Conflictos
Abril 2007

Febrero 2007
Marzo 2007

ENFOQUE / ORGANIZACIÓN
UNIDAD

 

 

Paulo Freire


Enfoque  ((VOLVER))

Para el futuro gobierno

1. Desde los de arriba

Los personajes políticos de "arriba" son los promovidos por los grandes medios.
Parecen diferentes entre sí.
Pero
coinciden en ser funcionales al sistema de entrega, despojo y sumisión.
Se comprueba en el hecho central que todos nos sientan -a los de abajo-
como
espectadores de sus actuaciones para convencernos que serán nuestros salvadores.
Claro, después de las elecciones escucharemos algo semejante a lo dicho, en el 2003,
por Oscar Parrilli (Secretario de la Presidencia), algo parecido a: ya se terminó el hacer política
pues ese derecho
sólo es para los cosechadores de la mayoría de votos.

En consecuencia, deberíamos plantearnos romper con el voto contra un candidato en particular.
Para ello,
comencemos por cuestionarnos:

2. Desde los de abajo

Los de abajo somos una mezcla caótica de intereses e identidades
que nos convertiremos en pueblo organizado cuando elaboremos una dirección conciente de
cómo
autogestionar y autogobernar el destino común si nos adueñamos de la voluntad de asumir
nuestras capacidades para hacerlo y nos ponemos a debatir en todos los espacios públicos
sobre los problemas expresados por la protesta social a lo largo del país.

Sin embargo, esa voluntad colectiva e individual exige a un frente cultural y político de
izquierda revolucionaria
que, previamente, realice revisiones autocríticas
y construya vínculos recíprocos con la diversidad popular.

 Paulo Freire orienta cómo encaminar ese proceso en "Pedagogía del oprimido":

a. ¿ Cómo vincularse?

"Los llamados marginados que no son otros sino los oprimidos, jamás estuvieron
fuera de. Siempre estuvieron dentro de. Dentro de la estructura que los transforma
en «seres para otros». (...)

La acción de un educador humanista y un revolucionario debe orientarse en el sentido
de liberarse con los oprimidos y por eso, debe estar empapada de una profunda
creencia
en los hombres, en su poder creador".

Paulo Freire dice:

"No podemos llegar a los obreros o los campesinos(...) para entregarles «conocimientos»
o imponerles un modelo de «buen hombre» en un programa cuyo contenido hemos organizado
nosotros mismos.

No serían pocos los ejemplos que podríamos citar de programas de naturaleza política,
o simplemente docente, que fallaron porque sus realizadores partieron de
su visión personal de la realidad.

Falta verificada porque no tomaron en cuenta -en ningún instante- a
los hombres en situación a quienes dirigían sus acciones, a no ser
como meras incidencias de su acción.

Para el educador humanista o el revolucionario auténtico, la incidencia de la acción
es la realidad que debe ser transformada por ellos con los otros hombres
y no
los hombres en sí.

Quien actúa sobre los hombres para (adoctrinándolos) adaptarlos cada vez más a
la realidad que debe permanecer intocada, son los dominadores.

Lamentablemente, sin embargo, en este «engaño» de la verticalidad de su programación
caen -muchas veces-  los revolucionarios. En su empeño por obtener la adhesión del pueblo
a la acción revolucionaria:

  • se acercan a las masas rurales o urbanas con proyectos que pueden responder a
    su visión del mundo,
    mas no necesariamente a la del pueblo;
     

  • se olvidan de que su objetivo fundamental
    es luchar con el pueblo por la recuperación
    de
    la humanidad robada y no conquistar al pueblo. (...)

En su actuación política, las elites dominantes son eficientes (...) porque,
en la medida en que desarrollan una acción que estimula la pasividad,
coinciden
con el estado de «inmersión» de la conciencia oprimida.

Aprovechando esta inmersión de la conciencia oprimida, las elites la van transformando
en aquella «vasija» de que hablábamos y depositando en ella aquellos marbetes que
la hacen aún más temerosa de la libertad.

Un trabajo verdaderamente liberador es incompatible
con esta práctica. A través de él, lo que se ha de hacer
es proponer
a los oprimidos los marbetes de los opresores como problema,
propiciando así su expulsión del «interior» de los oprimidos.

En última instancia, el empeño de los humanistas no puede ser
el de la lucha de sus marbetes con los marbetes de los opresores,
teniendo como intermediarios a los oprimidos,
como
si éstos fuesen el escenario de esa lucha, como si fuesen alojadores
de los marbetes de unos y otros.

El empeño de los humanistas, por el contrario, debe centrarse en que
los oprimidos
tomen conciencia de que por el hecho mismo de estar siendo alojadores
de los opresores, como seres duales, no están «pudiendo ser».


Dicha práctica implica, por lo tanto, el que
el acercamiento a las masas populares
se haga,
no para llevar un mensaje «salvador»,
en forma de contenido que ha de ser depositado, sino para conocer,
-dialogando con ellas
- no sólo la objetividad
en que se encuentran, sino
la «conciencia»
que de esta objetividad estén teniendo,
vale decir, los varios niveles de percepción
que tengan de sí mismos y del mundo en
el que y con el que están.

b. ¿Cómo enfocar la elaboración de un programa?

A causa de lo explicado anteriormente, "no podemos, a menos que sea ingenuamente,
esperar resultados positivos de un programa,
sea éste educativo en un sentido más técnico o de acción política,
que
no respete la visión particular del mundo que tenga o esté teniendo el pueblo.
Sin ésta, el programa se constituye en una especie de invasión cultural,
realizada quizá con la mejor de las intenciones, pero invasión cultural al fin.

Será a partir de la situación presente, existencial y concreta,
reflejando el conjunto de aspiraciones del pueblo,
que podremos organizar el contenido programático
de la educación y acrecentar la acción revolucionaria.

