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Agosto 2006 |
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Correspondiente a la primera hipótesis
Necesitamos
comenzar a asumir las realidades socio-naturales del pasado y el presente de
nuestro continente para apreciarlo en toda la diversidad
que nos potenciará como sujetos revolucionarios.
Es un cambio
en nuestra forma de situarnos en, y vincularnos con, la dignidad humana de
quienes
nos parecen insignificantes por nuestra mentalidad hecha a imagen y semejanza de
nuestros opresores.
¿Qué ideas tenemos sobre la selva y los indígenas que en ella viven?
Leonardo Boff las modifica al historiar que:
"en la región amazónica
precolombina vivían cerca de 2 millones de indígenas.
En el siglo XVI en varios grupos indígenas había cacicazgos, lo que representaba
un nivel
significativo de desarrollo, con una producción artesanal semejante, en ciertos
aspectos,
a la de las civilizaciones andinas y centroamericanas.
Habían alcanzado un gran arte
de utilización de la selva, respetando su singularidad
pero,
a la vez, modificando el hábitat para estimular los vegetales que necesitaban.
Las selvas de cipó, los conglomerados de castaños y palmeras, por ejemplo,
y
las famosas «tierras negras de los indios» nos remiten a ese trabajo civilizador
de los indígenas.
Poblaciones humanas y selva evolucionaron juntos
en
una profunda reciprocidad. Como dice el antropólogo
Viveiros de Castro:«La Amazonia que vemos hoy es el resultado de
siglos
de intervención social, así como las sociedades
que viven allí son el resultado de siglos de
convivencia con la Amazonia».De este modo se acaba con la creencia
del carácter salvaje de la selva
y
de su vacío civilizador".Fuente: Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres.
Lumen, Argentina, 1996
Necesitamos darnos
cuenta que somos imprescindibles para el poder de construcción
de los pueblos.
Porque
hoy "la humanidad se encuentra ante una situación inaudita.
Debe
decidir si quiere continuar viviendo, o si prefiere su propia autodestrucción.
Por primera vez en el proceso conocido como hominización, el ser humano se ha
dado a sí mismo
los instrumentos de su propia destrucción.
Se creó el principio de autodestrucción
que tiene en el principio de responsabilidad y de cuidado
su contrapartida.
De ahora en adelante la existencia de la biosfera estará a merced
de la decisión humana.
Para continuar viviendo el ser humano deberá quererlo positivamente".
Leonardo Boff (ecoportal.net) nos advierte:
"Los indicadores son alarmantes. Dejan poco
margen de tiempo para los cambios necesarios.
Estimaciones optimistas establecen la fecha límite del año 2030-2034.
A partir de ahí,
si no se toman medidas urgentes y eficaces,
la sostenibilidad de sistema-Tierra, ya no estará garantizada.
Entre otros,
tres son los nudos problemáticos creados
por el orden del capital,
que deben ser desatados:
-el nudo del agotamiento de los recursos,
-el de la sostenibilidad de la Tierra y
-el de la injusticia social mundial.
1.
El nudo de la extinción de los recursos naturales.
Cada día desaparecen para siempre 10 especies de seres vivos. Desde la época de
la desaparición de
los dinosaurios, 65 millones de años atrás, nunca se ha visto un exterminio tan
rápido.
Con
esos seres vivos desaparece para siempre una biblioteca de conocimientos que la
naturaleza sabiamente había acumulado.
A partir de 1972, la desertificación en el mundo creció igual al tamaño de
todas las tierras cultivadas de China y de Nigeria juntas.
Se perdieron
cerca de 480 millones de toneladas de suelo fértil, una superficie equivalente a
las tierras cultivables de India y Francia juntas.El 65% de las tierras que un día fueron cultivables, hoy ya no lo son. La mitad de las selvas existentes en el mundo en 1950 han sido tumbadas.
