Otro país-mundo
Agosto 2010

Propuesta de Interbarrial

Antagonismo irreconciliable entre campesinos y agronegocios. Representan diferentes modelos de desarrollo, por tanto forman territorios divergentes con organizaciones espaciales diferentes, paisajes geográficos completamente distintos. El territorio del agronegocio se distingue por la gran escala y la homogeneidad del paisaje; por la desertificación poblacional, el monocultivo y la producción para la exportación. Mientras el territorio campesino se caracteriza por la pequeña escala y la heterogeneidad de su paisaje geográfico, su  pluricultura y la diversificación de alimentos orientados el desarrollo local, regional y nacional.

El territorio de los agronegocios subordina y controla técnicamente por los commodities que se utilizan en los territorios campesinos. Sus monocultivos a gran escala forman los desiertos verdes y mediante los transgénicos, expanden los biocombustibles (maíz, soya, caña de azúcar y palma africana) que avanzan a expensas de bosques y otros hábitats, convirtiendo áreas dedicadas a producir alimentos en desiertos verdes productores de etanol y biodiesel para satisfacer el apetito energético de los países del Norte y de las economías emergentes de China e India, que no muestran intenciones de disminuir su uso exagerado de energía (Altieri, 2009).

La «soberanía alimentaria» es otro paradigma de desarrollo cuyo concepto fue introducido por Vía Campesina en 1996. Incluye:
-Priorizar la producción agrícola local para alimentar a la población, el acceso de los/as campesinos/as y de los sin tierra a la tierra, al agua, a las semillas y al crédito. De ahí la necesidad de reformas agrarias, de la lucha contra los OGM (Organismos Genéticamente modificados), para el libre acceso a las semillas, y de mantener el agua en su calidad de bien público que se reparta de una forma sostenible.
-El derecho de los campesinos a producir alimentos y el derecho de los consumidores a poder decidir lo qué quieren comer.
-La participación de los pueblos en la definición de la política agraria y en la toma de decisiones sobre cómo y quiénes producen alimentos.
-El derecho de los Países a protegerse de las importaciones agrícolas y alimentarias demasiado baratas.

 

Otro país-mundo

requiere

«La reforma agraria integral»

Significa una reestructuración socioeconómica y una reconfiguración espacial, demográfica de Argentina que arranca de la unidad de voluntad emancipadora y revolucionaria a constituir por articulación de las diversas luchas contra el capitalismo e imperialismo o el reinado sobre la vida de las grandes mayorías que, impunemente, tienen los poderes establecidos para centrarse en sus súper negocios.

Pero es fundamental la concepción de los cambios a concretar. Con este objetivo, reflexionemos sobre la importancia del concepto de «territorio» que analizan César A. Gómez y María Gisela Hadad (Instituto de Investigaciones Gino Germani – UBA/CONICET) sobre el problema crucial de:

 

GLOBALIZACIÓN E IDENTIDAD: LA DESIGUALDAD COMO DIFERENCIA

 “(...)Los indígenas no son diferentes sólo por su condición étnica, sino también porque la reestructuración neoliberal de los mercados agrava su desigualdad y exclusión. (...) son desempleados, pobres, migrantes indocumentados, homeless, desconectados.

Evidentemente el problema pasa por la distinción entre las diferencias culturales y étnicas que los definen y quieren defender, y la reducción de las desigualdades sociales en las que están inscriptos – producto tanto de su inserción marginal y subordinada en las sociedades nacionales, como de las históricas relaciones de explotación y dominación. De este modo, lo que esta distinción permite

consignar es el mecanismo de ocultamiento por el cual el discurso de la diferencia, tan caro a los planteos multiculturalistas de los últimos años, termina opacando y escondiendo las profundas desigualdades que subyacen a la inserción de grupos tales como indígenas, campesinos, afrodescendientes, mujeres, desocupados, sin tierra, entre otros, en el sistema económico, social, político y cultural hegemónico y globalizado. Desde este planteo creemos que existe un notable paralelismo entre ésta – para nada ingenua – operación discursiva y de construcción sociocultural de la desigualdad como diferencia, y aquellos discursos tan en boga que remiten a la globalización como proceso de des-territorialización creciente(...)".

 

César A. Gómez y María Gisela Hadad nos explican significados y sentidos de la noción de «territorio» en:

 

LA CULTURA MUNDIALIZADA : ¿DES-TERRITORIALIZACIÓN DE LAS IDENTIDADES?

“(...)La emergencia de la noción de territorio, o el retorno del territorio según Milton Santos (2000), ha sido simultáneo a la confluencia de diversos análisis que desde las ciencias sociales coinciden en jerarquizar la dimensión espacial al mismo tiempo que señalan su pérdida de capacidad para operar como referente de las identidades sociales. Para Rogerio Haesbaert (2004) esta es la paradoja que encierran las múltiples referencias actuales a la des-territorialización. La idea de des-territorialización alude al supuesto desanclaje de la cultura respecto de su vínculo con el territorio como una resultante de los procesos de cambio operados a través de la globalización, en un escenario que tiene como referencia dos fenómenos paradigmáticos:

􀂾 La reformulación del papel del Estado como núcleo ordenador de la morfología social, con la puesta en crisis de toda una serie de nociones asociadas a la identidad nacional y su anclaje en una territorialidad estatal.

􀂾 La anulación tecnológica de las distancias de tiempo y espacio, que habilitó la problemática de las diferentes escalas involucradas en el cambio social a través de la articulación de lo local, lo nacional y lo global. La constante recurrencia al territorio en análisis recientes, aún sin establecer claramente el status del concepto, constituye un síntoma de la reestructuración social que se ha desarrollado en las últimas décadas en relación con los dos aspectos mencionados. Interesa entonces analizar las implicancias de aquella supuesta “paradoja”, pues lo que se pone en evidencia a través del uso de esta noción es la identificación de una dimensión privilegiada para dar cuenta de las transformaciones que se desarrollan en la etapa actual del capitalismo. El “debilitamiento” de la mediación espacial en las relaciones sociales no evita que se acentúe el énfasis en referenciar los diagnósticos en múltiples alusiones a conceptos propios de la geografía. Al mismo tiempo, si otras disciplinas se han visto influenciadas por los préstamos del discurso geográfico, también éste fue objeto de un viraje epistemológico que permitió diversificar el espectro de la mirada, y dio lugar a enfoques que jerarquizaron la dimensión cultural. La emergencia de nociones como paisaje y lugar dan cuenta de ello.

Para los geógrafos esto constituye una construcción relativamente reciente, en cierta medida tributaria de las reformulaciones propias del giro interpretativo de las ciencias sociales. Para Claude Raffestin (1993), por ejemplo, las representaciones constituyen la mediación que permite sustantivar el territorio a partir del espacio. La dimensión espacial constituye su condición y fundamento, pero como una abstracción que se concretiza a través de la acción de un “actor sintagmático” que es realizador de un programa. Entonces el espacio, una vez representado, ya no es espacio sino territorio, resultado de un proceso de apropiación.

 

No obstante esta “semantización” del espacio por parte de los geógrafos que comenzaron a permear sus enfoques con los aportes de otros campos de la teoría social, nos interesa resaltar la apertura hacia una noción multidimensional a partir de considerar la centralidad de la idea de hibridación. Milton Santos propuso definir el espacio como un híbrido de sistemas de objetos y sistemas de acciones (2000), y Haesbaert más recientemente se propuso rastrear las distintas concepciones del territorio con el objeto de construir una noción compleja incorporando la consideración de aspectos culturales, políticos y económicos, sin dejar de hacer referencia en su empresa a la misma noción de hibridez, también acuñada por Bruno Latour para referirse a la imbricación de sociedad y naturaleza. Concibe entonces al territorio como el resultado de un proceso de territorialización que implica un dominio (aspecto económico-político) y una apropiación (aspecto simbólico-cultural) de los espacios por los grupos humanos. Es necesario señalar, y para ello es útil volver a situarse desde la especificidad de un enfoque geográfico, que el espacio se entiende aquí como una dimensión constitutiva de las relaciones sociales, por lo que resulta poco apropiado hablar de des-territorialización sin referirse al mismo tiempo a una re-territorialización que resulta inherente al mismo proceso. Haesbaert ha dedicado varios de sus trabajos a discutir las más idea de elaboraciones más recientes en torno a estas nociones, para polemizar contra el “mito” que representa la idea de «desterritorialización». Atribuye su fundamento a los equívocos comunes que se deducen de la confusión y utilización indiferenciada de los conceptos de espacio y territorio.

 

Asimismo, y como un aspecto que no es menor en relación con lo anterior, este geógrafo brasilero propone explicitar si se trata de un abordaje que entiende el territorio en un sentido ontológico, es decir, como algo realmente existente, ya sea desde una perspectiva materialista o idealista; o si se trata de una propuesta epistemológica donde la noción interviene como un instrumento heurístico del que se vale el investigador para aproximarse a la realidad social. Esta cuestión abre la posibilidad de plantear una serie de implicaciones para pensar el vínculo entre territorio e identidad, como también para interpretar las consecuencias de aquello que se entiende por «des- territorialización». En base a este criterio cabe analizar las interpretaciones de quienes se refieren a los aspectos culturales de la globalización, pues es la intersección con la especificidad del análisis geográfico lo que se vuelve problemático para pensar las identidades actuales. Nos preguntamos hasta qué punto un abordaje de la dimensión cultural del capitalismo contemporáneo implica necesariamente un desanclaje de las identidades respecto del territorio, y cómo es posible conciliar este diagnóstico con la creciente importancia que parece cobrar lo local como signo de diferencia. Tomamos como referencia las formulaciones de Renato Ortiz (2005), quien habla de mundialización para referirse al dominio específico de la cultura, y deriva su argumentación en la afirmación de una territorialidad desarraigada como punto de llegada de aquello que entiende por «des-territorialización». Para este autor la mundialización se manifiesta como un universo transglósico atravesado por fuerzas diversas que se articulan en diferentes niveles, en alusión a una imbricación de escalas (local, nacional, global) que sugiere la imposibilidad de dar cuenta de las identidades sociales a partir de delimitar claramente sus contornos en el espacio. Presupone que los marcos locales, pero sobre todo nacionales, ya no constituyen el horizonte para la recreación de comunidades imaginadas. La propuesta de Ortiz consiste entonces en abandonar las concepciones de las escalas local, nacional y global como niveles espaciales diferenciados, y apoyarse en cambio en la noción de transversalidad, para sostener que una de las principales implicaciones de esta idea es la posibilidad de concebir territorialidades (identidades) desvinculadas del medio físico. En este punto el enfoque transescalar o transversal se halla en correspondencia con los procesos de «des-territorialización».

 

Aquí es importante tener en cuenta que con la referencia a las escalas involucradas en la “dimensión espacial”, lo que se pone en juego es un determinado recorte de la realidad que puede ser referido de diversas maneras pero que no escapa a ser formulado en el marco de alguna de estas dos opciones: o es un efecto de la aplicación de un esquema interpretativo, queriendo decir con esto que se trata aquí de la construcción del objeto por parte del analista (lo cual implicaría la explicitación de los mecanismos y procedimientos que dan lugar a su elaboración), o por otra parte, se trata de dar cuenta de la producción social de las escalas, es decir, conceptuar las diferentes formas de localización (aquí en un sentido amplio) como la resultante de un proceso que involucra relaciones de poder, y por ende conflictos que se dirimen entre distintas formas de apropiación del espacio. En las formulaciones de Ortiz esto no está claro, y en todo caso la consideración de las escalas aparece formulada desde un punto de vista que el mismo autor explicita al comienzo del análisis: “la comprensión de un mundo des-territorializado requiere un punto de vista des-territorializado” (2005: 19), considerando que lo local y lo nacional operan como restricciones para una interpretación cabal de la mundialización de la cultura.

Valga como ejemplo la proliferación de términos como meseta, archipiélago, frontera, topología, espacio social, etc., y estimamos que no es casual que la noción de «des-territorialización» tenga un supuesto origen fuera del ámbito geográfico en los trabajos de Deleuze y Guattari, lo que explica, a nuestro entender, la ambigüedad en el uso del término «des-territorialización». Atribuye su fundamento a los equívocos comunes que se deducen de la confusión y utilización indiferenciada de los conceptos de espacio y territorio.

Asimismo, y como un aspecto que no es menor en relación con lo anterior, este geógrafo brasilero propone explicitar si se trata de un abordaje que entiende el territorio en un sentido ontológico, es decir, como algo realmente existente, ya sea desde una perspectiva materialista o idealista; o si se trata de una propuesta epistemológica donde la noción interviene como un instrumento heurístico del que se vale el investigador para aproximarse a la realidad social. Esta cuestión abre la posibilidad de plantear una serie de implicaciones para pensar el vínculo entre territorio e identidad, como también para interpretar las consecuencias de aquello que se entiende por «des-territorialización».

En base a este criterio cabe analizar las interpretaciones de quienes se refieren a los aspectos culturales de la globalización, pues es la intersección con la especificidad del análisis geográfico lo que se vuelve problemático para pensar las identidades actuales. Nos preguntamos hasta qué punto un abordaje de la dimensión cultural del capitalismo contemporáneo implica necesariamente un desanclaje de las identidades respecto del territorio, y cómo es posible conciliar este diagnóstico con la creciente importancia que parece cobrar lo local como signo de diferencia.Como consecuencia de ello lo que encontramos es que en lugar de un análisis de los procesos que producen las diferentes escalas (o que ponen en crisis la jerarquía de escalas heredadas de una etapa previa), se asume como punto de partida una nueva jerarquía identificada con el resultado del proceso del cual se pretende dar cuenta.

El análisis de la dinámica específica que da lugar a “otro territorio” implicaría considerar no sólo las evidencias de la mundialización de la cultura, como propone Ortiz cuando nos sugiere ver la “verdad en los objetos que nos circundan” (2005:18), sino también, y principalmente, la forma en que globalización económica y mundialización de la cultura se articulan en la construcción de una hegemonía. Sólo así podemos evitar la versión fetichizada del capitalismo contemporáneo que celebran quienes propulsan el mito de la «des-territorialización».

 

El «territorio» debe ser pensado como la manifestación objetivada de una determinada configuración social, no exenta de conflictos que involucran a una diversidad de actores que comparten el espacio. Si pasamos de considerar las diferentes escalas geográficas como mera expresión de una dimensión de análisis, al análisis concreto de las formas territoriales que resultan de la dinámica de las relaciones sociales en la etapa actual, nos encontramos con que hay una desigualdad manifiesta en la capacidad de definir la escala sobre la que se fundamenta la construcción del territorio. Encontramos sugerente el análisis de Boaventura de Sousa Santos (2001), quien en su definición de los procesos de globalización hace referencia al comportamiento hegemónico de un localismo. Así es como el punto de vista des-territorializado puede ser aprehendido más bien como el discurso de los vencedores ante la configuración de un nuevo mapa de las relaciones de dominación. Eso que llamamos globalización, sugiere De Sousa Santos, es siempre la globalización exitosa de un localismo dado. “En otra palabras, no existe condición global alguna para la que no podamos hallar una raíz local, un fondo cultural específico”. En relación con esto, conviene tener presente entonces que la configuración que asumen las relaciones de dominación en un contexto específico se expresan a través de una territorialidad que le es inherente.

