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Conflictos
ENFOQUE / ORGANIZACIÓN / UNIDAD
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De razones para ver central la lucha contra la territorialidad de la dominación capitalista e imperialista
Se explica en las luchas de los pueblos por:
1. Unirse continentalmente contra el modelo extractivo y por sus soberanías
En la Declaración de la Asamblea Movimientos Sociales IV Foro Social Américas (Asunción, 15 de agosto de 2010):
¡Nuestra América está en camino!¡Ñane Amérika TeeOñemongu' Ehína!
Los movimientos
sociales presentes en el IV Foro Social Américas, en Asunción del Paraguay,
reafirmamos nuestra solidaridad y compromiso con el pueblo paraguayo, ante la
urgente necesidad de avanzar en su proceso de cambios profundos, hacia la
recuperación de la soberanía sobre su territorio, bienes comunes, recursos
energéticos, en la concreción de la reforma agraria y de la democratización de
la riqueza.
Estamos en un continente donde, en las últimas décadas, se ha dado el
reencuentro entre los movimientos sociales y los movimientos indígenas, que
desde sus conocimientos ancestrales y memoria histórica cuestionan radicalmente
el sistema capitalista. En los últimos años, luchas sociales renovadas
condujeron a la salida de gobiernos neoliberales y al surgimiento de gobiernos
que han llevado a cabo reformas positivas como la nacionalización de sectores
vitales de la economía y redefiniciones constitucionales transformadoras.
Pero (...) desde el anterior Foro Social Américas, realizado en Guatemala en
2008, presenciamos el golpe de estado en Honduras, el incremento de la presencia
militar estadounidense a lo largo y ancho de nuestra América. Proliferan
acuerdos de instalación de bases militares, operan la IV Flota en nuestros
mares. Esto constituye un esfuerzo sistemático de desestabilización de la
democracia en el continente, cada vez más se reprime y criminaliza a los
movimientos sociales.
Denunciamos la ilegitimidad del presidente de facto de Honduras, Porfirio Lobo,
al mismo tiempo que reconocemos la resistencia de su pueblo y apoyamos su lucha
por una refundación constitucional que establezca una verdadera democracia.
Nos solidarizamos con la lucha del pueblo de Haití, que no necesita una
intervención militar y una ocupación económica para su reconstrucción. Por el
contrario, exigimos que la soberanía del país sea respectada y que los demás
países realicen una cooperación solidaria, en los ámbitos de la salud,
educación, agricultura y aquellos que requiera. Exigimos la anulación
incondicional de la deuda y rechazamos el nuevo proceso de endeudamiento
ilegítimo.
Complementando esta ofensiva, continúa la ola de tratados de libre comercio en
todas sus variantes.
Es esta la
característica central de la estrategia de la Unión Europea, la otra potencia
neocolonial que opera en América Latina y Caribe.
Los brazos ejecutores que son las Instituciones Financieras Internacionales
-Banco
Mundial, el Fondo Monetario
Internacional, los bancos regionales de "desarrollo" y los grupos
bancarios privados
-
están creando nuevos y enormes endeudamientos con impactos directos para los
pueblos y la naturaleza.
Todas estas
amenazas se vinculan con un mismo modelo de desarrollo primario exportador,
excluyente y depredador que
se profundiza sobre muchos territorios, expulsa poblaciones, provocando
desarraigo y migraciones. La crisis sistémica actual muestra el agotamiento del
modelo capitalista - y más específicamente de sus centros de poder: los bancos,
las transnacionales y los gobiernos del G8. Hoy más que nunca están visibles sus
intentos de arrastrar al mundo entero a un límite, llegando incluso a tener la
amenaza de una guerra nuclear por parte de los Estados Unidos.
La defensa
de los bienes naturales frente al capitalismo devorador se ha vuelto parte
central
de la agenda de lucha de cada
vez más organizaciones populares y movimientos sociales.
Se refuerza un frente común contra la destrucción de la naturaleza y contra las
falsas soluciones del "ambientalismo de mercado" y del "capitalismo
verde", como los mercados de carbono, los agrocombustibles, los transgénicos
y la geoingenería, que se impulsan desde los centros del poder ante la amenaza
del cambio climático. Denunciamos que los gobiernos de los países del Norte
geopolítico, antes que pensar en enfrentarlos graves efectos del cambio
climático, están buscando evadir su responsabilidad y desarrollar nuevos
mecanismos de mercado de carbono para hacer más ganancias, como el de
"Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación" (REDD), que
promueve la mercantilización y privatización de los bosques y la perdida de
soberanía sobre los territorios. Rechazamos tales mecanismos.
Exigimos que estos países reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero
y que se constituya un Tribunal Internacional de Justicia Climática. Reafirmamos
las propuestas del Acuerdo de Cochabamba, producto de la Conferencia Mundial de
los Pueblos sobre el Cambio Climático y por los Derechos de la Madre Tierra, las
cuales reconocen que las soluciones reales frente al calentamiento global son la
justicia climática, la soberanía alimentaria, la recuperación de territorios y
la reforma agraria, la agricultura campesina y la integración y solidaridad
entre los pueblos.
Los movimientos sociales estamos ante una ocasión histórica para desarrollar
iniciativas de emancipación a escala internacional. Sólo las luchas de nuestros
pueblos van a permitirnos avanzar hacia el ybymarane'y (tierra sin mal) y hacer
realidad el tekoporâ (buen vivir). Nos comprometemos a reforzar la lucha por la
soberanía de nuestros pueblos, la soberanía alimentaria, la soberanía energética
y la soberanía de las mujeres sobre sus cuerpos y su vida y por el
reconocimiento de la diversidad sexual. Construimos alternativas que parten de
los acumulados en las resistencias desde la interrelación de diversas
perspectivas anticapitalistas, antipatriarcales, anticoloniales y anti-racistas,
al mismo tiempo que avanzamos en la búsqueda de otro paradigma centrado en la
igualdad, el buen vivir, la soberanía y la integración fundamentada en el
principio de la solidaridad entre los pueblos.
Asunción, Paraguay, 15 de agosto de 2010
Fuente: http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php /a/2010/08/16/p5848
2. Disputar a transnacionales y Estado sus territorios y bienes comunes
Territorios en disputa
Por Norma Giarracca
"1. Introducción Los estudios sobre “hegemonía y emancipaciones” que dirige la economista mexicana Ana Esther Ceceña (2004) acumulan una serie de información que demuestran cómo el espectacular cambio en el nivel tecnológico de las últimas décadas repercutió tanto en las relaciones laborales cuanto en las entabladas con los recursos naturales como el agua, la tierra, la diversidad biogenética, etc. En los últimos veinte años vimos aparecer nuevos modos de apropiación de la naturaleza dentro de nuevos campos de valorización del capital; es un aspecto del proceso de globalización neoliberal que muchas veces queda rezagado por otros más contextuales como por ejemplo, el financiero o el peso perdido por las economías nacionales. Se acentúa el derrumbe de las economías nacionales y el despliegue, con límites aún desconocidos, de un proceso mundial comandado por empresas transnacionales y encuadrado en una nueva legalidad internacional, donde los organismos de crédito -Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial- y de coordinación -Organización Mundial del Comercio- juegan papeles fundamentales.
El capital y el trabajo se mueven al compás de una lógica impuesta por las grandes transnacionales; el mundo en su totalidad se convierte en un territorio en disputa. Se trata, entonces, desde el punto de vista del capital, de un “mundo total”, único e indivisible con nuevos espacios, territorios antes “marginales” cuyos recursos naturales, hoy valorizados, se ponen a disposición del capital internacional. En otras palabras, de los viejos territorios primordiales del capitalismo privado -fábricas, espacios agrarios, espacios financieros dentro de las “naciones”, se pasa a una nueva configuración territorial mundial. Se trata de una territorialidad como proceso, espacios hoy en construcción y en disputa, geografías desgarradas y reconfiguradas.
Debemos recordar que el Estado-Nación pasó de su condición de regulador del capital privado a partícipe directo, generando nuevas normas jurídicas, aceptando las creadas en los espacios transnacionales, como el Centro Internacional para el Arreglo de Diferendos Relativos a Inversiones (CIADI), dependiente del Banco Mundial, así como entregando recursos estatales y judicializando -o directamente reprimiendo- las resistencias y los conflictos. América latina fue uno de los espacios elegidos en esta expansión por representar un reservorio de primera línea de recursos estratégicos, como agua, energía de origen fósil (petróleo), recursos mineros y biodiversidad en general. No todos los Estados nacionales se comportaron del mismo modo y tal vez el caso más dramático es el argentino. Fue pionero en los procesos de privatizaciones de empresas estatales, cuarto productor de petróleo de la región -que desafía cualquier cálculo de posibilidad económica autónoma y traspasa su explotación a las entidades privadas- y conocido internacionalmente por las anomalías en la entrega del servicio de agua a las grandes empresas.
2. Recursos naturales y conflictos en los noventa Durante la década de 1990, los conflictos por los recursos naturales se mezclaron con otros tantos por demanda de trabajo, derechos perdidos, retroceso en materia de derechos humanos, etc. El fuerte significado que estas confrontaciones por los recursos logran en la actualidad estaba diluido diez años atrás por dos razones: primero, por la construcción hegemónica exitosa bajo la idea de “la única salida” en la primera parte de la década (la “opinión pública” brindó consenso a las privatizaciones del agua, de YPF, etc.), y segundo porque, cuando ese apoyo comenzó a resquebrajarse, la falta de trabajo, la pobreza y la indigencia ocuparon un lugar central en la preocupación de los sectores disidentes. Pero la cuestión de los recursos naturales ya había comenzado en los primeros años de los noventa. La tierra fue el centro de muchas disputas en el interior del país. En el siglo que finalizaba, se había logrado una coexistencia negociada entre pequeñas y grandes explotaciones agrarias mediante una serie de arreglos institucionales, que luego el gobierno de Menem desbarató de un plumazo con el decreto de “necesidad y urgencia”- el 2284- de fines de 1991, que procedía a desregular la economía (Giarracca y col., 2001; Giarracca y Teubal, 2005). Se iniciaba, entonces, un proceso de lucha de los productores agrarios de capacidad media, para salvaguardar las tierras que hasta ese momento habían mantenido con producciones orientadas a los mercados, a la vez que se desataban otras situaciones similares en poblaciones asentadas sobre tierras que el capitalismo había considerado “marginales” durante mucho tiempo.
La disputa ocasionó el acorralamiento de viejas poblaciones que poseían las tierras para la producción, el trabajo y la subsistencia. En efecto, cuando se necesitó expandir la frontera agraria -el territorio agrario abarca actualmente 174.898.564 hectáreas, las tres cuartas partes del territorio continental-, se avanzó sobre tierras ya ocupadas o sobre montes, yungas, etc., produciendo serias modificaciones sobre el medio ambiente.
Esto fue consecuencia de la fuerte expansión de la producción sojera cuyos precios internacionales la convirtieron en el nuevo “oro verde” de inversores sedientos de ganancias y rentas (superganancias). Mientras que en el año 1914 los bosques nativos ocupaban el 39% de la superficie del país, hoy sólo representan el 14% del territorio nacional. Como lo han venido denunciado las organizaciones ecologistas como Greenpeace, a partir de 1999, el desmonte, la tala indiscriminada, sumó más de ochocientas mil hectáreas, básicamente a la producción sojera. Simultáneamente, el ecosistema de la región se deterioró debido al alto valor que poseen los bosques en materia de captación y regulación climática. Otro tanto ocurre con las explotaciones familiares, consideradas excluidas del nuevo sistema agrario. En esa franja de los medianos, estaban las explotaciones de las Mujeres Agropecuarias en Lucha, que dieron sus batallas para no perder las tierras que provenían de sus padres inmigrantes. En los estratos más bajos se registraban los campesinos con propiedad veinteañal (derecho de propiedad por ocupación por veinte años) y las tierras comunales de poblaciones aborígenes, que son arrasadas por los inversores. Nuestro banco de datos de los últimos años muestra que el desalojo violento y arrinconamiento fue (y es) una práctica corriente (GER, 2004).
En la década pasada, los conflictos protagonizados por poblaciones urbanas vieron la luz pública. En el centro de la escena, siempre se ubicaban las grandes empresas, los recursos y las poblaciones afectadas. Sin embargo, el Estado, por presencia (privatizando, generando leyes, etc.) u omisión (no regulando al gran capital), también fue un importante actor. En la provincia de Tucumán, entre 1993 y 1998, ocurrió un interesante proceso cuando las poblaciones de siete ciudades del sur cañero se organizaron contra la privatización del servicio de agua, altamente sospechada de vicios y corrupción. La confrontación con la transnacional francesa Compagnie Générale des Eaux, cuyo nombre local fue Aguas del Aconquija, terminó con el retiro de la empresa, en 1997, y por supuesto, con uno de los tantos diferendos que el país tiene actualmente en el CIADI. El éxito de esta lucha -llevada a cabo unos años antes de la Guerra del Agua de Cochabamba, Bolivia- se debió a la decisión de la población de iniciar una acción de desobediencia civil, de no reconocer la conversión y de no pagar por el servicio de la compañía (véase Giarracca y Del Pozo, 2005; Giarracca y Teubal, 2005).
La privatización de los sectores petrolero y del gas dio lugar desde 1997 a las memorables puebladas de Cutral-Co-Plaza Huincul, en Neuquén, y de Tartagal-Mosconi, en Salta. Esta operación había estado precedida por la conversión en concesiones de todos los contratos de producción que unían YPF con firmas privadas, la licitación de sus áreas y la venta de activos que tenía en su cadena de producción. A partir de 1991, las empresas que descubrían crudo dejaron de compartirlo con YPF y el titular o concesionario pasó a disponer libremente de él, retribuyendo al país sólo con el pago de regalías petroleras a la provincia correspondiente y con impuestos a las ganancias, como cualquier actividad comercial. De este modo, la Argentina, cuarto productor de petróleo de Latinoamérica después de Venezuela, México y el Brasil, con una reserva probada de 3.200 millones de barriles de petróleo (CEPAL, 2005), dejaba la riqueza más codiciada en el mundo en manos del capital extranjero privado, principalmente la empresa española Repsol, que se convertía así en una de las grandes petroleras mundiales. En Mosconi, departamento de General San Martín (Salta), los pobladores cuentan que, desde el inicio mismo de la privatización, un grupo produjo los primeros cortes de rutas. Pero eran pocos, y las indemnizaciones y el consenso que la medida había generado en el país disuadían la protesta. Con los años, a la reacción de los primeros momentos se sumó la respuesta por la crisis del desempleo ya que, a la disminución de las actividades de YPF durante el proceso privatizador, se añadió la reducción de actividades y puestos de trabajo indirectos. Durante el proceso de privatización YPF disminuyó un 90% su planta de Mosconi dejando sin trabajo entre 2.400 y 3.500 personas. Asimismo, se estima que cada empleo en la petrolera generaba entre 13 y 15 puestos de trabajo en forma indirecta (Aguilar y Vázquez, 1998; Lapegna, 2001). Las ciudades se pararon y las puebladas y los cortes de ruta se multiplicaron. Los pobladores comprendieron el significado que este cambio tenía para sus pueblos, sus regiones y sus vidas. Y ocho años después, si bien continúan confrontando con las empresas por su procedimiento extractivo, el descuido del medio ambiente, la falta de trabajo “genuino” (nuevos puestos de empleo), han logrado darle un nuevo significado a sus territorios. Esta continuidad de la vida, estos actos de autoorganización constituyen ejemplos de lo que las poblaciones son capaces de hacer, de cómo se puede superar la exclusión y crear nuevos vínculos, nuevas tramas sociales, que son otra forma de confrontar con el gran capital (Giarracca y Wahren, 2005).
3. Lo que el siglo XXI viene a sumar En nuestro país, a medida que el siglo XXI transcurre, crece una nueva esperanza en la mayor parte de la población acerca de una configuración económica y política distinta de la de los noventa. Sin embargo, en materia de economía de los recursos naturales, muy poco ha cambiado. Predomina una idea “productivista” exacerbada y en el mismo registro del concentrado capital transnacional para el cual lo importante es producir y no interesa qué ocurra con los bienes naturales, la naturaleza, el medio ambiente ni con las poblaciones afectadas. Pero a las autoridades no les resulta fácil generar consensos y los ciudadanos disputan con empresas y Estado el derecho a sus territorios, a la biodiversidad y a otra forma de vida. En este último tiempo, registramos varios conflictos por los recursos que concentran la escena nacional: la lucha de las poblaciones para impedir la gran explotación minera; las reivindicaciones de todo tipo que están llevando a cabo las comunidades aborígenes y la novedosa protesta por preservar el río Uruguay en la protesta binacional. Al final de este artículo presentamos un cuadro con los principales conflictos ocurridos durante este año.