En verdad, lo que debemos hacer es plantear al pueblo,
a través de ciertas contradicciones básicas,
su situación existencial, concreta, presente,
como
problema que, a su vez, lo desafía -y haciéndolo le exige una respuesta-
no a un nivel intelectual sino al nivel de la acción.(...)

Muchas veces, educadores y políticos hablan sin ser entendidos.
Su lenguaje
no sintoniza con la situación concreta de los hombres a quienes hablan.(...)

A fin de que
haya comunicación eficiente entre ellos, es preciso que el educador y el político
sean capaces de conocer las condiciones estructurales en que
el pensamiento y el lenguaje del pueblo se constituyen dialécticamente".

c. ¿Por qué realizar "el esfuerzo permanente de reflexión de los oprimidos
sobre sus condiciones concretas de vida"?

Paulo Freire explica que los hombres sumergidos en la cotidianeidad capitalista
se paralizan
ante "situaciones límites" que perciben como si fueran barreras insuperables.

Pero
"en el momento mismo en que los hombres las aprehenden como frenos,
en que ellas se configuran como obstáculos para su liberación,
se transforman
en «percibidos destacados» en su «visión de fondo».

Se revelan así como lo que realmente son:
dimensiones concretas e históricas de una realidad determinada.
Dimensiones
desafiantes de los hombres que inciden sobre ellas a través de las acciones
que se dirigen a la superación y negación de lo otorgado, en lugar de implicar
su aceptación dócil y pasiva.

Esta es la razón por la cual no son las «situaciones límites» en sí mismas
las que generan un clima de desesperanza, sino la percepción que los hombres
tienen de ellas en un momento histórico determinado, como un freno para ellos,
como
algo que ellos no pueden superar. Cuando adquieren percepción crítica en su acción misma
sobre la realidad concreta en que se dan las «situaciones concretas»,

desarrollan un clima de esperanza y confianza que los conduce a empeñarse en
la superación de esas aparentes barreras infranqueables. (...)

A través de este permanente quehacer transformador de la realidad objetiva,
los hombres
-simultáneamente- crean la historia y se hacen seres histórico-sociales".

Paulo Freire aclara:

"Al defender el esfuerzo permanente de reflexión de los oprimidos
sobre sus condiciones concretas, no estamos pretendiendo
llevar a cabo
un juego a nivel meramente intelectual. Por el contrario,
estamos convencidos de que la reflexión, si es verdadera reflexión,
conduce a la práctica.

Por otro lado, si el momento es ya de la acción, ésta se hará praxis auténtica
si el saber que de ella resulte se hace objeto de reflexión crítica. Es,
en este sentido,
que la praxis constituye la razón nueva de la conciencia oprimida y la revolución
(que instaura el momento histórico de esta razón)
no puede hacerse viable al margen de los niveles de la conciencia oprimida".

d. ¿ Por qué concretar
la autocrítica en el frente cultural y político de izquierda revolucionaria?

Para emprender el camino de liberación con la diversidad popular,
Paulo Freire
señala:

"es preciso que creamos en los hombres oprimidos,
los veamos
como hombres de poder pensar correctamente.

Si esta creencia nos falla, es porque abandonamos o no tenemos la idea del diálogo,
de la reflexión, de la comunicación y porque caemos en los marbetes, en los comunicados,
en los depósitos, en el dirigismo. Ésta es una de las amenazas contenidas en
las adhesiones
inauténticas a la causa de la liberación de los hombres.

La acción política junto a los oprimidos, en el fondo, debe ser una acción cultural para la libertad
y por ello mismo, una acción con ellos y no para ellos. Su dependencia emocional, fruto de
la situación concreta
de dominación en que se encuentran y que, a la vez, genera su visión inauténtica del mundo,
no puede ser aprovechada a menos que lo sea por el opresor. Es éste quien utiliza
la dependencia para crear una dependencia cada vez mayor.

Por el contrario, la acción liberadora, reconociendo esta dependencia de los oprimidos como
punto vulnerable,
debe intentar, a través de la reflexión y de la acción, transformarla en independencia.

Pero ésta no es la donación que les haga el liderazgo por más bien intencionado que sea.
No podemos olvidar que la liberación de los oprimidos es la liberación de hombres y no
de «objetos». Por esto, si no es autoliberación -nadie se libera solo- tampoco es liberación
de unos hecha por otros. (...)

Es necesario que el liderazgo revolucionario descubra esta obviedad:
que su convencimiento sobre la necesidad de luchar, que constituye
una dimensión indispensable
del saber revolucionario, en caso de ser auténtico no le fue donado por nadie.

Fue su inserción lúcida en la realidad, en la situación histórica, la que lo condujo a
la crítica de esta misma situación y al ímpetu por transformarla.
Así también,
es necesario que los oprimidos, que no se comprometen en la lucha sin estar convencidos,
lleguen a este convencimiento como sujetos y no como objetos. Es necesario que se inserten
críticamente
en la situación en que se encuentran y por la cual están marcados. Y esto no lo  hace
«la propaganda liberadora»".

e. ¿Cómo actuar desde el frente cultural y político de izquierda revolucionaria?

Paulo Freire sostiene que el liderazgo revolucionario
a fin
de promover la organización de la diversidad popular,
debe

  • prestar testimonio que el esfuerzo de liberación es
    una tarea en común
    y

  • realizar una síntesis cultural.

"La situación concreta de opresión, al dualizar el yo del oprimido, al hacerlo ambiguo,
emocionalmente inestable, temeroso de la libertad, facilita la acción divisora del dominador
en la misma proporción
que dificulta la acción unificadora indispensable para la práctica liberadora".

En la síntesis cultural, los actores no llegan al mundo popular como invasores y son concientes
que
la realidad a transformar, en primer lugar, es la incidencia de su acción.

"Esto implica que la síntesis cultural es la modalidad de acción con que, culturalmente,
se enfrenta la fuerza de la propia cultura, en tanto mantenedora de las estructuras en
que se forma.