Sólo
en los últimos 30 años han sido derribados 600 mil kilómetros cuadrados de
selva amazónica brasileña,
el equivalente a la Alemania unida, o a dos veces el Zaire.
Las inmensas reservas naturales de agua,
formadas a lo largo de millones y millones de años,
en
este siglo pasado han sido sistemáticamente bombeadas y están próximos a
agotarse.
El agua potable ya es uno de los recursos naturales más escasos,
pues
solamente el 0’7% de toda el agua dulce es accesible al uso humano.
Va a haber guerras por las fuentes de agua potable.
Tras este proceso de pillaje, se oculta una imagen reduccionista de la Tierra.
Es vista sólo como un almacén muerto de recursos a explotar.
No es
respetada en su alteridad y autonomía ni se le reconoce ninguna sacralidad.
Mucho menos todavía es amada como un superorganismo vivo,
la Gran Madre de los antiguos, la Pacha Mama de nuestros indígenas
y la Gaia de los cosmólogos.
2.
El nudo de la sostenibilidad de la Tierra.
¿Cuánta agresión aguanta la Tierra sin desestructurarse?
Las 60 mil armas nucleares construidas, si explotaran podrían causar un invierno
nuclear.
Las finas partículas del humo de los grandes incendios por ellas producidos,
junto con
los elementos radioactivos inyectados en la atmósfera, oscurecerían
y enfriarían la Tierra de forma más intensa que en las eras glaciales del
pleistoceno.
Habría un colapso de la humanidad y de todo
el sistema de vida,
consecuencias perversas siempre descuidadas por las potencias militaristas.
Otra amenaza importante es el calentamiento
creciente de la Tierra
por
incremento del efecto invernadero.
La quema de petróleo, de carbón y de las selvas, libera el dióxido de carbono
que calienta la atmósfera. En el último siglo la temperatura de la tierra ha
aumentado entre 0’3 y 0’6† C.
Para los próximos 100 años se calcula un aumento de entre 1’5† a 5’5† C.
Tales cambios
provocarán desastres descomunales, como sequías y deshielo de los cascotes
polares. Las inundaciones de las costas marítimas, donde vive el 60% de la
población mundial, causarían millones de víctimas.
¿Qué capacidad tiene la tierra frente a tantas agresiones producidas primordialmente por
el modo de producción capitalista?Se teme que el efecto acumulativo de las agresiones llegue a un punto crítico tal que quiebre el equilibrio físico-químico-biológico de la Tierra.
3.
El nudo de la injusticia social mundial.
Pasemos a la ecología social: ¿Cuánta injusticia y violencia aguanta el espíritu
humano?
Es injusto y sin piedad que, en el actual orden del capital mundializado, el 20%
de la humanidad detente el 83% de los medios de vida
(en 1970 era el 70%) y el 20% más pobre tiene que contentarse con sólo 1’4% (en 1960 era 2’3%) de los recursos.Este cataclismo social no es inocente ni natural. Es resultado directo de
un tipo de desarrollo que no mide las consecuencias sobre
la naturaleza y sobre las relaciones sociales.
Por eso,
constituye una trampa del sistema capitalista el llamado
«desarrollo sostenible», que evidencia una contradicción
en su mismo nombre.
La categoría «desarrollo» está tomada del
área de la economía capitalista.
El desarrollo
capitalista
(deberíamos decir el crecimiento) es profundamente desigual:
crea acumulación apropiada por unos pocos a costa de
la explotación y del perjuicio de las grandes mayorías.
Ese crecimiento pretende ser lineal y siempre creciente.
La categoría «sostenibilidad» proviene de
otro ámbito: de la biología y la ecología.
Significa
capacidad que un ecosistema tiene de incluir a todos,
de mantener un equilibrio dinámico que permita la subsistencia de la mayor
biodiversidad posible,
sin explotar ni excluir.
