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Propuesta de Interbarrial


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Desde la unidad de la diversidad popular, desarrollar la «reforma agraria integral» como proyecto de democracia política, cultural, económica, social e infraestructural.

 

Interbarrial

 

«La reforma agraria integral»

como plataforma común de la diversidad popular

Comencemos por analizar "Recuperar" que Carlos del Frade ( Agencia de Noticias Pelota de Trapo) nos invita a reflexionar:

"...Nos cansamos de golpear puertas en el municipio y nadie nos dio una mano. Antes de meternos en la municipalidad vinimos a tomar un terreno... Este año fue complicado. Acá hay que estar, para conocer el barrio. El que mira desde lejos, dice, es un barrio más. Pero el problema está adentro.

Mis hijos cuando llega gente se esconden porque viven en una casilla de cantonera, con piso de tierra. Yo les digo que por ahora estamos así, pero que algún día vamos a estar mejor. Ellos tienen vergüenza pero nosotros estamos así no porque nos guste, sino porque no queda otra. Hace veinte años soñaba con cambiar de vida, vivir una vida diferente, digna. Mi sueño es poder volver a vivir dignamente -cuenta Evaristo Guenuin junto a su mujer, Inés Fernández, habitantes de la villa “30 de Marzo”, junto a otras ciento treinta familias en la ciudad de Viedma, la capital del país de las manzanas, la provincia de Río Negro.

Los huracanes económicos, los vendavales de saqueo que volvieron a golpear en 2001 arrasaron con los puestos de trabajo, el auto y el negocio que tenían.

Ahora intentan zafar, empatarle al fin de mes.

Sin embargo, los Guenuin como las demás ciento treinta familias del villorio rionegrino merecen vivir con todas las letras.

No solamente zafar, sino vivir. Vivir.

Hacer realidad sus sueños y no ser carne de las pesadillas impuestas por unos pocos.

“Caminar entre las casillas de la toma 30 de Marzo, a un año del asentamiento ilegal de las primeras familias, es desolador. Obliga a pensar en que decenas de niños trascurrieron más de 365 días sin agua potable, sin electricidad, a merced del frío, del viento y la lluvia. En condiciones de extrema vulnerabilidad social y sanitaria”, dice una lúcida crónica de los medios regionales.

Los habitantes del lugar intentan escapar a la mayor perversión del sistema, el enfrentamiento de pobres contra pobres.

Las notas periodísticas señalan que “los propios vecinos mediante asambleas y acuerdos están pudiendo resolver los inconvenientes que surgen cuando algún recién llegado reclama un terreno ya ocupado”.

¿Esto pasa solamente en Río Negro?

No. Lo que sucede en la villa “30 de Marzo”, en los arrabales de Viedma, es una postal síntesis de la Argentina que a casi doscientos años de su proyecto colectivo inconcluso, la revolución de 1810, todavía no puede concretarlo a imagen y semejanza de los que son más.

Así como fueron robados los patrimonios y bienes de generaciones y generaciones de argentinos, también quedaron exiliados los deseos populares.

Habrá que «recuperar» patrimonios, bienes, planes y la vida de los pibes, las familias y los viejos.

«Recuperar» en la Argentina tiene un sentido revolucionario, significa pelear contra los saqueadores y devolver a sus legítimos dueños.

«Recuperar» es algo más que manejar la producción argentina según las necesidades argentinas, «recuperar» es nutrir de sentido a la vida de las nuevas generaciones y sentir que vivir con gloria, como promete el himno, todavía es posible porque -en realidad- no solamente es posible sino urgente e imprescindible".
Fuente: http://www.pelotadetrapo.org.ar/agencia/ 7-4-09

En la búsqueda del cómo «Recuperar», escuchemos a João Pedro Stédile, miembro  de la Dirección Nacional del  Movimiento Sin Tierra de Brasil. En 2002 relata en una revista:

"En los años 1983/1984 tuvimos grandes debates en torno a cómo construir una organización que pudiera difundir la lucha por la tierra y sobre todo, pudiera transformar los conflictos locales en una gran batalla por la reforma agraria (a nivel nacional).

 

Éramos conscientes de que con sólo reunir algunas pocas familias y ocupar una tierra no utilizada no íbamos a cambiar nada. Sabíamos por las luchas agrarias del pasado que si los campesinos o productores agrarios no se organizan, no luchan por algo más que un pedazo de tierra, nunca iban a desarrollar una conciencia de clase más amplia que les permitiría afrontar una serie de problemas subyacentes. Porque la tierra en sí no libera al productor agropecuario de la explotación".

 

A continuación Miguel Teubal manifiesta: "Desde sus inicios los organizadores del MST eran conscientes de que tenían que crear un movimiento autónomo e independiente de los partidos políticos y que la lucha por la reforma agraria sólo podría avanzar si se constituía en una lucha masiva, que involucrara a la mayor cantidad posible de habitantes. Incluso participaban en las ocupaciones una multiplicidad de personas: padres, madres, hijos, ancianos, niños. Asimismo, la lucha por la reforma agraria se constituiría en una lucha “por un Brasil diferente, por una sociedad sin explotadores”(Stedile). (...)

 

Vemos de este modo que la tierra se ha transformado en foco de atención no sólo para los que la trabajan y la perdieron sino también para los desocupados urbanos que visualizan el acceso a la tierra como un medio importante para resolver el problema de la desocupación y la pobreza. En este sentido la reforma agraria se ha transformado en una parte importante de ese gran movimiento para la democratización de la sociedad brasileña.

 

Stédile nos presenta una perspectiva muy concreta respecto de la necesidad de la reforma agraria. “Existe acuerdo internacional de que debe existir algún tipo de reforma agraria que pudiera democratizar la tierra, tanto como base de sustentación de una democracia política, como para la construcción de otra agricultura. En los tiempos de Zapata en México o Julião en el Brasil, la inspiración por la reforma agraria provenía de la idea de que la tierra pertenece al que la trabaja. Hoy debemos ir más allá.

Necesitamos una práctica agraria que transforme a los campesinos y productores agropecuarios en guardianes de la tierra, lo cual implica también una forma diferente de cultivarla, que asegure el equilibrio ecológico y que la tierra no sea vista como propiedad privada"  (...)".

João Pedro Stédile declara: “Realizamos ocupaciones de tierra porque constituye la única forma que tienen muchas familias para resolver sus problemas más inmediatos -o sea, tener un lugar para trabajar-. Sin embargo, si queremos avanzar hacia una reforma agraria popular debemos enfrentarnos con el «programa neoliberal» mismo y aquello no puede hacerse únicamente mediante las ocupaciones territoriales.

Por ello, el MST se ha unido a otras organizaciones agrarias para luchar en contra de las multinacionales que controlan la producción de leche y en especial las semillas genéticamente modificadas. Son estas las expresiones más extremas de la extensión del control que ejercen las empresas transnacionales bajo la égida del nuevo modelo económico.

A este ritmo de los acontecimientos en cinco años, todas las semillas que necesitan los productores agropecuarios brasileños para cultivar serán propiedad de las grandes corporaciones...

 

Asimismo, unos pocos grupos de empresas transnacionales monopolizan el comercio agrícola, y controlan la investigación en biotecnología, al tiempo que aumentan su control sobre la propiedad de toda la semilla del planeta. Es la nueva etapa del capitalismo la que ha creado las condiciones para que los campesinos y productores agropecuarios se unan en contra del modelo neoliberal".  Fuente: Realidad Económica Nº 200 de noviembre-diciembre de 2003/ www.iade.org.ar

Para «Recuperar» no basta apropiarnos de lo que nos han despojado, es crucial organizarnos en otra sociedad y otro país confraternal con todos los pueblos planetarios. Se trata que nosotros -los de abajo- luchemos y construyamos nuestra emancipación real y efectiva del capitalismo como sistema a favor de la acumulación de riquezas de oligopolios globales con los cuales se asocian todos los factores locales de poder y el Estado (de feudos, mafias, aparatos represores e ideológicos) para instituir la impunidad de esa comunidad de negocios legales e ilegales.

Hoy, desde el progresismo y parte de la izquierda, se nos conmina a defender ese Estado que aplicó terrorismo; mantiene secuestrados a 400 jóvenes y a los archivos de su dictadura genocida; construyó una fachada democrática para legalizar y legitimar el crecimiento de la concentración y desnacionalización tanto económica como territorial con el consecuente incremento de la desigualdad social y la desertificación.

 

El progresismo y parte de la izquierda convocan a apoyar al gobierno de los Kirchner en razón de enfocar: «el Estado versus el Mercado» abstrayendo al primero de la cotidianeidad que impone a los abajo como si fuese lo imprescindible para la diversidad popular y los procesos histórico e internacional.

 

Los siguientes análisis nos orientan hacia dónde encaminarnos:

 

1. Modelo de reforma agraria según el MST de Brasil

 

El movimiento de trabajadores rurales y campesinos que se politizó al asumir -frente a los agronegocios- "que el actual nivel de la lucha por la reforma agraria implica la derrota del modelo económico neoliberal y la construcción de un proyecto de desarrollo, que resuelva los problemas del pueblo brasileño, creando condiciones para un proceso de distribución de tierras de nuevo tipo".

 

TRIBUNA DA IMPRENSA¿Usted admite que el modelo de reforma agraria defendido por el MST está agotado? ¿Qué se debe hacer?

João Pedro Stédile - Durante todo el siglo 20, los movimientos campesinos de América Latina lucharon por la llamada reforma agraria clásica, por medio de la combinación de la distribución de tierras con un proyecto de desarrollo de la industria nacional, con fortalecimiento del mercado interno y distribución de renta.

 

Ese modelo sacaba a los campesinos de la pobreza y promovía el desarrollo más justo. Así sucedió en todos los países del Hemisferio Norte, pero las elites brasileñas adhirieron al «neoliberalismo», un modelo dominado por el capital financiero e internacional, dentro del cual la reforma agraria clásica está agotada.

El modelo se agotó por imposición de las elites, no por nuestra voluntad. Sin embargo, la cuestión agraria no está resuelta y tenemos 150 mil familias acampadas y más de cuatro millones de familias sin tierra en el País.

Ante esto, el MST va a luchar por una «reforma agraria de nuevo tipo», que es la democratización de la tierra combinada con la reorganización de la producción, priorizando alimentos para el mercado interno, sin el actual control de las empresas transnacionales.

 Precisamos también de una reforma agraria que adopte un «nuevo patrón tecnológico», respetuoso del medio ambiente, llevando para el interior del País las agroindustrias en forma de cooperativas de producción, el acceso a la escuela y la educación.

-¿Cuál es la propuesta para la agricultura brasileña? ¿Cuál sería el «nuevo modelo agrícola»?


El país precisa de un «nuevo modelo agrícola», basado en la pequeña y mediana propiedad. Para eso, precisamos antes que nada derrotar al neoliberalismo, por medio de la construcción de un «nuevo modelo de desarrollo nacional», que priorice la distribución de riqueza, a la industria nacional y con la prioridad absoluta en generar trabajo y empleo para que el pueblo tenga renta.

El primer paso de este nuevo tipo de reforma agraria es la democratización de la propiedad de la tierra, una bandera republicana que puede ser establecida por medio de límites en el tamaño de la propiedad rural.

No se puede admitir que una empresa cualquiera tenga 100 mil ó 1 millón de hectáreas apenas porque tiene dinero. Los verdaderos agricultores, incluso capitalistas, saben que con un establecimiento de 1000 hectáreas pueden ganar mucho dinero.

 

La «organización de la producción», antes que nada, debe atender a las necesidades del mercado interno. El mayor mercado potencial de productos agrícolas no es Europa ni Estados Unidos, son los pobres de Brasil. Aquí tenemos 60% de la población que se alimentan mal.

O sea, tenemos 120 millones de brasileños queriendo consumir, pero que no tienen renta. Actualmente, las transnacionales vienen aquí y controlan la producción, el comercio, los precios. Eso está mal. Como alternativa al control de la producción y procesamiento de alimentos, tenemos que llevar las pequeñas agroindustrias para el campo, generando empleo y renta en el interior del país.

Precisamos también de una «nueva matriz productiva en el campo», por medio de técnicas que respeten al ambiente, produzcan alimentos saludables y no llenos de agrotóxicos, que afectan a la salud de toda la población, inclusive a la de la ciudad, que muchas veces piensa que no tienen nada que ver con eso. Después, pueden pagar la cuenta de ese desconocimiento en el hospital.

Finalmente, precisamos llevar los servicios públicos para el campo, especialmente la educación formal y el conocimiento para formar al ciudadano campesino. El campesino sin estudio lo único que ve es la tierra en su frente y no comprende la complejidad de la sociedad brasileña y de la lucha de clases. Nosotros estamos haciendo un esfuerzo enorme para elevar el nivel de conciencia cultural y política.

Lanzamos recientemente en nuestro congreso una Campaña Nacional de Alfabetización en el campo, basado en el método cubano "Si, yo puedo". Tenemos que dominar las letras y avanzar en la enseñanza formal. Quien está en la enseñanza primaria tiene que ir para la educación media y quien está en la media tiene que entrar en la universidad. Para eso, nosotros tenemos sólo una bandera: para ser militante de los sin tierra tiene que estar estudiando.

-¿Cómo son los campamentos del MST en el país?

Los campamentos son formados por familias de trabajadores rurales pobres, que reciben los salarios más bajos de la sociedad brasileña y perciben que la tierra debe ser de aquéllos que trabajan en ella, no de aquéllos que la tienen como parte de reserva de su patrimonio o producen para la exportación. Son pobres que viven como arrendatarios, trabajadores zafrales bóias-frias, medianeros, que quieren tener su propia tierra para plantar.

También hay familias pobres, que fueron expulsadas del campo y se deslocalizaron para la periferia de las ciudades, y que quieren retornar al campo visualizando en el Movimiento una alternativa para la conquista de la tierra para mejorar sus condiciones de vida, tener su casa, una huerta para plantar y trabajar, dar educación, esparcimiento y garantizar salud para la familia.

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¿La victoria del agronegocio en el campo obliga al MST politizarse y buscar nuevas banderas de lucha?

No creemos en la victoria del agronegocio ni del neoliberalismo. En las dos elecciones en las que gana el presidente Lula, el pueblo votó contra el «neoliberalismo», un modelo concentrador de tierra, riqueza y renta, que genera más pobres y desempleados y que no tiene las condiciones de resolver los problemas de la sociedad.

 

El agronegocio politizó a nuestro movimiento, porque el actual nivel de la lucha por la reforma agraria implica la derrota del modelo económico neoliberal y la construcción de un proyecto de desarrollo, que resuelva los problemas del pueblo brasileño, creando condiciones para un proceso de distribución de tierras de nuevo tipo.

 

-La reforma de las leyes laborales es una polémica que está próxima. ¿Cuál es la posición sobre el tema?

Nosotros nos oponemos a la retirada de derechos históricos conquistados con mucho esfuerzo y lucha por los trabajadores durante todo el siglo 20. Estamos junto al movimiento sindical, popular y estudiantil, en una gran jornada contra la reforma de la Seguridad Social, contra toda reforma que reduzca derechos, como la Enmienda 3. El gobierno precisa de un proyecto para crear empleos, garantizar un salario digno y vivienda y realizar la reforma agraria.

Esa política económica, basada en el superávit primario, intereses altos y en el pago de los títulos de la deuda, perjudica a la clase trabajadora y a la soberanía del país y enriquece banqueros y grandes empresarios, estrangulando cualquier posibilidad de inversiones en políticas sociales, manteniendo la perversa concentración de la riqueza.

Por primera vez desde la fundación del MST, en 1984, el presidente Luiz Inãcio Lula da Silva no fue invitado para el Encuentro Nacional del movimiento, realizado recientemente, en Brasília. ¿Por qué?

Lula es conciente de que nuestro congreso tiene otra naturaleza y no se pauta por el gobierno. Eso es lo que la prensa tampoco entiende. Nosotros nunca invitamos a ningún presidente de la República. No tendría sentido, porque es una actividad para nuestra militancia y para la discusión interna de nuestro movimiento. Las autoridades que participaron fueron por iniciativa propia como amigas del movimiento.

-¿Cuál es el balance del 5º Congreso Nacional del MST?

Nuestro congreso fue una gran confraternización de los militantes de 24 estados, un momento de reflexión y análisis colectivo sobre el cuadro de la cuestión agraria y la sociedad brasileña, y de movilización, con la marcha que hicimos para denunciar que el Estado brasileño, retratado en sus tres Poderes de la República, impide la reforma agraria. Aparte de eso, después de dos años de discusión en los campamentos y asentamientos, concluimos nuestro Programa Agrario, que presenta nuestra propuesta para la agricultura brasileña.

El ministro de desarrollo agrario, Guilherme Cassel, al rebatir críticas suyas, clasificó como "medieval" el discurso y que las banderas del movimiento están superadas. ¿Cómo lo ve?

Nosotros no queremos perder tiempo con cuestiones secundarias, que no ayudan a la realización de la reforma agraria. Queremos si discutir con la sociedad, inclusive con el gobierno, un nuevo modelo agrícola, que dé prioridad a la agricultura familiar volcada al mercado interno, a los pobres del País. Eso debe comenzar con un proceso masivo de reforma agraria, inicialmente con el asentamiento de las 150 mil familias acampadas al costado de las carreteras.

No podemos seguir con ese «modelo del agronegocio», que entrega nuestras tierras a las empresas transnacionales, expulsa al pueblo del campo, destruye el medio ambiente, impone los transgénicos y los agrotóxicos.

 

El «nuevo modelo agrícola» que defendemos está vinculado a un proyecto de desarrollo, basado en la defensa de la soberanía popular, y en un «nuevo modelo económico», que tenga como centro el fortalecimiento del mercado interno, la distribución de la riqueza, la industria nacional para sustentar la generación de empleo y renta para el pueblo.

