Interbarrial

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Marzo 2008

Propuesta de Interbarrial

 

 

Deliberación pública

sobre

el crecimiento económico en Argentina

 

La acumulación capitalista de las corporaciones imperialistas y sus socios locales arrasa
el presente de muchos y el futuro próximo de la inmensa mayoría de Argentina.

Es hora
de expandir el debate -entre nosotros- a lo largo y ancho del país sobre los cambios radicales
que debemos realizar para garantizar el bienestar en común.

 

El actual crecimiento económico implica avance en la concentración y la desnacionalización
tanto económica como territorial, ponerle fin nos convoca a:

A. Cuestionar, en vez de naturalizar, la realidad existente

 

Julio Sevares (Clarín//Opinión// 12-4-08)  nos habla de cómo las industrias aportan más al crecimiento que el agro.

Dice:

“En el período 2003-2007, el PBI creció un 8,8% promedio, el PBI industrial un 10% y
el agropecuario menos de 6%”.

 

Después de detallar más ese aporte, concluye: “A pesar de la ‹sojización›, el país todavía exporta un 50%
más de vehículos que de soja.
(…)

La industria tiene el 17% de los empleos y el agro el 5%. Además, el 75% de los empleos agrarios están en negro”.

 

Posterguemos tratar la irracionalidad de la producción automotriz en gran escala para –sobre todo- exportar
cuando las prioridades son
mejorar el transporte público, ahorrar hidrocarburos, reducir el calentamiento global,
evitar otros impactos ambientales y accidentes de tránsito,
limitar depósitos de vehículos sacados de circulación, etc.

 

Evaluemos sólo:
si nos independiza como país o nos subdesarrolla.

 

La actual industria automotriz es resultado del neoliberalismo en los noventa.

“A partir de 1991
se comienza a establecer, junto a la apertura comercial y las nuevas políticas de desregulación,
los decretos y leyes que permitieron la modificación completa en la lógica de funcionamiento sectorial”.

 

Liliana Varela explica: las normativas –previamente explicitadas en su nota- “permitieron legalmente
una forma
de funcionamiento que ampliaba la posibilidad de incorporar gran parte de bienes extranjeros
a la producción local e incluso considerarlos como nacionales.

 

Esta mayor utilización de insumos y vehículos importados en el mercado local, no sólo tiene importancia decisiva
por el efecto que generó en el sector automotriz sino que, además, la influencia y el carácter determinante que
la división
posee sobre otras ramas de actividad, condujeron a que
éstos hayan influido de manera decisiva en el entramado local. (…)

 

La modificación en la forma de funcionamiento ha conducido a transformaciones en la estructura empresarial.
Básicamente, se observa

·         una creciente presencia de terminales automotrices –filiales de grandes empresas multinacionales-;

·         un nuevo agente empresario: las autopartistas globales en su mayoría de origen extranjero y
en relación directa con las terminales;

·         una disminución de las empresas autopartistas más pequeñas –pymes- que habían surgido
durante el período de sustitución de importaciones
y eran
una de las principales fuentes del proceso de integración de la cadena de producción local.

 

Señala:

“Durante la década de los noventa se genera una importante transformación basada sobre la integración
del sector al mercado mundial.

Las nuevas tendencias mundiales a la regionalización de la producción, junto con la superación de
condiciones técnicas que previamente limitaban la existencia de empresas autopartistas de gran tamaño,
consolidaron
un esquema en el que la producción –utilizando economías de escala- y las ventas se realizan
en mercados regionales. El surgimiento y la consolidación de nuevos mercados se vuelven
una necesidad intrínseca de las terminales multinacionales; la razón de ello
se basa
tanto sobre la potencialidad de crecimiento que estos poseen, como sobre la dinámica de la demanda
de vehículos de los países centrales. Este mercado adquiere un carácter vegetativo dado por
una alta proporción
de vehículos por habitante y la baja edad del parque automotor. En este contexto se inscribe
la importancia del MERCOSUR (…)”.