Cuando No es No, el rechazo a la minería Las organizaciones no gubernamentales así como las de “autoconvocados” contra la actividad minera, contabilizan alrededor de 23 emprendimientos mineros en el país y una actividad de “cateo” (exploración) que promete ampliar la cifra. Todo comenzó en 1993 con la ley de inversión en la actividad minera, la 24.196, que estableció condiciones de inversión, exención de gravámenes, derechos de importación, etc. muy favorables al capital (hay una modificación en 2001 que acentúa estos beneficios). Esta facilidad, nos dice un informe de CEPAL, llevó a que de 7 empresas mineras que se registraban en el país a comienzos de los noventa, se llegue en nuestros días al número de 55 firmas extranjeras y algunas pocas empresas nacionales. (...)
Los indígenas y sus derechos territoriales No existen aún datos oficiales acerca de la cantidad de indígenas en la Argentina. Las ONG´s han estimado que la cifra total puede estar entre uno y dos millones. Asimismo existirían 800 comunidades en todo el país con una gran concentración en el norte. Los pueblos aborígenes demandan el «territorio» , es decir, se pone en juego una visión mucho más amplia, que incluye el suelo y el subsuelo, la tierra y las riquezas naturales que la rodean o que están en sus entrañas. Aparece aquí una disputa de sentidos ya que, para la corriente “productivista” que hegemoniza la política económica, la tierra, los bienes naturales, etc., son sólo “recursos” explotables, puras mercancías (sin ser producto del trabajo humano), mientras que para muchas cosmovisiones aborígenes son parte de un “nosotros” en el que hombre y naturaleza están igualmente incluidos. Esta concepción ha sido tomada por algunas corrientes de pensamiento ecologista y en nuestros días es compartida por muchas poblaciones del mundo y de nuestro país. En la Argentina, mapuches, kollas, wichis, guaraníes y otros pueblos indígenas reclaman que se hagan efectivos la ley de reparación de sus tierras y los tratados internacionales (ver recuadro). Si estas demandas son de tan difícil cumplimiento, es justamente por esta gran disputa con las empresas por esos territorios y sus riquezas. Estos procesos están aún hoy en marcha y aparecen como “imparables” por una legalidad jurídica con gran deslegitimación social. Mientras dura el proceso legal para registrar las tierras como parte de las comunidades, las provincias consideran que se trata de tierras fiscales y otorgan permisos de explotación a las empresas y hasta las han vendido a inversores. En el mes de junio de este año, la comunidad guaraní del departamento de General San Martín (Salta) consignaba: “Las tierras no son fiscales ni privadas; son nuestras”, frente al nuevo avasallamiento de una gran petrolera para implementar el tendido del gasoducto Pocitos. Este episodio se suma a centenares de otros que han llevado a las comunidades a tener que abandonar tierras, cementerios, territorios sagrados dentro de sus culturas, en escenarios de confrontación no exentos de gran violencia por parte de los hombres de negocios o de las policías provinciales. Los numerosos documentos de las comunidades y de las organizaciones de derechos humanos demuestran cómo se expulsan a las comunidades indígenas violando todos sus derechos como ciudadanos y pueblos originario. La resistencia de estas poblaciones tiene el sentido que les otorga la batalla por la conservación de la vida, tal cual ellos la han entendido desde siempre. Pero ahora, sus territorios y la propia riqueza natural resignificada en “recursos explotables” se han valorizado y convertido en medios tanto para el capital transnacional como para la construcción de poder hegemónico dentro de la geopolítica global. Pero estas comunidades, de a poco, se van integrando en el movimiento global de los pueblos indígenas que reafirman sus derechos en los foros internacionales contra la globalización económica sin límites, contra la OMC y por sus derechos de reapropiación de sus patrimonios naturales y culturales, apelando a un orden jurídico internacional a su favor, como es el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (...)". Fuente: revista Realidad Económica N º 217/ enero-febrero 2006 http://www.iade.org.ar/uploads /c9fe1572-37d3-0511.pdf
3. Autoafirmarse en un desarrollo y una organización social incompatibles con el capitalismo
Luchas Socio-Ambientales en México
Prefiguración de subjetividades y horizontes de sentido anticapitalistas
Por Mina L. Navarro y César Enrique Pineda (Rebelión)
“Ante la emergencia de numerosos conflictos ambientales y la crisis ecológica que el mundo vivo humano y no humano enfrenta en la actualidad, nos interesa proponer algunas claves para comprender los modos en los que las luchas socio- ambientales en México están enfrentando los efectos de la acumulación por desposesión y prefigurando modos de relación y lenguajes de valoración anticapitalistas. También es de resaltar el crecimiento de numerosas luchas socioambientales y su significado como obstáculo a la reproducción del capital.
Desde todos los rincones del planeta se multiplican las formas de resistencia a la extracción, utilización y explotación de bienes naturales o bien a sus efectos depredadores, contaminantes y de desecho. Es probable que no exageremos cuando consideremos que estos movimientos pueden ser tan importantes como lo fue el movimiento obrero en el siglo XIX, y para muestra un par de botones.
En Nigeria el Movimiento por la Emancipación del Delta del Níger en confrontación con las petroleras extractoras han logrado a pesar de una feroz represión , que la producción diaria baje de 2 millones y medio de barriles a menos de millón y medio 1 . En México, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra detuvo un proyecto aeroportuario que le despojaría de sus tierras colectivas y hasta el momento de escribir estas líneas el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota había obstruido un megaproyecto hidroeléctrico que los apartaría del río Papagayo y de sus tierras. Cada proyecto de inversión rebasaría los 1000 millones de dólares. 2 Estos ejemplos resaltan sólo un poco de la importancia de estos movimientos, la necesidad de su comprensión, análisis y visibilidad como actores decisivos dentro de la crisis sistémica y sus posibles alternativas.
La acumulación por desposesión: un proceso histórico e inherente del capitalismo
Desde sus inicios en el siglo XVI, el modo de dominación capitalista se ha reproducido a través de un proceso constante de acumulación. Este proceso inició con la acumulación originaria o primitiva, llamada así por Marx, por configurar la prehistoria del capitalismo y su modo de producción, impulsando la escisión entre productores y medios de producción. Lo anterior implicó la separación súbita y violenta de grandes masas humanas de sus medios de subsistencia de producción arrojándolas, en calidad de proletarios totalmente libres, al mercado de trabajo (Marx 1867: 893).
En palabras de Karl Polanyi, este proceso de “gran transformación” implicó que “la tierra y el trabajo quedaran súbitamente separados, mientras que tradicionalmente el trabajo formaba parte de la vida, la tierra formaba parte de la naturaleza, vida y naturaleza formaban un todo articulado”. Separar a la tierra de los hombres y organizar a la sociedad para satisfacer las necesidades de un mercado de tierras fue parte vital del concepto utópico de la economía de mercado ( Polanyi s/d: 178). 3
Uno de los efectos más importantes de esta separación fue que la naturaleza vinculada por todas partes con la vida de la sociedad, fuera transformada apenas en tierra, con lo cual se desarticularon equilibrios sociales constituidos antiguamente, que otorgaban sentido a la vida y que eran el fundamento de los imaginarios sociales (Alimonda 2009:15).
Es así como la dominación capitalista a lo largo de la historia ha venido operando sobre ciertos fundamentos en los que la naturaleza se convirtió en objeto de dominio de las ciencias y en materia prima del proceso productivo, desconociéndose así, el orden complejo y la organización ecosistémica de la naturaleza. En este proceso la naturaleza se fue desnaturalizando, para hacer de ella un recurso, una mercancía para insertarla en el flujo unidimensional del valor y la productividad económica para beneficio del hombre (Leff 2006: 25). La separación sujeto- objeto tuvo como consecuencia que el paradigma antropocéntrico se instalara como uno de los fundamentos del desarrollo y el progreso de la humanidad.
En el marco de esta racionalidad contra natura, la última fase de acumulación capitalista desplegada a partir de la crisis de sobreacumulación de los setenta, ha estado conformada de manera predominante por encima de la reproducción ampliada, por una estrategia basada en la destrucción, robo, violencia, saqueo y despojo de los bienes colectivos y recursos naturales. Para diversos autores 4 , entre los que se encuentra David Harvey, la forma de acumulación actual está conformada por la mayor parte de los rasgos que se presentaron en la ‘acumulación originaria’, entendida no como la etapa que dio origen al capitalismo, sino como un proceso continuo y permanente en la geografía histórica del capitalismo. Algunos de estos rasgos son: “la mercantilización y privatización de la tierra y la expulsión por fuerza de las poblaciones campesinas; la conversión de varios tipos de derechos de propiedad (comunal, colectiva, estatal, etc.) en derechos de propiedad privada exclusivos; la supresión del acceso a bienes comunales; la mercantilización de la fuerza de trabajo y la supresión de formas alternativas (indígenas) de producción y consumo; los procesos coloniales, neocoloniales e imperiales de apropiación de bienes (incluidos los recursos naturales)" (Harvey 2003: 116-117).
Durante los últimos treinta años, la acumulación por desposesión se ha materializado en las políticas neoliberales y en una estrategia de “cercamiento de los bienes comunes” (Harvey 2003: 115). La expresión más visible y condensada de esto, ha sido la oleada de privatizaciones de bienes y servicios públicos producida en las dos últimas décadas en todo el planeta; la privatización de agua y tierras; el desarrollo de medios de comunicación y transporte (puertos, aeropuertos, carreteras, túneles, ferrocarriles, compañías de aviación), el desarrollo de telecomunicaciones (telefonía digital y sistemas satelitales), banca y servicios financieros, petróleo y petroquímica, complejos siderúrgicos, y la privatización de sistema de seguridad social, fondos de pensión y retiro de los trabajadores (Gilly y Roux 2009: 31). Además proyectos como la minería a cielo abierto, la instalación de confinamientos y basureros nucleares, corredores eólicos, presas o hidroeléctricas, los monocultivos de soja, la producción de agrocombustibles, proyectos inmobiliarios, de desarrollo, expansión urbana y de servicios. Estas políticas han sido operadas en el marco de tratados y planes de libre comercio y desarrollo, y financiadas por los estados nación -incluyendo a los gobiernos progresistas- y empresas trasnacionales.
Así, el despojo de pueblos y comunidades y la lógica productiva de crecimiento incesante se presentan como rasgos inherentes al sistema de acumulación capitalista, trayendo como consecuencia la contaminación del agua, del suelo, del aire, la emanación de gases tóxicos, con su secuela de calentamiento global, el agotamiento de los recursos no renovables, como es el caso de la crisis energética por el agotamiento de los hidrocarburos, la crisis alimentaria y su relación con la producción de agrocombustibles, la crisis del agua, y las enfermedades y muertes evitables en toda clase de seres vivos.
Para muchas voces de la academia y el campo popular, este diagnóstico ha colocado en el centro de la mesa la necesidad de transformar la racionalidad productiva, a través de la cual se ha destruido atrozmente la base de los bienes necesarios para la sustentación de la vida. Todas estas voces han anunciado y advertido que si no se producen cambios estructurales en los modos de producción de la vida en el capitalismo, la vida humana y no humana corre el peligro de perecer en su propia reproducción.
Contradicción capital- trabajo y capital- naturaleza
Los mecanismos de acumulación a partir de la expoliación y de la externalización de costos, especialmente a partir de la degradación de la tierra, el territorio y los recursos naturales son parte indisociable del funcionamiento capitalista y no sólo efectos colaterales incontrolados. Rosa de Luxemburgo afirma que la acumulación capitalista tendría un carácter dual: “el otro aspecto de la acumulación de capital se da entre el capital y las formas de producción no capitalistas (…) aparecen aquí, sin disimulo, la violencia, el engaño, el pillaje” 5 . El despojo violento de bienes estratégicos sería el otro motor de la esencia de la acumulación debido a la incesante necesidad de externalizar tres costos ocultos que los productores no necesariamente realizan: la eliminación de residuos (especialmente los tóxicos), la renovación de materia prima (esencialmente los bienes naturales) y los costos de infraestructura. (Wallerstein 2005: 111). Es decir, las formas violentas de expoliación capitalista sobre la naturaleza significan una necesidad estructural para externalizar los costos de la producción industrial y mantener el crecimiento infinito sin importar sus efectos sociales y ambientales. Esta lógica es inherente al capitalismo, pero se hace evidente en el momento en que el sistema de mercado ha invadido por completo el orbe.
El agotamiento gradual de espacios libres de residuos, la disputa geopolítica por recursos estratégicos no renovables cada vez más escasos, así como la intensificación de inversiones en el sector inmobiliario, ligado directamente a necesidades de infraestructura y comunicación para el flujo de capitales, mercancías e inversiones, está haciendo evidente el escalamiento de la conflictividad con poblaciones, comunidades y movimientos locales afectados por las necesidades incontenibles de crecimiento. Pero aún más, el enfrentamiento se polariza con los sujetos sociales que conservan, aunque sea parcialmente identidades y formas productivas que no están basadas en la máxima ganancia debido a que “el capitalismo tiene una tendencia histórica a destruir y absorber los modos de producción no capitalistas (…) los usa para crear nuevo espacio para la acumulación de capital” (Harvey 2001: 270) ya que el imperativo de acumular, implica, en consecuencia, el imperativo de superar obstáculos espaciales.
Vemos que el crecimiento, aceleración y expansión de la acumulación requiere vencer al espacio mediante el tiempo, permitiendo que los flujos de mercancías y capitales accedan a cada vez más territorios, cada vez más rápido. Esta lógica infinita, sin embargo choca directamente con territorios y recursos ambientales finitos por un lado, y con culturas, comunidades y colectividades situadas en los lugares de extracción, producción o desecho que se defienden de los efectos de dicha lógica.
Es así que vemos que del carácter inherente del capitalismo, esto es, de su naturaleza autodestructiva y del complejo metabolismo de las sociedades capitalistas, se originan por lo menos dos grandes contradicciones:
Una de ellas es la tensión entre los ciclos de reproducción del capital vs. los ciclos de reproducción de la vida. Tal y como lo plantea Jorge Veraza: “los ciclos de reproducción de la naturaleza no son tan rápidos como el ciclo de rotación del capital (…) estas diferencias suscitan necesariamente una contradicción entre el dominio del capital industrial y los ciclos biológicos del planeta”. O como lo plantea Joan Martínez Allier: “la economía recibe recursos y produce residuos, explotando más allá de su capacidad de regeneración”. Esto se deriva de la imposición del horizonte de abundancia con que la modernidad ha operado en los últimos tres siglos, de la cual se ha producido la idea de que los recursos del planeta son infinitos y que en todo caso sólo hay algunos y excepcionales fallos del mercado o externalidades que generan costos ambientales. Esta visión hegemónica parte de suponer que “el mercado funciona como mecanismo racional de asignación de recursos (…) en el que los problemas ecológicos surgen de la ausencia de racionalidad mercantil privada”, y no de las propias contradicciones del capitalismo y los límites de la naturaleza.
Otra contradicción se produce entre la lógica productiva que mercantiliza y cosifica la vida, como una materia prima, un bien de consumo; y por otro lado, los lenguajes de valoración de los pueblos que conciben a la tierra y a la naturaleza como su madre, como un bien inconmensurable, que no tiene precio. La disputa de las luchas socioambientales está en sacar los bienes comunes, de la esfera económica y su valorización. En este terreno se enfrentan dos formas contrarias e incompatibles de percibir la vida: “la naturaleza y el régimen del tiempo capitalista.”
En el marco de la mundialización financiera y de los mercados globales, sin embargo, la necesidad de expoliación de los bienes naturales se acelera ya que la capacidad competitiva de los complejos y conglomerados multinacionales no sólo dependen de fuerza de trabajo barata o materias primas a precios favorables sino de “un complejísimo sistema de condiciones marco (…) se trata de sistemas de provisión de energía y transportes, infraestructuras sociales y administrativas, fuerza de trabajo especialmente calificada, además de las correspondientes condiciones habitacionales y de vida acordes(…)”(Hirsch 2001:143). Ello explica la enorme presión sobre los bienes y territorios no sólo por su cualidad dotadora de materias primas sino por la necesidad de crecimiento de condiciones estructurales para la acumulación global.
Es así como los efectos de la sociedad industrial y las bases de la modernidad capitalista han detonado en los últimos años en todo el planeta una crisis sin precedentes en diferentes ámbitos de la vida, incluyendo el ambiental. Frente a los aparentes límites absolutos del sistema de poder y dinero del capitalismo, el actual desastre ecológico es leído por muchos como síntoma de una profunda crisis civilizatoria y de un modelo de control tecnológico basado en la máxima ganancia a costa del dominio, desarticulación y desprecio de los procesos agrícolas tradicionales, de las estrategias productivas de los pueblos originarios y del patrimonio de los bienes comunes y culturales.
México: camino de resistencias y alternativas frente a la desposesión
En toda la historia de la humanidad, a lo largo y ancho del planeta han surgido diferentes respuestas sociales para enfrentar la desposesión, el despojo de bienes colectivos y la mercantilización de la vida. No obstante, a partir de los últimos diez años es notoria la emergencia de un nuevo ciclo de luchas socioambientales en América Latina, lo cual en buena parte se debe al complejo metabolismo de las sociedades capitalistas y su crecimiento de flujos de energía, materiales y salida de residuos (Martínez Allier, 2009: 2).