Un aspecto que subyace a los comentarios anteriores sobre la producción del territorio como un correlato necesario de la «des-territorialización», es nuestro interés en someter a consideración la confluencia en la mirada de algunos intelectuales en torno a la caracterización de los nuevos movimientos sociales latinoamericanos, al presentar como uno de sus rasgos más sobresalientes su territorialización. En estos análisis, inscriptos en la línea interpretativa que retomamos al referirnos a Haesbaert, la territorialización emerge como un común denominador porque se da como una manifestación del proceso de reestructuración de las relaciones sociales que se desarrolló durante las últimas décadas. Frente a la crisis de la territorialidad estatal, ahora se habla de territorialidades diversas, o como señala Porto Gonçalves, se trata de pensar en términos de tensión de territorialidades, aludiendo con esto a procesos que, lejos de evidenciar una dinámica unívoca, están marcados por conflictos que se instalan en torno a la producción del espacio, en la nueva geográfica del capitalismo contemporáneo. Dice el autor que “Si la diferencia siempre fue un atributo esencial del espacio, lo que tenemos actualmente, dentro del proceso de reorganización social en curso, es una lucha por su instrumentalización mercantilizada”.  Precisamente, cuando Zibechi se propone ensayar una caracterización de los movimientos sociales contemporáneos, hace referencia a su arraigo en espacios físicos recuperados o conquistados a través de largas luchas, abiertas o subterráneas, como una respuesta estratégica de los pobres a la crisis de la vieja territorialidad de la fábrica y la hacienda. Agrega que la «des-territorialización» productiva hizo entrar en crisis sujetos que vieron evaporarse territorialidades (identidades) en las que habían ganado poder y sentido en la etapa anterior, por lo que la referencia a la territorialidad resulta una manifestación de un proceso de reacomodamientos y de reconfiguración social. Por su parte, el geógrafo brasilero Bernardo Mançano Fernandes (2005) profundiza en esta clave interpretativa para proponer lo que considera como una perspectiva geográfica para avocarse al análisis de los movimientos sociales. Después de recuperar el carácter multidimensional de la noción de territorio, así como los aspectos que refieren a la conflictividad como un rasgo inherente a los procesos de territorialización, este autor propone los conceptos de movimiento socio-territorial y movimiento socio-espacial (...)". yutuyako@yahoo.com.ar - giselahadad@hotmail.com
Fuente: http://www.iigg.fsoc.uba.ar/jovenes_investigadores/4jornadasjovenes/EJES/Eje%206%20Espacio%20social%20Tiempo%20Territorio/Ponencias/HADAD_Gisela.pdf

La «reforma agraria integral», entonces, interpela a la diversidad popular de Argentina-América Latina y El Caribe para que organice su unidad de voluntad emancipadora y revolucionaria. Se trata de constituirla por articulación de las luchas que confluyen al frente contra el capitalismo e imperialismo, es decir, contra el reinado sobre la vida de las grandes mayorías que, impunemente, tienen los poderes establecidos para centrarse en sus súper negocios. Son luchas por:

 

1. Erradicar la desposesión territorial  y la desertificación del país-continente

Latinoamérica ante la crisis ecológica global. Un problema de fondo

Por Ignacio Sabbatella

"Para comprender los problemas ecológicos, es necesario rediscutir los fundamentos del sistema capitalista. Pese a que tenemos gobiernos progresistas, faltan cambios de fondo. Los desafíos de la desigualdad ambiental. En este artículo intentaremos exponer brevemente algunos de los desafíos que afronta América latina en materia ambiental. A tal fin, comenzaremos analizando los factores estructurales de la crisis ecológica global. Luego, expondremos lo que hemos denominado desigualdades ambientales, las formas que asumen y los conflictos que pueden albergar. En último lugar, haremos referencia al comportamiento y a las estrategias políticas que los gobiernos latinoamericanos llevan y pueden llevar a cabo.

La humanidad enfrenta una crisis ecológica de gran magnitud y con tendencia a agravarse. Sus manifestaciones pueden agruparse en dos grandes problemas, íntimamente relacionados.

Es posible ubicar temporalmente la acelerada degradación ecológica en las últimas cuatro décadas, período que coincide con la implementación de las políticas neoliberales. Adjudicar la responsabilidad a la acción del hombre de modo abstracto, como suele hacerse en análisis ligeros o intencionados, oculta la forma histórica en la cual está inserta esa acción. Tampoco nos conforma adjudicarla en el conjunto de ideas propias de la modernidad, es decir, la fe en el progreso indefinido de las fuerzas materiales. No nos dice nada acerca de cuál es la forma en la que el hombre se apropia de la naturaleza en un momento determinado dado el régimen de producción y reproducción material dominante.

Es necesario rediscutir los fundamentos del sistema capitalista para comprender los problemas ecológicos. Entender no sólo la relación contradictoria capital-trabajo sino también la contradicción capital-naturaleza: la capacidad proveedora y receptora de la naturaleza es limitada y, por lo tanto, incompatible con la acumulación ilimitada de capital.

 

Capital vs. naturaleza

Dada la estructura atomizada y caótica del capitalismo, la forma predominante en la cual el hombre se vincula con la naturaleza es a través de la apropiación privada y la mercantilización. El hombre se encuentra alienado respecto del mundo natural y el capital fetichiza la naturaleza. El Estado aparece mediando entre el capital y la naturaleza, regulando su acceso y su explotación. Sin embargo, las políticas de privatización de empresas públicas, desregulación de los mercados y apertura económica del neoliberalismo desarmaron los mecanismos estatales que resguardaban en gran medida la naturaleza. El capital aceleró, por ende, su dominio sobre el mundo natural en función de la producción de plusvalor. Es un proceso simultáneamente extensivo e intensivo. Extensivo porque el capital se va adueñando de cada porción de la naturaleza, ampliando las fronteras de extracción como continuidad de la acumulación originaria. E intensivo porque cada vez precisa una mayor cantidad de bienes naturales y un mayor sometimiento de las fuerzas naturales. Asimismo, podemos observar que el debilitamiento de las regulaciones estatales también acelera los procesos de contaminación ya que deja librado a los capitales individuales a deshacerse de desechos sólidos, líquidos y gaseosos sin tratamiento alguno. La lógica de la maximización de ganancias señala que el cuidado del medio ambiente no entra en los gastos productivos del capital.

 

Desigualdades ambientales

Habiendo analizado las características específicas del modo de producción capitalista en lo que hace a su relación con la naturaleza, ahora veremos cuáles son sus impactos sociopolíticos. Así como estamos acostumbrados a hablar de desigualdad social o económica, consideramos pertinente introducir el concepto «desigualdad ambiental» para dar cuenta de las relaciones de poder que se reproducen también en el ámbito ecológico.

Existen dos formas en las que se manifiesta la desigualdad ambiental: la desigualdad en el acceso a y control de los bienes naturales y la desigualdad en el acceso a un ambiente sano.

En el caso de la actividad extractiva de la minería y de los hidrocarburos se conjugan ambas formas de desigualdad, ya que en todo el mundo son apropiadas por poderosos capitales transnacionales en detrimento del acceso de poblaciones locales, que además sufren desplazamientos territoriales, y se realiza con bajos costos económicos y altísimos costos ecológicos, dada la utilización de grandes cantidades de agua, contaminación con químicos, quema de gases, etc. También resultan peligrosas estas actividades en su transporte, sea por la rotura de mineraloductos, oleoductos y gasoductos o las pérdidas en barcos petroleros.

La persistencia o la magnitud de las desigualdades ambientales son generalmente condición de posibilidad de conflictos socioambientales: se trata de disputas por la apropiación y/o mantenimiento de los bienes naturales y por el acceso a un ambiente sano o por la protección del medio ambiente, a escala local, nacional o internacional. Al mismo tiempo atraviesan distintos tipos de desigualdad social que generan nuevos conflictos o disputas en viejas relaciones desiguales, como el clásico intercambio desigual entre los países del Norte y los países del Sur. En los primeros se ubican los grandes centros de demanda, consumo y contaminación, mientras que los países más pobres quedan relegados a meros proveedores de bienes naturales. Un dato que ilustra: el 80 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero que producen el cambio climático pertenece al 20 por ciento de la población mundial, concentrada en Estados Unidos, Europa y Japón.

Se reedita la división internacional del trabajo, donde las regiones con grandes riquezas naturales que escasean en otras partes del mundo se tornan apetecibles para la apropiación capitalista. Las riquezas de América latina la convierten nuevamente en un proveedor de materias primas, alimentos y energía para las economías industrializadas. A su vez, los países más ricos intentan trasladar el costo ambiental de las industrias más sucias. El ejemplo más cercano son las plantas de celulosa, siendo la pastera UPM (ex Botnia) la que generó más conflictos y cobró mayor notoriedad.

Dentro del ámbito nacional, también existen desigualdades ambientales que se superponen con desigualdades de otro tipo. En condiciones normales de acumulación, la apropiación capitalista restringe progresivamente el acceso a los bienes naturales y genera una distribución de los efectos de la degradación ambiental en mayor medida sobre pobres, negros, indígenas, campesinos, etcétera. En tiempos de crisis, sea económica o ecológica, la brecha de la desigualdad ambiental también se agranda porque el capital está dispuesto a salvar su propio pellejo a cualquier precio, transfiriendo los costos hacia otros sectores sociales.

Del extractivismo al neoextractivismo

En el contexto de las desigualdades analizadas, América latina tiene por delante un desafío enorme en materia ambiental. A pesar de los cambios políticos profundos suscitados en la región en la última década, los gobiernos progresistas no han podido desembarazarse del rol asignado en la división internacional del trabajo y en algunos casos lo han profundizado.

Países como Venezuela y Bolivia han tenido un destacable rol a nivel internacional como sucedió en Copenhague en diciembre pasado, responsabilizando al mismo sistema capitalista en relación con el cambio climático. Asimismo, cabe enfatizar la importancia de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático impulsada por el presidente boliviano Evo Morales y que tuvo lugar en Cochabamba en abril último.

Sin embargo, son numerosas las tareas pendientes en el marco interno. Si en la etapa neoliberal predominó una política extractivista con respecto a la naturaleza, la última década es caracterizada por el investigador uruguayo Eduardo Gudynas bajo el rótulo de neoextractivismo.

A pesar de una retórica crítica del neoliberalismo, en las políticas de los gobiernos progresistas persiste buena parte de los componentes de aquel extractivismo combinados con nuevas características.

Difícilmente los gobiernos latinoamericanos cambien el rumbo en el corto plazo y todo hace suponer que las tensiones sociales seguirán presentes en los próximos años. Si bien Gudynas nota las diferencias entre países de acuerdo con el tipo de intervención del Estado y el desenvolvimiento de las economías extractivas, creemos necesario enfatizar aún más estas diferencias. En algunos casos se mantiene el control privado de aquellos sectores, como claramente podemos notarlo en la Argentina. La explotación de hidrocarburos sigue en manos del capital a pesar de la brusca caída de reservas y la crisis energética que acecha la economía desde hace unos años. Los megaemprendimientos de minería a cielo abierto se multiplican por decenas pese a las consecuencias negativas para el medio ambiente y la salud de las poblaciones aledañas. La soja transgénica sigue ampliando su frontera, a costa de poner en riesgo la soberanía alimentaria nacional y a costa de la contaminación con agroquímicos.

Por otro lado, hay países que avanzan en el control estatal de las economías extractivas, como es el caso de Venezuela. A través de una profunda reforma en la legislación y la renegociación de contratos, el Estado logró alzarse con el control mayoritario de los pozos petroleros. Ciertamente los impactos ambientales de la explotación de hidrocarburos no desaparecen simplemente por un cambio en la forma que se asume el control. Pero sí nos interesa destacar el control estatal como un paso necesario para, posteriormente, avanzar hacia el control social de la actividad y sus impactos.

La transformación política y social es condición ineludible hacia la planificación democrática de la explotación de los bienes naturales y del cuidado del medio ambiente. Ello requiere también una transformación cultural que estimule una democracia cada vez más participativa. Finalmente, aun con buenas intenciones, la transición a una sociedad ecológica es una utopía si no se cuestionan y trastocan los fundamentos de la producción y reproducción capitalista".

Becario Conicet, Instituto Gino Germani (UBA)

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Contenido/Documentos/Latinoamerica_ante_la_crisis_ecologica_global._Un_problema_de_fondo / 05-08-2010


La Unión Europea detrás del pastel latinoamericano. Impactos económicos, sociales y ambientales

 

En América Latina y el Caribe, los Tratados de Libre Comercio son una continua fuente de conflictos y de oposición social. Muchas realidades y estudios constatan y denuncian los negativos efectos sociales, económicos, culturales y ambientales que ha representado para la región la firma de estos tratados. El peor referente se ubica en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, firmado entre EE.UU., Canadá y México. Con 16 años de existencia, ha permitido comprobar cómo aumentó el desempleo en los tres países, se agravó el desplazamiento campo-ciudad (así como la migración Sur-Norte), se intensificó la destrucción ambiental y fue mermada la Soberanía Alimentaria, especialmente en las comunidades campesinas e indígenas.

Pero la UE también demuestra gran interés por el ‘pastel’ latinoamericano. La región dispone de abundantes recursos naturales estratégicos tales como los hidrocarburos, los minerales, la biodiversidad, las tierras fértiles y el agua. Además, esto implica un interés importante en términos del control sobre las comunicaciones, la energía, el transporte y la banca. La globalización comercial y financiera es imprescindible para que la UE pueda mantener el crecimiento económico, ya que le permite acceder a los recursos naturales en el extranjero que demanda su cadena de producción y consumo, así como la proyección de sus transnacionales a nivel global y para el refuerzo de su posicionamiento e influencia en el mapa geo-político mundial. Los Estados de América Latina y el Caribe representan sólo el 5% del comercio exterior de la UE, habiéndose incrementado el volumen comercial más del doble entre 1990 y 2006. Desde sus países se exporta a la UE sobre todo productos agrícolas y materias primas e importan de Europa maquinaria, equipamiento para transporte y productos químicos.

Los Tratados promovidos por la Unión Europea con América Latina y el Caribe

La UE firmó acuerdos comerciales en el 2000 con México, en el 2002 con Chile y desde el 2004 las negociaciones con los países del MERCOSUR se encuentran estancadas. En el 2008 firmó un Acuerdo de Partenariado Económico con los 15 países caribeños que obliga a éstos a eliminar sus aranceles de al menos el 80% de las importaciones de la Unión Europea por un período de 15 años. En 2009, la Unión Europea reafirmó su intención de finalizar las negociaciones del Acuerdo con Centroamérica, incluyendo a Honduras a pesar del Golpe de Estado. También las negociaciones con Perú y Colombia evidencian que sobre los ‘principios democráticos’ priman los intereses económicos. En particular, el gobierno español defiende la consecución del Tratado de Libre Comercio entre la UE y Colombia pese a las graves y sistemáticas violaciones de los Derechos Humanos en el país andino, cometidas en su mayoría por agentes del Estado. Ecuador y Bolivia se han negado a aceptar este tipo de tratados. Bolivia planteó el reconocimiento de las asimetrías económicas entre los países europeos y andinos; la exclusión en la negociación de los temas que conduzcan a la reducción del papel del Estado y de los servicios públicos, o que impidan políticas públicas en el ámbito económico, social, ambiental y cultural; y la no mercantilización de la agricultura, los servicios ambientales, la biodiversidad y los conocimientos tradicionales.

Impactos económicos, sociales y ambientales

Las estimaciones de los impactos de la liberalización del comercio dentro de la propia UE concluyen que donde más pérdidas de empleo habría sería en los sectores agrícola y manufacturero (grano, productos cárnicos y lácteos, azúcar, alimentos procesados, entre otros). ¿Y cuáles serían los impactos en América Latina? Con la liberalización de las inversiones, se fortalecerán los monopolios empresariales y el modelo basado en la extracción de recursos naturales, con enormes impactos socio-ambientales que perpetúan a su vez las causas estructurales de pobreza, miseria y desempleo.