Como se ve, sostenibilidad y desarrollo capitalista se niegan mutuamente;
no
combinan los intereses de la producción humana con
los intereses de la conservación ecológica;
al contrario,
se niegan y destruyen.Lo que se necesita es una sociedad sostenible que se dé a sí misma
un desarrollo que satisfaga las necesidades de todos, y del entorno biótico.
Que
el planeta sea sostenible y pueda mantener su equilibrio dinámico,
rehacer sus pérdidas y mantenerse abierto a ulteriores formas de desarrollo".Fuente: www.rebelion.org
Ecología social
2/8/06
Correspondiente a la segunda hipótesis
Necesitamos
asumir que somos objeto de una globalización y debemos ser sujetos de
nuestra emancipación por identificación con los campesinos, trabajadores
rurales, productores
e indígenas que hoy son quienes enfrentan la invasión globalizadora.
Porque
"está
en curso una ofensiva del Banco Mundial (BM) sobre la formulación de
la política agraria de los Estados nacionales con un doble objetivo:
por un lado,
mercantilizar el acceso a la tierra, por medio del cambio neoliberal en el
aparato estatal,
de modo que
favorezca el libre flujo de fuerza de trabajo en el campo,
estimule la inversión privada en la economía rural
y dirija
la integración subordinada de parcelas puntuales del campesinado al circuito
agroindustrial,
comandado por grandes empresas;
por otro lado, aliviar de
manera localizada la pobreza rural,
especialmente
en situaciones donde las tensiones sociales del campo puedan alcanzar niveles
¨peligrosos¨
para
la seguridad del capital privado y/o la estabilidad de la orden política vigente
(ver Banco Mundial, 2002, 2003 y 2004)".
Joã Márcio Mendes Pereira (cadtm.org) continúa:
"Los datos prueban
este movimiento. Entre 1990 y 2004 el BM aprobó 45 operaciones de
préstamo con 32 países para proyectos relacionados con su política agraria.
Sumándose
los proyectos finalizados y los en curso, se observa que
la región de Latinoamérica y Caribe responde por 33,3% del total,
el Este Europeo y Asia Central, 26,6%, el Este Asiático y región del Pacífico, 24,4%, África y Medio Oriente, 13,4% y Sur Asiático, 2,2%;
el BM va acelerando significativamente la aprobación de tales proyectos:
entre 1990 y 1994, 3; de 1995 a 1999, 19, totalizando 700 millones de dólares;
de 2000 a 2004, 25, totalizando 1000 millones de dólares en préstamos (Suárez, 2005).
Paralelamente,
el BM va articulando en diversos países cursos y talleres,
tanto
para la burocracia estatal directamente responsable de la implementación de
políticas en el campo, cuanto
para el selecto grupo de asociaciones y organizaciones de la sociedad civil
¨compañeras¨ del BM,
con el objetivo de
ejercer - en las palabras de Antonio Gramsci - una efectiva dirección
intelectual y moral
sobre la definición y ejecución de la política agraria de los Estados
nacionales.
Un ejemplo de esto
es que las propias categorías de pensamiento hoy presentes
(¿y ya predominantes?)
en el ámbito de la investigación y de la formulación de políticas para el medio
rural
(como ¨capital social¨, ¨participación¨, ¨descentralización¨, etc.)
son dictadas o resignificadas por el BM.
Es valido decir,
bajo la inspiración de Pierre Bourdieu, que esa producción intelectual
va
afirmándose como un nuevo vocabulario del pensable en términos de políticas
públicas,
cuya lógica apunta para:
a) el estímulo a la (auto-)organización de grupos sociales de acuerdo con
intereses meramente corporativos y locales;b) el elogio de la asociación entre agentes sociales
histórica y estructuralmente desiguales;c) el veto a cualquier consideración sobre la construcción o disputa de
proyectos políticos más universales (clasistas, nacionales e/o internacionales).(...)
