norte de Ecuador, donde llegó el día 22, Día Mundial del Agua. El presidente Correa, defendiendo el proyecto, dice que su gobierno apalanca una minería responsable social y ambientalmente, repitiendo su frase de que "no podemos ser mendigos sentados sobre un saco de oro”. Los manifestantes, a su vez, no aceptan "sobrevivir en un país devastado en las garras del miedo o de la indiferencia, un país con realidades paralelas de ríos muertos y de personas enfermas a causa de la contaminación minera y petrolífera, de personas que se consumen en el consumismo y de personas muertas en vida, sin memoria ni identidad, desprovistas de sus selvas y de su condición humana, entre árboles y animales masacrados”.

 

El escritor Tadeu Breda comenta: "Todos quieren el desarrollo del Ecuador, claro: pero no concuerdan con los métodos del gobierno. Avalan que el extractivismo de hoy es el mismo que nortea la economía ecuatoriana desde siempre -y tienen de su lado la verdad histórica de que vender materias primas para los países ricos puede que haya generado riqueza, sin embargo, jamás trajo desarrollo”.

 

En el Perú, otra marcha nacional, esta vez por el derecho al agua. "la movilización popular más importante desde la época de Fujimuri”, señaló Hugo Blanco en el reportaje de Claudia Fanti. En el centro de la marcha, que se llevó a cabo del 1 al 9 de febrero, está la oposición al proyecto Conga, inmenso plan de minería que prevé sacar varias lagunas de Cajamarca, en el norte del país. El proyecto es liderado por el grupo Yanacocha, la primera empresa de extracción de oro en América del Sur y la segunda del mundo.

 

En el currículum de esa empresa se destaca, durante los últimos meses del gobierno de Fujimuri, la devastadora fuga de mercurio en Choropampa, que costó la vida de más de setenta personas y que aún continúa impune.

 

Rechazado por el propio gobierno de Cajamarca, el proyecto Conga, que cuenta con una inversión de casi 5 billones de dólares, amenaza con destruir las reservas de agua dulce de la región produciendo, según los estudios de impacto ambiental del Ministerio del medio Ambiente, daños irreversibles al ecosistema y contaminando la cuenca del río Marañón, un importante afluente del río Amazonas. "Es un proyecto altamente depredador afirmó Gregorio Santos, presidente regional de Cajamarca, que entra en conflicto profundamente con el momento que vivimos en el mundo y con el discurso del presidente Ollanta Humala” cuando, después de haber dicho: "¿Qué quieren ustedes, oro o agua?” y haber recibido una respuesta clara del pueblo: "queremos agua”, se comprometió a "defender los recursos hídricos de Cajamarca”.

 

El cambio de posición de Humala, que insiste ahora en explotar la minería, se debe al hecho de que el precio del oro subió mucho en el comercio internacional. Cabe destacar que en el mismo Perú, en 2009, el gobierno de Alan García promovió una verdadera matanza de indígenas en la localidad de Bagua, en el Amazonas peruano, a consecuencia de las protestas de los indígenas contra la entrega de sus territorios a empresas extractivas transnacionales para la explotación de hidrocarburos, madera y biocombustibles.

 

En Bolivia, a su vez, se anuncia una nueva movilización en defensa del Tipnis. En esa crisis que envuelve al presidente Evo Morales y al movimiento social, está la carretera de Tipnis -el proyecto de una autopista, de 306 kms. que atravesaría 1,2 millones de hectáreas del territorio indígena y el Parque Nacional Isidro Sécure (Tipnis) donde habitan 13 mil indígenas moxeños, yurakarés y chimanes. Las obras del trecho 1 y 3 ya están andando. El trecho principal, que es el 2, atraviesa 177 Km del Tipnis. La obra es de gran interés geoestratégico para Bolivia y para Brasil, como parte de un corredor para el transporte que conecta el Atlántico con el Pacífico. Los indígenas no aceptan la carretera y acusan al gobierno de no haberlos consultado sobre dicha obra.

 

En septiembre de 2011 fue duramente reprimida una marcha indígena en contra de la construcción de la carretera. La dura represión de la marcha desató una crisis sin precedente en el gobierno de Evo Morales y puso en jaque al gobierno plurinacional y pluriétnico. Para el momento el presidente anunció que estaban suspendidas las obras y al mismo tiempo pidió perdón a los indígenas. Ahora el tema volvió a generar tensión en el país.

 

El senado boliviano, con el apoyo del gobierno, aprobó la realización de una consulta para determinar si la carretera en cuestión podría o no atravesar el territorio indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis).

 

Los indígenas temen el aumento de la presión demográfica y la expansión de la frontera agrícola sobre el territorio. El gobierno argumenta que los indígenas de las tierras altas y valles, grupo mayoritario, apoya el proyecto y apenas los indígenas de las tierras bajas están en contra. Argumenta que esos indígenas estarían siendo manipulados por los grupos que hacen oposición al gobierno.

 

El conflicto está lejos de terminar y, en esencia, se oponen modelos y visiones diferentes. Bolivia, con la insistencia de construir la carretera, da muestras de que también sucumbió al modelo desarrollista. La elaboración de la estrategia económica en Bolivia tiene como uno de los principales mentores al sociólogo Álvaro García Linera que es el vice-presidente del país. Linera, marxista, intelectual respetado, una especie de portavoz autorizado de los objetivos estratégicos de Bolivia ya dice que el gobierno busca "un capitalismo con mayor presencia del Estado”.

Según Tadeu Breda la mejor manera de entender las manifestaciones en el Ecuador, y vale también para Bolivia, es tener en mente el contenido de la Constitución Plurinacional de esos países. La carta garantiza una serie de derechos innovadores en América Latina. Tres de los que ganan gran relevancia son: los derechos de la naturaleza, la plurinacionalidad y el bien vivir.

Tales principios no funcionan independientemente uno de los otros, dice el escritor: "Si la plurinacionalidad otorga a las comunidades indígenas autoridad para ejercer su cultura (lengua, justicia, propiedad, economía) dentro de sus tierras, los Derechos de la Naturaleza garantizan que el medio ambiente bajo ningún aspecto pueda ser degradado más allá de su capacidad natural de regeneración. Eso significa, obviamente, un obstáculo legal para las actividades extractivas, hoy en día responsables por más de la mitad del PIB ecuatoriano. Por último, el bien-vivir es el proyecto de desarrollo que resulta de un sistema que respeta las tradiciones ancestrales y los ciclos naturales de el ecosistema en que se insertan. De ahí que la marcha en curso en el Ecuador se opone prioritariamente a las políticas extractivas patrocinadas por el gobierno”.

"El agua es más preciosa que el oro”: grito que hace eco en toda América Latina.

Volviendo a los conflictos que tienen en su núcleo la problemática ambiental en el continente latinoamericano, también en la Argentina se manifiestan conflictos ligados a las actividades mineras. En Catamarca, una de las provincias más pobres del país, al noroeste de Buenos Aires, la población está en pie de guerra.

 

Hace algunas semanas la mayor parte de las vías están cerradas por centenas de manifestantes contrarios a la explotación a cielo abierto de la mina La alumbrera, por parte de la empresa canadiense Barrik Gold. En la provincia vecina de La Rioja, los habitantes protestan contra otro proyecto de la compañía canadiense Osisko Mining Corporation, en el Nevado del Famatina.

 

También en los gobiernos de derecha los conflictos ambientales abundan. En Colombia, una gran movilización popular llevó al Ministerio del Medio Ambiente a negar a la empresa canadiense Eco Ouro Minerals la autorización para un proyecto de explotación minera a cielo abierto en el Páramo de Santurbán, en Santander, un complejo de lagunas que surte de agua a una población de 2,2 millones de personas.

 

En Panamá, luego de la movilización de los pueblos indígenas Ngäbe-Buglé quienes, desde el 31 de enero al 7 de febrero, bloquearon la vía Panamericana recibiendo un fuerte apoyo de la población, el gobierno de Ricardo Martinelli tuvo que ceder a las reivindicaciones indígenas, aceptando iniciar las negociaciones sobre la ley relativa a las actividades de minería y a la construcción de plantas hidroeléctricas.

 

Crítica es la situación en América Central, donde centena de proyectos mineros están a la espera de aprobación. En Honduras, en particular, donde ya habían sido entregadas más de 370 concesiones, fueron presentadas, después del golpe de 2009, otros trescientos pedidos de explotación minera, también a cielo abierto.

 

En Guatemala, 56 municipios se proclamaron libres de la actividad minera después de una fuerte presión popular. Como se puede ver, por los acontecimientos citados anteriormente, en Latinoamérica el boom de la minería genera cada vez más conflictos. El agua es más preciosa que el oro, ese es el grito lanzado en toda la región por comunidades campesinas, ambientalistas y científicas que denuncian el impacto socio ambiental de la explotación de minas a cielo abierto.

 

El caso brasileño, izquierda autoritaria y pérdida en la agenda ambiental PEC 125, Código Forestal y la hidroeléctrica de Belo Monte estuvieron en el centro del debate de la coyuntura brasileña en la semana que cierra. El caso de la PEC 125 es emblemático en esa perspectiva. En una sesión tumultuosa, la Comisión de Constitución y Justicia (CCJ) de la Cámara aprobó el parecer del diputado Osmar Serraglio (PMDB-PR), favorable a la admisibilidad de la propuesta de enmienda a la Constitución (PEC) que transfiere de la Unión para el Congreso Nacional la prerrogativa de aprobar y ratificar la demarcación de tierras indígenas. En caso de que sea aprobada definitivamente la PEC, significará una verdadera farra para los intereses de grupos en la explotación aún mayor de los territorios indígenas y quilombos.

 

El secretario ejecutivo del Consejo Indigenista Misionero (CIMI), Cleber Buzatto, que acompañó la votación de la PEC con delegaciones indígenas de varias regiones del país, dice que la noticia de la aprobación fue recibida con tristeza e indignación por el liderazgo indígena, quienes consideran que dicha propuesta es inconstitucional. "La PEC rasga la Constitución en lo atinente al derecho de los pueblos indígenas y quilombos sobre sus tierras tradicionales”. El Cimi acusa al gobierno de negligencia. Para Buzatto, éste no hizo nada para evitar la votación de la propuesta, pues el líder del gobierno no apareció durante la sesión para intentar una interlocución.

"Ni en el momento en que la situación estuvo tensa él apareció para demostrar solidaridad. Estamos entendiendo que, por el contrario, al no actuar directamente, el gobierno optó por la base vinculada al agronegocio y a la bancada evangélica”.

La aprobación de la PEC 125 fue encabezada por el mismo grupo en el Congreso que está por detrás de la flexibilización del Código Forestal. "Aprobación de la PEC 215- Es el mismo grupo que está presionando para votar el Código Forestal”, twiteo el @CimiNacional.

 

La PEC 125 y el Código Forestal están en la misma lógica. El agronegocio quiere una legislación dócil que atienda a sus intereses económicos. En estos temas el gobierno ha sido omiso. Como destacamos en el último análisis de coyuntura, la agenda ambiental y la agenda indígena no son estratégicas en el gobierno de Dilma Rousseff, no se insertan en el proyecto de nación y, peor aún, están subordinadas a los sectores conservadores. En la misma semana de aprobación de la PEC 125 el gobierno, a través de la ministro de la Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia de la República, María del Rosario, protagonizó un hecho vergonzoso y autoritario contra la libre manifestación de los movimientos sociales. De nuevo, el nucleo del choque tuvo que ver con la agenda ambiental. La ministra no concedió la palabra a los representantes de la sociedad civil convidados a la reunión del Consejo de Defensa de los Derechos de la Persona Humana (Cddph). En la ocasión fue presentado y votado el informe de impresiones sobre Las violaciones de derechos humanos de la tierra y del medio ambiente, en el Pará, redactada por la Comisión Especial designada por el Cddph. Después de apelar al reglamento interno del consejo que dice que los presentes solo pueden manifestar sus observaciones después de la deliberación de los consejeros, la ministro cambió repentinamente de pauta sin ofrecer la posibilidad del derecho de palabra.

 

 

La ministra quería que Belo Monte fuera retirado del informe

 

 

En su opinión el documento debía abordar específicamente la cuestión de la violencia en el campo, y no denuncias de violaciones de derechos humanos a consecuencia de la construcción de la planta hidroeléctrica de Belo Monte. "Es un informe sobre violencia. La cuestión de Belo Monte es un capítulo de ese informe. Sería a una irresponsabilidad de mi parte no colocar eso en el documento considerando que las personas que han sido escuchadas, las comunidades indígenas, las entidades de la sociedad civil y el propio Ministerio Público presentaron relatos de situaciones que pueden configurar violencia actual o futura relacionada con la construcción de la planta”. Dice el periodista Leonardo Sakamoto, de la ONG Repórter Brasil, que integró y fue designado como relator de la comisión especial del Consejo de Defensa de los Derechos de la Persona Humana (Cddph) que verificó las violaciones a los derechos humanos en la región conocida como Tierra del medio, en el estado de Pará.