De este modo, esta forma de acción cultural, como acción histórica, se presenta como instrumento
de superación de la propia cultura alienada y alienante.

La investigación de la temática significativa del pueblo" tiene como sujetos de su proceso
no sólo a los políticos investigadores sino también a los hombres del pueblo cuyo universo temático
se busca hallar.
Entonces:

"El saber más elaborado del liderazgo revolucionario se re-hace en el conocimiento empírico
que el pueblo tiene, en tanto el conocimiento de éste adquiere mayor sentido en el de aquél.

Todo esto implica que sólo a través de la síntesis cultural se resuelve la contradicción existente
entre la visión del mundo que tiene el liderazgo y aquella del pueblo,
con el consiguiente enriquecimiento de ambos.

La síntesis cultural no niega las diferencias que existen entre una y otra visión sino,
por el contrario,
se sustenta en ellas. Lo que afirma es el aporte indiscutible de una a la otra".

Aún más, la situación objetiva de dominación es, en sí misma, una situación divisora.
Empieza por separar el yo oprimido en la medida que lo mantiene en posición de
«adherencia» a la realidad que se le presenta como algo omnipotente, aplastador.(...)

Si para dividir es necesario mantener el yo dominado «adherido» a la realidad opresora,
mitificándola, para el esfuerzo de unión será primordial la desmitificación de la realidad.

Si a fin de mantener divididos a los oprimidos se hace indispensable una ideología de opresión,
para lograr su unión es imprescindible una forma de acción cultural
a través de la cual conozcan el por qué y el cómo de
su «adherencia» a la realidad que les da un conocimiento falso de sí mismos y de ella".

Fuente: libro "Pedagogía del oprimido" de Paulo Freire,
Siglo veintiuno editores Argentina, 2006.
Primera edición en 1970.


Organización  ((VOLVER))

Para el desarrollo de la comunicación social

Es fundamental que el frente cultural y político de izquierda revolucionaria
se apropie
de un método de diálogo liberador.

Paulo Freire brinda orientaciones a esa construcción en comunión con la diversidad popular
que
introduzco a través de las siguientes preguntas:

a.  ¿ Por qué superar la visión estanca y recortada de la historia?

"Los hombres pueden tridimensionalizar el tiempo (pasado, presente-futuro)
que
no son departamentos estancos. Su historia, en función de sus mismas creaciones,
va desarrollándose en constante devenir, en el cual se concretan
sus unidades epocales.

Éstas -como el ayer, el hoy y el mañana- no son secciones cerradas e intercomunicables en el tiempo,
que quedan
petrificadas y en las cuales los hombres se hallan enclaustrados. Si así fuere, desaparecería
una condición fundamental de la historia, su continuidad.

Las unidades epocales

La representación concreta de muchas de estas ideas, de estos valores, de estas concepciones
y esperanzas, así como los obstáculos al «ser más» de los hombres, constituyen
los temas de la época.

Éstos no solamente implican los otros que son sus contrarios,
a veces antagónicos, sino que indican también
tareas
que deben ser realizadas y cumplidas.

De este modo, no hay manera de captar los temas históricos aislados, sueltos,
desconectados, cosificados, detenidos, sino en relación dialéctica con los otros,
sus opuestos.

Así como no existe otro lugar para encontrarlos que no sean en las relaciones hombres-mundo.
El conjunto
de los temas en interacción constituye el «universo temático» de la época.

Frente a este «universo de temas» que dialécticamente
se contradicen,
los hombres toman sus posiciones, también contradictorias,
realizando sus tareas unos en favor del mantenimiento de
las estructuras, otros en favor del cambio.

En la medida en que se profundiza el antagonismo entre los temas que son la expresión
de la realidad,
existe una tendencia hacia la mitificación de la temática y de la realidad misma que,
de un modo general, instaura un clima de «irracionalidad» y de sectarismo.

Dicho clima amenaza agotar los temas de su significado más profundo al quitarles
la connotación dinámica que los caracteriza".

Cuando una sociedad descubre a
la propia irracionalidad mitificadora
como
uno de los temas fundamentales, tendrá que
asumir el opuesto de esta última:
la visión crítica y dinámica de la realidad.

La convoca a empeñarse en favor de su descubrimiento,
desenmascarar su mitificación
y buscar la plena realización de la tarea humana
consistente en
la transformación constante de la realidad para
la liberación de los hombres.

b. ¿ En qué consiste la importancia de los temas y las tareas correspondientes?

"Los temas se encuentran, en última instancia, por un lado envueltos y por otro,
envolviendo las «situaciones límites» en cuanto las tareas que ellos implican,
al cumplirse,
constituyen los «actos límites».

En tanto los temas no son percibidos como tales, envueltos y envolviendo
las «situaciones límites», las tareas referidas a ellos, que son las respuestas
de los hombres
a través de su acción histórica, no se dan en términos auténticos o críticos.

En este caso, los temas se encuentran encubiertos por las «situaciones límites»
que se presentan
a los hombres como si fuesen determinantes histórica, aplastantes, frente a
las cuales no les cabe otra alternativa, sino el adaptarse a ellas.

De este modo, los hombres no llegan a trascender las «situaciones límites»
ni a descubrir ni divisar más allá de ellas
y en relación
contradictoria con ellas, al inédito viable.

En síntesis, las «situaciones límites» implican la existencia de aquéllos hombres
a quienes directa o indirectamente sirven
y
de aquéllos hombres a quienes niegan y frenan.

En el momento en que los últimos las perciben ya no como
una «frontera entre el ser y la nada, sino como una frontera entre el ser y el más ser»,
se hacen
cada vez más críticos en su acción ligada a aquella percepción.
Percepción en que se halla implícito el inédito viable como algo definido
a cuya concreción se dirigirá su acción".

c. ¿Cómo hallar los temas entre todos los partícipes de liberarse en conjunto?