Por lo que fue
dicho, se puede
inferir que la política agraria contemporánea del BM
fue diseñada y
va operando bajo los marcos establecidos por el ajuste estructural
impulsado por el BM y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Por eso,
ella se subordina a dos procesos
antagónicos a los intereses del mundo del trabajo:
por un lado,
la liberalización de las economías nacionales, que profundiza el grado de
mercantilización de
la vida social
y fragiliza política y económicamente el campesinado, especialmente su parcela
más pobre;
por otro lado,
la contra-reforma del Estado, que
substituye su papel re-distributivo por políticas puntuales y localizadas de
¨alivio¨ de pobreza,
las cuales no alteran las bases de la reproducción de la desigualdad, de la
dominación
y, sobretodo, de la explotación (SAPRIN,
2002).
¿Cómo se organiza la política agraria del BM? Básicamente, en ocho líneas de acción:
1) Arrendamiento
de tierras. Este tópico es prioritario para el BM, especialmente
después que la reforma agraria ¨asistida por el mercado¨ entró en crisis en
varios países donde fue experimentada. Implica la suspensión de barreras
legales, normalmente creadas con reformas agrarias para proteger pequeños
arrendatarios.(...)
Sus objetivos principales son aumentar el uso productivo de la tierra
y
disminuir los costos de producción de las empresas agroindustriales.
Diversas investigaciones muestran que ese tipo de relación no contribuye a
mejorar
el acceso a la tierra por el campesinado pobre de América Latina (Carter, 2003;
Carter & Salgado, 2001).
2) Compra y venta
de tierras. El objetivo también es aumentar el grado de
mercantilización de la tierra,
permitiendo,
vía transacciones patrimoniales, la salida de productores rurales ¨ineficientes¨
y la entrada de productores ¨eficientes¨,
siempre
en la óptica de la valorización del gran capital agroindustrial.
3) Titulación
privada. Implica la concesión de títulos de propiedad a
agricultores
que ocupan y cultivan tierras no tituladas, incluso en áreas comunales, públicas
y reformadas
(i.e., constituidas a partir de reformas agrarias).
Su objetivo prioritario es disminuir la informalidad en el mercado de tierras,
dando
más seguridad legal a las transacciones.
Para el BM, no
importa si un pueblo o grupo social considera
el valor de uso de la tierra más importante que su valor de cambio, pues,
en su visión,
la universalización de la propiedad privada a todas las sociedades humanas seria
alcanzar el máximo desarrollo.
En algunas
situaciones, la titulación estimuló la venta de tierras por los campesinos
y su posterior concentración.
Además
de eso, al contrario de lo que afirma el BM, existen fuertes indicaciones de que
la concesión de títulos de propiedad no mejoró el acceso del campesinado pobre
al mercado de crédito formal, por lo menos en Latinoamérica
(Tejo, 2003: 440-2).
4) Cambio en la
legislación agraria y creación de nuevo aparato administrativo.
Tratase,
en esencia, de crear condiciones legales y administrativas para
la libre transacción mercantil de la tierra, simplificando
y
barateando los procedimientos burocráticos y garantizando la seguridad de los
contratos privados.
En esta lógica,
todo el proceso debería ser administrado por gobiernos municipales.
Como era de esperar, el BM nada dice sobre la apropiación privada ilegal de
tierras públicas,
muy común en los países del Sur,
ni tampoco sobre las reivindicaciones del campesinado a favor de la recuperación
de
sus tierras ilegalmente apropiadas por grandes estancieros.
5) Control de los
conflictos agrarios. Tratase de la creación de mecanismos de
neutralización
o resolución rápida
de las tensiones sociales alrededor de la tenencia y propiedad de la tierra,
preferentemente por gobiernos municipales.
El objetivo es
impedir que la acumulación de conflictos de ¨baja intensidad¨ venga a
comprometer
la seguridad y la previsibilidad de las transacciones de mercado y de la
inversión privada
- incluso extranjera - en el campo.