La UE aspira también a una máxima protección posible de los derechos de propiedad intelectual. Esto resulta particularmente preocupante en lo que concierne a las plantas y semillas, puesto que la UE exige una adhesión a la Convención de UPOV 91 (una manera de apropiación cercana a las patentes), exigiendo patentes para productos biológicos, biotecnológicos, y medicamentos (que pueden derivar de saberes tradicionales). Así, en el campo, mediante las negociaciones comerciales, se sacrifica la agricultura familiar sostenible y en consecuencia la garantía de una alimentación sana, diversa y segura. Por ello, La Vía Campesina y otras organizaciones sociales exigen que la agricultura no sea incluida en las negociaciones comerciales, y que se priorice el comercio regional.

A nivel medioambiental, es importante recordar la Deuda Ecológica que la UE ya tiene con los países del Sur, y que se incrementará con la firma de los Tratados de Libre Comercio. En efecto, el incremento de gases de efecto invernadero y la pérdida de biodiversidad son en gran medida responsabilidad de la UE, no sólo por las emisiones en su propio territorio, sino también por las actividades de sus empresas en el extranjero y por el consumo de bienes y servicios producidos fuera de la UE. Un claro ejemplo de ello se ubica en el hecho de que la UE es el mayor importador mundial de alimentos, en particular piensos para alimentación ganadera. En 2008, era el segundo mayor importador mundial de soja, con un volumen de importaciones de unos 13 millones de toneladas de habas de soja y más de 22,4 millones de toneladas de harina de soja, procedentes principalmente de Brasil y Argentina, provocando deforestación, pérdida de biodiversidad y desplazamiento forzado de población indígena y campesina. La firma de nuevos tratados no haría más que consolidar un modelo agroexportador que se caracteriza por un dramático vaciamiento del campo, un giro al latifundio, a la concentración de la tierra en pocas manos, a la industrialización de la agricultura con el consiguiente desabastecimiento y desaparición de los mercados locales, y la puesta en peligro de la alimentación de las personas más desfavorecidas.

Megaproyectos: las venas del libre comercio

Otro de los aspectos que se debe tener en cuenta en la puesta en marcha del sistema del libre comercio son las bases físicas que requiere. Las materias primas y las mercancías no se “tele-transportan” de los distintos lugares de producción a los centros de consumo, pasando por los de ensamblaje y almacenaje intermedios, sino que al contrario, requieren de corredores productivos que toman la forma de redes de infraestructuras económicas. Estas redes son establecidas desde una lógica de integración territorial transnacional y asimétrica, interfiriendo en el medio ambiente y en la vida de los pobladores locales. En América Latina, han tomado la forma del Plan Mesoamérica y de IIRSA, caracterizándose por la generación de deuda externa, de importantes conflictos sociales y ambientales, y la ausencia de transparencia y de participación social en todas sus fases de implementación. Entre las entidades que los promueven encontramos instancias públicas españolas tales como el Instituto Español de Comercio Exterior y el Instituto de Crédito Oficial de España; y capital privado como Endesa, Iberdrola y Abengoa que se han visto beneficiadas de distintas maneras por el gobierno español. También es destacable la presencia del Banco Santander que ha financiado hasta enero de 2010 uno de los proyectos de mayor impacto social y ambiental, el Complejo del Río Madera, destinado no solamente a la generación de energía para la industria, sino también a la construcción de rutas alternativas para la exportación de la soja brasileña hacia los mercados europeos.

Independientemente de la firma o no de Tratados de Libre Comercio, los megaproyectos siguen siendo puestos en marcha, puesto que están diseñados para servir los intereses de las empresas transnacionales en la extracción de recursos y el transporte de mercancías.

Denunciar los crímenes de las multinacionales y “enlazar alternativas”

La Red Enlazando Alternativas denuncia la responsabilidad de las transnacionales europeas en las violaciones continuas y sistemáticas de derechos humanos, económicos, políticos, sociales y culturales, así como la destrucción generalizada y a veces irreversible del ambiente, y el total desprecio por los medios de vida y bienestar de las comunidades indígenas.

Enlazando Alternativas exige a la Unión Europea que acometa una drástica reducción de su consumo de materiales y energía, reconociendo y reparando la Deuda Ecológica generada. Ello implica, entre otras cosas, renunciar a la firma de los Tratados de Libre Comercio.

En los pueblos latinoamericanos sí existe una voluntad para una integración regional, pero con una óptica completamente diferente: amplias redes de la sociedad civil, organizaciones campesinas, afro descendientes e indígenas que construyen la Soberanía Alimentaria, intentan recuperar la gestión pública sobre los recursos naturales y sectores estratégicos, así como promueven activamente derechos básicos como el agua, la salud o la educación".

 Mónica Vargas, Observatorio de la Deuda en la Globalización. Tom Kucharz, Ecologistas en Acción

Publicado en la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas, nº1, 2010. Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) www.omal.info

Fuente: www.ecoportal.net 04-08-10

 

Los poderes concentrados locales reciben la propiedad sobre costas y espacios verdes públicos

A. La entrega de la costa a grupos privados y la destrucción del medioambiente costero.  

Comunicado de la Central de Trabajadores de la Argentina (Regional Quilmes): Rechazamos la entrega de la costa a grupos privados y la destrucción del medioambiente costero. Ante el inminente tratamiento en el concejo deliberante del proyecto que le permitirá a la multinacional Techint construir y/o vender buena parte de la costa de nuestro distrito, desde la Central de Trabajadores de la Argentina regional Quilmes manifestamos nuestro más firme rechazo a que la ribera, que debe ser para todos, se convierta en la continuidad del elitista y desigual Puerto Madero. Ningún proyecto cocinado a espaldas del pueblo quilmeño y del que se favorezca esta empresa multinacional de nefasta historia en contra los trabajadores y el pueblo será beneficioso para nuestra comunidad. Por el contrario, acompañamos y hacemos nuestros los reclamos en defensa del medio ambiente costero, último pulmón de nuestra ciudad y exigimos que los destinos de esas tierras, de incalculable valor ambiental, sean parte de una discusión en la que primen los genuinos intereses de las mayorías, organizaciones sociales y ambientales y no los negociados de unos pocos.

A esas tierras Techint accedió como parte de un negociado con los gobiernos de la ciudad y la provincia de Buenos Aires, nada más y nada menos que Osvaldo Cacciatore e Ibérico Saint Jean. Aquella dictadura genocida y torturadora iniciada en 1976 tuvo en el grupo de origen italiano a un aliado estratégico. La profunda represión llevada a cabo en esos años sirvió no solo para acallar a las voces disidentes, sino para facilitar la ejecución de un esquema de negocios y grandes estafas al pueblo como esta. La CEAMSE en la que Techint, a través de la contratista SYUSA debía darle tratamiento a la basura de la ciudad y buena parte del conurbano, fue y sigue siendo un exorbitante negociado que solo favorece al grupo, que incumplió la mayoría de sus compromisos.

Desde la CTA Quilmes nos manifestamos contrarios a que el destino de esas tierras sean definidos por grupos inversores privados, sea Techint u otros. Repudiamos los discursos que cantan loas a un supuesto progreso del que disfrutaran muy pocos. Al tiempo que se destruyen los humedales y la última franja de espacio verde que le queda al distrito. En estos días las propias autoridades de la empresa junto al gobierno municipal organizan reuniones para los concejales del distrito, donde se busca pulir todo para que se vote lo que Techint quiere.

En los `70, Techint contrataba personal de las fuerzas de seguridad para perseguir activistas en sus plantas, 75 trabajadores de empresas del grupo fueron detenidos desaparecidos. Hace un año y medio la multinacional le pagó al intendente un viaje a Nueva York, para que vea con sus propios ojos lo bueno de sus proyectos. A Francisco Gutiérrez, hombre proveniente del sindicalismo metalúrgico, nadie debiera explicarle quienes son los Rocca, sin embargo ya se manifestó a favor de regalarles la costa a cambio seguramente de financiamiento de obra publicas. Las autoridades municipales y los legisladores todavía están a tiempo de revertir esta situación. Esperamos organizados que así sea.

- No a la entrega de la costa y tierras fiscales a particulares
- Por la protección de los humedales,cuencas hídricas, ríos y acuíferos
- Por una costa pública y accesible para todos
- Por la defensa de las tierras públicas urbanas
Adhesiones a: ctaquilmes@yahoo.com.ar  www.prensadefrente.org/ 19/07/2010

 

B. Por la defensa de la costa Vicente López, Avellaneda y Quilmes.

Declaración avalada  por  Fernando  Pino  Solanas

Desde Proyecto Sur hemos afirmado la necesidad de una ética pública para que “no se hagan negocios privados con el patrimonio público” y el deber de responsabilidad ciudadana sosteniendo que “lo que es de todos lo defendemos entre todos”.

En la actualidad nos encontramos ante un entramado de iniciativas privadas y en algunos casos estatales, que avanzan sobre la ribera del Río de La Plata en las localidades de Vicente López, Avellaneda y Quilmes. Ante esta situación sostenemos:

1.- Que siendo tierras públicas, de altísimo valor ambiental, así como lugar de recreación y esparcimiento para la comunidad; cualquier alteración en el uso del suelo debe exceder los límites actuales de su jurisdicción de orden municipal y provincial. A tal efecto proponemos la constitución de un “Consejo de la Comunidad ” en el que participen además de los representantes de los estamentos estatales, cada una de las organizaciones de la sociedad que definan interés en participar en el destino de dicho patrimonio común. A tal efecto las asociaciones de vecinos, sociedades de fomento, ambientalistas, sindicatos, cooperadoras escolares, centros de estudiantes, como  así  también  todo  habitante  que adhiera a  los  principios  de  dicho  consejo y  sientan el deseo de participar, tengan la mayor apertura institucional y democrática para definir la suerte de un bien escaso como es la ribera y que al día de hoy es de uso comunitario.

2.-  En este sentido nos pronunciamos contrarios a todo avance en el diseño, desarrollo y construcción del “vial costero en Vicente López” defendido al día de hoy por autoridades municipales, provinciales y nacionales. Por  que  además  de  que  no  consta  con  los  estudios  de  impacto  ambiental. Comporta un daño sobre la hidrología, su ubicación sobre el valle de inundación conforma un tapón hidráulico con perjuicios sobre toda el área construida. También por el presumible uso masivo de automotores será un nuevo foco de contaminación ambiental, sonora y visual. Y finalmente una usurpación al uso público de la costa en función de actividades de esparcimiento, recreación y ocio.

3.- Agregamos un “no” a la construcción de shopping, hoteles u otros emprendimientos privados, en la zona costera de Vicente López. En  definitiva  No  a  la  aprobación  de  excepciones  al  código  de  ordenamiento  urbano  sin  informe  de  impacto  ambiental  global  o  consulta  ciudadana Hacemos notar que no se trata de ningún progreso para la inmensa mayoría de los vecinos. Sólo negocios privados en inmejorables tierras públicas en consonancia con la peor tradición de los años noventa en la que el mejor patrimonio público terminaba en las manos de los “amigos del Poder”.

4.- La defensa de los humedales en la costa de Avellaneda y Quilmes, con sus innumerables beneficios ambientales, con su enorme flora, el hábitat en que se refugiaron pájaros, aves y animales diversos, así como su capacidad de regular el nivel hídrico a favor de una convivencia más amigable de los vecinos en las crecidas del río y en el escurrimiento de las aguas tras las lluvias, genera una obligación militante a favor de su preservación. El intento de la empresa Techint, con su privado emprendimiento inmobiliario, negocio de altísimo rendimiento económico a favor de unos pocos, destruyendo 61 hectáreas de bosques, conforma un verdadero crimen ambiental que debemos impedir.

5.- Para el área, además, entendemos imprescindible planificar la salida de las industrias del polo petroquímico de Dock Sud. La altísima contaminación provocada atenta contra la calidad del agua de la principal fuente de vida de nuestra área metropolitana que es el Río de la Plata. Asimismo entendemos que resulta imprescindible el urgente compromiso gubernamental a favor del saneamiento de toda la cuenca del Riachuelo. En este sentido resaltamos el compromiso de la Corte Suprema de Justicia, ejemplo que debieran seguir las autoridades del Estado como el conjunto de la comunidad civil.

Sintetizando: nos pronunciamos por la más amplia participación en el debate y  resolución de las cuestiones ambientales. Requerimos de las autoridades no innovar,  hasta tanto la voz de la inmensa mayoría de los vecinos se haya pronunciado democráticamente, a favor de la resolución más conveniente.

Fuente: http://www.porvicentelopez.com.ar/tag/vial-costero

 

C. "Los vecinos de Morón nos solidarizamos con los vecinos de Vicente López que están defendiendo los derechos que categóricamente nos otorgan las leyes, es el propio derecho a tener ESPACIOS VERDES PÚBLICOS. Nuestra solidaridad surge espontánea porque están viviendo una problemática similar a la nuestra, en la cual las autoridades Municipales, sin la participación de la comunidad, niegan y disponen las tierras que nos pertenecen para preservar nuestra calidad de vida y salud tanto psíquica como física. Afirmamos que las tierras que reclamamos son las últimas que quedan en todo el oeste para atenuar en una pequeña parte el gran déficit de espacios verdes públicos. Defendamos el lugar en que vivimos de tanta irracionalidad, para que no se trasformen en ciudades enfermas, protegiendo así el presente y futuro de las generaciones venideras".

VECINOS AUTOCONVOCADOS DEL OESTE

RESPETO AMBIENTAL

 Fuente: http://vecinosendefensadevicentelopez.blogspot.com/2010/08/solidaridad-de-los-vecinos-de-moron.html

 

2. Unirse a los campesinos y pueblos originarios en la disputa  territorial

Brasil. La disputa territorial: campesinado y agronegocio

Por Bernardo Manzano Fernandes

El campo de nuestros países está formado por distintos territorios. La tierra campesina, la comunidad campesina, la propiedad campesina es donde el campesinado construye su existencia. La propiedad capitalista es otro territorio, desde donde el agronegocio se reproduce. Estos dos generan el proceso de disputa territorial. Pero el campesinado está siendo expropiado de sus territorios y una forma de resistencia es la lucha por la tierra para recuperar su participación territorial. Un ejemplo es la disputa de estos territorios en el campo brasileño. En la tabla uno vemos un análisis sobre el territorio del país en diferentes espacios que lo componen. En 2003 el territorio brasileño de 852.22 millones de hectáreas se componía así: 15 por ciento eran tierras indígenas; 12 por ciento, unidades de conservación vegetal; 3.5 por ciento formaban las áreas urbanas y áreas ocupadas por ríos, carreteras y “posse” (condición en que el campesino vive en tierra del Estado pero no es propietario); 69.5 por ciento estaba ocupado por propiedades rurales; 49.5 por ciento por inmuebles catastrados por el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria, y 20 por ciento eran tierras “devolutas”, esto es áreas públicas ocupadas por terratenientes o por grandes empresas.

 

Los inmuebles capitalistas y los campesinos producen relaciones sociales diferentes: capitalistas y no capitalistas, siendo, por tanto, territorios distintos. Tenemos diferentes formas de organización del espacio y del trabajo. Hay por tanto dos relaciones sociales que producen dos territorios distintos y, para expandirse, precisan destruirse uno a otro.

El territorio capitalista se territorializa destruyendo territorios campesinos, o destruyendo territorios indígenas, o se apropian de otros territorios del Estado. Los territorios campesinos se territorializan destruyendo el territorio del capital, o destruyendo territorio indígena o se apropia de otros territorios del Estado. Si la frontera agrícola está abierta, ese proceso se mantiene. Con el cierre de la frontera agrícola, el enfrentamiento entre los territorios campesinos y los de la capital sería más intenso.