 

No es ninguna novedad que el gobierno no tolera ni acepta crítica acerca de la construcción de la hidroeléctrica de Belo Monte. El megaproyecto es uno de los más caros del gobierno al lado de la transposición del de S. Francisco que también fue noticia en esos días. A pesar de las reiteradas críticas de la Iglesia, de las comunidades científicas, de ambientalistas y del movimiento social, el gobierno nunca aceptó echar atrás dicho proyecto.

El modelo neodesarrollista que tiene en el programa de Aceleración del Crecimiento (PAC) su síntesis y su traducción en inversiones en infraestructura logística (carreteras, ferrovías, hidrovías, puertos, aeropuertos); infraestructura energética (combustibles renovables, generación de energía eléctrica, transmisión de energía eléctrica, petróleo y gas natural) e infraestructura social y urbana (metro, saneamiento, habitación) se desarrolla de forma autoritaria. Las voces que cuestionan el modelo son tachadas de estar contra el progreso y la distribución de la renta.

 

Gobiernos de la nueva izquierda atrapados en el mantra del crecimiento

 

 

Detrás del orden del crecimiento económico, de la atracción de los inversionistas y de la promoción de las exportaciones, los gobiernos de América Latina argumentan, dice Eduardo Gudynas, que "el Estado capta parte de esa riqueza para mantenerse a sí mismo y financiar programas de lucha contra la pobreza”. En esa óptica, continúa el sociólogo, "la izquierda gobernante no sabe qué hacer con los temas ambientales”, acabando por ver en ellos lo contrario, y no pasan de vagas referencias a la cuestión ecológica y hasta de equivocaciones hacia la Pacha Mama, que se convierte en un obstáculo al crecimiento económico y, por tanto, "un freno para la reproducción del aparato estatal y la asistencia económica a los más necesitados”. Asistencia que hace a los gobiernos cada vez más dependientes de la exportación de las materias primas.

 

Como destaca Tadeu Breda, "con algunas pequeñas características que cambian de país a país, está cada vez más claro que los gobiernos de la ‘nueva izquierda’ y sus políticas neodesarrollistas no lograrán corregir las desigualdades más profundas de nuestra sociedad. Es más, no ofrecerán alternativas reales de desarrollo y bien-estar. Por eso, los pueblos se están organizando y hablando cada vez más alto. Es necesario escucharlos”.

 

Según la antropóloga Rita Segato, en América Latina se tiene "un bloque más sensible al bien estar, pero que no logra pensar la posibilidad de una transformación, de una mejoría en la situación fuera del proyecto eurocéntrico. No ha habido una ruptura. Quedamos eclipasados porque son gobiernos de izquierda, pero esa novedad no es muy profunda. Entraran para competir, participar de la concurrencia para emerger como bloque dentro de los mismos principios y objetivos del capitalismo global”.

 

Esa izquierda -en el poder en el continente- continúa prisionera de una lectura que se reduce a la lógica productivista, donde lo importante es el desarrollo de las fuerzas productivas y el crecimiento de la economía. Esa concepción de matriz marxista se aproxima al liberalismo, que también quiere el desarrollo de las fuerzas productivas. Se distancian apenas en el instrumento de apalancamiento del capital. Para los primeros ese papel cabe al Estado; para los segundos, al mercado. En esa lógica la agenda ambiental no tiene lugar, porque es considerada un freno al desarrollo de las fuerzas productivas.

 

Una crítica al modelo (neo)desarrollista. Límites del modelo productivista y consumista

 

Hay una creciente percepción, incluso entre economistas de mercado, que los costos ambientales del modelo desarrollista no pueden ser ignorados.

 

Entre ellos, se encuentra Eduardo Gianetti da Fonseca. Al hablar de la economía de mercado, el profesor del Instituto de Enseñanza e Investigación (Insper) de Sao Paulo, alerta sobre los impases del modelo productivista y consumista. Según él, es necesario un cambio en los valores y en la forma de producir y consumir. De no ser así, la factura recaerá sobre el medio ambiente. "Y el ambiente no acepta desafueros”.

 

Gianetti es categórico en sus críticas al "costo ambiental de las opciones elegidas en los modos de producción y consumo”. En un contexto en que economistas y gobernantes conmemoran el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), él afirma que " la medida del PIB es muy estúpida, porque ella apenas registra lo que pasó por el sistema de precios, sin saber lo que, de facto, está sucediendo con la vida de las personas”.

 

En opinión de Gianetti, "la necesaria transformación de esos patrones de consumo, en la dirección de la sostenibilidad, solo será posible si los costos ambientales fuesen incorporados a un sistema de precios que hoy ignora la destrucción del planeta.” Para él, "los países que están llegando tarde a la fiesta del consumo no van a poder participar. Nos guste o no. Y el dilema es saber cómo compatibilizar las aspiraciones de la nueva clase media que surge en el mundo, con los límites del patrón que nos fue vendido por el proyecto ilustrado del progreso”.

 

Los gobiernos alineados a la izquierda no han conseguido proponer alternativas que desvinculen a la ciudadanía del ejercicio de consumir. El patrón de american way of life continúa siendo la aspiración de la emergente clase media mundial y "el cálculo de la salud económica de los países se volvió ciego a los problemas ambientales que afectan la vida de las sociedades de hoy”.

 

Márcio Pochmann, otro economista reconocido por sus análisis del mercado de trabajo, se suma a aquellos que perciben la necesaria revisión del patrón de crecimiento del consumo material global. Sin eso, dice, el proceso de cambios climáticos continuará, perjudicando principalmente a los más pobres, siempre más vulnerables a los efectos de la crisis ecológica. En opinión de Pochmann, "la perspectiva de las naciones no ricas para enfrentar la crisis ecológica global no puede ser la misma defendida por los ricos”.

 

El periodista y ambientalista Washington Novaes quien hace muchos años viene alertando a los ricos de los riesgos del modelo productivista-consumista destaca que "el consumo global ya está por encima del 30% más allá de las posibilidades de reposición planetaria; en el que ya se perdió también 30% de la biodiversidad total; y todavía es necesario evaluar las consecuencias de una población mundial que transita de los 7 billones de individuos de hoy hacia 9 billones, por lo menos, hasta el 2050”.

 

Pese a todas las implicaciones citadas anteriormente, la lentitud de los gobiernos latinoamericanos para enfrentar los problemas ambientales persiste. Movimientos sociales, investigadores y comunidades indígenas se ven manifestando en contra de los grandes proyectos de hidroeléctricas, de extracción mineral y de la pifia en las políticas ambientales en América del Sur, que insisten en seguir el recetario de los dictados de los países desarrollados.

 

 

Desarrollo y la izquierda. Una crítica

 

 

En estos últimos años, la América Latina ha contado con un gran número de gobiernos provenientes de partidos de izquierda o, por lo menos, en oposición a la tradicional derecha. Sin embargo, la dificultad de cambio estratégico en la agenda de esos nuevos líderes políticos ha demostrado la fragilidad en las tomas de decisiones que trasciendan el prisma desarrollista, bastante descoyuntado de las actuales demandas socioambientales.

 

En Brasil, según José Luis Fiori, en los años 1950, tres instituciones tuvieron un papel central para el llamado desarrollo de izquierda. Primero, el Partido Comunista Brasileño (PCB) que apoyó la elección de Juscelino Kubtischek, en 1955, en una perspectiva etapista para llegar a la revolución socialista. La segunda institución fue el Instituto Superior de Estudios Brasileños (ISEB), que reunió un número significativo de intelectuales de izquierda para un proyecto nacional-desarrollista. Por fin, las contribuciones de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), que también influyó fuertemente el pensamiento de la izquierda desarrollista, aunque nunca haya sido una institución de izquierda. En los años de 1970, surgió la Escola de Campinas, un centro de estudios económicos que participó activamente en la formación del Plan Cruzado.

 

En este inicio de siglo, en que el gobierno progresista se encuentra en el poder, para Fiori "el desarrollismo de izquierda estrechó tanto su ‘horizonte histórico’ que acabó transformándose en una ideología tecnocrática, sin ninguna capacidad de movilización social”. La agenda neoliberal provocó un dislocamiento del debate para el campo de la macroeconomía. En el análisis de José Luis Fiori, "el `neodesarrollismo´ acaba repitiendo los mismos errores del pasado y proponiendo un conjunto de medidas aún más vagas y gelatinosas de lo que ya había sido la ideología nacional-desarrollista de los años 50”. Por tanto, por lo que parece, la izquierda continúa renuente a abandonar la vieja cartilla, en un momento en que la sociedad global necesita reinventarse para dar cuenta de cómo garantizar el futuro de las generaciones.

 

Analizando la izquierda mundial, en uno de sus artículos, Immanuel Wallerstein destacó que uno de los debates cruciales de hoy, justamente sucede entre la perspectiva del desarrollismo y el de la prioridad del cambio de civilización, ligada a los riesgos ambientales mundiales. Esa cuestión, por ejemplo, "está presente en América Latina, en los debates fervorosos entre los gobiernos de izquierda y los movimientos indígenas -por ejemplo, en Bolivia, en Ecuador y en Venezuela.

 

Se impone, por tanto, la siguiente cuestión: ¿cómo superar las seculares enfermedades sufridas por los pueblos latinos, en una perspectiva que trascienda el discurso desarrollista, más allá del crecimiento económico basado en el consumo depredador?

 

En opinión de Carlos Chacho Álvarez, secretario general de Aladi (Asociación Latinoamericana de Integración), en el momento actual, "la mayoría de los países latinoamericanos volvió al ejercicio de pensar en sí por sí mismo, de establecer estrategias de desarrollo a partir de sus propias necesidades y de sus intereses reales”. Al partir de una postura positiva por el momento por el cual pasa América Latina, Álvarez defiende que el proyecto de desarrollo para el siglo XXI, en esa región, debe contar con el dominio de la política y de la democracia sobre el mercado, favoreciendo la disminución de la pobreza y de la desigualdad.

 

Tomar decisiones políticas que rompan con el viejo desarrollismo economicista, atendiendo a las demandas históricas de una población excluida de sus derechos sociales, políticos y civiles y, ahora, ambientales, continúa siendo un desafío para los países latinoamericanos.

 

 

Río+20. La falta de osadía

 

 

El debate de la sobre-explotación de los recursos naturales y de sus límites se da en el contexto de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo, Río+20. Se destaca en el documento de contribución brasileña a la Conferencia, que el país no logra escapar de "una verdadera apología a la manera habitual de la conducción de los negocios, el llamado business as usual”. Y hace un cuestionamiento: "¿si el país que va a abrigar la conferencia no osa de apuntalar horizontes innovadores en sus posiciones, cómo esperar que la propia reunión despierte entusiasmo proporcional al que debería ser su importancia?”

 

Según Abramovay, "es preocupante que en vez de preconizar rígidos criterios socioambientales en la explotación de la energía, los productos básicos agrícolas y mineros, el documento brasileño (pero eso aparece también en otros textos de la conferencia) insista en el temor de que estos criterios puedan ser usados, en el comercio internacional, como barreras no tarifarias”. Si el país anfitrión no parece estar muy seguro del papel crucial que podría asumir en este momento, la Conferencia Río+20, la Cumbre de los Pueblos, que ocurrirá en el Aterro do Flamengo, con aproximadamente 10 mil personas, se prepara para ser un espacio bastante propositivo. Delante del marasmo de los debates oficiales, movimientos sociales de todas partes del mundo buscarán respuestas concretas para la resolución de los problemas socioambientales.

 

Como ponderó Fátima Mello, miembro del comité facilitador de la sociedad civil para Río+20, "la ONU solo habla de combatir la pobreza, pero no habla de combatir la riqueza. Lo que nosotros vamos a debatir en la Cumbre es la tesis de la justicia ambiental. Ese concepto significa que existe una inmensa desigualdad en los impactos ambientales del modelo de desarrollo vigente”.