En los documentos
del BM no se encuentra una sola palabra sobre la violencia cada vez más aguda
contra
el campesinado y comunidades indígenas
provocada por la expansión de la apropiación privada de la tierra asociada a
la producción de commodities para exportación
(CGRA, 2004: 9-10).
6) Tributación de
la propiedad rural. El BM defiende la municipalización de la
tributación rural
y
no prioriza el apoyo a la implementación de la tributación progresiva sobre
la propiedad de la tierra para cohibir la especulación inmobiliaria.
7)
Descolectivización y privatización de tierras. Tratase de
privatizar e individualizar
los derechos sobre la tenencia y propiedad en haciendas colectivas o estatales
a fin de crear mercados formales de tierra y, así, abrir la matriz de propiedad
a
la entrada de capital privado nacional e internacional.
8) Reforma agraria
¨asistida por el mercado¨. Este modelo, creado y exportado por el
BM
bajo
formatos diferenciados, tuvo inicio en 1994 en Sudáfrica y Colombia y en 1997 en
Brasil y en Guatemala, y también inspiró o reforzó políticamente programas ya
existentes de compra y venta de tierras en Honduras, El Salvador, Filipinas,
México, Malawi y Zimbabwe.
Se trata
de una relación voluntaria de compra y venta de tierras entre agentes privados
financiada por el Estado(...)
El Estado concede un crédito de largo plazo para que el trabajador rural, solo o
en grupo, compre tierra directamente de los propietarios, a precios de mercado,
y después libera una cantidad variable a fondo perdido para el comienzo de la
producción agrícola.
Compra quien
quiere, vende quien quiere.
El BM afirma que ese modelo permitiría a los trabajadores sin tierra o con poca
tierra
generen un renta suficiente para salir de la pobreza, pagar la deuda con el
Estado
y
mantenerse como ¨productores eficientes¨ en el mercado agrícola.
Si esto no ocurre,
el agricultor pierde la tierra.
Ese modelo
integra la agenda del BM de políticas selectivas y puntuales de alivio de la
pobreza rural, agravada enormemente por las políticas neoliberales apoyadas por
el propio BM (SAPRIN, 2002).
Su presupuesto es la disminución del poder de expropiación del Estado y la privatización del acceso a bienes y servicios esenciales a la reproducción socio-económica del campesinado.
Por medio de una
ingeniosa operación de ¨deslizamiento semántico¨,
el BM afirma que ese modelo es una modalidad de reforma agraria redistributiva.
¿Es verdad?
No, pues
la reforma agraria
consiste en una acción del Estado
que,
en un corto espacio de tiempo, redistribuye para el campesinado pobre
(i.e., para los trabajadores rurales sin tierra y/o con tierra insuficiente)
una cantidad significativa de tierras privadas apropiadas por una clase de
grandes propietarios,
que poden ser, incluso, grupos agroindustriales, industriales y bancos.
Su objetivo es
democratizar la estructura agraria de un país,
lo que
presupone transformar las relaciones de poder económico y político responsables
de
la reproducción de la concentración agraria.
Como política
redistributiva implica, antes todo, la desapropiación “punitiva”
de tierras privadas
que
no cumplen su función social, comúnmente definida en ley
(El-Ghonemy, 2002 y 2001; Barraclough,
2001).
Además de eso,
como defienden los movimientos campesinos de todo el mundo,
necesita ser
acompañada de un conjunto de políticas complementarias en las áreas de
infraestructura, educación, salud y transporte, así como una política agrícola
que favorezca al campesinado,
basada en
el crédito subsidiado, en la asistencia técnica pública
y en la garantía de acceso a mercados consumidores.
En otras palabras, la reforma agraria tiene como objetivo central redistribuir tierra
y
garantizar las condiciones de reproducción social y económica del campesinado,
atacando las relaciones de poder en la sociedad que privilegian
los grandes propietarios.Ella sólo es viable si es compulsoria, lo que exige la ampliación del poder
de redistribución del Estado frente al monopolio privado de la tierra. Por ser también una política de desarrollo nacional,
la reforma agraria
requiere el fortalecimiento del papel del Estado en la provisión de bienes y servicios esenciales a la mejora de las condiciones de vida de los asentados y al buen desempeño del sector reformado.