Hubo un aumento de área de ambos territorios que sólo fue posible porque la frontera agrícola está abierta. Un factor importante de territorialización campesina es, sin dudas, la lucha por la tierra y las políticas de reforma agraria que posibilitaron la expansión de territorios campesinos. Todavía la expansión y el reflujo de los territorios son resultado de coyunturas económicas y con la nueva onda de la agroenergía aumenta la tendencia de expansión principalmente de territorio capitalista. Más allá de esta tendencia, el capital tiene el poder de territorializar más rápido que el campesinado por causa de las desigualdades generadas por el modo de producción capitalista que expropia al campesinado de sus territorios. La territorialización del campesinado ocurre primordialmente por medio de la lucha popular y políticas públicas.

La lucha por la tierra y la reforma agraria forman el principal factor de territorialización del campesinado en el territorio nacional. El desarrollo territorial y la reforma agraria son procesos inseparables. Por tanto, la obtención de tierras y el desarrollo de los asentamientos campesinos son también procesos inseparables. El capital forma sus territorios y se territorializa, o sea, se expande multiplicando el control de enormes áreas en todas las regiones. En la actualidad, en el campo brasileño, el agronegocio procura apropiarse de tierras pertenecientes al campesino por medio de la tercerización de la producción (que muchos llaman integración) o con la expropiación vía la verticalización de la producción, controlando todos los sistemas que la componen.

Al pensar en territorio en esta coyuntura, deben considerarse los conflictos existentes entre campesinos y agronegocios que disputan territorios. Esos componen diferentes modelos de desarrollo, por tanto forman territorios divergentes, con organizaciones espaciales diferentes, paisajes geográficos completamente distintos. En esta condición tenemos tres tipos de paisajes: uno, el del territorio del agronegocio, que se distingue por la gran escala y la homogeneidad del paisaje; por la desertificación poblacional, el monocultivo y la producción para la exportación; dos, el territorio campesino, caracterizado por la pequeña escala y la heterogeneidad de su paisaje geográfico con frecuentes doblamientos; se distingue por la policultura y por la diversificación de alimentos orientados el desarrollo local, regional y nacional; y tres, el territorio campesino monopolizado por los agronegocios, que se distingue por la escala y homogeneidad de su paisaje geográfico y por el trabajo subordinado y controlado técnicamente por los commodites que se utilizan en los territorios campesinos.

Esta realidad nos sitúa, por lo menos, en una interrogante: ¿qué es desarrollo territorial para esta diversidad de territorios? Necesitamos varios modelos. Todavía la tendencia de los gobiernos es pensar en el desarrollo desde perspectivas del agronegocio, porque éste es comprendido como la totalidad de la cual la agricultura campesina formaría parte. Asumir esta visión es comenzar perdiendo y terminar derrotado. El desarrollo territorial y la reforma agraria deben estar contenidos en el conjunto de intereses de diferentes tipos de campesinos y cuando se refiere a la reforma agraria, pensar en proyectos de asentamientos como territorios. Un principio importante es pensar el desarrollo territorial como una totalidad donde están presentes todas las dimensiones: política, social, cultural, ambiental y económica, no necesariamente en este orden, pero como un conjunto inseparable. Desarrollo y territorio son conceptos multidimensionales. En este sentido, la reforma agraria es un proyecto de desarrollo territorial. Y al mismo tiempo, la reforma agraria es una cuestión nacional.

Geógrafo, profesor del Programa de Posgrado en Geografía de la Universidad Estadual Paulista; investigador del Consejo Nacional de Desarrollo Científi co y Tecnológico; coordinador del Grupo Trabajo Desarrollo Rural en América Latina y el Caribe del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

http://www.jornada.unam.mx/2009/04/17/disputa.html

La Argentina frente a la primera gran encrucijada del siglo XXI

Por Walter A. Pengue (1,2) 

 La agricultura argentina ha tenido transformaciones sin precedentes, en los últimos 15 años, de la mano de un modelo tecnológico intensivo, un fuerte cambio de los actores sociales del campo y la agroindustria, una coyuntura internacional favorable y un Estado facilitador de los procesos o virtualmente ausente. Sin embargo, el económicamente exitoso modelo de agricultura industrial que hoy se expande en la Argentina, está marcando profundos cambios sociales, económicos, ambientales y de logística, con serias restricciones a la sostenibilidad de todo el sistema, rural, urbano y ambiental. La transformación de actividades, la llegada de nuevas tecnologías, la llegada de organizaciones con gran capacidad financiera y tecnológica como los pooles de siembra, el desplazamiento de cientos de miles de pequeños y medianos agricultores y su nueva reasignación productiva, no solo impactan ya, sobre la sostenibilidad social del propio sector rural sino que involucran a los ejidos urbanos de los pueblos y ciudades que discurren en la planicie chacopampeana. 

Argentina ha aumentado su producción agrícola en casi tres veces, pero ha perdido prácticamente en la misma proporción tanto a productores agropecuarios como lo mejor de su ambiente natural. Pero hoy en día, a poco de considerar un necesario ordenamiento de este crecimiento desigual, un nuevo y potente factor, enfrenta al país al dilema de incrementar aún más su oferta de materias primas, expandiendo sus fronteras rurales, mucho más allá de lo racional. La instalación en el escenario alimentario y energético mundial y regional, con precisión quirúrgica y fuerte poder económico de la demanda de agroenergéticos produce un quiebre en el destino de millones de toneladas de alimentos que se utilizaran para mantener una insostenible voracidad energética de las economías hiperdesarrollados potenciando una inequidad global, ya existente en buena parte de la humanidad. 

Decidir si inyectar nuestra comida en los tanques de combustible de 800 millones de automóviles o hacerla más accesible para los famélicos estómagos de prácticamente 2.000 millones de seres humanos no es una cuestión menor. No es una cuestión económica. Tampoco lo es tecnológica. Es sencillamente una cuestión ética, que tanto la sociedad global, como especialmente los gobiernos, no están analizando con la tranquilidad y ecuanimidad que el caso requiere. Tampoco revisa que en casos específicos como el argentino, o en una buena parte de los territorios del Brasil y el Paraguay, existe una sostenida demanda por nuevas tierras que avanza directamente sobre la masa boscosa, aportando con la intensa deforestación, extracción y quemado del material vegetal una ingente masa de gases de efecto invernadero. Solamente en la zona chaqueña se están estimando incorporar en el mediano plazo, alrededor de 3.000.000 de hectáreas nuevas (con maíz, soja, girasol, colza, ricino, jatropha). La tierra agrícola es cada año más escasa. A la disponible se la sobreexplota bajo modelos de producción insostenible. La “nueva tierra agregada”, es cada día de menor calidad, rápidamente agotable y con procesos erosivos crecientes. La agricultura industrial que crece en América Latina se expande sobre otros sistemas productivos y desplaza a cientos de alternativas productivas para el consumo local y regional, hoy virtualmente amenazados. Hoy en día, la discusión sobre la pérdida de la soberanía alimentaria o el alcance a una dieta balanceada y suficiente de una canasta diversificada de alimentos, pone en riesgo a las economías rurales de países como la misma Argentina, que podría duplicar prácticamente su producción diversificada en lugar de concentrarse prácticamente en la monocultura sojera, que ocupa prácticamente el 50 % del total de la producción granaria y ha desplazado a la lechería, ganadería, fruticultura, horticultura y cultivos de granos o virtualmente los ha eliminado. Otra cuestión tiene que ver con el precio de los alimentos. Si los precios de las materias primas siguen subiendo (maíz, soja y muchos otros), se producirá y ya esta sucediendo una fuerte competencia por estos (entre las propias agroindustrias de alimentos y la agroenergética), lo que redundara en la inaccesibilidad a los alimentos de una buena parte de la población. Por otra parte, los modelos de producción agrícola intensiva acorralaron a aquellos de base agrícola familiar, que eran quienes producían materias diversas y de rápido consumo local.

 

Hemos de recordar que prácticamente el 50 por ciento o más de los alimentos en América Latina provienen de este tipo de producciones familiares. En América Latina, dos tercios de la población, unos 400 millones de seres humanos no acceden normalmente a los alimentos. Un Presidente de la región, prometía hace muy poco, tres platos de comida diarios para toda su población, sin siquiera saber que bajo ese precepto, no alcanzarían los alimentos disponibles en ese momento en su territorio, al haber puesto a su país apuntando solo a la exportación de algunas materias primas. La tierra es escasa y el destino que se le asigne, tendrá mucho que ver con el propio destino de nuestras propias naciones. Si en el Brasil, el modelo puede expandirse aun mas, con costos ambientales por supuesto, en otros países de la región ya no sucede lo mismo. La disyuntiva entre agrocombustibles o alimentos es un hecho en la Argentina.

La tierra es limitada y los incrementos en la productividad de los cultivos, aun no absorben ni hacen neutro este proceso. Existe una seria incompatibilidad entre uno y otro destino y esto debe revisarse bajo un esquema integral y no solo parcialmente. H.T. Odum lo manifestaba claramente. El mundo no puede seguir creciendo consumiendo energía y dependiendo de este modelo. Y Nicholas Georgescu Roegen, el padre de la Economía Ecológica, sentenciaba, haciéndonos comprender la importancia de la energía en el sistema alimentario: “No hay nada como eso, de que la comida es gratis…”. Estará en nuestras sociedades informadas, decidir si damos nuestro almuerzo a los automóviles o resolvemos definitivamente la crisis alimentaria y humanitaria, de los casi mil millones de seres humanos que comen menos de una comida diaria por día".  Vienna, 9 y 10 de mayo 2008 Aspectos actuales de las relaciones entre Europa y América Latina Retos y Realidades de la Investigación de la Bioenergía en Europa y en América Latina Agrocombustibles y Agroalimentos(1) Director del Posgrado en Economía Ecológica, FADU, UBA (2) Coordinador del Área de Agricultura Sostenible del GEPAMA, FADU, UBA www.gepama.com.ar/pengue

Fuente: http://www.lai.at/veranstaltungen/la-tag-2008/reports/files/abstract-cv-pengue-esp.pdf

El rol de las ONG en las estrategias del ordenamiento global corporativo

 

LA PRODUCCIÓN DE AGROCOMBUSTIBLES. VERDADES Y MENTIRAS

Por Grupo de Reflexión Rural (GRR)
Acerca de declaraciones de Greenpeace y el rol de las ONG en las estrategias del ordenamiento global corporativo

Esta semana se ha hecho público el comienzo en la Argentina del uso de la mezcla obligatoria de gasolina con etanol y de gasóleo con biodiesel. A propósito de ello, nos llama la atención y nos preocupa que el referente local de la ONG conservacionista Greenpeace, Juan Carlos Villalonga, afirme que
“la posible competencia por el uso del suelo con la producción alimentaria, quedó atenuada por la nueva Ley de Bosques (26.331), que frena el avance de la frontera agropecuaria para monocultivos como la soja”. Sólo se necesita observar cómo han quedado los mapas de los Planes de Ordenamiento Territorial, para darse cuenta que lo dicho por Villalonga es totalmente falso, ya que en su mayor medida, las provincias han habilitado extensas zonas para el cambio de uso de suelo, lo que implica seguir utilizando las tierras para cualquier tipo de monocultivo e incluso aumentarlas en zonas con ecosistemas boscosos. Aún peor todavía, Villalonga afirma que el agrocombustible de soja, en los cálculos más optimistas, permite una reducción de emisiones de 31 por ciento promedio” y que “el dato varía mucho según el rendimiento de la cosecha”. El director de la ONG olvida señalar la cantidad de insumos que se emplearán, así como todos los efectos a largo plazo en la tierra utilizada para lograr ese supuesto rendimiento.
 

Por otro lado, es necesario recordar el prontuario del ingeniero Osvaldo Bakovich, coordinador de Biocombustibles de la Secretaría de Energía de la Nación, ya señalado en un documento del GRR en febrero de 2007, La Génesis de una política Agraria (Stella Semino, Jorge Rulli): “Uno de los ejemplos que nos preocupan (…) es el del proceso de gestación de la ley de promoción de los biocombustibles en la República Argentina. Esta ley fue generada desde el ámbito de las empresas privadas con la colaboración de algunos pocos funcionarios de Estado. Hoy, muchos de aquellos consultores privados de los primeros foros dedicados a diseñar la política nacional sobre biocombustibles son altos funcionarios y deciden las políticas públicas. Uno de aquellos ex consultores, es hoy, nada menos que portavoz de la Secretaria de Energía de la Nación en el tema de biocombustibles, Osvaldo Bakovich, justamente a cargo de la aplicación de la ya promulgada ley de promoción a los biocombustibles. El Ingeniero Osvaldo Bakovich, en su capacidad de consultor privado en el 2003 organiza los primeros talleres dedicados a diseñar, la futura ley de biocombustibles. En el año 2005 fue miembro fundador y uno de los titulares de de la Asociación Argentina de Biocombustibles, la cual trabajó estrechamente con Asociaciones de productores de Soja y Maíz, Bolsa de cereales (Aappresid, Asagir, Maizar, las Bolsas, ACSoja, la Sociedad Rural, FAA, Coninagro, CRA). En 2006, ya como representante de la secretaria de Energía de la Nación Argentina, presentó en el Congreso de Mercosoja 2006, un documento titulado El nuevo paradigma energético: el Biodiesel.”
 

Debemos decir que, la ley de Biocombustibles, subsidia su propia producción. Las exportaciones de biodiesel, deben pagar retenciones del orden de 14% (la soja grano paga el 35 %), pero a su vez tienen un reintegro de 2,5%. Ese diferencial resultante, es precisamente, lo que lo haría más competitivo y evidentemente, representa un subsidio encubierto que responde a políticas de Estado no claramente reconocidas. Por otra parte, debemos recordar la amenaza que para la producción de alimentos significa siempre la producción de Agrocombustibles. El Dr. Reinaldo R Muñoz. Jefe de Estudios Económicos del INTA Pergamino, ha expresado recientemente refiriéndose al hecho de destinar tierras agrícolas a la producción de agrocombustibles, que: “…puede detonar un conflicto alimentario muy grave con repercusiones aún desconocidas para los países más pobres. En lo mediato pueden traer un encarecimiento generalizado de los alimentos”.

Una vez más, tenemos como GRR, la obligación de recordar que, desde los años noventa, sufrimos un grave proceso de neocolonización corporativa, que se mantiene y profundiza un proceso extractivista que se apoya en modelos de agro exportación y agronegocios. La sojización y la Biotecnología son los ejes de las actuales dependencias, a las que se les suma en forma creciente la producción de agrocombustibles. No comprender esta ecuación básica de la realidad argentina, por falta de Conciencia nacional o por ausencia de pensamientos complejos, implica cerrar los ojos a la actual tragedia argentina y hacer el juego a las Corporaciones. Ese es el rol que pareciera se han dado ciertas ONG y muchísimos intelectuales: el de fragmentar las miradas abarcativas y someter los fragmentos a las lógicas de un mercader.

 Rebela que sean las grandes ONG como Greenpeace, Fundación Vida Silvestre y Proyungas, las que estimulen la generación de agrocombustibles cuando ellas mismas han sido quienes, en la mayoría de los casos, han participado activamente en los POT (Planes de Ordenamiento Territorial) que habilita la Ley Nacional de Bosques Nativos y han dibujado arbitrariamente y siempre a favor de la voracidad de las corporaciones de los agronegocios, las zonas que pueden desmontarse y entregarse al monocultivo (Soja o caña de azúcar). Ellos mismos avalaron asimismo, las zonas de protección que también van a ser gradualmente modificadas en el incontenible avance de las industrias extractivas y productoras de agrocombustibles, destruyendo las últimas selvas y bosques de las provincias del norte argentino".
Febrero 19 de 2010

http://horizontesurblog.blogspot.com/2010/02/la-produccion-de-agrocombustibles.html

http://www.grr.org.ar/

 

3.Desobeder los dictados imperialistas del capitalismo central

Agrocombustibles: Catalizador del capitalismo global

Por Maya Rivera M. y Sergio Arispe B.
Los agrocombustibles son una vía más para profundizar el antagonismo entre el ser humano y la Tierra y entre los mismos seres humanos. Son parte de una ideología que defienden los más acaudalados en el mundo y que permite hacer más ricos a los menos y más pobres a los más. Cabe preguntarse ¿cuál es la razón de los agrocombustibles si según los datos analizados no son rentables ni beneficiosos, sino, más bien, todo lo contrario?

