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Interbarrial Abril 2008 |
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Deliberación pública
sobre
el crecimiento económico en Argentina
La
acumulación capitalista de las corporaciones imperialistas y sus socios locales
arrasa
el presente de muchos y el futuro próximo de la inmensa mayoría de Argentina.
Es hora
de expandir el debate -entre nosotros- a lo largo y ancho del país sobre los
cambios radicales
que debemos realizar para garantizar el bienestar en común.
El actual
crecimiento económico implica avance en la concentración y la desnacionalización
tanto económica como territorial, ponerle fin nos convoca a:
A. Cuestionar, en vez de naturalizar, la realidad existente
Julio Sevares (Clarín//Opinión// 12-4-08) nos habla de cómo las industrias aportan más al crecimiento que el agro.
Dice:
“En el
período 2003-2007, el PBI creció un 8,8% promedio, el PBI industrial un 10% y
el agropecuario menos de 6%”.
Después de detallar más ese aporte, concluye:
“A pesar de la ‹sojización›, el país todavía exporta un 50%
más de vehículos que de soja. (…)
La industria tiene el 17% de los empleos y el agro el 5%. Además, el 75% de los empleos agrarios están en negro”.
Posterguemos tratar la irracionalidad de la producción automotriz en gran escala
para –sobre todo- exportar
cuando las prioridades son
mejorar el transporte público, ahorrar hidrocarburos, reducir el calentamiento
global,
evitar otros impactos ambientales y accidentes de tránsito,
limitar depósitos de vehículos sacados de circulación, etc.
Evaluemos sólo:
si nos independiza como país o nos subdesarrolla.
La actual industria automotriz es resultado del neoliberalismo en los noventa.
“A
partir de 1991
se comienza a establecer, junto a la apertura comercial y las nuevas políticas
de desregulación,
los decretos y leyes que permitieron la modificación completa en la lógica de
funcionamiento sectorial”.
Liliana Varela
explica: las normativas –previamente
explicitadas en su nota- “permitieron legalmente
una forma
de funcionamiento que ampliaba la posibilidad de incorporar gran parte de bienes
extranjeros
a la producción local e incluso considerarlos como nacionales.
Esta
mayor utilización de insumos y vehículos importados en el mercado local, no sólo
tiene importancia decisiva
por el efecto que generó en el sector automotriz sino que, además, la influencia
y el carácter determinante que
la división
posee sobre otras ramas de actividad, condujeron a que
éstos hayan influido de manera decisiva en el entramado local. (…)
La
modificación en la forma de funcionamiento ha conducido a transformaciones en la
estructura empresarial.
Básicamente, se observa
· una creciente presencia de terminales automotrices –filiales de grandes empresas multinacionales-;
·
un nuevo
agente empresario: las autopartistas globales en su mayoría de origen extranjero
y
en relación directa con las terminales;
·
una
disminución de las empresas autopartistas más pequeñas –pymes- que habían
surgido
durante el período de sustitución de importaciones
y eran
una de las principales fuentes del proceso de integración de la cadena de
producción local.
Señala:
“Durante la década de los noventa se genera una importante transformación basada
sobre la integración
del sector al mercado mundial.
Las
nuevas tendencias mundiales a la regionalización de la producción, junto con la
superación de
condiciones técnicas que previamente limitaban la existencia de empresas
autopartistas de gran tamaño,
consolidaron
un esquema en el que la producción –utilizando economías de escala- y las ventas
se realizan
en mercados regionales. El surgimiento y la consolidación de nuevos mercados se
vuelven
una necesidad intrínseca de las terminales multinacionales; la razón de ello
se basa
tanto sobre la potencialidad de crecimiento que estos poseen, como sobre la
dinámica de la demanda
de vehículos de los países centrales. Este mercado adquiere un carácter
vegetativo dado por
una alta proporción
de vehículos por habitante y la baja edad del parque automotor. En este contexto
se inscribe
la importancia del MERCOSUR (…)”.
Destaca:
“En términos generales, la
existencia de los proveedores autopartistas globales
derivó en la desintegración de los eslabones productivos locales
y un mayor grado de
concentración en la producción de
cada uno de los estratos que forman parte del sector automotriz”.
Agrega:
“Las
empresas autopartistas globales se encargarán de situarse en los eslabones
principales
de la cadena, esto es, estableciendo un vínculo directo con las terminales
automotrices.
Las autopartistas nacionales
pymes presentan un corrimiento a los eslabones segundo y tercero de la cadena.
Es decir,
se transforman en proveedores de bienes más genéricos, con menor contenido
tecnológico
o destinan su producción al mercado de reposición. (…)
Con respecto a los vehículos terminados, se observó una sistemática pérdida de participación nacional
en
las ventas realizadas al mercado interno. A su vez, las exportaciones se han
incrementado de modo notable,
pero depende en gran medida de la evolución del mercado brasileño (…)”.
Concluye:
“Debido a que en la última década se destruyó gran parte de las capacidades
productivas de antaño,
se perdieron importantes eslabones de producción, desaparecieron
establecimientos fabriles, puestos de trabajo,
recursos humanos y tecnológicos. En definitiva, la gran relevancia que posee el
sector en la economía nacional
condujo a
que el proceso de “destrucción creativa” se verificase para las grandes
automotrices multinacionales,
en desmedro no sólo del capital productivo nacional, sino de la industria
manufacturera y la economía local
en su conjunto”.