 

Este texto, es un documento anexo del XIII Informe de Análisis de Coyuntura Latinoamericana del Centro Gumillas, que comprende el periodo enero-marzo 2012.
Fuente: http://www.argenpress.info/2012/05/la-izquierda-roja-se-transforma-en.html  

En consecuencia, la llamada «cuestión ambiental» está en el centro de los conflictos entre los movimientos sociales y los gobiernos de Nuestra América. Es un enfrentamiento entre el ¡NO! y el ¡SÍ! al «modelo extractivo». Los gobiernos progresistas lo promueven y subsidian en nombre del crecimiento económico, de las fuentes laborales y la distribución de la renta. Sin embargo, la verdad es otra. Darío Aranda, en “Andalgalá, caso testigo”, escribe: “Bienestar económico, desarrollo local y cuidado ambiental. Son las principales promesas de las empresas mineras, gobiernos provinciales y funcionarios nacionales. Es lo mismo que prometió hace 18 años Minera Alumbrera, cuando comenzó su instalación. Los vecinos creyeron y, tras quince años de extracción de cobre y oro, rechazan la megaminería porque confirmaron en primero persona que no llegó el trabajo prometido, se acumulan las denuncias por contaminación y, en una nueva etapa de la política minera, se acentuó la represión contra los vecinos que rechazan la actividad. Bajo la Alumbrera, ubicado entre los diez principales yacimiento de cobre del mundo, es el caso testigo de una actividad tan millonaria como cuestionada que, en los últimos ocho años, aumentó 1500 por ciento (…)” Fuente: http://darioaranda.wordpress.com/2012/05/06/la-alumbrera-el-caso-testigo/

 

Eduardo Gudynas, en "Alcances y contenidos de las transiciones al post-extractivismo desde fuera", define: "Extractivismo depredador Corresponde al estilo de desarrollo actual, caracterizado por un extractivismo que es intensivo, que afecta grandes áreas geográficas, volcado a la exportación, de alto impacto social y ambiental, y dudosos beneficios para el desarrollo nacional. Sus ejemplos son las actividades clásicas, tales como la explotación petrolera en la Amazonia de Ecuador, la minería a cielo abierto en Perú y Bolivia, o la expansión de los monocultivos de exportación en los países del Cono Sur. En todos los casos se observan altos impactos sociales y ambientales, que ya fueron recordados más arriba. Son actividades que descansan en economías de enclave, casi siempre desconectadas de redes productivas locales o nacionales, y que en muchos casos deben estar protegidas por fuerzas de seguridad (sean privadas o estatales). Es un estilo con una fuerte presencia de empresas transnacionales, sea por emprendimientos propios de esas corporaciones (donde los ejemplos más claros se encuentran en Perú, Colombia y Argentina), o en asociación con empresas estatales o mixtas (tal como ocurre en Bolivia, Venezuela o Brasil). Es un sector orientado a la exportación de materias primas, empujado por la globalización, con altísimas ganancias para las empresas, y aceptado por los gobiernos sudamericanos como forma de alimentar sus economías".

 

Destaca:

"(...)Alternativas y transiciones 

Llegados a este punto, frente a la seriedad de los impactos y limitaciones del extractivismo es necesario postular una estrategia alternativa post-extractivista. Esta alternativa debe ofrecer cambios que respondan a los diversos problemas que encierra el extractivismo, pero a la vez, deben demostrar que son posibles y viables. La tarea entre manos se puede ilustrar con algunos ejemplos, a saber: 

  • Los impactos sociales del extractivismo incluyen situaciones como el aumento de las desigualdades, desplazamiento de comunidades, violencia, etcétera, de donde las alternativas deberán proponer estrategias enfocadas en la calidad de vida de las personas y en erradicar la pobreza, sin esperar por las soluciones de supuestos “derrames” económicos. 

  • En los aspectos ambientales, las alternativas deberán impedir la destrucción de las áreas naturales, la contaminación y otros efectos negativos producidos por prácticas extractivistas. A su vez, en lo que podría calificarse como una dimensión socio-ambiental, se deberá revertir la actual externalización de los costos del extractivismo hacia el resto de la sociedad, modificando sustancialmente la asignación de precios. En la dimensión territorial, se deben detener los procesos de fragmentación y desterritorialización propios del extractivismo.

  • En el campo económico, es evidente que se vuelve imperiosa una reforma tributaria sobre el sector extractivista, y la aplicación de tasas y cánones para evitar cualquier dumping socio-ambiental.

De esta manera, es posible identificar urgencias y necesidades alternativas, que conforman un conjunto de puntos que necesariamente deben estar contemplados en cualquier alternativa. Varios de estos elementos se ilustran en las siguientes secciones del presente artículo. Pero este ejercicio también indica que las alternativas puntuales e instrumentales no son suficientes (entendidas como “desarrollos alternativos”), y que en realidad es necesario un cambio sustancial a toda la idea del desarrollo contemporáneo. 

 

Tal como ya se adelantó arriba, es necesario enfrentarse a la base ideológica que sustenta el desarrollo convencional contemporáneo, tanto en sus bases conceptuales como en sus prácticas, institucionalidad y discursos legitimantes. Por lo tanto, el post-extractivismo es parte de una “alternativa al desarrollo”. Existen muchos antecedentes que nutren estos esfuerzos. La crítica al desarrollo ya tiene más de cuatro décadas, y existe un nutrido acervo de reflexiones sobre los límites sociales y ambientales del desarrollo contemporáneo, y distintas propuestas de reorientación enfocadas en atacar la pobreza, la calidad de vida y la protección ambiental. Son particularmente importantes los programas para “desmaterializar” y reducir las economías, inspirados por ejemplo en los aportes del Instituto Wuppertal en Alemania (por ejemplo, Sachs y Santarius, 2007), en tanto implican reducir la demanda por materias primas y energía. A su vez, se han logrado propuestas detalladas sobre economías alternas viables que no descansan sobre el crecimiento (por ejemplo, Jackson, 2009). En paralelo existen expresiones de la sociedad civil con reclamos y ensayos similares. Por ejemplo, el movimiento de “ciudadanos en transición”, originado en Irlanda y ahora difundido en Inglaterra, Estados Unidos y otros países, se centra en reducir el consumo de energía y apoyarse en la resiliencia local (entendida como las capacidades de amortiguación y elasticidad ambiental local), y en promover la calidad de vida a nivel comunitario y estilos de vida simples (véase por ejemplo, Hopkins, 2008).

 

Debates similares están en marcha en América del Sur. Por ejemplo, las demandas por reformar la minería, incluyendo moratorias en distintas zonas, son importantes en Perú y Bolivia; en Ecuador existe una fuerte discusión sobre las explotaciones petroleras en la Amazonia; y discusiones similares están en marcha en los demás países. Simultáneamente, en la región se encuentran ensayos de alternativas al desarrollo que ofrecen insumos de gran importancia. Estos son los casos de la agroecología, la economía social y solidaria, la defensa de una política más participativa y comunitarista, y los debates sobre el Buen Vivir. En el caso de Perú, en la última campaña electoral, una sustancial coalición de redes y organizaciones ciudadanas, elevaron reclamos por “alternativas al extractivismo”, y generaron las primeras reflexiones sobre “transiciones” hacia el post-extractivismo (véanse los ensayos en Alayza y Gudynas, 2011). Las alternativas post-extractivistas que emergen de estas condiciones deben ser entendidas como un proceso de transiciones. Esto es necesario en tanto las alternativas deben estar adaptadas a cada circunstancia social y ambiental, y por lo tanto no constituyen “recetas” rígidas que todos deben seguir. Pero a su vez, se entiende que estas alternativas al desarrollo son una construcción política, donde el aprendizaje y la ampliación de la base ciudadana, requiere avanzar por pasos sucesivos. Esto no implica renunciar a los cambios sustanciales, ya que cada uno de los pasos, incluso los más modestos e iniciales, deben alentar y obligar a dar nuevos pasos de transformación.

 

Imaginar un camino propio: cero pobreza, cero extinciones 

Establecida la necesidad de una alternativa al desarrollo que sea post-extractivista, es necesario revisar algunos de sus contenidos más importantes. En las secciones siguientes se ofrecen distintos ejemplos de esos contenidos, sin pretender agotar todos los puntos. A los fines del texto es inevitable separarlos en distintos apartados, aunque todos ellos conforman un conjunto estrechamente interrelacionado. A su vez, este ejercicio también puede ser útil en el caso ecuatoriano, ya que el Plan Nacional del Buen Vivir de SENPLADES (2009) todavía carece de precisiones sobre las vías y mediaciones concretas para alcanzar una meta post-extractivista. Un primer paso es precisar de mejor manera las metas que buscan las transiciones al post-extractivismo. En el caso ecuatoriano esto es muy claro: se debe erradicar la pobreza, y asegurar que no existirán nuevas extinciones de especies (o destrucción de ecosistemas). Postular “cero pobreza” y “cero extinciones” puede ser considerado como una formulación muy genérica, e incluso puede argumentarse que dichos similares se encuentran en las clásicas declaraciones de las cumbres presidenciales, es necesario advertir diferencias claves. Por un lado no se postula “reducir la pobreza”, tal como es propio por ejemplo de los Objetivos del Desarrollo del Milenio. A su vez, la meta de cero extinciones implica una posición de fuerte compromiso ambiental, y no aparece como una condición subsidiaria a objetivos sociales, sino con el mismo nivel (...)" 

 

Saca:

 

Conclusiones 

A partir del presente resumen de algunos de los contenidos que actualmente se consideran en las propuestas post-extractivistas, es adecuado subrayar ciertos aspectos. En primer lugar, es evidente que estamos lejos de una ausencia de contenidos posibles para esas alternativas. A lo largo de los últimos años se ha acumulado un importante volumen de análisis y reflexiones, lo que permiten generar estrategias más complejas, con detalles más precisos a nivel sectorial, incluyendo medidas de implementación prácticas. En el presente artículo sin duda no se presentan todas las que actualmente están disponibles, pero las que se enumeran sirven para ilustrar esta potencialidad. Por lo tanto, no se comparten las posturas que siguen encerradas en el plano de las declaraciones genéricas o que insinúan que todavía hacen falta más investigaciones. Por el contrario, se deberían aprovechar todas estas opciones de contenido que deben ser puestas en discusión. Esto tampoco implica aceptar el extremo opuesto de pensar que ya se ha completado toda la tarea de generar esos instrumentos. En realidad, sigue siendo necesario proseguir investigando y reflexionando en ese campo. Pero más allá de la relevancia de nuevas investigaciones, hoy en día es posible generar y defender planes de acción mucho más concretos. En segundo lugar, se debe profundizar la tarea de articular cada uno de esos elementos entre sí, asegurando complementariedad y coherencia en promover las transiciones al post-extractivismo. A su vez, que estas propuestas estén directamente enfocadas en las metas de cero pobreza y cero extinciones. Un tercer aspecto considera que si bien es posible elaborar propuestas postextractivistas con muchos detalles, de todos modos no pueden ser propuestas cerradas, y deben mantener la flexibilidad. Se deben al menos introducir dos condiciones: permitir ajustes para cada contexto social y ambiental, y permitir procesos de aprendizaje que la mejoren de manera continuada. En cuarto lugar, estos ejercicios implican rescatar la validez de las “alternativas”. A pesar de los tiempos de cambios que se viven en América Latina, persisten distintas barreras en imaginar otros futuros distintos a aquellos propios de la ideología del progreso. De esta manera, la apuesta por el post-extractivismo requiere fortalecer las capacidades para promover visiones utópicas que iluminen prácticas de cambio concretas. Finalmente, como quinto punto, la construcción de alternativas post-extractivistas requiere de sujetos políticos que las alimenten y difundan desde sus prácticas políticas. En este terreno el papel de la sociedad civil sigue siendo esencial, y es en muchos casos en su seno donde están surgiendo los aportes más interesantes para imaginar esos otros mundos posibles". 

 

Repito el cuarto punto: "estos ejercicios implican rescatar la validez de las “alternativas”. A pesar de los tiempos de cambios que se viven en América Latina, persisten distintas barreras en imaginar otros futuros distintos a aquellos propios de la ideología del progreso". Porque el gobierno CFK y fuerzas de la izquierda conciliadora con el capitalismo como Nuevo Encuentro afirman lo contrario. Carlos Heller dice: "Resulta difícil abstraerse del tema YPF, pues constituye un punto de inflexión en la historia argentina. Esta consideración fue el eje de mi presentación, el lunes pasado, del libro de mi autoría La Argentina actual y los desafíos para el cambio. La aparición del libro se realiza en un momento maravilloso, en medio de un proceso de profundos cambios, que están llenos de tensiones; pero no podía ser de otra manera, puesto que los conservadores, es decir la derecha, no aceptan pasivamente el cambio. Puede aseverarse que la crispación que aparece en estos momentos no es de quienes proponemos los cambios y trabajamos para ellos, sino de quienes, utilizando todos los recursos, se oponen de las formas más arteras a que esos cambios puedan llevarse a cabo (...)" Fuente: http://www.partidosolidario.org.ar/noticias/tiempos-de-cambios-y-de-nuevos-desafios.html

 

Pregunto si los tribunales populares no deberán juzgar a las cúpulas de los partidos mayoritarios y de la izquierda K por hacer creíble que puede haber democracia e incluso estar avanzando a la emancipación nacional cuando se concreta el crecimiento en la concentración y transnacionalización tanto económica como territorial. Además mantienen y refuerzan el verticalismo en las organizaciones sociales y partidarias que contribuyen a la delegación en el presidencialismo de la voluntad política popular. A su vez, tal autoritarismo posibilita que los pueblos del país -las víctimas de la opresión- sean señalados después como los culpables de apoyar a los gobiernos neoliberales y neodesarrollistas.