Agrocombustibles: Catalizador del modelo de libre comercio re-colonizador y parte de la fórmula de supervivencia del capitalismo global. Los agrocombustibles son una vía más para profundizar el antagonismo entre el ser humano y la Tierra y entre los mismos seres humanos. Es una herramienta más de un sistema que busca la imposición de jerarquías a través de la colonización de los remanentes de una identidad que se siente la realidad misma, sin ninguna separación entre todos los seres que la ‘habitan’. Son un medio más para desposeer a la tierra de su esencia. Son parte de una ideología que defienden los más acaudalados en el mundo y que permite hacer más ricos a los menos y más pobres a los más.

Busquemos en nuestro interior que no está separado del exterior, el sentimiento de unidad con la tierra y con nosotros mismos, y encontraremos que volver a la tierra en combustible para la industria en general es un atentado contra nuestra identidad, es una cara más del modelo recolonizador.

A modo de introducción

La bioenergía es un término bastante amplio que abarca a todos los productos energéticos obtenidos por procesos de conversión de productos o residuos agrícolas y animales . Entre ellos tenemos a los biocombustibles o agrocombustibles, considerados para atender fundamentalmente la demanda del parque automotriz de los países desarrollados. Del alcohol etílico, el biodiesel y el alcohol metílico, el más utilizado es el primero. El alcohol etílico o etanol se obtiene de vegetales ricos en azúcares como la caña de azúcar, el maíz, la yuca y otros; es el combustible vegetal equivalente a la gasolina. El biodiesel o diesel vegetal se obtiene de oleaginosas o vegetales ricos en aceites como la palma africana, la jatropha, la linaza, palta y otros; es el agrocombustible más usado después del etanol.

Los agrocombustibles son una realidad en varios países en el mundo, incluidos países latinoamericanos, y se han constituido en una moda de la agroindustria que pretende insertarse en otros países más. Uno de los pocos países latinoamericanos en los que aún no han tenido cabida es Bolivia, pero hay iniciativas que están pujando para que este país se “suba al tren del agrocombustible”  o, en su defecto, deje pasar la gran oportunidad de este negocio. Si bien la información que ha corrido por los medios de comunicación es mayormente defensora de esta campaña, es menester realizar un análisis más profundo del tema a partir de las experiencias ya vividas en el mundo, las cuáles no muestran precisamente que el agrocombustible haya sido una gran solución a los problemas socioeconómicos y culturales que vive Latinoamérica y el mundo entero.

El presente documento ha nacido con la intención de mostrar resumidamente todos los aspectos que atañen a los agrocombustibles para ser considerados por Bolivia en especial y por todos los países llamados subdesarrollados. Más allá de mostrar datos técnicos, hemos pretendido realizar un cotejo sintético, pero lo más completo posible, de lo que significan los agrocombustibles. Vale resaltar que la mayoría de la información utilizada proviene de experiencias vividas en diferentes países. No es preciso especular sobre el tema, ya es una realidad.

Contexto Internacional

Como consecuencia de las alzas de precio del petróleo, ocurridas a fines de los años 70 y en los años 80, los países altamente dependientes de recursos fósiles tomaron gran interés en la generación de combustibles a partir de materia prima orgánica, desde cultivos específicos, entre los cuales se destacan la caña de azúcar, el maíz, la palma africana y especies forestales de rápida reproducción como el eucalipto, por nombrar algunas. Tal previsión tiene como objetivo el de un día terminar con la dependencia que tienen los grandes consumidores energéticos hacia los combustibles fósiles que se encuentran en reservas de países denominados “políticamente inestables” o contrarios a los intereses imperialistas, como Irán, Venezuela, Nigeria y otros. Considerando la importancia de la energía a nivel político, económico y cultural, no podemos dejar de tomar en cuenta que la pugna inter-imperial entablada para custodiar las regiones ricas en yacimientos petrolíferos, se agudiza, debido a que los intereses económicos y energéticos de los países imperialistas son cada vez más difíciles de “subvencionar”. Asimismo, es de extrema importancia recordar que no son solamente los recursos petrolíferos los que mueven intereses internacionales; el quid del asunto radica en que hay una guerra imperialista por recursos naturales, tierras y territorios en todo el planeta para solventar la lógica capitalista de consumo.

En este contexto, la industria de la agroenergía se constituye en una arremetida más del neo-neoliberalismo  para insertarse en las economías de los países del Tercer Mundo, ya que es en ellas en donde se encuentran las fuentes de energía y materias primas que necesitan . Para lograr este cometido en la Cumbre de Países G8 realizada en Alemania-Heiligendamm, por ejemplo, se ha determinado la exigencia de establecer alianzas estratégicas con las economías emergentes, reforzar su compromiso de promover y fortalecer el libre comercio para garantizar la libre inversión y ofrecer colaboración y transferencia de tecnología, a modo de reducir los puntos de resistencia en el mundo. Los agrocombustibles encajan perfectamente con estos objetivos. Son las alianzas estratégicas entre los inversores, los Estados y actores sociales, y la transferencia de a tecnologías importadas, los timones de esta agroindustria. En cuanto al aspecto tecnológico es imprescindible tomar en cuenta que éste abre las puertas a los transgénicos, productos petroquímicos y otras variables que establecen la obligación de la entrada de megaempresas especializadas en estos rubros, afianzando la imposición del modelo agroindustrial sobre la agricultura tradicional específicamente y sobre modelos de soberanía nacional en general que están emergiendo en algunos países como Bolivia por ejemplo.

 

Sobre los aspectos socioeconómicos importantes

La subida de precios de los alimentos de la canasta familiar

Como prueba de lo mencionado hasta ahora, uno de los resultados de esta energía alternativa ya se está avizorando en el mundo entero: varios productos alimenticios han migrado a la producción de combustibles y han dejado de abastecer los mercados internos de alimentos. Expertos declararon que la inflación de los “commodities” (se refieren a productos agrícolas que, bajo reglas de flexibilización de comercialización de la OMC, tienen preferencias comerciales) que la producción de biocombustibles está generando, es una tendencia global que puede tener consecuencias negativas para los países pobres y especialmente para aquellos con bajo potencial agropecuario . La soberanía alimentaria de estos países está sucumbiendo ante la importación de alimentos altamente subsidiados, prueba fehaciente de que los agrocombustibles son parte de una política internacional para impedir la consolidación de redes de producción, comercialización y consumo que no está acorde con la conveniencia de los grandes capitales.

El Instituto de Investigación de Políticas de Alimentación Internacional (IFPRI, siglas en Ingles) en Washington D.C. ha realizado investigaciones que arrojan datos preocupantes sobre el potencial impacto de los biocombustibles. Mark Rosegrant, director de una división del IFPRI y otros colegas, proyectan que dados los incrementos constantes del petróleo, el rápido incremento global en la producción de biocombustibles impulsará el aumento del precio del maíz en un 20 por ciento para el 2010 y un 41 por ciento para el 2020. Se estima que los precios de semillas oleaginosas, incluyendo soya, colza y semillas de girasol, incrementarán en un 26 por ciento para el 2010 y en un 76 por ciento para el 2020; lo propio con el precio del trigo: en un 11 por ciento para el 2010 y en un 30 por ciento para el 2020.

 

De acuerdo a la correlación de factores, las presiones especulativas han creado lo que puede denominarse “la fiebre por los biocombustibles”: el incremento de los precios por especulación. Fondos de inversión están apostando fuertemente en el maíz, lo que está creando una estampida del mercado en torno al etanol. La fiebre de biocombustibles está ocasionando que las reservas estratégicas de granos alimenticios a nivel global se dispongan mayormente para la agroenergía reforzando la posibilidad de desabastecer el mercado de alimentos. Aunque el etanol ha creado enormes oportunidades para formidables ganancias al sector agroindustrial, al de especulación y algunas granjas, ha desequilibrado substancialmente el flujo tradicional de commodities y modelos de comercio y consumo de manera interna y externa en el sector agrícola . La producción de biocombustibles es, a su vez, un enorme limitante para permitir la consagración de los objetivos del milenio, los que establecieron en las Naciones Unidas, en el 2000, un compromiso de reducir, a la mitad, la población que crónicamente sufre de hambre, del 16% en 1990 a 8% para el año 2015.

Considerando los factores expuestos veremos que los agrocombustibles exasperarán más aún el hambre mundial. Varios estudios por economistas del Banco Mundial sugieren que el consumo calórico alimentario de los pobres del mundo declina medio por ciento cuando los precios medios de los alimentos incrementan en un por ciento.

Cuando un alimento importante se vuelve más caro, la población trata de reemplazarlo con uno más barato y generalmente menos nutritivo; pero si todos los alimentos básicos suben no hay alternativa a la cual recurrir. Se estima que para el año 2025 existirán 1.2 mil millones de personas crónicamente hambrientas , ¿y que fue de los objetivos del milenio?

Un factor considerativo que tampoco esta siendo apreciado dentro de la ecuación de los agrocombustibles es el paulatino aumento de precios de las canastas básicas mundiales debido a que el transporte naviero marítimo está sufriendo cambios de ruta de las cargas marítimas a puertos chinos, hindúes y otros, debido la creciente economía asiática, hecho que: 1) esta aumentando la congestión del canal de Panamá, subiendo, de por sí, los precios del transporte interoceánico, 2) esta ocasionando que las flotas marítimas prefieran importar minerales (carbón, acero y hierro) para la China, solicitando más espacio en los buques para estos insumos y, por lo tanto, fomentando el incremento de los precios del transporte de granos alimenticios. Si adicionamos el hecho de que los granos o vegetales para agrocombustibles son más rentables que los alimenticios, entonces menos espacio habrá en los navíos para los alimentos.

Finalmente, somos testigos de una mayor confraternización entre las corporaciones transnacionales. Empresas del petróleo que quieren reducir su dependencia con el petróleo, la industria automovilística que quiere continuar sus ganancias de acuerdo al modelo de transportación individual, y las industrias agrícolas que quieren seguir adelante monopolizando el mercado agrícola mundial, se alían para formar oligopolios que dejan sin oportunidades a los pequeños productores y pequeños empresarios. Ni mencionar el rol de los países desarrollados, como EE.UU. y la Unión Europea (U.E.), en su deseo de mantener su hegemonía sobre la economía global. Ahora que existen países latinoamericanos grandes productores de petróleo que se han atrevido a contrariarlos, se esfuerzan por otorgar ímpetu al tema de los biocombustibles.  

 

Sobre la factibilidad económica de los agrocombustibles a partir del balance energético

Dentro de los factores más importantes para definir la factibilidad de la producción de biocombustibles está su balance energético (la comparación entre la energía utilizada para producir agrocombustibles y la energía producida). David Pimental y Tadius Patzek, de las universidades de Cornell y Berkeley, respectivamente, sostienen, según el balance de energía de todos los cultivos, que con los métodos de procesamiento actuales se gasta más energía fósil para producir el equivalente energético en biocombustible.

Producto de sus estudios se deduce que por cada unidad de energía gastada en energía fósil el retorno es: 0.778 de energía de metanol de maíz, 0.636 unidades de etanol de madera y, en el peor de los casos, 0.534 unidades de biodiesel de soya. En síntesis, el retorno por unidad es siempre menor. Si consideramos, además, los costos de investigación, mejoras productivas, mecanización del agro, el costo ambiental por la sobreexplotación de las tierras, los monocultivos, etc., entonces es un proyecto insostenible que ni siquiera ofrece modelos energéticos más equilibrados con el medio ambiente que los fósiles.

Dichas apreciaciones realizadas por Pimental y Patzek para definir este balance de energía, consideran las siguientes variables: la energía usada para la construcción y funcionamiento de las plantas procesadoras, la maquinaria agrícola y el trabajo.

Otros científicos han pronunciado muchas evaluaciones negativas sobre la agroenergía por las implicaciones mediatas e inmediatas que ésta acarrea. A pesar de los resultados de estos estudios, se sigue propagando algunas valoraciones positivas, dejando de lado incluso algunos factores que ni Pimental y Patzek han incluido dentro de sus informes, como ser: los costos del tratamiento de desperdicio y desechos, los impactos ambientales de los cultivos bioenergéticos intensivos -como la pérdida de suelos-, la contaminación ambiental por el uso de plaguicidas y fertilizantes. Sin embargo, a pesar de que se ha tratado de sacar estimaciones positivas (existen seis estimaciones después de la investigación de Pimental y Patzek), el balance energético positivo sigue siendo, a lo sumo, modesto (1.130 a 1.340 en la relación entrada/salida). Asimismo, resaltamos que la reducción de emisiones de gases con efecto invernadero, estimada, es de cerca del 13%: una disminución mínima.

Otros resultados obtenidos por la investigación realizada por Patzek concluyen que las consecuencias económicas de la excesiva producción de maíz han sido devastadoras. Por ejemplo, el precio de maíz en Iowa (departamento Estadounidense), que es el más grande productor de dicho grano, declinó 10 veces entre los años 1949 y 2005, no obstante que las cosechas de maíz se triplicaban. Otro efecto considerativo es que los agricultores de Iowa ganan una tercera parte de lo que ganaban hace 50 años, pero sus costos de producción se han multiplicado, debido a que queman metano y diesel para producir maíz. El precio de metano se ha incrementado varias veces en los últimos 3 años. Patzek dice: “los subsidios a los cultivos de maíz que han suplido los precios del maíz en el mercado han aumentado hasta en un 50% entre 1995 y el 2004”. A esto Patzek agrega que existirá más concentración en la producción industrial del maíz en gigantescas fincas operadas por las grandes corporaciones agrícolas, mientras que a los pequeños agricultores sólo les resta alquilarles su tierra.

 

Sobre la factibilidad tecnológica

La tecnología es un aspecto central. En un estudio realizado por Farrel y Colab (2006) se alerta a los países latinoamericanos que un uso en gran escala de etanol para combustibles seguramente requerirá tecnologías de celulosa  que amplían el rango de convertibilidad de las materias primas utilizadas; esto quiere decir, por ejemplo, que ya no necesitaríamos una hectárea de caña para producir 6000 litros de etanol, sino que podríamos hacerlo a partir de un proceso enzimático, desde cualquier material orgánico, por ejemplo, el aserrín de la madera. Esta tecnología aún no está plenamente desarrollada y se estima que de aquí a diez años, mediante inversiones fuertes e investigaciones, puede ser alcanzada. Como los procesos de adquisición de tecnología son caros y requieren de mucha inversión, lo más probable es que sean detentados por pocas manos con capacidad de invertir. Esto les quita a los países latinoamericanos todo tipo de soberanía sobre la producción de agrocombustibles, además de la comercialización.

Mientras tanto, en Latinoamérica la tecnología actual utilizada para la producción de agrocombustibles, que se caracteriza porque requiere de cultivos a gran escala –hecho que conlleva todo una problemática ambiental y social– va a seguir invirtiendo grandes montos de dinero para el aglutinamiento de tierras, préstamos económicos y sistemas de producción, los cuales pueden ser desestimados en su totalidad el momento en que se consolide el tipo de tecnología de segunda generación mencionada en el anterior párrafo, lo cual puede dejar a los países latinoamericanos no solamente con tecnologías desechadas, sino también con deudas, con la mayoría de sus tierras mal utilizadas por cultivos para combustibles y, lo que es peor, con sus tierras apropiadas por las transnacionales o grandes empresas interesadas en los agrocombustibles.