Estos movimientos han surgido como resistencias y protestas de afectados ambientales, que muy pronto han traducido sus demandas en una lucha por el control colectivo de los recursos, por el derecho a la autodeterminación de sus propias condiciones de existencia, por el bloqueo de las formas depredadoras y contra el despojo de tierras, agua, bosques, biodiversidad, saberes ambientales tradicionales, y otros bienes comunes. México se encuentra también dentro de esta tendencia.
Con el auge e implementación de las políticas neoliberales se ha venido produciendo una reconfiguración del andamiaje normativo e institucional para facilitar la desposesión. Uno de los rubros más importantes de esta transformación ha sido el desmantelamiento del campo. El entramado de unidades productivas campesinas enfrenta en la actualidad la peor de las crisis. La alta migración de la población rural hacia las ciudades y hacia Estados Unidos, la dependencia alimentaria, la destrucción de las culturas y tejidos comunitarios, el despojo de tierras a partir de la cesión de derechos a particulares, y en general la pulverización de la producción agrícola campesina a nivel nacional, son algunos de los componentes de esta crisis (Hernández/ Navarro: 2010).
El reordenamiento que el campo ha sufrido, en buena medida ha sido provocado por la creación de marcos legales como la firma del Tratado de Libre Comercio, y en particular lo señalado en el capítulo agropecuario, que estipula la reducción o eliminación de los aranceles en todos los productos agropecuarios con excepción del maíz, el frijol y la leche a los cuáles se les dio un plazo de 15 años para eliminar a cero su arancel; así como la modificación al artículo 27 constitucional, con lo que se “permitió rentar y vender las tierras ejidales, se autorizó la inversión de sociedades mercantiles en terrenos rústicos y, lo más importante, se canceló el reparto de tierras” (Rubio, 2009: 5).
Estas modificaciones legales y la política estatal en el tema agropecuario, las cuales básicamente se han fundamentado en su abandono y en desestimular su producción nacional, han generado las condiciones para el dominio de las grandes transnacionales agroalimentarias, así como la exclusión masiva de los pequeños productores rurales (Rubio, 2009: 6). Con todo ello, se ha transformado la forma de organización productiva del campo mexicano, a través de nuevos modos de apropiación y concentración de las tierras para la acumulación capitalista (Serna, 2009: 26, 27).
En el discurso de “desarrollo” el gobierno argumenta que ante la crisis del campo y el abandono de las tierras lo mejor es la privatización y la generación de proyectos para su mejor aprovechamiento. Como si los campesinos y productores rurales hubieran sido los responsables del desmantelamiento del campo y su modo de relación con la tierra hubiera generado la crisis actual. Lo cierto es que las estrategias discursivas del gobierno mexicano y de las cuadrillas empresariales han venido desacreditando las formas de organización autóctonas y comunitarias (Hernández/ Navarro: 2010).
Asimismo con la aprobación de la Contrarreforma Indígena en 2001 a contracorriente del enorme proceso de movilización social constituido a favor de los Acuerdos de San Andrés, se abrió un nuevo ciclo de reformas “en materia de bosques, aguas, semillas, minería, bienes nacionales, conocimiento tradicional y biodiversidad, todas orientadas al despojo capitalista de los territorios campesinos e indígenas, todas avaladas por el conjunto de la clase política” (Serna 2009: 26).
Tal es el caso de la Ley Minera de 1992 que, conjuntamente con la Ley de Inversión Extranjera, permitió que entes trasnacionales controlen el 100% de las actividades de exploración y producción en el ramo. O la Ley de Biodiversidad de Organismos Genéticamente Modificados en 2005 que pone en riesgo la diversidad biológica, la soberanía alimentaria, los cultivos y plantas de los que México es centro de origen, ofreciendo a cambio, seguridad a las cinco empresas trasnacionales que controlan los transgénicos a escala global, de los cuales Monsanto tiene 90 por ciento (Ribeiro, 2005).
Asimismo los megaproyectos de infraestructura que se han venido impulsando en México, en el marco de diferentes acuerdos y tratados comerciales, como es el caso del Plan Puebla Panamá, hoy Proyecto Mesoamérica, tienen como objetivo dominar una serie de áreas para su valorización, dominación e integración al "sistema del mercado global". El impulso de superautopistas, carreteras, megaproyectos turísticos, sistemas de transporte, vialidades, represas hidroeléctricas, basureros comunes, basureros industriales y tóxicos ha ido acompañado de las modificaciones al marco normativo, al relajamiento de leyes de protección ambiental y de la salud, así como de fuertes procesos de despojo contra comunidades poseedoras de la tierra.
Por otro lado, se han detonado numerosos intentos de privatización de manantiales, ríos y ojos de agua en innumerables regiones del país, y elevado los costos por el suministro de agua, en medio de una profunda crisis de escasez de agua, sobretodo en las zonas urbanas.
El reordenamiento de la forma productiva agropecuaria y alimentaria y la profundización del modelo extractivo, como parte de los procesos de acumulación capitalista en México, son algunos de los componentes del complejo escenario que enfrentan los pueblos y comunidades en defensa de sus bienes comunes.
Frente a todo ello se ha venido constituyendo un incipiente pero creciente ciclo de luchas socioambientales en todo el territorio nacional, identificando hasta el momento más de sesenta expresiones de resistencia que han comenzado a organizarse para encontrar una salida a los problemas de desposesión. Estas luchas están siendo protagonizadas principalmente por comunidades indígenas y campesinas, aunque también por comités vecinales, asambleas ciudadanas, organizaciones sociales y colectivos juveniles quienes enfrentan proyectos y políticas de privatización de bienes comunes, de desarrollo urbano, inmobiliario, servicios e infraestructura carretera; tiraderos de basura; desarrollo de complejos turísticos y náuticos; construcción de presas e hidroeléctricas; grandes explotaciones de minería a cielo abierto; problemas de contaminación por el desarrollo industrial y su relación con fuertes problemas de salud; siembra de monocultivos y transgénicos; biopiratería y patentes sobre biodiversidad y saberes tradicionales.
En Chiapas, el Frente Regional contra las privatizaciones conformado por decenas de comunidades de la región de la Sierra enfrentan 56 proyectos de minería a cielo abierto. El movimiento zapatista y otras organizaciones indígenas enfrentan los desalojos y las reubicaciones del gobierno para la construcción de la carretera Ocosingo-San Quintin-Margaritas y San Cristóbal- Palenque y contra el llamado Centro Integralmente Planeado Palenque-Agua Azul (CIPP), así como contra la extracción de recursos naturales y material genético de la Reserva de la Biosfera de Montes Azules.
El movimiento Mazahua encabezado por mujeres indígenas del Estado de México lucha por el derecho al agua, debido a que sufren la escacez de este líquido vital por el sistema de presas Cutzamala que abastece de agua a la Ciudad de México, despojando de ese recurso a las zonas aledañas a este sistema acuífero. Las amenazas de acción directa y boicot al suministro de agua de la Ciudad de México causaron revuelo nacional.
Los ciudadanos de Jilotzingo en el Estado de México, enfrentan la construcción de un tiradero de basura industrial y tóxica de la Empresa Confinam, el cual afectará con 1,800 toneladas diarias de basura a una importante zona boscosa y contaminará el acuífero Cuautitlán- Pachuca en el Estado de México e Hidalgo, uno de los mantos freáticos más grandes del país. En un caso similar la Empresa BEFESA ha debido detener la construcción y operación de un basurero tóxico cercano a la población de Zimapán, en el estado de Hidalgo, debido a la formación de un importante movimiento reunido en “Todos somos Zimapán”, que ha impulsado un fuerte proceso de resistencia y movilización contra el proyecto. En ese mismo sentido, pero contra un relleno sanitario, en la Ciudad de Cuernavaca se constituyó el Frente de Afectados por el basurero en Loma de Mejía.
Diversas comunidades y organizaciones resisten a la construcción de una carretera que atravesará el Bosque de Agua en el Estado de México, Morelos y el sur del Distrito Federal, destruyendo una de las regiones de mayor importancia biológica e hidrológica, incluyendo dos Áreas Naturales Protegidas Federales: Ciénegas de Lerma y el Corredor Biológico Chichinautzin.
En el estado de Guerrero el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota resiste a la construcción de un megaproyecto hidroeléctrico de enormes magnitudes en el Río Papagayo, el cual afectaría directamente a 25 mil campesinos y desertificaría las tierras de 75 mil más que siembran río abajo. El CECOP ha impulsado una resistencia exitosa desde el año 2003, que ha detenido las obras con resistencia civil, recursos jurídicos, movilización masiva de sus comunidades y visibilidad nacional e internacional, lo que lo ha convertido en un emblema nacional de defensa de la tierra y el agua (CECOP 2009: 49).
En el estado de Morelos se conformó el Consejo de los 13 pueblos, en conflicto con el Gobierno Estatal por el control de los recursos naturales, especialmente el agua. El Consejo se ha organizado de manera inédita (en realidad ha logrado aglutinar a cerca de 40 comunidades) para salvaguardar sus territorios ancestrales y agrícolas del Plan Nacional de Desarrollo que pretende construir 100 mil casas en sus regiones, en defensa del agua y la tierra.
La Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán lucha contra la tala depredadora de bosques de la Sierra de Petatlán y en Coyuca de Catalán a cargo de la empresa maderera estadounidense “Boise Cascade”. Cabe resaltar el encarcelamiento de algunos de sus integrantes por varios años.
En Huejuquilla el Alto, Jalisco, los indígenas wixárika mantienen la defensa de los bosques y el rechazo a la construcción de una autopista que cercenaría su territorio, destruyendo centros ceremoniales y biodiversidad. De igual manera, en Jalisco un conjunto de organizaciones se ha opuesto a la construcción de la Presa de Arcediano al norte de Guadalajara sobre una zona de conservación ecológica, así como las comunidades de Temacapulín, Palmarejo y Acasico enfrentan las obras de la Presa El Zapotillo; una gran cantidad de vecinos del Municipio de Juanacatlán y el Salto sufren desde hace más de treinta años la contaminación de las descargas tóxicas vertidas sobre el río Santiago.
En Oaxaca, la Coordinadora en defensa de los recursos naturales y de nuestra madre tierra del Valle de Ocotlán- Ejutla luchan contra un proyecto de minería a cielo abierto que los despojará de sus comunidades y contaminará sus tierras y cuerpos de agua. Resalta la toma directa de la mina por las comunidades para su cierre y el posterior operativo de desalojo con fuerte brutalidad policiaca. De igual manera el Consejo Autónomo Cuicateco resiste al despojo de sus tierras para la instalación de una minera a cielo abierto. El Consejo de Pueblos Unidos por la Defensa del Río Verde lucha contra el proyecto de la presa de “Aprovechamiento Hidráulico de Usos Múltiples Paso de la Reina” sobre el cauce principal del río Verde inundando terrenos de poblaciones enteras y afectando las especies de flora y fauna de la región.
En Puebla y Tlaxcala algunas comunidades enfrentan la contaminación del Río Atoyac, y el frente de pueblos en defensa de la tierra y el agua puebla y tlaxacala defiende sus tierras y luchan contra el despojo para la construcción de dos mega proyectos carreteros “Arco Norte” y “Arco Sur Poniente”.
En el caso de la Ciudad de México, se ha constituido el Frente de Pueblos de la Anáhuac contra la línea 12 del metro con terminal en Tláhuac y una serie de espacios vecinales contra la construcción de vialidades en toda la Ciudad . Estos desarrollos de infraestructura tienen el objetivo de profundizar la urbanización del Valle de México, detonando con ello, la expansión de la mancha urbana hacia tierras forestales, de cultivo, áreas de vida silvestre, chinampas, barrancas y por otro lado, destruyendo y pavimentando las pocas áreas verdes que quedan dentro de la Ciudad, tales como jardines, parques y camellones.
Por otro lado, existen diversos esfuerzos de coordinación y articulación entre resistencias, tal es el caso de la Asamblea de Afectados Ambientales que se creó en 2008 por comunidades, pueblos, colectivos y organizaciones sociales de decenas de localidades, como espacio de encuentro autónomo y de coordinación conjunta para enfrentar las problemáticas ambientales. Los diferentes movimientos que integran esta Asamblea enfrentan conflictos sobre agua, basura, vivienda, urbanización “salvaje”, construcción de carreteras, destrucción de bosques, políticas agrarias, avance de la agricultura transgénica, desarrollos hoteleros, despojo de playas y daños a la salud. También hay otras redes como la Red Mexicana de Afectados por la Minería (Rema) que nació en el 2008 constituida por organizaciones sociales, indígenas, campesinas, comunidades, organizaciones de derechos humanos, de educación, de comunicación, movimientos, colectivos de estudiantes, académicos, entre otros, para integrar un movimiento en contra de la minería y fortalecer las luchas y movimientos locales de resistencia.
También se encuentra el Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos (Mapder) el cual se conformó en el año del 2004 con la finalidad de aglutinar frentes estatales, organizaciones sociales y civiles y a comunidades de todo el país afectadas por la construcción de presas: hidroeléctricas, de irrigación, de abastecimiento y de usos múltiples. Y la Alianza Mexicana por la Autodeterminación de los Pueblos (Amap) la cual ha fungido como espacio de coordinación, intercambio de información, análisis, discusión y movilización de las organizaciones sociales y civiles frente al Plan Puebla Panamá y otros proyectos que amenazan la autonomía e identidad de las comunidades.
Ahora bien, a pesar de las enormes diferencias entre cada una de las luchas mencionadas anteriormente, hemos encontrado elementos comunes en las formas en las que los afectados ambientales están enfrentando los modos concretos de la desposesión. A continuación trazamos algunos de ellos a partir de la observación directa de algunas de las experiencias de resistencia en México.
Subjetividades anticapitalistas en defensa de la tierra, el territorio, la vida y los bienes comunes
Nos referirnos a estas luchas como socioambientales debido a que desde nuestra perspectiva son movimientos que pelean contra la escisión ambiente- sociedad, enfrentando con ello, entre otras cosas, el discurso del conservacionismo por parte de los Estados y las empresas, quienes niegan que los pueblos puedan tener formas sostenibles para gestionar la naturaleza.
Las luchas socioambientales son concebidas como parte de un movimiento global de ecologismo popular o de justicia ambiental (Martínez Allier, 2009: 4) que pelea por su propia subsistencia a partir de la defensa de sus bienes comunes. “En el Tercer Mundo, los movimientos ecologistas no son un lujo de los ricos, sino un imperativo para la supervivencia de la mayoría de la población, cuya vida corre peligro y se ve amenazada por la economía de mercado y por la expansión de ésta” (Shiva, 2006: 65, 79).
Este movimiento de justicia ambiental esta siendo protagonizado por comunidades y culturas que en medio del desgarramiento que ha producido las relaciones capitalistas veneran la vida. La disputa que estas luchas libran es por la producción y reproducción de la vida, la lucha es contra el capitalismo y su lógica de “anti-vida” (Shiva, 22: 2006), centrada en la ocupación y captura infinita de los procesos vivos.
Estas colectividades surgen generalmente como esfuerzos autoconvocados por los propios afectados para deliberar y reflexionar sobre qué hacer juntos, sin que ninguna instancia externa convoque para formar y dirigir un formato específico de organización. La autoconvocatoria de los afectados se da principalmente ante la reacción espontánea que generan los procedimientos antidemocráticos, irregularidades e ilegalidades, presentados en la mayoría de los casos, por los gobiernos que buscan apresurar decisiones fundamentales para la implementación de los proyectos de desposesión. Este sentimiento de afectación que se irá traduciendo en expresiones de resistencia, se produce por la exclusión de las comunidades y los pueblos que ven cómo de un día a otro, sin que ellos hayan sido consultados, sin que ellos lo hayan decidido, su vida y entorno pueden cambiar para siempre.
Una dimensión de estos conflictos se centra en los procedimientos que se emplean para la aprobación de los proyectos, que son cuestionados por la gente en sus formas, mecanismos y actores involucrados. Los movimientos que surgen en reacción a los proyectos de desarrollo o explotación cuestionan cómo se decide y quién decide sobre su vida, sobre la tierra y los bienes comunitarios.
En muchas ocasiones, estos esfuerzos autoconvocados de movilización social se presentan como los primeros intentos de organización frente a problemas de este tipo o como las primeras experiencias políticas. Esto les imprime un carácter particular con respecto a los formatos organizativos que la izquierda clásica ha conformado.
Cabe mencionar que muchos de estos movimientos de resistencia, sobretodo los comunitarios, indígenas o campesinos, se construyen sobre lazos comunitarios y formas de organización social preexistentes. En estas luchas los modos de organización tradicional funcionan como redes para tejer la resistencia y la movilización.
Los rasgos más característicos en las formas de organización y de funcionamiento son la reivindicación de la democracia directa, la horizontalidad y la asamblea, apareciendo ésta última como el espacio de deliberación, de pensamiento colectivo, de circulación de información y toma de decisiones más importante. Estos mecanismos y modos de regulación han buscado sostenerse en procesos democráticos de diálogo, para construir acuerdos, soluciones y decisiones, que ayuden a involucrar a todos los afectados.