 

 

 


 

 

Premisas e hipótesis

 

Silvia Ribeiro nos plantea:

 

 Walmart, ¿manzana podrida?

 

Practica una notoria política antisindical, que comenzó desde que su fundador anunció que la base de su negocio sería pagar salarios bajos sin beneficios laborales

El 21 de abril de 2012, el "New York Times" (NYT) publicó un reportaje mostrando que Walmart pagó 24 millones de dólares en sobornos, para construir tiendas y dominar el mercado en México. Altos ejecutivos de Walmart conocían los casos desde 2005 y lo ocultaron. Por el contrario, fraguaron una investigación contra el denunciante, un ex ejecutivo de Walmart que renunció por sentirse discriminado, aunque había sido uno de los encargados del pago de sobornos.

Eduardo Castro-Wright, ejecutivo identificado por el diario como la fuerza motora de los sobornos, fue ascendido a la vicepresidencia de Walmart México y luego a jefe de todas las tiendas de Estados Unidos, por haber hecho de México “una de las unidades con más ganancias”.

Ante la mala publicidad, los ejecutivos de la empresa afirman que ahora emprenderán investigaciones. Todo indica que la denuncia del NYT representa una mínima parte del negocio de la corrupción de Walmart, otras grandes empresas y funcionarios. El dinero mencionado parece cambio de bolsillo para una trasnacional que facturó 421 mil 849 millones dólares en 2011.

 

Walmart es la empresa más grande del mundo y lo ha sido por más de una década, superando a petroleras y bancos en la cima del poder económico mundial. Tiene casi el doble de ventas globales que su competidor más cercano, la cadena Carrefour.

En 2009, el negocio de ventas de alimentos y abarrotes superó por primera vez al poderoso mercado global de la energía, pasando a ser el mercado más grande del mundo. (Datos en "¿Quién controlará la economía verde?" www.etcgroup.org/es ) No es un rubro cualquiera. Es un mercado cautivo de toda la población global que no produce alimentos, porque nadie puede vivir sin comer. La competencia por controlar ese inmenso mercado es feroz y como vemos, no conoce escrúpulos.

Desde su actual posición, Walmart controla y ejerce una influencia brutal sobre grandes sectores de la producción, el consumo y la política. Practica una notoria política antisindical, que comenzó desde que su fundador Sam Walton anunció que la base de su negocio sería pagar salarios bajos y no pagar beneficios laborales. Siendo el empleador privado más grande de Estados Unidos y México, Walmart logró bajar significativamente los salarios medios de toda la industria. Más de 60 por ciento de sus trabajadores en Estados Unidos no tiene cobertura médica y la cifra es mayor en países del Sur.

 

En pocas décadas ha acumulado un historial impresionante de demandas que van desde no permitir la sindicalización de empleados a muchas otras razones cubriendo casi todo el espectro imaginable de violaciones laborales: despidos injustificados, discriminación de discapacitados y de género, trabajo infantil, falta de cobertura de salud, no pago de tiempo extra, empleo de trabajadores indocumentados, agresión contra vendedores fuera de sus locales y otras. En Estados Unidos ha sido objeto de 40 “acciones de clase” en diversos Estados, principalmente por discriminación de género, implicando a millones de mujeres. En México tiene el primer lugar en demandas laborales en el Distrito Federal (Laura Gómez, La Jornada, 3/5/12).

Walmart de México (Walmart, Sam’s Club, Bodegas Aurrera, Superama, Suburbia, Vips, El Portón y Ragazzi) controla más de la mitad del mercado de ventas minoristas en el país, superando a todas las otras cadenas juntas. Tiene una agresiva política para eliminar competidores en ciudades y poblaciones más pequeñas, donde se establece muchas veces contra las protestas de la comunidad. Comienza ofreciendo precios más bajos y cuando los comercios locales desaparecen, los aumenta incluso considerablemente por arriba de nivel medio. Según Walmart Watch, organización de afectados por el gigante en Estados Unidos, por cada dos empleos que genera en una comunidad, se pierden tres.

 

La entrada del gigante a los contratos agrícolas con pequeños productores significó la ruina de muchos campesinos de Centroamérica, que seducidos por la supuesta “oportunidad”, quebraron en poco tiempo debido a las demandas de uniformidad, cantidad, plazos, empaques y el control impuesto de certificadoras internacionales, quedando con grandes deudas por las inversiones que realizaron para poder entrar al juego.

Los precios bajos de Walmart se deben también a la utilización sistemática de maquiladoras en condiciones de extrema explotación. Una trabajadora de una maquila en Bangladesh dijo a los Los Angeles Times en 2003 que su horario normal era de 8 de la mañana a 3 de la madrugada, para sobrevivir con el nivel de pagos que fijaba Walmart. El gerente de esa maquila se quejó de que “aún debían mejorar, porque Walmart conseguía mejores resultados en China”. En efecto, ahora 80 por ciento de los productos de Walmart son producidos en China, en pésimas condiciones laborales, a costa de la calidad y en varios casos demostrados, usando productos tóxicos por ser más baratos. De todas las exportaciones chinas, 12 por ciento van a los anaqueles de Walmart.

 

Walmart es un caso extremo de impactos contra trabajadores, consumidores, comunidades salud y ambiente, pero no es una excepción, es la norma del sistema industrial globalizado, particularmente en alimentos. Al otro extremo de esa misma cadena, con un historial de abusos semejante, están Monsanto, Syngenta y otras. Por fortuna, la mayoría de los alimentos son producidos fuera de esas cadenas por campesinos, pastores, pescadores artesanales y huertas urbanas. Apoyar esa producción y consumir productos locales y sin químicos es fundamental para minar a estos gigantes que quieren controlar nuestra comida, nuestra salud, nuestros trabajos, nuestras comunidades, nuestra vida.

* Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC.
La Jornada

Fuente: http://www.lahaine.org/index.php?p=61486

 

۞ Emanciparnos del sistema capitalista -cuyo funcionamiento patentiza Walmart- no provendrá de la integración con el Estado como lo realiza:

II FORO NACIONAL “Hacia Otra Economía” que se realizó en la ciudad de Mendoza, los días 10, 11 y 12 de Mayo de 2012 y  antes "solicita a los señores senadores acompañen la presente iniciativa" teniendo en cuenta los siguientes: "FUNDAMENTOS

 El Foro Hacia Otra Economía[1] es una iniciativa plural y abierta[2], organizada en forma conjunta desde varias universidades  públicas, instituciones estatales y organizaciones sociales que promueven la economía social y solidaria.

Entre sus objetivos generales establece: 1) Contribuir a la construcción de un sujeto colectivo a partir de una articulación permanente entre Universidades, organizaciones socio- económicas, movimientos sociales y Estado que se constituyan como polo de referencia promotor de otra Economía, inspirada en los criterios y principios de la Economía Social como practica emancipadora.2) Avanzar en la conceptualización de la otra Economía a partir de identificar y diferenciar los modelos en disputa: “transformación social o mientras tanto”.

Los Objetivos Específicos propuestos para tal alcance son: constituir el Foro en un espacio de aprendizaje colectivo; facilitar la articulación y la convergencia entre las distintas prácticas, buscando acuerdos y consensos parciales, respetando la pluralidad y dando lugar a las controversias; impulsar políticas públicas y normativas innovadoras en materia socioeconómica, dando cuenta de las transformaciones en curso en el mundo de la economía, de la producción y el trabajo, particularmente a nivel local y regional.

Como antecedentes, durante el año 2011 se realizó el primer Foro, en la sede de la Universidad Nacional General Sarmiento, sito en la localidad de Los Polvorines, con participación de más de un centenar de organizaciones, donde expusieron referentes académicos y dirigentes de diferentes organizaciones con experiencias de base en este campo. En razón del balance realizado se estableció avanzar y multiplicar la discusión y consensos con sentido federal, razón por la cual se realizará este año en la provincia de Mendoza.

Ante un escenario de crisis internacional, repensar otra economía en el marco de la comisión de  PYMES y de Economías Regionales trae como correlato la necesidad de reconocer y ampliar el diseño y gestión de Políticas Públicas que trasciendan su dimensión meramente asistencial con  nuevos regímenes de protección y regulación económica -productiva que incluyan la incorporación y participación activa de estos actores en el sistema económico tanto en escalas micro- meso y macro económica comprendiendo y acompañando su rol sustantivo en la construcción y dinámica integral del Territorio.

Por otra parte, esta iniciativa de alcance nacional se enmarca en un escenario en el que se viene desarrollando en diferentes lugares del continente Latinoamericano (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, México) y en nuestro país un proceso de institucionalización de las prácticas de la Economía Social y Solidaria[3]  a través de modificaciones de nivel constitucional, leyes nacionales, provinciales y ordenanzas municipales, practicas y procesos asociativos-solidarios de múltiples alcances productivos, culturales, educativos, de hábitat, entre otros  en la que sujetos económicos vienen participando e impulsando procesos de producción- trabajo –redistribución y consumo construyendo nuevos sentidos de racionalidad económica manifestándose en diversas prácticas a través de ferias, mercados, cooperativas, fabricas recuperadas, emprendimientos económicos asociativos con significativo impacto en el desarrollo territorial y regional.

Este evento, se enmarca asimismo en un proceso global de revisión de los marcos institucionales adecuados para el desarrollo sostenible y el diseño de una economía de transición, ejes sustantivos de la próxima Conferencia de las Naciones Unidas para el desarrollo Sostenible “RIO+20” (http://www.uncsd2012.org/rio20/) y la simultánea Cumbre de los Pueblos por la Justicia social y ambiental en defensa de los bienes comunes(http://rio20.net/), a realizarse ambas en Río de Janeiro a mediados del próximo mes de Junio. En razón de los argumentos expresados solicito a los señores senadores acompañen la presente iniciativa".

A continuación está: "El Senado de la Nación. DECLARA. De interés parlamentario la realización del II FORO NACIONAL “Hacia Otra Economía” ". Fuente: http://www.ungs.edu.ar/foro_economia/wp-content/uploads/2012/04/Declaración-de-interes-parlamentario.doc

 

۞ Justo el Senado de la Nación que representa al neofeudalismo reinante en el país por una ciudadanía de baja intensidad sobre todo en las provincias a la cual la mayoría naturalizamos.

 

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A) Veamos porqué independizar la lucha por otro país-mundo posible del gobierno-Estado CFK:

 

1. “Burguesía nacional” que el proyecto político del kirchnerismo considera como un protagonista principal del capitalismo serio

 

A dos meses de la tragedia de Once

Por: Juan Pablo Olsson (INFOSUR)

 

No debemos permitir que la efervescencia provocada por la expropiación del 51% de Repsol- YPF encubra el significado de la tragedia de Once, que el 22 de febrero pasado dejó 51 muertos y más de 700 heridos. Se trata de analizar la lógica de construcción de poder económico y político del kirchnerismo, que tiene en el Grupo Cirigliano uno de los ejemplos más paradigmáticos del crecimiento empresario a costa de subsidios del Estado y corrupción. Al mismo tiempo, este grupo muestra la relación directa entre corrupción y muerte de víctimas inocentes, como consecuencia de la irresponsabilidad y la impunidad de su accionar, favorecido por la complicidad de funcionarios del gobierno.

El fiscal de la causa, Federico Delgado, considera que fueron las condiciones en que se prestaba el servicio las que influyeron en el accidente, en tanto no se tomaron las medidas preventivas y de mantenimiento que debieron tomarse; en consecuencia, al evaluar que existió una “connivencia” entre los funcionarios y la empresa, las mayores imputaciones de la tragedia recaen sobre los organismos del Estado dependientes del Ministerio de Planificación: la Secretaría de Transporte y la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) junto a los dueños y ejecutivos de TBA. Otro elemento clave será el resultado de la pericia contable de la empresa, a fin de establecer la forma en que TBA utilizó los subsidios que le ha aportado el Estado: en teoría, esos fondos debieran haberse destinado principalmente al pago de sueldos y al mantenimiento de los trenes. No es esta la única causa del Grupo Cirigliano, ya que se lo ha vinculado con el enriquecimiento ilícito del anterior Secretario de Transportes Ricardo Jaime, escandalosamente absuelto por el inefable juez Oyarbide, lo cual da cuenta de la necesaria complicidad judicial. Pero los subsidios de TBA tampoco han sido la única fuente de su acelerada acumulación de capital y su crecimiento empresario.