Lo que sucede es que el presidente Lula está en deuda con el MST y con los campesinos de todo Brasil, porque su gobierno no hizo la reforma agraria. Al contrario, la concentración de la propiedad de la tierra aumentó.

-¿Cuál es su opinión sobre la desigualdad de la renta en el país?

La desigualdad entre ricos y pobres en el país es una vergüenza, que es resultado de las opciones de la elite brasileña en el pasado y en el presente. Según estudios del profesor Marcio Pochmann, cinco mil familias controlan 40% de la riqueza nacional, un 10% de la población rica se apropia del 75%, mientras el 90% del pueblo brasileño se quedan apenas con 25%.

La política económica neoliberal, vigente desde la mitad de la década de los 90, apunta para la preservación y la ampliación de esa desigualdad. La sociedad brasileña gasta actualmente, por medio de sus impuestos, cerca de R$ 150 mil millones por año en el pago de los títulos de la deuda pública, que son dirigidos para 20 mil familias de banqueros y especuladores. Hasta el vice-presidente José de Alencar denunció esa transferencia absurda.

En el campo, por cuenta de la opción de las clases dominantes, perdemos cuatro oportunidades históricas de realizar la llamada reforma agraria clásica, combinando la distribución de tierras con un proyecto de desarrollo de la industria nacional para ampliar el mercado interno.

La primera fue durante el proceso de abolición de la esclavitud, cuando los trabajadores rurales negros querían trabajar en el campo, pero fueron impedidos por la Ley de Tierras de 1850. Después, en la implementación de un proyecto nacional de industrialización, en la década del 30. En el comienzo de la década del 60, con el ascenso del movimiento de masas en torno a las propuestas de João Goulart, especialmente la reforma agraria.

Finalmente, durante la campaña por las elecciones Directas Ya, cuando había un clima favorable en el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) para viabilizar un proyecto de desarrollo nacional. A partir de allí, las elites brasileñas dejaron de lado el proyecto nacional e impusieron al País «el neoliberalismo», que subordina la economía brasileña al capital internacional y financiero y que amplía las desigualdades sociales y la pobreza.

-¿Cómo ve la violencia en el campo? ¿Cómo se combate eso?


El fin de las muertes de trabajadores rurales depende de la realización de la reforma agraria y de la fuerza de los movimientos sociales del campo, que, cuando están organizados, tienen más fuerza para resistir la violencia, como lo demostró el último Informe de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT).

 

Las muertes y la impunidad, que deja que pistoleros y latifundistas que los contratan estén en libertad, demuestra las intransigencias de las clases dominantes con los problemas sociales del pueblo brasileño, y son siempre "resueltas" por medio de la violencia y las muertes. La muerte de compañeros y compañeras es consecuencia de nuestra estructura injusta de la propiedad de la tierra y de la mentalidad atrasada de los latifundistas.

Muestra también el carácter antisocial del Estado brasileño, que no resuelve los problemas del pueblo. Tenemos un Poder Judicial que protege a los ricos y es omiso en relación a los derechos de los pobres, un Poder Legislativo que no aprueba desde hace más de 10 años un proyecto que establece la expropiación sin indemnización de tierras de hacendados que se aprovechan del trabajo esclavo, y un Poder Ejecutivo que no tiene el coraje de cumplir la Constitución, que determina que todos los latifundios que no cumplen una función social deben ser expropiados.

-¿El presidente Lula ahora es un enemigo de la reforma agraria?

Nuestros enemigos son el agronegocio, las transnacionales, los bancos y el mercado financiero.

 

Denunciamos también que los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial impiden la reforma agraria, dando protección al latifundio y apoyo al agronegocio.

 

Con relación al gobierno, nosotros ya le entregamos una propuesta y queremos discutir un plan de medio y largo plazo para la agricultura brasileña para combatir la pobreza en el campo y concretar la reforma agraria. Vamos a mantener nuestra autonomía y a criticar la política económica, el apoyo al agronegocio y las grandes empresas, por medio de préstamos de los bancos públicos y con la exoneración de la tasa de exportación.

-¿Cómo ve a la izquierda brasileña?

La izquierda brasileña está pasando por un proceso pedagógico y está comprendiendo que las transformaciones sociales no suceden por la voluntad de un presidente, de un partido o incluso de un gobierno, por más que sea nuestro amigo e que hayamos ayudado a que sea electo.

La transformación del país se concretará con la movilización del pueblo brasileño en torno a un proyecto de desarrollo nacional, que modifique la estructura de la sociedad brasileña y sustente el crecimiento de la economía, con creación de empleos, reforma agraria, inversiones en los servicios públicos de educación y salud y distribución de renta y riqueza.

Los movimientos de masas de izquierda están en un reflujo desde 1989. En la década del 80, el país vivió un período de ascenso de los movimientos de masas que consiguió imponer la democracia y apuntó en un sentido de cambios más profundos en la sociedad brasileña.

En la década del 90, ese  reflujo implicó pérdida de fuerza en el movimiento sindical, que tuvo su base social impactada por las políticas neoliberales, que causaron desempleo e informalidad.

-¿Qué diagnóstico realiza del gobierno Lula?

El pueblo votó al presidente Lula contra el neoliberalismo. Sin embargo, las alianzas realizadas para ganar las elecciones generaron un gobierno de composición, que incluye con peso a las fuerzas neoliberales. No hubo un ascenso del movimiento de masas en la sociedad. Más allá que tengamos un gobierno más progresista que en relación a los tucanos, la correlación de fuerzas no se vio alterada en relación al modelo económico.

 

Nuestra sociedad es muy compleja y las fuerzas del capital, aliadas al capital internacional, son muy poderosas. Las transformaciones en un país como Brasil vendrán cuando el pueblo tenga más conciencia, esté más organizado y realice grandes movilizaciones de masas, como hicimos contra el régimen militar.

-¿Cómo analiza esta serie de escándalos de corrupción en el país?

El Estado brasileño fue construido históricamente por medio del patrimonialismo, de los cambios de favores y de la corrupción para favorecer una burocracia ligada a los empresarios. No es una novedad. Precisamos salir de lo superficial y buscar la raíz de esos desvíos, que es la relación estrecha de senadores y diputados con empresarios, prestamistas e intermediarios, banqueros y con el mercado financiero. No adelanta hacer una reforma política que no implica cambios en este sistema, que tiene a la Vale do Rio Doce con 47 diputados; a Aracruz con 16 diputados; al Banco Itaú con 27 y al Grupo Gerdau con 27.

El problema de la democracia brasileña es más profundo de lo que aparece en los diarios y en la televisión. Nosotros precisamos de una reforma política, pero para colocar los poderes y las instituciones al servicio del pueblo, por medio de mecanismos de real participación y de representación.

 

La Constitución prevé en el artículo 14 la realización de plebiscitos, referendos y consultas populares. Nosotros estamos, junto a otros movimientos sociales y entidades como la Orden de Abogados de Brasil (OAB) y la Comisión Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), coordinados por el profesor Fabio Comparato en una campaña en defensa de la democracia y de la república".
Tribuna da Imprensa – RJ  30/07/2007
http://www.tribuna.inf.br/noticia.asp?noticia=pais03

Fuente: www.viacampesina.org /5-09-2007

 

La derrota del modelo económico neoliberal y la construcción de un proyecto de desarrollo, que resuelva los problemas del pueblo brasileño supone:

El país precisa de un «nuevo modelo agrícola», basado en la pequeña y mediana propiedad. Para eso, precisamos antes que nada derrotar al neoliberalismo, por medio de la construcción de un «nuevo modelo de desarrollo nacional», que priorice a la distribución de riqueza, a la industria nacional y con la prioridad absoluta en generar trabajo y empleo para que el pueblo tenga renta.

El primer paso de este nuevo tipo de reforma agraria es la democratización de la propiedad de la tierra, una bandera republicana que puede ser establecida por medio de límites en el tamaño de la propiedad rural.
No se puede admitir que una empresa cualquiera tenga 100 mil ó 1 millón de hectáreas apenas porque tiene dinero. Los verdaderos agricultores, incluso capitalistas, saben que con un establecimiento de 1000 hectáreas pueden ganar mucho dinero.

 

La «organización de la producción», antes que nada, debe atender a las necesidades del mercado interno. El mayor mercado potencial de productos agrícolas no es Europa ni Estados Unidos, son los pobres de Brasil. Aquí tenemos 60% de la población que se alimentan mal.

O sea, tenemos 120 millones de brasileños queriendo consumir, pero que no tienen renta. Actualmente, las transnacionales vienen aquí y controlan la producción, el comercio, los precios. Eso está mal. Como alternativa al control de la producción y procesamiento de alimentos, tenemos que llevar las pequeñas agroindustrias para el campo, generando empleo y renta en el interior del país.

Precisamos también de una «nueva matriz productiva en el campo», por medio de técnicas que respeten al ambiente, produzcan alimentos saludables y no llenos de agrotóxicos, que afectan a la salud de toda la población, inclusive a la de la ciudad, que muchas veces piensa que no tienen nada que ver con eso. Después, pueden pagar la cuenta de ese desconocimiento en el hospital.

Finalmente, precisamos llevar los servicios públicos para el campo.

 

 

2. Soberanía alimentaria

El paradigma creado por agricultores campesinos, pescadores y pueblos indígenas en lucha por sus derechos y en contraposición con el uso creciente de la idea de seguridad alimentaria por inculcación desde las altas esferas del capitalismo mundializado.
 

a) Concepto surgido desde las luchas sociales y hacia la autogestión popular

 

GRAIN en Soberanía Alimentaria y sistema alimentario mundial” destaca:

Las raíces de la «soberanía alimentaria» están en la vida y la lucha de los agricultores campesinos, los pescadores y los pueblos indígenas. A diferencia de varios otros términos inventados por intelectuales, autoridades políticas y burócratas, la «soberanía alimentaria» surge de las luchas campesinas como la necesidad de crear un discurso fuerte, radical y abarcativo acerca de las realidades y necesidades locales, que pueda ser escuchado y comprendido en todo el mundo.

En cierta forma, el concepto fue creado como reacción al (mal) uso creciente de la "seguridad alimentaria".
La definición oficial de la seguridad alimentaria, avalada en las Cumbres de la Alimentación y otras conferencias de alto nivel, habla de que todos y todas tengan una cantidad suficiente de buenos alimentos para comer todos los días. Pero no habla acerca de dónde proviene el alimento, quién lo produce, en qué condiciones se ha cultivado. Esto:

La seguridad alimentaria, entendida de esa forma, sólo contribuye a crear más pobreza, marginación y hambre.
El pensamiento que existe detrás de la «soberanía alimentaria» contrasta con este criterio neoliberal que considera que el comercio internacional resolverá el problema alimentario mundial. Pone su centro en la autonomía local, los mercados locales y la acción comunitaria. Tal vez, entonces, el primer tema a subrayar es que:

La «soberanía alimentaria» es un proceso de resistencia popular y su conceptualización no puede sacarse del contexto de la dinámica de los movimientos sociales que están en el centro de esas luchas.

El espacio local en primer lugar
El primer espacio en el cual los campesinos identificaron el poder transformador de la soberanía alimentaria fue, por supuesto, el espacio local. Es allí donde los agricultores tienen sus raíces, y donde crecen las raíces de las semillas que siembran. Es ahí donde la «soberanía alimentaria» adquiere su dimensión más medular. Es también en ese ámbito que se formulan y elaboran las estrategias y acciones; desde la lucha contra los plaguicidas por las mujeres de Paraguay, hasta las redes de semillas en Francia, España e Italia, y desde las iniciativas de cooperativas campesinas en Uganda hasta el rescate de la medicina tradicional por los pueblos indígenas de Chiapas. Es en los espacios donde las comunidades locales crean autonomía a partir de sus propias necesidades, creencias y tiempos, donde la soberanía alimentaria adquiere su significado real. También adquiere una comprensión común que permite a las comunidades campesinas de distintas partes del mundo apreciar sus diversas luchas e identificarse con ellas.

Por lo tanto, cuando los agricultores de la provincia argentina de Santiago del Estero integrantes del "Movimiento Campesino de Santiago del Estero" (MOCASE) se paran frente a los bulldozers para evitar que arrasen sus campos y que los grandes terratenientes utilicen sus tierras para plantar monocultivos de soja, saben que no solamente están defendiendo su sustento sino también que están resistiendo un modelo de desarrollo en el cual los agricultores campesinos ya no tienen más cabida. El MOCASE fue formado en 1990 para defender a los agricultores locales contra la creciente agresión de los grandes productores de soja, que destruyen sus formas de sustento. (…)

Los sistemas agrícolas tradicionales se han desarrollado en función de principios de cooperación, integración y diálogo con la naturaleza, principios que han dado lugar a sistemas agroecológicos muy complejos. Estos agricultores son custodios de miles de años de investigación y creación que hicieron posible una agricultura tan extraordinaria, basada en la biodiversidad. Esta biodiversidad y cultura agrícola hoy es defendida férreamente por organizaciones campesinas en nombre del patrimonio único que constituye y de su capacidad de producir alimentos para millones de personas sobre el planeta, en el presente y para el futuro.

Todo esto guarda un marcado contraste con la agricultura industrial moderna, basada en la codicia, la exclusión y la destrucción. Se expresa en vastos monocultivos dependientes de unas pocas especies y variedades, impermeables a los cultivos y poblaciones locales.

En una dimensión más amplia
La «soberanía alimentaria» es una alternativa sólida a la corriente de pensamiento oficial sobre la producción de alimentos.
La lucha por la «soberanía alimentaria» incorpora temas tan vastos como la reforma agraria, el control territorial, los mercados locales,  la biodiversidad, la autonomía, la cooperación, la deuda, la salud y muchos otros temas que tienen una importancia fundamental para poder producir alimentos localmente.

La reforma agraria, en especial, es un componente importante de la «soberanía alimentaría»  como redistribución radical de la tierra, particularmente entre los más pobres y quienes no tienen acceso a ella. El Movimiento de los Sin Tierra, de Brasil, es un buen ejemplo de cómo la «soberanía alimentaria»  está intrínsecamente ligada a la lucha social de los millones de pobladores rurales que han sido expulsados de sus tierras y de los pobres urbanos que nunca tuvieron acceso a la misma y ahora buscan la forma de recuperar su identidad reclamando la devolución de tierras. Uno de los principales cuellos de botella de la producción local de alimentos es la distribución desigual de la tierra. En muchos países del mundo, el 20% de los terratenientes controlan el 80% de la tierra y esa tierra a menudo es utilizada para producir productos básicos (commodities) para exportación, en lugar de alimentos a los que pueda acceder la población local.

 

De manera similar, la aplicación de los derechos de los pueblos indígenas a sus territorios es un requisito indispensable para avanzar hacia la «soberanía alimentaria».

La «soberanía alimentaria» también reúne a campesinos y agricultores del Norte y del Sur, una distinción artificial promovida por muchos. Por ejemplo, las redes de semillas de agricultores de Francia se refieren tanto a la soberanía alimentaria como a la lucha de los centros de riqueza de semillas dirigidos por mujeres, en Bangladesh. O, según las palabras de José Bové, dirigente campesino de Francia:
"Para los pueblos del Sur, la soberanía alimentaria significa el derecho a protegerse contra las importaciones. Para nosotros, significa lucha contra la ayuda a las exportaciones y contra la agricultura intensiva. No hay contradicción en ambas".

 

Tal vez aún más importante sea que la «soberanía alimentaria» permite que diferentes movimientos que tradicionalmente solían enfrentarse, unan sus luchas.
Los campesinos, los sin tierra, los pescadores tradicionales, los pastores, los pueblos indígenas… se están acercando cada vez más y creando un acuerdo común de objetivos y acciones en común.

La «soberanía alimentaria» también ha llegado a los millones de pobladores urbanos que luchan por sobrevivir en las grandes ciudades. La producción de alimentos en huertas familiares o comunitarias no solamente brinda alimentos que la agricultura industrial generalmente no puede ofrecer, sino también un grado de dignidad, cooperación e independencia.

Todos esos pueblos luchan por algo más que la interpretación de Jacques Chirac en Senegal sobre la soberanía alimentaria. A diferencia de Chirac, la soberanía alimentaria implica que el sistema alimentario mundial debería dar un giro de 180 grados. Han sido los campesinos, los pescadores tradicionales, los pastores y los pueblos indígenas quienes han alimentado al mundo desde hace miles de años. Para lograr un mundo sin hambre, un mundo donde todos y todas tengan acceso a alimentos nutritivos producidos localmente, todos ellos necesitan ocupar nuevamente el centro de la escena”.
Fuente: revista trimestral Biodiversidad de GRAIN y REDES/ enero 2006/ www.grain.org

 

b) Interpela a asumirse sujetos de derechos y apreciar su diversidad

 

El VII Foro Mesoamericano de los Pueblos expresa la diversidad de derechos que contiene la soberanía alimentaria:

·          Demandamos que además de manifestarnos contra la violencia, discriminación y exclusión que sufren las mujeres, el carácter antipatriarcal del Foro Mesoamericano de los Pueblos, se exprese en adelante y de manera concreta, mediante metodologías que aseguren la equidad en la participación mediante la incorporación de las mujeres en la toma de decisiones y en los paneles de discusión, así como en las actividades que el Foro promueva en sus planes de acción. Llamamos a las organizaciones y movimientos sociales mesoamericanos, a hacer mayores esfuerzos por superar la situación de discriminación que las mujeres viven también a lo interno de nuestras luchas.

·          Exigimos garantías para que las niñas, niños y adolescentes, puedan expresarse y ser escuchados, asegurando espacios para que ellos y ellas se junten para conocer y compartir los problemas que los afectan y sobre todo aquellos que tengan que ver con firmas, acuerdos y convenios ya sea que violen sus derechos o que busquen protegerlos, pues los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a usar la palabra para referirse y decidir sobre todo aquello que vaya a afectar sus condiciones de existencia.