Hemos percibido que en estos esfuerzos de movilización se carece generalmente de estructuras organizativas rígidas o formales, la separación dirigentes-bases tan marcada en los movimientos sociales tradicionales tiende a disolverse o relativizarse en mecanismos asamblearios y se presenta una incipiente distancia de la idea de representación. Esto último se ha podido detectar en el rechazo que muchas de estas luchas han presentado frente a políticos profesionales, partidos políticos u organizaciones formales que se han acercado para intentar incidir, dirigir o encabezar los esfuerzos de oposición.
Entonces, en su primera fase de actuación estos movimientos de resistencia emergen como respuestas autoconvocadas de afectados, como movimientos opositores, como movimientos del NO. Aunque muy rápidamente estos movimientos del NO, de cuestionar sólo el procedimiento y exclusión de las decisiones pasan a cuestionar el porqué y para qué de estos proyectos de desarrollo y explotación de recursos.
Percibimos que en medio del riesgo que viven las comunidades de perder absolutamente todo, se abre el campo de la autoafirmación, en el que las comunidades comienzan a valorar, imaginar y a decidir cómo desean vivir su presente y futuro. Es en este momento que se presenta un punto de quiebre en los procesos de subjetivación colectivos, atravesados por la emergencia de nuevos horizontes de sentido donde la autoafirmación de los pueblos habilita una dimensión utópica y un porvenir distinto al impuesto por la normalidad capitalista.
Es en este punto de quiebre, donde aparecen como dimensiones esenciales de la insubordinación -en palabras de John Holloway- el contra como proceso en el que la confrontación hacia el orden dominante es explícita y el más allá como la construcción de un modo de regulación social distinto. Los movimientos ya no sólo pelean, se organizan e interpelan al poder para rechazar la desposesión, sino que reconocen y afirman el despliegue de valores de uso para enfrentar la vida colectivamente de otra manera.
Ahora bien, es posible que sí los conflictos mantuvieran su campo de disputa en la dimensión procedimental que hemos expuesto, pudieran buscarse herramientas político-jurídicas que las trasladaran a un proceso menos polarizado y tenso. Sin embargo, los movimientos comunitarios buscan respuestas a sus principales interrogantes que se hacen urgentes en medida que avanza la agresividad con que se impulsan estos proyectos y decisiones desde el Estado y las empresas en cuestión. Los movimientos se preguntan a quiénes benefician estos proyectos, cuál es el impacto sobre la tierra y los ecosistemas y su utilidad colectiva o popular. La mayoría de las veces concluyen cuestionando todo el modelo de desarrollo sistémico, sus bases, su discurso, su forma, sus beneficiarios y sus impactos, lo que radicaliza por completo sus estrategias, actitudes y acciones. Con ello, las luchas logran situarse frente al problema de otra manera, desbordando con sus preguntas e interrogantes los marcos institucionales.
Es así como se enfrentan dos proyectos basados en premisas diametralmente opuestas. Los movimientos valoran las culturas y tradiciones comunitarias ligadas al arraigo sobre la tierra y el trabajo que deriva de ellas como identidad de sus pueblos; valoran el usufructo de los recursos sólo para la reproducción y no para la acumulación; valoran también algo que surge en numerosos conflictos que ellos mismos nombran con la palabra dignidad, que identifica numerosos sentimientos colectivos sobre el no sometimiento, la identidad comunitaria, el respeto y la determinación propia -a pesar del obvio desequilibrio de fuerzas a favor del Estado y las empresas-; y, en especial, un profundo sentimiento colectivo de la justicia que no está a discusión a pesar de que cualquier balance objetivo sobre la fuerza del Estado les sea adverso. En suma, priorizan valores y posiciones no mercantiles, sobre su identidad, su historia y los ecosistemas. Son de alguna forma racionalidades distintas a la dominante. Como plantea Enrique Leff “lo que subyace a los conflictos de distribución ecológica son estrategias de poder en torno a paradigmas sociales y racionalidades productivas alternativas”.
Es por ello que de esta racionalidad alternativa, surge todo un cúmulo de sentidos, saberes, construcciones colectivas que incluso podemos considerar paradigmas alternos a los dominantes, basados en una perspectiva de nuevos derechos de uso y apropiación de la naturaleza, derechos a elegir, decidir y construir formas de desarrollo ambiental-territorial y el derecho a controlar procesos productivos en sus localidades.
Frente a todo ello, el Estado surge como principal impulsor de los proyectos de desarrollo y explotación de la mano de las empresas e inversores que son menos visibles, pero puede, en varias fases del conflicto, apreciarse su influencia y poder sobre el procedimiento de aprobación y decisión. El Estado a diferencia de los movimientos, apela a la necesidad nacional o el interés común como principal eje de interés para el impulso de los proyectos, acompañado del objetivo del crecimiento económico, la inversión, la creación de empleos y en general la idea de desarrollo entendido como aumento de infraestructura, explotación de recursos y acumulación.
Es en este momento donde puede apreciarse el choque de proyectos. El Estado prioriza una racionalidad económica basada en la máxima ganancia y el desarrollo entendido como las condiciones necesarias para la acumulación capitalista. Los movimientos priorizan una racionalidad no económica cuyo eje es la preservación de sus comunidades, culturas y ecosistemas. La tierra, el agua, los bienes comunitarios, la cultura, las tradiciones se presentan como bienes inconmensurables, sobre los cuales los pueblos no están dispuestos a negociar, rechazando contundentemente que éstos tengan precio. La lucha a librar transita entonces entre la vida o la muerte.
El interés por el desarrollo económico se vuelve una urgencia del Estado, presionado por intereses de acumulación e inversión “nacionales” o “trasnacionales” que implican una enorme fuerza política, mediática, represiva y en muchas ocasiones jurídica. El interés local por la preservación de pueblos y ecosistemas es en comparación una fuerza mucho más pequeña, que sin embargo sostiene en ocasiones una resistencia anclada en la movilización y participación de los pueblos que puede ser desbordante y, a veces, sorprendente.
En los trayectos de la lucha, muchos movimientos comienzan optando por recurrir a las instancias y canales institucionales, frente a la negativa y limitación de éstas, se ha presentado una orientación cada vez más tendiente a que la auto-organización y la movilización social sean las fuentes de resistencia y lucha privilegiadas. De este modo, las luchas pueden desplegar una serie de estrategias; el trabajo territorial- local y la organización de base de las comunidades afectadas; la resistencia, acción directa y la movilización social; la articulación y coordinación con otras luchas y ONG’s; el empleo de recursos legales y jurídicos.
Así, el agotamiento de los canales institucionales, ha traído consigo la emergencia de una crítica sobre las prácticas de los partidos políticos y de la clase política. La maquinaria institucional no sólo se presenta como insuficiente para la resolución de las demandas sociales, sino que ésta y lo poderes económicos mantienen una relación de complicidad cada vez más cínica para la implementación de los proyectos de desposesión.
Por otro lado, la oposición de las luchas ambientales contra la racionalidad económica de los poderosos advierte el desarrollo de una sociabilidad alternativa y lenguajes de valoración basados en una nueva ética con la naturaleza. Existe una tendencia a cuestionar y poner en entredicho los fundamentos de la sociedad industrial y de la modernidad, presentándose una sensibilidad con el medio ambiente y reivindicándose las formas tradicionales que los pueblos y comunidades han mantenido con su entorno para la reproducción de la vida.
En el carácter emergente de estas luchas se va configurando el antagonismo contra el Estado y el capital, el cual encuentra su anclaje a un tejido comunitario territorial que en los momentos de confrontación se activa como un sujeto comunitario. La construcción de los horizontes de sentido del sujeto comunitario se articulan históricamente con el pasado, siendo la memoria uno de los terrenos desde donde imaginar y rastrear modos de relación con la naturaleza no mercantiles, mediados por valores de uso que hacen posible pensar en alternativas más allá capitalismo. De este modo, la emergencia de múltiples respuestas desde lo social para enfrentar la catástrofe capitalista, bajo la clave de la violencia, despojo y destrucción, constituye una de las luchas más importantes a favor de la vida, como camino de resistencia ante los efectos de la crisis ambiental. Al mismo tiempo que en medio del conflicto contra la desposesión se vislumbra en ellas- como horizonte de sentido- la prefiguración de una nueva subjetividad y modos de relación anticapitalistas de los hombres y mujeres con la naturaleza".
Fuente: www.rebelion.org / México/30-07-2010
Del proceso de desposesión territorial y de la consiguiente superexplotación laboral
Se puede ver en el neodesarrollismo bajo gestión K (centrado en el modelo extractivo, el turismo, los negocios inmobiliarios y la IIRSA) y analizar a través de lo que sucede en América Latina y el Caribe en forma de:
1. Desmantelamiento del campo y la soberanía alimentaria
Transgénicos, Bolivia los compra, siembra y come
Por Katherine Fernández (Rebelión)
La agroindustria boliviana practica la transgenia teniendo como principal comprador al propio gobierno boliviano, que este año enarboló a nivel internacional su discurso en defensa de la Madre Tierra y sus derechos como ser vivo, pero no profesa con la misma fuerza políticas internas de desagravio y reconciliación con ella.
El artículo 409 de la Constitución Política del Estado, dice: “La producción, importación y comercialización de transgénicos será regulada por ley”, pero aún no existe la ley. Esta redacción fue modificó aquella aprobada en grande por la Asamblea Constituyente, el 24 de noviembre de 2007 en Sucre, despojando así a la Madre Tierra de su única herramienta revolucionaria de lucha contenida en el artículo que entonces era el No. 405: “Se prohíbe la producción, uso, experimentación, importación y comercialización de organismos genéticamente modificados.”
Este cambio de último momento, tuvo su fundamentación en la investigación científica que reporta que la biotecnología que modifica genéticamente los alimentos, podría contribuir a solucionar problemas alimentarios en momentos de crisis, una explicación que sería válida en una realidad en la que el Estado apoyase a los científicos bolivianos que trabajan a favor de la tierra, la biodiversidad y preservación de la vida. Pero no existe esta garantía. Los únicos que se congratulan con esta modificación del artículo son los industriales bolivianos y extranjeros que han introducido semillas transgénicas al país, no para asegurar alimentos, sino para obtener mayores ganancias, mientras tanto sigue vigente el Decreto del 2004, firmado por el entonces Presidente Carlos Mesa, que permitía la importación de elementos transgénicos con carácter experimental en Santa Cruz, siendo que dos años antes ya se introducían vía contrabando.
Transgénicos desde el alma
En Bolivia se
comercializan 43 variedades de soya transgénica y
el principal
comprador a nombre del gobierno es la Empresa de Apoyo a los Pequeños
Agricultores - EMAPA, que pretende incentivar la producción
mediante créditos para semillas, insumos y diesel.
1 Pero no exige como norma que la producción sea
orgánica o por lo menos no transgénica, Actualmente el 100% del algodón y el 80%
de la soya son transgénicos.
¿Por qué se hizo necesario protegerse de la biotecnología transgénica?
Si bien La
biotecnología debe entenderse como tecnología de vida o para la vida,
la industria mundial de
alimentos encontró en ella la manera de optimizar su producción, por lo tanto es
la que mejor la incentiva, financiándola a un nivel en que se vuelve su
propietaria, por lo cual posee los derechos sobre los resultados de la
investigación, sobre el uso de los mismos y decide si la sociedad consumidora
debe conocerlos o no.
En el 2003, la mayoría (73 %) de cultivos GM2 eran modificaciones para la tolerancia a herbicidas, mientras que 18 % para la resistencia a insectos y el 8 % para ambos rasgos.3
La ciencia dice que no es posible tomar previsiones sobre los efectos negativos del consumo de alimentos transgénicos en la salud humana, mucho menos de otros seres vivos que son parte de complejas cadenas alimenticias de las cuales los humanos son ineluctablemente un eslabón. En el último siglo los tipos de cáncer y las alergias se han diversificado a causa del tipo de alimentación y el cambio climático.
Situaciones particulares
* En Estados
Unidos se experimentó fortalecer la cáscara del tomate, que es un producto
frágil, para facilitar su manipulación en la comercialización, utilizando genes
ubicados en la piel del ratón, lo cual ocasionó que personas alérgicas a este
animalito, manifestaran su afección al consumir tomate, que nada tendría que
ver.
* Los desiertos verdes son lugares donde existía biodiversidad, pero con el monocultivo de miles de hectáreas de productos como la soya bajo la aplicación de semillas transgénicas y agroquímicos, ahora no hay interacción de vida entre insectos, variedades de plantas, árboles, aves, abonos naturales de los animales, humedad y los fenómenos simbióticos que posibilitaban la reproducción de la naturaleza en sus ciclos normales. Entonces la consecuencia de estos extensos monocultivos-desiertos verdes, es la erosión de la tierra, reflejada en fotografías satelitales de países como Argentina, que años atrás se denominaba el granero de América.
* La transnacional que domina el mercado de las semillas transgénicas es Monsanto, una industria gigante que ha logrado acaparar la comercialización de sus semillas transgénicas para millones de hectáreas de algodón, maíz y soya en Estados Unidos, cuyo gobierno otorga subvenciones a su agricultura, entre otras cosas, porque al haberse convertido en productos ciertamente resistentes, se tiene volúmenes de agroproducción segura para los mercados internos y externos, por lo cual puede jugar con los precios abaratándolos según convenga para cada país del mundo a donde exporte. Así, parecería ser que quien tiene el dominio del mercado de los alimentos básicos y sus derivados en el planeta, es el agricultor norteamericano, pero en realidad lo es la transnacional Monsanto.
Soberanía alimentaria
La
transformación de la comida es muy cotidiana, lo hacemos todos los días en la
cocina o en las tradiciones vineras. Pero la tecnología transgénica es una
completa reformulación de los alimentos, no se trata de simples injertos, como
se suele simplificar en las conversaciones. Cada día se aumenta el debate
mundial sobre la ética y la confianza que la humanidad pueda tener en quienes la
aplican, debido a que consiste en introducir ADN de una especie en otra distinta
(animal ↔ vegetal). Cuando la ingeniería genética empezó hace 40 años se creía
que manipular un gen tenía que ver con modificar un rasgo, pero ahora se sabe
que un solo gen se expresa en muchos rasgos4,
por lo tanto las
consecuencias no son controlables y el objetivo de fortalecer un producto puede
tener consecuencias múltiples que, por ahora, se están viendo en alergias, pero
los trastornos incluso en los genes humanos, se verán en las generaciones
futuras y no se descartan ciertas degeneraciones. La tecnología
genética “es una tecnología de invasión celular”5.
Actualmente las semillas transgénicas se propagan sin control por los cultivos del mundo, sin que los agricultores puedan tomar la decisión de utilizarlos o no, simplemente aparecen en sus tierras debido a que el complejo vital es así, los pájaros, insectos, vientos y agua los transportan como siempre ha sido en la naturaleza. Es necesario insistir una y otra vez más: Hoy se está recuperando la visión de que la tierra es un ser vivo, pero no lo es en un sentido de unidad separada de los demás. La vida en el planeta tiene que ver con una integralidad interdependiente entre todos los entes, entre los cuales está el ser humano en la misma dimensión que un microorganismo animal o vegetal.
Por
más íntima que parezca la acción de alimentarnos, todo cuanto comemos afecta a
nuestro entorno, porque nada se queda en nuestro cuerpo para siempre. Por eso
cuando hablamos del derecho a la alimentación y de resolver que haya comida para
los 7 mil millones de habitantes, debemos también pensar en qué clase de
alimentación merecemos, siendo lo más importante la calidad y la diversidad. Y
además, que no tenemos derecho a seguir fomentando el monocultivo, la
manipulación de precios, las patentes, las bolsas de valores y mucho menos los
transgénicos, cuyo control lo tienen quienes producen solo para vender más, pero
no para alimentar a todos, en un momento en que se habla de sobreproducción de
alimentos, de una industria que bota a la profundidad del mar todo aquello que
no ha vendido, sin temer pérdidas económicas, sino más bien, para hacer espacio
en la estantería de los mercados mundiales para los nuevos productos que trae,
mismos que solamente simbolizan quién tiene el poder en el planeta – que son
apenas unos pocos – y los demás se lo permitimos".
Katherine Fernández.
Asociación Inti Illimani - Energía solar para la vida. La Paz – Bolivia
Fuente:
www.rebelion.org
/Ecología
social/30-07-2010
2. Pérdida de las comunidades de recursos básicos para vivir y degradación cultural
Turismo, conflicto social y la necesidad de
fortalecer la resistencia y desarrollar un modelo alternativo
Por Giorgio Trucchi (ALBA SUD/Rel-UITA)
En Centroamérica el turismo se ha convertido de forma
acelerada en un importante eje de acumulación económica, contribuyendo de
forma decidida a una transformación económica estructural en estos países. Pero
a pesar del impacto devastador del gran capital turístico la capacidad de
movilización global aun es limitada.