 

El grupo Plaza comenzó en 1959 con un colectivo comprado por Nicola Cirigliano, padre de Mario y Claudio, al poco tiempo de llegar desde Italia. Al cabo de unos años, adquirió las líneas 61 y 62 y en 1975 les cedió la gestión a sus hijos. Desde entonces se iniciaron relaciones con el poder militar; pero el avance decisivo llegó gracias a sus relaciones con Menem: en 1991 la empresa Transporte Automotor Plaza integra el holding COMETRANS, que en 1994 gana la licitación de Trenes de Buenos Aires (TBA) y con las líneas Mitre y Sarmiento concentra el 40% de los trenes de pasajeros metropolitanos. En 1993 instalan dos fábricas: Emprendimientos Ferroviarios S.A (EMFER) -dedicada a la reparación y mantenimiento de carrocería de trenes- y Tecnología Avanzada en Transporte S.A (TATSA) para armado y refacción de vehículos de transporte público de pasajeros; lo cual les permite facturar esos trabajos, aunque no los hayan realizado. Pero la cercanía con el poder se incrementa aún más a partir del 2003, gracias a los aportes que Claudio Cirigliano reúne para la campaña presidencial de Néstor Kirchner. Favorecidos por esas relaciones, van adquiriendo sucesivas líneas de colectivos, hasta llegar a contar con 1.500 unidades de corta, media y larga distancia, que transportan actualmente alrededor de 200 millones de pasajeros por año.

 

Además de las empresas dedicadas a cría de ganado, inversiones y transacciones inmobiliarias, al llegar la televisión digital terrestre, la íntima vinculación con los gobiernos Kirchner les permitió acceder a nuevos rubros. El holding COMETRANS, que integra mayoritariamente el Grupo Plaza de los hermanos Cirigliano, fue uno de los principales beneficiados por el gobierno nacional, para el armado de los decodificadores que se repartieron en forma gratuita a 1.2 millones de beneficiarios de planes sociales, antes del inicio del Mundial de Fútbol de Sudáfrica.

 

Siguiendo la misma dinámica, con su empresa Corporate Corp en 2010 proveyeron 250.000 netbooks escolares para el plan Conectar Igualdad. Su relación directa con el Ministro de Planificación Julio De Vido, les permitió además participar en uno de sus últimos grandes negocios: a través Cometrans Qatar, en enero de 2011 se acordó un proyecto para que Argentina importe 8 millones de dólares diarios de gas, junto a la instalación de una planta de regasificación en el sur de nuestro país. De este modo, los Cirigliano suman a sus múltiples actividades, ni más ni menos que el transporte y la manipulación de gas licuado: una actividad considerada de altísimo riesgo, ya que cualquier accidente generado en barcos gasíferos por negligencia o falta de mantenimiento, equivale a la explosión de varias bombas atómicas.

 

El Grupo Cirigliano es uno de los ejemplos nefastos de esa “burguesía nacional” que el proyecto político del kirchnerismo considera como un protagonista principal del capitalismo serio. En los tiempos K, el proceso de acumulación primitiva y reproducción del capital tiene dos fuentes principales: por un lado, la corrupción, que permite enriquecerse mediante negocios privados con bienes públicos y, por otro, las comisiones y coimas que se cobran a las corporaciones y bancos extranjeros para garantizarles su accionar impune en el país: la Barrick Gold es sólo uno de ellos

 

Fuente: http://www.argenpress.info/2012/05/dos-meses-de-la-tragedia-de-once.html

 

2. "Sintonía fina" significa ante todo pasar del pacto (Gobierno y CGT con UIA) a la deslegitimación de la lucha de sujetos colectivos de derechos y autonomía

 

 

Sobre el 1º de mayo de 2012

Por: Julio C. Gambina (especial para ARGENPRESS.info)

Cada celebración del día internacional de los trabajadores nos da la oportunidad de discutir sobre el papel de los proletarios en la sociedad contemporánea: el capitalismo en crisis.
No resulta una novedad si destacamos en la coyuntura
la ofensiva del capital sobre el trabajo en nuestro tiempo, el que consignamos en las últimas cuatro décadas. Hace tiempo se inició el desarme histórico de las conquistas logradas en memorables luchas del movimiento de trabajadores. Ese desarme histórico se inició en Sudamérica, con el golpe de Estado en Chile y sus émulos en los países vecinos. Fue una iniciativa de desorganización de los trabajadores para facilitar el camino de transformación hacia la iniciativa privada y el neoliberalismo. El trayecto iniciado en Santiago y continuado en el Cono Sur de América se proyectó a Londres y a Washington para recalar en el primer mundo a caballo del paso de la década del 70´ a la del 80´, y desde entonces generalizarse en el mundo hasta la presente crisis mundial del capitalismo. En este trayecto son cuantiosas las pérdidas de derechos de los trabajadores en todo el mundo, especialmente de sus ingresos, agudizando el fenómeno de la explotación, recreando la esencia del funcionamiento capitalista. La relación salarial capitalista se extiende en todo el mundo, universalizando el régimen de explotación. El capital, en la era de la transnacionalización subordina a la población trabajadora del mundo a vender, en condiciones cada vez más miserable, su fuerza de trabajo.

  • Es cierto que en esta década, en la región latinoamericana se verifican mejorías relativas en los indicadores sociales, sea por salario o empleo, aunque sin recuperar la media lograda hacia los años 70. La mejora relativa de este tiempo es contra el peor momento de la crisis emergente en el cambio del siglo XX al XXI. La CEPAL informa que a fines del 2010 existen 177 millones de pobres en América Latina y el Caribe (el 30,4% de la población), de los cuales, 70 millones son indigentes (el 12,8% del total de habitantes). (1) La cifra era mayor en el 2002, con 225 millones de pobres (43,9% de la población) y 99 millones de indigentes (19,3% de los habitantes).

  • Es cierto que hubo una merma de la pobreza en la región latinoamericana derivada del gran crecimiento desde 2003, pero sobre la base del mantenimiento de una importante brecha entre los sectores de mayores ingresos y los sectores sociales empobrecidos. Además, ese crecimiento generó deformaciones en la estructura productiva y ocupacional, que como señala la titular de CEPAL Alicia Bárcena al destacar que “…estos logros están siendo amenazados por las enormes brechas que presenta la estructura productiva de la región, y por los mercados laborales que generan empleos de baja productividad, sin protección social".

 La ofensiva del capital sobre el trabajo es un fenómeno estructural que lleva cuatro décadas y que empieza a tener límites en la múltiples indignaciones construidas en la década, sean los movimientos de piqueteros, fábricas recuperadas y trabajadores en búsqueda de nueva organicidad (CTA) hacia la crisis del 2001; el movimiento indígena en la zona andina; los estudiantes chilenos y colombianos en el último año y una multiplicidad de protestas que definen en el ciclo de crisis un oponente al proyecto liberalizador de las clases dominantes.

 

Los trabajadores en la Argentina

 

Hablar de los trabajadores en la Argentina remite a un universo de 17 millones de personas que componen la población económicamente activa (PEA), o en edad de trabajar, entre los que se cuentan, según el INDEC, más 1.216.000 desocupados (7%) y unos 15.762.000 (93%) ocupados. La PEA incluye a los trabajadores y a los patrones, y excluye a los estudiantes y las amas de casa, lo cual constituye una limitación, pues existen mujeres desocupadas que reproducen la conducta impuesta de las tareas del hogar disminuyendo el impacto del desempleo. Algo similar ocurre con los estudiantes, cuya situación disimula el carácter de desempleado o posterga el ingreso de los jóvenes al mercado de trabajo, induciendo una lectura inadecuada de los niveles reales de desempleo.

 

En el cuadro puede verse que según sea el empleador, existen 2.649.000 trabajadores del sector público (nacional, provincial y municipal) y casi 13 millones en el sector privado. Los trabajadores asalariados son 9.243.000; entre los cuales, se destacan 5.257.000 (57%) trabajadores registrados y 2.866.000 (31%) no registrados.

 

Situación de la PEA en Argentina 2011

PEA 16.978.000 100%

Desocupados 1.216.000 7%

Ocupados 15.762.000 93%

Planes de empleo 131.000 1%

Estatales 2.649.000 17%

Privados 12.983.000 83%

Patrón y trabajadores familiares sin remuneración 861.000 7%

Trabajadores x cuenta propia 2.857.000 22%

Asalariados 9.243.000 71%

Registrados 5.257.000 57%

No registrados 2.866.000 31%

Servicio doméstico 1.120.000 12%

 

En los datos mencionados sobresale el desempleo (7%) y los trabajadores no registrados (31%), porque hay que retroceder mucho en la historia para encontrar esos registros de desempleo y precariedad. En los 70´ el desempleo oscila entre el 3 y el 5%; en los 80´ entre 4 y 8%; y en los 90´ entre el 7 y el 11% en la primera mitad, y luego pasa a los picos del 18% en 1995 y 21,5% en 2002.

 

El saldo, luego de cuatro décadas de ofensiva del capital constituye una brutal transferencia de recursos desde los salarios a las ganancias, ya que la distribución de la renta muestra, que recién en 2011, la participación del salario alcanza a los valores de 1999, previo a la gran pérdida de ingresos que supuso para los trabajadores los últimos años de la convertibilidad, durante la recesión entre 1998 y 2002, y el proceso de devaluación del 2002, agravado con la emergencia de la inflación desde el 2006.

 

El balance de la última década (2002-2011) incluye para los trabajadores la contradicción de la expansión del empleo a tasas no conocidas en la historia económica de la Argentina, pero con salarios bajos y precariedad laboral, que en contrapartida significó asegurar grandes ganancias derivadas de la reactivación de la economía Argentina. La mejora salarial ocurrida en la Argentina se opera desde el 2002, pero aún no alcanza los valores relativos del 2001, y bastante más lejos del mejor momento previo a la recesión entre 1998 y 2002. Si la base de cálculo del INDEC remite a valores de 1993, el índice salarial marca 88,6 para 1994, y baja hasta 77,4 en el 2001, siendo de 72,88 en el 2011. (2)

 

Más allá de contar trabajadores y sus niveles de ingreso, o situación laboral, conviene considerar las condiciones de su organicidad. La ofensiva contra los trabajadores supuso su desorganización social, sindical y política. El ataque contra los trabajadores no fue sólo en la represión, o en la expropiación del ingreso y en la mayor explotación, sino en deterioro de su capacidad de respuesta sindical, social y política.

El resultado es la pérdida en términos de democracia económica, política y social. Recuperar la capacidad de organización de los trabajadores es una cuestión democrática, necesaria e imprescindible para pensar en un pasaje de la larga resistencia contra la ofensiva del capital a una contraofensiva de los trabajadores. La recuperación de la economía recreó las condiciones de la negociación salarial, no así de las condiciones de trabajo, pero sólo para el tercio de trabajadores sindicalizados.

 El modelo sindical en discusión

Resulta interesante comprobar que en la última década, el movimiento de trabajadores en la Argentina contiene colectivos sindicalizados y otros en similar cantidad agrupados en organizaciones sectoriales ó territoriales, dando cuenta de un fenómeno global de extensión de la masa de los trabajadores por fuera de la relación laboral y por ende de la sindicalización. Hay que destacar que en los 90´ surgió en la Argentina la CTA, para intentar expresar ese fenómeno y constituir un nuevo modelo sindical, superador de la contención corporativa y burocrática persistente en el sindicalismo tradicional en las diferentes variantes de la CGT. La CTA contiene en su seno a trabajadores ocupados o no, sindicalizados o no, incluyendo afiliaciones individuales, sólo por su carácter de trabajadores.

 

La ruptura de la CTA en el 2010 desafía al nuevo modelo sindical a expresar la necesidad histórica y contemporánea del movimiento de trabajadores en la Argentina. Claro que es una situación que se procesa en la disputa mundial por hacer emerger una nueva representación política y social de los trabajadores, tal como se intenta en el Encuentro Sindical Nuestra América, que se apresta a desarrollar su próximo cónclave anual entre el 21 y 23 de mayo próximo en la ciudad de México (3). Es curioso como el viejo modelo reflota ante situaciones críticas. Días pasados y a propósito de la expropiación de YPF, la Central Sindical española, Comisiones Obreras (CCOO) se pronunció a favor de la empresa, de los accionistas y la “seguridad jurídica” de los inversores, todo en defensa corporativa de los trabajadores españoles de la transnacional REPSOL (4). Es una actitud “nacionalista” en tiempos de transnacionalización. Claro que sobraron los ejemplos en contra desde la misma España, tal el caso de la CIGa de Galicia (5), o LAB del país Vasco (6), por sólo considerar pronunciamientos hispanos, los que asociaron a múltiples solidaridades de los pueblos de Europa y del mundo. No es distinto a la solidaridad del sindicalismo europeo (tradicional) con los bombardeos sobre Libia, o las solidaridades “humanitarias” ante variadas invasiones imperialistas sobre soberanos países. También existe sindicalismo alternativo en el continente europeo.