·          Asumimos nuestro compromiso de integrar el enfoque de derechos de la diversidad sexual en nuestras organizaciones y prácticas diarias, además de exigir políticas públicas a favor de las personas gay, lesbianas, transexuales y bisexuales. Particularmente, el Foro Mesoamericano de los Pueblos se manifiesta a favor de la aprobación, en Costa Rica, del proyecto de ley que permitiría la unión civil de personas del mismo sexo, considerando que sería un paso muy importante en este sentido.

·          Manifestamos enérgicamente nuestro repudio contra la militarización creciente que afecta a nuestros pueblos y contra la criminalización que sufren los movimientos sociales, concretamente repudiamos a la MINUSTAH que con más de 7 mil soldados somete y humilla al hermano pueblo de Haití, con la participación de tropas de países latinoamericanos como El Salvador, Argentina, Brasil, Bolivia y Chile. Repudiamos también la reactivación de la IV Flota, las operaciones del Comando Sur y muy especialmente nos manifestamos contra el mantenimiento de la Base Militar de Palmerola, en territorio hondureño, por ser una amenaza permanente para los pueblos de nuestra región.

·          Demandamos una reforma agraria integral, orientada no simplemente a repartir tierras entre el campesinado, sino que fomente una verdadera política productiva en beneficio de los pequeños y medianos productores agrícolas, con crédito oportuno, asistencia técnica y protección frente a la invasión de productos agrícolas transgénicos importados, poniendo énfasis en la recuperación de la soberanía alimentaria de nuestros países. Esta reforma agraria debe basarse no en los principios de la agricultura industrial, sino recuperar los conocimientos tradicionales, el rescate de la semilla criolla, establecer prohibiciones para el uso de semillas transgénicas y la construcción de redes de consumo responsable.

·          Exigimos que la cooperación para el desarrollo se enfoque en la defensa y promoción de la vida, en la equidad y en la justicia, no en la reproducción del status quo. En ese sentido consideramos urgente la transformación inmediata de sus prácticas asistencialistas (muchas veces marcadas por la corrupción), de cooptación de líderes y desarticulación de nuestros movimientos, como mecanismo para impedir nuestra lucha por la autonomía y libre determinación.

·          Exigimos el respeto al derecho de los pueblos indígenas a su territorio, recursos naturales, formas de organización y autonomía, sustentados y vinculados sobre su propia cosmovisión. Asimismo condenamos la violencia que actualmente se ejerce sobre los pueblos indígenas, para expropiarlos de sus riquezas naturales y culturales. En el marco de esta Declaración, muy especialmente nos pronunciamos en contra del megaproyecto turístico en Bahía de Tela, en Honduras, como uno de los proyectos más dañinos (aunque no el único) que se impulsan actualmente en la región, provocando un inmenso crimen ecológico y cultural que afecta a las comunidades Garífunas, despojándolas de su territorio y de sus derechos ancestrales.

·          Como Foro Mesoamericano de los Pueblos, demandamos el cese inmediato de las políticas de inversión y megaproyectos, tales como represas hidroeléctricas, minería, turismo a gran escala, agricultura extensiva e intensiva en manos de las transnacionales, entre otras, que atentan contra la vida de los pueblos.

·          Llamamos a fortalecer la lucha consecuente por la defensa de los derechos laborales y humanos de las personas trabajadoras, a decir No a la flexibilización y tercerización laboral en detrimento de los derechos e intereses de los trabajadores y trabajadoras.

·          Condenamos a la Unión Europea por la aprobación de la llamada Directiva de Retorno que criminaliza a las personas migrantes, así como a los Estados Unidos por la construcción del Muro de la Vergüenza, pues las migraciones son causadas por un modelo excluyente que obliga a millones de personas a abandonar su patria en busca de una oportunidad para sobrevivir. Demandamos la inmediata derogatoria de la Directiva de Retorno así como la construcción de una legislación migratoria que reconozca la Ciudadanía Universal de las personas migrantes. Rechazamos los espacios oficiales de juventud al tiempo que reprochamos las políticas demagógicas de inclusión de la juventud, en el marco de las cumbres de Estado, por ser inconsultas y antipopulares. Proponemos frente a esto relanzar la lucha hacia la construcción de un movimiento popular mesoamericano de juventud que pueda articular efectivamente las iniciativas que las organizaciones juveniles impulsan en nuestros países.

 

En un contexto de monopolio mediático, luchamos por una comunicación alternativa, desde las bases, hacia una integración mesoamericana, le apostamos a una red de comunicación desde los movimientos sociales, proponemos la apropiación del software libre al servicio de los movimientos sociales y de las comunidades, y nos comprometemos a unirnos para seguir comunicando el otro mundo posible y necesario.

 

Creemos fundamental luchar por la construcción de un Estado Laico, con igualdad y equidad de género, que luche realmente contra la violencia familiar, en pro de los derechos sexuales y reproductivos, con justicia económica y en pro del aborto terapéutico. Necesitamos asimismo promover una espiritualidad liberadora, integradora y restauradora de nuestras culturas e identidades”.

 

El VII Foro Mesoamericano de los Pueblos evalúa que es imprescindible: construir un modelo mesoamericano del poder de gobierno desde abajo hacia arriba, sin distinciones de ningún tipo. Adueñarnos del manejo de nuestra propia agenda regional nos reclama avanzar con nuestro propio concepto de democracia y gobernabilidad y consolidar un verdadero Movimiento Social Mesoamericano que sea capaz de alcanzar estas transformaciones. Nos manifestamos también en contra de la corrupción de los gobiernos de la región, que afecta a millones de personas al negarles sus derechos a una vida digna, con trabajo, salud, educación, agua potable y otros servicios, pues los recursos públicos se consumen en pagar por privilegios para unos pocos”.

 

Plantea: En cuanto al problema del cambio climático, consideramos que hay que darle un enfoque político, de justicia y que siente claramente la responsabilidad por la crisis que vive la humanidad y el planeta en su conjunto; exigimos reparación y pago del daño por la deuda ecológica que los países industrializados tienen para con los países del sur, además de vincular la cuestión del cambio climático con la soberanía alimentaria, el combate a los patrones de consumo depredadores del medio ambiente, el lanzamiento de una campaña de los movimientos a favor de la justicia ambiental y poner realmente la cuestión ecológica como algo fundamental del modelo económico y social por el que estamos luchando.

Managua, Nicaragua, 16 de julio de 2008.

Fuente: www.rebelion.org /Otro mundo es posible/22-7-08

 

 c) Diversidad cultural y biológica como desafío

 

El editorial de la revista Biodiversidad, sustento y culturas (nº 57) de GRAIN sostiene:

"Apenas en marzo pasado, un tanto tarde, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y otros organismos internacionales comenzaron a divulgar la existencia de una «crisis alimentaria mundial». Pero los precios de los alimentos —lácteos, carne y en especial cereales— se dispararon sin control todo 2007. La gente intentó gestionar la crisis y se apretó el cinturón hasta que no tuvo otra que salir a las calles a exigirle medidas a sus gobiernos. A principios de 2008 estallaron revueltas populares en unos cuarenta países. Las elites políticas del mundo se amedrentaron.

Sabemos cuales son las causas de tal crisis (entre ellas que el comercio de alimentos está sometido a especulación extrema). Unos intentamos entender el momento y a otros no les conviene entender. La crisis alimentaria se expande. Habrá cien millones de nuevos hambrientos. Hay gobiernos que se pelean por encontrar o manejar reservas de granos. Hay riesgo de una crisis mundial más extrema y dramática.

En respuesta, los sacerdotes del Banco Mundial, de la Organización Mundial de Comercio y del Fondo Monetario Internacional, los directorios de las empresas y la mayoría de los gobiernos y sus equipos asesores nos proponen continuar por el camino de la industrialización de la agricultura, la liberalización del comercio y la inversión mientras. Casi en secreto y poco a poco:

Es tiempo de un cambio profundo que nos saque de la crisis alimentaria y del nudo enorme de crisis que padecemos por la globalización neoliberal: cambio climático, devastación general (biológica y social), marginación extrema, privatización de los ámbitos comunes, expulsión del campo, urbanización salvaje, delincuencia como opción desesperada. (…)

Enfrentados a la insolvencia de ideas y sistemas, no hay otro camino creíble que reconstruir desde los cimientos y emprender cambios radicales. En lo ideal, los campesinos, los indígenas, responsables de cuidar semillas, relaciones y procesos que hoy todavía permiten producir la mayor parte de los alimentos consumidos en todo el mundo, deberían ser quienes fijen el rumbo.

Son ellos quienes tienen propuestas no sólo para remontar la crisis sino para que haya un futuro. Pero es necesario que las instituciones financieras internacionales y los organismos mundiales de desarrollo dejen de tener el poder que detentan actualmente.

 

Muchos grupos y organizaciones locales, nacionales e internacionales de diversos estratos sociales, rurales y urbanos, ya nos exhortan enérgicamente a renovar estrategias, buscar soluciones, recuperar saberes y tradiciones, emprender relaciones diferentes entre nosotros y con la naturaleza. Resaltan tres ejes cruciales interrelacionados: tierra, mercados y la agricultura misma.

Es central el acceso de los campesinos a la tierra. Por todo el mundo, los gobiernos y las empresas insisten en el círculo vicioso de la agricultura de plantaciones en gran escala, que desplaza campesinos y desmantela su producción local de alimentos, impone un modelo agrícola orientado a exportar que crece la dependencia de las importaciones lo que mina el resto de los sistemas de producción alimentaria que urgen para salir del atolladero.

Con el aumento de precios de los productos básicos de exportación y el nuevo mercado de agrocombustibles, la especulación y la apropiación de tierras crece muy rápido. Apropiarse tierras se vuelve oficial: Japón compró 12 millones de hectáreas en el sudeste asiático, China y América Latina, para producir alimentos destinados a Japón, lo que significa que sus cultivos en el extranjero tienen ahora el triple de espacio que en su propio territorio. (…)

 

La tierra [y hoy con mayor visión panorámica el territorio] siempre ha sido una demanda central de los campesinos, los pescadores tradicionales, los trabajadores rurales y los pueblos indígenas.

Emprender una «reforma agraria radical» es una de las medidas más urgentes para que la gente pueda tener la capacidad de alimentarse a sí misma y a sus comunidades —lo que sin duda revertiría la expansión de los barrios urbanos marginados, un elemento central de la crisis alimentaria.

 

Ya es hora de tomar en serio y poner en práctica las propuestas de las organizaciones campesinas. Si no valoramos la enorme urgencia de producir nuestros propios alimentos, sea en el campo o en la ciudad, el suicidio planetario en que están embarcados los especuladores (para los que un billete fácil es más importante que el hecho de que haya gente sin mañana) nos arrastrará sin miramientos.

Durante décadas, el BM y el FMI impusieron a los países pobres políticas para liberalizar el comercio y realizar “ajustes estructurales”.
Esas prescripciones fueron reforzadas al establecerse la OMC a mediados de los noventa y ahora con el aluvión de tratados bilaterales de libre comercio e inversión. Esto, más otras medidas, provocan el despiadado desmantelamiento de aranceles y otras herramientas que los países en desarrollo crearon para proteger su producción agrícola local. Los países son obligados a abrir sus mercados a la agroindustria mundial y a los alimentos subvencionados que los países ricos exportan. Las tierras fértiles dejan de servir a los mercados locales de alimentos por producir cultivos de exportación mundiales o cultivos fuera de estación, de alto valor para los supermercados de las grandes urbes. Numerosos países pobres se vuelven importadores netos de alimentos.

 

Uno de los aspectos más inmorales de la crisis alimentaria es el lucro espectacular que el mercado ha permitido que tengan las grandes agroempresas y los especuladores. Son pocos los agricultores que perciben algún beneficio por el aumento de los precios. En el primer trimestre de 2008, mientras el hambre cundía en países ricos y pobres, las empresas obtuvieron ganancias sin precedentes en todos los eslabones de la cadena alimentaria —agroquímicos, semillas, transporte, procesado, comercio.

 

La mitad del trigo comercializado en la bolsa de Chicago está controlada por fondos de inversión. En la bolsa de futuros agrícolas de Tailandia, la especulación sobre el arroz ha triplicado, en un año, el número promedio de contratos diarios y los fondos de cobertura y otras especulaciones representan la mitad de los contratos diarios. Toda esta actividad especulativa está haciendo subir los precios por las nubes. Toda burbuja es inestable y está destinada a explotar, con resultados imprevisibles. Los gobiernos y los organismos internacionales, con pocas excepciones, difícilmente hablan de estas maniobras ni hay la pretensión visible de lidiar con ellas.

 

En contraste, los sindicatos y las organizaciones de agricultores insisten en una regulación y control adecuados, en especial porque los productores y los consumidores son los grupos más afectados. En sus reclamos de «soberanía alimentaria», los movimientos sociales nos urgen a dar prioridad a los mercados locales y regionales poniendo freno al dominio de los mercados internacionales y las empresas que los controlan; suspender o desmantelar el Acuerdo sobre Agricultura de la OMC; mejorar la distribución de los recursos; establecer reservas estratégicas nacionales; alentar nuevos tipos de competencia que inhiban la formación de monopolios; investigar la especulación en los mercados de básicos y adoptar medidas para controlarla.

 

Luego está la agricultura misma. La crisis alimentaria le da pretextos a los proponentes de la vieja Revolución Verde para pedir más de los mismos paquetes verticalistas y homogenizantes de semillas, fertilizantes y agroquímicos.

No es por desabastecimiento sino por los precios tan altos que tanta gente se ha perjudicado. Aumentar la producción no resolverá esta cuestión, si significa aumentar los costos de producción o si dicha producción, a fin de cuentas, es controlada, acaparada y mediatizada desde sus orígenes por las grandes agroempresas. ¿De qué nos sirven todos los silos atiborrados de cereales si tienden a ser transgénicos, están plagados de agroquímicos y los controlan los especuladores? (Así parece quejarse el Grupo ETC en su más reciente informe. Y su queja es pertinente en extremo.)

Son necesarios entonces otros alimentos, unos que la gente cuide, cultive, trabaje, gestione y valore en sus propios espacios, y no los alimentos que producen en gran escala las grandes empresas ligadas a redes de todo tipo de manipulaciones que les agregan nocividad biológica y social con tal de lucrar.

Las variedades de alto rendimiento de alimentos básicos por las que tanto entusiasmo tienen el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (cgiar), la FAO y la mayoría de los ministerios agrícolas, requieren más agrotóxicos basados en petróquímica, los cuales han sufrido tales alzas de precios que los colocan fuera del alcance de numerosos agricultores. Y los agroquímicos son una de las causas principales de los gases con efecto de invernadero. Es la agricultura industrial, sobre todo, la responsable de esos agrotóxicos. Echar más en suelos ya agotados, como predican los militantes de la Revolución Verde, no hará sino extremar el caos climático y la destrucción de la vida de los suelos.

 

Hay estudios científicos que demuestran que los métodos campesinos pueden ser más productivos y sustentables que la agricultura industrial. Con el debido apoyo, esos sistemas agrícolas locales basados en los saberes indígenas, enfocados en conservar suelos saludables y fértiles, organizados en torno a una utilización amplia de la biodiversidad disponible localmente, nos muestran formas de salir de la crisis alimentaria.

Es vital entonces: comenzar a hablar con las comunidades locales de todo el mundo; impugnar y ponerle fin a la criminalización de la diversidad, para que los agricultores puedan acceder, desarrollar e intercambiar semillas, saberes, experiencias y prácticas libremente; no esperar a que los gobiernos dejen de promover a las agroempresas y a los mercados de exportación y comiencen a proteger y reverenciar las técnicas, los saberes y capacidades de los pueblos.

 

Es claro que quienes no somos del gobierno ni del sector empresarial necesitamos unirnos más que nunca para construir nuevas confianzas y frentes de acción, no solamente para encontrar soluciones a los problemas inmediatos de la crisis alimentaria sino para construir soluciones de largo plazo —sobre todo buscando un cambio en las relaciones entre quienes gobiernan y quienes son gobernados, que ponga en primer lugar las necesidades de los sectores pobres rurales y urbanos, y el cuidado radical de nuestro futuro común. Nuestros sistemas agrícolas y alimentarios deben ser más justos, más ecológicos y verdaderamente efectivos si han de alimentar a los pueblos. Ya no podemos esperar o confiar en soluciones prefabricadas. Debemos crear esos sistemas más justos ahora, colectivamente”.
Fuente: www.grain.org/ Biodiversidad de julio de 2008

 

«Es tiempo de un cambio profundo» que nos saque de la crisis alimentaria y del nudo enorme de crisis que padecemos por la globalización neoliberal: cambio climático, devastación general (biológica y social), marginación extrema, privatización de los ámbitos comunes, expulsión del campo, urbanización salvaje, delincuencia como opción desesperada.

 

«Es claro que quienes no somos del gobierno ni del sector empresarial» necesitamos unirnos más que nunca para construir nuevas confianzas y frentes de acción, no solamente para encontrar soluciones a los problemas inmediatos de la crisis alimentaria sino para construir soluciones de largo plazo —sobre todo buscando un cambio en las relaciones entre quienes gobiernan y quienes son gobernados, que ponga en primer lugar las necesidades de los sectores pobres rurales y urbanos, y el cuidado radical de nuestro futuro común. Nuestros sistemas agrícolas y alimentarios deben ser más justos, más ecológicos y verdaderamente efectivos si han de alimentar a los pueblos. Ya no podemos esperar o confiar en soluciones prefabricadas. Debemos crear esos sistemas más justos ahora, colectivamente.