Pese a la imagen
positiva que se le quiere dar a la inversión de las grandes cadenas turísticas,
siguen generándose diferentes escenarios de conflictividad y resistencia a un
modelo depredador, cuyos efectos aun no están siendo tomados suficientemente en
cuenta por el grueso del movimiento altermundista. Según el coordinador de ALBA
SUD, Ernest Cañada, es cada día más necesario estudiar, reconocer e identificar
una nueva conflictividad socio-ambiental, que se ha generado a raíz de la
expansión desmedida del turismo. “No son suficientes los enfoques que ponen
el acento en los impactos del turismo, sino que hay que estudiar y evaluar el
nuevo escenario de conflictividad socio-ambiental originado por este fenómeno”.
El desarrollo turístico comporta agresiones y afectaciones a distintos sectores
de las sociedades centroamericanas, y resulta necesario entender de qué manera
se están produciendo, cómo están funcionando y cuáles son las reacciones,
proponiendo una discusión sobre las diferentes tipologías del conflicto
turístico en esa área.
De acuerdo con el documento presentado por Cañada en el marco del segundo
Seminario sobre “Turismo y desarrollo en Centroamérica, México y El Caribe”,
existen cinco grandes ámbitos de conflicto. El primero tiene que ver con la
instalación de la actividad turística en zonas donde existen comunidades con
acceso a recursos naturales, y que están instaladas en un territorio que
reconocen como suyo.
“La introducción de la actividad turística rompe esta
situación y genera la pérdida del acceso a los recursos naturales básicos
(tierra, agua, alimentación) y de la territorialidad. Esto comporta una
conflictividad ante el proceso de desposesión”, explicó
Cañada.
Otro nivel de conflictividad surge cuando se pone en marcha la actividad
turística y se genera
un impacto destructivo desmesurado. “En
ese caso, no solamente puede haber una reacción de la comunidad desposeída, sino
también de otros actores involucrados (organizaciones sociales, vecinos y
algunas autoridades locales) que tratan de poner un freno, un mecanismo de
regulación, ante los abusos que genera la urbanización turística”, dijo el
coordinador de ALBA SUD.
Declaración de Montelimar: la política al servicio
del gran capital
La presión
impuesta por la industria turística para desregular las legislaciones y las
políticas nacionales, representa un tercer escenario de conflicto.
“Tiene que ver con la legislación, con el cambio de política fiscal, el acceso a
costas, entre otros. Desde que en 1996 se dio la Declaración de Montelimar
–continuó Cañada–, hay una presión constante de la industria turística para
imponer sus reglas”. Con esta Declaración, los gobiernos centroamericanos
acordaron que el turismo era un sector estratégico e impulsaron la promoción
intrarregional, la comercialización de paquetes turísticos, la creación de
legislación y políticas e incentivos a la inversión extranjera y la cooperación
con el sector privado. Ante esta decisión, algunos sectores trataron de resistir
generando un nuevo escenario de conflictividad.
El cuarto ámbito
de conflicto tiene que ver con la deshomogeneidad del capital turístico.
“No siempre tiene los mismos intereses y se generan contradicciones internas.
En este caso, la explotación de la actividad turística conlleva puntos de
contradicción intraempresarial, generando el desplazamiento del pequeño y
mediano empresario frente al gran capital turístico nacional, regional o
internacional".
Finalmente –recordó Cañada–,
las condiciones de precarización de la vida y del trabajo
de las personas que se involucran en la actividad turística, abre
otro espacio de conflictividad. Se trata de la reacción de los trabajadores ante
la degradación de sus condiciones”.
Una limitada movilización global
El impacto de la actividad turística genera múltiples reacciones, cuya
intensidad depende del contexto histórico y político de cada país. Sin embargo,
lo que se puede encontrar “es un cierto ritmo común en la evolución del
conflicto. Lo interesante como elemento de análisis es ver cuándo tenemos o no
tenemos conflicto, y en qué condiciones se desarrolla, con qué características.
A un mayor impacto no necesariamente corresponde una mayor conflictividad,
porque depende de la capacidad de organización y resistencia de la gente”,
explicó Cañada.
En el ámbito laboral, por ejemplo, las organizaciones sindicales aun tienen una
muy débil penetración en el sector hotelero y turístico en general.
En muchos casos depende de las fuertes políticas antisindical impuestas por las
grandes cadenas transnacionales. Otro sector extremadamente vulnerable es el de
la construcción. Se trata de mano de obra migrante que vive en condiciones de
ilegalidad, explotación y vulnerabilidad.
Ante esta situación y al nuevo fenómeno de consolidación de grupos económicos
nacidos en la región, como por ejemplo el Grupo Pellas, que ahora están buscando
más acumulación de capital en el sector turístico residencial, el desarrollo de
un movimiento global de resistencia y construcción de alternativas frente al
modelo turístico dominante sigue débil.
Según el coordinador de ALBA SUD, uno de los principales obstáculos es que el
grueso del movimiento altermundista aún no ha reconocido a la industria
turística como una seria amenaza. “Frente a este modelo de desarrollo
turístico es necesaria una doble actuación: fortalecer las resistencias y
desarrollar y sostener otro modelo turístico de carácter endógeno, basado en la
economía popular, y construido sobre la base de una alianza entre las
iniciativas comunitarias y el pequeño y mediano empresario local, y poderes
públicos al servicio de la gran mayoría de la población centroamericana”,
concluyó".
Fuente original:
http://www.albasud.org/
Fuente: www.rebelion.org /América Latina y Caribe/ 30-07-2010
3. Acumulación de riquezas por sometimiento de los trabajadores a salarios de pobreza y flexibilización laboral
◊El espejismo de las maquilas. La verdad sobre la panacea de las maquilas
La maquila o maquiladora es sinónimo del actual proceso de 'globalización', es decir, de la nueva y masiva colonización del planeta por Estados Unidos, país que proclama y condena la soberanía nacional como un concepto obsoleto. La utilización de las maquilas, método con más de tres décadas de aplicación, no promueve el desarrollo nacional, regional o de las ciudades receptoras de tales empresas. Este resultado no debe sorprender, puesto que la idea de la maquila se basa en el atraso y la mano de obra barata de los países pobres y las regiones más deprimidas del mundo. La pobreza es el sine qua non de la maquila.
La palabra 'maquila' se originó en el medioevo español para describir un sistema de moler el trigo en molino ajeno, pagando al molinero con parte de la harina obtenida. Tal fue también la forma tradicional de producción de azúcar en los ingenios de las Antillas, que en el siglo XIX obtenían su caña de cultivadores llamados colonos; éstos cobraban en azúcar el valor de la caña entregada, de acuerdo con las normas establecidas por los mismos ingenios. La estirpe feudal y semifeudal del vocablo se remoza con el nuevo uso del término para denotar plantas de ensamblaje que se aprovechan de las míseras condiciones laborales existentes en los países dominados.
La maquila en México
A principios de la década del sesenta comenzó un desplazamiento masivo de operaciones manufactureras por parte de las grandes multinacionales hacia países del Tercer Mundo, escapando de los altos costos de producción y de las bajas tasas de ganancia de las grandes industrias en las metrópolis. Con la llegada de las operaciones de ensamblaje y producción de ropa y textiles a la frontera de México y Estados Unidos a finales de esa década, se inauguró el reino de las maquilas o maquiladoras en América Latina, que en la frontera México-Estados Unidos ya cumplió 36 años de existencia. Con el Plan Bush para América Latina, hacia finales de la década de los años ochenta, Estados Unidos trató de impulsar las economías latinoamericanas hacia la 'maquilización' continental, amenazando con reducir sus industrias nacionales a talleres de tercera categoría, salvo las empresas microscópicas o 'microempresas'.
En el caso de México, numerosas compañías norteamericanas trasladaron parte de sus operaciones a la zona fronteriza, región que ofrecía varias ventajas, a saber:
a) su cercanía geográfica, que permitía a las corporaciones montar la operación de ensamblaje a pocos kilómetros de las plantas matrices;
b) la posibilidad de garantizar la utilización de insumos como el agua y la electricidad, ya que numerosos municipios de la frontera mexicana están integrados a las redes eléctricas o de abastecimiento de agua de Estados Unidos; pero, sobre todo,
c) la oportunidad de aprovechar el trabajo barato de cientos de miles de obreras, muchas de ellas adolescentes, que obtienen salarios ínfimos y laboran en condiciones deplorables, en particular por la toxicidad y falta de controles ambientales reinantes en dichas plantas.
Desde aquella época, la industria de las maquilas en México ha permitido a las grandes compañías gringas competir en el mercado internacional, pero no ha resuelto el formidable problema del desempleo y el bienestar ni en la frontera ni en el resto de ese país latinoamericano. Más bien ha traído como consecuencia una enorme inmigración de otras ciudades y de campesinos mexicanos arruinados y de obreros desempleados en busca de trabajo.
Irónicamente, desde un
principio el programa de maquiladoras en la frontera mexicana ha sido la
negación del llamado 'libre comercio'. Ello es así porque las plantas
maquiladoras nunca se han propuesto obtener insumos más baratos que los
producidos o vendidos por las compañías mexicanas. Se trata simplemente de
trasladar a México, del otro lado de la frontera, insumos producidos en Estados
Unidos para tareas de ensamblaje con mano de obra barata. Por esto en México,
después de más de treinta años de maquilas, los insumos locales representan sólo
2% de los utilizados.
O sea que la producción
tipo maquila funciona aislada del resto de la economía y constituye un enclave
sin vínculos significativos con el resto del mercado interno del país,
ya que es una producción limitada única y exclusivamente a la exportación.
Mientras que la maquila es un manantial de riqueza para los grandes consorcios,
este mezquino resultado es poco halagüeño para los países huéspedes.
Los países que alojan la maquila, por su parte, deben contar con una adecuada infraestructura, servicios de agua y energía eléctrica, puertos, telecomunicaciones, carreteras, una legislación laboral que discipline a los trabajadores y obstaculice su lucha reivindicativa, con lo cual se hace un verdadero subsidio al capital extranjero, ya que hay que otorgarle facilidades de las cuales no gozan en muchos casos los inversionistas nacionales, y el Estado termina haciendo gigantescas inversiones que no son costeadas pero sí disfrutadas por el capital foráneo. Por eso, aunque el centro de ellas es la mano de obra barata, no se crean maquilas en lugares insalubres, remotos, incomunicados o sin la mínima infraestructura .
En México ha quedado claro que la maquila avanza en la medida en que la economía nacional se descompone. El programa de maquilas utilizaba veinte mil empleados en 1970. Hasta principios de la década del ochenta el programa creció a trompicones, aumentando y disminuyendo el número de plantas de acuerdo con los altibajos de la economía estadounidense. Cuando comenzaron las serias crisis económicas de México fue cuando el programa de las maquilas creció. Así pues, luego de la caída del peso mexicano y de la crisis de la deuda de principios de los años ochenta, el número de plantas y de empleos comenzó a crecer vertiginosamente (recordemos que en su gran mayoría laboran con mujeres, muchas de ellas menores de edad). En este período se destacó entre los inversionistas el papel de Japón y de algunos países europeos que utilizaron la zona fronteriza para ensamblar y exportar directamente sus productos al mercado estadounidense. Tras la catástrofe económica de principios de los noventas, volvió a dispararse el programa de las maquilas, el cual llegó a emplear cientos de miles de trabajadoras hacia el año 2000.
Estas cifras no alcanzan a resolver mínimamente el gigantesco problema de desempleo afrontado por México: como consecuencia de la estrepitosa crisis económica mexicana, solamente entre 1995 y 1997 desaparecieron más de un millón de empleos. En los primeros tres meses de 1995 la crisis ya había traído como resultado la pérdida de más de medio millón de puestos de trabajo como consecuencia de la quiebra de miles de pequeños empresarios. Mientras tanto, en medio de semejante crisis, un informe oficial de la Embajada de Estados Unidos en ciudad México se ufanaba de que la caída del peso y el relativo abaratamiento de los salarios había permitido un nuevo récord: ¡en esos tres meses 250 empresas maquiladoras se habían establecido en el país! Pero el crecimiento demográfico mexicano requiere generar cerca de un millón de empleos nuevos anuales. Y con la destrucción del agro mexicano -desprotegido por el Tratado de Libre Comercio de Norte América, (TLCAN), e indefenso frente a la penetración de productos agrícolas estadounidenses- se espera que en los próximos diez años más de ocho millones de pobladores del campo se conviertan en nuevos desempleados.
Como el campesino boliviano que masca la coca para matar el hambre, México se ha hecho dependiente de la maquila para mitigar su crisis, mientras que no resuelve -al igual que el boliviano- ni el desempleo, ni la pobreza, ni el subdesarrollo, o sea, las razones fundamentales de la crisis y de la creciente pobreza que lo aflige.
En tamañas circunstancias, sucede que en el último año han cerrado sus puertas varios cientos de plantas maquiladoras en la frontera y han quedado cesantes decenas de miles de empleados, fenómeno que continúa mientras se escriben estas líneas. Ello se debe a la aplicación del TLCAN. Algo al parecer tan extraño requiere explicación:
En los años ochentas y noventas
el gran crecimiento de la industria maquiladora en la frontera mexicana se debió
en gran medida a la instalación en la región de plantas maquiladoras de origen
japonés, surcoreano y europeo, las cuales también se dedicaron a llevar sus
insumos a esa zona, ensamblarlos y exportarlos directamente al mercado
norteamericano. El Tratado de Libre Comercio, que mejor debería llamarse el
Tratado de Inversión Protegida, incluyó entre sus principales capítulos uno
titulado 'Reglas de Origen'. En éste se especifica que a partir de cierta fecha
sólo se podrían ensamblar en maquiladoras ubicadas en México 'insumos
domésticos' libres de aranceles.
¡Por domésticos se entendía los producidos en Estados Unidos, Canadá o México!
Las plantas maquiladoras podrían utilizar otros insumos (se adivina: los
provenientes de Japón, Europa), siempre y cuando pagaran elevadas tarifas de
importación. El TLC simplemente se proponía sacar a Japón y Europa del área,
negándoles la posibilidad de utilizar la misma mano de obra explotada por los
gringos para exportar productos a Estados Unidos. Como dijera Kissinger con
referencia al TLC, "se trata de un arma para combatir a nuestros contrincantes".
En 2002 comenzaron a regir las Reglas de Origen, la mayor causa de la salida
precipitada de numerosas plantas maquiladoras no gringas de la zona y del
pronunciado declive del empleo en la región.
Naciones contra naciones
La competencia por atraer maquiladoras enfrenta a naciones contra naciones. De esta suerte, varios países de la cuenca del Caribe han entrado a competir con México en la atracción de maquilas. Compañías de origen no sólo norteamericano, también algunas provenientes de Corea, Japón, China y otros países asientan sus maquilas en Haití, Santo Domingo, Guatemala, Honduras y El Salvador para acceder al mercado gringo.
República Dominicana se ha especializado en maquilas dedicadas a producir ropa y todo tipo de confecciones para exportar a Estados Unidos. El empleo, mayormente de mujeres jóvenes, ha llegado a más de 150 mil. Por otra parte, los salarios habían disminuido de un promedio de US$ 1,33 en 1984 a 56 centavos de dólar en 1997.
Entre 1975 y 1991, la industria nacional de textiles y ropas cayó en El Salvador más de 50% ante los embates de la competencia permitida con las reglas nuevas del llamado libre comercio. Al mismo tiempo, la industria maquiladora en el mismo ramo creció rápidamente. Como en México, la creación de estos empleos no compensa ni el número ni la remuneración de los empleos desaparecidos, al paso que la nueva 'industria' no establece lazos económicos con la economía interna.
La competencia para atraer maquilas forma parte de la competencia general entre países pobres por medio de cambios en la legislación laboral, el comercio externo, el tratamiento del capital extranjero, el manejo de las condiciones ambientales y de los recursos naturales y la diversidad biológica, etc.
De esta manera, millones de obreros -y en la maquila, obreras- han sido lanzados a trabajar en industrias domiciliarias, microempresas y maquilas desde los barrios de Puerto Príncipe (Haití) y ciudad Guatemala, pasando por Lagos (Nigeria) y Calcuta (India), donde se producen mercancías consumibles que requieren mano de obra para procesos de ensamblaje.
En esta batalla de todos contra todos, organizada por el imperialismo, los países más pobres son los que sufren. La lógica de la maquila es implacable. Un obrero mexicano gana en un día lo que un obrero estadounidense gana en una hora. Y un obrero mexicano gana en ese día lo que un obrero chino gana en una semana. Cuanto más pobre el país, más 'competitivo' para las grandes corporaciones industriales. Para 'ganar' en esta competencia es obvio cuál es el camino a escoger: deprimir los salarios y empobrecer la población.