 

Es que la cuestión del modelo sindical define el presente y el futuro del movimiento de trabajadores. En este 1º de mayo conviene discutir el tema, ya que algunas organizaciones sindicales y sus dirigentes privilegian la defensa de sus intereses nacionales y sindicales por encima de los de la clase de trabajadores, mayoritariamente no sindicalizados, informales y precarios en las condiciones en que se desarrolla el mercado de trabajo en la actualidad.

 

Defender los intereses de los trabajadores en 2012 supone recuperar la consigna del Manifiesto Comunista de 1848: ¡proletarios del mundo, uníos! Pero ahora, sin la restricción territorial que suponía un mundo “europeo” a mediados del Siglo XIX. La transnacionalización de la economía impone la tendencia a la universalización de la relación de explotación y la subsunción real del trabajo en el capital, como señala Marx; una subordinación que involucra crecientemente a la naturaleza y a la sociedad en su conjunto. Un problema de nuestro tiempo es la limitación “nacionalista” de las reivindicaciones de los trabajadores, que subordina los intereses de los trabajadores a la dominación “burguesa nacional” (crecientemente trasnacionalizada). Muy distinto resulta la confrontación con el imperialismo desde posiciones nacionales (populares), las que se asumen articuladamente con las luchas de los trabajadores en todos los territorios, sin mediaciones de los Estados capitalistas y sus compromisos con las clases dominantes locales y globales. El comentario es pertinente ante la situación de crisis mundial del capitalismo, ya que no hay Nación que pueda quedar al margen de la crisis y de la ofensiva del capital para superarla.

 

Los trabajadores estamos desafiados a luchar nacionalmente contra las manifestaciones de la ofensiva del capital en cada uno de nuestros países, pero no se puede hacer al margen de una lucha global contra el régimen del capital. Como en el Manifiesto, 164 años después se requiere elaborar un programa de transformaciones socioeconómicas que parta de la lucha por la reducción de la jornada de trabajo sin afectar ingresos y que renueve las condiciones de una acumulación de poder de los trabajadores para luchar contra la explotación del hombre por el hombre. Del mismo modo que en los comienzos de su constitución como sujetos por la emancipación, hoy, los trabajadores debemos recuperar capacidad organización y lucha para la transformación de la sociedad, en tanto problema social, económico, político y cultural. La emancipación de los trabajadores es la búsqueda de la liberación del conjunto de la sociedad.

 

¡Ante la crisis capitalista, alentemos las búsquedas de

la unidad de los trabajadores por la emancipación social!

Fuente: http://www.argenpress.info/2012/05/sobre-el-1-de-mayo-de-2012.html

 

 

B) Veamos cómo es posible construir democracia desde abajo

 

De la democracia de la calle a los Consejos Comunales: la democracia desde abajo en Venezuela

 

Por Andrés Antillano (Rebelión)

 

Nos proponemos en este trabajo discutir sobre las formas de democracia desde abajo ensayadas por los sectores populares venezolanos durante los últimos años, en un arco que se extiende desde la crisis de la democracia representativa, a fines de los años 80, hasta la actualidad1. Reseñar, de modo general y sin pretensiones de exhaustividad, las prácticas colectivas en que incuban nuevas formas de acción política y de democratización, que desestructuran las viejas figuras de la dominación y amplían los contextos y las formas de ejercicio de soberanía popular. Preguntarse por las condiciones en que emergen y los sujetos que las hacen posibles, las características que adoptan –su distancia con las anteriores tácticas obreras y populares- sus modos de socialización, sus escenarios.

Si bien nos referiremos a las prácticas y sujetos populares urbanos en Venezuela, probablemente mucho de lo que se diga sea común a otros contextos y procesos: los piqueteros argentinos, las luchas urbanas de las periferias bolivianas, las revueltas de los barrios pobres en todo el continente. Otras consideraciones, en cambio, sólo tendrían sentido para el caso de Venezuela: la relación con el Estado y el significado de la autonomía en un contexto como el venezolano, en que el Estado se convierte en el principal propietario de los medios de producción y regulador de la vida social, tema que adquiere mayor relevancia y complejidad en las relaciones entre las luchas popular y el gobierno chavista. (...)

 

La crisis de la representatividad y la insurgencia de la democracia de la calle.

A fines de febrero de 1989, habitantes de los barrios pobres que rodean Caracas protagonizaron un masivo levantamiento que se prolongó durante días, para solo cesar a costa de una brutal represión que dejó un número incontable de muertos. Ésta, que fue probablemente la primera rebelión popular contra el neoliberalismo en el continente, también divide las aguas de la historia de Venezuela. El segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, que poco antes había ascendido al poder prometiendo reeditar la oferta populista de su primer mandato para, en cambio, imponer un draconiano paquete de medidas económicas neoliberales, cayó en una crisis de legitimidad que desembocó en su expulsión del poder pocos años después. A la vez, se inicia un ciclo de protestas populares cada vez más politizadas y confrontacionales, que es determinante en los acontecimientos posteriores. Finalmente, un grupo de militares que tienen en el llamado Caracazo su bautismo de sangre, deciden no poner nunca más sus armas contra el pueblo, gestándose al interior del ejercito una corriente de descontento que daría lugar a los levantamientos militares del año 92. Febrero de 1989 cambió la historia del país.

Pero además, el Caracazo supone la emergencia, violenta y definitiva, de un nuevo sujeto popular. Si los episodios de luchas de masas habían sido protagonizados hasta entonces por estudiantes y movimientos sindicales, el 27 de febrero de 1989 es testigo de la insurgencia de un sujeto marcado por la pérdida de la condición laboral, esencialmente desempleados o trabajadores precarios, excluidos tanto del mundo del trabajo, del consumo y, en tanto habitantes de las periferias urbanas empobrecidas, de la ciudad como trama de inscripción social.

Se trata entonces de un sujeto excluido y precarizado, que no tiene a la fábrica como espacio de socialización y organización, pues es el barrio y las relaciones de convivencia y solidaridad las que le dan forma; ya no es la lucha por el rescate del trabajo o la plusvalía la que lo moviliza, pues la vida toda es ahora un bien en disputa; la ciudad, y especialmente los suburbios, es la superficie de su irrupción. No es casual que las protestas de aquel día se hayan desencadenado en las ciudades satélites de los pobres en contra del alza del pasaje, para luego extenderse a toda la ciudad y diversificar sus objetivos, enfrentándose a la policía, saqueando comercios o destruyendo vehículos e inmuebles.

Este sujeto, que tiene sus precedentes en luchas de marcado carácter urbano como las protestas por el agua, contra el alza del pasaje o contra intentos de desalojo de barrios populares, desarrolladas en los años previos, se convertirá en el actor central de los procesos históricos que vivirá Venezuela desde entonces y hasta la fecha. Su gestación es inseparable de las nuevas formas que adquiere el capital, el trastrocamiento del capital productivo en capital especulativo que parasita todas las esferas de la vida; que sustituye la ganancia, producida en la explotación directa del trabajo, por la renta, extraída de todas las actividades y necesidades colectivas. No se trata ya de luchas laborales. El ataque masivo a la vida supone que la vida toda, las condiciones para su reproducción (vivienda, servicio, consumo, recreación y afirmación simbólica), se vuelve materia de lucha.

Sus formas de lucha son propias de su naturaleza y de la naturaleza de sus demandas: la recuperación de espacios y bienes expropiados por la lógica del capital, privatizados o excluyentes, la toma de terrenos, de fábricas, de espacios públicos, la apropiación violenta de bienes y servicios, la acción directa y explosiva. La calle es su escenario. Se abandonan las formas tradicionales de organización. El tumulto, la auto-convocatoria, la asamblea sustituyen a estructuras formales y rígidas de pertenencia.

Tanto sus demandas, sus métodos y sus formas de organización implican, de manera inmediata y directa, una transgresión de los límites de las formas democráticas tradicionales, encorsetadas en la representación de intereses y en los canales institucionales por los que discurriría esa representación. Se trata en cambio de la puesta en escena de formas de democracia plebeya, de calle, en que por la vía de la acción directa de las masas se desestructuran las formas de dominación y se apropian colectivamente de espacios y procesos de los que son excluidos.

Esta acción política de las masas supone la crisis de la representación. Partidos, sindicatos y otras formas de intermediación conocen un acelerado proceso de deslegitimación, al igual que los medios convencionales de participación política (por ejemplo, la vertiginosa caída de la participación electoral, tradicionalmente alta en Venezuela, desde fines de los 80). Toda forma de representación e intermediación será, desde entonces, violentamente recusada. Sólo quedarán, uno frente al otro, el sujeto popular, tumultuario e ingobernable, y el Estado, que desnuda su rostro más cruel y autoritario. La violencia de Estado y la represión sustituirán desde entonces a las desgastadas formas de representación y cooptación. La masiva y cruenta represión con que el Estado enfrenta las protestas de febrero establecerá el estado de excepción como dispositivo permanente para el gobierno de los pobres. (...)

 

De la turba a los Consejos Comunales

En 2003 se crean los Consejos Locales de Planificación Pública (CLPP), figura prevista en la Constitución de 1999. Aunque su impacto en la vida política popular fue reducido, y el interés que en un principio despertó se desvaneció rápidamente, su mención es importante para entender los cambios de tácticas en la relación entre gobierno y el sujeto popular.

Esta modalidad de participación es una versión del presupuesto participativo, instrumento que, luego de experiencias locales en Brasil, se ha extendido a gobiernos de todo signo ideológico. Sin embargo, en el contexto político venezolano, supuso un cambio significativo en las modalidades de participación popular. Si las anteriores figuras de participación implicaban, al menos retóricamente, el reconocimiento de poder de definición sobre la gestión por parte de las bases populares, no excluían necesariamente el conflicto. Por el contrario, lo potenciaban dentro del terreno institucional. La participación comportaba una pérdida de poder para alguna de las partes involucradas, y esto significó con frecuencia álgidos conflictos entre las instancias gubernamentales y los actores populares a que se les abrían espacios. Era habitual protestas de las cooperativas contra los organismos que las contrataban exigiendo mejoras o enfrentando intentos de tercerización encubiertos. En el caso de los Comités de Tierra, podían estar un día sentados con los responsables de la políticas de vivienda, y al otro manifestándose en la calle contra estas mismas políticas, sin que que tal contraste supusiera una contradicción.

Pero con los CLPP esta tensión se resuelve a favor de la institucionalización de la participación. Además del hecho de que los participantes fueron electos por un número pequeño de activistas (un requisito era formar parte de una organización formal, dejando de lado la práctica de asamblea abierta que hasta ahora había prevalecido), la actividad en los CLPP se redujo a presentar proyectos para su aprobación en el presupuesto ordinario del municipio, lo que estimuló el conflicto entre comunidades que competían por los recursos y las prácticas clientelares y burocráticas para lograr el favoritismo de los decisores institucionales.

Una de las principales limitaciones de los CLPP, advertida tempranamente, era la participación de segundo grado, que concentraba el poder en delegados cuya comunicación con las bases populares era escasa. A la vez, su competencia reducida a la elaboración del presupuesto local, cuando la cultura institucional venezolana es prolífica en manejos discrecionales de recursos extraordinarios, le restaron significación y eficacia política.

Dos años más tarde se crean, por vía de Ley, los Consejos Comunales, como un intento de superar las limitaciones de los Consejos Locales de Planificación Pública a través de la creación de instancias territoriales de base, que formulan y ejecutan planes y proyectos locales. Pero su calado es aun más relevante. Los Consejos Comunales, cuyo nacimiento coinciden con la declaración del carácter socialista de la revolución bolivariana, se entienden como un esfuerzo por construir una democracia consejista y una nueva arquitectura estatal que descanse en órganos del poder popular. La propuesta prende rápidamente y se crean decenas de miles de Consejos Comunales por todo el país.

Como ya hemos sugerido, desde la convocatoria a una Constituyente o la definición constitucional del régimen político como una democracia participativa y protagónica, hasta las distintas figuras de cogestión y participación, la construcción de formas de democracia que superen el esquema de la representación y promuevan el autogobierno y la participación popular en el ejercicio del gobierno, ha sido parte del programa bolivariano desde los inicios del gobierno chavista, por lo que la institución de un mecanismo de participación y poder popular como los Consejos Comunales, sería una consecuencia necesaria y esperada.