Considerando que los países latinoamericanos que están invirtiendo, como política nacional, en sistemas de agrocombustibles dan plazos y beneficios tributarios para incentivar la inversión de capitales entre cinco y quince años, entonces están dando a los inversores la gran posibilidad de lucrar con nuestras tierras y recursos sin dejar réditos tangibles para el futuro. Mientras tanto, esos mismos capitales están desarrollando tecnologías de segunda generación para que en un futuro cercano el proceso de acumulación de capital ni siquiera necesite de esas tierras para producir biocombustibles. Esto implica que habríamos prácticamente subvencionado las ganancias de las megaempresas implicadas y nos habríamos perjudicado en términos económicos, ambientales, sociales y culturales.

 

Sobre las oportunidades laborales

En el caso de Brasil, el principal exponente de la agroenergía a partir de biocombustibles en Latinoamérica, la oferta laboral referida a este rubro es bastante desalentadora. Existe información respecto a la baja de la PEA en el área agrícola en un 20%, aproximadamente, desde los años 70, justamente en la etapa en la que se ha incursionado en la industria de los agrocombustibles (año 75). En la experiencia de Brasil se rescata el caso de Ribeiro Preto, municipio de Sao Paolo, paladín de la industria de la caña de azúcar para producir etanol, en el cual la situación laboral en los cañaverales es insignificante y, además, desoladora, ya que hay más gente en la cárcel que trabajando en la agricultura.

Si bien la campaña de la agroindustria siempre ha ofrecido grandes oportunidades de trabajo, su lógica de mecanización y maximización de las ganancias a partir de la eficiencia y competencia traducidas en mejores precios=bajos salarios, han constituido grandes problemas laborales, esclavitud en la zafra y migración del campo a la ciudad. El bajo rendimiento de conversión y la exigencia de subvenciones traducidas en maquinaria, sistemas de irrigación, grandísimas extensiones de tierra, insumos agroquímicos y otros, hacen del agrocombustible en un producto no rentable que no puede darse el lujo de pagar salarios: la mecanización a gran escala es la mejor opción y es, precisamente, la que se está utilizando. Los biocombustibles no dan trabajo.

 

Agrocombustibles y las cadenas productivas agrícolas

Los agrocombustibles por su componente agrícola se desenvuelven en las cadenas productivas agrícolas, las que se caracterizan porque el pequeño productor ocupa la parte más baja y, por lo tanto, más desventajosa de la misma, siendo las transnacionales las que dominan las etapas más lucrativas.

El poder de las transnacionales se traduce en los agrocombustibles a través de joint ventures, es decir, emprendimientos conjuntos de diferentes multinacionales para un mismo objetivo, en este caso, los agrocombustibles. Tenemos a transnacionales de tres sectores importantes: 1) petrolero, 2) agroindustrial y biotecnológico, y 3) automotriz. Además, se están dando procesos oligopólicos de control de todas las etapas de la cadena de producción de agrocombustibles.

La experiencia de los pequeños productores agrícolas en todo el mundo se caracteriza porque no se gana nada en la producción, sino en la comercialización. Vale decir, es el inversor el que va a definir los precios de la materia prima y del producto final, a través de las negociaciones con otras redes transnacionales con las cuales el pequeño productor no tiene oportunidad de tranzar por sus desventajosas condiciones. Éste hecho ha permitido en algunos casos que los pequeños productores tengan que alquilar sus tierras a las grandes empresas pues no contaban con la posibilidad de obtener sistemas de riego y otros aspectos dominados por las megaempresas (ejemplo de la cadena de la Okra en México).

Este hecho debe alarmarnos pues es un primer indicio de la posibilidad de abrir las puertas a las transnacionales para que ingresen a apoderarse de tierras, territorios y recursos naturales que renueven la lógica de consumo capitalista en la que son los países del Primer Mundo los que consumen y los países del Tercer Mundo los que avalan con sus recursos, tierras y mano de obra barata esa insostenible costumbre del sistema capitalista.

 

Algunas anotaciones respecto al medio ambiente

Sobre la reducción de Gases Efecto Invernadero

Se dice que los agrocombustibles serán una opción para reducir los gases de efecto invernadero y otros daños ambientales relacionados con la cadena del petróleo, con lo cuál se estaría contribuyendo con el problema del calentamiento global. La realidad se postra bastante distinta al discurso ya que no es la forestación una de las intenciones de la agroenergía, sino, más bien, la deforestación traducida en monocultivos extensos. Son varios los científicos que abogan porque para una verdadera reducción de CO2 se debe reforestar y no así “deforestar para cultivar”.

La producción de agroenergía no va a reemplazar al combustible fósil en más que un 10 o 15% para el 2030 más o menos. La capacidad de conversión de los cultivos no es eficiente y requiere de grandes extensiones de tierra y del uso de agroquímicos y biotecnología para maximizar la producción, con lo que se destruye la tierra. Asimismo, la capacidad de recorrido en distancia que tiene un auto que funciona con diesel es mayor a aquel que funciona con biodiesel, hecho que implica que se requiere de mayor cantidad de explotación de tierras y cultivos para mantener los estándares de consumo del parque automotriz. En este sentido, la contaminación que deviene intrínsecamente del combustible fósil no va a desaparecer con la energía vegetal.

Por otra parte, si consideramos que: 1) el gobierno de EE.UU. prevé que el consumo mundial de energía aumentará en un 71% entre 2003 y 2030, la mayor parte del cuál tendrá como fuente una mayor demanda de petróleo, hulla y gas natural, y 2) se estima que, para el final de ese periodo (2030), toda la energía renovable (incluidos los agrocombustibles) será un 9% del consumo mundial de energía, entonces es relativo y peligroso considerar como cierto el supuesto de que los agrocombustibles tendrán un papel importante en la lucha contra el calentamiento global.

Además, es preciso anotar que EE.UU. y otras potencias como parte de sus “discursos” de apoyo a la reducción de gases de efecto invernadero, ha optado por dejar libre a sus países de industrias contaminantes. Al mismo tiempo, como parte de sus “discursos” de cooperación al desarrollo de los países del tercer mundo, han desarrollado procesos de traspaso de las industrias electrointensivas y ambientalmente contaminantes del medio ambiente a los países en desarrollo. Tal contradicción no es casual. A los países desarrollados les resulta mucho más barato instalar sus industrias en estos países debido a los bajos costos de producción traducidos en: mano de obra barata, ahorro en transporte de materias primas y la predisposición de gobiernos fácilmente doblegables en materia ambiental.

Desde un punto de vista medioambiental, los biocombustibles no necesariamente contribuirán a disminuir la problemática de la polución, y, en algunos casos, muy por el contrario, exacerbarán el calentamiento global. De acuerdo Monbiot (2007), cada tonelada de aceite de palma que es convertido en biocombustible dispersa 33 toneladas de emisiones de carbono dióxido (CO2); 10 veces más que las emisiones dispersadas por combustibles fósiles. Además, “los agrocombustibles industriales requieren amplias aplicaciones de fertilizantes petroquímicos, cuyo uso global (actualmente a una relación de 45 millones de toneladas por año) tiene más que el doble de la disponibilidad biológica de nitrógeno en el mundo, contribuyendo intensamente a la emisión de óxido nitroso, un gas de efecto invernadero 300 veces más potente que el CO2”.

 

En caso que la actividad de producción de agrocombustibles se esfuerce en no deforestar, según estudios realizados pro la FAO, el tipo de agricultura que deberá sustentar esta actividad son los monocultivos para producir eficientemente, es decir, mayor cantidad de producto por hectárea y en el menor tiempo posible. Para esto es un requisito indispensable el mayor uso de irrigación y fertilizantes de origen fósil, los cuales tienen un alto contenido de óxido nitroso (N2O), el tercer gas de efecto invernadero más importante en el mundo para el calentamiento global. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, siglas en inglés) dice que las emisiones de óxido nitroso por año son equivalentes a 3.114 mil millones de toneladas de dióxido de carbono anual. Sólo la agricultura emite un equivalente a 2.616 mil millones de toneladas de dióxido de carbono.Según Mosier y Zhu, las emisiones de óxido nitroso se han incrementado en un 250%. Desde la revolución industrial, las concentraciones de óxido nitroso se han incrementado en un 17% y, en total, los humanos han duplicado la cantidad de nitrógeno biológico de manera global, cuyos efectos son desastrosos sobre la biodiversidad. A pesar de que este hecho es extremadamente, preocupante, aún no se conoce totalmente sus consecuencias, pero sí es sabido por los científicos que un aumento en la utilización de productos petroquímicos implica el aumento de óxido nitroso, el cuál, por efectos de evaporización de las aguas es trasladado a otros cultivos, con lo que cultivos y bosques que no están acostumbrados a altos contenidos de nitrógeno pueden desaparecer. Este hecho es muy preocupante debido a que los lugares óptimos para una mejor producción de agrocombustibles son aquellos que convierten el carbón en oxígeno, como por ejemplo, el Amazonas o las selvas tropicales del sureste asiático.

 

Sobre la deforestación y recuperación de suelos

Otro aditivo del maquillaje discursivo que pretende hacer presentable a los agrocombustibles, se sustenta en que permite la recuperación de suelos y que no alimenta el proceso de deforestación.

Son varias experiencias que han demostrado que los agrocombustibles significan un avance de la frontera agrícola y ganadera, a costa de la destrucción de los bosques primarios. Incluso se ha venido a denominarle el “biodiesel de la deforestación” por Eric Holt-Giménez. El caso de Brasil, nada más, es alarmante. La industria del azúcar y el alcohol tiene la pretensión de alcanzar en Brasil el record de 110 mil millones de litros de etanol anuales; es decir, abastecer el 5%, únicamente, del mercado mundial de etanol, lo que equivale a aumentar su producción actual en seis veces. En esta perspectiva, manteniéndose los actuales niveles medianos de productividad de la caña de azúcar y de los rendimientos en la fabricación del etanol, los cañaverales tendrán que ocupar 28 millones de hectáreas, casi la mitad de los aproximadamente 60 millones que conforman toda el área usada hoy por la agricultura nacional.  

En toda la bibliografía consultada, no se han encontrado experiencias que hayan cooperado en la reforestación y recuperación de suelos. Muy por el contrario se encuentran casos extremos de deforestación como en Brasil, Indonesia y otros.

Aquellos que defienden el hecho de que la agroenergía no significa deforestación en sí misma, olvidan que utilizar tierras para la producción de agrocombustibles además de las tierras que se necesitan para producir alimentos, implica un aumento de actividades que requieren de más extensiones de tierra. Vale decir, la producción de agrocombustibles empuja a otras actividades agrícolas a buscar más tierras, con lo que la deforestación se convierte en una realidad más difícil de paliar.

 

Conclusiones

Cabe preguntarse ¿cuál es la razón de los agrocombustibles si según los datos analizados no son rentables ni beneficiosos, sino, más bien, todo lo contrario? Como ya hemos anticipado someramente, los agrocombustibles tienen una razón de ser, y esta no es, precisamente, de orden ecologista, social o cultural. Los agrocombustibles son la punta de lanza de un modelo de libre comercio que posibilite a las transnacionales de EE.UU., y otras, mantener a flote su sistema financiero y político.

En este sentido, es urgente ser concientes de que los agrocombustibles son parte de un contexto internacional caracterizado por importantes acaecimientos económicos que preceden a un gran colapso del modelo capitalista global reflejado en el escenario económico que acontece en EE.UU. actualmente. El precio del petróleo se mantiene en ascenso. Los indicadores no mienten: la marca de $us 80 por barril de petróleo ya se superó, y se prevé alcanzar $us 100 por barril prontamente. Asimismo, el precio de otros “commodities” también sube. Esta subida coincide con un dólar cada vez más débil y el aumento de la liquidez del sector financiero estadounidense (corporaciones del complejo energético-industrial-militar, bancos y fondos financieros). Es posible que esta bonanza termine dirigiéndose hacia créditos de alto riesgo. Y es en esta parte de la ecuación que encajan los agrocombustibles: su bajo rendimiento y su alta exigencia de subvenciones caen como anillo al dedo a la necesidad de mantener en movimiento, mediante créditos, esos capitales que son, en realidad, espejismos, pues los precios de las materias primas están subiendo por especulación y la inflación del dólar está creciendo.

Este espejismo resulta muy atractivo para los países exportadores de materias primas los cuáles caen en el discurso de los grandes capitales que hacen creer que con el incentivo de la producción agropecuaria, mediante créditos, van a hacer crecer las economías del Tercer Mundo. La historia es la portadora de la verdad y refleja en su seno el fracaso del modelo de desarrollo (llámese este “desarrollo sostenible” o de otra manera, pero siempre “desarrollo”) y sus falsas promesas. Recordemos a América Latina en la década de los ´80 cuando Estados Unidos saneó su inflación dando ingentes cantidades de créditos, los cuales se tradujeron solamente en la deuda externa insostenible. El caso de los agrocombustibles hace venia a aquella realidad no lejana debido a que por su infactibilidad social, cultural, económica y tecnológica, va a terminar endeudando, sin salida, a los países del llamado Tercer Mundo. Las experiencias en Colombia, por ejemplo, ya muestran que los pequeños productores se han endeudado hasta el cuello para comprar tierras que les permitan producir ya que, no olvidemos, son muchas tierras las que se necesitan para producir algo de biocombustible. Por otro lado, hay casos en los que los pequeños productores no tienen más que alquilar sus tierras, porque es lo único que tienen, para acceder a los famosos créditos. Gracias a esto, las megaempresas se están adueñando de tierras y, por lo tanto, de recursos naturales (incluidos recursos humanos).

 

Estamos en una etapa en la que los agrocombustibles viabilizan la supervivencia del sistema financiero y político capitalista, cada vez más cruel. Una etapa que a diferencia de otras refleja un creciente rechazo a las políticas internacionales de ingerencia en los países denominados tercermundistas. El rechazo al ALCA y a los TLC es una prueba de ello. Pero hay que tener cautela debido a que los agrocombustibles se posicionan como parte de la salida del ciclo de crisis que caracteriza al capitalismo actual, mediante la apertura a la inversión extranjera y a la ingerencia sobre tierras, territorios y recursos, medios fundamentales para la supervivencia de este sistema.

El modelo de libre comercio tan resistido en algunos países se camufla muy ágilmente en diferentes iniciativas como los agrocombustibles, la Iniciativa de Integración Regional Sud Americana (IIRSA) y las cuencas del río Madera, las cuales están integradas en un modelo de recolonización que, evidentemente, no vela por las exigencias de los países denominados subdesarrollados, sino por la supervivencia del sistema capitalista global".
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Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos trabajan en la Comisión de Agricultura, Campesinado, Comunidades Originarias y Etnias del Senado Nacional de Bolivia. Fuente: www.ecoportal.net / 09-10-07

La política del Gobierno colombiano en la promoción de agrocombustibles

Por Paula Álvarez Roa
El objetivo de convertir a Colombia en una potencia de agrocombustibles, la lidera el mismo Presidente Alvaro Uribe, quien ha enmarcado esta propuesta con argumentos como que el país tiene condiciones climáticas y de suelo propicias para ponerse a la par con Brasil en la producción de etanol y agrodiesel. Se ha llegado a plantear la intención de sembrar 3.5 millones de hectáreas en palma de aceite para agrodiesel y otro tanto igual en caña u otros géneros para producir etanol.