La experiencia de China demuestra que lejos de ser un problema fronterizo, como en el caso mexicano, la utilización de mano de obra barata femenina tiene características más generales e igualmente desastrosas. En la década de los años ochenta más de un millón de jóvenes chinas fueron reclutadas para las tenebrosas zonas de exportación, donde trabajan en condiciones infrahumanas: preparan sus alimentos de pie en recovecos de las factorías, utilizan cuartos comunales como duchas y duermen apiñadas en los mismos sitios donde laboran jornadas de diez, doce y catorce horas. En los últimos años las precarias condiciones estructurales de las fábricas han causado mortales incendios, en uno de los cuales más de doscientas adolescentes murieron calcinadas por no existir puertas de emergencia para incendios. Las maquilas que en este momento abandonan México se están relocalizando mayoritariamente en China, donde obviamente las condiciones de producción son más 'flexibles' y 'competitivas'. Actualmente existen unas doscientas 'zonas de exportación' diseminadas por 50 países del Tercer Mundo, las cuales emplean varios millones de obreros, 80% mujeres entre 16 y 25 años.
Regiones contra regiones
La competencia se da no sólo entre países pobres sino también
entre regiones dentro de los países. En México algunas empresas maquiladoras
comienzan a radicarse en Yucatán, donde la mano de obra es algo más barata que
en la frontera.
En la medida en que la industria nacional de henequén (vegetal tropical)
-centrada en Yucatán- quiebra a consecuencia de la competencia de textiles
extranjeros con libre ingreso, más de cincuenta mil empleados de la industria
henequenera han sido despedidos en los últimos siete años. Durante el mismo
período, maquilas instaladas en la región han proporcionado empleo a dos mil
personas. En reciente reportaje del diario Los Angeles Times se contaba la
historia de un obrero que labora diez horas diarias en la maquila, ganando un
total de US$ 28 semanales, lo que no es suficiente ni siquiera para la comida de
la familia, la cual vive en una casa de cartón.
Los teóricos de la globalización y el librecambio repiten incesantemente el concepto de regionalización, junto con el de globalización, y urgen a los países del Tercer Mundo a que diseñen estrategias para reordenar sus territorios y declarar provincias autónomas que les permita -por su propia cuenta e independientemente de las ya de por sí disminuidas reglas laborales, de salud, y ambientales del país - buscar acuerdos aún más onerosos por separado con empresas multinacionales. De esta manera se busca enfrentar regiones contra regiones y naciones contra naciones en una carrera hacia el abismo.
En América Latina numerosos planes de descentralización apuntan hacia este tipo de maligna competencia entre zonas de un mismo país. Y como las políticas de privatización, recorte de servicios públicos y desaparición de servicios estatales han llevado a un enorme crecimiento del desempleo y la miseria, se ofrece como solución a tales problemas instalar maquilas en zonas especiales o en regiones de un país. El caso de México, donde la maquila lleva 36 años operando, revela su ineficacia: hoy el país se encuentra mucho peor en todos los sentidos de lo que estaba en 1967: más desempleo, más pobreza, más insuficiencia alimentaria, menos industria y más deuda.
En el actual modelo, la maquila funciona en el mundo como estandarte de la producción flexible, jugando un papel clave en el incremento de las disparidades entre y dentro de los países del mundo. La maquila busca, en el mejor de los casos, utilizar modernas tecnologías con una fuerza laboral oprimida y 'flexibilizada' al estilo de la del siglo XIX.
* Raúl Fernández, PhD Profesor de la Universidad de Californ
Fuente:http://www.ecoportal.net/content/view/full/21337 17-07-03
◊Flexibilización y violencia en Panamá y Honduras
Por Marco A. Gandásegui, h. (Alai-amlatina)
La política anti-obrera del
presidente Ricardo Martinelli tiene sus seguidores en la región. En este caso,
se trata del nuevo gobierno hondureño, producto de un golpe militar, presidido
por Porfirio Lobo. Dándole seguimiento a propuestas por los sectores más
conservadores de su clase empresarial y escudándose en políticas neo-liberales,
el gobierno de Tegucigalpa está creando lo que llama un “Plan Solidario de
Empleo Anticrisis”. Al igual que en Panamá el “plan” ha desatado una
protesta social generalizada.
El “Plan Solidario” consiste en flexibilizar el empleo creando puestos de
trabajo “por hora” o sólo por jornada de medio día. Según José Luis
Baquedano, “es un proyecto político que pretende impulsar una mayor
flexibilización y precarización laboral, a través de contratos de trabajo por
hora y de media jornada. Una propuesta que de ninguna manera va a resolver el
grave problema del empleo, ni mucho menos el del valor del salario versus el
costo real de la canasta básica”. Baquedano es el presidente de la
Confederación Unitaria de Trabajadores de Honduras (CUTH) y miembro del comité
ejecutivo de del Frente Nacional de la Resistencia Popular (FNRP).
El gobierno panameño impuso esta legislación hace varios años creando zozobra en
la familia del trabajador e incrementando el crimen organizado en el país. La
flexibilización del trabajo le permite al empresario minimizar el salario del
trabajador y emplearlo de la manera que considere más apropiado. El trabajador
se vuelve una máquina. Este arreglo destruye a la familia que pierde a su
proveedor principal y desarticula a la comunidad cuyas familias son diezmadas.
La flexibilización es la causa de la aparición de las pandillas y la violencia
criminal.
Hace un mes Martinelli promulgó la Ley 30 que, entre sus múltiples objetivos,
eliminó la organización sindical en Panamá. La legislación fue rechazada por el
pueblo panameño con un costo de varias vidas en las fincas bananeras de
Changuinola (Bocas del Toro) producto de la represión policíaca. En la
actualidad, el gobierno panameño busca fórmulas para imponer sus medidas por
encima de la oposición popular.
Según Baqueadano, el gobierno está legislando en Honduras a pedido de los
empresarios maquiladores. Los “trabajos son transitorios, sin beneficios
sociales. Una total explotación de la mano de obra… De hecho va a modificar de
forma ilegal el Código del Trabajo y la relación obrero-patronal. La empresa
privada ha hecho un negocio con el desempleo. Los niveles son tan elevados que
los trabajadores se someten a cualquier vejamen y propuesta que le haga el
patrón”.
En este contexto, los presidentes Martinelli y Lobo tuvieron oportunidad de
conversar en julio de 2010 sobre un acuerdo para exportar trabajadores de ese
país a Panamá, donde recibirían remuneraciones inferiores al salario mínimo
panameño. En su momento, Martinelli veía la importación de trabajadores como una
medida para frenar las protestas de los trabajadores en las obras relacionadas
con la ampliación del Canal de Panamá. Las empresas contratadas para trabajar en
la vía acuática son de origen extranjero (española e italiana). Aparentemente,
se consideran por encima de la ley y no se han hecho miembros de la Cámara
Panameña de la Construcción (CAPAC) que tiene un convenio colectivo con los 50
mil trabajadores del Sindicato de la Construcción panameño (SUNTRACS).
Baquedano, en una entrevista concedida a Giorgio Trucchi, periodista uruguayo,
agrega que la legislación hondureña que se quiere imponer crearía un sistema de
trabajo “totalmente precarizado, no van a poder organizarse sindicalmente, no
van a tener acceso a ninguna prestación laboral. Van a ser explotados y con
salarios de hambre. Las mismas organizaciones sindicales van a salir gravemente
afectadas. Eso es parte del plan desestabilizador”.
Los trabajadores hondureños están pidiendo que “se respete el Convenio que
firmamos con los diputados, en el que acordamos que ningún proyecto de ley que
afecte a los trabajadores y trabajadoras puede ser discutido y aprobado sin
haberlo previamente consensuado con las confederaciones sindicales”. Hay que
recordar que ese fue un pacto alcanzado con el presidente destituido por los
militares en 2009, Manuel Zelaya. Según Baquedano, también “vamos a exigir
que se ponga en práctica el Plan Nacional de Generación de Empleo Digno".
Ese Plan fue consensuado de forma tripartita antes del golpe, en el seno del
Consejo Económico y Social, y cuenta con el apoyo de la OIT.
Los sindicatos hondureños saben que su lucha es cuesta arriba. Reconocen que en
Guatemala siguen “asesinando” a obreros y en “Panamá están masacrando
a los trabajadores”. Según Baquedano, “los hondureños necesitan el apoyo
internacional para fortalecer al movimiento sindical centroamericano, ante esta
estrategia para desestabilizar al movimiento social y criminalizar la protesta”.
Marco A. Gandásegui, hijo, es
Profesor de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA
Fuente original:
http://alainet.org/active/39996
Fuente:
www.rebelion.org
/
América Latina y
Caribe/ 07-08-2010
◊Ocupación militar de Estados Unidos y la Minustah para seguridad de las maquilas
Respecto al terremoto en Haití,Ashley
Smith
explica cómo esta
catástrofe natural es una catástrofe social:
“En la década de los setenta y bajo la dirección de Washington, Baby Doc
Duvalier abrió la economía del país al capital e importaciones agrícolas
estadounidenses, destruyendo la agricultura campesina nacional. Como resultado,
cientos de miles de campesinos desplazados se radicaron en las favelas de
Port-au-Prince, donde podían trabajar, por salarios bajísimos, en las maquilas
clandestinas ubicadas en las zonas francas que exportan bienes a EE.UU.En los
ochentas, los haitianos se rebelaron para sacar a los Duvalier del poder, luego
eligieron al reformista Jean-Bertrand Aristide como presidente, con una
plataforma que incluía la reforma agraria, asistencia a los campesinos,
reforestación, inversión en infraestructura, aumento de salarios y derechos
sindicales para los obreros en las maquiladoras.
EE.UU.
respondió respaldando un golpe de Estado que sacó a Aristide del poder en 1991.
En 1994, el presidente electo fue restaurado en el poder, cuando Bill Clinton
envió tropas estadounidenses a la isla, a condición de que Aristide pusiera en
marcha el plan neoliberal de Washington, llamado por los haitianos el “plan
de la muerte”.
Aristide resistió algunas de las partes del programa americano, pero permitió la aplicación de otras y abandonó las reformas que prometió. Eventualmente, EE.UU. perdió la paciencia cuando reconoció que no podía obtener de Aristide obedeciera completa, como cuando EE.UU. exigió $21 mil millones en reparaciones. Estados Unidos impuso entonces un embargo económico que estranguló el país y hundió a campesinos y trabajadores aún más en la pobreza.En el 2004, Washington colaboró con la élite gobernante de Haití apoyando escuadrones de la muerte que derrocaron a Aristide, secuestrando y deportándolo. Las Naciones Unidas enviaron tropas para ocupar el país, y el gobierno marioneta de Gérard Latortue fue instalado para seguir los planes neoliberales de Washington.El breve régimen de Latortue fue totalmente corrupto – él y sus compinches se echaron al bolsillo gran parte de los $4 mil millones EE.UU y otras potencias invirtieron cuando se puso fin al embargo. El régimen desmanteló las leves reformas que Aristide puso en práctica. Así, se aceleró el modelo de empobrecimiento y degradación del país y de su infraestructura. En las elecciones del 2006, la población de Haití votó para presidente a uno de los viejos aliados de Aristide, René Préval. Sin embargo, Préval ha sido una figura débil que ha colaborado con los planes de EE.UU. y no ha hecho frente a la creciente crisis social.
De hecho, Estados Unidos, las Naciones Unidas y otras potencias imperialistas han pasado por encima del gobierno Préval, y en lugar de invertir en el gobierno, han invertido en organizaciones no gubernamentales (ONG’s) en Haití. “Haití tiene ahora el más alto per cápita de ONG’s en el mundo”, dice Yves Engler. El gobierno de Preval se ha convertido en una gobierno de papel, las decisiones importantes son tomadas por los poderes imperialistas a través de las ONG’s.
El poder real del Estado no es el gobierno de Préval, es la ocupación respaldada por las Naciones Unidas. Bajo el liderazgo de Brasil, las tropas de las Naciones Unidas han protegido a los ricos y han colaborado -o se han hecho de la vista larga- con los escuadrones de la muerte derechistas que aterrorizan a los partidarios de Aristide y su partido Lavalas.
Primero el gobierno de Bush, y ahora el gobierno de Obama, han utilizado el golpe de Estado y las crisis sociales y naturales para ampliar los planes neoliberales de Washington.
Bajo Obama, EE.UU. ha concedido $1.2 mil millones a Haití en alivio de la deuda, pero sin cancelar la deuda– y el país sigue pagando grandes sumas de dinero al Banco Inter-Americano de Desarrollo. El alivio a la deuda es sólo un maquillaje de lo que la verdadera política de Obama en Haití es. En estrecha colaboración con el nuevo Enviado Especial de las Naciones Unidas a Haití, el ex presidente Bill Clinton, Obama ha impulsado un programa económico familiar para la mayor parte del resto del Caribe – el turismo, maquiladoras y el debilitamiento del control estatal sobre la economía, mediante la privatización y la desregulación. En particular, B. Clinton ha orquestado un plan para convertir el norte de Haití en un parque turístico, lo más lejos posible de las favelas de Port-au-Prince. Clinton atrajo la inversión de $55 millones por parte de la Royal Caribbean Cruise Lines para construir un muelle a lo largo de la costa de Labadee, a cambio recibió un contrato hasta el 2050.
Desde antes del terremoto, el plan del ex presidente ha sido la expansión de la industria maquiladora en Haití para sacar provecho de la masiva disponibilidad de mano obra barata. Como una vez explicó en una conferencia de prensa, Haití puede crear “más trabajo bajando el costo de hacer negocio…” La vestimenta que Haití exporta ya se comercializa sin aranceles, haciendo más fácil el retorno de la maquila, y los talleres clandestinos, al país.
Cuando Obama designó a Clinton –y a Bush- como los líderes de los esfuerzos americanos en Haití, él endorsó la misma política de sus predecesores: la ayuda a una represiva élite local, dedicada a facilitar a las corporaciones internacionales sacar provecho del trabajo barato, y ahora desesperado, de los haitianos.
En el pasado, Estados Unidos no ha escatimado en usar cualquier medida para reprimir toda resistencia a dicha agenda, y cualquiera puede observar como ahora ha priorizado el envió de tropas y equipo militar tanto o más que el envió de ayuda comunitaria.
El desastre natural fue terrible, pero la catástrofe humana tiene una causa innatural. El capital y la bota americanos han mantenido el Estado y la sociedad haitianos erosionados, su infraestructura, edificios y la vivienda corroídas, y la vida obrera y campesina pauperizada. ¿Por qué hemos de creer que esta vez será diferente?".
Originalmente publicado en Socialist Worker.org. Traducción por Alma Torres.
Para leer la versión entera de este artículo u otros sobre el catástrofe en Haití, visita nuestra página de Web en www.obrerosocialista.org.
http://socialismointernacional.org/2010/01/15/catastrofe-en-haiti/
De voluntad emancipadora y revolucionaria de la diversidad popular
Se trata de construirla mediante instalación de la deliberación y toma de decisiones de una creciente mayoría de Argentina respecto a:
1. La alta siniestralidad y morbilidad de los trabajos con mayor desarrollo
Sobre la tragedia de los 33 pirquineros atrapados en la mina San José
El riesgo de morir aplastado y el sálvese quien pueda
Por Jaime Yoyanovic Prieto (Rebelión)
"Los
33 mineros atrapados en la mina San José representan hoy día al pueblo chileno y
demás pueblos y/o naciones oprimidas por el estado de Chile, como los mapuche,
que están en medio de una campaña de recuperaciones de tierras y los maorí
rapanui de la mal llamada “isla de Pascua”, cuyo nombre es Te pito o te
henua, que significa «El ombligo del mundo» y Mata ki te rangi, que equivale a
«Ojos que miran al cielo».
Si los mineros salen muertos será un duelo nacional, debido a que todos están
atentos al desarrollo de las acciones de salvamento en una mina caracterizada
por sus accidentes en un año donde el conjunto de las minas chilenas ya ha
producido alrededor de 30 muertes, o sea, una por semana,
el costo de la
riqueza proveniente del oro y el cobre, de donde sale una enorme ganancia para
algunas ricas familias chilenas y algunas poderosas empresas internacionales,
además de una gran cantidad de veneno, ácidos, sulfatos, etc. que envenenan el
medio ambiente. Si salen vivos será una fiesta apoteósica, ya que
el sentimiento de dolor de las familias está recorriendo todo el país.
En la última década han fallecido 373 personas en faenas mineras, lo que da una
media de 37 anuales, sin embargo la tendencia viene en aumento, ya que en 2007
fueron 40 y el 2008 fueron 43. Hubo una baja el año 2009 a 35 muertes, tal vez
por la ola de despidos y las huelgas mineras convocadas por dicho motivo por la
Federación. Pero en medio año de 2010 ya van 31 muertes, lo que promedia
entonces la cifra de 62 anuales, sin contar con la posibilidad de que los 33
compañeros no sean rescatados con vida.