"Como los opresores tienden a mantener a las grandes mayorías en
la percepción fatalista y amedrentadora de la realidad social,
se impone
a la acción liberadora, que es histórica, sobre un contexto también histórico, la exigencia
de que esté en relación de correspondencia, no sólo con los temas generadores,
sino, también,
con la percepción que de ellos estén teniendo los hombres. Esta exigencia necesariamente
implica una segunda: la investigación de la temática significativa.

Los temas generadores pueden ser localizados en círculos concéntricos que parten de
lo más general a lo más particular.

Temas de carácter universal, contenidos en la unidad epocal más amplia que abarca
toda una gama de unidades y subunidades, continentales, regionales, nacionales, etc.,
diversificados entre sí.

Como tema fundamental de esta unidad más amplia, que podremos llamar nuestra época,
a nuestro parecer, se encuentra el de la liberación que indica a su contrario, el tema de
la dominación. (...)

La «situación límite» del subdesarrollo al cual está ligado el problema de la dependencia,
como tantos otros,
es una connotación característica del «Tercer Mundo» y tiene -como tarea- la superación
de la «situación límite», que es una totalidad, mediante la creación de otra totalidad:
la del desarrollo.

Si miramos ahora una sociedad determinada en su unidad epocal, percibiremos que,
además de una temática universal, continental o de un mundo específico de semejanzas históricas,
ella vive sus propios temas, sus «situaciones límites».

En un círculo más restringido, observaremos diversificaciones temáticas dentro
de una misma sociedad,
en las áreas y subáreas en que se divide y todas, sin embargo,
en relación con el todo en que participan.
(...)

De un modo general, la conciencia dominada (no sólo popular)
que
no captó todavía la «situación límite» en su globalidad,
queda en la aprehensión de sus manifestaciones periféricas
a las cuales presta la fuerza bloqueadora que cabe a
la «situación límite».

La cuestión fundamental radica en que, faltando a los hombres
una comprensión crítica de la totalidad en que están,

captándola
en pedazos en los cuales no reconocen la interacción constitutiva de la misma totalidad,
no pueden conocerla, y no pueden porque para hacerlo requerirían partir del punto inverso.

Esto es, les sería indispensable tener
antes
la visión totalizada del contexto para que, en seguida, separaran y aislaran los elementos
o las parcialidades del contexto, a través de cuya escisión volverían con más claridad a
la totalidad analizada.

Éste es un esfuerzo que cabe realizar en la metodología de
la investigación que proponemos,
como
en la educación problematizadora que defendemos. El esfuerzo
de presentar -a los individuos- dimensiones significativas de
su realidad, cuyo análisis crítico les posibilite reconocer
la interacción de sus partes.

De esta manera, las dimensiones significativas que, a su vez, están constituidas de
partes en interacción, al ser analizadas, deben ser percibidas por los individuos como
dimensiones
de la totalidad. De este modo, el análisis mítico de una dimensión significativo-existencial
posibilita a los individuos una nueva postura, también crítica, frente a las «situaciones límites».

La captación y comprensión de la realidad se rehacen, ganando
un nivel que hasta entonces no tenían.
Los hombres tienden a percibir que su comprensión y la «razón»
de la realidad no están fuera de ella, como, a su vez, no se encuentra
dicotomizada de ellos como si fuese un mundo aparte, misterioso y extraño,
que los aplastase. (...)

Aun cuando un grupo de individuos no llegue a expresar concretamente una temática generadora,
lo que puede parecer inexistencia de temas, sugiere, por el contrario, la existencia
de
un tema dramático: el tema del silencio. Sugiere una estructura constitutiva del mutismo
ante la fuerza aplastante de las «situaciones críticas» frente a las cuales
lo obvio
es la adaptación.

Es importante subrayar que el «tema generador» no se halla en los hombres aislados de la realidad
ni tampoco en la realidad separada de los hombres y mucho menos, en una «tierra de nadie».
Sólo
puede estar comprendido en las relaciones hombres-mundo. Investigar el «tema generador»
es investigar el pensamiento de los hombres referido a la realidad, es investigar su actuar
sobre la realidad, que es su praxis.

La metodología que defendemos exige, por esto mismo, que en el flujo de la investigación
se hagan ambos sujetos de esta última, tanto los investigadores como los hombres del pueblo
que,
aparentemente, serían su objeto.

Cuanto más asuman los hombres una postura activa en
la investigación temática, tanto más profundizan su toma de conciencia
en torno de la realidad y explicitada su temática significativa, se la apropian. (...)

Es preciso que nos convenzamos de que las aspiraciones, los motivos, las dudas, las finalidades
que se hallan implícitos en la temática significativa son aspiraciones, motivaciones, dudas,
finalidades humanas. Por esto, no están ahí, en un cierto espacio, como cosas petrificadas,
sino que están siendo. Son tan históricas como los hombres.

Captarlas y entenderlas es entender a los hombres que las encarnan y la realidad referida a ellas.
Pero,
precisamente porque no es posible entenderlas fuera de los hombres, es necesario que éstos
también las entiendan.

La investigación temática se hace, así, un esfuerzo común
de toma de conciencia de la realidad y de autoconciencia,
que la inscribe
como punto de partida del proceso educativo o de
la acción cultural de carácter liberador".

d. ¿ Cuáles deben ser conductas de un frente de izquierda revolucionaria?

"Si los hombres son seres del quehacer esto se debe a que su hacer es acción y reflexión.
Es praxis.
Es transformación del mundo. Y por ello mismo, todo hacer del quehacer debe tener,
necesariamente, una teoría que lo ilumine. El quehacer es teoría y práctica. Es reflexión y acción.
No puede reducirse ni al verbalismo ni al activismo.(...)