Lineamientos del BID El Banco Interamericano de Desarrollo – BID-, promueve como “oportunidad transformadora” todo lo relacionado con los agrocombustibles, para ello ha destinado siete millones de dólares exclusivamente para estudios de viabilidad técnica de nuevos proyectos, más otros préstamos que el Banco otorga por diez mil millones de dólares para financiar iniciativas de este sector. Los agrocombustibles son presentados como una alternativa energética “verde”, y como un nicho de mercado, en el cual los países de esta región, tienen una supuesta ventaja comparativa respecto a los países industrializados.

Un reciente informe del BID [1] sobre las posibilidades de cada país suramericano, señala que Argentina, Colombia y Perú lideran la innovación en infraestructura para fomentar la industria de agrocombustibles, y plantea la necesidad de inversión del sector privado para desarrollarse. De igual forma el Banco ofrece una serie de servicios a Colombia, Costa Rica y El Salvador para que produzcan y exporten agrocombustibles. En Colombia, la Corporación Interamericana de Inversiones del Banco está considerando financiar una empresa de 20 millones de dólares para producir agrocombustibles a base en aceite de palma, la cual eventualmente produciría hasta 100 mil toneladas de combustible al año.

TLC y garantías

Por otra parte en el contexto internacional, con el Tratado de Libre Comercio de Colombia y Estados Unidos, se contempla que los agrocombustibles que se exporten no pagarán aranceles. Por ello en el país se han venido adelantando una serie de garantías para favorecer el negocio de la producción de agrocombustibles, se ha diseñado una legislación benévola, en aspectos como: el control de precios, la exención de los impuestos al consumo de etanol y agrodiesel, y en el de renta para los cultivos sembrados entre 2003 y 2013 de palma de aceite, caucho, cacao, y cítricos, en la declaración de zonas francas especiales, de igual forma la exención del IVA, tanto el agrocombustible como las importaciones de materias primas y maquinarias para su producción. (…)

Inversionistas e Infraestructura

Otro aspecto que vale la pena mencionar, es la llegada al país de inversionistas extranjeros como el J. P. Morgan Chase, uno de los bancos más grandes del mundo, quienes están interesados en proyectos de inversión en Vichada, la idea es que bajo el nombre de Marandúa Inc., la fundación Zeri realice un proyecto de similares características al de Gaviotas, que en siete años cubra 100.000 hectáreas y que en doce años haya duplicado los cultivos de agrocombustibles y plantaciones forestales. De igual forma la multinacional de alimentos norteamericana Cargill, ha invertido en estudios sobre la viabilidad de un gran proyecto, probablemente para la producción de aceite, en lo que ya tienen experiencia en vastas plantaciones en Malasia. Para esto el gobierno nacional ha destinado casi 50 mil millones de pesos para adecuar la navegación del río Meta, y otras inversiones por más de 82 mil millones para los próximos cuatro años que incluye la construcción de tres puertos- este proyecto está contemplado en la Iniciativa de Integración de infraestructura para Sur América IIRSA-.

Así mismo el Departamento Nacional de Planeación, ha enfatizado en mostrar: las nuevas plantas de procesamiento para los agrocombustibles, la construcción de poliductos, corredores viales de comercio exterior, la red fluvial, red férrea, sociedades portuarias que se quieren constituir. Con un avance ya en proyectos priorizados como el Corredor Vial Bogotá-Buenaventura, el Túnel de la línea, la concesión vial ruta del sol (comunica al centro del país con Santa Marta), la concesión vial Valle de Aburrá-Golfo de Urabá, concesión vial ruta Caribe, la concesión vial ruta de la montaña (este corredor unirá la trocal de occidente con la troncal del Magdalena), la concesión vial arterias del llano; así como nuevos desarrollos portuarios en Bahía Málaga, Tribugá, Turbo, Terlica SA en Santa Marta, y en cuanto a transporte fluvial río Magdalena y la navegabilidad del río Meta.

Finalmente el trabajo conjunto entre el gobierno, los gremios de los productores de agrocombustibles, e inversionistas privados, avanza en el país. En el discurso oficial se emite el mensaje de que Colombia “renacerá con los agrocombustibles”, que con estos se conseguirá y consolidará la política de seguridad democrática, que aliviará la pobreza, que erradicará los cultivos de uso ilícito y el narcotráfico, que se crearán nuevos empleos, que se regenerará el tejido social y el desarrollo sostenible del país en lo económico, social y cultural, además de que constituyen un aporte a la seguridad energética, a la recuperación de suelos, a la reconversión del aparato productivo rural, y de paso permitirán que el país cumpla con los objetivos del protocolo de Kyoto.

Lo que no se dice....

Pero lo que no se menciona en ningún discurso, ni se lee en ningún documento del Gobierno, son los enormes perjuicios que ocasionan, el desplazamiento de poblaciones enteras por este tipo de plantaciones, el hecho de que los agrocombustibles acaban con la economía campesina, ya que este tipo de industria expulsa al campesinado y configura una agricultura sin agricultores, sumado a la concentración y privatización de la tierra y fuentes de agua, la erosión de la biodiversidad, la destrucción de ecosistemas naturales y la violencia y militarización en función del control de los recursos naturales; además que afecta la soberanía alimentaria, puesto que se reemplaza la producción de alimentos, por agrocombustibles.

Por otra parte el cultivo de palma de aceite es de tardío rendimiento, por lo que el retorno de su inversión no se da antes de los cinco años de su siembra. Por esta característica resulta rentable en unidades de producción superiores a las 50 hectáreas. Por ello, este tipo de cultivos solo puede pertenecer a medianos y grandes propietarios.

En el informe de la CEPAL “Oportunidades y Riesgos del uso de la bioenergía alimentaria en América Latina y el Caribe” se reconoce que en el corto plazo habrá a nivel mundial una fuerte expansión de los agrocombustibles que: “pueden tener efectos, como cambios en la demanda, en las exportaciones, en la asignación de hectáreas para cultivos energéticos y altos precios de los cultivos, poniendo en riesgo el acceso alimenticio de los sectores más pobres”.

Por ello es que el problema de los agrocombustibles cobra cada vez más fuerza, pues corresponde a un proceso global, hegemónico y dialéctico que conduce a una crisis ecológica, al final de la soberanía alimentaria de los países, que ligado al uso de las semillas transgénicas, la imposición de los derechos de propiedad intelectual y la mercantilización de la naturaleza, da paso a una privatización absoluta de la vida y a un mayor grado de dependencia y de saqueo de nuestros territorios. Adicionalmente los meganegocios asociados, a mercados de sumideros de carbono, en donde los gobiernos otorgan permisos a enormes contaminadores industriales para que compren el derecho a contaminar entre ellos mismos y otros proyectos que fomentan que los países industrializados financien vertederos baratos de carbono, tales como, plantaciones a gran escala en los países del sur, como una forma de evitar la reducción de sus propias emisiones.

* Paula Alvarez Roa es Politóloga e Investigadora del Grupo Semillas. Fuente: www.ecoportal.net / 07-03-08

 

Agrocombustibles en Colombia ¿beneficio para quién?

Escrito por PCN, CENSAT, Diocesis Quibdo, etc.

Con el propósito de verificar los impactos del modelo de producción de agrocombustibles en Colombia y elaborar un informe tendiente a resolver la crisis energética mundial, se realizará la Misión “Agrocombustibles en Colombia ¿beneficio para quién?”, del primero al 10 de julio con participación de unos 30 delegados internacionales. Del primero al 10 de julio estarán en Colombia unos 30 delegados internacionales para realizar la misión “Agrocombustibles en Colombia ¿beneficio para quién?”. El propósito de esta misión es verificar los impactos del modelo de producción de agrocombustibles en Colombia y elaborar un informe que pueda ser usado a nivel nacional e internacional para que se tomen decisiones mejor documentadas en torno a resolver la crisis energética, sin que ésta ahonde más en las ya grave crisis alimentaria, económica, humanitaria, ambiental y social que vive el mundo entero.


Contexto
En Colombia, miles de campesinos afro descendientes, indígenas  y mestizos se enfrentan día a día al desplazamiento forzado, al socavamiento de la soberanía y autonomía alimentaría, al debilitamiento de sus economías comunitarias locales, a la creación de paupérrimas condiciones laborales y el resquebrajamiento de sus culturas, entre otras problemáticas. Estas son algunas de las razones que motivaron la realización de la Misión internacional, “Agrocombustibles en Colombia ¿beneficio para quién?”

“Nosotros no queremos alianzas, no queremos negociar con ningún palmicultor. ¿Cómo es qué 10 años atrás vienen a sacarnos de nuestras tierras con helicópteros, bombardeos y operación rastrojo por el suelo para quitarnos lo que nos pertenece y ahora vienen a decirnos que hagamos alianzas para la siembra de ese motocultivo que acabó con nuestras vidas y nuestros territorios?”. Es el testimonio de Ligia María Chaverra, Líder comunitaria de las cuencas del Curvaradó y Jiguamiandó, quien dio a conocer algunos mecanismos empleados por las empresas multinacionales con el propósito de expandir la siembra de palma africana y de caña de azúcar en el país. Sus palabras evidencian la tensión que se vive en la actualidad en territorios como las cuencas de Jiguamiandó y Curvaradó del Bajo Atrato chocoano, el sur de Bolívar del Magdalena Medio, el Meta y Vichada en la Orinoquía, Tumaco en el Pacífico Sur y el Valle geográfico del río Cauca. Las comunidades de estas regiones podrán dialogar con los delegados de la misión, contar sus experiencias frente a la vulneración de sus derechos fundamentales y colectivos y, la pérdida de sus condiciones y garantías sociales, culturales, ambientales y económicas.

El modelo y sus benefactores
Para los países industrializados la seguridad energética es hoy un tema esencial, pues sostener su modelo de consumo y su necesidad de explotación capitalista supone el aumento creciente y desigual del consumo energético mundial concentrado en los países del Norte. Se calcula que entre 2002 y 2030 este consumo aumentará en un 60% si se mantiene el ritmo actual. Algunos “benefactores” consideran que el fin de la era del petróleo, del gas y del carbón exige un incremento en la producción de energía con base en nuevas fuentes. Sugieren que el camino a seguir es la utilización de la biomasa, energía producida a partir de madera, palma aceitera, desechos vegetales y sobre todo de la caña de azúcar, al maíz, el trigo, el colza, la remolacha y la soya.

Por esto las políticas de inversión de Europa y Estados Unidos se han encaminado a promover la siembra de estos productos que hoy en día son procesados para producir etanol y biodiesel y no para alimentar a la gente.

Según varias investigaciones ninguna de las fuentes de energía que se han denominado alternativas, satisfacen la demanda mundial. Estudios científicos revelan que, sí el suministro mundial de almidón y cultivos de azúcar se transformara en etanol sólo se llegaría a reemplazar, como máximo, el 40% del consumo mundial de gasolina. Y sí, toda la producción mundial de plantas aceiteras se destinase al biodiesel no alcanzaría siquiera un 10% del consumo.

Con este modelo que beneficia a unos pocos, no sólo se afectan los campesinos, dueños ancestrales de los territorios, también se ve afectada la humanidad. Cada año 13 millones de hectáreas de bosques se pierden en el mundo, lo cual contradice la tesis de que los agrocombustibles ayudan a disminuir la emisión de gases y por lo tanto el calentamiento global. Sólo en Colombia, uno de los países del sur que concentra el mayor número de especies vegetales y animales, se talan diariamente 1.638 hectáreas de selvas, destinándose gran parte de esa área a monocultivos para agrocombustibles.

Quienes auspician y desarrollan este tipo de actividades desaparecen y degradan selvas, ecosistemas completos, arrasan culturas enteras y atacan la autonomía alimentaria. Las cifras son claras, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), el aumento creciente de los precios de los alimentos entre un 50 y un 80%, cuyo 30% se debe a la desviación de cultivos alimentarios y de tierra agrícola para la producción de combustibles. El resultado: 290 millones de personas en peligro inmediato a causa de la crisis de alimentos y más de 30 millones de personas sumidas en la pobreza".
 

Fuente: http://www.redcolombia.org/index.php?Itemid=54&id=589&option=com_content&task=view 30 de junio de 2009

Despojo de tierras para agrocombustibles: ninguna tierra es marginal

(Biodiversidad. Guadalupe Rodríguez. Selva a la Selva. 07.04.09).

"Brasil, Colombia o Argentina son considerados como regiones con gran potencial para expandir la producción de agrocombustibles para abastecer a la Unión Europea, en mucha mayor medida de lo que ya se viene dando en estos países. Una de los argumentos que se esgrimen por parte de los defensores de los agrocombustibles es la existancia de extensas áreas de tierra disponibles, a las que se denominan comúnmnete como “tierras marginales” o tierras de desecho, abandonadas, improductivas. Sin embargo, en este artículo sostendremos que el concepto de “tierras marginales” -tierras con un bajo valor productivo es un concepto muy confuso y su uso en el contexto de los agrocombustibles puede resultar peligroso. Esta calificación de “marginal” es introducida por un interés productivista y económico de considerar los suelos [1] Desde nuestro punto de vista, el hecho de que un recurso natural, como lo es el suelo, no esté siendo utilizado para producir un beneficio económico para el mercado globalizado, no significa que no tenga un gran valor ecológico y para las poblaciones locales.

Desde un punto de vista ecológico no existe la marginalidad. En zonas de poca productividad, la producción de biomasa puede ser baja, o puede ser necesaria gran cantidad de fertilizantes y agua, lo que tendrá otras consecuencias como contaminación de aguas y toxicidad. Las denominadas tierras marginales tienen desde un punto de vista social, una función clave para la subsistencia de comunidades rurales. Así lo destaca un reporte reciente de la FAO [2]). La población rural, y de un modo especial las mujeres, extraen habitualmente de estas áreas, todo aquello que necesitan para su subsistencia, como el alimento, caza, agua y leña. Los planes de expansión de los monocultivos industriales tan sólo extreman el problema de la concentración de tierras, y termina dificultando e incluso impidiendo su acceso a la población que depende de ellas, y así minando su modo de vida.

Muchas áreas naturales en Latinoamérica, como en Brasil la selva amazónica, el cerrado, la mata atlántica y el pantanal, han sido ya gravemente afectados por el boom de la producción de agrocombustibles, y la conversión del uso de las tierras en monocultivos industriales. Millones de indígenas, afrodescendientes y campesinos viven en estos ecosistemas, y dependen de ellos. Muchos han sido ya expulsados de sus hogares, a menudo con violencia. Hoy crece palma aceitera, maíz, caña de azúcar o sojá transgénicas en sus territorios ancestrales. Los impactos indirectos del desplazamiento de personas son muy serios y deben ser tomados en cuenta. Estos se encuentran repentinamente obligados a comenzar una nueva vida, casi siempre en condiciones muchísimo peores, en los suburbios pobres de las grandes ciudades o villas miseria [3].

Las preocupaciones de los campesinos y organizaciones sociales y ambientales latinoamericanas deben ser tomados en consideración y respetados no sólo por aquellos que elaboran las políticas globalizadoras, sino también por consumidores y hasta por ambientalistas. Las políticas de la Unión Europea que promocionan ampliamente la introducción de agrocombustibles que deben elaborarse a base de materias primas procedentes de las commodities de estas tierras supuestamente “marginales”, están olvidando o fallando en valorar a las poblaciones rurales de los países del Sur, sus modos de vida y los ecosistemas donde viven y de los que dependen, sus culturas, sus tradiciones, y así también sus derechos. Estas poblaciones no están orientadas al mercado global, sino a la producción de alimentos para sí mismos. Esto es lo que se califica de “marginal” o “desecho”. En países como Malasia o Indonesia se habla de la existencia de grandes áreas de tierras marginales, donde deberán implementarse las plantaciones de palma africana, pero sin embargo, estos países tienen unas de las tasas de deforestación más altas del mundo. Todos sistemas de certificación de agrocombustibles que aspira a implementar la Unión Europea para la supuesta utilización de agrocombustibles “sostenibles”, fallan en resolver el problema de las tierras marginales, sugiriendo simplemente que los cultivos para agrocombustibles deben implementarse en estas tierras, sin acertar a definir de un modo claro cuáles son y dónde están.