 

«Es hora de tomar en serio y poner en práctica las propuestas de las organizaciones campesinas». Si no valoramos la enorme urgencia de producir nuestros propios alimentos, sea en el campo o en la ciudad, el suicidio planetario en que están embarcados los especuladores (para los que un billete fácil es más importante que el hecho de que haya gente sin mañana) nos arrastrará sin miramientos.

 

Los sistemas agrícolas tradicionales se han desarrollado en función de principios de cooperación, integración y diálogo con la naturaleza, principios que han dado lugar a sistemas agroecológicos muy complejos. Estos agricultores son custodios de miles de años de investigación y creación que hicieron posible una agricultura tan extraordinaria, basada en la biodiversidad. Esta biodiversidad y cultura agrícola hoy es defendida férreamente por organizaciones campesinas en nombre del patrimonio único que constituye y de su capacidad de producir alimentos para millones de personas sobre el planeta, en el presente y para el futuro.

 

 

3. Unidad en diversidad desde el gobierno de Evo

La pluralidad de pueblos indígenas y otras identidades que apuesta a una refundación de su país orientado a  buscar unidad, respetando diferencias para -de manera conjunta- resolver los compartidos problemas económicos y sociales.

 

EVO MORALES AYMA, en su discurso durante la 62 sesión de la organización de las Naciones Unidas (ONU), sobre el medio ambiente ( 26 de septiembre de 2007) expresa: "(...) brevemente quiero comentar sobre mi país. Por primera vez en la historia boliviana de los sectores más abandonados, de los sectores más despreciados, odiados, vilipendiados en la historia boliviana como los pueblos indígenas asumimos la conducción del país para cambiar nuestra querida Bolivia.

♦Cambiar en lo político, cambiar en lo económico apostando por una refundación de nuestro país, orientado a cómo buscar unidad, respetando nuestras diferencias, respetando nuestra identidad para de manera conjunta resolver nuestros problemas económicos y sociales.

En este corto tiempo siento y veo que va a ser difícil y costará luchar por la igualdad y la justicia de los pueblos, por la igualdad y la justicia de todos quienes vivimos en una patria.

Pero también con mucha fortaleza cuando el movimiento popular, el movimiento indígena, intelectuales, inclusive empresarios, profesionales apuestan por su tierra y por su pueblo, y eso alienta para continuar trabajando y transformando en democracia pacíficamente garantizando una revolución cultural en mi país.

 

Pero había sido más importante cómo recuperar los recursos naturales, lamento mucho decirles, que mi país durante los gobiernos neoliberales han privatizado los recursos naturales, han privatizado las empresas del Estado, su pretexto de capitalización han descapitalizado al país, su pretexto de que la empresa privada era la solución en tema de desempleo, en temas de corrupción, más bien hemos visto que ha crecido el desempleo, ha crecido la corrupción.(...)

♦Por eso quiero decirles con la experiencia vivida a todos los presidentes o naciones donde están privatizando los recursos naturales, es importante con la fuerza del pueblo recuperar esos recursos naturales para que beneficien a los pueblos, a la nación. (...)

Ahora estamos construyendo el poder del pueblo, que el soberano sea el pueblo y no un grupo de familias, que los pueblos tengamos derecho a decidir sobre nuestro destino, esa es la mejor democracia que podemos implementar.

Porque no se trata de simplemente acogerse a ciertas políticas, no se trata de estar sometido a dueños o patrones en mi país, cuando digo, también empezamos a descolonizar externamente, quiero que sepan ahora, no hay embajadores que cambien ministros, o embajadores que pongan ministros en mi país. (...)

♦Ya empezamos con la descolonización externa, porque acá se trata de cómo recoger las propuestas de nuestros pueblos, iniciativas de nuestros pueblos, los pueblos organizados, esas fuerzas sociales sean cívicas o sindicales, especialmente gente que tienen muchos problemas económicos es tan sabio para proponer iniciativas, propuesta de solución desde sus barrios, desde sus sindicatos, esa es la experiencia que tengo.

Por eso, creo que es importante crear el poder del pueblo, que las fuerzas sociales decidan y como presidente solo mandar obedeciendo al pueblo, y así podemos ir resolviendo los problemas que tenemos.

 

☼♣♠◘

Ayer, estos días, estas horas estaba escuchando algunas intervenciones muy alentadoras, pero también algunas intervenciones que me decepcionan bastante, se habla por ejemplo del calentamiento global, del cambio climatológico, y siento que muchos países somos víctimas de estos fenómenos naturales.

No puedo entender todavía bien, por qué tantas vidas perdidas en inundaciones, por intervencionismo o por guerras, tantas vidas perdidas por hambre, siento que hay modelos económicos que no van a resolver los problemas de la humanidad, y siento y más convencido después de escuchar muchos planteamientos hechos acá, o experiencias también expresadas por los presidentes, que la forma de concentrar el capital en pocas manos no es ninguna solución para la humanidad, las formas de cómo acaparar riquezas en pocas manos no es ninguna solución para la humanidad, para la vida misma, aún peor todavía para los pobres que habitan en este planeta tierra.

Se habla del calentamiento global, del deshielo, pero sin decir de dónde viene eso, pero me he convencido que eso viene de la mal llamada globalización, o la globalización selectiva, la globalización que no respeta la pluralidad, que no respeta las diferencias.

Si hablamos de la globalización primero deberíamos de globalizar al ser humano, bueno, no sé como ustedes llegaron acá a Nueva York, Estados Unidos, por lo menos mi delegación tiene muchos problemas para llegar acá por problemas de visa, nuestros parlamentarios para llegar a Estados Unidos no pueden conseguir visas, parlamentarios, congresistas.

Cuando llego acá, bloqueado en el aeropuerto, mis ministros que vienen hermanos indígenas, ahí sometidos a un control horas y horas, y algunos de los países venimos acá a ser amenazados por dueños de casa, por el presidente Busch, si es así, si sigue siendo así creo que seriamente como presidentes, como naciones debemos pensar en cambiar la sede de las Naciones Unidas, yo personal no estoy de acuerdo en venir acá y ser sometido a ciertas investigaciones.

Siento que también la descolonización en las Naciones Unidas debe empezarse, y que todos nos respetemos aunque sean pequeños o grandes, tengamos problemas o no tengamos problemas.

Y cuando veo en las intervenciones sobre el deshielo, pues sin preguntarse de dónde viene ese deshielo, ese calentamiento global, es el capitalismo en la exagerada e ilimitada industrialización de algunos países que nos traen muchos problemas en el continente como también nos traen en el planeta tierra.

 

Y cuando nos organizamos junto a los movimientos sociales para protestar, para condenar esas políticas insostenibles, esos modelos económicos que no resuelven los problemas económicos viene intervención, bases militares, guerras, satanización, acusaciones de terrorismo, como si los pueblos no tuvieran el derecho a reclamar por sus necesidades, por sus derechos, nuevos planteamientos en función de cómo salvar a la vida, salvar a la humanidad.

Por tanto, creo que es importante como presidentes, como naciones, como delegados, hablar la verdad con mucha sinceridad sobre estos problemas económicos que vive no solamente Bolivia, no solamente América, o Sudamérica, pero cuando en Sudamérica hay procesos de cambio en democracia, democracias liberadoras no democracias sometidas al imperio, otras acusaciones, otras tergiversaciones, acusados de crueles, dictadores como ayer escuché del presidente Bush dirigido al presidente y comandante de Cuba.

 

Un saludo a todos los revolucionarios, especialmente al presidente Fidel al cual le tengo mucho respeto, porque Fidel también manda tropas a muchos países pero tropas para salvar vidas y no como el presidente de Estados Unidos que manda tropas para acabar vidas.

Entonces acá, si somos presidentes pensemos en la vida, pensemos en la humanidad, pensemos en cómo salvar al planeta tierra, y está en debate permanente este tema del cambio climatológico en el mundo entero.

 

Yo estoy convencido estimados miembros de los distintos países, que no es posible que los servicios básicos sigan siendo un negocio privado, felizmente gracias a los cancilleres en América se ha reconocido que el agua es un derecho humano, si el agua es un derecho humano es importante que ahora sea un servicio público y no un negocio privado.

 

Es importante ahora cómo apostar desde acá que también la energía sea un derecho humano, ojalá todos podamos conseguir que la energía sea un derecho humano si es un derecho humano jamás será la energía como un negocio privado sino debe ser de servicio público y de esta manera superar las necesidades que tienen nuestros pueblos.

 

Pero no puedo entender su pretexto de una hegemonía, o acumular el capital en pocas manos vamos a seguir dañando a la humanidad, vamos a seguir afectando a la gente pobre, vamos a seguir marginando otros sectores que tienen muchas necesidades.

Yo siento que estamos hablando para cambiar esas políticas económicas que han hecho mucho daño y siguen dañando, esas políticas económicas llevaron al genocidio a la humanidad y sigue el genocidio, y no puedo entender todavía que algunos países estén en una carrera armamentista, no comparto la guerra, estamos planteando como un gran movimiento político social, cómo mediante una nueva Constitución Política del Estado boliviano renunciar a la guerra.

Estoy convencido que la guerra es la industria de la muerte, por tanto la carrera armamentista es otra industria que complementa esa industria de la muerte, cómo en este nuevo milenio países, presidentes podemos seguir pensando en intervencionismo, la soberbia, el autoritarismo de unos países a otros países sin pensar aún todavía en la humanidad.

Siento, estimados presidentes que están acá, de manera conjunta trabajemos en función de cómo salvar al planeta tierra que es lo más importante en este momento si queremos salvar la vida y a la humanidad.

Pero también ayer escuché algunas intervenciones sobre biocombustible, trataba de entender qué es biocombustible, o agrocombustible, no puedo entender qué podamos llevar alimentos agropecuarios para autos, no puedo entender que la tierra sea para las chatarras.

Yo siento que el alimento debe ser para el ser humano, tierra para la vida, porque falta gasolina, porque falta diesel vamos a desviar tierra, alimentos, automóviles.

Por eso hace dos días atrás decía, si realmente estamos pensando en la vida abandonemos el lujo, es importante abandonar el lujo, no podemos seguir acumulando la basura, no podemos seguir pensando solo en pocas familias en vez de pensar en la humanidad, creo que tenemos profundas diferencias si hablamos sobre estos tema de la vida y sobre todo de nuestras mayorías nacionales.

Quiero aprovechar esta oportunidad para saludar y agradecer el apoyo de todos, excepto de cuatro gobiernos, su presidente y sus delegados, en la aprobación de la declaración de los derechos de los pueblos indígenas del mundo, muy satisfecho, los pueblos en América han esperado más de 500 años que sus derechos sean reconocidos, somos de la cultura de la paciencia.

Queremos decirles, no porque tengamos una declaración ahora el movimiento indígena va a ser vengativo con otros sectores, no tenemos un carácter vengativo los pueblos indígenas, los pueblos indígenas somos de la cultura del diálogo y fundamentalmente somos de la cultura de la vida.

 

Y quiero pedirle a las Naciones Unidas pronto convocar a una cumbre mundial indígena en las Naciones Unidas para recoger las formas de vivencia, nosotros estamos apostando y recogiendo nuestras vivencias en Bolivia con un programa llamado el vivir bien, para vivir mejor a veces hay que explotar, para vivir mejor a veces hay que robar, para vivir mejor a veces hay que discriminar, para vivir mejor a veces hay que saquear, mientras el vivir bien es vivir en comunidad, en colectividad.

Y no solamente entre seres humanos, vivir bien en armonía con la madre tierra, la tierra para el movimiento indígena es algo sagrado, la tierra, la madre tierra es nuestra vida, es madre tierra, la Pachamama que decimos en nuestros idiomas eso no puede ser convertido en una mercancía, si estamos hablando o protestando contra el calentamiento global pues primero entendamos qué es la madre tierra, si la tierra nos da vida estamos en la obligación de cómo revisar políticas pero también recoger de nuestro movimiento indígena.

Hemos vivido en colectividad, en comunidad, quién sabe está aquí un debate: « la colectividad, el comunitarismo contra el capitalismo», debatamos, recojamos esas vivencias para defender la vida y para salvar a la humanidad.

Quiero también rápidamente aprovechar este momento, yo siento que este nuevo milenio debe ser el milenio de la vida, milenio de la igualdad, de la justicia respetando nuestra identidad apostando por la dignidad humana.

Por tanto estamos hablando de cambiar los modelos económicos, los sistemas que sólo dañan a la humanidad, pero si nosotros queremos cambiar desde acá es importante que primero nosotros cambiemos, no tengamos una mentalidad egoísta, individualista, acaparadora, ambiciosa, sectaria, que solo nos preocupemos de pocos o de familias y no de la familia grande que vive en el planeta tierra (...)".

Fuente: http://www.abi.bo/index.php?i=enlace&j=documentos/discursos/200709/26.09.07IntervenEvoONU.html

 

«Vivir bien» es vivir en comunidad, en colectividad.

Y no solamente entre seres humanos, vivir bien en armonía con la madre tierra, la tierra para el movimiento indígena es algo sagrado, la tierra, la madre tierra es nuestra vida, es madre tierra, la Pachamama que decimos en nuestros idiomas eso no puede ser convertido en una mercancía. Si estamos hablando o protestando contra el calentamiento global pues primero entendamos qué es la madre tierra, si la tierra nos da vida estamos en la obligación de  revisar políticas pero también recoger de nuestro movimiento indígena.

 

«Buscar unidad», respetando nuestras diferencias, respetando nuestra identidad para -de manera conjunta- resolver nuestros problemas económicos y sociales. Con esta fuerza del pueblo es importante  recuperar los recursos naturales para que beneficien a los pueblos, a la nación. Por eso, creo que es importante crear el poder del pueblo, que las fuerzas sociales decidan y como presidente sólo mandar obedeciendo al pueblo, y así podemos ir resolviendo los problemas que tenemos.

 

«Estamos construyendo el poder del pueblo», que el soberano sea el pueblo. Se trata de recoger las propuestas de nuestros pueblos, iniciativas de nuestros pueblos, los pueblos organizados, esas fuerzas sociales sean cívicas o sindicales, especialmente gente que tienen muchos problemas económicos es tan sabio para proponer iniciativas, propuesta de solución desde sus barrios, desde sus sindicatos, esa es la experiencia que tengo.

 

 

 

4. Pluralidad de conceptos hacia el desarrollo de los pueblos

La continuidad del capitalismo neoliberal -o del disfrazado de popular y nacional- es defendida, desde los poderes establecidos, como únicos proyectos concretos y viables. Sin embargo, aplican criminalización de la protesta social y leyes anti-terroristas, así como otros medios de disuasión, para erradicar la puesta en práctica del buen vivir de los pueblos.

 

a) Ecosociodesarrollo

 

Julián Gutiérrez, en "Alternativas ante el fracaso del capitalismo - Bienestar social y calidad de vida. La Geografía y el Ecosociodesarrollo" señala:

 

"Es un hecho que la problemática ambiental, social y económica actual tiene causas conocidas y bien estudiadas, los actores mundiales que la han causado sabían hacia dónde iban las tendencias en cuanto contaminación, su gravedad, los elementos del entorno a ser afectados, los cambios climáticos que generarían los gases de efecto invernadero a través del calentamiento global; Igualmente, sabían que la aplicación de un modelo económico depredador, el capitalismo, tendría efectos devastadores en la degradación y agotamiento de los recursos naturales, así como la generación de la inmensa pobreza reinante en la mayoría de la población mundial, en un planeta que ha sido generoso en recursos para garantizar un mínimo de bienestar a la mayoría de la población mundial.(...)

Algo que también debe estar claro es que el capitalismo no es sustentable ni ecológica, ni social, ni cultural, ni económicamente. No lo es porque está basado en la obtención, en todas las instancias (individual, de grupo, de empresas, de países), de máximas ganancias en el menor tiempo posible, basado en la producción de bienes, servicios y su comercialización. Producción que depende de una base de recursos naturales finita, y de la explotación despiadada de mano de obra barata, en algunos casos casi esclava.

Si solamente evaluamos las consecuencias, ya suficientemente expuestas, del cambio climático, es por tanto a nuestro entender una crisis civilizatoria, si no reaccionamos, las probabilidades de una catástrofe mundial son extremadamente probables. El cambio climático afectará las garantías de alimentación de la población, generará además grandes desastres naturales, la aparición de plagas y pandemias en ámbitos hasta ahora impensables, por sus efectos interconectados en la climatología. Se verá afectada la calidad de vida de prácticamente todos los habitantes del mundo.

En vista de que el desarrollo sustentable, según su planteamiento original, es inviable en el capitalismo es imperioso entonces plantear modelos alternativos de desarrollo, nuestro objetivo es exponer algunas ideas sobre mecanismos y métodos para diagnosticar la situación (desentrañando sus verdaderas causas), así como para proponer medidas de solución.

Entonces los conceptos claves son: Bienestar y Calidad de vida. La forma como elegimos desarrollarnos, o desenvolvernos en el territorio que ocupamos tendrá consecuencias económicas, sociales y ambientales, consecuencias que se manifiestan y tiene su expresión más fiel en el paisaje o espacio geográfico.

Entendemos al «Ecosociodesarrollo» como una propuesta de gestión democrática de la producción de bienes y servicios básicos y esenciales para la mayoría de la población de un determinado territorio, sea el municipio, la región, países o el ecosistema Tierra, con la premisa de que para poder pensar en el bienestar del ser humano, calidad de vida a largo plazo, debemos pensar previamente en la preservación del medio físico que le da la base natural de recursos para producir ese bienestar, y absorbe los subproductos contaminantes y degradantes generados en el proceso, ya que manteniendo la integridad del entorno se garantiza el bienestar tanto de las generaciones presentes como futuras.

Es importante dejar claro que “calidad de vida” y “nivel de desarrollo” son conceptos relativos y subjetivos. Cada población, sociedad o grupo debe definir lo que considera calidad de vida, por supuesto, teniendo en cuenta que su “bienestar”, no puede estar basado en la degradación de la calidad de vida de otros grupos, sociedades o poblaciones, ya que lo haría tremendamente injusto, por lo tanto insustentable.