Fuente:
revista Realidad Económica nº 196,
mayo/
junio 2003, editada por
el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE)
realidadeconomica@iade.org.ar;
www.iade.org.ar
B. Comprobar que el capitalismo posible hoy, en Argentina, es incompatible con los intereses populares y nacionales
“¿Burguesía nacional?”
Martín Schorr y Andrés Wainer
contestan que “la lógica de acumulación, expansión
y
ahorro de varios de sus integrantes es crecientemente transnacional
y como tal se encuentra cada vez más disociada
del territorio nacional.
Luego
de ser partícipes activos y beneficiados directos de varios de los nichos de
ganancias extraordinarias
que se generaron durante los años noventa (tal como había acontecido entre 1976
y fines de los ochenta),
a mediados del decenio
estos sectores cedieron al capital extranjero muchas de sus principales empresas
y participaciones accionistas
(en particular en las prestatarias privadas de servicios públicos), a cambio de
lo cual recibieron cuantiosas
sumas de dinero
y desplegaron tres grandes estrategias (no necesariamente excluyentes entre sí):
Lo anterior indica que se
trata de actores que han afianzado
el proceso de internacionalización
comercial, productiva y financiera desplegado a partir de
la última dictadura cívico-militar.
Como resultado de ello,
gran parte de sus activos y de sus flujos de ingresos globales
ha quedado dolarizada, de allí que constituyan el núcleo de
ganadores
del actual ‹modelo de dólar alto› y su principal base de sustentación”.
Martín Schorr y Andrés Wainer
establecen otras dos características:
Fuente:
revista Realidad Económica nº 215,
octubre/ noviembre 2005, editada por
el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE)
realidadeconomica@iade.org.ar;
www.iade.org.ar
C. Salir de la agenda pública que nos instalan los de arriba para analizar cómo
se estrangula al país
“Los seres humanos no degradan voluntariamente su medio ambiente.
Ningún agricultor
Sueña con dejar a sus
hijos un campo destruido, con su capa fértil lavada,
el agua contaminada y el terreno cubierto de cárcavas. Ninguna comunidad
se somete voluntariamente a un desgaste azaroso.
Sin embargo,
estas mismas sociedades
toleran otro cautiverio como la deuda externa,
cuando su origen es distante a su cotidianeidad:
el Estado puede, y de hecho lo hace, tomar préstamos colectivos
en nombre de todos nosotros
y luego nosotros mismos dejamos esta deuda colectiva a nuestros hijos,
con la idea de que los responsables de pagar serán los hijos de los demás.
Por medio de este
mecanismo y de esta mentalidad, se crean
las comunidades financieras.
Se ha generado de este modo, una deuda externa
-mucha de ella con un alto componente de ilegitimidad-
en muchos casos
ya ampliamente pagada si contamos no sólo el flujo de
recursos financieros sino
también el flujo de bienes y
recursos naturales baratos exportados y las tasas de interés pagadas
que fueron impuestas unilateralmente”.
En agosto de 2002, Walter Alberto Pengue destaca otro mecanismo de construcción de pobreza e infortunio:
“La
Argentina fue, en los últimos diez años, hacia un fuerte proceso de
agriculturización
que fue impulsado
por una irrestricta apertura de insumos externos (agroquímicos, fertilizantes,
maquinaria)
que contribuyó a la destrucción de las industrias locales. Este proceso no
favoreció, por tanto,
un enriquecimiento genuino que colaborara con el círculo virtuoso del
desarrollo.
Sino
que sólo benefició a ciertos sectores concentradores de la exportación,
a un costo social
que ahora, con la nueva apertura de cambios, beneficiará otra vez a estos mismos
sectores exportadores
y dejará, por otra parte, un tendal de productores quebrados que fueron
impulsados a
la ‘pseudo-tecnificación’ del agro.
Estos
modelos de explotación de recursos naturales en escala mundial
se globalizan hacia los países de economías más debilitadas y dependientes
que, en la Argentina,
se repiten en los casos de la pesca –destrucción de la industria pesquera
nacional, efectos sobre
la economía marplatense, por ejemplo, al literalmente permitirse la devastación
de un recurso pesquero
como la merluza-
o el petróleo, tan serio al hacer entrega de un producto no renovable a
compañías multinacionales,
eliminando la posibilidad de resguardarlo para un mejor aprovechamiento y
utilización futura y
la adecuada asignación intertemporal del recurso agotable.
Son
muy pocos los países que salieron del nudo gordiano de apoyar su
crecimiento en
la sobreexplotación de materias primas, para reincidir sólo en más deuda y
dependencia.
Nunca
alcanzaron la posibilidad de financiar su propio desarrollo, por falta de
construcción de
las verdaderas políticas para alcanzarlo, lo que implicaría pretender ser
independientes (…)”.
Fuente:
revista Realidad Económica nº 190,
agosto/
septiembre 2002, editada por
el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE)
realidadeconomica@iade.org.ar;
www.iade.org.ar