Retomando la reflexión acerca de las tierras marginales, nuestra apreciación en el seguimiento que hacemos de cómo se está desenvolviendo la expansión de los monocultivos, es que la industria de agrocombustibles tiene sus ojos puestos principalmente en las mejores tierras, pero de modo intencionalmente confuso se utiliza este término de “tierras marginales”. Lo que realmente puede observarse, es que la producción de agrocombustibles está teniendo lugar sobre los ecosistemas naturales, los sistemas de agricultura local y sobre las propias comunidades rurales.

Hablamos de Argentina, donde niños mueren de hambre diariamente en todo el país, de Colombia, donde la población afrocolombiana está siendo desplazada con violencia y asesinada por encargo de empresas para hacerse con sus tierras para las plantaciones de palma; de Brasil, donde la reforma agraria es el principal motivo de lucha para la población rural. En estos países, ninguna tierra es tierra marginal.

 

Caso Argentina: De la Soja a la Jatropha
En Argentina, algunos funcionarios del gobierno y empresas intentan promover la jatropha como cultivo que restaura los suelos y da un aceite reutilizable y no comestible. La planta a partir de la que se produce este aceite, supuestamente crece en “tierras marginales”, con una alta productividad y sin competir con la cadena alimentaria humana ni animal.

El Grupo de Reflexión Rural GRR, que se ocupa intensamente de los problemas que ocasiona el agronegocio en el campo argentino, denuncian que estos planes producirán aún más desplazamientos de campesinos, más concentración de tierras y de riqueza en pocas manos, además de añadir miles de hectáreas deforestadas a los ya desaparecidos bosques. “No se limitará a aumentar la pobreza, el hambre, la tuberculosis, el chagas, la leishmaniasis o la fiebre amarilla, sino que además, la especie es extremadamente invasiva y su impacto en áreas de biodiversidad como el chaco será aún peor que el impacto de la soja transgénica” denuncia un representante del GRR. Esto significa, que como ya ha pasado con otros de los cultivos destinados a la producción de agrocombustibles en Latinoamérica, como la soja, la palma, la caña de azúcar o el maíz, la introducción de jatropha en el sistema económico, “no significará mayor desarrollo para las familias campesinas y para las comunidades, pero incrementará el producto interior bruto que sólo enorgullece al gobierno, confundiendo una vez más crecimiento con desarrollo”. El cultivo de la jatropha curcas está por cierto aún prohibido en Argentina, porque los correspondientes estudios de plagas aun no han sido efectuados en el país. [4]

La expansión indiscriminada de los monocultivos de soja y la apertura a la lógica del agronegocio del mercado mundial, han destruido la coexistencia en el campo argentino entre grandes terratenientes, pequeños campesinos e indígenas. Los grandes terratenientes que se asociaron con las multinacionales ganaron la batalla, y miles de campesinos fueron desplazados en los últimos años del campo argentino. Mientras el precio internacional de la soja aumentaba, la soja se extendía más allá de las tierras fértiles, hacia las llamadas “tierras marginales”, en el norte del país. Ahí vivían campesinos que cultivaban alimentos, y comunidades indígenas que luchaban por sus derechos territoriales, de los que dependían para su supervivencia [5]. Esa región tiene además una de las tasas de biodiversidad más altas del país. Un conflicto de tierras enorme, que se desenvuelve con violencia, comenzó con la soja, y continuará con los planes oficiales para implementar la jatropha.

Casos muy recientes de comunidades afectadas por las situaciones descritas en el norte de Argentina son la comunidad indígena Wichi, que resiste en contra de la deforestación de los bosques para dar paso a más expansión de más soja en la región del bosque seco del chaco en la provincia de Salta. O el caso de la comunidad indígena guaraní que fue expulsada violentamente de su tierra por los productores sojeros, con la complicidad del gobierno de la provincia de Jujuy. Estas luchas son sólo ejemplos puntuales, pero para nada únicos.

 

Robo de tierras en Colombia
Nada ilustra de una manera más clara los conflictos por la tierra y la inexistencia de las tierras “marginales” que el caso colombiano. En Colombia, existen conflictos gravísimos por la tierra, que implican muerte, robo, ocupación de las tierras, militarización y paramilitarización, y una serie larguísima de violaciones de derechos fundamentales. La revista colombiana Semana, publicó recientemente una sección especial sobre el tema del robo de las tierras [6], donde se afirma que quienes reclaman sus tierras son asesinados, torturados y amenazados. De las tierras usurpadas apenas se ha devuelto el 1 por ciento. Algunos habitantes del Chocó intentaron regresar a sus tierras encontrándose al llegar con la sorpresa de que su pueblo había sido demolido y en su lugar crecía palma africana. Quince mil personas fueron desplazadas en este contexto, sólo en el bajo Atrato para la implementación del megaproyecto agrícola, cuyo boom se basa también en el de los agrocombustibles. Pocos son los que continúan resistiendo desde 1997 en que comenzó este desplazamiento. Las vidas de los demás ya han sido cambiadas para siempre, y la ocupación ilegal de 29.000 hectáreas de tierras por empresarios ha sido reconocida por el Estado colombiano.

En Colombia, desde hace ya casi dos décadas parcelas campesinas vienen siendo usurpadas o sus dueños presionados para venderlas a precios bajos, en un confuso marco jurídico para hacer aparecer todo como “legal” [7] A pesar de este complejísimo contexto, el gobierno colombiano habla de que prevé una expansión potencial de hasta 3.500.000 ha para los cultivos de palma. La pregunta al estado colombiano sería dónde se localizan estos millones de hectáreas, pues se menciona la aptitud de suelo y clima y otros factores de producción, pero no el hecho de que se trata de territorios de pueblos indígenas, comunidades afrocolombianas y campesinas. La revista Semana menciona un millón de hectáreas de tierras abandonadas en zonas remotas y conflictivas, que pertencecen a víctimas del conflicto armado; es impensable su ocupación para el agronegocio, ya que deberían ser restituidas a sus dueños legítimos. De este modo, más expansión de la palma en Colombia, sólo podrá significar, al igual que en otras partes de Latinoamérica, más conflictos como los ya existentes sociales, culturales y económicos, además de los ambientales. Este es el peligro que supone la expansión de los agrocombustibles sobre cualquier superficie de tierra, aunque se llame a esta “marginal” ". Fuente: http://www.cta.org.ar/base/article12075.html

 

4. Reconstruir la «soberanía alimentaria»

 

Alimentos secuestrados

Por Marta Iglesias 

La comida es un bien básico, sin embargo permanece en manos de unas pocas empresas que determinan su valor. Si a ello sumamos que el precio de los alimentos se determina en Bolsa, la conclusión lógica es pensar que el planeta entero ha perdido la soberanía alimentaria.

Cuando sobreviene una crisis alimentaria en el Tercer Mundo, tendemos a sacar como conclusión que se debe al clima, las guerras o la mala organización de esos países. La mayoría de las veces no sucede eso, sino que la globalización en la producción de alimentos ha dado lugar a que perdamos autonomía alimentaria. Y todo el planeta se encuentra inmerso en ese sistema. No lo advertimos porque hasta el momento podemos pagar los alimentos. Si el arroz subiera ahora mismo un 100%, seguiríamos comprando la misma cantidad, pero un indonesio que dedica el 80% de sus ingresos a la alimentación y que se alimenta mayoritariamente de este cereal, no podría asumir ese sobrecoste. Lo paradójico es que el precio de ese arroz, por ejemplo, no lo determina cada país, sino la Bolsa de Chicago.

 

Los efectos de la Bolsa en los alimentos

La Bolsa de Comercio de Chicago (Chicago Board of Trade, CBT) se fundó en 1848 y es la más importante en lo que a mercados de futuro se refiere en cuanto a bienes agrícolas, como maíz, soja o arroz. El sistema de los mercados de futuro, originariamente permitía que el productor vendiese por adelantado su cosecha, lo que garantizaba que -independientemente de cómo fuese la producción- obtuviese un precio determinado de antemano. El sistema evitaba las fluctuaciones en el valor de los alimentos y la inestabilidad en los campesinos y productores. Hasta aquí todo parecía ir bien hasta que "desde hace unos años una serie de intereses y fondos especulativos han empezado a invertir en estos mercados de futuro, determinando los precios que se marcan en ellos. Así que actualmente el precio en estas Bolsas no es el resultado de la compra-venta de productos, sino de la especulación que se hace con los mismos". Quien así se expresa en Esther Vivas, miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales de la Universidad Pompeu Fabra. Anteriormente, los fondos de especulación se centraban en los mercados del punto.com, el sector petrolero y la inversión inmobiliaria, pero tras la caída de los mismos, se mudaron a especular con productos que aportan una clientela asegurada: los alimentos. El resultado fue que en los años 2007 y 2008 se generó una importante subida en el precio de los alimentos porque al comprar adelantadamente cosechas enteras de cereales, provocaron una escasez ficticia que elevó los precios a nivel internacional. Esto se agravó por el hecho de que al emplear cereales para preparar agrocombustibles se incrementó todavía más su demanda y también el precio.

Durante ese tiempo se vivió una de las crisis alimentarias más importantes de las que se tiene conocimiento, que causó la muerte por inanición de millones de personas y cuyo origen acabamos de ver. Actualmente la Bolsa de Chicago es la que rige los precios mundiales de los alimentos y se calcula que del total de las transacciones realizadas en la misma, un 40% pertenecen a la especulación, con lo que ello conlleva de inseguridad alimentaria para todos los habitantes del planeta. "En la actualidad nos encontramos con que a raíz de la crisis económica actual y de la crisis financiera hubo una disminución importante en la inversión especulativa en mercados de futuro -indica Esther Vivas-. Pero esto no ha repercutido ni en la disminución del hambre en el mundo -una de cada seis personas la sufren-, ni en que el precio haya disminuido para el consumidor, porque los intermediarios siguen manteniendo los precios que habían establecido en su momento para así continuar sacando beneficio".

La pregunta siguiente pretende conocer hasta qué punto está relacionada la especulación alimentaria en la Bolsa con el incremento del hambre: "Antes del estallido de la crisis alimentaria, ya había hambre en el mundo -800 millones de personas antes de 2007-, hoy nos situamos en más de mil. Por lo tanto, la especulación en materias primas y la determinación de los precios en las Bolsas internacionales, no es que sea una causa del hambre en el mundo, pero es un elemento que agudiza mucho más esta problemática. El origen son las políticas neoliberales que han erosionado el derecho a comer de miles de personas", sentencia la activista catalana.

 

Primer Mundo y multinacionales alimentarias

Quizás nos queda un poco lejano el ejemplo del sudamericano que no tiene con qué pagar el maíz con el que elabora las tortitas que son la base de su alimentación. De modo que es necesario analizar hasta qué punto nuestra opulenta sociedad se mantiene en una situación de aparente independencia alimentaria.

Mayoritariamente, la sociedad española compra lo que come en supermercados y grandes cadenas de alimentación que se encargan de surtirle de verduras y frutas, cereales, lácteos, huevos, carnes o pescados. El método es muy sencillo: cogemos un carrito, y vamos rellenándolo con lo que necesitamos y nos apetece, eligiendo entre una aparente variedad de marcas y precios. Detrás de este sencillo gesto se oculta una maquinaria desconocida, que nos desvela Vivas: "En el Estado español el 75% de la distribución de los alimentos está en manos de siete empresas. Algunas son españolas, y otras multinacionales.

Cinco son supermercados -Carrefour, Eroski, Alcampo, El Corte Inglés y Mercadona- y dos son centrales de compra -IFA y Euromadi-, que son grupos que aglutinan a supermercados más pequeños para que conjuntamente consigan mejores precios". Y la tendencia es ir hacia un mayor monopolio y concentración empresarial. En Suecia, por ejemplo, tres empresas de supermercados controlan la distribución de alimentos. No sólo eso, sino que el futuro es fusionar empresas de todo tipo para controlar toda la cadena de producción de alimentos: empresas de semillas con empresas de fertilizantes y con distribuidores de alimentos.

Esta concentración alimentaria en manos de unos pocos tiene importantes consecuencias para el productor y para el consumidor, puesto que son ellas las que se encargan de determinar el precio para toda la cadena. "El resultado -indica Vivas- es que la diferencia entre el precio en origen y el precio en destino es más elevado. Según indica el sindicato agrario Coag, esta diferencia alcanza el 500% y ha ido al alza en los últimos años. Esto genera una creciente desaparición de la población campesina, puesto que son estas empresas las que determinan el precio que les pagan, quedándose gran parte de las ganancias en estos intermediarios. Y evidentemente también afecta al consumidor porque cada vez hay menos canales para acceder a los alimentos".

 

La pérdida de control en bienes básicos

Esto que ahora analizamos con respecto a los alimentos, ya ha sucedido en muchos más ámbitos de nuestra vida cotidiana, que se han visto supeditados a intereses corporativos empresariales privados, sin tener en cuenta las necesidades humanas. Así sucede con las semillas, el agua, la vivienda, el territorio empleado para especulación inmobiliaria en lugar de para agricultura, servicios educativos o sanitarios privatizados... Todo se ha convertido en una mercancía, hasta tal punto que sin dinero no puedes acceder a ella. El caso de la comida es paradigmático: desde los años 60 hasta hoy se producen tres veces más alimentos, mientras que la población mundial se ha duplicado. Pero el hambre no se ha reducido porque esas personas no tienen dinero para pagar la comida.

Si no queremos depender de los poderosos, debemos preservar a toda costa a nuestros ganaderos y agricultores, puesto que su desaparición nos dejará a merced de la especulación. Baste recordar que en España tan sólo el 5% de la población activa se dedica a la agricultura y además mucha gente es mayor, lo que asegura que el porcentaje se reducirá en pocos años.

Evitar los intermediarios es tarea fundamental, así como consumir sólo lo que necesitamos. Ya son muchos los consumidores que se agrupan en cooperativas para comprar directamente a una cooperativa de campesinos lo que necesitan, estableciendo una relación de confianza y evitando intermediarios. Volver a comprar al mercado, como hacían nuestras abuelas, es otra de las opciones para el consumidor. Por su parte los productores están diseñando estrategias que les permitan acceder directamente a sus compradores, encontrando en internet una útil herramienta para darse a conocer.

A nivel político el tema es irrelevante, como se deduce de una campaña realizada en Cataluña bautizada "Somos lo que sembramos". Se recogieron más de cien mil firmas, logrando una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) que pedía una moratoria en el cultivo de transgénicos en esa autonomía. Cuando en junio de 2009 llegó al Parlamento Catalán, este rechazó el debate. A posteriori se supo que los parlamentarios catalanes habían sido asesorados por informes redactados por la agroindustria transgénica. Así que sólo consumidores y productores pueden hacer algo en el tema. Para Esther Vivas: "Como consumidores se trata de poner en cuestión el actual modelo de consumo en función de nuestras necesidades. Pero más allá de la acción individual, es fundamental la acción política colectiva, el organizarnos colectivamente. La dinámica actual es mercantilista, privatizadora, capitalista. Nos ha conducido a una crisis alimentaria y frente a ella tenemos que plantear una alternativa que vamos a defender, incluso movilizándonos en la calle, para lograr que se lleve a cabo" ".
Revista FUSION

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Contenido/Documentos/Alimentos_secuestrados 19-08-2010