El esfuerzo revolucionario de transformación radical de las estructuras opresoras no puede
tener en el liderazgo a los hombres del quehacer
y en las masas oprimidas a los hombres del hacer.

Éste es un punto que debería estar exigiendo
una permanente y valerosa reflexión de
todos aquéllos que realmente se comprometen
con los oprimidos en la causa de la liberación.

El verdadero compromiso con los oprimidos, que implica
la transformación de la realidad opresora,
reclama
una teoría de la acción transformadora que no puede
dejar de reconocerles un papel fundamental en el proceso de transformación.

El liderazgo no puede tomar a los oprimidos como simples ejecutores de sus determinaciones,
como meros activistas a quienes se niegue la reflexión sobre su propia acción.
Los oprimidos,
teniendo la ilusión de que actúan en la actuación del liderazgo, continúan manipulados
exactamente por quien no puede hacerlo, dada su propia naturaleza.

Por esto, en la medida en que el liderazgo niega la praxis verdadera a los oprimidos,
se niega,
consecuentemente, en la suya. De este modo, tiende a imponer a ellos su palabra transformándola,
así, en una palabra falsa, de carácter dominador, instaurando con este procedimiento
una contradicción
entre su modo de actuar y los objetivos que pretende alcanzar, al no entender que
sin el diálogo con los oprimidos no es posible la praxis auténtica ni para unos ni para otros. (...)

Se impone, por el contrario, el diálogo entre el liderazgo revolucionario
y las masas oprimidas, para que, durante el proceso de búsqueda de
su liberación,
reconozcan el camino de superación verdadera de la contradicción
en que se hallan, como uno de los polos de la situación concreta
de opresión.

Vale decir que se deben comprometer en el proceso con una conciencia cada vez más crítica
de su papel de sujetos de la transformación. (...)

La verdadera revolución, tarde o temprano, debe instaurar el diálogo valeroso con las masas.
Su legitimidad
radica en el diálogo con ellas y no en el engaño ni en la mentira.

No puede temer a las masas, a su expresividad, a su participación efectiva en el poder.
No puede negarlas. No puede dejar de rendirles cuenta. De hablar de sus aciertos, sus errores,
sus equívocos, sus dificultades...

Este diálogo, como exigencia radical de la revolución, responde a
otra exigencia radical,
que es la de concebir a los hombres como seres que no pueden ser
al margen de la comunicación, puesto que son comunicación en sí.

Obstaculizar la comunicación equivale a transformar a los hombres en objetos
y esto
es tarea y objetivo de los opresores, no de los revolucionarios.(...)

El liderazgo revolucionario tiene en los oprimidos a los sujetos de la acción liberadora
y en la realidad a la mediación de la acción transformadora de ambos.
En esta teoría de acción, dado que es revolucionaria, no es posible hablar ni de actor,
en singular,
y menos aun de actores, en general, sino de actores en intersubjetividad, en intercomunicación. (...)

Negar la intercomunicación en el proceso revolucionario, evitando con ello el diálogo con el pueblo
en nombre
de «organizarlo», de fortalecer el poder revolucionario, de asegurar un frente cohesionado es,
en el fondo, temer a la libertad. Significa temer al propio pueblo o no confiar en él. Al desconfiar
del pueblo,
al temerlo, ya no existe razón alguna para desarrollar una acción liberadora. (...)

Lo que pretende una auténtica revolución es transformar la realidad
que se caracteriza por mantener a los hombres
en
una condición deshumanizante.

Se afirma, y creemos que es ésta una afirmación verdadera, que esta transformación
no puede ser hecha por los que viven de dicha realidad, sino por los oprimidos y con
un liderazgo lúcido.

Que sea ésta, pues, una afirmación radicalmente consecuente, vale decir, que sea sacada
a luz
por el liderazgo a través de la comunión con el pueblo. Comunión a través de la cual
crecerán juntos y en la cual el liderazgo, en lugar de autodeterminarse simplemente como tal,
se instaura o se autentifica en su praxis con la del pueblo, y nunca en el desencuentro,
en el dirigismo".

Fuente: libro "Pedagogía del oprimido" de Paulo Freire,
Siglo veintiuno editores Argentina, 2006.
Primera edición en 1970.


Unidad  ((VOLVER))

Para la soberanía popular y nacional

Es la constitución del poder de revertir el enriquecimiento fabuloso de una minúscula minoría
a expensas
de hambrear, empobrecer, torturar con el achicamiento constante de las posibilidades
de satisfacer necesidades básicas y violar todos los otros derechos humanos de los de abajo.

Implica la lucha de los oprimidos cuando cortan el cordón umbilical
que los liga al sistema expoliador y se organizan para resistir
distintas formas de
ataque e injusticia a sus personas, familias, ámbitos, medio ambientes...

a. Luchas fundamentales en esa construcción

A lo largo y ancho del país hay organizaciones
de

Son algunas de las expresiones principales del enfrentamiento
con
la exacerbada e incesante concentración y desnacionalización
tanto económica como territorial.

Ésta
resulta la contradicción esencial a resolver para
establecer las condiciones dignas de vida y trabajo de la inmensa mayoría de la población.

De modo que esas luchas deberían articularse mediante
una voluntad colectiva de
poner fin al reinado de oligopolios y terratenientes.

Ahora, todas esas luchas comparten la confrontación con el Estado puesto al servicio exclusivo
del gran capital local e imperial y en contra de los oprimidos, expulsados, defraudados,...
Tal contraposición de intereses con el Estado plutocrático
potencia

el encuentro con la diversidad de organizaciones que luchan -a lo largo y ancho del país-
contra la variedad de impunidades por efecto del Estado represivo y mafioso.

Las últimas son las que reclaman un Estado responsable de poner fin a

Pero la lucha contra la impunidad histórica ha creado el espacio Memoria, Verdad y Justicia.