En efecto, los Consejos Comunales pueden ser entendidos como resultado de un proceso de acumulación y ampliación de prácticas y contenidos de democracia desde abajo, así como de radicalización democrática del proceso político venezolano, desde la contestación anti-neoliberal hasta la asunción del horizonte socialista. En tal sentido, suponen un salto, en calidad y cantidad, de los procesos de participación popular. Pero por otra parte, en tanto que su génesis se encuentra en una iniciativa estatal, en un momento en que se culmina la recomposición de la capacidad de comando del Estado como consecuencia de la derrota política de la derecha y del aumento de las arcas fiscales, más que en un proceso de auto-organización, han potenciado también el riesgo de institucionalización y administración de la movilización popular.

Algunos rasgos que se han sido acentuado en la implementación de los Consejos Comunales (tanto en algunas de sus definiciones, en la forma en que se constituyen muchos de ellos, digitados por distintas instituciones frecuentemente con el claro interés de mantener un control sobre los mismos, así como también en el tipo de relaciones que se han favorecido desde el Estado) contribuyen a este último efecto. Por una parte, se enfatiza en su papel en la gestión local, comunal, con poca –o ninguna- participación en la definición de políticas públicas o asuntos que trasciendan de su ámbito cercano. Aun en este contexto, la tarea que fundamentalmente han cumplido los Consejos Comunales ha sido la de formular y ejecutar, por vía de transferencia de recursos estatales, proyectos para mejoras locales. Esto ha implicado la reducción del ámbito de participación al reducido espacio social de la comunidad, desvinculándose de procesos más globales y estructurales, y a una labor de gestión, intermediando entre el Estado, que aprueba los proyectos y transfiere los recursos, y la comunidad. Pero adicionalmente, la búsqueda de recursos para mejorar condiciones de vida local contribuye a la competencia y aislamiento entre los distintos Consejos, que pugnan entre sí por la aprobación de sus proyectos, favoreciendo una relación clientelar con el Estado y de desagregación de las demandas en iniciativas estrictamente locales.

Por otra parte, a diferencia de otras experiencias consejistas en la historia, que nacen con un marcado carácter de clase, bien porque su lugar de desarrollo es la fábrica, o por contar en su dirección a los trabajadores organizados, los Consejos Comunales privilegian como contexto el territorio y como sujeto a la comunidad, muchas veces velando el carácter de clases de las contradicciones y, en consecuencia, de la lucha por el poder. Las experiencias consejistas que se desarrollan dentro de las empresas, o que tienen a la clase obrera como sujeto fundamental, responderían a una comprensión histórica de que es la disputa por las relaciones de producción la base del poder político. Si bien podríamos conceder que la producción, al menos la producción fabril, ya no sería el centro ni de la dominación ni de la lucha de clases, y así lo indicaría que el sujeto de los cambios recientes en Venezuela no sean los obreros industriales, habría que preguntarse si este papel lo juega ahora la comunidad, y si las relaciones de dominación, y la posibilidad de sustituirlas por relaciones democráticas y de poder desde abajo, se expresan principalmente en territorios acotados. En otras palabras, si es la comunidad, desagregada en demandas locales, y sus relaciones, la fuente objetiva de una forma de poder que le otorgue a los de abajo la soberanía y dirección de la sociedad en su conjunto.

En la práctica, un número significativo de experiencias de Consejos Comunales limitan su actividad a la gestión frente al Estado y administración de recursos frente a sus bases. Por supuesto no es posible negar los avances significativos que aún tan restringida labor implica en el mejoramiento de las condiciones de vida, especialmente en comunidades tradicionalmente excluidas, así como en el desarrollo de aprendizaje y capacidades locales, en una suerte de efecto “propedéutico” que permite la acumulación de experiencias que cualifican a los actores locales para plantearse desafíos de otra naturaleza. Pero en general, sin desconocer numerosas e importantes excepciones, se ha impuesto un proceso de apaciguamiento, desmovilización y despolitización del ejercicio del poder popular, en tanto que se le desvincula de los intereses de clase y de su articulación en proyectos generales, condición de la politización. Se pasa de la movilización a la gestión, del conflicto con el Estado al asistencialismo, del protagonismo popular a la subordinación.

Es una especie común de la oposición y de sus medios, demonizar a los Consejos Comunales por su supuesto control e instrumentalización por parte del gobierno y sus afines, implicando en consecuencia una amenaza para el pluralismo y la democracia. Este tipo de afirmaciones no sólo son falsas (por su propia naturaleza los Consejos Comunales convocan a distintos actores de la comunidad, incluyendo a opositores, y en áreas de clases medias y altas son hegemonizados por sectores antichavistas), sino que encubren el verdadero riesgo para la democracia (aunque en un sentido completamente opuesto al que pretende la oposición) que por el predominio de determinado tipo de relación con los Consejos Comunales, y en general con las distintas expresiones y formas de participación popular, se juega en estos momentos en Venezuela. Más que el peligro de su instrumentalización política, sería en buena medida lo contrario: su despolitización, el vaciamiento de su valor revolucionario y transformador, el predominio de un tipo de relación entre pueblo y Estado en que prima el asistencialismo y las prácticas gestoras. Paradójicamente, lo realmente amenazado, y esto estaría relacionado con los magros resultados en las últimas citas electorales, es el propio proyecto chavista, fundado y sostenido por la permanente movilización popular2.

 

La comunidad como sujeto del poder popular.

¿Es la comunidad una categoría que potencie la democracia desde abajo, tal como se ha instalado en el discurso político en los últimos años?

La noción de comunidad cuenta con una amplia solera en el debate sociológico occidental. Tanto en el socialismo utópico como en las tempranas elaboraciones de las ciencias sociales, la comunidad es vista de manera nostálgica o como crítica al individualismo de la sociedad moderna. Por otro lado, en América Latina, la comunidad se convierte en un constructo político de primer orden de importancia en el desafío de la construcción del Estado nación homogeneizante y racista, en las tradiciones campesinas, indígenas y en los programas políticos beben de estas tradiciones, como el katarismo en el altiplano boliviano y el zapatismo en los pueblos indígenas de Chiapas.

Sin embargo, la recepción reciente de la comunidad en América Latina no proviene de estas fuentes, sino del influjo de los discursos conservadores que nacieron de gobiernos neoliberales en los países centrales. En ellos el nuevo comunitarismo ofrece una alternativa ideológica eficaz tanto a los discursos universales centrados en la ciudadanía, propios de las posturas socialdemócratas recién desalojadas del poder, y al discurso de las clases sociales de las posturas más a la izquierda. La comunidad se opone a cualquier universalismo, para despolitizar y restar legitimidad a las demandas universales propias del Estado de bienestar o a programas políticos que pretendieran la transformación de la estructura social.

En tal sentido, la noción de comunidad como sujeto, al menos como se tramita en los programas políticos tanto neoliberales como progresistas dominantes en el continente, es insensible a las diferencias de clases. No hay ninguna diferencia entre una comunidad excluida, que lucha por acceder a bienes y servicios básicos negados, y una comunidad de clase media que se organiza para, por ejemplo, defenderse de los extraños y mejorar la seguridad. La noción de comunidad despolitiza, disolviendo las demandas políticas, universales por naturaleza, en demandas particulares, susceptibles de gestión sin alterar las relaciones de poder y dominio. La comunidad desmoviliza: en comunidades excluidas y empobrecidas, el énfasis en lo local encubre las determinantes de su condición, de naturaleza sistémica, y por ello extra-local. Finalmente, la centralidad de la comunidad en la gestión política promueve prácticas y valores conservadores, pues la primacía de los intereses del grupo local conduce a mirar con recelo a los “extraños”, así sean de la misma clase social.

No se trata de desconocer la importancia de los procesos comunitarios en el continente, ni la potencia transformadora de la forma comunidad3, en tanto ámbito en que se incuban nuevas relaciones sociales basadas en la solidaridad y la equidad, sino de advertir sobre los riesgos que una recepción acrítica del concepto puede acarrear para el ejercicio político. No es casual que la retórica de la comunidad esté presente por igual en procesos como el venezolano y en el discurso oficial del gobierno colombiano.

 

El protagonismo popular en Venezuela: desafíos y amenazas.

A partir de la derrota política del bloque reaccionario en el referéndum de 2004, y de la recuperación del papel del Estado en la economía, con la renacionalización de la industria petrolera en 2003 y el incremento de los ingresos fiscales en los años subsiguientes, se culmina la derrota del proyecto neoliberal que se había iniciado en 1989. El resultado es el fortalecimiento de la capacidad reguladora, productiva y redistributiva del Estado. Sin embargo, una vez derrotado el neoliberalismo, el riesgo pasa a ser el remozamiento del capitalismo de Estado, fórmula vigente en Venezuela al menos desde 1958 hasta los años 80, soportado en el papel del Estado en la apropiación y distribución de la renta petrolera. Esto implica el surgimiento de nuevas elites económicas al amparo de la inversión estatal, pero también reconducir y refrenar la movilización popular, evitando así que ponga en peligro el nuevo cuadro de dominación.

Así, la recomposición del Estado y el reacomodo del bloque dominante con la emergencia de nuevas elites ha sido correlativo a los esfuerzos por reducir el protagonismo popular, sustituyendo la movilización por el encuadramiento institucional de la participación, y el ejercicio del poder desde abajo por prácticas clientelares y asistencialistas. Se trataría de sustituir la redistribución del poder por la redistribución de la renta. Vaciar la participación popular de cualquier signo inquietante, de cualquier potencia transformadora, reducirla a la pura gestión despolitizada que no interpele al Estado y a los nuevos grupos de poder.

El socialismo no es sólo redistribución. Implica soberanía popular, el control efectivo por parte del pueblo del proceso de producción social. Si el poder popular no es poder para transformar las relaciones que excluyen del ejercicio de la soberanía, si se reduce únicamente a la negociación de prebendas, a la gestión de recursos, y no deviene práctica transformadora, capaz de subvertir las relaciones de dominación y de apropiación privada de la producción social, sea en sus modalidades pasadas o en sus nuevas expresiones, entonces no es verdaderamente poder popular, acaso administración más o menos benévola.

Por supuesto ésta no es una situación definida y clausurada. A la par de las tendencias dirigidas a la cooptación, reconducción y administración del ejercicio del poder popular, cobran fuerza prácticas de signo contrario. La aparición de experiencias aún incipientes de control obrero en empresas estatales, en que el problema del poder se juega en la confrontación entre los trabajadores y el patrón, aquí bajo la figura del Estado-patrón, los signos de desgaste del esquema asistencialista y la subsecuente movilización de Consejos Comunales y otros sectores antes desmovilizados, son evidencias de que se trata de un campo abierto lleno de tensiones y conflictos, y no de una situación irreversible. Los procesos recientes de construcción de comunas, a partir de la agregación de Consejos Comunales y ámbitos territoriales, a las que se les atribuyen competencias legislativas, económicas y ejecutivas, abre un espacio para superar los riesgos del localismo y la gestión. Los distintos esfuerzos unitarios que actualmente florecen, que permiten la articulación de sectores y demandas sociales antes dispersos, a la vez que incrementan su capacidad de movilización, o la intensificación en los últimos meses de luchas sectoriales pero con un intenso carácter político y de clases, como las movilizaciones campesinas, las luchas urbanas, las tomas de tierra e inmuebles, las protestas obreras, hablan de la vitalidad del protagonismo popular y de su potencialidad para ejercer, a través de distintas tácticas, formas de soberanía y autogobierno. El propio presidente Chávez ha insistido recientemente en la necesidad de repolitizar y removilizar a las bases populares, exhortando a la interpelación popular de las instancias de gobierno, para evitar su burocratización.

¿Cómo evitar los riesgos de un Termidor que aniquile las fuerzas populares desatadas por la revolución bolivariana? La tensión entre la potencia constituyente que da lugar a la revolución, y la tentación de su institucionalización, reduciéndola y gobernándola, quizás sea una deriva de todo cambio revolucionario, sólo conjurado por la reactivación permanente de la capacidad creadora y subversiva del pueblo.

No creemos en respuestas ensayadas lejos de las prácticas en que se producen las preguntas, y mucho más cuando se trata de procesos inéditos como el nuestro. Es al fragor de las luchas populares, del enfrentamiento con la burocracia y la cooptación, en que se irán trillando los caminos. En todo caso, se trataría de impulsar un proceso sostenido que permita la ampliación de la democracia y del poder desde abajo, desafiando los límites que intenten imponérsele. Esto pasa, al menos en el caso venezolano, por saber alternar la negociación y el conflicto con las instituciones del Estado, con la acumulación de experiencias y capacidades autogestionarias.