Tenemos un problema: el crecimiento sostenido es insostenible (producción-consumismo-deuda-producción), porque lo que la fuente de recursos es finita: la Tierra.

Estamos de acuerdo con las bondades de un Decrecimiento, aunque pudiera sonar contradictorio con desarrollo, se debe entender que desde la perspectiva del «Ecosociodesarrollo» se busca, además de cubrir necesidades básicas, una disminución de las horas de trabajo para aprovechar el tiempo libre en el crecimiento espiritual, el estudio, la inventiva, la creatividad, el ocio, el fomento de las relaciones familiares y comunitarias, la solidaridad. Si abandonamos la producción de bienes suntuarios o innecesarios, o de los que la publicidad se esfuerza por crearles su aparente “necesidad”, además de no caer en la trampa del endeudamiento (préstamos bancarios, tarjetas de crédito) podemos dejar la carrera de trabajo, consumismo, deuda, estrés, trabajo, consumismo, deuda, estrés. (...)

En relación al tan cacareado discurso de las potencias, actuales y pasadas, de “Bienestar, Libertad, Democracia y Derechos humanos”, es clave entender que nadie nos regalará tales derechos (recordad la conquista de América por parte de los españoles, y la actitud hegemónica de los EUA), debemos conquistarlos nosotros mismos, luchar por ellos, no será gratis su alcance, implica luchas nacionales contra los explotadores y opresores, ellos saben que si nos desarrollamos y producimos nuestros alimentos, nuestro bienes, quién les comprará su producción?, por eso promueven tanto la apertura al libre comercio, a las “inversiones”, la globalización, etc. En relación a los alimentos es interesante aprender cómo llevan años tratando de controlar su producción. (...)

Cualquier hecho o fenómeno natural, físico-natural o socioeconómico, en este caso la pobreza y la degradación ambiental, por poseer coordenadas geográficas de localización, génesis y evolución que le caracterizan, puede ser sujeto de estudio por parte de la Geografía. La Geografía tiene sus técnicas y métodos, tanto para el diagnóstico como para las propuestas de solución, entre otras, viejas conocidas como las Evaluaciones de Impacto Ambiental, la Ordenación Territorial, la Ecología del Paisaje, y nuevas herramientas, como las Evaluaciones Ambientales Estratégicas, la Evaluación de la Sostenibilidad, el Índice de Desarrollo Humano, el Cálculo de la Huella Ecológica, para diagnosticar y proponer medidas correctivas y mitigantes.

Pensamos también que el «EcoSocioDesarrollo» tiene un ámbito, que pensado desde lo local puede tener repercusiones en lo global, aplicando todos los principios geográficos, se propone entonces un ámbito de acción a partir de la Gestión comunitario-municipal sostenible, escala geográfica que permite a los actores, gobierno y ciudadanos, interrelacionarse de forma más efectiva y generar sus propias soluciones y correctivos. Al ser el Municipio la principal puerta de entrada del ciudadano al Estado, los cambios que se presenten en la calidad de su gestión y modernización incidirán directamente en la evaluación general que tengan los ciudadanos de la administración, servicios públicos, y sostenibilidad de la gestión en general, ambiental, social, cultural y económica. Como elementos claves, para lo anterior, consideramos a la Educación y a la Participación Ciudadana, elementos primordiales en una Democracia Participativa". Fuente: www.rebelion.org /Ecología social / 11-4-09

 

b) Soberanía alimentaria como alternativa de desarrollo

 

Muchas de las organizaciones mundiales de agricultores familiares, campesinos sin tierra, trabajadores rurales, comunidades indígenas, jóvenes y mujeres rurales se han unido de manera conjunta en una alianza global llamada la Vía Campesina.

De acuerdo con la Vía Campesina, estamos afrontando un conflicto histórico entre dos «modelos de desarrollo económico, social y cultural» en el mundo rural.

La Vía Campesina se opone al modelo dominante y sus impactos negativos ya mencionados, a través de un paradigma alternativo conocido como la «soberanía alimentaria».

La «soberanía alimentaria» parte de la idea de los derechos humanos, económicos y sociales que poseen todas las personas; entre los que se incluye el derecho a la alimentación. (Vía Campesina, 2002; Vía Campesina et al., Undateda, Undatedb, 2005).

 

La «soberanía alimentaria» significa que cada niño, mujer y hombre debe tener la seguridad de obtener suficientes alimentos cada día.

Sin embargo,  este concepto no dice nada sobre la procedencia de esos alimentos, o de cómo se producen; por ello, las instituciones de Washington podrían argumentar que la comida barata importada de los Estados Unidos es la mejor manera de conseguir la «soberanía alimentaria» para los países pobres, más que produciéndola ellos mismos.

Pero las masivas exportaciones baratas y la comida subsidiada

Para conseguir una verdadera seguridad alimentaria, las gentes rurales deben tener acceso a unas tierras productivas y recibir unos precios por sus cosechas que les permitan llevar una vida digna (Rosset, 2003; Vía Campesina et al., Undateda, Undatedb, 2005).

Sin embargo, esto también implica que no es suficiente con el acceso a la tierra y los recursos productivos.

 

El énfasis actual puesto en las negociaciones del acceso al mercado por las exportaciones, en detrimento de la protección de los mercados de productores domésticos, es un problema crítico. De acuerdo con la Vía campesina (2002), “la «soberanía alimentaria» da prioridad a los productores locales en el acceso al mercado nacional. Pero los precios establecidos en el mercado internacional, producto de la liberalización agraria, niegan a los productores locales el acceso a sus propios mercados,” y por tanto, violan el derecho a producir, coartando el desarrollo económico local y regional.

 

Una manera de promover el desarrollo económico local en las áreas rurales sería la creación de circuitos locales de producción y consumo, donde los agricultores familiares puedan vender su producción en las ciudades y pueblos cercanos, así como comprar otros bienes de primera necesidad a los artesanos y comerciantes de esas ciudades. En este sentido un estudio brasileño sobre los asentamientos de la reforma agraria ha demostrado recientemente cómo estos estimulan las economías locales, incluso cuando un país carece de una política real de reforma agraria (Leite, 2004). De esta forma, el dinero circula varias veces en la economía local, generando empleo urbano y haciendo posible que los agricultores puedan sobrevivir. Si por el contrario, todo lo que los campesinos producen se exporta a países lejanos que pagan en el mercado internacional unos precios más bajos, y todo lo que ellos compran es también importado, entonces todos los beneficios del sistema se extraen de la economía local y sólo pueden contribuir al desarrollo económico en lugares remotos como Wall Street.

La «soberanía alimentaria» por ello pone énfasis en los mercados y economías locales como puntos clave en la lucha contra el hambre y la pobreza (Rosset, 2003).

Sólo a través de un cambio en las pautas del desarrollo, abandonando un modelo de agricultura industrial destinada a la exportación, basada en un sistema de libre comercio, de grandes explotaciones, concentración de las propiedades y desplazamiento de las personas, podremos frenar la espiral creciente de pobreza, bajos salarios, migración del campo a la ciudad, y degradación ambiental.

 

El reparto redistributivo de la tierra y un cambio de 180 grados en la política comercial dominante, podrían suponer esa transformación hacia la agricultura familiar, basada en el núcleo familiar cooperativo, con la capacidad de alimentar a los pobres, llevando a un desarrollo económico más amplio y diversificado, así como a la conservación de la biodiversidad y los recursos productivos

(Rosset, 1999, 2001a).

 

Esto nos lleva de nuevo al argumento de la Vía Campesina del enfrentamiento de los dos modelos existentes en el mundo rural; un conflicto de «modelos económicos de desarrollo». El contraste entre el modelo dominante, basado en la agro-exportación y libre mercado, versus el «modelo de soberanía alimentaria», no puede ser más desolador.En la práctica, en cada uno de los temas relacionados con la alimentación, la agricultura y la vida rural, las posiciones son bastante contradictorias.

 

Mientras un modelo ve a los agricultores familiares como un curioso pero ineficiente anacronismo que debería desaparecer con el desarrollo y la modernización (a no ser que algunos de los agricultores permanezcan en Disneylandia- como atracciones para el turismo rural bucólico), el otro modelo los ve como las base de las economías locales, de los mercados internos que permiten a las potencias industriales y económicas de hoy en día como los Estados Unidos, Japón, China y Corea del Sur desarrollarse y ponerse en marcha (Rosset, 1999, 2003).

 

Con respecto al hambre, un modelo ve el aumento de las exportaciones desde las inmensas plantaciones de los ricos, como la manera de generar las divisas necesarias para importar comida barata destinada a los hambrientos; mientras que el otro modelo ve la conversión de las tierras de cultivo que una vez pertenecieron a los agricultores familiares, campesinos y gentes indígenas para exportar las cosechas, como la fuerza impulsora del crecimiento del hambre y la miseria en el campo.

 

Por último, mientras el modelo dominante está basado en el monocultivo a gran escala y el uso intensivo de insumos químicos, con cosechas de productos transgénicos, el modelo de soberanía alimentaria, destaca como las prácticas de las grandes explotaciones

industriales, acaban destrozando la tierra de las futuras generaciones, y deterioran una mezcla muy rica de conocimiento tradicional y sustentable de prácticas agrarias basadas en la agroecología (Rosset, 2003; Vía Campesina et al.,Undateda, Undatedb, 2005).

 

En general, este es el porqué del MST (Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra de Brasil, un miembro de la Vía Campesina, que cree que “el enemigo es el modelo” y el objetivo de la protesta es la mudança do modelo,” o la transición de un modelo a otro.

Este movimiento ve al agro como una pieza clave de esta transición, que sin embargo, en sí misma no es suficiente.

Por ello para conseguir el éxito, se necesita un mayor énfasis político en la «soberanía alimentaria»”.

Fuente: www.viacampesina.org

 

c) Desarrollo rural sostenible

 

Walter A. Pengue sostiene que:

"La sustentabilidad excede la mera conservación de los recursos naturales y del medio ambiente para convertirse en la expresión de un desarrollo económico y social estable y equitativo".
Plantea objetivos del «desarrollo rural sostenible» y después propone:

Países como Italia, Francia, España, EEUU, Australia, Nueva Zelanda, muy similares en su base agro productiva a nosotros, lo han implementado y sus resultados saltan a la vista. Muchos de ellos son subsidiados por entender que la agricultura no es sólo producir un commoditie (materia prima), sino que implica valores y externalidades sociales, que deben ser resguardadas y reconocidas.

 

Mientras estas economías se protegen, en nuestro caso, se atenta directamente contra un desarrollo rural integrado. No todo el sector rural es lo mismo ni mucho menos. Hoy día la agroindustria sojera o la economía basada en el maíz, tanto como la ganadería están mejorando. La renta que el Estado argentino toma para si como impuestos a la exportación (retenciones) deberían, en lugar de utilizarse como hace ya de más de cuatros años en políticas de emergencia primero y clientelistas después, ser orientados directamente a las economías rurales y regionales y su diversificación en su forma mejor entendida, es decir, “valorando” el aporte de la agricultura familiar y de los técnicos dedicados al sector en beneficio del desarrollo nacional. (…)

 

Es indudable que favorecer un sistema productivo diversificado, que mantenga el paisaje rural y productivo e intercale estos elementos con el trabajo del hombre, permitiría mantener la calidad ambiental y  sus servicios, preservar la biodiversidad, proteger el recurso suelo, administrar sosteniblemente la cuenca y sostener a la familia en el campo.

 

Para alcanzar un desarrollo rural sostenible en el siglo XXI, por encima de los crecimientos coyunturales, Argentina deberá aplicar ingentes y continuados fondos en sus sistemas de educación formal e informal “desde la base”, apoyar medidas y legislación para regularizar la cuestión del uso y tenencia de la tierra, promover un ordenamiento ambiental y territorial participativo y garantizar apoyos permanentes a la agricultura diversificada, la producción integrada, las pymes rurales, la familia y la juventud rural, la capacitación y promoción técnica y todos los actores de desarrollo agro productivo.

 

El desarrollo rural integrado y sostenible está asociado en forma directa a otro aspecto, pobremente apoyado en la Argentina: el de la soberanía alimentaria. Las naciones más desarrolladas, a las que en mucho casos, se pretende emular, resguardan estos dos aspectos y no los sortean en las manos coyunturales de los intereses del mercado, por ser valores superiores los que están en juego, vinculado a la estabilidad del espacio vital y la verdadera gobernabilidad”. Fuente: www.ecoportal.net  20-08-07

 

En la nueva concepción humanística y ecológica del «desarrollo rural» se lo articula con la multiplicación de ciudades pequeñas y medianas en toda la extensión del país que intercambien con el campo para garantizar calidad de vida tanto en el medio urbano como rural y con la reestructuración de las economías regionales que las emancipe.

 

 

a) Construcción de otro desarrollo por unidad en diversidad

 

La Agencia de Noticias Biodiversidadla, en "Argentina: UAC 9 en San Juan, “unificar la lucha manteniendo las identidades”" comunica:

"La Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) comprendía el año pasado que reunirse en Catamarca implicaba estar en el "corazón mismo del monstruo minero" . El desafío de este año es aún mayor, ya que San Juan tiene en su gobernador, José Luis Gioja, al mayor representante político de los intereses mineros, alguien a quien el propio presidente de Barrick Gold viene a visitar en persona.

 

El recorrido de encuentros a través de las provincias argentinas con el objetivo de consolidar el mensaje "contra el saqueo y la contaminación" va tomando cuerpo y ahora es San Juan el lugar elegido, los días 24, 25 y 26 de abril de 2009 en la capital provincial, con el objetivo de "conocer las diferentes problemáticas socioambientales de cada región, su vinculación y comprender que las mismas están fundadas en un modelo político y económico de desarrollo basado en la devastación de la vida, el saqueo y la contaminación de nuestros bienes comunes".

 

Como actualmente está candente el debate sobre el veto presidencial a la ley de glaciares, se reforzarán las ideas acerca de la importancia de la protección de las fuentes hídricas con un foro-debate el jueves 23 de abril en la Universidad de San Juan, con mesas a las que asistirán especialistas de todo el país.

 

Para conocer algunos detalles sobre la organización del encuentro y qué está ocurriendo con la minería contaminante en San Juan, Biodiversidadla dialogó con Graciela Fernández, integrante de la Asamblea Sanjuanina Contra la Contaminación y el Saqueo.

"Nosotros estamos por la defensa de bienes comunes como los glaciares. Nos oponemos no sólo a la megaminería sino a todo proyecto político que lleve adelante únicamente intereses personales y de grupos de elite, mediante un modelo que le sirve a pocos y de ninguna manera a todos. Gioja es esto porque pelea por sus intereses, por la defensa de sus propios negocios montados en San Juan como es Veladero y como es Pascua Lama", explica Graciela.

 -¿Por qué San Juan?

Nos parece importante generar un debate que es inexistente en San Juan y que aparezca la posibilidad de instalar otra posición frente a lo que hoy es un concepto cerrado y autoritario que es el que impone el gobierno con su censura. En San Juan tenemos que ganar un espacio para debatir el desarrollo minero que se está dando, que no es simplemente un 'modelo de desarrollo': en realidad es un proyecto de imposición que modifica nuestras vidas, trabajos, vínculos, familias, es decir nuestras identidades.

 

-¿En qué medida hay una conciencia del pueblo acerca de esta imposición que se está haciendo, esa destrucción de la identidad?
Todo el mundo se da cuenta de lo que Gioja hace, de lo autoritario que es, pero hay tal censura que ha llegado hasta la autocensura, lo que lleva a la no participación y la inmovilización. Esto Gioja lo hace mediante una lavada de cara del gobierno con una supuesta política social popular, pero en el fondo el sanjuanino sabe lo que pasa. Nosotros nos instalamos en las plazas con proyecciones y la gente llega y te dice cosas como 'yo sabía que esto no estaba bien' y te dan ejemplos de gente enferma por la minería y de las situaciones problemáticas que genera.

 

-¿Esa gente que se acerca se va integrando a la asamblea?
No tanto como integrarse, más bien saben lo que Gioja hace y tienen un apoyo silencioso a nuestro trabajo.

-¿Y hay represalias del gobierno por sus actividades?
Hay compañeros que sufren amenazas.

Desde que está la asamblea tenemos compañeros perseguidos, otros que estuvieron presos, algunos que no pueden trabajar como el caso de Ernesto Lloveras que es periodista y no puede ejercer su profesión. Cuando hacemos las proyecciones en las plazas -a la noche- vienen los autos de policía y se instalan cerca. Como la ley todavía no prohíbe el cine público aun no nos llevan el proyector. Pero la coerción se siente, hay mucha policía dando vueltas en San Juan. De todos modos nosotros tenemos la convicción de no retroceder, de tener siempre una convocatoria amplia y no tener miedo. Que venga gente a nivel nacional y que el encuentro tenga un reconocimiento, incluso internacional, creemos que puede garantizar el desarrollo de las actividades.

 

Recientemente la presidenta anunció en San Juan una represa hidroeléctrica, Caracoles, y prometía energía para todo el país. Sin embargo, para las asambleas queda claro que se trata de energía para la empresa Barrick Gold y otras mineras, ya que "la zona de Caracoles está llena de proyectos mineros". La inminente apertura del proyecto minero binacional Pascua Lama tiene directa relación con la creciente necesidad de energía y el apresuramiento en los tiempos de construcción de Caracoles, que incluso ha sido denunciado por incumplir normas de seguridad a partir de ese apuro.
 

-¿Qué relación tienen con la prensa de San Juan, pueden hacer denuncias como lo relacionado a Caracoles?
Salvo algunos periodistas, que son perseguidos, no te dan cabida. El Diario de Cuyo siempre está del lado del poder, es más, es antisanjuanino por el daño terrible que ha hecho con sus mentiras hasta generar un quiebre de nuestra identidad.