El espacio Memoria, Verdad y Justicia
que -desde hace doce años- organiza
las movilizaciones masivas y unitarias
de repudio
al genocidio y sus responsables,
tiene un posicionamiento respecto a
los derechos humanos que lo hace avanzar
hacia
unir la diversidad de la protesta social
en acciones comunes alrededor de
una impunidad crucial
como
la desaparición forzada de
Jorge Julio López o
el fusilamiento de Carlos Fuentealba.

Destaco que el espacio Memoria, Verdad y Justicia intenta
no discriminar
entre quienes sufren la vulneración de derechos humanos o
clasificarlos (según criterios del sistema opresor) en militantes,
chorros, pobres, seguidores de un grupo musical, víctimas del gatillo fácil o de la inseguridad vial.

Confronta con un Estado represivo que mira como enemigos a los de abajo, máxime si reclaman
por sus derechos y
transferidor de bienes e ingresos desde los componentes populares hacia el gran capital,
de ahí
su vertebración en garantizar la impunidad del sistema capitalista y de
los ejecutores materiales e intelectuales de
todo ese despojo e implementación terrorista para la sumisión.

Esta superlativa perversión del Estado o de los poderes públicos
se implanta
con la dictadura cívico-militar de 1976 que fue precedida por el gobierno Perón-Perón en
el objetivo y práctica de exterminar a dirigentes y militancia de izquierda revolucionaria.

La alianza del imperialismo liderado por Estados Unidos con todos los factores locales de poder
no sólo planificó descabezar la lucha de las clases-capas oprimidas contra las opresoras
sino, también,
aterrorizar a las mayorías de desobedecer y sobre todo, de participar en la política para
la emancipación tanto social como nacional.
Reforzó
lo último con la inculcación -mediante transculturación- de una ideología escéptica respecto a
la dignidad de los de abajo y su capacidad de realizar los cambios sociales.

Hoy ese Estado es desembozadamente plutocrático en nombre
del beneficio prestado por los "inversores"
principalmente controladores de la globalización.

Y profundiza la entrega, el despojo y la sumisión con el disfraz de gobierno de los derechos humanos.

Sin embargo, cada vez se patentiza más la contradicción del Estado que se
financia por succión de los ingresos populares y actúa siempre en contra
de los componentes populares y del país.
Se convierte
en fuente de generalización y unificación de las luchas
demasiado focalizadas en sus problemas vitales pero, a la vez, fundamentales para
las transformaciones radicales por entrar en conflicto de intereses con integrantes
de los poderes que se han establecido como dominantes mediante genocidio.

Aún más, el gobierno 'de los derechos humanos' en acuerdo con

Marcelo Bonelli (Clarín 6/4/07) relata que

"el presidente Néstor Kirchner tomó la decisión política de introducirse de lleno
en la negociación salarial. Lo hace buscando un efecto concreto:
que los gremios y empresarios definan a la brevedad
esta crucial discusión,
despejando del escenario económico la incertidumbre sobre los costos laborales.

A este fin, mantiene un contacto fluido con Hugo Moyano y abrirá, en lo inmediato,
un diálogo con los «popes» gremiales para poner en caja los reclamos
y acelerar al máximo los acuerdos.

Todo será mesurado y sin estridencias. El Presidente no quiere que los sindicalistas
queden
políticamente expuestos a la presión oficial y a cuestionamientos sociales.

Porque son, en definitiva, aliados fuertes en su estrategia económica y política
en un crucial año electoral.
Esto
ya se reflejó en la generosa refinanciación que la AFIP le dio a las obras sociales
por mil millones de pesos. El Presidente va a requerir un compromiso de hierro:
que de inmediato cierren los acuerdos salariales, tal como se habían comprometido,
en una pauta cercana al 15%.

Kirchner estaría dispuesto a admitir protestas e incluso algún desvío menor de la pauta oficial de salarios.
Pero pretende
que entre mediados y fin de abril, la discusión sobre sueldos esté definitivamente cerrada:
no quiere ningún frente abierto para encarar tranquilo el desafío del año electoral".


b. Lucha eficaz contra la impunidad del Estado y el poder económico si desenmascara a Kirchner

Luchas de trabajadores de la educación y la salud públicas
impiden que se concrete el desmantelamiento total de las mismas que pretende transformar
ambas necesidades
básicas en negocios de oligopolios.

Desde febrero los maestros de unas diez provincias están en lucha no sólo por aumentos
del salario básico
o blanqueo de la mayor parte del sueldo sino, también, contra la inseguridad edilicia.

Para no cumplir con esos justos reclamos en Santa Cruz dirigida por el gobierno de Kirchner,
en Salta y en Neuquén
se desplegó el Estado represivo.

A cuatro días del asesinato de Carlos Fuentealba, el presidente Néstor Kirchner declara:

¿Salvaguardar la vida? ¿De más de la mitad de menores de catorce años en la pobreza o hambrientos?
¿De los maestros?
con un sueldo básico de 161 pesos (y ¿los jubilados?) en Santa Cruz o de $399 en Neuquén
mientras las petroleras se llevan $6.000 por minuto y el estado provincial recibe $2.812 por minuto en
concepto de regalías y la canasta familiar tiene como parámetros los valores del petróleo y del turismo
para extranjeros.

Pero esta situación de profunda desigualdad social y despojo de derechos humanos
se la pretende conservar y consolidar mediante impunidad.

José Ernesto Schulman (Rebelión), en "La construcción jurídica de la impunidad a los genocidas
y de la represión «democrática»",
explica:
 

"Lejos de la pretensión liberal de que la ausencia de militares en el gobierno
(la llamada «democracia representativa» que alguna vez Galeano bautizara «democradura»)
garantiza
la plena vigencia de los derechos humanos, los últimos 24 años sin dictadura nos han costado:

para no insistir en la falta de cumplimiento de los derechos económicos sociales o culturales
de la mayoría de la población que sufre carencias de empleo digno, vivienda, salud, educación, etc.  