Es
fácil percibir que los presupuestos de la reforma agraria ¨asistida por el
mercado¨
son
antagónicos a los de la reforma agraria redistributiva.
En el primer caso,
la tierra es vista como un mero factor de producción, un bien puramente
económico, una commodity, negociable como cualquiera otra mercadería.
En el segundo caso,
se considera que la tierra tiene un carácter multidimensional (político,
económico y cultural),
razón por
la cual el control y los derechos de propiedad sobre ella expresan, antes de
todo,
relaciones de poder entre grupos y clases sociales
(El-Ghonemy, 2002 y 2001; Barraclough,
2001; Borras Jr., 2004).(...)
En Colombia,
Guatemala y Sudáfrica,
programas de esta naturaleza ya están en crisis y difícilmente tendrán
condiciones de expandirse.
Ya en las Filipinas y en Malawi, tales programas van ganando fuerza.
Pero
la gran excepción en nivel internacional hoy es Brasil(...)
En verdad, Brasil es el principal escenario donde el BM busca legitimar su
modelo.
Es
por esa razón que, en este punto, el BM prioriza la liberación de préstamos
y ¨asesoría técnica¨ a Brasil.
En esencia, lo que esta en disputa no es el futuro de uno u otro programa,
pero sí
una lucha político-ideológica sobre cuál debe ser el papel del Estado en sociedades marcadas por el grave problema agrario en el contexto neoliberal.
Son estas las ocho
líneas de acción de la actual política agraria del BM.
Se trata, en su conjunto, de una agenda integralmente
subordinada
al circuito de valorización del grande capital agroindustrial, es así que
requiere el modelo tecnológico tradicional comandado y demandado por él
(mecanización, insumos químico-minerales y biotecnología).
Ese tipo de modelo
es ecológicamente nefasto y
- al contrario de lo que dice el discurso pro-libre mercado-
económicamente sustentado por subsidios públicos e exenciones fiscales,
sobre todo en los países centrales:
Su predominio excluye la gran mayoría del campesinado,
porque
dispensa fuerza de trabajo, tiene costos muy elevados y demanda gran volumen de producción.Apenas una pequeña parte del campesinado puede ser integrada a este circuito, y así mismo de manera siempre subordinada (i.e., dominada y explotada) (Rubio, 2003; Teubal, 2001).
El BM sabe de todo eso, tanto es que su principal propuesta para reducir ¨substantivamente¨ la pobreza rural en Latinoamérica y Caribe
es
la pura y simple ¨migración asistida¨ (sic) para las ciudades.En esa lógica, solamente los agricultores más 'aptos' y 'eficientes'
-según los criterios del BM-
deberían permanecer en la actividad agrícola.Por eso, la necesidad de maximizar las transacciones de compra y venta y arrendamiento de tierras,
de modo de favorecer el libre flujo de inversión y fuerza de trabajo.
Esa es la política agraria que el BM va logrando implementar a ritmo acelerado,
especialmente
en Latinoamérica y Caribe, en el Este Europeo y en partes de Asia.
Cuando se aborda el tema por el ángulo de los países del Sur
y, sobretodo, del campesinado, no es difícil
percibir
cuáles son las implicancias sociales, políticas y económicas de
la agenda contemporánea del BM para el sector rural".
Fuente: www.rebelion.org
Economía
1/8/06
Correspondiente a la tercera hipótesis
Necesitamos revisar y cuestionar todas nuestras creencias para liberarnos de
seguir siendo robados, violados, manipulados....
Eduardo Galeano nos habla que:
"Nuestros países se modernizan. Ahora el discurso oficial manda honrar la deuda (aunque sea deshonrosa), atraer inversiones (aunque sean indignas) y entrar al mundo (aunque sea por la puerta de servicio).