-¿Qué expectativas tienen para la UAC 9?
Nuestra mayor expectativa es con la gente, que vengan de todas partes y con toda la fuerza a plantear sus problemáticas y a apoyar nuestras problemáticas locales.

También que se logre avanzar en la UAC hacia una posición todavía más nacional. Venimos de las experiencias de las asambleas, luego de las regionales, y ahora queremos consolidar un frente más nacional, ya que ellos siempre son "uno", es decir, que la forma de trabajar de las transnacionales es la misma, cualquiera sea el enclave que tengan. Entonces nosotros tenemos que unificar la lucha manteniendo las identidades.

 

"¿De dónde van a sacar el agua para estos proyectos mineros?"

Asambleas, investigadores y activistas vienen planteando con insistencia la incompatibilidad entre la minería contaminante y actividades productivas como la agricultura y la ganadería debido, entre otras cosas, a la competencia por el uso de un recurso escaso: el agua.

Siguiendo esta línea de trabajo, Biodiversidadla dialogó con el ingeniero Juan José Ramos, presidente de la Asociación de Viñateros y Frutihorticultores Independientes de San Juan, para profundizar la problemática que vive la provincia que será sede de la UAC 9.

 

Ramos explica que "la situación vitivinícola es muy complicada, hace varios años que no tenemos rentabilidad, tenemos un gobierno que no nos ha defendido. Es una economía, en la región San Juan-Mendoza, que la maneja un grupo de no más de cuatro empresas, entre ellas Peñaflor. Si el Estado no media, el grupo monopólico hace lo que quiere con los 20 mil productores de la región". La estrategia estatal es achicar el sector productivo agrícola, concentrarlo, y de ese modo negociar más fácilmente el recurso hídrico.

 

A partir del estrangulamiento económico, los pequeños productores se van diversificando para sobrevivir: "hoy ningún productor tiene solamente uva, sino que siempre tiene otra actividad más aparte, produce melón, ajo, semilla, olivo". Esto impacta en la producción del principal producto, la uva. "Esta última cosecha que estamos terminando va a ser la menor cosecha de uva en los últimos 40 años. Por la baja permanente de la rentabilidad, durante estos cinco últimos años han desaparecido muchísimos productores: el 17% de los pequeños han desaparecido porque no pueden sostener la actividad. Además hemos sido afectados por el cambio climático y por nuevas plagas, lo que hace perder las cosechas".

Resulta sorprendente que San Juan, el principal productor nacional de mosto de uva (teniendo en cuenta que Argentina es el principal exportador mundial de este jugo de uva concentrado) opte por estrangular a sus productores: "Hoy nos encontramos con que no vamos a tener mosto de uva. En San Juan la mitad de la uva se destina para hacer ese jugo". Es que los planes provinciales requieren dar el agua de los productores a otros actores, por eso Ramos afirma que "junto al problema de la falta de rentabilidad vemos avanzar el proyecto minero, que necesita nuestra agua".

 

Según Ramos, esta reasignación del recurso se debe a la escasez: "Cada productor tiene un derecho de agua por ley, asignado por hectárea, y es histórico. Hace muchos años que suspendieron nuevos derechos porque no alcanzaba el agua para cubrir lo que ya se había otorgado. Ahora resulta que a las mineras les están dando el derecho de agua, que es agua que necesitamos para la agricultura. Sumale a eso la modificación del medio ambiente: 60 mil perforaciones de cateo se han hecho en un sólo año en la Cordillera. No hay un centímetro de la cordillera sanjuanina que no esté concesionado. ¿De dónde van a sacar el agua para estos proyectos mineros, cuyo insumo principal es el agua?".

 

Ante este cambio de realidad, los productores salen a protestar, pero los resortes del Estado son utilizados para contener el descontento: "Quienes nos oponemos al proyecto minero no recibimos ninguna ayuda por parte del gobierno. El productor que se queja no recibe nada. Además la situación que vivimos las entidades y los que estamos al frente del reclamo es de amenazas y de permanente presión sobre nuestras fuentes de producción mediante las inspecciones, como pasaba en la época del gobierno militar, tiempos en los que ya participaba en esta actividad y así también tuve consecuencias".

"Los sanjuaninos estamos muy presionados y con el pueblo contenido con las fiestas regionales y las obras públicas. Tenemos fiesta todas las semanas; tuvimos la fiesta del sol, donde se gastaron 14 millones de pesos, llevaron a Susana Giménez para que dijera que la minería es buena. Es muy difícil. Ojalá que el día que el pueblo de San Juan se rebele no sea demasiado tarde, aunque si nos ayudan eso va a ser antes", finaliza Ramos". Fuente: www.biodiversidadla.org /13-4-09

La problemática ambiental, social y económica actual tiene causa en el capitalismo que es un modelo económico depredador con efectos devastadores en la degradación y agotamiento de los recursos naturales, así como en la generación de la inmensa pobreza reinante en la mayoría de la población mundial. Esto ha provocado en un planeta que ha sido generoso en recursos para garantizar un mínimo de bienestar a la mayoría de la población mundial.

En procura de otro país y otro mundo posibles, los conceptos claves son: Bienestar y Calidad de vida. La forma como elegimos desarrollarnos, o desenvolvernos en el territorio que ocupamos tendrá consecuencias económicas, sociales y ambientales, consecuencias que se manifiestan y tiene su expresión más fiel en el paisaje o espacio geográfico.

El «ecosociodesarrollo» es una propuesta de gestión democrática de la producción de bienes y servicios básicos y esenciales para la mayoría de la población de un determinado territorio, sea el municipio, la región, países o el ecosistema Tierra, con la premisa de que para poder pensar en el bienestar del ser humano, calidad de vida a largo plazo, debemos pensar previamente en la preservación del medio físico que le da la base natural de recursos para producir ese bienestar, y absorbe los subproductos contaminantes y degradantes generados en el proceso, ya que manteniendo la integridad del entorno se garantiza el bienestar tanto de las generaciones presentes como futuras.

Es importante dejar claro que “calidad de vida” y “nivel de desarrollo” son conceptos relativos y subjetivos. Cada población, sociedad o grupo debe definir lo que considera calidad de vida, por supuesto, teniendo en cuenta que su “bienestar”, no puede estar basado en la degradación de la calidad de vida de otros grupos, sociedades o poblaciones, ya que lo haría tremendamente injusto, por lo tanto insustentable.

Tales derechos  debemos conquistarlos nosotros mismos, luchar por ellos, no será gratis su alcance, implica luchas nacionales contra los explotadores y opresores.

La «soberanía alimentaria» parte de la idea de los derechos humanos, económicos y sociales que poseen todas las personas; entre los que se incluye el derecho a la alimentación. Al idearla  Vía Campesina asume el enfrentamiento de dos modelos existentes en el mundo rural.

Es un conflicto de «modelos económicos de desarrollo». El contraste entre el modelo dominante, basado en la agro-exportación y libre mercado, versus el «modelo de soberanía alimentaria», no puede ser más desolador. En la práctica, en cada uno de los temas relacionados con la alimentación, la agricultura y la vida rural, las posiciones son bastante contradictorias.

 

Mientras un modelo ve a los agricultores familiares como un curioso pero ineficiente anacronismo que debería desaparecer con el desarrollo y la modernización, el otro modelo los ve como las base de las economías locales, de los mercados internos que permiten a las potencias industriales y económicas de hoy en día como los Estados Unidos, Japón, China y Corea del Sur desarrollarse y ponerse en marcha.

 

Con respecto al hambre, un modelo ve el aumento de las exportaciones desde las inmensas plantaciones de los ricos, como la manera de generar las divisas necesarias para importar comida barata destinada a los hambrientos; mientras que el otro modelo ve la conversión de las tierras de cultivo que una vez pertenecieron a los agricultores familiares, campesinos y gentes indígenas para exportar las cosechas, como la fuerza impulsora del crecimiento del hambre y la miseria en el campo.

 

Por último, mientras el modelo dominante está basado en el monocultivo a gran escala y el uso intensivo de insumos químicos, con cosechas de productos transgénicos, el modelo de soberanía alimentaria, destaca como las prácticas de las grandes explotaciones industriales, acaban destrozando la tierra de las futuras generaciones, y deterioran una mezcla muy rica de conocimiento tradicional y sustentable de prácticas agrarias basadas en la agroecología.

 

El desarrollo rural integrado y sostenible está asociado en forma directa a  la soberanía alimentaria y debido a que la sustentabilidad, excede la mera conservación de los recursos naturales y del medio ambiente, se  convierte en la expresión de un desarrollo económico y social estable y equitativo. Mira hacia:

Al favorecer un sistema productivo diversificado, que mantenga el paisaje rural y productivo e intercale estos elementos con el trabajo del hombre, permite mantener la calidad ambiental y  sus servicios, preservar la biodiversidad, proteger el recurso suelo, administrar sosteniblemente la cuenca y sostener a la familia en el campo.

 

La Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), en su IX Encuentro, se propone:

 

5. Protagonismo popular a recuperar

El poder de los de abajo de organizar la sociedad y el país en acuerdo a atender el buen vivir de todos, sin discriminación de tipo alguno, arranca de asumirse sujetos de derechos y sujetos históricos que deciden y crean el presente-futuro en común. Pero, entonces, cabe el compromiso compartido de:

 

a) ¡No! al capitalismo;  ¡Sí! a la vida y dignidad de los de abajo como socialismo a crear

 

Fernando Martínez Heredia (ruthcuadernos.org), en “Socialismo”, plantea:

"Las profundas diferencias existentes entre el socialismo elaborado en regiones del mundo desarrollado y el producido en el mundo que fue avasallado por la expansión mundial del capitalismo han conducido durante el siglo XX a grandes desaciertos teóricos y políticos, y a graves desencuentros prácticos. El camino de la transición socialista de los países pobres exige:

Negar la ilusión de que la sola expropiación de los instrumentos del capitalismo permitirá construir una sociedad que lo «supere», y negarse a «cumplir etapas intermedias» supuestamente «anteriores» al socialismo. Es decir, a este socialismo le es ineludible trabajar por la creación de una nueva concepción de la vida y del mundo, al mismo tiempo que se empeña en cumplir con sus prácticas más inmediatas.(…)

Dos concepciones del socialismo

Entre tantos problemas que porta el concepto de socialismo, he seleccionado sólo algunos para esta exposición.

La vertiente interpretativa del marxismo originario que privilegió la determinación de los procesos sociales por la dimensión económica fue la más influyente a lo largo de las experiencias socialistas del siglo XX. Entre sus corolarios teóricos fueron centrales los de la «obligada correspondencia entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción», la cuantificación «técnico-material» de las bases de la «construcción del socialismo» y la supuesta ley de «satisfacción creciente de las necesidades». La llamada Economía Política del Socialismo llegó a codificar en un verdadero catecismo estos y otros preceptos de mayor o menor generalidad.

Pero el tema del desarrollo, que floreció y tuvo un gran auge en el tercer cuarto del siglo XX, replanteó el asunto al pensar la relación entre socialismo y desarrollo desde la situación y los problemas de los países que se liberaban en el llamado Tercer Mundo.

Entre polémicas y aportes, se avanzó en el conocimiento del formidable obstáculo al desarrollo constituido por el sistema imperialista mundial, el neocolonialismo y el llamado subdesarrollo.

 

En cuanto a la relación desarrollo-socialismo, la concepción que aplicaba los principios citados entendió que el primero debía preceder al segundo, es decir, que el desarrollo de la «base económica» sería la base del socialismo. Fidel Castro y Che Guevara estuvieron entre los opuestos a esas ideas, desde la experiencia cubana y como parte de una concepción de la revolución socialista que articulaba la lucha en cada país, la especificidad del Tercer Mundo y el carácter mundial e internacionalista del proceso. Guevara desarrolló un análisis crítico del socialismo de la URSS y su campo, y de su producción teórica, como parte de una posición teórica socialista basada en una filosofía marxista de la praxis, y en experiencias en curso.

 

Ha habido dos maneras diferentes de entender el socialismo en el mundo del siglo xx. Ellas han estado muy relacionadas entre sí, se han reclamado del mismo origen teórico, y no han sido excluyentes. Expongo, sin embargo, los rasgos principales que permiten afirmar que se trata de dos entidades distintas.

 

La primera es un socialismo que pretende cambiar totalmente el sistema de relaciones económicas, mediante la racionalización de los procesos de producción y de trabajo, la eliminación del lucro, el crecimiento sostenido de las riquezas y la satisfacción creciente de las necesidades de la población. Se propone eliminar el carácter contradictorio del progreso, cumplir el sentido de la historia, consumar la obra de la civilización y el ideal de la modernidad. Su material cultural previo han sido tres siglos de pensamiento avanzado europeo, que aportaron los conceptos, las ideas acerca de las instituciones guardianas de la libertad y la equidad, y la fuente de creencias cívicas de Occidente.

 

Este socialismo propone consumar la promesa incumplida de la modernidad, introduciendo la justicia social y la armonía universal. Para lograrse, necesita un gran desarrollo económico y una gran liberación de los trabajadores, hasta el punto en que la economía deje de ser medida por el tiempo de trabajo. Bajo este socialismo la democracia sería puesta en práctica a un grado muy superior a lo logrado por el capitalismo, aun por sus proyectos más radicales. Libertades individuales completas, garantizadas, instituciones intermedias, contrapesos, control ciudadano, extinción progresiva de los poderes. En una palabra, toda la democracia y toda la propuesta comunista de una asociación de productores libres. Su presupuesto es que al capitalismo no le es posible racionalmente la realización de aquellos fines tan altos: solo el socialismo puede hacerlos realidad.

 

La otra manera de entender el socialismo ha sido la de conquistar en un país la liberación nacional y social, derrocando al poder establecido y creando un nuevo poder, ponerle fin al régimen de explotación capitalista y su sistema de propiedad, eliminar la opresión y abatir la miseria, y efectuar una gran redistribución de las riquezas y de la justicia. Sus prácticas tienen otros puntos de partida. Sus logros fundamentales son el respeto a la integridad y la dignidad humana, la garantía de alimentación, servicios de salud y educación, empleo y demás condiciones de una calidad de la vida decente para todos, y la implantación de la prioridad de los derechos de las mayorías y de las premisas de la igualdad efectiva de las personas, más allá de su ubicación social, género, raza y edad. Garantiza su orden social y cierto grado de desarrollo económico y social mediante un poder muy fuerte y una organización revolucionaria al servicio de la causa, honestidad administrativa, centralización de los recursos y su asignación a los fines económicos y sociales seleccionados o urgentes, búsqueda de relaciones económicas internacionales menos injustas y planes de desarrollo.

Este socialismo debe recorrer un duro y largo camino en cuanto a garantizar la satisfacción de necesidades básicas, la resistencia eficaz frente a sus enemigos y a las agresiones y atractivos del capitalismo, y enfrentar las graves insuficiencias emergentes del llamado subdesarrollo y de los defectos de su propio régimen. Al mismo tiempo que realiza todas esas tareas y no después debe fundar instituciones y cultura democráticas, y un estado de derecho. En realidad está obligado a crear una nueva cultura diferente y opuesta a la del capitalismo.

En el ambiente del primer socialismo se privilegia la significación burguesa del Estado, la nación y el nacionalismo: se les condena como instituciones de la dominación y la manipulación. En el ambiente del segundo, la liberación nacional y la plena soberanía tienen un peso crucial porque:

La acción y el pensamiento socialistas han debido derrotar al binomio dominante nativo-extranjero, liberar las relaciones y las subjetividades de sus colonizaciones, y arrebatarle a la burguesía el control del nacionalismo y el patriotismo.

Para el segundo socialismo es vital combinar con éxito las ansias de justicia social con las de libertad y autodeterminación nacional. El poder del Estado le es indispensable, sus funciones aumentan fuertemente y su imagen crece mucho, a veces hasta grados desmesurados. Las profundas diferencias existentes entre el socialismo elaborado en regiones del mundo desarrollado y el producido en el mundo al que avasalló la expansión mundial del capitalismo han conducido durante el siglo XX a grandes desaciertos teóricos y políticos, y a graves desencuentros prácticos.

La explotación del trabajo asalariado y la misión del proletariado tienen lugares prioritarios en la ideología del primer socialismo; para el segundo, lo central son las reivindicaciones de todos los oprimidos, explotados, marginados o humillados.

Éste es otro lugar de tensiones ideológicas, contradicciones y conflictos políticos entre las dos vertientes, en la comprensión del socialismo y en establecer sus campos de influencia, con una larga historia de confusiones, dogmatismos, adaptaciones e híbridos. Sin embargo, las construcciones intelectuales influidas por la centralidad de la explotación capitalista y de la actuación proletaria han contribuido sensiblemente a la asunción del necesario carácter anticapitalista de las luchas de las clases oprimidas en gran parte del mundo colonizado y neocolonizado.

 

Pero para el segundo modo de socialismo, el cambio profundo de las vidas de las mayorías es lo fundamental, y no puede esperar, cualquiera que sea el criterio que se tenga sobre las estructuras sociales y los procedimientos utilizados para transformarlas, o los debates que con toda razón se produzcan acerca de los riesgos implicados en cada posición. Y esto es así, porque la fuerza de este tipo de revolución socialista no está en una racionalidad que se cumple, sino en potenciales humanos que se desatan.

 

La libertad social pongo el acento en «social» es priorizada en este socialismo, como una conquista obtenida por los propios participantes, más que las libertades individuales y la trama lograda de un estado de derecho. Es una libertad que se goza, o que le hace exigencias a su propio poder revolucionario en los planos sociales, y es la que genera mejores autovaloraciones y más expectativas ciudadanas. La legitimidad del poder está ligada a su origen revolucionario, a un gran pacto social de redistribución de las riquezas y las oportunidades que está en la base de la vida política, y a las capacidades que demuestre ese poder en campos diversos, como son encarnar el espíritu libertario que se ha dejado encuadrar por él, guiarse por la ética revolucionaria y por principios de equidad en el ejercicio del gobierno, mantener el rumbo y defender el proyecto.