Recordamos que los
trabajadores mineros son los que tienen las más largas jornadas laborales de
todas las áreas económicas del territorio y los más afectados en su salud, junto
a los operarios de empresas químicas. Hay que sumar a ello que un estudio
realizado por el banco suizo UBS y que fue analizado en The Economist señala que
los trabajadores en Santiago tienen las jornadas laborales más largas de
cualquier otra ciudad en el mundo.(fuente:http://www.bnamericas.com/news/mineria/Mineros_Cumplen_la_Jornada_Laboral_Mas_Extensa)
Una cosa es saber que los trabajadores son
explotados, pero otra es que estamos batiendo los records mundiales.
Estas cifras sobrecogedoras se han visto agravadas por el terremoto, la crisis
internacional del capital y por la llegada al gobierno de la alianza
empresarios-militares, por lo que no es de extrañar que buena parte de la
población chilena sea empujada al sálvese quien pueda. La desesperación y la
desesperanza hacen presa fácil de las familias en las poblaciones y se suman
unos tras otros a actividades dentro o próximas a lo que la ley denomina
delitos.
Este gobierno, que llamaremos mal gobierno, a diferencia del autogobierno y buen
gobierno de las comunidades,
ha optado por la seguridad de imagen y de la tranquilidad
y paz necesaria para la continuidad de la sobreexplotación, por encima de la
seguridad de los trabajadores y los ciudadanos. Pruebas al canto:
no hay responsables por el control de las faenas mineras, no hay por las
agobiantes jornadas laborales del conjunto de los trabajadores, no hay por la
vida y la tranquilidad del pueblo mapuche,
sólo hay una gran inseguridad en el mundo del
trabajo y la creciente expansión de las capas excluidas y marginadas de la
población.
Los trabajadores son constantemente amenazados por los patrones y las autoridades con el despido, ya que para eso cuentan con un gigantesco ejército de reserva de gente que se dispone a trabajar por cualquier centavo ante la desesperante situación, por lo que hace falta entrar decididamente a desarrollar entre esas capas marginadas formas alternativas de autosostenimiento, emprendimientos productivos autogestionarios, producción de alimentos, energía alternativa, redes de economía de comprando juntos y de trueque o de reciprocidad, que permitan un mejor pasar y disminuir la presión sobre los trabajadores en general.
Ello
permitirá una alianza estratégica entre trabajadores y sectores marginados, una
mayor aproximación entre categorías sociales que aparecen contrapuestas cuando
del trabajo concreto se trata. Las autoridades intentan arrojar unos contra los
otros mediante el cerco a las poblaciones pobres aumentando notablemente la
represión y el descrédito, allanando y mostrando en la TV que se trata de nidos
de delincuentes.
Decimos ¡No! a la
tentativa de poner en contra al mundo del trabajo con el mundo de la vida.
Decimos ¡Si! a la búsqueda de diálogo y acción conjunta entre las problemáticas
del trabajo, la vivienda, la juventud, los estudiantes, los mapuche y demás
sectores sociales, comunitarios y ciudadanos del país".
Fuente:
www.rebelion.org
/Chile/12-08-2010
2. La construcción de consenso por abusar del gran desempleo y por integrar Estados al servicio del modelo extractivo
Buscando apoyo de Mercosur antes que las voces del país
Argentina buscan un respaldo para los proyectos mineros en San Juan, ante el creciente cuestionamiento al saqueo y la contaminación mineras. El interés por cerrar un acuerdo que permita avanzar con una Unión Aduanera, los temores por una escalada en el conflicto Colombia-Venezuela fueron los temas centrales que ocuparon a cancilleres y ministros de los países miembros y asociados.
Así lo explicó Elizabeth Pérez en el Diario de Cuyo:
"En la declaración de los
presidentes de la 39a. Cumbre del Mercado Común del Sur habrá un capitulo para
reinvindicar la minería a gran escala y también habrá un apoyo importante para
la realización del túnel de Agua Negra, salida estratégica hacia al Pacífico del
denominado Corredor Bioceánico, un conector vial que Brasil hasta el puerto de
Coquimbo en Chile, pasando por el centro de Argentina y el límite con San Juan.
Esto último se mantiene en estricta reserva, pero anoche un alto funcionario
provincial dijo "algo lindo va a haber".
Diario de Cuyo pudo conocer que habrá una declaración donde se reconocerá la
potencialidad del túnel para todos los países miembros e incluso se invitará al
gobierno de Brasil a unirse al por ahora Ente Binacional que conforman Argentina
y Chile, a través de sus empresas y con financiamiento.
(...) Por otro lado, la declaración de los mandatarios tendrá un apoyo contundente a la minería a gran escala en los siete países, al considerarla actividad fundamental para el desarrollo de la región, como factor de desarrollo social, y además expresará la preocupación por medidas de terceros países que puedan limitar el desarrollo productivo de la región y por ende, en materia social. El párrafo reinvindicativo de la actividad minera estará insertado en el artículo 34 de la declaración, hace alusión a dos documentos anteriores y será firmada por los cuatro países miembros del Mercosur y los tres invitados.
Según altas fuentes que impulsaron la inclusión de este punto, el artículo
evalúa dos cosas:
> La primera es que reitera un
párrafo de la cumbre de Johanesburgo, del año 2002, acerca del desarrollo
sostenible y la minería, que indica concretamente que la producción de metales
es importante para el desarrollo de los países del Mercosur, y que se presenta
como una gran oportunidad para poder crecer y desarrollarse, en alusión al
impacto que tiene la actividad sobre la sociedad.
> En segundo lugar, el punto expresará la preocupación por medidas de terceros
países que puedan llegar a limitar el desarrollo productivo de la región, y por
ende, de materia social. Esto último en referencia a eventuales acciones de
países de la Comunidad Europea respecto a acciones contra el uso de cianuro en
la extracción de metales. Este segundo aspecto refleja lo mismo que el documento
firmado el 14 de junio pasado en el marco del grupo de trabajo de minería del
Mercosur por los titulares del sector de la región que se realizó en Buenos
Aires. Allí se fijó posición reinvindicativa en contra de la resolución por el
cianuro de la Comunidad Europea.
(...) El sector minero en
general, y la secretaría de Minería en particular, en manos de Jorge Mayoral,
estuvieron trabajando activamente para que se incluya esta reivindicación de la
industria productiva minera en la Cumbre. (...)".
Fuente original: Diario de Cuyo
Fuente:
http://www.noalamina.org/mineria-argentina/mineria-general/buscando-apoyo-de-mercosur-antes-que-la-voces-del-pais
/ 03-08-2010
3. La entrega de territorios y de la Cordillera por el Gobierno K y los provinciales
Se extiende el repudio al modelo minero
"La denuncia hecha pública el pasado 28 de julio, sigue reuniendo adhesiones de toda la provincia de Chubut y del resto del país. El texto plasma el creciente rechazo a la minería a gran escala que impulsa el gobierno de Mario Das Neves, que conforma un «modelo extractivo y de reprimarización de la economía» que lleva a "la destrucción de las economías regionales, seguida por contaminación, saqueo y pérdida de la biodiversidad.(...) A través de esta carta abierta queremos que se escuche la voz de miles de personas que no han sido consultadas, la voz de aquellos a los que nadie les preguntó cuales eran sus necesidades y sus sueños sobre su presente y su futuro, la voz de la mayoría excluida de la provincia del Chubut".
DENUNCIA ABIERTA Y PÚBLICA PARA CONOCIMIENTO DEL PUEBLO DE CHUBUT
DENUNCIAMOS
Hoy el gobierno provincial,
asociado a las mineras, utiliza su estructura institucional, política y
productiva para brindarle a la población de la meseta ciertas prebendas a cambio
de su silencio, convirtiéndolos en cómplices por necesidad. ¡Compra de
voluntades! También muchos profesionales por "desconocimiento", por
"necesidad" o por "convicción", son cooptados. Las leyes provinciales
vigentes no les permiten avanzar en la explotación, como sería el deseo de una
de las empresas Pan American SILVER, u otras tantas que ya tienen concesiones
otorgadas por el gobierno.
Los Foros
Ambientales y Sociales, denuncian que:
..."los pobladores aseguran que hay falta de agua no sólo para el ganado sino también para el consumo personal, sindicando a los trabajos de la empresa minera como uno de los factores que podrían hacer que les falte ese recurso"
Miles de litros de agua y de productos químicos son utilizados a diario para las perforaciones. En la provincia del Chubut, tanto la gestión radical y en particular la gestión peronista en la figura del gobernador y candidato a presidente 2011, Mario Das Neves, ha permitido el ingreso de las mineras para la explorar el territorio abarcando una superficie mayor a 4,5 millones de hectáreas.
Este territorio, con un desembarco silencioso de las empresas y con los medios comprados por la pauta oficial, ha sido condenado por los políticos a vivir bajo un appartheit minero.
Los habitantes de la Cordillera argentina y de la Provincia del Chubut aprendimos mucho en estos años sobre minería a cielo abierto.
Vimos como los gobiernos nacionales, provinciales y municipales se convirtieron en socios de las mineras. San Juan, La Rioja, Santa Cruz, son ejemplos claros de estos "acuerdos palaciegos" entre las empresas y los gobiernos.
En nombre del "Desarrollo sustentable" y la "Responsabilidad social empresarial" se entrega territorio considerado "de frontera", "de sacrificio", sin considerar la participación de sus comunidades.
Este modelo extractivo y de reprimarización de la economía tiene como consecuencias la destrucción de las economías regionales, seguida por contaminación, saqueo y pérdida de la biodiversidad. De esta manera se instalan conflictos socio-territoriales, que a nivel de las comunidades no tienen respuesta. El discurso oficial enfatiza en que la minería es la única alternativa para salir de la pobreza de la zona.Sin intención de profundizar sobre los impactos irreversibles que genera este tipo de actividad; los beneficios que estas empresas reciben, a través de este modelo de "acumulación por desposesión", o sea que se llevan todo, les permite privatizar las ganancias y socializar las pérdidas.
Perú y Bolivia son la expresión máxima de la globalización de un "desarrollo sustentable" corporativo, liderado por las empresas transnacionales, con una población excluida y condenada a desaparecer por acumulación de metales pesados en sus cuerpos.
A través de esta carta abierta queremos que se escuche la voz de miles de personas que no han sido consultadas, la voz de aquellos a los que nadie les preguntó cuales eran sus necesidades y sus sueños sobre su presente y su futuro, la voz de la mayoría excluida de la provincia del Chubut.
Conflicto y Movilización
El 10 de abril del 2010 las comunidades de la Meseta decidieron marchar a Rawson, Capital de la Provincia del Chubut, en la reunión de comisiones de Pueblos Originarios, que se realizó en Gan Gan. El 15 de abril las comunidades presentaron un pedido de audiencia al Sr. Gobernador Mario Das Neves, quien aún no ha dado ninguna respuesta.
El día 20 de mayo más de doscientos miembros de las comunidades de Laguna Fría y Chacay Oeste, Mallin de los Cual , Los Pinos, El Escorial, Taquetrén , Blancuntre - Yala Laubat , Lagunita Salada - Cerro Bayo y Gorro Frigio, El Mirador, Sierras de Huancache se movilizaron a Rawson, expresando su rechazo a la denominada megaminería. Tampoco fueron recibidos por el Sr. Gobernador de la Provincia!!!
Obviamente el gobierno sólo escucha y le da voz a los poderes de turno y a las empresas mineras, por eso decimos que las poblaciones son excluídas.
Junto con estas comunidades reclamamos:
- Por el Derecho a la Tierra y Territorio, y el otorgamiento de los títulos de
propiedad a las comunidades del Pueblo Mapuche-Tehuelche de la meseta
- Por el respeto y el reconocimiento de sus autoridades y sus formas de
organización
- Por el derecho a la participación activa y a la consulta
- Por el derecho a elegir nuestro propio modelo de desarrollo.
Las comunidades del Pueblo Mapuche-Tehuelche expresaron:
- "Queremos y tenemos
derecho a seguir viviendo como lo han hecho nuestros ancestros durante siglos y
como lo seguimos haciendo hasta ahora. Vivir de y para la tierra, de la cual
somos parte"
- "Rechazamos la idea de que la explotación minera es la única alternativa de
desarrollo, porque todos estos años hemos vivido sin minería, hemos vivido de la
cría de animales, de nuestro trabajo, y si hoy estamos pobres, la explotación
minera nos va a dejar más pobres aún".
- La explotación
minera a cielo abierto "atenta contra nuestra cultura,
contra nuestra cosmovisión como pueblo indígena, la cual se basa en el respeto a
la Madre Tierra, a nuestros newen, a nuestras montañas, y sobre todo al agua,
tan necesaria para nuestra subsistencia.
- Hoy no nos están respetando, no nos están escuchando, no están cumpliendo con
lo establecido en la Constitución Nacional, ni el Convenio 169 de la OIT, por
eso los instamos a que nos den respuesta concreta y efectiva a nuestros
reclamos".
No nos resignamos!!!!
TODOS EN CHUBUT SOMOS LA MESETA!!!!
Adhesiones
Como habitantes del territorio de Chubut, organizados en Foros en las distintas localidades de la provincia y hermanados con los reclamos del Pueblo Mapuche-Tehuelche, solicitamos se difunda este conflicto socioambiental que nos está por sumergir en un camino sin retorno.
Es claro que al actual Gobernador y candidato a presidente, y a todos sus funcionarios les interesa más sostener la maquinaria electoral, en un internismo permanente, que los derechos y reclamos del pueblo.
FIRMAS:
• Asamblea de Vecinos
Autoconvocados por el No a la Mina de Esquel
• Foro Ambiental y Social de la Patagonia (FASP) sede Puerto Madryn
• Foro Ambiental y Social de la Patagonia (FASP), Trelew
• Foro Ambiental y Social de la Patagonia (FASP) Comodoro Rivadavia
• MACH
• Equipo Diocesano de Pastoral Aborigen
Adhesiones:
* Maristella Svampa,
Investigadora del Conicet, UNLP
* Equipo de Pastoral Social -Diócesis de Alto Valle
* Equipo de Pastoral Social-Diócesis de Com.Riv.
* Equipo Diocesano de Pastoral Aborigen.
* Foro Hídrico de Alte. Brown
* Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Ciudad Evita
* Red Nacional de Acción Ecologista
* Frente Cívico por la Vida de la Provincia de San Juan
* Asamblea Sanidarios de Viedma y Patagones
* Puerta E colectivo de noticias
* Alerta Angostura Ong de Villa La Angostura, Provincia del Neuquén
* José Luis Ronconi. Secretario Adjunto de la Federación Judicial Argentina
DNI 13.564.613
* Susana Esther Di Carlo, integrante del Voluntariado del Hospital Regional de
Comodoro Rivadavia, Pcia del Chubut
* Cátedra Libre de Pueblos Originarios, UNPSJB, sede Puerto Madryn
* Secretaría Provincial de Derechos Humanos de la C.T.A. Fuente:
http://www.noalamina.org/mineria-argentina/mineria-chubut/se-extiende-el-repudio-al-modelo-minero
02-08-2010
4. La agroexportación causa de creciente miseria y destrucción tanto de la fertilidad como de ecosistemas valiosos
Argentina: Manifiesto de la RENACE. La explotación irracional de los
suelos, unos de los problemas socioambientales más graves del país
Por: PRIMERA FUENTE
"Luego de sesionar durante el
fin de semana en la provincia, la Red Nacional de Acción Ecologista (Renace)
elaboró un manifiesto en el que se asientan las principales conclusiones del
encuentro a modo de diagnóstico de la realidad socioambiental existente en
varias regiones del país.
Una
de las principales conclusiones acordadas en el seno de esta agrupación -nuclea
a más de 50 ONG de Argentina- consistió en el repudio a la
concentración de la explotación de la tierra por parte de los intereses de la
agroindustria, a través de los pool de siembra.
“Son responsables de una explotación irracional de los suelos con la práctica
de los monocultivos”, afirmaron, al mismo tiempo que también responsabilizaron
de esta situación a los feed lot, como otro ejemplo de este sistema “que priva a
pueblos y futuras generaciones de su derecho a la soberanía y seguridad
alimentaria”.
“Nos encontramos frente a un modelo que ha generado múltiples impactos negativos, afectando la salud de las poblaciones principalmente del interior de las provincias, la desaparición progresiva del monte nativo y su biodiversidad; la contaminación de nuestros ríos, arroyos y humedales; y la creciente migración interna de las poblaciones del interior hacia las grandes ciudades instaladas principalmente en sus bordes urbanos o márgenes de cursos de agua internos generando mayores índices de pobreza, marginalidad y crecientes problema ambientales”, concluyeron los dirigentes ambientales de Chubut, Saladillo (Buenos Aires), Entre Ríos, Santa Fe y Tucumán, entre otros.
En el manifiesto surgido en la 33º asamblea anual de la Renace, se asienta, además, la preocupación por los constantes casos que confirman la creciente la criminalización de la protesta y la denuncia como práctica sistemática de violación de los derechos humanos.
Por otra parte, se insistió en la aplicación de una ley que proteja a los glaciares abarcado áreas periglaciares y todo cuerpo de hielo congelado proveedor de agua en la Cordillera de los Andes, precordillera y estribaciones. Al mismo tiempo, se rechazaron las leyes provinciales que impulsan los gobiernos provinciales sobre la protección de glaciares para favorecer sus acuerdos con las empresas mineras destructivas.