 

Destaca:

“En términos generales, la existencia de los proveedores autopartistas globales
derivó en la desintegración de los eslabones productivos locales  

y un mayor grado de concentración en la producción de
cada uno de los estratos que forman parte del sector automotriz”.

 

Agrega:

“Las empresas autopartistas globales se encargarán de situarse en los eslabones principales
de la cadena, esto es, estableciendo un vínculo directo con las terminales automotrices.
Las autopartistas nacionales
pymes presentan un corrimiento a los eslabones segundo y tercero de la cadena. Es decir,
se transforman en proveedores de bienes más genéricos, con menor contenido tecnológico
o destinan su producción al mercado de reposición. (…)

 

Con respecto a los vehículos terminados, se observó una sistemática pérdida de participación nacional

en las ventas realizadas al mercado interno. A su vez, las exportaciones se han incrementado de modo notable,
pero depende en gran medida de la evolución del mercado brasileño (…)”.

 

Concluye: “Debido a que en la última década se destruyó gran parte de las capacidades productivas de antaño,
se perdieron importantes eslabones de producción, desaparecieron establecimientos fabriles, puestos de trabajo,
recursos humanos y tecnológicos. En definitiva, la gran relevancia que posee el sector en la economía nacional
condujo a
que el proceso de “destrucción creativa” se verificase para las grandes automotrices multinacionales,
en desmedro no sólo del capital productivo nacional, sino de la industria manufacturera y la economía local
en su conjunto”.

Fuente: revista Realidad Económica 196,
mayo/ junio 2003, editada por
el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE)    
realidadeconomica@iade.org.ar www.iade.org.ar

 

 

B. Comprobar que el capitalismo posible hoy, en Argentina, es incompatible con los intereses populares y nacionales

“¿Burguesía nacional?”

 

Martín Schorr y Andrés Wainer contestan que “la lógica de acumulación, expansión
y
ahorro de varios de sus integrantes es crecientemente transnacional
y como tal se encuentra cada vez más disociada
del territorio nacional.

 

Luego de ser partícipes activos y beneficiados directos de varios de los nichos de ganancias extraordinarias
que se generaron durante los años noventa (tal como había acontecido entre 1976 y fines de los ochenta),
a mediados del decenio
estos sectores cedieron al capital extranjero muchas de sus principales empresas y participaciones accionistas
(en particular en las prestatarias privadas de servicios públicos), a cambio de lo cual recibieron cuantiosas
sumas de dinero
y desplegaron tres grandes estrategias (no necesariamente excluyentes entre sí):

 

 

Lo anterior indica que se trata de actores que han afianzado
el proceso de internacionalización
comercial, productiva y financiera desplegado a partir de
la última dictadura cívico-militar.

 

Como resultado de ello,
gran parte de sus activos y de sus flujos de ingresos globales
ha quedado dolarizada, de allí que constituyan el núcleo de
ganadores
del actual ‹modelo de dólar alto› y su principal base de sustentación”.

 

Martín Schorr y Andrés Wainer establecen otras dos características:

 

  1. El proyecto de país que tienen, no parece estructurarse en torno de una oposición
    con el predominante capital extranjero, sino que más bien se plantea en términos de
    asociación
    (por lo general subordinada) o de no confrontación. Sea porque muchos de sus integrantes
    tienen estrechas articulaciones, en el país y en el exterior, con capitales foráneos
    -casi siempre en calidad de ‘socios menores’- ; sea porque están insertos en actividades que
    por diferentes motivos
    se encuentran en mayor o menor a resguardo de la competencia externa; sea por su debilidad
    relativa frente al capital transnacional; sea porque directamente son de origen extranjero.