 

El segundo modo de socialismo no puede despreciar el esfuerzo civilizatorio como un objetivo que sería inferior a su proyecto liberador. Debe proporcionar alimentación, ropa, zapatos, paz, empleo, atención de salud e instrucción sin discriminar a nadie, pero enseguida todos quieren leer diarios, y hasta libros, y en cuanto se enteran de que existe la internet, quieren navegar en ella. Se levantan formidables contradicciones ligadas íntimamente al propio desarrollo de esta sociedad. Cito sólo algunas. La disciplina capitalista del trabajo es abominada mucho antes de que una cultura productiva y una alta conciencia del papel social del trabajo puedan sustituirla. La humanización del trabajo y el auge de la calificación de las mayorías no son respaldadas suficientemente por los niveles técnicos y tecnologías con que se cuenta. Los frutos del trabajo empleado, el tesón y sacrificios conscientes y el uso planeado de recursos pueden reducirse mucho por las inmensas desventajas del país en las relaciones económicas internacionales. Los individuos son impactados en sus subjetividades por un mundo de modernizaciones que cambia sus valores, necesidades y deseos, y se dedican conscientemente a labores cuya retribución personal es más bien indirecta y de origen impersonal.

 

El sistema puede aparecer frente a ellos entonces como un poder externo, dispensador de beneficios y dueño del timón de la sociedad, que conduce con benévolo arbitrio. Porque la cultura «moderna» implica también individualismo exacerbado, y cada uno debe vivir en soledad la competencia, los premios o castigos, el interés y el afán de lucro, el éxito o el fracaso. La mundialización del incremento de las expectativas entre otras tendencias homogeneizadoras sin bases reales suficientes, que no puedo tratar aquí es muy rápida hoy, y suele constituir un arma de la guerra cultural mundial imperialista.

 

La transición socialista de los países pobres devela pues lo que a primera vista parecería una paradoja: el socialismo que está a su alcance y el proyecto que pretende realizar están obligados a ir mucho más allá que el cumplimiento de los ideales de la razón y la modernidad, y de entrada deben moverse en otro terreno. Su camino exige negar que la nueva sociedad sea el resultado de la evolución del capitalismo, negar la ilusión de que la sola expropiación de los instrumentos del capitalismo permitirá construir una sociedad que lo «supere» y negarse a «cumplir etapas intermedias» supuestamente «anteriores» al socialismo. Es decir, a este socialismo le es ineludible trabajar por la creación de una nueva concepción de la vida y del mundo, al mismo tiempo que se empeña en cumplir con sus prácticas más inmediatas.

 

Necesidades y problemas actuales de la creación del socialismo

Y entonces aparece también otra cuestión principal. Del mismo modo que todas las revoluciones anticapitalistas triunfantes desde fines de los años 40 del siglo XX sucedieron en el llamado Tercer Mundo, es decir, fuera de los países con mayor desarrollo económico sin hacer caso de la doctrina que postulaba lo contrario, el socialismo factible no depende de la evolución progresiva del crecimiento de las fuerzas productivas, su «correspondencia con las relaciones de producción» y un desarrollo social que sea consecuencia del económico, sino de un cambio radical de perspectiva.

 

La transición socialista se enfrenta aquí a un doble enemigo. Uno es la persistencia de relaciones mercantiles a escala internacional y nacional, que tiende a perpetuar los papeles de las naciones y los individuos basados en el lucro, la ventaja, el egoísmo y el individualismo, y sus consensos sociales acerca de la economía, el dinero, el consumo y el poder. El otro es la insuficiencia de capacidades de las personas, relaciones e instituciones, resultante de la sociedad preexistente, para realizar las grandes y complejas tareas necesarias. El subdesarrollo tiende a producir un socialismo subdesarrollado; el mercantilismo, un socialismo mercantilizado. Las combinaciones de ambos son capaces de producir frutos peores. Es forzoso que en este tipo de transición socialista las «leyes de la economía» no sean determinantes; al contrario, la dimensión económica debe ser gobernada por el poder revolucionario, y este debe ser una conjunción de fuerzas sociales y políticas unificadas por un proyecto de liberación humana.

 

Es preciso calificar desde esa perspectiva los factores necesarios para emprender la transición socialista y avanzar en ella, y manejarlos de manera apropiada. Brindo ejemplos. Derribar los límites de lo posible resulta un factor fundamental, y que se torne un fenómeno masivo la confianza en que no existen límites para la acción transformadora consciente y organizada. Dentro de lo posible se consiguen modernizaciones, pero la transición que se conforma con ellas solo obtiene al final modernizaciones de la dominación y nuevas integraciones al capitalismo mundial. Los procesos educativos tampoco se pueden «corresponder» con el nivel de la economía: deben ser, precisamente, muy superiores a ella y muy creativos. Esta educación socialista no se propone formar individuos para obedecer a un sistema de dominación e interiorizar sus valores; al contrario, debe ser un territorio antiautoritario a la vez que un vehículo de asunción de capacidades y de concientización, una educación que está obligada a ser superior a las condiciones de reproducción de la sociedad, precisamente porque debe ser creadora de nuevas fuerzas para avanzar más lejos en el proceso de liberación.

Sintetizo preguntas sobre cuestiones principales: ¿el desarrollo económico es un presupuesto del socialismo, o el socialismo es un presupuesto de lo que hasta ahora hemos llamado desarrollo económico? ¿Qué objetivos puede y debe tener realmente la «economía» de los regímenes de transición socialista? ¿Qué crítica socialista del desarrollo económico es necesaria en este siglo XXI? ¿Cómo puede ser manejada con efectividad la conflictividad de las relaciones con los recursos y el medio natural por una posición ambientalista socialista? En otro campo de preguntas: ¿a través de la profundización de la democracia se marcha hacia el socialismo, o a través del crecimiento del socialismo se marcha hacia la profundización de la democracia? ¿Cómo pasar de la dictadura revolucionaria que abre caminos a la liberación humana, a formas cada vez más democráticas que con sus nuevos contenidos y procedimientos aseguren la preservación, continuidad y profundización de aquellos caminos? ¿Cómo evitar que el subdesarrollo, las relaciones mercantiles, el burocratismo, los enemigos externos, tejan la red en la cual el proceso sea atrapado y desmontado? ¿Cómo lograr y asegurar que la transición socialista incluya sucesivas revoluciones en la revolución?

 

No quisiera terminar sin expresar mi posición, a la vez que reconocer la difícil situación en que se encuentra el ideal socialista, y por tanto su concepto, en la coyuntura actual. La palabra socialismo se utiliza poco, incluso en medios sociales avanzados; algunos prefieren aludir a su contenido sin mencionarla expresamente, sobre todo cuando quieren ser persuasivos. Una pregunta pertinente es: ¿qué tiene que ver hoy el socialismo con nosotros?

Opino que la única alternativa práctica, realmente existente, al capitalismo es el socialismo, y no la desaparición o el «mejoramiento» de lo que llaman globalización, que suele ser una vaga referencia al grado en que el capitalismo trasnacional y de dinero parasitario ejerce su dominación en el mundo contemporáneo. Tampoco considero una alternativa suficiente el fin del neoliberalismo, palabra que hoy sirve para describir determinadas políticas y la principal forma ideológica que adopta el gran capitalismo. Esos conceptos no son inocentes, el lenguaje nunca lo es. Cuando se acepta que «la globalización es inevitable» se está ayudando a escamotear la conciencia de las formas actuales de la explotación y la dominación imperialista, es decir, el punto a que ha llegado en su larga historia de mundializaciones, en una gama de modalidades que va del pillaje abierto a los dominios sutiles. A la vez, se da categoría de fenómeno natural a una despiadada forma histórica de aplastar a las mayorías, como si se tratara del clima.

 

En su guerra cultural mundial, el capitalismo intenta imponerle a todos incluidos sus críticos un lenguaje que condena a los pensamientos posibles a permanecer bajo su dominación. El rechazo al neoliberalismo expresa un avance muy importante de la conciencia social, y puede ser una instancia unificadora para acciones sociales y políticas. Pero el capitalismo es mucho más abarcador que el neoliberalismo: incluye todas las ventajas «no liberales» que obtiene de su sistema de expoliación y opresión económica, sus poderes sobre el Estado, la política, la información y la formación de opinión pública, la escuela, el neocolonialismo, sus instrumentos internacionales, su legalidad y su terrorismo, la corrupción y la «lucha» contra ella, etcétera. Es por su propia naturaleza que este sistema resulta funesto para la mayoría de la población del planeta y para el planeta mismo, y no por sus supuestas aberraciones, una malformación que puede ser extirpada o un error que pueda enmendarse.

 

El capitalismo ha llegado a un momento de su desarrollo en que ha desplegado todas sus capacidades con un alcance mundial, pero su esencia sigue siendo la obtención de la ganancia y el afán de lucro, la dominación, explotación, opresión, marginalización o exclusión de la mayoría de las personas, la conversión de todo en mercancía, la depredación del medio, la guerra y todas las formas de violencia que le sirven para imponerse, o para dividir y contraponer a los dominados entre sí. Lo más grave es el carácter parasitario de su tipo de expansión, centralización y dominación económica actual, y el dominio de Estados Unidos sobre el sistema. Ellos están cerrando las oportunidades a la competencia y la iniciativa que eran inherentes al capitalismo, a su capacidad de emplear a las personas; están vaciando de contenido su democracia y liquidando su propio neocolonialismo. Le cierran las oportunidades de satisfacer sus necesidades básicas a más de la cuarta parte de la población mundial, y a la mayoría de los países el ejercicio de su soberanía plena, de vida económica y social propia y de proyectos nacionales.

 

Es cierto que en la etapa reciente las luchas populares han sufrido numerosos descalabros en el mundo, y el capitalismo ha parecido más poderoso que nunca, aunque en realidad porta grandes debilidades y está acumulando elementos en su contra.

El mayor potencial adverso a la dominación es la enorme cultura acumulada de experiencias de contiendas sociales y políticas y de avances obtenidos por la Humanidad, cultura de resistencias y rebeldías que fomenta identidades, ideas y conciencia, y deja planteadas inconformidades y exigencias formidables y urgentes. Todo eso favorece la opción de sentir, necesitar, pensar y luchar por avances y creaciones nuevas. Los principales enemigos internos de las experiencias fallidas de transición socialista han sido la incapacidad de ir formando campos culturales propios, diferentes, opuestos y superiores a la cultura del capitalismo y no solamente opuestos, y la recaída progresiva de esas experiencias en modos capitalistas de reproducción de la vida social y la dominación. Mientras, el sistema desplegó su paradoja: lograr un colosal y muy cautivador dominio cultural, y al mismo tiempo ser cada vez más centralizado y más excluyente, producir monstruosidades y monstruos, ahogar sus propios ideales en un mar de sangre y lodo, y perder su capacidad de promesa, que fue tan atractiva.

 

Por eso trata hoy de consumar el escamoteo de todo ideal y toda trascendencia, y reducir los tiempos al presente, sin pasado ni futuro, para impedirnos recuperar la memoria y formular los nuevos proyectos, esas dos poderosas armas nuestras.

Sólo podrá salvar a la humanidad la eliminación de ese poder, y un trabajo creador, abarcador y muy prolongado contra la pervivencia de su naturaleza. La única propuesta capaz de impulsar tareas tan ineludibles y prodigiosas es el socialismo.

Pero esta afirmación del socialismo es una postulación, que debe enfrentarse a un fuerte grupo de preguntas y desafíos. El socialismo ¿es una opción realizable, es viable? ¿Puede vivir y persistir en países o regiones del mundo, sin controlar los centros económicos del mundo? ¿Es un régimen político y de propiedad, y una forma de distribución de riquezas, o está obligado a desarrollar una nueva cultura, diferente, opuesta y más humana que la cultura del capitalismo? Por su historia, ¿no está incluido también el socialismo en el fracaso de las ideas y las prácticas «modernas» que se propusieron perfeccionar a las sociedades y las personas? No hay que olvidar ni disimular ninguno de esos desafíos, precisamente para darle un suelo firme a la idea socialista, sacar provecho a sus experiencias y tener más posibilidades de realizarla". Fuente: www.rebelion.org /Opinión. La izquierda a debate/ 13-7-09

 

 

b) ¡No! a delegar el poder de decisión; ¡Sí! a direcciones surgidas de, y obedientes a, los de abajo

 

Gustavo Fernández Colón, en "El gran dilema de la revolución venezolana: ¿Verticalismo burocrático o protagonismo popular?", dice:
"Comparto la opinión de un conjunto de pensadores de izquierda para quienes el proyecto civilizatorio de la modernidad está agotado (tanto la modernidad capitalista como la socialista burocrática, cuya última expresión ecléctica es el "socialismo de mercado" chino), en virtud de los múltiples callejones sin salida en los que se encuentra atrapada: la desigualdad social extrema y la exclusión de tres cuartas partes de la humanidad de los beneficios del llamado "progreso", la mercantilización de las relaciones sociales y la degradación del ciudadano a la condición de consumidor, la concentración creciente de poder en manos de las corporaciones transnacionales, la disolución de las identidades culturales de los pueblos no occidentales, la guerra genocida como estrategia de imposición de los intereses del gran capital y el más terrible de los efectos del desarrollismo: la destrucción ecológica que amenaza con hacer insostenible la vida sobre la tierra en las próximas décadas. La variante socialista-burocrática de la modernidad contribuyó muy poco a solventar tales problemas, cuando no ayudó más bien a agravar muchos de ellos (piénsese en el desastre nuclear de Chernóbil, por ejemplo).

De ahí la enormidad del reto de construir un socialismo del siglo XXI que haga verdaderamente factible la superación de estas amenazas a la sobrevivencia física y la dignidad espiritual de todos los pueblos del mundo.

Este preámbulo es apenas un esbozo de justificación para mi conclusión de que cualquier partido pretendidamente revolucionario (bien sea único o en alianza con otros partidos), estructurado piramidalmente sobre la base de la diferenciación funcional entre cuadros dirigentes y masa militante, entre representantes y representados y con una ideología monolítica, sólo puede presumir "bondades" si es evaluado desde los parámetros de la modernidad o, en otras palabras, si es concebido y valorado desde el paradigma mecanicista que ha gobernado a la mentalidad moderno-burguesa desde los tiempos de Descartes y Newton (en el ámbito de las ciencias naturales) y Hobbes, Smith y Ricardo (en el ámbito de las ciencias sociales).

 

Este modelo de pensamiento, hoy superado por la revolución acontecida en todas las esferas del conocimiento en el siglo XX, ha servido de fundamento a las ideologías y las prácticas económicas, políticas y sociales tanto de la derecha liberal como de la izquierda burocrática. La noción de "individuo" del pensamiento de derecha lo mismo que la idea de "masa" de cierto pensamiento de izquierda, forman parte de este ciclo histórico que está llegando a su fin y que nos exige pensar y practicar el socialismo del siglo XXI de una manera distinta, "original" como diría el maestro Don Simón Rodríguez.

Si, por el contrario, estamos convencidos de que la modernidad ha fracasado o al menos ya no está en capacidad de darle cumplimiento a las aspiraciones de liberación, justicia y felicidad de la humanidad del siglo XXI, entonces la creencia de que el partido moderno con su estructura verticalista-burocrática (independientemente de que se trate de un partido único o de varios partidos) es un instrumento político idóneo para superar las relaciones de dominación capitalistas, sólo puede calificarse como una repetición de las fallidas fórmulas que condujeron a la crisis civilizatoria que nos envuelve".

Responde a las preguntas:

A."¿Considera posible la creación de un partido que, tal como sucede con el socialismo planteado, tenga características distintivas que minimicen los riesgos que usted enumera?

Cualquier partido con las características ya mencionadas, sólo contribuiría a reproducir o bien la estructura de poder de la democracia representativa (si su orientación es “centrista” o “derechista”) o bien la del socialismo burocrático (si su orientación es de “izquierda” –aunque, a la luz de lo dicho, el viejo izquierdismo termina siendo también derechista o conservador-).

 

No olvidemos que la “democracia representativa” ha resultado hasta el presente el modo de organización política más funcional a la lógica del sistema capitalista, pues convierte al ciudadano en un consumidor pasivo de ofertas inocuas (como la tarjeta “Mi Negra”, por ejemplo), mercadeadas en tiempos de elecciones por candidatos que nunca serán más que gestores complacientes de los intereses de los grupos sociales hegemónicos.

 

Pero, por otra parte, no olvidemos tampoco que el socialismo burocrático fracasó en su intento de abolir la lógica explotadora de la sociedad capitalista y produjo más bien una nueva clase dominante, constituida por el estamento dirigente del partido único que, al mismo tiempo, controlaba el aparato del estado; fracasó al degenerar en un pesado centralismo que terminó asfixiando la capacidad de respuesta del naciente estado revolucionario y estrangulando el impulso inicial hacia la autogestión comunitaria sintetizado en la consigna "todo el poder para el pueblo"; fracasó al copiar el modelo tecno-productivo y tecno-militar del capitalismo occidental, creyendo acríticamente, que la organización tecnológica del capitalismo podría insertarse dentro de un modo de producción alternativo, sin que esta asimilación reprodujera las relaciones de dominación capitalistas; en síntesis, fracasó al permitir que la burocracia estatal secuestrara el poder originario del pueblo y pulverizara la participación y el protagonismo de las comunidades de base, con la aplanadora de un partido monolítico, verticalista y estructuralmente incapacitado para metabolizar los disensos.