En el encuentro también se analizó el aumento explosivo de enfermedades relacionadas con el uso de agrotóxicos en zonas de producción de monocultivos, así como la ausencia de estudios epidemiológicos transparenten esta grave situación.
Pasteras, IIRSA y el rechazo a la energía nuclear
En tanto, la Renace manifestó su apoyo a la lucha del pueblo de Gualeguaychú contra la celulosa Botnia UPM y rechazó el intento de instalación de una planta de celulosa en Corrientes. “Nuestros gobiernos son absolutamente funcionales a través de la puesta en marcha de la iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA)".
En el manifiesto, se recomendó a las organizaciones sociales elevar al Congreso las diferentes problemáticas socioambientales, de cada región. “Exigimos de los parlamentarios una pronta respuesta a los petitorios de las comunidades amenazadas por la contaminación, destrucción de territorios y saqueo. La Renace apoya a las asambleas y movimientos sociales contra las corporaciones transnacionales responsables de los daños ambientales”, sostiene el documento al que tuvo acceso primerafuente.
En este contexto, la agrupación nacional advirtió el peligro letal que representa la ampliación de la vida útil de las centrales nucleares Atucha y Embalse. Además, se repudió la sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que admite el ingreso de residuos radiactivos al país prohibido por el artículo 41º de la Constitución Nacional bajo el eufemismo de “combustible nuclear gastado”. Al mismo tiempo se denunció el continuo estado de abandono de las minas de uranio aún sin remediar.
También se manifestó la solidaridad con quienes llevan adelante la lucha por el saneamiento de la degradada cuenca Matanza - Riachuelo. A su vez, expresó el apoyo y solidaridad con todas las actuaciones y luchas generadas por las organizaciones socioambientales en la cuenca Salí-Dulce".
Fuente: http://www.argenpress.info /03-08-2010/argentina-manifiesto-de-la-renace-la.html
5. La judicialización y la criminalización de las luchas contra el saqueo y la contaminación
"Se demonizan las luchas de quienes se oponen al Saqueo y la Contaminación. En esta instancia también se suma la invisibilización de los disensos, se desacreditan y esconden las investigaciones científicas que demuestran los impactos negativos, dando visibilidad a todos aquellos académicos funcionales al sistema de saqueo y contaminación. Se desacredita la acumulación de saberes ancestrales con falsedades como que quien se opone a este modelo, se opone al "progreso" y al desarrollo. Como colectivo asambleario creemos que la judicialización y criminalización a las asambleas, comunidades y movimientos sociales que defienden sus territorios, es una de las estrategias desplegadas desde los sectores del poder para acallar las voces de la resistencia."
UAC Unión de
Asambleas Ciudadanas
Comisión Prensa y Comunicación
1° de Febrero de 2010
Declaración de
la UAC
Unión de Asambleas Ciudadanas
Sobre la criminalización y judicialización de
la protesta social
Contra el saqueo, la contaminación y la militarización de nuestros territorios
Como colectivo asambleario creemos que,
sin lugar a dudas, la
«judicialización y criminalización» a las asambleas, comunidades y movimientos
sociales que defienden sus territorios, es una de las estrategias desplegadas
desde los sectores del poder para acallar las voces de la resistencia frente al
modelo productivo, extractivo, exportador y opresor que nos imponen, producto de
las políticas de recolonización que asolan a nuestro continente en general y a
nuestro país en particular.
En nuestros países se vienen imponiendo estados que actúan bajo los designios de la seguridad preventiva, considerando que es necesario "prevenir" toda manifestación de oposición a la forma de vida que pretenden que sea nuestro "destino manifiesto". Sin embargo, una vez "puestas de manifiesto" esas oposiciones, ya no basta la prevención y se les hace necesario desplegar mecanismos que frenen las rebeldías en defensa de los territorios, entendidos por sus defensores/as no sólo como espacios geográficos que habitan, sino como ámbitos en los que se construye el sentido de la vida.
La represión y criminalización:
Son muchas las modalidades de represión que las empresas capitalistas, transnacionales y nacionales, junto con los poderes políticos locales lanzan sobre las voces de protesta. Algunas de las más concretas implican el uso de los aparatos del estado para ejercer la represión directa, el despliegue de estrategias de judicialización y criminalización de los movimientos populares y la militarización de los territorios en conflicto. Sin embargo, no son sólo las fuerzas públicas de seguridad las que operan en estos casos, sino también fuerzas privadas contratadas por las empresas, cuya existencia responde a un proceso de privatización de los aparatos de represión.
La violencia represiva:
Esta violencia represiva directa ejercida sobre las asambleas, comunidades y organizaciones sociales es acompañada a su vez por mecanismos de control social, que permiten el ejercicio de la represión simbólica, anulando así toda posibilidad de desarrollo de otras visiones del mundo y de diferentes formas de vida.
Las víctimas:
Las principales víctimas de la criminalización y de la violencia ejercida desde el poder son los movimientos de jóvenes, mujeres, comunidades indígenas y campesinas, trabajador/as desocupados/as y precarizados/as y poblaciones afectadas por los nuevos emprendimientos del modelo de "desarrollo" de esta fase del capitalismo neoliberal, muchas de las cuales se constituyen en asambleas e integran la UAC.
Los medios informativos y la "invisibilización":
Sin embargo, nuestra condición de víctimas de la represión es totalmente desvirtuada por los medios de comunicación masivos que se encargan de presentar las batallas por los derechos sociales, culturales y ambientales como delitos y por ende, a los/as sujetos sociales que las promueven como delincuentes, tergiversando la legitimidad de las luchas sociales y generando, en la sociedad en su conjunto, subjetividades basadas en el miedo al diferente, que desemboca en la fragmentación de la sociedad en grupos irreconciliables entre sí.
Esta función de los medios de (in) comunicación masiva se hace posible dado que ellos SON parte del poder, constituyendo el aparato ideológico de la globalización, jugando un papel para deformar la realidad en beneficio de sus intereses y fabricar una opinión pública favorable al sistema.
Este poder mediático hoy está por delante del poder económico y financiero. Su rol ideológico implica el desconocimiento de uno de los derechos fundamentales del ser humano, como lo es el derecho ciudadano a la información y el conocimiento, tergiversando la misma a través de sutiles formas de propaganda del producto o la moda que se quiere imponer.
El "discurso único" y la "demonización" de
las luchas sociales:
De esta manera, pasan a demonizarse las luchas de quienes se oponen al Saqueo y la Contaminación. En esta instancia también se suma la invisibilización de los disensos, es decir que se desacreditan y esconden las investigaciones científicas que demuestran los impactos negativos, dando visibilidad a todos aquellos académicos funcionales al sistema de saqueo y contaminación. De la misma manera se desacredita todo aquello que provenga de la acumulación de saberes ancestrales, a través de una serie de falsedades como que quien se opone a este modelo, se opone al "progreso" y al desarrollo. Son nuevamente estos mismos medios masivos de in-comunicación los que NO dicen que este modelo es sólo de crecimiento económico, NO dicen que el desarrollo y el progreso así NO son posibles.
La aprobación de la ley antiterrorista a nivel nacional y las reformas de los códigos contravencionales que se vienen implementando en varias ciudades del país, son consecuencia de este contexto represivo y criminalizador de las luchas sociales, producto del crecimiento de las resistencias frente a las políticas de saqueo y destrucción que profundizan la exclusión y la precarización de la vida, y favorecido por la impunidad del accionar de las fuerzas de seguridad, de la justicia y de los poderes políticos en general.
Estos mecanismos legales justifican la vigilancia, la persecución y el control sobre las poblaciones y comunidades, en especial las que se oponen a la devastación de los territorios por parte de los grandes capitales, las que desarrollan estrategias de supervivencia frente a un modelo que los lanza hacia la exclusión y la pobreza y las que se empeñan, desde hace más de 500 años, en ser reconocidas y respetadas en su diversidad étnica, cultural y espiritual.
¿Quiénes son los terroristas?:
Teniendo en cuenta el marco legal de la criminalización de la protesta y la pobreza, es importante destacar que el artículo 213 ter de la ley antiterrorista aprobada en la Argentina en 2007 considera que una asociación ilícita terrorista es aquélla que reúne las siguientes características; -tener un plan de acción destinado a la propagación del odio étnico, religioso o político; -estar organizada en redes operativas internacionales; y -disponer de armas de guerra, explosivos, agentes químicos o bacteriológicos o cualquier otro medio idóneo para poner en peligro la vida y la integridad de un número indeterminado de personas. Frente al contenido de este posicionamiento podemos vislumbrar quienes son los verdaderos terroristas.
Tanto la propagación de distintos odios, como la existencia de redes operativas internacionales, como la puesta en peligro de la vida e integridad de un número indeterminado de personas son características completamente aplicables a las formas de operar de las empresas transnacionales y sus socios políticos locales, en la implementación del modelo extractivo y productivo de esta etapa del capitalismo global, que responden con criminalización, represión, militarización y muerte a quienes se oponen a entregar los territorios y las formas tradicionales de habitarlos a la mercantilización de la naturaleza y de toda expresión de vida.
Por todo esto la UAC se pronuncia en repudio absoluto de:
- La persecución, criminalización y judicialización que vienen sufriendo las compañeras de las Asambleas Riojanas de Chilecito, Famatina y Sanagasta de La Rioja por defender su territorio ante la inminente explotación minera. Así como también, las distintas agresiones y atropellos que las mismas vienen padeciendo por parte de la Empresa minera Yamana Gold y las fuerzas represivas del estado. Esta empresa es la responsable de atacar a dos compañeras que integran estas asambleas con la complicidad y el visto bueno del gobierno local, además de abrirles causas penales a distintos vecinos y vecinas, también asambleístas, por no permitir que la empresa ingrese al sector donde pretende explotar y llevar adelante el emprendimiento megaminero a cielo abierto.
- Los diversos atentados que viene sufriendo el pueblo de Loncopué y de Campana Mahuida en Neuquén por parte de la empresa minera Emprendimientos Mineros S.A., de origen chino, que pretende instalarse en dicha localidad. Creemos que los incendios intencionales de las casas de vecinos que integran las asambleas, la destrucción de la Radio FM Arco Iris que difunde la lucha, los apagones vividos en el pueblo y la persecución a los compañeros y compañeras que vienen resistiendo son parte de la criminalización a quienes venimos defendiendo el territorio del que somos o nos sentimos parte. En este sentido repudiamos de manera tajante la actitud de la empresa por su accionar y del gobierno de turno por permitir y ser cómplice de los hechos sucedidos.
- Los hechos gravísimos que vienen viviendo los compañeros y compañeras del colectivo Semillas del Sur que, en defensa del territorio, resisten a las fumigaciones de Agrotóxicos junto a los vecinos y vecinas del Departamento de Santa Rosa de Calamuchita en Córdoba. Esta defensa territorial recibe como respuesta del poder la persecución y represión directa por parte de las fuerzas represivas del estado que actúan sin medir las consecuencias poniendo en riesgo la vida de los compañeros y compañeras que vienen resistiendo al modelo sojero impuesto en la provincia. Estos actos por parte del poder local y sus aliados son de nuestro absoluto rechazo, así como también, las represalias que llevaron adelante con el intento de desalojo del centro cultural "El Semillero", perteneciente al colectivo Semillas del Sur, y la destrucción de dos casas de compañeros del mismo colectivo con la excusa de "no respetar el código de edificación". Esto demuestra que, no sólo nos imponen el modelo de saqueo y contaminación, sino también la forma en que quieren que vivamos.
-
El desalojo violento de
la comunidad Paisil Antreao de Villa La Angostura, Neuquén, y la militarización
del territorio ancestral al que pertenece. La comunidad viene siendo amenaza y
con intentos de desalojos desde hace varios años, al mismo tiempo que los
alambrados de los privados le fueron reduciendo su territorio, tal como viene
sucediendo a muchas comunidades, producto de la concentración de tierras y el
avance de los privados, como consecuencia de la especulación y negocios
inmobiliarios.
De esta manera, creemos que es importante destacar el no reconocimiento de la
preexistencia de los pueblos originarios por parte del estado y sus
instituciones, que actúan como cómplices y garantes de estos hechos sin respetar
el articulo 75 de la Constitución Nacional , el Convenio 169 de Pueblos
Indígenas y Tribales de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), la
Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU y la ley 26.160
de emergencia en materia de posesión y propiedad de las tierras de comunidades
indígenas. Por esto, creemos que los hechos sucedidos a la comunidad Paisil
Antreao es una manera de criminalizar la cultura, la espiritualidad y formas
distintas de concebir la vida y su desarrollo, tal como lo demuestra la
destrucción del rewe, que es el espacio territorial y sagrado históricamente
heredado de sus ancestros y en el que se comunican con los mismos en relación
armónica con la naturaleza. La destrucción del rewe es la destrucción misma de
la comunidad y por eso rechazamos, sin reparo alguno, estas formas de operar de
las fuerzas de seguridad que implican la reproducción de la negación histórica
de los derechos ancestrales de los pueblos originarios.
- Las intimidaciones y amenazas de que fueron objeto los compañeros y compañeras Raúl Martínez, Diola de Martínez, Ruth Vega, Carmen Chaile y Teresita Nieto, integrantes de la Asamblea El Algarrobo de Andalgalá, Catamarca, quienes, en el momento en que fueron citado/as a comparecer a la comisaría de Andalgalá, fueron "advertido/as" por el nuevo jefe de la policía y otros funcionarios policiales con estas palabras: "en realidad nosotros no queremos golpearlos, pero si no deponen su actitud con respecto al corte, la semana que viene vendrá la Guardia de Infantería y los vamos a desalojar por la fuerza y les vamos a pegar...". A estas amenazas policiales se suman las del intendente de Andalgalá, José Perea, quien en la FM "Z" -favorable a las empresas mineras- expresó que si es necesario MATARÁ a las personas que están manteniendo el corte contra Agua Rica.
- El avance de los desmontes y la frontera agro sojera en zonas históricamente ocupadas por Campesinos dedicados a la ganadería, las hortalizas y los citrus en la localidad de Palma Sola, Departamento Santa Bárbara, al este de la Provincia de Jujuy. Este avance está avalado por un irregular Ordenamiento Territorial aprobado por decreto. Acentúa la situación de atropello, el desalojo compulsivo y la criminalización en la defensa de la posesión que vienen sufriendo sus históricos habitantes con el apoyo explícito de la policía local. Acusamos a CRAM S.A., cuyo presidente es René Macedo y cuyos apoderados son Horacio Macedo padre, Embajador argentino en Bolivia y Horacio Macedo Hijo, Secretario de Gobierno de la Provincia. En los campos donde estos empresarios avanzaron con la soja, los vecinos del "Barrio Nueva Esperanza" están padeciendo desde hace 2 años la fumigación de sus viviendas. La situación de conflicto mantiene en alerta a los pobladores y a organizaciones en apoyo que están presentes en el Territorio.
- Los hechos de Criminalización y Judicialización que sufren las/os compañeras/os de Autoconvocados del Valle Calchaquí en Cafayate, así como también Vecinas y Vecinos de la misma Localidad, Pcia. de Salta, por Defender el Territorio, la vigencia de Ordenanzas Municipales y el Derecho a Vivir en un Ambiente Sano. Estos hechos se traducen en el requerimiento de Juicio Oral y Público por parte de la justicia salteña, a 11 Compañeras/os bajo Condena por Art. 194 del Código Penal, en base a una Denuncia Falsa presentada por el representante de una de las Empresas Transportistas contratada por Minera Alumbrera Ltda., por una acción colectiva iniciada en Cafayate en agosto de 2008 y continuada durante 60 días en Territorio de la Comunidad India Quilmes, Tucumán, a través de la cual se bloqueó el paso de camiones que transportaban insumos, sustancias tóxicas y maquinarias para Minera La Alumbrera Ltda. También son reiterados y se han vuelto costumbre los intentos de usurpación de Territorios, desalojos, persecuciones, asesinatos, pedidos de captura, intimidaciones, privaciones de la libertad, por parte de privados y fuerzas de seguridad, a Comunidades Originarias que Defienden sus Territorios Ancestrales ante el avance del Monocultivo, la Deforestación, los Negocios Inmobiliarios, la Minería, etc., violentando y negando así, una vez más, la Preexistencia de los Pueblos, sus Tierras, Culturas e Identidades.
Estos son sólo
algunos de los casos de criminalización, persecución y represión que vienen
acechando, de manera sistemática y continua, a lo/as protagonistas de las luchas
contra las políticas de recolonización.
Frente a este contexto represivo y criminalizador, damos nuestra solidaridad a
los compañeros y compañeras de Uspallata, Mendoza, que se encuentran en plena
movilización ante la inminencia de la puesta en marcha del megaemprendimiento
minero San Jorge y nos solidarizamos con cada uno de los compañeros y compañeras
que vienen dando batalla en defensa del territorio al que pertenecen, territorio
del que nos sentimos parte todos y todas".
Febrero de 2010