Pero no se trata de una acción represiva por inercia,
algo así como un residuo represivo que
se irá terminando con el paso del tiempo,
sino
de una construcción deliberada que el Estado lleva adelante, en los marcos de una estrategia internacional comandada por el imperialismo de Estados Unidos
so pretexto del Setiembre de 2001. 

Nuestra experiencia histórica de más de cien años de sufrir represión estatal (que siempre
contiene
segmentos clandestinos o para estatales como la Liga Patriótica de 1918 o la Triple A de 1975)
nos afirma en el cuidado que debemos tener ante la continuidad de estas formas represivas
que podríamos
englobar bajo la denominación común de
la «criminalización de la pobreza y la judicialización de la protesta social»

y aún más

ante la reaparición de formas represivas que se creían superadas como
la desaparición forzada de personas (y estamos nombrando, por supuesto,
a Julio Jorge López)
o la práctica de amenazas y ataques directos a militantes populares que no cesan y adquieren nuevas y nuevas formas como el juicio por «calumnias» que el camarista federal Montesanti ha logrado en Bahía Blanca contra el testigo del crimen del Watu Cilleruelo a manos de la pata universitaria de la Triple A .

En el marco del treinta y un aniversario del Golpe de Estado Genocida, el Presidente Kirchner ha cargado duramente contra la Cámara de Casación Federal a cuyos miembros ha acusado de entorpecer los juicios contra los represores y así garantizar la impunidad de los encausados y procesados.

Y está en lo cierto. Dicha Cámara es una pieza maestra en el cerrojo jurídico que impide juzgar a
los represores que siguen gozando de una impunidad que fuera acorralada varias veces,
pero que todavía se mantiene enhiesta.  

Y si no, repasemos las cifras.

A pesar de que en la Causa 13 (juicio a la Junta Militar) se identificaron a cerca de mil quinientos represores, y que en estos años la labor de reconstrucción de datos sobre la cadena de mandos desde la Jefatura de Áreas hasta el mismo Centro Clandestino ha sido enorme,
existen
actualmente sólo 700 represores acusados, de los cuales 243 están procesados, 99 de ellos ya fallecieron (igual que Pinochet, sin condena), 48 siguen «prófugos» (sí, no es un chiste, 48 terroristas de Estado están prófugos de la Justicia), 44 fueron desprocesados por «falta de méritos» y sólo dos han sido condenados: el Turco Julián y Echecolatz.

José Ernesto Schulman (Secretario nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre)
señala que

"es aquí, exactamente, donde se sitúa la contienda entre Kirchner y Casación:
entre los representantes jurídicos del sector más troglodita del bloque de poder
(que sueña con la impunidad absoluta y aún el monumento de homenaje a los Héroes de la lucha antisubversiva y que también reclama el alineamiento automático a los EE.UU. y el mantenimiento sin variantes del modelo neoliberal, como si ello fuera posible después del estallido de 2001)
y
una corriente política que ha hecho del territorio de los derechos humanos el espacio principal para construir su propia hegemonía política, golpeando a la derecha clásica y pretendiendo subsumir al movimiento popular y la izquierda.

La estrategia jurídica de la política de derechos humanos de Kirchner se basa
en impulsar
algunos juicios, contra algunos pocos represores, por algunos pocos compañeros,
sin cambiar el sentido común jurídico que sigue tratando los crímenes
como delitos individuales
y de cuando en cuando vuelve a colar la teoría de los dos demonios,
como ocurrió en el fallo contra el Turco Julián. 

Una vez más, como ocurrió cuando la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida,
el ingreso a la ESMA, el retiro de los retratos militares, la modificación de la Corte Suprema y tantos otros gestos similares,

la izquierda está desafiada a un doble posicionamiento: uno táctico, que permita aprovechar los pasos presidenciales para reclamar soluciones verdaderas
y otro estratégico,
para no perder de vista la articulación de tales movimientos con una estrategia de creación de consenso para un proyecto de relanzamiento del capitalismo nacional, que posee -inexorablemente- el condimento represivo interno y la articulación con
las grandes líneas de ofensiva imperial.

O para decirlo más sencillo, claro que asumimos la ofensiva contra Casación como propia (batalla que nosotros mismos empezamos hace años, pero que el Presidente puede completar como hizo con las leyes de impunidad),
pero al hacerlo,
no dejamos de señalar que no alcanza con cambiar o tumbar Casación, que hace falta un nuevo paradigma jurídico para juzgar el terrorismo de Estado, cómo señaló
el Juez Rosanzky en su fallo histórico de Genocidio.  

Un nuevo paradigma jurídico que impida la consumación de la estrategia jurídica de impunidad
que el mismo Kirchner ha denunciado: que pase el tiempo y todos, represores y testigos,
se vayan muriendo.  

Y no exageramos: si en tres años se juzgaron a dos represores,
¿cuántos años haría falta sólo para juzgar a estos 243 represores?
¿y qué ocurrirá con los testigos y los represores en el 2040 o 2050
que es cuando el Juez Rafecas piensa que llegarán a Juicio Oral
la mayoría de los casos del Primer Cuerpo?
¿Y los de Campo de Mayo que todavía ni se empezaron a investigar,
como
respondió el Juez Suarez Araujo a nuestro reclamo de que no se juzgue
sólo a los asesinos del Negrito Avellaneda sino a todos los criminales del Centro
donde mataron al mismo Roby Santucho?

Así no hay justicia, ni la habrá, ni siquiera cambiando la Cámara de Casación
porque seguiría
en pie el mismo enfoque que fragmenta las investigaciones y exige probar una y otra vez
lo que
ya fue probado: que hubo un Plan de Exterminio, que se preparó antes del 24 de marzo,
que la Triple A fue la antesala del Genocidio y que tanto esfuerzo no se hizo por hacer
sino para beneficio del Imperio y un bloque social que aún domina.