¿Nos seguimos creyendo los cuentos de siempre?
América
Latina nació para obedecer al mercado mundial, cuando todavía el mercado mundial
no se llamaba así, y mal que bien seguimos atados al deber de obediencia.
Esta
triste rutina de los siglos empezó con el oro y la plata y siguió con el azúcar,
el tabaco,
el guano, el salitre, el cobre, el estaño, el caucho, el cacao, la banana, el
café, el petróleo ¿Qué nos dejaron esos esplendores? Nos dejaron sin herencia ni
querencia. Jardines convertidos en desiertos, campos abandonados, montañas
agujereadas, aguas podridas, largas caravanas de infelices condenados a la
muerte temprana, vacíos palacios donde deambulan los fantasmas.
Ahora es el turno de la soja transgénica y de la celulosa. Y otra vez se repite la historia de las glorias fugaces, que al son de sus trompetas nos anuncian desdichas largas.
***
¿Será mudo el pasado?
Nos negamos a escuchar las voces que nos advierten: los sueños del mercado mundial son las pesadillas de los países que a sus caprichos se someten. Seguimos aplaudiendo el secuestro de los bienes naturales que Dios, o el diablo, nos ha dado, y así trabajamos por nuestra propia perdición y contribuimos al exterminio de la poca naturaleza que queda en este mundo.
Argentina, Brasil y otros países latinoamericanos están viviendo la fiebre de la soja transgénica. Precios tentadores, rendimientos multiplicados. Argentina es, desde hace tiempo, el segundo productor mundial de transgénicos, después de Estados Unidos. En Brasil, el gobierno de Lula ejecutó una de esas piruetas que flaco favor hacen a la democracia y dijo sí a la soja transgénica, aunque su partido había dicho no durante toda la campaña electoral.
Esto es
pan para hoy y hambre para mañana, como denuncian algunos sindicatos rurales y
organizaciones ecologistas. Pero ya se sabe que los paisanos ignorantes se
niegan a entender
las ventajas del pasto de plástico y de la vaca a motor, y que los ecologistas
son unos aguafiestas que siempre escupen el asado.
***
(...)¿Exportamos soja o exportamos suelo? ¿Y acaso no quedamos atrapados en las jaulas de Monsanto y otras grandes empresas de cuyas semillas, herbicidas y pesticidas pasamos a depender?
Tierras
que producían de todo para el mercado local, ahora se consagran a un solo
producto para
la demanda extranjera. Me desarrollo hacia fuera, y del adentro me olvido. El
monocultivo es una prisión, siempre lo fue, y ahora, con los transgénicos, mucho
más. La diversidad, en cambio, libera.
La independencia se reduce al himno y a la bandera si no se asienta en la
soberanía alimentaria.
La autodeterminación empieza por la boca. Sólo la diversidad productiva puede
defendernos de los súbitos derrumbamientos de precios que son costumbre,
mortífera costumbre, del mercado mundial.
Las inmensas extensiones destinadas a la soja transgénica están arrasando los bosques nativos y expulsando a los campesinos pobres.
Pocos
brazos ocupan estas explotaciones altamente mecanizadas, que en cambio
exterminan los plantíos pequeños y las huertas familiares con los venenos que
fumigan. Se multiplica el éxodo rural a
las grandes ciudades, donde se supone que los expulsados van a consumir, si los
acompaña la suerte,
lo que antes producían. Es la agraria reforma: la reforma agraria al revés.
***
La celulosa también se ha puesto de moda, en varios países.
Uruguay, sin ir más lejos, está queriendo convertirse en un centro mundial de producción de celulosa para abastecer de materia prima barata a lejanas fábricas de papel.
Se trata de monocultivos de exportación, en la más pura tradición colonial: inmensas plantaciones artificiales que dicen ser bosques y se convierten en celulosa en un proceso industrial que arroja desechos químicos a los ríos y hace irrespirable el aire.