     
  2. Surge que –en su proyecto- los sectores populares y buena parte de la sociedad argentina
    no constituyen
    aliados estratégicos en términos económicos ni políticos, sino en gran medida están excluidos.
    Basta recordar los pedidos de estos sectores capitalistas y de varios de sus intelectuales orgánicos
    para que
    el gobierno de Néstor Kirchner “controle” la protesta social; sus falaces argumentaciones acerca de
    los determinantes de la inflación que se ha verificado en el último tiempo (que ha tenido a estos
    segmentos empresarios
    entre sus principales responsables y beneficiarios y a los asalariados como los grandes perjudicados);
    y sus permanentes críticas a los aumentos salariales por decreto y sus posturas en las recientes
    discusiones sobre los salarios (que (…) demuestran en última instancia que apuntan
    a cristalizar
    la muy regresiva distribución del ingreso existente, la cual es producto de la vigencia de largos años
    de neoliberalismo extremo y las características del shock devaluacionista posconvertibilidad) ... .”

 

Fuente: revista Realidad Económica 215,
octubre/ noviembre 2005, editada por
el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE)    
realidadeconomica@iade.org.ar www.iade.org.ar

 


C. Salir de la agenda pública que nos instalan los de arriba para analizar cómo se estrangula al país

 

“Los seres humanos no degradan voluntariamente su medio ambiente.

Ningún agricultor

Sueña con dejar a sus hijos un campo destruido, con su capa fértil lavada,
el agua contaminada y el terreno cubierto de cárcavas. Ninguna comunidad

se somete voluntariamente a un desgaste azaroso.

 

Sin embargo,

estas mismas sociedades toleran otro cautiverio como la deuda externa,
cuando su origen es distante a su cotidianeidad:
el Estado puede, y de hecho lo hace, tomar préstamos colectivos
en nombre de todos nosotros
y luego nosotros mismos dejamos esta deuda colectiva a nuestros hijos,
con la idea de que los responsables de pagar serán los hijos de los demás.

 

Por medio de este mecanismo y de esta mentalidad, se crean
las comunidades financieras.
Se ha generado de este modo, una deuda externa
-mucha de ella con un alto componente de ilegitimidad-
en muchos casos
ya ampliamente pagada si contamos no sólo el flujo de

recursos financieros sino también el flujo de bienes y
recursos naturales baratos exportados y las tasas de interés pagadas
que fueron impuestas unilateralmente”.

 

En agosto de 2002, Walter Alberto Pengue destaca otro mecanismo de construcción de pobreza e infortunio:

 

“La Argentina fue, en los últimos diez años, hacia un fuerte proceso de agriculturización
que fue impulsado
por una irrestricta apertura de insumos externos (agroquímicos, fertilizantes, maquinaria)
que contribuyó a la destrucción de las industrias locales. Este proceso no favoreció, por tanto,
un enriquecimiento genuino que colaborara con el círculo virtuoso del desarrollo.

 

Sino que sólo benefició a ciertos sectores concentradores de la exportación,
a un costo social
que ahora, con la nueva apertura de cambios, beneficiará otra vez a estos mismos sectores exportadores
y dejará, por otra parte, un tendal de productores quebrados que fueron impulsados a
la ‘pseudo-tecnificación’ del agro.

 

Estos modelos de explotación de recursos naturales en escala mundial
se globalizan hacia los países de economías más debilitadas y dependientes
que, en la Argentina,
se repiten en los casos de la pesca –destrucción de la industria pesquera nacional, efectos sobre
la economía marplatense, por ejemplo, al literalmente permitirse la devastación de un recurso pesquero
como la merluza-
o el petróleo, tan serio al hacer entrega de un producto no renovable a compañías multinacionales,
eliminando la posibilidad de resguardarlo para un mejor aprovechamiento y utilización futura y     
la adecuada asignación intertemporal del recurso agotable.

 

Son muy pocos los países que salieron del nudo gordiano de apoyar su crecimiento en
la sobreexplotación de materias primas, para reincidir sólo en más deuda y dependencia.
Nunca
alcanzaron la posibilidad de financiar su propio desarrollo, por falta de construcción de
las verdaderas políticas para alcanzarlo, lo que implicaría pretender ser independientes (…)”.

 

Fuente: revista Realidad Económica 190,
agosto/ septiembre 2002, editada por
el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE)    
realidadeconomica@iade.org.ar www.iade.org.ar