Al mismo tiempo, exige construir intereses generales, organización colectiva del poder, prescindiendo de la representación y de cualquier forma que expropie al pueblo de su soberanía. Esto requiere la repolitización de los procesos y la lucha, asumiendo la perspectiva de clases. La sociedad venezolana sigue siendo una sociedad capitalista, ahora con el riesgo de revestirse de la forma de capitalismo de Estado. El fortalecimiento de la democracia desde abajo pasa entonces por adoptar por parte de las luchas y las prácticas populares, el punto de vista de las clases explotadas, tanto en los intereses que se enarbolen, en los procesos de unidad que se construyan y en la acción política capaz de apuntar a las condiciones que permiten la reproducción de este carácter capitalista y que definen, a fin de cuentas, quién detenta el poder real.

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1 Este texto fue escrito en marzo de 2011. Aunque este último año diversas circunstancias y acontecimientos podrían suponer nuevos elementos en la coyuntura política venezolana y la valoración del momento de la revolución bolivariana (elecciones presidenciales de octubre, enfermedad del presidente Chávez, nacimiento del gran Polo Patriótico como espacio unitario, aunque con serias amenazas de ser tutelado desde las instancias burocráticas, del movimiento popular), en términos generales los rasgos y tendencias que aquí se analizan tienen plena vigencia.

2 Un rasgo distintivo del proceso bolivariano, posiblemente común a la de los otros países en que han llegado gobiernos populares por la vía electoral, es su permanente “prueba” en las urnas electorales, que le otorga un carácter “plebiscitario” continuado, que sólo puede ser sostenido en una intensa movilización popular. A la vez hace que las elecciones se conviertan en un momento de alta politización y movilización popular, a diferencia de otros países, en que tradicionalmente las elecciones servirían para desmovilizar y despolitizar.

3 García Linera, Álvaro (sin fecha) La Potencia Plebeya. Acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia. Instituto Internacional de Integración del Convenio Andrés Bello, La Paz, Bolivia.


* Andrés Antillano es Activista social. Militante del Movimiento de Pobladores y de los Comités de Tierra Urbana.

 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=148766

 

 

En consecuencia, emanciparnos del capitalismo cuyo funcionamiento patentiza Walmart no provendrá de la integración con el Estado como el II FORO NACIONAL “Hacia Otra Economía”. Un rumbo más representativo de la liberación social comenzó a impulsarse con el 1er Congreso Villero. Saludó esta iniciativa Carlos “Perro” Santillán, del Movimiento Tupaj Katari de Jujuy: “Este congreso es una esperanza para unir fuerzas en la capital argentina y llevarlas al resto del país y de la región, para que los de arriba empiecen a temblar y a cumplir con el deber que el pueblo les exige”.

Hoy, a las seis de la tarde, integrantes de la Coordinadora volverán a reunirse para plasmar las conclusiones de cada comisión que debatió en el Congreso. Luego presentarán los reclamos y pedidos a las autoridades porteñas.

Los organizadores ya evalúan un segundo Congreso y mayores iniciativas en común. “Fue un Congreso extraordinario”, afirmó Romo y concluyó: “Ahora el desafío es consolidar la corriente villera, darle continuidad al espacio y empezar a luchar juntos para llevar adelante lo discutido. Como dijimos en nuestra convocatoria, somos hombres y mujeres de trabajo, capaces de pelearle a la vida un lugar de dignidad. Hoy el desafío es ese, poner en pie al movimiento villero”. Fuente: http://www.marcha.org.ar/1/index.php/nacionales/89-territorio/1079-poner-en-pie-al-movimiento-villero

Sobre "La crisis de la representatividad y la insurgencia de la democracia de la calle" en Venezuela nos habla Andrés Antillano (Rebelión): "(...)El Caracazo supone la emergencia, violenta y definitiva, de un nuevo sujeto popular. Si los episodios de luchas de masas habían sido protagonizados hasta entonces por estudiantes y movimientos sindicales, el 27 de febrero de 1989 es testigo de la insurgencia de un sujeto marcado por la pérdida de la condición laboral, esencialmente desempleados o trabajadores precarios, excluidos tanto del mundo del trabajo, del consumo y, en tanto habitantes de las periferias urbanas empobrecidas, de la ciudad como trama de inscripción social.

Se trata entonces de un sujeto excluido y precarizado, que no tiene a la fábrica como espacio de socialización y organización, pues es el barrio y las relaciones de convivencia y solidaridad las que le dan forma; ya no es la lucha por el rescate del trabajo o la plusvalía la que lo moviliza, pues la vida toda es ahora un bien en disputa; la ciudad, y especialmente los suburbios, es la superficie de su irrupción. No es casual que las protestas de aquel día se hayan desencadenado en las ciudades satélites de los pobres en contra del alza del pasaje, para luego extenderse a toda la ciudad y diversificar sus objetivos, enfrentándose a la policía, saqueando comercios o destruyendo vehículos e inmuebles.

Este sujeto, que tiene sus precedentes en luchas de marcado carácter urbano como las protestas por el agua, contra el alza del pasaje o contra intentos de desalojo de barrios populares, desarrolladas en los años previos, se convertirá en el actor central de los procesos históricos que vivirá Venezuela desde entonces y hasta la fecha. Su gestación es inseparable de las nuevas formas que adquiere el capital, el trastrocamiento del capital productivo en capital especulativo que parasita todas las esferas de la vida; que sustituye la ganancia, producida en la explotación directa del trabajo, por la renta, extraída de todas las actividades y necesidades colectivas. No se trata ya de luchas laborales. El ataque masivo a la vida supone que la vida toda, las condiciones para su reproducción (vivienda, servicio, consumo, recreación y afirmación simbólica), se vuelve materia de lucha.

Sus formas de lucha son propias de su naturaleza y de la naturaleza de sus demandas: la recuperación de espacios y bienes expropiados por la lógica del capital, privatizados o excluyentes, la toma de terrenos, de fábricas, de espacios públicos, la apropiación violenta de bienes y servicios, la acción directa y explosiva. La calle es su escenario. Se abandonan las formas tradicionales de organización. El tumulto, la auto-convocatoria, la asamblea sustituyen a estructuras formales y rígidas de pertenencia.

 

Tanto sus demandas, sus métodos y sus formas de organización implican, de manera inmediata y directa, una transgresión de los límites de las formas democráticas tradicionales, encorsetadas en la representación de intereses y en los canales institucionales por los que discurriría esa representación. Se trata en cambio de la puesta en escena de formas de «democracia plebeya», de calle, en que por la vía de la acción directa de las masas desestructuran las formas de dominación y se apropian colectivamente de espacios y procesos de los que son excluidos. Esta acción política de las masas supone la crisis de la representación. Partidos, sindicatos y otras formas de intermediación conocen un acelerado proceso de deslegitimación, al igual que los medios convencionales de participación política(.)".

 

Andrés Antillano señala desvíos en la construcción del ejercicio de soberanía popular:

  • "(...)En la práctica, un número significativo de experiencias de Consejos Comunales limitan su actividad a la gestión frente al Estado y administración de recursos frente a sus bases. Por supuesto no es posible negar los avances significativos que aún tan restringida labor implica en el mejoramiento de las condiciones de vida, especialmente en comunidades tradicionalmente excluidas, así como en el desarrollo de aprendizaje y capacidades locales, en una suerte de efecto “propedéutico” que permite la acumulación de experiencias que cualifican a los actores locales para plantearse desafíos de otra naturaleza. Pero en general, sin desconocer numerosas e importantes excepciones, se ha impuesto un proceso de apaciguamiento, desmovilización y despolitización del ejercicio del poder popular, en tanto que se le desvincula de los intereses de clase y de su articulación en proyectos generales, condición de la politización. Se pasa de la movilización a la gestión, del conflicto con el Estado al asistencialismo, del protagonismo popular a la subordinación(...)".
     

  • "En tal sentido, la noción de comunidad como sujeto, al menos como se tramita en los programas políticos tanto neoliberales como progresistas dominantes en el continente, es insensible a las diferencias de clases. No hay ninguna diferencia entre una comunidad excluida, que lucha por acceder a bienes y servicios básicos negados, y una comunidad de clase media que se organiza para, por ejemplo, defenderse de los extraños y mejorar la seguridad. La noción de comunidad despolitiza, disolviendo las demandas políticas, universales por naturaleza, en demandas particulares, susceptibles de gestión sin alterar las relaciones de poder y dominio. La comunidad desmoviliza: en comunidades excluidas y empobrecidas, el énfasis en lo local encubre las determinantes de su condición, de naturaleza sistémica, y por ello extra-local. Finalmente, la centralidad de la comunidad en la gestión política promueve prácticas y valores conservadores, pues la primacía de los intereses del grupo local conduce a mirar con recelo a los “extraños”, así sean de la misma clase social.

No se trata de desconocer la importancia de los procesos comunitarios en el continente, ni la potencia transformadora de la forma comunidad3, en tanto ámbito en que se incuban nuevas relaciones sociales basadas en la solidaridad y la equidad, sino de advertir sobre los riesgos que una recepción acrítica del concepto puede acarrear para el ejercicio político. No es casual que la retórica de la comunidad esté presente por igual en procesos como el venezolano y en el discurso oficial del gobierno colombiano".

 

Aclara sobre "El protagonismo popular en Venezuela: desafíos y amenazas:

(...)El socialismo no es sólo redistribución. Implica soberanía popular, el control efectivo por parte del pueblo del proceso de la producción social. Si el poder popular no es poder para transformar las relaciones que excluyen del ejercicio de la soberanía, si se reduce únicamente a la negociación de prebendas, a la gestión de recursos, y no deviene práctica transformadora, capaz de subvertir las relaciones de dominación y de apropiación privada de la producción social, sea en sus modalidades pasadas o en sus nuevas expresiones, entonces no es verdaderamente poder popular, acaso administración más o menos benévola.

 

Por supuesto ésta no es una situación definida y clausurada. A la par de las tendencias dirigidas a la cooptación, reconducción y administración del ejercicio del poder popular, cobran fuerza prácticas de signo contrario. (...) Los distintos esfuerzos unitarios que actualmente florecen, que permiten la articulación de sectores y demandas sociales antes dispersos, a la vez que incrementan su capacidad de movilización, o la intensificación en los últimos meses de luchas sectoriales pero con un intenso carácter político y de clases, como las movilizaciones campesinas, las luchas urbanas, las tomas de tierra e inmuebles, las protestas obreras, hablan de la vitalidad del protagonismo popular y de su potencialidad para ejercer, a través de distintas tácticas, formas de soberanía y autogobierno. El propio presidente Chávez ha insistido recientemente en la necesidad de repolitizar y removilizar a las bases populares, exhortando a la interpelación popular de las instancias de gobierno, para evitar su burocratización.

 

¿Cómo evitar los riesgos de un Termidor que aniquile las fuerzas populares desatadas por la revolución bolivariana? La tensión entre la potencia constituyente que da lugar a la revolución, y la tentación de su institucionalización, reduciéndola y gobernándola, quizás sea una deriva de todo cambio revolucionario, sólo conjurado por la reactivación permanente de la capacidad creadora y subversiva del pueblo.

No creemos en respuestas ensayadas lejos de las prácticas en que se producen las preguntas, y mucho más cuando se trata de procesos inéditos como el nuestro. Es al fragor de las luchas populares, del enfrentamiento con la burocracia y la cooptación, en que se irán trillando los caminos. En todo caso, se trataría de impulsar un proceso sostenido que permita la ampliación de la democracia y del poder desde abajo, desafiando los límites que intenten imponérsele. Esto pasa, al menos en el caso venezolano, por saber alternar la negociación y el conflicto con las instituciones del Estado, con la acumulación de experiencias y capacidades autogestionarias.

 

Al mismo tiempo, exige construir intereses generales, organización colectiva del poder, prescindiendo de la representación y de cualquier forma que expropie al pueblo de su soberanía. Esto requiere la repolitización de los procesos y la lucha, asumiendo la perspectiva de clases. La sociedad venezolana sigue siendo una sociedad capitalista, ahora con el riesgo de revestirse de la forma de capitalismo de Estado. El fortalecimiento de la democracia desde abajo pasa entonces por adoptar por parte de las luchas y las prácticas populares, el punto de vista de las clases explotadas, tanto en los intereses que se enarbolen, en los procesos de unidad que se construyan y en la acción política capaz de apuntar a las condiciones que permiten la reproducción de este carácter capitalista y que definen, a fin de cuentas, quién detenta el poder real. Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=148766