Aquí empezaron siendo dos plantas enormes, una de las cuales ya está a medio construir. Luego se incorporó otro proyecto, y se habla de otro y de otro más, mientras más y más hectáreas se están destinando a la fabricación de eucaliptos en serie. Las grandes empresas internacionales nos han descubierto en el mapa y se han brotado de súbito amor por este Uruguay donde no hay tecnología capaz de controlarlas, el Estado les otorga subsidios y les evita impuestos, los salarios son raquíticos y los árboles brotan en un santiamén.
Todo
indica que nuestro país chiquito no podrá soportar el asfixiante abrazo de estos
grandotes.
Como suele ocurrir, las bendiciones de la naturaleza se convierten en
maldiciones de la historia. Nuestros eucaliptos crecen 10 veces más rápido que
los de Finlandia, y esto se traduce así: las plantaciones industriales serán 10
veces más devastadoras. Al ritmo de explotación previsto, buena parte del
territorio nacional será exprimido hasta la última gota de agua. Los gigantes
sedientos nos van a secar el suelo y el subsuelo.
Trágica paradoja: éste ha sido el único lugar del mundo donde se sometió a plebiscito la propiedad del agua. Por abrumadora mayoría, los uruguayos decidimos, en el año 2004, que el agua sería de propiedad pública. ¿No habrá manera de evitar este secuestro de la voluntad popular?
***
La celulosa, hay que reconocerlo, se ha convertido en algo así como una causa patriótica, y la defensa de la naturaleza no despierta entusiasmo. Y peor: en nuestro país, enfermo de celulitis, algunas palabras que no eran malas palabras, como ecologista y ambientalista, se están convirtiendo en insultos que crucifican a los enemigos del progreso y a los saboteadores del trabajo.
Se celebra la desgracia como si fuera una buena
noticia.
Más vale morir de contaminación que morir de hambre: muchos desocupados creen
que no hay más remedio que
elegir entre dos calamidades, y los vendedores de ilusiones desembarcan
ofreciendo miles y miles de empleos. Pero una cosa es la publicidad, y otra la
realidad. El MST, el movimiento de campesinos sin tierra, ha difundido datos
elocuentes,
que no sólo valen para Brasil: la celulosa genera un empleo cada 185 hectáreas y
la agricultura familiar crea cinco empleos por cada 10 hectáreas.
Las empresas prometen lo mejor. Trabajo a raudales, millonarias inversiones, estrictos controles, aire puro, agua limpia, tierra intacta. Y uno se pregunta: ¿por qué no instalan estas maravillas en Punta del Este, para mejorar la calidad de vida y estimular el turismo en nuestro principal balneario?".
Fuente: www.rebelion.org
Ecología social
16/8/06
Necesitamos comprender que tenemos el enemigo dentro de
cada uno de nosotros,
porque desde chicos
nos hemos acostumbrado a la cultura capitalista e incluso la admiramos.
Pero esa cultura es cada vez más ajena a
nuestros intereses e incompatible
con nuestras vidas y bienestar común.
Leonardo Boff nos dice:
"El capitalismo produjo también una cultura, derivada de su modo de producción, asentado en la exportación y el pillaje.
Sin
una cultura capitalista que infunda las mil razones justificadoras del orden
del capital, el capitalismo no sobrevive.
La cultura capitalista
exalta el valor del individuo, le garantiza la apropiación privada de la riqueza,
hecha por el trabajo de todos,
coloca
como quicio de su dinamismo
la competencia de todos contra todos, intenta maximizar las ganancias
con la mínima inversión posible,
procura
transformar todo en mercancía para tener siempre beneficios,
instaura el mercado, hoy mundializado,
como el mecanismo articulador de todos los procesos de producción,
de competencia y de distribución(...)".Fuente: www.rebelion.org
Ecología social
2/8/06