La organización política de las sociedades socialistas del siglo XXI deberá parecerse más, en mi criterio, a una confederación de comunidades o a una red de organizaciones sociales de diversa índole, con distintos intereses e ideologías (por ejemplo: organizaciones indígenas, afrodescendientes, campesinas, populares-urbanas, de mujeres, ecológicas, sindicales, de artesanos y productores, etc.). Deberá privilegiar la horizontalidad y el diálogo permanente como criterios orientadores de la construcción del nuevo estado, y no la verticalidad y la homogeneización ideológica que sólo es posible mediante la instauración del dogmatismo y la represión del disenso. Deberá fomentar la diversidad flexible antes que la concentración rígida de cualquier clase de poder (económico, científico-técnico, comunicacional, político, religioso, cultural, militar, etc.).

En consecuencia, el reto radica en crear un modelo socio-político que elimine o reduzca al mínimo las alcabalas comunicacionales que, en las organizaciones modernas, mantienen desarticulados a los individuos ubicados en la base de la dirigencia que toma las decisiones en la cima. Un modelo que permita el reconocimiento pleno de las diferencias y que asuma el disenso como fundamento de la dialéctica del pensamiento y la cultura. Un modelo basado en la vocería ejercida por integrantes naturales de las comunidades populares y no en la representación asumida por burócratas de oficio. En fin, un modelo que haga posible la construcción social de los fines y los medios de la vida colectiva y que valore la legitimidad de los saberes, expectativas y visiones del mundo nacidos del alma plural de los pueblos.

De este planteamiento acerca del modelo social equitativo, democrático y sustentable hacia el que aspiramos evolucionar se deriva una pregunta crucial: ¿cómo ha de ser la transición desde el actual orden social moderno-capitalista hacia la sociedad socialista del siglo XXI? No hay recetas preelaboradas para el cumplimiento exitoso de esta transición, pues las fórmulas ensayadas hasta el presente no han conseguido producir la transformación civilizatoria anhelada. Sólo me atrevo a señalar que el medio o instrumento utilizado para alcanzar nuestra meta, debe ser consistente con el fin perseguido. Y si ese “otro mundo posible” que soñamos ha de fundarse en la solidaridad, la equidad, el diálogo, el protagonismo popular y el respeto a las diferencias, las estrategias o medios que se utilicen (como el partido político, por ejemplo) no pueden contradecir estos valores, pues estaríamos condenándonos a nosotros mismos a errar el camino".

B. ¿No considera usted que es necesaria una estructura centralizada que coordine los aspectos políticos e ideológicos que deben desarrollarse para que nuestro proceso pueda alcanzar sus fines?

Por supuesto que es necesario contar con una instancia central de coordinación de la toma de decisiones y la ejecución de políticas de interés colectivo, pero ello no requiere en lo absoluto la existencia de un partido verticalista y burocrático ni una ideología monolítica. Lo importante, en mi opinión, es la conformación de una estructura lo más horizontal, flexible y diversificada posible, ajustable en función de la evolución de los retos del entorno. Ha de ser una red que permita un flujo permanente de información en todas las direcciones, entre las distintas organizaciones sociales y las instancias de coordinación política, así como el debate y la consulta permanente en todos los niveles del sistema.

 

Ello no implica, repito, la fijación de un marco ideológico dogmático sino más bien el establecimiento de un consenso acerca de las pautas operativas y los procedimientos democráticos de debate, negociación y toma de decisiones dentro de la red. Los fines de la acción colectiva se construirán y ajustarán, en cada coyuntura, sobre la base del procesamiento dialógico de los disensos y no de la imposición a la totalidad social de un cuerpo de preceptos fijado unilateralmente por una vanguardia. En todo caso, el fundamento ideológico del socialismo del siglo XXI será de orden ético y deberá reflejar, en todas sus ejecutorias, los valores humanísticos de la equidad, la soberanía, el respeto a la diversidad, la participación y el protagonismo popular, tal y como están expresados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

La historia nos enseña que los pueblos indígenas americanos que resultaron más rápidamente sometidos por los conquistadores españoles, fueron aquellos cuya organización socio-política respondía a un modelo piramidal-burocrático (aztecas e incas, por ejemplo); mientras que los organizados en forma de redes horizontales de comunidades autogestionarias (como los pueblos caribeños y amazónicos) pudieron ofrecer una mayor resistencia a los invasores, hasta el punto de ser considerados hoy en día los pioneros de la estrategia de combate de la guerra de guerrillas en nuestro continente. Estas son lecciones de nuestra historia colectiva que debemos asimilar para avanzar creativamente en la construcción del socialismo indoamericano del siglo XXI, anunciado en sus más recientes proclamas por el líder-presidente Hugo Chávez Frías".
Fuente: http://www.aporrea.org/ideologia/a28479.html /17-12-06

 

c) ¡No! a los feudos-mafias; ¡Sí! a la autogestión y el autogobierno del desarrollo local

 

María de Lourdes Larrea, en Pedagogía crítica para procesos de formación en ciudadanía y desarrollo local” se refiere a:

 

"El desarrollo local en el contexto ecuatoriano¿Hacia dónde va el desarrollo local ?

El derecho al desarrollo sostenible ha sido incluido entre los llamados derechos humanos de tercera generación como uno de los derechos humanos fundamentales del siglo XXI. Implica el derecho de todo ser humano y de todos los pueblos a una existencia digna en un medio ambiente sano, lo cual se resume en el derecho a la calidad de la vida y el bienestar.

 

En Ecuador, un país con índices de pobreza alarmantes, el tema del desarrollo ha sido una constante, pero abordado tradicionalmente

en forma paternalista, verticalista y asistencialista. El asistencialismo, con ayuda externa, que se entronizó por décadas en los proyectos hacia los más pobres, generalmente indígenas, sirvió eficazmente a experimentos de hegemonización y contrainsurgencia, logrando con éxito imponer la cultura del mendigo, romper la organización popular y reemplazarla, en gran parte, por las organizaciones no gubernamentales de ayuda al desarrollo. Ingentes recursos destinados al desarrollo social han servido para el control ideológico, la aculturación, la inmovilidad social y la creación de grupos de poder al interior de las comunidades.

 

La participación de la población no logra aún desembarazarse de la actitud pasiva de beneficiarios, en procesos cuyas prioridades y modelos son impuestos por las entidades financieras. Elementos como el fracaso de las experiencias de autogestión, el desastre ambiental, la eliminación de los programas sociales estatales, entre otros, llevan en las últimas décadas a problematizar la idea de crecimiento económico y progreso. Las visiones alternativas al aperturismo neoliberal y el mercantilismo de la vida y el ambiente2, por sus efectos devastadores, vienen desde los mismos organismos internacionales, pero son apropiadas y radicalizadas en las nuevas agendas de los oprimidos. Cada vez resulta más clara la contradicción intrínseca entre el estilo de producción y consumo, por una parte, y el bienestar de la población y la sobrevivencia del planeta, por otra. Este debate ha arribado a dos consensos básicos. El primero es que el paradigma de desarrollo integral, con equidad social y manejo sustentable de los recursos naturales, es opuesto al modelo de mercado, que busca aumentar la tasa de ganancia del capital sin importar el costo social y ambiental. El segundo es que en un mundo diverso el desarrollo debe ser diferenciado para cada parcela de la Tierra y cada parcela de la sociedad humana, y que, por lo tanto, no existe una fórmula única de desarrollo.

 

Las prácticas del desarrollo local presentan tres grandes tendencias. La fundada en el discurso neoliberal considera a las localidades

como enclaves para la acumulación global, que de ese modo deben favorecer la inversión externa, compitiendo entre sí en la creación de ventajas en cuanto a flexibilización laboral y fiscal, ausencia de controles ambientales y sociales, apertura a la entrega de recursos y patrimonios genéticos y de biodiversidad a las transnacionales. La corriente neoestructuralista, o neocontractualista, cree en el papel regulador del Estado, especialmente para la mediación capital-trabajo, Estado-sociedad civil y para mejorar las condiciones de vida básicas (educación, salud), brindando un rostro “humano” al capitalismo sin cuestionar el sistema.

 

El enfoque del desarrollo local desde los movimientos sociales y el pensamiento crítico ve al desarrollo local como construcción social;

cuestiona al orden vigente e impulsa programas de redistribución de la riqueza, de solidaridad social, de democracia participativa y de respeto al ambiente; incorpora las nociones del desarrollo humano sustentable y se nutre con las ricas experiencias de otros pueblos de América Latina. En esta visión, el eje principal son los actores sociales, quienes asumen el reto de levantar agendas de desarrollo local, tejer redes y acumular capacidades de incidencia política para lograr modificar las correlaciones de fuerzas en favor de la equidad social.

 

Los sectores populares del país y sus representaciones políticas han aprovechado el proceso de descentralización y desconcentración administrativa y la reforma del Estado, desde sus inicios en los años noventa. Diversas zonas del país testimonian la irrupción de gobiernos locales alternativos, protagonizados en muchos casos por autoridades indígenas, que tienen como fundamento la participación ciudadana, la equidad e interculturalidad, y el desarrollo sustentable. Si bien los logros reales de las gestiones alternativas son desiguales, colocaron en su agenda la participación de la ciudadanía en la definición de objetivos del desarrollo, en la identificación de necesidades y prioridades, en la determinación del gasto, y en la identificación de indicadores de desarrollo ligados al bienestar general.

 

Asambleas, mesas, foros, comités y otras instancias participativas se constituyeron en herramientas de negociación y dirección política,

rescatadas de mano de los grupos de poder oligárquicos".

 

María de Lourdes Larrea propone, ante "la disgregación y la descomposición de las organizaciones, la necesidad de recuperar el protagonismo de la población para el logro, defensa y conquista de sus derechos plenos; es decir, para ejercer una praxis liberadora de sí y del otro.

 

La conquista de los derechos ha avanzado, desde el reconocimiento de los derechos básicos a los económicos y sociales, los específicos de género, de jóvenes, niños, etc., hasta los de última generación: ambientales, sexuales, colectivos. Solamente en la Constitución de 1998, hoy vigente, se dejan sin efecto las discriminaciones expresas, al indicar que todos los ecuatorianos son ciudadanos. La larga lucha indígena logra el reconocimiento de los derechos a las colectividades indígenas y afroecuatorianas, la pluralidad cultural, el plurilingüismo y la administración de justicia comunitaria. A partir de allí, se inicia la ascendente participación indígena con sus representaciones políticas propias. La Constitución introduce la circunscripción territorial y la justicia indígena, importantes espacios de gestión autónoma cuya aplicación aún no es plenamente lograda.

 

En los últimos años asistimos a la visibilización de las diversidades. En la década del noventa fue el mundo indígena; en la presente década, la biodiversidad y la sociodiversidad. En la pasada década el movimiento indígena se fortaleció, ganó respeto a sus formas de organización y cultura, y lideró importantes jornadas de defensa de la soberanía. Por su parte, la intensa y extensa lucha ecologista ha dejado a la luz nuestra megadiversidad, pero también la fragilidad de nuestros ecosistemas. Lentamente se visibilizan otras identidades populares: afroecuatorianos, campesinos pobres de la costa, sectores populares urbanos y jóvenes son, entre otros, actores cruciales en las acciones locales, pero no logran aún el rescate de su identidad múltiple, diversa y rica, cultural y socialmente.

En la complejidad social del Ecuador, la cuestión regional ha sido y es un dato significativo. Todos los rincones del territorio nacional están hoy incorporados, a ritmos desiguales, a la lógica del mercado globalizado, al tiempo que persisten formas tradicionales de producción, circuitos autónomos y percepciones diferentes sobre la modernización. Se hace necesario rescatar una visión integral, a la par que destacar el aporte que todos los grupos realizan a la historia del país y su identidad".

 

En "Repensando el desarrollo local" sugiere:

"Los procesos de desarrollo han de tener en cuenta que las comunidades están hechas de personas poseedoras de características individuales únicas. La intervención sobre la subjetividad resulta fundamental para implementar proyectos de desarrollo, pues estos requieren el compromiso de la mayoría de las voluntades individuales para lograr objetivos comunitarios.

 

La «subjetividad» es una construcción histórico-cultural; el modo en que la persona interactúa con su entorno se halla determinado por los valores generados al interior del modelo social dominante. La preocupación por el desarrollo de la subjetividad democrática, del fortalecimiento de la identidad individual y colectiva, de la transformación en sujetos activos y protagonistas de su historia, es un intento por romper con la apatía y el miedo; vale decir, es educar el miedo e ir más allá de la indignación, de la rabia, y aprovecharlas en favor de humanizarnos. (...)

Las nuevas formas de gestionar el desarrollo local aluden a una participación efectiva de todos los ciudadanos y ciudadanas en el proceso de toma de decisiones en las diversas etapas del desarrollo. A tal efecto, estos actores requieren mostrar capacidades de liderazgo eficaz, surgidas de una identidad con su entorno, su historia y su cultura. Se trata de despertar la inquietud sobre las posibilidades de utilizar los avances de la globalización para darle un rumbo social acorde con el desarrollo local y encontrar el camino hacia una globalización incluyente y solidaria.

 

Para sensibilizar y generar propuestas de economía solidaria, el enfoque consiste en la reflexión sobre los límites de la economía de mercado y sus impactos: exclusión, inequidad, desastre ecológico; y abrir líneas de formulación de formas económicas alternativas locales/ regionales; repasar experiencias concretas, especialmente de formas comunitarias no mercantiles, en la economía andina; y rescatar experiencias solidarias latinoamericanas".

 

Aclara sobre el cómo recuperar el protagonismo popular:"la preocupación por rescatar la culturalidad constituye un elemento propicio para la producción de un discurso centrado en la esperanza, con alternativas de autonomía vinculadas con lo cotidiano. Los espacios locales, la comunidad, el barrio, la ciudad son los lugares desde los cuales los pueblos pueden crear su propia historia y su poder. Es en este cotidiano donde se generan y se defienden la cultura popular, la cultura de los grupos, de los pobres, los nuevos territorios y modelos económicos, en resumen, los nuevos mundos. Nunca antes se había visto en las ciudades medianas y grandes tanta diversidad de personas con tan distintos orígenes (geográficos, étnicos, religiosos, de lenguas, formaciones...), ampliándose así las posibilidades de enriquecer nuestra visión del mundo y aprender en el reconocimiento y respeto del otro a interrelacionarnos de una nueva forma, creando bases para construir nuestro propio y específico modo de vida local, en el que cada grupo tenga su propio espacio, sea importante, apreciado, protagonista y se empodere de su realidad. Estos antecedentes indican que es posible la revalorización de la vida colectiva solidaria por y para los ciudadanos.

 

Es en las localidades urbanas y rurales donde los pobres desarrollan su producción, la misma que no está inserta ni sometida en los circuitos de las trasnacionales. Es aquí donde se han creado redes solidarias, espacios democráticos, mecanismos de defensa de la producción local y formas creativas de distribución de bienes y servicios. Son los espacios propicios para las distintas formas de economía solidaria".

Explica: "La planificación del desarrollo local con inclusión social parte de la constatación de que las propuestas de desarrollo local, para ser exitosas en la construcción de la equidad, deben plantear un enfoque integral e incluyente correspondiente a la complejidad y diversidad social: de género, étnica, generacional, cultural. Del reconocimiento de las múltiples identidades propias, es indispensable pasar al abordaje crítico de las dimensiones de la inequidad, que se manifiestan, por ejemplo, en el acceso y control de los recursos. La planificación con inclusión social supone también considerar las potencialidades que para la equidad tienen la cultura, las construcciones sociales y las respuestas comunitarias.

La potencialidad de la planificación territorial es aportar un abordaje integral de la formación socioespacial, considerando las relaciones

sociales y naturales que han conformado el territorio en la interacción sociedad/espacio. La identidad territorial se enriquece por la identificación del espacio local como producto histórico cultural de relaciones socioespaciales y la reflexión sobre los espacios de globalización y sus expresiones de desterritorialización, sociedad en red, los no-lugares. Las experiencias cotidianas son prácticas propicias para la re-construcción colectiva de la historia de la conformación del espacio ecuatoriano, el territorio y el Estado nacional, saberes necesarios para el ejercicio de ciudadanía.

El enfoque creativo se dirige hacia la identificación de los lugares de la esperanza, la potencialidad de la territorialidad cultural, para culminar en la construcción mental del lugar/país/mundo alternativos por y para los seres humanos a partir de los lugares y de la diversidad, sueño del espacio futuro . En el campo de la gestión local sustentable de los recursos naturales, se trata de reconocer la mega biodiversidad de nuestro país y la responsabilidad de los actores locales en la conservación de ecosistemas frágiles, recuperar las propuestas alternativas y participativas de manejo sustentable y protección de la biodiversidad, especialmente el manejo comunitario e integrado, así como el establecimiento de control de impactos ambientales desde los gobiernos locales.

La recuperación de la cultura, de la historia, de la identidad de nuestros pueblos, de los conocimientos sistematizados o no, permite el

conocimiento del mundo y sentar las bases para la construcción del saber alternativo a la ciencia del opresor. En términos freireanos, diríamos que se trata de la construcción de la epistemología del oprimido. Aportes significativos a tal construcción son la problematización sobre la resistencia de los pueblos, sus propuestas culturales y productivas, sus conocimientos ancestrales, sus formas organizativas, su visión de Futuro.

 

Se trata entonces de lograr una mirada “que corresponda a la condición de los hombres como seres históricos y a su historicidad

[…] para quienes el mirar hacia atrás no debe ser una forma nostálgica de querer volver sino una mejor manera de conocer lo que está siendo, para construir mejor el futuro” (Freire, 1994)".
Fuente: Paulo Freire, contribuciones para la pedagogía/ compilado por Moacir Gadotti - Margarita Victoria Gómez -Jaso Mafra y Anderson Fernándes de Alencar/ 1a ed. - Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales - CLACSO, 2007
http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/campus/freire/11Larrea.pdf