Algo de todo esto está en el fallo por Genocidio y en el reclamo del cambio de paradigma,
y por eso,
el silencio que lo asfixia desde el mismo día que secuestraron a López,
como si también hubieran secuestrado la doctrina innovadora que
daría fundamento sólido a
la unificación de causas por Centro Clandestino o por Área Militar
dando por probado lo probado y por testimoniado lo testimoniado. 

Por cierto, Kirchner no ha nombrado una vez sola dicho fallo a pesar de presentarse una y otra vez
como
«amigo de Tito», en referencia al compañero López. Tampoco ha hecho nunca mención a
una serie de resoluciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos o
del Comité de Derechos Humanos o la misma Asamblea General de la ONU citadas en el fallo que expresamente han pedido:

a) que se depure de represores a las fuerzas represivas (1995);

b) que se garantice el testimonio de los testigos contra
el genocidio (de 1985 y suman más de 4500 los testigos presentados en todo el país);

c) que se investigue con «seriedad» y no formalmente
los crímenes de lesa humanidad (1988).  

Para cumplir estos mandatos o para anular los Indultos a los genocidas,
el Señor Presidente tiene todas los atributos constitucionales para hacerlo mañana mismo. 
Sólo
es cuestión de voluntad política, o dicho de otro modo:
de que haya correspondencia entre tanto gesto y discurso y las conductas.
Una cuestión de coherencia, que se dice.

Sin embargo, lejos de estos pasos, o de apoyar la propuesta de modificación del Código Penal
que elaboró
la comisión de expertos donde participaron personalidades democráticas Baigun y otros,
se pretende modificarlo en un sentido regresivo para adaptarlo al espíritu y
la letra de los Pactos, Convenios y Leyes promovidas por el gobierno republicano yankee de Bush.  

Y si no, veamos:
con fecha  20 de diciembre de 2006, el presidente Kirchner envió
al Senado de la Nación un proyecto de Ley en
el que asume con orgullo los pasos dados en esa dirección:

  • aprobación mediante el Decreto 1235 del 5/10/2001 de
    la Resolución 1373 del Consejo de Seguridad de la ONU del 28/09/2001;
     

  • aprobación por Ley Nº 26024 del Convenio Internacional para
    la represión del Financiamiento del Terrorismo adoptada por
    la Asamblea General de la ONU del 9/12/1999;
     

  • ingreso en el año 2000 como miembro pleno del Grupo de acción Financiera Internacional contra el lavado de dinero
    así como
    la aprobación pública de dicha estrategia que él mismo realizara en ocasión de la Cumbre de Mar del Plata y la Asamblea de la ONU donde destacó la necesaria "cooperación internacional y
    la asistencia jurídica para hacer efectivo el cumplimiento de
    las normas contra el terrorismo". 

Conviene recordar la opinión de la inmensa mayoría de los luchadores
por los derechos humanos de EE.UU. y todo el mundo
sobre
el efecto destructivo que esta normativa viene trayendo para
las garantías constitucionales internas de los EE.UU. 
y sobre los pactos internacionales de defensa de los derechos humanos,
cuestión que
felizmente viene provocando una verdadera rebelión de
los sectores democráticos consecuentes
de los EE.UU., con quienes nos solidarizamos de modo explícito en general y
particularmente con el reclamo de libertad inmediata a los Cinco Patriotas Cubanos.

Puntualmente,
el presidente Kirchner propone modificar el Código Penal para incorporar una figura cuater al art. 210
que castiga la asociación ilícita creando la figura de asociación ilícita terrorista a la que se vincula,
muy peligrosamente,
nada menos que conceptos como "lesiones graves u homicidios con el objeto de intimidar
la población u obligar al gobierno a realizar un acto o abstenerse"
o
el de la difusión del «odio político». 

El gesto presidencial busca acomodarse a la estrategia de los EE.UU.,
tanto como el envío de las tropas a Haití o los persistentes gestos de
provocación hacia Cuba en el tema de derechos humanos,
en una maniobra que algunos pueden entender como compensación
por
los gestos de autonomía que tienen la relación con Chávez
y el proceso de unidad latinoamericana,
pero más allá de interpretaciones,
los pasos sientan precedentes que podrían ser aprovechados para
la represión de los luchadores por el cambio social en la Argentina
cuando
el nivel de las luchas sobrepase los dispositivos represivos y
las armas jurídicas puestas en acción hasta el presente.

No se trata, creo, sólo de denunciar el doble discurso de Kirchner
como distancia entre lo prometido y lo realizado,
sino de enfrentar con decisión las distintas circunstancias. 

Actuar con iniciativa propia en procura de instalar el debate por un nuevo paradigma jurídico
que rompa la impunidad de los genocidas y para eso aprovechar los espacios que
la ofensiva presidencial contra la Cámara habilita
pero también enfrentar la variante reaccionaria del discurso,
que
-por oportunismo electoral- reserva para espacios cerrados como el Senado
o los seminarios internacionales convocados por las fundaciones y
centros de estudios funcionales al Imperio,
donde se propicia la construcción de un edificio jurídico que dé base a la actual represión 
(de hecho, la figura propuesta asume las figuras utilizadas hoy contra los compañeros,
los art. 149 y 212 del actual Código Penal) y anticipe la de mañana.

Hace 160 años, Carlos Marx decía que el rol de los revolucionarios era defender
el futuro del movimiento en el presente del mismo. Para quienes actuamos en
el espacio de lucha por los derechos humanos,
tal imperativo se identifica con la defensa de una autonomía que no sea cerrazón ni ceguera,
sino la consecuencia misma de la defensa inclaudicable de
la lucha contra la impunidad de ayer y de hoy".

http://www.liga.org.ar/  
ladh@velocom.com.ar

Fuente: www.rebelion.org
Argentina. El reino del revés. Opinión
9-4-07